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La Perola, espacio de narración, sitio de encuentro cultural y lúdico que existe desde el 9 de octubre de 1989, y que en 16 años de existencia siempre ha funcionado dentro de la Universidad Nacional de Colombia. La Perola, desde ese entonces, ha sido uno de los espacios de narración de mayor prestigio en el país. En principio este espacio surgió de manera itinerante, como un encuentro de amigos amantes de la literatura que se reunían de forma casual, y cada viernes daban vida a los sueños e ilusiones de muchos escuchas y público proveniente no solo de la Universidad Nacional, sino también de la Universidad Javeriana y la Universidad de los Andes, espacios en donde la cuentería se formó y tomó fuerza. El movimiento narrativo, literario y cuenteril que se estaba formando empezó a tomar fuerza y, en La Perola, vimos nacer y crecer a grandes cuenteros universitarios que, hoy en día, son los que a su juicio y el del movimiento son cuenteros “grandes” o cuenteros “profesionales” y a otros, que como el maestro Nicolás Buenaventura, vinieron a hacer parte de la historia y nos acompañaron e hicieron vibrar nuestras mentes ávidas de relatos, cuentos y ensoñación. El movimiento de narración creció aún más y se fortaleció y La Perola gracias a esto se convirtió, de algún modo, “en la meca de la narración oral en el país!”. Pero, hoy día, los cuenteros “universitarios”; como se nos conoce o ha catalogado, o los cuenteros mas jóvenes y que ahora tenemos la responsabilidad con el movimiento y con los espacios, entonces nos preguntamos: ¿qué pasó con la magia?. Para todos es bien sabido que hasta hace unos cinco años el movimiento de narración en Bogotá, por lo menos, en Bogotá; venía con mucha fuerza y empezó a decaer drásticamente y el misticismo de contar en la UN, de contar en La Perola, ya no era el mismo. Hubo cambios de administración y, en palabras de muchos, “personas que tenían el poder no lo sabían manejar”, o “se democratizó mucho a La Perola y a quienes contaban en ella”, o “para que tres si con dos hay, dejen a uno y que ése la acabe”... Son muchas las cosas que llegan a los oídos de nosotros como coordinadores del espacio y puede que en algunas tengan razón y que otras sean exageradas, pero lo que realmente importa es que La Perola ya no es la misma, que el movimiento de narración en Bogotá ya no es el mismo y que las ganas de escuchar por parte del publico ya no son las mismas. No porque los tiempos hayan cambiado, no porque el romanticismo de la gente haya dejado de existir, no porque la televisión y los medios impiden que la gente lea, no porque se haya estratificado la Nacional, no porque el trabajo de los espacios no convencionales (calle o bares) no sea bueno (de hecho existen trabajos muy buenos y que merecen aún más reconocimiento), no porque haya “cuenteros” en todos los buses y las esquinas. ¡No!. Porque los cuenteros, los grandes cuenteros, a quienes los mas jóvenes admirábamos y queríamos emular, cambiaron. Dejaron a un lado al publico que ellos crearon, dejaron los espacios de narración que los vieron nacer, y dejaron que el movimiento avanzara a la deriva. El espacio conocido como La Perola es auspiciado por la Dirección Nacional de Divulgación Académica y Cultural de la Universidad Nacional de Colombia y “obsequia al público asistente semanalmente una tarde para la fantasía y el regocijo trayendo a ellos un narrador invitado cada semana” (así reza en nuestra página Web). Pero hace siete años esto no hacia falta, hace siete años no había que invitar a nadie, porque todo el mundo venía a contar, por el placer de contar, a dejar ir todas sus trabas y liberar sus espíritus, a darle lo mejor de cada uno a las personas que los venían a escuchar y que seguían su trabajo de cerca. Puede que estas personas, que venían a verlos también hayan crecido y se graduaran, puede que dejaran a la cuentería como un espacio alterno, o un recuerdo invaluable en un rincón de su corazón y no se supiera más de ellos. Pero los amigos jóvenes de estos, los