Gedeón captura a los reyes de Madián
8
1 Pero los hombres de Efraín le dijeron: ¿Qué es esto que
has hecho con nosotros, no llamándonos cuando ibas a la guerra
contra Madián? Y le reconvinieron fuertemente.
2 A los cuales él respondió: ¿Qué he hecho yo ahora
comparado con vosotros? ¿No es el rebusco de Efraín mejor que
la vendimia de Abiezer?
3 Dios ha entregado en vuestras manos a Oreb y a Zeeb,
príncipes de Madián; ¿y qué he podido yo hacer comparado con
vosotros? Entonces el enojo de ellos contra él se aplacó, luego
que él habló esta palabra.
4 Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos
hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo.
5 Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me
sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y yo
persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián.
6 Y los principales de Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y
Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tu ejército?
7 Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi mano a
Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinos y
abrojos del desierto.
8 De allí subió a Peniel, y les dijo las mismas palabras. Y
los de Peniel le respondieron como habían respondido los de
Sucot.
9 Y él habló también a los de Peniel, diciendo: Cuando yo
vuelva en paz, derribaré esta torre.
10 Y Zeba y Zalmuna estaban en Carcor, y con ellos su ejército
como de quince mil hombres, todos los que habían quedado de todo
el ejército de los hijos del oriente; pues habían caído ciento
veinte mil hombres que sacaban espada.
11 Subiendo, pues, Gedeón por el camino de los que habitaban
en tiendas al oriente de Noba y de Jogbeha, atacó el campamento,
porque el ejército no estaba en guardia.
12 Y huyendo Zeba y Zalmuna, él los siguió; y prendió a los
dos reyes de Madián, Zeba y Zalmuna, y llenó de espanto a todo
el ejército.
13 Entonces Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla antes
que el sol subiese,
14 y tomó a un joven de los hombres de Sucot, y le preguntó;
y él le dio por escrito los nombres de los principales y de los
ancianos de Sucot, setenta y siete varones.
15 Y entrando a los hombres de Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a
Zalmuna, acerca de los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Están
ya en tu mano Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a tus
hombres cansados?
16 Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos del
desierto, y castigó con ellos a los de Sucot.
17 Asimismo derribó la torre de Peniel, y mató a los de la
ciudad.
18 Luego dijo a Zeba y a Zalmuna: ¿Qué aspecto tenían
aquellos hombres que matasteis en Tabor? Y ellos respondieron:
Como tú, así eran ellos; cada uno parecía hijo de rey.
19 Y él dijo: Mis hermanos eran, hijos de mi madre. ¡Vive
Jehová, que si les hubierais conservado la vida, yo no os
mataría!
20 Y dijo a Jeter su primogénito: Levántate, y mátalos. Pero
el joven no desenvainó su espada, porque tenía temor, pues era
aún muchacho.
21 Entonces dijeron Zeba y Zalmuna: Levántate tú, y mátanos;
porque como es el varón, tal es su valentía. Y Gedeón se
levantó, y mató a Zeba y a Zalmuna; y tomó los adornos de
lunetas que sus camellos traían al cuello.
22 Y los israelitas dijeron a Gedeón: Sé nuestro señor,
tú, y tu hijo, y tu nieto; pues que nos has librado de mano de
Madián.
23 Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni
mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros.
24 Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada
uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de
oro, porque eran ismaelitas).
25 Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y
tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su
botín.
26 Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil
setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos
de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares
que traían sus camellos al cuello.
27 Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su
ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en
aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa.
28 Así fue subyugado Madián delante de los hijos de Israel, y
nunca más volvió a levantar cabeza. Y reposó la tierra
cuarenta años en los días de Gedeón.
29 Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa.
30 Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su
descendencia, porque tuvo muchas mujeres.
31 También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y
le puso por nombre Abimelec.
32 Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue
sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los
abiezeritas.
33 Pero aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de
Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y
escogieron por dios a Baal-berit.
34 Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios,
que los había librado de todos sus enemigos en derredor;
35 ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual
es Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a
Israel.
