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RENE DESCARTES

 VIDA Y OBRAS  

      René Descartes, padre de la Filosofía Moderna, tenía 41 años cuando apareció el "Discurso del Método", que era su primera publicación, pero no su primer escrito. Había nacido el 31 de marzo del año 1596 en La Haya, aldea de la Turena francesa, hijo tercero de una familia acomodada. Poco se sabe de su infancia, y de lo que se sabe, quizá nada de lo acontecido antes de su ingreso en el colegio de La Fléche tenga importancia para la comprensión de sus ideas. En este colegio se familiariza con las doctrinas de Aristóteles y Santo Tomás, a quienes combatirá. Descartés ingresa en este colegio en 1606 y permanece en él hasta el año 1614.

      Poco tiempo después de salir de La Fléche aprueba Descartes su licenciatura en derecho (1616) y, sin preocupaciones de orden económico, se decide, como el mismo nos cuenta en el Discurso del Método, a emplear el resto de su juventud "en viajar, en ver cortes y ejércitos". Desde 1616 a 1628, Descartes se dedica a viajar. De 1623 a 1625 estuvo en Italia, y en 1626 volvió a París, donde permaneció hasta 1628, dedicado al estudio. Se cree que fue entonces cuando compuso las "Reglas para la dirección del espíritu". A finales de 1628 se retira a Holanda en busca de tranquilidad  para sus meditaciones. Con excepción de cortos viajes, Descartes permanece en Holanda durante veinte años, si bien cambia de casa más de veinte veces a fin de no renunciar a la tranquilidad.

      El primer trabajo de consideración que escribió en Holanda fue una cosmología que tituló El Mundo o Tratado sobre la Luz. Se disponía a publicarlo cuando el Santo Oficio condenó a Galileo (1633) por haber sostenido la tesis del movimiento de la tierra. Temeroso de un conflicto con la iglesia, Descartes decidió suspender la publicación. El tratado quedó entre los papeles de Descartes y se publicó, después de su muerte, en 1644.

      No abandona por eso Descartes la idea de dar a conocer sus trabajos de física, y en 1637 aparecen, en forma anónima, tres ensayos titulados La Dióptrica, Los Meteoros y La Geometría. Los tres ensayos iban precedidos del Discurso de Método. Dedicó los años siguientes a poner término a sus Meditaciones Metafísicas, que había comenzado mucho antes y que escribió en latín; el Discurso, en cambio, lo escribió originalmente en francés.

 

      Poco después de la publicación del Discurso se inició una fuerte corriente de simpatía por las nuevas ideas; y una reacción, que creció en violencia con el tiempo. La publicación de las Meditaciones Metafísicas agravó la situación. A la obra antes citada le suceden los Principios de la Filosofía, publicados en 1644.  

      Mientras Descartes se entregaba por entero a sus estudios, aumentaba la pasión en la defensa y el ataque de sus ideas. En tales circunstancias le llegó una oferta seductora. La reina Cristina de Suecia, deseosa de tener en su corte al más grande hombre de su época, logró que Descartes aceptara su invitación. Marchó a Estocolmo en los comienzos de octubre de 1649. No pudo soportar los rigores del clima nórdico, enfermando de pulmonía, a causa de la cual falleció en 1650, cuando aún no contaba los 54 años de edad.  

      No es arbitrario escoger al Discurso como la obra que marca una nueva actitud en el pensamiento europeo: con ella se inicia en rigor, la filosofía moderna. Es cierto que todas los demás escritos de Descartes dieron al Discurso una mayor significación, pero, en verdad, todas las obras publicadas con posterioridad desarrollaron ideas que estaban contenidas, a veces esquemáticamente, en el Discurso. Puede tomarse el Discurso como la expresión de la totalidad del pensamiento cartesiano.  

      ¿Dónde radica la novedad del Discurso? ¿cual es su nuevo mensaje?

