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FILOSOFIA ARISTOTELICA
VIDA -PERIODOS EN SU OBRA - CRITICA A LA TEORIA DE LAS IDEAS -
LOGICA - METAFISICA - FISICA - ANTROPOLOGIA - EPISTEMOLOGIA - ETICA - POLITICA
SINTESIS BIOGRAFICA
Nace en Estagira (hoy Stavros) en
el año 384 ac, recién terminada la guerra del Peloponeso. No es ateniense,
sino macedónico. Era hijo del médico Nicómaco, amigo del rey Amintas II de
Macedonia. Muy pronto quedó huérfano y su tutor lo envió a estudiar a Atenas,
a la Academia de Platón, en la que permaneció 20 años. Se hizo discípulo y
muy amigo de Platón, quien la dejó una profunda huella en todo su pensamiento
y preocupaciones filosóficas. Una de sus primeras obras, el diálogo Sobre el
alma, muestra posiciones filosóficas muy cercanas a Platón. No heredó de su
maestro el interés por las matemáticas, pero sí la pasión por los problemas
metafísicos. No obstante, conforme Aristóteles madura su pensamiento va
distanciándose de las tesis platónicas y llega a ser muy crítico con ellas.
Cuando Platón muere, Aristóteles tiene 37 años y se va de Atenas.Nace en
Estagira (hoy Stavros) en el año 384 ac, recién terminada la guerra del
Peloponeso. No es ateniense, sino macedónico. Era hijo del médico Nicómaco,
amigo del rey Amintas II de Macedonia. Muy pronto quedó huérfano y su tutor lo
envió a estudiar a Atenas, a la Academia de Platón, en la que permaneció 20 años.
Se hizo discípulo y muy amigo de Platón, quien la dejó una profunda huella en
todo su pensamiento y preocupaciones filosóficas. Una de sus primeras obras, el
diálogo Sobre el alma, muestra posiciones filosóficas muy cercanas a Platón.
No heredó de su maestro el interés por las matemáticas, pero sí la pasión
por los problemas metafísicos. No obstante, conforme Aristóteles madura su
pensamiento va distanciándose de las tesis platónicas y llega a ser muy crítico
con ellas. Cuando Platón muere, Aristóteles tiene 37 años y se va de Atenas.
PERIODOS EN SU OBRA
A este primer período
que coincide con la muerte de Platón, corresponden sus obras «exotéricas»,
la mayoría diálogos al estilo platónico de los que apenas se conservan
fragmentos:
- Eudemo (acerca de la inmortalidad del aalma).
- Protréptico (una invitación a la filosoofía, dirigida a gobernantes).
- Sobre la Filosofía (una crítica a la teeoría de las Ideas y propuesta de una
religión astral).
Segundo período: Transición y viajes (347-335)
Es probable que Aristóteles abandonara la Academia por desacuerdos con el
sucesor de Platón en la dirección, su sobrino Espeusipo, quien acentuó las
tendencias pitagorizantes del platonismo. Aristóteles marchó a Assos, en la
Jonia, donde fundaron una escuela filosófica con la pretensión de desarrollar
la verdadera herencia del platonismo, ayudados en parte por el tirano Hermías,
rey de Assos. Después se trasladó a Mitilene, en la isla de Lesbos, por
invitación de Teofrasto. Dedicó los cinco años de estancia allí (37-42 años)
a redactar sus cursos, las que se conocen como sus obras esotéricas (el
material para impartir los cursos en la Academia).
En el 343 Filipo de Macedonia llama a Aristóteles para que se haga cargo de la
educación de su hijo Alejandro, de 13 años (Aristóteles tenía 42). Alejandro
se hace muy pronto regente de Macedonia por la ausencia de su padre, y Aristóteles
le acompaña en muchas de sus expediciones militares durante casi ocho años. A
petición suya, Alejandro reconstruye la ciudad de Estagira, destruida años atrás
por los macedonios, y le envía grandes sumas de dinero para sus investigaciones
y estudios de Historia Natural. Éste será una época (segundo período)
enormemente creativa para Aristóteles. Escribe gran parte de sus tratados de Lógica,
la Física, la Ética a Eudemo, parte de la Política y de la Metafísica. Todavía
se seguía considerando platónico, pues emplea con frecuencia la expresión «nosotros,
los platónicos». Será en los cursos de la próxima etapa cuando hable ya de
«los platónicos» en tercera persona.
Tercer período: Atenas y el Liceo (334-322)
En el 336 muere asesinado Filipo y le sucede su hijo Alejandro, quien termina en
el 335 de someter y pacificar Grecia. Aristóteles vuelve a Atenas. Jenócrates,
un antiguo compañero suyo, dirigía entonces la Academia, pero con un marcado
acento pitagorizante que la sumió en una cierta decadencia. Aristóteles se
distancia de ella por completo y funda su propia escuela, el Liceo (cerca de un
gimnasio dedicado a Apolo Licio). Esta escuela era conocida también como «el
Peripato» (de perípatos, «paseo» en griego), y sus discípulos como los «peripatéticos»,
quizás por su costumbre de dar las clases paseando.
En 323 muere Alejandro (con apenas 33 años) y estalla en Atenas la agitación
antimacedónica. Aristóteles se siente en peligro (fue acusado de «impiedad»,
como Sócrates) y, «para evitar un segundo atentado contra la Filosofía»,
decide refugiarse en Calcis, en la isla de Eubea -patria de su madre-. Allí,
lejos de sus discípulos, morirá poco después, a los 62 años. Al frente del
Liceo le sucederá Teofrasto. Aristóteles fue acusado, con razón, de «macedonismo»,
puesto que había sido tutor de Alejandro y amigo íntimo de su regente, Antípater.
Pero no siempre mantuvo relaciones cordiales con Alejandro: no compartía sus
aspiraciones universalistas y hubiera preferido que los persas hubieran sido
tratados como esclavos, en lugar de hacerlos ciudadanos griegos. A esta época
pertenecen:
- La Ética a Nicómaco (o Ética Nicomáqueaa, editada por su hijo Nicómaco).
- Sobre el alma.
- Los restantes libros de la Política, laa Poética y la Retórica.
Según algunos estudiosos, en esta época había abandonado ya los temas metafísicos
para dedicarse exclusivamente a investigaciones científicas. Otros autores
creen, sin embargo, que los libros más tardíos de la Metafísica corresponden
a esta época, por lo que Aristóteles habría sabido conjugar las
especulaciones metafísicas y las investigaciones empíricas.
Lo cierto es que, frente a la orientación especulativa y abstracta de la
Academia, el Liceo se parece mucho más a una Universidad moderna dedicada a la
investigación científica. Aristóteles había reunido en torno a él un amplio
círculo de investigadores, científicos, historiadores y filósofos. Los discípulos,
bajo su dirección, estaban dedicados por completo a recopilar datos y
observaciones sobre los más diversos asuntos. Hicieron una recopilación de 158
constituciones de ciudades griegas, una lista de los vencedores de los juegos píticos,
estudios sobre costumbres de países extranjeros, investigaciones filológicas y
literarias sobre literatura griega... Teofrasto se encargó de escribir una
historia de la filosofía; Eudemo, la historia de las matemáticas; y Menón la
historia de la medicina.
Pero lo que verdaderamente destacó en esta época fueron los estudios sobre
historia natural y biología, donde aparte de algunos errores evidentes,
aparecen observaciones y descripciones difícilmente superables. Darwin llegó a
decir: «Linneo y Cuvier son mis dioses, pero son unos niños comparados con el
viejo Aristóteles». Todas las observaciones estaban guiadas por un principio:
«Se debe dar más crédito a la observación que a las teorías, y a las teorías
únicamente si están confirmadas por hechos observados» (La generación de los
animales). Esto debió sorprender, sin duda, a la mayoría de los intelectuales
griegos, mucho más acostumbrados a la especulación y a razonamientos
abstractos que a observar. Quizá por esto Aristóteles se vio obligado a
justificar su interés por los animales y demás seres vivos.
El Corpus Aristotelicum y sus principales objetivos. Se compone de:
- Lógica u Organon (=instrumento) aristottelicum: 6 libros.
- Filosofía primera o Metafísica: 14 librros.
- Física: 4 libros.
- Biología: 2 libros.
- Ética:
• A Eudemo: 7
libros.
• A Nicómaco: 10 libros.
• Magna Moralia: 2 libros.
- Política.
- Arte:
• Retórica:
3 libros.
• Poética:
2 libros.
•
Poesías.
En conclusión, podemos
ver que el proyecto aristotélico tenía un carácter fundamentalmente científico.
Mientras Platón perseguía objetivos de carácter moral y político, Aristóteles
estuvo más inclinado hacia intereses fundamentalmente teóricos:
- Resolver las deficiencias de la teoría de las Ideas, pues muchos párrafos
sugieren que entendió su filosofía como un perfeccionamiento definitivo del
platonismo.
- Desarrollar la ciencia empírica, empleaando un método adecuado (la observación),
en la misma línea de la tradición científica y observadora de los filósofos
jonios. Ya en la Academia debió existir una corriente similar, desde que se
incorporó a ella Eudoxo de Cnido, excelente geógrafo y astrónomo.