Reinado de Abimelec
9
1 Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su
madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del
padre de su madre, diciendo:
2 Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem:
¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos
los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos
que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.
3 Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos de
todos los de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos
se inclinó a favor de Abimelec, porque decían: Nuestro hermano
es.
4 Y le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit,
con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos,
que le siguieron.
5 Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus
hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una misma
piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de Jerobaal, que se
escondió.
6 Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de
Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la
llanura del pilar que estaba en Siquem.
7 Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del
monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo: Oídme,
varones de Siquem, y así os oiga Dios.
8 Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron
al olivo: Reina sobre nosotros.
9 Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual
en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande
sobre los árboles?
10 Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre
nosotros.
11 Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen
fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?
12 Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina
sobre nosotros.
13 Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra
a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?
14 Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú,
reina sobre nosotros.
15 Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me
elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi
sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros
del Líbano.
16 Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis
procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con
Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra
de sus manos
17 (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al
peligro para libraros de mano de Madián,
18 y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi
padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una
misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a
Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano);
19 si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con
Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de
vosotros.
20 Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de
Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de
la casa de Milo, que consuma a Abimelec.
21 Y escapó Jotam y huyó, y se fue a Beer, y allí se estuvo
por miedo de Abimelec su hermano.
22 Después que Abimelec hubo dominado sobre Israel tres años,
23 envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de
Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec;
24 para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal,
y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los
mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos
de él para matar a sus hermanos.
25 Y los de Siquem pusieron en las cumbres de los montes
asechadores que robaban a todos los que pasaban junto a ellos por
el camino; de lo cual fue dado aviso a Abimelec.
26 Y Gaal hijo de Ebed vino con sus hermanos y se pasaron a
Siquem, y los de Siquem pusieron en él su confianza.
27 Y saliendo al campo, vendimiaron sus viñedos, y pisaron la
uva e hicieron fiesta; y entrando en el templo de sus dioses,
comieron y bebieron, y maldijeron a Abimelec.
28 Y Gaal hijo de Ebed dijo: ¿Quién es Abimelec, y qué es
Siquem, para que nosotros le sirvamos? ¿No es hijo de Jerobaal,
y no es Zebul ayudante suyo? Servid a los varones de Hamor padre
de Siquem; pero ¿por qué le hemos de servir a él?
29 Ojalá estuviera este pueblo bajo mi mano, pues yo
arrojaría luego a Abimelec, y diría a Abimelec: Aumenta tus
ejércitos, y sal.
30 Cuando Zebul gobernador de la ciudad oyó las palabras de
Gaal hijo de Ebed, se encendió en ira,
31 y envió secretamente mensajeros a Abimelec, diciendo: He
aquí que Gaal hijo de Ebed y sus hermanos han venido a Siquem, y
he aquí que están sublevando la ciudad contra ti.
32 Levántate, pues, ahora de noche, tú y el pueblo que está contigo, y pon emboscadas en el campo.
33 Y por la mañana al salir el sol madruga y cae sobre la
ciudad; y cuando él y el pueblo que está con él salgan contra
ti, tú harás con él según se presente la ocasión.
34 Levantándose, pues, de noche Abimelec y todo el pueblo que
con él estaba, pusieron emboscada contra Siquem con cuatro
compañías.
35 Y Gaal hijo de Ebed salió, y se puso a la entrada de la
puerta de la ciudad; y Abimelec y todo el pueblo que con él
estaba, se levantaron de la emboscada.
36 Y viendo Gaal al pueblo, dijo a Zebul: He allí gente que
desciende de las cumbres de los montes. Y Zebul le respondió:
Tú ves la sombra de los montes como si fueran hombres.
37 Volvió Gaal a hablar, y dijo: He allí gente que desciende
de en medio de la tierra, y una tropa viene por el camino de la
encina de los adivinos.
38 Y Zebul le respondió: ¿Dónde está ahora tu boca con que
decías: ¿Quién es Abimelec para que le sirvamos? ¿No es este
el pueblo que tenías en poco? Sal pues, ahora, y pelea con él.
