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ESTA PÁGINA ES CONTINUACIÓN DE LA ULTRAPARADOJA
LA ULTRAPARADOJA II
Acababa de discernir Jaime que
sus sensaciones inmediatamente anteriores procedían de su propio interior, que
la parte involuntaria de su Prefrontal había guiado unos instantes antes, en
una creatividad liberada pero manteniendo relaciones lógicas, reproducciones de
memoria de sus zonas Auditivas y Visuales, dando así forma a esos sueños. Pero
sabía que ya se había iniciado el discernidor voluntario y crítico de su
Prefrontal, completándose con ello toda su consciencia. Vamos, estaba durmiendo
y acababa de despertarse. No obstante, con los ojos cerrados y ajeno a su
entorno, gozaba perezosamente con la inmovilidad de su cuerpo y la ausencia de
preocupaciones, dejándose llevar por momentos con las frases que todavía oía,
siendo todas éstas de origen interno a su cerebro y externo a su voluntad. Jaime,
consciente de su semivigilia, imaginó lo rentable que sería para la creatividad
artística si se pudiera compaginar el esfuerzo reflexivo de la consciencia con
las impresiones tan evidentes que estaba recibiendo, modelándose así
directamente con la voluntad esas imágenes y sonidos tan directos y estables.
Ante una posibilidad tan prometedora como ésta, hizo un intento por controlar
esas imágenes y sonidos, pero como consecuencia de ese esfuerzo intelectual
despertó Jaime por completo perdiendo dichas percepciones que ya ni siquiera
podía recordar cuáles habían sido. En esta nueva situación, sólo podía inducir
imágenes muy tenues y breves. Consideró entonces que también sería beneficioso
para la creatividad literaria si las personas adultas conserváramos la fluidez
imaginativa de los niños, pero desafortunadamente no es así.
Abrió Jaime los ojos y estaba
todo muy oscuro, pero no se encontraba en su cama. Momentáneamente recordó su
experiencia con Jesabel. No podía haber sido un simple sueño. Se levantó como
pudo y a tientas descubrió que se encontraba en su cuarto de estar. Encendió la
luz y en ese preciso momento entró en la habitación la deliciosa Jesabel.
--¿Has despertado? Ya son las
ocho de la tarde. Anda, que debes estar muerto de hambre. Ven a la cocina, te
he hecho una tortilla.
Jaime, embriagado por su suerte,
aprovechó su derecho a abrazar y besar a su chica, que para eso era suya. Sin
embargo, apreció en ella una respuesta discreta a su entrega.
--Mi vida ahora sí que tiene
sentido.
Jesabel no respondió nada.
Seguidamente Jaime pasó a la cocina a devorar su cena. Estaba sentado, con el
torso descubierto y ligeramente encorvado. Jesabel, en silencio, miraba
fijamente cómo deglutía ansiosamente Jaime y sin apenas masticar.
--Tú... ¿has cenado ya?
--Yo comí a las seis, ahora no
tengo hambre.
--Pásame un par de mandarinas.
--Toma. Cógelas.
--Jesa, ¿vas a dormir esta noche
conmigo?
--No era eso lo que tenía
previsto.
--Pero yo necesito pasar toda la
noche abrazado a ti.
--¿Sí? –la actitud de Jesabel era
poco apasionada, como si disimulara alguna cohibición.
--¿Qué te pasa? Déjame adivinar,
¿Te duele la cabeza?
--No, no me pasa nada. ¿Por qué
me lo preguntas?
--Quizás tengas alguna dolencia y
todavía no sepas qué es.
--Vaya, pues en ese caso que me aconsejas,
doctor.
--Para conocer el origen de los
males se debe hacer un buen chequeo a fondo.
--¿Es doloroso ese chequeo?
--No, no. Ni hablar. Se requiere
un estudio sutil y un análisis pormenorizado.
--Pues... dé comienzo usted a ese
examen si considera mi caso como urgente.
--Sí, sí es urgente.
--¿Con qué prueba va a comenzar?
Siempre exijo a mi médico que me tenga bien informada.
--Comenzaré tomando sus
constantes vitales, empezando por tomarle el pulso. Señorita, debe usted relajarse.
Así, respire profundamente.
--Doctor, doctor. ¿Puede usted
tomar bien el pulso con ese contacto tan liviano de las yemas de sus dedos?
--Señorita, por favor, no
cuestione su profesionalidad. Este es un asunto muy serio. Déjese hacer sin
más. Observo cierta enervación en su pelusilla.
--Siento escalofríos, doctor.
¿Puede ser fiebre?
--No lo creo. Veamos su pupila.
¿Parece dilatada o la estoy observando muy de cerca?
--Dilatada, señor. Siento
electricidad en los labios.
--¡Puede ser Excitabilidad! Debo
verificarlo.
--¿Qué me va a hacer?
--A continuación paso a
desvestirle los pies. Y ahora le froto las plantas de los pies con medio limón.
¿Qué siente usted?
--Ohh.
--Me lo temía. Excitabilidad. Hay
que pasar rápidamente a la auscultación. Permítame que le retire estos ropajes
para una mejor observación.
--Doctor, sea sincero, va a ser
capaz de curarme o sólo va a agravar mi sufrimiento.
--Su mal va a cursar varias
fases. En la primera usted dirá que cómo puede ser esto así, que ya no puede
ser más... más... más... Y en la segunda un tormento le va a dar del bueno, del
que no podrá decir que no... no... no... Al final, más tensiones usted no
padecerá.
--Acométalo, pues, si estos
requisitos previos hay que vencer.
--¡Shhhh! Silencio. Se me relaje,
que le voy a sentir el corazón.
Nunca antes había conocido
Jesabel tal grado de simpatía por el Universo. Mágico. Tras desabrocharle Jaime
los pantalones y hacerle la prueba de la tos y la hernia, dio paso a una casi
etérea digito puntura por todo su cuerpo sin menospreciar ni uno sólo de
aquellos poros deseosos, decantándose más bien por las comisuras. Al final optó
por la terapia de choque.
Finalizado el tratamiento y
reponiéndose Jaime del esfuerzo consecuente con su celo profesional, éste quedó
mirando fijamente a las pupilas de Jesabel mientras que con su silencio decía en su
expresión muchas cosas. Ella también le miraba callada, pero se mostraba
inexpresiva. Jaime inició muy lentamente una estudiada pero sincera declaración.
--Encanto, cómo puedo decirlo, yo
sé que has influenciado mi vida y que a pesar de dolor que he sufrido estos
años por haberte conocido y por no tenerte, sin embargo, he estado siempre muy
agradecido por el simple hecho de haber sabido de tu existencia y de haber
sabido cómo eras. Conocerte ha sido lo más grandioso para mí y aunque sólo he
tenido de ti en este tiempo un deseo insatisfecho, me he deleitado mucho con
sólo recordar tu forma de ser. De imprevisto, tú reapareces para sencillamente
materializar mi sueño. Jamás hubiera podido imaginármelo así. Qué más puedo
desear. Eres mi esperanza, mi "luz de amanecer".
Los ojos de Jesabel se inundaron y rebosaron al
parpadear. Sus labios temblaban mientras presionaba intermitentemente su
barbilla.
--Vaya, te he emocionado –en ese
instante Jaime sintió un mal presentimiento y continuó su incursión
sentimental, pero esta vez con una nueva intención--. Quédate a mi lado, por
favor. Vivamos siempre juntos. ¿Te voy a tener siempre?
El semblante de Jesabel
empalideció. No supo qué responder.
--¿Qué está pasando aquí? No
entiendo nada. ¿Ocurre algo?
--Nada, qué va a ocurrir
–expresaba Jesabel
como buenamente podía--. Me he emocionado, es lo más directo que me han dicho
nunca.
--No es motivo para llorar.
--Sí lo es –apretó sus labios
tersando la piel sobre su mentón, ocultó su rostro en el hombro de Jaime y
transformó en convulsiva su respiración.
--Tranquilízate. No merece la
pena. Y además, me vas a poner perdido de moquete.
No surgió efecto la broma de
Jaime. Fueron necesarios más de cinco minutos de sollozos hasta que fue
recobrando progresivamente la serenidad. Tiempo éste más que suficiente como
para que Jaime aumentara su sospecha de que tuviera algo que ocultar Jesabel, pero no
quería violentarla preguntándole demasiado.
--Jesa, así va estando mejor. Eso
quiero yo, que te tranquilices. Me vas a tener a tu lado todo lo que necesites.
--Gracias –se abrazó intensamente
a él y después sonrió levemente y con auténtico afecto.
Tras la jornada laboral del Lunes,
una como otra cualquiera sin nada especial que reseñar, Jaime se alegró al oir el sonido del
timbre, siendo bien conocedor de que era Jesabel quien le estaba obsequiando
con su agradable visita, pues no por esperada dejaba de ser menos estimulante su
femenina presencia. Pero al entrar Jesabel... de nuevo esa inexplicable apatía en ella.
Aquello no era natural, por supuesto que no. Forzosamente debía existir algún
motivo indescifrable para Jaime que distorsionara el entusiasmo de la hasta
entonces siempre vital Jesabel.
Cuál sería su problema. Carecía de sentido que iniciara ella gustosa y
apasionada una relación con alguien esquivo y difícil para, tras asegurarse esa
relación, evolucionar repentinamente hacia ese estado de inquietud disimulada.
Extrañísimo. Jaime llegó a sospechar que el inexpugnable acceso que suponía
alcanzar su propia intimidad hubiera supuesto para la ambiciosa e imbatible Jesabel un reto
más a superar, y que una vez alcanzado dicho reto simplemente se aburría.
También pensó en la posibilidad de que su inexplicable personalidad supusiera
una curiosidad psicoanalítica para Jesabel que arrastrara durante años y que al descubrir
el mecanismo interno del misterioso pensamiento de Jaime hubiera quedado
satisfecha esa curiosidad suya y... a otro asunto. Después concluyó que esas
sospechas que se estaba fraguando eran solemnes estupideces. Ahora ya lo tenía
claro, Jesabel
como mujer que era, quería hacerse la interesante para intrigar a Jaime, pues
es bien sabido que las mujeres sin ningún motivo, y ni tan siquiera haciendo
uso de ningún contenido ni excusa, se muestran misteriosas y supuestamente
complicadas a los hombres para que estos se vuelvan locos intentando
comprenderlas. Esto lo hacen simplemente porque son así, porque les gusta y para
que las mimen, o sea, para que ellos intenten descifrar qué es lo que les
apetece. Y prueba evidente de que esto es verdad, es que siempre que un hombre
desvela a una mujer que ya sabe cuál es el secreto de las mujeres, o sea, el
propio secretismo en sí, éstas sonríen y no contestan nada. Y quien calla,
otorga. Bueno, es una efectiva forma de entretenimiento. Y alimenta el morbillo.
--Jesa, te he hecho una copia de las
llaves de casa para que puedas entrar cuando quieras. Toma –expresó Jaime
recobrando la sonrisa.
--Bien. Te he traído unas
avellanas y unos cacahuetes. Y un poco de miel.
--Gracias. Oye, que he pensado
que como hoy está lloviendo podíamos ir al videoclub a alquilar una película.
Tengo libertad para elegir la que quiera porque no he visto todavía ningún
estreno este año. Estos dos últimos años.
--Fenomenal.
--¿De qué la quieres? ¿De
comedia? ¿O la cojo de acción? De comedia romántica, de esas bonitas, ¿verdad?
--No, tú escoge la que quieras.
--Vamos, que me vas a decir que
también te gustan las pelis
de patadas y sangre.
--No, si sí me gustan. Las de
intriga y las de terror me gustan más, no las soporto por momentos, pero voy a
verlas al cine.
--Ah, vale. Vale.
--Es así.
--Que sí. Pero tienes que esperar
un poco, necesito una ducha.
--Bueeno, aquí te espero.
Apenas transcurrido un minuto
volvió Jaime vestido con ropa interior mientras ella hojeaba una revista
sentada en el sofá.
--El calentador de agua, se me ha
olvidado encenderlo. Eh... ¿cuándo vas a traer tus cosas a aquí? Te tengo que
ayudar.
Un ligero y en apariencia trivial
gesto de Jesabel
encendió sin embargo la alarma en Jaime. Una rápida pero delatadora mirada de
ella hacia arriba, con un arqueamiento de cejas y una mayor apertura de sus
párpados, produjeron un sentimiento de culpa, como cuando se miente y o se está
muy conforme con la situación. Jesabel mostró seguidamente una sonrisa discordante con
la seriedad de sus ojos.
--Como tengo pagado el alquiler
de todo este mes puedo hacer la mudanza cuando quiera. Incluso tengo tendencia de
tener ocupadas las habitaciones para aprovechar el plazo que ya está pagado.
--Mujer, yo no te voy a cobrar
nada por que estés conmigo. Es una tontería que ocupes hasta fin de mes las
habitaciones, puedes venir ya mismo que no pierdes así ni un sólo céntimo.
--Sí, pero al estar ya pagado
perdería así el servicio ya contratado, ¿no?
--¡Y tú eres la que me llama a mí
pesetero! Anda ya. Me voy para la ducha.
Después de este teatrillo
representado por ambas partes, o al menos por Jaime, se enjabonaba éste con el
champú sobrante del cabello y daba forma a sus inquietudes con nuevos y
pesimistas supuestos totalmente dispares entre sí. ¿No habría resultado del
gusto de Jesabel?
¿Estaría enfadada por no haber encontrado Jaime todavía un remedio definitivo a
su muerte? ¿Estaría triste, quizás, al haber descubierto el auténtico grado de
enajenación mental de Jaime? ¿Estaría acaso ella sufriendo algún tipo de
coacción? ¿Por parte de quién? ¿Era su deber averiguarlo? ¿No estaría en esos
días especiales? Mejor no contrariarla en ese caso. ¿Tendría que volver a Japón
porque no pudiera pagar su casa comprada allí con el sueldo de aquí? Pues que
la venda. Lo que Jaime creía entrever en ella no era miedo, si no otro tipo de
preocupación, más bien un temor a ser descubierta o a que le fracasara algún
maléfico plan. No obstante... demasiado sofisticados estos planteamientos,
quizás. La vida cotidiana suele ser más simple, por lo que Jaime comprendió que
debía dirigir sus reflexiones a lo más sencillo que a su vez coincide con lo
más posible. Nueva hipótesis. Jesabel
estaba incómoda. Pudiera ser por arrepentimiento de sus últimas decisiones o
bien por la nueva situación en la que se encontraba, pero ella estaba incómoda.
¿Y qué le puede incomodar a alguien después de haber tomado la decisión que le
ha apetecido? ¿Un error de cálculo? ¿Una estrategia fallida? ¿No prever bien
las consecuencias? Tal vez no fuese Jesabel tan precavida como él creyese y se hubiera
dejado llevar por una necesidad instintiva o por no soportar más la falta de
contacto afectivo, por lo que ahora ella estuviera temiendo haber hipotecado la
libertad a la que ya estaba acostumbrada. ¿Por pasión irrefrenable... o por
simple y asquerosa compasión? Ella retomó el contacto con él asistiendo al
funeral de sus padres y vio a un antiguo compañero abatido y solo en la vida.
Posteriormente le salvó en un "accidente de tráfico" y descubrió que
no tenía ni familiares ni amigos de verdadera confianza. Y para colmo descubrió
que ella era la única capaz de evitar que Jaime fuera manipulado y se viera en
un asunto rancio. Ella sentiría el mismo afecto por él que una enfermera por un
niño con síndrome de Down.
Pero qué estraña
asociación puede haber entre la compasión y el afecto de pareja; la que conocen
aquellas personas que no parecen enamorarse hasta que no encuentran a la
víctima que reúna los suficientes requisitos de desgracia. Pero Jesabel, al ser
una mujer dinámica y con muchos proyectos personales, seguramente no podría
detenerse ahora para dar continuos servicios a un señor treintón, sobre todo si éste ya
careciese de problemas. Porque una relación basada en la compasión no puede
prosperar ya que, o acaba enviciándose en una especie de subvención crónica, o
supone un agravio para la parte menos agraciada. Pero tampoco es solución
romper una relación que promete ser fabulosa. Jaime quería mantener a su lado a
ese encanto de mujer llamado Jesabel
y presentía que la mejor forma de conquistarla definitivamente sería aportando
lo mejor de sí para enriquecer el mutuo beneficio. Que se sintiera realmente
seducida sin poder hacer ella nada para evitarlo. Sí, ese era el objetivo. Pero
qué podría necesitar la autosuficiente Jesabel o con qué podría
sorprenderla o maravillarla en su sofisticación. Conociendo bien a Jesabel se sabe
que su ilusión, su principal objetivo en su paso por la vida es ele de alcanzar
un importante logro para beneficio de muchas personas o contribuir lo máximo
posible en el camino hacia la mejora de todos. Y claro, eso sólo se consigue
con mucho trabajo y dedicación. Y posiblemente ella temiera que, tras una
preparación personal tan larga y laboriosa como la suya, ahora comenzase
inevitablemente a formar... sí, a formar una familia, porque antes o después
Jaime solicitaría tener hijos. Y una familia para una madre supone mucha
dedicación y esfuerzos, lo que podría echar al traste parte de sus planes ya de
sí bastante excluyentes. Pero la continuidad de la especie es necesaria aún en
los países desarrollados y da sentido a la vida. Y el periodo existente desde
que una mujer alcanza al fin una elevada formación y un gran puesto laboral
hasta no poder tener hijos, ese periodo es extremadamente corto. Jesabel estaría
verdaderamente confusa, tanto por necesitar asegurarse para el futuro el apoyo
emocional de una familia propia, tanto por ser consciente de que sus
excepcionales virtudes laborables debían ser de provecho y no quedar
desperdiciadas por ocupar su tiempo en faenas domésticas. Jaime sintió que
estaba obligado a demostrar a Jesabel
que él la iba a apoyar en todo lo necesario de su vida familiar, y siendo
consciente de lo importante de su trabajo. Si antes de terminar la carrera ya
estaba ella trabajando en Aster Hispania, si no pudo terminar el doctorado porque un
cazatalentos venido expresamente de Japón le hizo unas pruebas y la
recomendó para trabajar en la Yokonaga
y formarse en la prestigiosa I+D
de Yokonaga
en su central de Kyoto, si ella aceptó esa propuesta automáticamente a pesar de
las reticencias de sus maravillados pero sufridos padres... cómo iba a frenar
él ahora toda esa trayectoria en un mundo laboral tan veloz y competitivo
como el suyo, en el que ella diseña hoy, por ejemplo, un microchip mejor para
redes de móviles de tercera generación y mañana es una antigualla frente a un
microchip molecular o algo así. Jaime debía convencer a Jesabel que sin ser una super-mujer
podría compaginar su situación de madre y su don excepcional en el trabajo
consiguiendo el tiempo necesario para todo gracias a la colaboración de él, su
socio-amante. Jaime Uriel no sólo necesita ayuda, Jaime Uriel también
contribuye al éxito de una nueva familia. La táctica a seguir por Jaime sería
demostrar a Jesabel
la serie de ventajas que le supondría convivir con él, un chico apañado,
autosuficiente y colaborador. Cómo convencerla. Para empezar, la ventaja de su
sinceridad y buena fe. Sí, la autenticidad de su amistad quedaba demostrada por
el hecho de que si a esas alturas él decidía aceptar una relación seria debía
ser necesariamente por un motivo noble, ya que ni había nadie ni podía haber
nada que le obligase a tomar una decisión tan novedosa en él. Ni tampoco había
nadie ni nada que le impidiese disfrutar de la aventura exótica que le
apeteciera como para tener que complicarse la vida con falsedades para enmascarar un ligue frívolo. Lo suyo era
una decisión voluntaria y responsable Y si a esas alturas Jaime nunca había
renunciado a los privilegios de su soltería y de repente sí lo hacía por Jesabel, es que
debía haber algo especial en ella que mereciese la pena, algo que superase con
creces las exigencias del más reacio. Otra ventaja destacable de vivir con
Jaime y tener descendencia con él, además de su sinceridad, era la liberación
que suponía su acomodado estatus de vida con unos ingresos estables y sin
ningún agobio de hipotecas. Estas cosas también hay que tenerlas en cuenta.
Otros tienen que buscárselas como pueden y renunciar a mucho, los
pobrecillos. Pero con la capacidad económica que le construyó su trabajador
padre, Jaime estaba en situación de ofrecer a Jesabel suficiente independencia en
su tiempo como para que pudiera prosperar en su trabajo al tiempo de ser madre.
El servicio doméstico existe y no aprovechar su privilegiada situación
financiera sería de idiotas. ¿Cómo podría demostrarle todo esto sin ser
demasiado directo? ¿Cómo convencerla realmente de la sinceridad de sus
intenciones? Creyó Jaime hallar, haciendo uso de sus limitados conocimientos en
psicología femenina, un método aceptable y pasó a ejecutarlo.
--Ya estoy listo.
--Vamos.
--No. He estado pensando mientras
me duchaba que ya que vamos en coche seria mejor que fuéramos al cine. Parece
lo mismo pero no lo es.
--¿Por qué?
--Porque ir al cine es más salir
que ir al videoclub y está todo allí lleno de adolescentes que intervienen y te
hacen saborear más la película. No pierdes detalle.
--Pero casi me tendría que haber
arreglado más, ¿no?
--Queva. Si estás fenomenal. Venga.
--Vale, vale.
Sin más dilación partieron hacia
los minicines
y conversaron durante el trayecto.
--...pues ya te digo, cuando la
veas ahora en la película fíjate en el palmito que luce. Nadie diría que unos
meses antes estaba de parto.
--Las estrellas se operan todo lo
que quieran operarse.
--Sí, pero esas mujeres
encuentran tiempo para todo, para cuidar su cuerpo, para trabajar, para tener
familia... ¿Cómo lo harán?
--Puf. Esas cambian pocos pañales.
--Están montadas en el dólar,
hacen bien. ¿Tú no harías lo mismo?
--Cuando sea una estrella de cine
te lo diré.
--Sí, harías lo mismo. Pues no es
tentador ni nada poder conseguir todos los objetivos de la vida: triunfar en el
trabajo, ser admirada, acudir a todas las fiestas, viajar por el Mundo... y dar
una imagen seria de madre de familia.
--Claro. Quien pueda hacerlo, que
lo haga.
--Eso si es cierto, la mayoría a
trabajar, a economizar y a preguntarse si terminarán de pagar sus hipotecas
allá en la madurez de sus vidas. Y además faltando tiempo para todo y teniendo
que renunciar a muchas ilusiones. Qué diferencia.
--Sí.
--Y suelen ser las mujeres las
que renuncian a más, sobre todo por sus hijos.
--Sí.
--Bueno. Pues, nada. La vida
—Jaime ya no encontraba forma posible de extraer las opiniones y preocupaciones
de Jesabel.
No podía decirle directamente algo así como: «Soy un chollo. ¡No tengo
hipotecas! Conmigo puedes ser una respetable madre y teniendo tiempo suficiente
para desarrollar tus inquietudes profesionales igual que las estrellas de cine.
Siéntete realizada. Sí. Fundemos una familia, pues. Yo te la puedo costear."
Pero Jaime necesitaba garantías sobre el futuro de su relación con Jesabel--. Ya tenemos las Navidades
aquí, en dos semanas NOCHEBUENA. La pasarás con tus padres, supongo.
--Por supuesto. En eso no puedo
elegir. Es sagrado.
--¿Os juntáis muchos en casa?
--No, los justos, los de siempre.
Mi hermana, mi cuñado Jose,
mí hermano pequeño, su novia...
--Yo... no sé si... creo que lo
voy a pasar fatal, porque tengo muy reciente lo de mis padres y los voy a
recordar mucho.
--No me digas eso, Jaime.
--¿Y si pasara la Nochebuena con
vosotros? No, sería demasiado brusco, ¿verdad? Yo no quiero ponerte en un
apuro, debes elegir tú cuándo me debes presentar a tus padres. Pero... no somos
precisamente jovenzuelos. Tú me entiendes. Lo mismo podría ser un buen regalo
de Navidad que les hicieses. Yo, desde luego, ya no puedo hacerles ese regalo a
mis padres —extrañamente Jesabel
se limitó a abrir lentamente su boca con los labios relajados mientras miraba
fijamente hacia el asfalto--. Mi madre siempre tuvo esa queja conmigo. Pero yo
no quiero forzarte, es elección tuya buscar el mejor momento para que me
conozcan.
--Yo he acostumbrado a mis padres
a que no me exijan nada. Soy yo la que dispongo siempre. Que decido irme a
Japón, pues me voy. Y ellos lo único que hacen es despedirme en el aeropuerto.
--Eso es injusto. A ti siempre te
han dado todo lo que has querido como para que pases de sus opiniones. Quizás
no se valore tanto a los padres como cuando ya no los tienes. Yo siempre estaba
a disgusto con mi madre y apenas veía a mi padre, y cuando lo veía era
frío, daba órdenes y sólo hablaba de sus negocios. Pero es ahora cuando aprecio
todo lo que me han ofrecido.
--Eran mayores tus padres, ¿no?
--Sí. Mi madre sufrió muchos
abortos antes de conseguir tenerme a mí. Por eso valoraba tanto la
descendencia. Yo... llegué a sospechar que mi padre estaba decepcionado conmigo
por alguna razón desconocida, pero un día sin avisar me compró con sus ahorros
un coche y esta casa. Y mi madre, los muebles. Yo me quedé atónito, de verdad. Debe
ser que cada cual muestra sus sentimientos a su manera.
--Me estoy imaginando a tu padre
como a un hombre duro, como a Clint
Eastwood o
algo parecido.
--Sí, con apariencia áspera pero
sólo haciendo cosas positivas. Imagínatelo con las mejillas hendidas.
--¿Sí?
--Sí. Eh... ¿saben ya tus padres
que estoy saliendo contigo?
--No lo sé. He hablado esta
mañana con mi hermana y se lo he contado todo. Pero seguro que no dirá nada a
mis padres hasta que no se lo cuente yo a ellos.
--No, si yo lo digo porque quizás
no sea conveniente que me presentes el mismo día de Nochebuena. Seria mejor que
me conociesen antes —abrió considerablemente sus párpados Jesabel—o después.
Jesabel giró rápidamente su rostro hacia
Jaime y seguidamente sonrió elocuentemente.
--Sabes que te digo, que les voy
a dar una sorpresa que no la van a olvidar. Llamo a mi hermana y si todavía no
ha contado nada le pido que guarde el secreto. Y el día veinticuatro nos
presentamos los dos. Quiero ver qué cara ponen cuando te vean.
Ella estaba sobreactuando.
Demasiado evidente. Era una pésima actriz que se atrevía a forzar absurdamente
una ridícula sonrisa aún brillándole los ojos y aún fallándole la voz en algún
momento. Su gesto facial era muy falso pero su mirada mostraba claramente una
llamada de auxilio, como si veladamente suplicara algo que no pudiera
manifestar directamente, como si quisiera pedir... "sígueme esta farsa,
por favor, no soy sincera, quizás lo notes, pero no me obligues a sincerarme
que no tengo suficiente valor, dame juego, hazme ese favor".
--¿¡Qué cara van a poner con lo
bien presentado que soy yo!?
--Pues por eso mismo lo digo.
Estoy impaciente.
Cuando una persona llega a esta
sufrida situación es porque teme verse descubierta en sus engaños, tanto si
éstos son provocados por circunstancias ajenas a su responsabilidad, como si se
deben a su propio cinismo deshonroso y egoísta. En todo caso cuando otra
persona consigue rozar la raíz de la falacia del atormentado mentiroso, éste
explota emocionalmente contándolo todo porque continuar con la angustia de
sostener la falsedad llega a ser insoportable, por supuesto más duro que
afrontar la incomodidad y la vergüenza de sentirse expuesto al juicio acusador
tras ser descubierto. Evidentemente, Jaime aún no había tocado el origen de la
posible falta y del seguro desaliento de Jesabel que provocase sus
confesiones. Pero llega un momento en la vida de un hombre en el que debe poner
los puntos sobre las íes.
Aún suponiendo que ella sufriera algún chantaje, que es demasiado suponer, su
comportamiento estaba siendo pésimo. Su falsedad incluso podría haberla
utilizado desde un principio. Y en ese caso, ¿por qué tenía que haber acudido a
Jaime? ¡Efectivamente! Absolutamente todo era una farsa en Jesabel. Qué estúpido de Jaime. Le
habría seducido con fines innobles. ¿Cómo no
lo había captado antes? Jaime recordó el día en el que Alberto le hizo su
visita. Cuando Jaime se encontraba después en su casa decidiendo qué actitud
tomar, ella hizo un acto de presencia muy oportuno, pero no hay explicación
para el origen de aquella visita, salvo que ella estuviera buscando un
encuentro sentimental. De hecho, unas tres semanas antes, cuando ella fue a
casa a darle el pésame por la muerte de sus padres, más que extrovertida se
comportó provocadora, por lo que la reacción impulsiva de Jaime estaba bien
justificada y no era motivo de vergüenza. Seguramente se sintiese ella insegura
en aquella situación por el ímpetu excesivo de la respuesta de Jaime y se viese
en la necesidad de abandonar la escena. Pero pasados unos días ella volvió a
retomar el contacto, en un momento providencial, eso sí, pero fue la
supuestamente agraviada la que le llamó a él; detalle que se debe tener en cuenta.
Y tras la lamentable experiencia con Alberto, ¿por qué fue a visitarle a la
Clínica? Pudo perfectamente visitarle ese mismo día por la tarde en casa. Y...
¿no se presentó, además, demasiado provocativa? Cada cual tiene su estilo de
vestir, pero ese escote más bien
rebosaba alegría, exuberancia, ternura y alimento para la fantasía;
y Jesabel
era bien consciente de ello. Y en un solo momento de debilidad, Jaime ya estaba
emparejado. La "cariñosa" de Jesabel se alegró mucho por la nueva
situación y sólo dos días después ya estaba mostrando una expresión ácida.
Incomprensible. Bueno, se sabe de personas que cuando toman confianza muestran
su verdadera personalidad que nada tiene que ver con la imagen que venden a
todos los que no consideran incondicionales; Alberto, por ejemplo. Pero Jesabel, o se
encontraba en una incómoda situación imprevista o ya había culminado algún
objetivo deshonesto. ¿Un despecho, quizás? ¿Habría querido desquitarse de
alguna afrenta por infidelidad o abandono del hombre al que realmente quería y
una vez conseguido le molestaba la nueva relación con Jaime porque ni le hacía
ilusión ni le hacía olvidar? ¿O estaba arrepentida porque sólo había querido
provocar celos y se le había ido el asunto de las manos?
--Jaime, ¿en qué estás pensando?
--En nada. Bueno, sí, en lo que
se piensa cuando no se está pensando en nada. Ya sabes.
--Vale. Que sigas disfrutándolo.
Evidentemente no le apetecía nada
a Jaime que le llegara un marido burlado golpeando a diestro y siniestro. De
cualquier modo aquello había llegado ya a un punto en el que Jaime debía
afrontar los problemas directamente y por ello estaba obligado a exigir
explicaciones a Jesabel.
No obstante, Jaime no quería ser demasiado brusco por si sus sospechas no
fuesen reales.
--Tus padres van a ver a un yerno
bastante hecho.
--¿Cómo? Oye, no te pases, que
tenemos la misma edad y no es para exagerar.
--Jesabel, tengo que decirte algo.
--Dime.
--Lo sé todo.
--¿Cómo?
--Hablas en sueños y estoy
enterado de todo.
--¿De qué todo?
--De todo lo que me has ocultado
—Jaime frunció su cejo y Jesabel
hizo desaparecer su forzada sonrisa por un instante para enseguida continuar
con ella.
--Y ahora que lo sabes... ¿me vas
a castigar?
--Sí.
--¿Cómo?
--No se.
--¿Vas a ser severo?
--En la misma medida de lo que me
has ocultado. ¿Te parece a ti que tengo motivos para ser duro?
--Juzga tú, que eres el ofendido.
--Rememora si puedes cómo ha sido
tu engaño y valora lo que has hecho. Vamos, que quiero verte cantando tus
culpas. ¿No tienes valor para decirlo a la cara?
--Pero bueno, si ya sabes lo que
hay, que necesidad tienes de que lo cuente.
--Yo quiero oírte decirlo. Dame
ese gusto.
--Dilo tú, qué más da.
--Sé que no me quieres a mí. Sólo
quieres mi cuerpo —hizo sonreír con autenticidad a Jesabel contagiando a Jaime.
--Deseo tu cuerpo y me gusta
estar contigo, bobo.
--Vamos, confiesa, tú estás
casada.
--¿No me digas que te hubiera
dado morbo que hubiera estado casada? Pues, no. Lo siento, pero no acostumbro a
engañar maridos. Cuestión de costumbres, ya sabes.
--Ya lo tengo. Estás buscando
novio para una buena amiga, yo te parecía adecuado, se te ha ido el asunto de
las manos y me has probado demasiado; y ahora que ya me habías ofrecido a tu
amiga, no te agrada tener que entregarme a ella.
--Qué desastre, tú estás... No aciertas
nada. ¿No decías que hablaba en sueños?
--Sí, pero no se te entiende nada.
--Ya veo. ¿Qué te pasa? ¿Te
parezco misteriosa?
--Más bien injusta. Me obligaste
a desvelar mis secretos más personales con riesgo de burla o juicio moral. Me hablaste
de lo bonito de la sinceridad. Y ahora veo perfectamente que me estás ocultando
algo. Y como la imaginación es libre.....
--Lo siento. Estoy atravesando
una crisis laboral-personal y me lo estaba rumiando yo solita por no
perjudicarte con mis cosas. Insisten en que vuelva a Kyoto, pero yo no quiero,
no.
--Pues si realmente no quieres,
no hay problema. No te pueden obligar.
--Claro que no. Me disgusta mucho
tener que quedar así con ellos después de lo que les debo, pero no me hace
ilusión anidar en tierra extraña.
--Tú ponte en tu sitio, que no se
diga.
--Claro que sí. Ya tenía previsto
ir pasado mañana a entrevistarme con un jefecillo y convencerle de que aquí
también puedo ser muy útil para la empresa.
--Y si no, con el currículum que
tienes también puedes trabajar en cualquier otro sitio.
--Ya veré.
--¿Para qué te necesitan en Kyoto?
--Petrosky me solicita como
colaboradora. Está muy entusiasmado con su nuevo proyecto y quiere
colaboradores para finalizarlo lo antes posible. Ya se sabe, las ideas que
pueda tener él también las puede desarrollar cualquier otro investigador de la
competencia. Y Petrosky
prefiere la presencia física de sus colaboradores para no perder tiempo,
realizar los experimentos directamente y discutir los resultados entre todos conforme
vayan surgiendo.
--¿Tan imprescindible eres?
--No.
--¿Y de qué va ese proyecto?
--¿Cómo dices? —sonrió--. No te
lo puedo contar.
--¿Y eso? ¿Tú me ves con cara de
espía industrial o algo parecido?
--Tengo mi deber de discreción.
--Sí, claro, como que yo me voy a
enterar mucho de los aspectos técnicos.
--No, es... ¡¡Será posible!! —gritó Jesabel al tiempo
que apretaba con insistencia el claxon--. ¡Vaya una payasa! ¿Has visto lo que
ha hecho?
--No.
--Se ha metido cuando parecía
que... Será deficiente la tía. Las idiotas como esa son las que nos dan mala
fama a las conductoras. No, si se parará en el medio.
--Yo creo que va hablando con el
móvil.
--No me extrañaría.
--¿De qué va ese proyecto tan
importante?
--Sí. Son... microchips ópticos.
--¿Cómo?
--Pues lo que acabas de oír,
Jaime. Un nuevo modelo de microchip óptico. No sé muy bien qué es lo que
pretende Petrosky.
--Claro, con la luz debe ser más
rápido el procesamiento de información.
--Sí, eso es. No quería decirlo,
pero has dado en el clavo. Un procesamiento de información más rápido y mucho
menos espacio de material electrónico. Se alcanzaría el tamaño mínimo posible
en la construcción de ordenadores.
--Y cómo se consigue, ¿con
cristales?
--Sí, con cristales refractarios,
sí.