hermanos, tíos, primos, sobrinos y, por la edad del movimiento, hasta los hijos de estos, empezaron a escuchar cuenteros y aún van a los espacios de cuentería, sea en las universidades, los bares, los espacios no convencionales como Usaquén, Maloka, Lourdes, espacios que sin la existencia de las universidades, y de los espacios de tradición no hubieran podido existir. Estos espacios aún se llenan, no de igual manera ni en las mismas condiciones (La Perola puede llegar a tener de 650 a 700 personas como público), pero aún van a escuchar. Puede que el trabajo de las nuevas generaciones no sea igual en calidad, o en cantidad y que sea para muchos más facilista, porque supuestamente tiene un perfil más humorístico que cualquier otra cosa, pero debemos decir que eso también es porque los cuenteros, los “verdaderos” cuenteros en cierto modo también nos abandonaron. Muchos somos el producto de talleres sin fundamento que dictaron algunos que no tenían unas bases adecuadas. Otros son autodidactas y, muchos otros, son en cierto modo copia del trabajo de los “grandes”. Pero ahora se ven luces de esperanza, por lo menos en este tema, y se ve organización. Se creó la necesidad de mejorar el movimiento y esperamos que esto sirva. Aunque para mucho de ese público, ya no tenga esperanza, porque ya este público se fue, ya esas mentes se perdieron. Las presentaciones en La Perola se realizan todos los viernes a partir de las 2:30 de la tarde. Para estas funciones se programaba solamente a un narrador invitado (hoy nuevamente tenemos dos cuenteros invitados por día) pero durante la tarde suelen presentarse entre 4 y 7 narradores, tanto del espacio como narradores amigos que suelen visitarnos. Sí, aún hay soñadores, aún están los que para muchos viven en el romanticismo del pasado, pero para el publico aún son CUENTEROS, y son cuenteros porque siguen contando por el placer de contar, porque vienen a dejar a ese PÚBLICO, que aún existe, todo de ello sin importar que no reciban un pago por el trabajo que hacen. Lo hacen porque se deben y son del público y aún sienten con la gratificación de las personas que los escuchan, lo que sentimos los jóvenes cuenteros cuando recibimos un aplauso o una sonrisa, aún sienten lo que nosotros definiríamos como un soplo de magia dentro de nosotros, puede que no seamos los mejores y no seamos muy buenos tampoco, pero en algunos de nosotros aún existe ese soplo mágico y compromiso con el publico y con el movimiento. La Perola, y muchos otros espacios universitarios, queridos narradores, está muriendo y todos, todos los cuenteros, le debemos a ella (y a ellos) gratitud. Ella fue la que hizo que todos quisiéramos contar en la meca aunque una vez fuera de ella no lo volviéramos a hacer. Siendo también uno de los pilares de la cuentería capitalina es un fiel reflejo de la situación, que la cuentería también agoniza. La Perola no es el espacio físico en la Universidad Nacional, La Perola es más que un cenicero gigante en el polideportivo, o un montón de ladrillos organizados radial y cuadriculadamente. La Perola somos todos, el público, los narradores y los sueños, aunque estos sueños para muchos ya no valgan la pena. Solo esperamos que ustedes que ayudaron a crear este movimiento no lo dejen morir, que no muera La Perola y que no muera la cuentería, que La Perola no sea simplemente un espacio de cuentería universitaria que abre y cierra un día a la semana porque existe una intención de parte de la Dirección Nal. de Divulgación UN. Esperamos que ustedes recuperen ese misticismo que los hizo querer estar en La Perola. De parte de nosotros existe ese compromiso para recuperar la fuerza que no debimos perder y para posicionarnos a todos los narradores en donde debemos estar. UNA VEZ MÁS, !!!!!!QUE NO MUERA La Perola, QUE NO MUERA LA CUENTERÍA!!! Jairo
Hernán González, Fabián Andrés Garzón y Pablo Alexander Torres. Coordinadores de La Perola. |
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Página sin auspicio coordinada por Cuenteros de
La Perola
Universidad Nacional de Colombia - Bogotá
Textos y diseño: A.T.M.