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La serpiente de su boca,
era larga y asquerosa;
parecía aquella cosa
hacia una rama estirarse,
como queriendo agarrarse
de una horqueta resbalosa.
"Tengo miedo de acercarme",
pensaba yo, con cagazo,
"a ver si me caza un brazo
y me morfa, o me atropella."
Hermano, la bestia aquella
del Infierno era un retazo !!.
Sin embargo, con cautela,
me le arrimé‚ despacito.
Como lo vi tranquilito,
sin emitir ni un sonido,
me acerqué, todo cohibido,
para verlo más clarito.
Ahí lo pude ver mejor:
la piel, peluda y oscura;
las manos, con cosas duras
todas cerradas, redondas.
Por cabellera, una honda
fila de pelo y negrura.
Unos cables muy extraños
el cuerpo le recorrían.
Por todos lados subían,
bajaban y se cruzaban;
de los brazos le asomaban
y en las patas se escondían.
Tenía un olor inmundo,
como de carne podrida.
Jamás, en toda mi vida,
olí algo semejante;
era un tufo repugnante,
como de agua servida.
Qué clase de monstruo es este ??.
Qué horror más abominable !!.
Pero lo más destacable,
que vio mi mente afiebrada,
era esa cola emplumada,
espantosa e inexplicable.
Las plumas blancas y negras,
como formando un racimo,
se unían en el camino
hacia adentro de su carne.
No podía imaginarme
de qué planeta eso vino.
Me acerqué un poquito más
para pispear a esa cosa.
La tormenta fragorosa,
sin nada de compasión,
aprovechó la ocasión
y se volvió más furiosa.
Entre truenos y relámpagos
el cielo se desgajó;
y cuando un rayo cayó
muy cerca de donde estaba,
la luz que desparramaba
al espectro iluminó.
(Continuará, y en la próxima termina)
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