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____Página portada_____FORUM_____Vocabulario_______paridejas______________________MUSIC 2000____________________
Si no la resuelve nadie, moriremos todos.
LA
ULTRAPARADOJA
Resuélvela tú. Te va la vida en ello.

Si no la resuelve nadie moriremos todos... antes o después.
Si deseas acceder directamente a la discusión de la Ultraparadoja ahorrándote así la novela en la que se encuentra inserta, puedes leer desde el indicativo LA PARADOJA hasta el indicativo FIN DE DISERTACIÓN, ambos situados visiblemente a lo largo del texto de esta página (o bien acceder presionando
aquí). Y si deseas imprimir sólo esta parte presiona aquí. Este relato ha sido escrito en Noviembre del año 2.000.COMENTARIOS:
Contraportada:
En un futuro inminente... en una realidad que habrá evolucionado demasiado sin la participación del consentimiento ciudadano... Jaime Uriel, víctima de sus conocimientos, luchará por salvar su vida ante el acoso de... Grupo Local, asociación ilícita de los mayores poderes económicos del planeta; I+D paralela, científicos corruptos sin limitación moral en sus experimentos; mafias asentadas en España, unidas en causa común para combatir el proyecto estatal que amenaza con exterminarlas... y un violento desequilibrado hijo del abuso de estimulantes del fin de semana.
Jaime, acompañado por la arrojada Jesabel, ignora en su sencilla y anónima situación que va a protagonizar la convulsión que cambiará el devenir histórico, comenzando por ello un nuevo milenio imposible de imaginar. Pero esto sólo acontecerá si sobrevive Jaime, le crees y contribuyes a esclarecer su dramática intriga, que es también la de tu vida.
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electrónico o lo que se desee, pero siempre gratuitamente y sin
modificar. No obstante se aconseja que no se imprima
porque puede ser un gasto innecesario. Pero es
más agradable leer en papel impreso que
en una pantalla de ordenador.
¡O puedes
Es más barato.
Gracias.
ADVERTENCIAS
Sería de gran crueldad hacer creer que está erradicada la muerte basándonos en unos indicios que no han sido todavía comprobados por experimentación. En esta novela se pretende dar a conocer una serie de ingeniosas conclusiones que encaminarán hacia el fin de la condición mortal en los seres humanos; pero este camino será ciertamente largo. Las claves expuestas en esta novela no tienen relación alguna con la manipulación de genes.
A través del argumento de esta novela se presentan análisis y discursos sobre las consecuencias que supondría una eventual cancelación de la condición mortal por medios humanos, si bien el autor no defiende ni desestima ninguno de los razonamientos expuestos por los personajes de esta novela ni los del narrador, siendo el narrador en sí un personaje más dentro de la trama ficticia.
El autor se abstiene de defender ninguna posición por no haber encontrado todavía un criterio satisfactorio.
No obstante, el autor no cree que el intento humano de alargar la vida, aún de forma extremada, sea una usurpación o una ofensa para Dios.
El autor no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones expuestas en los personajes ficticios, sobre todo con las referentes a la valoración de la justicia, el suicidio, la religión, el sentido de la vida... y las de índole posiblemente sexista, xenófobo, etc. Y de igual forma desearía que ninguna de estas opiniones fuera asimilada por el lector sin realizar un examen crítico previo.
Es conveniente que no sea leído por enfermos graves. Léase despacio.
LA ULTRAPARADOJA
(ULTRAPARADOX)
POR ALHAMBRA
¡¡RESUÉLVELA!!
TE VA LA VIDA EN ELLO
A Miguel, Virginia, Gabriel, Sergio,
María Eugenia y los que vengan.
¿Y qué nos quedará por ver? ¿Con qué maravillosos logros nos atenazarán los hombres de la bata blanca en un futuro inminente?
Surge la idea que encaminará hacia el fin de nuestra detestable obligación de despedir la existencia, y lo hace como respuesta a la angustiosa intriga universal que supone afrontar el último instante y preguntarse: "¿y ahora qué?"
Surgió la idea. Y cuando ya ha sido desvelado milagrosamente el enigma de la perpetuación de la existencia individual... ¿qué conocemos ahora acerca de la naturaleza de nuestra consciencia? ¿Y de nuestro auténtico origen? ¿Y de la finalidad que rige los acontecimientos del Mundo? ¿Qué conocemos ahora? NADA.
Jaime Uriel, en su universo egocéntrico, conducía solitario en la oscuridad y se lamentaba de sí mismo. La lluvia hacía más temprana la noche de Invierno. Absorto en sus fantasmas obsesivos, hablaba o más bien gritaba insultando a su propia persona con muecas y gestos inapropiados. Con apariencia de enajenado, se recreaba en su propia miseria como si encontrara en ello un extraño mérito. Se culpaba y se mortificaba para supuestamente justificar sus obligaciones incumplidas o simplemente para asegurarse la repugnancia a toda una vida vergonzosa. Torpe, estúpido, inútil hasta para recapacitar sobre sus propios errores como lo haría cualquier hombre responsable y valiente. Pero Jaime, con sus treinta y cinco años vividos lloriqueaba como si fuera un niño indefenso a pesar de ser bien consciente de su lamentable comportamiento. ¡¡PAYASO!! ¿Qué podemos esperar de un hombrecillo de papel que toma como hábito el acobardamiento y que casi justifica esa actitud? Muy poco.
No puede haber ninguna duda de que yo no soy Jaime. A pesar de haber vivido su vida y de haber sentido sus emociones, que es lo único que puedo relatar, yo nunca intervine en ninguna decisión suya y no tengo responsabilidad sobre sus actos. ¿O quizás sí? No lo sé. Porque si no soy Jaime Uriel, ¿entonces quién soy yo? Ay, si alguien fuera capaz de responderme esta pregunta todo sería muy diferente para mí. ¿Y si Jaime no muriese? Si Jaime no muriese sería la mejor bendición para todos. Pero no sé qué ocurrió realmente y tengo esperanzas de que el ingenio de alguno de vosotros sea suficiente para comprender qué sucedió en esta historia extraña y decisiva para el destino de todos. Si Jaime no muriese verdaderamente que todo este calvario habría merecido la pena. Pero desconozco la esencia real de lo aquí acontecido.
El estúpido de Jaime insistía todavía en enfangarse de forma creciente. Cuando divisó el cartel que anunciaba la salida de la autopista a aquella vía secundaria que tan poco transitada estaba siempre, en su mente aparecieron unas imágenes que ya eran familiares: el puente en construcción, el consiguiente desvío provisional, la carretera cortada por una frágil valla... y su coche embistiendo a gran velocidad contra el pilar central; perdiéndose así sólo una vida insignificante y anónima. Pero esta vez esas simples imágenes iban a provocar una fatal reacción. Jaime desvió su rumbo hacia lo desconocido sumido en la desesperación. ¡¡CALAMIDAD!! ¡Pero qué absurdo heroísmo supondría encararse a la mismísima, a la tétrica espantosa, cuando en realidad sólo se está evitando el patetismo insoportable! No lo entiendo. El suicidio... no sé lo que es. No es asesinarse, no. Debe ser accidental, supongo. En la enajenada creencia de lo inevitable que es la cruda realidad y antes de que la cordura por fin restablezca la idea de que se está acabando con todo y de lo absurdo que esto es, el suicidio debe presentarse como el intento desesperado de huir de esa realidad hacia cualquier otro lugar, sea cual sea, utilizando el único medio que se cree posible. Extraño remedio. Pero en ocasiones ese intento puede acabar en tan sólo unos segundos en un accidente ya irrevocable. Quizás sea así como ocurre. Lo desconozco.
La lluvia arreciaba y la visibilidad se reducía a una gris y monótona imagen rayada de asfalto y agua. Jaime aceleró temerariamente su vehículo estando siempre en la certeza de que no se cruzaría con nadie en aquella solitaria vía vecinal. De la guantera extrajo una petaca con su correspondiente contenido alcohólico y varias cajas de fármacos para abusar de su consumo. Su cobardía era manifiesta. Necesitaba descontrolar sus actos para alcanzar una meta por primera vez en su ruin vida. ¡Estúpido! Esta vez sí que se había propuesto conseguir definitivamente su feo e incomprensible logro. La distancia hasta el temido desenlace era devorada por la vertiginosa celeridad con la que Jaime huía de todo. Tan sólo le quedaban unos pocos kilómetros. Era inevitable.
Pudiera ser que por el efecto de la combinación de fármacos y alcohol, o quizás por que siempre ocurre en estos casos, su mente empezó a recapitular las imágenes más importantes de su pasado y a hacer balance de un conjunto inacabado y sin sentido. Jaime cayó en la cuenta de las pocas personas a las que había influido en su vida. ¡No tenía familia! Sin hijos, sin esposa, sin hermanos y sin nada. Sus abuelos dejaron de existir hacía tiempo. Sus padres recientemente. Sabía de la existencia de toda una prole de primos hermanos (sobrinos de su padre) con sus respectivas familias, pero no los había visto nunca y ni tan siquiera sabía dónde vivían. La única presencia familiar que labrara su personalidad quedó restringida a su autoritaria madre y a su frío y distante padre, lo cual fue poco constructivo. ¿Por qué nunca hubo calor de hogar en esa casa? Cuánto dolor se tragó Jaime en soledad por no poder compartir nada con su introvertido e inexpresivo pilar paterno, transmitiéndose así a su persona ese retraimiento, y cuanta incomprensión sintió hacia la actitud hostil y exigente que nunca se debe esperar del regazo materno. No se lo merecía, nadie se merece esta ausencia de oportunidades desde un comienzo. Sólo podía evadirse con la libertad de consolación que se encuentra en la soledad. Niño predestinado a ser solitario, jugando con su imaginación y divirtiéndose él sólo, disfrutando intensamente cada instante antes de que acudiera veloz su madre para reprocharle el haber nacido.
No es de extrañar que Jaime buscara refugio en sus compañeros de estudios, que prácticamente fueron los mismos a lo largo de los cursos ya que Jaime pasó toda su infancia y juventud en su recogida ciudad de Huesca, pudiendo así conservar a sus amigos hasta que la Universidad los fue separando. Él estudió medicina en Barcelona y pudo mantener el contacto únicamente con los compañeros que también estudiaron en la misma ciudad. Por eso dejó de ver a Alberto Contreras, porque al terminar la educación secundaria éste decidió dedicarse al negocio familiar con su padre.
Alberto y Jaime formaban un extraño dúo. Desde la lejana infancia se hicieron grandes amigos y siempre estaban juntos, pero con el tiempo Alberto fue desarrollando su verdadera personalidad que resultó ser algo especial. Su egolatría fue madurando y acrecentándose continuamente hasta que le hizo llegar a la conclusión de que quien no le adoraba era porque simplemente le envidiaba. Y sin embargo, Jaime siempre estaba con él porque encontraba así un refugio cada vez que se presentaba ante los demás. Jaime fue siempre apocado, pusilánime y poca cosa. Un simple saludo suponía para él una auténtica aventura y hacer una pregunta le era tan embarazoso que, o prescindía de hacerla, o le salía muy elaborada y poco natural. Pero Alberto era su polo opuesto. No paraba de hablar ni de repetir expresiones hechas o supuestamente graciosas, y algunas veces hasta perdía el hilo de lo que decía y... tenía que dejar sus comentarios porque sencillamente no sabía muy bien de lo que estaba hablando, y... claro. Hablaba y hablaba. Y tenía una gran facilidad para hacer nuevas amistades y por esa razón conocía a tanta gente, pero no tenía suficiente tiempo para profundizar en esas amistades. Caía bien, sobre todo a quien no le conocía completamente, pero él siempre llevaba la voz cantante en todo. No paraba de hablar aunque sin importarle demasiado si a sus interlocutores les interesaban sus historias. Imponía su simpatía. Más bien no conversaba realmente, ya que si hacía alguna pregunta no la hacía por mostrar un mero interés, si no como método para poder seguir exponiendo sus ideas y exhibirse así. Sólo le interesaba hacerse el interesante y examinar su índice de audiencia, porque él no miraba al interior de los ojos, solamente veía su imagen reflejada en las pupilas. Pero... ¿quería agradar de verdad o no? Misterio. Porque si era un engreído, ¿cómo es que su llamativo aspecto era tan desagradable? El hecho de ir vestido a destiempo, llevando corbata por la mañana y vaqueros rotos en las celebraciones solemnes, posiblemente le parecería original y divertido. Pero su necesidad de empezar a dar palmadas y cantar desaforadamente sin motivo o de emitir continuamente estruendosos ruidos corporales como estornudos, eructos, tosiduras cínicas, bostezos, híbridos de estornudo y exclamaciones ininteligibles, fingidas expectoraciones de falsos esputos, gritos absurdos y sonaderas de nariz a modo de trompetilla; esto nos podría hacer pensar que Alberto se gustaba a sí mismo, esto le era suficiente y del prójimo sólo quería su fastidio. Lo único cierto es que no pasaba desapercibido.
Pero Jaime no se percataba de nada. Él mostraba una incomprensible admiración hacia su amigo. Eran... el uno para el otro. Y todos los compañeros veían claramente que Alberto en realidad se burlaba en público de Jaime y que éste sin embargo se mostraba muy conforme con la situación. Alberto, fornido y con pose chulesca frente a un Jaime demacrado y encorvado, le propinaba fuertes golpes en la espalda a modo de supuesto saludo. Lógicamente todos reían. Pero Jaime seguía con la creencia de que necesitaba de esa falsa protección para su sociabilidad.
A pesar de mostrar Alberto en público cierta vergüenza ajena cada vez que extrañamente Jaime se atrevía a expresar algo (con su consiguiente arrepentimiento posterior), él obtenía un beneficio de Jaime. Éste le entregaba confiadamente sus reflexiones más meditadas sobre la vida y Alberto se encargaba de extenderlas sin entender muy bien el significado real de esas ideas. Tras adueñarse de su autoría, las repetía mecánicamente ante distintas personas pero dudaba si no estaba diciendo alguna tontería. Aunque al menos ampliaba así un repertorio que siempre se le quedaba pequeño.
Alberto era un irresponsable. Sólo le preocupaba su imagen y cuando debido a su ímpetu narcisista conseguía ante su público dirigir algún proyecto que le sobrepasaba, al final no podía controlarlo o simplemente dejaba de estar pendiente de él porque le aburría, por lo que habitualmente acababa implicado en algún lío y... ¿quién le resolvía los problemas? El bobo de Jaime. Con apariencia de súplica le obligaba a ayudarle discretamente mientras él se encargaba de disimular su embrollo. Y claro, como consecuencia de detalles como éste, nadie sabía de la auténtica valía de Jaime, que era quien realmente tenía capacidad para solucionar cualquier desaguisado. En ocasiones incluso tenía que dar la cara a pesar de lo que esto le costaba, sobre todo no siendo él el responsable. Idiota.
Cuando Alberto se responsabilizó de preparar las fotocopias reducidas para su artilugio rotativo de chuletas, sistema que había vendido a treinta y cuatro asociados de diversos cursos a pesar de tratarse de una invención de Jaime, pospuso su obligación hasta el último momento y, como consecuencia de haberse averiado la fotocopiadora del Instituto pudiéndose sólo utilizar la fotocopiadora vieja, pues hizo las reducciones con las letras emborronadas sin reparar ni tan siquiera en este bochornoso fracaso. Realmente nadie notó nada hasta un minuto antes de comenzar la prueba. Alberto, alarmado por las posibles represalias, le suplicó a Jaime que llamara por teléfono a Secretaría y que amenazara con hacer explotar una bomba. Jaime, alias el "imbécil", a pesar de tener asegurada una buena nota, cumplió la orden y como consecuencia de ello la prueba tuvo que ser retrasada unos cuarenta minutos. Entonces, Jaime corrió angustiosamente hasta la copistería más cercana para hacer las minicopias, pero su ausencia fue detectada por un educador bastante receloso. Cuando regresó Jaime sofocado se dirigió veloz a los asociados para suministrarles las chuletas... y fue cazado in fraganti por el escamado profesor. Lo expulsaron durante tres semanas. Afortunadamente Jesabel se encargó de recogerle unos buenos apuntes y de explicarle la materia todos los días.
Jesabel fue siempre especial. A Jaime le gustaba que se llamara así, Jesabel, porque evoca la belleza exótica. Pero ella detestaba este llamativo nombre. Un sencillo Isabel la hubiera hecho feliz pero tuvo que conformarse con envidiar este nombre cada vez que llamaba a su hermana o que ésta celebraba el día de su santo. Jesabel e Isabel nacieron juntas, pero nunca hubo parecido entre ellas.
La sencillez y naturalidad de Jesabel le hacía tocar la perfección. Guapa, sinceramente guapa. Su fascinante rostro de facciones perfectamente redondeadas y sus cejas idealmente perfiladas mostraban la hermosura en su presentación más honesta. Era bonita en Verano, morenaza, y bonita en Invierno, con su pelo negro que hacía destacar la blanca preciosidad de su carita de ángel. Luz de amanecer. Profunda su mirada de ojos negros que denotaban la viveza y despierta travesura con que la madre naturaleza la había agraciado. Oh, goce del Sumo Hacedor por haber encontrado tal inspiración en su creación más caprichosa. Una maravilla, en serio.
Cuando Jaime, guiado por su intuición, se asomó en aquella tarde de Verano entre los pequeños abetos que ocultaban el chalet de los padres de Jesabel, se topó con algo que no olvidaría.
Jesabel, desafiante, dejaba tostar sus turgentes senos color canela ante el penetrante Sol. Sus traviesos y malotes botoncillos miraban inquietos hacia el Astro protector que les cedía gentil su calorcillo de vida. Éstos, en agradecimiento, timbraban, obsequiando así a su dueña con estimulantes sensaciones de quasiescalofrios agradables, que tras nacer en la parte posterior de su cintura de ensueño y locura, recorrían su esbelta espalda, encaprichándose más bien por su larga y sinuosa senda espinal para después expandirse al secreto y sensitivo inicio de su región capilar superior: su nuca; y no satisfechos aún, también emprendieron camino hacia la cara blanca y tierna de sus brazos, sin olvidarse de su coqueto y gracioso ombligo y del origen de sus incitantes senos de amor puro y maternal. Resultado: centímetros cuadrados de preciosa franela ávida de cariñoso CONTACTO protector.
A pesar de este anhelo creciente, disfrutaba ella de esta íntima cascada de experiencias a flor de piel y ello quedaba reflejado en sus párpados caídos, en su carita de ángel altiva hacia el cielo encantado, en el sublime temblorcillo de sus acogedores y carnosos labios y en un ¡HUUUUMMMMMMM! que estremecería hasta la médula de las almas más frías y descorazonadas.
Ingenuamente, sus largos y sedosos cabellos sucumbían a la atracción de las ocultas y egoístas intenciones del sucio suelo campestre. Pero gracias a ello, el afortunado viento silvestre aprovechaba para acariciarse secretamente con sus orejitas, sus mejillas y todo su primor cutáneo.
O al menos así le parecía al travieso de Jaime, que astuto y picarón, gozaba de la esplendorosa escena nada habitual en su tranquila vida. Sentía curiosidad por esa piel lozana de albaricoque, y se pregunta si sería más lozana aún en la parte ocultada por el elástico jeans que tan artísticamente henchía ella, la verdad. Sabía que aquellas maravillas correspondían a una jovencita en todo su primor, en su floración recién estrenada, con la tersura de la fruta fresca y nueva. Pero había algo que le extrañaba... una circunstancia milagrosa: Las frambuesas de sus rojos labios y la belleza de su tierno rostro competían en igualdad de condiciones con las fresitas de sus sonrosados botoncitos y el éxtasis de sus generosos senos. Fortuna maravillosa.
El desaforado de Jaime, con tanta desazón y como es natural, conminado por la impresión gélida que oprimía el tuétano de su cadera, corrió a guarecerse en su privada madriguera de casa y... merendó.
Jesabel siempre quiso pasar desapercibida. Sin embargo acaparaba la atención de todos porque simplemente era encantadora. Podría perfectamente haber sido un coqui o un maniquí, pero escogió el camino difícil, el de la implicación y la concienciación dinámica y fructífera, lo cual aumentaba más si cabe su atractivo arrebatador. Era toda una luchadora. Tenía mil proyectos y la ilusión de aportar con su sacrificio algo nuevo a los demás, eso sí, anteponiendo siempre la justicia y sin dejarse pisar por nadie. Sus fantasías sobre el triunfo de su propia persona estaban por debajo de sus fantasías sobre los beneficios que podría conseguir para la Humanidad con su sacrificio. Pero sabía que sin ese triunfo personal de antemano no tendría suficiente capacidad para favorecer a los demás. Ella no se conformaba con soñar con sus ideales, sino que desde su humilde posición luchaba sin perder tiempo. Diez sobre diez era su objetivo de estudios. Y lo conseguía. Y además tenía tiempo para asistir a clases particulares de todo tipo. Y logrando esas cotas era muy feliz y contagiaba su entusiasmo. Su hiperactividad le permitía incluso contentar siempre a sus familiares y a sus amistades. Estaba enganchada a una euforia tal que cualquier infortunio le servía de acicate para luchar más y más deprisa. Y sin embargo, nunca perdía su sencillez auténtica. Hasta los que la envidiaban no les quedaba otro remedio que llevarse bien con ella.
Jesabel siempre estuvo intrigada por la forma en la que Alberto abusaba de Jaime sin que éste se defendiera. Llegó incluso a sospechar que hubiera algún chantaje por medio. No era así. Y sin embargo Jesabel estaba empeñada en descubrir ese supuesto chantaje, por lo que atravesando no sin esfuerzo la coraza asocial de Jaime pudo construirle la autoconfianza necesaria como para que él se dejara familiarizar con ella. Que tuviera que recurrir ella a todos estos artilugios fue un hecho lamentable. Y fue así de esta forma como surgió una buena amistad que podría haber evolucionado por un buen camino, porque conociendo bien a Jaime se descubre que es alguien genuino y de ideas originales. Jesabel quedó muy sorprendida con este hallazgo. Pero estalló el escándalo en el Instituto cuando se supo que Jaime y Jesabel habían salido juntos y que incluso habían ido solos a ver una película al cine. Les parecía inconcebible. Sólo pudieron entender este comportamiento como una muestra de compasión. Jaime no podía soportarlo. Jesabel luchando contra la injusticia quiso dejar claro que no se iba a dejar influenciar por las ridículas leyes de popularidad de los adolescentes y que podría relacionarse con quien quisiera, pero Jaime perdió la confianza enfriando su comportamiento y las cosas no marcharon bien. Perdida la naturalidad se pierde todo. Y un mal día tuvo Jaime que soportar cómo se burlaba de él Alberto, acompañado de los demás, por haberse dejado ver Jesabel con Alfonso "el velocidades" la tarde anterior. ¡¡¡Pero si la payasa de Jesabel también se dejaba llevar por su imagen, ya que Alfonso tenía un año más y ya podía llevar motocicleta!!! ¡Muy femenino! Todos los días exhibía su pelo suelto, montada en la grupa, agarrándose a la cintura y saludando a todos para que se viera bien dónde iba. Y todos decían: "¡Pero qué tía más buena!" Y todas decían: "¡Pero qué bueno está, con esa chupa de cuero y el pelo engominado hacia atrás! Y claro, va con quien tiene que ir, qué remedio". Jaime le negó el saludo a Jesabel durante tres semanas. Hizo muy bien.
Cuando Jaime acabó los estudios de secundaria y comenzó los universitarios tuvo un gran desarrollo en la madurez de su personalidad. Al verse liberado de las malas influencias de Alberto y de las limitaciones que le imponía su agobiante madre, y al estar con nuevos compañeros que desconocían su forma de ser, fue construyendo poco a poco un comportamiento propiEra toda una luchadora. Tenía mil proyectos y la ilusión de aportar con su sacrificio algo nuevo a los demás, eso sí, anteponiendo siempre la justicia y sin dejarse pisar por nadie. Sus fantasías sobre el triunfo de su propia persona estaban por debajo de sus fantasías sobre los beneficios que podría conseguir para la Humanidad con su sacrificio. Pero sabía que sin ese triunfo personal de antemano no tendría suficiente capacidad para favorecer a los demás. Ella no se conformaba con soñar con sus ideales, sino que desde su humilde posición luchaba sin perder tiempo. Diez sobre diez era su objetivo de estudios. Y lo conseguía. Y además tenía tiempo para asistir a clases particulares de todo tipo. Y logrando esas cotas era muy feliz y contagiaba su entusiasmo. Su hiperactividad le permitía incluso contentar siempre a sus familiares y a sus amistades. Estaba enganchada a una euforia tal que cualquier infortunio le servía de acicate para luchar más y más deprisa. Y sin embargo, nunca perdía su sencillez auténtica. Hasta los que la envidiaban no les quedaba otro remedio que llevarse bien con ella.
Jesabel siempre estuvo intrigada por la forma en la que Alberto abusaba de Jaime sin que éste se defendiera. Llegó incluso a sospechar que hubiera algún chantaje por medio. No era así. Y sin embargo Jesabel estaba empeñada en descubrir ese supuesto chantaje, por lo que atravesando no sin esfuerzo la coraza asocial de Jaime pudo construirle la autoconfianza necesaria como para que él se dejara familiarizar con ella. Que tuviera que recurrir ella a todos estos artilugios fue un hecho lamentable. Y fue así de esta forma como surgió una buena amistad que podría haber evolucionado por un buen camino, porque conociendo bien a Jaime se descubre que es alguien genuino y de ideas originales. Jesabel quedó muy sorprendida con este hallazgo. Pero estalló el escándalo en el Instituto cuando se supo que Jaime y Jesabel habían salido juntos y que incluso habían ido solos a ver una película al cine. Les parecía inconcebible. Sólo pudieron entender este comportamiento como una muestra de compasión. Jaime no podía soportarlo. Jesabel luchando contra la injusticia quiso dejar claro que no se iba a dejar influenciar por las ridículas leyes de popularidad de los adolescentes y que podría relacionarse con quien quisiera, pero Jaime perdió la confianza enfriando su comportamiento y las cosas no marcharon bien. Perdida la naturalidad se pierde todo. Y un mal día tuvo Jaime que soportar cómo se burlaba de él Alberto, acompañado de los demás, por haberse dejado ver Jesabel con Alfonso "el velocidades" la tarde anterior. ¡¡¡Pero si la payasa de Jesabel también se dejaba llevar por su imagen, ya que Alfonso tenía un año más y ya podía llevar motocicleta!!! ¡Muy femenino! Todos los días exhibía su pelo suelto, montada en la grupa, agarrándose a la cintura y saludando a todos para que se viera bien dónde iba. Y todos decían: "¡Pero qué tía más buena!" Y todas decían: "¡Pero qué bueno está, con esa chupa de cuero y el pelo engominado hacia atrás! Y claro, va con quien tiene que ir, qué remedio". Jaime le negó el saludo a Jesabel durante tres semanas. Hizo muy bien.
Cuando Jaime acabó los estudios de secundaria y comenzó los universitarios tuvo un gran desarrollo en la madurez de su personalidad. Al verse liberado de las malas influencias de Alberto y de las limitaciones que le imponía su agobiante madre, y al estar con nuevos compañeros que desconocían su forma de ser, fue construyendo poco a poco un comportamiento propio relacionándose cada vez con más gente. Incluso aumentó su peso y su postura corporal se enderezó adecuadamente. Jesabel también fue a estudiar a Barcelona eligiendo Informática. Y allí continuaron su amistad con más madurez independientemente del novio que quisiera tener ella. Incluso durante un tiempo estuvieron saliendo de marcha en el mismo grupo.
Jaime se especializó en Neurología y Jesabel, que antes de terminar la carrera ya trabajaba en Barcelona para una filial de Yokonaga Corporation (Aster Hispania), se estaba especializando en su doctorado de Arquitectura de Microprocesadores cuando fue captada por un cazatalentos de esta multinacional nipona que la llevó a Japón para recibir una formación más especializada. Así de esta forma el contacto entre los dos se redujo considerablemente.
Transcurrieron los años y por fin Jaime consiguió trabajo en una clínica en Hospitalet. Y cuál fue su sorpresa cuando debido a esto sus padres sin avisarle le compraron una casa unifamiliar con jardincillo en un buen barrio residencial. Jaime se quedó asombrado y necesitó expresar su agradecimiento en forma de abrazo que tuvo que reprimir por falta de respuesta.
Durante varios años Jaime se quedó estancado trabajando y nada más. Pero el dinero conseguido de su bien remunerado sueldo lo utilizaba nada más que para comprar lo último de los electrodomésticos más caros, cuando realmente no los necesitaba o si eran de carácter lúdico, al final su disfrute le acababa aburriendo. A excepción de la pasión por su coche, su vida estaba vacía. Es una injusticia que algunas personas se puedan permitir el lujo de ser infelices cuando en realidad no tienen ningún problema y sí todo tipo de posibilidades abiertas.
Después de tanto tiempo Jesabel irrumpió de nuevo en la vida de Jaime. Le hizo una visita a su casa en un anochecer en el que "extrañamente" se encontraba Jaime solo. Acababa de llegar de Japón y aprovechó para pasarse por allí. Afortunadamente Jaime supo comportarse y estuvo muy atento con ella. Jesabel no paraba de hablar, tenía muchas cosas que decir. También recordaron los viejos tiempos. Como una máquina pasaba ella de un tema a otro animando a Jaime a que, tras una inhibición inicial, también conversara entusiasmado. Y cuando él expresaba algo ella, que estaba muy interesada, le preguntaba y le preguntaba insistentemente. Se sentía empujado a esta animosa charla. Hablaron de todos los temas, rayando algunas veces lo vulgar, lo infantil o lo absurdo. Se contaban sus anécdotas de forma cada vez más ágil e ilusionada. Incluso llegaron a discutir entre risas y gesticulaciones histriónicas. Los vecinos oían carcajadas y gritos creyendo que estaban allí de fiesta. La una decía que un día estaba cantando "Mi jaca" en una calle de Kioto y que una anciana japonesa llamó a una ambulancia creyendo que le dolía algo, y el otro decía que a un paciente suyo que se quejaba de dolor casi le pusieron un fandango porque acompasaba. La relación entre estas dos historias era una simpleza y ambos reían felizmente. Se lo estaban pasando en grande. "¡Venga ya!" -decía ella y le daba un manotazo en el hombro. Y a pesar de que Jaime mostraba una espectacular sonrisa, su mirada se tornaba más seria e intrigante. Jesabel pasó a los chistes y aquello estaba tomando otro cariz, sobre todo cuando les tocaba contarlos a Jaime. Ella contó uno sobre el melocotón solitario y él le contó el de los dos tomates que cruzaban la carretera irrumpiendo entonces Jesabel en fuertes carcajadas que agitaban su pecho. ¡¡¡IMPOSIBLE!!! Ella conocía ese chiste desde siempre y dejó de hacerle gracia hacía mucho tiempo. En ese momento Jaime desencajó sus ojos y estampó sus palmas sobre las mamas. Una durísima bofetada cruzó su cara y Jesabel abandonó airosamente su casa sintiéndose más ofendida que asustada. Jaime, sentado en el sofá y acariciándose la cara, completamente intrigado, se preguntaba si tenían sentido los acontecimientos que acababan de ocurrir. Bochornoso.
Pero Jaime estaba necesitado de pasar ese buen rato ya que estaba sufriendo una de las peores crisis de su vida: La muerte de sus padres. Unas tres semanas antes habían fallecido los dos, juntos, en un absurdo accidente doméstico, quedándose Jaime en una angustiosa soledad afectiva. El funeral fue muy populoso debido al negocio que había defendido su padre por toda la provincia de Huesca y a que éste fue siempre muy atento y agradable con toda su clientela potencial. Esta tragedia había impactado en todos los vecinos oscenses. Pero de todo el gentío que acudió a la misa Jaime conocía a muy pocos por lo que en vez de sentir apoyo en ese mal trance más bien se sentía agobiado y agotado ante tanta muestra de condolencia dramática de gente desconocida. Le servía de consolación que hubieran acudido los compañeros que habían podido desplazarse desde Hospitalet, y también se encontraba allí Jesabel que afirmó estar visitando a sus familiares cuando se enteró de la mala noticia y le pareció obligado acompañarle en una situación tan dolorosa. Jaime agradeció el detalle teniendo en cuenta el distanciamiento de los últimos años. Jesabel le prometió llamarle para conocer su estado de ánimo y visitarle para hacerle compañía.
Yacían unidos los dos cuerpos, ligados en la muerte, atrapados en la fatídica sauna, sin haber tenido oportunidad de recibir auxilio en una casa solitaria en el campo. Y Jaime los vio allí, con la expresión horripilante y desvirtuada. ¿Cuánto tiempo estarían atrapados angustiosamente hasta el desenlace? ¿Días? ¿Quizás esperando la llegada salvadora de un hijo que no hizo acto de presencia? Porque efectivamente, Jaime tenía la obligación de visitarles en el día del cumpleaños de su madre y esta vez no recordó ni tan siquiera hacerles una llamada. ¡Y quería presentarse con disculpas con tres día de...! ¡¡Mamón!! Degenerado. Eres basura, basura. ¡El día del cumpleaños estaban vivos! ¡Ay Dios! Cuando Jaime llamó a la puerta y nadie contestó supo que algo iba mal. Le alertó el extraño olor e instintivamente recogió las llaves de debajo de la baldosa suelta y recorrió angustioso todas las habitaciones hasta llegar al segundo cuarto de estar. Reventó el pestillo de una patada y encontró lo inenarrable. Brutal. En su mente se agolparon las imágenes de tantos momentos compartidos que jamás podrían repetirse. Llora ahora, ten nostalgia de aquello que despreciaste cuando tuviste la oportunidad de disfrutar. ¿Y ahora qué? ¿Dónde estarán los padres? No lo sé. Tienen que estar ahí, en algún sitio.
Su madre, María del Pilar, ambicionó siempre con tener muchos nietos, incluso mejor alguna que otra nieta. Soñaba con el gran rebullicio de una bandada de criaturas chillando, llorando, corriendo por el pasillo y las escaleras... Y todo esto se lo perdió. Tenía gran ilusión por conocer a la que sería su hija política para hacerse buenas amigas y compartir ilusiones femeninas. Planteaba en su imaginación cómo podría ser todo. Preparar una boda, ayudar en los bautizos y primeras comuniones, reuniones familiares, comidas, cumpleaños, fiestas, las Navidades... Todo se quedó en esperanza incumplida porque su único hijo se lo negó simplemente por fastidiar, para evitar cualquier riesgo de control en su vida, llegando a sacrificar incluso las ilusiones de una madre sólo por sentirse un poco independiente. Bien hecho, Jaime, así se hace. Ese es un gran logro: vivir en soledad.
Transcurrido más de un mes tras la catástrofe aún pretendía Jaime culminar su obra despreciando la inversión que habían hecho sus progenitores con su futuro. Acabar consigo mismo. Cuervo desagradecido y por lo tanto mal nacido, ¿quién eres tú para desperdiciar lo que se te ha dado generosamente por la Decisión Divina y por el sacrificio de unos padres trabajadores? ¿O no recuerdas acaso cuando en tu adolescencia quisiste matarte ingiriendo dos botellas de vino y con la borrachera de la primera botella imaginaste cómo sería la reacción destructora e inmerecida en tu corta familia y al final acabaste con esa locura sumiéndote en llantos ebrios? Pero tu único objetivo en la vida ha sido lamentarte sin imponer ninguna obligación a tu destino. ¿Cuántos partos tremendamente dolorosos, cuántos trabajos agotadores en épocas artesanales, cuántas enfermedades y epidemias al fin vencidas, cuánta lucha en el tiempo ha sido necesaria para conseguir como fruto ilusionado que tú nacieras? ¿Y ahora pretendes romper esa meritoria cadena y destruir lo aportado por tantas personas porque tienes "depre"? ¡Pero quién acudirá a tu desolado funeral, saquete de mierda! Dime, ¿quién?
Gritando Jaime, él solo como un tarado más, apenas podía mantener ya el control de su vehículo en el escurridizo asfalto. El viento impelía con furia de costado como si también quisiera intervenir. Por fortuna nadie podía escuchar las sandeces que pudiera decir un medio drogado, además de idiotizado por sus obsesiones injustificadas. Sus voces distorsionadas por el lloro y su gesto, despachurrando su boca, le conferían apariencia de deficiente mental. No obstante, escuchemos lo que pudiera decir:
"Soy una mierda. Lo fui siempre y nunca dejaré de ser una mierda. Ya sé cuál es la cumbre que voy a conseguir en la vida, llegar a ser una mierda. ¡Vaya futuro! Ay, que no me vea nadie, que nadie conozca mi miseria, por favor. Un cobarde sin dignidad, eso soy, y por eso he llegado a esta situación: Matar a mis propios padres por pereza y egoísmo. No merezco vivir. ¿Qué he conseguido por mí mismo? Nada. Nadie podría perder el tiempo conmigo. Soy de naturaleza consentidora. Consentidor del que se han reído todos y que nunca ha hecho nada por defenderse, sólo recibir la sobreprotección de su papá... ¡Y se lo he agradecido así! ¿Qué opinión le merecería cuando estaba allí atrapado, día tras día, con mamá muerta al lado, bramando de dolor y sabiendo que yo estaba demasiado ocupado con aburrirme, quejarme o pensar en mí mismo? -Jaime golpeó repetidamente su cabeza con sus puños con una violencia tal que llegó incluso a dejar su vista en blanco por instantes--. ¿Qué puedo hacer para remediarlo? ¡No quiero! ¿Por qué? ¿Por qué ha tenido que ser? No tenía que haber ocurrido. Esto no puede ser real. Que alguien me diga el porqué. Quiero una respuesta. ¡Joder! Si pudiera viajar en el tiempo y evitarlo. Quiero remediarlo. No puedo. Tiene que haber alguna solución. ¡Qué es lo que he hecho! ¡NOO! No lo acepto, no. ¡Papá! ¡Mamaa! Os ayudaré, lo juro. Encontraré una solución. Os quiero. ¿Qué puedo hacer ahora? ¿Qué soy realmente? Soy un inútil renegado y acomplejado que se ha reconcomido muchas frustraciones, fracasos y traumas, como cuando me desmayé delante de las chicas en la prueba de fondo de la clase de gimnasia y descubrieron que llevaba varias camisetas para disimular mi escuálido aspecto. Si se veía venir. Yo me dejaba llevar con lo que llegaba, sin más, sin actuar. Si Alberto le apetecía humillarme, lo hacía y yo lo aceptaba. Cuando él me arrancaba las espinillas en contra de mi voluntad, haciendo el perdonavidas gala de su fuerza, no lo hacía sólo porque le fascinara ver cómo explotaban mis granos, no, sino porque le encantaba ver mi expresión de angustia. ¡Me asfixiaba porque se sentaba encima de mi caja torácica! Si decides estar un minuto conteniendo la respiración sientes una necesidad, pero si te obligan a estar diez segundos luchando impotente con todas tus fuerzas para poder respirar, esos diez segundos son lo peor de tu vida. Y caro, Alberto disimulaba su felonía con sonrisas y fiesta, dándole tintes de broma, obligando a que aquello tuviera apariencia de diversión. "No seas gilipollas, si te estoy haciendo un favor con quitarte esos granos que tanto te afean" -me decía. ¡Y yo me callaba ante los demás para que no se supiera! No hubiera podido aguantar la vergüenza si se hubiera conocido. Y por culpa de eso me arrancaba yo las espinillas inconscientemente y en público, sin percatarme de que la sangre manchaba mi cara. Supongo que soy un pequeño consentidor, pasivo y cobarde, que no ha luchado perdiendo todas sus oportunidades. Deseché la mejor novia con la que podría haber soñado. También perdí otras mujeres después, soy defectuoso. Pero ahora ya es tarde. Está todo acabado. Es el fin. ¡Me voy a matar! ¡¡Me voy a mataar!! Estoy muerto ya. Ahí afuera no hay nada. Cuando ya todo haya sido, qué poco habrá importado nada. Es todo una equivocación, una farsa. ¡¡Estamos todos muertos!! -Estalló definitivamente toda la locura de este impresentable mientras se mordía con furia su mano derecha--. Sí. Sí. Es así. No existimos. ¡Si vamos a morir todos y a desaparecer, y el tiempo transcurre veloz! Estamos muertos prácticamente, cadáveres en potencia. No somos. Y claro, suicidarse no es más que adelantar el objetivo de nuestra vida, el destino incambiable: nuestra muerte segura. Total, suicidarse es sólo adelantar acontecimientos. Existe la materia y la casualidad, por lo que nuestra consciencia es sólo un accidente casual. Es una ilusión perecedera. Sólo perdura la vida en general a través de la reproducción, pero los individuos no tenemos futuro. La fuerte selección natural a lo largo de los millones de años por medio del placer, el dolor y los instintos (que surgieron por casualidad) ha llevado a la falsa apariencia de un Sentido de la Vida. Pero se muere sin más. Hazte a la idea, Jaime, estás muerto, no eres. No te dejes engañar. Cuando se muere es como si no se hubiera nacido nunca, sólo queda un recuerdo en los demás, pero todos los demás también mueren. La línea de la vida no se para cuando mueres, sino que se borra. El tiempo todo lo borra. Y además lo sabemos. Es sentir la inexistencia próxima. Esto es lo real y no la farsa que nos inventamos para darle sentido a lo que no lo tiene y para crearnos una felicidad absurda, tonta y pasajera. -Es una auténtica lástima que Jaime perdiese la fe en todo--. Seamos realistas, Jaime, no tiene sentido. ¿Por qué traer nuevas personas al Mundo si no hay nada, ni futuro ni... nada? ¿Para qué nacer? ¿Para sufrir con el conocimiento de que somos potencialmente cadáveres? Es un error. Debería acabar yo con ese sufrimiento. Si pudiera tener en mis manos la capacidad destructiva nuclear como para acabar con la equivocación de la Humanidad y con tanto sufrimiento futuro sin sentido en las futuras generaciones..."
La sobredosis de medicamentos estaba haciendo su efecto volcándole el juicio. Independientemente de las ideas que pudiera relacionar, lo que permanecía inmóvil era su fuerte dolor emocional y una sensación física infernal de angustia opresora que tenía que erradicar con el método más tajante. Sentía como si unas manos entrelazadas oprimieran sin clemencia su estómago y un luchador de sumo saltara sobre su esternón. Ese dolor espiritual y físico le llevaba a imponerse la obligación de cumplir su objetivo. Otras veces se había retractado en el último momento con la esperanza de que en el futuro pudiese ser distinto todo, pero los años habían pasado y las cosas seguían igual. Ya se le acabó la esperanza. Aceleró al máximo su automóvil.
Un relámpago... ¡¡¡SINTIÓ LA MUERTE JAIME!!! Seguidamente un latigazo cruel sacudió su nuca y le hizo sentir que el interior de su cerebro se evaginaba hacia el exterior en cientos de vibradoras eyaculaciones caóticas y reverberantes, despejándose así su consciencia momentáneamente en gran claridad para volver enseguida a la plomiza situación anterior. El latigazo fue escuchado por sus propios oídos. Todo ello sucedió en apenas tres segundos. Pero Jaime comprendió enseguida que aquello era un efecto de su intoxicación farmacológica. Había sido una pérdida instantánea de sentido seguida de un duro vuelco a la consciencia.
