|
Sol de Monterrey
No cabe duda: de ni�o a m� me segu�a el sol. Andaba detr�s de m� como perrito faldero; despeinado y dulce, claro y amarillo: ese sol con sue�o que sigue a los ni�os.
Saltaba de patio en patio, se revolcaba en mi alcoba. A�n creo que algunas veces lo espantaban con la escoba. Y a la ma�ana siguiente, ya estaba otra vez conmigo, despeinado y dulce, claro y amarillo: ese sol con sue�o que sigue a los ni�os. Alfonso Reyes |
|