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Tres ensayos filosóficos
Lo Superfluo
Curriculum

LO SUPERFLUO COMO NECESIDAD.

A- Enfoque Naturalista.

I- La necesidad y su objeto

II- Necesidades animales.

III- Necesidades humanas.

IV- Desarrollo de las necesidades

V- La creatividad como necesidad

VI- Lo humano como necesidad

VII- La agresividad como necesidad

VIII- La sociedad y las necesidades

IX- Correlación de necesidades

X- La falsificación de necesidades

XI- Tiempo, vida y comunidad como necesidades

B- Enfoque Metafísico.

I- Las necesidades humanas

II- La clasificación de las necesidades y de su forma de creatividad

III- Infinitización de las necesidades

IV- Acción y contemplación

V- Lo de arriba igual a lo de abajo

VI- La relación hombre-naturaleza

VII- La sociedad y las necesidades

VIII- La creatividad en el orden social y político

IX- El falseamiento de las necesidades humanas.


A- Enfoque Naturalista.

§1- Las necesidades del hombre no son algo fijo inherente a una naturaleza humana más o menos inmutable. El proceso histórico y el contexto social determinan en cada circunstancia un conjunto de carencias y tensiones que condicionan al individuo y lo dinamizan impulsándolo a actuar según pautas particulares. El núcleo de carencias bio-físicas que el hombre comparte con el animal, queda así superado hasta alcanzar dimensiones prácticamente infinitas.

"El animal -decía Hegel- tiene un círculo limitado de medios y de modos de satisfacción de sus necesidades, que igualmente son limitadas. El hombre, en la misma dependencia, presenta, a la vez,  la superación de la misma y su universalidad, sobre todo mediante la multiplicación de las necesidades y de los medios, y luego, por medio de la descomposición y distinción de la necesidad concreta en partes singulares y aspectos específicos que llegan a ser necesidades diversas particularizadas y, por lo tanto, más abstractas." [1]

Esta dinámica de la necesidad aparece a primera vista como un fenómeno social: los conflictos de intereses, las luchas sociales y las guerras tienen su raíz en ella, así también como toda la creatividad de la cultura en sus múltiples facetas.

§2- Todo viviente como ser de la naturaleza tiene necesidades. La necesidad es aquéllo por lo que el viviente se distingue de la naturaleza, aquello por lo que se individualiza subjetivamente. En el estado de satisfacción hay completa unidad de vida y naturaleza, la vida es parte del cosmos. Al surgir la necesidad, se produce una  separación y oposición; el viviente se siente distinto y opuesto a algo que es él mismo en cuanto ausente y separado. En este sentido la necesidad es la medida inversa de la identificación con la naturaleza.

Esta separación da lugar a una serie de oposiciones que en distintos niveles se expresan como necesidad y objeto de necesidad (nivel objetivo); deseo y satisfacción (nivel subjetivo); actividad productiva y actividad consumitiva (mediaciones entre ambos polos). En términos hegelianos, la necesidad se ubica simultáneamente en las esferas del Espíritu Subjetivo y del Espíritu Objetivo.

§3- La necesidad exige que la naturaleza enfrentada sea recuperada de algún modo. En el animal este reencuentro se verifíca de modo inmediato en presencia del objeto de satisfacción, por medio de una actividad que une sólidamente los polos y en la que predomina lo consumitivo sobre lo productivo. El modo humano de la necesidad implica, en cambio, una acentuación de las separaciones y mediaciones.

La necesidad puede estar separada del deseo, la satisfacción puede darse sin el correspondiente objeto; la carencia puede tener en sí algo de satisfacción y la satisfacción ser en realidad carencia (hay carencias placenteras y satisfacciones dolorosas). Por otra parte, la actividad mediadora  se media a sí misma por múltiples actividades intercaladas en las que producción y consumo se combinan y complementan. Si en el animal la necesidad exige actividad inmediata predominantemente consumitiva, en el hombre se concreta por medio de innumerables producciones intermedias: representación, razón, cálculo, trabajo, acumulación, distribución, etc. Este reencuentro con la naturaleza no es meramente una sumersión pasiva como en el caso del animal, sino una producción y reproducción en la que el hombre se une separando, se satisface dominando, manteniendose indiferente y como por encima.

I- La necesidad y su objeto.

§4- en una primera aproximación, se pueden distinguir en el hombre las necesidades bio-físicas de las contextuales o referenciales.

En las primeras, el objeto es lo inmediato como cosa opuesta al sujeto (objeto alimentario, objeto protector, objeto sexual, etc.). en las segundas se ha producido un objeto vicario, mediador que complementa y hasta puede llegar a desplazar al primero. En ese caso el objeto de necesidad es un complejo de señales que rodean y acompañan en su origen al objeto primario (objeto estético, objeto amoroso, objeto intelectual, etc.).

§5- Solamente en situación de extrema necesidad se puede hablar de necesidades bio-físicas en estado puro; por lo común, en el hombre, un elemento referencial se acopla a toda relación con la naturaleza.  A su vez, sólo en el extremo de la demencia o el delirio, el objeto vicario puede llegar a excluir por completo toda vinculación con lo inmediato.

La necesidad bio-física en el animal tiene una cierta estática: se agota temporariamente hasta reiniciar el ciclo del deseo-actividad-satisfacción, en el mismo punto de donde había partido. Pero como en el hombre no se da en estado puro, el recomienzo incluye siempre un cierto desplazamiento: la necesidad se realimenta por la satisfacción exigiendo algo nuevo en cada momento; se puede dar el hastío ante el objeto necesitado, la búsqueda de la variante, de la novedad del estímulo [2] . Esta necesidad de variación sobre la base de una fijeza inicial, abre la necesidad biofísica hacia la dimensión lúdica, hacia la creatividad y las producciones de la cultura.

II- Necesidades animales.

§6- El modo humano de actividad se caracteriza por intercalar fines  sustitutivos, pero ya esta posibilidad se da en el animal, de modo tenue y condicionado. El afecto en los mamíferos superiores y ciertas señales visuales y sonoras en las aves nos proporcionan un buen ejemplo de lo que parece ser un fin sustitutivo intercalado como intermedio en relación con el alimento y el sexo. En estos casos, la necesidad biológica se manifiesta precedida, acompañada o continuada por un conjunto de señales que constituyen una necesidad para-biológica. También el juego animal en ciertos mamíferos o el juego sonoro en las aves, parece un fin sustitutivo intercalado, en cuanto que precede o acompaña a las funciones vitales. Estas actividades afectivas, indicativas o lúdicas, parecen conformar un sistema de señales y respuestas que rodean a la satisfacción inmediata o biofísica y adquieren una cierta independencia en cuanto que proporcionan satisfacción en sí mismas. El perro busca las caricias del amo por sí mismas, corre, salta y juega por propio gusto. Sabemos, además, que en ciertos casos el juego de señales y respuestas se vuelve indispensable para la función vital: el mono no se alimenta y puede llegar a morir si no encuentra el contexto de seguridad y afecto maternal necesario en la primera etapa de su vida [3] ; ciertas aves no realizan el acto procreativo si no se verifica un complejo ritual en un medio apto. En estos casos el contexto de señales y respuestas resulta ser un medio indispensable para satisfacer la necesidad, es decir que se ha vuelto también necesidad (necesidad contextual o referencial).

§7- Podemos hablar, entonces, de necesidad vicaria o simbólica (generalmente postergable, pero en ciertos casos también impostergable), de fin sustitutivo o de necesidad para-biológica.

Afecto y juego, juego de señales y juego de respuestas, con su correspondiente correlato interior de aprendizaje y emociones, constituyen así formas de mediación entre el sujeto viviente y la naturaleza.

En resumen, la vida del animal superior ya insinúa dos tipos de necesidades:

1- Necesidad productiva (en sentido lato) y reproductiva (en sentido estricto) que incluye las necesidades biológicas del individuo y de la especie;

2- Necesidad lúdica, contextual o referencial (reproductiva en sentido amplio en cuanto expansión de las posibilidades de vida) que incluye señales de afecto, señales informativas, respuestas lúdicas, respuestas de tanteo con su correspondiente correlato de aprendizaje y emociones.

§8- "El animal trabaja cuando el motor de su actividad es el deseo de procurarse algo que le falta; el animal juega cuando ese motor es simplemente la riqueza, la abundancia de fuerzas; cuando la vida, suplerfluamente henchida se aguija a sí misma a la actividad" [4] .

A un contexto de señales aptas para la vida le corresponde un conjunto de respuestas que expansionan y agrandan sus posibilidades. En el hombre este contexto será fundamentalmente humano (social) y las respuestas romperán el círculo repetitivo para volverse creatividad.

III- Necesidades humanas.

§9- El animal no produce o reproduce como el hombre oponiéndose totalmente a la naturaleza. Produce y reproduce su vida inmerso en ella y desde ella. Produce sus alimentos (caza, búsqueda olfativa) de modo biológico; prepara la reproducción (fabricación del nido, madriguera, ritos de seducción) también de modo biológico, como continuando exteriormente las funciones vitales; recibe señales y responde emocional y corporalmente, maximizando sus posibilidades en base a mecanismos determinados instintivamente. La dialéctica entre la mediato y lo inmediato se agota en sí misma como un círculo cerrado. El animal juega siempre del mismo modo y hasta una determinada edad; tiene siempre las mismas expresiones afectivas y su aprendizaje no pasa de un cierto límite. En el hombre no hay un círculo cerrado entre lo mediato e inmediato, lo que implica un constante crecimiento hacia formas nuevas y la ruptura de los condicionamientos de la naturaleza.

§10- El hombre tiene en sí todos los elementos de la vida animal, pero con características enteramente diferenciadas. Lo que en aquél es continuidad, relación armónica con el medio, en él se vuelve contradicción y oposición [5] .

También en el hombre la producción y reproducción de la vida se vincula con formas de actividad vicaria que comienzan a darse en la infancia. En las primeras experiencias, el contexto óptimo se manifiesta por signos y señales, entre las que cobran particular importancia aquéllos que revelan la presencia materna como contorno (contactos afectivos por la piel, el sonido y los gestos); y a los que responden señales  y conductas de tanteo como movimientos adaptativos aleatorios (experiencias lúdicas, primeras formas de aprendizaje por ensayo y error, primeras experiencias de juego). Los estudios de psicología infantil nos muestran la importancia del clima afectivo para el normal desarrollo de la vida vegetativa (nutrición, crecimiento, etc.) y del juego como señal que se corresponde con ese clima y como primer elemento de aprendizaje. De entrada, en el hombre se vuelve fundamental la relación contextual, lo mediato tiende a ser condición esencial para lo inmediato, y esto mediato es principalmente relación humana, vínculo social. De hecho afecto y juego pueden entenderse como conceptos límite que engloban realidades mayores: por un lado, todos los estímulos del medio ambiente que rodean al objeto de necesidad; por el otro, todas las respuestas aleatorias que no se dirigen directamente a ese objeto. Generalizando aún más, afecto y juego simbolizan y condensan un nuevo tipo de relación entre sujeto y objeto, relación contextual o referencial en la que pasa a ser objeto el medio o contexto, no la cosa inmediata, y el sujeto responde por movimientos vacíos, de rodeo, no fijados a esa cosa.