Su boca quedó muy seca por lo que dejó de hablar y continuó sus reflexiones internamente. Su lengua se pegaba entonces a su paladar rozándole, estando también los labios agrietados. Pero aquello no le producía molestia alguna porque apenas tenía sensibilidad en toda esa zona, más bien la sentía como acorchada. Todo su cuerpo fue perdiendo progresivamente la perceptibilidad. Ya no lo sentía apenas, como si no le perteneciese, como si sus miembros estuvieran lejanos. Podía mover su cuerpo pero la única referencia que tenía de esos movimientos era a través de su vista, la cual se iba volviendo cada vez más borrosa. La somnolencia había hecho acto de presencia, pero aquella no era una sensación natural, sino más bien un adormecimiento extraño y artificial. Una gran inquietud sobresaltó a Jaime: Todavía quedaba bastante distancia hasta el puente en construcción. ¡Y si se dormía antes de alcanzar el objetivo! ¡Y si llegaba a arrepentirse en algún "momento de cobardía" antes de finalizar su acto! Con férrea voluntad se impuso acometerlo terminantemente para lo cual se arengaba repitiendo en silencio: "Mátate. Mátate. Ánimo".
Sus movimientos se tornaban cada vez más lentos y torpes. Y el interior de su cráneo se adolecía levemente y como hinchándose empujaba hacia el exterior. Su oído se volvía más sensible y agudo por lo que el ruido de la lluvia y del motor del coche se acrecentaban llegando a ser molesto. Tenía deseos de cerrar los ojos y dejar caer sus manos y su cabeza. Pero con su voluntad conseguía espabilarse aunque fuera solamente durante unos pocos segundos para después continuar con esa extrañísima impresión de flojedad y abandono del entorno. Ahora su respiración y su corazón funcionaban calmosamente. Curiosamente, por dentro era todo distinto, su consciencia estaba completamente despierta y angustiada sin parar de recordar situaciones tristes o desagradables, como el quinto suspenso en Microbiología, la tortuosa ruptura con Maricarmen, el colapso intelectual en su discurso en el congreso de Alzheimer o la mirada culpadora de los padres de su primer paciente muerto.
Un bambole... ¡¡¡SE MARCHÓ JAIME!!! En esta ocasión fue más terrible el despiadado latigazo que hiriendo la zona occipital de su cerebro, oblongó a éste para darle la vuelta sumido en efervescencias, al tiempo que recorría por todo su cuerpo un terror horripilante y atroz que inmediatamente le devolvió una claridad sensorial y un despeje completamente ajenos a toda la situación que estaba viviendo; pero no duró mucho. En ese mismo momento de sufrir esa fatal experiencia pudo Jaime ver su expresión en el reflejo de la ventanilla del coche: varias muecas horrorizadas se agolparon vertiginosamente en su rostro. Aquellas eran respuestas vegetativas de su tronco cerebral a un desencadenante repentino externo, en este caso una ráfaga de viento, que se producía de forma autónoma y completamente ajena a su voluntad. Supo, como buen neurólogo, que esos reflejos desproporcionados con consecuencias que tan sólo duraban unos tres segundos podrían equivaler a las "ráfagas de angustia accesional" de la "Neurosis de Angustia"; esta vez estos sobresaltos desmedidos estaban provocados por la química artificial de laboratorio.
Repentinamente llamó su atención una intrigante imagen que vio a través del retrovisor interno cuando... ¡Dios Santo! ¡Qué vergüenza! Pero si estaba allí Jesabel silenciosa y escuchándolo todo. Qué puñetera. Jaime no supo cómo reaccionar, se quedó paralizado. Pero la esbelta Jesabel había permanecido allí todo el tiempo recostada y mirándolo fijamente, marcando en sus labios una leve sonrisa. Jaime a pesar de su sonrojo sintió un entusiasmo liberador. Se quedó mirándola fijamente y también sonrió. Repentinamente le pareció a Jaime que todo aquello era un poco extraño y centró su atención en la carretera. Pero enseguida volvió a mirar al retrovisor y allí continuaba Jesabel que estaba ya a punto de reír. Jaime la miró fijamente... e irrumpió en carcajadas por lo absurdo de su comportamiento. Al volver su mirada al espejo... ¡Jesabel continuaba en la misma posición y con su mismo gesto! Jaime volvió su cabeza, forzó sus ojos... para descubrir que en el asiento trasero tan sólo había un jersey de su propiedad arrojado y una revista abierta con la foto de una modelo. Se trataba de otro efecto de la sobredosis, la ilusión óptica que se da en estos casos. El puente en construcción estaba ya cercano.
En un momento se dejó llevar Jaime por la amable querencia a ignorar el entorno y sumir su atención en unos pensamientos internos, dejándose caer física y sensorialmente, pero hizo acopio de fuerzas internas pudiendo entonces regresar al sentir del peso de su cuerpo y poder así alzar su cabeza y sus párpados. Descubrió que su vehículo iba a salirse de la calzada, enderezó la dirección... ¡¡¡"AAHH..." -SE DEJÓ JAIME!!! Como un bárbaro tronazo eléctrico de alta tensión en la nuca se presentó el vuelco a la consciencia. ¡Piedad! Seguidamente se condensó la masa interna del meollo craneal en preparación inmediata para un gran estallido con efecto autoenvolvente de sesera con licuados chisporroteos internos, asemejándose todo a una explosión nuclear subacuática, al tiempo que padecía Jaime el miedo más tétrico que se pueda sufrir, por lo que las veloces muecas grotescas y lastimosas y los ademanes exagerados se descontrolaron completamente. Curiosamente su corazón y su respiración marchaban siempre de forma pausada. Durante la estimulación anímica que disfrutó en el resto de los eternos segundos, Jaime, que había conseguido controlar la trayectoria de su coche, se divirtió imaginado cuál podría haber sido su aspecto con esos gestos automáticos tan exagerados. Pero regresó rápido el desfallecimiento, cómo no. No obstante su objetivo de llegar hasta el puente iba a ser cumplido.
Jaime seguía mirando al retrovisor porque continuaba viendo allí a Jesabel a pesar de conocer que el jersey y la revista eran el origen de esa imagen. Ella parecía burlarse de su actitud ilógica. Se cuestionó él entonces si no era innecesario todo aquel drama absurdo. Además, si arrojaba la toalla nadie se iba a enterar de lo ocurrido. ¡¡NO!! ¡OTRA VEZ NO! Fracasaba en todo, incluso en sus intentos de suicidio. Se había jurado a sí mismo que en esta ocasión no iba a suceder lo mismo y tenía que cumplir esa promesa. Solamente por "coherencia" y no traicionar su decisión.
Ahí estaba la señal de la curva. Sólo tenía que girar a la derecha y enfilar la recta ignorando todas las indicaciones de precaución y despreciando las vallas. Al cruzar éstas a toda velocidad su automóvil saldría despedido salvando un terraplén y empotrándose en el macizo pilar de hormigón. Estaba todo calculado.
Conforme tomaba la curva una gran inquietud iba horadando su alma. Presentía que el desafío iba a ser demasiado fuerte. ¡Encarar a la tétrica espantosa! Y efectivamente, se le desbocó un gran debate nervioso que angustiaba su ser. Su sufrimiento y su llanto interno se acrecentaban, era el instinto de supervivencia que se estaba cobrando su precio. Pero su corazón continuaba latiendo calmosamente. Al terminar la curva Jaime necesitó incorporarse del asiento para tener la seguridad de que pisaba con furia el acelerador ya que carecía de sensibilidad en su cuerpo. Encuadró bien el coche en el centro de la calzada, apretó el volante, cerró los ojos... y el destino ya estaba sellado. Los segundos transcurrían lentamente. Su voz interna gritaba: "Cumple. Cumple. Cumple. Cumple. ¡Cumple!..." Y su emoción se negaba en forma de sensación inaguantable y tenebrosa. La situación era imposible de soportar y aquello no se cortaba, el tiempo continuaba su curso y que continuaba todavía más. No se había cortado nada, que seguía la incertidumbre en la oscuridad alcanzando cotas infernales de padecimiento que no dejaban de acabar y sin saber si es que todavía quedaba mucho para el abismo o estaba inminente ya antes de reaccionar... o quedaba más o... o... o... ah... ya... ah... ah... ah... ahhh... ¡Abrió los ojos!
¡¡¡¡¡¡PPOORR DDIIOOOSS!!!!!! ¡¡Una niña sentada en la trayectoria de su coche!! Clavó sus frenos pero las ruedas resbalaron en el mojado asfalto. El automóvil giró y avanzaba de costado. Jaime la miraba horrorizado a través de la ventanilla. Los trallazos le impactaban en la nuca repetidamente como una ametralladora. Y la ensangrentada niña rubia lloraba más fuerte bajo la lluvia. Detrás de ella había un automóvil volcado y humeante. Jaime estaba sumido en el peor de los espantos imaginables. Su vehículo no dejaba de avanzar y dirigía sus ruedas delanteras hacia el cuerpecito de la niña que chillaba horripilada. Era el horror de la hecatombe. La Muerte. Las ruedas iban a impactar brutalmente ya. La Angustia. El Dolor Infinito. ME NIEGO. ¡¡NOOOO!!...
DESAPARECIÓ. Desaparecieron la niña, el coche accidentado, los destrozos... No eran reales. Jaime despertó aliviado en la luz. Y su vehículo cayó por el terraplén dando varias vueltas de campana. Los golpes y los violentos bamboleos sucedían como una nube virtual sin importancia alrededor de su bienestar místico y sosegado.
El vehículo quedó volcado en medio de un pequeño arroyuelo. Jaime cerró los párpados. Se dejó llevar por un gran bajón físico que le dejó sin apenas tono muscular. Su respiración se tornó inapreciable y sus pulsaciones se mantenían mortecinamente. Su faz estaba muy pálida y su cuerpo permanecía completamente inmóvil, sin sentir el frío agua que fluía mojándolo desde el pecho para abajo. Jaime aparentaba estar sumido en un profundo sueño, pero en su consciencia ocurría todo lo contrario: Estaba despertando.
Imágenes y sonidos virtuales que se agolpaban con velocidad ilimitada. Belleza, nitidez, bienestar, paz. No eran sueños, no, sino que era realidad interior. Tampoco se trataba de alucinaciones porque Jaime había despertado en la agilidad, en la inteligencia, en la cordura más lógica. Luz, claridad y color. Estaba descubriendo que hasta entonces sólo había conocido la imagen borrosa y el sonido de hojalata y que aquello era distinto, que era como dejar de oír un altavoz barato y de ver un canal de televisión mal sintonizado para pasar a observar un cine de atracciones tridimensionales. Jaime gozaba ilusionado con estas experiencias espectaculares y se cuestionaba su origen. ¿Estaba abandonando la vida? ¿O eran realmente alucinaciones que se presentaban independientes de su estado inmejorable de cordura? Él no podía discernir qué posibilidad era la auténtica porque no tenía experiencia ni en alucinaciones ni en defunciones propias. Pero algo sí estaba claro, su cerebro funcionaba a mil por hora ya que con la misma velocidad vertiginosa con la que aparecían esas sensaciones realistas pero inmateriales y las vivencias ya olvidadas, con esa misma celeridad tenía capacidad de degustarlas e interpretarlas sin perder el ritmo. Pero no estaban regresando a su memoria recuerdos perdidos, en realidad volvía a vivirlos en toda su intensidad, sintiendo las mismas emociones, percibiendo las mismas sensaciones, hasta incluso los mismos olores. Realmente estaba golpeando con sus piececitos los barrotes de la cuna, descubriendo con sus deditos las dos bolitas bajo su piel y sintiendo sobre sí el cálido y acogedor hálito de su madre.
Jaime no estaba preparado para esta experiencia imprevista porque nunca se podía haber imaginado así su final, o más bien su tránsito. Él siempre supuso que, o se dejaba de existir repentinamente, o se caía lentamente en un profundo sueño. Pero el despertar que estaba viviendo daba al traste con esas suposiciones y suponía un añadido gratuito y sin utilidad a su creencia de que la continuidad de la vida estaba empujada por el placer, el dolor y los instintos, fruto ello de la casualidad y de la dura selección natural, pero que los individuos simplemente luchaban y morían al desamparo de su suerte. Pero ahí estaban esas vivencias que no se justificaban como necesarias para que la Naturaleza derivase en la aparición de Jaime y de los demás. Ni tampoco esas vivencias podrían ser fruto consecuente de la casual Evolución de la Naturaleza. Eran gratuitas para su antigua visión de la realidad. Porque quizás sí haya algo más que justifique esa realidad edificante que estaba descubriendo en esos momentos Jaime.
La opinión de Jaime era siempre objetiva y libre a las sensaciones e imágenes que observaba, pero si éstas transcurrían veloces, más ágiles eran aún sus reflexiones:
"¡Qué extrañeza es ésta! No lo sé. Me gusta. No entiendo. Fantástico. Mira eso. Es belleza. Nunca hubiera podido... imaginar... Esto es verdad. ¿Es vida? ¿Es muerte? ¿Qué es? ¡Quién es esa! Pero si es mi tía. Es la tía Justi. Pero yo no la conocí. Tenía dos años cuando murió. Es ella. ¿Qué hace? Deja eso que lo rompes. Parece enajenada. No sé. Éste es el desconchado de detrás del sillón de papá, lo agrando con la uña y ahora parece un coche deportivo. Estoy viendo la tele. La tengo que mirar hacia arriba. Es en blanco y negro. ¿Por qué permanecen tan atentos papá y mamá? Miran la tele. Esos señores extraños... pero si es... en su investidura. Lo he reconocido. El crío no para de tocarse la cara, sé quién es. No puedo dejar de mirarle. Hace gestos. ¿Qué es esto ahora? Estoy en una celebración de Navidades. Son las auténticas. Las primeras. ¡Qué maravilla! Quiero volver a vivirlas. Quiero regresar en el tiempo. Estoy sintiendo el entusiasmo infantil. Es muy fuerte. ¡Pero qué me estoy perdiendo! Agradables vivencias. Esa música es lo máximo. No la conozco. Qué hermosos paisajes. Qué grandiosidad. Idílico. Es la hermosura brillante, colores vivos que desconozco. Qué luz más intensa que desde el centro todo lo eclipsa. Qué paz. ¡Agggggg!"
Jaime notó una gran impresión, como que caía salvajemente, que disminuía de tamaño a velocidad de bólido, que el entorno le abandonaba totalmente, que se perdía en nada. Instintivamente concentró toda la fuerza posible para volver de su ida de sí. Había tocado la muerte. Lo sabía.
"No quiero morir. Qué vergüenza más grande. Y cómo me presento yo al otro lado, ante Dios o ante quien haya o lo que haya. Qué bochorno. Sólo he recibido y nunca he dado nada. Quiero otra oportunidad. No puedo morir ahora. A saber lo que me espere ahí al lado, lo que me merezca por haber renegado de la maravillosa oportunidad de la vida y haber perdido toda posibilidad constructiva. Tengo miedo. Mucho miedo. Si estuviera aquí en esta situación por otros motivos no temería tanto, creo. Necesito otra oportunidad. Demostrar que merezco la pena. Tengo que conseguírmelo, que ganármelo. Voy a concentrar toda mi voluntad y toda la fuerza para no caer, para mantenerme vivo. Va a ser muy duro, pero si aguanto el efecto sedante durante cuatro o cinco horas sin rendirme... estoy salvado. Tengo que resistir, mantenerme despierto, no dejarme llevar. Mis pensamientos tienen que ser autónomos. No voy a prestar atención a estas imágenes ni a estas sensaciones. Voy a tener fuerzas. Voy a crear mis propias reflexiones. Lo voy a conseguir. Manténte fuerte, Jaime, y no te dejes vencer por el cansancio y la placentera paz que te arrastra a ahí. Tienes que sufrir, trabajar tu estado de despierto. Si sufres es que continúas vivo. Siéntete agotado, pero ¡siéntete algo! No pares de pensar ni de reflexionar. Pregúntate cualquier cosa. Tienes imaginación para ello. Pregúntate: ¿por qué? ¿Por qué es todo esto? Contéstate. Busca ideas. Ya lo tengo. Ya tengo un tema para reflexionar activamente. ¿Por qué he visto a esa niña herida? ¿Por qué? ¿Y por qué ha desaparecido después? ¿Qué puede significar? ¿No era real? ¿Era una alucinación por la intoxicación? ¿Ha sido una señal mística? ¿Algún ángel que me ha querido ayudar? ¿El destino que me ha dicho que tengo todavía muchas cosas por hacer? ¿Pero esto no son acaso supersticiones? ¿O estoy enajenado? ¿Qué es? Lo tengo que interpretar. La cara de la niña me era familiar, pero no recuerdo dónde la he visto. Quizás haya soñado con ese rostro. Es todo un misterio. Pero quiero saber. Recuerda dónde la vistes. ¡No! No recuerdes. No busques en tu memoria, te relajarías peligrosamente. Relaciona sólo ideas activamente, pensamientos complejos y muy lógicos. No sé. Intenta resolver algún enigma. Ya está, ya tengo una paradoja para resolver: si el enfermo es siempre quien sufre la enfermedad, ¿por qué la enfermedad de la gilipollez la sufren todos menos el enfermo? ¡Y qué me importa eso a mí ahora! ¡Qué tontería! Es una simpleza, una bobada, un... nada. Por qué me mira... tan fijamente ese tigre de oro y diamantes, esa... bestia gigante que quiere decir algo con sus ojos penetrantes de rubí, con sus reflejos brillantes que iluminan todo en una luz absoluta e insoportable, atractiva la abstracción... ¿Estáis ahí, papá y mamá? Os... os siento. Os... yo... Caigo. ¡¡Uhh!! ¡No, no, noo! ¡Estoy aquí! Gracias, Dios mío, he vuelto. Creí que esta vez no regresaba. Esto es fortísimo. No sé si voy a ser capaz de resistir esta agonía que a pesar de ser placentera no la quiero. Deseo con toda mi alma estar completamente bien enseguida, porque ahora tengo muchas ganas de vivir y de labrarme a mí mismo. Pero este agotamiento intelectual me empuja a relajarme, a dejar mi mente en blanco, en nada. Si salgo de ésta lo agradeceré, cumpliré con mi misión en la vida. Y yo creo que esta responsabilidad para con mi existencia es precisamente provocar más existencia, la existencia de otros, la vida de nuevas personas. Personas que no nacerían sin mi colaboración. Voy a tener hijos. Y les voy a conseguir lo necesario para que se sientan bien y triunfen y tengan ilusión y ganas de tener más descendencia. Todo tiene sentido. Claro que sí. Ese sentido que llevó a mis ancestros a sacrificarse en un mundo más duro que el mío para que yo pudiera estar aquí. Se lo debo a todos ellos. Esto tiene que continuar e ir mejor. Es la lucha por la vida. Estoy diseñado para ello. Todos los seres vivos están diseñados para sobrevivir y tener descendencia. Es el instinto de la propia vida, es nuestra naturaleza de sobrevivir el máximo posible. Así nos ha hecho Dios."
Jaime sintió revitalizarse con este nuevo entusiasmo y encauzó su atención hacia su entorno. Decidió abrir los ojos. Observó que su cuerpo era insensible al tacto, pero lo notaba muy pesado. En ese momento acudió a sí una imperiosa necesidad de beber agua. Era una sed inaguantable. Miró abajo y vio una cantidad hermosa del líquido que ansiaba. Intentó doblar su espalda para alcanzarlo con los bordes de los labios estirados y la lengua sobresaliendo, pero le fue imposible. Su pereza muscular era aún mayor. Jaime sufría el sordo malestar del agotamiento físico. Como si tuviera una gran "pájara" y aún estuviera moviéndose, ese era el difuso pero desagradable dolor que padecían sus músculos, a pesar de que éstos permanecían completamente inmóviles. Jaime notó un lejano hormigueo en su pierna derecha y comprendió que era por efecto de la falta de circulación sanguínea en ese miembro. Si a pesar de su poca sensibilidad percibía ese hormigueo debía ser porque la circulación era prácticamente nula. Podría grangrenársele el miembro y debía evitarlo. Pero carecía de energías para mover su cuerpo. Imaginó Jaime una y otra vez que estaba cambiando de postura corporal y lograba llegar con la boca hasta el agua. Lo imaginó con más ímpetu hasta que por fin su cuerpo respondió al mandato mental. Así pudo saciarse.
Su agotamiento se acrecentaba por momentos. Comprendió que el desafío estaba siendo demasiado duro por lo que desanimado se dejó abandonar para que sucediera lo que tuviera que suceder. Que lo que haya de ser, será, qué remedio. Sus párpados cayeron. Y Jaime regresó al mundo de la hiperrealidad sensorial, el que no tiene amarrajes materiales, en el que las variaciones sólo se dejan relacionar por las leyes de la bella armonía y el caprichoso placer. Y quiso seguir el juego, sacarle partido a la situación, aunque sólo fuese por satisfacer su curiosidad.
"Sé que voy a estar en esta especie de limbo, o de acceso interiorista a mis alucinaciones, o lo que quiera que sea esto, hasta que se me pase el efecto de la sobredosis. Será mejor que me lo tome con paciencia. ¿Cómo? Pues muy fácil, mirando todas estas imágenes desde un punto de vista externo, como que la cosa no va conmigo, que no me implica. Eso mismo. Por ejemplo, a quién le puede convencer que ese palacio flotante de formas imposibles me pueda involucrar a mí. Pues, a nadie. Y ni mucho menos me va a impresionar, desde luego. Además, analicemos, tampoco parece gran cosa. Más bien es una insignificancia, una cosa inútil. ¿Por qué? Porque entre otros motivos es imposible de construir. ¡Fuera! No me vale para nada. No, que no me sirve he dicho, que no se consigue nada por mucho que cambie de formas o de esos colores que son tan poco creíbles y que se mezclan de esa manera... ¿Es eso todo? Es una chapuza, cambian demasiado deprisa los espacios y las configuraciones como para poder uno recrearse o enterarse de nada. Yo paso de estas memeces que no tienen utilidad. Bueno, pensándolo bien, sí que habría una utilidad en todo esto. Claro, sería que yo pudiera recordar estas espectaculares imágenes y si consigo salvarme, cuando esté recuperado, podría reproducirlas de alguna forma. Pero yo no sé ni pintar ni crear imágenes por ordenador. Y me da a mí la impresión de que todo esto va a ser difícil de recordar. Pero con este bombazo de música puede que sea distinto, que tarareándoselo a algún músico se consiga algo. Difícil misión es esa. ¡Una curiosidad! ¿Esta realidad es independiente a mí o puedo yo modificarla? Voy a intentarlo. A ver, cientos de bailarinas hawaianas que estáis en formación, dejad de bailar y poneros firmes. No me hacen ningún caso. ¡Firmes! Nada. Ellas a lo suyo. Y eso que llevan un ritmo que no les corresponde. Claro, con esta música. ¡Vais demasiado deprisa! Anda, ahora se han transformado en una sola que se acerca hacia mí. No me mires así que no te voy a prestar atención. Tiene una belleza indefinible. Ese rostro es indescriptible y cambia, no para. ¿Por qué me miras de esa forma? Daría lo que fuera por no olvidar lo que estoy viendo cuando me recupere. Apenas cambia de aspecto pero son bien diferenciadas las distintas caras que se alternan en ese rostro. Esas caras son famosas, son las de las mujeres más bellas de la Historia que evolucionan transformándose las unas en las otras o en híbridos espectaculares, o en otras que no han existido nunca pero que son absolutamente perfectas... imposibles de no admirar. Las que seducen y guían tus ojos y se repiten en tu imaginación. Esto es lo que no se puede explicar. La tez que torna cada vez más pálida, luminosa. El gesto que... dice... Eso. La... luz. No sé. Yo... ¡Me voy, me voy, me voy, me voy! Ay, Dios, qué malo ha sido esto. Es espantoso, no quiero morir, tengo terror. No quiero saber todavía qué hay ahí. Por favor, que venga alguien conocido que me salve, que me ayude, que es lo que más necesito. Socorro. Quizás sea algo fabuloso lo que me espere en ese sitio, pero no quiero comprobarlo. Con lo bien que se está en este mundo, qué necesidad tengo de visitar un lugar que no conozco de nada. Me arrepiento. ¿Qué hago aquí? Ahora podría estar de copas, escuchando música o conociendo bien a gente. ¿No va a pasar nadie por aquí? Se me van a hacer eternos los minutos con esta incertidumbre angustiosa. Que no se repita la caída. No quiero. ¿Qué es eso? ¡Está sonando fuera de mí mi teléfono móvil! Esto es fabuloso. Qué fácil he regresado esta vez a mi entorno. Es mi oportunidad. Tengo que contestar antes de que deje de sonar. Tengo que hacerlo de golpe, con un movimiento rápido. Inténtalo. Estira el brazo hacia arriba. ¡Estíralo! A qué esperas. Venga. Voy a imaginarlo con fuerza. Lo voy a hacer. Lo estoy haciendo. Lo voy a hacer. Lo estoy haciendo. A la de tres. Una, dos y tres. ¡Qué ocurre! Estoy mirando el teléfono y lo estoy cogiendo. Lo miro y lo cojo. Ya lo cojo, claro que sí. Pues, no. Es desesperante. Ay, madre mía, que estoy viendo cómo se mueve mi brazo, pero lo hace lentísimo. ¡Más deprisa! No me lo puedo creer, van a colgar. Esto no puede estar sucediendo. Estiro el brazo con rapidez. Estiro el brazo con rapidez. Lo estoy haciendo. Ya llego. Vamos. He descolgado. ¿Y ahora qué? Tengo que acercarlo más deprisa. Lo estoy consiguiendo. No cuelgues. Sí. Ánimo. Ya está aquí. Dígame."
Jaime quedó asombrado por la lentitud con la que se había expresado. Temía que lo llamase algún compañero del trabajo y creyese que estaba drogado. No se podía explicar que su pensamiento evolucionara tan rápido y que sus palabras surgieran tan pesadas.
--Dí... ga... me.
--¿Jaime?
--Sí.
--Soy Jesa. Mira, creo que no me interpretaste bien el otro día. Las cosas hay que dejarlas claras. Yo sólo quería interesarme por tu estado de ánimo y nada más. Estaba preocupada por si habías caído en una de esas depresiones de caballo que tienes a veces y tú vas y te lo tomas todo por la tremenda. Perdona, pero una no tiene necesidad de ir a la casa de los amigos a conseguirse la carne. Hay que valorar la amistad, porque la amistad existe entre las personas, incluso entre hombres y mujeres aunque tú no lo entiendas así. Olvida que soy una mujer y trátame como a una persona. Te lo pido en serio. Yo también tengo necesidad de amistad, lo estoy pasando mal. Imagínate. Estás casi nueve años trabajando en otro país y cuando vuelves a Barcelona te sientes extraña en tu propia tierra. No conozco a nadie. Tengo que empezar desde el principio y hasta que vaya haciendo nuevas amistades lo paso mal. La soledad es muy dura, enferma a la gente. Si no compartes las preocupaciones y anécdotas del día con alguien que te escuche, te vuelves una paranoica. Quizás te visité pensando en mi necesidad, fíjate. Pero no por satisfacer una necesidad inaguantable como os imagináis los hombres, no he llegado todavía a eso. Lo que quiero decir es que no quiero que se resienta una amistad de toda la vida por una simple equivocación. Porque supongo que no te habrás enfadado por la bofetada esa. Es la defensa que tenemos nosotras. ¿Verdad, Jaime? ¿Jaime? ¡Jaime! ¿Estás ahí?
--So... co... rro.
--¿Qué te pasa? ¿Estás de broma? A mí no me gustan esas bromas.
--Noo.
--Me estás asustando. ¿Qué ocurre?
--Ayúdame. He tenido... un accidente.
--¡Cómo! Ay, Virgen santísima, ¿dónde estás? Dímelo, dímelo.
--Junto a... al pueblo de La Barceloneta. A unos nueve kilómetros... al interior, ay, al... oeste, al oeste del pueblo de La Barceloneta.
--Voy para allá ahora mismo. No tardo. Voy para allá. A La Barceloneta.
--No. Avisa...
--Sí, sí. Claro. Una ambulancia. Ahora mismo. Sí. La Cruz Roja. La Cruz Roja. La policí... no. A la Guardia Civil. Aguanta. Tranquilo. No te preocupes que ya estoy contigo. Tú, tranquilo, ¿eh? Tú, tranquilo. Ahora te llamo otra vez. Estoy enseguida. Tranquilo. Ya voy. Estoy avisando. Hasta ahora.
Con una gran fortaleza alentada por la nueva circunstancia de sentirse amparado pudo soportar los interminables treinta minutos que se hizo rogar la llegada de ayuda. Con su oportuna presencia Jesabel había infundido los ánimos necesarios a Jaime como para que éste aunara fuerzas que evitasen su caída en la minimización de su actividad mental (aunque ello no implicase ninguna disminución en su sensibilidad) e incluso la energía suficiente para impedir ser arrastrado de nuevo a esa realidad que desprecia la voluntad, que es más bien una jaula de oro y de espectáculos emancipados a la propia libertad de decisión. Al fin hicieron acto de presencia los voluntarios salvadores. Hablaban entre ellos, pero ninguno se dignó de preguntarle nada a Jaime. Uno miró atento a Jaime y regresó al vehículo. Otro volvió y con una pequeña linterna iluminó sus ojos. Seguidamente procedieron a extraerle del maltrecho automóvil y a introducirlo en la ambulancia. Pero cuando Jaime miraba al techo de la ambulancia comprendió que le ocurría algo nuevo y ajeno a su voluntad; progresivamente su vista se fue oscureciendo desde los extremos hacia el centro hasta quedar completamente ciego. A continuación el ruido de la ambulancia descendió hasta convertirse en un tenue zumbido. Y Jaime ya no supo nada más.
Entre sueños agradables y optimistas fue despertando Jaime. Sintió cierta desilusión al conocer que aquello sólo eran sueños sin importancia, pero se encontraba muy cómodo en su cama. Miró y... ¡estaba en un hospital! Recordó instantáneamente todo lo sucedido: Su juicio volcado, la intentiva, la niña, los apuros por sobrevivir, la llamada milagrosa, los salvadores... Miró alrededor y se sentía maravillado. Le embargó una inmensa alegría que no recordaba haberla vivido desde la adolescencia. Estaba pletórico, más todavía. Acababa de recibir el regalo de una vida por delante. En su imaginación se le agolpaban miles de proyectos que iba a ejecutar con toda seguridad. Y por la ventana entraba una luz supersimpática que invitaba a salir al exterior y a pasear. Jaime conservaba algo de cansancio muscular y más ganas de dormir, pero estaba muy ilusionado. Miró a un crucifijo colgado en la pared y le pareció ver un extraño gesto de picardía en la cara de ese Señor. No era cierto, sólo había padecimiento en aquella expresión. Pero y qué le importaba eso ahora. Si hasta la puerta parecía bailar la muy condenada. Y para acompañarla comenzó a tararear el éxito del último verano. Se abrió y entró Jesabel:
--¿Has despertado?
--Parece ser que sí -respondió ciertamente sorprendido.
--Dormilón. Llevas más de dieciocho horas durmiendo. Vaya susto que me has dado.
--Disculpa. De haber sabido que te ibas a asustar no habría tenido el accidente. Yo...
--Pero dime, ¿qué es lo que te ha sucedido?
--Nada. Una ca... bezadita, no sé. Cuando me di cuenta... estaba aturdido, con el coche del revés y eso, es cuando llamaste tú. Madre mía, qué habrá sido de mi coche, qué desastre, no sé cómo me voy a desplazar ahora, a ver si lo veo.
--Yo no entien... vamos, ¿y tú qué hacías por el pueblo de La Barceloneta? Si no es...
--¿Yo? Pues... Que... que... eso, yo...
--Oh, nada, nada. ¿No te habrá... Quiero decir que... ¿tú recuerdas algo de después de sufrir el accidente, de cuando estabas atrapado? Vamos, lo digo porque el médico me ha dicho que tenías una conmoción, que te habías dado un fuerte golpe en la cabeza.
--Sí, ahora mismo me está doliendo.
--Pero dime, ¿estabas muy lúcido cuando llamé?
--Ah. Sí, lo suficiente como para recordar ahora aquel rollo de la amistad y el respeto y todo eso. -Irrumpió en carcajadas Jesabel.
--Perdóname. No sabía que no estabas en situación de escuchar sermones.
--Yo quería pedir ayuda pero no podía. Lo intentaba, lo intentaba y nada.
--Ay, pobrecillo. Y yo como una tonta con mis cosas.
--Yo... entiendo perfectamente que quisieras dejar claro que tú no tienes necesidad de ir a la casa de nadie a por nada. Pues no estás tú buena ni nada como para tener que recurrir a eso.
--Por favor, Jaime, por favor.
--A ver si me entiendes, que yo lo dejo claro. Que yo no pensé en ningún momento que tú vinieras buscando lío. Mi acto fue más bien por un... Y mejor lo dejo ya.
--Sí. Oye, ¿te duele mucho la cabeza?
--Bueno, mucho, mucho... no. Un poquito nada más.
--Lo importante es que hayas salido bien del percance.
--Me he salvado, eso sí es verdad. Bueno, me he salvado... de momento.
--¿Qué quieres decir con eso? -preguntó muy preocupada Jesabel.
--Que no tengo salvación.
--¡Pero qué dices! ¿Tienes alguna enfermedad?
--Sí, la misma que tú, que somos mortales. Cuando dicen "esa persona ha salvado la vida, se ha salvado por los pelos..." ¿tienen razón? Bueno, esa persona se ha salvado... de momento. Porque morir va a morir, eso seguro. Antes o después. O quien sabe si va a ser un momento después.
--El humor negro no me va. No me gustan esos temas.
--Realmente ni a ti ni a nadie ni a nada que esté vivo.
--¿Eh?
--Sí, porque es el instinto más primario de la vida, conservarse ella misma el más tiempo posible. Claro, es que el terror a la muerte es el propio instinto de la supervivencia. Los instintos del hambre y los demás derivan de ese instinto primario. Sí, que sí, y la reproducción es el instinto de la vida en general, que ella sí que permanece. Pero al final, para cada uno de nosotros en concreto, ¿qué? Pues nada. Es lo que hay.
--Eso sí es cierto. Del polvo venimos y al polvo... vamos.
--Anda qué graciosilla, fíjate -murmuró Jaime ininteligiblemente.
--¿Cómo?
--No, nada Jesa. Que es así.
--Pero es algo que hay que aceptarlo porque no tiene solución, ¿no?
--¡Cómo dices!
--Que los humanos resolvemos todos nuestros problemas, que para eso tenemos inteligencia, pero lo de morir es más difícil de evitar.
--No sé. Seguro que habrá alguna vía por donde buscar.
--¿Tú crees? A ver, ¿por dónde podría ir el asunto?
--Pues, está claro, por... Y yo que sé. Y a mí qué me dices. Si lo supiera iba a estar yo aquí, desde luego que no.
--Bueno, tranquilo. Lo que sí es cierto es que tiene que haber algo detrás de todo esto.
--Yo... Sí, lo cuento. Que yo he tenido una experiencia de esas sobrenaturales que cuentan algunos.
--¡Cuándo! -preguntó perpleja.
--Pues con el accidente este. Sé que he tenido una especie de alucinaciones impresionantes que no recuerdo muy bien. Pero eran vivencias reales, te lo aseguro. Es curioso, no recuerdo aquellas imágenes y sí recuerdo que presentía que las iba a olvidar.
--Serían ensueños de cuando estabas medio inconsciente.
--No, en absoluto. Aquello era real. No sé si era una realidad exterior o procedente de mi interior, pero aquello era real.
--Las alucinaciones existen y en esas circunstancias... Pero no tiene por qué ser nada sobrenatural.
--No, hubo algo que fue distinto. Una niña rubia de unos cinco años, ensangrentada y sentada en el suelo de la carretera. No podía evitar que mi coche pasara por encima de ella y desapareció en un instante. No era real.
--Dios santo.
--Aunque sí podría haber sido alguna consecuencia de... el golpe en la cabeza.
--¿Fue esa visión antes que el accidente?
--O sea, se debería a un sueño de la cabezadita que me sacó de la calzada. Vamos, no lo sé ---expresó Jaime apasionado--. Es algo misterioso, por eso te lo estoy contando. No sé qué fue. Una cosa extraña. La niña en el suelo... y luego ni era niña ni era nada. Oye, hazme un favor. No le cuentes a nadie lo de la niña esa.
--Tú, tranquilo.
--Es por si afecta a mi credibilidad profesional. Y no me digas más veces "tú, tranquilo", que eso me pone nervioso.
--Tú... no te preocupes, que tienes aquí a alguien en quien confiar. Te lo aseguro.
Sostuvo demasiado la mirada Jesabel como para que Jaime no se pusiera nervioso. A éste se le trabó la espontaneidad y quedó callado. Y además cayó en la cuenta de que en esa conversación él no había formulado ni tan siquiera una sola pregunta. Este comportamiento resultaba poco cortés. Si ella mostraba interés, él se limitaba a exponer su tema y poco más, hablando así sólo de sí mismo y de sus pensamientos. Recordó el consejo de aquella "señorita" de que el triunfo de una persona en una conversación o en su vida social residía en el arte de preguntar. Bien fuese para ligar o para caer bien, la cuestión estaba en mostrar interés encontrando las preguntas más adecuadas, esas que calan en la otra persona, buscando así los temas que puedan apasionar y que impliquen. Y si al responder se sintiese esa persona interesante en sus explicaciones, ese sería un buen síntoma. Ahora tenía que demostrar que había madurado, que no era el apocado de siempre. Pero una cosa es la teoría y otra bien distinta es ejecutarla satisfactoriamente. Pero Jaime iba a triunfar en esas preguntas porque sabía que podía. Jaime, tú, coraje... y a por ello.
--Jesa... ¿tú qué haces aquí?
--¡Cómo! No entiendo.
--No. Que cómo es que has vuelto a España.
--Porque como en casa no se está en ningún sitio, qué quieres que te diga. Para mí ha sido una buena experiencia. La formación que se consigue allí, en Kioto, no la encuentras en ningún otro sitio. Pero te tira lo tuyo.
--¿Y qué hacías allí?
--La Yokonaga tiene una de las I+D más prestigiosas. En Kioto lo mismo trabajaba con Petrosky que con Williamson.
--¿Quiénes?
--Es normal que no los conozcas. Nadie los conoce. Todo el planeta disfruta todos los días de sus innovaciones y nadie los conoce. Tú nunca te has preguntado qué tipo de mente habrá detrás de la realización de los aparatos electrónicos que son cada vez más pequeños o de los microprocesadores que son cada vez más ágiles. Pues quizás sea la mente de Petrosky. Tengo entendido que ahora están los dos trabajando juntos en una red paralela de microchips moleculares.
--¿Y tú dices que trabajas con esos? -se cuestionó desconfiado Jaime.
--Colaboraba y aprendía lo que podía. Lo que diferencia a esos genios de ti y de mí no es lo que saben, si no la creatividad que tienen y cómo dan en el blanco. La creatividad debe ser un don con el que se nace, ¿no lo crees así?
--No sé.
--Yo soy muy cuadriculada, por mucho que me esforzara no conseguiría nada. Y ese es un gran obstáculo para mi trabajo, porque no soy capaz de innovar en mis diseños con rapidez, me quedo sin imaginación. Yo siento una gran fascinación por esa gente tan creativa.
--¿Sí?
--Vamos, yo ante un hombre creativo no sé qué me pasaría, me quedaría como tonta, supongo. Sobre todo si encontrara ideas que pudieran resolver los problemas del Mundo.
--Vaya.
--Eh, neurólogo, ¿no tendrás alguna idea original sobre el funcionamiento del cerebro? Seguro que sí.
--¡Cómo!
--Tranquilo, es broma. Que como colaboro en el diseño de microchips de última generación, todo tipo de inspiración nos viene bien. Por eso te preguntaba, por si acaso. A veces intentamos reproducir mecanismos del aparato nervioso. Por ejemplo, la idea de las redes neuronales de dónde crees que procede, pues de ahí, claro. Y cualquier descubrimiento nuevo en Neurología puede ser útil. Aunque sólo sea una teoría, da igual. O incluso si esa teoría no acertase, podría igualmente servir de inspiración.
--¿Qué quieres saber en concreto? Oye, modestia muy aparte, yo estoy suscrito a las revistas médicas más prestigiosas y mis colegas de la clínica y yo acudimos a todos los simposiums que podemos, no te vayas a creer. Pero... por muy al día que pueda estar siempre habrá alguien más adecuado a quien preguntarle.
--Algo sabrás. Contéstame. Consciencia, ¿qué mecanismo es ése?
--¿Estás de broma? Pues sí que me has ido a preguntar una cosilla... Eso nadie lo sabe. Hay quien se atreve a decir algo pero no es cuestión de tomarles muy en serio. Quizás sea la consciencia algo que no se pueda comprender nunca, que sea imposible por definición, porque quizás comprender el comprender es algo que está demasiado cerca de la propia mente. ¿Es que vas a diseñar un microchip con consciencia o algo así?
--No, esto más bien es curiosidad mía. ¿Sabes lo que pasa? Que al construir sistemas lógicos que cada vez procesan la información más deprisa y que incluso la elaboran ellos mismos, pues si se les sabe programar tenemos como resultado "máquinas que conversan" o algo parecido. A veces, cuando hablas con ellas, parece que estás hablando con un niño de cuatro años. Y su inteligencia puede ser potenciada con el diseño de nuevas redes más efectivas. O mejores programas. Y claro, cuando conversas con una de esas máquinas te preguntas si no estarás delante de alguien real, de una mente o consciencia o algo así.
--Sí, pero yo te aseguro que cuando hablas con una de esas máquinas no estás conversando con nadie. No dejan de ser máquinas. Ahí dentro no hay nadie. Una cosa es la inteligencia y otra distinta es la consciencia.
--¿En qué se diferencian?
--Los animales sentimos y tenemos emociones; siendo en el hombre más complejas. Por eso "vivimos", somos. Las máquinas esas son inteligentes pero no sienten ni dolor ni placer ni nada, aunque te dijeran que sí. Vamos, que si las desenchufas no matas a nadie. Ya te puedan decir ellas: "¡No! No lo hagas. No me desenchufes. Por favor, no. No lo hagas, no. Por favor. No" -escenificaba Jaime estas supuestas exclamaciones con una vocecilla infantil y desgarrada--, ya te puedan decir ellas eso, que tú puedes tener la conciencia tranquila porque tú no habrás asesinado por desenchufarlas. Creo.
--Éstas son cosas difíciles de suponer. Pero... ¿cuál será el mecanismo que provoque las sensaciones?
--Y yo que sé. Si yo sólo soy un médico, pregúntale a un estudioso de esas cosas. A un investigador o a un filósofo que sepa de eso.
--No sé dónde buscarlos. He mirado en la guía telefónica y no he encontrado ninguno.
--Pues yo no te puedo ayudar. Lo siento. Oye, ¿diseñáis en España microchips de esos?
--¿Eh? No. Ah, yo... es que conseguí el traslado a España para hacer el trabajo que se puede realizar aquí. Pero sigo colaborando todo lo que puedo desde aquí con Kioto. Desde que existe el Internet y la videoconferencia... ya sabes lo que se puede hacer. Mi jefe es Mario Vergara, de Veracruz. Fue él el que me destinó con el equipo de Williamson. Continúa allí pero me sigue mandando deberes y hago algo de microchips. Pero que yo aquí he vuelto a trabajar donde empecé, en Aster Hispania.
