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ARISTOTELES

VIDA Y OBRA - LOGICA - FILOSOFIA DE LA NATURALEZA Y METAFISICA - PSICOLOGIA - ETICA Y POLITICA

Vida y obra

Aristóteles (384-322), nacido en Estagira, era hijo de Nicómaco, médico de la corte macedonia. En el año 367 ingresó en la Academia de Platón, donde permaneció veinte años. Tras la muerte del maestro residió en diversos lugares, y durante tres años fue preceptor de Alejandro de Macedonia. En el año 335 regresó a Atenas, donde fundó su propia academia, el Liceo (o Peripato), que dirigió hasta su muerte.

Aunque parece que Aristóteles comenzó escribiendo diálogos —ninguno de los cuales se conserva—, la mayor parte de la ingente obra que ha llegado hasta nosotros está constituida por apuntes de clase realizados para el Liceo, y en ocasiones compilados por sus discípulos. Sus escritos, que abarcan todas las ramas del saber de su tiempo, suelen dividirse en siete grupos: a) escritos lógicos, denominados Organon; b) tratados acerca de la filosofía de la naturaleza (Física, De caelo); c) tratados biológicos (Historia animalium); d) obras psicológicas (De anima); e) tratados sobre filosofía primera, o Metafísica; f) tratados de ética y política (Ética a Eudemo, Ética a Nicómaco, Política); g) escritos sobre el arte literario y retórico (Retórica, Poética).

Aristóteles dividía las ciencias en tres clases: teoréticas, que tenían por fin el conocimiento; prácticas, cuyo objeto era proporcionar pautas para la recta conducta; y técnicas, centradas en las artes. Existe, sin embargo, una ciencia o disciplina previa, la Lógica —que él llamaba Analítica—, que tiene como finalidad el estudio del pensamiento y de las condiciones precisas para obtener un conocimiento verdadero. Todo estudio de Aristóteles ha de comenzar, pues, por el tratamiento de su lógica, cuyas concepciones han supuesto un punto de partida para toda la filosofía occidental posterior.

Lógica

La base de la lógica aristotélica estriba en la división del proceso del pensamiento en tres elementos fundamentales: concepto, juicio y razonamiento.

El concepto es el equivalente en nuestra mente a la esencia real de una cosa, y tiende a resaltar sus elementos definitorios: casa, hombre. Ahora bien, dentro del concepto existen dos divisiones fundamentales: el sujeto, que constituye la sustancia permanente de la cosa, y los predicados que de ella se atribuyen (accidentes).

Los juicios son agrupaciones de conceptos con el fin de realizar alguna afirmación sobre la realidad. El razonamiento, por último, es el auténtico culmen del proceso, y puede ser deductivo o inductivo.

El elemento fundamental del razonamiento deductivo es el silogismo, el cual permite, a partir de dos premisas o proposiciones verdaderas, deducir una tercera. Las premisas han de tener cada una dos términos, uno de ellos común a ambas. Así, según el conocidísimo ejemplo:

1a premisa: Todos los hombres son mortales. / 2ª premisa: Sócrates es un hombre. / Conclusión: Sócrates es mortal.

A partir de esta sencilla definición, Aristóteles estableció toda una compleja tabla de figuras y modos del silogismo, que constituyen la base del razonamiento deductivo. Sin embargo, para que éste pueda tener lugar, es preciso un razonamiento inductivo previo: es decir, que a partir de las observaciones de los hechos particulares (la muerte de cada hombre), por un proceso de abstracción, podamos llegar a afirmar: «Todos los hombres son mortales».

Desde esta base, y fundado sobre todo en el concepto de sustancia (ousía), va a establecer Aristóteles los fundamentos de su teoría de la naturaleza y metafísica.

Filosofía de la naturaleza y metafísica

Aristóteles se enfrenta a la doctrina platónica de las ideas, reprochándole en particular dos puntos: su incapacidad para explicar el mecanismo de participación de las cosas sensibles respecto a las ideas, y la nula explicación que ofrece acerca del problema del cambio. Con el fin de superar estas deficiencias elabora su propia teoría.

El ser, afirma Aristóteles, no es la idea, sino lo singular, lo concreto tal como lo conocemos, y tiene cuatro causas: causa material, aquello de lo que está hecho; causa formal, su esencia, su carácter; causa eficiente, aquella que le permite llegar a ser; y causa final, su fin, su razón de ser.