LA CRITICA A LA TEORIA
DE LAS IDEAS DE PLATON
Con esta crítica
comienza su pensamiento original. Le dedicó bastante espacio en la Metafísica
-libros I, VII, XIII y XIV- y en un trataado, Sobre las Ideas, que se ha perdido.
Probablemente con ello intentara justificar su ruptura con la Academia. En este
sentido la Ética a Nicómaco incluye un pasaje significativo:
Han sido nuestros amigos los que han creado la teoría de las Ideas. Pero hay
que seguir el parecer de que para salvar la verdad es preciso sacrificar
nuestras preferencias, tanto más cuanto que también nosotros somos filósofos.
Se puede amar a los amigos y a la verdad; pero lo más honesto es dar
preferencia a la verdad (I, 6, 1906 a 11).
La teoría de las Ideas partía del esfuerzo socrático por determinar y definir
la esencia de las cosas (especialmente de las virtudes). Definida una esencia -«lo
que una cosa es»- obtenemos su concepto general o universal.
Sócrates no otorgaba una existencia separada ni a los universales ni a las
definiciones. Pero los filósofos que vinieron después los separaron y dieron a
esta clase de realidades el nombre de "Ideas". Y de este modo llegaron
a admitir como Ideas todo lo que se afirma universalmente (Met., XIII, 4, 1078 b
30).
Este intento de atribuir carácter separado a las esencias es lo que no podía
admitir Aristóteles: si las Ideas son esencias que existen separadamente de las
cosas, entonces son substancias (realidades que poseen existencia
independiente). En este sentido van todas sus críticas:
i) Para intentar explicar un mundo, Platón lo duplica (postula la existencia
del Mundo de las Ideas, además del Mundo sensible que percibimos), y con ello
hace la tarea doblemente difícil: ahora también hay que explicar el segundo.
ii) El mundo de las Ideas no permite explicar nada sobre el mundo de las cosas.
Si las esencias de las cosas están separadas de las cosas mismas, es que no son
propiamente sus esencias: «si fueran la esencia de las cosas, estarían en las
cosas». Platón afirmó que las cosas participan de las Ideas, pero «pero
decir que las Ideas son paradigmas o modelos, y que las cosas participan de
ellas, no es sino pronunciar palabras vacías y construir metáforas poéticas».
iii) Tampoco las Ideas permiten explicar el origen, el devenir y los cambios de
las cosas: Platón afirmó que las Ideas son "causas" de las cosas,
pero es evidente que no pueden ser causas productivas y motrices (las que
generan movimiento). Esta fue la razón por la que Platón tuvo que introducir
la figura mítica del Demiurgo en el Timeo.
iv) Y también arremete Aristóteles contra la matematización de la teoría de
las Ideas: «Actualmente las matemáticas se han convertido en filosofía, son
toda la filosofía, por más que se diga que se estudian en atención ella». El
recurso a las matemáticas no soluciona las deficiencias de la Teoría de las
Ideas; más bien las agrava. Y termina convirtiendo al platonismo en
pitagorismo.
En síntesis, la crítica de Aristóteles se centra en rechazar que la esencia
de las cosas exista separada de ellas. Pero no rechaza en su totalidad la Teoría
de las Ideas; sólo niega su existencia separada. Parece que, en lo fundamental,
Aristóteles permanece fiel a la herencia platónica y socrática: la ciencia
versa sobre lo general y universal, es una búsqueda de la esencia común que se
encuentra en las cosas mismas y no separada de ellas. Éstas serán ideas claves
tanto de la lógica como de la metafísica aristotélica.
LA LOGICA
Aristóteles fue el
creador de la lógica, aunque tuvo su precedente en la dialéctica de Platón.
No empleó el término «lógica» (lo hicieron después los estoicos), y el término
«órganon» [=instrumento] sólo fue utilizado a partir del s. VI d.C. para
designar el conjunto de los escritos lógicos de Aristóteles. La lógica es el
instrumento de la ciencia, porque Aristóteles piensa que no hay ciencia sino de
lo universal y necesario (en esto sigue fiel a la herencia socrática y platónica).
La ciencia explica la realidad deduciendo lo particular de lo universal (que es
su causa). Según Aristóteles, la función de la lógica es mostrar cómo en la
ciencia se resuelve la problemática planteada por los presocráticos y por Platón:
la relación entre lo uno y lo múltiple, entre lo universal y lo particular.
Es silogismo es la estructura formal que permite realizar esa conexión. Aristóteles
lo define como «un discurso en el que, una vez concedidas ciertas cosas, se
siguen o concluyen necesariamente otras distintas» (Anal. pr., I, 1, 24 b 18).
El silogismo expresa una relación de inclusión, muestra cómo lo particular se
subsume en lo universal. El silogismo tiene tres términos: el primero o mayor
(A); el medio (B); el menor (C). Por ejemplo: «Todo hombre (B) es mortal (A)»;
«Sócrates (C) es hombre (B)»; luego «Sócrates (C) es mortal (A)». En Aristóteles,
la lógica del silogismo sustituye a la dialéctica platónica.
Pero, además del silogismo, Aristóteles recurrió a la inducción para
conectar e incluir lo particular en lo universal. Mientras el silogismo procede
deductivamente (va de lo universal a lo particular), la inducción sigue el
procedimiento inverso. Cuando conocemos todos los casos particulares y de ellos
extraemos una conclusión general, la inducción es completa. Si sólo conocemos
uno o muy pocos casos particulares, entonces se trata de una inducción
incompleta. Una otra sirven para aprehender los primeros principios de la
ciencia, que pueden ser captados tanto por inducción (generalizando a partir de
la percepción o de la memoria) como por intuición.
Según Aristóteles, tenemos conocimiento científico de algo cuando sabemos:
[1] que existe tal cosa; [2] cuál es su esencia; [3] el porqué o la causa
tanto de su existencia como de su esencia. Sólo cuando conocemos la causa
podemos tener certidumbre de que la cosa es necesariamente así y no de otro
modo. Esto significa que la ciencia, además de ser conocimiento de lo universal
(no hay ciencia de lo particular), es también un conocimiento necesario y, en
consecuencia, verdadero. Por eso afirma: «Adquirimos conocimiento científico
acerca de un objeto cuando creemos conocer la causa en virtud de la cual es como
es, sabiendo que tal causa guarda relación sólo con ese objeto y que el efecto
no puede ser producido de otra manera».
Sólo a través de la DEMOSTRACIÓN se consigue conocimiento científico. Por
eso Aristóteles llama a la demostración «silogismo científico». No todo
silogismo produce conocimiento científico; únicamente aquél que se basa en
premisas «verdaderas, primarias, inmediatas, mejor conocidas que la conclusión
y anteriores a ella». Para Aristóteles, la demostración debe basarse en unos
primeros principios evidentes e indemostrables, que explican por qué la
conclusión es necesariamente la que es. Estos primeros principios pueden ser:
1) Axiomas: comunes a todas las ciencias, como el principio de no-contradicción
y el de tercero excluido; o propios sólo de algunas. 2) Tesis peculiares de
algunas ciencias, que pueden ser «hipótesis» o «definiciones». La
demostración permite establecer que una cosa existe y cuál es su causa.
La DEFINICIÓN nos ayuda a descubrir lo que una cosa es (su esencia): expresa la
esencia permanente de una cosa, mediante el género y la diferencia específica
del objeto definido. Así, la especie «humana» se define como «animal [género
próximo] racional [diferencia específica]». Para que una definición tenga
valor científico, la conexión entre los conceptos de que consta debe
establecerse por demostración.
Conclusión: la lógica silogística aristotélica sustituye a la dialéctica
platónica como un nuevo procedimiento científico: ya no se trata de
"ascender" al reino trascendente de las ideas. Pero Aristóteles
mantiene lo que Platón consideraba la finalidad de la ciencia: alcanzar un
conocimiento universal y necesario. El silogismo será el procedimiento que
permita introducir lo particular en lo universal. Del mismo modo, la demostración
se apoya en principios universales y la definición, otro de los principios de
la demostración, sirve para establecer la «esencia» permanente de las
diversas «especies» en que se puede clasificar la realidad (el individuo, lo
individual, es indefinible). La lógica aristotélica no es estrictamente
formal, sino que pretende reflejar la estructura de la realidad y hace
continuamente referencia a ella.
LA METAFISICA
Está formada por pequeños
tratados o «cursos» que Aristóteles elaboró en los últimos períodos de su
pensamiento. Tratan acerca de lo que Aristóteles llamó «sabiduría» o «filosofía
primera». El nombre de "metafísica" se debe a Andrónico de Rodas,
el compilador de su obra, quien le llamó así porque iban después de los
libros sobre Física en su ordenación. Por «filosofía primera» entiende
Aristóteles lo que Platón llamó «sabiduría»; pero le atribuye un carácter
simplemente especulativo, sin ponerla en relación con la búsqueda de la
felicidad o la vida virtuosa, como hacía Platón. En lugar de eso, habla de una
«filosofía segunda» dedicada al estudio de la virtud y la felicidad, la ética.
