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ESTA PÁGINA ES CONTINUACIÓN DE LA ULTRAPARADOJA

LA ULTRAPARADOJA II

Acababa de discernir Jaime que sus sensaciones inmediatamente anteriores procedían de su propio interior, que la parte involuntaria de su Prefrontal había guiado unos instantes antes, en una creatividad liberada pero manteniendo relaciones lógicas, reproducciones de memoria de sus zonas Auditivas y Visuales, dando así forma a esos sueños. Pero sabía que ya se había iniciado el discernidor voluntario y crítico de su Prefrontal, completándose con ello toda su consciencia. Vamos, estaba durmiendo y acababa de despertarse. No obstante, con los ojos cerrados y ajeno a su entorno, gozaba perezosamente con la inmovilidad de su cuerpo y la ausencia de preocupaciones, dejándose llevar por momentos con las frases que todavía oía, siendo todas éstas de origen interno a su cerebro y externo a su voluntad. Jaime, consciente de su semivigilia, imaginó lo rentable que sería para la creatividad artística si se pudiera compaginar el esfuerzo reflexivo de la consciencia con las impresiones tan evidentes que estaba recibiendo, modelándose así directamente con la voluntad esas imágenes y sonidos tan directos y estables. Ante una posibilidad tan prometedora como ésta, hizo un intento por controlar esas imágenes y sonidos, pero como consecuencia de ese esfuerzo intelectual despertó Jaime por completo perdiendo dichas percepciones que ya ni siquiera podía recordar cuáles habían sido. En esta nueva situación, sólo podía inducir imágenes muy tenues y breves. Consideró entonces que también sería beneficioso para la creatividad literaria si las personas adultas conserváramos la fluidez imaginativa de los niños, pero desafortunadamente no es así.

Abrió Jaime los ojos y estaba todo muy oscuro, pero no se encontraba en su cama. Momentáneamente recordó su experiencia con Jesabel. No podía haber sido un simple sueño. Se levantó como pudo y a tientas descubrió que se encontraba en su cuarto de estar. Encendió la luz y en ese preciso momento entró en la habitación la deliciosa Jesabel.

--¿Has despertado? Ya son las ocho de la tarde. Anda, que debes estar muerto de hambre. Ven a la cocina, te he hecho una tortilla.

Jaime, embriagado por su suerte, aprovechó su derecho a abrazar y besar a su chica, que para eso era suya. Sin embargo, apreció en ella una respuesta discreta a su entrega.

--Mi vida ahora sí que tiene sentido.

Jesabel no respondió nada. Seguidamente Jaime pasó a la cocina a devorar su cena. Estaba sentado, con el torso descubierto y ligeramente encorvado. Jesabel, en silencio, miraba fijamente cómo deglutía ansiosamente Jaime y sin apenas masticar.

--Tú... ¿has cenado ya?

--Yo comí a las seis, ahora no tengo hambre.

--Pásame un par de mandarinas.

--Toma. Cógelas.

--Jesa, ¿vas a dormir esta noche conmigo?

--No era eso lo que tenía previsto.

--Pero yo necesito pasar toda la noche abrazado a ti.

--¿Sí? –la actitud de Jesabel era poco apasionada, como si disimulara alguna cohibición.

--¿Qué te pasa? Déjame adivinar, ¿Te duele la cabeza?

--No, no me pasa nada. ¿Por qué me lo preguntas?

--Quizás tengas alguna dolencia y todavía no sepas qué es.

--Vaya, pues en ese caso que me aconsejas, doctor.

--Para conocer el origen de los males se debe hacer un buen chequeo a fondo.

--¿Es doloroso ese chequeo?

--No, no. Ni hablar. Se requiere un estudio sutil y un análisis pormenorizado.

--Pues... dé comienzo usted a ese examen si considera mi caso como urgente.

--Sí, sí es urgente.

--¿Con qué prueba va a comenzar? Siempre exijo a mi médico que me tenga bien informada.

--Comenzaré tomando sus constantes vitales, empezando por tomarle el pulso. Señorita, debe usted relajarse. Así, respire profundamente.

--Doctor, doctor. ¿Puede usted tomar bien el pulso con ese contacto tan liviano de las yemas de sus dedos?

--Señorita, por favor, no cuestione su profesionalidad. Este es un asunto muy serio. Déjese hacer sin más. Observo cierta enervación en su pelusilla.

--Siento escalofríos, doctor. ¿Puede ser fiebre?

--No lo creo. Veamos su pupila. ¿Parece dilatada o la estoy observando muy de cerca?

--Dilatada, señor. Siento electricidad en los labios.

--¡Puede ser Excitabilidad! Debo verificarlo.

--¿Qué me va a hacer?

--A continuación paso a desvestirle los pies. Y ahora le froto las plantas de los pies con medio limón. ¿Qué siente usted?

--Ohh.