39 Y Gaal salió delante de los de Siquem, y peleó contra
Abimelec.
40 Mas lo persiguió Abimelec, y Gaal huyó delante de él; y
cayeron heridos muchos hasta la entrada de la puerta.
41 Y Abimelec se quedó en Aruma; y Zebul echó fuera a Gaal y
a sus hermanos, para que no morasen en Siquem.
42 Aconteció el siguiente día, que el pueblo salió al campo;
y fue dado aviso a Abimelec,
43 el cual, tomando gente, la repartió en tres compañías, y
puso emboscadas en el campo; y cuando miró, he aquí el pueblo
que salía de la ciudad; y se levantó contra ellos y los atacó.
44 Porque Abimelec y la compañía que estaba con él
acometieron con ímpetu, y se detuvieron a la entrada de la
puerta de la ciudad, y las otras dos compañías acometieron a
todos los que estaban en el campo, y los mataron.
45 Y Abimelec peleó contra la ciudad todo aquel día, y tomó la ciudad, y mató al pueblo que en ella estaba; y asoló la
ciudad, y la sembró de sal.
46 Cuando oyeron esto todos los que estaban en la torre de
Siquem, se metieron en la fortaleza del templo del dios Berit.
47 Y fue dado aviso a Abimelec, de que estaban reunidos todos
los hombres de la torre de Siquem.
48 Entonces subió Abimelec al monte de Salmón, él y toda la
gente que con él estaba; y tomó Abimelec un hacha en su mano, y
cortó una rama de los árboles, y levantándola se la puso sobre
sus hombros, diciendo al pueblo que estaba con él: Lo que me
habéis visto hacer, apresuraos a hacerlo como yo.
49 Y todo el pueblo cortó también cada uno su rama, y
siguieron a Abimelec, y las pusieron junto a la fortaleza, y
prendieron fuego con ellas a la fortaleza, de modo que todos los
de la torre de Siquem murieron, como unos mil hombres y mujeres.
50 Después Abimelec se fue a Tebes, y puso sitio a Tebes, y la
tomó.
51 En medio de aquella ciudad había una torre fortificada, a
la cual se retiraron todos los hombres y las mujeres, y todos los
señores de la ciudad; y cerrando tras sí las puertas, se
subieron al techo de la torre.
52 Y vino Abimelec a la torre, y combatiéndola, llegó hasta
la puerta de la torre para prenderle fuego.
53 Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino
sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo.
54 Entonces llamó apresuradamente a su escudero, y le dijo:
Saca tu espada y mátame, para que no se diga de mí: Una mujer
lo mató. Y su escudero le atravesó, y murió.
55 Y cuando los israelitas vieron muerto a Abimelec, se fueron
cada uno a su casa.
56 Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre,
matando a sus setenta hermanos.
57 Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver
sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo
de Jerobaal.
Tola y Jair juzgan a Israel
10
1 Después de Abimelec, se levantó para librar a Israel Tola
hijo de Fúa, hijo de Dodo, varón de Isacar, el cual habitaba en
Samir en el monte de Efraín.
2 Y juzgó a Israel veintitrés años; y murió, y fue
sepultado en Samir.
3 Tras él se levantó Jair galaadita, el cual juzgó a Israel
veintidós años.
4 Este tuvo treinta hijos, que cabalgaban sobre treinta asnos;
y tenían treinta ciudades, que se llaman las ciudades de Jair
hasta hoy, las cuales están en la tierra de Galaad.
5 Y murió Jair, y fue sepultado en Camón.
Jefté liberta a Israel de los amonitas
6 Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los
ojos de Jehová, y sirvieron a los baales y a Astarot, a los
dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a
los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos;
y dejaron a Jehová, y no le sirvieron.
7 Y se encendió la ira de Jehová contra Israel, y los
entregó en mano de los filisteos, y en mano de los hijos de
Amón;
8 los cuales oprimieron y quebrantaron a los hijos de Israel en
aquel tiempo dieciocho años, a todos los hijos de Israel que
estaban al otro lado del Jordán en la tierra del amorreo, que
está en Galaad.
