6. Mientras lees estos fragmentos de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, escuchar�s la canci�n V�rgenes del Sol, con el grupo Inca Son. Tras la lectura propuesta pasa todo al espa�ol contempor�neo.
CAP�TULO I - La casa de las v�rgines dedicadas al Sol.
Tuvieron los Reyes Incas, en su gentilidad y vana religi�n, cosas grandes, dignas de mucha consideraci�n, y una dellas fu� la professi�n de perpetua virginidad que las mujeres guardavan en muchas casas de recogimiento que para ellas en muchas provincias de su Imperido edificaron (...)
Y porque las v�rgines de aquella casa del Cozco eran dedicadas para mujeres del Sol, hav�an de ser de su misma sangre, quiero dezir, hijas de los Incas, ass� del Rey como de sus deudos, los lig�timos y limpios de sangre ajena; porque de las mezcladas con sangre ajena, que llamamos bastardas, no pod�an entrar en esta casa del Cozco de la cual vamos hablando. Y la raz�n desto dez�an que como no se sufr�a dar al Sol mujer corrupta, sino virgen, ass� tampoco era l�cito d�rsela bastarda, con mezcla de sangre ajena; porque, haviendo de tener hijos el Sol, como ellos imaginavan, no era raz�n que fueran bastardos, mezclados de sangre divina y humana. Por tanto hav�an de ser lig�timas de la sangre real, que era la misma del Sol. Hav�a de ordinaria m�s de mil y quinientas monjas, y no hav�a tassa de las que pod�an ser.
(...)
CAP�TULO II - Los estatutos y exercicios de las v�rgines escogidas.
Viv�an en perpetua clausura hasta acabar la vida, con guarda de perpetua virginidad; no ten�an locutorio ni torno ni otra parte alguna por donde pudiessen hablar ni ver hombre ni mujer, si no eran ellas mismas unas con otras, porque dez�an que las mujeres del Sol no hav�an de ser tan comunes que las viesse nadie. Y esta clausura era tan grande que aun el proprio Inca no quer�a gozar del privilegio que como Rey pod�a tener de las ver y hablar, por que nadie se atreviese a pedir semejante privilegio. Sola la Coya, que es la Reina, y sus hijas ten�an licencia de entrar en la casa y hablar con las encerradas, ass� mo�as como viejas. (...)
El principal exercicio que las mujeres del Sol haz�an era hilar y texer y hazer todo lo que el Inca tra�a sobre su persona de vestido y tocado, y tambi�n para la Coya, su mujer lig�tima. Labravan assimismo toda la ropa fin�sima que ofrec�an al Sol en sacrificio;lo que el Inca tra�a en la cabe�a era una tren�a llamada llautu, ancha como el dedo merguerite y muy gruessa, que ven�a a ser casi cuadrada, que dava cuatro o cinco bueltas a la cabe�a, y la borla colorada, que le tomava de una sien a otra.
El vestido era una camiseta que descend�a hasta las rodillas, que llaman uncu. Los espa�oles le llamana cusma; no es del general lenguaje, sino vocablo intruso de alguna provincia particular. Tra�a una manta cuadrada de dos piernas, en lugar de capa, que llaman yacolla. Hac�an asimismo estas monjas para el Inca unas bolsas que son cuadradas, de una cuarta en cuadro; tr�enlas debaxo del bra�o, assida a una trenza muy labrada de dos dedos en ancho, puesta como tahel�, del hombro izquierdo al costado derecho. A estas bolsas llaman chuspa: serv�an solamente de traer la yerva llamada cuca, que los indios comen, la cual entonces no era tan com�n como ahora, porque no la com�a sino el Inca y sus parientes y algunos curacas a quien el Rey, por mucho favor y merced, embiava algunos cestos della por a�o.
(...)
CAP�TULO IV - Que hav�a otras muchas casas de escogidas. Compru�vase la ley rigurosa.
Todo lo que se ha dicho era de la casa de las v�rgines del Cozco, dedicadas al Sol, a semejan�a de la cual hav�a otras muchas en todo el reino, en las provincias m�s principales, donde el Inca, por gran merced y previlegio, las madava edificar. En las cuales entravan conzellas de todas suertes, ass� de las lig�timas de la sangre real como de las que llamamos bastardas, mezcladas con sangre ajena. Entravan tambi�n, por gran favor y merced, hijas de los curacas, se�ores de vassallos; assimismo entravan hijas de la gente com�n, las que eran escogidas por muy hermosas, porque eran para mujeres o concubinas del Inca y no del Sol. Los padres lo ten�an por suma felicidad que les tomassen las hijas para mujeres del Rey, y ellas lo mismo.
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