--Me lo temía. Excitabilidad. Hay que pasar rápidamente a la auscultación. Permítame que le retire estos ropajes para una mejor observación.

--Doctor, sea sincero, va a ser capaz de curarme o sólo va a agravar mi sufrimiento.

--Su mal va a cursar varias fases. En la primera usted dirá que cómo puede ser esto así, que ya no puede ser más... más... más... Y en la segunda un tormento le va a dar del bueno, del que no podrá decir que no... no... no... Al final, más tensiones usted no padecerá.

--Acométalo, pues, si estos requisitos previos hay que vencer.

--¡Shhhh! Silencio. Se me relaje, que le voy a sentir el corazón.

Nunca antes había conocido Jesabel tal grado de simpatía por el Universo. Mágico. Tras desabrocharle Jaime los pantalones y hacerle la prueba de la tos y la hernia, dio paso a una casi etérea digito puntura por todo su cuerpo sin menospreciar ni uno sólo de aquellos poros deseosos, decantándose más bien por las comisuras. Al final optó por la terapia de choque.

Finalizado el tratamiento y reponiéndose Jaime del esfuerzo consecuente con su celo profesional, éste quedó mirando fijamente a las pupilas de Jesabel mientras que con su silencio decía en su expresión muchas cosas. Ella también le miraba callada, pero se mostraba inexpresiva. Jaime inició muy lentamente una estudiada pero sincera declaración.

--Encanto, cómo puedo decirlo, yo sé que has influenciado mi vida y que a pesar de dolor que he sufrido estos años por haberte conocido y por no tenerte, sin embargo, he estado siempre muy agradecido por el simple hecho de haber sabido de tu existencia y de haber sabido cómo eras. Conocerte ha sido lo más grandioso para mí y aunque sólo he tenido de ti en este tiempo un deseo insatisfecho, me he deleitado mucho con sólo recordar tu forma de ser. De imprevisto, tú reapareces para sencillamente materializar mi sueño. Jamás hubiera podido imaginármelo así. Qué más puedo desear. Eres mi esperanza, mi "luz de amanecer".

Los ojos de Jesabel se inundaron y rebosaron al parpadear. Sus labios temblaban mientras presionaba intermitentemente su barbilla.

--Vaya, te he emocionado –en ese instante Jaime sintió un mal presentimiento y continuó su incursión sentimental, pero esta vez con una nueva intención--. Quédate a mi lado, por favor. Vivamos siempre juntos. ¿Te voy a tener siempre?

El semblante de Jesabel empalideció. No supo qué responder.

--¿Qué está pasando aquí? No entiendo nada. ¿Ocurre algo?

--Nada, qué va a ocurrir –expresaba Jesabel como buenamente podía--. Me he emocionado, es lo más directo que me han dicho nunca.

--No es motivo para llorar.

--Sí lo es –apretó sus labios tersando la piel sobre su mentón, ocultó su rostro en el hombro de Jaime y transformó en convulsiva su respiración.

--Tranquilízate. No merece la pena. Y además, me vas a poner perdido de moquete.

No surgió efecto la broma de Jaime. Fueron necesarios más de cinco minutos de sollozos hasta que fue recobrando progresivamente la serenidad. Tiempo éste más que suficiente como para que Jaime aumentara su sospecha de que tuviera algo que ocultar Jesabel, pero no quería violentarla preguntándole demasiado.

--Jesa, así va estando mejor. Eso quiero yo, que te tranquilices. Me vas a tener a tu lado todo lo que necesites.

--Gracias –se abrazó intensamente a él y después sonrió levemente y con auténtico afecto.

Tras la jornada laboral del Lunes, una como otra cualquiera sin nada especial que reseñar, Jaime se alegró al oir el sonido del timbre, siendo bien conocedor de que era Jesabel quien le estaba obsequiando con su agradable visita, pues no por esperada dejaba de ser menos estimulante su femenina presencia. Pero al entrar Jesabel... de nuevo esa inexplicable apatía en ella. Aquello no era natural, por supuesto que no. Forzosamente debía existir algún motivo indescifrable para Jaime que distorsionara el entusiasmo de la hasta entonces siempre vital Jesabel. Cuál sería su problema. Carecía de sentido que iniciara ella gustosa y apasionada una relación con alguien esquivo y difícil para, tras asegurarse esa relación, evolucionar repentinamente hacia ese estado de inquietud disimulada. Extrañísimo. Jaime llegó a sospechar que el inexpugnable acceso que suponía alcanzar su propia intimidad hubiera supuesto para la ambiciosa e imbatible Jesabel un reto más a superar, y que una vez alcanzado dicho reto simplemente se aburría. También pensó en la posibilidad de que su inexplicable personalidad supusiera una curiosidad psicoanalítica para Jesabel que arrastrara durante años y que al descubrir el mecanismo interno del misterioso pensamiento de Jaime hubiera quedado satisfecha esa curiosidad suya y... a otro asunto. Después concluyó que esas sospechas que se estaba fraguando eran solemnes estupideces. Ahora ya lo tenía claro, Jesabel como mujer que era, quería hacerse la interesante para intrigar a Jaime, pues es bien sabido que las mujeres sin ningún motivo, y ni tan siquiera haciendo uso de ningún contenido ni excusa, se muestran misteriosas y supuestamente complicadas a los hombres para que estos se vuelvan locos intentando comprenderlas. Esto lo hacen simplemente porque son así, porque les gusta y para que las mimen, o sea, para que ellos intenten descifrar qué es lo que les apetece. Y prueba evidente de que esto es verdad, es que siempre que un hombre desvela a una mujer que ya sabe cuál es el secreto de las mujeres, o sea, el propio secretismo en sí, éstas sonríen y no contestan nada. Y quien calla, otorga. Bueno, es una efectiva forma de entretenimiento. Y alimenta el morbillo.