--¿En el mismo puesto?
--¿Eh? No, por favor. Modestia muy aparte, tengo una formación que me tiene que servir de algo. La jefa que tuve... digamos que ya no es mi jefa. Dicen que puso una cara cuando se enteró de mi destino que mejor no explicarla. Se lo tiene merecido por engreída.
--¿Sí?
--Era una loba, una devoradora de hombres. Y a las trabajadoras sólo nos hacía desprecio. Se aprovechaba de su puesto para intimidar a nuestros compañeros. Y de qué le sirve ahora. Sorpresas que da la vida.
--Y ahora que tienes su puesto... ¿tú también vas a ser una loba?
--¿No maduráis nunca los hombres?
--No.
--Ja, ja. Entonces... ¿dices que... tú te encuentras ya bien? Qué cosas.
--Estupendo. Mira, me levanto... ¡alehop! Y de maravilla. Y la cabeza no me duele casi. Y de conmoción nada, que sé dónde me encuentro y que hoy es Sábado y estamos a diez de Noviembre.
--Ya veo.
--Yo creo que mañana me van a dar el alta. A ver si hablo con el médico y me voy a casa. ¡Pero si no tengo coche! ¿Sabes algo de mi coche?
--No, no sé nada.
--No importa. De todas formas me voy a comprar uno nuevo. He vuelto a nacer y voy a comenzar cosas nuevas.
--¿Sí?
--Sí, claro. No sé, tengo necesidad de moverme, de emprender proyectos, de hacer cosas... pero no sé qué hacer en concreto. Estoy nervioso. ¿Qué hago mañana? Los concesionarios van a estar cerrados y yo...
--Mira, podrías venir conmigo y con mis dos compañeras nuevas a ver el apartamento que acaba de comprar una de ellas. Dice que podríamos vivir las tres juntas.
--¿Compartiéndolo?
--Sí, Juani y yo le pagaríamos nuestro alquiler. Mañana le dan las llaves a Desiré y estamos las dos muy deseosas de ver cómo está. Anda, vente con nosotras.
--No puedo -misteriosamente evolucionó el semblante de Jaime hacia la seriedad.
--¡Cómo!
--Acabo de recordar que tengo mucho trabajo para mañana. Le han propuesto a mi jefe que colabore nuestra Clínica en un estudio de unos medicamentos que están en experimentación y tengo que aprenderme cómo son esos medicamentos. Parecen enciclopedias lo que me han dado para estudiar. Y el Lunes tengo que explicarle a mi jefe de qué van esos medicamentos para que pueda tomar una decisión
Jesabel mostró una expresión de incomprensión y contrariedad, siendo ésta una actitud bien justificada. Porque... ¿qué le pasaba a Jaime? ¿Era antisocial o qué? Era cierto que tenía mucho trabajo acumulado, pero esa no es excusa para no agradecer la preocupación que mostraba Jesabel por él. La mente de Jaime era misteriosa. Quizás ni siquiera él acertaba a comprender el motivo de su violenta respuesta porque... quizás ni siquiera tenía control sobre sus impulsos de autodefensa e introversión. Jaime ya estaba arrepentiéndose de su comportamiento pero no encontraba fuerzas para rectificar.
--Pues... nada. Yo también me tengo que ir -el enojo de Jesabel era manifiesto--. A ver si hago ahora unos trabajos pendientes y ese adelanto que llevo para el lunes.
--Jesa.
--¿Qué?
--Gracias.
--No hay de qué. Hasta otro día.
--Adiós.
--Adiós.
Sucedieron los diez siguientes días sin acontecer ningún hecho que mereciera una mención especial, pero siempre se está fraguando esa cadena de sucesos correlativos que puede terminar dando un buen susto. Pero bueno, mientras tanto Jaime elegía y compraba un buen coche y era feliz, porque hacer eso es siempre un placer, la verdad. Sin embargo tenía que esperar tres semanas hasta que le fuera entregado, pero aquella era una impaciencia muy agradable de sobrellevar. Durante esos días la obligación de agradecimiento que tenía Jaime con Jesabel quedó limitada a una llamada telefónica desafortunada y poco natural, cuyo contenido es preferible no recordar por ser precisamente poco memorable. Pero llegó el décimo día y afloró la prueba de que algo intrigante se estaba fraguando en el destino de Jaime. Ironías de la vida. Decide Jaime terminar consigo y es en ese momento cuando comienza a vivir de verdad. Él había intentado acabar con todo convencido de que no le cabría esperar nada que mereciera la pena, y realmente ya le estaban aguardando unas vivencias que serían de gran sufrimiento, pero que también serían responsables de encauzar ni más ni menos que el devenir de la Humanidad. Y sin embargo Jaime, en aquel momento, no podía sospechar nada de lo que se le estaba avecinando. En su ignorancia Jaime ya estaba cambiando la Historia. Pero todavía desconocemos si va a ser para bien o para mal.
El punto de inflexión quedó ubicado temporalmente el martes por la mañana. Estando en la cafetería del Centro, Jaime supo a través de la megafonía que le esperaba una urgente conferencia telefónica en recepción. ¿Quién sería? Se trasladó presto hasta el aparato, y...
--Dígame.
--¿Jo... Jav... Ja... Jaime?
--Sí, aquí Jaime Uriel, ¿qué desea?
--Mira. Que soy yo, Alberto. ¡Alberto! Alberto Contreras, ¿no me recuerdas? -expresaba con energía.
--Ah -expresó Jaime escuetamente, bastante extrañado y sin mostrar ningún tipo de sorpresa ni alegría.
--¡Hola! ¡Qué tal, amigo! -demostraba tener un gran entusiasmo.
--Hola. Bien.
--Me ha costado trabajo encontrarte. No sabía dónde vivías ni que trabajaras ahí.
--Sí, Alberto, aquí trabajo.
--Pues muy bien. Ya tenía yo ganas de verte y saludar s un buen amigo. ¡Cuánto tiempo!
--Y tanto.
--Pues, nada. Pasaba por Barcelona... Oye, ¿dónde nos podemos ver? ¿En algún bar?
--Donde tú quieras.
--Pero dime tú a mí, que aquí el forastero soy yo.
--No sé, ¿en una cafetería?
--Venga, que tengo ganas de darte una palmada en la espalda. Pues... ¿qué tal te parece... pues en el primer bar que hay en las Ramblas a la derecha según se entra?
--¿Dónde?
--Pues en el primer bar que haya. No sé, alguno habrá, ¿no?
--Sí, tiene que haber alguno.
--¿Qué hora es mejor para ti, para quedar? Porque yo voy a estar aquí dos días. ¿Este mediodía, por ejemplo?
--No sé, no, a partir de las cuatro.
--Venga. A esa hora te espero. No te retrases.
--No. Mejor a las cuatro y media, por si tardo en llegar. Tengo el coche averiado.
--No pasa nada. Y alégrate, que no sabes bien la alegría que me ha dado al encontrarte. Y así me presentas a tu familia, que tengo ganas de saber de ti.
--No, estoy soltero.
--Es igual, yo también estoy soltero. ¡Y quién necesita a una esposa! Para que te dirija la vida y se queje siempre de ti, pues no merece la pena. Haces bien con elegir eso.
--No, si yo sí pienso tener hijos algún día.
--Pues tendrás que casarte y aguantarlo todo, porque si no tú me dirás, si no haces eso vas a ver a tus hijos nada más que un fin de semana cada dos semanas. Y las pobres criaturas van a creer que el amante de tu mujer es su padre. No hay más remedio.
--No sé qué haré. Ya pensaré en algo.
--Ánimo, chaval. Qué alegría. ¡Ya lo tengo! Decimos que somos maricones y nos dejan adoptar unos cuantos. Ja, ja, ja.
--Sí.
--Que sí, hombre, que sí. Que too er mundo é mu güeno, chaval, que te lo digo yo. ¿O es que no vas a confiar en un buen amigo?
--¿Yo? Sí, ya ves.
--Pues... bueno. Anímate. En el bar te espero.
--Vale.
--Y a ver si me enseñas bien Barcelona. Tú me entiendes.
--Claro.
--Venga. Hasta luego.
--Adiós -se despidió Jaime ciertamente desanimado.
Muy a su pesar, el paso de las horas pareció precipitarse hasta la llegada de las cuatro y media de la tarde. A él no le apetecía relacionarse de nuevo con Alberto, porque una persona así sólo reparte problemas. Más bien hubiera preferido seguir en la tediosa rutina antes que verse envuelto en asuntos en los que no quería tomar parte. ¡Pero si Alberto siempre había sido un cínico! Él nunca se hubiera molestado en ser simpático con Jaime a no ser que buscara alguna ayuda o intentara algún acto de manipulación para conseguir su propio beneficio. Pero... quizás había cambiado. Toda persona tiene derecho al beneficio de la duda, ¿no? Sin embargo, carecía de sentido. Durante catorce años no había sabido nada de Alberto y de repente éste se molesta en buscarlo hasta que le puede localizar. En todo caso, Jaime iba a salir de dudas dentro de poco. Cuando entró en el bar estaba dispuesto a esperar cualquier historia. Enseguida notó la presencia de Alberto ya que éste no paraba de llamarle a voces. Sólo fue necesario seguir la mirada de la atónita clientela para saber dónde se encontraba. Allí estaba. Apenas había cambiado. Su cuerpo era menos musculoso pero continuaba estando bien fornido y su cuello seguía igual de macizo y de potente, con un diámetro no inferior al de su cara. Sus rasgos faciales eran llamativos: Nariz larga y aguda, orejas pequeñas, ojos grandes de color verde oscuro y excesivamente próximos entre sí, mejillas longitudinalmente hendidas y una nuez prominente e inquieta que cada vez que subía y regresaba obligaba al párpado derecho a entornarse ligeramente. Lo que sí había evolucionado era su estilo. Su pelo lo tenía corto y peinado hacia atrás. Vestía un traje gris demasiado brillante y con una leve asimetría conseguida con esmero.
--Jaime, aquí, Jaime.
--Ya, ya te veo.
--Qué bien te encuentro, chaval. Pero si hasta pareces guapo, estás más fuerte.
Jaime no supo qué responder. Alberto se incorporó impetuosamente y le estrechó la mano con fuerza y decisión al mismo tiempo que utilizaba la otra para darle una fuerte palmada. Jaime no quiso ser menos y apretó aún más fuerte.
--Tienes mejor aspecto, de verdad.
--Sí.
--Así que eres médico, quién lo iba a decir. A la chita callando...
--Sí, Neurólogo.
--¡Ah! ¡Neurólogo! Mejor. Gran profesión es esa. Yo conocí bien a una neuróloga una vez. Pues tiene futuro ese trabajo con tanto viejo demenciado como hay. Y los accidentes de tráfico... seguro que también te surten de material. A mí me hubiera gustado tener una profesión tan prestigiosa como esa, pero me tengo que conformar con los negocios que, aunque no estén tan bien vistos por eso de hacer dinero tan rápido, pues los negocios también son necesarios para que funcione todo, por supuesto. No... las parálisis cerebrales también las tratáis, lo sé. Sí. Vi también un reportaje en el canal de pago de cómo curáis el Parkinson. Ya no hay ningún problema con el Parkinson, ¿verdad? Pues es apasionante la Neurología, vaya. Tú lo sabrás que eres el experto. Aunque no...
--Sí, creo saberlo. Aunque no...
--Claro que sí. El estudio del cerebro y sus tumores. Una prima de mi madre tuvo un tumor maligno dentro del bulbo raquídeo y no la pudieron operar. Una lástima. Y yo sé que ahora hubiera tenido solución. Ahora hay unas máquinas que los rompen igual que si fueran cálculos dentro de los riñones, sin tener que cortar la carne. Es cierto, lo he visto en un reportaje. Vaya, la técnica avanza y nos puede cambiar la vida. Hasta puede modificar nuestros hábitos e incluso puede obligarnos a portarnos bien. Sí, no estoy de coña, te lo puedo asegurar. Yo he hablado con un funcionario que se enteró de que había un proyecto que iba a acabar con la delincuencia, pero no se atrevieron los del Gobierno por miedo a las mafias, por si acaso había atentados como en Colombia o en Italia. Te lo aseguro, que yo no estoy de coña.
Jaime empalideció. Temía lo peor. Temía que Alberto le explicara ¡una larga historia con todo tipo de detalles! Él no quería preguntarle por ese tema, pero sabía que Alberto estaba esperando una pregunta. Jaime por experiencia era consciente de que no había remedio, que Alberto acabaría contando todo lo que le apeteciera. Le conocía bien. Pero quizás había cambiado algo de verdad. Ahora parecía menos rebelde, más caballero, tenía mejor presencia y se comportaba mejor. Pudiera ser que al pasar tantos años sin verse los dos, se estuviera comportando Alberto con Jaime como si fuera éste un verdadero extraño, pero en el momento en el que recobrase la confianza mostraría su verdadera cara de sinvergüenza y manipulador egoísta. Quién puede saber eso. Después de concederle unos segundos a Jaime para que se interesase por su historia, respondió Alberto como si realmente la pregunta hubiese sido formulada.
--Sí. Aquí están todas las mafias del Mundo. Y si se enfadan, se lía aquí la de San Quintín. Que si la china, la búlgara, las italianas, las francesas, las marroquíes, la rusa, las gitanas, la gallega, los traficantes de armas árabes, las organizaciones colombianas, peruanas, de los países del Este... Bastante tiene España con tanto carnicero. Oye, esto que te voy a contar no lo sabe casi nadie. A ver si vas a ir por ahí largando. Nada, que se le ocurrió al Gobierno un proyecto que iba a acabar con todo tipo de delincuencia en Europa, incluida Holanda. También vi un reportaje sobre Holanda. Así que el proyecto consistía en ponerle un pequeñito microchip identificativo a todos los billetes que van a entrar en circulación en el año 2.002. Los billetes del euro, me refiero. Eso es posible, al igual que las tarjetas de mil pesetas que llevan un microchip, sí, esas que se utilizan en las cabinas telefónicas. Tú das en el kiosco mil pesetas y te devuelven una tarjeta con mil pesetas en llamadas. Pues lo mismo. Un microchip que no se puede falsificar. ¿Y para qué sirve ese microchip? --te podrías preguntar quedándote muy a gusto. Pues para hacer un seguimiento de todos y cada uno de los billetes a través de las personas físicas. Según decreto Ley todos los españoles y residentes estaríamos obligados a tener un aparatito personal e intransferible (o un adaptador para el móvil). Este aparatito portátil se nos daría en Hacienda y dentro llevaría nuestro número de identificación fiscal (incluso sería un euroconvertidor automático). Nosotros estaríamos obligados a que todo billete que pasara a nuestra propiedad lo tuviéramos que fichar por el escáner del aparatito. Se haría así: Cuando te entregasen un billete, tú y el donante engarzaríais adecuadamente vuestros aparatitos y el billete se introduciría por la ranura de entrada del aparatito del donante y saldría por la ranura de salida de tu aparatito. Y cuando entregases un billete se haría igual pero siendo tú el donante y la otra persona el receptor. Y el aparatito, igual que hace el teléfono móvil con la emisión de mensajes cortos, informaría en tiempo real al gran ordenador central de qué billete entra o sale de la propiedad de qué persona en concreto. El ordenador central seguiría la ruta de los billetes quedándose reflejado en qué momento pasarían de una persona a otra. No hace falta que te diga que en las empresas, en las cajas registradoras, en los bancos y demás, esos aparatitos podrían escanear fajos enteros de billetes e incluso en una pantalllita aparecería la cantidad de dinero que hay en el fajo. Claro, que cuando se hiciesen transferencias bancarias o pagos con tarjetas de crédito, todo eso también quedaría reflejado en el gran ordenador. Quedaría también prohibida la utilización de moneda extranjera. O si no, que los demás países también hicieran lo mismo, sobre todo con el dólar. A la información guardada en ese ordenador tendrían acceso con motivos justificados los jueces, los fiscales, los inspectores de hacienda y la policía especializada. Además de que el propio ordenador estaría siempre haciendo comprobaciones internas. Y claro, antes o después se acabaría con la falsificación de billetes, los robos, los secuestros, las extorsiones, los atracos, las estafas, la compraventa de material robado, el tráfico ilegal, el blanqueo de dinero, la venta de droga, las ventas ilegales, la economía sumergida, el fraude fiscal, la corrupción política, el pago a matones, el terrorismo... En definitiva, se acabaría con todo tipo de delincuencia. E incluso hasta se podría reclamar un billete perdido. Sin problemas. Pero... pero... pero... se han rajado. O al menos así lo tengo entendido. Parécese que hubo una filtración y que se enteraron las mafias. Y ahora lo único que tenemos es a todas las mafias que se han puesto en contacto. Se han hecho todas una piña para defenderse del enemigo común y colaboran entre ellas. Hasta el terrorismo también está metido en el ajo. Y el Gobierno no quiere que le extorsionen a base de disparos en la nuca o de coches-bomba. Viviríamos el mismo infierno que en Colombia o en Italia. ¡Eh, Jaime! Que todo esto que te estoy contando es cierto. Te lo aseguro.
--No, si yo no lo pongo en duda -afirmó Jaime bastante receloso--. Mira, Alberto, yo sé que no has venido a verme para contarme esa historia tan interesante. Y ni siquiera para hacerme una visita de cortesía. Me quieres decir ya de una puñetera vez para qué me necesitas. Perdón.
--Tú tan comunicativo como siempre, ¿verdad? Venga, pues al grano. ¡Ayúdame! ¡Por favor! Estoy metido en un problema muy serio. Llevo varios días sin dormir. Me han obligado. Yo no quería hacerlo, en realidad yo no he hecho nada. Pero me han hecho cargar con el marrón.
--¿Quiénes? ¿Las mafias unificadas?
--No, no es eso. Es algo totalmente distinto. Se trata de Natalia. ¿Recuerdas a Natalia?
--No, ¿Quién es?
--Natalia Gómez Figueroa. Era compañera nuestra cuando íbamos a la escuela. Bueno, cuando tenía once años la cambiaron de colegio. Pero el verdadero culpable de todo lo que ha pasado es el doctor Carnero.
--No recuerdo bien a Natalia. ¿Qué es lo que le pasa?
--Se muere, Jaime, se muere. Tienes que ayudarme. Es una pesadilla.
--¿Está enferma?
--No, ha sido un accidente. Pero yo no tengo la culpa.
--¿Qué le pasa? ¿Cómo está?
--No lo sé, no soy médico. Por eso he tenido que buscarte a ti, a un médico que también sea un amigo de confianza. Estoy metido en un buen lío. Pero yo también soy una víctima. Me tienes que ayudar, por lo que más quieras. Ayúdame, te lo suplico.
--Me temo que lo que aquí hace falta es la policía.
--No, por favor, no. Me inculparían injustamente. No es lo que parece.
--¡Llévala a un hospital! ¿Para qué me necesitas a mí?
--Mira. Cuanto más tiempo pasa es peor, parece que soy más culpable. La llevo cuidando cinco días y ella me acusa de secuestro, pero eso es injusto. Ha sido una encerrona.
--¿Cinco días? ¡Por Dios!
--Parece que está mejor, pero yo no soy médico, no sé como va a evolucionar. La tiene que ver un médico. Tú eres el único en el que podía confiar porque sé que eres una buena persona y que me creerías si te pidiese ayuda. Además, eres neurólogo, yo no lo sabía, yo creo que eso es mejor para ayudarme. Seguro que sí.
--¿Qué es lo que ha pasado? Dímelo. Esto es un desastre.
--No lo sé. La estoy cuidando como puedo. El doctor Carnero me la dejó inconsciente y desapareció. Yo me quedé con ella aterrorizado. Y ayer me acordé de ti y te busqué.
--No estoy entendiendo nada.
--Lo estoy pasando muy mal. He acudido a ti, ayúdame.
--Ya, si no tienes culpa, ¿qué es lo que tienes que temer? A ver.
--Ella te necesita, se encuentra mal, pero yo también te necesito. Ella me culpa a mí de todo. Deberías ayudarme para llegar a un acuerdo con ella, pero antes tienes que examinarla, por si es demasiado grave.
--Pero... ¿la tienes secuestrada o qué? Explícate.
--No, al contrario. La intento cuidar. Ella no se puede marchar porque no puede levantarse, y cuando se levanta se marea mucho y se tiene que tumbar enseguida. Pero soy yo el que está escondido cuidándola. Ella me culpa porque no sabe muy bien lo que le ha ocurrido. Yo le he contado lo poco que sé pero no me cree. Claro, ella al despertar me vio a mí y yo no supe reaccionar, debí hacerle caso y llevarla a un hospital como me dijo, pero yo fui lento, me lo pensé demasiado y enseguida me culpó. Me puse entonces más nervioso, no me atreví a avisar a nadie y ella me culpó más todavía. Me dijo que la tenía secuestrada. Yo casi perdí los nervios pero supe moderarme porque sabía que si no lo hacía sólo iba a parecer que yo era más culpable. Entonces ella me amenazó con denunciarme si salía de esa. Me dijo que me odiaba. En ese momento, hiciese lo que hiciese siempre me perjudicaría más, iba todo a peor. ¡Me arrepiento! ¡Fui lento! Si hubiera sabido reaccionar ahora no estaría aquí. Yo no soy responsable, creeme. Sólo lo es el doctor Carnero. No debí obedecerle, era un engaño. Pero Natalia no me cree. Ella cree que estoy ocultando por las bravas una incompetencia médica, que le estoy ayudando al doctor. Pero el doctor desapareció sin dejar ni rastro, su familia no sabe dónde está. Él me dijo que fue un accidente casual. Yo no sé qué es lo que pasó realmente.
--Si quieres que te ayude me tienes que explicar bien qué es lo que ha sucedido -Jaime no estaba creyendo nada, le parecía que esas explicaciones eran más bien excusas malas y que en ese relato estaba ocultando parte de la realidad, precisamente aquella parte referida a su responsabilidad en el drama que estaba viviendo Natalia.
--Sí, por supuesto. Pero, por favor, dime antes que me vas a ayudar. Necesito saberlo. Convéncela para que no me denuncie; que vea apoyo en ti y confianza. No sé, a ver si me entiendes, que lo primero es ella, quiero lo mejor para ella, pero tenemos que resolver todos los problemas. Yo también estoy en crisis, llevo cinco días sin trabajar y sin dormir. Y no merezco la cárcel, no he hecho nada. Pensé que como tienes compañeros en la Clínica podrías pedirles que colaboraran y la curaran, y una vez contenta pudiéramos llegar a un acuerdo... Sí, lo sé, es una estupidez.
--¡Que me digas ya de una vez por qué está enferma Natalia! Si no me lo dices, me voy.
--Sí, ya mismo. Fue hace unos meses. Yo tenía unos problemas de liquidez que resolví poco después, pero y qué me importa a mí eso ahora. Fue él quien realmente acudió a mí. Yo no conseguía reunir el dinero que debía y llegó el doctor Carnero proponiéndome un negocio. Me pidió que fuéramos socios. Me explicó de qué iba el asunto y no me convenció. Claro, intentaba que yo invirtiese el capital que a él le faltaba para desarrollar su idea. Yo le expliqué mi situación, le dije que en ese momento debía dinero, que se acababan los plazos y que temía un embargo. Estaba desesperado. Y él, generosamente, me prestó para pagar una deuda ya vencida. Después conseguí por fin vender una propiedad importante y entonces me sobraba el dinero. Y al devolverle el préstamo al doctor me vi en la obligación de colaborar con su proyecto. Era un invento, un aparato electrónico. Yo tan sólo me iba a ocupar de comercializar el producto gracias a unos contactos que tengo. Ya había encontrado a un fabricante.
--¿Inviertes tu dinero en un invento que no conoces? Es extraño.
--Me convenció. Yo no sabía la eficiencia del producto, pero te puedo asegurar que peligroso no era. Lo de Natalia ha sido un accidente por otros motivos. En todo caso yo pensaba dotarlo de una buena imagen. Estaba convencido del éxito de ese instrumento, pero la estrategia a seguir era empezar a comercializarlo por venta directa. Después ya encontraríamos distribuidores. Así que lo principal era la imagen del aparato, una buena estrategia publicitaria.
--Vamos, que era un producto milagro sin garantías. En no siendo perjudicial es suficiente.
--Yo confié en él. El doctor Carnero es del hospital de San Jorge de Huesca. Él me explicó que el instrumento se colocaba en el cuello y que ejercía una leve presión. Que medía la presión sanguínea, la velocidad del flujo sanguíneo de ida y de retorno y alguna otra cosa más. Que el instrumento era un fabuloso pronosticador del riesgo de sufrir en las veinticuatro horas siguientes a su utilización infartos cerebrales, derrámenes o trombosis en la cabeza. También dijo que iba a ser un gran éxito comercial porque estaban saliendo a la luz una serie de estudios que estaban desacreditando los análisis de colesterol, porque esos análisis indican sólo el colesterol que hay disuelto en la sangre pero no el que ya hay pegado en las paredes de las arterias, que ese es el peligroso. Yo le creí en todo.
--El aparato ese es una tontería. En mi vida había oído una bobada como esa. Ningún tensiómetro electrónico es fiable y siempre deben ejercer un mínimo de presión, que en ese caso te estrangularía.
--Yo no tenía conocimientos para saberlo. Me dijo que medía muy rápido. El producto iba dirigido principalmente a los ancianos y es ese un buen mercado potencial. Me cegué. Me aseguró que estaba patentado y me enseñó un prototipo que parecía fiable. Me explicó también que la respuesta que daba el aparato electrónico venía dado por unos parámetros estadísticos de población. Es decir, según la media estadística y de acuerdo a sectores de población dados por la edad, sexo, raza... Eso me encendió la chispa. Comprendí que la estrategia publicitaria debía basarse en dar mucha información técnica. Pensé en un folleto explicativo con muchos gráficos, estadísticas y dibujos. Empezamos a recopilar ilustraciones y demás, pero resultaba caro pagar los derechos. El doctor me dijo que no me preocupara porque él iba a conseguir fotos y gráficos. Y todo parecía marchar bien.
--¿Y qué tiene que ver Natalia con todo esto?
--El Jueves pasado me llamó preocupado el doctor Carnero y me dijo que acudiera rápidamente a un local sin darme más explicaciones. Era un local cerrado que según él pertenecía a su hermano y que éste no sabía nada de lo ocurrido. Y allí estaba Natalia inconsciente. Yo le pregunté que qué había pasado. Él me explicó que había sido un accidente casual pero que ocurrió cuando él hacía algo que no debía. Me dijo que me quedara allí y que estuviera al cuidado de ella, que él iba a buscar unos amigos que le iban a sacar del problema y ayudarle para que fuera todo creíble. Yo esperé mucho tiempo pero no acudía. Esperé demasiado. Empecé a llamar por teléfono y nadie sabía dónde estaba el doctor. Es un cobarde. Yo estaba asustado. No sabía si iba a despertar Natalia o si... No podía dejarla sola. Ella despertó pero estaba muy aturdida. Pedía agua, tenía frío. Necesitaba cuidados y la llevé al lugar donde le doy atenciones ahora. Intenté localizar al doctor Carnero pero no lo encontré. Estaba claro, se había fugado. Me puse muy nervioso y volví para cuidar de Natalia. Ella estaba más despejada y pedía asistencia médica. Yo no reaccioné. Ella me insultaba y me acusaba. Era desesperante. Por qué decía que la tenía retenida si yo no ganaba nada con aquello. Pero no entraba en razones, me acusaba y me acusaba. Y yo sabía que me estaba metiendo en un buen lío injustamente. Así que decidí cuidarla y aquí estoy. Ella me odia. No lo entiendo.
--Yo lo que quiero saber de una puñetera vez es qué tipo de lesión tiene Natalia. ¿No te explicó nada el doctor Carnero?
--Sí. Antes de buscar a sus supuestos amigos me dijo lo que había pasado. Él estaba obsesionado con terminar el folleto y necesitaba hacerse con una radiografía de T.A.C. craneal que no tenía. Y casualmente estaba por allí Natalia que había ido a hacerse un reconocimiento médico. Decidió hacerle el T.A.C. a Natalia y la engañó. Ella estaba sorprendida por no ser él quien la iba a reconocer, pero confiaba en que conociese su historial médico. Natalia no podía hacerse un T.A.C. porque de pequeña le implantaron una prótesis en el esfenoides con enganches metálicos, según me explicó ella a mí después. Pero el doctor Carnero no sabía nada. Natalia también me explicó que creía que el especialista le iba a hacer otro tipo de escáner, por ultrasonidos, resonancia o algo así y que por eso no dijo nada. Cuando le hizo el T.A.C. ella se quedó sin conocimiento y en la radiografía apareció un destello. El doctor comprendió que se había producido una chispa eléctrica como consecuencia de recibir radiaciones una pieza metálica, igual que ocurre con una cucharilla en un horno microondas. Seguramente se había quemado una zona cerebral.
--Qué chapuza. Eso no tiene nombre.
--Cuando despertó Natalia me contó que tenía una deformación de nacimiento en el interior de la cabeza que le oprimía una parte del cerebro, que era su hueso esfenoides el que estaba deformado. Por eso la operaron, pero hubo complicaciones y la operaron más veces. Al final el hueso se deterioraba y optaron por ponerle una prótesis. Ella me contó esto pero cree que estoy colaborando con el doctor Carnero.
--Ya. Pero... yo no alcanzo a comprender algunas cosas. ¿Por qué cuando te la dejó el doctor, tú no la llevaste a un hospital o llamaste a la policía?
--Ya te lo he dicho varias veces, ¿no me crees? Primero esperé a que volviera el doctor. Después le di cuidados a Natalia. Y ya era demasiado tarde, porque Natalia estaba dispuesta a denunciarme. No reaccioné a tiempo y cuanto más reflexionaba, más tiempo perdía y todo era peor. No duermo. No trabajo. Estoy abandonando todo y estoy perdiendo clientes. He fulminado mi imagen. Ayúdame. Lo vas a hacer.
--Yo no sé si dices la verdad. Pero el que no tiene culpa de nada soy yo. ¡Qué quieres de mí! No has cambiado nada. Tú siempre metiéndote en líos y después implicándome a mí para que te saque de ellos sin que tú te molestes. Pero... ahora, no. Esto ha cambiado.
--¿Eh? ¡Cómo eres! Yo he venido aquí a pedirte ayuda y tú me respondes así. Yo que confiaba en ti, ya ves. Yo te he pedido ayuda porque, además de ser amigos desde siempre, creía que tenía un apoyo en ti. No sólo te he elegido por ser médico, sino porque tú siempre has sido buena persona y sé que no me defraudarás, amigo.
--Esta vez no me vas a meter en líos. Resuelve tu problema como puedas.
--Oye, ahora que lo sabes es tu responsabilidad salvar a una persona indefensa.
--¿Y no es responsabilidad tuya?
--Yo no soy culpable de su situación, lo estoy diciendo. Hago lo que puedo cuidándola. Y tú puedes hacer más que yo. Me estoy sacrificando al máximo.
--Ya, aquí.
--No. He venido muy deprisa y tengo que regresar lo antes posible. Necesito una respuesta tuya ya.
--Pues ya la tienes: No.
--Mira. Yo quiero lo mejor para ella. Pero si me forzáis yo no respondo. Yo, a quien más quiero, lógicamente es a mí, ¿me comprendes? Estoy mentalmente sano, sí. Y mi prioridad es defenderme si me atacan. Yo por las buenas ayudo a quien sea. Yo soy así. Pero si me atacan me defenderé. ¿Sabes? Si me ponéis entre la espada y la pared yo no respondo, espero que me entiendas. Y si la tengo que abandonar para salvarme, lo haré, por supuesto. Yo te lo he pedido por las buenas, así que no me hagas esto, te lo pido por favor. Tienes que venir a hacerle un diagnóstico para saber en qué situación estamos. Y también me tienes que ayudar para llegar a un acuerdo con ella... y así ganamos todos. El verdadero enemigo es el doctor Carnero y es el que debe pagar; eso debe quedar claro. Necesito tu respuesta ya.
--¿Me estás obligando? ¿O me estás amenazando?
--No, sólo digo lo que hay. Si tengo que hacer lo que sea o dejar de hacer lo que sea por defenderme, lo haré. De eso que no haya duda.
--Y si llamo yo a la policía, por ejemplo.
--No lo harás, te lo aseguro. Tú tienes una responsabilidad con el bienestar de Natalia. No le vas a decir esto a nadie. ¡A que no lo vas a hacer!
--Pero... ¿dónde tienes a Natalia?
--Ay, qué ingenuo eres. No. No pienso decírtelo. Debe estar... en algún sitio de Huesca.
--¿Por qué no me lo dices? ¿Eh?
--Porque es mi medida de seguridad. Es mi defensa. Por si acaso se te ocurriera tramar algo. Si me denuncias huiré e incluso no le diré a nadie dónde se encuentra Natalia. Pienso defenderme, tenlo muy en cuenta.
--¿No vas a ayudar a Natalia?
--¿Y tú? Tú eres el único que puedes. Si te desajenas del asunto, ¿qué puedo hacer yo? ¿Esperar a que Natalia evolucione hasta ponerse sana o hacia otra situación? ¿Y si lo suyo es crónico? ¿Y si necesita un tratamiento? ¿Y si necesita una operación? Tengo que saberlo ya. Vente conmigo, ahora mismo. Vamos con mi coche. Está todo preparado. Ven.
--No, no. No quiero.
--¿No le apetece al señor? ¿Le trae sin cuidado al señor el futuro de Natalia? -Alberto empezaba a expresarse con bastante agresividad.
--¡Me voy! No te he visto.
--¡Eh! Un momento. ¿Qué significa esto? No me fío de ti. No me podía imaginar que ibas a reaccionar de esta forma. No lo entiendo, no entiendo que no quieras saber nada de Natalia. No te creo. Tienes planeado algo, sí. Mira, si vas directamente a denunciar sólo vas a conseguir perjudicar a Natalia. Vas a forzar demasiado mi olla a presión como para que no explote.
--Por favor, las amenazas claras.
--El señor está enfadado, qué sorpresa. Mira, no quiero vocear porque estamos en un lugar público. Pero usted se viene ahora mismo y diagnostica. Está muy claro. No es tan difícil. Se viene, usted se viene conmigo, por... mis... co... jo... nes. O si no... ¿qué? ¿Allá Natalia y allá su futuro, si es que tiene alguno? Esto ha llegado ya al límite que podía llegar. Estoy dispuesto a cualquier cosa. ¿No me contestas, eh?
--Secuéstrame a mí también, aquí y ahora, si es que puedes.
--Vamos a serenarnos un poco, ¿vale? ¿De acuerdo? Bien. Te voy a dejar un plazo para que reflexiones. Antes de las once de esta noche me llamas a mi móvil y te recojo para llevarte a ver a Natalia. Y si no me llamas ya veré yo cómo me las arreglo para deshacerme de mis problemas. Pero de una cosa sí que estoy seguro, tú no vas a denunciar. Sé que no te buscarás ese infierno, amigo de... ¿de quién? ¿De nadie? ¿O de tu colega el doctor Carnero?
--Bien, Alberto, has madurado. De joven eras un cabrito y ahora...
Alberto en un forzado gesto facial hizo retroceder su cuero cabelludo estirando así su frente y levantando ligeramente sus cejas, lanzó una mirada sentenciadora y separó los labios para mostrar unos caninos bien apretados entre sí. Jaime sintió auténtico pavor. Alberto se levantó bruscamente, cerró con fuerza sus puños y se marchó.
Jaime regresó a casa muy preocupado. Volvió a sentir esas manos entrelazadas que oprimen el estómago sin compasión; una sensación amarga con la que estaba sentenciado a convivir. Percibía el pesado movimiento de sus intestinos. Llegó incluso a sospechar que sufría un amago de infarto o que tenía un tumor cerebral. Sensaciones todas éstas bien conocidas por él. Pero detrás de todo ello había una preocupación inaguantable de responsabilidad por la situación de alguien inocente. Si le pasaba algo a Natalia él también era responsable. Debía ayudarla. Jaime no había creído en absoluto las justificaciones de Alberto pero sabía que era bien cierto que Natalia estaba en una situación peligrosa, capturada por un egoísta y sus intereses particulares. Al llegar a casa tomó una decisión: avisaría a la policía, después haría creer a Alberto que había accedido a sus peticiones y así conseguiría saber dónde estaba retenida Natalia. El resto del trabajo le correspondería ejecutarlo a los agentes.
Llamaron a la puerta. Acababa de llegar a casa ¡y estaban llamando a la puerta! ¿Quién podría ser? Solamente había una persona con motivos para visitar a Jaime. ¡Le había seguido Alberto! Jaime conectó angustiado el videoportero, la pantalla mostró instantáneamente quien se encontraba frente a la puerta y era Jesabel.
--Hola, Jaime, he venido para... ¿qué te pasa?
--No, nada. ¿Por qué?
--Te veo con mal aspecto.
--No, estoy bien.
--Sí, tú estás pálido. No, estás muy pálido. Me preocupas.
--He tenido una discusión con un compañero de trabajo.
--Tiene que haber sido bastante dura. ¿Con quién ha sido?
--Con un impresentable, un antisocial, eso es lo que es. Siempre tiene que haber alguien así para amargar a los demás... y para amenazar... y para Dios sabe qué más cosas.
--Es terrorífico. No hay seguridad ninguna. Hoy he hablado con la madre de Natalia y me ha dicho que lleva su hija varios días desaparecida. Es terrible.
--¿Conoces a los familiares de Natalia? -preguntó atropelladamente.
--Sí, claro que sí. Natalia y yo nunca hemos perdido la amistad. La cambiaron de colegio cuando niñas, pero nos hemos seguido viendo. ¿No la recuerdas?
--No, poco. Tengo que avisar enseguida a sus padres. ¿Dónde viven?
--¿Avisarles de qué?
--De... nada.
--¿Pero si no los conoces...? ¡Tú sabes algo de Natalia! Dime. ¿Qué le ha pasado?
--Alberto Contreras. El que se sentaba a mi lado en el Instituto. La tiene raptada.
--¿¡Por qué!?
--No lo sé. Me ha contado una historia complicadísima. Todo muy extraño.
--¿Te ha parecido extraño?
--Sí. No sé cómo se encuentra Natalia. Él me ha dicho que sufrió un accidente hace cinco días, que está en cama y que si se levanta se marea. También me ha dicho que la está cuidando pero que tiene que hacerlo a escondidas por no sé qué motivos que hacen parecer que la tiene raptada cuando no es así o... yo que sé. Me ha pedido que la examinara.
--Ese es un degenerado. Las va a pagar.
--Dijo que el culpable era un tal doctor Carnero, que tuvo un error médico y después huyó. También dijo que ella puede tener quemada una parte de su cerebro.
--¡Qué dices! Eso es horroroso -los ojos de Jesabel comenzaron a brillar.
--Me ordenó que le llamara para llevarme a donde está Natalia. Yo he pensado en denunciar, pero no sé dónde la tiene escondida.
--No, no lo hagas. Tengo que verla. Llámale. Rápido.
--Se enfadará si vamos los dos.
--Yo no estoy tranquila sin saber qué le pasa a Natalia. Llama a Alberto. Hazlo. Tienes que examinarla.
--Alberto es muy violento. Me amenazó. Correríamos peligro.
--No, seguro que Alberto también tiene miedo. Lo suyo son sólo faroles. Siempre ha sido un chuleta y un fantasma. Y yo quiero estar con Natalia, necesito verla -comenzó a sollozar al tiempo que frotaba sus ojos con la mano derecha.
--Pero... yo había planeado...
--No. Lo primero es verla. Lo antes posible. Llama.
--Sí, desde luego que sí.
Al cabo de unos diez minutos se presentó Alberto en casa de Jaime. Los dos acudieron veloces al encuentro del vehículo.
--¡Mierdas! Qué significa esto.
--Ella lo sabe todo. Se lo he contado, no podía engañarla.
--Te dije que no quería inventos. Lo dejé bien claro.
--Mira, Natalia es mi amiga y quiero verla inmediatamente.
--Tú a mí no me vas a gritar. Todavía no ha nacido la mujer que me exija.
--Yo no te he gritado, estúpido. Pero sí lo estoy haciendo ahora. ¿Y qué? Yo no veo que pase algo especial.
Alberto se bajó de su vehículo impetuosamente y Jesabel lo miró fijamente, entornando los párpados. Alberto también sostuvo la mirada enseñando sus dientes bien apretados. Jaime intentó rodear el cuerpo de Jesabel para evitar un enfrentamiento. Ella bajó lentamente la mirada recorriendo así el cuerpo de Alberto y volvió a levantarla con igual lentitud.
--Por favor. Vámonos a Huesca.
--Vamos, pero tú te vienes conmigo y Jesabel nos sigue con su coche.
--No intentaréis despistarme, ¿eh?
--No.
Durante las tres horas que duró el viaje Alberto y Jaime no intercambiaron ni una sola palabra. Cuál fue la sorpresa de Jaime al final del trayecto cuando supo que Natalia estaba retenida en la casa de los padres de Alberto. Al llegar Jaime observó lo deteriorada y poco cuidada que se encontraba esa enorme casa de dos plantas. Estaba deshabitada. Al recorrer ellos tres el pasillo principal, Jaime no podía evitar que le afloraran muchos recuerdos. Permanecían allí los mismos muebles pero estaban cubiertos por una capa de polvo. A medida que los veía los iba reconociendo, pero los recordaba desde la perspectiva de un niño de poca estatura. Recordó también la primera vez que visitó la casa de Alberto el día de su octavo cumpleaños. Quedó entonces impresionado por una decoración en la que se mezclaban los electrodomésticos y objetos más modernos con muebles heredados muy antiguos. Aquel día Alberto le enseñó la cama de la tatarabuela, pero Jaime al ver tal barroquismo de complementos religiosos en aquel dormitorio, huyó asustado. Ese mismo día Alberto también rompió un jarrón y su madre, que hasta entonces había intentado comportarse elegante y exquisitamente, mostró su verdadera personalidad histérica. A Alberto le encantaba hacer sufrir a su madre pero no soportaba que ésta lo comparara con el que ella consideraba como un niño modelo, el aburrido de Jaime.
Alberto, Jesabel y Jaime entraron en un gran dormitorio. Allí se encontraba encamada la espectral Natalia. Deplorable. Brutalmente envejecida aparentaba tener más de sesenta años: delgadísima, con generosidad de arrugas, su faz estaba enfermizamente pálida, sus cabellos eran muy escasos con zonas calvas, apenas le quedaban cejas, su expresión estaba ajada por la huella del sufrimiento, su tez estaba áspera y cetrina como sus cinco únicos dientes, los cuales mostró al abrir la boca antes de vomitar.
--¡Natalia! -gritó Jesabel al mismo tiempo que corría hacia ella.
Alberto se apresuró a retirar los restos entre paños para aminorar lo nauseabundo de la escena.
--Ayúdame. Tengo mucho frío -suplicó entre temblores y castañeteos de dientes--. Ay, me duele mucho. No tengo fuerzas.
--Dejadme, voy a examinarla -Jaime posó su mano sobre su frente--. Debe estar recuperándose. Tiene sensación de frío pero no padece hipotermia.
