| El Patio de las Cayenas Dedicado a cultivar la literatura latinoamericana, especialmente la dominicana Fundado el 21 de abril del a�o 2002 |
| El escritor invitado Freddy Gat�n Arce (1920-1994) Poeta, narrador y periodista dominicano |
| Son guerras y amores (1980) Fragmentos del poema |
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| Mudanzas Este libro busca ser f�bula y hallazgo de aldea en sus s�mbolos y precisiones, en sus letras y giros y en sus silencios y torpezas, porque as� es como pasa cuando las mil bocas de los bamb�s despiertan el soplo y m�sica se vuelven; narran que los boh�os aumentaron en los albores del dieciocho a orillas del Cuaba, y por Dios sabe qu� crecida o miseria o lance o misterio el vecindario casi desapareci� de esa zona ribere�a y empez� a formarse entre Arroyo Barberito y Quebrada de Palma, llanura en donde un peluquero viv�a y confluenciaban caminos reales de comarcas situadas a muchas leguas a la redonda, como corresponde al rigor de la an�cdota; y que una vez se vi� a unos hombres abrir una trocha partiendo montes, apisonarla y luego ponerse a colocar durmientes y rieles a fines del siglo diecinueve, pero que m�s tarde, aventuran, un incendio barri� con los andenes y en el asiento quedaron s�lo dos chuchos y desv�os mientras los moradores ansiosos corr�an hacia el Este, tras la nueva estaci�n, punto de carga y descarga de mercanc�as y foco de las negociaciones regionales; mas nadie conoce en verdad las fuerzas que ataron esos tiempos remotos y en cadena, ni cu�les ocurrencias los llenan de sentido y direcci�n en la historia sin hilo del burgo, porque las armaduras de lo legendario y lo cotidiano a veces no discurren ni est�n en los legajos y en las gentes, aunque siempre protegen contra el desamparo del olvido; por esto se necesita ahora ofrecer n�meros y hechos y visiones en apoyo de lo anteriormente transformado por el lenguaje y, con grande esmero y sin abandonar los confines del canto, decir las vicisitudes de la villa y sus habitantes porque, despu�s de todo, se pretende aqu� hacer poes�a y no s�lo cr�nica para que no se achaque que las tradiciones se han quedado cortas en sus cuentas y palabras, ya que ser�a negarle inter�s en su trabajo o reunirles capricho a los pioneros, pues de cuentas y palabras se eleva la epopeya: invento, realidad, memoria, como cuadra a la vida y a la muerte de un pueblo cuya demarcaci�n primera pi�rdese como borra, la segunda es todav�a composanto lugare�o y cierre de veredas y, en ca�da postrera, tensa promesas y quiebra ca�as cascadas... |
| Sumaria Las claves inmensas de la vida y la muerte en el sonoro modo del bamb� sonoro; la r�stica ca�a con los r�sticos huecos para los r�sticos dedos y labios y soplos, para la r�stica m�sica del alma r�stica, escritas ambas en siete trompetas y candelabros, en siete tiempos de ruidos y soles y lacres, en siete esferas de arcas y muros como siete sellos; al sonoro modo de sonoros bamb�s, y una simiente gigante y otra simiente enana y la tercera del tama�o de la media altura entre aquellas dos, por temor a las plagas y a los vientos y a los robos; y luego �qui�n dijo que podr�a hacerse de m�s maneras como cualquier ley?, pues desde siempre los conucos se siembran y pierden por costumbre, por c�bala, por apuesta al vivir y al morir, por azar al cara o cruz del �nima y los est�magos; y la vara de medir la destrucci�n, y lanzarla hacia arriba, incandescente, para que haya justicia contra los inmundos; y el mensajero de la ecumene como un or�culo de orbes y designios: �Castigo! �Piedad! �Vilipendio contra los palimpsestos que borran ojos y razones y subrayan las deidades inicuas de los mercaderes!; a sonoros modos de bamb�s sonoros las hojas girantes revelan profec�as cuando los torbellinos, las aguas y las enfermedades, cuando los ah�tos de vicios y poderes mueren en mansiones de sus lujurias, arbitrios y moscas; y en el env�s, �ngel p�treo, fuego de lenguas y pueblos: todo ha de pasar, ellos tambi�n han de pasar... |
| Exordio Incontinente, a pedido de lector avisado de los de este vecindario y misma data que la Sumaria antes transcrita, dase fe que en la regi�n de los pl�tanos y los huracanes, e insultos y maldiciones tras los abusos, porque el que siembra no gana sino ignominia y blasfemia y da�o; dase que los menesterosos de bienes y ley plantan bamb�s en ringleras en la defensa de sus cosechas contra los ladrones y tambi�n valen de hechicer�as por meteoros y campamentos y ambiciosos que por all� ronden y paren, como de realengos sin estampa; dase el demonio anda suelto, y de Saman� a La Frontera no hay abismo a su medida y todo infierno de pr�ncipes y bastardos es la una y misma cosa que trono y regodeo del avariento, y no hay hueco de sombra ni padecimiento para el imp�o y malo que lo condene, arda y escarmiente; dase que los inicuos van a los templos y exigen retribuci�n, y los oyen y cantan en su alrededor, a voleo de campanas y mirras y recitado de oraciones; y dase que muchas bocas quedan sin comer y muchos cuerpos sin vestir ni sanar y todo lo que se dice desde lo alto son palabras sin soporte ni destino esta Semana Santa del Siglo Veinte; dase la esperanza es un susurro que no cabe en los huesos ni en los sue�os, y entonces "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron" * al sonoro modo de sonoros bamb�s, porque "El que hablaba conmigo ten�a una ca�a de medir..." * * Apocal�psis |