Si sólo puede haber ciencia de lo universal, la metafísica se ocupa de lo más
universal que existe, «el ser en cuanto ser y sus atributos esenciales» (Met.
V, 1, 1003 a 21). Las demás ciencias sólo se ocupan del ser desde un
determinado punto de vista, y por eso se les llama «ciencias particulares».
Puesto que la filosofía primera se ocupa del ser en su totalidad, es una
ontología ("ciencia del ser"). No obstante, hay apartados de la Metafísica
en los que Aristóteles afirma que «la ciencia por excelencia debe tener por
objeto el ser por excelencia» (VI, 1, 1026 a 21). Este ser por excelencia es
Dios. En este sentido, la filosofía primera sería una teología. Es muy
probable que esta concepción corresponda a los fragmentos más antiguos de la
metafísica, escritos cuando Aristóteles todavía estaba muy influido por el
platonismo.
1. El ser (to on): Hay muchas acepciones del "ser", pero todas se
refieren a un término único y a una misma naturaleza. Llamamos
"seres" a algunas cosas porque son sustancias; a otras, porque son
modificaciones (afecciones) de la sustancia; y a otras porque son procesos (como
la generación y el crecimiento) que darán lugar a sustancias o las destruirán;
a otras porque son cualidades de la sustancia o bien causas eficientes o
generadoras tanto de la sustancia como de lo que se relaciona con ella; y a
otras porque son negaciones de alguna cualidad de la sustancia. Por eso se dice
incluso que el no-ser "es" (Met. IV, 2, 1003 a 32; XI, 3, 1061 a 5).
Aristóteles afirma la unidad del ser: «el ser y la unidad son una misma cosa».
Pero no se trata de la unidad del ser que pretendía Parménides (era más bien
unicidad: el ser es único). Para Aristóteles hay formas de «ser», pero todas
se refieren a una forma primordial, al «ser» propiamente dicho: la sustancia.
Y la sustancia no es única, porque existen muchas (muchos «seres»
diferentes). Todas las demás formas de ser son sólo modificaciones o
accidentes de la sustancia: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición,
estado, acción y pasión. Sustancia y accidentes son las categorías supremas
del ser.
2. La sustancia y los accidentes: Para Aristóteles, el ser es la sustancia, y
reprocha a Platón que sólo considerara verdaderamente real a la Idea (separada
de las cosas individuales). Aristóteles sólo considera sustancias a los
individuos concretos (árbol, mesa, perro...). De esta manera devuelve su auténtica
realidad y valor a las cosas de este mundo: sólo a las cosas reales, a los
individuos concretos, debemos considerarlos «ser» o «sustancias».
Aristóteles observaba que tras los cambios de apariencia que afectan a casi
todos los objetos permanece siempre algo inalterado. Eso que permanece idéntico
e inalterado, el sustrato material al que no le afectan los cambios, es la
sustancia. La sustancia es la «physis», la naturaleza o el principio
fundamental del ser. La sustancia no equivale a mera suma de elementos
materiales, como oxígeno más hidrógeno en el caso del agua. Es la unidad de
todos los componentes, materiales o no, que forman la naturaleza de un
individuo, su totalidad o principio constitutivo. Cada individuo tiene su propia
sustancia, perfectamente diferenciable de la de los demás.
La sustancia tiene entidad por sí misma, es el soporte real sobre el que
descansan todas las demás cualidades cambiantes de las cosas. Estas cualidades
cambiantes son los accidentes (el color, la dureza de un material, su forma, su
temperatura, etc.). Los accidentes existen sobre una base proporcionada por la
sustancia: no existe el color blanco en abstracto, sino mesas blancas, papel
blanco, pintura blanca, etc. Tampoco existe el frío por sí mismo, sino nieve
fría, cuerpos fríos, metal frío, etc. Mientras la sustancia es un ser por sí
mismo (ens in se), el accidente es un ser que necesita de otro para existir (ens
in alio).
Aristóteles distingue dos tipos de sustancias: sustancias primeras (los
individuos concretos, como Sócrates, la farola o el tenedor) y sustancias
segundas (la especie y el género: «humano», «animal», «vegetal»...). En
sentido estricto, sólo los individuos concretos deben ser considerados
sustancias. Pero puesto que las especies y los géneros son también algo real,
no meros conceptos, de lo cual se ocupa la ciencia, también deben ser
consideradas sustancias, aunque no existen separadas de la sustancia primera (de
los individuos), sino en ella (en los individuos concretos).
Por lo tanto, la sustancia primera es lo verdaderamente real, la sustancia en
sentido estricto: es el sujeto último o sustrato en el que tienen su existencia
la especie y el género, la esencia y la forma. Por eso la sustancia primera «subyace
a todas las cosas». No obstante, hay ocasiones en que Aristóteles parece muy
condicionado por su formación en biología y afirma que «los individuos
perecen, sólo la especie subsiste» (la especie subsiste en otros individuos,
pero la afirmación parece dar cierta prioridad a la sustancia segunda). El
principal logro de esta distinción entre sustancias primeras y segundas es que
permite resolver de forma satisfactoria el problema de la unidad y la
pluralidad. P.ej.: En Sócrates (individuo, = sustancia 1ª) se encuentra
realizada la esencia o especie (sustancia segunda, = «ser humano», en este
caso), la cual se predica de él (decimos: "Sócrates es humano").
Aristóteles afirma que este mundo es el mundo real y que la pluralidad y el
devenir son reales también (hay muchos individuos de la misma especie,
sometidos a cambios permanentes).
3. La materia y la forma: A diferencia de Platón, Aristóteles admite que la
sustancia puede estar sometida a procesos de desarrollo vital y devenir (génesis),
como observaba frecuentemente en los embriones de ave, mamíferos o reptiles. Así,
la sustancia primera no será simplemente algo estático (una Idea eterna en
Platón), sino una realidad capaz de desarrollarse, devenir, perfeccionarse y
crecer. Es un ser precario, que nace y puede perecer. La mejor manera que Aristóteles
encontró para explicar esta propiedad de la sustancia, de los individuos
concretos, fue considerarla un compuesto (snolon) de materia (ulh, hylé) y
forma (morfh, morphé). Un texto de Aristóteles ilustra bien esta idea:
Lo que se llama forma o sustancia [segunda] no son cosas producidas [fabricadas
o engendradas], sino que lo producido es el compuesto de materia y forma, que
recibe en su conjunto el nombre de la forma. Por ello todo lo que es producido
contiene materia. Una parte de la cosa es la materia y la otra es la forma
(Met., VII, 8, 1033 a 24-b 20).
Forma es la esencia de la cosa, la sustancia segunda, la especie, y es eterna.
Pero sólo existe en la materia. Cuando fabricamos algún objeto de metal,
madera o piedra producimos en realidad un compuesto con una forma determinada.
Por eso la forma no puede existir sin la materia. La forma es el elemento más
universal de las cosas, algo intrínseco a ellas. Aristóteles da prioridad a la
forma sobre la materia. La considera la verdadera esencia del individuo.
Materia es, por ejemplo, el bronce o la madera. A estas cosas le llama Aristóteles
materia próxima o segunda, perceptible por los sentidos. Admite cualquier
forma. Pero habla también de una materia primera absolutamente indeterminada,
carente de forma, cualidades o extensión, incapaz de existir
independientemente. Esta noción recuerda al àpeiron de Anaximandro, o a la
materia primordial del Timeo. Sería algo así como el sustrato último de toda
materia, del cual el bronce ya sería una esencia o forma determinada. Dicha
materia primera también sería eterna, pero imperceptible por los sentidos, sólo
por la inteligencia.
Lo que deviene o se engendra es el individuo concreto, compuesto de materia y
forma. Ambas son eternas, pero no existen independientemente, sino en forma de
compuesto. Se denomina hilemorfismo o teoría hilemórfica a esta doctrina filosófica
que considera la realidad física y natural concreta compuesta de materia y
forma. Sólo las entidades físicas como un árbol, una casa o un mamífero
tienen materia y forma. Pero no conceptos abstractos como el bien, la justicia y
la alegría.
Aristóteles concede prioridad a la forma porque es, al mismo tiempo: 1) la
esencia de cada cosa; 2) la naturaleza o "principio" inmanente de
actividad. Sólo la forma es definible y cognoscible. Es lo común a toda
especie (eîdos), por lo que tiene un carácter supra-individual (existe antes
que el individuo y lo trasciende).