§11- Ahora ya, la relación con el medio no es simplemente un proceso de desgaste y realimentación, de estímulo y respuesta fija, puesto que la energía vital no se descarga inmediatamente frente a su objeto, sino que puede concentrarse en nuevos niveles de tensión, por lo que se le abren nuevas posibilidades inalcanzables si las respuestas estuvieran totalmente esteriotipadas por el estímulo.

Ahora existe la capacidad de recombinar indefinidamente los elementos que se reciben desde afuera: la dialéctica de la repetición se transforma en dialéctica del cambio, se produce la contradicción entre lo recibido y lo necesitado, entre la satisfacción y la nueva necesidad engendrada.

El objeto de satisfacción biológica rodeado de su contexto biosocial no es nunca el mismo; los elementos que lo componen se incluyen en una combinatoria que varía constantemente: el objeto primero, deja de existir para volverse el nuevo resultado del juego creativo (el alimento primitivo pasará a ser alimento asado, cocido, condimentado, etc. por la combinación de alimento y fuego, agua, calor, especias, minerales, etc.). Esta combinación y recombinación sólo es posible cuando el vínculo con la naturaleza ha perdido su fijeza coactiva (extrema necesidad) y abre la vía de los movimientos libres, aleatorios que no se sujetan a la actitud inmediata, los movimientos del "por si acaso" que producen placer en su mismo ejercicio. El contexto biosocial que también entra en esta combinatoria, al salirse de la coacción natural (medio biofamiliar) se transformará en múltiples y variadas relaciones de parentesco, de amistad, de solidaridad social y de producción.  Por el contrario, la carencia de estas condiciones, ha de conducir a la inseguridad y a la frustración, fuente de irritabilidad y de agresión.

§12- en realidad, todo el contexto cósmico pasa a ser un sistema de señales que engendran respuestas. El medio natural como el medio social, adquieren carácter significativo y modulan alguna forma de clima afectivo.

Por eso se puede afirmar que en el sujeto humano, la afectividad es como una "información" general y obscura sobre el medio (sentimiento), mientras que la información sobre los objetos necesarios es como una "afectividad" restringida y localizada (conocimiento), constituyendo conocimiento y sentimiento un todo por el cual la naturaleza prodiga a la vida sus máximas posibilidades.

Se trata de un juego de objetos y señales que permiten el crecimiento. En este juego natural, las señales globales que impulsan a vivir suponen la mediación de personas (madre, pareja, etc.) mientras que el afecto restringido y particularizado supone simplemente la presencia de objetos que pueden distinguirse, conocerse y ser reconocidos.

De este modo descubrimos un todo contextual que se sobreagrega a las cosas de necesidad primaria y cuya ausencia produce inseguridad, frustración e irritabilidad.

IV- El desarrollo de las necesidades.

§13- Las necesidades se desarrollan en un proceso que se inicia en la infancia, pero en el individuo adulto y en la sociedad como totalidad, también se generan en un proceso semejante.

El esquema general de este desarrollo se funda en el hecho de que lo necesario es inseparable de lo superfluo y de que particularmente en el hombre lo innecesario se hace necesario y viceversa. Los objetos de consumo no tienen nunca para el hombre las propiedades que se derivan exclusivamente del instinto biológico. Mientras que el instinto tiene algo de fijo e impostergable (hambre, sed, frío, etc.), junto a él encontramos siempre, a no ser en caso de extrema necesidad, cierta superfluidad o sobreabundancia (prestigio, honor, belleza, condimento, gusto, afecto, etc.). A la inversa, en el hombre, lo más necesario, incluso lo biológico, puede volverse innecesario por propia decisión, hasta los extremos más rigurosos de la ascesis o de la muerte voluntaria. La necesidad humana es justamente esta dualidad de opuestos en que se juntan lo impostergable y lo superfluo, lo rígidamente determinado y lo que se sobreagrega libremente. Lo necesario humano es lo innecesario.

 §14- El proceso de desarrollo comienza en el individuo en la forma más simple del instinto de conservación: es necesidad de alimento, protección corporal y autodefensa. Pero esta necesidad prontamente  pasa a su opuesto, puesto que en el hombre las sustancias y materias necesarias suponen siempre y desde el primer momento, la presencia de otro hombre, madre, padre, grupo social responsable, sin lo cual la vida biológica se estanca y muere. La vida del individuo supone la de la especie y la especie supone los individuos, el instinto de conservación es instinto social y la necesidad social es necesidad de conservación. No hay desarrollo del hombre fuera de este contexto; el individuo humano autosuficiente es un supuesto indemostrable; en concreto, lo otro que se pone frente al hombre y que debe llenar su vaciedad es para él naturaleza y hombre, cosmos y sociedad por lo que todo deseo de la cosa es deseo del hombre y toda relación con el hombre supone la mediación de la cosa.

§15- La madre, el padre, la pareja, el grupo social como necesidad acompañan la vida biológica del  individuo en todas sus etapas. En el adulto, lo social como necesidad toma la forma de lo económico y de lo sexual. Es el otro necesario en la producción y reproducción de la vida.

Pero este lado nos muestra sólo el momento de la pulsión biológica y su contexto para-biológico. Su contraparte es lo superfluo sobreagregado como inseparable de lo imperioso. La necesidad vital individual y social viene siempre acompañada de la necesidad innecesaria. Es en su comienzo simple juego expresivo, movimiento indeterminado, ejercicio libre de las fuerzas y las facultades, goce de las capacidades aún vacías de sentido, placer de lo inútil.

Nada hay en lo humano, en las formas biológicas más simples que no contenga algo de juego, algo de superfluo y sobreagregado. La comida se complementa en el condimento, el abrigo en el adorno, el trabajo en el ejercico lúdico de la fuerza, la vida social en el entretenimiento y el juego amoroso. Lo natural imperioso tiene siempre un elemento libre sobreañadido, lo más fijo y coactivo tiene la movilidad de lo indeterminado.

§16- La necesidad como opuesto dialéctico de la actividad, tiene asi dos momentos que se oponen y complementan: el momento biológico y el lúdico, uno coactivo, el otro libre; uno relativamente fijo y el otro indeterminado que se unifican en síntesis constituyendo lo humano como necesario; a su vez y en cada momento, hay oposición y complementación entre lo individual y lo social.

De acuerdo a este esquema, los objetos de necesidad en su núcleo constitutivo consistirán en cosas en relación con personas y personas en relación con cosas; combinatoria de cosas y personas referidas a nuevas experiencias y experiencias nuevas resultantes de la combinación.

"Las necesidades y los medios como existencia real son como un ser para otros, con cuyas necesidades y trabajos se condiciona recíprocamente la satisfacción" [6] .

Este núcleo será el punto de partida de distinciones y concreciones infinitamente variadas, de donde resultarán todas las formas de la necesidad. La cosa necesitada se multiplicará en múltiples direcciones según la combinatoria de relaciones humanas y relaciones de cosas. La cosa será constantemente transformada por un impulso a variar las experiencias y una tendencia a multiplicar las relaciones humanas. El objeto biofísico se verá mediatizado por objetos vicarios (sociales, sensitivos, intelectuales, estéticos, religiosos, etc.) producidos en virtud del juego combinatorio de los sentidos y la imaginación. La necesidad humana habrá pasado de los objetos fijos que le impone la naturaleza a los objetos vicarios que se sustituyen e infinitizan en el proceso de la cultura.

§17- La naturaleza condiciona desde los polos nutritivo (conservatorio) y sexual (o biosocial) de modo indeterminado: exige materia reparativa y materia sexual; no determina su contenido, pero pone un marco general que envuelve la indeterminación. Sobre esta indeterminación fijada, la imaginación creativa modela su mundo de necesidad. Surgirá la experiencia estética, la actividad intelectual y la creación religiosa como necesidad; serán momentos diversos en el desarrollo del núcleo de variaciones lúdicas indeterminadas.

V- La creatividad como necesidad

§18- El impulso de juego como necesidad, como primer momento de lo necesario innecesario, pasa también a su opuesto en cuanto se concreta en la actividad creativa. Ya entonces no es mero juego espontáneo generador de gracia y placer en lo impostergable, sino ruptura de limites, estallido de los objetos de necesidad en infinitud de refracciones, donde cada mediación relativa se proyecta en una mediación absoluta. El Espíritu Subjetivo se reconoce a sí mismo en los simulacros del Espíritu Absoluto,  en el que se espejan la totalidad de las necesidades humanas. El impulso lúdico, como poder infinitizante ha abierto lo necesario innecesario hacia los horizontes últimos.                          

Lo múltiple del juego encuentra entonces su unidad en la prosecusión de un fin:

1- Agregando belleza a la tarea productiva y reproductiva de la vida;

2- Agregando información y conocimiento sobre el medio vital.

Surgen así, en el nivel del Espíritu Absoluto las formas del arte, del saber científico y filosófico, del pensar mítico-religioso y de sus múltiples variantes y derivaciones según los pueblos, culturas y etapas históricas.

§19- en primer lugar, la experiencia estética y su modo de creatividad puede ser considerada como primera concreción ordenadora del impulso lúdico. Esta relación fue analizada brillantemente por F. Schiller quien inspirado en Kant, escribía:

"El impulso sensible quiere que haya variación, que el tiempo tenga un contenido; el impulso formal quiere que suspenda el tiempo su curso, que no haya variación alguna. Aquel otro impulso, en donde los dos actúan unidos, el impulso del juego... se dirige a suspender el tiempo en el tiempo, a juntar el devenir con el ser absoluto y la variación con la identidad " [7] .

En realidad, si quizás separaba demasiado como opuestos fijos el impulso sensible del formal y no distinguía el mero juego aleatorio y despreocupado, del momento creativo [8] , acertaba profundamente al poner el impulso lúdico en el centro generador de la actividad humana.

Por otro lado, ya Kant había preparado este camino en su "Crítica del juicio" donde..."la dimensión estética y el correspondiente sentimiento de placer aparecen no solo como una tercera dimensión y facultad de la mente, sino como su centro, como el medio a través del cual la naturaleza llega a ser susceptible a la libertad, la necesidad a la autonomía " [9]   .

