
De la región antártica podría
eternizar ingenios soberanos,
que si riquezas hoy sustenta y cría,
también entendimientos sobrehumanos.
Mostrarlo puedo en muchos este día,
y en dos os quiero dar llenas las manos:
uno, de Nueva España y nuevo Apolo;
del Perú, el otro, un sol único y solo.
Francisco, el uno, de Terrazas, tiene
el nombre acá y allá tan conoscido,
cuya vena caudal nueva Hipocrene
ha dado al patrio venturoso nido.
La mesma gloria al otro igual le viene,
pues su divino ingenio ha producido
en Arequipa eterna primavera,
que éste es Diego Martínez de Ribera.
Aquí debajo de felice estrella
Un resplandor salió tan señalado
Que de su lumbre la menor centella
Nombre de Oriente a Occidenta ha dado:
Cuando esta luz nació con ella
todo el valor, nació Alonso Picado
nació mi hermano, y el de Palas junto,
que ambas vimos en él vivo trasunto
(...)
Miguel de Cervantes Saavedra
El canto de Caliope. (En: La Galatea. Libro VI)
Madrid, 1585
.....................................
Arequipa, soleada lejanía del alma, aldea de la ternura;
tu nombre lo escribe un vuelo tendido de golondrinas
Tus árboles envejecidos lejanos se mecen en mi cariño
y toda mi pena callada se va alegre a repartirse
en las alas de tus pájaros
(...)
Arequipa, te recuerdo callado, triste como tus tardes;
pero así me quedo con los ojos abrazados a tus crepúsculos
y mascando una rama de tu cielo
("Ausencia de Arequipa"* - Guillermo Mercado)
Viviendo a la distancia, con mi ciudad habitando permanentemente mi corazón, y deseando rescatar una parte de ella para el mundo, como tributo y deuda por la larga ausencia, he elegido –para empezar- a la poesía, pues bien se dice que la calidad de la creación literaria de un pueblo refleja su fuerza vital, su capacidad creativa y su pasión. Poco difundida y conocida (a excepción de Melgar y Gibson), la poesía arequipeña es enérgica, profunda, marcada por la circunstancia peculiar del mestizaje y la geografía de la zona.
Esta es una selección de la obra de los poetas arequipeños más importantes, a fin de que puedan ser mejor conocidos y justamente apreciados, en particular los de la primera mitad del siglo XX, quedando la tarea pendiente de dar cuenta de los nuevos bríos poéticos que han ido desarrollándose a fines del siglo pasado e inicios del presente.
No hay mayor investigación sobre el desarrollo de la literatura y en particular de la poesía en Arequipa hasta el siglo XVIII, en que surge la figura epónima de Mariano Melgar, sin embargo está comprobada su presencia vital desde el inicio de la Colonia. De este período hay la certeza de la existencia de tres autores que tuvieron fama: Diego Martínez de Rivera (S. XVI) y Roberto Llamosas (S. XVII-XVIII); el primero elogiado por Miguel de Cervantes Saavedra en La Galatea (1585); el segundo “figuró en gran escala en la Metrópoli y fue ayo de un príncipe que ciñó la corona de España” 1. Bermejo cita sin ahondar en detalles la existencia de un tercer autor llamado Alonso Picado, de fines del S. XVI.
Probablemente peninsulares o criollos notables afincados en Arequipa, es de lamentar que no se conozca más sobre sus vida y que no hayan sobrevivido sus obras escritas, salvo un par de textos de Llamosas: Jenofonte y Filis y un elogio a Sor Juana Inés de La Cruz 2. Futuras investigaciones, más exhaustivas, deparan sin duda nuevos e interesantes hallazgos para el conocimiento de la literatura arequipeña colonial, si nos atenemos a la prolífica tradición de nuestra ciudad respecto a la prosa y el verso de los siglos XIX y XX.
Estudiosos de la literatura nacional como Cornejo Polar, Mariátegui, Luis Alberto Sánchez, o Riva Agüero coinciden en señalar que la literatura y la poesía indianas durante la Colonia, fueron ecos sin mayores méritos de las modas y estilos hispanos, hasta muy adentrado el siglo XVIII, en que las nuevas ideas, la Ilustración y los ideales republicanos comenzaron a germinar en las mentalidades de las elites criollas, para dar paso a los nuevos imaginarios sociales y culturales que se manifestarían en formas literarias más propias.