Natalia miró confusamente a Jaime, adoptó una expresión de extrañeza y después retomó su postura apática y cansina.
--¿Tiene fiebre? -preguntó angustiada Jesabel al mismo tiempo que miraba con verdadero odio a Alberto.
--Tampoco.
--¿Y qué significado tiene eso? -exigió saber Alberto.
--Su metabolismo está muy bajo. ¿Tiene apetito normalmente?
--Una barbaridad. Y no para de dormir.
--Curioso. Más bien parece... que todo esto es algo así... más complicado. Creo ya saber... No. Sí. Me recuerda a una enfermedad que ya no se da en los países desarrollados. No sé.
--El doctor Carnero me dijo que era un accidente.
--Ya, sí. Pero pueden coincidir los síntomas. Ocurre muchas veces. Y aquí una lesión puede afectar a la misma zona cerebral que una enfermedad conocida. Pero hay algo que no encaja.
--¿Sí? -preguntó interesada Jesabel.
--Sí. Según su aspecto debería sufrir todavía hipotermia. Natalia, ¿me escuchas?
--Déjalo Jaime -aconsejó Alberto--, está adormecida. A veces se queda así. Dice cosas que no tienen mucha coherencia y después se queda como dormida.
--Es la hipoglucemia. Son esas cejas características lo que me hace recordar esa enfermedad. ¿Cómo se llamaba? Síndrome de Seeham: caída de más de la mitad externa de las cejas. Claro que sí.
--¿Eh? -expresó Jesabel.
--El síndrome de Seeham lo sufrían algunas mujeres que perdían mucha sangre en el parto. Perdían la sangre justa como para que sólo se les necrosara la parte más vulnerable del cerebro: La adenohipófisis.
--Luego, consecuentemente... -la inquietud de Alberto era evidente.
--Si falla alguna parte de la hipófisis se produce un fuerte desequilibrio hormonal. Y Natalia tiene las hormonas sin control, eso es evidente.
--¿Se le ha quemado la hipófisis? -preguntó intrigado Alberto.
--Decir quemado es exagerado. La tiene afectada. Aunque también pudieran ser otras las zonas afectadas y originaran el mismo resultado. Depende de dónde estén situados los enganches metálicos.
--¿Qué cuidados necesita Natalia? -preguntó Jesabel.
--Mira, lo que sí está claro es que esta persona debe recibir una terapia hormonal urgentemente para evitar consecuencias y secuelas.
--¿Se curaría? -preguntó Alberto.
--Es posible que se tuviera que recurrir a una intervención quirúrgica. Y es esa una zona delicada. Si no están muy afectados los tejidos necrosados sería suficiente con aumentar el riego sanguíneo y acabaría sanando.
--¿Operar el cerebro?
--No, estamos hablando de zonas situadas en las afueras del cerebro. En la intervención se accedería directamente a través del paladar. Por otro lado, algunas de aquellas mujeres que sufrían síndrome de Seeham se recuperaban definitivamente al volver a quedarse embarazadas.
--¡Cómo!
--Claro, que las que se recuperaban no estaban muy afectadas porque si no, no se hubiesen quedado embarazadas.
--¿Qué quieres decir con eso? -se interesó Jesabel.
--Que... la disfunción hormonal que sufre Natalia la puede haber dejado estéril.
--¡So canalla! ¿Qué le habéis hecho a mi amiga? -Jesabel se abalanzó sobre Alberto.
--¡Que alguien me quite a esta loca! -Alberto la empujó con sus manos contra la pared.
--¡Basta ya! -bramó Jaime con una voz muy bronca que exoneró a las dos partes a tranquilizarse. Éstos no daban crédito a la explosión emocional de Jaime que acababan de presenciar--. Vamos a buscar soluciones. Tú, Alberto, ¿cuáles son tus exigencias?
--Si yo no pido nada especial. Sólo lo justo. Que no me denuncie nadie.
--Sacadme de aquí, sea como sea -suplicó Natalia tras su brusco despertar--. Jesabel, amiga, no me merezco esto.
--Jaime, vamos a hacer lo que debemos. Ignora a Alberto, como si no existiese.
--No, no, no, no -aumentaba por momentos el nerviosismo de Alberto--. Esto no se me escapa a mí de las manos.
--Nos llevamos a Natalia o mejor... llamo a una ambulancia, sí.
--¡Ni hablar!
--Es más aconsejable que venga una ambulancia, Jesa.
--Cualquier cosa, pero ayudadme.
--¡Veis! Ella está por la labor, quiere colaborar. No lo fastidiéis ahora.
--Voy a llamar.
Alberto agarró la mano de Jesabel y apretó con furia desmedida causándole dolor. Jaime asió un brazo de Alberto intentando sujetarle, pero éste gruñó y se revolvió propinando un feroz mordisco al cuello de Jaime, mordisco que fue fallido porque sólo aplastó la tela de la ropa. Jaime retrocedió asustado y ellas se quedaron paralizadas mirando con sus ojos muy abiertos al agresor. Éste se precipitó hasta la cabecera de la cama y comenzó unas lentas caricias sobre la barbilla y la nuca de Natalia.
--¿Sabéis cuál es la fuerza de resistencia que ofrece un cuello? Yo os respondo: Ninguna. Jaime, tú no hagas caso, como si yo no existiera, tú como si yo no tuviera en mis manos las riendas de esta historia. ¿Entiendes?
--No sabía que pudieras llegar hasta estos extremos, chiflado -exteriorizó decepcionado Jaime a la vez que Jesabel murmuraba improperios ininteligibles.
--Sois culpables por obligarme. ¡Vosotros! Me estáis acorralando. No me puedo creer que me hagáis esto. ¿Por qué? Si yo sólo reivindico el derecho más básico que tiene todo el mundo, el de la duda. No me despedacéis, inquisidores de mierda. ¡¡Y no me mires así!!
--Vamos a contar contigo, ¿vale? -cambió su estrategia Jaime--. Queremos tu punto de vista. Dinos.
--Yo... odio que me sigan la corriente como a los locos, eso para empezar. Y mi punto de vista es el único válido porque es éste: Me vais a jurar que ninguno de vosotros me va a denunciar ni me va a incordiar nunca más. Solidarizaos conmigo, por favor.
--Sí, yo juro todo lo que quieras para curarme y olvidarme de todo esto.
--Y Jaime y yo también. Aquí todos queremos el bien de todos y no necesitamos el mal de nadie. Comprendemos por lo que estás pasando.
--Habéis respondido muy rápido. No me fío.
--Tienes que confiar. Yo no acostumbro a jurar en falso.
--¡Es imposible! Me estáis jodiendo a base de bien. No creo que seáis capaces de mentir para que os perjudiquéis por un simple juramento. ¿Cómo nos la vamos a arreglar? ¿Con qué cara os presentáis con Natalia en un hospital con una lesión por incompetencia médica de varios días? ¡Qué desastre! Vaya encerrona. ¿Por qué me tiene que pasar a mí? Ay, Dios, me veo en la cárcel sin tener culpa de nada.
--Tranquilidad. Todo tiene solución -Jesabel cerró los ojos con fuerza--. Ya lo tengo. Tú quieres tener la convicción absoluta de que nadie te va a responsabilizar, ¿no? Y a nosotros no nos conviene forzarte, te lo aseguro. Pues yo puedo asegurarte que vas a salir indemne y te voy a convencer. Mira, lo que vean de sospechoso los demás en Natalia no te va a afectar, porque las culpas van a ir a parar a quien se las merece realmente, el doctor Carnero.
--¿Y qué pruebas hay contra él? -se cuestionaba preocupado Alberto.
--La más importante, la declaración de Natalia.
--Sí, voy a declarar sólo en contra del doctor Carnero.
--¿Y qué credibilidad tendría eso? El doctor Carnero huyó hace cinco años.
--No. El doctor está ilocalizable. Podría estar en cualquier sitio. Y también podría estar con Natalia, por qué no. En su versión Natalia va a asegurar que ha estado retenida por el doctor Carnero para ocultar su ineptitud. También dirá que al estar agotado el doctor decidió liberarla y huyó. Natalia, debes convencer, di que estuviste encerrada en una casa desconocida y que volviste a perder el conocimiento un poco antes de liberarte.
--No sé si creerlo. ¿Qué garantías tengo? ¿Cómo puedo saber si no tenéis ahora necesidad de colaborar y cuando estéis libres de mí vayáis a cambiar de actitud? ¿Cómo puedo saberlo? Al final acabo en la cárcel, lo veo venir, joder. Os vais a quedar con las ganas.
--Yo he encontrado una solución, ¿qué más quieres? Ahora tú me pides que te convenza. Pon también un poco de tu parte, por favor. ¿Quieres quedar completamente amparado? Pues yo te encuentro la solución. No sé cómo lo voy a conseguir, pero yo te soluciono todos tus problemas para que no tengas queja. Es sólo cuestión de pensar.
--Nada que le inculpe -intervino Jaime--. La cuestión está en que sea imposible encontrar pruebas que le acusen. Esto te convencerá, ¿no?
--Sí, yo conozco métodos fáciles para eliminar pruebas -esta broma de Alberto evidentemente no tuvo éxito.
--Jesa acaba de tener otra idea. Escuchadme lo que he pensado. Tú, Alberto, vas a ser testigo de la primera declaración de Natalia. Esta primera declaración es la que tiene más peso, sobretodo si coincide con la tuya. Claro, se supone que al hacerla no habrás tenido acceso a la primera declaración de Natalia. ¿Cómo vas a ser testigo de esta primera declaración? Pues... no sé. Sí, mira, Natalia va a despertar en un lugar público sin gente. Sí, en alguna casa de campo abandonada, donde haya acceso libre pero sin testigos. Ella al despejarse va a encontrar un teléfono móvil de los de sin contrato, sin estrenar pero bloqueado, teléfono que le habrá dejado el "humanitario" del doctor Carnero antes de huir. Lógicamente ella va a llamar a Emergencias y va a hacer su primera declaración. Esta declaración va a ser pormenorizada porque sé que queda grabada para la policía. Y Alberto va a estar allí para verificar que se hace así. Después él se marchará deprisa y buscará una buena coartada. Sí, es buena idea, ¿no? Y Jaime tiene razón, si no hay pruebas que te incriminen, no tienes nada que temer. Lo que importa son las pruebas. Si declarásemos en contra de ti tú podrías defenderte. ¿Cómo? Que Natalia dijera que conoce esta casa porque ha estado aquí retenida, pues tú dices que la conoce porque venía de niña a tus fiestas de cumpleaños. Que Jaime dijera que lo obligaste a diagnosticar a Natalia, tú te defiendes argumentando que esa es una versión absurda y rebuscada y que el doctor Jaime Uriel realmente quiere actuar en solidaridad con su colega el doctor Carnero, que son conocidos. E incluso puedes defender que ambos han convencido a Jesabel, que es una gran amiga de Jaime, para ayudarles. Alegarías que Natalia ha sido amenazada y que después de lo vivido está aterrorizada y que no le importa acusarte a ti, al ingenuo de Alberto que de puro bueno pasan a tratarlo como a un tonto. Quizás esto no lo crean ni el juez ni la policía, pero ¿y qué importaría eso? Lo que necesitas es que no haya pruebas contundentes en contra de ti.
--No sé. Parece todo muy complicado.
--¡Alberto! ¡No fuerces más las cosas! -exigió Jesabel lanzando una mirada despiadada.
--Está bien. ¿De dónde sacamos el teléfono? ¿Y dónde está esa casa?
--Una casa labriega abandonada, eso es lo ideal. Podría ser perfectamente la que conocemos, "La virgen caída", como la llamábamos todos los adolescentes de Huesca.
--La he visto no hace mucho -informó Alberto--. El camino de acceso está asfaltado, pero a la casona se le ha hundido buena parte del techo.
--Es suficiente. Natalia va a despertar bien arropada. ¿Está ya todo bien atado? Sólo queda ir al hipermercado antes de que cierre y comprar el teléfono, una linterna, ropa y mantas. Y guantes de látex también. Y pagar con metálico, eso es importante.
--Voy yo -se ofreció Jaime.
--No, mejor será que te quedes con este energúmeno. Yo no serviría de gran ayuda para Natalia, no me fío de este impresentable.
--Os recuerdo que no estáis en situación de que os paséis conmigo -avisó Alberto que continuaba acariciando la cabeza de Natalia.
--Voy a darme prisa. Y voy a hacer todo lo posible por que no me vea nadie conocido.
Jesabel estuvo ausente durante treinta minutos interminables. Alberto esperaba sentado en la cama exteriorizando sin cohibición alguna su nerviosismo en forma de quejas y lamentaciones por su mala suerte. Jaime, desde el otro extremo de la habitación, permanecía en silencio intentando descifrar el mecanismo de la mente de Alberto y el origen de su comportamiento, pero lo tenía difícil porque lo ignoraba todo sobre psicoanálisis. Natalia continuaba sumida en un sosiego anormal.
--Has tardado demasiado.
--Había cola en el hipermercado. Tardan mucho las cajeras con los carros tan grandes, las promociones, los puntos, revistas, tarjetas...
--¿Por qué has tardado tanto?
--Ya te he respondido. Aquí está el teléfono.
--Has elegido bien -intervino Jaime--. Yo compré un teléfono como ese y viene con la batería cargada.
--No toquéis el teléfono sin guantes. Mientras he estado en el hiper he terminado de desarrollar la idea. Lo más importante es que nadie relacione que hemos estado juntos los cuatro este día. Espero que no me haya visto nadie conocido. Mira, hay que subir a Natalia en tu vehículo con el cuidado de que no nos vean. Irá detrás tumbada con ropa encima. Jaime y yo iremos en mi vehículo y nos comunicaremos con los móviles así: Tú llevarás el móvil de Jaime y nosotros dos hablaremos con el mío.
--Señorita sofisticada, ¿a quién pretendes impresionar?
--Escucha Alberto -gritó Jesabel--. Yo... No sé qué hacer. En fin. Lo de los móviles es para convencerte de que en el supuesto de que algo saliera mal nada te podría relacionar con nosotros. Las llamadas entre móviles siempre quedan reflejadas en la centralita, lo sabrás, y yo sólo quiero evitar posibles pruebas, que no exista ninguna llamada entre tu móvil y el de Jaime poco antes de rescatar a Natalia, por ejemplo.
--Está bien, tía inteligente, buen trabajo. Pero no grites tanto que me zumban los oídos.
--No he terminado. Tú irás con Natalia delante y pararás tu coche al final de "El Alamillo", te sales del camino y te metes entre los árboles. Después pararemos nosotros al principio de "El Alamillo". Yo iré andando hasta el coche de Alberto y Jaime esperará en el mío hasta que lo llame con el móvil suyo, que será después de que Natalia haya hecho su declaración telefónica. Entonces Jaime me recogerá y huiremos antes de que lleguen los del rescate.
--Eso no lo entiendo muy bien. Perdone mi torpeza, señorita inteligente. ¿Para qué es ese transbordo de un vehículo a otro? Sé de antemano que esta pregunta tiene una respuesta muy sencilla, pero la ignoro en estos momentos.
--Dentro de la ciudad debes ir solo en tu coche, pero una vez fuera yo quiero estar al lado de mi amiga y eso nadie lo va a evitar. Por otro lado no es nada recomendable que Jaime esté cerca de nosotros dos porque si es visto tendría que dar justificaciones muy complicadas debido a su condición de médico y neurólogo, y que además vive lejos de aquí y no viene casi nunca.
--Yo sólo me he prestado a hacer un diagnóstico y convencer a Natalia para que no denunciase a Alberto. Sólo eso.
--¡Mierdas! He llegado a Huesca con Jaime al lado. Nada, no hay remedio ya. Me empieza a gustar tu idea, Jesa. Así que recemos por que no surja ningún inconveniente y manos a la obra. ¡Natalia, en pie!
--Yo la sujeto -se prestó Jesabel--. Pero... tendrás que ir a por el coche.
--No, yo no me separo de Natalia, ni muchísimo menos. Jaime, toma las llaves.
--Jaime, tú percátate de que no haya nadie conocido, eh -mientras hacía esta indicación Jesabel, aprovechando que se encontraba detrás de Alberto y que éste no la veía, hizo unos gestos a Jaime para que entretuviese a Alberto. Y Jaime improvisó como pudo dejando caer las llaves del coche.
--Vaya. Perdona Alberto, ¿no le habrá pasado nada al mando de infrarrojos? ¿O es de onda? -observaba el mando como intentándolo analizar.
--Es de onda, claro.
--Pues entonces hay que tener cuidado, porque puedes perfectamente abrir el coche desde casa sin enterarte. Ahora mismo puede estar abierto por accidente -al tiempo que decía lo que buenamente se le ocurría, Jaime vio cómo Jesabel susurraba al oído de Natalia y ésta abría la boca.
--Venga, no nos entretengas, que estamos en una situación muy seria. ¡Natalia! Ven a aquí a esperar a la puerta, ¡y no te marees! Y te subes sola y deprisa.
Unos minutos después iban de camino hacia la casa en ruinas.
--Jaime, es todo una trampa.
--¿Para Alberto?
--Sí.
--¿Era eso lo que le susurraste a Natalia?
--Sí, la he avisado. Le he dicho que ante todo no dijera a nadie nada sobre ti, como si no te hubiera visto nunca.
--¿Por qué? ¿Qué trampa es?
--Cuando fui a comprar el teléfono me pasé por la comisaría de policía, por eso he tardado tanto. Han avisado a la juez y ahora están escondidos en "La virgen caída".
--¿Les contaste todo lo ocurrido?
--Todo, no. No he hablado nada de ti, no es conveniente. He declarado que descubrí a Natalia en la situación que se encuentra y que ideé sola esta trampa para que cogieran rápido al borde de Alberto. La policía no puede entrar en la casa de Alberto si no hay indicios.
--Claro, ya entiendo.
--Les dije que estaba impaciente por que recibiera Natalia asistencia médica. Lo cual es cierto. Pero también les mentí. Dije que al descubrir que estaba desaparecida mi amiga comencé a buscarla por mi cuenta. Y que fui al hospital y me enteré de la desaparición del doctor Cordero.
--Doctor Carnero.
--Eso. Declaré que una ATS me confió que el doctor tenía un asunto con un tal Contreras. Y que llamé a Alberto y le pregunté sobre Natalia y observé algo extraño. También les dije que acabé vigilando a Alberto y que vi cómo pasaba gran tiempo en la casa abandonada de sus padres. Que le visité en esa casa e insistiendo sobre Natalia conseguí que hablara sobre lo que había sucedido. Y que después le convencí sobre el plan del teléfono móvil y la casa en ruinas.
--¡Qué inventiva! Eres una artista mintiendo.
--Sí, yo no quiero que te relacionen con esta historia. Cuando cojan a Alberto in fraganti supongo que no le va a hacer ninguna gracia. Va a arremeter contra nosotros dos y nos va a querer implicar. Yo no puedo temer nada porque tengo una buena coartada y he sido la primera en denunciar. Pero tú eres médico y Alberto puede inventar cualquier historia. Ya sabes cómo es. Se debe meter algo, seguro. Es un... un mamoncete, como mínimo.
--Desde luego que sé cómo es. ¿Quién explotó los servicios del Instituto con el sodio desaparecido del laboratorio? Fue él. Y yo además le cree una coartada.
--Es de suponer. Pero tú tranquilo. Natalia está muy agradecida y va a declarar que no te conoce. No tienes nada que temer.
--Pero... ¿vas a ir con Alberto a la casa en ruinas?
--Claro, voy con él según le he explicado para que no sospeche nada.
--No. No puedes hacer eso. ¿Y si sale mal y te sucede algo? Yo no puedo quedarme esperando sin hacer nada.
--No hay otro remedio, Jaime.
--No te expongas, por favor. Eres quien menos se merece algo malo.
Los acontecimientos siguientes evolucionaron según lo previsto. Recibieron la llamada de Alberto indicando éste que ya había llegado a "El Alamillo", Jesabel fue andando hasta el encuentro del otro vehículo y Jaime quedó esperando dentro del coche. O quizás desesperando, porque su inquietud era manifiesta. No paraba de moverse, de cambiar de sintonía radiofónica, de suspirar. Se tocaba la cara, el pelo y su oreja derecha retorciéndola, estrujándola y amasándola hasta enrojecer. Mecánicamente apretaba su nariz liberando a los poros de su contenido seboso. Por fin llegó la ansiada llamada de Jesabel.
--¿Ha salido bien, Jesa?
--¡¡¡HIJOPUTA!!! ¡Me has tendido una trampa! Lo pagarás. Tú y la puta que has traído. Para ti también va a haber mierda, so...
Las amenazas quedaron interrumpidas y Jaime escuchó expectante el sonido de fondo. Se oían voces y gritos, pero no se entendía nada en concreto. Temió que aquello tomase un cariz dramático cuando oyó fuertes chillidos. Después vino un silencio inquietante e interminable.
--Jaime, soy Jesa -decía sofocada y susurrando--. Ya ha pasado todo. Ha sido un éxito. Eso sí, se las han deseado para detenerle. Qué animal.
--Temí lo peor.
--No, estamos bien. A Natalia la están subiendo en estos momentos en una ambulancia. Y a mí la policía me va a llevar a la comisaría para declarar. Pero cuando termine te avisaré para que me recojas. ¡Vaya aventura! Tengo que contarte luego los detalles. Ha sido... Vaya, viene un agente. Te tengo que dejar. Ya te contaré.
--Hasta ahora.
No fue hasta bien pasadas las once de la noche cuando Jesabel pidió que la recogiese Jaime en las afueras de la ciudad de Huesca. Ella tomó el asiento del acompañante y emprendieron el camino de regreso a casa.
--¿Qué ha pasado?
--Ay que te cuente -expresó muy entusiasmada--. Ha sido bestial. Una locura.
--Pero empieza ya.
--Tenías que haber visto la cara de sorpresa que puso Alberto cuando entraron los nacionales dando voces. Sólo puede lanzar una mirada así un enfermo como él -sentada de medio lado y mirando a Jaime escenificaba ilusionada su relato con gestos y miradas.
--¿Y bien?
--¡Se escapó! Saltó por una pared medio hundida. Yo también salí corriendo a ver qué pasaba. No lo encontraban. Rodeé las ruinas y busqué detrás de unos escombros con mi linterna.
--¿No tenías miedo?
--Claro que sí. Después oí otra vez voces. ¡Seguía Alberto escondido dentro de las ruinas! Regresé lo más rápido posible y tropecé.
--¿SÍ?
--Vaya, no te digo -se expresaba cada vez más jocosa--. Caí entre unas piedras y me hice varios cardenales -ilustraba sus explicaciones con gestos histriónicos.
--Yo creo que exageras.
--No, mira aquí--desabrochó algunos botones de su blusa y enseñó el ombligo--. Aquí mismo tengo un moratón.
--Pero eso no es nada, está un poco sonrosado, nada más. ¿Y qué pasó después?
--Me levanté y llegué a la habitación donde estaban. Alberto estaba en un rincón y tres de los agentes se encontraban a su alrededor, pero ninguno se atrevía a hacer nada. Entonces vi el teléfono tuyo en el suelo, lo cogí y lo puse en mi bolsillo velozmente para que no lo vieran los agentes. Uno de ellos hizo el ademán de coger su pistola y yo le grité a Alberto. Le dije que no se arriesgara, pero él me insultó. Tuve entonces el acto reflejo de deslumbrarle con mi linterna y los tres agentes aprovecharon la ocasión para abalanzarse sobre él. Aquello era un barullo de músculos forzados y miembros agitándose. Yo no me atrevía a meterme allí.
--Hiciste bien.
--El alboroto se paró, pero todos seguían haciendo fuerza. Yo iluminé las manos de Alberto porque un agente intentaba esposarlo. Pero él volvió sus brazos y cogió con sus dos manos los gaznates de los agentes que tenía a sus lados. Éstos comenzaron a quejarse de dolor. Él dijo gritando: "¿Habéis explotado alguna vez una nuez con vuestros dedos? Yo lo hacía para impresionar a las chicas. Y os aseguro que vuestras nueces no son de leña precisamente." Pero lo dijo con un tono más agresivo.
--Qué individuo más desagradable. Eso de que rompía las nueces con los dedos es cierto, lo recuerdo.
--El otro agente se retiró. Alberto sin dejar de apretar nunca los cuellos con las manos bien arriba, se arrodilló y después, con un impulso, se incorporó poniéndose de pie junto a los dos agentes. Exigió entonces al tercer agente que se alejara, me miró fijamente y de una sacudida derribó a los dos agentes que tenía cogidos. Corrió hacia mí y yo sentí que me moría de miedo. Y el subnormal me empujó violentamente en el pecho con una mano así -al representar con ademanes este hecho, Jesabel posó las yemas de sus dedos sobre el pecho de Jaime--. Dejé paso a los agentes y les seguí. Pero el cuarto agente ya estaba apuntando a bocajarro con su pistola a la sien de Alberto y cómo le voceaba. Fue sólo entonces cuando pudieron reducirle. Que no se te ocurra decirle a nadie que le apuntó el policía a bocajarro. Me suplicaron que no lo contara. Se juegan el puesto con esas cosas y tienen familia.
--Descuida, que no le voy a contar a nadie nada.
--Ellos tienen razón, o se juegan el puesto de trabajo o se juegan la vida. En fin, ya está todo solucionado. No creo que te llamen a declarar, pero si te llaman tú sólo tienes que decir que no has estado en Huesca y que llevas años sin ver a Alberto. Por lo demás...
--¿Tienes que declarar más veces?
--Mañana o pasado mañana tengo que declarar ante el juez y después listos hasta el juicio, hasta dentro de unos cuantos años. Tengo que apuntar las mentiras para que no se me olviden.
--Mañana te veo hablando en la televisión.
--¡Cómo!
--Claro. Negligencia médica, rapto, detención peligrosa, médico en paradero desconocido... Ayer mismo vi un reportaje de periodismo de investigación. Iba sobre una jovencita que había sido sometida el día anterior por su primo. La entrevistaron a ella, al primo, a todos los familiares, a los vecinos también, a los dirigentes locales y a algunos famosos.
--No, eso es porque algún cotilla llama a los periodistas y éstos buscan morbo. Pero aquí tenemos el secreto de sumario. Y yo sé que Natalia es prudente y que le va a pedir a sus familiares que no sean indiscretos. Y... ¿qué decía el primo?
--Nada, habló un hermano suyo que dijo que con ayuda de su madre lo iban a esterilizar con las tenazas de la lumbre.
--¿Y el padre qué dijo?
--Estaba borracho, pero dijo que con un mechero era suficiente.
--¿Y él ha huido?
--No, pero si estaba sentado al lado cuando entrevistaban a sus familiares. Se le veía enfadado, no contestaba.
--¿Estás seguro de lo que estás diciendo? Bah, te lo estás inventando. ¡Que estás hecho tú un bromista, que ya te voy conociendo!
--No, es cierto. Lo prometo.
--Ya, ya. Tú disimula.
Entre risas y bromas consumieron sin sentir el viaje de vuelta a casa.
--Me pregunto cómo estará ahora Natalia.
--Jaime, ella está más ilusionada que hace unas horas, seguro.
--Ya. Estoy impaciente por saber cómo va a evolucionar, si la van a operar o si va a quedar con secuelas.
--Yo la voy a visitar todas las veces que pueda y te contaré cómo está. Tú no puedes exponerte a que te vean con ella.
--Lo sé.
--Bueno, ya hemos llegado.
--Pues... que pases buena noche.
--Lo mismo te deseo.
Un par de días después volvieron a encontrarse los dos. Ella llegó al hogar de Jaime trayendo las buenas nuevas.
--¡Se ha vuelto atrás, Jaime, se ha vuelto atrás!
--Pero qué dices.
--Lo sé. He mirado donde no debía y he visto lo que tampoco debía haber visto. Se ha retractado -expresó esta última frase cantando infantilmente.
--¿De qué?
--¡De qué va a ser! De la primera declaración. Vengo del Juzgado. Me dejó sola la secretaria en el despacho, una cuchiminí asquerosa, y miré unos papeles que había en la mesa y allí estaban las declaraciones de Alberto. Y no se parecían la primera con la segunda, la verdad.
--¿Las pudiste leer bien?
--Lo suficiente. Mira, Jaime, la primera declaración, la de la policía, decía que según el declarante imputado etcétera etcétera, que declara ser él la pobre víctima y que todo es una trama en el que el malvado doctor Uriel quería ocultar la negligencia de su amigo el doctor Carnero. Que ayudados ambos por la novia del primero le tendieron una trampa en la que colaboró la accidentada Natalia por estar completamente aterrada, etcétera etcétera.
--Le serviste en bandeja la estrategia a seguir. Eso fue con lo que le convenciste.
--Es igual. No le ha servido de nada. Le aconsejaría después su abogado que desistiera, es de suponer. Era insostenible si Natalia, que es la afectada, sólo le acusaba a él y no parecía estar nada asustada; desde luego que no lo está. En la declaración del Juzgado Alberto sólo culpaba al doctor Carnero de la trampa en la que había caído. Nosotros estamos libres de problemas.
--Entonces seguro que ya no me avisan para declarar.
--Es agua pasada, Jaime. Ya... ¡Qué tele es esa, Dios mío!
--Es el último grito. ¿Te gusta? Lleva de todo, acceso a Internet, teclado por infrarrojos, videoconferencia...
--Es grandísima, me ha dejado aturdida.
--Cansa un poco la vista.
--¿Y eso qué es?
--Es un vibrador. Observa -Jaime lo depositó sobre la delicada palma de Jesabel y extrajo su móvil--. Si tengo puestos los auriculares del televisor, por ejemplo, y si alguien me llama al teléfono fijo o al móvil... Esto es lo que ocurre.
--Uy, da cosa, parece un gatito ronroneando. Está vivo.
--Lo llevo en el bolsillo y así no pierdo ninguna llamada.
--¿Lo llevas en el bolsillo? Claro, da una alegría cada vez que te llaman como para perder la posibilidad de comunicación.
--¿Eh? Sí.
--Enséñame más cosas. ¿Para qué es ese mando?
--Para cualquier cosa. Para lo que le quieras programar. Mira, buscas por el menú de la pantalla y... Por ejemplo, aprieto ahora y se vacía la cisterna del w.c. ¿Oyes?
--¿Y qué utilidad tiene eso?
--Ninguna, pero lo vi en una serie de televisión. También puedo poner a grabar el vídeo llamando con mi móvil desde donde quiera.
--Eso sí que no me lo creo.
--Sí, con el vibrador. Es fácil, pongo a éste en un plano inclinado rugoso y cuando llamo, por ejemplo, a mi otro móvil, el vibrador da saltitos hasta que cae. Al caer, como está atado a un cable eléctrico pelado, se queda colgando y el cable queda enganchado a un clavo que tiene atado otro cable pelado. Es igual que cuando conectas un interruptor. Así puedo encender con mi móvil desde cualquier parte del planeta la calefacción de casa, el microondas, la alarma, la videocámara, el calentador de agua o el hogar eléctrico donde pongo la olla con la comida.
--¿Sí? Es un vibrador muy versátil -indicó sonriendo.
--Vaya, sí. Te hace lo que sea.
--Y... -no pudo continuar conversando Jesabel, irrumpió en risotadas espontáneas y de origen misterioso para Jaime.
--¿De qué te ríes? ¿De mí?
--De nada. No puedo más -continuó con esa curiosa actitud.
--Pues ten cuidado, que como sigas así "¡¡te vas a orinar!!". Y eso queda poco bonito de visita.
--Ya te vale, por favor. Me ahogo.
--Ya, ¡qué te orinas! Señoras y señores, se orina, seguro. Ya, casi.
--¡No te pases! No seas ordinario -exigió estando ya más serena--. Qué bueno ha estado.
--Luego, cuando quieras, me explicas cuál era el chiste.
--Es una tontería. Da igual.
--Tú te lo guisas y tú te lo comes.
--No tiene importancia, era una bobada.
Jaime modificó repentinamente su expresión a un estado de gran seriedad arrastrando con ello a Jesabel que compartió instantáneamente ese ánimo. Ella, también en silencio, esperaba expectante algo de él.
--Jesa. Yo... quiero hacerte saber...
--Dime.
--Que estoy muy agradecido. En toda mi vida sólo he necesitado en dos ocasiones ayuda de verdad y cuando más necesitaba a alguien que me apoyara, ahí has estado tú. Sinceramente, te debo mucho.
--¿Y qué respondo yo ahora a eso? Ha sido siempre por casualidad. Yo sólo te llamé por teléfono en el momento más adecuado y estuve contigo cuando te tenías que enfrentar a Alberto. Coincidió. Por lo demás hice lo que debía.
--No. No es simple casualidad. Sin ti no podría haber ayudado a Natalia. Tú has sido quien la ha salvado realmente. Has tenido buenas ideas. Eres inteligente.
--Me vas a sonrojar.
--Pero es cierto.
--Lo que tiene auténtica importancia en esta corta pero emotiva vida que nos ha tocado es ayudarse de verdad, si no, no conseguiremos nada. La sinceridad y el apoyo entre nosotros es lo único que tiene valor.
--El accidente que tuve, realmente... no... Creo que me salvaste la vida.
--Vaya, entonces me la debes.
--¿Y eso cómo se paga?
--No lo sé. Quizás me tengas que salvar a mí. Pero si sales con nosotras el próximo fin de semana estoy conforme. Deuda zanjada.
--En ese caso...
--No tienes elección. Oye, Jaime, cambiando de tema, ¿a ti te conoce bien la gente?
--¿Cómo?
--Sí. No sé si consigo explicarme con claridad. Todos debemos compartir nuestra riqueza interior. Y también tenemos obligación de vender nuestro producto, de hacer publicidad de nosotros mismos, cuidar nuestra imagen para convencer.
--¿Estás insinuando acaso que no cuido mi higiene personal?
--No es eso, tonto. Si alguien no se promociona, es una pérdida porque no comparte lo que tiene dentro de sí, y si tiene una gran valía es un derroche para todos. No se puede guardar uno sus capacidades sin compartirlas.
--Pues yo conocí a una que se hacía una promoción muy buena y al final no "vendía" el producto. Sería por hacerse la interesante. No, en serio, no sé adónde quieres llegar.
--Yo, hasta que no te he conocido bien no he descubierto el buen sentido del humor que tienes y tu sincera entrega y preocupación por el sufrimiento de los demás. Y sospecho que la gente no conoce cómo eres realmente. Yo, sin esta suerte, me lo hubiera perdido. Pero seguramente habrá mucho sin explotar en tu gran vida interior, muchos matices y muchas ideas que guardas egoístamente. Y eso no está bien.
--¿Por qué llegas a esas conclusiones? Yo con ir tirando y no tener complicaciones me conformo No tengo ese interés secreto que crees que tengo. Y no sigas por ese camino que vamos a acabar como el otro día, tú ofendida y yo con una bofetada.
--En serio. Yo... quizás no debería contarte esto. Pero... lo voy a hacer. En la excursión aquella de fin de curso que realizamos por Italia... ¿la recuerdas?
--Por supuesto.
--El primer día que estuvimos en Roma nos separamos los distintos grupos. Y a nuestro grupo se nos ocurrió coger una buena melopea a pesar de ser el mediodía de un Martes. Cosas de la edad gamberra; teníamos dieciséis.
--Eso ya lo recuerdo peor. Creo recordar que tenía una necesidad imperiosa de vaciar mi vejiga y me metí entre unas ruinas romanas y encontré una columna corintia.
--Pues bien. En una fase del proceso etílico estabas agarrado a un obelisco y no parabas de hablar. Yo había bebido menos y estaba más serena. Y entre las muchas cosas que decías hubo algunas que me impresionaron.
--¿Hablé mucho?
--Sí. Pero cuando se te pasó el efecto parecía que no recordabas nada de lo que habías contado.
--Serían tonterías sin sentido. Cuando me recuperé recordaba poco y supuse que nadie había estado en situación de entender lo que pudiera haber dicho. ¿También largué en la tajada de Florencia?
--Sí. Y en la resaca de Venecia estuve a punto de preguntarte por aquellas ideas tan personales, pero no me atreví. Al ser tú tan reservado temí entonces una reacción negativa al preguntarte por asuntos que parecían tan privados, o al menos los guardabas así de íntimamente por alguna razón. Era algo que no habías compartido antes. Yo entendí una parte pero no supe encuadrarla dentro de qué ideas estaban, no lo comprendía todo. Fue interesante e incluso fascinante, pero nunca me atreví a preguntarte por si te sentías violado en tu intimidad. Quizás no hubiera sido así, no sé.
--No te perdiste nada especial, puedes estar segura -disimuló de esta forma Jaime el hecho de que no supiera a qué declaraciones de borracho estaba refiriéndose Jesabel.
--A pesar de que lo exponías mecánicamente yo notaba que era algo muy profundo.
--No te creas -estaba muy intrigado Jaime por lo que pudiera haber dicho en aquella época tan lejana y por la huella que aquello hubiese dejado en Jesabel a lo largo de los años.
--La vida... la muerte... su remedio. Pero no llegué a captar la esencia de lo que tratabas decir.
--Fantasías. Son cosas que mejor no tenerlas en cuenta -disimuló Jaime la decepción sufrida por haber creído que aquellas declaraciones suyas habían sido de carácter romántico o incluso sexual--. Uno se obsesiona y cree que ha descubierto algo, pero después reflexiona en frío y ve lo absurdo de sus conclusiones. Son temas muy difíciles para que los resuelva un cualquiera del montón. Llega un momento en el que te haces idea de lo ingenuo que eres y sientes vergüenza por el tiempo que has perdido con esas obsesiones improductivas.
--Oye. Cada cual puede tener las ideas, los ideales o las creencias que quiera.
--Si no es eso.
--No, espera. Que si conocieras las reflexiones internas de todos nosotros sobre el significado de la vida verías que cada cual opinaría una cosa distinta y que todas esas reflexiones podrían ser igual de ridículas. Pero eso no quiere decir que sea vergonzoso exteriorizar lo que uno cree. Ábrete. Cuenta lo que crees. No seas así. ¡Inténtalo! Otros lo han hecho antes. Tú puedes explicarte. Ánimo.
--¡No lo voy a hacer! Qué interés tienes. No quiero humillarme, no. Que sólo yo sé de qué estupideces se trata. Y déjalo ya, que se puede hablar de muchos otros temas más normales.
--¿De cosas tangibles? ¿De la realidad cotidiana? Yo diariamente diseño máquinas que conversan, o al menos lo aparentan. Pero quizás tenga que dejar de diseñar esos microchips y esas redes y dedicarme a otra cosa. Porque ahora los microchips pueden diseñarse solos y se crean a sí mismos, evolucionan hasta ser útiles y cuando lo consiguen tienen un diseño diferente al que tanto trabajo nos ha costado crear. ¿Por qué? Sencillamente porque han escogido la ruta más corta y más rápida. Evolucionan velozmente porque saben elegir los caminos más fáciles. ¿Y qué caminos son? Eso es algo que escapa a nuestra comprensión. Y esa evolución, ¿dónde terminará? ¿En inteligencia? ¿En entendimiento artificial? ¿En sentimientos? ¿Alguien lo sabe? Quizás sea esa mi realidad cotidiana, lo más práctico de mi vida. Comer, vestirme e intentar comprender algo de mi trabajo.
--Pero yo ya te he dicho en otra ocasión que no te puedo ayudar con esos temas. No tengo esa virtud, lo siento. Yo no te puedo entretener con chiquilladas. ¿Erradicar la muerte? Puf, eso déjalo para la literatura fantástica y la industria del entretenimiento de Hollywood. ¿A partir de dónde se crea la mente? ¡Y yo que sé! No tengo obligación de saberlo. Qué quieres que te diga.
--Será mejor dejarlo.
--Sí. Es lo que hay y ya está.
--Pues, nada. Mañana... voy a visitar a Natalia a ver qué tal.
--Intenta hablar con su médico y me cuentas todo lo antes posible.
--Pero mañana por la tarde no voy a poder venir, voy a estar de mudanza.
--Pues... llámame, o ven cuando puedas.
--Venga. Eso haré.
En la mañana del sábado siguiente le correspondía cumplir laboralmente a Jaime. Deferencias de una clínica privada. Y a eso de las once de la mañana se prestó Jaime a acompañar al moralista del doctor Alvarado y a Clara, coordinadora de enfermería, que se dirigían con urgencia a consumir sus dosis de cafeína y nicotina en la cafetería del centro. Con el capuchino en la boca Jaime creyó reconocer a la señorita que entraba en el local, enfocó su vista y... efectivamente, era ella, Jesabel. Pero estaba distinta, algo así como radiante. No acertaba a desvelar la causa de su cambiado aspecto. ¿Se había teñido el pelo? ¿Había cambiado de peinado quizás? ¿O simplemente le brillaba más la mirada? Posiblemente la miraba Jaime con otros ojos.
--Hola, Jaime. Los sábados no trabajo como habrás podido apreciar.
--No esperaba tan grata visita. ¿Me traes la merienda al trabajo?
--Oye, que si estoy de más me voy. Por mí...
--No, mujer. ¡Pero cómo vas a molestar! ¿No puede gastar uno una broma?
--Estuve ayer por la tarde con Natalia como te...
--¿¡Cómo está!?
--Recuperándose. Le están administrando terapia tiroidea (¿puede ser eso?) y cortiscorsteroides, o algo así. No sé cómo se dice.
--Sí, para restablecer el equilibrio hormonal.
--Ha mejorado su aspecto. Le han dicho que la van a operar, pero que si no le consiguen hacer sanar la zona afectada, pues con mantener la toma de medicamentos va a ser suficiente para llevar una vida normal, más o menos. Eso sí, todavía no sabe si ha perdido la fertilidad. Pero de todas formas está muy ilusionada.
--Es justo. Natalia tiene que olvidarse de la pesadilla que ha vivido. Con unos arreglos dentales por aquí y unas sesiones cosméticas por allá va a quedar tan guapa como estaba antes. Y al Alberto ese que le den morcilla.
--Continúa detenido en espera de dictamen.
--Pues que espere con tranquilidad y buenos alimentos.
--Eso. Que sepa lo que es sentirse retenido,
Jaime dejó arrastrar su mirada hacia el escote arrebatador que ella lucía. Con esa blusa que sería de seda, que quería transparentarse, y ese acogedor talle desvelado por lo ajustado de sus pantalones... ¡Madre del Amor hermoso!
--Ayer no hubo mudanza -continuó Jesabel.
--¿Y eso?
--Hemos discutido. Bueno, no hemos discutido en serio. No lo sé. Hay cosas que deben ser imposibles. Y una de ellas es que vivan juntas personas que tengan distinto rango laboral en la misma empresa. Quizás sea por eso por lo que Juani no ha hecho nada más que poner inconvenientes. Pero las cosas se dicen y ya está, y no se rebuscan historias que lo único que consiguen es que quedemos mal.
--Claro.
--Y además Desiré está mosqueada conmigo, cuando en realidad es Juani lo que lo ha fastidiado todo. Así que me he quedado compuesta y sin novio, como se suele decir.
--¿Vas a buscar otro alquiler?
