Daniel y sus compañeros en Babilonia
1
1 En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino
Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.
2 Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y
parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra
de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la
casa del tesoro de su dios.
3 Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese
de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes,
4 muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen
parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de
buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey;
y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.
5 Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión
de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase
tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del
rey.
6 Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de
los hijos de Judá.
7 A éstos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel,
Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías,
Abed-nego.
8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la
porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía;
pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a
contaminarse.
9 Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el
jefe de los eunucos;
10 y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el
rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que
él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos
que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi
cabeza.
11 Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el
jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
12 Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez
días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
13 Compara luego nuestros rostros con los rostros de los
muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz
después con tus siervos según veas.
14 Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos
diez días.
15 Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos
mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de
la porción de la comida del rey.
16 Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de
ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres.
17 A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e
inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo
entendimiento en toda visión y sueños.
18 Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho
el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante
de Nabucodonosor.
19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos
ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues,
estuvieron delante del rey.
20 En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey
les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos
y astrólogos que había en todo su reino.
21 Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor
2
1 En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, tuvo
Nabucodonosor sueños, y se perturbó su espíritu, y se le fue
el sueño.
2 Hizo llamar el rey a magos, astrólogos, encantadores y
caldeos, para que le explicasen sus sueños. Vinieron, pues, y se
presentaron delante del rey.
3 Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha
turbado por saber el sueño.
4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Rey,
para siempre vive; di el sueño a tus siervos, y te mostraremos
la interpretación.
5 Respondió el rey y dijo a los caldeos: El asunto lo
olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación,
seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en
muladares.
6 Y si me mostrareis el sueño y su interpretación,
recibiréis de mí dones y favores y gran honra. Decidme, pues,
el sueño y su interpretación.
7 Respondieron por segunda vez, y dijeron: Diga el rey el
sueño a sus siervos, y le mostraremos la interpretación.
8 El rey respondió y dijo: Yo conozco ciertamente que vosotros
ponéis dilaciones, porque veis que el asunto se me ha ido.
9 Si no me mostráis el sueño, una sola sentencia hay para
vosotros. Ciertamente preparáis respuesta mentirosa y perversa
que decir delante de mí, entre tanto que pasa el tiempo.
Decidme, pues, el sueño, para que yo sepa que me podéis dar su
interpretación.
10 Los caldeos respondieron delante del rey, y dijeron: No hay
hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey;
además de esto, ningún rey, príncipe ni señor preguntó cosa
semejante a ningún mago ni astrólogo ni caldeo.
11 Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay
quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no
es con la carne.
12 Por esto el rey con ira y con gran enojo mandó que matasen
a todos los sabios de Babilonia.
13 Y se publicó el edicto de que los sabios fueran llevados a
la muerte; y buscaron a Daniel y a sus compañeros para matarlos.
14 Entonces Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc,
capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a
los sabios de Babilonia.
15 Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Cuál es la causa
de que este edicto se publique de parte del rey tan
apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que
había.
16 Y Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo, y que
él mostraría la interpretación al rey.
17 Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a
Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros,
18 para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre
este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no
pereciesen con los otros sabios de Babilonia.
19 Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de
noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.
20 Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de
siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría.
21 El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone
reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los
entendidos.
22 El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está
en tinieblas, y con él mora la luz.
23 A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo,
porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado
lo que te pedimos; pues nos has dado a conocer el asunto del
rey.
24 Después de esto fue Daniel a Arioc, al cual el rey había
puesto para matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No
mates a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey,
y yo le mostraré la interpretación.
25 Entonces Arioc llevó prontamente a Daniel ante el rey, y
le dijo así: He hallado un varón de los deportados de Judá,
el cual dará al rey la interpretación.
26 Respondió el rey y dijo a Daniel, al cual llamaban
Beltsasar: ¿Podrás tú hacerme conocer el sueño que vi, y su
interpretación?
27 Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio
que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni
adivinos lo pueden revelar al rey.
28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los
misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de
acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las
visiones que has tenido en tu cama:
29 Estando tú, oh rey, en tu cama, te vinieron pensamientos
por saber lo que había de ser en lo por venir; y el que revela
los misterios te mostró lo que ha de ser.
30 Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí
haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se
dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los
pensamientos de tu corazón.
31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta
imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba
en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.
32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus
brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce;
33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en
parte de barro cocido.
34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con
mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro
cocido, y los desmenuzó.
35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro
cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las
eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos
quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue
hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
36 Este es el sueño; también la interpretación de él
diremos en presencia del rey.