9 Y los hijos de Amón pasaron el Jordán para hacer también
guerra contra Judá y contra Benjamín y la casa de Efraín, y fue
afligido Israel en gran manera.
10 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo:
Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro
Dios, y servido a los baales.
11 Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis
sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de
los filisteos,
12 de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a mí no
os libré de sus manos?
13 Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses
ajenos; por tanto, yo no os libraré más.
14 Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os
libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción.
15 Y los hijos de Israel respondieron a Jehová: Hemos pecado;
haz tú con nosotros como bien te parezca; sólo te rogamos que
nos libres en este día.
16 Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a
Jehová; y él fue angustiado a causa de la aflicción de Israel.
17 Entonces se juntaron los hijos de Amón, y acamparon en
Galaad; se juntaron asimismo los hijos de Israel, y acamparon en
Mizpa.
18 Y los príncipes y el pueblo de Galaad dijeron el uno al
otro: ¿Quién comenzará la batalla contra los hijos de Amón?
Será caudillo sobre todos los que habitan en Galaad.
11
1 Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una
mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad.
2 Pero la mujer de Galaad le dio hijos, los cuales, cuando
crecieron, echaron fuera a Jefté, diciéndole: No heredarás en
la casa de nuestro padre, porque eres hijo de otra mujer.
3 Huyó, pues, Jefté de sus hermanos, y habitó en tierra de
Tob; y se juntaron con él hombres ociosos, los cuales salían
con él.
4 Aconteció andando el tiempo, que los hijos de Amón hicieron
guerra contra Israel.
5 Y cuando los hijos de Amón hicieron guerra contra Israel,
los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de
Tob;
6 y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que
peleemos contra los hijos de Amón.
7 Jefté respondió a los ancianos de Galaad: ¿No me
aborrecisteis vosotros, y me echasteis de la casa de mi padre?
¿Por qué, pues, venís ahora a mí cuando estáis en
aflicción?
8 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Por esta
misma causa volvemos ahora a ti, para que vengas con nosotros y
pelees contra los hijos de Amón, y seas caudillo de todos los
que moramos en Galaad.
9 Jefté entonces dijo a los ancianos de Galaad: Si me hacéis
volver para que pelee contra los hijos de Amón, y Jehová los
entregare delante de mí, ¿seré yo vuestro caudillo?
10 Y los ancianos de Galaad respondieron a Jefté: Jehová sea
testigo entre nosotros, si no hiciéremos como tú dices.
11 Entonces Jefté vino con los ancianos de Galaad, y el pueblo
lo eligió por su caudillo y jefe; y Jefté habló todas sus
palabras delante de Jehová en Mizpa.
12 Y envió Jefté mensajeros al rey de los amonitas, diciendo:
¿Qué tienes tú conmigo, que has venido a mí para hacer guerra
contra mi tierra?
13 El rey de los amonitas respondió a los mensajeros de
Jefté: Por cuanto Israel tomó mi tierra, cuando subió de
Egipto, desde Arnón hasta Jaboc y el Jordán; ahora, pues,
devuélvela en paz.
14 Y Jefté volvió a enviar otros mensajeros al rey de los
amonitas,
15 para decirle: Jefté ha dicho así: Israel no tomó tierra
de Moab, ni tierra de los hijos de Amón.
16 Porque cuando Israel subió de Egipto, anduvo por el
desierto hasta el Mar Rojo, y llegó a Cades.
17 Entonces Israel envió mensajeros al rey de Edom, diciendo:
Yo te ruego que me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom
no los escuchó. Envió también al rey de Moab, el cual tampoco
quiso; se quedó, por tanto, Israel en Cades.
18 Después, yendo por el desierto, rodeó la tierra de Edom y
la tierra de Moab, y viniendo por el lado oriental de la tierra
de Moab, acampó al otro lado de Arnón, y no entró en
territorio de Moab; porque Arnón es territorio de Moab.