Ella sí que estaba hecha una
payasa. ¿¡Microchips ópticos con cristales refractarios!? Qué estupidez. Jaime
no salía de su asombro al comprobar la imagen que tenía de él Jesabel. Ella
creería que la idiotez de Jaime era tal como para aceptar que el
procesamiento de información se pudiera hacer con ¡cristales refractarios! Como
si Jaime fuese tonto, como si él no supiera que los microchips ópticos son
también de silicio. ¡Todo el Mundo lo sabe! Jesabel, la listilla, la que se cree
que puede ir engañando a los demás sin que se le note, ahora sí que se estaba
embrollando en sus propias mentiras y sería capaz de inventarse cualquier
bobada. Ni Petrosky
tenía un nuevo proyecto, ni ella debía marchar a Kyoto, ni estaba
preocupada por nada de esto. ¿Hasta dónde quería llegar? ¿O sólo pretendía
ganar tiempo? Si estaba dispuesta a marcharse sin decir nada, eso demostraría
que era una cobarde incapaz de afrontar la vergüenza de reconocer sus mentiras.
Ella estaba dispuesta a mantener las mentiras de cualquier modo, aún si fuese
evidente su falsedad e incluso si rozase el ridículo. Pero.... ¿qué era lo que
ocultaban sus mentiras originales? Debía ser algo grave como para que Jesabel las
mantuviera a cualquier precio. Si las había ideado ella voluntariamente para
manipular a Jaime, debería ser para obtener un gran beneficio personal, lo que
la dejaría en una posición pésima. Pero no encajaba que una mujer supuestamente
tan cínica y tan fría repentinamente llorara de verdad y ocultara el
porqué de ello a sabiendas de que así arriesgaba sus sofisticados planes. Más
posible sería que ella estuviera realmente arrepentida de sus actos y sin
embargo continuara presionada por... otras personas. ¿Y toda esta sofisticación
para aprovecharse de Jaime? ¿Tan valioso era él? Jaime no se imaginaba así de
interesante como para tanta complicación. El asunto podría ser aún más serio. Jesabel podría
estar tan amenazada y coaccionada que no se atreviera a denunciar. Incluso
podría ser por motivos ajenos a Jaime. ¿Amenazada por quién? ¿Por Alberto?
Claro, él estaría con la libertad condicional y querría vengarse de la trampa
en la que cayó aterrorizando a Jesabel. Jaime no lo iba a consentir, pero necesitaba
encontrar rápidamente la forma de verificar esta "penúltima" sospecha
antes de precipitarse. También debía hacerlo con tacto para no agravar la
ansiedad de Jesabel
y para que no le considerara como otro motivo más de preocupación. Por ello no
podía preguntarle. Quien sí le podía poner al corriente de todo era sin duda
Natalia. Ella sabría si Alberto continuaba encarcelado.
--Me muero de ganas de ver cómo
se encuentra Natalia.
--Ya te comenté cómo está.
--Sí, pero quiero verla en
persona, ver cómo se recupera.
--No puedes arriesgarte. Debes
esperar más tiempo, aún es pronto y nadie te debe relacionar con Natalia.
--¿Por qué? Si Alberto ya cambió
la declaración.
--La puede volver a cambiar. El
es así de especial. Si quieres puedo volver a visitarla.
--Tú decides.
--Vale. Mañana por la tarde puedo
ir a verla. Y dentro de varios días vamos los dos.
--Me parece muy bien.
Jaime temía caer en la paranoia
obsesiva y para evitarlo dejó de buscar más supuestos. Se convenció a sí mismo
de que su principal objetivo era visitar lo antes posible a Natalia y
preguntarle por todo lo que supiera. Y lo iba a hacer a la mañana siguiente
adelantándose por supuesto a la visita de Jesabel.
Unos minutos después llegaron al
cine y dejándose influenciar por el título eligieron una película diferente a
la prevista. "Amparándose en su asesino" se llamaba. Su complicada
trama sobre el mutuo engaño entre las dos partes de un joven matrimonio impedía
que Jaime olvidara las dudas que le asaltaban. La facilidad y eficiencia con
que la parte femenina dirigía, reconducía y manipulaba a su marido le estaba
reconcomiendo los intestinos a Jaime. De una forma más tosca y directa la parte
masculina cuidaba de disfrutar de sus deslices mientras que su esposa simulaba
no estar enterada de nada. Observando la capacidad de odio y de resentimiento
de ella y el ímpetu exacerbado y la facilidad colérica de él, no era de
extrañar que en esa película acabaran desarrollándose acontecimientos de
violencia extrema, lo cual iba a terminar de minar los nervios de Jaime. Cuando
la jovencita esposa estaba ideando un plan junto con su amante para
"olvidarse" de su marido, éste acababa de leer una noticia en la que
un marido paranoico había intentado quemar a su esposa, tras lo cual él... pues
decidió marchar a una gasolinera. Jaime se levantó sobresaltado.
--¿Adónde vas?
--Al servicio, tengo necesidad.
--No tardes, te cuento después
qué ha hecho el malo.
--¿Malo? ¿El único malo? —se
sentó otra vez.
--Sí, el malo de la película,
claro. Él es tan inútil que no es capaz de vivir sin ella, pero tampoco puede
convivir con ella de forma normal. Menos mal que lo van a matar entre los dos.
--Pero si ella se ha encaprichado
de otro y ahora quiere deshacerse del ahora "pesado"
--Pero toda persona tiene derecho
a tener ilusión y vivir enamorada. Si el marido se lo niega...
--El mismo burlado también tiene
ese derecho con ella, ¿no?
--Pero si tiene esa necesidad,
que la hubiera demostrado desde un principio y no se hubiese comportado siempre
como un borde. Ahora lo va a empeorar todo siendo más borde.
--No es tan extraño que se
enfadara a veces; ella lo único que ha aportado desde un comienzo han sido
quejas, lamentaciones, criticas, acusaciones y órdenes. Sólo se ha casado con
él por interés propio y para manejarlo.
--No es cierto. El es un violento
egoísta que cuando ha tomado confianza sólo quiere tiranizar a la pobre. Ella
hace bien con buscar protección.
--Está bien, para ti la última
palabra —murmuró Jaime.
--¿Cómo has dicho?
--Nada, no he dicho nada. Que me
voy al servicio.
Una vez en el habitáculo, sin
poder soportar más la intriga, cogió su móvil y preguntó en Información por el
número de teléfono de la señorita Natalia Gómez Figueroa. Ella no figuraba en
la relación de teléfonos. Decidió entonces probar suerte con el Directorio de
Móviles de Contrato. Aquí sí hubo una respuesta afirmativa. Sin más dilación
marcó el número de Natalia.
--Dígame.
--¿Es ahí Natalia?
--Sí.
--Soy Jaime, ¿cómo te encuentras?
--¿Perdón? ¿Quién es usted?
--Jaime. El doctor Uriel Campos.
--¿Quién dice?
--Yo, ¿no me recuerdas, Natalia?
--¿Eh?
--Ya sabes.
--¡Oyayayayy, qué sinvergüenza, que no
sé qué me dice este tío de un doctor Uriel...! —gritó escandalizada--. ¡Venga
ya! ¡¡Sinvergüenza!! ¿Qué voy yo a conocer a un doctor de nada? So desgraciao, vas a
ir con rollos a tu madre, cabrón. Se lo voy a contar a mi marido cuando venga
que es un hombre como debe ser, hecho y derecho.
Se le heló la sangre a Jaime.
Reconoció perfectamente aquella característica voz. A pesar de haber
transcurrido más de veinticuatro años sabía que aquella voz pertenecía
exclusivamente a Natalia, y nada tenía que ver con la voz de aquella mujer que
se había hecho pasar por ella unos días antes. En ese instante el suelo comenzó
a moverse, a dar pequeños saltos junto con las paredes y el techo. Jaime supuso
que aquello era el inicio de un temblor de tierra o un fallo en los pilares del
edificio. Pero enseguida comprendió que ese fenómeno tenía origen en su
interior y que esos aparentes saltos de su entorno coincidían con los fuertes
latidos de su pecho, siendo todo ello una manifestación de su gran decepción.
Jaime comenzó a golpear violentamente su cabeza con repetidos manotazos y
puñetazos sin sentir dolor físico. En algunos momentos su vista se quedaba en
blanco. Desde la película que se estaba proyectando se oían duros insultos y
amenazas, fuertes gritos y una música enloquecedoramente alta y
tremendista. Mordiéndose su mano derecha y con los ojos encharcados
Jaime increpaba tanto a Jesabel
como a Alberto por su complicidad. No obstante, se serenó repentinamente y se
dijo a sí mismo: "¡Pero sí estoy fabricándome un drama de una simple
equivocación! Son todo imaginaciones, estoy seguro. Yo sí que soy un paranoico;
no tengo pruebas concluyentes y ya estoy sospechando de Jesabel, que es realmente un
ángel". Jaime cogió de nuevo su móvil y llamó al Hospital de San Jorge en
Huesca.
--Hospital San Jorge, ¿qué desea?
--Sí, mire... Yo, quería saber si
fuera tan amable... si me pudiera decir quién es el médico que está en
sustitución del doctor Camero, no recuerdo su nombre en estos momentos.
--Sí, pero... ¿qué es lo que
necesita usted? ¿Es una urgencia?
--No. Mire. Quiero saber...
Quiero hablar con quien está sustituyendo al doctor Carnero. Fui atendido por
el doctor Camero y como tuvo él ese percance con la Ley...
--No estoy entendiendo nada.
¿Desde dónde llama? No le oigo bien.
--¿Está ahí... el doctor Camero?
¿Puedo hablar con él?
--Lo siento. Pero creo que se
está usted equivocando. En este Hospital nunca ha habido ningún doctor Camero.
--¿Seguro?
--Hombre, pues... sí. No sé cómo
puedo yo... ayudarle.
--Oh, perdón. Ya no le molesto más.
Hasta luego.
--Hale... adiós.
Se le fue encogiendo el estómago
a Jaime subiéndole por ello un amargo sabor, al tiempo que se alojaban en su
vientre unos dolores muy agudos que le hacían percibir con gran claridad las
formas y contornos de todos sus intestinos. ¿Por qué esas mentiras de gran
calibre? ¿Por qué una trama tan extremadamente compleja y enrevesada para...?
¿Para qué? Jaime no entendía qué interés podía haber en él como para invertir
esa cantidad de esfuerzos y de medios. ¿Una estafa de envergadura, quizás?
Ciertamente resultaba difícil imaginar que Alberto y Jesabel hubieran podido desarrollar
por sí solos una utilización del buen hacer de Jaime tan rematada y perfecta.
El único indicio que había despertado las sospechas de Jaime fue la
preocupación aparentemente injustificada de Jesabel, provocada ésta por algún
elemento distorsionador
tan duro que le fuera imposible disimular a pesar de todos los esfuerzos
invertidos. Posiblemente sería un acontecimiento imprevisto por parte de
Alberto o de terceras personas, lo cual no disminuiría el grado de culpabilidad
de Jesabel
ni suavizaría la decepción de Jaime hacia la más cínica, manipuladora y
desalmada. Las personas así no merecen la pena. Qué clase de mente puede fingir
preocupación por el estado de ánimo de un compañero que sabe que es propenso a
la depresión cuando lo va a manipular. Cómo se puede expresar sin sentir nada
declaraciones como "la sinceridad y el apoyo entre todos nosotros es lo
único que tiene valor", "tienes aquí a alguien en quien
confiar", "lo bonito en una relación profunda es que dos almas
lleguen a conocerse totalmente, "yo a estas alturas busco algo que me
llene", "hemos nacido para desarrollar un destino común y vivir
siempre juntos", "te pido que seas sincero y que me cuentes todo de
ti"... Jaime al recordar estas hermosas palabras faltas ya de sentido se
sentía aún más afligido. Y la maldita película insistía con chillidos y con una
violencia verbal poco aconsejable. Volvió a morder lenta e intensamente su mano
derecha y se sentía estúpido por su ingenuidad y su confianza temeraria.
Aquello no tenía que haber pasado. Con qué derecho había regresado
voluntariamente Jesabel
a la vida de Jaime para despedazar ella misma el mito que había idealizado su
existencia. Su fe en las personas maravillosas se estaba desmoronando porque la
falsedad es la peor de las maldades, ya que juega con los sentimientos y con la
buena fe de los demás y siembra desconfianza hacia todo. A Jaime le parecía imposible
que la mejor persona de todas fuese realmente la peor, pero estaba aprendiendo
a mirarla desde otra perspectiva, y donde antes veía atractivo natural ahora
descubría sólo seducción artificiosa y ridícula. Ella se había transformado
para él en una extraña con sus motivaciones extrañas que siempre había vendido
una imagen cercana pero falsa. Inoportunamente se endurecía el enfrentamiento
verbal de la película, incidiendo ello en Jaime y acrecentándole su malestar.
Él oía voces agresivas que decían: "Si tú eres peor que las putas, por eso
tienes esa expresión tan dura, por el odio que sólo tú sabes tener y por la
maldad que te corroe por dentro. Que las putas contratan sin escrúpulos su
cuerpo y su erotismo a quien les pague, pero las golfas como tú no os vendéis,
si no que estafáis fingiendo sentimientos que no conocéis. Que ni siquiera os
satisface vuestro puteo con unos y con otros, que lo que más bueno os está es
vuestra burla de quienes estafáis y robáis aprovechando las leyes de separación
que vosotras mismas defendéis y os hacéis. Pero de mí no se ríe nadie,
traidora. Que prefiero antes sacrificar mi asquerosa vida que te has encargado
de crearme, que verte triunfante con mi dinero, zorra. Porque te digo una cosa, es
más honroso para mí ser un suicida loco que un payaso del que se rían todos. Y
claro, en criminal no me puedo convertir porque ya me has criminalizado con tus
denuncias. Anda, defiéndete ahora con tus armas de mujer, sedúceme, que ahora
sí que estás guapa de cojones. Eso mismo, llora, casi me estás convenciendo,
estoy casi enternecido. Quizás si lloraras más te saldrías con la tuya. Vamos,
inténtalo, te puedes salvar, ¿te ayudo? Sí. Así mismo, así lo haces mejor. Eso.
Ay, pobrecita la zorrita,
qué desconsuelo tener un marido tan injusto que se enfada sin motivo por algo
tan inocente como la manipulación de su vida, luchando siempre por proteger y
satisfacer a SU mujer, la que le tenía preparado el divorcio desde un
principio. Qué lastimita. Lo siento, ¡qué se te acabó el chollo, golfa! ¡¡Guarraa!! Tú no
lo vas a ver, pero al anormal de tu Nacho también lo voy a despedazaar." Jaime quedó
impresionado por tanta violencia verbal e incluso llegó a temerse a sí mismo.
Pero también imaginó a Jesabel
y a Alberto amándose verdaderamente y elucubrando en sus momentos íntimos los
pormenores del timo que le iban a practicar. También imaginó a una Jesabel viciosa y
temerosa de que el chulo de Alberto sospechara algo sobre su desliz con Jaime,
fruto éste quizás de su "celo profesional". En esos momentos comenzó
a latirle el cuello y las sienes. Bruscamente abandonó el pequeño habitáculo
con el objetivo de terminar de destapar toda la farsa, y siendo de sutil para
ello, pues... solamente en el grado que requiriesen las circunstancias. Al
cruzar por el espejo de los servicios se detuvo para descubrir una imagen nueva
en su expresión. Era más que palidez, carecía de color en la piel y sus cejas
no estaban arqueadas, si no más bien se mantenían subidas sobre el punto de entre el tercio exterior y el tercio medio
de cada una de ellas, acompañadas en su levantamiento por las consiguientes
arrugas en la frente; como si hubiera algo naciente en la frente que las
estirara hacia arriba en esos puntos. Sin más, marchó decidido al encuentro de Jesabel.
--Te estás perdiendo lo mejor,
Jaime. Casi mata a la pobre chica, pero en el último momento la ha salvado su
novio.
--Jesa, vámosnos.
--¡Cómo dices! Pero si ahora
viene lo más interesante de la película.
--No puedo soportarla más.
--Pero bueno, si es sólo una historia
ficticia. Eres demasiado sensible.
--No. Creo que estoy enfermo, me
siento muy extraño.
--Tienes mala cara. ¿Vamos a
Urgencias?
--Sí, vamos.
Estando ya en el automóvil...
—No se puede estar nunca bien del
todo, Jesa.
Siempre tiene que haber algún problema.
--Sí, es la salsa agridulce de la
vida. Pero tú, tranquilízate.
--Quiero creer que no me está
pasando nada grave.
--¿Te sientes muy mal?
--No, es un malestar general. A
veces, los propios sustos son los que más perjudican.
--Sí.
--Y las personas que ya tienen
cierta edad envejecen mucho con los disgustos. Imagino que a la madre de
Natalia se le habrá notado bastante el palo de la desaparición de su hija.
--Si, la verdad es que sí. Pero
parece como si ahora estuviera rejuveneciendo un poco.
--Jesabel, dime, tú llegaste muy
oportuna a mi casa cuando Alberto me quería involucrar en su problema con
Natalia, ¿pero a qué fuiste a mi casa?
--¿Yo? Acababa de llamar por
teléfono a la madre de Natalia e iba a marchar a Huesca para ayudar en lo
posible. En las desapariciones toda ayuda es poca. Y no quería que en esa
ocasión también desconocieras el drama de una compañera tuya. Sólo fui a
contarte lo que había pasado.
--Eres muy detallista. Gira por
ahí, se llega antes al Hospital. ¡Ay, Dios! —gritó tocando con la palma de su
mano la parte anterior de su cabeza--. Creo que esta dolorosa opresión me va a
quebrar la cabeza.
--Recuéstate, me estás
preocupando.
--¿Sigue sin saberse nada del
doctor Camero?
—Deja ese tema ahora, si no te
sientes bien —suplicó inquietada.
--Dime. ¿Cuánto le puede caer a
Alberto?
--Venga. Tranquilízate.
--No, no vas a ir al Hospital
porque no tengo ninguna enfermedad. La enferma eres tu.
--No te entiendo. ¿Qué te pasa,
Jaime?
--Dime la verdad —exigió
dominante.
--¿Qué dices? La verdad, ¿de qué?
—se mostró verdaderamente desconcertada.
--Quiero saber toda la verdad.
--¿La verdad absoluta? —mostró
muy elocuente una sonrisa evasiva que estaba fuera de lugar.
--No seas patética. Sé que me
mientes.
--¿En qué? —en su faz Jesabel expresó una
enorme sorpresa.
--No puedo saberlo. Soy incapaz
de averiguar todas tus mentiras —aumentó el tono de su voz.
--La verdad es que no te entiendo.
--No he conseguido descubrirlo
todo, pero con lo que sé me es más que suficiente para conocerte. Me habéis mentido
tú y Alberto sobre Natalia, y Natalia también porque... no es Natalia. ¿Por qué
os estáis metiendo en mi vida? ¿¡Qué quieres de mí!?
Jesabel no respondió. Mientras Jaime se
mostraba bastante alterado y ofuscado, ella permanecía impasible mirando hacia
delante como si estuviera enajenada de su situación.
--Puedes empezar a hablar cuando
quieras —moderó su voz expectante ante el silencio de ella--. ¿A qué esperas?
Te he pedido que me expliques qué hay detrás de todo este embrollo. ¿Es acaso tan
poco agradable la verdad que no te atreves a desvelarla? Eh, tú no te inventes
ahora más historias que no consigues nada con eso.
--De verdad que no sé de qué me
estás hablando —aseveró con la voz temblorosa.
--No, eso no. Lo último que me
faltaba ya en esta historia es que yo fuera el violento maniático y te tuvieran
que defender de mí. Pero pensándolo bien, eso sería para ti una buena
estrategia. Tú gritas y pides ayuda, y que la policía y el juez se
encarguen de que no pueda acercarme a ti para "molestarte" con mis
preguntas. Así no tienes que dar explicaciones. Pero mira, yo te aseguro que
sea cual sea el lío que haya detrás de todo esto, yo no te voy a hacer nada
violento porque no soy tan elemental como para pegar a nadie. Pero si te crees
que te vas a librar de que te diga ya de una vez qué eres verdaderamente, estás
muy equivocada.
--Y qué me vas a poder decir si
yo no te he hecho nada —volvió a mostrar absurdamente esa terrible sonrisa
forzada al tiempo que le resbalaban las lágrimas por las mejillas.
--Escucha bien. Tú siempre has
querido aparentar que eres alguien excepcional consiguiendo logros que nadie
podía igualar, pero yo ahora sé que no eres nada más que una manipuladora sin
principios ni ética. De aspecto eres guapa, pero por dentro eres únicamente
nefasta. Si has querido ser excepcional lo has conseguido, porque nadie es
capaz de hacer lo que tú me has hecho, te lo aseguro.
--¡Yo no soy así! —expresó
presentando ya una cara acorde en su totalidad con su estado anímico.
--Sí lo eres. Mentirosa hasta el
final. Aún diciéndote que sé con total segundad que Natalia no era Natalia, tú
continúas representando tu absurdo y patético papel.
--Qué vergüenza, Dios, qué
vergüenza. Estoy sufriendo mucha presión. Yo no quería esto —se sinceró al fin
entre sollozos.
--¡Lo sabía, claro que lo sabía!
Embustera, así que cuando te frotabas los ojos el día que te dije que Natalia
estaba raptada, tú no moqueabas porque estabas fingiendo, claro. Después sí lloraste
moqueando. Y ahora también. Si ya me pareció extraño que pudieras dar solución
al problema de Natalia y al problema de Alberto tan rápidamente. Estaba todo
muy estudiado, ¿verdad? Yo, ni vi a los policías, ni vi la detención, ni vi nada en
concreto. Sólo a una señora enferma. ¿La amenazasteis?
--No, era una actriz fracasada
sin recursos. Tenía sesenta años y necesitaba ayuda.
—Vale, y yo también como un
gilipollas luciéndome con mi diagnóstico.
--Yo no quería que pasase esto.
He tenido demasiadas equivocaciones y se me ha ido todo de las manos. Créeme,
yo no quería hacerte daño —continuaba con sus lloros.
--Justifícate, es más fácil que
afrontar las culpas.
—Es cierto, no tenía que haber
pasado todo lo que ha pasado. Ha sido un desastre.
--Pues... ¿cómo tenía que haber
ocurrido?
--No nos teníamos que haber...
—aceleró súbitamente su respiración volviéndola espasmódica.
--Ya. Apártate a un lado con el
coche que vamos a tener un accidente. Y me vas a contar todo sin ninguna
mentira ni estrategia, porque como no lo hagas así no voy a responder de la
violencia de mis actos. Es más, yo te asevero que por muy duro que sea lo que
me tengas que explicar, vas a estar más segura conmigo si me lo cuentas todo
con detalles incluidos que si no lo haces. Me estoy mosqueando mucho, lo digo
en serio. Y no me voy a quedar con ninguna duda, ¿sabes?
--Fue una estrategia para poder
sonsacarte todos tus pensamientos. Me estaban presionando.
--Lo que dices no tiene sentido.
No juegues con mi paciencia.
--Es absolutamente cierto.
Estaban desesperados por saber si habías evolucionado en tus teorías sobre el
funcionamiento del cerebro.
--¿¿Y cómo es eso??
--Yo les puse al corriente de tus
pensamientos. Cuando tú te emborrachabas y contabas tus sorprendentes ideas
hace años yo sí las comprendía perfectamente aunque no las valoraba lo
suficiente. Pero acabé contándolas y causaron una pequeña conmoción
—progresivamente iba serenándose Jesabel.
--¿A quiénes?
--A mis jefes. Tus teorías del
funcionamiento del cerebro son valiosas para la arquitectura de la inteligencia
artificial.
--¿Por qué no me preguntaste
directamente? Es como se suele hacer las cosas.
--Te pregunté muchas veces y no
me respondías porque no confiabas en tus conclusiones. Yo quería darte
confianza para que te desinhibieras y tú me fuiste arrastrando a esta situación
imprevista.
--¡¡Robo intelectual!! ¡Pero por
qué me tienes que robar tú nada! Además, eso no puede ser. Lo mío son simplezas
para entretenerme.
--Es como te estoy diciendo. Y ni
siquiera adelanté mucho consiguiendo que te explayaras porque tus teorías
apenas habían cambiado,
lo único nuevo era tu visión sobre la Evolución de las Especies.
--Pues sí, en los últimos años no
me he complicado mucho con un asunto que no me daba ningún beneficio. ¿Y qué?
Es asunto exclusivamente mío.
--Pero tus deducciones son muy
importantes para el beneficio de todos. No puedes derrocharlas solamente porque
sean de tu cosecha.
—¿Y por qué no llegas a mí y me
cuentas todo conforme es? Una cosa es que sea tímido e inseguro y otra cosa muy
distinta es que yo sea tonto. A mí también me gusta el beneficio económico.
Sois unos ladrones, ¿verdad?
--No. Yo... no podía decirte todo
eso porque... recibía órdenes.
--Falso. Queríais hacer el Agosto
conmigo Alberto y tú.
--¿Cómo? No. Alberto no sabe nada
de todo esto. Me dijeron que lo contratara. Estaba apurado y no fue difícil. Y
a él no le preocupaba demasiado los motivos que hubiera tras ese trabajo suyo.
--Me traen sin cuidado esos detalles.
Y por mi parte tus jefes son una basura. Podía perfectamente haber llegado a un
acuerdo con ellos porque yo nunca he dado a entender que no sea capaz de vender
mis teorías. No sé por que... ¿¡Qué es lo que les has contado sobre mí!?
--Tus pensamientos, sólo eso.
--Algo está claro, en vuestro
comportamiento se delata criminalidad. ¿Para qué tanta discreción? ¿Por la
primicia? Un momento, ¿pues qué clase de utilidad les vais a dar a mis teorías,
eh?
--Ninguna especial. Arquitectura de
ordenadores más competitiva.
--No me encaja. Lo siento, pero
esto no me está encajando. Hay algún motivo que no terminas de contarme por el
que yo no tuviera que saber nada.
--No.
--¿No? ¿Quieres hacerme creer que
una corporación tan poderosa como la Yokonaga se va a arriesgar y a complicarse la
existencia por un robo? Claro, como sí les faltase dinero para convencerme. A
no ser que tú te quisieras hacer las listilla.
--Jaime, me lo pidieron mis
jefes, yo acepté porque nunca hubiera imaginado que esto acabase así.
--Tú tienes que ser siempre la
que destaque en todo, bien sea en los estudios o en tu trabajo. Y no me extraña
que sea tan prestigiosa la I+D
de la Yokonaga,
los propios jefes tienen la costumbre de pedir a sus científicos que roben
ideas y creaciones. Así sí se puede competir.
--Mi jefe directo también es
científico, es Mario Vergara. Él me comentó que no estaba de acuerdo con
algunas actuaciones de la I+D,
pero que a veces hay que saber ceder y tolerar ciertas cosillas de los
compañeros. Los jefes me pidieron discreción porque... por ser tan dura la
competencia. Continuamente hay espionaje industrial entre las empresas del
sector, también hay fichajes, o como ellos lo llaman, robo de cerebros. A mí me
tienen un buen sueldo, sí, pero también me exigen lealtad; son quienes
realmente me han formado. Por otro lado, tus conclusiones no son patentables,
quiero decir que la utilidad de tus conclusiones reside en que nos inspire a
nosotros, los ingenieros. No es algo concreto qué comprar. Yo, comprendería y
daría utilidad enseguida a las nuevas conclusiones que pudieras haber
desarrollado en estos últimos años, esa era la intención.
--Tú querías apuntarte un tanto a
tu favor. Para un ascenso o algo así. Seguramente estás mintiendo y ni siquiera
les has dicho que yo existo para llevarte tú todos los honores.
--Le conté a Mario hace tres
meses que tú eras el origen de todas esas ideas. Él se lo contó a sus
superiores que estaban muy interesados.
--Espera. ¿En tan sólo tres meses
se sabe que son tan útiles esas ideas para vuestra investigación?
--Sí, yo... vale. Sí, me apropié
de esas ideas, siempre dije que eran mías hasta que se lo comenté a Mario hace
casi tres meses. Por eso querían saber si tú tenías más ideas que yo
desconociese y si las habías desarrollado en estos últimos ocho años. Estaban
excitados.
--Déjalo, Jesa, no eres trigo limpio. Creía
que conocía algo de ti, me equivocaba. El éxito te va a perder. Y si te ves en
situación de mentir, pues sencillamente mientes.
--Si yo sólo tenía que verte, sacar
la conversación y preguntarte algunas cosas sin que tú te tuvieras que
preocupar de nada. Así de sencillo.
--Y yo lo fastidié todo, ¿no?
--Cuando tuviste el accidente y
te hice compañía en el Hospital descubrí que mi misión era imposible.
Tenías total confianza conmigo pero no tenías ninguna intención de compartir
tus ocurrencias particulares. Yo le expliqué la situación a mi nuevo jefe de
España, al señor Foster.
Fue en ese momento cuando realmente me obligaron. Foster me preguntó mucho sobre ti y
me dijo la estrategia que debía seguir primero, te resolvería oportunamente un
problema tuyo que me acabarías contando, y después, te pediría que me
explicaras todo tu pensamiento. Claro, una vez que se cuentan las penas y
problemas se establece un vínculo tal de confianza que no queda nada que no se
pueda desvelar de la intimidad, y además, tú estarías muy agradecido por mi
ayuda. Yo te resolvería con eficiencia ese problema sencillamente porque lo
conocería de antemano y también conocería su mejor solución. Lo que se dice un
problema inducido. A mí me parecía que aquello estaba mal, pero...
--¡¡Fue muy angustioso para mí!!
Temía por el futuro de Natalia. Y todos lo sabíais, cabrones. Un sufrimiento
gratuito.
--Todo resultó distinto a lo
previsto. Le había explicado a Foster tu extraña amistad con Alberto desde que erais
niños y que él te manipulaba como cuando te preguntaba en los exámenes y tú, a
pesar de que te fastidiaba, le respondías, y si os pillaba el profesor os
repartíais por igual las culpas entre los dos. Foster tuvo una idea y me ordenó que
intentara convencer a Alberto para que te creara un problema ficticio. Yo pude
contratar a Alberto, pero él se excedió en su cometido. ¡No cumplió nada de lo
acordado! Fue una pesadilla. Le dio su toque personal porque según él el plan
necesitaba una pizca de dramatismo para que fuera más creíble y efectivo.
Alberto por su cuenta convenció a mi actriz, Manoli, para que representara con
más dramatismo su papel. Está chiflado. Yo estaba asustada, no tuve otro
remedio entonces que improvisar y seguir su juego para no pasar por el bochorno
de que me descubrieras en esa nueva situación. Demasiado complicado como para
que saliera bien; no me extraña que acabaras sospechando. En el plan inicial
Alberto sólo debía pedirte una buena cantidad de dinero para pagar a detectives
privados que buscasen al doctor Carnero, pero Natalia no tenía por qué estar ni
raptada ni encamada, aunque sí culpara a Alberto. Pero él tuvo que añadirle un
toque de criminalidad porque... él es así.
--Ya se sabe lo que hay cuando se
pacta con el diablo. Y tú no tienes escrúpulos para esas cosas.
--Jaime... Te aseguro que no
estoy contenta con lo que he hecho.
--Es comprensible que no lo
estés. ¡Me sedujiste fríamente!
--Eso no es cierto. Tú me fuiste
seduciendo a mí. Iba alimentando tu confianza hacia mí, pero cuando quise darme
cuenta ya había perdido los papeles y estaba arrepentida por cómo estaba
sucediendo todo. Me moría de vergüenza por si descubrías la mentira de Natalia.
--Eres falsa y no merece la pena
hablar contigo. ¡Por favor! Tú me chantajeaste con tu sensualidad para que te
explicara mis reflexiones. ¡Cómo no te iba a contar todo, si me pusiste a mil!
--¡¡Me estabais acorralando!! —aumentó su tono de
voz--. Foster
quería resultados ya y tú no cedías. Conforme aparentabas ir soltándote poco a
poco, yo observaba preocupada cómo me ibas arrastrando hacia ti. Estaba entre
la espada y la pared. Foster
me empujaba y tú me interpretabas como si yo fuera a tu encuentro. No quería
que tuvieras esa mala imagen de mí y por eso disimulaba. Pero cuando conocí
demasiado de tu interior... me dejé llevar. Lo fastidié.
--Vale, vale. ¿Y dónde vive ese
tal Foster?
--¿Eh? No lo sé. Hablé la última
vez con él en Aster Hispania.
--¿Suele estar por allí, por
Aster Hispania?
--No, nunca. Sólo
excepcionalmente. ¿Por qué lo preguntas?
--Por nada. Escucha bien lo que
te digo. Según tu última versión de los hechos, tú trabajas en Aster Hispania, pero tu
misión principal es sonsacarme mis frutos intelectuales ilícitamente y ayudada
por tus jefes, los cuales no han dudado en traerte desde Kyoto y proveerte en
lo que necesitaras para la trama sin reparar en gastos. Y además tu jefe,
mister Foster,
no trabaja en Aster Hispania.
Según todo esto... o mis teorías son tan valiosas como para que se desee que
las siga sin valorar por si acaso decidiera publicarlas o pidiese fortunas por
ellas, o tus jefes tienen espíritu mafioso. O ambas cosas.
--No formo parte de ninguna
mafia. Jaime, a veces hay que actuar de manera menos ortodoxa, pero si el
resultado es muy beneficioso para todos, pues no es tan malo como pudiera
parecer en un principio.
--Voy a terminar alucinando, lo
presiento. ¿Estás justificando la conspiración organizada contra mí porque el
beneficio resultante lo merece? Quizás no lo sepas, pero yo veo que estás
participando en una asociación secretista que llega a perder el respeto por el
sufrimiento de las personas, como ha sido en mi caso.
--Eso no es completamente
correcto.
--¡¡No me toques los cojones!! —expresó indignado
Jaime--. No sé ti te tienen lavado el cerebro o si en el fondo los defiendes,
pero por supuesto que voy a saber qué clase de personas me están manipulando.
Tú estás con mala gente y por eso mismo me vas a contar todo: de qué modo te
pidieron que me sonsacaras sin que lo notara, qué razones te dieron para que
aceptases y qué otros trabajos discretos hacéis. ¡Comienza! Ah, y te advierto
que ya he aprendido a diferenciar cuando mientes y cuando no.
--No, Jaime, no.
--1Cómo que no!
--No, por favor. No me hagas esto.
--¡Cuéntalo todo!
--No me pongas en este aprieto.
--Te comportas como si estuvieses
amenazada.
--No estoy amenazada. Me debo a
los que me han dado todo lo que soy.
--Pero si yo sólo te estoy
pidiendo que me cuentes, no te estoy pidiendo que los traiciones. ¿O si
hablas... les traicionas?
--Por favor.
--No voy a ceder. Cuenta ya lo
que ocultas. Vamos.
-¡Basta ya! Basta. Sí. Algunos
miembros de la I+D
dc la Yokonaga
participamos en actividades que desconocen los demás miembros de la l+D.
--¿Actividades criminales?
--¡Por supuesto que no!
Actividades que requieren mayor discreción. Ser los primeros en Innovaciones y
patentes tiene este precio.
—¿Qué? ¿Ser tramposos? —provocó
Jaime y Jesabel
respondió en un tono tan elevado que le alarmó.
--¡¡¡Combatir a una sociedad
estúpida que se perjudica a sí misma!!! ¡Ese es el precio que tenemos que pagar
por resolverle los problemas a la sociedad, tener que luchar contra su propia
imbecilidad! Tú no lo puedes entender. Tú no puedes entender el espíritu de
lucha que nos toca tener para trabajar continuamente, arriesgarnos y además
exponernos a quedar como delincuentes. ¡SÍ, ESTAMOS OBLIGADOS A INVESTIGAR A
ESCONDIDAS! Pero parécese
que tiene que ser así, que quien termine decidiendo sobre el disfrute de nuevas
técnicas e inventos no será el trabajo de los científicos, sino la opinión de
los ignorantes asustadizos que obstaculizan la investigación, como los
alarmistas, los del fin del Mundo, las organizaciones de consumidores, los
ecologistas, los defensores de los derechos de los animales, los supuestos
filósofos, los pseudocientíficos
de los medios de comunicación, los políticos de izquierdas que no obtienen
votos y que tienen que promocionarse, los políticos conservadores que prohíben
lo que no entienden, los científicos mediocres que se venden, los religiosos,
los escritores que buscan algo qué vender, los abogados aburridos, los
envidiosos, los artistas para llamar la atención, los modistos con crisis de
ideas, los actores que no les dan trabajo, los protagonistas de la prensa rosa
buscando alguna portada, los drogaos que se creen intelectuales alternativos...
