La elección de Israel
9
1 Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da
testimonio en el Espíritu Santo,
2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.
3 Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por
amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;
4 que son israelitas, de los cuales son la adopción, la
gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las
promesas;
5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la
carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas,
bendito por los siglos. Amén.
6 No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los
que descienden de Israel son israelitas,
7 ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino:
En Isaac te será llamada descendencia.
8 Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos
de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son
contados como descendientes.
9 Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo
vendré, y Sara tendrá un hijo.
10 Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de
uno, de Isaac nuestro padre
11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien
ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección
permaneciese, no por las obras sino por el que llama),
12 se le dijo: El mayor servirá al menor.
13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En
ninguna manera.
15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga
misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.
16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino
de Dios que tiene misericordia.
17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he
levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea
anunciado por toda la tierra.
18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que
quiere endurecer, endurece.
19 Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha
resistido a su voluntad?
20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques
con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué
me has hecho así?
21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer
de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?
22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio
su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira
preparados para destrucción,
23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró
para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano
para gloria,
24 a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no
sólo de los judíos, sino también de los gentiles?
25 Como también en Oseas dice:
- Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo,
- Y a la no amada, amada.
-
26 Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo
mío,
- Allí serán llamados hijos del Dios viviente.
27 También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número
de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el
remanente será salvo;
28 porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en
justicia y con prontitud.
29 Y como antes dijo Isaías:
- Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado
descendencia,
- Como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos
semejantes.
La justicia que es por fe
30 ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la
justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es
por fe;
31 mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la
alcanzó.
32 ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por
obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,
33 como está escrito:
- He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;
- Y el que creyere en él, no será avergonzado.
10
1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración
a Dios por Israel, es para salvación.
2 Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero
no conforme a ciencia.
3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer
la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;
4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel
que cree.
5 Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así:
El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.
6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu
corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a
Cristo);
7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir
a Cristo de entre los muertos).
8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y
en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,
serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la
boca se confiesa para salvación.
11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no
será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el
mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le
invocan;
13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será
salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?
¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo
oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está
escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la
paz, de los que anuncian buenas nuevas!
16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice:
Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de
Dios.
18 Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,
- Por toda la tierra ha salido la voz de ellos,
- Y hasta los fines de la tierra sus palabras.
19 También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente
Moisés dice:
- Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo;
- Con pueblo insensato os provocaré a ira.
20 E Isaías dice resueltamente:
- Fui hallado de los que no me buscaban;
- Me manifesté a los que no preguntaban por mí.
21 Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos
a un puebo rebelde y contradictor.
El remanente de Israel
11
1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna
manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de
Abraham, de la tribu de Benjamín.
2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes
conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo
invoca a Dios contra Israel, diciendo:
3 Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han
derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?
4 Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado
siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.
5 Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente
escogido por gracia.
6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia
ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera
la obra ya no es obra.
7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero
los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron
endurecidos;
8 como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos
con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.
9 Y David dice:
- Sea vuelto su convite en trampa y en red,
- En tropezadero y en retribución;
-
10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean,
- Y agóbiales la espalda para siempre.
La salvación de los gentiles
11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?
En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a
los gentiles, para provocarles a celos.
12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su
defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena
restauración?
13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy
apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,
14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi
sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.
15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo,
¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?
16 Si las primicias son santas, también lo es la masa
restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú,
siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y
has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del
olivo,
18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no
sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese
injertado.
20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la
fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.
21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti
tampoco te perdonará.
22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad
ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para
contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú
también serás cortado.
23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán
injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.
24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo
silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo,
¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán
injertados en su propio olivo?
La restauración de Israel
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio,
para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha
acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya
entrado la plenitud de los gentiles;
26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito:
- Vendrá de Sion el Libertador,
- Que apartará de Jacob la impiedad.
-
27 Y este será mi pacto con ellos,
- Cuando yo quite sus pecados.
28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de
vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de
los padres.
29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais
desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia
por la desobediencia de ellos,
31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que
por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen
misericordia.
32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener
misericordia de todos.
33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la
ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e
inescrutables sus caminos!
34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién
fue su consejero?
35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese
recompensado?
36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A
él sea la gloria por los siglos. Amén.
Deberes cristianos
12
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios,
que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo,
agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio
de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis
cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que
está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que
el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a
la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros,
pero no todos los miembros tienen la misma función,
5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y
todos miembros los unos de los otros.
6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida
de la fe;
7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la
enseñanza;
8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con
liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace
misericordia, con alegría.
9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo
bueno.
10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a
honra, prefiriéndoos los unos a los otros.
11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor;
12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación;
constantes en la oración;
13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando
la hospitalidad.
14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con
los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante
de todos los hombres.
18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz
con todos los hombres.
19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad
lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor.
20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si
tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego
amontonarás sobre su cabeza.
