MI PADRE

                                             Pepa E. Llinares Llorca 

Mañana es San Juan. Aquí en Alicante, son las Fiestas Mayores. Son "Les Fogueres de Sant Joan". 
Toda la ciudad está llena de preciosos monumentos que arderán ese día por la noche.
El ambiente en las calles, es de música y jolgorio. 
Las barracas estan repletas de festeros que ofrecen al visitante su música y algo para tomar y refrescarse. Es típico la coca en toñina y les bacores.
La polvora arde por doquier y las bandas de música alegran las calles mientras desfilan las Belleas del Foc.
Este año, me encuentro aquí y a pesar de todo lo atractivo del momento que invita a divertirse y mezclarse con todos para pasarlo de maravilla, estoy en casa. En el fondo, deseo quedarme.
Es el santo de mi padre y mi cuñado, y vinieron todos hoy a casa de mi hermana para pasar el día y juntos celebrarlo.
Ahora ya se fueron y estoy sola. Me siento en el balcón y mirando al mar, ese inmenso tapiz azul verdoso que tantas veces mi padre cruzó desde un Continente a otro, me evoca recuerdos.
Como si el tiempo no hubiera transcurrido, me encuentro delante de un hombre alto, fuerte, con una preciosa mata de pelo negro y grandes ojos azules, su sonrisa amplia de espléndida dentadura y manos de artista, con dedos largos,finos y perfectas uñas...¡Ese era mi padre de joven!
¡Que guapo era!¡Parecía un artista de cine!...
Era de esas caras que nunca pasan de moda...¡No exagero!.
Mi madre tuvo buen ojo en la elección, porque a pesar del físico, siempre fue y es, un buen hombre, fiel, y quiso y quiere a mi madre.
Hoy tengo ganas de escribir, contando cosas de ese ser que tambien contribuyó, e hizo posible que hoy estuviera aquí haciéndole, a mi manera, un pequeñito homenaje de hija orgullosa de su padre.
Cuando definitivamente dejamos Barcelona y nos quedamos a vivir en Benidorm, ocupamos la casa donde vivimos aún, que era de mis antepasados paternos.
Mi padre, que toda la vida fue un manitas, cuando era joven y junto con un carpintero, construyeron las puertas de toda mi casa, incluida, esa preciosa cancela con cristales que da entrada a la misma..
Según él, la casa fue construida en el año 1936. 
Despues, a lo largo de los años, cuando yo empecé a dar clases y me monté mi estudio, el fue el que me lo decoró, pintó, hizo los muebles, y todo aquello que necesitaba para estar de la forma mas cómoda en el lugar elegido para mi trabajo, y mas tarde, me sorprendía siempre que necesitaba algo, con aquel mueblecito o estantería que me venía al pelo para solucionar el problema que en ese momento tenía. Todo lo hacia él. 
En mi casa no entró nunca ni un electricista, ni fontanero, ni arbañil etc. Mi padre era un polifacético en todo eso. Una persona que gustosamente diseñaba y aprovechaba todo lo que podía y encontraba convirtiéndolo en una pieza útil para nosotras en aquel momento. 
Creo que fue ¡Uno de los primeros recicladores!
A él no le importaba ni el color de la madera, ni que tuviera letreros. Decía que luego, con una buena capa de pintura todo lo tapaba.
¡Que pena que no se fijara un poquito mas en eso y no fuera mas cuidadoso! 
Muchos mueblecitos auxiliares que me hizo, los tuvimos que tirar porque con el tiempo tenían hasta ¡hilo musical! como decia yo. 
Eran pasto de la carcoma, y tuvimos que deshecharlos para no llenar los demas muebles de la casa.
La verdad es, que hoy en día, cuando me compro alguna de esas revistas de hogar y moda, me maravillo al ver que mi padre, muchos años atrás, ya había construido esos muebles auxiliares que hoy tanto se llevan.
Siempre dije, que si mi padre hubiera estudiado, hubiera sido un talento, porque sabía hacer maravillas con el solo plano que se hacía de cuatro lineas trazadas por el y un dibujito, con las medidas calculadas con su metro de carpintero.
Ahora ya no es, ni la sombra de lo que fue. Cuando me quedo a su lado, contemplándolo como hace años, en lugar de aquella mata de pelo, veo la misma pero blanca como la nieve, su mirada azul, es ahora apagada, pues apenas ve, y sus ojos grandes se tornaron pequeños por la edad. Su sonrisa, que mostraba unos dientes perfectos, es ahora como la de ese bebé, que aún no le salieron los dientes de leche.
Pero su cuerpo todavía conserva algo de aquel porte elegante de cuando era buen mozo aunque sus piernas, van adquiriendo la forma arquedada y la fragilidad del paso de los años, teniendo que utilizar su bastón para poder andar con mas seguridad.
Cuando le llamo, ya no gira enseguida la cabeza para responderme como hacía antes, porque sus oidos, tambien están quedandose cada vez mas sordos.
Solo hay algo que aún conserva a sus ochenta y nueve años: Su memoria, buen humor y como no ...SU APETITO. Es lo único que le dura sin haber cambiado.
Apetito, que nos tiene martirizadas, porque al no privarse de nada, le repercute en su peor enfermedad: LA GOTA.
De todas formas, hoy, su vida transcurre tranquila.
Como es habitual en él, se levanta temprano, se asea, hace su cama (para quitarme a mi trabajo según dice), que mas tarde yo repaso y la arreglo, coge sus medicinas, desayuna la leche con galletas que le preparamos todas las mañanas y se va apoyado en su bastón a traerse sus tan apreciados panecillos de pan bombón, para todo el dia.
Una vez los deja en casa, me pide si tiene que comprar alguna cosa que haga falta para la comida (siempre pensando en lo mismo: comer) y luego, se va a por su periódico diario.
Cuando ese ritual de cada día lo ha concluido, se marcha a tomar un poco el sol y charlar con los pocos amigos que le quedan, contandose las batallitas de cuando fueron jovenes, al paseo de Elche, un parquecito lleno de árboles y palmeras que esta cerca de casa. Allí pasa la mañana y regresa a la hora de comer, aunque probablemente no viene con el estómago vacío, porque suele tomarse (no siempre) su aperitivito en un barecito cerca de casa llamado "El Andaluz".
Por la tarde, despues de su siestecita en el sillón orejero, sale a tomarse un cafetito y regresa para cenar pronto (a las siete de la tarde, hora del barco)y acostarse. Su cena es ligera. Sus distracciones, la tele y el periódico. Sus salidas, el parque y el aperitivo y café por la tarde.
Esa es la vida diaria de una persona, que siempre viajó mucho , tuvo una gran actividad, no se privó de buenas comilonas ni de nada, y que cuando llegó el momento, supo resignarse y conformarse, asumiendo que las cosas hay que aceptarlas y llevarlas con dignidad y sin amargura, porque eso, es ley de vida y el que así se lo toma, vive feliz y hace feliz a los demás.
¡Me gustaría mucho parecerme a mi querido padre!
Lo quiero muchísimo.



Alicante junio 2002

  

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