4. La potencia y el acto: Es una de las aportaciones más importantes de Aristóteles
a la filosofía occidental. Parece una generalización a partir de la distinción
entre materia y forma, cuya finalidad sería dar una explicación satisfactoria
al devenir (a las transformaciones) de la sustancia. La distinción entre
potencia y acto surge como un intento de afrontar con éxito el problema de la
explicación física del movimiento. Parménides había reducido la realidad a
algo estático e inmóvil, la esfera compacta del Ser. Heráclito entendió que
todo era movimiento y devenir continuo. Platón intentó superar el inmovilismo
parmenídeo y el excesivo movilismo de Heráclito distinguiendo dos tipos de
realidad distintos: el Mundo Sensible, donde sí hay movimiento,
transformaciones y cambios continuos; y el Mundo Inteligible, poblado
exclusivamente de Ideas eternas e inmutables, al que consideraba la verdadera
realidad. Pero Aristóteles habla del Ser, por un lado, y de una forma muy
peculiar de no-ser: la potencia. Con este concepto cree poder explicar los
cambios que se producen en la sustancia, su devenir:
Es preciso afirmar que la materia que cambia debe estar primero en un estado
potencial antes de pasar al estado contrario. Y ya que el Ser tiene una doble
significación, hay que decir que todo cambio se efectúa del Ser en potencia al
Ser en acto [...]. Lo mismo vale para el aumento y la disminución. Resulta
entonces que no solamente puede proceder un ser accidentalmente del no-Ser, sino
que también todo puede proceder del Ser, pero no del Ser-en-acto, sino del
Ser-en-potencia. [...] Y este último es una especie de no-Ser, el no-Ser como
potencia (Met., XII, 2, 1069 b 3-28).
Todo ser tiene dos aspectos o dimensiones: «lo que ya es» (acto) y «su
capacidad para llegar a ser lo que aún no es» (la potencia). Aristóteles no
define estos términos; simplemente proporciona ejemplos y analogías para
entenderlos. Parte de que todos los seres naturales están en movimiento, puesto
que la naturaleza es principio de movimiento y de cambio. Así, la naturaleza de
la semilla hace que germine, crezca, se desarrolle y cambie. Todo ser natural se
mueve por sí mismo, sin que nadie tenga que empujarle desde fuera. De los seres
naturales que primero son inmóviles y después adquieren movimiento podemos
decir que tenían movimiento «en potencia», que estaban potencialmente
capacitados para moverse o que su movilidad estaba en potencia antes de hacerse
realidad por primera vez. Esto significa que entre el ser y el no-ser hay algo
intermedio: el ser en potencia.
Aristóteles distingue entre potencia activa (capacidad para producir una acción
o un efecto) y potencia pasiva (posibilidad de pasar de un estado a otro o de
ser afectado por un agente o potencia activa). La potencia activa se encuentra
en el agente, y la pasiva en el que experimenta el efecto de la acción. Aristóteles
pone un ejemplo: el fuego tiene el poder de quemar, y la mecha la posibilidad de
ser quemada.
Para referirse al acto, Aristóteles utiliza dos expresiones: [1] Enérgeia ,
que significa energía, actividad, fuerza, acción, y que él emplea como sinónimo
de "acto". Sería la acción de algo que posee una potencia activa.
Por ejemplo: la acción del fuego es quemar. [2] Enteléchia , con un
significado difícil: lo que ha sido llevado a término, perfeccionamiento o
acabamiento. Sería algo así como el perfeccionamiento o acabamiento de lo que
estaba en potencia, como cuando la semilla llega a convertirse en árbol.
La potencia y el acto son dos cosas diferentes. [...] Una cosa puede poseer la
potencia de ser y, sin embargo, no ser; o de no ser y, sin embargo, ser; o de
caminar y, sin embargo, no caminar (Met., IX, 3).
El acto posee prioridad absoluta sobre la potencia. Desde un punto de vista lógico,
la potencia sólo puede ser potencia de un acto determinado. Aunque una semilla
parezca cronológicamente anterior al acto, no es así: la semilla procede de un
árbol en acto. El acto es el fin de la potencia, aquello hacia lo que está
orientada la potencia: «los animales no ven porque tienen vista, sino que
tienen la vista para ver» (Met., IX, 8, 1050 a 10). Aristóteles tenía una
concepción finalista o teleológica de la realidad.
En definitiva, Aristóteles entiende el movimiento como paso de la potencia al
acto. El error de Parménides consistió en entender el ser unívocamente, en un
solo sentido: como lo-que-es-en-acto. Pero el ser es análogo, tiene varios
sentidos: el ser puede ser también ser-en-potencia, con capacidad para
convertirse en acto. Pero no-ser y ser-en-potencia son cosas diferentes. Del
no-ser no surge nada, mientras que el-ser-en-acto siempre procede del
ser-en-potencia. Hay distintas clases de movimiento o cambio: Cambios
sustanciales: generación (pasar del no-ser al ser) y corrupción (pasar del ser
al no-ser); y cambios accidentales: cuantitativo (crecimiento, disminución);
cualitativo (alternancia o cambio de un estadio a otro: larva ® insecto);
locativo (cambio de lugar, traslación).
En Aristóteles, potencia-acto y materia-forma son pares de conceptos paralelos.
La materia está en potencia respecto a la forma; la forma es lo que actualiza
la materia, la perfecciona y le confiere su ser. La forma siempre es acto. Aristóteles
incluso apunta una explicación del Universo según la cual el origen del
universo está en la existencia de formas puras, absolutamente libres de
materia, y siempre en acto. Serían algo así como los dioses que mueven el
universo. En este aspecto, la metafísica de Aristóteles ser convierte en una
especie de Teología que sirve de fundamento a la Física.
FISICA ARISTOTELICA
(Naturaleza, causas, cosmología)
La Física (o
Naturaleza) fue el principal objeto de estudio de los filósofos jonios y de
otros como Empédocles, Anaxágoras y los atomistas. Parménides consideró a la
naturaleza fuente de conocimiento engañoso, (mera "opinión"), pues
su filosofía del Ser implicaba una negación de la naturaleza misma. Para Platón
la naturaleza no podía ser objeto de ciencia estricta, porque la verdadera
ciencia sólo podía ocuparse de Ideas (esencias); la consideraba simplemente
fuente de conjeturas, sugerencias o mitos carentes de valor científico. Fue
Aristóteles quien dio a la Naturaleza su auténtico valor de fuente para el
conocimiento científico. La naturaleza nos muestra seres compuestos de materia
y forma, en movimiento. Es una fuente de conocimiento valiosa por sí misma,
tanto como puedan serlo las Matemáticas (estudian sólo formas abstraídas de
la materia) o la Teología (estudia formas puras que existen independientemente
de la materia).
1. La naturaleza (fusis, physis): Aristóteles se ocupa de ella en el libro II
de la Física, que comienza con un análisis del concepto de «naturaleza».
También se ocupa de ella en Met. V, 4.
Todo ser natural posee en sí mismo un principio de movimiento y de reposo,
tanto respecto al lugar como respecto al crecimiento y decrecimiento o respecto
a la alteración [...], porque la naturaleza (phsis) es el principio (arché) y
causa (aitía) del movimiento y del reposo de las cosas en que se encuentra
inmediatamente, por sí misma y no accidentalmente. La naturaleza es la forma
(morphé) y la esencia (eîdos), que sólo pueden separarse en el pensamiento.
En cuanto al compuesto de materia y forma, hay que decir que no es una
naturaleza, sino un ser natural o por naturaleza, como es el hombre (Fís., II,
1, 192 b 13-23, 193 b 3-7).
Naturaleza, en su sentido primitivo y fundamental, es la esencia [ousía,
entendida como "sustancia segunda"] de los seres que poseen, en sí
mismos, el principio de su movimiento. La materia no es llamada naturaleza sino
en cuanto es capaz de recibir este principio; e igualmente el devenir y el
crecimiento reciben el nombre por ser movimientos procedentes de este principio.
La naturaleza, en este sentido, es el principio de movimiento de los seres
naturales, inmanente a ellos, en potencia o en acto (Met. V, 4, 1015 a 13).
Por lo tanto, la naturaleza de los llamados "seres naturales" es su
forma, pero entendida como principio último o causa del movimiento de las
sustancias corpóreas. Es un principio inmanente al ser natural: éste posee en
sí mismo el principio radical de su desarrollo y de sus transformaciones. Por
eso la sustancia aristotélica no es algo estático, sino un ser en desarrollo,
en devenir, en perpetuo proceso de realización desde dentro de él mismo, desde
su propia naturaleza. Esto vale especialmente para los seres vivos: Aristóteles
toma como modelo de la realidad a los organismos vivos, y su pensamiento es
fundamentalmente biológico.
2. Las cuatro causas (aitia, aitía): Sólo adquirimos conocimiento científico
de algo cuando conocemos sus causas. La Física se ocupa de establecer las
causas de los seres naturales. La causa o principio radical de cada cosa es su
propia naturaleza. Aristóteles afirma que es precisamente analizando la noción
de «causa» donde mejor podemos captar el aspecto dinámico del ser. Todo lo
que llega a ser tiene una causa. Según Aristóteles, «causas son todos
aquellos factores que son necesarios para explicar un proceso cualquiera». Las
críticas de Aristóteles a los filósofos anteriores obedecen al hecho de que
la mayoría se fijaron sólo en una causa (Tales de Mileto en el agua, Heráclito
en el fuego, Anaxímenes en el aire y Empédocles en fuego, aire, tierra y
agua). Platón habló de dos causas, la formal (las ideas) y la material, pero
estableciendo un abismo entre una y otra y dejando la forma, las ideas, fuera de
las cosas. Aristóteles, sin embargo, pensaba que era preciso ampliar la propia
noción de "causa" para incluir todos sus aspectos. Valga este texto:
Que hay causas es algo evidente. [...] Puesto que existen cuatro causas, la
tarea del físico es conocerlas todas ellas. Por eso el físico, para indicar el
"¿por qué?" según las exigencias de la Física debe explicitar
estas cuatro causas: la materia (hylé), la forma (eîdos, sinónimo de morphé),
el motor y la causa final (sinónimo de télos). En muchos casos tres de estas
causas se reducen a una sola: porque la esencia y la causa final son una sola
cosa, y el origen próximo del movimiento se identifica con ellas (Fís. II, 7,
198 a 14-15 y 22-26).