§20- Si la experiencia estética, por un lado, tiene relación con el impulso lúdico, por el otro, como todas las formas de la creatividad, tiene su raíz natural en un contexto sensible apto para la vida. El individuo experimenta como bello lo que aumenta y favorece las posibilidades de la existencia. En el niño lo bello se vincula a la protección materna, origen de todo bien, mientras que en el adulto establece el lazo entre el amor y la procreación. Lo hermoso hace vivir bien y con seguridad y por otra parte, atrae como lo amable, por lo que resulta que la experiencia estética vincula al individuo con la especie al proponerle objetos que lo protegen maternalmente o lo estimulan a la creación y procreación. La pareja elegida no sólo debe brindar goce afectivo, sino también debe mediarlo en un conjunto complejo de señales visuales, auditivas, olfativas y tactiles que constituyen el fundamento de lo hermoso con su consecuente capacidad atractiva [10] . Incluso ciertos gestos y movimientos más o menos ritualizados (gestos y ritos que en algunos animales han adquirido un desarrollo altamente especializado) y que conducen al desencadenamiento de la actividad sexual, pueden colocarse en el umbral mismo en que se produce el pasaje de lo biofísico a lo estético [11] .

Pero lo estético como contacto natural reproductivo, se vierte en toda actividad productiva, en todo hacer y obrar humano: en la tarea técnica, en el hacer cotidiano, en el obrar con el propio cuerpo y con el habla, el hombre tiende a poner el sello estético uniendo la necesidad conservativa que busca controlar y dominar, al orden de la belleza que asegura, gratifica y confiere placer, reinsertando la obra humana en el todo natural de la vida.

La necesidad estética muestra así su relación con las esferas que la precedieron: con el juego como impulso creativo, con el amor como energía de la vida.

§21- Pero la creatividad humana no sólo unifica y armoniza los objetos de su hacer (origen de las artes plásticas vinculadas al trabajo) y confiere ritmo y unidad a las expresiones corporales y al habla (origen de la danza, la poesía, el teatro y la música); sino que siente también la exigencia de comprender el mundo ordenando y clasificando, por medio del habla, la multiplicidad que la rodea: así surgen las formulaciones mítico-religiosas, los dichos y refranes populares, las ideas filosóficas, las explicaciones científicas, etc.

La creatividad del pensar como antipolo del hacer, tiene en el fondo las mismas raíces naturales que éste: ella encuentra también su antecedente en la actividad lúdica como impulso que difracta las necesidades en un universo de imágenes al que confiere forma y unidad.

En su forma más simple, la actividad ordenadora, como aprendizaje, es la resultante de un juego de movimientos y experiencias arbitrarias y errantes que encuentran su unidad en la consecución de un fin. El animal aprende a reconocer su medio por la actividad exploratoria. El niño aprende jugando con las manos, la vista y el tacto, manipulando la realidad circundante, gozando de sus resultados al modo de un artista.

§22- Más adelante, la "fantasía significadora" [12]  concretará un nuevo paso, permaneciendo aún muy cerca de las raíces lúdicas y las manifestaciones estéticas. La  imagen y el símbolo lingüístico serán el vínculo sensible del concepto.

Este, como resultante del aprendizaje y la capacidad significadora, será anticipación de nuevas posibles actividades, y el juego de conceptos, su combinatoria como cálculo, razonamiento y reflexión, logrará la solución de problemas en el plano mental sin recurrir en cada caso al ensayo concreto [13] . De este modo razón y juego se determinan mutuamente. La combinatoria espontánea, la exploración y el manipuleo de las cosas es reemplazada por la variación de imágenes y significaciones o la relación entre conceptos, y conduce a resultados inesperados que la razón aprovecha y ordena.

Detrás de la actividad intelectual como figura, está el fondo del juego y la emoción estética que constituyen el nexo con las raíces vitales del conocimiento.

Pero por encima de esta esfera, sobrevuela la tendencia unificadora que aspira a configurar un marco de orientaciones generales con respecto a los horizontes últimos de la existencia: el juego mental de símbolos y conceptos, la combinatoria de imágenes y palabras, necesita crear una cosmovisión coherente por medio de concepciones mítico-religiosas o de ideas filosóficas.

De modo que en el pensar se puede descubrir el impulso lúdico en la libertad que supone la ruptura con la urgencia restringida a la utilidad inmediata, como también en la combinatoria del habla que conduce a clasificaciones, seriaciones, etc.

Finalmente, en el hacer productivo se introduce el impulso lúdico cada vez que se rompe con lo rutinario y aparece lo nuevo en las técnicas, en el arte y la poesía.

En definitiva, las formas de la creatividad desembocan en la humanización del mundo circundante. El juego del hacer se manifiesta como modificaciones del medio que lo vuelven más apto para la vida; el juego del pensar en el habla, se revela como acumulación de posibilidades transformativas de orden técnico y la formación de ideas reguladoras en el plano de los horizontes últimos.

VI- Lo humano como necesidad

§23- Toda creatividad intenta superar de algún modo la antinomia entre unidad y multiplicidad. Esta superación puede intentarse en el plano estético, religioso o filosófico, uniendo lo sensible por la forma, lo afectivo por la fe o lo cognoscitivo por la idea.

En este proceso el hombre tiende a "suspender el tiempo en el tiempo, a juntar el devenir con el ser absoluto y la variación con la identidad " [14] . Pero hay una multiplicidad que no queda ordenada con esta creatividad, aquella en que el hombre aparece dividido como ser social. Arte, religión y filosofía realizan en ese sentido una conciliación ideal, pero que no es la superación real exigida como necesidad de fondo en cada individuo.

Por eso, toda creatividad tiene una referencia social, exige que la unidad expresada en la forma, la fe o la razón se concrete en unidad social y que esa unidad sea verdadera armonía respetando la multiplicidad, tal como el arte, la religión y la filosofía lo entienden para sus propios campos. La creatividad resulta así búsqueda de reconocimiento en sentido pleno y solo se realiza cuando la multiplicidad de individuos comparte la infinita variedad de cualidades y capacidades en una totalidad. Todas las formas de creatividad, repercuten así en la creatividad que organiza el orden social, es decir, en la creatividad política.

La ausencia de reconocimiento, el orden social dividido en multiplicidades enfrentadas, falsea, en cambio, las necesidades humanas y en consecuencia también las formas de la creatividad [15] .

§24- Todas las necesidades del hombre se encuadran entre los polos de la coacción natural, por un lado, y la libertad lúdica por el otro. La condición humana ha alcanzado su plenitud cuando entre estos polos hay un cierto equilibrio y complementación; decimos, en cambio, que un hombre está sumergido en la animalidad o que está evadido en la ilusión cuando uno de ellos ha tomado la exclusividad o la preminencia. Se puede hablar, entonces, de necesidades animales, necesidades humanas y necesidades artificiales o enfermizas.

En toda satisfacción física, cuando es humana, hay algo de estético y afectivo, hay elementos emocionales, intelectuales, míticos y de orden social. El acto de comer (en plenitud) implica también goce estético (sabor, olor, colores, forma), relación afectiva (familiar, amistosa, etc.), elementos intelectuales que ubican el comer en un marco teórico general (creencias, mitos, opiniones comunes, dichos y proverbios), aplicaciones del intelecto práctico en el uso y combinación de utensillos, sustancias y condimentos, implicaciones de orden social en los intercambios de la conversación.

Por otro lado, la actividad espiritual más pura, supone una raíz biológica cercana o remota en cuanto que la creatividad del pensamiento se vincula a las necesidades de la subsistencia, las condiciones del trabajo y sus elaboraciones, las situaciones existenciales límite (vida, muerte, angustia...); aunque alcance los niveles más altos (si es realmente humana y no simple delirio enfermizo) encuentra su sentido y unidad en la realización plena de la vida.

§25- El hombre es plenamente humano cuando logra integrar en unidad todos los niveles de su constitución antropológica (aunque en cada caso pueda haber un nivel particular y específico que marque la dominancia).

En este sentido no hay valores superiores e inferiores sino integración o desintegración de los componentes de la creatividad.  Lo biológico aislado del sentimiento, el sentimiento sin inteligencia o la inteligencia separada de aquél o sin relación con el mundo físico y social constituyen distintos extremos de lo que comunmente se llama alienación. De ahí también la necesidad de integrar trabajo y juego.

§26- La necesidad lúdica como polo opuesto a lo biológico y raíz originante de la creatividad, aparentemente sólo tiene importancia durante el período de la infancia; lograría su plena satisfacción en la vida productiva del adulto. Esta concepción sólo entiende el juego como distracción, diversión o descanso, o como "iocus", lo jocoso opuesto a lo serio. Pero la diversión sólo es un aspecto del juego, su momento pasivo que se complementa con la aplicación creativa. Como recreación, el juego es distracción de las fuerzas psíquicas de sus objetivos inmediatos para reparar las energías perdidas. La diversión, en este sentido, olvida el objetivo inmediato y se concentra en lo inútil.

En su forma más simple y biológica es el descanso del sueño [16] , donde la recreación es un juego en el que se componen y combinan los elementos imaginativos que han quedado como residuos de la vigilia. Se descansa porque el aparato psíquico inhibe las funciones que han puesto en tensión nervios y músculos, para concentrarse en una actividad distinta, en otros centros vitales que exigen menor desgaste. Pero esta distracción o diversión del sueño o de la vigilia, esta actividad recreativa y reparadora que exige menor tensión, no está totalmente desligada de los fines serios de la vida.

En realidad es una ampliación de sus  posibilidades, en cuanto que el momento del distanciamiento, evita la fijeza abstracta del objetivo; de algún modo lo universaliza, permitiendo descubrir nuevas relaciones y posibilidades. Por eso el juego de la creatividad pasiva del sueño, la distracción y el descanso debe continuarse en la creatividad activa en que se componen en diversa medida la fijeza del fin productivo con la variedad universalizada de sus posibilidades múltiples. En este sentido el juego no es exclusivo de la infancia, sino que se continúa en la vida madura cuando se vuelve más activo y logra identificarse con su opuesto, el trabajo productivo.

§27- De todo lo dicho, se sigue que el trabajo será una actividad plenamente humana cuando tenga incorporados elementos lúdicos, sea como creatividad estética, mítico religiosa o intelectual. Lo mismo se puede decir de la actividad política, entendida como aquella que plasma el orden social. Al perder su polo lúdico y desligarse unas de otras las formas de la creatividad, la tarea a realizar se torna inhumana. Entonces lo estético puede transformarse en “snobismo” o esteticismo, la actividad teórica en intelectualismo o fanatismo ideológico, la vida afectiva en particularismo, la dimensión religiosa en fundamentalismo y la actividad política en politiquería o activismo.

Pero, en concreto, todas estas actividades solo alcanzan la dimensión creativa cuando han tenido origen y tienen como fin la dimensión del amor. Así como en el niño la creatividad lúdica manifiesta y simboliza el amor materno, así también en el adulto toda creatividad auténtica viabiliza o sintetiza alguna forma del amor [17] . por eso se puede decir que el amor es, en realidad, la necesidad humana fundamental (en su doble faceta: necesidad de dar y necesidad de recibir [18] .

VII- La agresividad como necesidad.