La singular fisonomía social de Arequipa (mayormente hispano-mestiza) contradice sin embargo este sino de que las nuevas ideas libertarias provenían sólo de las élites criollas. La Rebelión de los pasquines de 1780, originada en revueltas populares por el aumento de los impuestos reales al comercio, generó una espontánea manifestación de acertadas coplas y versos cargados de sátira e indignación colectiva contra el abuso de la Metrópoli, lo que iba anunciando una espontánea proto literatura regional. Mariano Melgar (1790-1815) marca el inicio clave de esta poesía contestataria, revolucionaria, y a la vez profundamente romántica (si bien aún investida de un fuerte clasicismo), lo que le da reconocidas dimensiones nacionales y continentales. Al combinar con maestría la vertiente autóctona e hispana en sentidos y poéticos cantos -los yaravíes- se inicia una forma expresiva a la medida del temperamento y el sentimiento mestizo arequipeño: hondura y simplicidad. Melgar, amante prístino y desengañado, “traslada sus sentimientos de inspiración de la mujer amada a la patria” 3. Patria que él reconoce, defiende y ensalza, como el primer gran poeta pre-republicano del Perú.
A lo largo del siglo XIX la poesía arequipeña se remite reiteradamente al tributo al legado melgariano pero sin mayores innovaciones formales, dentro de los cauces del romanticismo liberal imperante. Gracias a la Lira arequipeña, compilada por Manuel Pío Chávez y Rafael Valdivia en 1889, se rescata en un grueso volumen, la obra de variable calidad de numerosos intelectuales arequipeños, muchos de ellos, notables personajes del quehacer político y cultural de la capital. Resaltaremos algunos nombres: Manuel Isidoro Castillo Vizcarra (1814-1871), Angel Fernando Quiroz Nieto (1799-1862), Benito Bonifaz Febres (1829-1858), Trinidad Fernández (1830-1873), José María Carpenter Aponte (1830-1888), Armando De La Fuente y Errea (1830-1896), Ernesto Noboa Arredondo (1839-1873), Abel de La Encarnación Delgado (1841-1914), Samuel Velarde Reynoso (1848-1902), Belisario Soto Salas (1860-1935).
También se menciona la obra de Miguel del Carpio y Melgar, Ministro de Estado de Castilla, quien descolló, más que por sus dotes literarias por su labor de mecenazgo hacia los jóvenes poetas bohemios de mediados del siglo XIX como Ricardo Palma, Luis Benjamín Cisneros, Arnaldo Márquez, Luis Corpancho, Numa Pompilio Llona. Un interesante testimonio de esta decisiva relación de mecenazgo, así como del ambiente ideológico en la política y la literatura de la época, se relata en La bohemia de mi tiempo de Ricardo Palma (1898).
En la larga lista de la Lira arequipeña, vale la pena resaltar a algunas mujeres poetisas que reflejan una apreciable presencia, tanto en el quehacer cultural limeño, como arequipeño:
La lírica del siglo XX comienza a madurar claves más propias; puentes estilísticos entre el romanticismo decimonónico y el modernismo, con la bohemia vanguardista, y el simbolismo de las primeras décadas que desembocaron en “el momento embrujado de la poesía arequipeña” (Vladimiro Bermejo)4 que es la revista Aquelarre, dirigida por un grupo de siete jóvenes poetas -Percy Gibson, César Atahualpa Rodríguez, Renato Morales de Rivera, Belisario Calle, Nathal Llerena, Carlos Enrique Telaya y el pintor Carlos P. Martínez- quienes se reunían en la casa del chuzo Gibson para propiciar una renovación radical de la literatura que superara el estilo decimonónico de historiar los lamentos y los desgarramientos internos y que trascendiera sin abandonarlo, el sentido localista de la poética, tanto a nivel espacial como temporal. Cornejo Polar sitúa esta particular sinergia, más que como un movimiento, como una generación de poetas innovadores, cuyas analogías pueden encontrarse en el grupo Colónida de Valdelomar (Lima), el Grupo Norte de Antenor Orrego (Trujillo), y en el grupo Orkopata del arequipeño-puneño Gamaliel Churata -Arturo Peralta (Puno). Cabe añadir que junto a Aquelarre, destacó Anunciación, revista promovida por Alberto Hidalgo, Alberto Guillén y Luis De La Jara.
La editorial del número tres de la revista Aquelarre a cargo de César Atahualpa Rodríguez es elocuente respecto a las nuevas inquietudes literarias que los animaba: "la literatura arequipeña se remoza quitándose las legañas que una forzada senectud le había hecho filtrar sobre sus ojos campesinos... La poesía que hoy se labora ya no se extrae de los libros: la sentimos bajo la carne como vibración espontánea... Hoy día no diré que se ha alcanzado la máxima independencia, pero es evidente que nuevos cauces abiertos a nuestra curiosidad han solicitado nuestros espíritus, conduciéndolos frente a un panorama múltiple... Nuestra mente se tocó de cosmopolitismo, librándonos de la antigua tiranía unilateral"5. Para el vate, Arequipa es una dimensión más profunda que trasciende lo costumbrista, pintoresco o provincial, y que se proyecta atávicamente hacia el universo.
Gibson, Atahualpa Rodríguez, Morales de Rivera, Calle, Guillén e Hidalgo, son los primeros grandes poetas del siglo veinte arequipeño. De ellos, Atahualpa Rodríguez, Alberto Hidalgo y el más joven y posterior, Guillermo Mercado, formarán el trío poético arequipeño más logrado del siglo.