Sí, todos ellos, que están alentados por unos medios de comunicación
sensacionalistas que, entrevistando a un cualquiera, alarman innecesariamente a
la opinión pública que no tiene posibilidad de conocer los aspectos técnicos ni
la realidad de las investigaciones. Por este motivo la población mal informada
y angustiada exige a sus gobernantes que elaboren leyes restrictivas para la
investigación y éstos tienen que conformarles con prudencia desmedida para no
perder votos. Los periodistas son de letras, los juristas son de letras, los
políticos son de letras y todo es un desastre. ¡No compréis hornos microondas
porque desarrollaréis más cáncer! ¡Hala! ¡No os pongáis prótesis de silicona
porque intoxican! ¡Atiza! ¡No compréis teléfonos móviles porque os freirán los
sesos! ¡Toma! ¡No compréis videoconsolas porque enloquecen a los niños!
¡Socorro! ¡No os conectéis a Internet porque aísla y pervierte! ¡Dios nos
salve! Y ya tiene Internet su santo. ¡No consumáis productos transgénicos
porque no se sabe qué consecuencias pueden traer! ¡No quiero mutar! ¡No consintáis
la manipulación genética de la vida y de las células madre! ¡Deteneros,
científicos malignos! Y las novelas y las peliculitas no dejan de incordiar con
fantasías terroríficas. No es de extrañar que esté extendida entre la población
la idea de que los científicos, todavía no contentos con descubrir los
pesticidas, la energía nuclear, los aerosoles, las armas químicas y las
manipulaciones genéticas, continúan elucubrando nuevos proyectos para
terminarnos de matar. ¡Manifestaciones! ¡Sentadas! ¡Reportajes de denuncia!
¡Ruedas de prensa! ¡Paradles los pies! ¡Burlaos de sus explicaciones! ¡Reventad
los simposios! ¡Sabotaje! ¡Sabotaje! Pero lo único cierto es que por culpa de
estos activistas de la ineptitud y de la confusión sufren y mueren millones de
personas en espera de remedios y soluciones que no llegan por las cortapisas
legales a la investigación. Por culpa de ellos un medicamento nuevo cuesta
hasta cien mil millones de pesetas y diez años de investigación. Otro ejemplo,
los Gobiernos prohibieron en un principio (si bien ya se han retractado un
poco) las entonces futuras pruebas genéticas de clonación siendo éste aún un
campo desconocido y tomando como única referencia al alarmismo de la literatura
fantástica, por lo que se impidió con antelación investigaciones que podrían
encontrar remedio a las enfermedades más graves y generalizadas como son el Alzheimer, el
cáncer, el Parkinson, las lesiones medulares, las secuelas de infartos... Y los
enfermos muriendo. Tú bien lo sabes. Los mismos recelosos de la Ciencia también
son víctimas de su actitud.
--Sí, entiendo, es la paradoja de
la idiotez, que la sufren todos... menos los propios idiotas.
--Ellos también la sufren
indirectamente y nosotros nos tenemos que sacrificar jugando en los límites de
esas leyes restrictivas para ayudar a una desagradecida pero necesitada
Humanidad. Los que formamos esta I+D paralela conseguimos logros vitales en menos
tiempo, los presentamos con disimulo y así salvamos a miles de personas y
mejoramos su calidad de vida. Pero debemos hacerlo con mucha discreción para
que esto pueda continuar. Nuestra "I+D paralela" está infiltrada
en la sección farmacéutica, en la sección de alta tecnología y en las más
importantes de la I+D
de Yokonaga.
--Bueno, vuestros métodos
"más ágiles" y "más baratos" os desmarcan de la
competencia. Quiero decir que aparte del sacrificio del secretismo también
obtenéis una buena compensación económica.
-¡Pero sin dinero no se puede
hacer nada! Ya sabes, las personas que nos dan servicios nos exigen "plata"
como compensación porque aseguran que tienen necesidades tales como comer y que
si no se les paga tienen que ocupar su tiempo en buscárselas de otra forma.
--¡No me digas!
--Y en nuestras investigaciones
se requiere instrumental muy sofisticado que es construido por muchas personas
que exigen sueldo a cambio y también necesitamos muchos más servicios de apoyo.
A más dinero, más capacidad para desarrollar proyectos y por lo tanto somos más
útiles para la sociedad. A nosotros nadie nos subvenciona, tenemos que
financiarnos nosotros mismos. Pero yo creo que es mejor así, porque nos
estimula a mejorar y trabajamos más en consonancia con las necesidades de
quienes pagan por nuestros descubrimientos, es decir, prácticamente toda la
población sin saberlo. Somos mucho más realistas y útiles que las agencias
estatales de investigación que dilapidan los fondos públicos en experimentos
muy llamativos, pero con poca utilidad, ilusionando a los contribuyentes a
través de la manipulación de los medios de comunicación. Estos
"becarios" justifican las enormes inversiones entusiasmando con
argucias a los periodistas (que son de letras) para que éstos transmitan a la
población esa ilusión poética y trascendental, como por ejemplo, que puede
haber vida (quizás) en Marte. Y si realmente si hay esa vida bacteriana, ¿qué
beneficio obtenemos con saberlo? ¿Para qué nos sirve enviar un hombre a Marte?
¿Para que nos traigan una epidemia? En la investigación privada sólo se
invierte lo necesario y se obtiene siempre resultados útiles. Puede ser más
llamativo hacer explotar un bosón
Z, pero son más útiles para mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana
innovaciones de origen privado que no valoramos lo suficiente, como son la
lejía que no salpica, los móviles más ligeros, el limpia-duchas sin frotar, la microfibra, las
baterías de litio, la vitrocerámica,
los tintos jóvenes de nueva generación o el papel higiénico que no se
desmenuza. Y con el dinero que cuesta enviar un hombre a Marte se podría
encontrar la cura a muchas enfermedades, por ejemplo.
--Veo que estás muy convencida de
lo que dices.
--La Ciencia y la Tecnología son
muy importantes. Descubrimientos como la maquinaria industrial, las vacunas,
las cosechadoras, la penicilina, las lavadoras, los medios de comunicación...
han hecho mucho más por el bienestar de las gentes y la buena convivencia
social que cualquier política, ideología o cualquier pensador como Marx, Lenin o cualquier
otro.
--Estás muy ilusionada
participando en esa I+D
¿cómo has dicho que se llama? I+D
paralela. Lástima que no exista el blanco o negro y que sólo haya distintos
tonos de grises. Más o menos entiendo que quieras ocultar esa asociación
investigadora que tanto te apasiona, pero si me hubieras pedido mis ideas en tu
nombre yo te habría contado todo. Te hubieras ahorrado esa farsa asquerosa.
--Recuerda, Jaime, te pregunté y
tú te negaste por inseguridad y... por timidez.
--¡Pero yo desconocía que tú ya
sabías bastante sobre mis temas! Fuiste tú la que comenzó con disimulo y
ocultando.
--Bueno, Jaime, esto ha ocurrido
así... y así ha quedado.
--¿Tú confías plenamente en tus
jefes? Interprétame bien, yo no quiero poner en duda... pero mi inquietud
proviene de saber que cuando alguien trata con personas que trasvasan los
límites de la ley se expone a exigencias... y también a riesgos. No estoy
diciendo con esto que actúen tus jefes como mafiosos, ni mucho menos. Pero las
circunstancias son las circunstancias y las relaciones fuera de ley
evidentemente no están protegidas por la ley. No hay contratos firmados ni
abogados ni se puede denunciar, por lo que los acuerdos o se basan en la
honorabilidad y la confianza o... en el miedo a las represalias. Yo te lo digo
por tu seguridad.
--Mi relación con Mario es
estupenda, quizás influya en ello que él sea una de las pocas personas que me
hablara en mi lengua materna en Kyoto. A Foster lo conozco poco. Pero tú
deberías conocer a Mario y verías que de mafioso tiene muy poco. Tú a él le
caes fantástico y le divierten tus planteamientos y paradojas. Esos mafiosos
que tú dices buscan beneficios rápidos y fáciles a cualquier precio y son de
otra naturaleza, porque no tienen escrúpulos con el sufrimiento de los demás ni
respetan sus derechos. Nosotros, al contrario, trabajamos mucho para encontrar
remedios para los problemas de los demás que, claro, también pueden ser
nuestros problemas en el futuro.
--Pero...
--Sólo...
--No, dime, Jesa.
--Sí, que sólo nos exigimos
lealtad. Es de comprender. Investigamos fuera de la ley.
--En las empresas tan grandes los
jefes también tienen jefes, que son los que están al corriente de todo. Y
seguro que tú no los conoces a esos.
--Estás obsesionado. Mario tiene
un contacto directo con el director general de la Yokonaga, con Kirohito. Y según me ha confiado
Mario, todo lo que conoce Kirohito
lo conoce Mario y viceversa. Hay mucha confianza entre ellos dos. ¿Quieres un ejemplo que te
lo demuestre? Sí, Kirohito
le comenta a Mario hasta los acuerdos a los que llegan en las reuniones de
Grupo Local.
--¿Grupo Local?
--Sí, ten en cuenta que se supone
que Grupo Local no lo debería conocer nadie a excepción de los que participan
en sus reuniones para no ponerlo en riesgo. Y sin embargo Kirohito confía en Mario y Mario
confía en mí. Ya ves el miedo que nos tenemos los unos a los otros.
--Madre mía. Bueno, dime. ¿Qué es
eso de Grupo Local?
--Nada. Grupo Local son unas
reuniones particulares discretas que hacen cada cierto tiempo los presidentes
de algunas de las corporaciones empresariales más grandes. Llegan a acuerdos de
precios y de comercio para evitar que la competencia de empresas se transforme
en una lucha encarnizada que perjudique a los trabajadores. Sus acuerdos son
justos según la eficiencia de cada corporación, pero no influyen en la
competencia por la calidad de los productos para asegurar que los consumidores
estén cada vez mejor atendidos. Los precios sí los mantienen. Pero no te
debería extrañar, si no fuera así la competitividad empresarial sería
insoportable para todos.
--¿Y por qué son secretas esas
reuniones?
--Porque vulneran las leyes
antimonopolio en algunos países, pero ya sabes que hay leyes que son sólo
formales y que no hay que tenerlas siempre en cuenta. Lo que importa es que
todo funcione bien.
--Ya.
--¿Conduces siempre a la
velocidad permitida?
--No.
--Pues entonces, lo entiendes. Kirohito
participa en esas reuniones porque es el hombre de confianza de Yoshuma. Yoshuma es el
presidente vitalicio de la Yokonaga.
Pero un día me dijo Mario que estaba mosqueado con Kirohito por un asunto que le
pareció extraño sobre una...
--Vale, vale, no me cuentes más.
Ya estoy bien informado.
--Así son las cosas.
--Bueno... Jesabel, tu loable misión ya está
cumplida, ¿no? Ahora tendrás que continuar con tu trabajo en otro sitio. Siento
no haber aportado nada interesante a mis teorías pero espero que os inspiréis
mucho e inventéis lo más maravilloso —sí, se desprendía cierta ironía en los
deseos de Jaime--. Ah, y que triunfes.
Ella se quedó mirando fijamente a
Jaime, que continuó hablando.
--Por mi parte... nada. Intentaré
olvidar que te he conocido. En unos días se me pasa —su ironía se volvía mordaz.
Jesabel bajó su mirada muy seria.
--¿Algún problema, Jesa? —Jaime se
estaba acercando ya al sarcasmo--. Pero si ya está todo solucionado, boba. Sí, ya no tienes
que disimular nada más ni tienes que preocuparte por que te descubra. Se
acabó la angustia.
--Jaime --ella volvió a humedecer
sus ojos.
--Tranquila, tú tranquila, puedes
irte sin ningún problema. Yo ya he conseguido una respuesta, tú me has dado explicaciones
y sé cómo eres realmente. Vete en paz. Pero... tú ya tenías prevista una huida,
¿no? Dime, ¿tenías intención de escapar de mí sin despedirte? Sí, algo así como
marchándote al trabajo, a visitar a Natalia o a otro sitio y no volver más.
--No.
--¿No? ¿Tú no serías capaz de no
dar la cara? ¿De desaparecer para siempre y volverme yo loco por saber qué es
lo que te habría ocurrido y qué es lo que habría hecho yo mal? —incrementaba su
voz con la intensidad de sus reproches--. Oye, una vez alcanzada ya tu meta tú
estabas incómoda pero seguías fingiendo, ¿por qué?
--No seas injusto.
--¿Que no sea injusto? ¿¡Qué no
sea injusto!? —aumentaba
más aún su voz en preparación para un inminente alarido--. ¡¡Vete a la mierda!!
No me vas a utilizar más, golfa. ¿O qué? ¿O es que siempre tienes que salir
airosa de todo? Triunfadora... ¿de qué? ¿Te fastidia haber sido descubierta y
quedar a la altura de las aguas de alcantarilla? Pues se queda conforme se es,
¿sabes? Conforme se es. Al final, todo se sabe. ¿Pero por qué se tiene que
evitar quedar como una golfa si se es realmente una golfa? No lo
entiendo. ¿No lo crees así? ¿Tú no te ves de esa forma? Fingiendo amistad,
fingiendo afecto, fingiendo interés íntimo para robar, para obtener méritos y
mejores honorarios, para obtener admiración de los compañeros y del amigo
Mario... Pero... ¡cuidado! Que no se descubra esto, que es lo más importante,
porque ella tiene que ser una mujer más íntegra y digna que los demás. Por
supuesto, su orgullo no le permite el fracaso de afrontar una imagen...
criticable. Pues qué quieres que te diga, me pareces una mierdecilla de mosquito tramposa e
inmoral.
--No sigas, por favor —suplicó
realmente dolida.
--No llores y quédate tranquila.
Sabes qué te digo: ¡Hasta nunca!
Bajó Jaime del coche como un
energúmeno e hizo un ademán despectivo a una Jesabel despojada de su ego. Ella
marchó y Jaime pidió un taxi con su móvil.
En el trayecto Jaime cambió su
furia por abatimiento. Regresó a un hogar de nuevo vacío. Arrastró lentamente sus
pies y frente al espejo del pasillo se topó con su triste figura.
--¿Y ahora qué? —se preguntó
audiblemente a sí mismo.
Se adentró en la cocina y con
objeto de secar el agüilla que resbalaba desde sus fosas nasales, estiró con
descuido del papel de cocina desenrollando así no menos de dos metros. Debido a
esto quedó al descubierto un trozo de este papel que estaba escrito con
bolígrafo y que pasó rápidamente a leer.
"Cuando leas esta carta yo
estaré muy lejos. Pero la escribo porque no quiero que sufras preguntándote por
qué no he vuelto. Ahora no puedo decidir mi situación. Lo siento, cariño,
siento que haya sido así. He tenido que tomar esta dura decisión porque es
injusto que sufras y sé que ésta es la forma menos traumática para ti. Y aunque
te parezca imposible, tengo que hacerlo por tu bien y porque te estimo. Dios
mío, qué vergüenza, me debes odiar con todo tu alma, pero no puedes
imaginar lo que a mí me duele eso. No sé si me creerás, te he mentido mucho
injustamente, pero ante todo quiero que sepas que eres una persona fabulosa. Te
he conocido bien y he descubierto lo que vales. Y tú solamente tienes que darte
a conocer para que cualquiera se quede prendada contigo, créelo. Tienes que
rehacer tu vida y yo sé que será fácil para ti. Me duele mucho suplicarte esto,
pero tengo que ser realista: olvídame, no merezco otra cosa. Lo vas a pasar
mal, pero el tiempo todo lo borra y tienes un futuro maravilloso por delante.
Sé fuerte, prométemelo, Jaime ¡Las zonas de marcha están llenas de
antidepresivos femeninos y tú eres un buen partido! Encontrarás a la mujer que
te mereces, a alguien mejor que yo, sin duda. No sé si algún día llegarás a
entenderlo o si me perdonarás, preferiría que sí, pero yo siempre tendré un
recuerdo maravilloso de ti porque has quedado grabado en mi mente, en mi
cuerpo, en mi alma y en mi c---zón —cayó una lágrima de Jaime al lado de la lágrima de
Jesabel que
había emborronado la tinta--. Creía estar por encima de las debilidades de la
gente corriente, pero tú me has hecho caer como una idiota. Quizás algún día
podré yo también superarlo. Me acabas de asustar, creí que despertabas. Adiós,
Jaime. Hasta
siempre. Perdóname, por favor.
Jesa"
--Puta, ¿y qué voy a hacer sin ti?
Visitó Jaime la nevera para
concluir que no le apetecía nada. Marchó al cuarto de baño y regresó. Encendió
el televisor, hizo un pasacanales
muy rápido, accedió después a Internet, navegó y se cansó. Regresó a la nevera
y seguía sin apetecerle nada. Bebió agua. Conectó la cadena musical escogiendo
su música de baile preferida, pero la notó inapropiada y poco agradable. Volvió
a beber agua. Buscó un periódico y comenzó un crucigrama que desechó por
dificultoso y pesado. Marchó de nuevo al cuarto de baño y regresó. Y volvió a
beber más agua. Tomó una barra de pan y comenzó a devorarla a pesar de que no
le apetecía en absoluto. También eligió uno de los libros que nunca había
leído, pero no conseguía concentrarse en su lectura. Dejó la barra de pan. El
libro, también. Desenvolvió un pastelito, lo probó y le pareció demasiado
dulce. Se tumbó en el sillón. Sus intestinos trabajaban veloces haciéndose
notar. Comenzó a tener palpitaciones e imaginó la posibilidad de que se le
parara el corazón. Se incorporó. Comenzó a andar deprisa alrededor de la mesa
del salón. Súbitamente se paró y mirando de frente a una esquina vacía
de la habitación comprendió que se le estaba desencadenando una nueva
depresión; depresión ésta que podía durar sólo unos días o que podría autoalimentarse a
lo largo de los meses. Este síntoma de angustia inicial lo conocía demasiado
bien: sentirse atrapado en una cárcel de la que no se puede escapar físicamente
porque carece de paredes, ni de la que tampoco se puede escapar anímicamente
porque aquello que anima en condiciones normales aumenta la melancolía en situación
de depresión. Esto es difícil que lo pueda entender quien no lo conozca porque
ciertamente no se puede ver igual un pozo desde afuera que desde abajo. Y a
Jaime no le apetecía nada caer de nuevo en el dolor espiritual que obliga a ver
la realidad desde una perspectiva que no es cierta, pero que es imposible de
evitar, donde se pierde el sentido de todo, se deja de tener fe y el pesimismo
empuja a la sinrazón. Y de qué poco sirve conocer que la causa reside solamente
en la insuficiencia de circulación de dopamina inducida por factores genéticos,
si es la paranoia de la depresión la que convence irremediablemente con una
falsa pesadilla... y una persona tan sólo es lo que siente, que desde luego qué
bien se está cuando se está bien, pero qué mal se está cuando se está mal, la
verdad. A Jaime le producía pavor enfrentarse otra vez a ese infierno sabiendo
que ningún fármaco antidepresivo es efectivo en su peculiar cerebro. Y se
negaba a caer de nuevo en la obsesión de lo que pudo ser y nunca fue, a temer
el contacto con las demás personas, a repugnar su aspecto y su presencia, a
sospechar injustamente que todos se burlan de él y a perder las fuerzas para
moverse y para vivir. Ni siquiera podría escapar de ese infierno de tristeza
acabando con su vida porque ya había descubierto que con ello no se acaba con
todo, sino que sólo se cambia de lugar y se desconoce si ese otro lado
puede ser aún peor. ¡Otra vez, no! Cómo podía evitar la depresión. El principal
desencadenante de su nueva situación provenía de la desilusión de descubrir la
falsedad y frialdad de su mitificada Jesabel. Pero le había terminado de desconcertar la
carta de despedida en la que ella parecía mostrar algo de nobleza en sus
sentimientos y un poco de corazón. Y estaba claro que Jesabel no tenía ninguna necesidad
de salvaguardarse mintiendo en esa misiva ya que sería leída sin estar ella
presente. Y claro, esto acabó por cuestionarle a Jaime si no había sido
demasiado duro con ella por no permitirle un mínimo de credibilidad. Él nunca
se hubiera imaginado a sí mismo proyectando su furia sin contemplaciones a una Jesabel que le
pidiera comprensión con lágrimas en los ojos. Quizás se había pasado un poco. Y
por otro lado, posiblemente no hubiese estado Jesabel en situación de manifestar
su comportamiento libremente y conforme es ella, al estar agobiada por un
entorno desaconsejable. Incluso Jaime sospechaba que estaba sintiendo un
sucedáneo de afecto por una mujer que le había suplicado sinceramente su
comprensión. En ese momento le surgió una extrañísima necesidad de aclarar
mejor con Jesabel
lo sucedido e impulsivamente llamó a su teléfono móvil, pero ella rechazó la
llamada. Con presteza escribió y le envió al móvil un mensaje corto de texto
que decía así: "Jesa,
no quiero recriminarte nada más. Sólo quiero darte una oportunidad para
creerte. Te voy a escuchar. Llámame". Y Jesabel llamó.
--Jaime.
--Jesa, he leído tu carta —sentía la
presión de su nuez empujando la base de su lengua hacia arriba.
--Jaime, perdóname —se la oía
apagada.
--Quieres tener mi perdón, pero
tú me abandonas.
--Eres excepcional, no debía
haber abusado de tu buena fe. Necesito que me digas... Necesito de verdad que
no me odies. No quiero dejarte así, que te sientas destrozado por un
embaucamiento y que yo sea la responsable.
--Oye, pues... ¡¡¡claro que sí!!!
Si tú tienes mi perdón. ¡Por supuesto que tienes mi perdón! —expresó
entusiasmado--. Fuera tanta tontería. Pero, tienes que volver conmigo, por
favor. Te lo pido por favor.
--Pero... no puedo.
--¡Tú puedes todo lo que te propongas!
¿Quién va a decidir por ti? Ven. Además, que sepas que si me dejas contaré a la
competencia todo lo que sé y te despedirán.
--Jaime...
--Tú no puedes sacarme del fango,
hacerme feliz, enseñarme lo que me estaba perdiendo y arrojarme de nuevo. Si no
estoy contigo, me hundiré. Yo así vuelvo a la miseria, me quedo sin ninguna
razón por la que vivir. Jesabel,
tú eres mi único antidepresivo, mi motor, mi mito erótico, mi Sentido de la
Vida.
--No me hagas esto.
--Lo comprendo. Comprendo qué te ocurre
realmente. Estás en un ambiente enviciado. Tú no lo puedes ver con claridad
porque estás demasiado cerca como para tener una perspectiva clara y objetiva,
pero tú no estás segura con ese tipo de gente que piensa así y que ha acabado
convenciéndote. Tú no eres de esa forma, tú no desprecias las leyes ni
justificas con el fin cualquier medio. Yo puedo ayudarte... no, yo debo
ayudarte convenciéndote de que dejes de relacionarte con esa mala gente que
desvirtúa el concepto de la palabra "triunfo" y que te está
camelando. No lo consientas. Comienza una nueva vida aquí, cerca de tu familia
y de quien te aprecia con independencia de si tienes más o menos éxito
profesional. Triunfa verdaderamente en la vida y confía en quien te apoya. Y si
eres especial para desarrollar tu actual trabajo, también eres igual de
especial para desarrollar un buen trabajo en otro ambiente menos
"trasgresor".
--No les puedo traicionar.
Necesito más tiempo para pensar, tengo que aclarar mis ideas.
--Eres libre —aumentaba su
entusiasmo--. La ley es maravillosa, protege tu libertad. Quizás acumules al
final menos dinero, pero vas a ganar mucho. Nuestra vida comienza ahora y
juntos vamos a arrasar. Ese siempre ha sido nuestro destino, lo sabes y por eso
me lo dijiste. Y vaya que si tenías razón.
--Jaime.
--Y si te encontrases en el
supuesto de que temieras represalias y no te atrevieras a contármelo, puedes
estar tranquila porque... aquí estoy yo.
--No es eso.
--Entonces... ¿qué es?
--No es nada. Sí, tienes razón,
mucha razón. Al carajo
con tanta tontería —quedó Jaime gratamente sorprendido--. Nunca va a haber
nadie que me quiera tanto como tú. Es evidente.
--Soy un chollo para ti. Haces
bien con no desperdiciar la oportunidad de tu vida. Mira, yo mismo te ayudo a
que encuentres un trabajo que te realice y a todo lo que tú
necesites. Tú, sencillamente, ven.
--Sí, claro que sí. Mañana voy a
pedir mi traslado definitivo a Barcelona y si hay problemas o inconvenientes,
que se vayan a hacer puñetas
—se entusiasmaba también Jesabel.
--Así se habla. Pues claro que
sí. Y a la porra también con el asqueroso de Mario.
—Bueno...
--Quiero tenerte a mi lado.
Construir mi vida contigo. Formar una familia. Sentirme halagado como hombre
con tus exigencias y quejas de mujer, ya que quienes reciben más exigencias
y quejas son precisamente los que tienen más responsabilidad.
--¿Eh? ¿Qué dices?
--No tardes. Ven pronto.
--Tranquilo, voy.
Después de esperar veinte minutos
ilusionado, nervioso y deseoso por terminar de confirmar la llegada de Jesabel, Jaime
decidió salir para esperarla en la calle. Se aproximó entonces un vehículo que
no pudo identificar porque le deslumbraban sus luces de largo alcance y éste se
detuvo a unos veinte metros de Jaime. De ese vehículo bajó Jesabel, que se quedó mirando a
Jaime sin poder decir nada. El se aproximó sin prisas y con firmeza, y ella
inclinó levemente su cabeza sin dejar de mirarle. El tocó su cara y asió
su cuello, y ambos contactaron emocionados sus frentes atravesándose mutuamente
con sus miradas, acercando sus mentes al máximo, como si desearan fusionarse.
—Por fin he solucionado mi vida, Jesa.
--Pero tú no me has conquistado
definitivamente.
--¿¿No??
--Me temo que siempre tendrás que
conquistarme, todos los días.
--Va a ser una obligación muy
dulce.
--Presiento que también va a ser
muy dulce para mi.
Entraron a casa juntos, cenaron
juntos y durmieron juntos.
Despertó Jaime sobresaltado. Jesabel no se
encontraba a su lado. Eran las cinco de la madrugada. Se levantó y con los ojos
entreabiertos y la vista borrosa por la somnolencia marchó tambaleándose
ligeramente hacia el cuarto de baño y éste estaba vacío. No pudo evitar una
cierta alarma que le despejó. Bajó las escaleras y encontró a Jesabel sentada
en el suelo delante de un sillón con la cabeza entre las piernas y las manos en
la cara. Ella destapó su cara y mostró una expresión desolada como nunca antes
había visto Jaime. Despeinada, pálida, ojerosa, con surcos sobre las mejillas,
el rostro mojado, los ojos y la nariz enrojecidos, la mirada perdida...
--¿Y ahora qué es lo que ocurre?
Jesabel se levantó y se abrazó a él con
todas sus fuerzas, con auténtica necesidad.
--Tengo miedo. Me siento sola
—interrumpió sus palabras con gemidos--. Me han amenazado mientras dormías. No
tiene sentido.
--Lo sabía. Se oculta lo que es
grave y se justifica lo que es culposo. Estabas con mala compañía, lo sabía.
--No entiendo nada. Son buena
gente.
--Son buenos hasta que no les
convienes. ¿Con qué te han amenazado?
--Me han dicho cosas
extrañísimas. No termino de creérmelas. Es como si me hubieran mentido esta
noche, pero no sé con qué fin. Me han hablado sobre el "método habitual de
eliminación de cadáveres".
--¿¡¡Método habitual de
eliminación de cadáveres!!? ¡Joder!
¿Con qué bestias andas? ¿Quiénes
son esos?
--No puede ser cierto, debe ser
una prueba o una broma de mal gusto.
--No se gastan bromas con esas
cosas. Ni fanfarronadas tampoco, sobre todo si es alguien como tu jefe, mister Foster, el que
"informa".
--No ha sido Foster, él estaba decepcionado con
mis equivocaciones y me ha hablado muy poco. Me ha puesto con personas que
desconozco para aconsejarme, según él. Me ordenaron que colaborase para...
--¿Para qué?
--Para tu eliminación —transformó
la expresión de su desconsuelo en sollozos--. ¡Pero como voy a participar yo en
la eliminación de nadie! ¡Ni mucho menos de ti! Están locos.
Se le elevó a Jaime la nuez hasta
la altura de la boca, el corazón hasta la garganta, el estómago hasta el pecho,
los intestinos hasta el estómago y se notaba tremendamente angustiado.
--¿Por qué me quieren eliminar a
mí ahora?
--Es por mi culpa. Por haberte
hecho conocedor de la existencia de la I+D paralera.
--Es injusto. Has sido tú la que
ha incumplido tu acuerdo "de honor" y discreción. ¿Pero por qué me
tuviste que contar esos detalles si yo no te había preguntado nada?
--No le di ninguna importancia. A
mí sólo me aconsejaron que no hablara de la I+D paralela para que los ineptos no
hiciesen peligrar los proyectos. Yo supuse tu discreción y por eso no le di
mayor relevancia. No puede ser que hayan reaccionado así.
--Qué ingenua eres. Serás muy
inteligente para otras cosas, pero en la valoración de los demás eres muy
ingenua. La locura y la barbarie de los canallas existe y al igual que la
sufren personas lejanas también nos puede tocar a nosotros, por qué no. Por eso
hay que estar alerta con las ideas extrañas y absolutas. Ningún despiadado
lleva escrito en la cara la palabra "despiadado". Si las personas más
importantes, los más justos, los mejores, los líderes son asesinados, qué
seguridad podemos tener los desconocidos como nosotros. Si no trabajaras tanto
y vieras más la tele estarías más enterada del Mundo real que te rodea y
sabrías que siempre que se descubre a un asesino, las personas mas allegadas se
quedan muy sorprendidas porque el asesino les parecía alguien inofensivo.
Pero... ¡pero serás ingenua! ¿Por qué saben tus jefes que yo sabía lo de la l+D paralela?
Porque se lo has contado tú, ¿no?
--Anoche les llamé con mi móvil
igual que todas las noches para informar bien sobre la situación del día, pero
al contárselo estuvieron varias horas pasándome de un teléfono a otro. Algunos
de ellos tenían acento de otros países. Y uno me dijo que conviviera contigo
con normalidad, para que no sospecharas nada, al menos durante tres días hasta
que llegaran unos "ayudantes" de Colombia. Después me darían más
instrucciones para que tu eliminación pareciese un infortunio ocurrido durante
el atraco de una joyería o de un banco. Me avisaron de que si yo no colaboraba
correría tu misma fortuna por inútil.
--¿Y qué respondiste? —Jaime
tenía que esforzarse en disimular su temor para que Jesabel no se sintiera más sola y
desprotegida, y también por orgullo.
--Estaba hundida y aterrada.
Acepté mi nueva misión para conformarlos, pero yo a ti no te puedo hacer esa
crueldad.
--Elegiste bien, aunque no creo
que confíen plenamente en ti.
--Es muy triste todo lo que te
estoy haciendo.
--Estamos los dos en el mismo
aprieto. Y tenemos menos de tres días para encontrar una buena defensa.
--¿Y qué vamos a hacer?
¿Denunciar?
--¿A quién vas a denunciar?
¿Conoces los apellidos de los que te han amenazado esta noche?
--No, no les conozco.
--Y no nos van a dar protección
policial por unas amenazas por teléfono. ¿Sabes el nombre completo de mister Foster?
--No, ¿qué hacemos?
--Tú... ¿a cuántas personas
conoces que pertenezcan a la I+D
paralela?
--Yo no sé quién pertenece
realmente a la I+D
paralela y quién no. Éramos muy discretos con esas cosas. Bueno, a mí no me informaban
nada más que de lo preciso, de lo que tenía que hacer y poco más. Pero yo nunca
sabía dentro de qué cadenas formaban parte mis trabajos. Es comprensible, si te
piden discreción tú no preguntas. A ver si me entiendes, yo no pertenecía de
forma activa a la I+D
paralela, a mí me solicitaban colaboraciones y casi siempre a través de Mario.
--¿Y cómo se te ocurrió meterte
en todo eso?
--No sé, fue casi por enterarme.
Un día, hace tres años, me dio la enhorabuena un compañero y me dijo que
hablara con el jefe, con Mario, para que me explicara mi "ascenso
especial". Mario también me dio la enhorabuena porque no sé qué directivos
me habían escogido por mi idealismo y lealtad para conocer y participar en la
elite de la I+D
Yokonaga,
en la que los trabajos eran tan elevados que se precisaba mucha discreción. Me
preguntó si estaba orgullosa y yo le respondí afirmativamente.
--No tenías que haber aceptado.
—Me pareció bien. Con el tiempo
fui viendo algunos detalles extraños y me quejé, pero me convencieron de que no
tenía mayor importancia que la de desquitarse de la mojigatería legal y poder
así investigar con mas eficiencia y velocidad. No era todo legal, pero tampoco
era inmoral por los beneficios universales que se obtenían gracias a esa
picardía loable. Si hubiera sospechado que se realizaba algún acto criminal, ya
hubiera puesto yo enseguida cartas en el asunto, por supuesto que sí. El
respeto por los derechos de los demás es lo más básico que tenemos para esperar
algo positivo de la vida.
--Claro, ya les entiendo, tú no
demostrabas suficiente inmoralidad como para que confiaran en ti y pudieras
conocer todas sus actividades. Es una mafia como otra cualquiera y aunque
utilicen mecanismos más sofisticados les ciega el dinero fácil como al resto de
las mafias.
--Antes no eran así, son sólo
algunos los que se están corrompiendo.
--Mira. Eres demasiado inocente y
deberías ser más recelosa, y si esto te hace sentir más sola, al menos te
evitas fuertes decepciones y te proteges algo más. Las cosas están como están y
hay que tener los ojos bien abiertos. Anteayer, en el telediario, dijeron que
la gran cantidad de mafias que hay asentadas en España se llevan fenomenal, y
que además el Ministerio de Interior teme que estén aumentando la colaboración
entre ellas, e incluso, se apoyen con los grupos terroristas. También dijeron
que podía haber una oleada de atentados contra el Estado si les molestaban. Así
que... esto es lo que hay. Si se fusionan las grandes multinacionales por la
Globalización económica, también pueden asociarse las mafias internacionales.
--¿Se llevan bien las mafias?
¿Seguro?
--Aquí, con sus códigos de honor,
fenomenal. Otro asunto distinto es que apliquen con rigor su ley escarmentadota
a quien no cumpla para advertir a los demás colaboradores, suministradores y
"vendedores a franquicia" de que respeten el orden en los negocios.
--Todo eso ocurre siempre lejos,
en los periódicos y en las películas. No consigo hacerme a la idea de que esté
amenazada. ¿Qué vamos a hacer?
--Pues... algo.
--Ojalá sólo sea un susto o un
enfado. Nada. Lo tengo claro, sólo me queda un camino, pedir ayuda a Mario.
--¡Qué dices! ¿Vas a pedir ayuda
a quien te felicita por entrar en la organización?
--No, no es así. Si Mario fuera
corrupto nunca se hubiera expuesto a decirme que sospechaba de métodos que
además de ilegales eran inmorales cuando yo todavía no había visto nada
extraño. Es más, yo no le di demasiada credibilidad y él insistió con que le
preocupaba unos detalles de la sección farmacológica-biológica de la I+D paralela que
no le encajaban.
--¿Qué detalles?
--No quiso implicarme y quería
ser discreto con lo que sólo eran sospechas. Pero decidimos confiar mutuamente
si descubríamos algo llamativo y ayudarnos si nos sentíamos acosados o
desprotegidos.
—Pues a mí no me parece de
confianza ese Mario.
--Somos buenos amigos. ¡Incluso
nos divertíamos en la cafetería buscando respuestas a tus paradojas! Me pidió
que me enterara de si habías desarrollado nuevas paradojas. Quiero que lo
conozcas. Le voy a llamar para que nos ayude.
--¿Está en Kyoto?
--Sí, pero yo sé que cuando se
entere de lo que me ha sucedido lo deja todo y viene a ayudarme.
--¿Y no le habrás puesto en un
aprieto al contar a tus jefes de España lo de Grupo Local?