El aporte del Discurso del Método puede reducirse a dos elementos principales:  

      -afirmación de la razón como criterio fundamental de verdad y           fuente principal de conocimiento y

      -descubrimiento de la conciencia como realidad primera y punto

       de partida obligado del filosofar

 EL MÉTODO CARTESIANO  

      El Renacimiento es una época de crisis, es decir, época en que las convicciones vitales de los siglos anteriores se resquebrajan, cesan de regir, dejan de ser creidas. El Renacimiento se presenta pues, primero como un acto de negación; es la ruptura con el pasado, es la crítica implacable de las creencias sobre las que las humanidad venía viviendo. El realismo aristotélico, que servía de base a ese conjunto de convicciones, perece también con ellas. Recibe día tras día durísimos golpes. El hombre del Renacimiento se queda entonces sin filosofía. Así el Renacimiento es, por una parte, la negación de todo el pasado filosófico. Más, por otra parte es también el angustioso afán de encontrar un nuevo punto de apoyo capaz de salvar al hombre de ese naufragio. La filosofía de Descartes se origina en la crisis del realismo aristotélico. Depende, pues, de la filosofía precedente en el sentido de que el fracaso del aristotelismo le obliga a plantear de nuevo en su origen el problema del ser; y también en el sentido de que, condicionada por el pasado, ha de iniciar ahora un pensamiento cauteloso, prudente, desconfiado y resuelto a una actitud metódica (utilizar un nuevo método para evitar caer en el error; para dar a la filosofía una base segura y firme).  

      Descartes, ante esta situación, se encuentra en una profunda inseguridad. Todo el pasado filosófico se contradice; las opiniones más opuestas han sido sostenidas. Si se pretendef, y ésta es la intención de Descartes, crear una filosofía de validez universal, es preciso hacer tabla rasa de todos los sistemas filosóficos anteriores. Cierto es que en ellos puede haber algo de aprovechable, pero, al tratarse de verdades muy particulares, su adopción no haría sino perturbar la coherencia, exactitud y elegancia del sistema que Descartes quiere construir. Por ésto nos dice en la segunda parte del Discurso del Método:  

"Con frecuencia no hay tanta perfección en las obras compuestas de muchas piezas y hechas por la mano de distitnos maestros, como en las que ha trabajado uno solo. Así se ve que los edificios planeados y acabados por un solo arquitecto suelen ser más hermosos y mejor ordenados que los que se ha tratado de acomodar entre muchos, aprovechando viejas murallas que habían sido levantadas con otros fines"  

      El proyecto de Descartes queda claro: creación de una nueva filosofía, prescindiendo de todo lo anterior.

      Pero ahora surge un problema: ¿a qué se ha debido el fracaso de los anteriores filósofos? Una posible razón sería que la filosofía es inasequible al entendimiento, a la razón humana; que la capacidad cognoscitiva del entendimiento no puede llegar a resolver los problemas filosóficos. Esta tesis es rechazada por Descartes. Por consiguiente, para Descartes el fracaso de la filosofía, del filosofar, no se puede achacar a la incapacidad de la razón. ¿Cuál es, pues su causa?. Para Descartes, está clara: la causa del fracaso ha sido la utilización de un método inadecuado. La raiz del mal está en el método, y es éste el que tiene que ser cambiado. Es necesario encontrar un nuevo camino, un nuevo método, que nos conduzca al descubrimiento de la verdad, y de esta manera la filosofía se convierta en un saber sólido y universalmente válido.

      Descartes insiste una y otra vez en la importancia que tiene el método para el descubrimiento de la verdad, y señala que la escasez de conocimientos auténticos logrados por la humanidad en tantos siglos de búsqueda se debía, principalmente, a la falta de un método seguro. En las "Reglas para la dirección del espíritu" indica Descartes que "el método es necesario para la investigación de la verdad" y que es "mucho más satisfactorio no pensar jamás en buscar la verdad que buscarla sin método". Esta obra y el Discurso son las que dedicó al problema del método. Escribió primero las Reglas..., obra que no llegó a ver la luz hasta el año 1701. El Discurso, como ya dijimos, se publicó en el año 1637. Si bien la naturaleza del método expuesto en ambas obras es la misma, en las Reglas se encuentra un estudio más detallado de la cuestión. Por haber redactado el Discurso con posterioridad a las Reglas, puede el autor ofrecernos en él una síntesis del método en cuatro concisas reglas que podemos tomar como estructura fundamental para la exposición de la metodología cartesiana (en las Reglas para la dirección del espíritu, Descartes enumera 21 reglas, que, como acabamos de decir, quedarán sintetizadas en las cuatro del Discurso del Método que expondremos más adelante).  