En los años cincuenta, en un contexto social y político de post-guerra a nivel internacional, y de arribo intempestivo al poder por parte del general Odría -que derrocó al demócrata arequipeño Jose Luis Bustamante y Rivero- en el ámbito nacional, surge una nueva generación que acusa los efectos del brusco cambio hacia el sistema autoritario, y del consecuente e innato ambiente de descontento y revolución social en la ciudad. Fueron tiempos de heroicos movimientos civiles y estudiantiles de protesta, sangrientamente sofocados, y que desembocaron en 1955 en la última revolución del siglo XX en Arequipa, que logró la destitución del oscuro Ministro de Gobierno de Odría, Alejandro Esparza Zañartu (recreada en la narrativa de Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral).
A esto se une un proceso de modernización urbana y la dinamización del quehacer cultural con los festejos por el cuarto centenario de la fundación española de la ciudad, y el incremento de la migración sur-andina, que reconfigura paulatinamente el espectro social, hasta entonces predominantemente conservador y castizo.
Las características de la generación del cincuenta se centran en el abandono más resuelto del localismo y en el desarrollo de un discurso poético más universal. “Hay sin duda una renuncia al color local pero no -y esto es importante subrayar- una renuncia a la condición arequipeña muy clara en el pensar, en el sentir y en el actuar de estos escritores aunque no figure explícitamente en sus textos” 6. Transcribiendo la nómina de Cornejo Polar, tenemos a los siguientes poetas: Gustavo Valcárcel (1921), Efraín Miranda Luján (1927), Pedro Róger Cateriano (1927), Edgardo Pérez Luna (1928-1984), Jorge Bacarorzo (1928), José Ruiz Rosas (1928), José Gonzalo Morante (1929), Enrique Huaco (1930-1967), Aníbal Portocarrero (1931); Luis Yáñez (1931), Alberto Vega Herrera (1932), Oswaldo Reynoso (1932), Xavier Baca-corzo (1932), Rosa del Carpio (1933), Edgar Guzmán (1935), César Vega Herrera (1936).
Surge en pocos años una nueva generación de los años 60, marcada por profundos cambios socio-políticos a nivel mundial: la Revolución Cubana, la Revolución Cultural liderada por estudiantes norteamericanos y parisinos en el año 68, el movimiento hippie, las nuevas tecnologías en las comunicaciones de masas, el auge del boom literario latinoamericano, los movimientos feministas, etc., que le imprime un sello más cosmopolita y de sentido social a la creación poética. Destacan en esta generación: Oscar Valdivia, Peter O'Brien, Raúl Bueno, Walther Márquez, Omar Aramayo, Shelma Guevara y Brunilda Joyce.
Cornejo Polar define a partir de 1976 una nueva generación poética –nacida en los años 50 y primeros años de los 60- que se encuadró en un contexto propicio a la intensificación de la vida cultural de la Arequipa de los años 70, que es tributaria de la influencia de poetas como Hernández, Cisneros, Hinostroza, Calvo, y de los movimientos Hora Zero y Estación Reunida, y que en muchos aspectos, sigue teniendo vigencia en nuestros días: Rosa Elena Maldonado Oswaldo Chanove, Leandro Medina, Misael Ramos, Nilton del Carpio), Pedro Escribano, José Gabriel Valdivia, Dino Jurado, Luzgardo Medina, Alonso Ruiz Rosas, Rolando Luque, Odi Gonzáles, Rosario Muñoz, Porfirio Mamani, Fátima Carrasco, Alfredo Herrerra, Walter Velásquez.
Abril de 2005
* Poema completo en: "Guillermo Mercado. Antología poética" Soledad Astete, Julia Barreda, Jimmy Marroquín, Lolo Plaza, José Gabriel Valdivia. Arequipa : UNSA, 1997, pp. 104-107
1.- Lira arequipeña. Manuel Pío Chávez, Rafael Valdivia (eds.) Arequipa, 1989, p. I
2.- La poesía en Arequipa en el siglo XX. Estudio y antología. Jorge Cornejo Polar. Arequipa : Unas : CONCYTEC, 1990, p. 11
3.- Poetas de Arequipa. Antología. Los clásicos. Tito Cáceres Cuadros. Lima : CYDES, 1995, p.10
4.- Citado por Tito Cáceres Cuadros, Op. Cit., p. 13
5.- Citado por Jorge Cornejo Polar, Op. Cit, p. 15
6.- Op. Cit., p. 28.
Links complementarios
El Quijote en el Perú - José de la Riva Agüero
Historia de la poesía hispanoamericana. capítulo IX: Perú
Polifonía del silencio. La Literatura en Arequipa en los diez últimos años (1990's)- Rosa Núñez Pacheco y Gregorio Torres Santillana
Jose Luis Rosas: la sola poesía

Nocturno: Un rincón del Tambo "La Cabezona"- Estudio Vargas Hnos. (Carlos y Miguel), 1928