--Por supuesto. No puedo continuar donde estoy ahora. Cuando salgo al pasillo me puedo encontrar con cualquier desconocido, lo mismo un magrebí, un negro o un adolescente norteamericano. Una tiene motivos para no dormir tranquila. Y yo, la verdad, no estoy dispuesta a gastar parte de mi sueldo en alquilar un piso para mí sola. Pero no me va a quedar otro remedio.
--Es verdad.
--Creo que voy a terminar comprando un apartamento. Si al menos estuviera segura de que no me fueran a cambiar de destino en la empresa, pues sabría qué hacer.
Jaime sintió escalofríos al imaginar la posibilidad de que la pobre Jesabel pudiera enfriarse con la ropa tan ligera que llevaba. Le hubiera ofrecido una chaqueta para protegerla pero supuso que ir así era una elección que había tomado voluntariamente. Pero verla de esa forma, con el busto casi a la intemperie y sin nada tibio que la cubriera, eso clamaba un remedio urgente que debía ser solucionado, porque Jaime veía en su imaginación que ese cuerpo pedía protección efectiva, y afectuosamente hizo así como que... eso, y claro, cuando regresó a la realidad Jaime descubrió que por culpa de un impulso inusitado estaba implicado en un espectacular abrazo con Jesabel. ¡Quién lo iba a decir! Instintivamente entornó los ojos en espera de un descomunal bofetón, pero no ocurrió así. Muy al contrario, Jesabel abrió mucho esos hermosos ojazos y mostró una sonrisa complaciente. Gran sorpresa y alegría en ella. Y una explosión interna también. Tan de cerca Jesabel era más guapa, su mirada convergía en un atractivo irresistible y sus labios parecían prolongarse a un encuentro magnético. Jaime, con el contacto de la cara interna de sus brazos y sintiendo aquellos pechos en el suyo, estaba sumido en unas sensaciones tan, pero tan amables, que casi no...
--Pero Jaime, ¿qué estás haciendo? -susurró íntimamente, con la expresión ufana y risueña.
--¿Yo? ¡Yo no estoy haciendo nada, por favor!
--No digas eso. Si yo lo sabía. Si yo sabía que siempre lo has deseado. Qué alegría me has dado. Qué orgullosa estoy.
--¡Cómo!
--Nunca te atreviste. ¿Por qué? Da igual, da igual ahora, cariño. Qué puntazo más bueno.
--No, si yo no... -Jaime se apresuró a retirar sus brazos--. No sé qué ha ocurrido.
--Que hay cosas que no las puede parar nada, porque lo que tira, tira de verdad y al final confluyen los caminos que siempre habían sido convergentes sin saberse.
--¿Sí?
--Hemos nacido para desarrollar un destino común y vivir siempre juntos, cielo.
--¿Sí?
--Sí. Y también desfogarnos y resarcirnos de esa pasión que nunca nos hemos atrevido a aceptar a lo largo de los años por falta de confianza.
--Sí.
--Me siento completa, dispuesta para acudir a cualquier reunión social sin ningún complejo, acompañada de un mocetón que va a ser la envidia de todas mis primas.
--Nos adornaremos mutuamente.
--Qué alegría me has dado. Mi empresa no me cambia ni a puñetazos. ¡Y mi madre! ¡Cómo se va a poner mi madre! ¿La conoces?
--No.
--Ay, yo la llamo. Después del disgusto de irme a Kioto voy a contentar por fin a papá. Y cuando se entere mi hermana Isabel... Qué gustazo. Y se va a enterar Juani de lo que vale un peine. A todo esto, debería comprarte un traje, no tienes buen gusto vistiendo.
Jaime estaba perplejo y asustado. Su libertad, hacer lo que le apeteciese o no hacer nada después del horario laboral, podría estar peligrando. Prácticamente vio reflejado en sí la triste figura de su padre. Dominado, culpado y criticado era posiblemente el negro futuro de pareja que le aguardaba. Planteamientos y programación de su tiempo libre, recolocación de su ropa delante de la gente y quejas por las manchas, chistes en público de dudoso gusto sobre su discutible capacidad en el arte amatorio, exigencias y quejas en aumento, imposibilidad de tomar auténticas decisiones y críticas por falta de decisión, pérdida del dominio sobre su casa y cosas, más humillaciones en público por falta de colaboración en el hogar y algún que otro insulto sobre su machismo y su falta de hombría. Esas eran posibilidades a tener muy en cuenta. Posiblemente vendría después el lavado de cerebro de las criaturas en contra de su padre, la petición de separación, la confesión de que todo ha sido fingido, el cambio de cerradura, las denuncias por acoso, los informes psicológicos, la campaña de difamación, el reparto de su sueldo, la dura vida en el cuchitril, los apuros económicos por hacer algún regalillo a sus hijos un fin de semana cada dos semanas y las imitaciones que éstos harían del cara dura del amante de su madre. Jaime sabía que ese podría ser su futuro. Ante tal posibilidad casi mejor no arriesgarse, aunque con ello se contribuyera al peligro de la posible extinción de la sociedad occidental.
--Esta noche salimos de copas, Jaime.
--Sí. Oye, ¿vas a comer este mediodía sola?
--No, me han invitado Desiré y su novio.
--Vaya, qué fastidio.
--Tranquilo que te veo venir.
--¿Se me nota mucho?
--Un poquito. Si respiraras con más tranquilidad se te notaría menos. Y si metieras las manos en los bolsillos, también.
--Es el móvil. Este día se me va a hacer eterno, Jesa.
--Jaime, lo bueno se hace esperar. Lo sabes. Ahora me voy, pero esta noche paso a recogerte.
--Estoy deseando que llegue esta noche.
--Eres un sol.
Jesabel se disponía a abandonar la cafetería cuando se giró lanzando explícitamente para Jaime una mirada de acusada complicidad. El murmullo en el local cesó. Ella optó por ignorar a todos los demás. Entornó los ojos con una pizca de lascivia e insolencia... y se marchó sin despedirse.
--Jaime, ¿no sabía que tuvieras novia? -preguntó sobreactuando Clara mientras el doctor Alvarado le propinaba a su colega unas palmadas en la espalda.
--¡Machote! Sí, señor, que ya nos tenías mosqueados. No decíamos nada pero creíamos que eras un poquito para allá, tú me entiendes.
--¿Cuándo os casáis?
--¡Cómo!
--Qué callado te lo tenías. Te ha merecido la pena esperar porque vaya pedazo de mujerona que has conseguido. Hoy es un día histórico para el doctor Uriel.
--Sí, pero habrá necesitado ayuda para ponerse esos pantalones. Si todas hiciésemos lo mismo...
--Cuando se lo cuente a los compañeros van a alucinar.
--¿Por qué no nos la has presentado? Eso ha estado muy mal de tu parte. Queremos conocer a tu novia.
--Me parece que vais a tener oportunidades más que suficientes para conocer... a mi novia.
Euforia. El enigmático entusiasmo liberador que sólo pueden descubrir excepcionalmente aquellas personas con tendencia a la depresión. Alegría sin límites de origen misterioso y posiblemente sin justificación. Así se definía la frugal circunstancia que degustaba Jaime la noche de ese Sábado. Buena marcha en la calle. Calificaríamos como guapa, clara y fresca a Juani. Por su parte, la presentación de Jesabel sería excesivamente atractiva y sugerente, elementos éstos que distorsionaban el disfrute de Juani; allá ella. Y Desiré y su novio estarían posiblemente en una realidad lejana. Quizás existiera un salto de edad de Jesabel y Jaime con la mayoría de los que acuden a la llamada de la madrugada, e incluso se evidenciara, pero ciertamente a todos les traía sin cuidado. Nadie se encontraba con mejor ánimo que Jaime, Imposible que no fuera así. Disfrutad, intentadlo malditos, buscaos el método, abusad de lo que ya casi no os estimula, obligad al entorno para que os conduzca al goce... si es que lo encontráis, porque ya ha sido acaparado. Por Jaime corría esencia de alegría. La chica explosiva, esa única sugerente que está presente en todos los actos masivos para alojarse en unos pensamientos masculinos que deben ser disimulados, la señorita morbosamente inalcanzable, la que siempre es de otros, la que cuesta respetar en la imaginación, esa... le estaba dando besitos. Y él soñaba con volverla para sí devoradora, como una tigresa, diosa entre las mujeres, para que le mostrara su ardiente rojo pasión que sabía que guardaba en su interior sublime. Queremos que sea así, Jaime. Ánimo.
Con su permanencia todos allí se arriesgaban a que llegaran las horas golfas, ese estadio de la noche donde las buenas costumbres evolucionan, la moral se relaja, todo se ve distinto y las mujeres y los hombres dejan de ser mujeres y hombres para convertirse simplemente en tías y tíos. Manteniéndose al margen de los efectos de aquellos brebajes por innecesarios, Jaime bebía sin alcohol. Pero Jesabel quería animarle a que tomara de ella a saber qué destilados espirituosos.
--Coquito carameloso.
--Perita en dulce, dime.
--No encuentro dónde vivir, mi cielo.
--Pues... te alquilo la planta de arriba de mi casa.
--Gracias.
Quizás era demasiada mujer para él. Quizás no hubiera hecho nada para merecérsela. Quizás todo había surgido demasiado rápido como para ser creíble. Lo único cierto es que Jaime estaba acariciando el paraíso.
Aquella noche Jesabel sufrió un fuerte dolor abdominal por lo que las expectativas de Jaime se desvanecieron. Lo bueno puede hacerse esperar bastante.
A las dos de la tarde del día siguiente se presentó Jesabel en casa de Jaime. Éste abrió la puerta y ella en completo silencio expresó algo falsamente ingenuo, divertido y con buscados tintes sugerentes. Jaime contestó también en silencio algo muy serio e intrigante para después lanzar un rígido mandato.
--Ven conmigo a un sitio que yo me sé, que te quiero enseñar.
--No. Noch, noch, noch. Ni hablar.
--He dicho que vengas. A ver si me voy a tener que quitar la correa -ordenó serio Jaime con un tono poco convincente que hizo reír a Jesabel --. ¡No es cosa para reírse!
--Una llega tan feliz dispuesta para contar un montón de cosas y de repente le atacan así de esa manera, y eso le deja a una que ya no sabe qué hacer, ni como debe comportarse... para que no abusen de ella.
Jesabel se ofreció a darle un besito en los labios y cuando éste tuvo un ataque de comérsela a besos ella lo esquivó y marchó hacia las dependencias sin dar explicaciones.
--¿Pero se puede saber a dónde vas ahora? -preguntó extrañado.
--A la cocina. ¿Es que tú no tienes hambre?
--Sí.
--Y no tienes nada preparado, ¿verdad?
--Hay fiambre.
--A ver qué se puede hacer. Ahí está la nevera.
--Exasperante.
--Te he oído, amigo.
--¡Hazte la comida! Y después invita a quien quieras y de paso montas una tienda 24 horas en el salón.
--Oye, he venido a ver en qué condiciones se encuentran las habitaciones que quizás alquile.
--¿¡También vas a alquilar mis habitaciones!? Yo creo que tú tienes bastante cara.
--Ja, ja. Me vas conociendo. Mira, pero si tienes de todo. ¿Tienes invitados?
--No, es para visitas sorpresa.
--Qué maravilla. Vamos a dar cuenta de estas ricas viandas antes de que se estropeen. Anda, majo.
--Oye, aquí quien traga, paga.
--¿Tú eres capaz de comerte todo esto? Yo, no. ¡Carne de lechal! Qué lujo. Ay, yo no quiero un alquiler aquí, yo quiero pensión completa.
--Vale, también puedo hacerte limpieza y lavarte con lejía las braguitas de diario.
--Qué alegría me has dado, pero si este hombre vale un Potosí.
--Sí, un "Potoçao".
-- Qué apañado eres, ya vas acercándote a mi aprobación.
--Calla, bromista.
--Ásame la carne, anda. Que yo voy preparando la ensalada.
--No te digo. Quita, si tú no sabes hacer una ensalada con refinamiento.
--¡Pero bueno! Y tú qué sabes. Pero no me quites la lechuga de las manos, leñe.
--¡Que sueltes!
--Me has hecho daño, caníbal. Las aceitunas, déjalas.
--Una ensalada con fundamento, con sus patatas cocidas, sus judías verdes cocidas y sus huevos duros también. Y su atún, como debe ser.
--No, una ensalada con su aceite crudo, su zanahoria rallada, sus cebollinos verdes, su buen vinagre, su pimiento crudo que le da mucha fuerza, su tomate crudo de lata y con los ajos asados.
--¡Toma! ¿Y con pepino también? Lo digo porque refresca.
--Vamos a hacerlo con todo junto a ver qué sale.
--Creo que de cocina tienes poca idea.
--Tú, a cocer y sin rechistar.
--Un momento, esto se me está escapando de las manos. Yo, Don señor Uriel, dicto que obedeceré sus órdenes sólo y cuando usted obedezca las mías.
--¿Pero de qué estás hablando? De verdad que me dejas a veces que yo ya no sé.
--Un respeto. ¡Firme! Así, esa es la presentación que quiero. El vientre adentro. El pecho altivo.
--Esto me parece muy fuerte. ¡Estás tocando!
--El culete prieto y a obedecer.
--No te pases, que me voy.
--No, ahora hablando en serio. ¿Tú a qué has venido aquí? ¿A ponerme enfermo o a qué? -la conversación tomó un cariz menos divertido.
--Yo, lo que no entiendo es cómo tú crees... ¡Yo no he venido a por nada en concreto! Las personas acostumbran a relacionarse, ¿no?.
--Hay varios tipos de relación, ya sabes.
--Mira, si esperas de mí que me entregue tú también tienes que entregarte a mí.
--No te entiendo.
--Siempre ha sido así. Lo bonito en una relación profunda es eso, que dos almas lleguen a conocerse totalmente. Yo a estas alturas de mi vida busco algo que me llene, algo más fuerte y estable que un ligue frívolo. Veo que no eres un portento de romanticismo, pero yo lo necesito. Necesito proyectar ya de una vez mi afecto verdadero a alguien que lo merezca, que yo pueda saber bien quién es.
--¿Quieres detalles galantes o que te diga cosas bonitas?
--Empieza por ser sincero, es más fácil y es lo más bello que me puedes ofrecer. Cuéntame ya de una vez tus problemas, tus proyectos, tus fantasías, tus opiniones, todo. No seas así. Emocióname. Si te conozco no me vas a tener verdaderamente.
--Está bien, conóceme a fondo. Pero normalmente la gente se deja llevar por la pasión, y después, como ya hay confianza, se cuentan todo en la cama. Pero nada, si tú lo prefieres así te cuento mi vida, pero te advierto que lo voy a hacer muy deprisa. ¡Un momento! No me fío. Te suelto el rollo y después te tienes que ir por algún motivo. Esto hay que hacerlo bien. Sí. Por cada lado de mi alma que desnude tú te quitas una prenda.
--Eso es ridículo. Te vas a poner nervioso y no vas a expresarte debidamente.
--Una cosa por la otra. Lo justo.
--Pero mis prendas valen mucho. Valen confesiones sinceras e íntimas.
--Vas a tenerlas y te van a hacer vibrar. Soy un hombre muy interesante.
--Venga. Demuéstramelo. Pero sin mentiras.
--Mis primeras fantasías sexuales eran inocentes pero de altísima excitación por...
--¡Jaime! Yo te pregunto.
--Dispara.
--Durante la época de Instituto, ¿te hizo algún chantaje Alberto o te amenazó?
--No. ¿Por qué?
--No, por nada. Manías mías.
--Esa pregunta ha costado desnudarte los pies.
--¡Pero si no has contado nada!
--Venga, confesiones. Yo desde los once años siempre estuve obsesionado por alguna chica que destacaba sobre las demás. Pero la obsesión me duraba un curso por chica. Pero con quien más fuerte me dio fue contigo. Y no lo digo porque ahora estemos en esta situación, si no porque es bien cierto.
--¿Y por qué no me diste ninguna pista?
--Por falta de confianza en mí mismo. O por pesimismo, quizás.
--Pero las metas hay que trabajarlas siempre.
--Cosas de críos. Te veía inalcanzable y yo me veía inapropiado para ti.
--No te justifiques.
--Sí, tienes razón, siempre he sido un introvertido y un obsesivo. Es lo que define mi personalidad. No es para estar orgullosos evidentemente, pero nunca he podido ser de otra manera.
--Nada, nada. ¿Te confieso yo también una cosa? Yo notaba algo, no dejabas de mirarme, pero como te esforzabas pensé que no te gustaba lo suficiente.
--Claro, tú notabas mi cara de gilipollas. Lo entiendo.
--No es eso. Lo importante es que siempre tuvimos una buena amistad.
--Hasta que nos distanciamos después.
--¡¡No fuiste al funeral de Alfonso!!
--¡Ya lo dejé bien claro! No me enteré hasta el día siguiente.
--Pero si fue una conmoción. Cuando se mata con su motocicleta un chico de veinte años se entera toda la ciudad.
--Tenía un examen que no me había preparado lo suficiente y ese día estaba encerrado estudiando. No tuvo nada que ver que él fuera tu novio. También había sido compañero mío.
--Lo pasé fatal. Yo también tenía ganas de morirme.
--¿Le querías mucho?
--Sí, pero es mejor olvidarlo.
--Todo el mundo debería tener el mismo derecho de vivir hasta una edad mínima.
--Déjalo, no hay otra cosa.
--Quién sabe.
--Jaime... Cuéntame tus creencias, que eso si me interesa.
--Mis creencias religiosas cambian según mi estado de ánimo.
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LA PARADOJA
--Un momento. Explícame en qué consiste para ti el Sentido de la Vida.
--El precio por responderte a esa pregunta es que enseñes los pechos.
--¿Tan íntima es esa cuestión para ti?
--Sí, porque si te respondo sinceramente corro el riesgo de que me tomes por un loco o por algo peor, por un idiota obsesivo.
--Tengo derecho a saber si eres un loco o un idiota. Reflexionar sobre el Sentido de la Vida es algo que te ha marcado siempre, ¿verdad?
--No es para exagerar tanto.
--No. Cuando salía de marcha la peña de la facultad e íbamos a las fiestas de Medicina, o cuando te venías con nosotros, también bebías de más y soltabas tus rollos. Y a lo largo de los años tus temas eran los mismos. Hablabas de tu filosofía.
--¡Qué vergüenza! Debes conocerme mejor de lo que yo creía. ¿Y los demás qué decían?
--Nada que mereciera la pena. Yo era la única que bebía menos y podía escucharte. Pero no lo recuerdo todo. Lo que más repetías era la palabra "transomación". ¿Qué significa?
--No te rías. "Trans-" es "cambiar de" y "soma" se refiere al cuerpo sin tener en cuenta a la mente. "Transomar" sería cambiar de cuerpo.
--¿Y qué es lo que cambia?
--La mente. La mente cambia de cuerpo en la "transomación". Es una tontería.
--Pero tú cuéntame. ¿Para qué cambia de cuerpo? No me dejes intrigada.
--Para abandonar el cuerpo que va a morir por otro nuevo. Es una fantasía, déjalo.
--Me tienes que contar todo, si no, no hay trato.
--¿Qué ofreces por arriesgarme a contarte algo tan íntimo?
--Desarrollar en tu cuerpo técnicas amatorias hindúes. Eso si no padeces del corazón y si no has sufrido ninguna dilatación de aorta. No quiero poner en peligro tu vida.
--¡Qué quieres que te cuente! ¡Por dónde empiezo!
--Por donde quieras, bobo. ¿Pero por qué temes tanto comentar tus ideas?
--Me viene de niño. A los doce años caí en la obsesión. Creí que estaba cerca de descubrir el método de acabar con... no, dicho de otra forma, de alargar la vida muchísimo. Era lo más fascinante, lo más excitante. Lo tomé como un juego. Pero para terminar de descubrir el método debía resolver un enigma, más bien era una paradoja. Pero de niño creía que estaba muy cerca de encontrar la solución. Llegué a la conclusión de que el enigma quedaría resuelto conociendo el funcionamiento del cerebro humano. Ese es el poético motivo por el que ahora soy Médico Neurólogo. Pero ya ves cuáles han sido mis resultados. Nada.
--No entiendo por qué te has tenido que reservar esas reflexiones.
--Sí, no he terminado de explicarte. A mis doce años disfrutaba con mi intriga. Era tan importante para mí que acabé contándoselo a Paulino y a Jonathan, pero... claro. ¡¡Ellos tenían doce años!! Eran niños. Yo no era un niño, yo era un bicho raro que estaba en el límite de resolver la cuestión más transcendental de todas. Ellos dos me respondieron con fantasías infantiles y comprendí que no estaban a la altura de comprenderme. ¿A quién se lo contaba? Yo era un niño que se había vuelto extraño y que en vez de jugar o hacer travesuras buscaba intimidad para concentrarse en sus meditaciones. Tan joven y ya estaba como una cabrilla. Si se lo contaba a un adulto me llevaría a un psicólogo infantil. Yo siempre supe que no le correspondía a un niño de esa edad conclusiones tan elevadas, ni siquiera tener esas preocupaciones, por lo que ocultaba mis obsesiones para evitar un rechazo de todos. Nadie me comprendería, se reirían todos de mí por ser tan extraño.
--Pero dejaste de ser niño.
--Con los años fui avanzando en mis meditaciones. Y un día cometí un gran error en clase. Quizás ni siquiera lo recuerdes. Fue en el Instituto, en clase de Filosofía. El profesor intentaba crear un ambiente participativo para que todos contáramos nuestras opiniones sobre un tema. El tema de ese día era "Si el cerebro es una máquina, ¿la mente es también un mecanismo?" Nadie se atrevía a opinar pero yo le hice una pregunta al profesor. Él me respondió asustado algo extraño porque no comprendía la pregunta y no entendía por qué había sido yo capaz de preguntarle semejante cosa. El gesto de los compañeros fue nefasto, sobre todo cuando oyeron mi expresión "cambiar de cuerpo para ser inmortales". Al ver esa respuesta tan negativa yo me arrepentí de lo que acababa de hacer. Yo había defendido con toda seriedad lo que para ellos sólo era ciencia-ficción. Me juré no volver a cometer el mismo error. Afortunadamente todo el mundo olvidó ese suceso, o al menos eso aparentaron. ¿Tú recuerdas algo?
--No, nada.
--Pues no sonrías. Da igual. En alguna ocasión también comenté un poco a alguno que otro, y claro, al ver esas caras de susto, incomprensión, incredibilidad o desinterés por un tema que me obsesionaba y me apasionaba, pues uno se desanima y opta por no contárselo a nadie. No me atrevía. Expliqué un poquito a un amigo de mi padre y me miró como se mira a un sacrílego y a un blasfemo. Tabú. Me vi como diablo-brujo que envían a la hoguera. Hubo también veces en la que estaba a punto de explotar y casi soltaba mi rollo. Pero si lo hacía me enfrentaba con la posibilidad de que me tomaran por un loco, o lo que sería peor, por un memo iluso. Es cierto, me hubieran seguido un poco la corriente y no me habrían hecho caso. Yo hubiera preferido antes que me escucharan reiéndose de mí a que no me escucharan. Pero nunca me atreví a explicar mis ideas a nadie, ni siquiera siendo un adulto, porque lo único que he conseguido es llegar a ser un médico mediocre.
--Es una profesión prestigiosa.
--Sí, pero quién va a tomar en serio las conclusiones filosóficas de un simple médico. Perdí una oportunidad maravillosa cuando comencé la carrera, porque entonces tenía posibilidades de conseguirme un buen expediente académico para tener acceso a becas y a ayudas privadas y hacerme así científico. Pero fue precisamente mi obsesión lo que arruinó mis ilusiones. No tuve suficiente paciencia. Elegí esa carrera para buscar respuestas a mi paradoja particular y no hacía nada más que crear teorías sobre el posible funcionamiento del cerebro humano y el origen de la consciencia. Y ocupaba gran parte de mi tiempo en investigar, recopilar datos y buscar en libros lo que no estaba escrito. La información que conseguía no resolvía mi misterio. Llegué a conclusiones ingeniosas sobre el mecanismo cerebral, que no quiere decir que estuviera en lo cierto, pero eran insuficientes para resolver el enigma y no tenían nada que ver con mis asignaturas. Con estas dichosas preocupaciones no conseguía concentrarme en el estudio de las materias obligatorias de la carrera y en la biblioteca consultaba lo que no debía. Al final mi expediente no fue gran cosa y perdí una gran oportunidad. Decidí que nadie supiera de mi obsesión tan poco fructífera.
--No te puedes ni imaginar la curiosidad que siento por saber en qué consiste esa paradoja.
--No me atrevo a explicártela directamente.
--Pues si no lo haces, te mato aquí y ahora mismo.
--No me entiendes. Quiero decir que para que puedas comprenderla y degustarla tengo que contarte paso a paso lo que me ocurrió cuando tenía doce años.
--¿Y a qué esperas?
--Las primeras ideas que tuve eran fantasías infantiles que nada tienen que ver con la paradoja en sí, pero las debo contar para que entiendas el origen de todo. Aunque no te creas, todo fue rapidísimo, en menos de cinco minutos. No recuerdo qué día fue, pero sí sé que ocurrió a las tres menos cinco de la tarde. Recuerdo este detalle porque yo siempre de niño he llegado con retraso a la escuela después de comer y las ideas me llegaron al salir de casa en dirección al colegio. Necesariamente siempre iba a la escuela deprisa y solo. Cuando salía del centro jugaba y hablaba con los compañeros, pero cuando me dirigía por la tarde hacia él tenía oportunidad de ir jugando con mi imaginación. Recreaba fragmentos de películas fantásticas e inventaba aventuras en las que yo era el intrépido protagonista. Colaboraba con Indiana Jones y tenía los poderes de Superman. Ese día yo era Flash Gordon y huía de los malos en el interior de una nave espacial. Mi única salvación era introducirme en un teletransportador, pero me habían disparado con una pistola-láser y estaba malherido. Imaginé que pasaba con el teletransportador de una nave a otra y acto seguido rompía la cabina de ese teletransportador, liberándome así de la persecución de los malos. Pero también imaginé otra posibilidad, al mismo tiempo que era teletransportado mi herida era sanada. ¿Por qué? Porque en mi fantasía un teletransportador consistía en una cabina que emitía un rayo desintegrador curiosamente no doloroso, una emisión de ondas a través de radiofrecuencia de una nave a otra y otra cabina con un rayo "integrador". Dicho de otra forma, la materia de mi cuerpo de Flash Gordon era desintegrada y transformada en humo, pero el orden en el que se encontraba unida mi materia un instante antes era captado por un ordenador que emitía dicha información por onda al ordenador de la otra nave. Este último ordenador y de acuerdo a esa información que ya poseyera ordenaría una materia, que estaría guardada en contenedores, de la idéntica forma en que lo estaba la materia de mi cuerpo de Flash Gordon un instante antes, todo ello gracias al rayo integrador. No viajaría materia, sólo la información de cómo estaba ordenada la materia; como en la película "La Mosca". Una cosa absurda, ya ves. Pero claro, ¿y si el ordenador tuviera el detalle de reconstruir el cuerpo de forma sana, es decir, sin la herida? El ordenador podría hacerlo porque en su memoria también contendría la información de cómo era el cuerpo sano e íntegro de Flash Gordon, utilizando así en conjunto la información recibida del ordenador de la cabina desintegradora con la información guardada. ¡El teletransportador también sería una sala de curas! ¿Te imaginas? Estás herido o enfermo, vas a la enfermería, allí hay un teletransportador con las dos cabinas juntas, te metes en una... y sales por la otra completamente sano. Son fantasías de críos, ya lo sé, pero me entusiasmaba con estos supuestos. Un aparato que reconstruyera tu cuerpo sin los desperfectos, fíjate. Tras tener estas ocurrencias seguí evolucionando con las suposiciones. Había imaginado a Flash Gordon salvando su pellejo al introducirse en la cabina antes de que le alcanzaran los malos, pero también imaginé a un Flash Gordon moribundo arrastrándose y haciendo uso de sus últimas fuerzas hasta alcanzar la cabina en el instante más crítico y salvar al final su vida teletransportándose. Rápidamente imaginé la posibilidad de que hubiera cabinas de éstas por todos sitios y que ante una necesidad urgente se pudieran utilizar para seguir sanos y a salvo. Sentí que me estaba acercando a desvelar el misterio de la perpetuación de la vida del individuo. Pero quería más, no me conformaba. ¿Teletransportadores portátiles y personales, quizás? Nadie sabe cuándo y dónde le va a sorprender la brutal segura. Mejor aún sería que te pudieran reconstruir después del inesperado desenlace porque simplemente estuviera guardada la forma en la que está ordenada la materia de tu cuerpo. ¡Un momento! En esto último fallaba algo. ¿Y lo cambiante, sobre todo la cambiante materia y todo lo relacionado con ella? Vamos, la memoria. Qué fastidio. Había que ir más lejos. El aparato o sistema que ante un accidente, agresión, enfermedad o deterioro por vejez reconstruyera automáticamente tu cuerpo (pero sin el desperfecto), debería tener "conocimiento" del ordenamiento de tu materia y de tu consciencia un instante antes del temido desenlace. Entendiendo para ello que la memoria no es nada más que materia ordenada al igual que el resto del cuerpo, aunque cambie por instantes ese orden.
--¿Todo eso lo puede imaginar un niño de doce años en cinco minutos?
--Yo no ideé estos planteamientos tan complejos y buscando unos términos así de adecuados. Lo hago ahora para expresarme lo mejor posible. Yo recreaba mis dudas y respuestas con simples imágenes y así, tras lo del teletransportador, imaginé una especie de escáner portátil que leyera materialmente la memoria, sin necesidad de que fuera interpretada esa lectura, y enviara por onda esa información a un lugar seguro. Claro, la lectura cerebral era lo importante. El resto del cuerpo no hacía falta reproducirlo, podía ser sustituido por otro cuerpo de origen artificial. Ya no era necesario el teletransportador. El nuevo aparato emitiría constantemente en directo la información de cómo está ordenada la materia del cerebro incluso en el mismo instante del fatal desenlace, un centro de recogida de datos guardaría la información y "algo" sería programado o reconstruido a imagen y semejanza del cerebro originario; vamos, otra materia sería ordenada no de igual forma que la materia que conformaba el cerebro en el instante del suceso, sino de tal manera que en el movimiento de su mecanismo diese como resultado el mismo que daba el cerebro de la persona malograda. Un salto de una consciencia de su cuerpo a otro cuerpo análogo, distinto pero con un idéntico resultado. Transomación análoga por salto. Sería una máquina de origen artificial la que seguiría dando vida a la consciencia, entendiendo a ésta como un mecanismo reproducible. Yo pensé en una máquina de resultado análogo porque sintetizar un cerebro idéntico me parecía más difícil, no por otro motivo, la verdad. Recuerdo que llegado a este punto se me amontonaban mis pensamientos infantiles a gran velocidad, en forma de fantásticos e intrépidos supuestos. Avancé un poco más. La única materia que había que saber cómo estaba ordenada era la parte moldeable del cerebro, la zona donde cambia la memoria y se fragua la personalidad. ¿Y cuál era esa zona? Tenía que averiguarlo. Busqué en libros y me hice médico. Supuse en un principio que era el Prefrontal de la corteza cerebral. Después, con los años, descubrí que esa zona moldeable está diseminada por toda la corteza cerebral. E incluso también tenemos otras memorias.
--Vale, vale. Lo de la transomación... análoga, no lo estoy entendiendo bien.
--Sí. Mira, para entenderlo mejor, supónte que esta transomación la sufre alguien de verdad. Vamos a llamarle "Pepe". O mejor aún, supónte que te está sucediendo a ti ahora. Tú, o Pepe, sois personas únicas. Tú tienes tu personalidad que es única. Tu personalidad puede ir cambiando por distintos motivos, como traumas, desengaños, vivencias, madurez... O sea, quiero decir que eres única pero también eres cambiante, al igual que todos los demás. Eres tú más tu circunstancia, porque como consciencia que eres interactúas ágil y continuamente con tu entorno, según el momento que te toca vivir y la suerte que tengas con el entorno que te afecta. No es lo mismo. No es lo mismo que te corresponda una circunstancia u otra aunque tú seas la misma persona. Si a ti en un instante te está ardiendo un brazo, tú, como consciencia que eres, eres tú y también según la circunstancia que te toca vivir. Y además, esta circunstancia si es vinculante para el futuro, también entrará a formar parte de ti. Habrá dejado huella. En otro instante posterior te dolerá el brazo. Y mucho tiempo después habrá un instante en el que estés recordando que se te quemó el brazo. Quiero decir con todo esto, que en el momento de la transomación, al trasladar tu consciencia a otro soporte material, habrá que trasladar tu memoria (y tu acceso a ella) de la misma forma exacta en la que se encontraba en tu primer cerebro en el instante fatídico, pero también habrá que transportar tu consciencia del mismísimo instante fatídico, incluyendo el dolor si es necesario. ¡Y todo esto cómo se entiende! Se entiende esto considerando a la memoria como un hecho material, como unos surcos grabados en la carne del cerebro, igual que hay surcos grabados en los discos de música, por ejemplo, o en el disco duro. Y la consciencia también la considero como un hecho material continuo, como el resultado del funcionamiento de una máquina. Esa máquina, tu cerebro, procesa información. Y procesar información no es nada más que el hecho físico de que tus impulsos eléctricos cerebrales circulen a unos 120 m/s por los caminos naturales de tu cerebro único (como únicas son tus huellas dactilares) "encaprichándose" por los surcos de la memoria, labrados éstos por los hechos circunstanciales pasados. Pero claro, también están las sensaciones y emociones, que son algo más que electricidad. En todo caso, el escáner tomaría nota en primer lugar de conforme es tu cerebro único, después registraría los surcos que te ha dejado la vida y sus acontecimientos, y después de toda esa lectura, emitiría en tiempo real el instante de tu consciencia y las modificaciones recientes en los surcos de la memoria (o los nuevos surcos). ¿Entiendes? La lectura de tu cerebro tendría dos fases. La primera en la que se lee cómo eres, tú con tu pasado, y la segunda en la que se transmite tu circunstancia personal cambiante, es decir, lo que percibe tu consciencia en cada momento y la modificación continua en tu memoria. Esta última fase la puede realizar el escáner y los demás aparatos porque en ellos la electricidad circula a una velocidad próxima a la velocidad de la luz, es decir, a casi 300.000 km/s, frente a los 120 m/s de velocidad de tus impulsos cerebrales. Y la transmisión de ondas se realiza a la velocidad de la luz. ¿Pero la consciencia viaja realmente? No. La consciencia salta. Y ese salto es tan rápido que no lo nota la propia consciencia. Imagínatelo. En un instante estás en un sitio con tu cuerpo original y en otro instante estás en otro sitio, con tu nuevo cuerpo y sin haber notado nada. ¿Pero cuál sería la realidad física de ese salto? Yo me lo puedo imaginar así.
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Tu forma natural innata de ser vendría dada por una especie de huella digital de memoria, que sería única y de nacimiento, resultado de tu ADN que es único y de la forma azarosa en la que se desarrolla tu cerebro cuando eres un embrión o un feto. Esa parte innata de conforme eres dada por tu propia naturaleza estaría reflejada físicamente en la disposición de las conexiones de las neuronas de determinadas zonas de tu cerebro. Bien, esto un escáner de alta resolución lo puede leer fácilmente. Pero las huellas de la memoria que también intervienen en tu forma de ser estarían reflejadas físicamente de forma más tenue. Y esas huellas de memoria también las tiene que leer el escáner en esta primera fase. Según mis teorías, esos surcos de memoria se encontrarían en los primeros canales de Na (sodio) que hay tras una bifurcación del axón. Bueno, también está la memoria por facilitación de liberación de glutamato, pero te la voy a explicar después porque es más importante la de los canales de Na. El axón es como la cola de la neurona y su extremo, que se llama telodendron, tiene multitud de bifurcaciones. Cuando el impulso eléctrico tiene que elegir uno de los dos caminos de una de estas bifurcaciones, elige el que le es más fácil. Si en uno de esos caminos están más cercanos los canales de Na, el impulso eléctrico elige ese camino. En este caso estaríamos ante memoria genética, o sea, la "huella dactilar" de tu forma de ser dada por nacimiento. Pero si en los dos caminos los canales de sodio están igualmente de próximos y con la misma facilidad de funcionar, el impulso eléctrico no tiene predilección por escoger uno de los dos caminos. Ahí no hay memoria de ningún tipo. Pero claro, cuando esta bifurcación sin predilección sea transitada por muchos impulsos eléctricos, la mayoría de éstos acabarán tomando uno de los dos caminos. ¡Ya hay memoria! ¿Pero cuál de estos dos caminos? Aquel en el que el canal de Na próximo tenga más facilidad de funcionar. Canal de Na más activado. ¿Y por qué ese canal de Na funcionará con mayor facilidad? Porque habrá funcionado más veces ya que por ese camino habrán pasado más impulsos eléctricos. ¿Y por qué habrán pasado por ahí más impulsos? Depende. Depende de las zonas del cerebro en las que nos encontremos. Así tenemos tres tipos de zonas. A. En las zonas de la Corteza Cerebral en las que se guardan las imágenes, secuencias de sonidos, secuencias de imágenes... en esas zonas la fuerte diferencia de potencial "tirará" del impulso eléctrico por uno de los caminos. Cuando disminuya la diferencia de potencial perdurará en unos casos más que en otros la facilidad de funcionamiento de ese canal de Na transitado. B. En las zonas de la Corteza Cerebral en las que se guarda la cultura y las vivencias personales (palabras, secuencias de hechos, relación de datos...) la diferencia de potencial también causa esa elección del camino, pero a diferencia de las zonas anteriores, es necesario que transiten por ese camino más veces los impulsos eléctricos. Además, la mejora del funcionamiento de ese canal de Na perdurará más después de haber desaparecido la diferencia de potencial. Y C. En las zonas de la Corteza Cerebral donde surge la creatividad y se elaboran las tendencias ideológicas y también se toman decisiones, en esas zonas la diferencia de potencial será menor, por lo que para que se elija un camino es necesario que circulen los impulsos eléctricos por ese camino muchas más veces, pero si no existe diferencia de potencial que encauce los impulsos eléctricos por uno de los dos caminos, será el propio azar el que elija en un inicio uno de los dos caminos. Pero gracias al uso, la predilección de los impulsos por uno de esos dos caminos perdurará durante mucho tiempo. Es lo que se conoce como "aclarar" ideas. En todo caso, vemos que los surcos de la memoria que te mencioné antes tienen su soporte físico en la facilidad de funcionamiento de unos determinados canales de Na situados estratégicamente. El canal de Na es una proteína intrínseca muy grande y se puede saber la facilidad de su funcionamiento observando su configuración geométrica tridimensional (causada por sus puentes de hidrógeno) mediante difracción de rayos X. Por lo tanto, de esta manera, el escáner podrá leer los surcos de la memoria, aunque eso sí, es completamente imposible descifrar esta información ya que el cerebro de cada persona es distinto. Así, el escáner sólo transcribiría tu memoria, pero con su servicio nadie podría interpretar ni averiguar las imágenes o las ideas que haya guardadas en tu memoria; es imposible. Ya tenemos la primera fase de la lectura del escáner. Ahora toca la segunda fase, la lectura continua. ¿Qué es lo que registra el escáner? Bien, para ti, en un momento dado, tú estás elaborando un pensamiento y sintiendo algo. Cuando elaboras un pensamiento, este pensamiento tiene relación (causa-efecto) con un pensamiento anterior o una sensación que ha sido inmediatamente anterior o que perdura en ese momento. Ese pensamiento en concreto tiene un origen (creativo o mecánico) que dura muy poco y un desarrollo más largo. Pues bien, salvo en el instante creativo (si existe) el resto del pensamiento es utilización de memoria, es decir, es información ya guardada. ¿Y qué importancia tiene esto? ¡Al escáner todo esto le trae sin cuidado, la verdad! Porque es tan rápida su lectura y elaboración de información con respecto al funcionamiento del cerebro, que para él todo es pasado, como si fuera todo memoria. El pensamiento a medio hacer ya es memoria para el escáner. El inicio del origen de un pensamiento, también. En la primera fase, el escáner lee la memoria perdurable en las zonas cerebrales correspondientes. En la segunda fase el escáner también lee memoria aunque sea en las zonas del cerebro donde se elabora el pensamiento continuo, éste que tenemos siempre. Para el escáner sólo hay en un momento dado una serie de canales de Na más o menos activados. Una realidad física, vamos. Pero... ¿y las sensaciones del mismísimo instante? Da igual. No es necesario transcribirlas por el escáner. En un momento estás sintiendo en tu cerebro original y al instante siguiente estás sintiendo en la máquina que da origen a tu consciencia, incluso la misma sensación. ¡No me mires así! Tu pensamiento a medio hacer lo inicias en tu cerebro original y lo concluyes en la máquina que te da la vida. El problema está en la máquina análoga. ¿Cómo sería? No lo sé. Debería ser una máquina grabable y autoprogramable pero que en el momento en el que comenzara a funcionar, tras la muerte de tu cerebro original, diese el mismo resultado que da tu cerebro. No sé cómo podría ser esa máquina. ¡Tu cerebro no puede ser sintetizado por un rayo integrador! Por eso me hice Neurólogo, para conocer el funcionamiento del cerebro y sabiendo esto poder así desarrollar esa máquina análoga, quizás.
--No me creo nada.
--Sabía que me ibas a responder algo parecido.
--Si me transomaran ahora mismo... ¿yo saltaría a otro sitio?
--Para ti sería como si tu entorno cambiara de golpe, casi sin notarlo. Imagínate que hay aquí una bomba de relojería a punto de explotar y que tú lo ignoras. Esa bomba es tan potente que al estallar te daría muerte inmediata. Imagina también que llevaras implantado el escáner sin saberlo. Tú no notarías nada especial en el momento de la gigantesca explosión. Tú me dirías aquí "No me..." y continuarías diciendo en otro sitio "... creo nada". Imagínatelo.
--No consigo imaginarlo.
--Pues eso mismo me pasó aquel día que llegaba tarde a la escuela. Quería imaginar qué me sucedería a mí si me transomaran, pero no lo conseguía. ¿Qué vería y sentiría un instante antes y un instante después de la transomación? Por esa razón caí en la obsesión que me llevó a elaborar conclusiones sobre el funcionamiento del cerebro como las que te acabo de contar y a elaborar también mi filosofía. Tenía que dar respuesta a esa paradoja, que no es otra cosa que lo te voy a contar ahora. Cabe dos posibilidades. Sí. Una es la que sostengo, la de la transomación: cuando tu cerebro muriese, tú no morirías porque seguirías viviendo en otro soporte material. La otra posibilidad sería que cuando tu cerebro muriese, tú morirías también, dejando de existir o marchándote al cielo (o donde corresponda), y naciendo en ese mismo instante una nueva persona que se creería ser tú. Esa nueva persona sería idéntica a ti, con tu mismo encanto, tus proyectos, tus creencias, tus frases repetitivas (tú, tranquilo, qué fuerte, ¿no?), tus manías y ocupando tu puesto. Trabajaría donde lo haces tú y defendería ser tú porque así lo creería y lo sentiría, ya que en el momento de nacer tendría sensación de continuidad porque poseería recuerdos muy próximos. Nacería adulta. Todo un pasado ya determinado del que no es responsable, toda una forma de ser ya fraguada sin haber intervenido en ello; eso en el momento de nacer y sin saberlo. Y el resto de su vida comportándose como lo hubieras hecho tú de haber tenido la misma oportunidad. ¡Qué chollo para los familiares! Sí, pero tú muerta y ella durmiendo con tu hombre.
