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Camino de Santiago por la Vía de La Plata |
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Peregrinos Canarios |
Segunda etapa ( continuación )
Cuando ya nos acercamos a Cáceres, Óscar pincha también, hay para todos, la fiesta va por barrios. Nos acercamos a una estación de servicio para poner a punto nuestras monturas. Lamentablemente, observamos una vez más, que las entradas a las grandes urbes están afeadas por escombros y basureros. Puestas a punto las máquinas aprovechamos para almorzar en el " Último café ", a pocos metros de allí, se come bien, el menú nos salió a 1.000 pesetas por barba.
Ya en Cáceres hicimos la obligada visita a la parte antigua, realmente magnífica, muy bien cuidada y conservada. Hicimos un poco de tiempo hasta que abriera un bazar de repuestos de bicis para comprar el cuentakilómetros de Osquita.
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Eran las 17:00 h, y nos quedaban
prácticamente 13 km para llegar a Casar de Cáceres. En ese momento teníamos
dos alternativas: tomar la carretera general, o bien adentrarnos por unas pistas
agrícolas, entre cercados y sus correspondientes portillos, que ya comienzan a
sernos familiares y, como reza el ritual, hay que dejarlos cerrados. Y,
naturalmente, por aquello de alejarse del asfalto y aproximarnos al ejemplo del
genuino peregrino, o tal vez por ser masoquistas, lo cierto es que elegimos la
segunda opción...¡ y para que te cuento coleguilla !...
- Señores, a las a las 7 estamos en Casar- dijo Rubén en un rasgo de lúcida
perspicacia.
Ja, ja, ja, ¡ que si quieres arroz Catalina ! empezamos a subir y bajar
laderas, abrimos y cerramos portillos y más portillos, levantamos bandos de
perdices ( Alectoris rufa ) que hubiesen hecho las delicias de Miguel Delibes y
de nuestra perra Mora en jornada cinegética. Pero a lo que íbamos:
Óscar, que estaba gafado desde que había salido de Gran Canaria, pinchó ¡ 5
veces !. Así fue como comenzó nuestra cálida relación con los abrojos esas
simpáticas plantas angiospermas dicotiledóneas del género tribulus cuyos
frutos, cubiertos de diminutos pinchos, nos hicieron la puñeta en más de una
ocasión, ¡ ver para creer !... en fin lo mejor es, a la mayor brevedad
posible, abrir el primer portillo que aparezca a la izquierda y volver a la
carretera general para alcanzar definitivamente Casar de Cáceres. Así lo
hicimos, y agradeciendo a la "bola de cristal" del amigo Rubén la
acertada predicción, logramos llegar a las 21:40 h al acogedor Albergue de
Peregrinos, con 24 camas y agua caliente; nos duchamos, cenamos en un bar
enfrente del Albergue, al lado del Ayuntamiento, por 1.000 ptas/u ( en el 2002
serán 6 euros ) una copiosa cena . En el Albergue coincidimos con cinco
ciclistas murcianos.