Por lo tanto, son cuatro causas en total: 1) causa material (la madera con la
que está hecha una mesa); 2) causa formal (la forma de la mesa); 3) causa
motriz o eficiente (el carpintero) y causa final (utilizarla para apoyarse). Por
causa material se refiere Aristóteles a un sustrato indeterminado que puede
recibir cualquier forma, en principio. La causa formal es lo que hace que la
materia indeterminada pase a ser algo determinado. Se identifica con la esencia
y con la naturaleza. Tanto la causa material como la formal son intrínsecas. La
eficiente es lo que provoca los movimientos, cambios o transformaciones. Y la
final es lo que da sentido a la acción del agente, el fin al que apunta el
cambio. La eficiente y la final son extrínsecas.
La causa final no fue objeto de reflexión para ningún filósofo anterior, según
Aristóteles, por lo que él sólo considera suficiente su noción de causa.
3. El movimiento (metabolh, metabolé): Aristóteles considera algo evidente,
conocido por experiencia, que todos los seres naturales están en movimiento.
Por eso si ignoramos qué es el movimiento nunca podremos saber qué es la
naturaleza. Distingue diversos tipos de cambio o movimiento:
(i) Sustancial:
generación (génesis, origen, producción) y corrupción de la sustancia.
(ii) Accidental:
Movimiento:
•
cuantitativo, en función de la cantidad: crecimiento y disminución.
• cualitativo, en función de cualidades: alteración.
• locativo, en función del lugar: traslación.
Aristóteles tiene en
cuenta que otros filósofos intentaron explicar la naturaleza según un sistema
de "contrarios": amor-odio (Empédocles), lleno-vacío (Demócrito),
par-impar (pitagóricos), etc. Aunque iban bien encaminados, no considera
suficiente apelar a elementos opuestos para explicar el cambio. No entiende cómo
un elemento puede transformarse en su contrario (más que transformarse se
destruiría si lo hiciera). Para explicar satisfactoriamente el movimiento creyó
necesario recurrir a un tercer elemento: el sujeto de los contrarios. Así, el
movimiento queda explicado a partir de tres principios: [1] el sujeto (hipokéimenon),
[2] la forma y [3] la adquisición de la forma nueva (o privación de la
anterior). Esto significa que en todo movimiento hay algo a lo que afecta el
cambio (el sujeto del cambio o la "transformación"), que adquiere una
nueva forma, dejando de tener su forma anterior (privación). Aristóteles
expresa también esta idea en términos de acto-potencia. Por lo tanto, la
"privación" no es simplemente no-ser, sino un no-ser relativo: es el
"poder-ser" (potencia) de un sujeto. De esta manera intenta Aristóteles
superar la oposición parmenídea entre "no-ser" y "ser",
desde la cual era imposible comprender el movimiento. Pero la concepción
aristotélica del movimiento es teleológica: todos los seres se mueven o
cambian hacia su propia perfección (adquiriendo la "forma").
En sus propias palabras, el movimiento es «el acto (enteléchia) de lo que está
en potencia en cuanto está en potencia» (Fís. III, 1, 201 a 10). Esta
formulación ya sugiere que para Aristóteles no resultaba fácil comprender la
esencia del movimiento, ya que no es ni acto ni potencia, sino una especie de «acto
incompleto»: es la actualización de lo que está en potencia, mientras sigue
estando en potencia. Cuando la potencia se ha actualizado plenamente (y el
sujeto está en acto perfecto), cesa el movimiento. Si el sujeto está en pura
potencia, aún no está en movimiento (no ha comenzado a moverse).
Por lo tanto, el movimiento es una especie de realidad intermedia: «Todo cambia
desde el ser en potencia hasta el ser en acto» (Met. XII, 3, 1069 b 15). En fórmula
típica para expresarlo, aunque no sea aristotélica: «El movimiento es el paso
de la potencia al acto».
4. El primer motor: En el último libro de la Física Aristóteles afirma que el
tiempo y el movimiento son eternos. Es imposible rastrear la cadena de
generaciones que dieron lugar a los seres vivos, porque se remonta hasta el
infinito. Tampoco tendrán fin, una vez iniciados el movimiento y el tiempo. Sin
embargo, Aristóteles considera necesaria la existencia de un primer motor,
causa del movimiento eterno del cosmos. Así, puesto que el movimiento es el
paso de potencia a acto, debe haber un motor ( kinetikón) cuya energía o
atracción haga pasar al móvil de la potencia al acto, que ya posea en acto
aquello que el móvil sólo posee en potencia.
El principio es claro: «todo lo que se mueve es movido por otro» (Fís. VII,
1, 241 b 24). Si el motor mueve porque a su vez es movido por otro motor,
tendremos que remontarnos hasta el principio de la cadena, un primer motor que
sea inmóvil (que no necesite ser movido por nada) pero que sea causa de todo el
movimiento del mundo, que es eterno aunque tenga su origen en este primer motor.
No es una idea contradictoria, puesto que el primer motor mueve al mundo desde
toda la eternidad.
En diferentes fragmentos Aristóteles aplica al primer motor la idea de causa
eficiente. Sería un motor en contacto inmediato con la última esfera, en los límites
del cosmos, y al moverla ésta arrastra a todas las demás esferas interiores.
Pero la esfera última del cosmos no entra en contacto físico con el primer
motor, porque carece de extensión. No obstante, hay otro pasaje (Metafísica,
libro XIII) donde afirma que el primer motor mueve como causa final, como
"objeto de amor o de deseo". Aquí el primer motor aparece claramente
separado del mundo, entendido como "puro acto", absolutamente
inmaterial, como un ser vivo, feliz y autosuficiente. Aristóteles entiende aquí
a Dios como una inteligencia que sólo se piensa a sí misma (Met. XII, 7).
5. La cosmología: Tiene algunas cosas en común con la de Platón. Pero la
manera en que Aristóteles la expuso y su verosimilitud, de acuerdo con los
conocimientos naturales de la época, fue lo que la mantuvo vigente durante toda
la Edad Media, hasta la revolución científica del Renacimiento. Sus características
fueron:
1º. «Esencialista»: Todas las explicaciones apelan a la «naturaleza» o «cualidades»
inmanentes de los cuerpos físicos.
2º. «Teleológica»: El concepto de «finalidad» era fundamental en todas las
explicaciones, puesto que el motor inmóvil mueve como causa final. La finalidad
de los movimientos naturales es la realización de la propia «forma» o «naturaleza».
3º. «Dualista»: Aristóteles sustituye el dualismo platónico (Ideas-cosas)
por otro: el mundo supralunar (perfecto, «divino» e incorruptible) y el mundo
sublunar (imperfecto y corruptible).
«Deductiva», no empírica: Afirma que el cielo es una esfera porque la esfera
-figura perfecta- es la más apropiada parra los cuerpos celestes.
Aristóteles elaboró su cosmología en los comienzos de su obra. Se encuentra
en el diálogo Sobre la filosofía (donde se distancia de la cosmología platónica
y habla del éter y del carácter eterno e indestructible del cosmos) y en los
tratados Sobre el cielo y Sobre la generación y la corrupción, en los que
distingue claramente dos regiones del cosmos:
El mundo supra-lunar:
Concibe a los astros como seres animados, no sometidos a corrupción ni generación,
estando su cuerpo hecho de un «quinto elemento» eterno e incorruptible, el éter
(etimológicamente significaba «lo que siempre fluye»). Los cuerpos celestes
tienen un movimiento perfecto: circular, eterno, regular. Cada astro está
colocado en una esfera de éter movida por un motor inmóvil. Por lo tanto,
junto al primer motor inmóvil que mueve el primer cielo o primera esfera, hay
tantos motores inmóviles (probablemente subordinados al primero) como esferas
celestes. El universo es finito -está encerrado en la esfera última de las
estrellas «fijas»- y en él no existe el vacío. En esto Aristóteles adoptó
la teoría de Eudoxo de Cnido y Calipo, que hablaban de 33 esferas para explicar
el movimiento de los astros. Pero se vio obligado a añadir otras 22 girando en
sentido contrario para contrarrestar el movimiento de las 33 primeras. La Tierra
estaba en el centro de este sistema. Es una esfera inmóvil, a la que atribuyó
un tamaño muy inferior al real.