--Jesa, te he hecho una copia de las llaves de casa para que puedas entrar cuando quieras. Toma –expresó Jaime recobrando la sonrisa.

--Bien. Te he traído unas avellanas y unos cacahuetes. Y un poco de miel.

--Gracias. Oye, que he pensado que como hoy está lloviendo podíamos ir al videoclub a alquilar una película. Tengo libertad para elegir la que quiera porque no he visto todavía ningún estreno este año. Estos dos últimos años.

--Fenomenal.

--¿De qué la quieres? ¿De comedia? ¿O la cojo de acción? De comedia romántica, de esas bonitas, ¿verdad?

--No, tú escoge la que quieras.

--Vamos, que me vas a decir que también te gustan las pelis de patadas y sangre.

--No, si sí me gustan. Las de intriga y las de terror me gustan más, no las soporto por momentos, pero voy a verlas al cine.

--Ah, vale. Vale.

--Es así.

--Que sí. Pero tienes que esperar un poco, necesito una ducha.

--Bueeno, aquí te espero.

Apenas transcurrido un minuto volvió Jaime vestido con ropa interior mientras ella hojeaba una revista sentada en el sofá.

--El calentador de agua, se me ha olvidado encenderlo. Eh... ¿cuándo vas a traer tus cosas a aquí? Te tengo que ayudar.

Un ligero y en apariencia trivial gesto de Jesabel encendió sin embargo la alarma en Jaime. Una rápida pero delatadora mirada de ella hacia arriba, con un arqueamiento de cejas y una mayor apertura de sus párpados, produjeron un sentimiento de culpa, como cuando se miente y o se está muy conforme con la situación. Jesabel mostró seguidamente una sonrisa discordante con la seriedad de sus ojos.

--Como tengo pagado el alquiler de todo este mes puedo hacer la mudanza cuando quiera. Incluso tengo tendencia de tener ocupadas las habitaciones para aprovechar el plazo que ya está pagado.

--Mujer, yo no te voy a cobrar nada por que estés conmigo. Es una tontería que ocupes hasta fin de mes las habitaciones, puedes venir ya mismo que no pierdes así ni un sólo céntimo.

--Sí, pero al estar ya pagado perdería así el servicio ya contratado, ¿no?

--¡Y tú eres la que me llama a mí pesetero! Anda ya. Me voy para la ducha.

