Si yo tuviera que definir el amor, lo haría de la siguiente forma:
El amor es como un gran árbol lleno de ramas.
Sus raíces son el alma de la persona, su interior, su carácter.
El tronco , lo mas grande que existe, aquello que uno tiene y puede dar, aquello que crece día a día y se alimenta de sus virtudes, de sus cualidades, defectos y lo que en si da el carácter a la persona.
Aquello que desinteresadamente y sin pedir nada a cambio crece y se desarrolla para compartirlo con los demás: EL AMOR VERDADERO.
Ese amor que a lo largo de la vida, se comparte y brota de muchas maneras. Como en Primavera crecen las ramas, sus hojas, flores y mas tarde sus frutos, así de igual forma, pasa con EL ÁRBOL DEL AMOR.
La primavera es el encuentro, la familia, los amigos, ese ser especial, los hijos, los sobrinos, los animales, las plantas, el mar, los ríos, los hermanos, la Naturaleza...
Cada una de estas cosas componen las ramas del árbol.
En la medida que tu, a través de las raíces , alimentas ese tronco y repartes la savia del amor a esas ramas, el árbol se volverá frondoso, lleno de hermosas hojas verdes, de flores y mas tarde de frutos.
Esos frutos serán la recogida de lo que tu sembraste : MUCHO AMOR.
De ahí, algunas flores se marchitarán en el camino, sin llegar a madurar. Otras en cambio, pueden llegar a ser las que de nuevo compartan tu alma, con besos, caricias, compañía, paz, sosiego, amor desinteresado, buenos consejos, alegrías, ayuda, comprensión, sinceridad, pasión, y un largo etc.
Esa...es la fruta prohibida para algunos.
Esa... es la fruta del otro AMOR...¡del amor entre un hombre y una mujer!. Un amor que a veces nos da miedo encontrar de nuevo, un amor que quizá alguna vez nos hizo mucho daño, después de llegar con ese disfraz de cualidades y cosas bonitas.
Ese amor es una de las ramitas del árbol que mas nos hace sentir al alma, esa gran soledad que a veces tenemos necesidad de compartir y saborear ese fruto que nunca te llegó y quizá jamás pruebes.
Al ocurrir eso, uno se refugia en el otro modo de amar, mas grande, mas desinteresado, con menos ataduras y quizá menos responsabilidades: EL AMOR A LA AMISTAD.
Esa clase de amar es la que de algún modo llena el alma solitaria de los que necesitamos ser queridos y amados de otra forma, aún sabiendo que se corre el peligro de sucumbir en sus redes, porque este sentimiento no se hace, sino que nace.
Nace como esa tierna ramita del árbol que quizá nunca tendrá flor, y por lo tanto...no dará
fruto.
Octubre 2001