|
b) econ�micos: se suprimieron las trabas, las reglamentaciones y los controles que anteriormente ejerc�a el Estado y se estableci� la libertad econ�mica, permitiendo a cada ciudadano desarrollar su actividad econ�mica de acuerdo a sus condiciones y capacidades. c) pol�ticos: Se aboli� la monarqu�a absolutista. Por la Declaraci�n de los derechos del hombre se consideraba que los derechos pol�ticos b�sicos del ciudadano, reconocidos por el Estado son: igualdad, libertad, propiedad y seguridad. Y por la Constituci�n sancionada en 1791 se establec�a la divisi�n de poderes y se basaba en que �la soberan�a de la naci�n descansa en el pueblo�, la cual deb�a ser ejercida por el ciudadano, sea este rico, pobre, burgu�s, noble o campesino, a trav�s del voto.
Estos cambios marcaron una etapa diferente en la historia de la humanidad, raz�n por la que con la fecha de la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, se inicia la Edad Moderna Los principios de la Revoluci�n Francesa no se difundieron muy r�pidamente a otros estados europeos, sin embargo llegaron con m�s �mpetu a las colonias hispanoamericanas a fines del siglo XVIII, cuyos efectos se materializaron en las revoluciones de la independencia en las primeras d�cadas de la siguiente centuria.
PANORAMA GENERAL DEL SIGLO XIX
LA RESTAURACI�N MON�RQUICA. El Congreso de Viena
Al iniciarse el siglo XIX, el emperador de Francia, Napole�n Bonaparte pretendi� extender su dominio por toda Europa con la intenci�n de poner fin al Antiguo R�gimen y establecer algunos de los principios pol�ticos del liberalismo, sobre todo los econ�micos y conducir a los pa�ses europeos a una era de progreso, pero manifiestamente bajo la supremac�a de Francia. Sin embargo, los prop�sitos progresistas de Napole�n no llegaron a cumplirse a cabalidad, puesto que se sosten�an en la fuerza de las armas y en la violaci�n de la soberan�a de los pueblos conquistados. Esta situaci�n provoc� en las y los habitantes de esos pueblos reacciones desfavorables y hostiles, cuyas consecuencias originaron un intenso nacionalismo que contribuir�a en forma decisiva al fracaso del plan ideado por el emperador franc�s. Despu�s de la derrota y posterior abdicaci�n de Napole�n, los representantes de los pa�ses vencedores decidieron reunirse y con esa finalidad convocaron a todas las naciones de Europa en un congreso internacional. La reuni�n conocida como el Congreso de Viena se realiz� en dicha ciudad entre junio de 1814 y setiembre de 1815, al cual asisti� tambi�n el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, el Cardenal Carlos Mauricio Talleyrand, en representaci�n del rey Luis XVIII, quien hab�a reemplazado a Napole�n en el trono de su pa�s, pero las decisiones pol�ticas fueron tomadas por los delegados de Austria, Rusia, Prusia y Gran Breta�a, denominados los �Cuatro Grandes�. El m�s ilustre de los monarcas asistentes fue Alejandro I, zar de Rusia, sin embargo el diplom�tico que desempe�� el papel m�s destacado en las negociaciones fue el pr�ncipe Klemens von Metternich, quien presidi� la conferencia. Ministro austr�aco de Asuntos Exteriores, Metternich era un apasionado partidario del Antiguo R�gimen y ac�rrimo defensor del protagonismo de Austria. Las decisiones del Congreso:Todos los representantes europeos estuvieron de acuerdo en restaurar las monarqu�as absolutistas y en restablecer el equilibrio europeo fundament�ndose en tres principios b�sicos: 1. El de legitimidad, que restauraba en el poder absoluto a los llamados monarcas leg�timos destronados durante la era napole�nica;2. El de equilibrio del poder, con el que se buscaba impedir que una naci�n determinada llegara a ser tan poderosa que se constituyera en una amenaza para la soberan�a de las dem�s.3. El de compensaci�n, por el que algunos pa�ses recibir�an territorios para retribuirlos por las p�rdidas sufridas; El Congreso de Viena tom� la importante decisi�n de condenar el comercio de esclavos y permiti� la libre navegaci�n sobre los r�os que atravesaban varios estados o representaban una frontera �nter estatal.Adaptado de Delgado M. Gloria �El mundo moderno y Contempor�neo� Editorial Pearson, M�xico, 1999.