Después de este teatrillo representado por ambas partes, o al menos por Jaime, se enjabonaba éste con el champú sobrante del cabello y daba forma a sus inquietudes con nuevos y pesimistas supuestos totalmente dispares entre sí. ¿No habría resultado del gusto de Jesabel? ¿Estaría enfadada por no haber encontrado Jaime todavía un remedio definitivo a su muerte? ¿Estaría triste, quizás, al haber descubierto el auténtico grado de enajenación mental de Jaime? ¿Estaría acaso ella sufriendo algún tipo de coacción? ¿Por parte de quién? ¿Era su deber averiguarlo? ¿No estaría en esos días especiales? Mejor no contrariarla en ese caso. ¿Tendría que volver a Japón porque no pudiera pagar su casa comprada allí con el sueldo de aquí? Pues que la venda. Lo que Jaime creía entrever en ella no era miedo, si no otro tipo de preocupación, más bien un temor a ser descubierta o a que le fracasara algún maléfico plan. No obstante... demasiado sofisticados estos planteamientos, quizás. La vida cotidiana suele ser más simple, por lo que Jaime comprendió que debía dirigir sus reflexiones a lo más sencillo que a su vez coincide con lo más posible. Nueva hipótesis. Jesabel estaba incómoda. Pudiera ser por arrepentimiento de sus últimas decisiones o bien por la nueva situación en la que se encontraba, pero ella estaba incómoda. ¿Y qué le puede incomodar a alguien después de haber tomado la decisión que le ha apetecido? ¿Un error de cálculo? ¿Una estrategia fallida? ¿No prever bien las consecuencias? Tal vez no fuese Jesabel tan precavida como él creyese y se hubiera dejado llevar por una necesidad instintiva o por no soportar más la falta de contacto afectivo, por lo que ahora ella estuviera temiendo haber hipotecado la libertad a la que ya estaba acostumbrada. ¿Por pasión irrefrenable... o por simple y asquerosa compasión? Ella retomó el contacto con él asistiendo al funeral de sus padres y vio a un antiguo compañero abatido y solo en la vida. Posteriormente le salvó en un "accidente de tráfico" y descubrió que no tenía ni familiares ni amigos de verdadera confianza. Y para colmo descubrió que ella era la única capaz de evitar que Jaime fuera manipulado y se viera en un asunto rancio. Ella sentiría el mismo afecto por él que una enfermera por un niño con síndrome de Down. Pero qué estraña asociación puede haber entre la compasión y el afecto de pareja; la que conocen aquellas personas que no parecen enamorarse hasta que no encuentran a la víctima que reúna los suficientes requisitos de desgracia. Pero Jesabel, al ser una mujer dinámica y con muchos proyectos personales, seguramente no podría detenerse ahora para dar continuos servicios a un señor treintón, sobre todo si éste ya careciese de problemas. Porque una relación basada en la compasión no puede prosperar ya que, o acaba enviciándose en una especie de subvención crónica, o supone un agravio para la parte menos agraciada. Pero tampoco es solución romper una relación que promete ser fabulosa. Jaime quería mantener a su lado a ese encanto de mujer llamado Jesabel y presentía que la mejor forma de conquistarla definitivamente sería aportando lo mejor de sí para enriquecer el mutuo beneficio. Que se sintiera realmente seducida sin poder hacer ella nada para evitarlo. Sí, ese era el objetivo. Pero qué podría necesitar la autosuficiente Jesabel o con qué podría sorprenderla o maravillarla en su sofisticación. Conociendo bien a Jesabel se sabe que su ilusión, su principal objetivo en su paso por la vida es ele de alcanzar un importante logro para beneficio de muchas personas o contribuir lo máximo posible en el camino hacia la mejora de todos. Y claro, eso sólo se consigue con mucho trabajo y dedicación. Y posiblemente ella temiera que, tras una preparación personal tan larga y laboriosa como la suya, ahora comenzase inevitablemente a formar... sí, a formar una familia, porque antes o después Jaime solicitaría tener hijos. Y una familia para una madre supone mucha dedicación y esfuerzos, lo que podría echar al traste parte de sus planes ya de sí bastante excluyentes. Pero la continuidad de la especie es necesaria aún en los países desarrollados y da sentido a la vida. Y el periodo existente desde que una mujer alcanza al fin una elevada formación y un gran puesto laboral hasta no poder tener hijos, ese periodo es extremadamente corto. Jesabel estaría verdaderamente confusa, tanto por necesitar asegurarse para el futuro el apoyo emocional de una familia propia, tanto por ser consciente de que sus excepcionales virtudes laborables debían ser de provecho y no quedar desperdiciadas por ocupar su tiempo en faenas domésticas. Jaime sintió que estaba obligado a demostrar a Jesabel que él la iba a apoyar en todo lo necesario de su vida familiar, y siendo consciente de lo importante de su trabajo. Si antes de terminar la carrera ya estaba ella trabajando en Aster Hispania, si no pudo terminar el doctorado porque un cazatalentos venido expresamente de Japón le hizo unas pruebas y la recomendó para trabajar en la Yokonaga y formarse en la prestigiosa I+D de Yokonaga en su central de Kyoto, si ella aceptó esa propuesta automáticamente a pesar de las reticencias de sus maravillados pero sufridos padres... cómo iba a frenar él ahora toda esa trayectoria en un mundo laboral tan veloz y competitivo como el suyo, en el que ella diseña hoy, por ejemplo, un microchip mejor para redes de móviles de tercera generación y mañana es una antigualla frente a un microchip molecular o algo así. Jaime debía convencer a Jesabel que sin ser una super-mujer podría compaginar su situación de madre y su don excepcional en el trabajo consiguiendo el tiempo necesario para todo gracias a la colaboración de él, su socio-amante. Jaime Uriel no sólo necesita ayuda, Jaime Uriel también contribuye al éxito de una nueva familia. La táctica a seguir por Jaime sería demostrar a Jesabel la serie de ventajas que le supondría convivir con él, un chico apañado, autosuficiente y colaborador. Cómo convencerla. Para empezar, la ventaja de su sinceridad y buena fe. Sí, la autenticidad de su amistad quedaba demostrada por el hecho de que si a esas alturas él decidía aceptar una relación seria debía ser necesariamente por un motivo noble, ya que ni había nadie ni podía haber nada que le obligase a tomar una decisión tan novedosa en él. Ni tampoco había nadie ni nada que le impidiese disfrutar de la aventura exótica que le apeteciera como para tener que complicarse la vida         con falsedades para enmascarar un ligue frívolo. Lo suyo era una decisión voluntaria y responsable Y si a esas alturas Jaime nunca había renunciado a los privilegios de su soltería y de repente sí lo hacía por Jesabel, es que debía haber algo especial en ella que mereciese la pena, algo que superase con creces las exigencias del más reacio. Otra ventaja destacable de vivir con Jaime y tener descendencia con él, además de su sinceridad, era la liberación que suponía su acomodado estatus de vida con unos ingresos estables y sin ningún agobio de hipotecas. Estas cosas también hay que tenerlas en cuenta. Otros tienen que buscárselas como pueden y renunciar a mucho, los pobrecillos. Pero con la capacidad económica que le construyó su trabajador padre, Jaime estaba en situación de ofrecer a Jesabel suficiente independencia en su tiempo como para que pudiera prosperar en su trabajo al tiempo de ser madre. El servicio doméstico existe y no aprovechar su privilegiada situación financiera sería de idiotas. ¿Cómo podría demostrarle todo esto sin ser demasiado directo? ¿Cómo convencerla realmente de la sinceridad de sus intenciones? Creyó Jaime hallar, haciendo uso de sus limitados conocimientos en psicología femenina, un método aceptable y pasó a ejecutarlo.