--Pues no consigo imaginarme en ninguna de esas dos posibilidades.
--Pues sólo hay esas dos. O es una cosa o es la otra. Y claro, yo no conseguía decidirme por ninguna de las dos opciones. Además, es un supuesto no comprobable experimentalmente. O por lo menos así me lo parece. Quizás sea esa paradoja la única que no se pueda resolver experimentalmente de ninguna forma posible. Hasta ahora cualquier teoría o hipótesis se podía descubrir si era cierta o no con un experimento adecuado. Así, de esta forma, la propia Teoría de la Relatividad de Einstein se ha demostrado casi en su totalidad de que es cierta. Se ha logrado por comprobaciones indirectas.
--¿Sí? ¿¡Se puede viajar al pasado!?
--Perdón, la Teoría de la Relatividad no afirma que se pueda viajar al pasado. Eso que tú preguntas surgió después. Siguiendo con lo mío. ¿Cómo se comprueba que cuál de las dos posibilidades es la única verdadera? Si te sometes al experimento, ¿tú te transomas o eres sustituida por otra persona que se cree que eres tú? ¿Eh? ¿Eso lo puedes saber tú? ¿Quién lo puede saber? ¿Y cómo? Imagina que ya te has sometido al experimento, ¿sabrías qué te ha pasado? No. Cogerías un retrato que te hubieran hecho unos momentos antes del experimento y le preguntarías: "¿Eres yo?" ¿Pero qué es lo que hubiera ocurrido realmente? La realidad es única y en este caso parece resistirse obcecadamente a ser desvelada. ¿Ese experimento es de imposible resolución? ¿Es una paradoja? No, no es una cuestión de fe. Decir "yo creo en la transomación" o "yo no creo en la transomación, sino en la sustitución por alguien idéntico" eso a mí no me sirve de nada. Es solo una intriga más que hay que resolver como cualquier otra, pero no es suficiente con experimentar. Sólo se descubriría la realidad pensando y reflexionando; es pura filosofía. Alguien tiene que conseguirlo. Y si se hiciera el experimento sin haber encontrado todavía una respuesta intelectual, sería una forma de engañarse y seguramente también sería inmoral. ¿Te someterías voluntariamente a la prueba un día prefijado sin saber si serías transomada o sustituida? Me impuse la obligación de desvelar este misterio forzando mi imaginación. Por eso a lo largo de los años elaboré una filosofía que no ha sido suficiente para resolver el enigma y que parece decantarse por la posibilidad de la transomación. Es mi creencia particular: Codependencia espíritu-material.
Atención: A partir de este momento comienza una disertación complementaria que no es imprescindible leer para comprender el argumento de esta novela, aunque sí le da mayor credibilidad. Nos haría ilusión que esta disertación fuera leída, pero si lo deseas puedes continuar disfrutando de la trama de esta novela a partir de la anotación FIN DE DISERTACIÓN, situada visiblemente a lo largo del texto (o haciendo click
aquí).
--¿¿Espíritus?? ¡Pero si no has hablado de otra cosa nada más que de materia!
--Espera. Déjame que te explique. No es tan contradictorio como parece. Si están íntimamente relacionados el tiempo y el espacio, la materia y la energía, y todo junto a la vez, según explicara Einstein y se demostrara después, ¿por qué no va a estar íntimamente unido lo espiritual y lo material, necesitándose mutuamente para existir? ¿Eh? ¿Por qué no?
--Pero... ¿por qué sí?
--¿Pero por qué no?
--Anda.
--Bah, Sabía que me iba a pasar esto.
--No, tú me dirás. Cuenta. No te pares, que eres libre de pensar lo que quieras. Ya te contaré después lo que opino yo.
--Bien. Yo no quiero decir que no pueda haber existencia o consciencias puramente espirituales, libres de materia, en un más allá o algo así. No lo sé. Saber si puede ser así o no... es algo que escapa a mi capacidad. Puedo creerlo o no, pero no puedo saberlo con certeza. Y como no puedo saberlo con seguridad no me complico la vida con este tema. Que se jorobe la cuestión. Pero de lo que sí estoy convencido es de que esta realidad que nos rodea y de la que formamos parte es material, pero también es espiritual a un mismo tiempo. ¡Pero qué dice este tío! Bueno. Yo me entiendo. Pues, eso. Ya está. Nada. Yo me entiendo.
--¿Eh? ¡Sigue! Tú te entiendes, ¡pero yo quiero entenderte a ti! Continúa.
--Era una broma, con poca gracia, pero era una broma. Pues... creo que he perdido el hilo de lo que estaba diciendo. Ah, sí. Que... ¿¡Qué es espíritu!? Para que me comprendas tienes que saber antes qué es lo que entiendo yo por la palabra espíritu. Mi definición de espíritu está basada en el pensamiento de Aristóteles, que es el primer gran pensador y el que más ha influenciado en las filosofías posteriores. Incluso las confesiones religiosas cristianas e islámicas están también influenciadas por su forma de entender la relación entre lo espiritual y lo material. Aristóteles creía en el Más Allá, pero yo sólo tomo de él lo referido al Mundo éste en el que estamos.
--Pero si existe el Más Allá, ¿para qué preocuparse con erradicar la muerte?
--Pero, no se sabe cómo es. ¿Y si no existe? Seguramente sí existirá. Pero ante la duda... ¿Y si en el cielo no hay sexo, eh? Mejor será quedarnos aquí. Además, no hay nadie que no tema a la muerte. Es el instinto de supervivencia con el que hemos sido hechos. Es un instinto animal, porque todo animal (y toda planta) hace lo máximo posible por sobrevivir. Un ejemplo de todo esto: un día estaba el anciano Papa, el de Roma, asegurando a cientos de miles de jóvenes de que Dios les da la vida eterna gratuitamente y con toda seguridad, etc., etc. Y ellos como es lógico estaban emocionados y jubilosos. Pero seguidamente el Papa comenzó a toser angustiosamente y a todos los presentes se les heló la sangre, porque la idea de la muerte propia y de los conocidos tritura el ánimo a quien sea, incluso a los más creyentes. Es nuestro instinto más básico y elemental, ya te lo he dicho, el de sobrevivir siempre. Y si Dios nos ha hecho así será por algún motivo, supongo. Él quizás nos habrá dado el dolor y el placer para que luchemos por la vida y la salud, creo que sí. Pero nada, que te vas a morir, pues tú tranquila, te transomas y problema resuelto. Y te transomas las veces que haga falta. Posiblemente sea ese el reto del serio juego de la vida. Puede que morirse sea el mayor fracaso de una persona. No lo sé. Es todo un jaleo.
--También puede ser que solucionar el problema de la muerte sea un poco más complicado que lo de la transomación esa.
--Eso también sabía que lo ibas a pensar. Una explicación demasiado sencilla sobre un tema tan transcendente, ¿verdad? Para ampliar tu horizonte de miras te voy a contar una historia real de una explicación demasiado sencilla sobre un tema demasiado transcendente que lógicamente no convenció a nadie. Le sucedió al mismísimo Aristóteles, para que veas. Aristóteles ha estado considerado en todas las épocas como uno de los mayores genios. Cuando vivía también tenía fama y gran éxito por sus pensamientos en todos los temas, desde lo ulterior y la ciencia hasta la economía y la política. Pero hubo una cosilla que no se la tuvieron en cuenta. En aquella época, estamos hablando de unos doscientos años antes de Cristo, algunos griegos observaban que en la lejanía del Mar a los barcos sólo se les veía la parte alta, la vela, y no se les veía la quilla. Y se cuestionaron con esto si no sería realmente la Tierra redonda. Aristóteles, junto a sus colaboradores, observando los ciclos de las estrellas llegó a la conclusión de que el eclipse de Luna estaba provocado por la sombra de la Tierra. Pues bien, en el eclipse de Luna se observa que esa sombra es redonda... ¡y la sombra siempre tiene la misma forma que el objeto que la proyecta! ¡La Tierra era redonda! Pero había otro elemento más esclarecedor aún. Al observar las estrellas, sin preocuparnos de los ciclos de sus movimientos, se detecta con facilidad que una misma estrella en un mismo momento se encuentra en distinta posición según si la miras desde el Norte o desde el Sur. Y así ocurre con todas las estrellas. Por ejemplo, la Estrella Polar en Libia se ve situada al Norte. Y ese mismo día y a la misma hora la estrella Polar en Finlandia se ve en lo más alto de la cúpula celeste. Lo mismo sucede con la Luna y el Sol, se ven con distintas perspectivas a un mismo tiempo según en la región en la que te encuentres. Aristóteles se percató de esto. Y él sabía que las estrellas estaban lejanas y que la única explicación a las diferentes perspectivas con las que se veía una misma estrella según la latitud residía en que la Tierra forzosamente debía ser redonda. Él lo contó pero nadie le creyó. Y tuvieron que transcurrir ¡más de 1.700 años! hasta que por fin las gentes se convencieron de que la Tierra era realmente redonda. No le creyeron. ¿Pero por qué? Porque se dejaban llevar por la apariencia y aquellas les parecían explicaciones muy sencillas para un tema muy transcendente y, además, esas explicaciones provocaban más preguntas sin respuesta. Si la Tierra era redonda, ¿encima de qué estaba? ¿O de qué "cuerda" colgaba? Aristóteles no tenía obligación de saber la respuesta de esas cuestiones. Él había descubierto que la Tierra era redonda y estaba en lo cierto. Para qué más explicaciones. Pues nada, hasta que Juan Sebastián Elcano no le dio la vuelta a la Tierra no terminaron de convencerse las gentes. Lamentable.
--Y tú te sientes identificado con Aristóteles, ¿no?
--Bueno, no. Sólo he querido decir con todo esto que a veces hay explicaciones sencillas que dan respuesta a cuestiones que parecían muy complicadas, y claro, cuando pasa esto la gente no cree esas explicaciones porque esperan respuestas más elevadas y sofisticadas. Con esto te adelanto que las reflexiones éstas mías que defienden la idea de la transomación te van a parecer, quizás, demasiado sencillas. Pero yo creo que esta parte de la realidad es así. Comienzo ya de una vez. Todo a lo que tenemos acceso con nuestros sentidos, todo de lo que tenemos conocimiento de que nos está rodeando, todo ello tiene una base material. Sí, es materia. Y la energía, ¿qué? Podrías preguntar. Bueno, al decir "materia" incluyo también la energía para resumir y por estar ambas íntimamente ligadas como explicara Einstein y se demostrara después en las explosiones nucleares y en los experimentos de partículas de laboratorio. Pero... si todo esto es materia... y la materia en sí es una única realidad, una sola cosa, materia, cómo es que yo veo a mi alrededor una maravillosa diversidad de presentaciones cambiantes, de objetos distintos y muchos de ellos irrepetibles. Sí, es así, pero desde luego la materia es la misma siempre. ¿Por qué se presenta de distintas formas? ¿Por qué los distintos objetos parecen estar hechos de materia distinta? ¿Qué hace que parezca distinta la materia en cada sitio y ocasión? La diferencia está dada por el orden en el que se encuentra distribuida la materia. Lo que diferencia a unas cosas de otras es la disposición espacial de los trozos de materia que las conforman. Una misma materia, según se distribuya espacialmente, da origen a todo lo que ha habido, hay o podrá haber. Las distintas realidades y los distintos sucesos aparecen y desaparecen, y la materia es siempre la misma. Todo procede del polvo y todo se transforma en polvo. Si sólo hubiera materia, sin más, sólo habría polvo. Pero aquí hay algo más. Aquí hay formas y eso es lo verdaderamente importante. Estas formas necesitan un soporte material pero son responsables de que la realidad sea como es. Estamos en un Universo material, sí, pero afortunadamente espiritualizado también. La materia si no estuviera espiritualizada sería un polvo tonto sin interés ni utilidad alguna. No estaríamos nosotros. No existirían estas formas tan específicas y tan bien hechas como éstas -mientras defendía esto, Jaime utilizaba sus dedos para perfilar con escasa separación las formas de Jesabel--. Un ejemplo, cuando las llamas de un incendio reducen a cenizas a un palacio bellísimo, la mayoría de la gente cree que se ha producido una gran pérdida material; pero no es cierto, puesto que la materia se encuentra todavía ahí, en forma de escombros y cenizas. Lo único que se ha perdido son las formas en las que se encontraba ordenada esa materia que ahora está en el suelo. Pero no importa, porque con un "poco" de esfuerzo se puede levantar de nuevo ese mismo palacio volviendo a ordenar de igual forma otra materia. Ya ha ocurrido: Palacio de la reina de Inglaterra, reparaciones del patrimonio artístico, etc. Pero... ¿y qué entiendo yo entonces por la palabra "espíritu"? Olvídate de lo que significa normalmente esa palabra. Olvídate de lo que pone en el diccionario, porque yo, cada vez que utilice esta palabra en estas explicaciones, le voy a dar mi significado particular. Así que a partir de ahora cada vez que oigas la palabra "espíritu" tienes que recordar el siguiente significado: "Espíritu" sería "orden material" específico, o sea, el orden en la disposición espacial de la materia. Un espíritu determinado es así una de las posibles formas en las que se puede colocar la materia. O sea, todas las cosas materiales que han existido, existen o podrán existir, tienen su espíritu particular, porque un espíritu determinado no es nada más que una posibilidad espacial que puede hacerse real o no; es como un hueco rellenable de materia que se rellena o no. Es potencial. Ya que la materia está formada por partículas, una de las posibles formas en las que se pueden agregar estas partículas es un espíritu determinado, y una de las posibles formas en las que se pueden recolocar las agregaciones de partículas es también un espíritu determinado. Por lo tanto observamos así que puede haber espíritus conformados por otros espíritus dependiendo todo esto del tamaño al que nos refiramos. Y al aumentar en el tamaño, los espíritus, que están conformados por otros espíritus, se van haciendo más complejos y únicos. ¿Por qué más únicos? Porque se multiplica el número de espíritus posibles al aumentar el nivel de tamaño. Lo vas a entender mejor con ejemplos: Piensa en las partículas más pequeñas de la materia. Son los quarks, quizás, pero para entendernos mejor vamos a suponer que son las partículas elementales, es decir, los electrones, protones, neutrones y demás. Bien. Lo que diferencia a estas partículas, las unas de las otras, es su forma espacial y su resultado. Lo de "la forma del resultado" lo voy a explicar después y ahora sólo voy a explicar lo referido a las formas espaciales. Estas partículas elementales, que son alrededor de 300 solamente, se diferencian unas de otras por su forma espacial (además de su resultado). Y tienen diferente forma porque tienen distinto tamaño y distinta cantidad de materia distribuida de distinto modo con diferentes densidades en los distintos puntos que la conforman. Dicho de otra manera, la forma espacial en la que se ordena la materia da origen a los distintos tipos de partículas elementales. Por lo tanto, existe por ejemplo un espíritu determinado al que podemos llamar "espíritu del electrón". Estas partículas elementales al juntarse conforman los átomos. Cada átomo es distinto según el número de partículas elementales que lo conforman y la disposición espacial en la que se distribuyen estas partículas. Así, existe por ejemplo un espíritu determinado al que podemos llamar "espíritu del átomo de Oxígeno" cuya existencia sólo es posible gracias a otros espíritus pertenecientes a un nivel de tamaño menor. Los átomos se unen conformando moléculas. Y algunas de estas moléculas se recolocan para conformar tejidos y órganos y organismos. Existe el espíritu determinado al que podemos llamar "espíritu del corazón humano", y también el "espíritu de la célula humana" y el "espíritu del cuerpo (soma) de Jesabel Espinosa de los Monteros López", por ejemplo. Incluso el "espíritu de Asia" o el "espíritu de la Vía Láctea". Pero claro, también hay movimiento. Pero el movimiento no es nada más que el cambio de las formas, o sea, el cambio de la disposición de las partes de materia que componen el objeto, a mayor o menor velocidad, provocando que el objeto cambie y sea otro. O bien que el objeto entero se desplace con respecto a los alrededores. Pero en qué forma cambian las formas espaciales. Viene determinado por el entorno, estando a su vez las distintas partes de ese entorno determinadas por su propio entorno. Los cambios de formas son los sucesos a través del tiempo. Y todo suceso está determinado por las cercanías espacial y temporal, es decir, en todo suceso hay una relación causa-efecto. Para que exista toda la diversidad de formas actuales han sido necesarios los sucesos. La forma en la que cambian las formas puede llevar una dirección constructiva (a mejor) o destructiva (a peor), es decir, puede crear formas espaciales mejor ordenadas o peor ordenadas. Las formas espaciales mejor ordenadas pueden dar origen mediante sucesos mejor dirigidos a formas mejor ordenadas aún. Es la Evolución hacia un mejor ordenamiento de las partes de la Materia y en consecuencia una mejora de los sucesos. La Evolución es una recolocación continua hacia ese mejor ordenamiento. Si no se hubiera llevado por buen camino el reordenamiento de materia en esta zona del Universo, aquí sólo habría polvo de estrellas.
--Si aquí la materia sólo estuviera presentada en forma de polvo de estrellas, la materia estaría poco ordenada, ¿no?
--Y peor ordenada. La materia está muy ordenada en un objeto sólido, como puede ser un diamante perfecto sin vibraciones (y para que no tenga vibraciones internas debe estar congelado) pero la materia estuvo mejor ordenada que en ese diamante, por ejemplo, cuando formó parte de las zonas creativas del cerebro de Einstein en el momento en el que éste comenzó a sospechar la Teoría de la Relatividad. Esas zonas cerebrales de Einstein estaban conformadas por materia en estado líquido o partes sólidas disueltas en líquido, todo a una temperatura de unos 37 grados centígrados, vamos, que la materia estaba menos ordenada que en un diamante congelado, pero gracias a esto la materia estaba más cambiante, podía cambiar de formas con suficiente rapidez y lo hizo, y éste cambio fue a un mejorcísimo reordenamiento. ¡Qué suerte! Bueno, la materia cuanto mejor está ordenada tiende a ordenar mejor a la materia de su entorno. Es una tendencia natural. Pero para que esto ocurra son necesarios cambios, y por lo tanto, es necesaria una flexibilidad de movimientos. En un diamante congelado no hay movimientos. Pero estos movimientos además de ir bien encaminados no deben ser muy veloces, es decir, no deben ser muy bruscos, porque si no, desordenan la materia; la materia quedaría menos ordenada y podría provocar también que la materia del conjunto de un espíritu quedase peor ordenada ya que la materia peor ordenada aumenta las posibilidades de que empeore el ordenamiento de la materia o se desordene totalmente (transformación en polvo). El propio movimiento puede ser tan brusco que directamente desordene totalmente la materia (explosión o rayo desintegrador). Mira, la vida celular surgió en nuestro planeta en el agua a una temperatura de unos 20-25 grados centígrados, es decir, en un lugar con cierta flexibilidad de movimientos. Pero tardó mucho en aparecer, porque el tenue oleaje fue creando una y otra vez distintas formas con las partículas sólidas disueltas en agua que se iban "pegando". Y a base de probar y probar surgió una forma más elevada, mejor ordenada. Esa forma de recolocación de materia obligó a la materia de su entorno a que se recolocara mejor. El comienzo es el más difícil y el más lento, pero a lo largo de la Evolución, al recolocarse mejor la materia, disminuyen las posibilidades de desordenamiento material y el camino hacia una mejora es cada vez más fácil y rápido. ¡Pero Einstein murió! Pero quedó su legado, que ha seguido una evolución positiva en los cerebros de aquellas personas que han sabido dar aplicaciones positivas a los descubrimientos de Einstein. A la mejora del ordenamiento material la he bautizado con el nombre de "Inteligencia Universal". También existe la evolución negativa, quiero decir con esto que la dirección del reordenamiento puede también empeorar las formas, quedar peor ordenada la materia. Por ejemplo, se inicia un malfuncionamiento orgánico en el cuerpo de un genio, y este genio con toda su genialidad la palma y se transforma en polvo y abono de plantas. Otro ejemplo, toma una mala decisión un señor poderoso y arrastra a miles de personas al desastre. Pero cuanto mayor sea el grado de mejora en el ordenamiento material, menores son las posibilidades de una evolución negativa. Pero siempre puede ocurrir un accidente, es decir, un choque rápido que disminuya el orden (desordene) de lo ya logrado, debido esto a una interacción material excesivamente veloz que descoloca las partes materiales que se habían conseguido recolocar. Por ejemplo, un cometa choca brutalmente contra la superficie terrestre y transforma todo en polvo y humo. Pero también puede ser que la evolución tecnológica humana haya llegado a un nivel tal que evite el choque de ese cometa. El origen de un accidente o de una mala evolución puede ser muy azaroso. Es el efecto mariposa. Por otro lado, en una revolución, en la que la evolución natural transcurre forzada y demasiado deprisa, aumentan las posibilidades de choques destructivos. Quizás una revolución sea una evolución negativa pero que con suerte puede acabar en un gran salto evolutivo.
--¿Eres revolucionario?
--Me estaba acordando ahora mismo de la revolución tecnológica, la revolución científica, la revolución genética... Bueno, dejando atrás todos estos ejemplos... En definitiva, el tiempo y la velocidad juegan un importante papel en el bien ordenamiento de la materia. Por lo tanto, los posibles acontecimientos son también espíritus, son "espíritus de cambio a lo largo del tiempo". Tenemos así "espíritus de formas" y "espíritus de sucesos" por llamarlos de alguna manera. Y en los "espíritus de sucesos" también interviene el nivel de tamaño. La "forma del resultado" de las partículas elementales no es otra cosa que el giro (o spin) de esas partículas, es decir, los cambios de formas que experimenta la materia que conforma esas partículas a través del tiempo. Debido al distinto resultado que da cada partícula elemental (distintas formas del resultado, o distintos cambios de las formas espaciales de la materia que las conforman), estas partículas al unirse dan origen a los distintos átomos. Y según el resultado que puedan dar estos distintos átomos así se construyen las diversas moléculas. Algunos tipos de moléculas pueden dar origen a varios tipos de células. Y según el resultado de las células pueden así dar origen a los diversos órganos y según el resultado de estos órganos así pueden ser los organismos. Y algunos de estos organismos son los humanos. La consciencia humana es el sutil resultado de una serie continuada de sucesos bien encaminados por un mecanismo bien colocado. Sería la consciencia humana por tanto un "espíritu de sucesos" conformado continuamente por otros "espíritus de sucesos" más cortos en el tiempo e íntimamente conectados. No todos los humanos somos iguales ni damos el mismo resultado. Según la forma espacial de cada individuo humano (o más bien las formas espaciales de determinadas partes de su cerebro) así serán sus resultados. Y estos resultados serán causa directa de distintos sucesos. Unas personas dirigirán bien la economía de millones de personas y otras prepararán coches-bomba. Hay un espíritu de sucesos muy exclusivo que se llama Jesabel Espinosa de los Monteros López, que da unos resultados que supongo deben ser interesantes.
--¿Y todo esto qué tiene que ver con la paradoja de la transomación-o-sustitución?
--De todo lo contado hasta ahora de mi filosofía, se puede inferir lo siguiente. Los "espíritus de formas" en sí son sólo posibilidades (potenciales) y no podemos saber el número de ellos que hay, porque muchos de ellos no han sido rellenados por materia y muchos nunca van a ser rellenados nunca. Y de los "espíritus de sucesos" muchos de ellos no van a acontecer nunca. No se puede saber cuál es el número de espíritus que hay, pero yo creo que es un número enorme aunque limitado (no es infinito). Es mi creencia particular. Pero para creer esto me baso en las limitaciones a los espíritus. Hay cosas y sucesos que nunca podrán existir por cuestión de lógica (limitaciones lógicas) y también hay cosas y sucesos que tampoco podrán existir por culpa de las leyes de la Naturaleza (limitaciones físicas). Por lo tanto estos espíritus no existen en la realidad aunque los podamos imaginar. Las limitaciones pueden parecer escasas, pero solamente las limitaciones impuestas por las leyes de la Naturaleza son responsables, por ejemplo, de que en el caso de que hubiera formas de vida en otros planetas, estos planetas forzosamente serían muy similares a la Tierra y esas formas de vida obligadamente estarían constituidas por proteínas, azúcares, grasas, minerales y sobre todo por agua. Para que veas. Por otro lado, en los niveles de tamaño más pequeños vemos que los "espíritus de formas" que están rellenos de materia son pocos. Así, sólo habrá unas 300 partículas elementales y sólo hay poco más de 100 átomos distintos. Pero conforme aumentamos los niveles de tamaño, observamos que se multiplica el número de espíritus. Así hay miles de moléculas diferentes que conforman las cosas que no tienen vida y habrá cientos de miles de millones de moléculas distintas que conforman los organismos vivos. A medida que aumentamos el tamaño se multiplican los espíritus posibles y por lo tanto los espíritus que están o han estado rellenos de materia. Es lógico. A niveles de tamaño mayor, los espíritus están conformados por otros espíritus que a su vez están conformados por otros más pequeños. Por ello las posibilidades de que haya diferentes espíritus complejos aumentan. Y estos espíritus cuanto más complejos, más exclusivos son. Me explico. Los espíritus, como realidades potenciales que son, no tienen sujeción espacial ni temporal, es decir, están en todos sitios y en ninguno a la vez. El que uno de estos espíritus se rellene de materia en un lugar específico del Universo vendrá dado por las circunstancias, es decir, por la disposición material del entorno y por los sucesos anteriores (relación causa-efecto). Si un espíritu determinado, como posibilidad potencial que es, está en todos sitios y en ninguno en concreto, ¿puede rellenarse de materia en dos lugares a la vez? Sí, pero eso sólo ocurre a niveles de tamaño pequeño. El "espíritu electrón" está rellenado de materia en muchos sitios a un mismo tiempo. El "espíritu molécula de glucosa" está rellenado a un mismo tiempo en menos sitios. El "espíritu Jesabel Espinosa de los Monteros López" sólo va a estar rellenado en un único lugar y mientras viva esa persona. Esto es así porque a mayor complejidad hay mayor diversidad pero menor posibilidad de repetición; más particularidad. Los espíritus complejos son exclusivos. En el caso de los humanos esa posibilidad de repetición ya es nula. ¿Pero esta complejidad por qué está dada? Tanto por el mayor nivel de tamaño como por el cada vez mejor ordenamiento de la materia. Sí, así la reproducción sexual es un paso evolutivo porque aumenta la diversidad de los individuos frente a la reproducción asexual. Cuando tú mueras las posibilidades de que tu espíritu exclusivo vuelva a ser rellenado de materia azarosamente son tan pequeñas como que tu singular espíritu esté rellenado de materia ahora mismo en dos o más sitios a la vez. Cuando tú mueras, y por tanto tu materia rellene malvas o nutridos cipreses, seguramente ninguna materia volverá a reordenarse azarosamente para rellenar tu espíritu. A no ser, claro, que alguien o algo lo provoque directamente. Ese alguien puede ser Dios. Pero también puede ser un humano con una tecnología avanzada. Imagínate que después de muerta rellenan los humanos otra vez con materia tu espíritu. Pues eso sería algo tan natural como lo que es en sí, un simple suceso excelentemente ordenado (alto nivel evolutivo) que ordenaría mejor la materia, al igual que ocurren otros tantos sucesos continuamente, pero que en este caso el mejor ordenamiento sería guiado hacia que tú continuases viva y por lo tanto triunfante acorde a tu naturaleza que te fuerza a sobrevivir siempre. Tu naturaleza propia te hace con esa necesidad de supervivencia porque eres un alto grado evolutivo, o sea, tú eres materia bien ordenada, exclusiva y excelentemente ordenada. Porque la verdad sea dicha, estás... muy bien ordenada. Conforme nos vamos mejor ordenando en nuestros resultados los humanos, hay menos posibilidades de regresar a un peor ordenamiento. Si no hay ningún accidente casual (choque material) iremos a mejor (aunque sea a trancas y barrancas) y al final resolveremos todos nuestros problemas. Por otro lado tengo que aclarar que la transomación no es un planteamiento mágico como pudiera parecer, en el que una consciencia desapareciera y apareciera en otro lugar distinto, sino que la idea de la transomación se refiere a un hecho material posible, a un suceso continuado materialmente con su línea continua causa-efecto. Sería la materialización de un "espíritu de suceso". Así, la materia ordenada del cerebro ordenaría mejor la materia del escáner (siempre teniendo en cuenta el continuo cambio temporal) que a su vez ordenaría mejor las variaciones de las ondas de radiofrecuencia, que a su vez éstas ordenarían mejor la materia del ordenador receptor y éste a su vez ordenaría mejor la materia del cerebro artificial. Se ordenaría mejor esa materia del cerebro artificial pero además se ordenaría de idéntica forma a como lo estaba en el cerebro original o de tal manera que este cerebro artificial diese el mismo resultado exacto en el cerebro original. Todos estos sucesos en la transomación no son nada mágicos, más bien ocurren en nuestro alrededor continuamente por separado y en otros ámbitos. Dije antes que los espíritus determinados conforme son más complejos también son más únicos, pero se me olvidó decirte que también son más flexibles. Así, tú puedes cambiar tu personalidad, tus conocimientos y tu memoria según tus circunstancias, e incluso seguir madurando, pero tú sigues siendo la misma, ¿o no? ¿O quizás te vas construyendo y conduciendo a ti misma continuamente...?
--¡Ay ay ay ay! Ohh. Me duele la cabeza. Y tengo un sueño extraño.
--Lo comprendo. Pero me queda lo más importante. Aguanta un poco, por favor. Imagínate una transomación distinta. Una transomación directa y continua. ¿Cómo? Así. Imagina que por el simple hecho de experimentar y satisfacer su curiosidad, "ellos" están sustituyendo pequeñas partes esparcidas de tu cerebro por unos mecanismos artificiales que cumplen exactamente la misma función que las zonas cerebrales arrancadas. Todas las tardes te harían una pequeña sustitución. ¡Sí! La idea es que al final sea sustituido todo tu cerebro por maquinaria artificial que dé exactamente el mismo resultado que daba tu cerebro original. La pregunta es: ¿transomación o sustitución?, he ahí mi cuestión. Bien, si se produce "transomación" no hay problema. Pero si se produce "sustitución" por otra persona idéntica surgen nuevas preguntas: ¿cuándo se produce la sustitución de personas? ¿cuando haya sido sustituido el 10 % del cerebro original? ¿cuando haya sido sustituido el 50 %? ¿cuando haya sido sustituido el 90 %? ¿o quizás cuando haya sido sustituido el 100 %? ¿o en algún momento estarían las dos personas vivas? A mí me da la impresión de que en el experimento cambiaría tu soporte material pero tú seguirías siendo la misma. Es lo mismo que sucede en la transomación de salto, pero más lento y gradual. Ahora imagínate otro supuesto en el que la tecnología actual permitiese sintetizar pequeños trozos vivos de cerebros humanos. Imagina que a ti te quitan pequeñas porciones diseminadas de tu cerebro y las sustituyen por idénticas porciones cerebrales de origen sintético. Al final ellos cambiarían la materia de tu cerebro pero el nuevo cerebro tendría la misma forma exacta y el mismo funcionamiento que tu cerebro original. No sería mucho lo cambiado, desde luego. ¿En qué momento de la sustitución cerebral morirías y nacería tu sustituta? ¿Viviríais las dos juntas? Pues tengo que desvelarte una realidad, esa sustitución la estás sufriendo ahora mismo y sin saberlo.
--¡Pero qué dices!
--Pero de forma natural, al igual que todos los demás. Porque tú no vienes del polvo y vas al polvo, como dijiste, sino que tú te estás deshaciendo en polvo ahora mismo y te estás haciendo del polvo al mismo tiempo. Sí. La materia de tu cuerpo está siendo sustituida continuamente, incluida la de tu cerebro. Conservar las estructuras vivas en un equilibrio dinámico es un hecho bien conocido en Biología, el "steady state" biológico. Dentro de dos meses no conservarás ninguna de tus células sanguíneas actuales. Tranquila, porque éstas serán sustituidas por otras nuevas que darán el mismo servicio. Dentro de unos años tampoco conservarás ninguna de tus actuales células de la piel, pero podemos decir que tu piel será la misma. Lo mismo ocurre con el resto de tu cuerpo. Dentro de unos años casi todas tus células serán sustituidas y las proteínas que conforman tus neuronas también. Incluso unas pocas neuronas también serán sustituidas. Pero tú serás siendo la misma, porque no creo que seas sustituida cada cierto tiempo de forma natural. Eres como un tornado ralentizado.
--¡Cómo!
--Sí, te explico. No es un símil afortunado... Pero, bueno. Si tú miras a un tornado y lo vuelves a mirar pasados unos cinco minutos, el tornado puede haber evolucionado, pero evidentemente el tornado seguirá siendo el mismo. ¿Y la materia que lo conforma? No es la misma, porque entra y sale a gran velocidad. Está claro. Entran y salen las partículas de polvo, y entran y salen también las partículas de los gases del aire. Pues de igual forma la materia entra en ti todos los días a través de la comida y sale en forma de urea, ácido úrico, dióxido de carbono, amoniaco, etc. Todos los días tienes que tomar una cantidad tangible de proteínas que asimilas directamente a tu organismo, pero si no te hubieras deshecho de ellas a la misma velocidad que las ibas asimilando, ahora tendrías más de mil kilogramos de pura fibra proteínica. Vivir es caro, desde luego. Tu materia entra y sale rápidamente pero tú sigues siendo la misma porque conservas las formas (aparte de tu desarrollo por la edad). Por ejemplo, si tomaras una sustancia capaz de modificar tus formas lo haría rápidamente. Sí, lo digo porque si te administraras hormonas masculinas en cantidad, en poco tiempo tendrías bigote y el músculo erector de tu clítoris crecería hasta transformarse en un pene.
--Madre.
--Algunos médicos ya practican la sustitución genética en vivo. Sí, a algunos pacientes ya se les han sustituido genes defectuosos a través de inyecciones y esas personas siguen siendo las mismas pero sin los problemas de salud. Imagínate que te sustituyeran los genes responsables del envejecimiento. Estos genes quizás sean los que impiden la producción de telomerasa, ya que las células viejas son viejas porque sus telómeros son cada vez más cortos por inexistencia de telomerasa. La telomerasa sólo existe en los siempre jóvenes espermatozoides, los siempre jóvenes óvulos y las siempre jóvenes y alocadas células cancerígenas. Y la existencia de telomerasa en estas células se debe a sus genes. En todo caso, con la sustitución de algunos genes determinados observamos que la materia fluye y el individuo sigue siendo el mismo. ¿O al cambiar algunos de tus genes mueres y eres sustituida por otra persona?
--Si alguna vez me cambio genes, que sean poco relevantes.
--¿Qué es la vida? ¿Es un mecanismo que incluso se puede parar y después reanudar? Los embriones humanos congelados hasta cinco años se paran completamente, conservan sus formas y después continúan con su desarrollo hasta dar origen a personas normales. En las prácticas de la Facultad nos presentaron a un gusanillo microscópico que llamábamos "Reanimator". Todos los años lo descongelaban para que lo viéramos coletear a través del microscopio. Al finalizar las prácticas lo volvían a congelar en nitrógeno líquido hasta el año siguiente, parándose así su vida. Una existencia apasionante. Y un microorganismo conservado en un cristal natural durante millones de años fue revivido no hace mucho. El mecanismo de su vida estaba paralizado pero su materia conservaba las formas. Otros científicos intentan devolver a la vida a una especie de mamíferos australianos extinguida, a partir del ADN "paralizado" de un individuo conservado en formol. Parecido a lo de Parque Jurásico. ¡Ah! También tengo otra baza que defiende la idea de la transomación. Cuando en una película de ciencia-ficción aparece una teletransportación (a otra nave, dimensión o época histórica), no ha habido nunca nadie que al verla haya dicho que el personaje que se teletransporta muere en realidad y es sustituido por otra persona idéntica que se cree que es él. Por lo tanto, lo de la transomación es cierto. ¡Qué me dices ahora!
--Pero... eso de las películas es una tontería.
--Lo sé. Era otra broma para amenizar un poco.
--Madre mía. Tú estás convencido de que se puede evitar la muerte.
--Casi convencido.
--Pero... ¿y si la muerte fuese necesaria?
--Pues si es necesaria... mátate aquí ahora mismo y así no esperas para hacer tu necesitada contribución.
--No podría.
--Si no puedes es porque va en contra de tu naturaleza.
--Quizás el fallo evolutivo esté en que se le tema siempre a la muerte. Creo que la perfección evolutiva sería que tras tener descendencia autosuficiente o al llegar a cierta edad ya no se temiera a la muerte y se accediera a ella gustosamente.
--Pero no es así. La imperfección evolutiva es que sepamos que vamos a morir irremediablemente y la siguiente mejora evolutiva sería resolver el problema de morir al igual que otros tantos problemas ya hemos sabido solucionar.
--O dejar de tenerle miedo a la muerte sin dejar de respetar la vida. Te digo yo que la muerte es necesaria.
--¿Por qué?
--¡Cómo que por qué! Porque no cabríamos en la Tierra ni habría suficientes recursos. Claro, la gente seguiría reproduciéndose.
--Pues que no se reproduzcan, ya no haría falta.
--¡Anda! ¿Y la regeneración de savia nueva? Eso sí que sería una parada en seco del Progreso y de la Evolución. Nunca nacerían nuevos líderes, genios y artistas que aportasen ideas nuevas y alegraran así más la vida. Y la sociedad se estancaría sin la rebeldía positiva de los adolescentes y las nuevas generaciones queriendo poner fin a los fallos de las generaciones anteriores. Se detendría la evolución de la sociedad. La dominación sobre la mujer musulmana y las costumbres bárbaras nunca serían abolidas por nuevas generaciones disconformes. Y los conflictos, las guerras y los odios raciales se alargarían por siempre. Una guerra sin muertos sería terrible; el enemigo podría quemarte una y otra vez, una y otra vez. Tampoco habría relevo profesional. Es más difícil desaprender el vicio de lo que ya es inútil y aprender lo nuevo, que aprender desde cero. Mira, mi padre tardó mucho más que mi sobrino en aprender cómo se usa el móvil y el Internet. ¡Se frenaría el desarrollo tecnológico! Es más fácil enseñar ingeniería a un joven con su mente abierta que al que lleva treinta años desarrollando un trabajo monótono, con sus hábitos ya cogidos.
--Bueno, tampoco habría nadie sin experiencia profesional.
--Sí, pero es más fácil hacer comprender a un niño que desde la torre de Pisa, por ejemplo, cae a la misma velocidad un elefante que una hormiga (sin tener en cuenta el rozamiento del aire) que a alguien que lleve cuarenta años creyendo que el elefante cae a mayor velocidad porque pesa más.
--Vale, vale, vale.
--No, es cierto. Un mundo sin críos pequeños, qué extraño. Tener hijos da sentido a la vida, que se lo pregunten a cualquier madre. Al final no cabríamos todos en este planeta y los demás planetas conocidos son inhabitables.
--¡Qué no hay problema! Se tiene un hijo cada mil años y se le mima mucho.
--Pero la gente se aburriría y se separarían los matrimonios y se casarían una y otra vez y siempre lo celebrarían teniendo hijos y éstos harían lo mismo. ¿O vas a prohibir tener hijos?
--¡Por favor! Yo sólo hablo de suposiciones.
--Y yo también. Las películas dramáticas no tendrían emoción. Te imaginas tener padres autoritarios durante toda una eternidad. ¡Los hijos le prohibirían la transomación a sus padres y se los cargarían al final!
--Sí. Y los maestros al paro, vale.
--Es verdad -Jesabel ya no podía contener la risa.
--Sí habría sitio para todos. Bastaría con reducir el tamaño del nuevo cuerpo artificial en el momento de practicar la transomación. Si midiésemos 10 cm de altura...
--¡Venga ya!
--Y con tanta longevidad nos daría tiempo hacer viajes cósmicos y ocupar planetas.
--Qué aburrimiento de viajes. Ya te vale.
--Tienes razón, es todo una tontería, Jesa.
--No, en serio, me han parecido unas reflexiones muy interesantes, independientemente de que sean practicables o no. Incluso ha habido alguna conclusión que me ha fascinado. Pero todo queda cojo.
--¿Por qué?
--Porque si no tienes idea de cómo puede ser esa máquina análoga que dé el mismo resultado que un cerebro concreto, para qué sirven tantas suposiciones.
--Yo he hecho todo lo posible a lo largo de más de veinte años basándome siempre en la idea de que para fabricar esa máquina análoga antes habría que saber cómo funciona el cerebro humano. ¿Qué parte del mecanismo del cerebro da origen a la consciencia? ¿Cómo se puede reproducir ese mecanismo? Desde luego que reproducir artificialmente la inteligencia, como se está haciendo ahora, no tiene nada que ver con reproducir la consciencia y la capacidad de sentir.
--Creo que ya me habías contado antes algo de esto.
--Sí. Es en lo que me he basado para desarrollar mis teorías particulares sobre el funcionamiento del cerebro humano.
--Cuéntamelas, por favor. Esto sí parece fascinante.
--En un comienzo partí de unas afirmaciones que oí o leí en algún sitio. Algo así como... "¿se puede comprender la comprensión? ¿o queda demasiado cerca?" El significado sería que el ser humano nunca podría llegar a conocerse totalmente por encontrarse demasiado cerca de sí mismo y que nunca llegaría a comprender totalmente el mecanismo y la esencia de su consciencia por el sencillo motivo de que sólo se puede conocer lo que está por debajo del hecho del conocer... Dicho de otra forma, que me estoy enredando, un sistema puede superar a otro pero nunca puede superarse a sí mismo por ser él el propio sistema. Vamos, que se puede comprender cualquier cosa menos el propio comprender por encontrarse a la misma altura. Y ni mucho menos se puede comprender el sentir. Es como el ojo que se quiere ver y no puede mirarse por ser él el propio ojo. Una impotencia. Pero yo no estaba de acuerdo con estas afirmaciones porque presentía que a la propia consciencia se la podía diseccionar y examinar sus partes por separado si se buscaban símiles adecuados y se utilizaban métodos comparativos indirectos. Claro, en mi forma de ver las cosas debían existir necesariamente unas leyes generales que lo dirigiesen todo, desde lo más pequeño y simple hasta lo más sofisticado, como es el caso de la consciencia, pero unas leyes aparte de las leyes físicas, químicas y biológicas que ya conocemos; más bien unas leyes más sutiles sobre la mejora del reordenamiento material. Estoy convencido de que esas leyes existen y por eso las he llamado "Leyes que rigen la Inteligencia del Universo", es decir, las que dirigen el camino de la Evolución hacia unas finalidades todavía desconocidas. Esas leyes las ignoro, aunque imagino que algunas de ellas serán la del mínimo esfuerzo y la del probar-probar, pero no sé cuáles son realmente. Lo que sí sé es que son las mismas que originaron tanto a los primeros átomos como las que crearon a la consciencia, entre otras muchas cosas. Con estas nuevas ideas, e intentando encontrar alguna tendencia común a todos los niveles evolutivos, podría llegar a comprender la consciencia mediante observaciones comparativas. De esta forma, buscando y reflexionando encontré algo elemental pero imprescindible que está presente en todos los grados de complejidad: la coexistencia estímulo-respuesta de todo sistema. ¿Qué te parece?