      Es necesario, por lo tanto, encontrar un nuevo método, un nuevo camino para la filosofía. Naturalmente que Descartes es consciente de la dificultad que entraña el hallazgo de un nuevo método de filosofar, jamás encontrado por tantos excelentes ingenios -así los llama él- como le precedieron. En la búsqueda de ese nuevo método Descartes centrará su atención en el procedimiento o método matemático, ya que el saber matemático, las matemáticas, se presenta como un saber paradigmático, modélico, en el que no caben pluralismos ni disparidad de ideas. Ahora bien, dado que dicho método va a ser la piedra filosofal que aniquile la pluralidad de filosofías, es necesario ver en qué consiste tal método.  

      Pues bien, el proceso de construcción de las Matemáticas, tal como lo había diseñado Euclides en sus "Elementos", era el siguiente:  

      a) Búsqueda de una o varias verdades evidentes, indubitables,          cuya negación implique contradicción: los axiomas.          

b) Establecimiento de un conjunto de reglas de deducción seguras, ciertas y eficaces, que nos permitan, partiendo de los axiomas, demostrar rigurosamente otras verdades -los teoremas-.

      En resumen, que el método matemático consiste en el uso de la intuición (llegar a descubrir lo evidente) y de la deducción (deducir otras verdades a partir de la verdad evidente). Mediante la intuición llegaremos a conocer aquellas verdades de suyo evidentes e inmediatas -los axiomas-; con la intuición alcanzamos aquellas verdades que, sin ser inmediatamente evidentes, alcanzan una evidencia mediata gracias a que llegamos a ellas partiendo de los axiomas y a través de una cadena de razonamientos(deducción), es decir, de pasos sucesivos que son evidentes.

       Armado es este método, que tan fecundo se ha mostrado en las Matemáticas, el filósofo francés intentará edificar una filosofía a modo de ciencia universal que pueda elevar nuestra naturaleza a su más alto grado de perfección. Descartes, que tan detalladamente se ocupa del problema metódico en lasl Reglas, sintentizará el método a emplear en filosofía, estableciendo que se compone de cuatro fases o pasos, según nos dice en las 2ª parte del Discurso del método:  

a) Evidencia como criterio de verdad. "Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu que no hubiese ninguna posibilidad de ponerlo en duda".  

    En esta primera regla del método a seguir por la filosofía establece o propone Descartes la evidencia como criterio de verdad: lo verdadero es lo evidente. La evidencia se define por dos características que le son esenciales: la claridad y la distinción. Lo claro y distinto es aquello que no puede ponerse en duda, y, por lo tanto, se verdad aparece y es aceptada inmediatamente por la razón. La evidencia es contrapuesta a la conjetura, que es aquello cuya verdad no aparece a la mente de modo inmediato.

      En esta primera regla también apunta Descartes que habrá que evitar dos vicios fundamentales en la búsqueda de la verdad:  

      -tomar por verdadero lo que no lo es (precipitación) y

      -negarse a aceptar la verdad de lo que es evidente(prevención).

 

      La precipitación consiste por lo tanto en tomar por verdadero algo que no es evidente, sino confuso. La prevención, por el contrario, consistirá en negarse a aceptar como verdadero algo claro y distinto, algo evidente.

 

b)El Análisis: "dividir cada una de las dificultades que examinase en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución".

 

c)La síntesis:"...conducir ordenadamente mis pensamientos, empezado por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo, poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos".

 

d)La comprobación de los análisis y síntesis ya realizados: "Y el último, hacer en todos los casos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro, de no omitir nada".

 

 

 

LA DUDA METÓDICA

 

      Descartes es muy cauteloso en la búsqueda de esos primeros principios que, al igual que los axiomas en las Matemáticas, sirvan de punto de partida sólido y verdadero. No quiere correr el riesgo de que el edificio todo se derrumbe porque los primeros principios adolezcan de algún defecto. Esos primeros principios, por tanto, no pueden entremezclarse con ningún supuesto, tienen que ser evidentes e indudables (recuerda la 1ª regla del método cartesiano). De ahí que use Descartes la llamada duda metódica para eliminar toda falsa verdad y ver si queda algo que realmente sea capaz de resistir la duda. Comienza Descartes, por lo tanto, por dudar de todas las cosas y considerar como falso -al menos en principio- todo cuanto puedaa ponerse en duda.