                   --Ya estoy listo.

--Vamos.

--No. He estado pensando mientras me duchaba que ya que vamos en coche seria mejor que fuéramos al cine. Parece lo mismo pero no lo es.

--¿Por qué?

--Porque ir al cine es más salir que ir al videoclub y está todo allí lleno de adolescentes que intervienen y te hacen saborear más la película. No pierdes detalle.

--Pero casi me tendría que haber arreglado más, ¿no?

--Queva. Si estás fenomenal. Venga.

--Vale, vale.

Sin más dilación partieron hacia los minicines y conversaron durante el trayecto.

--...pues ya te digo, cuando la veas ahora en la película fíjate en el palmito que luce. Nadie diría que unos meses antes estaba de parto.

--Las estrellas se operan todo lo que quieran operarse.

--Sí, pero esas mujeres encuentran tiempo para todo, para cuidar su cuerpo, para trabajar, para tener familia... ¿Cómo lo harán?

--Puf. Esas cambian pocos pañales.

--Están montadas en el dólar, hacen bien. ¿Tú no harías lo mismo?

--Cuando sea una estrella de cine te lo diré.

--Sí, harías lo mismo. Pues no es tentador ni nada poder conseguir todos los objetivos de la vida: triunfar en el trabajo, ser admirada, acudir a todas las fiestas, viajar por el Mundo... y dar una imagen seria de madre de familia.

--Claro. Quien pueda hacerlo, que lo haga.

--Eso si es cierto, la mayoría a trabajar, a economizar y a preguntarse si terminarán de pagar sus hipotecas allá en la madurez de sus vidas. Y además faltando tiempo para todo y teniendo que renunciar a muchas ilusiones. Qué diferencia.

--Sí.

--Y suelen ser las mujeres las que renuncian a más, sobre todo por sus hijos.

                   --Sí.

--Bueno. Pues, nada. La vida —Jaime ya no encontraba forma posible de extraer las opiniones y preocupaciones de Jesabel. No podía decirle directamente algo así como: «Soy un chollo. ¡No tengo hipotecas! Conmigo puedes ser una respetable madre y teniendo tiempo suficiente para desarrollar tus inquietudes profesionales igual que las estrellas de cine. Siéntete realizada. Sí. Fundemos una familia, pues. Yo te la puedo costear." Pero Jaime necesitaba garantías sobre el futuro de su relación con Jesabel--. Ya tenemos las Navidades aquí, en dos semanas NOCHEBUENA. La pasarás con tus padres, supongo.

--Por supuesto. En eso no puedo elegir. Es sagrado.

--¿Os juntáis muchos en casa?

--No, los justos, los de siempre. Mi hermana, mi cuñado Jose, mí hermano pequeño, su novia...

--Yo... no sé si... creo que lo voy a pasar fatal, porque tengo muy reciente lo de mis padres y los voy a recordar mucho.

--No me digas eso, Jaime.

--¿Y si pasara la Nochebuena con vosotros? No, sería demasiado brusco, ¿verdad? Yo no quiero ponerte en un apuro, debes elegir tú cuándo me debes presentar a tus padres. Pero... no somos precisamente jovenzuelos. Tú me entiendes. Lo mismo podría ser un buen regalo de Navidad que les hicieses. Yo, desde luego, ya no puedo hacerles ese regalo a mis padres —extrañamente Jesabel se limitó a abrir lentamente su boca con los labios relajados mientras miraba fijamente hacia el asfalto--. Mi madre siempre tuvo esa queja conmigo. Pero yo no quiero forzarte, es elección tuya buscar el mejor momento para que me conozcan.