--¿Cómo?
--Que qué opinas tú.
--Yo... estoy digiriendo como buenamente puedo todo lo que me estás metiendo en la cabeza. Para darte mi opinión antes tendría que consultarlo con la almohada, para que se me posaran tantas ideas y tantos planteamientos que ya ni me acuerdo de la mitad, que qué sesión cultural ésta que... no sé qué... ¿Qué decías?
--Claro, para ti todo esto es nuevo. Yo he tardado muchos años en ir enlazando todas estas ideas. Pero si quieres enterarte bien y que no se te olvide nada... no te preocupes, tengo aquí unos buenos apuntes.
--¿Sí? ¿Lo tienes escrito?
--Por supuesto, conforme me fueron llegando las ideas las fui apuntando. Y después las leía para llegar a otras conclusiones. Mira, lo tengo guardado todo aquí.
Jaime extrajo por completo uno de los cajones inferiores de la cocina por lo que quedó al descubierto una bolsa que se hallaba entre la tabla inferior del mueble y el cajón extraído. Abrió esa bolsa y sacó varios folios.
--¡Algunos están mecanografiados! A ver, a ver. ¿Y estos dibujos?
--Tienen sus dibujos y sus esquemas. Mira éste, es un resumen en defensa de la transomación a través del planteamiento de la transomación continuada.
--Dibujas bien.
--Queva. Mira este cerebro, parece que le han dado un martillazo.
--¿Esto qué es?
--Una Euglena, es un organismo celular. Lo de más arriba es una neurona, esto de aquí es un arco neuronal reflejo y de ahí ya se ve hasta un ojo conectado al cerebro y éste conectado a un músculo.
--¿Y eso?
--Eso son compartimentos de funcionamiento diferenciado en la corteza cerebral.
--Ajá. ¿Y estos monigotes?
--¡Es siempre el mismo! Es Pepe, al que someten a la transomación y nadie sabe qué es lo que le ocurre.
--Ya.
--Qué fastidio. Sé que un día tuve una idea genial pero la olvidé y por más que he intentado recuperarla no ha habido forma posible.
--¿No la anotaste?
--Sí, pero guardé la anotación con los demás papeles y un día posterior cogí esa anotación para recordarla, con la mala suerte de que se me cayó al agua del inodoro antes de leerla. Se estropeó. Pero recordé que en la cinta de la máquina de escribir estaba todo escrito.
--¿Y bien?
--Misterio. Saqué la cinta de la máquina y para mi sorpresa estaba sin estrenar. Yo sabía con certeza que esa cinta la había estrenado precisamente escribiendo esos apuntes. Algunas veces me cuestiono si no me fallará la memoria e incluso si no estaré un poco majara.
--No te obsesiones con eso, que a todos nos pasa alguna vez. ¿No has tenido nunca una alucinación de esas tontas...?
--No, por supuesto que no.
--Bueno. ¿Aquí está escrito también lo de la paradoja y lo de tu filosofía?
--Sí, mira. Aquí.
--Ah, sí. Aquí está eso... que decías. Esto es genial.

--No sé si estoy en lo cierto, pero a que es interesante, ¿eh?
--Vaya, sí. ¿Qué pone en esta hoja? Criadero de ideas, sensaciones intelectuales, familiaridad frente a extrañeza, chispa creativa... ¿¿Imán?? ¿Qué tiene que ver un imán con todo esto?
--Es un símil. Si tú coges un imán observas que tiene dos polos, el polo Norte y el polo Sur. Pero si rompes en trozos ese imán también observarás que todos y cada uno de esos trozos siguen conservando esos dos polos, y además con la misma disposición que en el imán original. Pero si a uno de esos trozos lo vuelves a romper, los trocillos resultantes seguirán teniendo cada uno sus dos polos. Y tantas veces repitamos esta operación tantas veces obtendremos el mismo resultado, así hasta alcanzar el tamaño mínimo que sería el del propio átomo. Todos los átomos del Universo, e incluso todas las partículas que constituyen a los átomos, tienen su campo magnético; no obstante los imanes son los únicos objetos grandes que mantienen la polarización magnética porque sólo en ellos todos sus átomos tienen exactamente la misma orientación magnética y no se contrarrestan entre sí. Pues bien, yo veo cierta semejanza entre este hecho repetitivo a distintos niveles de la polarización Norte-Sur de los imanes y el hecho repetitivo a distintos niveles de complejidad de la coexistencia estímulo-respuesta. Lo de recibir un estímulo y responder a ese estímulo parece propio de los organismos vivos, pero no es más que la interacción de un sistema con su entorno conforme a su naturaleza (su forma de ser) y eso se da en seres vivos, en partes de seres vivos y en los seres inertes también; si bien es en los organismos vivos donde se ve con más claridad. Por ejemplo, en una Euglena, que es un organismo tan simple que está constituido por una sola célula, hay una mancha ocular que es capaz de percibir la claridad y la oscuridad y un flagelo que le permite nadar al organismo en una dirección o en otra. El bichito está diseñado de tal manera que "sabe" lo que le conviene y por eso nada hacia la luz y el calorcillo, lo que le ha sido muy provechoso para su subsistencia. Bueno, este bichito es muy singular porque cuando consigue luz se alimenta de ésta y de las sales minerales que hay en el agua, ya que es un vegetal con su clorofila, pero si falta la luz se vuelve animal y come partículas orgánicas. A ella le es más fácil ser vegetal siempre y cuando tenga luz. En definitiva, que me enrollo con cualquier cosa, quiero decir que la Euglena recibe el estímulo por la mancha ocular (que no es un "ojo" porque un "ojo" es un órgano formado por varias células y la Euglena está formada por una única célula) y responde con el movimiento de su flagelo. Pero esta respuesta tiene una forma determinada y además va bien encaminada: dirigirse hacia la luz. Entre el estímulo y la respuesta hay una relación adecuada, una buena asociación. Estímulo-asociación-respuesta. La materia está bien colocada en el organismo de la Euglena que hace que el resultado de su mecanismo sea favorable para su supervivencia y por eso ha sobrevivido hasta nuestros días. Esto lo sabe mucha gente, pero cada vez que pienso en ello me sigo maravillando. El estímulo-respuesta (interacción para beneficio propio con el entorno) vemos que se va dando en todos los niveles de complejidad evolutiva. Así, las plantas mueven sus hojas y flores con respecto a la luz del Sol y al frío y también dirigen su crecimiento hacia donde más les conviene. Cuando aparece la primera célula nerviosa en los animales pluricelulares sencillos observamos que ésta tiene una parte sensitiva o receptora de estímulos, una zona que asocia y una parte ejecutora que da respuestas. La parte que recibe o toma está constituida por las dendritas y la parte que da está constituida por el axón. En los sistemas nerviosos más complejos también vemos que una serie de neuronas (nervios sensoriales receptores) reciben los estímulos, otras neuronas (nervios motores) dan respuesta motora y otras (cerebro) asocian con complejidad los estímulos con sus respuestas adecuadas. Pues bien, estos sistemas nerviosos están constituidos por neuronas, por lo tanto es siempre una repetición de lo mismo en distintos grados de complejidad, de similar forma a lo que ocurría con el imán, que estaba constituido por imanes más pequeños. De esta manera, un sistema nervioso en cuanto a su funcionamiento se puede reducir a su presentación más sencilla, que es el "arco neuronal", y el arco neuronal más simple está constituido por tres neuronas: neurona sensitiva, neurona de asociación y neurona motora. Se vuelve a repetir lo mismo, ¿ves? Pero... ¿qué ocurre con los conjuntos de neuronas de asociación? Pues que en ellos también se da lo de estímulo-asociación-respuesta pero incluso de forma cíclica, donde la respuesta se vuelve también estímulo. Estímulo--asociación--respuesta=estímulo-asociación-respuesta. Este ciclo puede repetirse muchas veces y alcanzarse así un alto nivel en la respuesta.
--Mira, todo eso lo tienes escrito aquí. ¿Puedo leerlo?
--Claro que sí.
--Aquí pone: "Al igual que un imán tiene su polo Norte y su polo Sur, la interacción de un ser vivo con su entorno consiste en dar una respuesta conforme al estímulo procedente de la realidad exterior. Pero si el imán lo dividimos en todas las partes que queramos, cada una de estas partes sigue conservando su polo y en la misma dirección (incluso si hacemos divisiones hasta llegar a las partículas fundamentales del átomo). Pues de esta misma forma, el cerebro más complejo si lo dividimos en sus partes (de más grandes a más pequeñas) éstas siempre conservan su polarización: percepción-respuesta. ¿Y por qué? En sistemas nerviosos muy complejos el mecanismo sigue siendo el mismo, pero la complejidad se presenta en una mayor elaboración de información (asociación). Y precisamente esa gran elaboración es una repetición del mecanismo percepción-respuesta que forma numerosos ciclos que a grandísima velocidad convierten la respuesta en percepción y viceversa. Sentir una respuesta dando así una nueva respuesta que también es sentida para dar otra respuesta... Este ciclo da muchas vueltas hasta que da una respuesta final. Pero la polarización percepción-respuesta (N-S) está siempre presente en todas las zonas del cerebro. Lo que surge como un desarrollo de la elaboración de información (en un cerebro complejo) no es nada más que la polarización (N-S) que da muchas vueltas antes de ofrecer una respuesta". Muy bien. Ahora me tienes que explicar qué es eso de "sentir una respuesta". Te exijo una explicación.
--Ya. Pero tienes que esperar. He ido aplicando la generalidad estímulo-respuesta a la vez que subía en la escala evolutiva, y así he llegado hasta el cerebro humano. La parte más compleja y versátil del cerebro humano es su corteza y en ella reside la consciencia. El cerebro, como órgano de asociación que es, da unas respuestas que siguen unas pautas dadas por los genes, la memoria, la cultura... Según lo explicado anteriormente, el cerebro recibe y responde adecuadamente, y para conseguir que esas respuestas sean así de adecuadas elabora mucho la información recibida. Y esa elaboración cumple también la generalidad percepción-asociación-respuesta pero en forma de múltiples ciclos. Pero... ¿esto es cierto?. Sí, yo lo defiendo. Y lo defiendo porque lo observo con suficiente claridad a través de dos caminos. Uno de esos caminos es el de interpretar adecuadamente los descubrimientos médicos sobre la distribución geográfica de las zonas funcionales de la corteza cerebral. Y el otro camino es el de la introspección, en el que yo observo cómo funciona mi pensamiento. Desde hace mucho tiempo se conoce en Medicina que cada función cerebral está localizada y claramente separada del resto. Ahí, en ese dibujo, puedes ver las distintas zonas de la corteza cerebral. Pues... te pido una cosa. Te pido que las examines y que me digas si no observas algo curioso y sorprendente.
--No sé. Dime tú qué es lo curioso que debería observar y así tardamos menos.
--Mira. Lo que se ve son las principales regiones pero, aunque no aparezca reflejado en este dibujo, esas regiones a su vez están divididas en subcompartimentos con una alta diferenciación funcional. Esta zona de aquí es la Visual I, esta otra es la Visual II y la de aquí es la zona Auditiva. Más para acá se sitúa la zona del Lenguaje. La zona Premotora está aquí. Esto es el fabuloso Prefrontal y eso el Lóbulo Parietal. ¿De verdad que no observas nada sorprendente?
--Estoy en una continua sorpresa.
--Te voy a nombrar las principales zonas de la corteza cerebral ordenadas desde la parte delantera del cerebro hasta la nuca a ver si se encuentras algo llamativo. Son: Prefrontal o Frontal (control inhibidor del comportamiento), Premotora (orientación, movimiento de la cabeza y de los ojos), Control motor del habla, Motora sensitiva I, Motora sensitiva II y Sensitivo motora I, Sensitivo motora II, Auditiva I, Auditiva II, Lenguaje (lectura, habla), Lóbulo Parietal (análisis último sensitivo), Visual III, Visual II, Visual I. ¿Lo ves? ¡La polarización no es sólo funcional, sino además espacial! Y muy evidente, por cierto.
--¿Y la zona del olfato?
--Déjame continuar, que estoy inspirado ahora. Nuestro polo ejecutor lo tenemos en la frente y nuestro polo sensitivo en la nuca, si bien esta polarización se va acrecentando desde el centro hacia los extremos. Fíjate en la línea de separación central, a un lado tiene la Motora Sensitiva II y al otro lado tiene la Sensitivo Motora I. A la parte de la corteza que se encuentra delante de la línea central se le llama Corteza Motora. Y a la parte de la corteza que se encuentra detrás de la línea central se le llama Corteza Sensitiva. Esas flechas que miras son vías de conexión entre las distintas zonas y se ve claramente que cada zona está más conectada con las zonas más próximas y que por cada camino de ida hay siempre un camino de vuelta. Estas vías de conexión horizontal están situadas en la misma corteza cerebral, pero también existe una dirección de información vertical a través de columnas de entre medio y un milímetro de grosor que conectan la corteza cerebral con el resto del sistema nervioso. En la Corteza Sensorial las neuronas de una misma columna vertical responden a un mismo estímulo, y en la Corteza Motora la actividad de las neuronas de una misma columna implica a un solo músculo o grupo muscular. Se ve así con gran claridad que todo lo defendido anteriormente es cierto. Por un lado hay una fuerte polarización quedando a un extremo la parte más ejecutora (Prefrontal) y en el otro extremo la parte más sensitiva, pero por otro lado la percepción y la respuesta se ligan íntimamente como se puede observar, por ejemplo, en las zonas Motoras Sensitivas y Sensitivo Motoras donde se da tanto la activación y puesta en marcha de la actividad motora como la recepción de las sensaciones primarias del cuerpo. Además, el Prefrontal y el Lóbulo Parietal a pesar de situarse en los extremos están directamente comunicados por unas importantes vías de conexión situadas bajo la corteza cerebral. Bueno, las funciones cerebrales están diferentemente distribuidas en el hemisferio derecho e izquierdo, pero yo lo explico así para abreviar. Cuando se ve el dibujo de la corteza cerebral dividida en varios compartimentos y cada uno de éstos con distinta función, uno puede pensar que el origen de esa determinada distribución de los distintos compartimentos en el ser humano puede ser casual. Pero al conocer casos reales de personas que han experimentado una fuerte regeneración cerebral, se llega a la conclusión de que la forma en la que se encuentran distribuidos los compartimentos está muy justificada. Cuando a una persona se le muere una neurona ésta casi nunca es reemplazada ya que las neuronas casi no se multiplican (excepto en los embriones y fetos, lógicamente). Así, si sufres una lesión o corte en zona neuronal ésta no cicatriza ni cura. Pero sí existe la regeneración cerebral, que consiste en "coger el relevo" funcional de las neuronas cerebrales desaparecidas por otras neuronas, que no estaban haciendo nada, para cumplir la misma función de las neuronas muertas. Recuerda que solamente utilizamos el 10 % de nuestras neuronas del cerebro y el resto parecen estar de relevo. La capacidad de regeneración cerebral disminuye con la edad. En los primeros cinco años de vida es enorme, después sólo se regeneran neuronas esparcidas de las que han sido perdidas en borracheras o por otros motivos y en la vejez la capacidad regenerativa es muy pequeña. Pues bien, y si te dijera que ha habido niños que por algún motivo han perdido la mitad o más de su cerebro y que llevan una vida normal, ¿eh?
--¿¡No les pasó nada!?
--En un principio se quedaron ciegos, sordos, sin poder hablar... pero al cabo de unos años de regeneración volvieron a llevar una vida normal. Ellos perdieron por entero zonas funcionales de la corteza cerebral, y el resto de las neuronas tuvieron que reorganizarse en sus funciones. Unas, que estaban inactivas, comenzaron a trabajar y otras tuvieron que cambiar de trabajo. Al final se reestructuraron las funciones y, aunque con menos neuronas, el cerebro volvió a ser el mismo con todos sus compartimentos adecuadamente colocados. ¿Y quién dirigió tan exitosamente este reordenamiento? El código genético. Los genes del ADN son los responsables de la buena distribución de las zonas funcionales cerebrales. A lo largo de la Evolución los genes se han ido recolocando en la cadena del ADN hasta conseguir dar origen a un cerebro cuyas funcionales están tan bien estructuradas que provocan la consciencia. Las zonas cerebrales están distribuidas conforme lo están por un motivo de perfeccionamiento, no es nada azaroso. Y claro, con esto volvemos a hablar de formas, porque la forma en la que se encuentran distribuidas e interconectadas las zonas funcionales de la corteza cerebral está dirigida por la forma en la que se encuentran colocados los genes en su cadena, y si en una regeneración cerebral son sustituidas unas neuronas por otras, lo que se mantiene es la forma en la que se distribuyen las distintas funciones. Compara la base de la regeneración cerebral con la base de la transomación. Es la misma: "Distinta materia, mismo ordenamiento y mismas funciones".
--¡Otro argumento en defensa de la transomación!
--Claro que sí. Voy a recapitular todo lo último que he dicho. Para fabricar la máquina análoga necesaria en la Transomación de Salto Análoga dije que había que conocer el funcionamiento del cerebro humano y sobre todo conocer el mecanismo que da origen a la consciencia. Pero para interpretar cómo funciona la consciencia tenía que encontrar un camino indirecto y comparativo, una generalidad, una ley fundamental que se repitiera siempre. Y la encontré. Se llama "dualidad estímulo-respuesta". Después intenté explicarte qué quiere decir "estímulo-respuesta" y lo importante que es esto en el funcionamiento de los organismos vivos. Para ello utilicé el símil del imán y fui aplicando esta generalidad desde lo más simple a lo más complejo, desde la Euglena hasta el cerebro humano, desde la neurona hasta la diferenciación de la Corteza cerebral. Y ahora toca aplicar esta generalidad a la consciencia. Habíamos quedado en que el funcionamiento cerebral es todo basándose en ciclos y ciclos, y más ciclos constituidos por otros ciclos que a su vez están constituidos por otros ciclos donde siempre se repite la misma base de asociación: estímulo=>respuesta=estímulo=>respuesta (estímulo provoca respuesta que a su vez ésta es estímulo que provoca otra respuesta). Pero claro, si la consciencia surge como resultado de unas asociaciones de elevado nivel evolutivo y estamos siempre ante la misma generalidad que se repite, se infiere que la consciencia también se encuentra bajo esta ley general. Evidente. ¡No es tan difícil entonces descifrar la consciencia! La consciencia, nuestro "yo", también está polarizada en sentir y ejecutar, pero por ser ella un alto grado evolutivo estos dos polos están más íntimamente unidos que nunca. Sólo bastará con hacer un ejercicio de introspección para terminar de entender el mecanismo de nuestro "yo". Y éstas son mis conclusiones de esa introspección. Cuando hablas tú sola en voz alta te escuchas a ti misma. Ese es un ciclo cerrado de respuesta=>percepción=>asociación=>respuesta... en el que oyes los sonidos procedentes de tu boca. Cuando estás realizando esta actividad utilizas alternadamente muchas zonas de tu Corteza cerebral como son la zona del Lenguaje, el Control motor del habla, la zona Auditiva, la zona del Lenguaje otra vez, el Lóbulo Parietal (análisis sensitivo), el Prefrontal (concentración intelectual) (concentración de concentrarse mentalmente uno, me refiero), la zona del Lenguaje, el Control motor del habla... Pero si lo prefieres puedes continuar hablando contigo misma sin emitir sonidos. En este caso te sigues escuchando internamente de idéntica forma a conforme lo hacías antes pero utilizas menos zonas cerebrales, sólo la zona del Lenguaje, la zona Auditiva, el Lóbulo Parietal (análisis sensitivo), el Prefrontal (concentración intelectual), la zona del Lenguaje... En este segundo caso se sigue dando el mismo ciclo cerrado respuesta=>percepción=>asociación=>respuesta... pero parecen encontrarse más próximos los polos percepción-respuesta. Otra posibilidad es que dejes de hablar interiormente y comiences a reflexionar directamente. Es más rápido pero más difícil. En este nuevo caso sólo utilizas el Prefrontal (concentración intelectual), la zona Auditiva o la zona Visual, el Lóbulo Parietal (análisis sensitivo), el Prefrontal... Aquí, el ciclo respuesta=>percepción=>asociación=>respuesta... se vuelve tan cerrado que ya la respuesta es casi percepción. Pero... ¿podemos cerrar todavía más este ciclo? Sí, pero en este caso nos salimos fuera de la consciencia ya que rompemos la interacción Prefrontal=>Lóbulo Parietal=>prefrontal... por lo que el ciclo intelectual quedaría dentro del Prefrontal y en él la respuesta ya sería lo mismo que en la percepción: respuesta=percepción=>asociación=>respuesta=percepción=>asociación... Este ciclo intelectual que se da en el interior del Prefrontal y que es ajeno a nuestra consciencia se da continuamente a gran velocidad y lo he llamado "criadero de ideas". Por lo tanto, este Criadero de ideas no pertenece al Consciente, pero no me atrevo a llamarle "subconsciente" porque intelectualmente se encuentra a un mismo nivel. Su funcionamiento, que es potenciado cuando nos concentramos en un tema, sigue una lógica de comparaciones derivadas y cuando encuentra algo se lo muestra al consciente en forma de sensación intelectual y éste lo juzga. La mayor parte de la consciencia la podemos ubicar geográficamente en el Lóbulo Parietal si bien una pequeña pero importante parte se sitúa en el Prefrontal a pesar de que algunos creen que toda la consciencia se sitúa en la parte posterior del Prefrontal. La consciencia la podemos entender como la unión (que no fusión) de los polos percibir-responder, o mejor dicho, sentir-ejecutar, donde prima el polo sentir. Se puede decir aquello de "siento, luego existo", pero claro, también pienso, luego por eso sé que existo. Es imposible que ninguno de los dos polos se puedan dar por separado, se necesitan mutuamente, de igual forma que nunca te puedes encontrar con un polo magnético solitario ("¡me he encontrado un polo norte de imán!", ¡imposible!). Por ello la separación de la consciencia en sus dos partes: Relacionar-sentir, es una separación artificial para su estudio, pero no se pueden separar realmente al igual que no se pueden separar físicamente un polo Norte de un polo Sur en un imán. No existe ninguna parte del cerebro que sea puramente sensitiva o puramente ejecutora, solamente que unas zonas están más dirigidas en una dirección con respecto a donde lo están las otras y viceversa. El jefe de la Corteza Sensorial es el Lóbulo Parietal y el jefe de la Corteza Motora es el Prefrontal y son ellos los responsables últimos de la consciencia, aunque la mayoría lo crea de otra forma. El Prefrontal es como el director de orquesta de las regiones de la Corteza Cerebral. Cuando elaboras un pensamiento tienes una acción ejecutora procedente del Prefrontal, pero ese pensamiento también lo sientes en el Lóbulo Parietal. Sientes lo que piensas. Pero el pensamiento lo continúas elaborando según lo que sientes. Relacionas lo que sientes. Esto es la consciencia, una continuidad del íntimo contacto sentir-responder. La parte no-consciente del Prefrontal sugiere ideas (creatividad) que sopesa el consciente. La parte más activa del consciente, la que sopesa y decide, reside en el Prefrontal. La parte más pasiva del consciente reside en el Lóbulo Parietal, pero aunque es pasiva es la que más nos hace ser. Sin embargo se necesitan ambas partes mutuamente para que nosotros podamos ser, podamos existir, seamos conscientes, conozcamos, estemos vivos. La parte no-consciente del Prefrontal no forma parte de nosotros, pero no es utilísima porque nos da el germen de creatividad y la base del entendimiento intelectual. En la parte consciente del Prefrontal se encuentran la voluntad, la responsabilidad ética y la toma de decisiones. Es decir, lo más sutil e importante. En el Lóbulo Parietal se analiza en última instancia todas las sensaciones procedentes de todas las zonas sensoriales (zonas Auditivas, zonas Visuales, Motora-sensitivas, Sensitivo-motoras...) y las sensaciones procedentes del Prefrontal. A estas últimas sensaciones las llamo "sensaciones intelectuales", que a su vez son las que más actúan sobre la elaboración del pensamiento. Son tareas de la parte activa del consciente: traer a la palestra ideas guardadas, buscar recuerdos (guiada por sensaciones de familiaridad), crear nuevas ideas, comprender la información recibida, etc. Y éstas son respuestas muy activas que consumen mucha energía y provocan cansancio. El cansancio intelectual se manifiesta con aburrimiento, incapacidad de seguir relacionando en ese nivel intelectual (de abstracción) o dolor de cabeza. El descanso se consigue según el nivel de cansancio, de menos a más, con cambio de tema en el pensamiento, distracción, mente en blanco, relajación, dormitación, quedarse lentamente dormido o "torreras", que es quedarse rápidamente dormido aunque se despierte uno un poco de tiempo después. Según todo esto el funcionamiento del conjunto del cerebro sería así: La información procedente de los sentidos accede a la Corteza Cerebral por el camino correspondiente (sonidos de la zona Auditiva, imágenes a la zona Visual, etc.) y allí es procesada de acuerdo a unos parámetros genéticos (diseño de nacimiento) y de acuerdo a unas secuelas que ha dejado el trabajo cerebral del pasado. A estas secuelas se les llama Memoria de la Corteza Cerebral y forman parte de nosotros, sobre todo la memoria del Prefrontal y del Lóbulo Parietal. Una secuela en la zona Visual es realmente una imagen memorizada y una secuela en la zona Auditiva es un sonido memorizado. Una secuela en la zona del Lenguaje es realmente una palabra o una frase corta y una secuela en el Prefrontal es una idea o una creencia. Cuando utilizamos la Corteza Cerebral estamos haciendo uso de la memoria porque ésta forma parte imprescindible del mecanismo de la Corteza Cerebral. Así, cuando hablamos estamos haciendo uso de la memoria del Control motor del habla, de la zona del Lenguaje, de la zona Auditiva, del Lóbulo Parietal y sobre todo del Prefrontal, ya que éste es el que va engarzando las palabras para expresar las ideas. En la memoria del Prefrontal hay interconectadas una serie de ideas concentradas y cada idea concentrada está asociada a una serie de palabras interconectadas que residen en la memoria de la zona del Lenguaje. Por lo tanto, la memoria en la Corteza Cerebral está diseccionada y con un elevado nivel de colocación espacial (cada cosa en su sitio). Ésta es una memoria cultural y biográfica, y es responsable directamente del funcionamiento de la Corteza Cerebral. Es una memoria que perdura mucho. Pero hay otros tres tipos de memoria. Una es la memoria del Hipocampo, que es una zona interna del cerebro bastante primitiva. Su capacidad de analizar la información que le llega es muy pequeña. Más bien es como un disco de memoria de 3 1/2 pulgadas o un CD-ROM regrabable que funciona casi igual en el hombre que en los animales. El Hipocampo tiene unos compartimentos donde guarda todo tipo de memoria pero sin colocarla analíticamente, sino siguiendo criterios de acceso. No procesa la información, sólo la conserva. Es como una tarjeta de memoria que puede grabarse y borrarse en multitud de ocasiones gracias a su flexibilidad en poder liberar con mayor o menor facilidad moléculas de glutamato en las sinapsis (conexiones) que hay entre sus neuronas. Por lo tanto, la memoria del Hipocampo suele durar un día o dos aunque hay recuerdos que duran mucho más. Estos recuerdos pueden ser imágenes, sonidos, palabras, secuencias de imágenes, secuencias de palabras... procedentes todos ellos de la Corteza Cerebral y que volverán a la Corteza Cerebral a petición de ésta. Otro tipo de memoria es la de a corto plazo. Esta memoria se conserva en la Corteza Cerebral desde varios segundos hasta unos pocos minutos y es en realidad la memoria de trabajo de la Corteza cerebral (como la memoria RAM aproximadamente). Estos recuerdos a corto plazo si son llamativos, se les presta atención, son impactantes o se repiten pasan a guardarse al Hipocampo y demás. Los recuerdos serán trasvasados desde el Hipocampo a la memoria cultural de la Corteza Cerebral durante las primeras fases del sueño a través del Lóbulo Temporal que las distribuye, aprovechando así la bajada de funcionamiento del agotado Prefrontal y la ausencia de estímulos externos.
--Función de autoguardado, ¿no?
--Sí. Sin embargo, las "chispas de ideas", conclusiones y descubrimientos intelectuales del Prefrontal, si impresionan y se les presta suficiente atención cuando surgen pasan directamente a formar parte de la memoria cultural del Prefrontal sin necesidad de utilizar el Hipocampo. La última memoria que me queda por mencionar es la mecánica secuencial, la de las habilidades. Esta memoria se localiza en el Cerebelo, la Amígdala y Cuerpo estriado, siendo éstas zonas ajenas a la Corteza Cerebral, y es la responsable de que andemos, conduzcamos, montemos a bicicleta, escribamos a máquina o recitemos de memoria sin pensar en ello. La utilización de esta memoria es totalmente inconsciente y mecánica. Esta memoria está físicamente basada también en el glutamato de las sinapsis si bien es mucho más difícil de borrar o cambiar que la del Hipocampo. La grabación de esta memoria se consigue con una repetición diaria y en esta memoria se guardan imágenes, sonidos, palabras... pero siempre en forma de secuencias largas concretas, como puede ser la letra de una canción, una poesía, el fragmento de una película que ha sido visto en multitud de ocasiones... Este inconsciente mecánico, tras la petición de la Corteza Cerebral, puede tomar el mando de algunas actividades del cuerpo y ejecutarlas sin la intervención de la consciencia. Sería como encender el piloto automático. Hay otro tipo de funcionamiento inconsciente que funciona continuamente, que es paralelo a la consciencia y más rápido que ella en su relación mecánica, por lo que puede avisar a la consciencia de lo que ha percibido por los sentidos a través de la emisión de sensaciones relacionadas mecánica o secuencialmente con la percepción captada o a través de unas sutiles sensaciones intelectuales de familiaridad. En este mecanismo inconsciente paralelo intervienen la memoria mecánica del Cerebelo, las zonas de los sentidos de la Corteza Cerebral, la parte inconsciente del Prefrontal y hasta zonas primitivas instintivas de la base del cerebro. También existe una preconsciencia o semiconsciencia que se produce cuando se cierra el ciclo sensitivo-motor en las zonas Motora sensitivas y Sensitivo motoras con la utilización de sus memorias porque la zona voluntaria del Prefrontal ha desviado la atención de las actividades mecánicas sencillas que estaba a otros asuntos más intelectuales. Por ejemplo, comienzas a limpiar gotas secas de pintura diseminadas por un espejo con un rascavidrios y alguien te pregunta algo interesante. Tu atención entonces está principalmente en la conversación por lo que tú no ves las gotas, pero sin embargo tu mano busca y limpia cada una de las gotas diseminadas. Claro, se establece un ciclo alternativo en la Corteza Cerebral en el que intervienen las zonas Visuales, la zona Premotora, las Motora sensitivas y Sensitivo motoras de forma autónoma sin intervención ni del Prefrontal ni del Lóbulo Parietal. Aunque podamos realizar varias tareas a la vez, la consciencia es siempre unitaria. Podemos desviar nuestra atención gracias a la voluntad del Prefrontal, si bien las sensaciones fuertes (como el dolor), los sonidos intensos y las imágenes y sonidos catalogados por nuestro instinto como de peligro, éstos no pueden ser ignorados por nuestra atención ya que pasan directamente a la consciencia. La influencia del instinto en nuestra consciencia y en nuestro comportamiento es similar a la del inconsciente por su mecanicismo. En los animales superiores (excluido el ser humano), la consciencia queda limitada a sensaciones y emociones individualistas, por lo que su comportamiento es dirigido por los instintos y estos animales no se enteran de por qué hacen lo que hacen. Se dejan llevar por sus sensaciones (sus necesidades). Pero estos animales también tienen capacidad de aprendizaje. Claro, ese aprendizaje es una memorización mecánica secuencial de su Hipocampo, cerebelo... idéntica a la de nuestro inconsciente. ¿Pero qué siente el animal que ha aprendido, por ejemplo, que tras oírse un timbre aparece comida en su comedero? El animal cuando oye el timbre ve superpuesta a la imagen de su vista otra imagen más tenue procedente de su memoria y que consiste en el comedero lleno de comida. El instinto hace el resto.
--¿Esto también lo has descubierto con la introspección?
--Anda, que me desconcentras. Son hipótesis. En los humanos, aparecen imágenes superpuestas tenues por petición de la Corteza Cerebral. La memoria de los animales les ayuda a reconocer, por ejemplo, el aspecto de su madre, mediante una comparación continua de todas las sensaciones de origen externo con las guardadas en la memoria, realizándose esta comparación en una zona inconsciente. Cuando la comparación es positiva el animal recibe en su consciente una sensación agradable, la llamo "sensación de familiaridad". En el hombre, el reconocimiento de las sensaciones e imágenes de origen externo lo realiza por comparación la memoria de la zona correspondiente de la Corteza Cerebral. Así, las secuencias de palabras las reconoce la zona del Lenguaje y las secuencias de ideas las reconoce el Prefrontal. Pero las secuencias mecánicas que han sido percibidas en multitud de ocasiones las reconoce el inconsciente quien además se adelanta en estas secuencias sirviendo al consciente por superposición las sensaciones que vendrán después. Por ejemplo, oyes sólo el comienzo de una canción conocidísima y después continúas oyéndola en tu interior, aunque para esto también utilizas memoria de la zona Auditiva. En todo caso, cuando se reconoce algo se tiene una sensación agradable de familiaridad. Y esto me da pie para explicar que las "sensaciones intelectuales" las podemos dividir en sensaciones ligeramente agradables por familiaridad y en sensaciones ligeramente desagradables por extrañeza. Cuando en el Prefrontal surge una nueva idea como consecuencia de los estímulos recibidos del exterior, por creatividad o porque alguien te ha dicho algo, esta nueva idea es comparada, y si es reconocida provoca una sensación de familiaridad ligeramente agradable, y si no lo es provoca una sensación de extrañeza ligeramente desagradable (por no comprender o no estar de acuerdo) que puede llevar a cambiar de tema en el pensamiento o a olvidar esa idea. Pero quizás esa idea extraña permanezca en la memoria y al compararla con ideas nuevas o ideas recuperadas que estaban casi olvidadas, nos dé ella una sensación más familiar y al final nos haga cambiar nuestra opinión y las formas de ver las cosas.
--¡Claro! ¡Eso es lo que me pasa a mí! Todavía no estoy familiarizada con todo lo que me estás contando.
--Cógete los apuntes y reléetelos muchas veces. Y verás cómo va cambiando tu forma de ver las cosas conforme vayas encontrando por la vida ejemplos y símiles que al compararlos te hagan sentir más familiaridad con estas ideas y puedas sacarles así toda su sustancia. Reconocer lo familiar nos es placentero. Y sin embargo casi todos nos maravillamos cuando observamos por primera vez algunas bellezas físicas y obras de arte o canciones, encontradas éstas por la experimentación y comprobación de sus autores. De alguna forma, lo que nos gusta a casi todos nos es innatamente familiar porque está en consonancia con nuestro diseño. Así, por ejemplo, tenemos todos grabados en nuestro diseño unos mismos rasgos faciales idealizados y cuando vemos por primera vez caras que se aproximan a estos rasgos, con la comparación de reconocimiento, estos rostros nos son agradables por familiaridad. Para que nos sean agradables los rostros extraños o exagerados, se debe ir tomando familiaridad con esas personas y nos deben caer bien (buena asociación). Con los rasgos faciales con atractivo sexual ocurre lo mismo, sólo que de forma cruzada entre hombres y mujeres normalmente, y ese reconocimiento es estimulante. Así, cuando observamos por primera vez a un feo de verdad no tenemos tendencia instintiva a mezclar nuestros genes con los suyos. No se nos despierta la necesidad sexual. Esto se debe a que el feo (por sus extrañezas o falta de equilibrio en las formas) no es reconocido por nuestro instinto como elemento para la reproducción al hacer la comparación con el canon de formas reproductivas que llevamos prefijados en el cerebro. Pero aparte de la distinción general que hacemos según unos mismos cánones innatos compartidos entre todos, también tenemos un gusto personal y moldeable. Pero la sexualidad es más compleja; el percatamiento de la fealdad se erosiona con el tiempo y el deseo sexual es excitado por muchos otros elementos aparte del visual, como el contacto cálido, sentirse deseado, el disfrute de la otra parte...
--¿El percatamiento de la belleza también se erosiona?
--Muy poco. Pero el odio sí lo erosiona bastante. En definitiva, todo esto también corrobora que las sensaciones intelectuales, por ser agradables o desagradables por familiaridad o extrañeza, encaminan nuestro pensamiento.
--Oye, una curiosidad, ¿esto último tiene que ver algo con lo que me pasa a mí algunas veces? No sé si te habrá pasado a ti.
--¿A qué te refieres?
--Sí. A veces, cuando repito mucho mentalmente una palabra de uso común, como puede ser por ejemplo "superación", esta palabra me parece absurda, como si no tuviera ningún significado, como si no constara en el diccionario, como si me la acabara de inventar.
--Me ha pasado muchas veces a mí también. Esa es una sensación intelectual de extrañeza que se origina por utilizar un mecanismo de comparación diferente al habitual. Cuando normalmente en tus reflexiones utilizas esa palabra, automáticamente surgen en tu consciencia algunas imágenes, palabras, secuencias de palabras o ideas relacionadas con ella. Todo esto procede de la memoria de las distintas zonas de tu Corteza Cerebral. Pero cuando analizas (comparas) ese término con la parte crítica del Prefrontal (que forma parte de tu voluntad, la parte activa de la consciencia), separas esa palabra de los trozos de memoria de la Corteza Cerebral con los que es relacionada automáticamente, debido esto al fuerte análisis al que sometes a la palabra. Claro, buscas comparaciones, en un ciclo estímulo-respuesta muy corto, que no existen y de ahí la sensación intelectual de extrañeza por comparación infructuosa. ¡Eh! Todo lo que te estoy contando lo tengo mejor explicado y más ampliado en los apuntes.
--Jaime, me has hablado del funcionamiento del cerebro, pero falta algo.
--Ya lo sé. ¿Cómo es en última instancia el sentir? Esto lo tengo que atacar desde otra perspectiva. Hasta ahora he aplicado la generalidad "estímulo-respuesta" al clasificar las zonas funcionales cerebrales en cuanto a su mayor especialización en recibir o responder y también al intentar diseccionar la consciencia en su doble cara de la misma moneda: sentir-relacionar. "Siento, luego existo", "pienso y por eso sé que existo", "¡oigo mi pensamiento!", "siento lo que relaciono", "relaciono lo que siento", "conozco que respondo porque lo siento y así lo sé" son consecuencias del íntimo ciclo cerrado continuo de la consciencia. Pero para una interpretación última de lo que es sentir se debe tener en cuenta otra visión de la generalidad "estímulo-respuesta", la cuestión de las "formas". ¿Cuáles son las formas de las distintas asociaciones de información? ¿Y cuáles son las formas de las distintas sensaciones? Formulo esta doble pregunta porque las asociaciones y las sensaciones en cuanto a sus formas tienen una naturaleza distinta y para interpretar las formas de las sensaciones hay que tener en cuenta también las formas de las asociaciones.
--¿Son formas espaciales?
--Claro, pero no te imagines imágenes, es algo menos evidente. Las formas de las asociaciones, de la elaboración de información (del procesamiento intelectual, vamos) son más bien caminos por los que circula el impulso nervioso. La relación de ideas no es nada más que electricidad circulando y cambiando de vías en una continuidad sin interrupción. La forma espacial de una misma relación de ideas es distinta en diferentes cerebros porque las conexiones entre neuronas son distintas y únicas en cada cerebro, de igual manera que son distintos y únicos los códigos genéticos que dan origen a esos cerebros. Cada persona tiene su "huella dactilar" en el tejido neuronal de su Prefrontal y el llenado de información en esta materia cerebral se realiza de acuerdo a la circunstancia de la memoria anterior, es decir, la nueva memoria se escribe y se recoloca materialmente según la memoria anterior. ¡Pero varias personas pueden tener en su cabeza un mismo dato o una misma idea exacta! Por supuesto, es el triunfo del orden. La forma espacial de esa misma respuesta es diferente en distintos cerebros, pero da un mismo resultado. Por lo que relativamente la disposición espacial sería la misma, ya que esos distintos caminos llevan a una misma meta. Los caminos que quedan grabados (y que son reproducidos en el funcionamiento cerebral) son longitudinales con atajos transversales, aunque en las zonas cerebrales donde hay una mayor elaboración y análisis de información, como en la zona del Lenguaje y sobre todo en el Prefrontal, en ellas los caminos largos están conectados a unas reproducciones de sí mismos que son reducidas, esquematizadas y abreviadas y que a su vez se interconectan entre sí relacionando a esos largos caminos neuronales... que pueden incluso situarse bastante alejados. Es rico en estas miniaturas el Prefrontal. Para que entiendas bien esto debes conocer algunas cosas de la morfología del tejido cerebral. No te puedes imaginar el tejido cerebral como una pared cuadriculada de células en íntimo contacto entre sí como le ocurre al tejido de la piel. No. Ten en cuenta que hay neuronas que tienen decenas de miles de conexiones con otras tantas neuronas. Evidentemente, algunas de estas neuronas deben estar bastante alejadas. ¿Te lo imaginas ahora? La corteza cerebral es una maraña impresionante de miles de millones de dendritas que van al encuentro de miles de millones de ramificaciones terminales de los axones. Es como un gran manojo de cables microscópicos por los que circulan los impulsos eléctricos a más de 120 metros/segundo. Es electricidad que circula por cables, muy ordenadamente, eso sí. Incluso también hay sinapsis (conexiones) reguladas cuyo funcionamiento recuerda al del interruptor por poder cortar estas conexiones otras neuronas llamadas inhibidoras. ¿A qué te recuerda todo esto?
--A los chips, quizás.
--Sí, a la Inteligencia Artificial, al funcionamiento de un ordenador. Nuestro cerebro visto como un ordenador pero con capacidad de autoprogramación. Pero un ordenador, por muy bien que llegue a procesar la información, nunca tendrá consciencia porque no siente. No siente, luego no existe. Sentir es diferente a electricidad que circula bien encaminada. En la Inteligencia Artificial, que es una manifestación de la Inteligencia Universal, también existe la generalidad percepción-respuesta, pero aquí la parte más perceptiva no ha alcanzado el grado evolutivo de la sensación. Curiosamente, esta inteligencia muerta la tenemos en el funcionamiento de nuestro Inconsciente. La inteligencia artificial muerta, al seguir las leyes generales de la Inteligencia Universal, puede que llegue a tener un mayor nivel de mejor ordenamiento en sus respuestas que la inteligencia cerebral, pero evolutivamente siempre será inferior a la grandeza de sentir, que es lo que da existencia a la consciencia. La Inteligencia Artificial seguramente superará a nuestra inteligencia al igual que nos supera con creces en memoria, lo que nos dará la falsa impresión de que las máquinas habrán desarrollado consciencia. Esas máquinas conversarán con una lógica muy aplastante, aprenderán solas y lo descubrirán todo a gran velocidad, pero estarán muertas y no debemos olvidarlo, por lo que deben ser controladas para nuestro beneficio. Sólo la carne cerebral es capaz de sentir. Creo.