 

      De lo primero que duda es de los datos de los sentidos. Duda de ellos porque ha observado que muchas veces los sentidos nos han engañado y "es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado alguna vez". Los sentidos, como se puede ver, no constituyen para Descartes una fuente valida para alcanzar lo verdadero.

      Si bien podemos dudar de los datos de los sentidos, parece que no podemos dudar de que estamos aquí, en esta habitación, con un papel entre las manos y rodeados de un conjunto de objetos. Pero, se pregunta Descartes, ¿No me ha sucedido acaso haber soñado de noche que estaba en este mismo sitio, vestido y haciendo lo que ahora me parece que hago, cuando en realidad estaba desnudo y metido en la cama? Bien podría ser que ahora esté también soñando, pues "no hay indicios ciertos para distinguir la vigilia del sueño".

      Pero aun en el caso de que estuviera soñando y de que las cosas que creo ver y hacer no sean más que ilusiones, habrá, sin embargo, algunas otras cosas que son verdaderas y universales. Por ejemplo, la aritmética y la geometría contienen algo de cierto e indudable, pues duerma o esté despierto, siempre dos y tres sumarán cinco y el cuadrado no tendrá más de cuatro lados. Pero tampoco estos principios se sustraen a la duda, porque también su certeza, su veracidad, puede ser ilusoria. Dios, que es omnipotente, puede hacer con nosotros lo que le plazca e ignoramos si El no desea que nos engañemos siempre, incluso en aquellas cosas que nos parecen evidentísimas. Y si pareciese contradictorio que Dios,"que es la bondad suma y la fuente suprema de la verdad", nos pudiera engañar, podemos suponer que un cierto genio o espíritu maligno (malin génie), sea quien nos engaña.

 

      El recurso del genio maligno permite a Descartes dudar de todas las cosas, por más ciertas y evidentes que parezcan. En tal momento nada logra resistir la duda. Basta hacer esta hipótesis para que aun los conocimientos más ciertos resulten dudosos y capaces de engañarnos. Así la duda se extiende a todo y se convierte en absolutamente universal.

 

 

EL "COGITO" CARTESIANO

 

      El recurso del genio maligno permite, como hemos dicho, dudar de todas las cosas, por más ciertas y evidentes que parezcan. En tal momento nada logra resistir la duda. La duda de Descartes es absoluta. Pero ella le va a llevar a una verdad absolutamente cierta:

      En efecto, si duda de todo, al menos es cierto que duda, es decir, que piensa. Y si piensa, existe en tanto ser pensante. Es el famoso "Pienso, luego existo" (cogito ergo sum), que da a Descartes no sólo una verdad indudable, sino también el punto de arranque de toda su filosofía (recordemos los axiomas del método matemático).

      Pero, ¿es tal proposición realmente verdadera y absolutamente indudable?. Evidentemente lo es. Cuando quiero dudar de la verdad de semejante proposición lo único que consigo es confirmar su verdad, pues si dudo, pienso, y no puedo pensar sin ser. Aun la hipótesis del genio maligno, por más poderoso que fuera, no podría engañarme en este punto, ya que para engañarme tengo que existir. El podrá engañarme y hacerme creer que es real lo que veo, cuando en verdad se trata de una mera ilusión; o hacerme creer que son ilusorios los principios matemáticos. Pero engañado o en la verdad sobre estas cuestiones, lo indudable es que yo existo como ser pensante, y su poder, por más grande que sea, se estrella contra esta verdad.

      O, para decirlo con términos más rigurosos, la duda puede alcanzar el contenido del pensamiento -lo que estoy pensando-, pero no al pensamiento mismo. El hecho de pensar es indudable, aunque podamos dudar, por el momento, de lo que estamos pensando. Puedo dudar de la existencia de lo que veo, imagino o pienso, pero no puedo dudar que lo estoy pensando y que, para pensarlo, tengo que existir.

      Según todo lo anterior, no puedo eliminar el pensar sin contradecirme: Imaginemos que aplicásemos la duda a la afirmación "Pienso, luego existo". Efectivamente, podríamos dudar de ella, pero al dudar de ella tengo la certeza de que estoy dudando, y si dudo pienso, y no podría pensar sin existir. Como vemos, al intentar dudar de ese principio, lo único que hacemos es volver a evidenciar el hecho de que es algo indudable.