19 Y envió Israel mensajeros a Sehón rey de los amorreos, rey
de Hesbón, diciéndole: Te ruego que me dejes pasar por tu tierra
hasta mi lugar.
20 Mas Sehón no se fio de Israel para darle paso por su
territorio, sino que reuniendo Sehón toda su gente, acampó en
Jahaza, y peleó contra Israel.
21 Pero Jehová Dios de Israel entregó a Sehón y a todo su
pueblo en mano de Israel, y los derrotó; y se apoderó Israel de
toda la tierra de los amorreos que habitaban en aquel país.
22 Se apoderaron también de todo el territorio del amorreo
desde Arnón hasta Jaboc, y desde el desierto hasta el Jordán.
23 Así que, lo que Jehová Dios de Israel desposeyó al
amorreo delante de su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte
de él?
24 Lo que te hiciere poseer Quemos tu dios, ¿no lo poseerías
tú? Así, todo lo que desposeyó Jehová nuestro Dios delante de
nosotros, nosotros lo poseeremos.
25 ¿Eres tú ahora mejor en algo que Balac hijo de Zipor, rey
de Moab? ¿Tuvo él cuestión contra Israel, o hizo guerra contra
ellos?
26 Cuando Israel ha estado habitando por trescientos años a
Hesbón y sus aldeas, a Aroer y sus aldeas, y todas las ciudades
que están en el territorio de Arnón, ¿por qué no las habéis
recobrado en ese tiempo?
27 Así que, yo nada he pecado contra ti, mas tú haces mal
conmigo peleando contra mí. Jehová, que es el juez, juzgue hoy
entre los hijos de Israel y los hijos de Amón.
28 Mas el rey de los hijos de Amón no atendió a las razones
que Jefté le envió.
29 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó por
Galaad y Manasés, y de allí pasó a Mizpa de Galaad, y de Mizpa
de Galaad pasó a los hijos de Amón.
30 Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los
amonitas en mis manos,
31 cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a
recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de
Jehová, y lo ofreceré en holocausto.
32 Y fue Jefté hacia los hijos de Amón para pelear contra
ellos; y Jehová los entregó en su mano.
33 Y desde Aroer hasta llegar a Minit, veinte ciudades, y hasta
la vega de las viñas, los derrotó con muy grande estrago. Así fueron sometidos los amonitas por los hijos de Israel.
34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su
hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era
sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija.
35 Y cuando él la vio, rompió sus vestidos, diciendo: ¡Ay,
hija mía! en verdad me has abatido, y tú misma has venido a ser
causa de mi dolor; porque le he dado palabra a Jehová, y no
podré retractarme.
36 Ella entonces le respondió: Padre mío, si le has dado
palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que
Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón.
37 Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por
dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi
virginidad, yo y mis compañeras.
38 El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue
con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes.
39 Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella
conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón.
40 Y se hizo costumbre en Israel, que de año en año fueran
las doncellas de Israel a endechar a la hija de Jefté galaadita,
cuatro días en el año.
12
1 Entonces se reunieron los varones de Efraín, y pasaron hacia
el norte, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra
contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos
contigo? Nosotros quemaremos tu casa contigo.
2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo teníamos una gran
contienda con los hijos de Amón, y os llamé, y no me
defendisteis de su mano.
3 Viendo, pues, que no me defendíais, arriesgué mi vida, y
pasé contra los hijos de Amón, y Jehová me los entregó; ¿por
qué, pues, habéis subido hoy contra mí para pelear conmigo?
4 Entonces reunió Jefté a todos los varones de Galaad, y
peleó contra Efraín; y los de Galaad derrotaron a Efraín,
porque habían dicho: Vosotros sois fugitivos de Efraín,
vosotros los galaaditas, en medio de Efraín y de Manasés.