§28- La autodefensa es una necesidad vital componente de la pulsión de autoconservación. En consecuencia, no hay vida posible sin cierta dosis de agresividad: sin ella el hombre sucumbiría ante el medio hostil humano o natural. Pero además, la agresividad puede tener una función saludable de autoafirmación compensatoria como respuesta a la frustración. La carencia insatisfecha, el obstáculo interpuesto en el camino de la respuesta, crean la frustración que despertará normalmente el estado de irritabilidad correspondiente. En caso contrario, diremos que la vida ya no tiene capacidad de reacción.

§29- Incluso se podría mencionar como función de la naturaleza la que llamaríamos agresividad del "por si acaso". El viviente no sólo es capaz de superar la carencia o la agresión externa poniendo en juego una agresividad defensiva, sino que posee también una tendencia innata al uso lúdico de sus fuerzas y capacidades punitivas, en el ejercicio libre de sus posibilidades de ataque y defensa, sin que necesariamente haya que suponer una frustración originante. Por encima de la irritabilidad conque el individuo se defiende de la frustración, existe una agresividad que la especie le impone prescindiendo de sus necesidades actuales y particulares.

Es el juego de la naturaleza que despliega su sobreabundancia [19] . por ensayos y tanteos en el ejercicio de ataque y defensa, en torneos de fuerza y en los juegos competitivos, el animal desarrolla las capacidades de su especie (defensa del territorio, jerarquía de poder entre las aves, acaparamiento de hembras por el más fuerte, etc.) [20] .

Todas estas formas de agresividad surgen como manifestaciones de los condicionamientos biofísicos de la condición humana. Sin embargo, no deben confundirse con la violencia indiscriminada y vengativa o el ejercicio del poder sobredimencionado y antinatural que en el hombre adquiere un carácter patológico. Esta patología, a semejanza de la patologia del sexo, implica un crecimiento desmesurado, desbordado o conceroso del núcleo de pulsiones biofísicas no mediadas por el marco referencial de componentes simbólicos, lúdicos y afectivos. En otras palabras, cuando las pulsiones primarias quedan fijadas en el plano biofísico y no trascienden hacia formas más elevadas, se producen los desastres que avergüenzan la historia de la cultura [21] .

VIII- La sociedad y las necesidades.

§30- Toda necesidad humana hace referencia a su contexto social. El objeto de necesidad en cuanto mediado por señales afectivas y cognitivas supone siempre la mediación del orden social. Detrás de la información o del afecto está la sociedad familiar, detrás de la cual se presupone la presencia de la vida económica y política que la posibilita y condiciona. Las necesidades del individuo terminan siempre en el otro como suprema necesidad.

Esto significa que, en realidad, el otro es el último mediador en cuanto posibilita y fundamenta todas las mediaciones por las cuales  la necesidad inmediata se separa de la coacción de la naturaleza.

Sin este otro familiar,  social o político, el individuo hombre no llega a ser humano. Por eso, el sistema de necesidades no es solo una estructura surgida como afloración del organismo individual, sino también una red de relaciones que se sobreimponen a ese organismo desde el sistema social.

Esta sobreimposición, supone la existencia de una materia prima biológica que puede ser plasmada de diversos modos, pero con ciertos límites inviolables. En concreto, todas las necesidades humanas dependen para su satisfacción del medio social (familiar, político, económico, cultural, etc.) y por eso, se puede decir que en el hombre todas las necesidades son necesidades sociales.

§31- Habíamos sintetizado el esquema general de las necesidades humanas en la polaridad entre coacción biofísica y libertad lúdica. Lo social como necesidad, concreta esta polaridad en su contexto adecuado. El individuo se identifica en ese sentido con su especie a través de la mediación  parental y de la pareja, es decir, a través del amor. La necesidad de amor viene a resumir, entonces, todas las necesidades.

IX- Correlación de necesidades.

§32- La dialéctica de las necesidades supone correlación de las mismas tanto en el individuo como en la sociedad. En cada sujeto se correlacionan lo inmediato y lo mediato, lo individual y lo social; en la sociedad se correlacionan las necesidades de cada individuo con las del otro. Esto significa que las necesidades se necesitan unas a otras, las inmediatas a las mediatas, las de un individuo a las de otro; la aparición de una necesidad implica el surgimiento de otra, la que aparece en un sujeto lleva correlativamente a su manifestación en otros.

§33- en efecto, la existencia en el hombre de necesidades contextuales, conduce necesariamente a la producción de correlaciones dialécticas entre los individuos. Las necesidades contextuales posibilitan, facilitan o permiten la realización óptima de las necesidades primarias de cada uno, pero a la vez se engendran mutuamente en pasos sucesivos, desde lo biológico hasta las formas más plenas de la creatividad.

§34- Así, entre las necesidades contextuales de un individuo, hay que incluir también las necesidades primarias de por lo menos algunos individuos de su entorno. La seguridad propia, depende de la integridad física y de la conservación de la vida de algunos sujetos más o menos próximos (padres, parientes, amigos, etc.).

Esto ya se verifica entre los animales y no sólo en relación a los progenitores: algunos animales sienten pavor ante la muerte y el sufrimiento de otros miembros de su propia especie [22] . Se identifican de algún modo con el otro, al menos en cuanto que instintivamente presienten el mal ajeno como una amenaza para la vida propia. Esa necesidad de la vida ajena como necesidad propia, se desarrolla más en el hombre.

Rousseau ya había señalado el hecho de la solidaridad espontánea con el sufrimiento ajeno entre la gente más sencilla del pueblo [23] . Este sufrimiento ajeno figura siempre, de algún modo, una amenaza para el propio bienestar, por lo cual las necesidades primarias ajenas repercuten en cada uno como necesidades contextuales propias. En codiciones normales, la compasión por el mal ajeno es, entonces, una exigencia biológica que puede y debe ser asumida por los niveles complementarios de la creatividad social, y su ausencia sólo es explicable en virtud de una estructuración inhumana que como sujeto colectivo, sobreimpone a cada individuo las normas rígidas que impiden su espontaneidad.

§35- en consecuencia, se puede afirmar que una cierta igualdad social, por lo menos en relación a los bienes primarios y en el medio próximo inmediato, resulta ser una necesidad contextual en cada individuo.

Pero esta correlación próxima, también se extiende a otros niveles. Si falta el contexto de seguridad en el próximo, también falta a uno mismo; si para él no se da el contexto estimulante, tampoco se da para uno. Es decir que la propia realización, exige naturalmente la realización humana de los que están cerca, no sólo en los bienes inmediatos, sino también en el plano de las mediaciones lúdicas, estéticas o intelectuales.

Por otro lado, la mayor satisfacción de necesidades contextuales, forzosamente lleva a un aumento de la comunicación y el intercambio. Vitalmente, el individuo humano tiende a expandirse en su contorno (espacial y temporalmente, en el orden estético, en el orden intelectual, etc.) y en esta expansión necesariamente ha de encontrarse con el otro; de modo que con el progreso técnico, el próximo es cada vez más el que era lejano, por lo cual, a la larga, se produce una polarización creciente entre el satisfecho y el carente. Puesto que tal está satisfecho, tal otro está necesitado y no en relación a un patrón absoluto de necesidades, sino en virtud de la misma correlación. En uno hay sobreabundancia relativa y en el otro carencia relativa [24] .

Por lo que llevamos dicho, el bien ajeno es también mi propio bien, en virtud de una tendencia comunicativa que surge espontáneamente del mismo instinto y que la creatividad cultural puede fijar y profundizar. Naturalmente existe en el hombre una tendencia a desear el bien para el otro como propio bien. Sin embargo, también el instinto fundamenta tendencias opuestas y negativas con la misma intensidad. Como hemos visto, hay un impulso de sobreabundancia en la naturaleza que lleva al individuo a sobresalir, distinguirse, separarse por encima de los demás. Tendencia natural que puede volverse sobredimensionada y patológica. Así, en el mismo medio más cercano, en el ambiente familiar, luchan entre sí las dos tendencias naturales que cristalizan en la ambigüedad de los sentimientos de amor y odio, benevolencia y rivalidad, celos, envidia, cariño mutuo y amistad.

X- La falsificación de necesidades.

§36- El hombre ha sido el mismo ser de necesidad en todos los tiempos aunque en cada caso de distinto modo. Las necesidades del hombre han supuesto siempre el mismo esquema:

1- Impulsos biológicos que exigen satisfacción,

2- Mediaciones contextuales que amplian las posibilidades exitosas de la vida y adquieren independencia al ponerse al servicio de la creatividad.

A través de la historia este esquema fue llenado de distintas maneras, de acuerdo al nivel de desarrollo de las mediaciones contextuales.

Surgieron así distintos proyectos históricos (o esquemas utópicos) en forma de creencias, mitos, concepciones morales, ideales de perfección que guiaron la forma concreta en que se verificaba la satisfacción de necesidades.

En algunos casos, se reprimían o restringían algunas y se exageraban otras según esos proyectos; además se establecían los criterios de necesidad para cada grupo social, según patrones más o menos estáticos o inconmovibles.

Hoy la humanidad ha llegado a un nivel en que se han roto ciertos esquemas ideales y se plantea un proyecto histórico dinámico con sentido universal: las necesidades del hombre ya no tienen límite fijo, ni se pueden compartimentar según los grupos sociales. Sin embargo, esto no impide hablar de falsas necesidades o de necesidades artificiales, sin caer precisamente en una concepción estática de la naturaleza humana. Una necesidad será artificial,  no por su oposición a determinados componentes esenciales, sino por ser obstáculo en el desarrollo de las posibilidades humanas concebidas, al menos, de un modo general e indeterminado.

§37- El hombre es un ser en movimiento hacia un fin ideal, y podemos considerar como contravalor todo lo que impide ese movimiento.

La sistematización de las necesidades y el esquema de sus correlaciones, corresponde a un proyecto delineado apenas con rasgos generales, pero que intenta expresar lo que se tiene en mente cuando se valoran los comportamientos como humanos o inhumanos.

En este sentido, las necesidades artificiales son aquellas que se oponen a las necesidades humanas, entendidas como necesidad de crecimiento en la dirección del desarrollo armónico de las capacidades físicas, mentales y creativas en cada individuo y en todos los individuos de la sociedad.

§38- Una necesidad artificial es, entonces, una falsa necesidad y esta falsificación se produce por dos vías que en realidad convergen en una sola:

1- Todo desarrollo unilateral es una falsificación, pues implica la negación del desarrollo de otras necesidades. Así pueden oponerse las capacidades físicas a las mentales y creativas y viceversa.

2- El crecimiento de unos individuos a costa de las posibilidades de otros, implica también falsificación en cuanto desarrollo unilateral. La falsificación del sistema de necesidades en el individuo puede ser consecuencia de la falsificación de necesidades en el sistema social y éste, a su vez, la resultante de la existencia de individuos que han falsificado sus necesidades.