37 Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo
te ha dado reino, poder, fuerza y majestad.
38 Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del
campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha
dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.
39 Y después de ti se levantará otro reino inferior al
tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre
toda la tierra.
40 Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el
hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y
quebrantará todo.
41 Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro
cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido;
mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste
hierro mezclado con barro cocido.
42 Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en
parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte
frágil.
43 Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán
por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el
otro, como el hierro no se mezcla con el barro.
44 Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará
un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado
a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos,
pero él permanecerá para siempre,
45 de la manera que viste que del monte fue cortada una
piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el
barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que
ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel
su interpretación.
46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y
se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e
incienso.
47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro
es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los
misterios, pues pudiste revelar este misterio.
48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos
honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la
provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de
Babilonia.
49 Y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los
negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y
Abed-nego; y Daniel estaba en la corte del rey.
Rescatados del horno de fuego
3
1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era
de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el
campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los
sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros,
consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias,
para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey
Nabucodonosor había levantado.
3 Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados,
capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los
gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua
que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie
delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros,
oh pueblos, naciones y lenguas,
5 que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril,
del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de
música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey
Nabucodonosor ha levantado;
6 y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será
echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina,
de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la
zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos,
naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que
el rey Nabucodonosor había levantado.
8 Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y
acusaron maliciosamente a los judíos.
9 Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre
vive.
10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el
son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del
salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se
postre y adore la estatua de oro;
11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un
horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los
negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego;
estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses,
ni adoran la estatua de oro que has levantado.
13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que
trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron
traídos estos varones delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac
y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la
estatua de oro que he levantado?
15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de
la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de
la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y
adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en
la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego
ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey
Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos
sobre este asunto.
17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del
horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses,
ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el
aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó
que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.
20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su
ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos
en el horno de fuego ardiendo.
21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus
calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del
horno de fuego ardiendo.
22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían
calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían
alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.
23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron
atados dentro del horno de fuego ardiendo.
24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó
apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres
varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es
verdad, oh rey.
25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se
pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto
del cuarto es semejante a hijo de los dioses.
26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de
fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del
Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego
salieron de en medio del fuego.
27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los
capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones,
cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos,
ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas
estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.
28 Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos,
de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus
siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del
rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro
dios que su Dios.
29 Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que
dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea
descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no
hay dios que pueda librar como éste.
30 Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en
la provincia de Babilonia.
La locura de Nabucodonosor
4
1 Nabucodonosor rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas
que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada.
2 Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios
Altísimo ha hecho conmigo.
3 ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus
maravillas! Su reino, reino sempiterno, y su señorío de
generación en generación.
4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente
en mi palacio.
5 Vi un sueño que me espantó, y tendido en cama, las
imaginaciones y visiones de mi cabeza me turbaron.
6 Por esto mandé que vinieran delante de mí todos los sabios
de Babilonia, para que me mostrasen la interpretación del
sueño.
7 Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, y les
dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación,
8 hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es
Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el
espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño,
diciendo:
9 Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en
ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te
esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su
interpretación.
10 Estas fueron las visiones de mi cabeza mientras estaba en
mi cama: Me parecía ver en medio de la tierra un árbol, cuya
altura era grande.
11 Crecía este árbol, y se hacía fuerte, y su copa llegaba
hasta el cielo, y se le alcanzaba a ver desde todos los confines
de la tierra.
12 Su follaje era hermoso y su fruto abundante, y había en
él alimento para todos. Debajo de él se ponían a la sombra las
bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del
cielo, y se mantenía de él toda carne.
13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama,
que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo.
14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y
cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto;
váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus
ramas.
15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con
atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea
mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte
entre la hierba de la tierra.
16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón
de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho
de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que
el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él
quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
18 Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues,
Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los
sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación;
mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses
santos.
19 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, quedó atónito
casi una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló y
dijo: Beltsasar, no te turben ni el sueño ni su interpretación.
Beltsasar respondió y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus
enemigos, y su interpretación para los que mal te quieren.
20 El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, y
cuya copa llegaba hasta el cielo, y que se veía desde todos los
confines de la tierra,
21 cuyo follaje era hermoso, y su fruto abundante, y en que
había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias
del campo, y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo,
22 tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte,
pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo, y tu
dominio hasta los confines de la tierra.