--¿Cómo? Creo que ese aspecto no
lo has entendido bien. I+D
paralela sólo está en la I+D
Yokonaga y
la conoce bastante gente, desde el presidente hasta científicos idealistas,
pero lo de Grupo Local es distinto ya que en toda la Yokonaga sólo lo conocen el
presidente Yoshuma,
su delfín Kirohito,
el mejor amigo de Kirohito,
o sea, Mario Vergara, yo... y ahora tú. Evidentemente esta madrugada no le he
hablado a nadie sobre Grupo Local.
--El mejor amigo de Kirohito es Mario
Vergara y la mejor amiga de Mario eres tú. Porque si Mario te cuenta algo tan
discreto es... porque tú eres única para sonsacar a los hombres.
--Oye, pregúntale a Mario por qué
me explicó lo de Grupo Local, porque sólo él puede saberlo. Yo desconocía la
existencia de esas reuniones. Y a Yoshuma sólo lo conocemos a través de los periódicos.
Aquel día estábamos conversando de todo un poco y Mario me confió esa
curiosidad. Y no te imagines otra cosa porque Mario está casado y yo conozco a
su esposa, a Michiko,
y le tengo mucho aprecio.
--No te piques.
--No desconfíes de mí porque si
lo haces ya no me queda nadie. Ni siquiera me atrevo a acudir a mi familia por
si...
--No, ni se te ocurra. Este tipo
de gentuza suele tomarse las cosas personales y no implican a familiares, pero
como sospechen que la familia sabe algo la hemos fastidiado.
--Estoy asustada.
Amaneció y Jaime tuvo que marchar
al trabajo a pesar de que el sueño y la preocupación le hacían percibir el
entorno como algo distante y sin interés. Zumbidos en la cabeza, ligeros
escalofríos y una visión muy luminosa y poco nítida. Durante el trayecto se
sentía solo entre la multitud. Observaba a los transeúntes y los veía como
pertenecientes a una realidad aparte de la suya, en la que se desconoce los
problemas que pueda tener un insignificante como Jaime y desde donde no se
puede echar una mano por ello. No le hubiera supuesto ninguna pérdida que
aquellas sólo fueran imágenes irreales, puesto que los rostros anónimos de su
alrededor nunca sabrían de su existencia ni de su posible drama. No obstante,
su temor no era muy agudo porque no terminaba de asimilar su circunstancia,
como si ésta la sintiese lejana, como si no quisiese aceptarla, como si los
tres siguientes días fuesen un largo periodo de tiempo en el que antes de
encontrar una solución a su desesperante problema tendría tiempo suficiente
para atender muchas obligaciones con gran eficiencia.
--Don Jaime, Don Jaime —un
celador se apresuró al encuentro de Jaime en la entrada de la Clínica--. Una
señorita que se llama... Jesabel
Espinosa me ha pedido que le notificara que le está esperando frente a la
puerta de la sala mortuoria para un asunto personal de gran urgencia.
--¿Ha estado aquí en persona?
--Sí, ha sido hace un par de
minutos.
--Gracias.
Jaime cruzó rápidamente todo el
Centro y mientras caminaba con presteza se imaginó a Jesabel conduciendo preocupada para
llegar a la Clínica en el menor tiempo posible. Miró a su móvil y no había
registrado ningún intento de llamada. Llegó y la sala mortuoria estaba vacía.
Por la misma puerta de la sala mortuoria salió Jaime al exterior, pero en toda
la vía de acceso no encontró a nadie. Para cerciorarse iba a cruzar esta calle
y mirar tras los árboles y tras la caseta del transformador, pero en ese
momento se aproximó una furgoneta de servicios funerarios y el conductor, tras
bajarse del vehículo, le preguntó:
--¿Han llegado ya los familiares?
--No...
--Mire, ¿usted cree que se puede
transportar a un difunto en estas condiciones? —abrió el conductor las puertas
traseras de la furgoneta--. Esto es como para denunciar a la empresa. Mire
usted, es vergonzoso. No me hace ninguna ilusión que lo vean los familiares.
El conductor apoyó una mano sobre
el hombro de Jaime y él esquivó receloso ese exceso de confianza. Miró al
interior y la furgoneta esta vacía y limpia. Jaime estaba extrañado y se disponía
a retirarse cuando alguien por detrás le agarró de los brazos y del pecho con
todas sus fuerzas.
--Mételo, rápido.
--¡Adentro!
Jaime instintivamente gritó y
taconeó sobre los pies de quien le inmovilizaba, pero era en vano porque
inexorablemente iba a acabar con sus huesos dentro del vehículo fúnebre. En un
intento desesperado apoyó un pie sobre el borde inferior de la furgoneta y el
otro sobre la bisagra central de la puerta y estiró sus piernas bruscamente.
Debido al impulso Jaime cayó de espaldas sobre su agresor, que abrió sus brazos
para incorporarse. Jaime aprovechó para girarse raudo y antes de levantarse
corrió apoyándose con sus manos en el suelo con tanta vehemencia que no pudo
evitar caer de bruces contra la puerta de la sala mortuoria. Se revolvió y pegó
de soslayo una patada en la pierna del conductor que ya le estaba apuntando con
un revólver.
--Muévete cabrón y te aniquilo
aquí mismo.
Sin dejar de mirar el cañón del
revólver que apuntaba a su cabeza, Jaime se levantó. Apenas podía respirar y
las palpitaciones de su corazón disminuían su ritmo al tiempo que se tornaban
más intensas.
--Ven con nosotros.
Jaime alzó sus hombros, apretó
sus dientes y sus párpados, se giró por iniciativa propia, abrió de nuevo los
ojos y accioné la manivela de la puerta de la sala mortuoria.
--¡Eh! ¡Quieto!
--Dispárale.
--Joder, joder, joder.
--¡Dispara, carajo!
--¡¡Joder!!
Pero Jaime sin pensarlo corrió
velozmente a través de la sala y de los pasillos sin mirar nunca hacia atrás. Y
al aproximarse al hall aminoró su marcha para no alarmar. Clara, la jefa de
enfermería, cruzó por el pasillo en ese instante y al ver a Jaime se contagió
con su expresión de espanto.
--¡Qué te pasa, Jaime! Estás
pálido.
El no respondió. Se dirigió
directamente al celador y le preguntó alterado.
--¿Cómo era Jesabel?
--¿Quién? ¿La señorita que ha
preguntado por usted?
--Sí, ¿cómo era?
--Pues... o sea...
--¿Qué rasgos tenía? Dime, por
favor.
--Era morena... sí, delgada, no
muy alta... Y con el acento ese.
--¿Qué acento?
--Sudamericano, creo. Pues, ¿qué...
Jaime salió a la calle y miró en
todas direcciones. Cogió su móvil y llamó a Jesabel.
--¿Sí?
--Jesabel, ya están aquí, lo de los
tres días es falso.
--Jaime, ¿qué hacemos?
--Tenemos que estar juntos. Ven a
recogerme, rápido.
--Mi coche está ardiendo.
--¡Qué dices!
--Oí a los bomberos, me asomé y
era mi coche el que ardía. Ahora estoy en una cafetería.
--Yo no puedo estar aquí. Tenemos
que reunirnos.
--¿Dónde?
--La cafetería en donde estás,
¿está lejos de casa?
--Relativamente lejos. Es la de
los espejos antiguos.
--Bien. Espérame ahí. Cojo un
taxi y llego enseguida.
La parada de taxis se encontraba
a una distancia de unos doscientos metros desde la Clínica. Jaime sin
pensárselo se dirigió hacia ella corriendo. Sorteando al resto de los peatones
se topó con un individuo de aspecto mestizo americano que con la expresión
desencajada dio ágilmente unos saltos hacia atrás, al tiempo que introducía su
mano en el bolsillo y aparentaba apuntar con una pistola. Jaime se quedó
paralizado y mirando fijamente a los ojos agresivos del desarraigado decidió
dar unos pasos hacia atrás. En ese momento se precipitó violentamente hacia él
un coche de lujo nuevo y con la ventanilla del conductor destrozada. Jaime optó
por entrar al interior del establecimiento que tenía a su lado en busca de
ayuda, pero desde dentro surgió otro individuo con la cabeza ocultada con un
pasamontañas y le apuntó con su pistola. Jaime miró hacia el interior del local
y halló a un individuo más que portaba una bolsa de tela y a dos dependientes
que permanecían tumbados en el suelo boca abajo. Sin demora Jaime se tumbó
también en el suelo con los brazos bien abiertos. Los dos atracadores saltaron
por encima de él y huyeron en el coche junto con el resto de los compinches.
Jaime, descubriendo finalmente que se hallaba en una joyería, se interesó por
el estado de sus compañeros de infortunio.
--¿Estáis bien?
--Estamos bien jodidos, coño.
--Y bien arruinados —añadió un
señor con pelo canoso que se encontraba tras el mostrador.
--Bueno, ánimo, tengo que
marcharme.
Por fin, Jaime tomó un taxi.
--¿Se encuentra usted bien, señor?
--Hace unos minutos han atracado
una joyería. Y a mí me ha pillado dentro.
--¡Mecachi’n’diez! ¿Se va a venir aquí toda
la gentuza del Mundo? Son bandas organizadas sudamericanas o de los países del
Este.
--Hay mucha mafia.
--Han informado en la radio que
han detenido juntos a un capo colombiano proguerrillero, a un traficante de
armas árabe y a varios traficantes españoles que estaban todos reunidos en
Marbella.
--Sí, no me sorprende, pero si
los traficantes de armas árabes son los que surten de material a los
terroristas. Aquí también tenemos buenos productos nacionales.
--Si le entra a uno ganas de
liarse a puñetazos con todo.
--Los mafiosos rusos por un lado,
los italianos por otro, las mafias marroquíes...
--Mucho vicio. Todo viene del
vicio. Que vamos a acabar todos degenerados.
--Sí, pero si nos van a acabar
extorsionando aquí también los putos mafiosos estos, que son unos vagos y unos
chulos.
--Muy bien. Tú eres uno de los
míos, se nota. Anda, majete,
toma unas papeletas de Lotería de Navidad, que es un regalo.
Las papeletas presentaban fotos
de Francisco Franco y de Primo de Rivera y toda la simbología falangista.
--Bueno, tampoco hay que exagerar.
--¡Cómo que exagerar! ¡¡Que se
vayan a sus países a delinquir!! Con lo bien que estaríamos aquí con un poco de
mano dura. ¿O no?
--Bueno, vale, vale.
--¡Ni vale ni nada! Eso es así.
Pero como hay tanto vicio... pues, ¡hala, al cachondeo! Alguien nos tendrá que
traer las putas y las rayitas, ¿no? Qué lástima de vida. He estado trabajando
aquí y en Madrid y la verdad es que se ve de todo en un taxi, pero uno además
tiene que callar. Eso si no te atraca un yonqui o un desgraciao. Yo, cada vez que miro a
las fotos de mis niñas... le entra a uno mucha pena. Bah, a la parienta le puede partir
un rayo.
--Creo que es esa la cafetería.
--Si, así es. Bueno, servido,
señor. De verdad que casi me había hecho ilusiones con usted. Pero, nada.
--Adiós.
Pudo detectar a Jesabel desde la
calle.
--Has tardado, Jaime.
--Nunca he sido tan consciente
como hasta ahora de lo cerca que está uno de la... la delincuencia organizada. Yo
soy de Huesca. Hasta los dieciocho años sólo he conocido a oscenses. Me parece
imposible que me ocurra todo esto. Jesa, han intentado raptarme.
--Jaime, ¿denunciamos... o
huimos... o qué hacemos?
--Las dos cosas. Denunciamos lo
denunciable por si acaso tiene alguna utilidad. Y después huimos, que es lo más
seguro.
--¿Le hablo a la policía de la I+D paralela?
--Sería una pérdida de tiempo.
Denuncia los delitos, denuncia que te han amenazado y que te han quemado el
coche; por lo menos que quede algo escrito. Y si la policía quiere
investigar... algo podrán hacer.
--Así no conseguimos nada. Tengo
que ponerme en contacto con Mario para que nos ayude. El problema hay que
atacarlo desde arriba. Vamos a escondemos hasta que me ponga en contacto con él.
--Sí, vamos a un hostal pequeño
y... ¿damos nuestros nombres?
--Qué remedio, exigen el carnet de
identidad.
--Vamos, no me siento seguro en
ningún sitio.
Compartiendo la misma sensación
de vacío en el estómago y el mismo malestar que les impedía llenarlo, la pareja
encontró con facilidad un hospedaje barato. Jesabel inspeccionó el nuevo entorno
vecinal buscando una pequeña tienda de alimentación cercana para abastecerse de
algunos víveres. Por su parte Jaime regresó a casa, a pesar de la inquietud que
esto le ocasionaba, para hacer acopio de todo aquello que pudiera necesitar.
Era demasiado tarde, para su asombro Jaime pudo descubrir en qué condiciones se
encontraba ya su vivienda:
La puerta reventada, los armarios
en el suelo, los cajones vaciados, los colchones y los sillones rajados, los
electrodomésticos destrozados... Era imposible entrever ninguna causa racional
en el comportamiento de los asaltantes. No habían robado, no existía nada
interesante que encontrar en la casa de Jaime; todo estaba minuciosamente destruido.
Sólo el frenesí absurdo y una buena dosis de mala fe podrían explicar aquella
actuación desmedida. O bien las órdenes dadas por un jefe esperando algún
efecto en Jaime y Jesabel.
Buscó entre los restos algo que le devolviera el recuerdo y afortunadamente
encontró las fotos de sus padres. El cariño hacia sus objetos que le
acompañaban continuamente, muchos de ellos únicos e irremplazables, estaba
roto. No podía soportarlo, tenía que salir de allí enseguida. Pero cuando se
disponía a abandonar los restos de su hogar localizó un mensaje que hasta
entonces le había pasado desapercibido. Escrito con betún en la puerta de la
calle advertía así: "Por putos
os vamos a prender candela". No pudo nada más que liberar su furia en
forma de gritos y puñetazos contra la pared.
--¡Pero qué he hecho yo! ¡No lo
entiendo! ¡No lo entiendo! ¡No! ¿Por qué merezco esto? ¡Qué os hemos hecho para
que nos odiéis de esta manera! Por mucho poder que logréis, nunca dejaréis de
ser basura. ¿Por qué no os enfrentáis conmigo uno a uno y sin armas?
Inconsciente de su acto Jaime
golpeó con dureza su frente contra el marco de una puerta, recorriéndole el
cráneo una descarga eléctrica y quedando su visión completamente en blanco.
Sabía que se encontraba sentado en el suelo, pero su visión seguía en blanco. A
él no le apetecía nada añadirse una nueva preocupación, por lo que simplemente
esperó y la vista le regresó súbitamente.
De vuelta al hostal se encontró
con una Jesabe1 nerviosa que limpiaba mecánicamente y en silencio lo que ya
estaba limpio. Jaime, también en silencio y con el gesto agrio, dio varias
vueltas por la habitación y encendió el televisor. Pero Jaime no veía las
imágenes que miraba porque sólo recordaba absorto cuál era su estable vida un
par de días antes. Jesabel
debía encontrarse también mal porque junto con su palidez brillante manifestaba
con fuertes sonidos corporales unas náuseas acompañadas de frecuentes conatos
vomitivos. Al final Jaime no tuvo otro remedio que interesarse por su estado.
--¿Vas a vomitar?
--No lo sé. Me siento mal, ¿es
que no lo ves?
--Ya veo.
--Pues cualquiera lo diría.. ¿Así tratas a
tus pacientes?
--Ahora debería estar tratándolos
y tú sabes muy bien por qué estoy aquí —dejó Jaime así de reprimir su malestar.
--Claro que lo sé, y también sé
por qué tengo que estar aquí. ¿No has traído nada de tu viaje a casa? ¿Sólo
unas fotos?
--¡He traído lo único que quedaba
sin destrozar! —expresó alterado--. Me han quitado todo, han destruido los
muebles que tanta ilusión le hacían
a mi madre, han quemado mis diplomas, ¡están aniquilando mi pasado! ¡¡Me
quieren quemar!!
--¡¡A mí también me han amenazado
con quemarme!! —se
le desbordó la tensión acumulada en forma de gritos--. Es espantoso, es
terrorífico.
--¿Cuándo?
--Hace media hora, mientras
compraba, me han llamado al móvil.
--¿Al móvil? ¿Lo tienes
encendido? Joder. ¡Apágalo! —ordenó angustiado.
--¿Y por qué te preocupa eso
ahora? —su incomprensión aminoró su pequeña histeria.
--Nos van a localizar. Es más
fácil de lo que parece. Quizás los sicarios no tengan los medios necesarios,
pero tus jefes sí. Aquí tampoco estamos seguros.
--¿Nos tenemos que marchar?
--Ahora mismo. Ya.
--¿¡Y a dónde vamos!? Es una
locura —su voz se aflojó junto con su ánimo rozando el lloro.
--No lo sé. Lo mejor será ir a una
cafetería y buscar por Internet una casa en alquiler que esté muy lejos de aquí.
--¿Y de qué vamos a vivir?
--Si se nos acaba el dinero puedo
vender una propiedad de mi padre. Sé quién me la podría comprar inmediatamente
a mitad de precio.
--Es un desastre, Jaime. No vamos
a ninguna parte.
--¡¡Cómo que no!! —miró a Jesabel
agresivo--. ¡Nos vamos ahora mismo!
--No me comprendes. Así no vamos
a solucionar nada.
--¡¡Propón una solución mejor,
señorita "inconvenientes", vamos!! O... ¿no te apetece? —le alzó
considerablemente la voz.
—No me hagas esto. No soporto la
presión. No lo soporto —su angustia desembocó en sollozos.
--No vamos a consentir que todo
esto acabe con nuestros nervios, ¿sabes? —colocó sus manos en el rostro de Jesabel mientras le
limpiaba las lágrimas de las mejillas con los pulgares y la miraba fijamente--.
Todavía no ha sucedido ningún drama, no lo olvides, todavía no ha ocurrido nada
que sea irremediable. Vamos a luchar por nosotros; por solucionar airosos
nuestros problemas. Vamos a establecer una buena estrategia y por supuesto que
vamos a vencer. Y se van a arrepentir esos sinvergüenzas por haber desviado su
atención hacia nosotros, que no saben la que les va a caer encima.
--¿Por qué nos hacen esto?
--Quizás se nos haya pasado por
alto algo que explique mejor el comportamiento que tienen con nosotros. Algo de
lo que no sospechemos, pero que desde luego no justifica lo que hacen, ni mucho
menos.
--Pero... es todo tan
desproporcionado... Tan falto de lógica.
--Sí, es desproporcionado. Pero
nosotros no somos las primeras victimas de la violencia descerebrada y sin
sentido. A veces, ocurre así. A veces, cuando un ciudadano anónimo está
agonizando, se pregunta que a quién habrá hecho un daño tal como para que le
odien tanto y le martiricen así con el fuego de una bomba o con las heridas de
unas balas. Es incomprensible. Pero ciertamente ocurre así.
--¿Pero no piensan en el dolor
que provocan? ¿No han tenido nunca una contusión, un dolor de muelas o una
escocedura? ¿No sentirán nada si nos queman? Yo soy incapaz de imaginar cuánto
se siente cuando te... ¡Dios! No hay explicaciones para esto.
--No, no las hay, pero asesinatos
si los hay continuamente. Y si asesinan a nuestros héroes y líderes,
evidentemente que nadie está a salvo. Así que tenemos que irnos ya. Vamos.
Veinte horas después, a las ocho
de la mañana del MIÉRCOLES, el nuevo paradero de Jaime y Jesabel era una estación del AVE.
Habían pernoctado la noche anterior en Madrid y recobrado también toda
la tranquilidad y algo de ilusión.
--Ya estamos en Ciudad Real, Jesa.
--"Royal City" para los británicos.
--¿Cómo podéis tener tanta
memoria las mujeres?
--Algunas veces haces preguntas
que, la verdad, no sé qué contestarte. Y tú, ¿por qué has elegido Poblete?
--Casi por azar. Es una localidad
que desconocemos y que no tiene ninguna relación con nosotros. Nadie nos puede
relacionar con Poblete
y podemos permanecer en esta pequeña población sin ningún peligro. Aquí vamos a
estar bien. Tus jefes seguramente no conocerán ni siquiera la existencia de
esta población de menos de ochocientos habitantes, que sin embargo está muy
bien comunicada, ya has visto, a tan sólo una hora de Madrid con el AVE. Mario
no tendrá ningún problema para llegar hasta nosotros.
--Muy bien pensado. ¿Pero está lejos
de aquí Poblete?
--A menos de seis kilómetros.
Cojamos un taxi.
De camino a Poblete...
--¿De dónde son ustedes? Si no es
mucha indiscreción.
--Venimos de Cataluña —informó
ella.
--Pues no se les nota nada el
acento catalán.
--Bueno, no somos catalanes,
somos naturales de Aragón —aclaró Jaime.
--Ah, buena tierra esa, la de los
maños.
--Sí, gente sincera —indicó Jaime
mirando acusadoramente a Jesabel
que desvió su mirada a la ventanilla.
--¿Vienen a visitar a algún
familiar, o...?
--No, realmente venimos a pasar
unas vacaciones.
--Sí, somos... creativos y
necesitamos estar en un lugar tranquilo para concentrarnos.
--Somos currantes de la
inspiración —añadió Jaime ilusionado al tiempo que Jesabel le propinaba un taconazo.
--Vamos, que más que
vacaciones... vienen ustedes también a trabajar.
--Sí. Nosotros siempre estamos
trabajando de alguna forma.
--¿Qué son? ¿Escritores?
--Sí.
--No.
--O sea, yo escribo... guiones
para la televisión, como teatrillos y presentaciones de programas. Y mi marido
es creativo de publicidad.
--¿Recuerda el anuncio de
televisión en el que desfilaban con ropa interior unas señoritas en un
concesionario de automóviles y al final el anuncio iba de magdalenas light? Ese
anuncio lo imaginé yo.
--¡Sí?
--Si.
--Poblete es tranquilo. Yo vivo en Poblete.
--¿Es natural de ahí?
--Sí, es mi pueblo. Bueno, en
cierto modo es como un barrio a las afueras de Ciudad Real. Pero también he
estado viviendo más de treinta años en Madrid con el taxi.
--¿En Madrid?
--Sí. Bueno, no es de extrañar,
varios colegas de aquí también han trabajado en Madrid.
-¿Tiene familia? —se interesó Jesabel.
--Claro, una parejita. Bueno, ya
han terminado la carrera. Él es periodista y ella ha estudiado empresariales.
He tenido suerte con ellos. Pero todavía siguen buscando trabajo. Antes... he
dicho que Poblete
era tranquilo, pero aquí también tenemos nuestro problema, el hijo de Amalio, el "Rataza".
Ahora está suelto otra vez. Cuando atracó la joyería en Ciudad Real la
policía vino directamente a detenerlo a la casa de sus padres, ¡cómo si no lo
conociera nadie!
--Lamentable.
--Vaya ya hemos llegado, el
camino es corto.
Al momento de entrar en contacto con
la población ya se encontraban en la céntrica calle de Cervantes. Abundaban las
casas antiguas de una única planta y con modestas fachadas de cemento pintadas
de colores claros que contrastaban con unas viviendas unifamiliares adosadas de
reciente construcción.
--Es en el número doce —indicó
Jaime.
--Ah, esa es la casa de la señora
Carmina, la que se casó con el hermano de la Venancia. La otra hermana es cuñada
mía. Bueno, ya iréis conociendo a la vecindad.
--Bien, como son pocas maletas,
podemos nosotros solos.
--Pues... encantado de tener a
unos nuevos vecinos, a unos buenos nuevos vecinos. Incluso sospecho que son
unos ilustres vecinos, ¿no?
--No, por favor.
--Para nada.
--Si necesitan algo, yo vivo en
el número tres de esa calle.
--Ah, muchas gracias.
--Hasta luego.
--Adiós.
--Adiós.
--¿Has visto qué gente más
acogedora?
--Qué idiota soy, tenía aquí a
una familia y sin enterarme.
--jJaime! ¿Es aquí?
--No, la de al lado. En el número
catorce.
--No tiene mal aspecto vista desde
afuera. ¿Tienes las llaves?
--Coge ésta que pesa menos. No,
las tiene la vecina.
--¿Qué vecina?
--La de aquí, la del número doce.
--¿Y eso?
--A mí me dijo... el chaval ese
de Castellón que te dije, me dijo que la señora Carmina se encargaría de explicarme
los detalles de la vivienda. Él viene mañana para hacer el contrato. Llama, que
yo no puedo.
Se abrió la puerta y apareció
una señora que aparentaba tener más de cincuenta años y que evidentemente ya
había desistido de mantener la línea. La señora Carmina sólo necesitó algo más
de un segundo para expresar una gran confianza, intuyendo que aquellos eran los
nuevos inquilinos. Con su sonrisa espontánea les saludó afectuosamente.
--¿Es usted la señora Carmina?
--Y vosotros debéis ser los
nuevos vecinos.
--Sí, Jaime Uriel y Jesabel Espinosa.
--¿Chesabel?
--No, Jesabel. Un capricho de mi madre.
--Encantada. Yo en realidad no
tengo mucha relación con la casa que habéis alquilado. He tenido siempre
amistad con la dueña, con la Amparo, hasta que se murió la pobre. Pero sus
nietos no han querido saber nada de ella hasta que se ha muerto. Ahora, sí,
ahora que si quieren vender la casa para repartirse el dinero, que si quieren
esto, que si quieren lo otro. Pero cuando la abuela estaba ya viejecita, ¿quién
se molestó en cuidarla? Aquí, su amiga. Y además tienen el descaro de dejarme
de encargada para dar las llaves. Tuve que avisar a la funeraria y la mitad no
acudieron al entierro.
--¿Llevaban mucho tiempo
distanciados?
--Escucha que te explique. En el
año cuarenta y nueve la hija mayor de la Amparo, la Petra, se quedó embarazada
y su novio no reconoció a la criatura. Cuando se enteró su padre le dio un par
de bofetadas y ella dijo que se marchaba a Valencia. Pero la verdadera sorpresa
la dio su hermana pequeña cuando decidió acompañarla. Claro, ahí fue cuando se
distanciaron. Con el paso de los años murieron las dos hermanas de cáncer y los
nietos pues apenas han visto unas pocas veces a la abuela.
--Cada familia tiene su historia.
--Vamos que os enseñe la vivienda
y dónde están los registros del agua y de la luz. Pero lo que es vergonzoso es
la que tenemos ahora con el hijo de Amalio, que ya lo tenemos otra vez en el pueblo. Es sobrinastro del
alcalde, ¿sabéis?
--Sí, si nos ha estado hablando
de eso el taxista.
--Claro, habrá sido el Floren. Es
buena persona. Trae todos los Viernes
a mi hija de Ciudad Real. Mi hija está estudiando en Madrid Ingeniería, es muy
hacendosa. Pero el hijo de Amalio
es un golfo, tiene malas amistades y todos sabemos que va a Madrid con su
primo de La Poblachuela
para traer cosas malas que después las venden en Ciudad Real.
--¿No será peligroso? —preguntó
preocupada Jesabel.
--Cuando está aquí lo tenemos
controlado entre todos, pero tuvo secuestrada a una chica durante seis horas.
Pidió un rescate, pero lo localizaron y estuvo cuatro años en la cárcel de
Herrera de la Mancha. Mirad, está completamente amueblada. ¿Os gusta?
--No está mal.
--¿Te gusta la decoración, Jesa?
--Mm... las cortinas... son personales.
--Eh, el interruptor primero del
pasillo está un poco estropeado y da descargas.
--¿Cómo funcionan estos
interruptores? —preguntó Jesabel.
--Se coge así y se da vueltas
hasta que la luz se enciende o se apaga.
--Qué curioso.
--¿Y venís para estar mucho tiempo
en Poblete?
--No, para menos de un mes. Son
unas vacaciones que nos hemos tomado libremente.
--No, yo pensé que veníais a
trabajar a Ciudad Real y mientras encontrabais vivienda definitiva íbais a estar
aquí.
—Pues esa sí que hubiera sido una
buena posibilidad, pero queremos pasar las Navidades en un lugar tranquilo.
--Aquí os vais a sentir como en
casa. ¡Ay, la leche! ¡Que se me estará quemando la leche! Os dejo. Si
necesitáis algo ya sabéis dónde estoy. Hasta luego.
--Hasta luego.
--Qué original la señora
Carmina, ¿no?
--Sí. Jesa, he estado reflexionando y
mejor sería establecer con tranquilidad una buena estrategia. Entiéndeme,
perfilar detalladamente una estrategia que les haga daño, mucho daño. ¿Qué es
lo que más daño les puede hacer a esos putos mafiosos?
--No sé, ¿qué?
--No, eso mismo quiero saber yo,
por eso te preguntaba. Tú qué crees que pueda perjudicarles más.
--Arruinarles, ofenderles,
dejarles en ridículo para ponerles nerviosos y que tengan fallos... pero no sé
cómo.
--La tenemos que elaborar con
tranquilidad y perfección. Y sin exponernos demasiado.
--Sí, me impone un poco. Pero
Mario nos va a ayudar. Él sabe más que nosotros de lo que se cuece en la I+D paralela.
--Espero que no te equivoques con
él. ¿Le has avisado ya?
--No, no puedo llamarle
directamente para no delatarlo. Seguramente tendrá pinchados sus teléfonos.
--¿Y cómo te vas a poner en
contacto con él?
--Ya establecimos en su momento
un código secreto particular de comunicación, por si nos pudiera hacer falta. Es
muy sencillo, pero funciona.
--Y la señora de Mario qué
opinaría si supiera lo de vuestro código particular.
--Eres único. La señora de Mario
lo sabe.
--No, si lo decía de broma.
--Fue Michiko la que realmente lo creó
durante su noviez
para intercambiar declaraciones personales con Mario a través del fax. Sería
más bien como un juego, supongo. Michiko y Mario me enseñaron cuáles eran las
conversiones que se debía memorizar para traducir el código. Pero en vez de
diccionario decidimos utilizar una Biblia de bolsillo. Mira, la llevo siempre
en el bolso y Mario tiene otra idéntica.
--No estoy comprendiendo lo de
ese código.
--Es fácil. Se comunican una
serie de letras y números en grupos y cada uno de estos grupos se corresponde
con una palabra. Y esas palabras se descubren al localizarlas en un libro común
para ambas partes, en este caso una Biblia de bolsillo, en las posiciones que
indican las letras y los números; que además deben ser traducidos según el
código. El libro común, la traducción y el original camino que se toma para
localizar en el libro común sólo los conocemos nosotros tres: Mario, Michiko y yo.
--Eso lo vi en una película antigua. Algo
parecido.
--Funciona. Si se cambia de libro,
traducción o camino cada cierto tiempo es imposible de descifrar. Yo también ví algo similar
en una película en la que unos espías norteamericanos en Oriente Medio
utilizaban un libro de Salman Rusdhi
para comunicarse. Mira, confeccioné anoche mientras dormías el mensaje que le
voy a enviar.
--Déjame ver.
--Lo tengo en el bolso. Aquí está..
La secuencia de letras y números
que conformaban el mensaje era el siguiente: "ZCZC WAS583 CAB387 291938
B531D TFW35O 024. ESSA CO ESTF 017".
--¿Y qué es lo que pone?
--Exactamente esto que tengo
escrito aquí: «Mateo. Soy Jezabel
y Santiago. Estamos en riesgos muerte. Guárdate. Acude a mi al..."
--¿Al qué?
--Ahí tengo que poner codificado
el número del móvil sin contrato que voy a comprar para enviar el mensaje y Mario
ya se encargará
de llamarme cuando no corra peligro.
--¿Y quiénes son Mateo y Santiago?
--Para entendernos entre nosotros
se le llamaba Mateo a Mario, y Santiago eres tú.
--Bueno, si tú lo dices.....
--Le voy a enviar el mensaje a su
móvil con el remite de Número Desconocido.
--¿Y por qué no le envías un
correo electrónico encriptado
a través de un teléfono por satélite? Así lo hacen en las películas.
--Es más caro y aquí en el
pueblo no venden teléfonos de esos.
--Si le envías ahora el mensaje a
Mario va a venir aquí a toda prisa. ¿No le va a comprometer?
--¿Cómo?
--Por muy buenas excusas que dé
para ausentarse le pueden relacionar con nuestra huida al encontrarse los dos
hechos tan próximos en el tiempo. Y más si le detectan el mensaje codificado.
Creo que sería más aconsejable dejar pasar unos días antes de pedirle ayuda.
Aquí estamos seguros.
--De acuerdo, pero sólo un par de
días como máximo.
--Sí, y mientras tanto podríamos
ir pensando algo.
--Claro. A ver si saliera bien...
lo que vayamos a hacer.
--Yo de momento voy a dar una
vuelta para inspeccionar el entorno. Deberíamos alquilar un coche, ¿no? Estamos
muy limitados así.
--Sí, por lo menos para unos días.
--Voy a algún bar, en la plaza
tiene que haber alguno, a ver si me dejan una guía telefónica y busco un
alquiler de coches.
--Si yo creo que junto a la
estación del AVE alquilaban coches.
--Bueno, voy a asegurarme.
--Vale.
Jaime localizó una cabina
telefónica e hizo uso de ella. Pasó a ejecutar una idea que ya tenía en mente
desde la noche anterior y que había decidido mantenerla a espaldas de Jesabel para no
implicarla en riesgos gratuitos. Preguntó en Información y obtuvo los teléfonos
de las cadenas televisivas nacionales. La intención de Jaime era lanzar un
órdago imprevisto a la I+D
paralela con una denuncia en público imparable sin importarle por ello exponer
su imagen en público y exponerse así mismo a la vendetta de esa mafia. Llamó a
todas las cadenas de televisión y demandó los teléfonos correspondientes a los
programas de sucesos. Una vez obtenidos procedió a la petición de una
oportunidad para denunciar en estos medios masivos a la I+D paralela. Le
respondió al teléfono una señorita.
--Mire, quería denunciar en los
medios de comunicación...
--Sí, diga usted.
--No, que... yo quiero informar
de unas agresiones que he sufrido.
--Sí, ¿qué tipo de agresión?
--Intento de rapto, destrozos en
mi vivienda y la quema del coche de mi novia.
--¿Nada más? ¿Sabe quién ha sido?
--Sí, sospecho de una
organización criminal bastante compleja.
--Ah. ¿Y cuándo sucedieron los
hechos?
--Ayer por la mañana.
--Bien. Dígame en qué comisaría
ha realizado las denuncias.
--No, yo no he denunciado en la
policía nada.
--¿Pero va a denunciar?
--Sí, en el programa de ustedes.
--Pero nosotros necesitamos
pruebas para ese tipo de acusaciones. Somos un programa de sucesos y siempre
trabajamos con la corroboración policial o al menos de la prensa local. ¿No
tiene ninguna prueba, ninguna grabación de vídeo doméstico?
--No, también me han destrozado
la cámara.
--¿Y por qué no denuncia?
--Por... por temor. Quiero decir
por temor a estar localizado, vamos.
--¿Teme represalias? Pero lo
primero que tiene que hacer es denunciar. ¿Estaría dispuesto a participar en un
reportaje mostrando los destrozos y dónde intentaron raptarle?
--Pero... ¿no puedo participar en
directo? Yo estoy dispuesto a dar la cara, pero en directo.
--Pues... ¿por qué...? ¿qué diría una vez
en...? No, lo siento, en nuestro programa no hay participaciones en directo.
--A mí me interesaría en directo.
--¿Por qué?
--Porque... quiero avisar a la
población de lo que hay sin arriesgarme antes.
--Pues lo siento. Quizás necesite
otro tipo de programa. Algún programa de participación ciudadana o de coloquio
abierto.
--Claro, cómo no había caído en
eso. Deme
los números de teléfono, por favor.
Lo intentó con numerosos
programas de las distintas cadenas, pero en todos ellos ya estaban escogidos
los temas para los siguientes días y en ninguno permitían la intervención de Jaime
hasta pasada una semana. No podía esperar tanto tiempo, por lo que insistió y
por fin encontró un programa en la televisión autonómica de Madrid donde podría
participar libremente el siguiente VIERNES a las cuatro de la tarde. Jaime
saboreó su satisfacción y comenzó a construir una declaración en la que además
de poner en un aprieto a la I+D
paralela y a toda la Yokonaga,
también iba a humillarles frente a la opinión pública. Manteniendo la
suficiente discreción para no preocupar a Jesabel debía esperar con calma
hasta el agradable momento de su resarcimiento.