Todas las necesidades artificiales pueden comprenderse bajo las relaciones de dominación [25] , sea que se las considere como estructura social o como estructura de falsas necesidades en los individuos dominadores o dominados. Así la búsqueda desmesurada o enfermiza de poder artificializa todas las necesidades: los bienes físicos se transforman en dinero o fuerza, la necesidad estética en símbolos de prestigio, la inquietud intelectual en poder cultural y las formas de la creatividad en manifestaciones de superioridad jerárquica. Por otro lado, estas deformaciones en la cúpula favorecen múltiples necesidades artificiales en el resto de la sociedad: los fetiches del consumo, los engaños de la ideología, el facilismo en las responsabilidades, el gusto por la grosería, el halago de los instintos, etc.

De allí se sigue que es exacta la afirmación de que el fondo de la alienación humana está en la pérdida del doble polo del amor y del juego. Aún la actividad política, para ser creativa,  debe moverse por el amor y mantener algo de juego (quizás el juego del humor, la tolerancia, el intercambio de puntos de vista, la flexibilidad, etc.) para ser verdaderamente creativa.

XI-Tiempo, vida y comunidad como necesidades.

§39- Una reflexión profundizada sobre las necesidades debe terminar por plantearse el problema del tiempo. Las necesidades como el hombre están en el tiempo y son consecuencia de la temporalidad. En realidad, se pueden reducir a ella en la medida en que son la temporalidad en cuanto carencia. El tiempo es justamente una carencia primera y fundamental. Porque está en el tiempo,  el hombre sufre hambre, frío, angustia o soledad; a causa del tiempo toda satisfacción termina, el destino conduce a la muerte y la separación. La lucha humana por satisfacer sus necesidades es entonces una lucha por aprisionar el tiempo. Las necesidades se multiplican, se complican y dividen como intentos para lograrlo. Pero de un modo contradictorio: por un lado se intenta retener o por lo menos repetir cada satisfacción suprimiendo el tiempo; por el otro esta fijación, esta repetición se vuelve insoportable en cuanto monotonía, inmovilidad. En la misma lucha contra el tiempo, el tiempo triunfa desde dentro: ni bien es aprisionado parcialmente, aprisiona a su aprisionador y lo pone en movimiento hacia lo nuevo, lo distinto, lo variado.

§40- Acorralado por el tiempo, el hombre se percibe como un infinito siempre frustrado, ya que cada nueva realización ha significado la renuncia a infinitas realizaciones posibles, y a la vez, se siente como una limitación que se rompe hacia el infinito, puesto que toda realización se abre hacia un universo ilimitado de nuevas posibilidades.

§41- Es también la lucha con el tiempo la que trasluce detrás de todas las luchas sociales. Poseer tiempo, es de algún modo superar la muerte y la soledad: la división del trabajo social es también, entonces, una división del tiempo y una distribución de las posibilidades de la vida en comunidad. Unos disfrutan del tiempo que otros no tienen, para realizar allí sus ansias de intemporalidad.

§42- Pero sólo en la creatividad es posible hacer las paces con el tiempo, creatividad que significa ordenamiento de la multiplicidad en unidad, en cada individuo y en la sociedad, realización de lo humano en el hombre y realización de la humanidad.

B- Enfoque Metafísico.

§43-  El análisis naturalista, en la medida en que se totaliza desde la perspectiva dialéctica, abre el pensamiento a ciertos planteos que se acercan a un enfoque que podríamos llamar metafísico. Si más allá de la necesidad biofísica de carácter impostergable, se descubre en el plano de la observación natural otro tipo de necesidades cuyo objetivo inmediato no es la reparación, protección o mantenimiento de la estructura bioquímica del organismo, ni su reproducción en nuevos individuos, entonces parece que debemos admitir que estas necesidades pertenecen a otro nivel que hemos llamado, en primera aproximación, nivel contextual, sustitutivo, vicario, simbólico, etc.

Este nivel, donde se ubican las necesidades de afecto, aprendizaje y juego surge de la simple observación natural y por eso puede ser interpretado, en un primer momento, como simple complemento, refuerzo, clima idóneo y de seguridad para las posibilidades de la vida. Se trataría de funciones complementarias que surgen por asociación con las experiencias de satisfacción física. Así, por ejemplo, se puede interpretar que el perro asocia las caricias del amo como posibilidad de alimento; salta y juega como respuesta gozosa ante esta posibilidad.

Pero si se profundiza un poco, esta explicación resulta insatisfactoria, por lo menos en su aplicación a la conducta humana. Si el afecto-juego y todos sus derivados culturales (el deseo de reconocimiento, la creatividad en todas sus formas) no son más que complementos, entonces ¿cómo explicar que en el hombre estos complementos lleguen a ocupar el primer lugar en sus aspiraciones, incluso hasta desplazar, en algunos casos, a las mismas necesidades biofísicas que pueden ser postergadas, rechazadas, sacrificadas?

Aquí entra a jugar, entonces, un nuevo punto de vista. Podríamos colocarnos en los principios de una metafísica de la no dualidad para la cual el Ser, la existencia, la realidad, es en el fondo la resultante de la unión de contrarios, la conjunctio oppositorum del hermetismo, donde los opuestos no se anulan ni entran a formar una síntesis, sino que, manteniendo su identidad se complementan en correspondencia y armonía. Entonces se podría entender que el par simbólico amor-juego puede señalar a la vez hacia dos direcciones: por un lado, podría representar o simbolizar el nivel biofísico, pero, por el otro, representaría una tendencia hacia la infinitización, hacia lo sin límites, hacia lo absoluto.

I- Las necesidades humanas.

§44- es posible profundizar la noción de necesidad desde esta nueva perspectiva, más allá del enfoque naturalista. Las necesidades humanas unen en sí las pulsiones biofísicas y la tendencia metafísica. La necesidad no es, entonces, sólo la carencia que enfrenta al hombre con la naturaleza sino que se resuelve en sentido cósmico como ansia de integración entre individuo, sociedad y cosmos en una dimensión trascendente [26] .

El hecho de que en el hombre, desde el comienzo se vuelva fundamental la relación contextual (amor-juego) que lo mediato adquiera carácter esencial, sólo puede comprenderse plenamente si se introducen ciertos supuestos de orden metafísico. ¿Por qué habría de ser tan importante el estímulo afectivo como para que el niño deje de desarrollarse normalmente si no lo tiene? ¿por qué habría de ser tan importante la libertad o creatividad lúdica, para que el hombre encerrado entre barrotes no se encuentre satisfecho aún gozando del más pleno bienestar físico? La necesidad de amor y la de libertad creativa no quedan explicadas totalmente desde el orden biofísico. Este sólo exigiría la reposición de materia nutritiva y la protección física del organismo. Pero el hombre necesita algo más (e incluso el animal superior). Si este algo sólo fuera un reaseguro de imágenes y señales o un simple juego azaroso de posibilidades de acción a favor del individuo o de la especie, aún así no se agota el misterio con respecto a los objetivos y tendencias de la naturaleza.

§45- El hombre necesita desde niño amor, libertad, creatividad. Para comprender estas necesidades parece que debemos admitir alguna componente no biofísica sea en términos tradicionales o con el ropaje más moderno de algunas expresiones científicas.

Así, por ejemplo, las metafísicas modernas, si surgen del terreno de la psicología hablan de energías psíquicas y de sublimaciones; si vienen de la biología hablan de las posibilidades de evolución de la especie. En el fondo esos lenguajes recubren el misterio al igual que las metafísicas tradicionales.

Ahora bien, la necesidad de afecto, la energía creativa, la necesidad de volcarse hacia los bienes estéticos, intelectuales, morales o sociales,  puede ser expresada en el lenguaje de las sublimaciones, de la ampliación de posibilidades evolutivas, del fin de la historia, etc. en una antropología de la no dualidad esto mismo se expresaría diciendo que en el hombre actúan simultáneamente el soma, la psique y el nous (cuerpo, alma, espíritu).

El soma se cierra en sus posibilidades corporales, la psique las abre hacia una dimensión ampliada, pero el nous las universaliza plenamente. Para el Vedanta, por ejemplo, los cinco Butha (elementos) se combinan según sus posibilidades limitadas, Manas (la mente) dirije la actividad interior y emocional, Budhi (el intelecto) abarca todas las cosas. Tenemos, entonces:

1- impulsos biológicos;

'2- mediaciones contextuales (amor, juego, creatividad, cultura);

3- aspiraciones metafísicas (que encuadran en su horizonte último las mediaciones contextuales).

Cuerpo, alma y espíritu determinan las necesidades humanas cada uno en su propio nivel, siendo fundamentalmente necesaria la complementación armónica de todos los niveles.

II- La clasificación de las necesidades y de su forma de creatividad.

§46- La plenitud humana puede ser descripta como equilibrio o complementación entre polaridades como lo hacemos en el §24.

Si desde otro punto de vista tomamos como base el esquema oriental de los tres gunas de la India (equivalente al del Yin y Yang de China) o el esquema platónico de las tres almas [27] , podemos plantear las siguientes reflexiones:

Cada guna y cada alma tiene su actividad. La plenitud no se da en el predominio de una de ellas, sino en el equilibrio entre todas.

1- Entonces, existe la actividad físico-biológica-corporal con su propia creatividad. La creatividad de los cinco sentidos de la percepción y los cinco sentidos de la acción. (con predominio del guna tamas)

2- por otra parte, tenemos la actividad mental-emocional-discursiva y socio-política: la creatividad de "manas" (con predominio del elemento rajas).

3- finalmente, se debe agregar la actividad espiritual-intelectual noética, contemplativa, intuitiva no discursiva de "Budhi" (con predominio del guna sattva).

Es obvio que ninguno de estos niveles funciona sin participación de los otros; la diferencia entre ellos sólo supone el predominio ocasional de uno de ellos con resonancia de los otros. Siempre actúa la totalidad antropológica como un todo armónico formado por una nota dominante y sus resonancias. (Este, por otra parte, es el modelo a tener en cuenta para interpretar correctamente cualquier teoría de las facultades, sea la de Aristóteles o la del Vedanta)

Además, desde este punto de vista, carece de sentido la discusión sobre la jerarquía de los valores. Desde el ángulo propio de la no dualidad, solo se puede hablar de una teleología que tiende a su integración. Pero tampoco es correcta la posición que niega todo sentido a los valores como realidad objetiva [28] y los considera como meramente subjetivos.

Si bien es cierto que las circunstancias históricas condicionan las preferencias, esto no significa que sean sólo el producto de la subjetividad humana, puesto que responden a las leyes de la armonía cósmica universal con respecto a la cual cada cultura puede desviarse en mayor o menor grado.

Así, incluso podemos entender que en determinadas etapas históricas se haya insistido en los valores espirituales con detrimento de lo material y corporal, con el fin de acentuar aquello que corría mayor peligro de extinción. Pero los llamados valores en sí mismos no constituyen una verticalidad jerárquica, ni se achatan en una horizontalidad relativa, sino que forman más bien un todo orgánico.