--Yo he acostumbrado a mis padres a que no me exijan nada. Soy yo la que dispongo siempre. Que decido irme a Japón, pues me voy. Y ellos lo único que hacen es despedirme en el aeropuerto.

--Eso es injusto. A ti siempre te han dado todo lo que has querido como para que pases de sus opiniones. Quizás no se valore tanto a los padres como cuando ya no los tienes. Yo siempre estaba a disgusto con mi madre y apenas veía a mi padre, y cuando lo veía era frío, daba órdenes y sólo hablaba de sus negocios. Pero es ahora cuando aprecio todo lo que me han ofrecido.

--Eran mayores tus padres, ¿no?

--Sí. Mi madre sufrió muchos abortos antes de conseguir tenerme a mí. Por eso valoraba tanto la descendencia. Yo... llegué a sospechar que mi padre estaba decepcionado conmigo por alguna razón desconocida, pero un día sin avisar me compró con sus ahorros un coche y esta casa. Y mi madre, los muebles. Yo me quedé atónito, de verdad. Debe ser que cada cual muestra sus sentimientos a su manera.

--Me estoy imaginando a tu padre como a un hombre duro, como a Clint Eastwood o algo parecido.

--Sí, con apariencia áspera pero sólo haciendo cosas positivas. Imagínatelo con las mejillas hendidas.

--¿Sí?

--Sí. Eh... ¿saben ya tus padres que estoy saliendo contigo?

--No lo sé. He hablado esta mañana con mi hermana y se lo he contado todo. Pero seguro que no dirá nada a mis padres hasta que no se lo cuente yo a ellos.

--No, si yo lo digo porque quizás no sea conveniente que me presentes el mismo día de Nochebuena. Seria mejor que me conociesen antes —abrió considerablemente sus párpados Jesabel—o después.

Jesabel giró rápidamente su rostro hacia Jaime y seguidamente sonrió elocuentemente.

--Sabes que te digo, que les voy a dar una sorpresa que no la van a olvidar. Llamo a mi hermana y si todavía no ha contado nada le pido que guarde el secreto. Y el día veinticuatro nos presentamos los dos. Quiero ver qué cara ponen cuando te vean.

Ella estaba sobreactuando. Demasiado evidente. Era una pésima actriz que se atrevía a forzar absurdamente una ridícula sonrisa aún brillándole los ojos y aún fallándole la voz en algún momento. Su gesto facial era muy falso pero su mirada mostraba claramente una llamada de auxilio, como si veladamente suplicara algo que no pudiera manifestar directamente, como si quisiera pedir... "sígueme esta farsa, por favor, no soy sincera, quizás lo notes, pero no me obligues a sincerarme que no tengo suficiente valor, dame juego, hazme ese favor".

--¿¡Qué cara van a poner con lo bien presentado que soy yo!?

--Pues por eso mismo lo digo. Estoy impaciente.

Cuando una persona llega a esta sufrida situación es porque teme verse descubierta en sus engaños, tanto si éstos son provocados por circunstancias ajenas a su responsabilidad, como si se deben a su propio cinismo deshonroso y egoísta. En todo caso cuando otra persona consigue rozar la raíz de la falacia del atormentado mentiroso, éste explota emocionalmente contándolo todo porque continuar con la angustia de sostener la falsedad llega a ser insoportable, por supuesto más duro que afrontar la incomodidad y la vergüenza de sentirse expuesto al juicio acusador tras ser descubierto. Evidentemente, Jaime aún no había tocado el origen de la posible falta y del seguro desaliento de Jesabel que provocase sus confesiones. Pero llega un momento en la vida de un hombre en el que debe poner los puntos sobre las íes. Aún suponiendo que ella sufriera algún chantaje, que es demasiado suponer, su comportamiento estaba siendo pésimo. Su falsedad incluso podría haberla utilizado desde un principio. Y en ese caso, ¿por qué tenía que haber acudido a Jaime? ¡Efectivamente! Absolutamente todo era una farsa en Jesabel. Qué estúpido de Jaime. Le habría seducido con fines innobles. ¿Cómo     no lo había captado antes? Jaime recordó el día en el que Alberto le hizo su visita. Cuando Jaime se encontraba después en su casa decidiendo qué actitud tomar, ella hizo un acto de presencia muy oportuno, pero no hay explicación para el origen de aquella visita, salvo que ella estuviera buscando un encuentro sentimental. De hecho, unas tres semanas antes, cuando ella fue a casa a darle el pésame por la muerte de sus padres, más que extrovertida se comportó provocadora, por lo que la reacción impulsiva de Jaime estaba bien justificada y no era motivo de vergüenza. Seguramente se sintiese ella insegura en aquella situación por el ímpetu excesivo de la respuesta de Jaime y se viese en la necesidad de abandonar la escena. Pero pasados unos días ella volvió a retomar el contacto, en un momento providencial, eso sí, pero fue la supuestamente agraviada la que le llamó a él; detalle que se debe tener en cuenta. Y tras la lamentable experiencia con Alberto, ¿por qué fue a visitarle a la Clínica? Pudo perfectamente visitarle ese mismo día por la tarde en casa. Y... ¿no se presentó, además, demasiado provocativa? Cada cual tiene su estilo de vestir, pero ese       escote más bien rebosaba alegría, exuberancia, ternura y alimento para la fantasía;
y Jesabel era bien consciente de ello. Y en un solo momento de debilidad, Jaime ya estaba emparejado. La "cariñosa" de Jesabel se alegró mucho por la nueva situación y sólo dos días después ya estaba mostrando una expresión ácida. Incomprensible. Bueno, se sabe de personas que cuando toman confianza muestran su verdadera personalidad que nada tiene que ver con la imagen que venden a todos los que no consideran incondicionales; Alberto, por ejemplo. Pero Jesabel, o se encontraba en una incómoda situación imprevista o ya había culminado algún objetivo deshonesto. ¿Un despecho, quizás? ¿Habría querido desquitarse de alguna afrenta por infidelidad o abandono del hombre al que realmente quería y una vez conseguido le molestaba la nueva relación con Jaime porque ni le hacía ilusión ni le hacía olvidar? ¿O estaba arrepentida porque sólo había querido provocar celos y se le había ido el asunto de las manos?