--Cuando dices Inteligencia Universal, ¿te refieres... ¡a todo!?
--Sí, a todo lo que es distinto del polvo y del gas, a lo que es algo que merezca la pena. Hay máquinas que son más inteligentes unas que otras, porque son más versátiles, su resultado es más satisfactorio y ahorran energía (ley del mínimo esfuerzo). Hay unos diseños que son más inteligentes que otros. Hay plantas que destacan por la inteligencia con la que se adaptan al medio, incluso hay plantas que utilizan a animales para su beneficio de supervivencia. La inteligencia del comportamiento de los animales viene dada por sus genes y se manifiesta a través de sus instintos, por lo que cada especie tiene su propio grado de inteligencia y personalidad. Si bien en algunas especies se dan estas diferencias por razas. Incluso en algunas especies de mamíferos cada individuo tiene su propia personalidad y nivel de inteligencia. Si no, que le pregunten al cabrero si se comportan igual todas sus cabras; o al mayoral de reses bravas. Y claro, en la especie humana cada individuo es distinto. Pero aunque hay personas con más o menos suerte en lo de su cociente intelectual, también hay que tener en cuenta otros tipos de inteligencia, como la "inteligencia social", en la que quienes destacan logran una amable concordia y una productiva convivencia. Eso es la sabiduría, la suma del cociente intelectual y el encontrar el método que armonice las relaciones sociales; y también decidir aplicar este método para lograr así un buen provecho hacia todos y hacia uno mismo.
--Qué bonito.
--La sabiduría es un alto nivel evolutivo. Pero cambiando de tema, la Evolución es extraña, ¿no crees? No sé, nosotros venimos del mono pero el animal más similar a nosotros para los transplantes es el cerdo. Impresionante. La Evolución consigue mismas metas por caminos muy apartados, o incluso resultados complementarios como si fueran éstos piezas de una única Evolución global. La Evolución de las Especies repite semejanzas por caminos muy dispares, hay regresiones y coinciden especies cuyos genes llevan sin contactar muchos millones de años. Que se lo pregunten al ornitorrinco, mitad ave, mitad mamífero. Las aves no proceden de los mamíferos ni los mamíferos de las aves, pero el ornitorrinco es un mamífero que regresa a su manera hacia los reptiles porque ha tomado la dirección opuesta. Y que se lo pregunten también al mamífero Ballena Orca, que se asemeja al primitivo pez Tiburón. O al pez Tiburón Ballena, que comparte con las ballenas su exclusivo sistema de alimentación mediante "barbas". Los peces no proceden de los mamíferos ni los mamíferos proceden directamente de los peces. Hubo también dinosaurios que se volvieron marinos y que para adaptarse al medio tomaron formas muy semejantes a los primitivos peces y a los mamíferos delfines, que tienen un origen mucho más reciente. Anda, que la planta Euphorbia canina que huele a perro, ya te digo. Pero... ¿y la mosca sin alas con apariencia de araña? Las verdaderas arañas no les cuentan sus seis patas y no se la comen. ¿Y las falsas avispas? También hay ejemplos de Evolución complementaria, así los genes de las plantas y de los animales se separaron hace miles de millones de años, y sin embargo, hace tan sólo unos pocos millones de años surgieron unas orquídeas que tienen flores con la misma forma, aspecto y olor exactos que las hembras de los antiquísimos abejorros, de tal forma que el abejorro macho, como tiene la costumbre de coger a la hembra y llevársela volando a un lugar apartado para "seducirla", coge con sus patas la flor y al tirar hacia arriba ésta le sacude exactamente en la cabeza al pobre abejorro con un sofisticado sistema de palanca con polen pegajoso. ¡Lo vi en un documental a cámara lenta! Pero... ¿¡quién le ha dicho a la orquídea cuál es la forma y color de la hembra, cómo es su pelo, su olor, qué costumbres tiene el abejorro macho y cuál es su tamaño!? ¿La selección natural? Pues... oye, la mayoría de las plantas son más sencillas y han sobrevivido hasta ahora. Esto es la Inteligencia Universal. Mosqueante.
--Que me digan a mí lo extraño que es la Evolución. Imagínate la cara que se le queda a una cuando un microchip evolucionable logra el mismo resultado que un microchip cuyo diseño nos ha costado conseguirlo un enorme trabajo intelectual. Y lo más misterioso es que el diseño que ha encontrado ese microchip a base de variar, probar y elegir a grandísima velocidad es totalmente distinto a nuestro diseño. Es más sencillo, pero da el mismo resultado.
--Con el probar-probar el microchip evolucionable ha encontrado un camino más corto (ley del mínimo esfuerzo) para dar existencia material a ese espíritu funcional de alto grado evolutivo. Es sólo cuestión de formas: las adecuadas secuencias de ceros y de unos que dan resultados determinados y constructivos.
--Al principio, los microchips evolucionables tardan muchísimo en encontrar algo útil y después sus logros son a base de saltos que surgen esporádicamente, aunque la frecuencia y grado evolutivo de esos saltos va aumentando progresivamente.
--Ocurre lo mismo que con la Evolución de las Especies. Es como si encontrara un camino favorecedor. No sé, es como si esta Evolución de las Especies tuviera una necesidad o fuera forzada a la adaptación del medio tomándose a veces varios caminos para conseguir unos mismos objetivos. ¿Quién le dice a los microscópicos genes de la especie predecesora de la higuera que podían evolucionar hacia esta planta, con esas flores tan difíciles, porque hay una especie de insectos tan excéntrica que es capaz de excavar hasta el interior donde están esas flores? ¿Eh? ¿La selección natural? No, no me sirve. No me sirve la selección natural porque ésta no ha sido tan dramática y agobiante como para empujar la aparición de especies con esa adaptación al medio tan perfecta, y prueba de ello son la multitud de especies "peores" que han sobrevivido, especies torpes como el perezoso, especies caprichosas como el pavo real o especies débiles y delicadas. Que la selección natural dirija hacia la mejora a lo que surge azarosamente por el sacrificio de lo más débil o imperfecto, esto no puede ser responsable en el ser humano, por su propia definición, del agradable y superreal tránsito final hacia la muerte en las agonías. ¿Quién es el responsable? El agradable tránsito final hacia la muerte en las agonías tampoco es un fallo evolutivo porque no pone en peligro a la vida humana. ¿Quién le ha dicho a los genes de las especies predecesoras de las plantas carnívoras que ahí afuera hay unos bichitos con rico nitrógeno en su cuerpo? La selección natural no les ha obligado a esta adaptación para conquistar los suelos pobres en nitrógeno, porque hay muchas plantas que no son carnívoras y han sobrevivido igualmente. ¿Quién le ha dicho a los genes de la especie predecesora de la planta carnívora Sarracenia qué es lo que les atrae a los insectos? Hay una variedad en extinción de Sarracenia que desprende un fuerte olor a carne putrefacta, sus hojas son grandes, de color granate con zonas azuladas y estrías blancas, y además tienen pelos. Las moscas se meten en el interior de la cavidad formada por las hojas para poner sus huevos y ya no pueden salir. La Sarracenia se las come. Desde el punto de vista de la Inteligencia Universal esta especie vegetal tiene un alto grado evolutivo, sin embargo, desde el punto de vista de la selección natural esta planta es un fracaso porque está al borde la extinción, ya que la tendencia natural del ser humano es arrancar esta planta tan apestosa. Si nosotros tuviéramos una oreja inoperante en la espalda debido al impredecible azar, ante la selección natural hubiéramos sobrevivido igual porque no nos hubiera perjudicado para nada en nuestra subsistencia y competencia, pero no tenemos ni oreja en la espalda ni nada innecesario en nuestro armonioso cuerpo. Si sólo hubiese azar y selección natural tendríamos en nuestro cuerpo muchos órganos y formas inútiles sin que supusiera ninguna traba para sobrevivir. La armonía existe. Parece ser que las especies más exitosas según la selección natural son el gorrión, la amapola, la cebadilla de ratón, la cucaracha, la rata y la mosca; pero éstas no son las más sofisticadas según la Inteligencia Universal. A uno le da la impresión de que la Inteligencia Universal es demasiado inteligente y que los espíritus de las especies son muy determinados, casi diseñados intelectualmente. Cuando uno observa la gran precisión de la danza de las abejas, siente que se encuentra delante de unos individuos inteligentes, pero cuando recapacita en el hecho de que ese comportamiento es exactamente igual en todos los individuos de la misma especie, no le queda más remedio que convencerse de la verdadera existencia de la Inteligencia Universal. Otro ejemplo, los científicos con su manipulación genética creen que dan origen a especies nuevas y las patentan y todo, pero no siempre es así, ya que algunos de estos individuos mutantes regresan a sus especies originales después de varias generaciones.
--¿Sí?
--Sí. Al menos ya ha ocurrido en plantas. ¿Y por qué? Pues yo opino que sencillamente no existen los espíritus de esas especies que creían los científicos que habían descubierto. Obviamente sí existen los espíritus de esos individuos, puesto que ahí están viviendo, pero la especie no existe. Esos individuos mutantes o no se perpetúan a través de las generaciones o se reconvierten a especies verdaderas. Quizás sea porque los genes se recolocan hasta que vuelven a "estar a gusto".
--Y digo yo, ¿no podrían ponerse en contacto los genes de especies distintas? Como has dicho que llevan millones de años separados físicamente los genes de distintas especies y que éstas evolucionan como si se conocieran, pues podría ser que de alguna forma contactaran estos genes, se produjeran combinaciones, unos genes fueran más dominantes que otros y así se originaran nuevos mutantes bien encaminados. Digo yo. No sé cómo podría ser eso. Quizás algún virus recombinante en alguna extraña ocasión llevara genes de una especie a otra, los introdujera en alguna célula reproductora y se produjera la mutación inicial.
--Sí, pero no. En cierto modo podría ser lo que tú dices, ya que en la Ingeniería genética se utilizan bacterias y virus para introducir en un ADN genes escogidos adrede, pero eso no explica la adaptación al medio. ¿Por qué saben los genes, por ejemplo, cómo se puede manejar el aire como medio para desplazarse por él? Oye, que los genes han llegado al dominio del vuelo por caminos muy dispares según su punto de partida. Así, a los dinosaurios voladores y a los murciélagos les creció la piel bajo los brazos, a las aves les crecieron plumas largas, a los peces voladores les crecieron las aletas, a los insectos les creció la piel y se separó, a las semillas y frutos voladores les pasó de todo y el hombre con sus genes de la inteligencia sólo tuvo que construir máquinas. Pero, por otro lado, ¿¡quién les dice a los genes de las especies que se camuflan cómo es el entorno para imitarlo!? ¿Quién le dijo a los genes de la mariposa camuflada cuáles son los colores del granito? ¿Quién le dijo a los genes del insecto palo cuál es la forma de un palo? ¿Y a los genes del insecto-hoja? ¿Eh?
--No lo sé. Que no lo sé, por favor. Yo no soy la responsable. No me preguntes más.
--Perdona. Pues, eso.
--Pero... ¿no puede el medio modelar la secuencia de los genes por algún mecanismo bioquímico que todavía se desconozca?
--¿Te refieres a una especie de... a un mecanismo de estilo lamarckiano que por un mayor uso de algunos órganos, o partes de órganos, vaya modelando con el tiempo el orden de los eslabones de la cadena de ADN? ¿Y cómo sería eso? No soy capaz de suponer cómo podría ser. Las mutaciones se producen en la meiosis, ¿no? No se conoce nada actualmente sobre lo que acabas de decir.
--Yo solamente propongo -advirtió Jesabel.
--Existe también una coincidencia de la adaptación morfológica al medio y del instinto que lleva a la utilización de ese medio. Es decir, el instinto también evoluciona y lo hace en coincidencia con la evolución morfológica. Por ejemplo, un dinosaurio sufre la mutación suficiente como para poder volar, pero además, sufre también una mutación en su instinto que le hace perder el miedo al vacío propio de los demás dinosaurios, y por ello comienza a volar, porque es esa su naturaleza. Nadie le da clases particulares para aprender a volar. Así se completa la conquista del medio. Otro ejemplo, un mamífero muta lo suficiente como para poder nadar bajo el Mar y también pierde el miedo a ahogarse. El comportamiento de los animales va regido estrictamente por instintos y ellos no tienen capacidad de aprendizaje libre como el hombre; sus pautas de comportamiento están delimitadas por sus instintos. Así, si obligas a convivir a una cabra con una llama, la cabra nunca aprenderá a escupir con lo útil que es eso para su defensa. Un animal que tiene miedo a la caída libre o a ahogarse no experimentará por curiosidad, porque su instinto es fijo. Y si cayera accidentalmente y no le pasara nada, el animal seguiría teniendo miedo y sus descendientes también, debido al instinto genético. Por muchas veces que le demuestres a un gato que si se moja no se muere, el gato y sus descendientes temerán mojarse. Y por mucho que demuestres a un perro que los gatos no le perjudican, el perro y el gato pelearán, y si consigues con tu manipulación que convivan éstos pacíficamente, sus descendientes sí pelearán porque el instinto de la especie no habrá cambiado.
--Me estás haciendo pensar.
--El origen de la vida será azaroso, pero que desde luego que ésta va muy bien encaminada después. ¿Conocías la teoría científica que dice que la vida apareció en la Tierra lo antes posible, que no apareció antes porque era totalmente imposible que pudiera aparecer antes?
--No.
--Pues según esa teoría no parece tan azaroso el origen de la vida. De hecho, de toda la enorme cantidad de moléculas orgánicas que hay, sólo se pueden sintetizar desde la materia inerte las únicas responsables del origen de la vida. Y esa síntesis no es tan difícil porque ya se reprodujo en laboratorio hace muchos años. Estoy convencido de que ni la competición entre individuos ni la selección natural son causas de la dirección que toma la Evolución, si bien es un buen barrido para hacer sitio para las especies más adaptadas. Cuando surge un individuo con un mejor diseño según la Inteligencia Universal, en la mayoría de los casos sus genes son dominantes y su descendencia se le parecerá. Pero también hay algunos genes dominantes que no se corresponden con un mejor diseño. Los chimpancés no son ni nuestros abuelos ni nuestros tíos-abuelos, son nuestros primos. La Evolución es un reordenamiento continuo lentísimo de los genes en el ADN, buscando éstos su mejor colocación. Según mi creencia particular, la Evolución de las Especies está casi prefijada desde su comienzo, es imparable (salvo posible accidente), autoalimentada, guiada y encauzada por sí misma hacia unas metas todavía enigmáticas para nosotros. Y lo único azaroso son los caminos que está tomando para alcanzar esas metas. Por eso existen esas especies tan características y llamativas que te comenté antes sin que existan especies intermedias. La selección natural no ha sido la que ha hecho desaparecer a esas posibles especies intermedias porque si ésta no ha sido lo suficientemente dura como para eliminar a las especies corrientes de las que proceden, cómo va a exterminar a las intermedias exclusivamente. ¿Por qué no existen varias especies de insectos con formas incompletas o abstractas de hoja? Están los insectos normales y el insecto con forma de hoja perfecta y actual. Pero... ¿y si no existen estas especies intermedias? Quizás sí existan los individuos de transición pero éstos no formen especies estables. Pudiera ser que cuando se "descolocan" levemente los genes, se recoloquen éstos hasta encontrar un equilibrio estable, de forma similar a como se colocan los átomos hasta formar las moléculas que tenemos en nuestro entorno, ya que las moléculas intermedias o de transición duran poquísimo por su inestabilidad. ¿Pero qué especies pueden haber? Quizás en el futuro exista el "Castor habilis" o el "Loro sapiens" o el "Canguro erectus" o incluso el "Homo supraestupidus".
--O el "Homo pacificus".
--O la flor con forma de mujer para la polinización. También sospecho que lo que está prefijado en la Evolución es la morfología de las moléculas orgánicas, las estructuras y los órganos, y que éstos, como las piezas de un juego infantil de construcción, se combinan para conformar a los individuos de las especies, siendo las especies las que surgen por azar. Las piezas tenderían a colocarse siguiendo una armonía, apareciendo así azarosamente algunas de las especies posibles. Las mismas piezas podrían repetirse en especies distintas sin ningún contacto genético, lo que explicaría las semejanzas, las regresiones y la complementarialidad entre especies de origen lejano. Y también que los científicos consigan animales modificados genéticamente con órganos humanizados o que producen proteínas beneficiosas para los humanos. Cada vez estoy más convencido de que hay una finalidad en la Evolución o incluso en el Progreso humano. Nosotros, los humanos, estamos en un nivel superior de la Evolución no sólo en un campo, sino en varios. No sólo somos inteligentes y así nos diferenciamos de los demás animales, sino que además estamos más evolucionados en todo un conjunto. Así, en el camino hacia el hombre, como se observa bien en los homínidos, hay un mayor desarrollo global como consecuencia de una armonía que dirige la Evolución. Si la Evolución se hubiera dado por simple azar, nosotros hubiéramos tenido la suerte de ser superiores en un campo, por ejemplo, en lo de inteligentes, pero los otros logros evolutivos hubieran recaído en otros animales. Sin embargo observamos que todos los avances evolutivos están en la misma especie, los humanos, y tiene que ser debido a algo. Así, somos inteligentes y por eso comprendemos. Pero también la sexualidad humana es superior a la del resto de los animales. Claro, las hembras de los homínidos ya presentan orgasmo. También tenemos mayor capacidad emocional y podemos reír y sollozar. Pero a excepción de algunos pájaros, somos los únicos que podemos hablar gracias a las cuerdas vocales. Tenemos habilidad en las manos. Y a excepción del perro, los homínidos somos los únicos que presentamos empatía. ¡Alumnos del Mundo, uníos y levantaros! Cuando vuestros profesores os expliquen las teorías de Darwin, oponeros y gritad: "¡Las formas de las especies no son azarosas! ¡La selección natural no es responsable! ¡Las formas de las especies no son azarosas!..." Ha llegado el momento.
--No seas payaso, Jaime.
--Aquí hay algo más, eh.
Quedó la pareja en silencio durante varios segundos intentando valorar estas reflexiones.
--Jesa, ¿no te irán a dejar en el paro esos microchips que se autodiseñan?
--Con la ayuda que acabo de recibir te aseguro que no.
--¿Te he servido de ayuda?
--Sí. Por ejemplo, aunque pudiera parecer extraño, la hipótesis de que el animalito entrenado ve superpuesta a su visión la imagen tenue de su comedero lleno de comida cuando oye el timbre, esa hipótesis me ha dado una idea sobre cómo diseñar un hardware que ahorre mucho en programación. Fíjate por dónde ha saltado la liebre.
--No sabía que yo te pudiera inspirar.
--Sí, pero me explicas lo de las formas de las sensaciones o qué. No te me vayas por los cerros de Úbeda.
--¡Pero si en Úbeda no hay cerros! Es una ciudad situada en una llanura...
--¡Por favor, Jaime!
--Las formas de las sensaciones. Para entender la consciencia deduje que lo esencial de ella residía en el hecho sensitivo. Pero para poder comprender qué formas presentan las sensaciones antes había que diferenciarlas bien de las formas que presentan las asociaciones de ideas. Y yo lo hice. ¡Neurotransmisores! Sí, la cuestión está en las formas espaciales de las moléculas que pasan de una neurona a otra en las sinapsis químicas, o sea, la forma de los neurotransmisores. Me explico. Hay dos tipos de sinapsis, las sinapsis puramente eléctricas y las sinapsis químicas. Las sinapsis eléctricas consisten sencillamente en un paso del impulso eléctrico de una neurona a otra, mientras que en las sinapsis químicas además de pasar por ellas el impulso eléctrico también cruzan de una neurona a otra unas bolsitas rellenas de un cóctel de neurotransmisores. Las emociones que sentimos coinciden con la distinta proporción que hay de unos neurotransmisores y de otros en el combinado presente en el interior de las bolsitas que van de la pared celular de una neurona a la pared celular de otra neurona en las sinapsis. Y en las consecuencias mecánicas que estos neurotransmisores provocan en el mecanismo de las neuronas. Todo esto no me lo invento yo. No hay muchos tipos de neurotransmisores y se diferencian por la forma espacial que presentan las moléculas de esos neurotransmisores. La serotonina es un neurotransmisor con su determinada forma espacial que si cruza poco de una neurona a otra provoca tristeza y melancolía. Este mismo neurotransmisor si cruza algo más provoca un estado de ánimo normal, y si cruza en más cantidad provoca alegría. Y si cruza mucho provoca euforia desmedida. Pues bien, hay multitud de medicamentos y de drogas que aumentan, y bajan después, el paso de serotonina de unas neuronas a otras con su correspondiente correlación en los cambios anímicos. Escucha bien esto que te digo. Estas sustancias químicas que al tomarlas mejoran el aspecto anímico actúan en campos muy distintos, ya que unas intervienen en la construcción metabólica de serotonina, otras ayudan a que regresen las bolsitas a las neuronas de las que salen, otras ayudan a que llegue la serotonina a las neuronas que la reciben, etc. Según esto, ¡la felicidad sólo reside en que pase una buena cantidad de moléculas de serotonina de unas neuronas a otras, activando mecanismos interiores en la neurona! También intervienen las endorfinas y otras moléculas. El aumento de alegría lo puede provocar una buena noticia, oír música que guste, hacer cosas nuevas y conocer a nuevas personas, deleitarse con la belleza de la Naturaleza, el solecillo, disfrutar de placeres sensoriales, bailar, ganar, transgredir normas, exhibirse como ganador, ver cachorros y animales tiernos, compartir la primicia de la noticia, sentirse envidiado, caricias, ingerir dulces, el fin de un problema, flotar, sentirse superior a alguien, el contacto cálido, oír sonidos naturales agradables, las vivencias extraordinarias (como ver a alguien o algo famoso, ser noticia...), hacer turismo, agradar, estar excitado sexualmente, burlarse de alguien, ver a gente contenta, observar a las criaturas propias, hacer explotar furúnculos y postemas, sentirse más inteligente que los demás, sentirse más listo que los demás haciendo trampas impunemente, un halago, conseguir dinero, sentirse exclusivo, satisfacer una necesidad, entretenerse con una historia ajena o con un juego, manejar tecnología eficiente, recuperar libertades, satisfacer una curiosidad, contemplar formas artísticas que gusten, sentirse correspondido, disfrutar la brisa del Mar, superar una tensión, ver un cuerpo o una cara bonita, descubrir nuevas tecnologías más eficientes y que mejoran la calidad de vida, cotillear, redimir las culpas, el triunfo de lo nuestro o de los nuestros, ver dolor en el odiado, la multitud, el inicio del ejercicio físico cuando apetece, descubrir problemas en el envidiado, un piropo, competir lúdicamente, comprar, deslizarse en nieve virgen, sentirse orgulloso por los logros ya conseguidos, un chiste, sentirse deseado, reconocer a alguien conocido, chapotear, ser centro de atención, sentirse admirado, fantasear, volver con los tuyos, la velocidad, sentirse respaldado, expresar tus reflexiones y opiniones en confianza, sentirse querido, conseguir un nuevo logro, tú... o simplemente lo provoca la acción directa e independiente de una o varias moléculas que intervengan mecánicamente en el proceso de transmisión de la serotonina, pudiendo ser estas moléculas de origen externo al cuerpo o procedente de éste incluso por algún malfuncionamiento. La enfermedad metabólica-funcional de la Depresión Mayor o Depresión Sicótica se presenta con disminución de serotonina debido a la presencia de proteínas que destruyen a esta serotonina o provocan que quede fuera del circuito neuronal flotando sin rumbo por fuera de las neuronas hasta que se degrada, todo ello fruto de un malfuncionamiento neuronal cuya causa es genética, pero que puede desencadenarse por un motivo emocional. Los medicamentos antidepresivos aumentan el paso de serotonina. Las drogas euforizantes aumentan mucho la serotonina, pero como la máquina metabólica productora de serotonina "se cansa", después de la euforia viene la depresión, eso si no queda dañada la máquina productora de serotonina. Estas drogas van perdiendo su efecto euforizante con el consumo continuado, a medida que también se va adquiriendo una necesidad apremiante hacia ellas, por lo que su uso acaba siendo un mero aliviador de los desagradables efectos secundarios que a su vez provoca. La Depresión Mayor te aseguro que es el sufrimiento en su presentación más pura y sin embargo está provocada simplemente por un mal funcionamiento de la química cerebral sin haber ningún motivo externo que la cause. La persona que menos problemas tenga en el Mundo puede sufrir una depresión que le lleve a suicidarse por creer encontrar en el suicidio el único remedio efectivo para acallar el tremendo e inaguantable dolor emocional que le estrangula por dentro, y todo ello por tener poco paso de serotonina. Algo similar a lo que les sucede a las personas que se suicidan por no soportar sus Migrañas del Trigémino, un tipo especial de dolor de cabeza.
--Impresionante.
--Claro, que en las personas que sufren Síndrome Maníaco el malfuncionamiento cerebral consiste en una euforia extrema por excesivo paso de serotonina cuyo elevado optimismo puede llevar a la persona a tomar decisiones imprudentes, parecer enajenada o hipotecar su futuro. Otro neurotransmisor es la noradrenalina, cuya forma espacial es diferente y su actividad también. Las personas con poca circulación de noradrenalina de unas neuronas a otras no tienen ánimo, están apáticas y les cuesta esfuerzo moverse. Las personas con más circulación de noradrenalina son más activas. Cuando alguien tiene mucha circulación de noradrenalina se vuelve agresivo. Y cuando alguien está muy indignado le circula mucha más noradrenalina. El mayor flujo de noradrenalina por el cerebro provoca una mayor secreción a la sangre de la hormona adrenalina que da mucha vitalidad a los movimientos musculares del cuerpo, aumenta la agudeza de los sentidos y el ritmo cardiaco, pero si hay exceso de este neurotransmisor en el cerebro y de esta hormona en la sangre (por enfado extremo o por consumo de cocaína) disminuye la sensibilidad, el dolor físico y se puede llegar a perder el control voluntario de los actos dejándose uno llevar por la violencia más atroz y brutal.
--Sí, y ahora me vas a decir que existe la locura transitoria. Venga ya.
--Existe.
--No me asustes.
--Como quieras. No existe la locura transitoria. ¿Conforme ahora?
--Anda, sigue con lo que estabas contando.
--En la persona depresiva hay poco paso de serotonina y de noradrenalina. Quizás porque las moléculas de serotonina se pierden por fuera de las neuronas al no haber suficientes receptores que las introduzcan dentro de las neuronas. Algunas sustancias químicas, incluidas algunas drogas, aumentan el paso de dopamina, que es un neurotransmisor que relaja y disminuye la sensibilidad, y por lo tanto el dolor. Pero aunque participen varios neurotransmisores (con su correspondiente mezcla de sensaciones) en el combinado químico que circula por el cerebro de una persona en un momento dado, no hay tantos neurotransmisores como pudiera parecer. Pero algunos son curiosos. ¿Sabías que hay un neurotransmisor que sólo cruza la Corteza Cerebral durante el orgasmo?
--¡Hale!
--¿Y sabías también que hay un dulce neurotransmisor, la feniletilamina, que hace acto de presencia en el momento de ser correspondido un amor deseado y que está presente durante unos tres meses? Maravillas de la naturaleza.
--Podemos estar bien agradecidos.
--Esta molécula del amor, aparte de ser un neurotransmisor, también está presente en la corteza del fruto del cacao, de cuyas semillas se obtiene el chocolate. Esta planta produce esa molécula como consecuencia derivada del intento por encontrar sustancias tóxicas que la defiendan de los herbívoros. Pero de todo esto lo que quiero destacar es que si esas moléculas de neurotransmisores actúan así, como piezas de un mecanismo general, es por su forma espacial. Y prueba de esto que digo es que hay sustancias químicas que al ingerirlas producen el mismo efecto emocional que determinados neurotransmisores aún siendo moléculas distintas.
--¡Te contradices!
--Noo. Son moléculas distintas, con distintos átomos, pero su forma espacial se asemeja mucho a la forma de esos neurotransmisores. Se asemeja lo suficiente como para encajar de la misma manera que esos neurotransmisores en el mecanismo general de esa parte sensitiva de la consciencia. La clave está en las formas. Por otro lado, nuestras sensaciones no son muy diferentes de las sensaciones de los animales, si bien son distintas las causas que las provocan.
--No. No sé. Los animales no ríen, por ejemplo.
--Reír es una sensación placentera no muy diferente de otras sensaciones placenteras que disfrutan los animales, aunque lo que cause la risa sea un mecanismo intelectual puramente humano. La sensación de alegría que le provoca a un animal hambriento encontrar mucha comida le puede ser provocada a un ser humano por multitud de causas distintas, pero la sensación en sí es la misma. Los sentimientos son propiedad casi exclusiva de los humanos, por ser propio de humanos sus desencadenantes, pero las sensaciones que presentan esos sentimientos también las conocen los animales. Siguiendo en otro ámbito, sentir y elaborar información está muy íntimamente ligado: por ejemplo, se puede ingerir una molécula que aterrorice, pero no se puede ingerir "la molécula que hace ver la Gioconda" porque nunca existirá tal molécula. ¿¡No siento lo que veo!? -imitó Jaime en esta pregunta la voz de Jesabel--. Por supuesto que sí, pero lo que ves también lo interpretas al relacionar información. No existirá nunca la pastilla "huele la magnolia", ni la pastilla "escuche el último éxito musical", ni la pastilla "imprima en su memoria las fórmulas de Newton sin estudiar", ni la pastilla "votarán a tu partido". Sentir, relacionar lo que se siente y sentir estas relaciones va siempre unido. El ser humano se encuentra en un nivel más alto que el resto de los animales en la escala evolutiva porque su capacidad de relacionar es más elevada. Pero el ser humano se encuentra a la misma altura que los animales en lo referente al hecho de sentir, si bien el ser humano gracias a su mayor capacidad asociativa le da un mayor provecho a lo que siente y alcanza altas cotas como es el sentir por otras personas (empatía), por ejemplo. En todo caso, a pesar de encontrarse el hombre en un mayor nivel evolutivo por tener capacidad intelectual y de abstracción, la naturaleza formal del hecho sensitivo (que es igual en el hombre que en el resto de los animales) se encuentra a un nivel evolutivo superior que la naturaleza formal del hecho asociativo. Hay una distancia evolutiva enorme entre el hecho sensitivo o el asociativo. La inteligencia muerta de una máquina asociativa, carente del hecho sensitivo, puede ser superior a la inteligencia asociativa de un ser sensible, como es el hombre, pero si estas máquinas muertas inteligentes consiguieran una autonomía que pusiera en peligro la existencia de los seres sensibles (como el hombre) esto sería un tremendo paso atrás en la Evolución, y por lo tanto en la Inteligencia Universal, lo cual no quiere decir que no pueda suceder. Imagínate una máquina muerta inteligente con una capacidad de memoria inmensamente superior a la humana, con una mayor capacidad de procesamiento de información también y pudiendo dominar ella sola maquinaria titánica, pero con un comportamiento egoísta equiparable al de un niño de cuatro años y además sin capacidad para sentir el dolor. Terrorífico, ¿verdad? Pero para eso estamos nosotros con nuestra consciencia inteligente, para evitarlo. Aunque a primera vista no lo aparente, la mecánica que lleva a la realización formal de las sensaciones es inmensamente más compleja y elevada que la mecánica que lleva a la realización formal de la asociación de ideas. Esto lo puedes comprender con dos ejemplos: Uno. Actualmente hay computadoras que pueden procesar más información que un cerebro humano (otro asunto distinto es la forma en la que se procesa esa información, ya que en el cerebro humano está mejor dirigido ese procesamiento, aunque la memoria sea inferior). Y Dos. Actualmente no hay ninguna computadora capaz de procesar la suficiente información como para seguir el complejísimo camino de la construcción, a partir del código genético, de moléculas tan extremadamente largas y complejas como lo son las de los neurotransmisores. Es como si la distancia evolutiva del sentir sobre el relacionar fuera de un millón de años-luz. Por lo que hasta que sinteticemos los humanos una materia sensible... pues todavía queda mucho por recorrer.
--¿Materia sensible? ¿Pero qué es el sentir en sí?
FIN DE DISERTACIÓN
--No. Si ya he acabado mi disertación. Ya no queda ninguna teoría ni ninguna explicación más. Caput.
--¿¡Ya está!? Moléculas que se desplazan por la piel del cerebro y que modifican la mecánica proteínica dentro de las neuronas. ¿Eso es el sentir?
--No, habrá más aspectos que desconozca.
--Me has dejado así... un poco fría.
--Es lo que hay. No sé, menos da una piedra, ¿no?
--Entonces... ¿no tienes ni idea?
--¿Hay alguien que la tenga? Dios... quizás Él nos dé todo lo necesario para resolver nuestros problemas y ser felices, pero parecer ser que no quiere que le veamos la cara. Él sabrá.
--Nada, que no sabes qué es el sentir. Sientes, pero no sabes qué es.
--Sí. Las formas. Si tenemos circulando en mayor proporción unos neurotransmisores que otros, pues debido a las formas espaciales de esos neurotransmisores así es lo que sentimos. Ahí está la clave. Más o menos.
--Ya. Pero no podemos reproducir los neurotransmisores ni los mecanismos de los que forma parte; ni un cerebro humano. No hay máquina análoga, Jaime, no se puede practicar la transomación.
--Perdona por no poder asegurarte la eternidad. Busca por otro sitio, yo no doy para más.
--Conforme te iba escuchando... de verdad que he llegado a hacerme ilusiones.
--¡Pero si decías que la muerte era necesaria!
--¡Pero yo creía que tenías más acabadas tus conclusiones! Ibas por tan buen camino... y de repente ¡zas! Parada en seco. ¿Tú crees que se puede dejar a alguien así, a medias? No haber empezado tan bien.
--El camino está sin completar, qué quieres que te diga. Todavía queda bastante de esta historia. Y además, has sido tú la que me has sonsacado, yo no tenía intención de explicarte nada. Quien se arriesga.....
--Pero si no te obligo, no me entero de nada. ¡Qué tío! El récord de la discreción. Se hubiera muerto y no se hubiera enterado nadie de lo que le ha obsesionado toda una vida.
--Déjame en paz.
--¿Estás arrepentido por haber abierto tu intimidad tan celosamente guardada...? ¿En espera de qué?
--No es cierto. Tenía intención de dar a conocer mis planteamientos de una forma adecuada.
--¿Cómo?
--De manera bien planeada. Que fuera conocido esto por mucha gente. Pero no podía defenderlo a ultranza en público porque me hubieran tomado por un maniático y entonces no me hubieran hecho ni caso. La idea era escribir una novela de ficción porque en ellas hay cabida para cualquier cosa y nadie se burla ni juzga. A la gente le gusta leer y ver ciencia-ficción si está bien hecha, independientemente de las barbaridades y tonterías que se digan en ella, porque de antemano saben lo que les van a ofrecer. Es una buena oportunidad para expresarte y para que se difundan tus ideas. Y eso de lo que no se lo tomarían muy en serio... no sé qué decirte. La gente si sabe lo de la relatividad del tiempo y lo de la teoría de los agujeros negros es gracias a la ciencia-ficción, si bien, también es cierto que por culpa de esta ciencia-ficción la gente tiene unas ideas muy equivocadas de estas teorías. Pero como soy yo el que escribo mi libro pues aprovecho para explicarlo todo lo mejor posible.
--¿Y qué vas a explicar? ¿La "casitransomación"?
--No sé. La novela la tengo a medias. Como todo en mi vida.
--Pero... ¿está por lo menos bien?
--No me termina de convencer, qué quieres que te diga. En algunas cosas se parece demasiado a Frankenstein y por otro lado es demasiado autobiográfica y eso no me gusta. ¡Es muy difícil! Hay que tener mucha imaginación y mucho tiempo. Y yo con las tardes y los fines de semana no tengo bastante. Al final me acabo desilusionando. Llevo varios años sin retomarla.
--Te podría ayudar.
--Claro, y así te repartes las ganancias de mis ideas.
--Serás asqueroso y pesetero. ¿Le has puesto ya un título?
--Eso es lo primero. Se titula "La Ordinariez de Palmar (y su remedio)", por Jaime Uriel.
--¡Será "Lo Ordinario de Palmar"!
--Es lo mismo.
--No lo es. Tiene otro significado.
--Es doble significado. Así no se sabe si lo que se remedia es lo de palmar, que es muy común, o lo ordinario que queda hacer eso, sobre todo para los familiares.
--No es así.
--Hija mía, si ya me criticas el título... no te dejo leer nada. El título es ese. Me imagino la portada con ese título arriba, con una foto de un camposantero con trabajo acumulado y que sonríe acariciando el escáner de su cabeza y con dos frases en la base de la portada que digan así: "¡¡Si siempre palman los demás!! Para qué preocuparse".
Jesabel explotó en unas sonoras carcajadas que parecían no acabar nunca. Jaime sonreía al tiempo que temía que aquello rozase la burla.
--Es una comedia de ciencia-ficción, ¿sabes?
Poco a poco fue recobrando Jesabel el resuello y la serenidad, pero su sonrisa persistía.
--¿Esto de aquí es...?
--Sí, es mi novela a medias.
--Ay, déjame leerla un poco.
--Bueno. Empieza por aquí.
Jesabel comenzó a leerla en voz alta.
--"La Ordinariez de Palmar (y su remedio). Capítulo primero: Forjándose. La vida está llena de absurdeces, que te lo digo yo. Aunque pensándolo bien... desde luego... es una lástima la vida. Hay gente pequeña... hay historias pequeñas... Es una lástima. Y si no, que... se lo digan a... Pepeíllo. Pepeíllo Peláez era una persona pequeña. Claro, fumaba desde que tenía cinco años. Era pequeño... y muy raro. Muy raro, mucho. Y un poco guarro también. ¡Pero si es que tenía más de cuarenta años y aún buscaba novia! Pobrecillo. Él, allí, viviendo en el pueblo, en Retuerta del Bullaque, provincia de Ciudad Real (Royal City para los británicos), con una marrana suya y unas pocas gallinejas. Y en lo de su trabajo, de enterradorcillo. ¡Pero si es que era muy raro! Fíjate, en el cuarto de estar tenía una jaula para cotorras. Pero en la jaula para cotorras no tenía cotorras, sino una vaca rumiante de mirada melancólica y perpleja. Que le gusta la leche fresca por la mañana. Que le gusta la leche fresca a... Pepeíllo, claro".
--¿Qué te parece?
--No sé, Jaime. No sé si te la vayan a editar.
--¡Es una comedia de ciencia-ficción! No sé qué esperabas.
--Quizás más adelante esté un poco mejor. A ver por aquí cómo está. "Fuego y oro, combinación perfecta. ¿Es ese tu signo?" ¿Y esto qué es?
--Después de conocer a "la chica", le envía Pepeíllo unas rosas rojas y amarillas y le escribe una poesía anónima, que es esa. La chica es de capital pero la tiene de vecina durante el verano. Ah, la poesía se la escribe con una pluma estilográfica con tinta roja sobre papel dorado.
--Veamos. "Fuego abrasador que me da la vida, desde épocas olvidadas a ti el hombre que partía, y al oro precioso más que bendecía, en concordia a una nueva belleza, haces prosperar con la faz altiva" Es original. No entiendo lo que quiere decir, pero tiene su sentimiento, ¿no? Sigue más por aquí. "Qué más puedo querer. Oro y fuego, ¿complaces? ¿o enardeces mi sed?" ¡Pero Jaime! "Tú, preciosa joya, rubí acurrucado en destellos dorados, a quién guardas tu fogoso bocado, que yo lo robaré, mas si no sé que no resistiré". Ciencia-ficción poética, vaya.
--La chica es rubia y le gusta llevar los labios pintados, ¿entiendes?
--Ya, ya. "Áureo ardor, si es ese tu signo, que yo lo sé, y tu inagotable valía es bien sabida y reconocida... ¡¡cuán volcán has de ser!!" ¡Pardiez! ¡Este Pepeíllo está como una moto!
--Samara es guapísima y él, pues sí, está un poco desesperado. No puede desaprovechar esta oportunidad.
--Ay, qué lástima. Pues... cuando se desfogue va a ser todo un acontecimiento, ¿no?
--Llega a resarcirse con creces, te lo aseguro.
--Ah, sí, mira. Aquí parece que se le declara. "Es en el justo equilibrio donde la perfección guarda su morada y pude comprobarlo cuando empecé a conocerte. El primer día que te vi quedé impresionado, cegado por tu brillo. Fue un día sorprendente y confuso." Esto va estando mejor. "Tu discreta elegancia natural, la forma de colocar tus manos suaves entorno a tu rostro blanco, luminoso..." Me gusta -Jesabel había borrado su sonrisa casi por completo--. "Me pareciste irreal, nacida de un sueño frugal, porque tú eras diferente, lo máximo, intemporal, la única." Nada, que le gusta la chica.
--Sí. Eso que estás leyendo ahora es una carta que le escribe, pero esta vez va firmada. Con la herencia de su madre le ha regalado un collar de oro con rubíes.
--"En aquel momento, cegado por tu presencia, no podía imaginar lo entregado de tus sentimientos hasta que los fui descubriendo. Volcán de humanidad, no cambies, te lo suplico. No cambies nunca. El alma está en la mirada, en la tuya se ve la pasión por la vida. Y eso... Eso enamora." Guau. "Lo que lo cambiara todo, lo que diera un nuevo curso a mi vida, esculpiéndose en mi memoria y obsesionándome para siempre, me lo provocaste con sólo concederme unas palabras. Aquella tarde estabas especialmente radiante, llamaste a mi puerta y allí te encontré. Portabas en tus manos unas plantas ornamentales. Y cuando me dijiste aquello... ay, cuando me dijiste aquello se me hundió el Mundo y el Universo volvió a explosionar. Cuántas veces he oído en mi mente repetirse tu voz diciéndome: 'Toma mis maravillas si me las vas a cuidar'." ¡Jaime! "Cuántas veces he rememorado en mi imaginación ese momento, viéndote con ese vestido claro vaporoso y esos largos y lacios cabellos dorados, con tanta femineidad y sensualidad. Dejabas entrever..." Un momento. ¿Esa soy yo? Sí.
--¿Cómo dices?
--Claro. Lo recuerdo perfectamente. Iba disfrazada de hippie. Llevaba peluca rubia, vestido largo y varios collares de flores. Tú ibas al comienzo de la comparsa y llegaste a mí apresurado pidiéndome otro collar porque el tuyo de margaritas se había desmoronado. Estabas preocupado porque queríamos llevarnos algún premio en el desfile de Carnaval para la excursión de fin de curso y no éramos los preferidos precisamente. Fue entonces cuando te dije: "Toma mis maravillas si me las vas a cuidar".
--Bueno, bueno. Mi creatividad literaria es limitada. En alguien me tendría que inspirar, ¿no? Yo sólo soy capaz de contar lo que he vivido modificando algún dato o alguna situación.
--¿Has hecho en Samara una mezcla de mí y de otras mujeres?
--No, sólo te he cambiado el nombre y el color del pelo -se sinceró Jaime clavándole su mirada--. Todo lo demás te define, pero he intentado no desvelarte ahorrando la descripción de tu verdadero encanto, porque verdaderamente eres una preciosa joya humana. Siempre has estado en mi imaginación.
Jesabel se vio conminada a entregarse en un beso de verdad.
--Toma mis maravillas si me las vas a cuidar.
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