Las consecuencias m�s relevantes del Congreso Como resultado de las negociaciones sostenidas en el Congreso de Viena, el mapa europeo sufri� varios cambios. Francia perdi� todos los territorios conquistados por Napole�n; se fund� el reino de los Pa�ses Bajos. Noruega y Suecia se unieron bajo un solo reino y se garantiz� la independencia y neutralidad de los cantones suizos, reorganizados en el marco de una Confederaci�n Helv�tica. Rusia recibi� la mayor parte del antiguo Gran ducado de Varsovia, convertido en reino de Polonia, con el zar Alejandro I como monarca. Prusia ocup� gran parte de las provincias del Rin y se convirti� en el m�s poderoso reino de los Estados germanos Austria consigui� la mayor�a de las zonas que hab�a perdido frente a Napole�n y se le concedieron otras nuevas en Alemania e Italia (Lombardia y Venecia). La antigua parte veneciana de Dalmacia, (actualmente, Croacia) tambi�n pas� a manos de Austria. Gran Breta�a anexion� El Cabo en Sud�frica y varias islas situadas en Europa, Asia y Am�rica. La comisi�n territorial que se reuni� en Francfort decidi� en 1819 la creaci�n de la Confederaci�n Germana, una uni�n de 39 estados soberanos �entre ellos Prusia� presidida por Austria. Por otra parte, es interesante recordar que aunque el rey de Espa�a Fernando VII tuvo cierto apoyo de car�cter moral, no consigui� que las potencias reunidas en Viena le ayudaran en sus deseos de recuperar los dominios espa�oles en Am�rica.
Santa Alianza Con el fin de dar cumplimiento a todo 1o estipulado en el Congreso de Viena, se realiz� una serie de pactos entre los pa�ses europeos; el primero de ellos fue la Santa Alianza, acuerdo firmado en septiembre de 1815 por los tres monarcas de Rusia, Austria y Prusia, a iniciativa del zar Alejandro 1, preocupado por establecer un orden internacional que protegiera la paz continental dentro de una pol�tica basada en principios cristianos de justicia y fraternidad. M�s tarde se le unieron Francia y Espa�a, pero la Santa Alianza no logr� la unificaci�n religiosa pretendida por el zar de Rusia.
La Cu�druple Alianza Este acuerdo estuvo integrado por las tres naciones de la Santa Alianza y Gran Breta�a, unidas con el objetivo de dar cumplimiento de los tratados impuestos a Francia y con el prop�sito de evitar que el esp�ritu revolucionario basado en los principios liberales e iniciado con la revoluci�n francesa volviera a despertar o, que surgiera un nuevo imperio como el de Napole�n. Uno de los principales logros alcanzados por estas cuatro naciones fue el restablecimiento del equilibrio de poder entre las potencias europeas. Resultado conseguido s�lo mediante el establecimiento del absolutismo como principio b�sico de la pol�tica internacional, tratando de eliminar todas aquellas manifestaciones que pudieran suponer la implantaci�n de reg�menes liberales o la independencia nacional de los pueblos que fueron integrados a las potencias hegem�nicas. No obstante, el absolutismo pol�tico ambicionado por la alianza de monarqu�as europeas contrastaba con la nueva realidad socio econ�mica de los mismos pa�ses occidentales en donde las ideas liberales de la burgues�a chocaban abiertamente con las ideas conservadoras del Antiguo R�gimen. Por otra parte, el nacionalismo revitalizado durante la era napole�nica constitu�a una poderosa influencia en los pueblos sojuzgados por las monarqu�as absolutistas, que los llev� a luchar o a continuar luchando por su independencia. As� pues, la combinaci�n de liberalismo y nacionalismo contribuy� en gran medida al surgimiento de las revoluciones internas que ocurrieron en algunos pa�ses europeos en 1830 y 1848.
La Doctrina MonroeQue en 1823 el presidente de Estados Unidos, James Monroe, emiti� la declaraci�n de principios que se conoce como la Doctrina Monroe, en la cual rechazaba la pol�tica europea de Restauraci�n y se pronunciaba a favor de la independencia de los pa�ses hispanoamericanos. Declaraba adem�s que las tierras del continente americano no deber�an ser nuevamente objeto de colonizaci�n bajo las potencias europeas, por lo que, seg�n Monroe, su pa�s no habr�a de tolerar intromisi�n alguna en el continente americano. Esta doctrina fue una advertencia para Inglaterra, que amenazaba los intereses territoriales de Estados Unidos en el mar Caribe; para el expansionismo ruso en Alaska; y para Francia y Espa�a, que pretend�an recuperar sus colonias en Am�rica. |
|