 

(ver SAN AGUSTIN, libro de texto pág. 114 y 115: 2.La búsqueda interior)

 

      Hay que señalar, sin embargo,  que hemos llegado a la evidencia de nuestra existencia, pero en cuanto ser pensante; no que existo como un ser físico, corporal (extenso). Sobre la existencia del cuerpo subsiste la duda ya señalada y, como veremos, para llegar a la demostración de la existencia del cuerpo -del nuestro, y de los existentes en la llamada realidad exterior- tendrá Descartes que probar primero la existencia de Dios.

     

      Tenemos ya una proposición absolutamente verdader por ser indudable -veo claramente que para pensar es preciso ser-. Puedo imaginar que no tengo cuerpo, pero hay algo que no puedo separar de mí, a saber, el pensamiento. Soy, pues, una cosa verdaderamente existente, mas ¿qué cosa? una cosa que piensa (res cogitans).

      Pero, ¿qué es una cosa que piensa? Descartes responde: "Es una cosa que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere y, también, imagina y siente" (Meditaciones Metafísicas. II). Como se ve, el término pensamiento no tiene en Descartes el sentido restringido que tiene en la actualidad, sino que su amplitud es tan grande que comprende también la vida emocional, sentimental y volitiva.

 

      Sobre esta certeza originaria -pienso, luego existo-, debe fundarse cualquier otro tipo de conocimiento:

 

"Pero advertí en seguida que aun queriendo pensar, de este modo, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y al advertir que esta verdad -pienso, luego soy- era tan firme y segura que las suposiciones más extravagantes de los escépticos no eran capaces de conmoverla, juzgué que podía aceptarla sin escrúpulos como el primer principio de la filosofía que buscaba"

                                   (Discurso del Método. IV parte)

 

 

 

 

LA EXISTENCIA DE DIOS

     

    El próximo problema que acometerá Descartes se refiere a la existencia de Dios. Tiene que partir de la única verdad que posee, esto es, la certeza de la propia existencia como cosa pensante, la existencia del yo como sujeto pensante, como razón, entendimiento (res cogitans). Esta existencia indudable del yo no parece implicar, sin embargo, la existencia de ninguna otra realidad.

 

      Veamos el siguiente ejemplo: "Yo pienso que el mundo exterior existe". Tal vez el mundo no exista decíamos (según Descartes podemos y debemos, por el momento, dudar de su existencia). Lo único absolutamente cierto es que yo pienso que el mundo existe.

      Esto nos muestra que contamos con dos elementos: el pensamiento como actividad y las ideas (contenidos) que piensa el yo. Si volvemos al ejemplo anterior -Yo pienso que el mundo existe- se ponen de manifiesto tres factores: El yo que piensa, cuya existencia es indudable; el mundo como realidad exterior al pensamiento, cuya existencia es dudosa y problemática; y las ideas de "mundo" y "existencia" que indudablemente poseo, ya que, caso que no las tuviera no podría pensar que "el mundo existe".

     

      De todo esto hay que concluir que, según Descartes, el pensamiento piensa siempre ideas. Hay que partir pues de las ideas. Y Descartes distingue tres tipos de ideas:

 

1º.- Ideas adventicias, es decir, aquellas que parecen provenir de nuestra experiencia externa (árbol, hombre, colores, sonidos,...) Hemos dicho parecen proceder porque aún no tenemos certeza de la existencia de una realidad exterior -distinta del pensamiento-.

 

2º.- Ideas facticias, es decir, aquellas ideas que construye la mente a partir de otras ideas (por ejemplo,la idea de un caballo con alas).

 

3º.- Ideas innatas. Existen, sin embargo, algunas ideas que no son ni adventicias ni facticias. Ahora bien, si no pueden provenir de la experiencia externa (si la hubiera) ni tampoco son construidas a partir de otras, ¿Cuál es su origen?, ¿de dónde proceden? La única respuesta posible es que el pensamiento las posee en sí mismo, es decir, son innatas. Ideas innatas son, por ejemplo, las ideas de "pensamiento" y la de "existencia", que ni son construidas por mí ni parecen proceder de experiencia externa alguna, sino que me las encuentro en la percepción misma del "pienso, luego existo".

      No se trata de ideas que ya estén presentes en la mente del niño nada más nacer, sino más bien de ideas que están potencialmente en la mente y surgen con ocasión de determinadas experiencias. Aquí, como en algunos otros aspectos, Descartes parece inspirarse en San Agustín.