Con los números telefónicos de
vehículos de alquiler en el bolsillo y con un par de cañas con sus
correspondientes tapas en el cuerpo, Jaime regresó a su frugal nueva vivienda.
--laime, aunque vayamos a estar poco
tiempo en esta casa, deberíamos hacer una limpieza general. Está todo esto un pelín descuidado.
--¿Sí?
--Si. Tengo todo preparado para
empezar ahora. ¿Enciendes la tele? —preguntó extrañada.
--Ya ves. Mira, un Avance Informativo.
Hay que estar informados.
"—Acaba de producirse un
nuevo atentado. Afortunadamente no ha habido ninguna víctima. Hace tan sólo
cuarenta y cinco minutos explotaba un coche-bomba en Madrid al paso del
vehículo del Gobernador del Banco de España resultando éste ileso. Por la
magnitud de la explosión es evidente que los terroristas han cometido un error
importante o su intención sólo era la de demostrar su potencial operativo. En
el lugar de los hechos se encuentra nuestro compañero Tebas Jabato. Adelante Tebas.
--Sí, aquí ha habido momentos en
los que ha reinado el desconcierto y el pánico cuando se ha comentado la
posibilidad de que pudiera haber una bomba-trampa que sería con la que se
buscase la verdadera masacre, siendo así el coche-bomba explosionado tan sólo
un cebo. En previsión las autoridades han desalojado varios edificios más y han
ampliado el acordonamiento otros cien metros, que es desde donde estamos
retransmitiendo. ¡Señora, cállese! Decíamos que la impresión que tenemos todos
aquí es que la explosión ha sido demasiado violenta como para no provocar
ninguna víctima. También un miembro del Tedax a modo oficioso me había
comentado que por los efectos devastadores de la deflagación podríamos estar ante la
utilización de un nuevo tipo de explosivo diferente a los utilizados
habitualmente por las bandas terroristas que operan en España.
--Todo parece indicar que estamos
ante una nueva estrategia o incluso ante un nuevo grupo armado, ¿no?
--Sí, también se desconoce el
método utilizado para provocar la explosión. No se puede utilizar ningún medio
de radiofrecuencia ya que el vehículo oficial del Gobernador del Banco de
España dispone de un dispositivo que anula o interfiere toda señal de radio en
un perímetro considerable alrededor del vehículo. Y parece ser que no existe
ningún cable que haya servido de... de detonante.
--Perdón, compañero, me indican
que tenemos en estos momentos al Vicepresidente Económico que está haciendo
unas declaraciones.
--Con el pinganillo bocazas y con la señora...
--...y aún es pronto para hacer
una valoración política. Ahora corresponde a los servicios policiales hacer su
trabajo de investigación.
--¿Quiere decir con eso que
estamos ante un nuevo grupo terrorista?
--Sólo quieto decir que hasta que
no se termine la investigación no se podrá hacer ninguna declaración. Sólo
puedo confirmar que nuestro compañero se encuentra en perfecto estado.
--¿Puede haber alguna relación
entre este suceso y el sabotaje en el depósito de Burgos que amenazó esta
madrugada con la quema de los billetes del euro que entrarán próximamente en
circulación?
—De momento no hay motivos para
sospechar una relación entre ambos sucesos. Disculpen, cuando se disponga de
los datos suficientes serán atendidos debidamente.
--Estas han sido las declaraciones
del Vicepresidente Económico. Y por nuestra parte esto es todo de momento.
Recuerden que si surgieran nuevos datos de interés serán aquí bien informados."
--¿Te imaginas por lo que estará
pasando ese pobre hombre?
--Me hago a la idea, Jesa. Sigue con
toda su responsabilidad sobre sus hombros y ahora se siente tan desamparado
como un sin-techo. Todavía no lo habrá asimilado, pero en las próximas horas se
va a poner muy nervioso.
--Ahora lo vemos más cercano.
Sabemos bien de qué va eso de que te ataquen y te amenacen.
--Deja el tema, es desagradable.
--Sí, pero también hay que estar
informados de lo que sucede. Nos interesa.
--Tienes razón.
Por este motivo acudieron
religiosamente unas horas después al inicio del noticiario de la tarde.
"Buenas tardes. Está
confirmado. El atentado que ha sufrido esta mañana en Madrid el Gobernador del
Banco de España, del cual ha salido ileso, ha sido ejecutado por un nuevo grupo
terrorista. Las bandas terroristas establecidas históricamente han negado su
participación en este suceso y por otro lado se ha recibido en la Delegación de
Hacienda de Madrid una llamada responsabilizándose del atentado que ha sido
considerada por el Director General de la Policía como fiable al aportarse en
ella datos confidenciales del suceso. En esa llamada una mujer joven aseguraba
hablar en nombre del grupo terrorista «Nuevo Orden", cuya ideología u
objetivos todavía se desconocen. También responsabilizó a esta organización del
incendio ágilmente reducido por los efectivos en el depósito de billetes del
euro situado en Burgos. Recuerden que estos billetes son los que van a entrar
en circulación el próximo uno de Enero del año 2.002. La idea que flota entre
las autoridades es que estas acciones son en realidad un aviso sobre el potencial
de la nueva banda armada. Por su parte las declaraciones de los dirigentes han
sido bastante cautelosas en espera de conocerse nuevos datos. Conectaremos con
la rueda de prensa improvisada desde el Ministerio del Interior en el momento
en el que dé comienzo. Mientras tanto tenemos aquí a un experto en explosivos,
al químico doctor...
--Jesabel, Alberto me habló sobre
esto. Es extraño.
--¿Cuándo?
--Bueno, realmente me habló sobre
un proyecto estatal que se estaba manteniendo en secreto. No lo recuerdo muy
bien. Dijo que los billetes que van a entrar en circulación llevarán
incorporados un microchip que impedirá que se pueda conseguir dinero de origen
delictivo sin que pueda ser investigado por los jueces. Y también me dijo que
esto iba a poner muy nerviosos a los mafiosos y a los terroristas. ¿Tú sabes
algo de esto?
--No. Ni idea.
--¿No...? No creo.
--¿Qué?
--Sería muy difícil que Alberto
tuviese relación con ese mundo. Tú me has contado todo lo que sabes, ¿verdad?
--Yo ya te conté cuando
regresábamos del cine todo lo que sé. De la vida privada de Alberto no conozco
nada.
--Te creo. Bueno, nosotros a lo
nuestro, a esperar y a que nos ayude Mario.
Disfrutaron durante el resto del
día de estas vacaciones imprevistas sin que por ello les dejase de incordiar la
inquietud que habían decidido no manifestar. Por la tarde, el mismo taxista que
les trajo desde Ciudad Real les devolvió a la capital y allí alquilaron un
coche reluciente por fuera pero con la limpieza descuidada por dentro. Hicieron
una visita "turística" a un hipermercado donde terminaron comprando
más de lo previsto y pasearon por la zona más céntrica de la dudad. Cuando se
encontraban en una calle estrecha próxima a la Plaza del Pilar se acercaron un par
de drogadictos fáciles de reconocer por su ropa desgastada, su delgadez y su look rebelde y
juvenil que contrastaba con el envejecimiento prematuro de sus rostros.
--Señora, señora, por favor, denos un par de
libras que es lo único que nos falta, que estemos con el mono hechos una mierda.
—Mire señora, cómo me tiembla la
mano —estaba sucia--. Espere, que tengo aquí el lazo rojo del SIDA y se lo
pongo —el alfiler estaba manchado de sangre seca.
--No, quieto.
--¡No toques a mi mujer!
--Pero bueno, tampoco es pa’ponerse así.
El coleguita quiere ser amable. Deme unas libritas pa’la papelina y pa’un par de "donats".
--No tenemos. Dejadnos tranquilos
—exigió Jesabel.
--Cómo no vais a tener.
--Que no tenemos suelto.
--Qué mala hostia. Nosotros
tenemos cambio. No seáis así, que estemos muy mal con el mono.
--¡Pero bueno! Si tenéis cambio
ya tenéis bastante —replicó ella.
--No, nos da el cambio la
Bernarda que está aquí al lao.
Venís con nosotros.
--Jesa, no me gusta esto.
--Si tiene nombre de yogur, qué
raro. Son sólo dos libras, por favor. ¡Qué más os da!
--¡¡Que no tenemos!!
--Este tío está colgao, tiene
talegos y dice que no tiene. Me está poniendo de los nervios.
--Rataza, si lo sé me traigo la
pipa.
--A éstos los rajo yo, que no se
ríen de mí.
--Jesa, no les des nada.
La pareja acosada entró en una carnicería
seguidos por los drogadictos. Pero al verlos, el carnicero alzó una cuchilla de
tamaño considerable y les increpó.
--Fuera de aquí. Mira, que te
escamocho Rataza, que te escamocho, eh.
--Qué bonito, decirle eso a mi
colega.
--¡Pringao! Esto no va a quedar así —el
Rataza amenazaba a Jaime también con una mirada despiadada y señalándole con su
índice--. Que no te cruce, eh. Que no te cruce. Que como te cruce te arranco el
mondongo, hijo de puta.
--¡¡Me cagüen la Mar!! Yo te escamocho,
vaya que si te escamocho.
--Y tú, descuartízate tus huevos
con un cortaúñas, agobiao.
--¡¡Lo escamocho!! —al salir el
carnicero del mostrador, el Rataza y su colega abandonaron raudos el
establecimiento--. Si es gentualla, si le pega a sus padres. Todos los
muebles de la casa los tiene destrozados y a su madre le rompió una pierna.
Hicieron hasta un reportaje los de la televisión. Esto va a acabar como sabemos
todos que va a acabar. ¿Qué desean ustedes?
--Pues ya que estamos aquí,
Jaime, pues unas chuletas de cordero, ¿no?
--Las preparo enseguida, señora.
Jaime miraba fijamente la
facilidad extrema con la que la hoja de la cuchilla cortaba la indefensa y
frágil carne. Sin apenas realizar esfuerzo, el carnicero cortaba los huesos con
precisión y Jaime sentía como si aquellos fueran los suyos que se fracturaban
sin oponer resistencia. La carne de Jaime no era más dura que la de aquel
cordero y se dejaría igualmente atravesar por el frío metal de cualquier arma
blanca conducida por la locura, la desesperación, la codicia, el odio o un
simple enfado. Qué se puede hacer ante un ataque con un arma. ¿Nada? Jaime lo
iba a comprobar en sí mismo en un breve plazo de tiempo.
El día siguiente, el Jueves, no tuvo
nada de especial quizás por ser el día central de la semana o por cualquier
otro motivo. Para amenizar la espera la pareja decidió hacer turismo por las
distintas poblaciones de Ciudad Real. Pero en los noticiarios radiofónicos
seguían con especulaciones sobre las posibles reivindicaciones o extorsiones
del recién nacido grupo terrorista Nuevo Orden. Llegó el Viernes y Jaime lo presentía
bastante completo. Una mezcla de ilusión y de nervios le hacían desear y temer a la par la
llegada de su participación en la televisión autonómica. Tan sólo faltaban unas
pocas horas para esta intervención y Jaime continuaba sin saber con qué excusa
iba a convencer a Jesabel
de su ausencia. El día iba a ser completo, sin duda. A media mañana manifestó
Jaime un fuerte dolor de cabeza por lo que tuvo que tramitar la cartilla
sanitaria de desplazamiento para así recibir asistencia en el Centro de Salud
correspondiente. Sin embargo, no quiso molestar a Jesabel por lo que acudió solo a la
consulta médica, no sin antes mostrarle a ella las secuelas en su cuero
cabelludo de un fuerte golpe como posible origen de su dolor de cabeza, aunque
sin explicarle las circunstancias del accidente causante. Pero Jaime regresó
del Centro de Salud con una expresión que mostraba una honda preocupación.
--Jesabel, tenemos que ir rápido a
Madrid.
--¿Por qué?
--Tengo consulta a las tres y media
en una clínica privada para que me hagan una radiografía digital en la cabeza.
Son los más precisos en Resonancia magnética.
--Me estás asustando.
--Yo también lo estoy. Mi pupila
derecha se contrae y se dilata con mucha lentitud. Soy neurólogo y eso
no me gusta. Lo mismo puede ser un tumor que un depósito de...
--Jaime, ¿no puede ser otra cosa
menos grave?
--¿Qué?
--Ay, Dios mío, no nos abandones
ahora, por favor.
A las tres y cuarto de la tarde
ya se encontraban esperando en un pasillo de la clínica privada madrileña.
--Jesabel, se tarda mucho en hacer
estas pruebas. El sistema que utilizan aquí es muy fiable pero también es muy
lento. Puedes esperar si quieres en la cafetería de abajo.
--No, es igual.
--Tardan más de media hora, te aviso.
--Bueno, tomaré algo relajante.
Pero una vez que había abandonado
Jesabel la
escena, Jaime optó por marchar veloz hacia los estudios televisivos. No es de
extrañar este comportamiento si tenemos en cuenta que la única causa de la
dilatación de su pupila derecha residía en unas gotas midriáticas que se había
aplicado oportunamente antes de entrar en la consulta de Ciudad Real. Un
truquito médico.
En Realización del programa
debate estaban muy molestos y un poco preocupados por la tardanza de Jaime. Llegar
con treinta minutos de retraso es suficiente para trastocar algunos planes y en
la puerta de entrada de los estudios se encontraba una secretaria que al verle
lo dirigió rápidamente hacia maquillaje. Y mientras le pintaban los labios o le
retocaban con polvos, un señor le preguntaba al tiempo que tomaba notas.
Enseguida llegó el presentador-moderador para escuchar directamente las
respuestas de Jaime.
—Después del intento de rapto con
la furgoneta de servicios funerarios, ¿decidiste huir y esconderte?
--Sí, por motivos de seguridad.
--¿Por qué estás convencido de
que las intenciones de tus secuestradores eran fatales?
--Porque ya estaba amenazado de
muerte.
--¿Cómo te habían amenazado?
--Por teléfono.
--¿Y dónde estás escondido ahora?
--Como comprenderán no quiero
decirlo.
--Pero llamaste desde Ciudad
Real, desde una cabina.
--Por favor.
--Aquí hay un punto que no...
¿Cómo tuviste acceso a la información que tanto les incomoda?
--No puedo decirlo. Hay una
persona que no la quiero implicar para no arriesgarla más de lo que está.
--Entonces... ¿no puedes
explicarlo de ninguna forma?
--Sí. Ellos acudieron a mí para
robarme mi propiedad intelectual y se les fue de las manos. I+D paralela está formada
principalmente por científicos corruptos y los dirigen sus jefes que son los
que lo planean todo. Uno de esos científicos me engañó para descubrir mis
conocimientos y al final acabé yo conociendo de ellos más de lo que debía.
--¿Los científicos están
relacionados con los matones?
--Sus jefes, supongo. Todos los
del crimen organizado están a partir un piñón y se ayudan bastante.
--Sí, se habla de eso ahora.
--Ellos contratan a los que hacen
los trabajos sucios, pero con más o menos refinamiento ellos también son
mafiosos y sólo quieren dinero a cualquier costa. Y les molesta mucho que haya
un mínimo de riesgo para sus planes.
--Vamos, la forma de actuar que
tiene la mafia, ¿no?
--Sí.
--¿Estás dispuesto a mencionar
ante las cámaras el nombre de la corporación Yokonaga?
--Por supuesto que sí. Voy a por
todas. Y más que sé.
--¿Y vas a relacionar a alguien
conocido? —intervino con esta pregunta por primera vez el presentador.
--Sí, o sea... no se si sea muy
conocido aquí, pero es muy importante en el ámbito internacional. Implico como
principal cerebro de toda la organización a Kirohito, que es el director general
de la corporación Yokonaga.
--Los tienes bien puestos —le
felicitó elocuentemente el presentador.
--Me tengo que defender. Y más
riesgos de los que sufro ahora, sé que no los puedo sufrir.
Intervino animoso el escribiente:
--¿En qué consiste la propiedad
intelectual que te han robado?
--Yo... son unas teorías de mi
cosecha sobre el funcionamiento del cerebro que pueden tener aplicaciones en el
diseño de microchips y redes de Inteligencia Artificial. Vale, sí, a mí también
me parece todo poco verosímil, o por lo menos extraño.
--No, es magnífico. Incluso
podrías explicar tus teorías antes de que comience el debate abierto.
--No, son largas de explicar.
¿Antes del debate qué se hace?
--¿No conoces la dinámica
del programa?
--No, he estado poco en Madrid y
no...
--En primer lugar hago una
presentación de los cuatro participantes. Después entrevisto a cada uno de
ellos y si hay tiempo se abre el coloquio con algunas preguntas del público. Tú
aquí tienes total libertad para expresar lo que quieras y como quieras.
--Lo voy a hacer, descuida.
--Eso me gusta. Tú vas a ser el
primero en intervenir. ¿De acuerdo?
--Vamos.
Jaime no había previsto que
sintiese un nudo así en el estómago o le temblara tanto el pulso cuando el
público comenzó a aplaudir, pero en aquel instante temía incluso que le fallara
la voz. Tenía gran necesidad de pedir un vaso de agua pero desistió porque el
presentador ya estaba trabajando.
--... y desde su escondite de
Ciudad Real tenemos al doctor Jaime Uriel Campos que afirma sufrir el acoso de
una nueva organización mafiosa que trafica con innovaciones tecnológicas y
descubrimientos científicos —Jaime estaba molesto por haber quedado desvelada
la provincia en la que se resguardaba y preocupado por si su decisión no
provocaba un efecto útil e inmediato--. Han intentado raptarle tras ser
amenazado de muerte y han destrozado su vivienda. Como un moderno fugitivo
utiliza sus conocimientos en medicina para descubrir a los criminales que le
hostigan y conseguir las pruebas suficientes para que reciban su merecido
—algunos miembros del público comenzaron a jalearle y vitorearle--. Él nos va a
explicar también en qué consisten sus exclusivos conocimientos sobre el
funcionamiento del cerebro que le han sido robados por esta nueva "ciber-mafia",
si se me permite la expresión. Jaime, ¿cómo te encuentras?
--Bien —nada más opuesto a la
realidad, Jaime ya estaba arrepentido de esta participación en público.
--Fabuloso. Sé valiente y que no
te amedrenten nunca —recibió Jaime un aplauso--. También nos acompaña Saturio Bermejo
Simón que afirma ser testigo casual y excepcional de una compraventa de
mujeres en un tugurio de alterne que terminó en un enfrentamiento con el
resultado de un muerto y seis heridos. Ahora Saturio junto a otros testigos
casuales deben ocultar lo sucedido para salvar sus pellejos. Saturio, ¿no vas
a rebelar quiénes lo hicieron y dónde fue?
--No, ellos me estarán viendo
ahora y yo estoy imaginando cómo me miran.
Saturio recibió abucheos.
--Pero nunca vas a ser libre. Por
un momento de entereza, una vida libre y respetable. Toma ejemplo de Jaime.
--No quiero problemas. También
soy testigo de cómo le quitaron un riñón a un niño y estoy muy amenazado.
--En fin, ya nos contarás
al menos en detalle los recuerdos que te atormentan. A continuación tenemos a
Joaquín Trujillo González que afirma sufrir "crueles chantajes
inocentes" por parte de los "infiltrados". ¿Qué es un
infiltrado, Joaquín?
--Un infiltrado es un muerto que
aparenta seguir vivo porque continúa controlado por la mecánica acéfala del
Universo. Los infiltrados no tienen culpa, pero sólo van a lo suyo y se pasan
bastante. Nadie tiene culpa, es la ley cósmica; pero a veces son peligrosos.
--¿Eres un infiltrado?
--¡No fastidies! ¿Sí?
Las risas del público eran
demasiado histriónicas.
--Bueno, después nos explicarás
todo lo que sabes sobre el tema. Y por último nos acompaña Miguelina Torres Horschtein que afirma sufrir
frecuentes malos tratos y abusos sexuales por parte de una especie de espíritu
burlón que no tiene ni pizca de gracia.
--¡Es un sinvergüenza! A él le
divierte, pero es un canalla.
Cuando sabe que va a llegar mi mando me deja empapada y abre el balcón.
Desde el público se oyeron
algunos improperios que parecían no inmutar a la señora.
--Bueno, bueno. El programa de
hoy promete ser entretenido. A la vuelta de la publicidad comprenderemos mejor
los peligros que nos acechan y cómo estos sufridos luchadores se arriesgan para
que estemos alerta. No, me indica mi estupendo y querido Realizador que
continuamos con el programa. Gracias, Goyo. Jaime, antes de explicarnos
los ataques que has recibido, ¿puedes concretarnos cuáles son tus aportaciones
en el conocimiento sobre el cerebro humano?
--Es difícil de resumir.
Utilizando corno criterio una generalidad fácilmente observable en la
Naturaleza... he llegado a la conclusión de que el funcionamiento del cerebro
se puede comprender si se le hace una separación artificial, en la que tenemos
una parte más receptora y una parte más ejecutora formando ambas un conjunto
íntimamente ligado pero no fusionado, aunque estas partes no pueden existir
independientemente. Pero yo sólo he venido aquí a denunciar el hostigamiento
que sufro.
--Es algo parecido al yin y el yang, como en la
bandera de Corea, ¿no?
--Mis conclusiones no proceden de
esa filosofía.
Intervino repentinamente Miguelina:
--Di primero cómo se llama tu libro
y después haces la publicidad, porque de qué le va a servir al público si no
sabe cómo se llama tu libro.
La mayor parte del público empezó
a abuchearla mientras otros aplaudían o reían.
--Yo no vengo a hacer ninguna
publicidad de nada.
--¡¡No intervengan si no se les
pregunta hasta que se abra el coloquio!! Vamos a las cuestiones más
preocupantes. Has sido atacado por criminales de pago, ¿pero quiénes pueden ser
los promotores, los que quieren tu cabeza?
Jaime tomó consciencia de lo irresponsable que
estaban siendo sus últimas decisiones. En ese momento ya no tenía coraje para
seguir denunciando en aquel acto público que carecía de credibilidad, con
repercusiones mínimas y que sería observado por los mismos desalmados mafiosos
que le buscaban, aumentándoles así su inquietud y la dureza de su
"defensa" frente al ataque televisivo, incluso sería aquel un acto
que estaría siendo visto desde la cafetería de la Clínica por una Jesabel
angustiada y ya sin ninguna confianza hacia él. No supo qué responder ante las
cámaras, incluso le angustiaba estar localizado en esos momentos.
--Ellos son los mismos que
dirigen el cotarro, todos los poderosos —quiso desviar así Jaime la cuestión
sin disponer de tiempo para inventarse nada y temiendo que el showman
televisivo dijera alguno de los nombres propios cedidos por él mismo.
--¿Pero quiénes en concreto?
--Uno de ellos, principalmente
—el gesto del moderador se transformó instantáneamente en preocupación y los
más alborotadores del público le abuchearon y le increparon--. Un
multimillonario.
--A estos farsantes me los
conozco yo —opinó Joaquín--. Científico ilustre, ¿qué premios tienes? ¿El Nobel o el
Príncipe de Asturias?
Jaime era consciente de que había
desperdiciado cualquier posibilidad de denuncia en los medios de comunicación
por arruinar su imagen y credibilidad con la participación en un programa tan
infame. Pero su principal temor era la magnitud de la movilización de medios
criminales que se iba a desencadenar en el momento en el que fueran mencionadas
ante los televidentes las palabras "I+D paralela", "Yokonaga" o
"Kirohito".
--¿Han sido publicados en alguna
revista científica tus descubrimientos, Jaime? ¿O en realidad tienes algo en
contra de las empresas de la corporación Yo...?
--¡¡¡NOO!!! —gritó alto.
Le dio un vuelco el corazón de
Jaime. Todos quedaron en silencio. Los temblores de Jaime evolucionaban a
convulsiones mientras miraba fijamente a la cámara sin saber cómo reaccionar.
Estaba con el rostro desencajado, sudando y con lentas pero profundas palpitaciones
que le impedían respirar. Estaba paralizado. Todos callaban. Quiso huir, se
levantó y corrió para reunirse con Jesabel. En esta acción derribó estruendosamente una
cámara por lo que algunos de los presentes comenzaron a reír a carcajadas
mientras los demás murmuraban. Por los pasillos interminables de los estudios
Jaime buscaba con desesperación la salida igual que un ratón en un laberinto.
Se sentía muy desprotegido pero recordó que en Poblete no se veía este canal de
televisión y que allí se encontraría seguro.
Se desplazó muy necesitado hasta
la cafetería de la Clínica y al ver a Jesabel se acercó para abrazarle con
mucha fuerza, hecho que la alarmó considerablemente.
--¿Tienes ya los resultados?
--Me han repetido las pruebas dos
veces porque no encontraban nada. Lo de mi ojo debe ser una rareza particular.
Estoy sano.
--Qué alegría más grande.
--Jesa, regresemos a Poblete.
Las duras escenas que iban a
protagonizar Jaime y Jesabel
en las próximas horas ya eran irrevocables.
De nuevo en Poblete, al llegar a casa con el
coche alquilado, fueron sobrepasados por Floren con su taxi y éste les saludó.
Floren paró unos metros más adelante y del taxi bajó una chica joven con un par
de mochilas. Ésta miró y sostuvo la mirada a Jaime durante tres interminables
segundos como queriéndole reconocer, por lo que él disimuló sin devolverle la
mirada para que Jesabel
no sospechara cosas extrañas. La joven desconocida se inclinó e intercambió
impresiones con Floren. Después, tras despedirse de él, llamó a la puerta de la
señora Carmina. Era su hija.
Transcurrieron tres horas más del
VIERNES DÍA QUINCE DE DICIEMBRE.
--¿Cómo te encuentras, Jesabel?
--Regular, tengo el estómago un
poco revuelto. Es extraño.
—¿Qué es extraño?
--Que me preguntes cómo estoy.
¿Cómo te encuentras tú?
--Fatal. Tengo acidez, me duele
el estómago y quizás tenga diarrea.
--Entiendo ahora. Te habrá
sentado algo mal.
--No lo creo. Estoy somatizando
ahora el intento de... de rapto o lo que querían que fuese. Cuando te sucede
algo así sientes miedo, pero actúas y no lo valoras lo suficiente. Después
sufres un bajón anímico. Y unos días después se somatiza.
--Yo no me siento demasiado mal
ahora porque sé que todo esto sólo va a evolucionar a mejor. Pero no me puedo deshacer
de ese hormiguillo que me desvela y me desconcentra.
--Es como una inquietud que agota
pero que impide que descanses, ¿verdad?
—Sí, algo así. Bueno, en no
desarrollando una úlcera ni quedándosenos el pelo canoso... eso es lo que
importa.
--No, yo sé que teniéndote a mi
lado... a mí no me sale ninguna úlcera, te lo aseguro, porque las dos únicas
cosas que me desesperarían verdaderamente serían presentir que perdiera la vida
inminentemente y presentir que te perdiera a ti. Y ahora tengo las dos cosas
seguras y las pienso conservar.
--Qué fuerte. Pero Jaime, cómo me
vas a perder si soy yo tu perdición. Me perderías si me llevaras injustamente
al desastre, pero soy yo la que te lleva al desastre a ti y la que necesita de
tu apoyo.
--No lo había visto desde esa
perspectiva. Bueno, todos estos problemas son lo que nos ha unido, ¿no? Pues...
eso mismo.
--Será el destino de los
infelices, el que une con la calamidad.
--Pero en nuestro futuro no va a
haber calamidades.
--Por supuesto que no, estaba bromeando,
Jaime.
La pareja desvió su atención
hacia la televisión encendida cuando oyeron la sintonía del noticiario nocturno.
"Buenas noches. De
‘monstruoso atentado contra las libertades básicas de los españoles’ ha sido
calificado por el presidente del Ejecutivo el ultimátum extorsivo recibido esta tarde en las
oficinas de la mayoría de los periódicos nacionales a través del correo
electrónico. Bajo la firma del reciente grupo terrorista ‘Nuevo Orden’ y utilizando
como corroboración a su identificación la clave confidencial depositada junto a
la llamada autoinculpatoria
del pasado miércoles, ha sido lanzado al Gobierno español y a todo el Estado
por esta nueva banda armada el más duro chantaje de la historia reciente de
nuestro país: ‘Uno o varios ciudadanos españoles elegidos al azar serán
secuestrados cada Viernes por la tarde y serán ejecutados el siguiente Domingo
por la mañana hasta que el Gobierno actúe adecuadamente’. Así ha presentado su
infamia esta misteriosa organización. Esta macabra amenaza ha sido calificada
como ‘imposible de ejecutar por imposibilidad de medios’ según el Ministerio
del Interior, pero que ‘puede ser reemplazada por disparos en la nuca’.
Enigmáticamente ‘Nuevo Orden’ no ha dado a conocer sus exigencias ni el motivo
de su nacimiento, pero son muchas las voces críticas que aseguran que ésta ha
sido una respuesta previsible ante el proyecto antiterrorista que ha estado
desarrollando el Gobierno a espaldas de la opinión pública. Según estas
versiones, los billetes que van a entrar en circulación el próximo UNO de
Enero del 2.002 llevarían incorporados unos dispositivos electrónicos para
controlar su seguimiento a través de sus sucesivos propietarios, por lo que las
actividades económicas sospechosas consecuentes de cualquier delito podrían ser
investigadas por la justicia con facilidad. Si se implantara este sistema, la
mayoría de las actividades delictivas desaparecerían a largo plazo, pero las
voces críticas aseguran que esto sólo se producirá tras una cruel batalla entre
las fuerzas del orden y el crimen organizado que ve amenazada así su existencia
y que es capaz de utilizar todos los medios, incluidos los jurídicos, para
sobrevivir. Ningún miembro del Ejecutivo se ha pronunciado al respecto de esta
versión. Pero dentro de aproximadamente unos veinte minutos el Presidente del
Gobierno va a ofrecer una rueda de prensa desde el Congreso de los Diputados
que emitiremos en directo. Por su parte, la Casa Real ha difundido un
comunicado oficial en el que se informa que el Jefe de Estado ofrecerá un
discurso televisado a la Nación mañana a las 21:00 horas. A continuación
pasamos a ofrecerles las declaraciones de los representantes de la oposición,
el sindicato de policías, el premio Nobel de la Paz..."
--Pues sí que me acaba de arreglar
esto el cuerpo. Nuevo Orden son todas las mafias colaborando, está claro.
--Jaime, siento náuseas, podrías
ir a la farmacia a por algo. Tú sabes qué será lo mejor.
--Sí, voy a traer unas cuantos
medicamentos.
En la calle, Jaime vio a la
señora Carmina por lo que reflejamente
la saludó. Sin embargo ella no devolvió el saludo, al contrario, desvió su
mirada hacia el suelo y aceleró su paso como si estuviese enojada o como si
estuviese asustada. En esos momentos cruzó un vehículo y sus ocupantes se
quedaron absortos mirando a Jaime. Aquello le dejó pensativo y continuó su
marcha. Repentinamente sintió como un brazo se apoyaba sobre su hombro
izquierdo y a su lado derecho descubrió demasiado próximo a él el duro rostro
del Rataza, lo que le provocó un gran sobresalto.
--Sin malos rollos, colega. Lo de
anteayer, olvidao,
¿eh? Anda, préstame una librita, ¿Qué es para ti una librita de nada? Menos que
para mí. Es para desfasar.
Jaime estaba muy incómodo,
continuó andando sin decir nada y le entregó la moneda requerida.
--Pero si tienes más. No me seas facha, que me puedes dar otras dos. Me estás rallando.
Le entregó dos monedas más.
--Qué buena persona eres, macho.
Yo soy legal y me tienes para lo que quieras. ¿Vale, tronco? Para mí es mucho
tres libras, pero es mucho más joderte, facha cabrón.
Poniéndole la zancadilla empujó a
Jaime hacia delante y éste cayó al suelo. Se abalanzó sobre él y procedente de
un oscuro callejón lateral sin asfaltar apareció su colega yonqui que portaba una cuchilla de
carnicero de tamaño desmesurado. Jame no aceptaba lo que veía.
--Qué buena idea la de Gonzalo el
carnicero. ¡Escamóchalo!
Jaime forcejeó angustiado y
consiguió revolverse en el suelo al tiempo de ver cómo aquel marginal se
disponía a ejecutarlo. En un quite apurado evitó que la cuchilla le cortara el
cráneo, impactando ésta en el bordillo de la acera y saltándole a la cara las
chispas del golpe. Con sus brazos y piernas se liberó Jaime del enérgico pero
ligero Rataza y no dudó en incorporarse, pero antes de conseguirlo una
despiadada patada lateral en la cabeza le hizo quedar de rodillas, con las
manos apoyadas en el suelo. Jaime se temía lo peor, estaba en una posición
desprotegida, estaba espantado. Uno de esos dos le cogió del pelo y tiró hacia
atrás, pero Jaime se aferró a una papelera que tenía a su lado y vigorosamente
tiró de su cuerpo hacia delante. Oyó el silbido de la cuchilla cortando el aire
y en un último esfuerzo arrancó la mata de pelo con la que le tenían
sujeto. Alguien liberó un alarido. Tras incorporarse dando unos pasos, Jaime
miró hacia atrás y descubrió la gran brecha sangrante que tenía el Rataza en su
rodilla derecha. Le había herido su colega.
--11Cabronazo!! Que no
se te escape, maricón. Que las va a pagar.
Jaime optó por huir. Mientras
corría al máximo de sus posibilidades le resbalaba por la frente la sangre
procedente de su cuero cabelludo y en su espalda sentía el escozor de una
herida superficial. En las ventanas de las casas se veía a los horrorizados
vecinos que sólo se atrevían a mirar y esperar un desenlace. En la calle Jaime encontró
un señor con una niña de ocho años y corrió hacia él pidiéndole ayuda. Pero el
señor se alarmó y volvió rápido a su casa mientras la niña chillaba y gritaba
aterrorizada.
--El loco, papá, el loco de la
tele.
Jaime volvió la cabeza y nadie
le estaba persiguiendo. Se paró. Las calles estaban desiertas. Reanudó su
carrera y llegó a casa. Abrió con sus llaves la puerta de la calle y al
entrar al salón se encontró a Jesabel
y Alberto sentados frente a frente.
--¿Qué significa esto?
--Jaime, ¿qué te ha pasado?
--¿Qué te ocurre? —preguntó
extrañado Alberto.
--Nada. No, ¿cómo has llegado
hasta aquí, Alberto?
--Preguntando.
--Estás herido, Jaime. Tienes una
herida en la espalda.
--Deja. ¿Cómo que preguntando?
--En Ciudad Real pregunté por ti
a unos taxistas. ¿Estás bien?
--Fenomenal. Mosqueado, pero
fenomenal.
--Tenemos que llevarte a un
Hospital, Jaime, necesitas puntos en la espalda. ¿Quién te ha hecho esto?
--El Rataza. Jesa, olvídate de esto, quiero
enterarme de qué es lo que ocurre a mi alrededor. Tengo derecho. ¿Por qué has preguntado
por mí en Ciudad Real?
--Porque en Madrid vi en la
televisión, en la repetición de las escenas más cómicas, al "loco de
Ciudad Real" con su mirada fija e intrigante, que no sé por qué motivo
estaría ahí.
--¡Un respeto, Alberto! Déjate de
ironías —exigió con firmeza Jesabel--.
Jaime, por favor, vamos a que te hagan una cura. No sé con qué intenciones ha venido
éste.
--¿Pues con qué intenciones tiene
que venir? No me fío de nadie.
--¡Jaime!
--Jaime, Jesabel, sabéis muy bien que aquí el
único que tiene motivos para estar mosqueado soy yo.
--¿Por qué?
--Quizás porque cuando a uno no
se le paga lo acordado tiene la costumbre de mosquearse. ¿O ya no lo recuerdas,
Jesabel?
--Jesabel, explica eso.
--Es sólo un aplazamiento en el
pago. Foster
se enfadó por las improvisaciones y los fallos y no quise incomodarle más
pidiéndole enseguida el dinero.
—Y de repente, ¿desapareces?
¿Desconectas el móvil? Porque uno puede muy bien llegar a la conclusión de que
haya jodido un poco al poner demasiado de su parte en el plan
contratado, y de que haya jodido un poco más al manifestar su desacuerdo con el
retraso del pago por "supuesto" incumplimiento de contrato, y también
puede uno llegar a la conclusión de que ahora le quieran joder bien... por lo
que ya ha jodido. Vamos, aplastar a la mosca cojonera.