5 Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de
Efraín; y aconteció que cuando decían los fugitivos de
Efraín: Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: ¿Eres tú efrateo? Si él respondía: No,
6 entonces le decían: Ahora, pues, di Shibolet. Y él decía
Sibolet; porque no podía pronunciarlo correctamente. Entonces le
echaban mano, y le degollaban junto a los vados del Jordán. Y
murieron entonces de los de Efraín cuarenta y dos mil.
7 Y Jefté juzgó a Israel seis años; y murió Jefté galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.
Ibzán, Elón y Abdón, jueces de Israel
8 Después de él juzgó a Israel Ibzán de Belén,
9 el cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos; y juzgó a
Israel siete años.
10 Y murió Ibzán, y fue sepultado en Belén.
11 Después de él juzgó a Israel Elón zabulonita, el cual
juzgó a Israel diez años.
12 Y murió Elón zabulonita, y fue sepultado en Ajalón en la
tierra de Zabulón.
13 Después de él juzgó a Israel Abdón hijo de Hilel,
piratonita.
14 Este tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que cabalgaban
sobre setenta asnos; y juzgó a Israel ocho años.
15 Y murió Abdón hijo de Hilel piratonita, y fue sepultado
en Piratón, en la tierra de Efraín, en el monte de Amalec.
13
Nacimiento de Sansón
1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos
de Jehová; y Jehová los entregó en mano de los filisteos por
cuarenta años.
2 Y había un hombre de Zora, de la tribu de Dan, el cual se
llamaba Manoa; y su mujer era estéril, y nunca había tenido
hijos.
3 A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y le dijo: He
aquí que tú eres estéril, y nunca has tenido hijos; pero
concebirás y darás a luz un hijo.
4 Ahora, pues, no bebas vino ni sidra, ni comas cosa inmunda.
5 Pues he aquí que concebirás y darás a luz un hijo; y
navaja no pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo
a Dios desde su nacimiento, y él comenzará a salvar a Israel de
mano de los filisteos.
6 Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un
varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un
ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de
dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre.
7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un
hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa
inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su
nacimiento hasta el día de su muerte.
8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te
ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir
a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño
que ha de nacer.
9 Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra
vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no
estaba con ella.
10 Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido,
diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a
mí el otro día.
11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al varón
y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él
dijo: Yo soy.
12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo
debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con
él?
13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se
guardará de todas las cosas que yo le dije.
14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni
sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le
mandé.
15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos
permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.
16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me
detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto,
ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de
Jehová.
17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu
nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?
18 Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por
mi nombre, que es admirable?
19 Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre
una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de
Manoa y de su mujer.
20 Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia
el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante
los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en
tierra.
21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su
mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.
22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a
Dios hemos visto.
23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no
aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos
hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría
anunciado esto.
24 Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón.
Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
25 Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en
los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol.
Sansón y la mujer filistea de Timnat
14
1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de
las hijas de los filisteos.
2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo
he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os
ruego que me la toméis por mujer.
3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las
hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas
tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón
respondió a su padre: Tómame ésta por mujer, porque ella me
agrada.
4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de
Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues
en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel.
5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y
cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven
que venía rugiendo hacia él.
6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien
despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener
nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que
había hecho.
7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó a
Sansón.
8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se
apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he
aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y
un panal de miel.
9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino;
y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a
ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado
aquella miel del cuerpo del león.
10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo
allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes.
11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron treinta
compañeros para que estuviesen con él.
12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si
en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis,
yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de
fiesta.
13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me
daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de
fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos.
14 Entonces les dijo:
- Del devorador salió comida,
- Y del fuerte salió dulzura.
Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días.
15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu
marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a
ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para
despojarnos?
16 Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo:
Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el
enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió:
He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te
lo había de declarar a ti?
17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos
tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró,
porque le presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su
pueblo.
18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la
ciudad le dijeron:
- ¿Qué cosa más dulce que la miel?
- ¿Y qué cosa más fuerte que el león?
Y él les respondió:
- Si no araseis con mi novilla,
- Nunca hubierais descubierto mi enigma.
19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a
Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando sus
despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado
el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre.
20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él
había tratado como su amigo.
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