El mundo sub-lunar es el escenario de la generación y la corrupción. Son
cuatro los elementos que figuran en la composición de todas las cosas,
distintos de los de Empédocles. Tienen una materia común, y sus diferencias
dependen de la combinación de cuatro pares de cualidades: cálido-seco (fuego),
cálido-húmedo (aire), frío-húmedo (agua) y frío-seco (tierra). Estos
elementos pueden engendrarse mutuamente, por lo que no son eternos. El
movimiento típico de las cosas en el mundo sublunar es el rectilíneo, no el
circular, y siempre hacia arriba o hacia abajo. Ese movimiento no se debe a
ninguna fuerza o atracción (no admite la idea de «acción a distancia»); se
trata de un movimiento o tendencia «natural», es decir, debido a la naturaleza
(physis) de los elementos. Así, el fuego y el aire son ligeros, se mueven por
su propia "naturaleza" hacia su lugar natural: el cielo. La tierra y
el agua se mueven hacia abajo porque son pesados, tienden hacia el centro de la
tierra (su lugar natural).
En definitiva, Aristóteles
tiene una concepción jerárquica del universo:
a) Primero están
los seres inmateriales e inmóviles: el primer motor y los motores inmóviles
de las esferas.
b) Luego los seres
materiales pero incorruptibles y eternos: el primer cielo, las esferas de
los astros y los astros, todos ellos compuestos de éter.
c) Por último, los
seres corruptibles, compuestos de los cuatro elementos, que hacen de «intermediarios»
entre la materia común ("materia primera") y la forma. La forma
representa la esencia y la especie, y es eterna. Sólo mueren y desaparecen
los individuos.
LA ANTROPOLOGIA
La evolución del
pensamiento aristotélico se hace más evidente en su teoría sobre el alma (en
su antropología) que en ningún otro aspecto. En un primer período defiende
una visión dualista del ser humano, compuesto de alma racional inmortal y de
naturaleza muy parecida a las Ideas (p.ej. en el Eudemo). Y en el Protréptico
muestra una visión pesimista del cuerpo, entendido como cárcel del alma cuya
liberación sólo se consigue con la muerte.
En un segundo período abandona el dualismo y adopta una especie de
instrumentalismo mecanicista. Aunque todavía habla de cuerpo y alma como dos
cosas distintas, ya no son antagónicas, sino perfectamente adaptadas la una a
la otra. Su alejamiento del platonismo y el creciente interés por los estudios
biológicos le llevan a negar expresamente la inmortalidad del alma (p.ej. en la
Ética a nicómaco).
En el tercer período
aplica su teoría hilemórfica (materia-forma) al ser humano y considera la
psicología como parte de la física. Ahora es cuando escribe su famosos tratado
Sobre el alma, donde se contienen sus nociones antropológicas más importantes.
• Parte del estudio del ser humano como un organismo vivo completo, porque las
actividades que normalmente se atribuyen al alma no podría realizarlas sin el
cuerpo. Por lo tanto, rechaza considerar el alma como algo separado del cuerpo.
Cualquier ser vivo (animal o vegetal) debe ser estudiado como un todo completo.
De ese estudio se ocupa el «físico». Y el primer paso será averiguar a qué
género o categoría pertenece el objeto de estudio.
Hay que considerar sustancias sobre todo a los cuerpos naturales, algunos de los
cuales están vivos (se alimentan, crecen y perecen por sí mismos) y otros son
inanimados. Por eso todo cuerpo natural vivo es una sustancia compuesta [de
materia y forma]. Puesto que se trata de un cuerpo vivo, el cuerpo será el
sustrato o la materia, y el alma la forma de ese cuerpo natural que posee la
vida en potencia. Por lo tanto, si hay que formular una definición general del
alma, que se aplique a toda especie de alma, diremos que el alma es el acto
[enteléchia] primero de un cuerpo natural organizado. Así, ya no es necesario
preguntarse si el alma y el cuerpo son una misma cosa, como tampoco se hace en
el caso de la cera y el sello sobre ella. Si aplicamos esto a las partes de un
cuerpo vivo, diríamos que si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma. Y
si el ojo es la materia de la vista, si ésta se pierde ya no hay ojo (salvo por
homonimia, como un ojo de piedra o un ojo pintado). Igual que el ojo es la
pupila unida a la vista, así el animal es el alma unida al cuerpo. El alma, por
tanto, no es separable del cuerpo.
Todos los vegetales parecen poseer en sí mismos una facultad o un principio
gracias al cual pueden crecer. El alma es el principio de las funciones, y se
define por ellas, a saber, por las facultades motriz, sensitiva y de
pensamiento. Así el alma es, en sentido primordial, aquello por lo que vivimos,
percibimos y pensamos. Es esencia y forma, no materia o sustrato. No puede
existir sin un cuerpo, pero no es un cuerpo: no es cuerpo, sino algo del cuerpo
(De An., II, 1 y 2).
• Por lo tanto, cuerpo y alma constituyen una única sustancia, y guardan
entre sí la misma relación que la materia y la forma. El alma es la forma del
cuerpo, pero de un cuerpo organizado (un «organismo estructurado de un modo muy
particular»). Esto le lleva a considerar absurda la doctrina de la reencarnación:
el alma no puede ser forma de cualquier cuerpo. Puesto que el alma es el
principio de toda la actividad del ser vivo, no es nada distinto de esas
funciones. «Si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma». Es decir:
cuerpo y alma no son separables. Un cuerpo sin alma dejaría de ser un animal o
un organismo vivo. Y un alma sin cuerpo no sería nada. Queda excluida, por
tanto, la preexistencia del alma o su existencia más allá de la muerte.
• Mientras Platón distinguía tres partes en el alma, Aristóteles defiende
la unidad del alma y la sitúa por todo el cuerpo, no en partes concretas. La
insistencia en la unidad total del ser vivo implica que no es el alma la que
siente o piensa, sino todo el ser humano gracias al alma. Pero sí le asigna
funciones al alma: [1] Función nutritiva o vegetativa (incluye las funciones de
crecimiento, nutrición y reproducción); [2] Función sensitiva (superior, de
la que derivan la función apetitiva, los deseos, las percepciones y la función
motriz); [3] Función pensante (tiene la capacidad de pensar y entender. Incluye
dos principios, uno activo [entendimiento agente] y otro pasivo [entendimiento
paciente]. El alma vegetal posee sólo la primera, el animal también la
segunda, y el alma intelectiva humana las tres. En Aristóteles, el conocimiento
es «humano»: es toda la persona -cuerpo y alma- la que conoce, no sólo su
alma. No existe conocimiento independiente del cuerpo. Además, todo
conocimiento humano será mezcla de conocimiento sensible (viene del cuerpo, de
los sentidos) y conocimiento intelectual (procede del alma racional). Esta
reflexión implica una visión jerárquica de los seres vivos y de sus almas
correspondientes.
• La negación de la inmortalidad es una consecuencia obvia de la doctrina
aristotélica sobre el alma humana, en línea con el pensamiento mayoritario de
la época (dentro del cual Platón y los pitagóricos constituían una excepción).
Sin embargo, del intelecto agente afirma Aristóteles que es una función
especial del alma, separado, inmortal y eterno. Esta idea dio muchos quebraderos
de cabeza a los intérpretes. Algunos afirman que se identifica con Dios
(Alejandro de Afrodisia, s. III d.C.) y otros que es la razón divina presente
en el hombre (Avicena, s. XI). Pudo ser también un resto del platonismo inicial
de Aristóteles.
TEORIA DEL
CONOCIMIENTO Epistemología
Entre los filósofos
griegos y ya desde los presocráticos, la sensibilidad y la experiencia estaban
muy devaluados como fuente de conocimiento. Según Parménides, los sentidos
proporcionan conocimiento engañoso (opinión, dóxa) y sólo la razón permite
conocer la realidad de manera fiable. Platón únicamente consideraba verdadero
el conocimiento de las Ideas, para lo cual los sentidos eran un continuo
estorbo. Pero Aristóteles adopta una perspectiva opuesta: no duda en devolver
todo su valor a lo empírico, sobre todo en su última época. Su teoría del
conocimiento, por lo tanto, será empirista. No admite más mundo que el de la
experiencia, el mundo conocido por nuestros sentidos. Los seres reales son únicamente
las sustancias individuales y corpóreas, compuestas de materia y forma. Esto
significa, en otras palabras, que los cuerpos poseen un principio de
inteligibilidad: su forma o esencia inmanente. Por lo tanto, el conocimiento sólo
es posible cuando se ocupa de las cosas sensibles de este mundo. Todo
conocimiento comienza por las sensaciones y suele terminar en el pensamiento.
• La sensación (aisqhsis, aísthesis): Mientras para Platón lo universal está
antes que lo particular, y el conocimiento de una Idea precede al conocimiento
de un objeto concreto que participe de esa Idea, Aristóteles sugiere un proceso
inverso: nuestro entendimiento conoce primero lo particular, concreto y físico,
antes que lo universal o abstracto. Sólo a través de lo particular podemos
llegar a conocer lo universal, y este proceso es el origen de todo conocimiento.