--Si desconecté el móvil fue
porque tenemos otros problemas. Tuvimos que irnos porque nuestros problemas son
verdaderamente serios. Son muy serios, Alberto.
--Qué tragedia —ironizó
Alberto--. Pregunta a tu jefe por qué me estáis haciendo esto.
--Ahora no tengo ninguna relación
con mis jefes. Estamos amenazados.
--De acuerdo, todo lo que tú
quieras. Pero yo lo único que sé es que tuve un encontronazo con la señorita Jesabel (que si por
el comportamiento inadecuado, que si por el pago que amenazaba con no llegar
nunca) y que como consecuencia de eso se me ha jodido. Pero se me ha jodido con
la cobardía de no dar la cara, con la cobardía de escondernos, ¿no?
--Que no tenemos ninguna necesidad
de escondemos de ti —intervino Jaime.
--Me has decepcionado, Jaime.
Siempre he creído que eras alguien transparente y de corazón. Cuando llegó a mí
Jesabel
ofreciéndome el trabajo no me convenció para nada. Aquella historia de que iba a
ser como una especie de sorpresa en la que primero se le iba a preocupar a
Jaime para después decirle "¡es una broma!" y sacarle así de su
aislamiento cerrado y de su terrible depresión por la muerte de sus padres...
esa historia no era muy creíble. Y a mi qué. Yo acepté con profesionalidad mi
deber y nada más.
--Serás desgraciado.
--Pero tú me has desilusionado.
Buen actor. Cómo iba a sospechar entonces que erais vosotros dos los que
realmente me estabais engañando a mi. Qué sorpresa nos ha dado el santo. Si siempre me
tiene que tocar a mí la papeleta de jodido.
--Estás equivocado —quiso aclarar
Jesabel--.
No entiendes nada de lo que está ocurriendo realmente. Debo explicarte.
—Eso, explícame. Porque os quería
exponer mis quejas y casi no os encuentro. Fui a tu casa, Jaime, y nadie me
abrió la puerta. Y en ningún hospital sabían de ti. ¿Dónde estabais los dos?
Sospeché entonces de que podíais estar juntos en esto, pero con sólo conseguir
que me diera explicaciones Jesabel
me conformaba. Y cuando hablé con los taxistas en Ciudad Real comprendí bien
que estabais los dos escondidos por el mismo asunto. Así que te agradezco que
ahora atiendas mis ruegos y preguntas. Tengo mucho interés por saber.
--¡Déjame hablar!
--Adelante, Jesabel.
--Nosotros no hemos hecho nada
que...
--¡Cómo que no habéis
hecho nada!
¡¡Eso es mentira!! Me la trae floja si habéis sido vosotros directamente o
vuestros compañeros, pero no tengas la falta de educación de rechazar tu culpa.
Que no se te ocurra andarte con cachondeos, te aviso.
--No dejas que se explique.
--Tranquilízate Alberto. Estamos
huyendo de otras personas.
--Que no te andes con cachondeos.
Te he avisado.
--Es imposible dialogar con él, Jesa. Sólo sabe
buscar bronca.
-¿Bronca? ¿No la merece acaso?
¿No es suficiente que me hayáis jodido la vida?
--¿¡Qué dices!? ¿De qué estás
jodido? ¿Qué crees, que nos hemos repartido tu pago, o qué?
--Si yo no creo nada. Yo sólo
exijo saber.
--Tú eres un simple.
--Jaime, ten cuidado —aconsejó Jesabel.
--Eso, ten cuidado con lo que
dices porque he venido caliente. Porque si creéis que voy a ser un cornudo y además
apaleado, estáis muy equivocados. Pero que muy equivocados.
--¿Has venido a asustamos?
--No me jodas. No me jodas, eh.
Que me habéis arruinado la vida, me habéis quemado mi coche nuevecito y me estáis jodiendo más
todavía.
--¿De qué hablas? —le preguntó
con sinceridad Jesabel--.
¿Lo mismo que a mí?
--¿Que de qué habló? —voceó muy agresivo
Alberto--. A ver si vas a ser tú la víctima ahora. Fíjate bien en lo que te digo.
No habrá nadie, nada más que yo... ¿sabes? No habrá nadie a quien se le haya
hecho tantas putadas
de seguido como a mí, ¡joder! Que venga uno de tirar la basura y le quieran
pegar una paliza ¡entre dos gansos! No podrán. Atacándome por la espalda, golpeándome
en la cabeza. Qué infierno. Claro, que cuando me rehice se lo hicieron encima.
¡A los dos! A los dos los derribé, pero uno se me escapó, ¡venao! Al otro le estaba dando bien
caña, que estaba sangrando por la boca más que un chivo, pero el que se me
escapó me insultaba el condenado, me mandaba al carajo. Fui a por él, de verdad que
me lo cargaba, pero corrió hacia un pasaje comercial sin comercios que estaba
oscuro, y allí me empujaron por detrás y entre tres criminales me sujetaron en
el suelo boca abajo. Fue terrible. Creí que me habían pinchado en la pierna. Me
golpearon en la cabeza hasta perder el sentido. ¿Por qué merezco esa maldad
contra mi persona? A las dos de la madrugada desperté bajo un camión, fui a
casa y me habían robado con mis propias llaves. Por lo menos me ayudó a
denunciar una vecina nueva que es muy amable y que vio a los asaltantes. Cuando
vives eso... y sabes bien lo que significa, juras venganza.
--Estamos intentando decirte, Jesabel y yo, que
no tenemos nada que ver con lo que estás contando. Créenos, por lo que más
quieras.
--A mí, tus intentos de desviarme
la cuestión, la verdad, me los paso
yo... por el forro de los cojones, ¿qué te parece? Qué bonito me ha quedado
eso, ¿no?
--¡Deficiente!
--¡Tanquilizaos, por favor! —Jesabel se estaba
preocupando y tenía motivos para ello.
--No quiero cabrearme, pero a un trabajador, a
un representante ¡no se le puede quemar el coche, degenerados! ¿Qué, haciendo
amigos? Me puteáis
y os escondéis como ratas. ¿Por qué me habéis hecho eso? ¡Vivid y dejad vivir,
por favor! Estoy acorralado, no tengo salida. Pero de mí no se ríe nadie, por
descontado.
--Habrán sido matones pagados por
Foster,
digo yo, no sé —Jaime ya no sabia cómo hacerle entrar en razones.
--Ah, que ya te vas acojonando,
mujercita. Que vas a terminar largando. Que vas a contar por qué me estáis
amargando la existencia.
--¿Te hace ilusión ser el más
mártir, o qué? Si quieres, te puedo ayudar.
--Ay, qué pocos huevos tienes,
pero qué poquitos huevos tienes, Jaimito maricón. Maricooona. Cuenta. Cuéntame por qué
ha sido. Cuéntame... cómo te ha ido, si has encontrado la felicidad. ¿¡A qué esperas, lechugino mohoso
faldero!? ¿Por qué no hablas, eh? ¿Te "acongojo"? Vaya, le ha mordido
la lengua el gato al nene. Di algo. Uy, qué chico tan fino pero tan tímido, es así un pelín amanerado,
¿no? ¿Qué, va hablando ya el niño? Me da la impresión de que de mayor va a ser
un poco cortado. Y de que le va a costar lo suyo relacionarse con otros
humanos; un poquito antisocial. Lo suyo no va a ser ligar, por descontado. Lo
suyo no va a ser nada. Quien calla, otorga, ¿no? ¿Te estás burlando de mí?
Nada. ¡Pero que pasa el tío! Alucinante. Y a los demás que nos jodan, ¿verdad?
El tío está hecho un pasota, vaya, como si no fuera con él. Como no me digas
algo te reviento, que me estás poniendo de mala hostia. ¡Habla! ¿Te la suda, tonto los
cojones? Los reservones como tú sois los que más mala leche tenéis y no se
puede ir por la vida con esa mala leche. Claro, ya entiendo tu silencio. Y qué
explicaciones se puede dar cuando se ha jodido por joder. Nada, se paga a unos
profesionales y nos escondemos, ¿verdad? Demasiado fácil, ¿no? Pues esto ha
llegado ya al límite máximo que se puede permitir. Que no se consiente. Y que
se resuelve sea como sea.
--¿Qué vas a hacer? —necesitaba
saberlo Jesabel.
--Tú, cállate, tonta los penes,
digo... gilipollas. Yo siempre he pensado mucho en las injusticias de la vida
como la que estoy viviendo ahora y he llegado a la conclusión de que hay varios
tipos de personas: Primero, los que reprimen sus malas decisiones (esas
decisiones que dan beneficio propio con el perjuicio ajeno) porque sienten
hacer daño. Estos son los Legales. Segundo, los que sólo reprimen esas
malas decisiones cuando tienen temor o prevén efectos peligrosos, pero fingen
que es por bondad. Estos son los Ruines traicioneros y los Mariconas. Tercero, los que sólo
reprimen esas malas decisiones cuando tienen un temor inmediato. Estos son unos
imprudentes y cuando se complica el asunto utilizan excusas que no les sirven
para nada. Son los Chuletas. Cuarto, los que no reprimen ninguna mala decisión
porque carecen de temor (además de sentimientos): Psicópatas y Dominadores. Y
quinto, los que reprimen las malas decisiones porque sienten hacer daño, pero que
carecen de temor cuando deben hacer justicia y combatir a los ruines, chuletas
y psicópatas. Estos últimos son los Valientes. Y esto es así. Y no hay nada
más. Tú has elegido ser un ruin, tú sabrás el porqué, y yo he elegido ser un
valiente. Y ahora lo que debe ser va a ser.
--Para qué tantas historias. Tú
has venido aquí en busca de pelea —su corazón bombeaba preparado.
--Eso es una falta de educación.
He venido a dejar claro que a mí no se me jode —se expresaba Alberto con tal
agresividad y atropello que apenas se le entendía. Su cuello y su rostro
estaban enrojecidos y daba fuertes puñetazos a la mesa del salón--. No es
rentable joderme, no, ni mucho menos es gratuito. He venido a defender mi
orgullo, que es lo único que no se debe... (no, no me sale), que no se me puede
quitar, sí. Sé lo que me digo. Y no ha nacido nadie, eh, no ha nacido nadie
capaz de quedarse por encima de mi. Ni de decirme la última palabra. ¿Estamos?
Que por las malas a mí nadie me vence. A mí nadie me vence. Pero lo que me habéis
hecho, duele. Eso duele mucho, más que una patada en los cojones. Yo ya he
abierto los ojos, sí, y por fin he comprendido las putadas que he estado sufriendo.
Pero no me voy a dejar pisar ahora por unos criminales como vosotros, no,
evidentemente que no. Que os acabaréis traicionando y matando. Me voy a
defender utilizando sólo la misma dureza que vosotros. ¿Qué os parece? ¿A que
jode, eh? ¿A que jode? ¡No! ¡Pues no! Acabo de decidir que voy a ser un
"poquito" más duro para que quede claro que no merece la pena
joderme. Es cuestión de "enseñanza escarmentadora". Lee mis
labios, capullo. Te vas a a...
rre... pen... tir —pasó la
palma de su mano derecha girada hacia abajo a lo largo de su cuello en un gesto
terrorífico.
--¿¿No le habrás pagado al Rataza??
¿Verdad que no? --preguntó Jaime alertado.
--A ese inútil, quinientos
talegos. Pero tú no te has terminado de librar porque tú ahora sí que vas a pagaar.
--¡¡Hijoputa!! ¡¡¡Me ha querido matar!!!
—voceaba con toda su fuerza al tiempo que en sus ojos se le desbordaban las
lágrimas, mientras Jesabel
lloraba y hacía todo lo posible por sujetarle alarmada por su evidente
inferioridad física frente a Alberto--. Qué hijo de perra. ¡Degenerao! Déjame, Jesabel. ¿Estás
de su parte? 1Es un criminal! Pero, DÉJAME.
--¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasa, eh? ¿Qué
pasa? Vamos. Venga, venga. ¿No tienes huevitos? ¿No? ¿Te arreo? Amparándote en
una mujer, así se hace. Muy bien, mariconcete, cornudo de esta purra de tabernillas. ¡¡Cabronuzo!!
Jaime arrojó a Jesabel contra el
sofá y dio un fuerte empujón a Alberto. Éste le devolvió un puñetazo en la
sien. Se intercambiaron golpes veloz y caóticamente. Errando algunos de los
puñetazos, Jaime agarró de la ropa a Alberto, pero éste consiguió derribarlo.
Ante la nueva situación de indefensión de Jaime cabría esperar que Alberto le
diese la oportunidad de incorporarse para continuar con la lucha, pero
sorprendentemente Alberto aprovechó la ocasión para envalentonarse, por lo que
comenzó a patalearle la cabeza con saña. Jaime había perdido el control de su
situación, se sentía desamparado y temía lo peor. Alberto le gritaba:
--¡Pide perdón! ¡Pide perdón!
¡Cabrón! ¡Pide perdón! ¡¡Respétame de una vez!!
Y Jaime no tuvo otro remedio que
pedirle perdón aterrorizado, a lo cual le respondió
--Eso quería oír, tu humillación,
mierdecilla.
Pero no te creo. ¿Sabes lo que creo? Creo que realmente no me estás pidiendo
perdón, que realmente estás acojonao
y me estás mintiendo porque no tienes huevos. Pero no vas a salirte con la
tuya, que me vas a pedir perdón de verdad. ¡Pide perdón! ¡Pide perdón!
Y continuó pataleándole la
cabeza. Jesabel
chillando se abalanzó sobre la espalda de Alberto y éste, impulsándose hacia
atrás, la golpeó contra la pared. Jaime aprovechó para incorporarse y
propinarle una patada en el estómago a Alberto, quedándose éste inclinado.
--¡Loco cabrón! —gritó
desafinando Jesabel
entre lloros y espasmos--. Basura, ¿por qué siempre has tenido que traer la
desgracia a todos? ¿Por qué pegabas a tus padres?
--¡¡ESO ES UNA MENTIRA DE LA
GENTE!! ¡¡YO SIEMPRE ERA EL JODIDO!! —gritó atronadoramente Alberto al mismo tiempo que le
brotaban las lágrimas y se apretaba el pecho con una mano--. ¿Por
qué? Ay, que se me está yendo otra vez la olla. Qué amargura. ¡Toda mi vida jodido! ¡DIOOOS!
¡AY, DIOS, QUE NO LO AGUANTO MÁS! AHHH... AHHH... QUE ME LLEVÁIS A
LA PERDICIÓN. AHHH... AL SUICIDIO, QUE VAMOS LOS TRES. AHHH... QUE VAMOS LOS
TRES. AHHH... AHHHHHH... —miraba con los ojos totalmente desencajados como si
se provocara pavor a sí mismo--. ¡¡Te voy a arrancar la mandíbula, desgraciao!!
Jaime perdió automáticamente su
indignación y la impotencia moral que le provocaba la humillación de su
inferioridad en la lucha porque comenzó a considerar a Alberto como un
desequilibrado y aquella situación como más propia de un accidente mental que
de una acción injusta y malvada. El nuevo objetivo de Jaime y Jesabel era el de
sobrevivir. Pero antes de poder huir, Alberto se abalanzó sobre Jaime
utilizando una extraordinaria fuerza procedente de su locura. Jaime quedó boca
abajo y Alberto, sentado sobre su espalda, le cogía de la cabeza y le golpeaba
contra el suelo. También le gritaba:
--¿Por qué? ¿Por qué ha sido?
Quiero que me respondas. ¿Pero por qué no me respondes? ¿Por qué? ¡Respóndeme!
¿¡Por qué ha tenido que ser así!?
Aquella situación era infernal
para Jaime ya que el sabor amargo de su sangre y el dolor sordo de su nariz y
de su boca carecían de importancia frente a la angustia insoportable de no
poder apenas respirar. Inconscientemente Jaime blasfemaba y se le hacían
eternos los segundos sumido impotente en la mayor de las desesperaciones. Jesabel gritaba y
suplicaba aterrorizada, hasta que supo reaccionar: alzó la peana de una jaula
de pájaros y la dejó caer sobre la cabeza y la espalda de Alberto. Este quedó
tendido lateralmente en el suelo con las manos en la cabeza. Y lloraba y
gritaba:
--¡Qué mierda! ¡Qué mierda más
grande! ¡Mamá! ¡Mamá! No me quiere nadie. Qué pena más grande. ¡¡Madreee!!
Jesabel ayudó a Jaime a levantarse y salieron
a la calle. No sabían dónde ir. La señora Carmina los estaba observando entre
los visillos al igual que otros vecinos. A lo lejos vieron a alguien que se
acercaba. Jaime lo reconoció, se trataba del colega del Rataza y llevaba en su mano
¡una pistola! Cogidos de la mano, comenzaron a correr cuando un vehículo se
atravesó delante de ellos.
--¡Es Mario! ¡Gracias a Dios! —gritó Jesabel--. Has
venido.
--Subid, rápido.
Se lanzaron al interior del coche
y Mario aceleró hasta derrapar.
--Gracias, Mario, qué suerte
hemos tenido.
--He venido lo más rápido posible.
--Ha sido terrible. Qué horror.
Menos mal que le llamé anoche mientras dormías, Jaime. Gracias a Dios que
estabas aquí, Mario. Qué mal hemos estado.
--¿Quién os ha hecho esto? ¿Son
de la I+D
paralela?
--No, ha sido un desequilibrado y
unos rateros marginales. Ya te contaremos —le hizo saber Jesabel.
--Resumiendo, unos hijos de puta.
--¿Te encuentras bien, Jaime?
—Mario le pasó la mano por la ensangrentada cabeza.
--Estoy muy dolorido, pero creo
que no tengo nada grave.
--Hay que llevarte a un hospital.
--Mario, ¿tienes preparado algo
para nosotros?
—Más o menos. De momento os voy a
llevar a un piso en Móstoles
donde vais a pasar desapercibidos durante unos días. También te tengo que poner
Jaime... digo que os tengo que poner a los dos al corriente de lo último que
hemos descubierto yo y otros participantes de la I+D paralela que también están
recelosos.
--¿Son de confianza esos?
—preguntó Jesabel.
--Yo tengo que confiar en ellos.
Me muevo en un terreno muy inseguro, pero hay que actuar. Van a venir unos
tiempos muy difíciles y tenemos una misión que cumplir.
--Pero... ¿tenemos que exponemos?
—preguntó preocupada Jesabel.
—Me temo que hay que poner toda la
carne en el asador. De momento tenéis que descansar unos días, pero... Jaime, Jesabel, tengo
firmes sospechas de que Kirohito
participa en el grupo terrorista Nuevo Orden y de que le aporta alta tecnología
de vanguardia para que realice sus actos criminales.
--Joder, joder. Una mala noticia
detrás de otra. Yo no aguanto todo esto. Es mucho.
--Jaime, debemos ser fuertes.
Tenemos en nuestras manos mucha responsabilidad. Tenemos la capacidad de evitar
muchas muertes si estamos unidos y sabemos actuar. Nuevo Orden ha comenzado sus
actividades en España de forma experimental, pero pretende extenderse al resto
de la Unión Europea. La filtración se ha producido en España, pero el Sistema
de Seguimiento de Billetes se va a realizar en toda la Unión Europea y por eso
se han unido las mafias y las bandas terroristas. Va a ser una guerra.
--¿Qué vamos a hacer?
--Vamos a denunciar con pruebas
contundentes los planes de Kirohito
y esto le va a suponer un fuerte golpe a Nuevo Orden. Os tengo que explicar
muchas cosas. También os recomiendo que ignoréis los noticiosos.
--¿Por qué?
--No es aconsejable que los
escuchéis. A partir de ahora va a haber sucesos muy trágicos y seguirlos por
los medios de comunicación nos podría hundir la moral por la situación en la
que nos encontramos.
--Tenemos que ser fuertes,
¿verdad, Jesabel?
--Verdad.
--Vamos a ganar esta partida.
Nuestros abuelos tuvieron que jugar muy duro y ahora nos ha tocado también a
nosotros. Lo vamos a dar todo.
No fue hasta pasadas las once y
media de la mañana siguiente cuando despertó Jaime tras una noche en la que
ambos no conseguían conciliar el sueño por el incomprensible dramatismo vivido y
por la inadaptación al nuevo entorno. Jaime abrió los ojos y recordó
que Mario los iba a visitar a la una y media para informarles de sus
descubrimientos sobre la I+D
paralela. Aquel SÁBADO se preveía tranquilo. De hecho, Mario les prometió al
menos cinco días de descanso, tiempo suficiente para que recobraran la
tranquilidad y para que él pudiera encontrar una buena excusa con la que poder
estar con ellos sin levantar sospechas entre sus compañeros. Mario también
informó de que los iba a manutener con su propio dinero para que pudieran pasar
desapercibidos completamente. Por fin consiguió Jaime desperezarse y se levantó
para comprobar que no había nada para desayunar ni nada con qué asearse, aparte
del agua clara. Tras informar a Jesabel, salió a inspeccionar el nuevo entorno y a
descubrir la localización de los productos necesitados. En un principio se
encontraba más despistado que un par de cabras montesas por el Paseo de la
Castellana, pero al mismo lado del portal del edificio encontró un despacho de
pan y derivados. Y cinco calles al Norte había un supermercado económico.
Un par de horas después...
--Jesa, qué fuerte suena este timbre.
--Voy a abrir, es Mario —Jesabel se
encontraba ligeramente entusiasmada.
--Hola, qué bueno estar con
vosotros.
--Hola, Mario, ¿qué hay? —le
saludó Jaime.
--Sentaos aquí. ¿Quieres algo, Mario?
Jaime ha tenido el detalle de ir a comprar mientras yo estaba en la cama.
--No, es igual. Os tengo que
poner al día.
--Venga, cuéntanos.
--Bueno, antes de nada, me
dejasteis anoche muy sorprendido cuando me contasteis lo de Alberto. Debió ser
algo...
--Fue una locura. Hubo momentos
muy críticos.
--¿Por qué se deschavetaría ese
hombre?
--Quizás peque de ingenua, pero
yo sí creo lo que dijo Alberto de que le habían atacado y robado. Pero no
fueron delincuentes comunes, sino de la misma I+D paralela.
--¿Quién? ¿Foster? —intentaba comprender Mario--. ¿Y con
qué objeto?
--No lo sé. Yo sólo sé que era
imposible hacerle entrar en razones. Nos culpaba a ella y a mí, pero con quien
quería más jarana era conmigo.
--Conocería demasiado, igual que nosotros
—apuntó Jesabel--.
Por eso le atacaron los matones en Huesca.
--Lo vuestro también me parece
extraño. Cuando me contaste por teléfono vuestra aventura en Barcelona pensé
enseguida "¿no es una respuesta demasiado exagerada para una simple
indiscreción?"
--Descompensada, pensamos
nosotros.
--Ciertamente Kirohito está evolucionando mucho y
me preocupa. Sus hombres de confianza, como Foster y otros, no sé hasta dónde
pueden llegar, no me gusta. Pero uno se siente defraudado y dolido al saber que
ha estado contribuyendo con su esfuerzo durante años a la basura que hay ahora.
Fue Wilson quien me hizo despertar cuando me preguntó que cómo conseguían los
de la sección farmacológica sus resultados tan rápidamente. "Porque serán
muy competentes" le contesté. Pero al día siguiente le pregunté a Kirohito y me
contestó con una justificación: "Lo único que te debe preocupar es saber
que somos más rápidos y eficientes en obtener resultados en las
investigaciones". A partir de ese momento comencé a desconfiar. Me replanteé
si mis esfuerzos y mi exposición ante la justicia no estaban
contribuyendo realmente a algo peligroso y sólo positivo para el bolsillo de
algunos. Pregunté a algunos investigadores que también colaboraban para la I+D paralela y me
respondieron que ellos no tenían opinión, que lo único que sabían era que se
conseguían unas primas extras muy jugosas con sus colaboraciones y que no
querían conocer nada más. Ellos iban a lo suyo y sin complicaciones.
Jesabel opinó:
--Cuando hacía mis colaboraciones
nunca sabía dentro de qué cadena estaba trabajando ni cuáles eran los
resultados. Nosotros no preguntábamos, pero también es cierto que nos exigían
discreción. Y yo no preguntaba porque confiaba ciegamente.
--Antes era distinto. A mí me
hacía mucha ilusión la I+D
paralela. Hace quince años Kirohito
me propuso que participara en ella. Acababa de nacer. La idea de investigar con
libertad me sedujo y lo de mantener el secreto era casi como una aventura.
Estaba ilusionado. Irremediablemente la I+D de la Yokonaga comenzó a destacar y los
miembros de la I+D
que no sabían nada de estas licencias no lo entendían. Lo achacaban a la buena
organización y al trabajo de los cazatalentos buscando por todas las
Universidades. Kirohito
confiaba mucho en mí y no sé qué le habrá pasado. Demasiada ambición, supongo,
por eso le llaman el "Dragón" de los negocios. A él le gustaría ser
un gran platudo, ser dueño de su propia empresa o algo así. En aquel tiempo me
lo contaba todo, me contó que era el delfín, el brazo derecho, de Yoshuma y que a
pesar de ser director general de la Yokonaga su principal cometido era el de vigilar la I+D y
encumbrarla. Yoshuma
preveía que el éxito de una corporación moderna residía en su flexibilidad y
en la consecución de sus propias innovaciones. Y Kirohito estaba de acuerdo. El me
explicó que al participar también en las reuniones de Grupo Local (él era el
único que participaba sin ser ni presidente ni propietario) podía vender
directamente a los demás participantes de Grupo Local, siempre con el beneplácito
de Yoshuma,
los últimos descubrimientos e innovaciones de la I+D. E incluso así
"blanqueaba" algunos de estos descubrimientos, porque oficialmente
procedían de las otras empresas.
--Mario, ¿existe Grupo Local? —cuestionó Jesabel--. ¿Tú lo
crees?
--Yo sí lo creo. ¿Qué hubiera
ganado Kirohito
en aquel momento con contarme una mentira tan compleja? Entiendo tu
incredibilidad. Pero Kirohito
me afirmó que Grupo Local era sólo unos encuentros cada cierto tiempo y que
ningún participante se sentía obligado a nada. Cuando aceptan a un nuevo
multimillonario en Grupo Local lo único que éste tiene que hacer es jurar
discreción y secretismo. Pero claro, a veces se confían los secretos a un buen
amigo. Kirohito
me dijo que eran reuniones informales. Un presidente de una compañía
norteamericana le podría pedir perfectamente a Yoshuma que no introdujera sus todoterrenos en
Malasia, por ejemplo, y Yoshuma
le podría pedir a cambio que le regalase el sistema de obtención de su
eficiente fórmula anticaída
del cabello, teniendo en cuenta que los laboratorios Yokonaga son más prestigiosos y
lanzarían mejor ese producto al mercado. Este ejemplo acabo de imaginarlo, pero
podría suceder perfectamente. Pero bueno, no hemos venido a rajar de Grupo
Local.
--No, pero Grupo Local es
criticable —opinó Jaime--. Los empleados de esas empresas luchando para
desbancar a la competencia, y mientras tanto sus jefes reunidos para llegar a
acuerdos secretos que son ilegales. Así, lo acabarán dirigiendo todo esos
desconocidos. Los Gobiernos impidiendo fusiones y ellos como si ya
estuvieran fusionados, acordando precios. ¿Qué hacen? ¿Se ponen de acuerdo para
cerrar las fábricas de un país y sólo vuelven a ese país cuando su gobierno
haya adecuado su política económica a la "nueva situación", bajando
los impuestos y el precio del dinero para volver a ser atractivos a la
inversión extranjera? Qué bonito. Imagínate, Jesabel, dirigimos el DINERO con
mayúsculas, nos ponemos de acuerdo y tenemos más poder que los
Gobiernos, que tienen que adaptar sus políticas monetarias a nuestro gusto.
¡Que se vayan a la porra esos magnates! Mira, más sofisticado. Cierras las
fábricas de un país, vendes los terrenos, aumenta la crisis económica en ese
país, pero con el dinero obtenido abres tus fábricas en un país más barato y
deseoso de trabajar. Y los productos baratos aquí producidos los vendes caros a
un tercer país que esté en auge económico. La economía en el país en el que
tienes las fábricas mejora y aumenta el consumo, pero a la larga impedirá que
produzcas tan barato. En previsión de esto cierras las fábricas que tuvieras en
el país con gran auge económico, vendes caros los terrenos y los edificios, y
con el dinero obtenido inviertes en el primer país que ya tendrá una política
muy atractiva (con leyes de apretarse el cinturón) y que estará a precio de
saldo. Vaya, esto provocara una crisis económica en el país que tenía mucho
auge económico junto a su exceso consumista y su desequilibrio de la balanza
comercial. Bueno, que vayan cambiando ya las políticas económicas en ese país.
Mientras tanto, producimos barato en el primer país y vendemos los productos en
el segundo país que ya esta viviendo una recuperación económica. Y así,
siempre, cerrando un círculo sin fin saltando de un país a otro. Qué preciosidad.
Grupo Local tiene una falta de ética impresionante. Todo lo que he contado lo
pueden hacer esas fortunas tan grandes si se ponen de acuerdo, e incluso serían
ayudadas involuntariamente por el resto de empresas internacionales que les
seguirán por el efecto "rebaño de borregos". También serviría de
barrido de la competencia local, ya que no podría saltar de un país a otro.
--Vale, Jaime —intervino Jesabel--.
Tranquilízate. Sí, quizás en el futuro todos compremos unas pocas marcas. Y
trabajemos para las empresas que sirvan o vendan los productos de esas marcas.
Pero, tranquilízate.
--Los presidentes de Gobierno son
funcionarios conocidos, Jesa,
y duran poco tiempo. Pero los presidentes de estas nuevas corporaciones
lo van a ser de por vida y nadie los va a conocer bien. Heredarán sus
desconocidos descendientes sin el conocimiento de la población.
--Nosotros no podemos solucionar
el Mundo —opinó serio Mario--. Vamos a dejar a los magnates. Como si se quieren
comprar la inmortalidad esos señores, allá ellos. Estamos aquí para hacer
nuestra contribución que también es muy relevante. Vamos a pillar in fraganti a
Foster y
vamos a destapar las actividades de Kirohito.
--¿Vamos a espiar? —preguntó
preocupada Jesabel.
--Por supuesto, es la forma más
pacífica de defenderse. El conocimiento de la verdad nos hará libres, ¿no? Pero
antes tenemos que planear con minuciosidad nuestras acciones para conseguir las
pruebas.
--¿Y cómo vamos a ser capaces
nosotros de espiar? —continuó Jaime.
--No te preocupes. Lo único que
tenemos que hacer es colocar unas microcámaras, unos micrófonos y unos móviles de tercera
generación adaptados. Todo este material ya lo tengo.
--¿Y sabes ya dónde tenemos que
espiar?
--Sí. En unas dependencias privadas
de un palacio sevillano. Allí va a reunirse Foster con un directivo de otra
compañía. Os explico la situación enseguida. La empresa que va a fabricar en
España los lectores de los microchips de los nuevos billetes antes de tres
meses es Sansonic.
Esos lectores son los que estaremos obligados a utilizar cuando manejemos estos
billetes. Pero Kirohito
tiene un gran interés en que la Yokonaga se fusione con Sansonic para intervenir él
directamente en la fabricación de los lectores. Así ya hace la trampa
directamente. Los acuerdos de la fusión están siendo ya ultimados, pero el
coste para la Yokonaga
va a ser enorme por lo que todavía no hay nada seguro. Dentro de seis días
tienen previstos reunirse en el palacio sevillano (por cortesía de los duques
de Merinacheli)
Foster y un
directivo de Sansonic
para tratar la intervención de Yokonaga Electronics en la fabricación de los lectores. Los
duques de Merinacheli
desconocen los contenidos de esas conversaciones. Si nosotros pudiéramos grabar
en vídeo las conversaciones, demostraríamos los intereses de Kirohito por
falsificar el Sistema de Seguimiento de Billetes.
--¿Pero sería suficiente para
demostrarlo? —se mostraba poco confiado Jaime.
--Nosotros ya tenemos pruebas que
se complementarían con ésta tan importante. Ahora mismo están infiltrados en I+D paralela un
periodista norteamericano y otro alemán que están recabando información y
pruebas. Gran parte de lo que yo sé se lo debo en realidad a un periodista
japonés que ha fallecido recientemente en un accidente múltiple de autopista.
Él se infiltró gracias a Wilson y descubrió cómo los directivos mas corruptos
de I+D
paralela iban seleccionando de su personal a los que disminuían su curiosidad
conforme iban recibiendo primas más jugosas. Estos directivos hacían una
selección continua y sólo los más aptos eran informados y ascendidos en la
nueva organización secreta.
--¿Una organización secreta
dentro de otra organización secreta? Me estoy perdiendo.
--Jaime, dentro de la organización
secreta para actividades ilegales constructivas que es I+D paralela, se ha ido
desarrollando o degenerando una estructuración criminal que sólo conocen... los
más desalmados de la I+D
paralela. Incluso los demás trabajadores de la l+D paralela, los que tenemos
conciencia, puede que estemos contribuyendo a algunas actividades inmorales sin
saberlo. Kirohito
sólo quiere resultados espectaculares, plata, poder... y va a acabar probando
todos los métodos posibles. Yo sé que los impresionantes resultados
farmacológicos que está consiguiendo últimamente la sección farmacéutica se
deben a experimentos realizados en una planta secreta que tiene Kirohito en la
ciudad china de Siam.
Allí, las autoridades locales cobran y callan, pero los nuevos
medicamentos son probados directamente en seres humanos, sin haberse observado
previamente los efectos en ratones o simios. Evidentemente, un nuevo
medicamento que tardaría diez años en investigarse y costaría veinte mil
millones de pesetas desarrollarlo, en la planta de Siam sólo se tarda dos años y cuesta
dos mil millones de pesetas. Así no hay competencia posible. No me extrañaría
que encontrasen un remedio para la enfermedad cerebral del Alzheimer. Material para
experimentar no les va a faltar, desde luego.
--Es tenebroso. ¿En qué Mundo
estamos?
--Jesabel, estamos en un Mundo con
mucha buena gente que se merece que arriesguemos nuestras vidas anónimas por
ellos. Kirohito
es un zaragate, una bestia, no hay duda; por eso hay que combatirlo. Lo que Kirohito y los
suyos llaman "Protección Especial" para la I+D paralela, no es nada más que
matones a sueldo procedentes del hampa, que más que protegemos a los
participantes de la I+D
paralela nos controlan y nos "convencen" si es necesario. El
periodista éste que falleció, Okazaki,
me comentó la posibilidad de que Kirohito hubiere contactado con el capo colombiano
Armando de las Casas (el que financia la guerrilla) para que éste le asesorara
en el mundo del hampa a cambio de blanquearle su dinero en la Banca Yokonaga. Pero esto
quizás sólo sean diceres. No puedo asegurarlo.
-- Todo esto me lo temía —indicó
Jaime--. Si con la Globalización Económica se iban a fusionar grandes empresas
para formar grandes multinacionales, ¿no se iban a fusionar también las
organizaciones criminales para crear una gran multinacional del crimen
organizado? Pues ya esta ocurriendo. A joderse.
--No es el momento adecuado
—replicó Jesabel—para
hablar así.
--Quizás esté ocurriendo de esa
manera. Es triste. Yo por mi parte y cambiando de tema, tengo que decir que no
voy a volver a este piso hasta dentro de cinco días.
--¿No?
--No te preocupes, Jesabel. Ya tengo
una buena excusa para que no sospechen. Os dejo aquí unos planos del palacio
sevillano que he sacado de la Internet. Jaime, tienes que estudiártelos bien.
El salón cedido para el encuentro es éste, en la segunda planta y se
llama "el comedor". Tú vas a tener que colocar las microcámaras por
la mañana, pero la reunión se va a celebrar después de la cena. Mira, estas
flechas indican la ruta turística.
--Pues... ¿cómo voy a entrar?
--Eso es lo que te estoy
explicando. Vais a ir los dos como turistas por la mañana, pero tú vas a tener
que desviarte enseguida de la ruta oficial. Las dependencias que no están marcadas
son de uso particular y su acceso está restringido. Jaime, tú tienes aquí los
planos y a ti te corresponde decidir la mejor forma de acometerlo. Te
recomiendo el camino más corto.