De acuerdo con esta teoría, Aristóteles establece una primera división entre materia y forma: Cada sustancia, cada sujeto, está compuesto por una materia prima, que constituye su sustrato y le confiere la posibilidad de ser, y por una forma, una estructura, que le hace ser lo que es. A diferencia de Platón, sin embargo, niega que la forma pueda percibiese sin la materia. Ambas constituyen principios indisolubles del ser; a esta doctrina se la llama hilemorfismo (materia + forma).

Ahora bien, el filósofo establece a continuación una distinción paralela entre potencia y acto: el movimiento es el paso de la potencia, o posibilidad, al acto, o realidad; es decir, el tránsito entre lo que puede llegar a ser y lo que es. Todo el conjunto de lo existente se halla, pues, sometido a un perpetuo cambio, ya que cada sustancia compuesta de materia y forma, cada ser en acto, supone a su vez un ser en potencia dirigido hacia un nuevo cambio.

Sin embargo, afirma Aristóteles, todo cambio ha de tener una causa, un motor externo a él, y éste otra a su vez. Por tanto, remontándonos en esta cadena de causas, deberemos llegar necesariamente a un primer motor que haya puesto el ciclo en movimiento. Este primer motor, además, ha de ser inmóvil, pues de lo contrario necesitaría a su vez otra causa; y como el movimiento es eterno —al igual que el tiempo, que constituye la medida del movimiento—, es preciso que el primer motor inmóvil sea a su vez eterno.

El Estagirita no consigue, sin embargo, explicar adecuadamente cómo este primer motor inmóvil, al que define como acto puro, pensamiento que se piensa a sí mismo, y que permanece ajeno al mundo fenoménico, puede poner en marcha esta rueda eterna. Su explicación estriba en que ese primer motor, causa de todas las causas, constituye la razón última del Cosmos, y por tanto el movimiento de éste se halla producido por un «anhelo» hacia aquél; explicación que, en último término, recuerda las soluciones platónicos. El Dios de Aristóteles, pues, no se halla tan lejano como pudiera parecer del de su maestro.

Basándose en estos conceptos, establece Aristóteles su teoría del universo (su centro es la Tierra y está compuesto por el mundo sublunar o mundo de la experiencia, rodeado a su vez por una serie de esferas celestes, tras las cuales se encuentra el primer motor inmóvil) y su biología: todo lo orgánico posee un alma, que en los vegetales es vegetativa (reproducción, nutrición) y en los animales vegetativa y sensitiva.

Psicología

La psicología de Aristóteles supone en cierto modo una continuación de sus concepciones biológicas, pues el hombre posee, además de las dos anteriores, otra racional, que le permite abstraer conceptos y elaborar razonamientos a partir de los datos de los sentidos. En el alma racional hay, sin embargo, un principio pasivo potencial y un principio actualizador, el intelecto agente, que constituye realmente el entendimiento creador, capaz de comprender la inteligibilidad. Este entendimiento no es innato ni anterior, como en el caso de Platón, pero sí inmortal. Ahora bien, esta inmortalidad no es individual, sino universal; parece, pues, que el intelecto agente participara del Nous, la razón inteligible del mundo. Esta doctrina, sumamente compleja, y cuyas deficiencias, derivadas de la incapacidad para superar el dualismo, comprendió sin duda el propio Aristóteles, originó durante el período escolástico una ardua polémica interpretativa.

Ética y Política

En el terreno ético, Aristóteles considera que el bien sólo se obtiene desarrollando la propia esencia; en el caso del hombre, actualizando sus facultades racionales. Existen dos formas de llevar esto a cabo: mediante las virtudes morales y mediante las virtudes teoréticas. Éstas últimas son propias sólo del entendimiento, pues consisten en la vida contemplativa y en el goce de la sabiduría y suponen la más alta actividad ética. La felicidad, o eudamonía, constituye un resultado necesario de la vida virtuosa, pero no es en sí el fin propio de ésta.

El hombre, afirma el filósofo, es un animal sociable por naturaleza. La política no es sino la ordenación de la vida en la polis, y su función debe ser garantizar la moralidad ciudadana y la justicia, por medio de la educación y de una constitución basada en el bien común. Existen tres formas justas de gobierno: monarquía, aristocracia y república; mas si los gobernantes hacen prevalecer sus intereses sobre la comunidad, aquéllas degeneran en tiranía, oligarquía y demagogia, respectivamente. Aristóteles considera que la forma de gobierno más viable es una república moderada, en la que correspondiera el predominio a los ciudadanos.

 
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