El pie no es inferior a la cabeza, afirma S. Pablo [29] y en relación a lo absoluto se anulan todas las diferencias entre los órdenes contingentes. En todo caso, lo que se llama superior señala una flecha que marca la dirección que debe ser reforzada en un momento determinado.

Se trata siempre de la unión de opuestos complementarios: valores altos y bajos constituyen "una armonía que los hombres no saben ver". (Heráclito, frg. 51) puesto que “ lo de abajo es igual a lo de arriba” (Tabla Esmeralda)

Para cualquier enfoque naturalista es obvio que la relación del hombre con su medio "no es simplemente un proceso de desgaste y realimentación, de estímulo y respuesta fija, puesto que la energía no se descarga inmediatamente frente a su objeto sino que puede concentrarse en nuevos niveles de tensión..." [30] .

Esta observación, resultante de múltiples experiencias y expresada con el lenguaje de la psicología moderna, abre, desde otro ángulo, el interrogante metafísico. Veamos cómo:

Observamos en el hombre conductas que no pueden reducirse al simple esquema del estímulo y la respuesta. Este esquema sólo se constata claramente para los actos simples y elementales del laboratorio; las conductas complejas de la vida cotidiana rebasan ampliamente toda reducción en ese sentido.

Mencionemos solamente algunos ejemplos: el deseo de reconocimiento y sus expresiones; la búsqueda de triunfo o del éxito; las manifestaciones del amor fraterno o materno, las concreciones del deseo de jugar o crear. En todos estos casos el lenguaje engloba vastos complejos conductales que es imposible desarticular en constelaciones simples de estímulos y respuestas, aún cuando pueda suponerse su presencia en alguna parte del complejo. Tampoco es posible agotar su sentido con el supuesto general de los estímulos internos o pulsiones, aunque también estos puedan admitirse como constitutivos elementales.

§47- en otras palabras, el detalle específico de cada una de estas cadenas conductales rebasa ampliamente la capacidad explicativa de cualquier tipo de estímulo exterior o interno. El estímulo, por definición, exige respuesta, más o menos inmediata. Si esta no se da, entonces tampoco ha habido estímulo, o hay que suponer que este ha sido inhibido o ha sido anulado por otro tipo de estímulo más profundo y oculto.

Ahora bien, los únicos estímulos internos que tienen con evidencia un origen biológico son los que corresponden a las necesidades de conservación del individuo y de propagación de la especie, pulsiones yoicas y pulsiones sexuales en la terminología psicoanalítica. Por eso el psicoanálisis debe suponer para todo otro tipo de necesidad, una combinatoria de inhibiciones, represiones o transformaciones de aquellas necesidades o bien, más inteligentemente, utilizar el término deseo en general, sin mayor especificación [31] .

III- Infinitización de las necesidades.

§48- Englobar todo estímulo interno en un solo término, el deseo, señalando la carencia de límite en este deseo, la imposibilidad de satisfacerlo plenamente, es entrar ya en el terreno de la antigua metafísica con un simple cambio de terminología. Hay una notable semejanza entre el deseo en general, sin especificación y la "órexis" aristotélica o el "eros" platónico. En todo caso, se está reconociendo una teleología intrínseca a la naturaleza humana, teleología que va más allá de todo objeto concreto, porque es deseo de infinito, deseo de lo absoluto o precisamente, en la terminología antigua, deseo de lo divino.

Así se explica más claramente el proceso descripto en la primera parte: allí vimos cómo la dialéctica de la repetición, propia del animal, se transforma en el hombre en dialéctica del cambio [32] , y esto nos lleva a lo que llamaremos infinitización de las necesidades. En efecto, en el enfoque naturalista las necesidades primarias se abren hacia lo contextual desde varias perspectivas:

1- Como dialéctica de la variedad. Las necesidades más simples de conservación y reproducción manifiestan en el hombre una infinita variedad de cambios según los tiempos, lugares y tradiciones.

2- como sobreabundancia en la búsqueda de satisfacciones. Cada satisfacción engendra un nuevo deseo y no hay satisfacción física, psíquica o intelectual que sea plena y definitiva.

3- como lo superfluo que pasa a ser plenamente necesario. Superfluidad decorativa, estética, intelectual, del poder, del reconocimiento, etc.

4- como libertad de conductas frente a los vínculos fijos de la naturaleza. Posibilidad de negar, inhibir, postergar, alterar, aumentar e intensificar las exigencias de la presión biológica.

5- como lo que hemos llamado movimientos "del por si acaso". Conductas y actitudes no necesarias para la sobrevivencia del sujeto biológico, pero que podrían interpretarse, desde una perspectiva naturalista, como movimientos y conductas que tienden a desplegar posibilidades desconocidas que podrían ser útiles en otras circunstancias.

Lo que desde el nivel de análisis naturalista es dialéctica del cambio, sobreabundancia del deseo, necesidad de lo  superfluo, libertad frente a los condicionamientos o movimientos del "por si acaso", desde la perspectiva metafísica se convierte en manifestación del deseo infinito.

§49- ¿Pero qué significará la infinitización del deseo y qué queremos decir cuando hablamos de deseo de infinito?

1- Infinitización designa, en primer lugar, el proceso por el cual la satisfacción reengendra el deseo con todas las manifestaciones que hemos enumerado y que se polarizan en el amor-juego como necesidad innecesaria y en la creatividad cultural como culminación.

2- Pero la infinitización no es sólo un proceso infinito de sucesivos deseos finitos, sino también y a la vez, deseo de infinito, de infinitud simultánea, de aquello que los antiguos llamaban lo divino, lo absoluto, lo eterno.

3- Y aquí, aplicando la metafísica de la no dualidad, podemos decir que lo infinito simultáneo, total, divino, no excluye, ni contradice los sucesivos deseos finitos que son sus representantes particulares, momentáneos y provisorios (el infinito en acto no se opone al infinito en potencia) sino que los presupone en la no dualidad. De tal manera que no puede haber contradicción entre los contenidos biológicos de la condición humana y los valores espirituales más elevados.

Así por ejemplo, la experiencia estética bien puede tener una raíz natural. Esto no significa que no pueda tener a la vez otra raíz metafísica o arquetípica. Lo que refleja un orden superior y arquetípico como lo bello, bien puede simbolizar, reflejar o sustituir, a la vez, las tendencias más elementales.

Los arquetipos de orden platónico no tienen necesidad de excluir las conexiones de tipo bioquímico, neurológico o pulsional. Lo que se puede considerar como sublimación desde un ángulo naturalista, puede considerarse como reflejo, participación o imagen desde el ángulo metafísico.

En cuanto al concepto de la creatividad también hay que complementar ambos puntos de vista. La productividad en la creación de objetos no es la única forma de creatividad humana. Pueden existir formas de altísima creatividad sin producción exterior visible (como en los místicos y contemplativos o en el hombre sabio que realiza las tareas más humildes en la cotidianidad menos llamativa: v.g. el cocinero de Chuang-tsu) [33] .

La metafísica de la no dualidad puede integrar puntos de vista opuestos porque en ella lo Absoluto no es lo Uno opuesto a lo múltiple, no es el Nirvana opuesto al Samsara, no es el Yang opuesto al Yin, ni Dios opuesto al mundo, ni la unidad opuesta a la diferencia, ni el espíritu opuesto a la materia, ni la libertad lúdica opuesta a la coacción biofísica, ni la concentración mental opuesta a la disipación, ni lo inteligible opuesto a lo sensible. Lo absoluto en la no dualidad, es por el contrario, la "conjunctio oppositorum", la unión de los opuestos, el satori del Zen, la realización metafísica, la Luz, Verdad y Vida del Evangelio, lo que no puede ser nombrado en el Tao, el Nirguna Brahama de la metafísica hindú,  el Dios de Dionisio Areopagita que está más allá del Ser y del No Ser, Cristo Dios y Hombre verdadero, lo Infinito y lo Finito en un solo ser.

§50- Desde este punto de vista, amor y juego creativo constituyen una polaridad que representa la totalidad del cuadro de actitudes y conductas en que se expresa lo que ahora llamamos infinitización del deseo.

La necesidad de afecto y de juego en el niño, como necesidades fundamentales que no sólo acompañan sino que también desplazan a las necesidades primarias, ejemplifican claramente como modelos naturales lo que podría llamarse el deseo más allá del deseo.

El afecto como necesidad natural incluye el deseo de reconocimiento, de estima y valoración y aún el ansia de dominio y de poder como formas desorbitadas o enfermas de esa necesidad. Es deseo de amor y deseo de lo amable, de lo bello cuyo prototipo es el complemento humano como pareja [34] . desde el ángulo metafísico esos hechos manifiestan un fondo más amplio de deseo infinito y deseo de infinito.

El juego como "necesidad innecesaria" puede ser considerado como el prototipo de las respuestas vitales en un clima apto y favorable. Es el modelo de toda creatividad, arquetipo de la cultura en el arte, la religión, la ciencia y la filosofía: siempre se trata, en el fondo, de un ejercicio libre de las facultades más allá de la coacción propia de la naturaleza.

El punto de vista metafísico descubre allí el “deseo de lo infinito” y la “infinitud del deseo” a través de la libertad que se manifiesta en el jugar por jugar, sin otro fin fuera del mismo.

La relación sujeto-objeto pasa a tener un nuevo sentido al volverse objeto el contexto, el medio, el rodeo, lo innecesario o superfluo, los movimientos libres, no dirigidos a la cosa misma necesaria para la satisfacción física. Esto necesario más allá de lo necesario, puede ser visto desde esta perspectiva como un representante, un símbolo o una semejanza de lo no limitado, lo que está más allá de todo condicionamiento [35] .

Schiller [36] detectó el aspecto metafísico del juego al señalar su tendencia a la infinitización. El impulso lúdico es para él una síntesis del impulso de variación sensible y el impulso formal hacia la unidad: es, entonces, unidad en la variedad; por el lado de la variación es infinito sucesivo; por el lado de lo formal, infinito actual. El impulso lúdico "quiere que el tiempo suspenda su curso", es decir que se haga eternidad pero sin perder la variedad. En el fondo, este impulso es la fuerza creativa de la vida que es variedad en la unidad.

Así concluye Schiller, comentando a Kant, que la dimensión estética puede ser entendida no solo como tercera dirección y facultad de la mente, sino como su centro, como el medio a través del cual la naturaleza llega a ser susceptible a la libertad, la necesidad a la autonomía.

Amor y juego son, entonces, expresiones concretas de "lo superfluo sobreagregado como inseparable de lo imperioso" [37] . Realidades intangibles que acompañan a cualquiera de las pulsiones de origen biológico, sean sexuales o yoicas según la clasificación freudiana.

§51- Todo lo dicho choca, obviamente, con el punto de vista utilitario en la explicación de los fenómenos naturales. Desde ese ángulo de enfoque, lo útil sería el fin de la naturaleza que se vale de lo bello, de lo lúdico, de lo afectivo o de lo superfluo en general para lograr su objetivo.

