Ahora se nos presentan, otra vez, dos nuevas
alternativas: empatar con la N-630 en este punto
(dirigiéndonos a la izquierda ) o bien, seguir casi intuitivamente
bajando por una vereda rocosa que nos llevará también, más
adelante, a la mencionada carretera; por supuesto
nosotros, que no escarmentamos, optamos por la segunda
posibilidad.
Con especial precaución con los camiones, que pasan echando leches,
circulamos por la carretera general hasta el Bar Miraltajo, cerca del
acceso al Club Náutico, donde conseguimos que su dueño, sobrio y parco
en palabras, nos despachara unos refrescos. A partir de aquí, atravesamos
la carretera para coger nuevamente, en tierra, una corta pero empinada
subida (1,5 km). Una vez superada la cuesta y tras varios kilómetros
prácticamente llanos, gozamos de un largo y agradable descenso (12 km)
que sirvió para dejar, de manera clara y contundente, quién es quién en lo que a dominio de la técnica del pedaleo se
refiere...(es una broma) |
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La foto de rigor,
en el porche del albergue, antes de iniciar la etapa, con nuestros
nuevos amigos: David y Maritxell
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