Aristóteles no admite la preexistencia del alma y explica el conocimiento a
partir de los datos que nos proporcionan los sentidos. Afirma que todo
conocimiento surge a partir de una percepción sensible, y el alma racional no
puede pensar nada si primero no ha recibido las representaciones, sensaciones o
materiales que le suministran los sentidos. Es decir: «no hay nada en el
entendimiento que primero no estuviera en los sentidos». Los sentidos (órganos
más las facultades correspondientes) son «receptores de las formas sensibles
sin la materia, lo mismo que la cera recibe la marca de un anillo sin el hierro
o el oro». La facultad de sentir, por lo tanto, es una potencia que se
actualiza por la presencia del objeto sensible, que siempre es una cosa
individual (algo material, corpóreo). «La facultad sensitiva es en potencia lo
que lo sensible es ya en acto [...] y llega a hacerse semejante a lo sensible»
(De An. II, 5, 418 a 3). Según esto, "sentir" es captar una forma
sensible que está en un cuerpo, pero captarla sin su materia. Gracias a la
presencia de un cuerpo u objeto sensible, la mera posibilidad de sentir se
convierte en el acto de sentir, y esta facultad se identifica de alguna manera
con lo percibido. El ojo que contempla el bosque «se apodera» de las formas
del bosque (sus colores, siluetas, olores, sonidos...) y se puede decir que el
bosque «está» en él (aunque sea en sentido figurado, inmaterial).
Todos los seres vivos están provistos de órganos sensibles. Si falta un
sentido, falta también el conocimiento correspondiente. Pero el conocimiento
sensible no tiene por qué ser engañoso o inseguro. Cuando captan el objeto
para el que fueron diseñados, proporcionan una total seguridad y certeza. No
obstante, Aristóteles distingue varios niveles de conocimiento:
- Sensación: Es común
a humanos y animales. Es el nivel más bajo. Produce memoria sensitiva.
- Imaginación: Común
a humanos y animales. «Los animales viven con imágenes y recuerdos»; «y
del recuerdo nace en los hombres la experiencia».
- Experiencia: Es la
coordinación racional de sensaciones, no una mera acumulación de datos
proporcionados por los sentidos. Sólo la tienen los humanos.
- Entendimiento: Es
la capacidad de discurrir racionalmente, de razonar, y sólo la tienen las
personas capaces de pensar y argumentar racionalmente. Hay dos tipos de
entendimiento:
(i) Entendimiento
pasivo: recibe las imágenes que le presentan las facultades inferiores (los
sentidos). Percibe las cosas, los objetos materiales, físicos. Tiene en «potencia»
la capacidad para recibir y conocer las formas universales inteligibles y
pasa a acto mediante el entendimiento agente (activo).
(ii) Entendimiento
activo: Lo llama también agente porque es el que abstrae la esencia, los
conceptos universales, de las cosas. En esta tarea de elaborar conceptos a
partir de cosas singulares el entendimiento agente funciona de manera análoga
a la «causa eficiente» y hace que los contenidos en potencia del
entendimiento pasivo pasen al acto. Su función es imprescindible en la
tarea intelectual.
• El pensamiento
(noesis [nóesis] y dianoia [diánoia]): Los sentidos son facultades aplicadas a
cosas particulares, individuales; el entendimiento (nous, noûs) es una facultad
que se ocupa de cosas universales: «El ojo ve a Sócrates; el entendimiento
piensa en "hombre"» (la forma o esencia universal
"hombre"). El ojo pasa al acto de ver a Sócrates cuando éste se haya
presente. El entendimiento pasa de la potencia al acto de pensar mediante un
proceso algo más complicado. Aristóteles tiene una teoría claramente
empirista del conocimiento. La esencia (o forma) universal «hombre» no se
encuentra en el mundo de las ideas, sino «en la materia», en los individuos
humanos concretos. Por eso es necesario arrancar desde la sensación para,
acumulando experiencias, llegar por inducción a la esencia universal común («hombre»,
en este caso). En este proceso interviene la imaginación (favtas?a, phantasía),
cuyas imágenes son una ayuda imprescindible. La imaginación se haya a medio
camino entre la sensación y el pensamiento. Por eso dice Aristóteles que el
alma no puede pensar sin imágenes, sino que «piensa las formas en las imágenes».
Las formas inteligibles existen en las formas sensibles. En definitiva, si no
hay sensación no es posible conocer ni comprender nada, y la actividad del
entendimiento debe ir siempre acompañada de imágenes.
En función de esta teoría del conocimiento, Aristóteles distingue varios
tipos de conocimiento:
1. Experiencia (empiréia):
Conocimiento de cosas concretas, materiales, pero sin preguntarse el porqué
de las cosas.
2. Ciencia
(episteme): El conocimiento de las causas y principios de las cosas, la
captación de la esencia del ser y de sus principios indemostrables.
3. Inteligencia (noûs):
Es el conocimiento de los primeros principios, indemostrables e imposibles de
obtener a través de la experiencia. De ellos sólo se tiene intuición, y
esto es la sabiduría.
ETICA
La ética se ocupa de
estudiar la justificación racional de las normas morales que rigen la conducta
humana. Parte siempre de una determinada concepción del ser humano, es decir,
de una antropología, referida a un contexto histórico y humano determinado.
Aristóteles elaboró dos grandes tratados de ética: la Ética a Eudemo («eudemiana»),
durante el segundo período y con influencias pitagóricas; y la Ética a Nicómaco
(«nicomáquea»), ya en su madurez como pensador. Las ideas más
representativas de la ética aristotélica se hayan en esta última. Se trata de
una ética «eudemonista», es decir, una ética de la felicidad. Pero es también
una ética de la virtud, el medio por excelencia para alcanzar la felicidad.
• La felicidad: El planteamiento inicial de Aristóteles en relación con la
ética era probablemente el mismo que se hacía en la Academia de Platón: Si la
moral es el arte de «vivir bien», ¿qué es "lo bueno" para el ser
humano? ¿Cuál es el Bien supremo, el fin último de todos sus actos? Pensaban
que la felicidad ( eudaimonía). Pero suele haber muchas disputas a la hora de
precisar en qué consisten la felicidad y el bien supremo. Aristóteles hace una
revisión crítica de las diversas teorías conocidas sobre la felicidad y la ética.
Entre los discípulos de Platón, unos valoraban más la vida activa del político,
cuyo bien supremo debería ser la gloria y la virtud. Otros preferían la vida
contemplativa del filósofo, y su aspiración a la sabiduría. Y otros preferían
la vida placentera, la búsqueda del placer como bien supremo. La teoría de las
Ideas incluía la consideración del Bien como Idea suprema. Pero Aristóteles
rechaza que el Bien pueda ser el ideal, porque hay muchos tipos de bienes
totalmente diferentes entre ellos. Además, considera que la ética debe partir
de los hechos (empirismo moral), en lugar de ser tratada exclusivamente desde un
punto de vista teórico.
Según Aristóteles, la felicidad no necesita ningún bien exterior. «Se basta
a sí misma», y consiste en el ejercicio perfecto de la actividad propia del
ser humano (lo mismo que para un músico la felicidad tiene que ver con poder
tocar su instrumento preferido). En concreto:
La felicidad es la actividad del alma dirigida por la virtud. [...] La vida de
las personas virtuosas no necesita el placer como un accesorio: el placer lo
hallan en sí mismas, pues las acciones virtuosas son agradables por sí mismas.
[...] Pero es evidente que la felicidad no puede prescindir de los bienes
exteriores (Ét. Nic. I, 8 y 10).
Al final de la Ética a Nicómaco Aristóteles afirma que la actividad más
propia del ser humano y la que mayor felicidad le proporciona es la contemplación
teórica, la sabiduría. Así, el empirismo ético conduce a Aristóteles a una
postura ecléctica: la felicidad consiste en unir sabiamente la virtud, la
contemplación y los bienes exteriores. Será buena toda acción que conduzca al
fin del ser humano, y mala toda la que lo obstaculice o se oponga a él. Bien es
aquello a lo que tienden todas las cosas por naturaleza.
• La virtud (areth, areté): Significa, literalmente, excelencia, mérito,
perfección, inteligencia, fuerza, energía, nobleza de ánimo, generosidad,
alteza. Es una disposición del alma, una capacidad y aptitud permanente que
inclina a comportarse de una manera determinada. No tiene nada que ver con el
intelectualismo socrático, que identificaba virtud con conocimiento. Aristóteles
da a la voluntad mucha importancia en relación con la virtud. La conducta sólo
será justa o buena si el individuo actúa a sabiendas y mediante una decisión
consciente, firme e inquebrantable, decide acometer una acción por sí misma.
La virtud incluye conocimiento, voluntad firme y una elección reflexiva de los
medios necesarios para llevar a cabo una acción.
La virtud se adquiere mediante el ejercicio (poniéndola en práctica) y el hábito
(éthos): «para que un hombre se haga justo es necesario que practique la
justicia». De esta manera Aristóteles rechaza que seamos virtuosos por
naturaleza (de nacimiento) o mediante aprendizaje. La virtud es el modo de ser
de una persona, expresado a través de sus acciones («praxis»). Cuando se
convierte en hábito, la virtud expresa la manera de ser de una persona en
relación con la realidad que le rodea: es su modo de estar en el mundo, en la
política, en la economía, en la cultura y en el Estado. Es su actitud ante el
dinero, la familia, el Estado y la felicidad.