Las flores serían bellas para alcanzar la reproducción atrayendo a los insectos; los animales, los niños juegan para prepararse para la lucha y el trabajo y buscan afecto para sentirse más seguros frente a los peligros de la existencia; los hombres producen arte, ciencia y cultura para controlar sus angustias, sublimar su energía sexual sobrante, crear una ideología de dominación o disfrazar sus deseos ocultos; se imaginan que existen fuerzas misteriosas, dioses, espíritus o demonios porque necesitan proyectar lo inconciente reprimido, etc, etc.

Todas estas interpretaciones pueden ser juzgadas como creencias popularizadas que expresan un aspecto de la realidad, pero no todo. Porque también es posible pensar al revés, desde otro marco de referencia.

Entonces podría arriezgarse la idea de que el fin de la naturaleza, de la vida o de la existencia es más bien la belleza, el juego, el amor desinteresado, lo inútil y superfluo, el saber por sí mismo y que el medio es lo que llamamos lo útil como conservación y propagación de la vida.

Si invertimos medios y fines, la planta no produce belleza sólo para reproducirse. A la inversa, se reproduce para difundir y propagar la belleza.

El animal no realiza rituales agresivos y sexuales sólo para conservar la vida, reproducir la especie o contribuir a la propagación del más apto. Mantiene la vida para expresar la belleza, para difundir los juegos misteriosos de la naturaleza o para aumentar las expresiones de afecto, cuidado y protección.

El hombre no queda fascinado por la atracción sexual sólo para quedar obligado a la ley de reproducción. Es atraído sexualmente para descubrir y difundir la belleza, para aumentar las expresiones de afecto, para incentivar el juego del amor. No crea arte, ciencia o filosofía sólo para disfrazar sus deseos inconcientes. Asume estos deseos para crear belleza, verdad, amor y justicia. No crea cultura sólo para esconder sus intentos de dominación económica o social. Modifica estos intentos porque su fin y el sentido  de su existencia se resuelve en la creación de cultura. En el fondo, como vemos, no hay oposición entre utilidad y superfluidad porque se complementan mutuamente.

Lo visible, lo que parece obvio para el utilitarismo puede ser la anticipación que queda envuelta en la superfluidad de lo no obvio, misterioso, oscuro y totalmente otro subyacente en lo natural.

IV- Acción y contemplación.

§52- Así como lo útil y lo superfluo no se contraponen para una metafísica de la no dualidad, así tampoco hay una oposición entre acción y contemplación. En realidad, la verdadera contemplación es la expresión interior de la actividad más plena. Para aclararlo tenemos que redefinir el concepto antiguo señalando que, en concreto, coincide con lo que hoy llamaríamos encantamiento, fascinación amorosa o ensoñación.

Así, por ejemplo, el clima afectivo frente a la madre o la persona amada se manifiesta naturalmente en una actitud de encantamiento que podemos llamar contemplativa. Lo bello, lo bueno es amado en un estado de fascinación amorosa.

Esta contemplación como fascinación o encantamiento puede adquirir diversas formas y modalidades [38] : tenemos la contemplación de los amantes, la contemplación artística o poética (lo que Bachelard llama ensoñación), la contemplación filosófica, científica o religiosa, como respuestas afectivas a la percepción de la belleza, del orden, la armonía o el misterio del cosmos. Constituyen un juego interior cuyo centro está en lo imaginario y que puede objetivarse en las producciones correspondientes que expresan lo contemplado.

Este estado no implica una actitud pasiva sino, por el contrario, el grado máximo de actividad: actividad concentrada y focalizada en lo interior como un juego creativo. Por otra parte, lo que llamamos juego, podría ser considerado como una contemplación activa, un contemplar haciendo cosas. Pero ambos aspectos se complementan porque no hay verdadera creatividad donde no existe, de alguna forma, la fascinación amorosa de la contemplación como requisito previo. Cuando Plotino afirma la superioridad de la contemplación sobre la acción, debemos entenderla en cuanto requisito indispensable para la producción creativa [39] . La acción que no surge de la fascinación amorosa es deficiente, repetitiva, premoldeada en los patrones sociales o en la coacción biológica, pero no constituye verdadera creatividad. En el Banquete Platón nos muestra cómo lo bello engendra el amor y que el verdadero amor es siempre creativo.

V- Lo de arriba igual a lo de abajo.

§53- Aplicando el enfoque en que nos colocamos, podemos decir que el fin último del pensar como el del hacer es el de la unidad en la variedad. En el hacer, su expresión máxima es la creación estética; en el pensar, lo es la sabiduría, entendida como comprensión unitaria de la multiplicidad. Pero esto no constituye una evasión hacia un espiritualismo descarnado pues buena parte de las tradiciones metafísicas, de acuerdo al lema hermético que pone en conjunción “lo de arriba con lo de abajo”, manifiestan una especial valoración de las necesidades elementales.

La comida ocupa un lugar muy importante en los Upanishads y en la tradición cabalísitca del Sefer Yetzirá y tiene un valor sacramental en el judaismo o en el cristianismo. La unión sexual tiene un carácter sagrado en el Tantra Yoga, en San Pablo, en el Cantar de los Cantares y en diversas tradiciones del misticismo.

Si bien este carácter valorativo queda un poco velado en las prácticas cultuales comunes, no se puede negar el sentido metafísico originario. En todos los casos el objeto biofísico es mediador representante, símbolo o expresión de lo infinito, lo absoluto o lo divino. Se come para alabar a Dios o para unirse con El; la unión sexual es una liturgia especular que reproduce las acciones divinas en el plano mítico [40] .

También encontramos en las tradiciones metafísicas una valoración especial del trabajo productivo como imitación de las acciones divinas (imita la acción creativa en la Biblia, es una acción mágico-sagrada para los primitivos, etc.). Estas acciones que resuelven las necesidades de la subsistencia, también producen belleza y suponen algún saber o ciencia de orden divino, a la vez que mantienen unidos en la no dualidad lo más sublime con lo más concreto. Así, por ejemplo, el cultivo asegura el culto y el sostenimiento del cuerpo permite expresar la alabanza de la divinidad. En el Popol-Vuh encontramos la idea de que el hombre ha sido creado para alimentar a los dioses y darles sustento en el culto (igualmente en el Enuma-Elish babilónico aparece la misma idea). El culto y la contemplación vienen a expresar, en las tradiciones antiguas, el lazo vincular entre el mundo de las necesidades elementales y el mundo divino [41] .

VI-  La relación hombre-naturaleza.

§54- El tema de las necesidades humanas alcanza su pleno sentido en la complementación entre hombre y naturaleza como necesidad. Pero esta complementación puede ser vista desde distintos enfoques filosóficos.

El punto de vista moderno, de algún modo, siempre distingue y contrapone hombre-naturaleza como dos polos en oposición (v.g. En Hegel). por otra parte, esta contraposición se imagina como una lucha dialéctica entre ambos polos que a la larga tendería a una síntesis.

En general, el enfoque griego diluye y tiende a suavizar esta contraposición puesto que lo humano en cualquiera de sus dimensiones, aún como alma o espíritu es considerado como  "fisis", naturaleza (v.g. En Platón). además, la reflexión se centra sobre la idea de la armonía o consonancia de los opuestos.

Es cierto que esta armonía de los opuestos también supone para Heráclito una lucha. Sin embargo, a diferencia de Hegel, para él no hay una síntesis que pueda ser verbalizada, es decir que pertenezca al plano de lo manifiesto. La armonía se da en la misma lucha de opuestos, y en la lista que ejemplifica esos opuestos no se menciona la polaridad hombre-naturaleza.

Si se aplicara esta problemática al tema de las necesidades humanas, se podría decir lo siguiente: la necesidad fundamental del hombre que en distintas metafísicas se ha expresado como deseo del bien o de la belleza, deseo de contemplación o del primer motor,  o más modernamente  como deseo de reconocimiento; también puede expresarse como deseo de armonía, de consonancia o sintonía con el cosmos o con el todo universal, armonía que a su vez se diversifica en la consonancia entre las partes del cuerpo, o entre cuerpo y alma o entre individuo y sociedad [42] ;  armonía que, en el supuesto de Heráclito, no excluye la lucha y oposición de contrarios.

VII- La sociedad y las necesidades.

§55- El concepto de sociedad tal cual se ha acuñado en los tiempos de la modernidad es esencialmente acósmico: la sociedad se concibe como opuesta y distinta de la naturaleza Consideramos, sin embargo, que esta oposición, válida en sí misma desde cierta perspectiva, es incompleta desde otra [43] .

es cierto que se puede marcar un hiato muy importante entre las necesidades, las actividades y las producciones humanas, frente a las del animal. Desde este ángulo se justifican todas las filosofías que oponen hombre-naturaleza, espíritu-materia, razón-instinto, etc.

también es cierto que desde un enfoque totalmente diferente puede negarse esa oposición, considerando al hombre como simple resultado de fuerzas físico-químicas de alto grado de complejidad y a la misma sociedad como una consecuencia de esas fuerzas.

Sin embargo, ninguno de ambos enfoques parece enteramente satisfactorio, porque ambos afirman un aspecto polar excluyente. El hombre y la sociedad no son puro espíritu opuesto a la naturaleza, ni pura naturaleza sin espíritu. También aquí se puede pensar en una "conjuctio oppositorum", formada por opuestos que se contraponen válidamente para cierto nivel, pero que se conjugan en unidad en un nivel más profundo. Y esta conjugación no es la de la unidad naturalista de fuerzas combinadas (multiplicidad de partículas y fuerzas mecánicas), sino una unidad en la no dualidad que supera los contrarios a la vez que los afirma. Unidad que no se parece a una síntesis de opuestos como en la dialéctica hegeliana, sino más bien a una correspondencia en el sentido de las metafísicas de Oriente.

En la historia del pensamiento occidental, es posible afirmar que los que estuvieron más cerca de esta concepción, fueron los grandes pensadores griegos, aunque la hayan formulado, a veces, en figuras y expresiones difíciles de retraducir para la mente moderna.

Entonces, analizando lo dicho en la primera parte [44] , afirmaríamos que si "toda necesidad humana hace referencia a su contexto social", este contexto no es social en el sentido moderno del término, sino, más bien socio-cósmico, en cuanto que el hombre y la humanidad, el “microcosmos”, están en correspondencia con una unidad mayor a la que llamamos universo o “macrocosmos”. Admitiendo que a primera vista y en cierto nivel de aproximación, las necesidades, el deseo, están mediados, como señala Hegel, por el otro hombre; más profundamente, según un nuevo nivel de aproximación diríamos que el deseo del otro es deseo del otro cósmico y en última instancia, deseo del Otro Absoluto.

VIII- La creatividad en el orden social y político.

§56- para Kant, en la Crítica del Juicio, existe un paralelismo de orden simbólico entre la armonía estética y la armonía  social y política.