 

      Entre las ideas innatas descubre Descartes la idea de "Infinito", que se apresura a identificar con la idea de Dios. Mas, ¿cómo puedo yo, que soy un ser finito, haber producido la idea de un ser infinito, si lo más no puede derivarse de lo menos?. Es necesario concluir, por lo tanto, que Dios existe, pues sólo una sustancia verdaderamente infinita puede ser la causa de la idea de "Infinito" -o "Ser Infinito"- que encuentro en mi pensamiento.

      Esta prueba por lo tanto dice los siguiente: Tengo la idea de un ser infinito. Pero yo no puede ser la causa de tal idea, puesto que yo soy un ser finito; por consiguiente el Infinito mismo -Dios- tiene que ser la causa de la idea de Infinito que yo tengo. Podríamos haber utilizado el concepto de o idea de Perfección con idénticos resultados.

 

      En la quinta Meditación ofrece Descartes una prueba de la existencia de Dios más sencilla que la anterior. Es el llamado "argumento ontológico" (Ver SAN ANSELMO libro texto S.M. pág. 150)que puede enunciarse como sigue: Tengo la idea de un ser sumamente perfecto. Su existencia es inseparable en él de su esencia. En efecto, si su esencia es la de ser sumamente perfecto, no le puede faltar ninguna perfección; por lo tanto, no le puede faltar la existencia, que es una de esas perfecciones.

 

      En los argumentos expuestos, Descartes intenta probar la existencia de Dios partiendo de la propia existencia como ser pensante, mientras que la tradición escolástica hacía descansar una de las pruebas más importantes en la existencia del mundo sensible y en la necesidad de que el mundo, y el orden que en él advertimos, tengan una causa primera. Descartes, en cambio, encerrado en su propia conciencia, tendrá que apoyarse en Dios para probar la existencia del mundo exterior, invirtiendo por completo el orden tradicional.

 

 

EL MUNDO

 

      Ya hemos podido comprobar la certeza de nuestro conocimiento sobre el yo y sobre Dios. Ahora bien, ¿qué podemos conocer de las cosas materiales exteriores? A través de la imaginación sabemos que es muy probable que existan esos cuerpos que están presentes ante el conocimiento sensible. Hay una serie de datos que recibo del exterior a través de la experiencia sensible que han entrado en mi imaginación por vía de los sentidos y de la memoria. Pero, por el momento, a partir de todos estos datos, sólo podemos concluir la probabilidad de que existan esos cuerpos, y no la necesidad de que existan realmente.

 

      Para solucionar el problema de la existencia de las cosas corpóreas, Descartes procede, una vez más, a la consideración de las ideas, en este caso, de las ideas de las cosas sensibles, y la pregunta es ¿cuál es la causa que produce dichas ideas y de la cual proceden? Yo no puedo ser la causa que produzca esas ideas, pues yo no soy más que una cosa que piensa y, en último término, se presentan en mí aun en contra de mi voluntad. Esa causa y origen de las ideas debe ser, por la tanto, distinta de mi pensamiento.Dicho de otro modo, la sustancia pensante no puede ser origen de dichas ideas; debe existir otra sustancia que provoque en mi pensamiento dichas representaciones(ideas). Y esa sustancia no puede ser más que un cuerpo, es decir, una naturaleza o sustancia corporal en la cual esté contenido realmente lo que en las ideas está contenido representativamente, o bien Dios mismo (Sustancia Infinita). Pero es evidente que Dios, como no me engaña, no me envía esta ideas inmediatamente, ni siquiera por medio de alguna criatura que no las contega realmente. El me ha dado una fuerte inclinación a creer que me son enviadas por las cosas corporales y, por tanto, me habría engañado si fueran producidas por otro ser. Es necesario, por lo tanto, reconocer que hay una sustancia o realidad extensa que tiene caracteres diversos de aquella sustancia pensante que soy yo mismo: la sustancia extensa (corporal) es divisible, precisamente porque es extensa, mientras que la sustancia pensante, el espíritu, es indivisible y no tiene partes.