21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
13
1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque
no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios
han sido establecidas.
2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido
por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para
sí mismos.
3 Porque los magistrados no están para infundir temor al que
hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la
autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;
4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo
malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor
de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por
razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.
6 Pues por esto pagáis también los tributos, porque son
servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.
7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que
impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.
8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque
el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás
falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento,
en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo.
10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de
la ley es el amor.
11 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos
del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra
salvación que cuando creímos.
12 La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos,
pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la
luz.
13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y
borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y
envidia,
14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los
deseos de la carne.
Los débiles en la fe
14
1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre
opiniones.
2 Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es
débil, come legumbres.
3 El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come,
no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio
señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso
es el Señor para hacerle estar firme.
5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales
todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su
propia mente.
6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que
no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor
come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da
gracias a Dios.
7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere
para sí.
8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para
el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del
Señor somos.
9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a
vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también,
¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos
ante el tribunal de Cristo.
11 Porque escrito está:
- Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda
rodilla,
- Y toda lengua confesará a Dios.
12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de
sí.
13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros,
sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al
hermano.
14 Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo
en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para
él lo es.
15 Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya
no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se
pierda aquel por quien Cristo murió.
16 No sea, pues, vituperado vuestro bien;
17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino
justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
18 Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es
aprobado por los hombres.
19 Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua
edificación.
20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas
las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre
haga tropezar a otros con lo que come.
21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu
hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.
22 ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios.
Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que
aprueba.
23 Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no
lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.
15
1 Así que, los que somos fuertes debemos soportar las
flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno,
para edificación.
3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como
está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron
sobre mí.
4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra
enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la
consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
5 Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé
entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,
6 para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo.
El evangelio a los gentiles
7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también
Cristo nos recibió, para gloria de Dios.
8 Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la
circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las
promesas hechas a los padres,
9 y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su
misericordia, como está escrito:
- Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,
- Y cantaré a tu nombre.
10 Y otra vez dice:
- Alegraos, gentiles, con su pueblo.
11 Y otra vez:
- Alabad al Señor todos los gentiles,
- Y magnificadle todos los pueblos.
12 Y otra vez dice Isaías:
- Estará la raíz de Isaí,
- Y el que se levantará a regir los gentiles;
- Los gentiles esperarán en él.
13 Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el
creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu
Santo.
14 Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que
vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo
conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a
los otros.
15 Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como
para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada
16 para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando
el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda
agradable, santificada por el Espíritu Santo.
17 Tengo, pues, de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo que a
Dios se refiere.
18 Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por
medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y
con las obras,
19 con potencia de señales y prodigios, en el poder del
Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los
alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de
Cristo.
20 Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no
donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre
fundamento ajeno,
21 sino, como está escrito:
- Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él,
verán;
- Y los que nunca han oído de él, entenderán.
Pablo se propone ir a Roma
22 Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a
vosotros.
23 Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y
deseando desde hace muchos años ir a vosotros,
24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros
al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya
gozado con vosotros.
25 Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda
para los pobres que hay entre los santos que están en
Jerusalén.
27 Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si
los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes
espirituales, deben también ellos ministrarles de los
materiales.
28 Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado
este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.
29 Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de
la bendición del evangelio de Cristo.
30 Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por
el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios,
31 para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y
que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea
acepta;
32 para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios,
y que sea recreado juntamente con vosotros.
33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
Saludos personales
16
1 Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual
es diaconisa de la iglesia en Cencrea;
2 que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y
que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros;
porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.
3 Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo
Jesús,
4 que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy
gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles.
5 Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto,
amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo.
6 Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros.
7 Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis
compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los
apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo.
8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.
9 Saludad a Urbano, nuestro colaborador en Cristo Jesús, y a
Estaquis, amado mío.
10 Saludad a Apeles, aprobado en Cristo. Saludad a los de la
casa de Aristóbulo.
11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los de la casa
de Narciso, los cuales están en el Señor.
12 Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el
Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho
en el Señor.
13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.
14 Saludad a Asíncrito, a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a
Hermes y a los hermanos que están con ellos.
15 Saludad a Filólogo, a Julia, a Nereo y a su hermana, a
Olimpas y a todos los santos que están con ellos.
16 Saludaos los unos a los otros con ósculo santo. Os saludan
todas las iglesias de Cristo.
17 Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan
divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros
habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.
18 Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo,
sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas
engañan los corazones de los ingenuos.
19 Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos,
así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para
el bien, e ingenuos para el mal.
20 Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo
vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
vosotros.
21 Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y
Sosípater, mis parientes.
22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el
Señor.
23 Os saluda Gayo, hospedador mío y de toda la iglesia. Os
saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
24 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos
vosotros. Amén.
Doxología final
25 Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la
predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio
que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,
26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras
de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha
dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe,
27 al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para
siempre. Amén.
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