Desde otra perspectiva, también podemos recordar a Platón y su paralelismo entre orden social, estructura antropológica del individuo y orden divino de las ideas. En ambos casos (tanto en Kant como en Platón), el orden político es juzgado como réplica imperfecta de un orden ideal metafísico o estético que constituiría su modelo.

Si no se toman estas reflexiones kantianas o platónicas de modo superficial y esquemático (como sucede con frecuencia), si se busca el espíritu más allá de la letra y se las entiende más bien como expresión vivencial de una oscura correspondencia, apenas intuida, entre distintos registros de realidad, sin que sea posible explicitar en sentido estricto los contenidos particulares de esa correspondencia, entonces es posible pensar en una especie de teleología de la historia, en un punto omega, en un reino de los fines, etc. como búsqueda, deseo, tendencia humana hacia la realización de una comunidad armoniosa; tendencia que nunca encuentra su satisfacción plena y sólo roza su objetivo de vez en cuando, en determinados momentos y en determinados lugares del transcurrir temporal [45] .

Entonces, en efecto, el hombre social dividido y en lucha antagónica por el poder, el prestigio o el dinero es el anverso de ese ideal, el hecho real que desmiente, frustra la búsqueda; la cual no por ello deja de tener vigencia, sino que rebrota siempre de nuevo con nuevas fuerzas, porque es un constitutivo eterno de la condición humana.

Quedan así marcadas algunas polaridades: polis ideal-polis real; fin de la historia-proceso de la historia; ética del deber ser- ética relativista; armonía estética-armonía social. En una metafísica de la no dualidad esos polos deben afirmarse por igual mientras que apuntan hacia algo que esta más allá de ellos mismos. Se trata de antítesis que no tienen síntesis verbalizable. Pero además, en la no dualidad, no se puede afirmar un polo sin el otro, ni privilegiar o conferir un valor a uno de ellos por encima de su contrario.

En esa perpectiva no puede haber síntesis entre polis ideal y polis real; entre una y otra siempre habrá una distancia infinita (como tampoco la hay entre armonía estética y armonía social; entre fin de la historia y proceso histórico; entre ética del deber ser y ética relativista). No se puede hablar, en este sentido, de superioridad de un polo sobre el otro o de un orden jerárquico cualquiera que introduzca relaciones de subordinación entre ellos.

En la historia del pensamiento occidental, el historicismo se enfrentó  al problema de la dualidad platónica entre lo ideal y lo real. Intentó resolverlo afirmando el polo real y negando el otro, pero subrepticiamente introdujo una nueva dualidad entre el fin de la historia y el proceso histórico, ocupando el primero el antiguo lugar de los arquetipos platónicos.

Una relectura desde la no dualidad, tanto del platonicismo como del historicismo, nos llevaría a abstenernos de todo intento por eliminar la polaridad  o de privilegiar uno de los polos como superior o prioritario o generador del otro; o de establecer una jerarquía entre ellos como bueno-malo. Los arquetipos estarían dentro de la historia ocultos en el misterio (la armonía no manifiesta que los hombres no saben ver, según Heráclito [46] ) y solo se harían visibles en momentos privilegiados en algunas ráfagas de luz.

IX-  El falseamiento de las necesidades humanas.

§57- en la misma línea de una metafísica de la no dualidad es posible interpretar el falseamiento de las necesidades como una absolutización, fijación o desgajamiento por el cual un aspecto del Ser queda desestructurado en relación a la totalidad. Pero este desgajamiento, esta ruptura o caída es un constitutivo intrínseco de la condición humana, por lo menos en esta etapa de su desarrollo.

El falseamiento como búsqueda equivocada de los horizontes últimos de la existencia, estaría constituído por pasos o momentos que conducen a la frustración por la fijación en algo limitado, parcial o fragmentado. Ampliando lo dicho en la primera parte [47] , retomemos el esquema de las necesidades organizado ahora en tres puntos (y no solo en dos): 1- impulsos biológicos; 2- mediaciones contextuales; 3- aspiraciones metafísicas (que encuadran en su horizonte último las mediaciones contextuales).

El falseamiento de las necesidades supone, entonces, la fijación en alguno de estos componentes, su absolutización. Es tan falsa la deificación de los impulsos biológicos como la sobrevaloración unilateral de las aspiraciones metafísicas o de las mediaciones contextuales.

Un modelo de crecimiento humano ha de suponer la realización de sus aspiraciones metafísicas más allá de las realizaciones económicas, técnicas e incluso más allá de las simples creaciones culturales tomadas por separado; pero no hay realización metafísica verdadera si no se incluyen como en un todo los valores biológicos y culturales. En la historia, la sobrevaloración de alguno de estos componentes, respondió siempre a visiones angulares, condicionadas por las circunstancias que llevaban a acentuar algún elemento con exclusión de los demás; acentuación quizás necesaria en su momento, pero que fijada como absoluto condujo a la falsificación de las verdaderas necesidades humanas.

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[1] Hegel, Filosofía del Derecho, n. 190.

[2] "toda persistencia de una situación anhelada por el principio de placer sólo proporciona una sensación de tibio bienestar, pues nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino el contraste, pero sólo en muy escasa medida lo estable.", S. Freud, El malestar en la cultura, Alianza, Madrid, 1970, pg. 20.

[3] Ver, Scientific American, H.F. Harlow, “Love in infant monkeys, vol.200 n.6 June, 1959.

[4] F. Schiller, La educación estética del hombre, Espasa-Calpe, Bs. As., México, 1941, Carta XXVII, pg. 149.

[5] Cf. Hegel, La razón en la historia, Seminarios y Ediciones, Madrid, 1972, pg. 192.

[6] Hegel, Filosofía del derecho, n. 192.

[7] Schiller, Op. Cit., Carta XIV, pg. 78.

[8] Ver Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 455.

[9] Citado por H. Marcuse, Eros y Civilización, Seix Barral, Barcelona, 1969, pg. 166.

[10] Ver Charles Baudouin, Psicoanálisis del arte, Ed. Psique, Bs. As. 1955

[11] T. Gilliard, The evolution of bowerbirds, en Scientific American, 209, 1963, n.2 pg.38; Véase, también, H. Marcuse, El hombre unidimensional, Seix Barral, Barcelona, 1969, pg.19: el hombre logrará liberar "la base biológica de los valores estéticos, pues la belleza, el sosiego, son necesidades orgánicas del hombre." S. Freud, El malestar en la cultura, Alianza, pg.27:"primitivamente, la belleza y el encanto son atributos del objeto sexual".

[12] Hegel, Ibid, §455-458

[13] Ver J. Piaget, Psicología de la inteligencia, Ed. Psique, Bs. As. 1964.

[14] F. Schiller, Op.Cit, Carta XIV, pg.78

[15] cf. Pedro Geltman, Pueblo y élite como figura dialéctica, inédito.

[16] Ver P. Chauchard, Fisiología de la conciencia, Paidós, Bs. As. 1960.

[17] Ya decía Platón que el amor es deseo de creación en la belleza (Ver  Banquete ).

[18] cf. M. Scheler, Ordo Amoris, Rev. de Occidente, Madrid, 1935.

[19] Ver, G. Simpsom, El sentido de la evolución, Eudeba, Bs. As. 1961.

[20] Ver, E. Frabricius, La conducta de los animales, Eudeba, Bs. As. 1966; J. Illies, Anthropologie des tieres, Piper, München, 1973; J. Kneutgen, Der mensch ein kriegerischer tier, Kohlhammer, Stuttgart, 1970.

[21] véa, R. Denker, Elucidaciones sobre la agresión, Amorrortu, Bs. As. 1973 y su crítica al libro de K. Lorenz, Sobre la agresión: el pretendido mal, Siglo XXI, México, 1972.

[22] Ver, S.L.Washburn e Irven De Vore, The social life of baboona, Scientific American, vol.205. junio de 1961.

[23] J.J.Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres.

[24]   cf. Pedro Geltman, Doctrina de Santo Tomás sobre bienes superfluos y problemas del mundo actual, Teología, I, n.2, mayo de 1963.

[25] cf. Heidegger, El Ser y el Tiempo, § 26.

[26] A la luz de los Upanishads, las facultades humanas (las cinco puertas)  no se cierran en el individuo, sino que tienen un sentido socio-cósmico: en todo el universo y en todo lo que existe están las facultades psico-físicas en distintos niveles y grados como emanaciones de un solo principio universal. Ver Katha Upanishad, 2º Adhgaya, 4º Valli; Taittiriyaka Upanishad, 2º Valli. Ver R. Guenon, L'homme et son devenir selon le vedanta, Cap. VIII, Ed. Traditionnelles, París, 1982. Ver también J. Böehme, La Aurora.

[27] también S. Pablo menciona una división antropológica tripartita en I Tes., 5,23.

[28]  en el sentido que le confiere Scheler. Ver, M. S. Frings, Max Scheler, Duquesne University Press, 1965; cf. L. Dujovne, Teoría de los valores y filosofía de la historia, Paidós, Bs. As., 1959..

[29] I Cor. 12, 14-27.

[30]  cf. Supra, §11.

[31] cf. P. Ricoeur, Freud, una interpretación de la cultura, Siglo veintiuno, 1978.

[32]  cf. supra, § 9.

[33]  Chuang Tzu, Nan Hua Ching, I, III, 1, trad. C. Elorduy, Editora Nacional, Madrid, 1977.

[34] Sobre este tema es imposible encontrar nada más profundo que los textos de Platón en el Fedro y el Banquete, y de Plotino en la Enéada Tercera. En Oriente, el Tantra, expresa desde otra perspectiva el sentido metafísico del amor, y en la Biblia lo encontramos en el Cantar de los Cantares.

[35] El sentido metafísico del juego aparece en los textos de Platón y Plotino. Cf. P.M. Schuhl, Platón y el arte de su tiempo, Paidós, 1968. También, en el budismo Mahayana. Cf. Zimmer, Filosofías de la India, Eudeba, 1965; es una idea subyacente en el Zen y en el Tao; incluso lo encontramos en la Biblia, por ejemplo, en Proverbios, 8,30.

[36] cf. supra, § 19.

[37] cf. supra, § 15.

[38] cf. supra, El efecto de fascinación.

[39] Enéada III,8, Sobre la naturaleza, la contemplación y el uno.

[40] es el misterio grande según la expresión de S. Pablo: Efesios,  5, 31-32.

[41] en su sentido etimológico culto (del latin cultus) significa a la vez la acción de cultivar, cuidar y honrar; de modo que se asocia el cultivo de la tierra con el culto y honor de los dioses. Cf. Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana.

[42] véa por ej. el Cármides de Platón y el discurso de Erixímaco en el Banquete.

[43] cf. supra, §31-33.

[44] cf. supra, § 31.

[45] cf. N. Berdiaeff, Essai de métaphysique eschatologique, Aubier, Paris, 1946.

[46] cf. Fragmentos  51 y 54.

[47] cf. supra, § 37-38.

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