 

"Por otra parte, existe en mí una cierta facultad pasiva de sentir, o de recibir y conocer las ideas de las cosas sensibles, pero no obtendría ninguún provecho sin no existiese también una cierta facultad activa, ya exista en mí, ya en otro, de producir o de hacer estas ideas. Y ésta no puede existir en mí mismo, porque no suponen ninguna intelección anterior, sino que estas ideas me vienen sin mi consentimiento y sin mi cooperación; por tanto, resta que exista en alguna sustancia distinta de mí, y dado que debe estar en ella toda la realidad, ya formal, ya eminentemente, que existe objetivamente en las ideas producidas por esa facultad, o esta sustancia es un cuerpo o naturaleza corpórea (...) o es Dios, o es alguna otra criatura más noble que el cuerpo o naturaleza corpórea en la que todo aquello está contendio eminentemente (...)

Pues no habiéndome concedido (Dios) ninguna facultad para conocerlo, sino muy al contrario, una gran propensión a creer que las ideas son emitidas de las cosas corpóreas, no veo de qué manera podría entenderse que no es falaz, si procediesen de otra parte que de las cosas corpóreas; por lo tanto, las cosas corpóreas existen".

                            (Descartes.Meditaciones Metafísicas. 6ª)

 

      La sustancia extensa no posee, sin embargo, todas las cualidades que percibimos en ella. La magnitud, la figura, el movimiento, la situación, el número, son ciertamente cualidades propias de esa sustancia; pero el color, el olor, el sabor, el sonido, etc., no existen como tales en la realidad corpórea y corresponden en esta realidad a algo que nosotros no conocemos y que provoca dichas ideas en nosotros. Descartes, por lo tanto, establece también la distinción entre cualidades objetivas (primarias) y subjetivas (secundarias), hechas ya por Galileo y que veremos aparecer nuevamente en autores posteriores -Locke, por ejemplo-.

 

      Por la misma razón, esto es, en virtud de la veracidad divina, debo admitir que tengo un cuerpo y que estoy estrechamente unido a él. Por otra parte, esta unión presupone una distinción real entre espíritu o pensamiento y cuerpo, en cuanto yo puedo pensar en existir como pura sustancia espiritual sin admitir en mí ninguna parte o elemento de otra naturaleza; y por otra parte, como ya hemos indicado, debe reconocer al cuerpo caracteres -como la divisibilidad- que rechaza la sustancia espiritual.

 

 

      Resumiendo, la existencia del mundo es demostrada a partir de la existencia de Dios: puesto que Dios existe y es infinitamente bueno y veraz, no puede permitir que yo me engañe al creer que el mundo existe, luego el mundo existe. Dios aparece así como garantía de que a mis ideas corresponde un mundo, una realidad extramental (distinta del pensamiento y de Dios).

 

El mecanicismo cartesiano

 

                 El mecanicismo de Descartes puede resumirse así: Dios crea la materia inerte e inyecta en ella una cantidad de movimiento, que en virtud de la inmutabilidad divina, permanece siempre constante.

        La estructura y funcionamiento de los cuerpos puede explicarse, según Descartes, por estas tres leyes del movimiento: el principio de la inercia, la ley de que todo tiende a moverse en línea recta y el principio de la conservación del movimiento. Estas tres leyes derivan de la inmutabilidad de Dios.

 

(Completar: Libro de texto. Pág 224 y 225: b)Mecanicismo y c)Las leyes de la naturaleza)

 

 

           

LA SUSTANCIA.  ATRIBUTOS Y MODOS

 

      Recordemos, aunque sólo se brevemente, que Aristóteles definía la sustancia, por contraposición a los atributos, como aquello que existe pos sí mismo. Los atributos, en cambio, necesitan apoyarse en la sustancia, sujeto invariable que permanece por debajo de los atributos.

      Descartes acepta la definición aristotélica de sustancia como aquello que no necesita de ninguna otra cosa para existir.

 

"Cuando concebimos la sustancia, concebimos únicamente una cosa que no tiene necesidad más que de sí misma para existir"

                                  

                                   (Descartes. Principios de Filosofía.)

 

     

En este mismo texto de los Principios donde define la sustancia, Descartes reconoce que, tal como se ha definido, se podría dar lugar a algún error porque puestos a hablar de la sustancia en este sentido, sólo existiría una, que fuera realmente autónoma -independiente- es decir, Dios -Sustancia Infinita-. Parece claro que tanto la sustancia material o extensa como la sustancia pensante necesitan a Dios para existir -en cuanto que son sustancias creadas-.