Y estúdialo bien.
--¿Y las cámaras...?
--Las microcámaras son muy "micro".
Ya las verás. Tú no vas a tener problemas para disimularlas porque el comedor
tiene un artesonado mudéjar y las microcámaras tienen aspecto de mosca. El único
inconveniente que tienen estas microcámaras es que sólo emiten la imagen hasta una
distancia de unos veinte metros. Por eso vas a tener que colocar los móviles de
tercera generación cerca de ellas. Los receptores acoplados a los móviles
recibirán la imagen y estos móviles enviarán la imagen por el sistema U.M.T.S. hasta los móviles que tendremos en el hotel de
Sevilla, en el que vamos a estar hospedados. Allí lo grabaremos.
Los móviles emisores puedes esconderlos en el interior de la chimenea
anclándolos bien. Mira, la chimenea está en este lado del salón, ¿lo ves? Ah, y
no olvides de encuadrar bien las microcámaras. Es importante.
--Esto es así como "espíelo
usted mismo". En teniendo estos aparatitos electrónicos modernos...
cualquiera puede hacerlo. Es evidente, los móviles de tercera generación son
ideales para fisgar.
--Incluso un «móvil-aficionado"
puede retransmitir una noticia en directo si se encuentra en el lugar adecuado
—apuntó sonriendo Jesabel.
--Y las llamadas de emergencia
realizadas con estos móviles podrían ser emitidas por los programas televisivos
de sucesos --le contestó Jaime.
--O también habrá retransmisión
en directo de abusos y malos tratos en los canales televisivos de denuncias
realizado por las propias víctimas—le seguía el juego Jesabel.
--O la vida en directo continua
de los "famosos", incluidos sus desplazamientos —le correspondió
Jaime.
--El contacto visual de los
amantes que están lejos...
--El control del marido o de la
parienta...
--Para aparcar el coche...
--Para teledirigir, vigilar tus
propiedades, teleasistencia
médica en el accidente, controlar el progreso de las obras desde la oficina,
dar envidia cuando se hace turismo, controlar tu casa, teleasistencia de ancianos,
controlar a los hijos, rescates y trabajos complicados, el cibersexo portátil...
--No me puedo creer lo que estoy
viendo. Sois unos chamacos.
--No todo va a ser drama y
preocupación. También debe haber tiempo para la entretención, Mario. Jaime,
danos unas paradojas que no sean difíciles. Vamos.
--Bueno. Vale. Espera un poco. Ya
lo tengo. La preocupación paranoica de E.E.U.U. por su defensa, ¿le crea
enemigos? Si armarse y atacar rápido (casi anticiparse) es la mejor
defensa, ¿cómo van a protegerse los estadounidenses de ellos mismos?
¿Defendiéndose primero? ¿Armándose más?
--¿No tienes otra mejor? Tú las
tienes mejores. Venga.
--Sí. ¿Por qué en algunos
momentos de los velatorios hay carcajadas? ¿Eh? Otra. Otra más. Si las bodas
comienzan con una declaración de fidelidad en la ceremonia de la Iglesia, que
es la base de la celebración, ¿por qué en el baile los hombres, con vaso de
cubata en mano, desean a las esposas de los demás? ¿Quizás porque éstas se
exhiben bailando sexy con sus mejores galas?
--Estás enfermo, Jaime.
--Perdona, me he pasado. Mira,
otra. Si nos duele el rechazo de quien nos gusta, ¿por qué le molestamos? ¿Y para
qué? ¿Para que nos rechace más? ¿Para compartir el dolor? ¿Para obligar a que
nos acepte? ¿O para mantener el contacto de alguna forma? ¿O para nada en
concreto? A ver si te gusta ésta otra. Sí a los europeos nos perjudica la mala
marcha de la economía americana por la bolsa y el comercio, y si nos perjudica
también la buena marcha de la economía americana por la subida del dólar, ¿en
qué nos beneficia la economía americana? Ésta es mejor. Si el Universo se
expande y si el Universo es infinito según se ha observado, ¿el Universo
realmente se expande?
--No me seáis opas. Esas no son
paradojas, son tonterías. El Universo se expandirá siempre, está claro. Como si
me hubieras dicho "nunca perteneceré a un club capaz de aceptarme como
socio" o "¿sólo sé que no sé nada?" o "siempre miento"
o "¿es absolutamente cierto que la verdad absoluta no existe?" o
"¿existe la inexistencia?" o "cuanto más sabes, sabes más que
sabes menos" Dime, la paradoja lógica tuya esa de la transomacion-sustitución, esa sí que
es fascinante. No sé si Jesabel
la explica bien.
--Explícasela tú.
--Escuchad bien. Y es verdad que
os quiero hacer saber, queridísimos hermanos, que al igual que puede continuar
el mensaje aún habiendo ya caído el mensajero, así debe continuar vuestro alma
aún habiéndose ya desorganizado vuestro cuerpo... en otro cuerpo, y en otro y
en otro... Pero no esperéis a que esto ocurra por obra y gracia del Espíritu
Santo. No, hermanos, no. Está en vosotros la herramienta necesaria (la
inteligencia) y debéis usarla. ¡Muerte a la muerte! Podéis colaborar con esta
magna obra de gran dimensión humana haciendo vuestras contribuciones a la
cuenta comente número...
--Jaime, no destruyas la imagen
que he dado de ti a Mario.
--Pero... ¿cómo fuiste capaz de
desarrollar la paradoja? Explícame —se mostraba muy interesado Mario.
--Bueno, yo siempre he sido un
poco introvertido y debo ser el único que sea capaz de estar tanto tiempo
dándole vueltas a una misma cosa. En fin, la vida a mi se me ha presentado así.
En un comienzo, en mi tierna infancia, sentía temores sin entender muy bien qué
era lo que realmente me asustaba. Poco después, al desarrollar mi conocimiento
descubrí que los únicos desencadenantes de mis temores eran la posibilidad del
inaguantable dolor y la aterradora idea de no poder seguir viviendo a partir de
un momento dado. Pregunté y me dijeron que todos moríamos, que era lo único que
yo tenía asegurado. Pero también me dijeron que no me preocupara porque la
existencia continuaba tras la muerte; me aseguraron que existía el Sentido de
la Vida, la Finalidad de los Acontecimientos y el Triunfo de la Justicia
Verdadera. Pero estas mismas personas que me daban protección y seguridad se
aterraron y quedaron destrozadas con la muerte de la abuelita primero y
con la muerte del abuelito poco después. También murió una niña de mi misma
edad, hija de unos amigos de mis padres. Comprendí que su temor y desamparo
demostraba que no estaban muy convencidos con lo que me habían asegurado.
Llegué entonces a la conclusión de que no había ninguna evidencia certera y
absoluta sobre la continuidad de la existencia tras la muerte, por lo que todo
quedaba tristemente reducido a una creencia y a una actitud. Con el paso de los
años mis profesores me aseguraron que el único camino para conocer la realidad
con absoluta certeza era el del método científico, pero que éste no había dado
respuesta todavía a muchas cuestiones importantes, como pudieran ser la
continuidad de la existencia tras la muerte o el Sentido de la Vida. También
supe de otras opiniones, de otras personas que creían que todo lo que hay es
fruto del simple azar y de la mera casualidad, que no había según ellos ninguna
finalidad en los acontecimientos (salvo la que pudiera construirse el hombre) y
que en cualquier momento todo lo existente podría acabar hasta nunca jamás de
la misma manera que había surgido: así, sin más. La duda sobre lo más esencial
de todo, el Sentido de la Vida, me provocaba desánimo y me intrigaba a un mismo
tiempo. En lo único estable que me podía apoyar era en la certeza del método
científico, pero su campo de acción era muy limitado como para resolver mi
necesidad de saber. ¡La Ciencia resolverá tus problemas! ¿Todos? ¿La Ciencia
desvelará el Sentido de la Vida? Intentando comprender todo esto llegué a la
conclusión de que, al igual que cl resto de las especies animales, nacemos con un miedo
instintivo a la muerte o a sus causas y que nuestra capacidad de raciocinio nos
obliga a darle sentido a la vida para seguir hacia delante. Pero para mí
era insuficiente. Sabía que mi temor ante la posibilidad de dejar de existir en
cualquier instante me empujaría a aceptar automáticamente cualquier remedio
definitivo a la muerte si alguien me lo ofreciese, lo cual era bastante
improbable. Y ese comportamiento mío no implicaría que yo no creyese en el
Sentido de la Vida, puesto con esta actuación me aseguraría el Sentido de la
Vida y claro, ya tendría sentido el Sentido de la Vida que antes hubiera
dudado. Es sólo cuestión de garantías. Pudiera ser que el Sentido de la Vida
sencillamente consistiera en encontrar mediante el método científico un remedio
a la muerte, por lo menos a la mía. Desde luego, tenía que ser yo quien
encontrara este remedio porque nadie parecía estar solucionándome esta
importante cuestión. En ese momento recordé unos supuestos lúdicos que había
desarrollado en mi pubertad, unos cuatro años antes: El salto de una mente
desde un cuerpo a otro (que diese éste el mismo resultado que el anterior)
cuando el primer cuerpo se desorganizase por algún motivo. Retomé la cuestión.
También recordé que no había conseguido imaginar qué sentiría yo si viviese esa
experiencia. Supe entonces que estaba ante una paradoja. O una solución o la
otra. O sustitución o... ¿cómo llamarlo? Busqué en un diccionario y decidí
bautizarlo como "transomación".
Sustitución o transomación,
a saber. Cómo resolver esa paradoja teniendo en cuenta que la realidad sólo es
única. Experimentando, quizás. Pero por la propia naturaleza del enunciado la transomación no
se puede verificar mediante experimentación, al menos de forma directa. Esto me
desilusionó porque creía haber encontrado, mediante la utilización del método
científico, un remedio a mi problema de poder dejar de existir (quizás) en
cualquier momento, pero me había fallado ei aspecto más importante, el de la
experimentación. En el método científico primero se estruja uno sus neuronas
intentando encaminarse en el entendimiento de la realidad y llegando así a
conclusiones parciales, y después, mediante la adecuada comprobación
experimental se observa si esas conclusiones estaban en lo cierto o no. Pero
con la transomación
sólo se puede elaborar hipótesis incomprobables. O también se puede alcanzar un
conocimiento tal sobre la naturaleza y mecanismo del Universo que haga ver con
certeza cuál de las dos posibilidades es la única verdadera, la transomación o la
sustitución. Mi apremiante necesidad por resolver esta paradoja estaba
justificada. Y por eso decidí utilizar todo mi esfuerzo posible en comprender
la naturaleza y mecanismo del Universo, ya que posiblemente con ello estaba en
juego el futuro a largo plazo de mi vida. Y la de todos los demás, por supuesto.
--Por lo menos, la de quienes
pudieran costearse la transomación,
¿no? —preguntó Jesabel.
--Si nos ponemos en ese plan...
Bien. Estrujé mis neuronas al máximo para decantarme por una de las dos
posibilidades y "curiosamente" acabé defendiendo (gracias al "Steady State"
biológico y a la regeneración cerebral) la más optimista, la de la "transomación";
si bien también es cierto que, aparte de una inclinación automática inicial por
la "sustitución" carente de explicaciones racionales, no encontré
después ninguna evidencia lógica lo suficientemente justificada a favor de esa
"sustitución". Elaboré toda una filosofía particular sobre el mejor
reordenamiento de la materia, la espiritualidad del mundo material y las
finalidades de la Evolución que parecía resolver la paradoja, al menos en
teoría, pero presentaba un efecto secundario. ¡Esta filosofía también defendía
el Sentido de la Vida y la finalidad de los acontecimientos! Al menos en líneas
generales dejando hueco al accidente y a la temporal mala evolución. ¿Pero este
Sentido de la Vida no implicaría la existencia tras la muerte? Posiblemente.
Pues, entonces, seria la pescadilla que se muerde la cola. Vamos, ¡LA GRAN
PARADOJA EXISTENCIAL! Si encuentro una vía tecnológica que puede resolver mi
problema en el desesperante y triste caso de que no haya un Sentido de
la Vida ni una Protección Superior que garanticen mi existencia tras la muerte,
y si esa vía encontrada (la transomación)
sólo es cierta si existe ese Sentido de la Vida, pues... ¡madre! O es éste el
mío un esfuerzo innecesario porque existe el Sentido de la Vida (seguiré en
todo caso existiendo tras mi muerte por definición y por descontado) o voy por
un camino equivocado porque no existe el Sentido de la Vida (ni la transomación me
salvará). "Qué desastre" me digo a mí mismo. Bueno, una tercera
posibilidad sería que con la aplicación repetida de la transomación simplemente se dejara
de ser mortal. Claro, si esto fuera así, o estaríamos ante el parto del Sentido
de la Vida o el Sentido de la Vida siempre hubiera consistido en alcanzar la
meta de la transomación
o algo similar. En todo caso, desarrollemos la transomación por si acaso.
--¿Y los que se han quedado por
el camino? —preguntó entusiasmado Mario.
--También habrá algún remedio
para ellos. Ya lo encontraré.
--¿Y Dios tiene que ver algo con
todo esto? —ironizó Jesabel.
--Da igual que lo llames Dios o
Sentido de la Vida, me estoy refiriendo a lo mismo.
--Ah.
--En definitiva, un misterio. Lo
único cierto es que todos haremos siempre lo máximo posible por continuar
viviendo, bien sea como consecuencia de nuestro diseño (instinto de
supervivencia) creado por algún tipo de Voluntad, o bien sea por la mera
casualidad que nos ha hecho así. Y no pararemos de encontrar métodos para
seguir sobreviviendo porque somos como somos, y... nos acojona la muerte. Y nuestra
tendencia natural siempre ha sido hacer frente a la muerte (desorden) ordenando
la materia, bien por instinto o haciendo uso de nuestra inteligencia. Sigamos
nuestra tendencia natural desarrollando más nuestra inteligencia y encontrando
la forma de combatir la muerte. Ganemos una vez más la lucha al desorden. Somos
hijos del orden (vida) y es nuestra tendencia natural la de combatir el
desorden (muerte) y cada vez seremos más fuertes (Evolución y Progreso). No cabe más
explicaciones. Y éste ha sido mí propuesta, la transomación.
--Una propuesta sin concluir —advirtió
Mario.
--Todo llegará.
--Es este un tema que quizás no
deberíamos tratar nosotros, los humildes humanos —reflexionó Jesabel--. No sé.
Quizás sea una ofensa o un intento de usurpación de la labor de Dios. La
soberbia del hombre, ya sabes.
--A Dios rogando y con el mazo
dando. Me temo que habrá demasiada gente que opinaría lo mismo que acabas de
expresar, pero proponte el tema desde esta perspectiva. Si Dios nos ha dado
tanta libertad que incluso podemos practicar el mal (que no debemos hacerlo), ¿nos
resolverá directamente Él nuestros problemas (como es el de la muerte) o los
tenemos que resolver nosotros guiados por el corazón y haciendo uso de
la libertad que Él nos ha dado? ¡Curamos nuestras enfermedades y trabajamos
nuestro bienestar!
--No sé.
--Tanto las órdenes y
prohibiciones tiránicas como la sobreprotección son cortapisas a la libertad. Y
lo nuestro no es nada más que una simple cuestión de existir —expresó
irónicamente-- libremente y automodelándonos
en la infinidad de decisiones que nos toca afrontar. ¿Se puede existir de otra
forma? La libertad es maravillosa, pero también supone una gran
responsabilidad. Y tener que resolver nuestros problemas quizás sea efecto de
nuestra libertad esencial.
--Quizás, quizás, quizás –se atrevió
a criticarle Jesabel.
--Quién sabe. Lo mismo se
presentan aquí los ángeles y nos hacen todo el trabajo, ¿no?
--O lo mismo estamos obligados a
morir, Jaime.
--¡¡Pero nada nos obliga a vivir una
cantidad determinada de tiempo!! Podemos alargar la vida individual. Y
alargarla y alargarla...
--Dime la verdad, ¿tú crees en el
Sentido de la Vida y en la continuidad natural de la existencia tras la muerte?
—le preguntó exigente Jesabel.
--¿Eh? Digamos que ahora creo en
el Sentido de la Vida en un 85 %. Eso es mucho para mí, porque yo no creo en un
100 % ni en lo que veo delante de mí, excepto en ti. Pero en la existencia tras
la muerte... pues no tengo ni idea.
--Pudiéndose morir... ¿tiene
sentido la vida? —preguntó interesado Mario.
--La vida en general, sí. La de
los individuos..,
allá ellos con su suerte.
--Para ti la Evolución de las
Especies tiene poco de azaroso, ¿no? --se interesó Jesabel para que pudiera escucharle
Mario.
--Para mí lo único azaroso es la
forma en la que se están desarrollando las especies (que siempre son
predeterminadas a su existencia). Y seguramente la gran mayoría de las especies
(que son todas ellas predeterminadas) nunca existirán, al menos en la Tierra. O
quizás... también están predeterminados los diseños de adaptación al medio y
las formas orgánicas, pudiendo presentarse éstos a la vez en varias especies
que no tienen ningún contacto genético.
--¿Y cómo has podido llegar a
estas conclusiones de la Evolución? —le preguntó Jesabel.
--Con sólo la observación de unas
especies llamativas concluí que las teorías de Darwin eran insuficientes para
explicar la Evolución de las Especies y que mi filosofía podría aportar luz
basándose en la idea de una posible recolocación continua hacia mejor de los
eslabones de la cadena de ADN, coincidente esta recolocación con la adaptación
al medio de los organismos resultantes, lo que defendería consecuentemente unas
finalidades en líneas generales o un tipo de determinismo a grandes rasgos de
la Evolución de las Especies, habiendo, eso si, un azar cotidiano (el que
coincidan en el tiempo distintas especies es en parte por azar). Es como si ya
existiera en potencia la Creación y ésta tuviera que pedir permiso al azar para
poder ir haciéndose material. No toda esta Creación se materializará, pero con
el tiempo y con suerte irá materializándose lo más elevado y mejor de la
Creación. El azar también es necesario, porque nos hace libres y por lo tanto
nos hace ser, pero nos arriesga y nos empuja a luchar.
--Tus conclusiones son muy
sorprendentes —afirmó Mario.
--Y poco útiles. Sirven para
quedarse con el personal, eso si.
--Pero Jaime, imagínate que le
practicasen ahora a Jesabel,
o a mí, un método para transomarnos.
¿Tú sabrías qué habría ocurrido?
--¿Saberlo con certeza? Ni idea. Fifty-fifty de
posibilidades.
--¿Pero no te decantas por
ninguna de las dos posibilidades?
--No. Tengo mis creencias, ya las
conocéis, pero no sabría con seguridad qué hubiera ocurrido. Es una paradoja
sin resolver. Ya me gustaría a mí que alguien fuera capaz de resolverla.
--Se podría hacer una búsqueda
por todo el planeta para encontrar a alguien que fuera capaz de resolver esta
paradoja. Sería beneficioso —apuntó Jesabel.
--Bueno, bajemos de las nubes.
Jaime, Jesabel,
estudiaros bien los planos, ¿vale? Buscad, si queréis, en las librerías y en
las bibliotecas más fotografías del palacio y... ensayad, que es siempre
beneficioso. Yo, lo siento, pero me tengo que ir.
--Mario... gracias. Lo vamos a
conseguir, ¿verdad?
--Sí, confío en vosotros. Jesabel, eres una
gran profesional y la razón nos acompaña.. No nos detendrá nadie, no lo
olvidéis.
--Los tres formamos un gran
equipo —dijo Jesabel.
--Sí. Claro que venceremos.
--Os tengo que dejar. Hasta luego.
--Hasta luego.
--Hasta el Jueves, Mario.
Tras despedir a Mario, regresaba
Jaime al salón cuando los brazos de Jesabel le abordaron desde atrás y le apretaron el
pecho en un fuerte abrazo que le hizo perder el equilibrio y caer en el
sofá.
--¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
--Pues... ¿que va a ser? ¿Tú qué
crees? Calla y date la vuelta.
Los siguientes días los vivieron
tranquilos e intentando eludir todo tipo de información de actualidad, pero la
espontaneidad de los avances informativos y las conexiones en directo impedían
que no conociesen la realidad. Una información de poca relevancia, más bien una
curiosidad en un programa televisivo de variedades, dejó sin embargo atónita a
la pareja. La joven y bella presentadora informó sobre las impactantes
declaraciones realizadas por el controvertido "filósofo" Draculisex Ushill en el
último congreso californiano de Extro, en el que este filósofo tan heterodoxo aseguraba
que en breve plazo de tiempo el hombre con su tecnología iba a vencer a la
muerte, habiendo conseguido con esto vencer todas sus limitaciones y ya
quedaría libre de sus necesidades religiosas. En esas mismas declaraciones Draculisex
también aseguraba que podía dar esa primicia porque había sabido de un proyecto
secreto que se estaba desarrollando por "gente de ciencia implicada, auténtica
y sin hipocresías sociales ni religiosas". Jaime quedó gratamente
sorprendido y bromeó:
--¡No soy el único loco! Me
siento acompañado. Qué ilusión.
--El único que le ha puesto el
adjetivo de "loco" a tus ideas has sido siempre tú, ¿sabes? Los seguidores
del Transhumanismo
también creen en el alargamiento extremo de la vida por medios tecnológicos.
--Cuando terminemos por fin de
vivir esta aventura me pienso poner en contacto con Draculisex.
La joven presentadora dio paso a
un reportaje sobre las andanzas de Draculisex Ushill:
"Draculisex Ushill es el nombre de batalla para
un ‘filósofo’ alternativo underground
que comenzó su actividad en la calle, marcando a los sorprendidos transeúntes
con el matasellos en el que difundía algunos de sus lemas firmados que le
harían famoso. Algunos de esos lemas eran ‘Si te va, gózalo. Y que no te lo
jodan’ o ‘Si te joden, que lo hacen, les jodes tú más y que se jodan’. Por su
sentido del humor irónico y a veces mordaz comenzó a ser conocido sobre todo
entre los jóvenes más inconformistas y rebeldes. Pero no se debe olvidar que
parte de su éxito se debe también a su aspecto innovador, a su cuidado look desenfadado
y trasgresor y a su atractivo natural. Con sólo aparecer unas pocas veces en los
medios de comunicación creó una conmoción en los jóvenes, sobre todo en las
jovencitas, tanto por sus actos rocambolescos como por el color de sus ojos,
sus sorprendentes rasgos físicos y su melena cuidadosamente rebelde. Hace unos
meses hizo campaña por las calles de las principales ciudades europeas
consiguiendo seguidores seducidos por su ingenio y su sentido del humor.
Los más reaccionarios y jóvenes han hecho de esta filosofía su propia
filosofía, lo que preocupa a sus padres. Gurú de la marihuana y de las
pastillas, ha sido acusado de tener intereses económicos en el narcotráfico,
pero él siempre lo ha negado. Él se considera a sí mismo como un hombre
sencillo y auténtico de la calle, que hace su servicio humildemente para
extender su filosofía real de la vida real e intentar combatir la falsedad y la
hipocresía egoísta de los poderosos que justifican su falta de sensibilidad
social y se enriquecen cada vez más. Él asegura que llama a las cosas por su
nombre y que quienes se escandalizan deberían escandalizarse realmente por las
injusticias que se producen en la vida real. Draculisex Ushill ha creado una corriente
nueva, pero sus seguidores han sido acusados de ‘hedonistas que sólo se quejan
y exigen, amparándose en una supuesta situación de marginados, cuando en
realidad la mayoría de ellos son jóvenes de origen acomodado, que no obstante
se sienten rebeldes’. Los seguidores de sus temas y teorías lo hacen a través
de Internet, sin el conocimiento de sus padres, pero es posible que sólo lo
hagan por simple diversión, ya que la página web www.nosalengranos.com
contiene todo tipo de espectáculo humorístico ácido y de acción para difundir
la filosofía ‘realista’ de vida y las ideologías de Draculisex Ushill. Esta página web también
incluye cómics
subversivos con dibujos eróticos, violentos y escatológicos. Algunos le han
acusado de patrocinar con su cinismo un gran negocio económico, pero él lo
niega. Él afirma que es para financiar la propagación de sus ideas. Una última
moda entre algunos de sus seguidores es llevar tatuajes en zonas más o menos
visibles del cuerpo con los lemas firmados que hicieron famoso a Draculisex Ushill en sus
comienzos, si bien algunos de estos seguidores prefieren mezclar estos tatuajes
con la estética satánica. Declaraciones suyas como ‘Sólo existe la idea de
‘puta’ y de ‘cabrón’ en las mentes enfermas y acusadoras de los reprimidos, por
lo que las mujeres y los hombres deben disfrutar en esta corta vida libremente
del amor ignorando los falsos prejuicios’ le han llevado a ser acusado de
fomentar el hedonismo con el sólo propósito de favorecer sus negocios. Hace un
par de meses fue acusado de estar tras la ejecución del virus informático
"no destructivo" que en cuestión de horas propagó por los ordenadores
de todo el planeta el siguiente e-mail propagandístico: ‘Abre los ojos, toma consciencia de
los abusos que sufres, no te dejes pisar, criminaliza (es necesario) y
defiéndete con sus mismos métodos. Incluso añade un poco para vencer y que
sepan que no les ha merecido la pena. Este consejo va dirigido a todos, en
especial a todos los de Oriente Próximo. Es un consejo de Draculisex Ushill, www.nosalengranos.com.
Draculisex Ushill se
defendió argumentando que él no necesitaba utilizar una campaña propagandística
tan contraproducente y evidente, y que en realidad se trataba de una campaña de
difamación contra su imagen. Fue absuelto por falta de pruebas. Pero el
escándalo saltó hace unos días cuando fue acusado de promover disimuladamente
en su página web
la visita a otras direcciones de Internet especializadas en comercio de
imágenes pornográficas, de imágenes grabadas por los propios usuarios (también
pornográficas), de imágenes reales extremadamente morbosas y de imágenes
ilegales. Todas estas direcciones incluso podrían ser de su propiedad. Las
declaraciones de ayer en Extro
le han llevado a ser acusado de simple buscador de atención, de mentiroso o de
falso profeta que juega cruelmente con los sentimientos de quienes se ilusionan
con sus promesas imposibles."
--Jesa, lo he pensado mejor y creo que
no me voy a poner en contacto con ese elemento.
--Estoy de acuerdo contigo.
Dos días después fue encontrado
el cadáver de Draculisex
Ushill en
su residencia de Amsterdam.
Había sido tiroteado.
El VIERNES DÍA VEINTIDÓS DE
DICIEMBRE, a las doce de la mañana, estaba la pareja esperando en el patio
de entrada del palacio de los duques de Merinacheli la llegada de la señorita
guía para que iniciara su nueva ronda. En su mochila Jaime portaba cuatro microcámaras,
cuatro micrófonos, cuatro móviles de tercera generación adaptados, una escalera
de mano desmontada, un mono de trabajo, una ventosa, hilo dental, una jeringuilla
con silicona transparente, un poquito de masilla de amasar, unas pinzas, una
cinta métrica metálica de cinco centímetros de ancho, dos tubos para mezclar de
soldadura química ultrarápida
y algún complemento más. El plan a ejecutar, multitud de veces ensayado los
días anteriores, era bien sencillo: Una vez llegado el grupo de turistas al
patio principal, Jaime utilizaría una excusa sencilla para regresar al
"Apeadero" o patio de entrada e introducirse en el cuarto de aseo de
"las habitaciones de la servidumbre". Por la ventana del cuarto de
aseo que da a un pequeño patio ciego se las arreglaría para subir hasta el
cuarto de baño de la segunda planta e introducirse por su ventana. En ese
momento ya se encontraría dentro de las dependencias privadas, por lo que sólo
le quedaría acceder al "comedor" con cautela. La ansiedad que vivía
Jaime durante su espera era de angustioso deseo por comenzar la operación y de
ilusión por terminarla triunfante, habiendo contribuido con ello a la justicia,
a la libertad y a la seguridad del pueblo decente y trabajador,
que bien se lo merece.
La señorita inició sus
explicaciones en Español:
"El palacio que van a ver a
continuación, de estilos mudéjar y plateresco, comenzó a ser construido entre
finales del siglo XV y principios del siglo XVI por la familia Enríquez de
Ribera, emparentada con la Casa Real de Trastámara. De hecho, Pedro Enríquez
era tío de Fernando el Católico. Actualmente este palacio alberga el archivo
privado más importante de España con más de un millón de documentos, muchos de
ellos referentes a la colonización americana. Pero por motivos de seguridad no
tenemos acceso a la Librería, perteneciendo ésta a las habitaciones privadas
del palacio. Son numerosos los artistas españoles, italianos, e incluso algún
flamenco, que a lo largo de los siglos han realizado obras de incalculable
valor artístico aquí....."
En apenas cinco minutos ya se
encontraban en el patio principal y Jaime necesitó que le animara Jesabel para
comenzar su actuación.
--Ay, María del Carmen. Ay, qué
dolor —Jaime tocaba su vientre con ambas manos.
--¿Qué te pasa, Alejandro? —le
preguntó Jesabel
acorde con lo ensayado.
--Una indisposición. Pero una
indisposición muy mala, María.
--¿Vamos a algún sitio? ¿A una
farmacia?
--I)éjame, ay. Tú quédate aquí, y ya que
hemos venido, ves esto. Pero yo me tengo que ir, que me apremia.
--No, te acompaño.
--Quita, quita. Que esto lo tengo
que resolver yo solo. Después me cuentas lo que has visto. Yo tengo que volver
al bar ese de ahí afuera.
--Pero Ja... lejandro, ¿no...
--Mira. Que me voy, que me voy.., y ya está.
Y Jaime se fue corriendillo
hacia la salida y aprovechando la ausencia de personal se introdujo en el
cuarto de aseo de las "habitaciones de la servidumbre". Rápidamente
cerró por dentro. Debía ejecutar secuencialmentc todos los pasos de la misma forma que
había ensayado decenas de veces, por lo que se puso manos a la obra. Abrió la
mochila y la descargó en el suelo. Se colocó la funda de trabajo por si hubiera
que disimular y presto montó la escalera de aluminio uniendo las piezas por
presión, si bien no quiso concluir el montaje dejando la escalera dividida en
cuatro partes iguales. Tomó un pedazo de masilla y lo amasó rápidamente. En el
cuello se colocó una correa con un soporte para sostener uno de los móviles a
la altura del pecho, por lo que así sólo tendría que mirar hacia abajo para ver
las imágenes captadas por una microcámara.
También se colocó a modo de bandolera una especie de alforja o bolsa abierta en
la que depositó los útiles necesarios. Apoyó junto a la ventana las cuatro
piezas de la escalera. Y a continuación abrió la ventana y ayudándose de un
espejo comprobó si había alguien asomado en la ventana de arriba. No había
nadie y descubrió incluso que esa ventana estaba cerrada. Velozmente saltó al
patio con la cinta métrica en la mano y apoyó su espalda en la pared para
disminuir las posibilidades de ser visto desde la ventana superior. La pelotita
de masilla la pegó en la punta de la cinta métrica, en la que también tenía
atado hilo dental. De la bandolera cogió con las pinzas la microcámara (con aspecto de mosca)
que tenía su micro-objetivo camuflado en la parte inferior del tórax, entre las
patas. Con la jeringuilla inyectó unas gotitas de silicona transparente en las
patas de la mosca-microcámara
y acto seguido, con ayuda de las pinzas, clavó con la presión adecuada la
"mosca-espía" por su parte posterior final del abdomen en la
bolita de masilla, de tal forma que quedó con las patas hacia arriba. Jaime
miró a su pecho y comprobó que efectivamente en la pantalla del móvil se veía
las imágenes captadas por la mosca-espía. Después fue alzando con cuidado la
cinta métrica conforme la iba desarrollando hasta llegar a la altura de la
ventana superior. Para su alivio Jaime pudo comprobar en el móvil que en el
cuarto de baño no había nadie. Ayudándose con el hilo dental guió la punta de
la cinta métrica hasta el cristal de la ventana y, con un golpe rápido
pero con la adecuada fuerza según lo ensayado, pegó la mosca en el cristal,
aunque con las patas demasiado abiertas. A partir de ese momento Jaime podía
tener una referencia directa de si entraba alguien en el cuarto de baño con
sólo mirar al móvil de su pecho. Y la mosca-espía era ideal para pasar
desapercibida ya que es de conocimiento general que las moscas supervivientes
de Invierno
tienen una actividad muy pequeña y por eso pueden permanecer estáticas
durante mucho tiempo. No dudó en sacar por la ventana las cuatro partes de la escalera
y montarla. Subió por ella ágilmente al tiempo que miraba a la pantalla del
móvil. Una vez arriba, con el corazón en el puño y empapado en sudor, sacó
veloz de la bandolera la ventosa y la pegó en el cristal sin mosca. También
tomó una navajilla y extrajo con presteza los listoncillos que sujetaban dicho
cristal. Los depositó en la bandolera al tiempo que con la ventosa sujetaba el
cristal, el cual cuidadosamente apoyó en el interior del cuarto de baño. Abrió
la ventana, saltó al interior y corrió con desesperación hasta la puerta para
cerrar por dentro. Con un poquito de tranquilidad recobrada, regresó a la
ventana, retiró hacia un lado la escalera para que no pudiera ser vista, dobló
rudimentariamente los clavitos de los listoncillos, desmontó de la ventana la
hoja sin cristal y en el suelo le colocó su cristal pegando los listoncillos
con la mezcla de los dos botes de soldadura química ultrarrápida. Volvió a
montar la hoja de la ventana con el cristal ya incorporado y recogió todos los
útiles. Fue entonces cuando reparó en el lujo del moderno cuarto de baño.
Recuperó la pelotita de masilla y en ella clavó por un lado un alambre muy fino
y en el otro lado pegó la mosca-microcámara por su dorso. Y con un pedazo de papel
higiénico no olvidó limpiar del otro cristal las gotitas de silicona adheridas
y tras ello arrojó el papel al retrete, estiró de la cadena y volvió a bajar la
tapa ¡Horror! El ruido de la cisterna podía alertar de su presencia. Qué fallo.
Esperó alarmado durante veinte segundos, pero no parecía que hubiese
consecuencia alguna; por lo que decidió actuar. Abrió la puerta lentamente, con
sigilo y, ocultándose, hizo asomar a la mosca al ras del suelo. Hizo un
barrido por el dormitorio y para su tranquilidad comprobó que estaba vacío.
Incluso la puerta que comunicaba con el pasillo estaba cerrada, por lo que
decidido entró en el dormitorio... cuando se topó con una presencia inesperada.