--Jaime, ¿en qué estás pensando?

--En nada. Bueno, sí, en lo que se piensa cuando no se está pensando en nada. Ya sabes.

--Vale. Que sigas disfrutándolo.

Evidentemente no le apetecía nada a Jaime que le llegara un marido burlado golpeando a diestro y siniestro. De cualquier modo aquello había llegado ya a un punto en el que Jaime debía afrontar los problemas directamente y por ello estaba obligado a exigir explicaciones a Jesabel. No obstante, Jaime no quería ser demasiado brusco por si sus sospechas no fuesen reales.

--Tus padres van a ver a un yerno bastante hecho.

--¿Cómo? Oye, no te pases, que tenemos la misma edad y no es para exagerar.

--Jesabel, tengo que decirte algo.

--Dime.

--Lo sé todo.

--¿Cómo?

--Hablas en sueños y estoy enterado de todo.

--¿De qué todo?

--De todo lo que me has ocultado —Jaime frunció su cejo y Jesabel hizo desaparecer su forzada sonrisa por un instante para enseguida continuar con ella.

--Y ahora que lo sabes... ¿me vas a castigar?

--Sí.

--¿Cómo?

--No se.

--¿Vas a ser severo?

--En la misma medida de lo que me has ocultado. ¿Te parece a ti que tengo motivos para ser duro?

--Juzga tú, que eres el ofendido.

--Rememora si puedes cómo ha sido tu engaño y valora lo que has hecho. Vamos, que quiero verte cantando tus culpas. ¿No tienes valor para decirlo a la cara?

--Pero bueno, si ya sabes lo que hay, que necesidad tienes de que lo cuente.

--Yo quiero oírte decirlo. Dame ese gusto.

--Dilo tú, qué más da.

--Sé que no me quieres a mí. Sólo quieres mi cuerpo —hizo sonreír con autenticidad a Jesabel contagiando a Jaime.

--Deseo tu cuerpo y me gusta estar contigo, bobo.

--Vamos, confiesa, tú estás casada.

--¿No me digas que te hubiera dado morbo que hubiera estado casada? Pues, no. Lo siento, pero no acostumbro a engañar maridos. Cuestión de costumbres, ya sabes.

--Ya lo tengo. Estás buscando novio para una buena amiga, yo te parecía adecuado, se te ha ido el asunto de las manos y me has probado demasiado; y ahora que ya me habías ofrecido a tu amiga, no te agrada tener que entregarme a ella.

--Qué desastre, tú estás... No aciertas nada. ¿No decías que hablaba en sueños?

--Sí, pero no se te entiende nada.

--Ya veo. ¿Qué te pasa? ¿Te parezco misteriosa?

--Más bien injusta. Me obligaste a desvelar mis secretos más personales con riesgo de burla o juicio moral. Me hablaste de lo bonito de la sinceridad. Y ahora veo perfectamente que me estás ocultando algo. Y como la imaginación es libre.....

--Lo siento. Estoy atravesando una crisis laboral-personal y me lo estaba rumiando yo solita por no perjudicarte con mis cosas. Insisten en que vuelva a Kyoto, pero yo no quiero, no.