 

 

"Puede parecer oscura esta definición, no tener necesidad sino de sí misma, porque, hablando con propiedad, sólo a Dios es aplicable, y ninguna cosa

creada puede existir un solo instante sin que la sostenga su poder".

 

                                        (Descartes. Principios de Filosofia.)

 

 

      Vemos como, según Descartes, el término sustancia sólo es apalicable, en sentido propio, a Dios, pero afirma que, en sentido analógico, puede aplicarse también a aquellos seres creados que sólo necesitan del concurso divino para existir, a diferencia de aquellos otros seres, que necesitan, además, de otros seres creados.

      Así distingue dos sustancias creadas: el Yo o sustancia pensante (res cogitans) y los cuerpos o sustancia extensa (res extensa). La res cogitans y la res extensa, si bien necesitan del concurso divino, no necesitan en cambio de otros seres creados para existir y, en este sentido, cabe decir que son sustancias.

 

"Puesto que entre las cosas creadas algunas son de tal naturaleza que no pueden existir sin algunas otras, las distinguimos de las que sólo necesitan el concurso divino, llamando a éstas sustancias y a aquellas cualidades o atributos de la sustancia".

                                   (Descartes. Principios de Filosofía.)

 

      Claro que la sustancia no puede ser percibida en sí misma, lo que percibimos de ella son sus atributos, aunque el atributo esencial ya es suficiente para conocer con claridad y distinción la sustancia. En los Principios, dice Descartes que siempre hay un solo atributo que constituye la esencia de una sustancia. Por eso, estos atributos esenciales son invariables y no modificables. Por el contrario los modos son atributos inesenciales y variables, son modificaciones de la sustancia. Así, por ejemplo, el atributo del alma -Yo, pensamiento- es pensar, mientras que la imaginación y el sentimiento son dos modos; y el atributo del cuerpo es la extención -en longitud, anchura y profundidad-, mientras que la figura y el movimiento serían modos de la sustancia extensa.

 

"Pero aunque todo atributo baste para conocer la sustancia, hay siempre uno en cada una de éstas que constituye su naturaleza y su esencia y del que dependen todas las demás cosas; a saber, la extensión en longitud, en anchura y en profundidad, constituye la naturaleza de la sustancia corpórea.Porque todo lo que además podemos atribuir al cuerpo presupone la extensión y del mismo modo todas las propiedades que encontramos en la cosa pensante no son sino diferentes modos de pensar. Así, por ejemplo, no sabemos concebir la figura sino de una cosa extensa ni el movimiento sin en un espacio extenso; del mismo modo, la imaginación, el sentimiento y la voluntad dependen de tal modo de una cosa que piensa, que no podemos concebirlos sin ellos.

Por el contrario, podemos concebir la extensión sin movimiento ni figura, la cosa pensante sin imaginación o sin sentimiento, y así para todo".

 

                                   (Descartes.Principios de Filosofía)    

 

 

El hombre

 

        El hombre es un compuesto de dos sustancias, la sustancia pensante y la sustancia extensa. Y, como el entendimiento tiene una idea clara y distinta de la sustancia pensante y una idea clara y distinta de la sustancia extensa, es evidente, según Descartes, que se trata de dos sustancias distintas, independientes, y que el alma puede existir sin el cuerpo, esto es, que de la muerte del cuerpo no se sigue la muerte del alma.

 

"Puesto que, por una parte, tengo una idea clara y distinta de mí mismo,en cuanto yo soy sólo una cosa que piensa -y no extensa-, y, por otra parte, tengo una idea distinta del cuerpo, en cuanto que él es sólo una cosa extensa -y no pensante-, es cierto entonces que ese yo (es decir, mi alma, por la cual yo soy lo que soy), es enteramente distinto de mi cuerpo, y que puedo existir sin él".

                            (Descartes.Meditaciones Metafísicas. &ª)

 

      Esta posición de Descartes, según la cual cuerpo y alma son sustáncias autónomas, tiene importantes consecuencias: por un lado, la afirmación de la inmortalidad del alma; por otro lado, la afirmación de la libertad del hombre. En efecto, el alma, en tanto que sustancia pensante, queda excluida del mecanicismo y la necesidad propios de los cuerpos -sustancia extensa-.

 

 

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