| Partida Siendo que el olvido no figur� entre las cualidades de ese Ser; y siendo las 7. 21 de la ma�ana y los campos, verdes, luminosos, y los montes azules, lejanos, y en las hondonadas los r�os, los torrentes de m�sicas elev�ndose fragorosas y r�tmicas sobre los tallos de los bamb�s inclinados sobre sus sombras por el viento; y recorriendo poblados como pasantes del �nimo ambiguo y a�ubladas cifras de silencio... |
| Buc�lica Por el centro de la Isla y el coraz�n mismo y el recuerdo, corren los r�os por los que pasaron canoas a la sirga de recuas y cuadrillas y a remo, agobiadas de cosechas, rumbo al mar de Saman�; tiempo en que los mercantes no pagaban consumos ni bagatelas, ni los feligreses se resist�an a entregar los diezmos porque todav�a nadie cuestionaba a Dios ni a los curas; �poca de los gal�pagos y las corridas de sortija a caballo, de teatros y circos y jergas y galleras ambulantes, del maestro que se revolc� sobre las monedas cuando cobr� su primer sueldo, de aguinaldos y trenes de excursi�n y acordeones y vitrolas, de los fantasmas de La Excavaci�n, que saltaban al anochecer en las traviesas de los bamb�s murmurantes y los temores; momento de aguateros y pregones desto-y-lotro y cig�e�as que part�an veloces a reparar los trabajos del ferrocarril, de paseos a La Barca y ba�os en La Confluencia Yuna-Cam�, del alumbrado con l�mparas de carburo en esquinas y dinteles y de los serenos que las encend�an y apagaban de seis a seis de los crep�sculos y cantaban las horas durante las noches y avisaban a gritos los incendios y encubr�an los esc�ndalos, de las nieblas y vahos ma�aneros y rel�mpagos y truenos, de las botijas y el cr�dito y el buen nombre familiar; instante en que no se preguntaba qui�nes fundaron en cimientos movedizos y en encrucijada de comarcas y en pasaje de forasteros, porque llegaban retazos por vagones y la sal era de Turquilandia y los frutos se vend�an bien; y en lo subido, el vasto techo azul y oro diamante... |
| Vuelcos Cosas se encuentran en lo ya dicho que parecen dirigidas a dioses y lectores de biblias o a ganosos de pagan�as y mitos, porque el principio Uno del discurso manda escribir sobre lo que se ha visto y o�do y palpado con ojos y orejas y o�dos centrados en la vida y en la historia, y luego caminar hacia la magia con pie cauto, mente despierta y duda, pues doquiera h�llanse muertes de ver y oir y palpar mas no de ignorancia y chisme de los sentidos ni de poes�a que se cedacee en eventos, sino en escasez y falla de evocaciones y protocolos, y entonces hay que comenzar, por no haberlos en otra fuente p�blica, con cifras y datos de 1907 de Enrique Deschamps, tan pobres que en su Gu�a apenas cabe la exactitud: Un jefe de aldea, un alcalde, un agente de Correos y Tel�fono, un oficial civil y cabezas de familia muy conocidos hasta la marca de los treintitantos, mientras clasifica comerciantes, carpinteros, destiladores, boticarios, modistas, plateros, sastres, zapateros, tabaqueros, agricultores y ganaderos, sin la menci�n de los curanderos y otros p�caros que visitaban el caser�o, sobre el que hab�a merced de "El Congreso Nacional, en nombre de la Rep�blica, previstas las tres lecturas constitucionales, vista la solicitud dirigida a ese Alto Cuerpo por los habitantes de la secci�n Barbero, juridiscci�n del Distrito Pacificador, en la que piden que se eleve dicha secci�n a la categor�a de Puesto Cantonal: considerando que por su notable adelanto est� en las condiciones que requiere la ley del a�o 1891 para que se pueda otorgar la gracia " mencionada, "en honor del Pr�cer Pedro Antonio Pimentel" se gratific� con el nombre de Cant�n Pimentel a ese burgo el 18 de marzo de 1898, seg�n reza el decreto 3816 que aparece en la Gaceta 1251 del 13 de agosto de ese a�o, pen�ltimo del tirano y patriota Ulises Heureaux; puesto que otras cosas volteraron en la sabana cubierta de pajones, pomarrosas, hicacos, gu�cimas, yagrumos, jabillas, cajuiles, ginas, guamas y jobos, para esa fecha tambi�n se construy� el templo de maderas Las Mercedes, celebr�ndose desde entonces m�s a Nuestra Se�ora que al patr�n San Juan Bautista... |
| Cosas se encuentran en lo ya dicho que parecen dirigidas a dioses y lectores de biblias o a ganosos de pagan�as y mitos, porque el principio Uno del discurso manda escribir sobre lo que se ha visto y o�do y palpado con ojos y orejas y o�dos centrados en la vida y en la historia... |
| ...el sonoro modo del bamb� sonoro... |
| Lea tambi�n, El hallazgo de la aldea, un comentario de Ram�n Francisco, cr�tico literario dominicano, acerca del poema Son guerras y amores |