Aristóteles afirma que la virtud consiste en un término medio, un equilibrio
entre dos extremos igualmente viciosos y alejados de la virtud. P.ej.: el valor
es un "justo medio" entre el miedo y la temeridad. En relación con el
bien y la perfección, la virtud se halla en el punto más alto. Esto recuerda
en parte a las simetrías pitagóricas, adoptadas por Platón y utilizadas en la
medicina griega de la época («medida» natural). Aristóteles señala que ese
término medio no puede establecerse en abstracto o en general, sino de acuerdo
con las circunstancias de cada uno. En cada caso, el individuo sensato y
prudente sabrá escoger el justo medio. Con estos elementos apunta una definición
precisa:
La virtud es, pues, una disposición selectiva que consiste en un término medio
respecto a nosotros, definido por la razón y como lo decidiría un hombre
prudente (Ét. Nic. II, 6, 1106 b 36).
La referencia al término medio parece relacionada en Aristóteles con su
concepción del equilibrio universal, que hace del cosmos un todo ordenado y
bello. El cosmos muestra un orden establecido por una inteligencia superior, de
manera que nunca se pasa del frío extremo al calor ni viceversa, sino que hay
una transición progresiva (la primavera). Ni se pasa sin más del día a la
noche, porque el atardecer constituye el período intermedio. Este orden cósmico
es el que el ser humano, un «microcosmos», debe tener como referencia para
comportarse racionalmente. Este orden cósmico debería tener también su
reflejo en la pólis.
Aristóteles distingue, además, dos clases de virtudes: (a) morales (éticas),
de las que no hace ninguna clasificación; y (b) intelectuales (dianoéticas),
entre las que cita la prudencia (phrónesis), la virtud propia de una persona
sensata; y la sabiduría ( sofía), culminación de la vida moral. En este
sentido, la virtud es el cultivo de todas las cualidades personales, una huida
de la mediocridad. No es simplemente la repetición mecánica de actos o prácticas
virtuosos.
POLITICA
La ética aristotélica
apunta a la política y parece subordinarse a ella, porque los griegos no entendían
al ser humano en aislamiento, sino inserto en una sociedad civil para poder
conseguir su propia perfección individual. Ética y política se ocupan de
averiguar cuál es el bien del ser humano. Aunque «el bien es ciertamente
deseable cuando interesa a un solo individuo, se reviste de un carácter más
bello y más divino cuando interesa a un pueblo y a un Estado entero» (Ét.
Nic. I, 2, 1094 b). Además, nadie puede ser virtuoso si no ha sido educado, y
es al Estado a quien compete, en último término, la tarea educativa.
• «Organicismo social»: Aristóteles sostiene que el Estado es anterior, por
naturaleza, a la familia y a cada individuo humano. El todo es anterior a cada
una de las partes. Y si cada individuo no es autosuficiente es porque debe ser
puesto en relación con la totalidad de la sociedad. Por esta razón Aristóteles
afirma que el ser humano es, esencialmente, un animal político o cívico (
politikón zôon). Aunque hay también animales gregarios y rebaños, el ser
humano y el Estado pertenecen a otro orden, como lo demuestra el hecho de que sólo
el hombre posee lenguaje. Gracias al lenguaje puede el ser humano comunicarse
con sus semejantes acerca «del bien y el mal, de lo justo y lo injusto y de las
demás cualidades morales, y es la participación y comunidad en estas cosas lo
que hace a una familia y a un Estado» (Pol. I, 1, 1253 a).
• Origen del Estado: Desde un punto de vista genético (génesis = origen), es
el individuo el que física y biológicamente engendra a la familia, ésta se
instala en una casa y después viene la tribu, la aldea y finalmente la ciudad,
la pólis o Estado. El Estado, pues, es fruto de una larga evolución. Desde un
punto de vista metafísico, la constitución natural del ser humano le inclina a
vivir en sociedad, en la pólis. La vida en soledad es algo antinatural en los
humanos, porque en soledad y aislamiento no puede conseguir perfeccionar todas
las capacidades para las que está dotado de forma natural. El lenguaje y la
palabra, el gusto por el diálogo y la comunicación, son el indicio de que está
hecho para la comunicación con sus semejantes. Eso explica su naturaleza
social.
• Prioridad del Estado: Sólo el Estado puede bastarse a sí mismo, pero el
individuo y la familia no. No se trata de autosuficiencia económica la del
Estado, sino fundamentalmente ética y humana: sólo en el Estado puede
conseguirse que reine el bien y la justicia, y sólo el Estado hace posible la
perfección última del ser humano. Por eso el Estado no es un fin en sí mismo,
ni la convivencia es su principal objetivo. Aristóteles no defiende un
totalitarismo político: el fin del Estado es la felicidad y la perfección
moral de los ciudadanos. No se trata simplemente de que encuentren en el Estado
la satisfacción de sus necesidades materiales, sino de que el Estado les
permita desarrollar todas sus facultades humanas a lo largo de una vida regida
por la virtud y la razón en sus comportamientos. Por lo tanto, la actividad política
no tiene sentido si no está regida por la ética, por la virtud. El Estado no
surge simplemente para que la comunidad viva en sentido biológico, sino para
que viva bien, en sentido moral, para que todos sus individuos alcancen la
felicidad. Si no consigue su objetivo, carece de justificación.
• Teoría de las formas políticas: Aristóteles criticó la política
idealista y utópica de Platón, aunque en los libros VII y VIII de la Política
incluye una descripción de la ciudad ideal. Entendió la Política como una
ciencia empírica, aunque no exacta, lo que explica que recopilara las
constituciones políticas de las principales ciudades griegas, ayudado por sus
discípulos.
Aristóteles mantuvo siempre el ideal de la pequeña ciudad-Estado. Si para Platón
el ideal era una ciudad justa, para Aristóteles era una ciudad feliz.
Consideraba absurdo el ideal cínico del «estado natural» o el universalismo
imperialista de Alejandro. En cuanto a la preferencia por las distintas formas
de gobierno muestra la misma clasificación que los sofistas: monarquía,
aristocracia y democracia (la llama politeía, gobierno constitucional), con sus
degeneraciones en tiranía, oligarquía y demagogia (a las que llama, sin más,
«democracia»). En las tres primeras gobiernan los mejores y más virtuosos,
teniendo como objetivo el bien común. Sólo cuando optan por el provecho
particular derivan hacia las formas degeneradas de gobierno.
En realidad Aristóteles no mostró preferencia por ninguna forma de gobierno.
Se mostró muy pragmático al tener en cuenta las diferentes condiciones geográficas,
económicas o psicológicas de los pueblos, que explican su inclinación por un
sistema o por otro. No obstante, su pragmatismo permite deducir que tenía como
referencia una politeía basada en las «clases medias» [término entre dos
extremos: los ricos -ambiciosos y egoístas- y los pobres -una carga y un
peligro para el Estado siempre-] y gobernada por los «mejores», lo cual es
coherente con su teoría de la virtud: un término medio, adaptado a las
circunstancias concretas, a la naturaleza concreta de los hombres y a las
exigencias de la prudencia.
• Los diferentes grupos sociales: Sólo los ciudadanos libres pueden alcanzar
la felicidad. La igualdad y la felicidad no están al alcance de los esclavos y
las mujeres. Afirma Aristóteles:
Hay algunas mujeres y hembras de otros animales, como los caballos y los bueyes,
que tienen suma propensión a dar hijos semejantes a sus progenitores (Pol. II,
3, 1262 a 23).
[...] Si las mujeres son comunes y la propiedad privada, ¿quién se cuidará de
la casa, como del campo los hombres? ¿Y si son comunes las propiedades y las
mujeres de los labradores? Es también absurdo deducir de la comparación con
los animales que las mujeres deben ocuparse de las mismas cosas que los hombres,
porque los animales no tienen que administrar la casa (Pol. II, 5, 1264 b 1-5).
Excluye también a los artesanos, los labradores y mercaderes, de los que dice
que sería preferible que fueran esclavos. En la categoría de hombres libres
entran sólo las tres clases superiores: los guerreros, los sacerdotes y los
magistrados. «Ellos son los ciudadanos, ya que los obreros no participan de la
ciudad ni ninguna otra clase que no sea productora de virtud» (Pol. VII, 9,
13229 a 20). Por lo tanto, para Aristóteles unos hombres son libres por
naturaleza y otros esclavos, y para estos últimos la esclavitud es algo justo y
conveniente. Ellos tienen que trabajar para que los ciudadanos libres estén
desocupados de tareas penosas y puedan dedicarse al pensamiento, a la filosofía.
La felicidad y la perfección no son algo a lo que todos puedan aspirar. A decir
verdad, la mayor parte de los ciudadanos están excluidos de ella. Se trata,
pues, de un ideal aristocrático, reservado en su plenitud a una élite
privilegiada
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