Sobre la centenaria cama se hallaba tendida boca abajo una veinteañera morena que, con su
esbelta y sinuosa espalda al desnudo, continuaba entregada al mundo de los
sueños. Lógicamente se quedó paralizado mientras se lamentaba de su mala suerte
y maldecía a las doce de la mañana las costumbres relajadas de la
señorita. Con cuidado extremo cruzó la habitación, abrió una puerta y tras
comprobar que no transitaba nadie por el pasillo, escondió el móvil en la
bandolera y caminó con naturalidad hasta el comedor. Su pecho temblaba con cada
palpitación y la frente se le deshacía en sudor. En el suelo, junto a la puerta
de entrada del vacío comedor, depositó la mosca anteriormente utilizada y cerró
dicha puerta tras introducirse en la dependencia. Con su móvil guardián de
nuevo en el pecho y consumiendo un minuto eterno colocó lo mejor posible las
tres microcámaras-mosca
y los micrófonos en el artesonado mudéjar; y los tres móviles en el interior de
la espléndida chimenea de piedra negra que llevaría siglos sin ser utilizada. Y
tras comprobar que permanecía vacío el pasillo, regresó a lo desconocido que le
aguardaba en el dormitorio. Pero la puerta de éste estaba entreabierta y la
idea original de regresar por donde había subido para eliminar pruebas,
recogiendo la escalera y la mochila, no era de su agrado. Con su alambre y su
mosca-espía comprobó que no había nadie en el dormitorio y que el cuarto de
baño tenía su puerta cerrada, por lo que concluyó que la señorita estaba
dentro, lo cual le terminó de fastidiar. Eligió salir de allí por la escalera
principal, pero no se decidía entre quitarse el mono de trabajo o llevarlo
puesto. Y ante la posibilidad de ser visto por el grupo de turistas optó por
quitárselo... en el mismo instante en el que pareció oír... ¡cómo subía alguien
por las escaleras! Miró velozmente con su mosca y reconoció allí a la señorita
que vestida con su bata se acercaba peligrosamente. Jaime se lanzó hacia el
dormitorio y hacia el cuarto de baño. Era su oportunidad. Abrió la ventana y
alzó raudo la escalera desmontable para acercarla y poder bajar por ella
con la mala fortuna de que tropezó un peldaño de dicha escalera con una baldosa
de la repisa del alféizar, desenganchándose por ello más de dos metros y medio
de tramo de escalera que cayó estrepitosamente al suelo. Jaime improvisó
angustiado dejando caer el tramo que sujetaba con el cuidado necesario como
para que éste quedase de pie y con suficiente estabilidad. Y lo
consiguió. Pero el nuevo inconveniente era la forma de acceder hasta el primer
peldaño. El estrépito de la caída había provocado un efecto de llamada en la
señorita veinteañera,
Jaime lo sabía y el sonido de sus pasos acercándose lo corroboraba. La única
salida rápida y airosa ante aquella comprometedora situación era... esconderse
tras las cortinas del baño. La señorita se asomó por la ventana y se quedó
extrañada por lo visto, pero ciertamente aquello le traía sin cuidado. Jaime
temía que los fuertes latidos de su corazón fuesen escuchados por ella y respiraba
con la boca muy abierta porque le faltaba el oxígeno y no quería jadear. No
obstante, hizo asomar la mosca con extrema delicadeza por encima de las
cortinillas para tener conocimiento visual de la situación. Ella miraba ante el
espejo el interior de sus pupilas, los poros de su nariz, sus encías, la
extensión de su lengua... y pasó a practicar gestos más o menos locuaces y
jocosos que, como le conferían apariencia pizpireta, provocó que se
desternillara feliz consigo misma. Sin embargo un gesto manual suyo, causado
por una necesidad puntual, sorprendió a Jaime por desbaratarle la creencia de
que ese tipo de comportamiento sólo se daba en ei hombre y no en la mujer.
Súbitamente ella modificó su expresión en extrañeza. Miró con atención la
cisterna y frunció el cejo. No comprendía por qué la cisterna se estaba
llenando de agua. Volvió a asomarse por la ventana y se quedó pensativa, algo
que no debía ser habitual en ella. A Jaime se le heló la sangre cuando uno de
sus tobillos emitió un leve chasquido provocando que la señorita mirara
con preocupación hacia las cortinas del baño y se acercara con cautela. Jaime
escogió su cara más amable e hizo así como que estaba reparando la ducha con la
navajilla. Ella no se atrevía a descorrer las cortinillas pero quería salir de
dudas, por lo que inspiró profundamente y se dispuso para actuar enérgicamente.
A Jaime se le paró el corazón. Pero sonó un teléfono móvil y la señorita se
giró. El corazón de Jaime retomó con dificultad el ritmo. Ella se apresuró en
recoger su móvil con la mala fortuna de que las cortinas del baño siempre
estaban dentro de su campo visual y Jaime no podía escapar.
--¿Sí? ¡Hola, Puchi! ¿Tú qué crees? Claro. Bueno,
relativamente. Ay, qué ilu
más descomunal, tú has sido la primera en felicitarme, qué bueno. Una señorita
no tiene que decir esas cosas. Jo. Veinte, a partir de ahora he decidido que siempre
voy a cumplir veinte. Ja,
ja. Sabes
qué, me he hecho con bidigudís
rizos aquí delante que me dijistes.
Sí, sí. Ay, qué cabrona
estás hecha, tía; el pelu.
De verdad, de verdad que sí. ¿No? O sea... o sea... ¿No? Vamos, vale, y tu
padre qué tal mea.
Vale, sí, calentito y espumosos, tú misma, ducal. ¿Y Fran? No, no. Y Fran,
¿dónde está? ¿¡Que no sabes!? Si no sabes tú, hija, ¿quién va a saber? Que te
lo quitan tía, que te lo quitan. No, nosotras amigas hasta... amigas para
siempre. Sí. ¿Qué me tenéis preparado esta vez? ¿Sorpresa? ¿No me estaréis...?
Que os conozco muy bien a los dos. Yo no... A mí no me engañáis, para nada.
Eso, no. Eso... fatal, fatal, fatal. Eso, como moco de megababies. Te pasas, tía. Ay, eso
sí es una bobería. No te creo. Ya, ya. Y dices que no sabes dónde está Eran. Y
yo como tonta me lo creo. Vale, una sorpresa es una sorpresa, pero no os
paséis. ¿De verdad? Vale, conformada, de ducal a ducal. —Repentinamente, la
duquesita miró hacia las cortinas como si hubiese descubierto algo e inició
unas sonoras carcajadas. Reía y reía a más no poder. Y también miraba hacia las
cortinas. Sus risas continuaban sin decrecer--. No te mosquees, por favor, tía.
Sí, te dejo, que estoy muy ilusionada con la megasorpresa. Ciao, Puchi.
Ella quería reprimir sus
risotadas, pero era imposible. Y cuando le faltaba el aliento necesitaba jadear
y lo hacía. Con mirada divertida y un poco pícara la señorita duquesa se
aproximó lentamente hacia Jaime. Y cuando parecía que iba a descorrer las
cortinillas, se giró y abrió el grifo del lavabo. Terminó de reir.
--Vamos, Fran, lo siento. La
broma se ha estropeado. ¿Sales... o te saco?
El pesimismo se apoderó de Jaime
y empezó a imaginar qué excusas daría a quienes acudieran a la llamada de
auxilio de la aterrada señorita duquesa tras descubrirle.
--Sácame si te atreves —susurró
sugerente Jaime utilizando a la desesperada una nueva estrategia--. Puedes
llevarte todavía una buena sorpresa. Y antes o después me tendrías que ver cómo
soy integralmente.
La señorita mostró una ligera
extrañeza, pero continuaba confiada.
--Sal de ahí. Acéptalo. ¿Ha
salido mal? Pues no pasa nada. Otra vez será.
--No puedo salir conforme estoy
—continuó susurrando Jaime con la intención de que no se atreviera a mirar dentro--.
Te corresponde dar a ti un paso para asegurarme que no te estoy acosando.
Vamos, lo estás deseando. Una cortina entre tú y la verdad. Guau.
A la altura adecuada Jaime
presionó con un dedo en las cortinas y ella quedó impresionada momentáneamente,
tras lo cual se mostró entre sorprendida y maravillada alarmando a Jaime, pero
después reaccionó tras imaginar alguna posible consecuencia por lo que se
mostró muy ofendida. Murmuró en otro idioma, quizás en alemán, algo que debía
ser terrible y malsonante.
--¿No te pone caliente? Yo sí lo
estoy. Decídete, tienes que dar el paso. Venga, que estoy "enervado".
--No me puedo creer que me esté
ocurriendo esto --expresó muy indignada--. Esto no es ninguna broma. Yo sí sé
lo que es. Pero a mi amiga tú no la vas a tener engañada, que le voy a abrir
bien los ojos. Esto no va a quedar así.
La deseada marcha de la niña megapija se
produjo y Jaime se precipitó hacia la ventana. Se descolgó e intentó alcanzar
el primer peldaño con la punta de los pies, pero le faltaban unos cinco
centímetros. Consideró entonces que sería una mejor opción regresar al cuarto
de baño e intentar la huida por el interior del palacio. Subió a pulso con
mucho esfuerzo evidenciándose su baja forma física y cuando por fin superó esa
dificultad, cambió de opinión. Lo que debía realmente hacer era recoger las
pruebas del suelo del patio sin demora, era algo inevitable. Se descolgó de
nuevo y volvió a comprobar que efectivamente era imposible bajar por
allí. Si lo intentaba, caía al suelo. En verdad tenía que subir por ser esa la
única salida posible, pero esta vez sus fuerzas le traicionaron. Sus dedos
incluso resbalaban y ci
salino sudor de su frente comenzó a introducirse en sus ojos dificultándole, con
el escozor consecuente, su capacidad de concentración para encontrar una salida
a su nueva situación. Sus dedos continuaron resbalándose y Jaimc se sentía cada vez menos capaz
de encontrar la urgente solución. Ni siquiera un gimnasta profesional sería capaz
de remontar ya lo apurado de su descolgamiento y la distancia hasta el suelo era
suficiente como para que se rompiera varios huesos, en el caso de caer de pie.
Jaime decidió entonces esperar a que sucediera sencillamente lo que tuviera que
suceder, que ya se estaba imaginando cómo iba a ser. Pero como el dolor físico
no le apetecía quiso demorar esta llegada por lo que apretó y apretó sus dedos
hasta que vio inminente la caída y se abandonó a su suerte. Pero por el
movimiento reflejo de la impresión, se encontró apoyándose con la punta de los
pies en el primer peldaño, con los brazos en cruz y con el pecho y el vientre
pegados a la pared. Con toda la fuerza posible de sus piernas mantenía a duras
penas el equilibrio, pero esta última situación era más angustiosa que la
anterior, porque si se desequilibraba caía de espaldas y se reventaba la
cabeza. Jaime tenía miedo. Jaime rogaba y blasfemaba a un mismo tiempo.
La escalera aguantaba porque estaba bastante inclinada, pero a él le quedaban
dos o tres segundos para caer. Con un esfuerzo desesperado Jaime dio un salto
hacia atrás con la intención de caer de pie. Y cayó de pie unos peldaños más
abajo, resbalándosele un pie por delante de un peldaño y el otro por detrás del
mismo, amortiguando el golpe lo más vulnerable de su cuerpo. Giró y quedó boca
abajo a lo largo de la escalera sujetándose con las piernas y las manos,
pero no le importó dejarse caer de cabeza el tramo que quedaba hasta el suelo,
porque nada le iba a hacer olvidar su dolor de vientre. Tendido en posición
fetal y con los ojos y la boca muy abiertos, se lamentaba y jadeaba con la
esperanza de que fuese disminuyendo su tormento. No comprendía por qué se puede
llegar a sentir el dolor y la angustia infinitos. Es algo que no debería ser,
no tiene utilidad ninguna.
El tiempo todo lo cura y al cabo
de dos minutos ya sentía en esas partes un dolor soportable. Desmontó con
ansiedad la escalera y recogió todos los utensilios que se habían desperdigado
en la accidentada bajada. Pero la mosca-espía no la encontraba por ningún
sitio. Conectó el móvil para localizarla y las imágenes que pudo contemplar en
su pantalla fueron horribles: se cernía una enorme boca reptiliana que acabó cubriéndolo
todo, quedando la imagen reducida a oscuridad. Extrañado, Jaime buscó por el
suelo y sólo pudo localizar una defraudada lagartija que huyó ágilmente y se
perdió en una oquedad junto a las trescientas mil pesetas de tecnología que
llevaba en su estómago. Se preguntó Jaime sí no habría arañas en el artesonado
del Comedor.
Un minuto después se topó Jaime
en el Apeadero con el grupo de turistas que ya regresaba de su ruta cultural.
Se presentó ante Jesabel
con la piel enrojecida, suduroso
y debilitado. Y todos le miraron extrañados, sobre todo la guía turística. É1
estaba incómodo y no sabía qué decir, por lo que se puso una mano en el vientre
e improvisó:
--Jesabel, he sufrido mucho. Estaba de
un malo que no veas. Bueno, ya está.
Todos le miraron muy serios y Jesabel abrió
mucho sus ojos.
Una vez reunida la pareja con
Mario y, como no tenían ninguna ocupación hasta la llegada de la noche,
decidieron aprovechar su estancia para hacer una visita turística por la ciudad
de Sevilla, que tiene mucho que ver. Pero por la tarde cometieron el error de
entrar en un bar; error porque sin preguntar fueron informados por los clientes
de las recientes desapariciones de un periodista de investigación de un
conocido diario nacional, del subdirector de Aster Hispania y de una joven opositora a
la Administración de Justicia. Todos los presentes en el bar conocían cuál iba
a ser la suerte de los desaparecidos por lo que estaban muy alterados y daban
rienda suelta a su indignación proponiendo métodos para hacer justicia si se
encontraran con los causantes de esos secuestros. Secuestros o más bien
ejecuciones retardadas e inevitables. Por lo cargado del ambiente y sobre todo
por hablar ya con seguridad de la muerte de esas personas inocentes y
trabajadoras que estaban sufriendo en ese momento lo indecible y también por no
sufrir una crisis de angustia tuvieron que abandonar los tres el local.
Por la noche, en la habitación
del hotel la espera se hacía larga. Mario llamaba a los móviles escondidos en
la chimenea (que tenían activada la función de respuesta automática) cada
cierto tiempo con el fin de controlar si entraba alguien en el Comedor sin que
se agotasen las baterías. Pero transcurría el tiempo y el Comedor permanecía
vacío. Intentando hacer más amena la interminable espera, Jaime y Jesabel
conversaban sobre sus planes de futuro:
--Jesa, yo voy a recoger ya el coche
nuevo. El del concesionario debe estar loco intentando localizarme.
--Puede ser arriesgado. Puedan
estar esperándote esos...
--Pero... yo quiero mi coche. Lo
necesito, necesito libertad. Tendré que arriesgarme, ¿no?
--No seas impaciente, Jaime
--intervino Mario--. Dentro de unos días vva a estar todo solucionado.
--Estoy deseando que se acabe
todo esto. Jesa,
¿tu... qué vas a hacer cuando pase este chaparrón?
--Me deja estupefacta que me
preguntes eso ahora. ¿¡Pues no lo sabes bien!? Vivir contigo y seguir
trabajando. Ambas cosas a la vez y de forma irremediable, eso sí.
--Por supuesto, pero me refería
si vamos a vivir en mi casa, por ejemplo.
--Yo, encantada. Tú no te
preocupes que yo no voy
a entrar cambiándolo todo. En líneas generales me gustaba cómo lo tenias todo
organizado. Y yo no soy muy casera, ya verás.
--Pero... vamos a tener hijos,
¿verdad?
--¡Cómo!
--Tengo prometido que voy a tener
hijos.
--¿A quién?
--A... a mi madre, se lo prometí.
Todos tienen hijos antes o después.
--Sí. Y yo, claro, o tengo hijos
ahora o no los tengo. Qué rápido se pasa esto, Jaime, no hay tiempo para nada.
Dentro de poco en la cuarentena. Se pasa el...
-¿EI qué?
--No, nada. Que así pensándolo,
como que no... Que... a qué estamos esperando. Que ya deberíamos estar haciendo
hijos. Pero sólo la parejita.
--¿Sí? ¿De veras?
--Que sí, Jaime.
--Qué alegría. Todos mis sueños
cumplidos. Vaya, si me voy a emocionar. Si alguien me hubiera dicho cuando era
un crío que iba a acabar consiguiéndote y formando una familia contigo... no le
habría creído. Con una buena profesión y con hijos pequeños a los que
impresionar, qué ilusión. ¿Cómo les vamos a llamar?
--No tengo nada pensado. Pero que
no sean nombres que les dejen en evidencia. Yo no voy a llamar a ninguna hija
mía Jesabel.
--También podríamos celebrar como
una especie de luna de miel. Espera un momento. ¡Pero sí seguimos solteros los
dos! Claro, si nos podemos casar tradicionalmente y tener legítimamente nuestra
luna de miel. No había caído.
--Oye, que mi familia todavía
tiene esperanzas de ayudar en mi boda. ¿Dónde la celebramos?
--Decididlos vosotros.
Mario intervino bruscamente
interrumpiendo la conversación. Estaba alterado.
--¡Se han equivocado esos hijos
de la...! Aquí no hay ninguna reunión.
--Vamos a esperar un poco más.
Jaime y Jesabel continuaron decidiendo sobre
su futuro. Y sin embargo nada sería como lo imaginaba la pareja.
Sorprendentemente hicieron acto
de presencia varias personas en el Comedor, recobrándoles las esperanzas. Pero
de inmediato comprobaron que esa gente, más o menos joven y más o menos guapa,
procedía de una fiesta y que de alguna forma querían continuarla allí. Portaban
botellas y copas. Hablaban, reían y canturreaban porque ya estaban
entonados. A Jesabel
le pareció reconocer a una joven que, si estaba en lo cierto, sería
protagonista habitual de las revistas del corazón.
--¿Cómo va ser ella? --cuestionó
Jaime.
--Que sí lo es. ¿No la veis?
Pero no está su marido.
--Estará trabajando en América, Jesa.
--Jaime. ¿Quiénes son esos dos?
--Ella es la que acaba de romper
con el bailarín. Y él...
--Ya lo sé. Él es el conde éste
que se iba a casar con la ex de... de... (no soy capaz de decirlo) sí, del
amante de la mujer del tenista cocainómano aquel que tuvo un accidente en una
cacería.
--¿El que decían que si era
gay? --preguntó Jaime.
--Sí, ese. Pues, hacen buena
pareja.
--Sí, pues que les dure.
--Lo siento, compañeros, pero la
hemos chingado
--intervino Mario--. Es evidente que aquí no ha habido ningún encuentro entre
directivos ni nada parecido. Yo no sé si el fallo ha estado en el informador o
si han cambiado a última hora el lugar del encuentro. Lo que si sé bien es que
tenemos que volver a empezar. Pero no quiero que os deprimáis, porque tenemos
que seguir trabajando.
--Mario, ¿cuánto vamos a tardar
esta vez? --preguntó Jaime.
--No puedo saberlo. Quizás
tengamos que cambiar de estrategia, como conseguir documentos, pero sería mucho
más difícil. Si supiera con seguridad que conservara Kirohito su confianza en mí, podría
acceder a documentos comprometedores.
--Eso suena fatal. Eso suena a
que vamos a seguir escondidos durante mucho tiempo, lesa.
--No tenemos motivos para ese
pesimismo --aseveró Mario--. Hay más gente que está luchando y puede que se
resuelva todo en poco tiempo, incluso antes de que actuemos.
--Por favor, que sea así --deseó
Jaime.
--De momento tenemos que
recuperar las rnicrocámaras
y los móviles.
--¿Cómo?
--Pues de igual forma que han
sido colocados en el palacio, Jaime.
--No, yo no vuelvo a pasar
otra vez por lo mismo. Me niego.
--Es una inversión muy importante
la que se ha hecho con ese material. No podemos perderlo.
--Estoy de acuerdo, pero yo no
voy a ser quien lo recoja.
--Pero... ¿quién lo va a recoger?
¿Y si lo descubren?
--No lo sé. Soborna al de
mantenimiento o envía a un falso electricista.
--Tengo a alguien. Pero va a
tardar más de una semana.
--Pues... en ese caso, problema
resuelto.
A la mañana siguiente volvió el
equipo a Madrid soportando una sensación de derrota y de misión no cumplida. Y
no les fue nada gratificante cruzarse con una manifestación multitudinaria que
les recordó el poco valor que tiene para sus escurridizos enemigos la vida de
los ciudadanos, cuando son éstos los que con su trabajo cotidiano dan el valor
de bienestar al dinero que les gusta arrebatar salvajemente esas alimañas
parásitas que no se merecían haber existido nunca.
Se despidió atento Mario en el
mismo portal donde vivía la pareja. Y al entrar Jesabel en el cuarto de estar
detectó fácilmente una videocassette
para grabar que no recordaba haberla visto antes. Avisó a Jaime y le preguntó
si era suya.
--No, eso no lo he traído yo. ¿Dónde
estaba?
--En la boca del videograbador,
sobresaliendo un poco.
--Dámela que la observe bien.
--¿No te ha dicho nada de esto
Mario?
--No. Es una videocassette normal, no tiene nada
extraño.
--Me estoy poniendo nerviosa. Tú
no sabes lo que pueda tener por dentro.
--Mira, tiene muy poca cantidad
de cinta y se ve desde fuera todo el interior. No hay nada extraño.
--Está manipulada. Si tiene poca
cantidad de cinta es porque está manipulada.
--¿Por Foster? --preguntó Jaime.
--Supongo.
--¿Sabe dónde estamos y ha
enviado a un anormal para traernos esta cinta?
--Esto es para preocuparse,
Jaime. Ayer por la mañana llamaron al teléfono éste de aquí y no
contestó nadie.
--Ayúdame. Ve mirando bien todas
las habitaciones, regístralo todo.
--¿Y qué tenemos que encontrar?
--Cualquier cosa extraña.
--¿Cómo qué? Ay, yo casi quiero
salir de aquí, Jaime.
--¿Y si es peor? ¿Y si nos están
esperando ahí afuera?
--¿Llamamos a Mario?
--No, vamos a ver la cinta y
salimos de dudas. A ver si vamos a estar sufriendo innecesariamente.
--¿Y si son amenazas? --apuntó Jesabel.
--Nos interesa saber quién nos
amenaza.
--¿Y quién va a ser? Es para
volverse paranoica.
--Espera un poco, ¿has utilizado
alguna vez este vídeo?
--No.
--Yo, tampoco. Quizás estuviera
la cinta ahí dentro desde el principio. Puede que pertenezca a los inquilinos
anteriores y que al irnos apretásemos algún botón involuntariamente. Y la
llamada de ayer puede que fuera dirigida a esos antiguos inquilinos. La voy a
visionar, Jesa.
--Ten cuidado.
El contenido de aquella cinta
consistía en una selección de imágenes violentas reales tomadas directamente de
televisión, según reflejaban las "moscas" identificativas de las cadenas
televisivas. Estas imágenes eran muy conocidas por los dos, por lo que las
observaban con tranquilidad. El típico bonzo quemándose vivo, el típico tiro en
la cabeza de imprevisto... Pero estas imágenes tenían algo especial: eran
íntegras y con sonido original, sin comentarios, dándole ello una presentación
mas cruda. Jesabel
consideró la videocassette
como una amenaza y Jaime intentó imaginar el tiempo y la dedicación necesarios
para recopilar unas imágenes que debieron ser emitidas de madrugada por la
dureza de la presentación integral. Estaba seleccionado el orden de esos
reportajes con la intención dc
que creciera la crueldad y la barbarie gradualmente. Y tras las ejecuciones en
público llegaron los linchamientos consumados con todo lujo de detalles.
--Ay, creo que no puedo seguir
viendo eso --dijo Jesabel
nerviosa.
Pero Jaime miraba absorto, con
necesidad. Y el ambiente continuado les hacía sentirse presentes en las escenas
de los hechos, como sí aconteciera todo a su alrededor, en vivo e
implicándoles. Ignoraban por ello la antigüedad de algunas imágenes que incluso
eran en blanco y negro. Los linchamientos iban siendo cada vez más brutales,
más primitivos, ya sin armas, apaleando, apedreando o quemando. También degollamientos
íntegros. Jesabel
miraba para otro lado pero oía los gritos aterradores. Jaime estaba como
hipnotizado y comenzó a gritar improperios, como queriendo intervenir en
defensa de los martirizados. Jesabel
suplicó que apagara el televisor, estaba emocionándose demasiado.
--¿Pero por qué nos han dejado
esta cinta? --se preguntaba Jaime--. Si es para atormentarnos, les está
saliendo muy bien.
Pero lo siguiente fue muy
especial: Estaban cavando sus propias tumbas. Les apuntaban con rifles. Y
cuando parecía que les iban a ejecutar... no fue así. ¡Los enterraron vivos,
lentamente! Jaime empezó a gritar como si sucediera en ese momento:
--¡Haced algo, por favor! ¡No lo
consintáis! Provocadles. Que os disparen, es mejor. ¡NOOO!
Jaime empezó a gritar, lanzarle
patadas a la pared y pegarse en la cara. Jesabel intentaba sujetarlo
sorprendida y alarmada.
--¡Creo que nunca podré olvidar
esas miradas, cuando les caía la tierra en la boca! --decía Jaime muy triste--.
¡Qué miseria humana! Qué desesperanza.
--¿¡Pero qué mierda es esto!?
¿¡Pero qué mierda es esto!? --se preguntaba Jesabel con los ojos brillantes.
Y miraron a la pantalla y
comenzaron los dos simplemente a llorar y a llorar sin parar.
--¡No puede ser! ¡Eso no! ¡Eso no
puede ocurrir! ¡Es sólo un bebé! ¡¡¡Por qué pasan esas cosas!!!
Su madre quería abrazarlo tras el
bombardeo escarmentador
tecnológicamente triunfante, pero apenas le quedaba cabeza.
Estaba la pareja completamente
destrozada. Y en la pantalla hizo acto de presencia la agresiva cara de Alberto:
--¡Eh, aquí! ¿Qué tal? ¿Cómo os
ha quedado el cuerpo? Ha sido duro, ¿verdad? Hay que ver lo que hace un buen cabreo. Nada, son
las uvas de la ira, ya lo dice la Biblia. Pero, ¿no creéis que a estas imágenes
les falta
algo? Yo sí lo creo. Yo creo que están incompletas, ¿no? Les falta la traca
final y de verdad que me gustaría grabarla con mi videocámara. ¿Qué cara
tendrá, por ejemplo, la agonía de una crucifixión real? Tengo curiosidad por
saberlo, nunca la he visto en televisión. En todo caso, ¿sabéis quiénes
van a ser los protagonistas? ¡Sorpresa! ¡¿Vosotros?! Claro que sí. Vosotros. Mi
operación "uvas de la ira" también se va a cumplir. Y os aseguro que
soy más imaginativo que todos esos que acabáis de ver. Esto es realidad, Jaime.
Pero... ¿cómo os he localizado? ¿Preguntando? ¿Os podéis esconder de nuevo?
¡NO! Porque no tenéis tiempo. Disfrutad vuestros últimos momentos. Una
curiosidad, ¿hay vida después de la muerte? ¡Para qué tanta
intriga si se puede salir de dudas tan fácilmente! Agradecédmelo porque os voy
a dar la respuesta en un breve plazo de tiempo. Pero tenéis la obligación de
pagarme éste que es mi favor. ¿Cómo? Vais a conocer por primera vez en vuestra
acomodada vida lo que es sufrir. Yo sí sé de qué va ese tema gracias a
vosotros. Pero tranquilos, que pienso compartir mi experiencia ingeniosamente.
En definitiva, esto fue lo que se dio y así lo he dicho. Ah, lo que habéis visto
es resultado de vuestra depravada imaginación. Adiós.
--Qué mente enferma es capaz de
invertir tantas horas de su vida en coleccionar esa basura.
--La de un chulo y un farolero.
Jaime, saca la cinta. Voy a denunciarlo inmediatamente y ya ves cómo se cansa de
molestarnos.
--¿Cómo nos habrá localizado?
Nadie sabe que estamos aquí.
--¿Estará con Foster y espían a Mario?
--No, Alberto actúa así por odio
personal o porque es un anormal social. Nadie se comportaría con ese
apasionamiento por encargo.
--Pues no lo entiendo, Jaime. Es
imposible que sepa que estamos aquí. Creo que ha dicho algo de cómo nos ha
encontrado, ¿no?
--No. Vamos, nada en concreto.
Está bien, voy a mirarlo por si hubiera querido dar alguna pista.
Rebobinó la videocassette para visionar de nuevo
el discurso de Alberto, pero algo debió fallar ya que no se obtenía ninguna
imagen. Repitió varias veces una serie de comprobaciones para llegar a la
conclusión de que ya no había nada grabado en la cinta.
--Jaime, lo hemos visto los dos. Esto
tiene que tener su explicación.
--Aquí dentro tiene que haber
algún dispositivo de alta tecnología que esté camuflado en el mecanismo de la videocassette.
Utilizando un cuchillo a modo de
destornillador desmontó la videocassette
y localizó rápidamente un pequeño imán que había borrado la grabación de la
cinta magnética al mismo tiempo que era visionada.
--Si me hubieras hecho caso y no
la hubieras visionado, ahora tendríamos algo con qué denunciar.
--No se veía el imán desde
afuera, Jesa.
Estaba tapado por la pasta de la cinta.
--En todo caso, vaya papeleta que
tenemos con este pirao.
--No le llames loco.
--¿Por qué? ¿No lo es?
--No lo creo. Si le llamas loco
le estás llamando enfermo y eso es una injusticia porque hay que comparecerse
de los enfermos y cuidarlos. Y Alberto tiene consigo suficiente para
comparecerse y cuidarse. No está chiflado, Jesa, no, no lo está. Es un hijo de
puta.
--Pero tiene que estar zumbado, Iaime, porque nos
ataca y nos acusa sin haberle hecho nada, tú me dirás. Y la locura transitoria
de un gran enfado no dura tanto.
--¿Tú crees que necesita mucho la
chusma como él para pelearse? Cualquier malentendido, equívoco o excusa es
suficiente para liberar la rabia que les corroe a esa gentuza y quedar siempre
por encima en la pelea. Y si para quedar por encima en la pelea tienen que
matar al adversario, pues lo matan, pero también quedando por encima en el
orgullo y hasta en el victimismo. Jesabel, tienes que aprender a diferenciar a los pobres
sicóticos de los gentuzos
que quieren confundir a los demás dando lástima o justificándose. Que no te
engañen, Jesa,
siente sólo compasión por los que sufran injusticias verdaderamente, no por
todos los que lloren.
--Pero no me negarás que el
comportamiento de Alberto es enfermizo.
--Y dale. Claro, Alberto y los
que se le parecen son enfermos sociales. Él es un inútil y un incapacitado para
relacionarse adecuadamente con las personas. Un tonto, sin inteligencia social.
Un defectuoso, un mal diseñado. Es más, no es un asocial, es un antisocial que busca
y persigue a las personas para joderlas sin saber por qué. O simplemente tiene
más mala fe que los machos cabríos.
--Pero es preferible un malo como
enemigo que un tonto cabreado,
Jaime. Con el malo hay esperanzas.
--Los malos no tienen
inteligencia social y siempre acaban perjudicándose a sí mismos por rebote.
También son tontos de alguna forma. Se sienten listillos y sin embargo son
víctimas de sí, pero no lo reconocen y culpan a los demás. Como le ocurre a
Alberto.
--¡Y una mierda! --se oyó esta expresión
muy flojo, como procedente de un auricular.
Jaime y Jesa, estupefactos, buscaron por los
alrededores de donde provino ese sonido y ella, guiada por un leve resplandor
intermitente, localizó tras el televisor un teléfono móvil. Éste estaba
conectado a un accesorio y tenía activado la función de respuesta automática.
Jaime se lo puso al oído.
--Cuánta maldad llevas dentro y
lo bien que la has ocultado todos estos años. Eres el demonio --calificó
Alberto con una suavidad cínica.
--iSo desgraciao, déjanos en paz ya de una
vez! --voceó
Jaime con tanta vehemencia que le hizo toser--. Basta de tanta locura.
--Tranquilo, lunático. Esas no
son formas sociales. ¿Y tu urbanidad?
--¿Pero quién eres tú para
amenazar la vida de nadie?
--Quien roba a un ladrón... A mí
no me agrada la muerte de nadie. Pero qué otra opción me dejas. No quiero hacer
daño nunca, eso por descontado, pero si me atacas me tengo que defender, ¿no?
Es muy desagradable, ya, pero no depende de mí. Sólo me queda preguntarte ¿por
qué? ¿Por qué me has traído este infierno? ¿¡Pero qué es lo que estás
consiguiendo!? ¿Por qué me obligas?
--Nos aburres, Alberto
--intervino Jesabel.
--¡Yo también tengo mi amor
propio! –subió
Alberto el tono--. No merezco una vejación tras otra y tras otra. ¡Que me habéis
querido matar dos veces! Que buscaba tan sólo una respuesta y me agredisteis y
casi fenezco. Pero esto no se va a quedar sin justicia. ¡Justicia! Os
corresponde que os queméis vivos en el infierno, canallas, pero la justicia de este
Mundo se tiene que ejecutar en este Mundo y no lo voy a dejar pasar por alto.
Ojo por ojo. Debéis ser expulsados de la comunidad de los vivos.
--Que nos aburres, Alberto
--recordó Jesabel
--¡Tú eres la madre de todas las putas!
¿Cómo va tu estudio poblacional sobre las variaciones del pene blanco y su
comparativa con otras razas?
--Tú no estás loco, tú has
acumulado mucho odio por tu incapacidad y tu impotencia.
--No caigas en su dinámica, Jesa. Corta la
comunicación.
--Qué original. Qué lista está
hecha la payasa. Creo que se ha lucido, casi sí. ¿Te ha costado mucho, intelectualoide?
Ella, la que asegura que es inteligente. Pues yo creo que "eso" es
más tonta
que las mujeres. Lo digo por lo visto, científica de pacotilla, sucedáneo
patético de emancipada, belleza grotesca, kakarrutilla de mono. ¡Txakurraaa! ¡Txakurraaa! ¡Txakurraaa!
--elevó el tono de su voz amenazante y porr primera vez se apoderó el temor de
la pareja--. ¡Jaime
cabrón! Los hijos de puta siempre
triunfáis. Me voy a tener que volver un cabrón yo también. ¿Pero tú crees que
lo tengo difícil? En absoluto. Es muy fácil, mucho. Eliminaros es facilísimo,
tanto como agenciarme el cohete rompe-tormentas del agricultor que conocemos o
agenciarme la bomba de la guerra civil que guarda el pastor ese de allí de Barbastro. O como
comprarle la dinamita a cualquier fabricante de fuegos artificiales. Es muy
fácil. Ya lo veréis. ¿Qué tal una escopeta de caza o un arma del calibre 22?
Sólo es necesario no tener antecedentes penales para comprarlas.
--Por supuesto que sé que es muy
fácil --respondió acalorado Jaime--. Destruir es fácil. Mucho más fácil que
construir. Y más barato y rápido. Lo dice la segunda ley de la Termodinámica.
Derribar un edificio es mucho más fácil que construirlo. Acabar con una vida es
mucho más fácil que levantarla hasta que es autosuficiente. Matar no tiene
mérito, parir y criar si. Que se lo pregunten a cualquier madre. Atacar siempre
es más fácil que defenderse. Pero atacar es de cobardes. Defenderse sin atacar
sí tiene mérito. Actuar incorrectamente es el camino más fácil, cualquiera lo
puede escoger, pero a la larga es el menos fructífero. Pero si para ti es fácil
eliminarme, para mí también es fácil eliminarte. Tendría más mérito sólo
defenderme, pero no me apetece arriesgarme y elijo atacarte.
--Qué temor, ingenioso hasta la
sepultura. Pero hay una circunstancia que me favorece. Yo sé dónde os
encontráis y vosotros no sabéis dónde estoy. Esta ventaja la vais a valorar
enseguida. ¿A que esto es como para cagarse, Jaime?
--Ya ves.
--Sí, lo voy a ver yo.
Alberto colgó.
Jaime miró al techo mientras
respiraba profundamente y después marchó al cuarto de baño.
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Películas con alguna
similitud temática:
LOS
NIÑOS DE BRASIL, con Gregory Peck
FREEJACK,
sin identidad, con Miguel Estevez y Anthony Hopkins.
VIRTUOSITY,
con Denzel Washington y Russell Crowe
ALIEN
RESURRECTION (ALIEN IV), con Sigourney Weaver y Winona Ryder.
ABRE
LOS OJOS, de Alejandro Amenábar.
EL
SEXTO DÍA, con Arnold Schwarzenegger.
VANILLA SKY, con Tom Cruise y Pe
Novelas con alguna
similitud temática:
EL ENCUENTRO, de Frederick Pohl, 1999. Ediciones B, ISBN: 8440693389 (descatalogado).
ACLARACIÓN
Se
pueden encontrar algunas similitudes conceptuales entre La Ultraparadoja y las
bases de la organización Raeliana, pero nosotros no compartimos las finalidades
ilegales de dicha organización ni sus métodos sectarios. En www.rael.org y en www.clonaid.com esta potente organización ofrece
todo tipo de servicios de clonación, algunos todavía sin desarrollar por la
Ciencia. Actividades éstas que están prohibidas en la mayoría de los países. Y
todo en base a una nueva religión que asegura que la vida terrestre es producto
de trabajos genéticos de unos extraterrestres que desean volver. Además
pretenden clonar a Jesucristo a partir de los restos de la Sábana Santa.
Nosotros deseamos alargar EXTREMADAMENTE la vida humana, pero sólo en base a
resultados científicos y siempre en concordancia con la ley, que continuamente
es edificada por la voluntad del pueblo.
Nosotros
no consideramos la mera clonación celular como método de resurrección. Nosotros
somos más inteligentes.
ACLARACIÓN
II
Cualquier
parecido con los principios de la organización Rosacruz y de la organización A.M.O.R.C. es pura casualidad.
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