23 Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que
descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas
la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de
hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el
rocío del cielo, y con las
bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él siete
tiempos;
24 esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del
Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey:
25 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del
campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán
como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y
siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el
Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a
quien él quiere.
26 Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del
mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que
reconozcas que el cielo gobierna.
27 Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime
con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con
los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu
tranquilidad.
28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de
Babilonia,
30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que
yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para
gloria de mi majestad?
31 Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una
voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha
sido quitado de ti;
32 y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del
campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán;
y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el
Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a
quien él quiere.
33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre
Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba
como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo,
hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas
como las de las aves.
34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al
cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y
alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es
sempiterno, y su reino por todas las edades.
35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como
nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y
en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y
le diga: ¿Qué haces?
36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad
de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis
gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en
mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al
Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus
caminos justos; y él puede humillar a los que andan con
soberbia.
La escritura en la pared
5
1 El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus
príncipes, y en presencia de los mil bebía vino.
2 Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los
vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído
del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus
grandes, sus mujeres y sus concubinas.
3 Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían
traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y
bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus
concubinas.
4 Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de
bronce, de hierro, de madera y de piedra.
5 En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de
hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de
la pared del palacio real, y el rey veía la mano que
escribía.
6 Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron,
y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la
otra.
7 El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos
y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera
que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será
vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y
será el tercer señor en el reino.
8 Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero
no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su
interpretación.
9 Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y
palideció, y sus príncipes estaban perplejos.
10 La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes,
entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no
te turben tus pensamientos, ni palidezca tu rostro.
11 En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de
los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él
luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses;
al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe
sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos,
12 por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y
entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y
resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por
nombre Beltsasar. Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará
la interpretación.
13 Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey
a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de
Judá, que mi padre trajo de Judea?
14 Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos
está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor
sabiduría.
15 Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos
para que leyesen esta escritura y me diesen su interpretación;
pero no han podido mostrarme la interpretación del asunto.
16 Yo, pues, he oído de ti que puedes dar interpretaciones y
resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y
darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar
de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el
reino.
17 Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus
dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la
escritura al rey, y le daré la interpretación.
18 El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el
reino y la grandeza, la gloria y la majestad.
19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y
lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería
mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien
quería, y a quien quería humillaba.
20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se
endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y
despojado de su gloria.
21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente
se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses
fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo
fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el
Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y
que pone sobre él al que le place.
22 Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón,
sabiendo todo esto;
23 sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e
hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus
grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos;
además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de
bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni
saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos
tus caminos, nunca honraste.
24 Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó
esta escritura.
25 Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN.
26 Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu
reino, y le ha puesto fin.
27 TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
28 PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los
persas.
29 Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y
poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el
tercer señor del reino.
30 La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos.
31 Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos
años.
Daniel en el foso de los leones
6
1 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento
veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino.
2 Y sobre ellos tres gobernadores, de los cuales Daniel era
uno, a quienes estos sátrapas diesen cuenta, para que el rey no
fuese perjudicado.
3 Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y
gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el
rey pensó en ponerlo sobre todo el reino.
4 Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para
acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar
ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni
falta fue hallado en él.
5 Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este
Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra
él en relación con la ley de su Dios.
6 Entonces estos gobernadores y sátrapas se juntaron delante
del rey, y le dijeron así: ¡Rey Darío, para siempre vive!
7 Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas,
príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un
edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de
treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera
de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones.
8 Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no
pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la
cual no puede ser abrogada.
9 Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
10 Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado,
entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que
daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y
oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer
antes.
11 Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel
orando y rogando en presencia de su Dios.
12 Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real:
¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de
treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey,
sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey diciendo:
Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no
puede ser abrogada.
13 Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel,
que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti,
oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces
al día hace su petición.
14 Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y
resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó
para librarle.
15 Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas,
oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u
ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado.
16 Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron
en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a
quien tú continuamente sirves, él te libre.
17 Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso,
la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus
príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase.
18 Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni
instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le
fue el sueño.
19 El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue
apresuradamente al foso de los leones.
20 Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz
triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios
tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de
los leones?
21 Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para
siempre.
22 Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los
leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui
hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho
nada malo.
23 Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y
mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y
ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su
Dios.
24 Y dio orden el rey, y fueron traídos aquellos hombres que
habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los
leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían llegado
al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y
quebraron todos sus huesos.
25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos,
naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea
multiplicada.
26 De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el
dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del
Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por
todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su
dominio perdurará hasta el fin.
27 El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo
y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones.
28 Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y
durante el reinado de Ciro el persa.
|