--Pues si realmente no quieres, no hay problema. No te pueden obligar.

--Claro que no. Me disgusta mucho tener que quedar así con ellos después de lo que les debo, pero no me hace ilusión anidar en tierra extraña.

--Tú ponte en tu sitio, que no se diga.

--Claro que sí. Ya tenía previsto ir pasado mañana a entrevistarme con un jefecillo y convencerle de que aquí también puedo ser muy útil para la empresa.

--Y si no, con el currículum que tienes también puedes trabajar en cualquier otro sitio.

--Ya veré.

--¿Para qué te necesitan en Kyoto?

--Petrosky me solicita como colaboradora. Está muy entusiasmado con su nuevo proyecto y quiere colaboradores para finalizarlo lo antes posible. Ya se sabe, las ideas que pueda tener él también las puede desarrollar cualquier otro investigador de la competencia. Y Petrosky prefiere la presencia física de sus colaboradores para no perder tiempo, realizar los experimentos directamente y discutir los resultados entre todos conforme vayan surgiendo.

--¿Tan imprescindible eres?

--No.

--¿Y de qué va ese proyecto?

--¿Cómo dices? —sonrió--. No te lo puedo contar.

--¿Y eso? ¿Tú me ves con cara de espía industrial o algo parecido?

--Tengo mi deber de discreción.

--Sí, claro, como que yo me voy a enterar mucho de los aspectos técnicos.

--No, es... ¡¡Será posible!! —gritó Jesabel al tiempo que apretaba con insistencia el claxon--. ¡Vaya una payasa! ¿Has visto lo que ha hecho?

--No.

--Se ha metido cuando parecía que... Será deficiente la tía. Las idiotas como esa son las que nos dan mala fama a las conductoras. No, si se parará en el medio.

--Yo creo que va hablando con el móvil.

--No me extrañaría.

--¿De qué va ese proyecto tan importante?

--Sí. Son... microchips ópticos.

--¿Cómo?

--Pues lo que acabas de oír, Jaime. Un nuevo modelo de microchip óptico. No sé muy bien qué es lo que pretende Petrosky.

--Claro, con la luz debe ser más rápido el procesamiento de información.

--Sí, eso es. No quería decirlo, pero has dado en el clavo. Un procesamiento de información más rápido y mucho menos espacio de material electrónico. Se alcanzaría el tamaño mínimo posible en la construcción de ordenadores.

--Y cómo se consigue, ¿con cristales?

--Sí, con cristales refractarios, sí.

Ella sí que estaba hecha una payasa. ¿¡Microchips ópticos con cristales refractarios!? Qué estupidez. Jaime no salía de su asombro al comprobar la imagen que tenía de él Jesabel. Ella creería que la idiotez de Jaime era tal como para aceptar que el procesamiento de información se pudiera hacer con ¡cristales refractarios! Como si Jaime fuese tonto, como si él no supiera que los microchips ópticos son también de silicio. ¡Todo el Mundo lo sabe! Jesabel, la listilla, la que se cree que puede ir engañando a los demás sin que se le note, ahora sí que se estaba embrollando en sus propias mentiras y sería capaz de inventarse cualquier bobada. Ni Petrosky tenía un nuevo proyecto, ni ella debía marchar a Kyoto, ni estaba preocupada por nada de esto. ¿Hasta dónde quería llegar? ¿O sólo pretendía ganar tiempo? Si estaba dispuesta a marcharse sin decir nada, eso demostraría que era una cobarde incapaz de afrontar la vergüenza de reconocer sus mentiras. Ella estaba dispuesta a mantener las mentiras de cualquier modo, aún si fuese evidente su falsedad e incluso si rozase el ridículo. Pero.... ¿qué era lo que ocultaban sus mentiras originales? Debía ser algo grave como para que Jesabel las mantuviera a cualquier precio. Si las había ideado ella voluntariamente para manipular a Jaime, debería ser para obtener un gran beneficio personal, lo que la dejaría en una posición pésima. Pero no encajaba que una mujer supuestamente tan cínica y tan fría repentinamente llorara de verdad y ocultara el porqué de ello a sabiendas de que así arriesgaba sus sofisticados planes. Más posible sería que ella estuviera realmente arrepentida de sus actos y sin embargo continuara presionada por... otras personas. ¿Y toda esta sofisticación para aprovecharse de Jaime? ¿Tan valioso era él? Jaime no se imaginaba así de interesante como para tanta complicación. El asunto podría ser aún más serio. Jesabel podría estar tan amenazada y coaccionada que no se atreviera a denunciar. Incluso podría ser por motivos ajenos a Jaime. ¿Amenazada por quién? ¿Por Alberto? Claro, él estaría con la libertad condicional y querría vengarse de la trampa en la que cayó aterrorizando a Jesabel. Jaime no lo iba a consentir, pero necesitaba encontrar rápidamente la forma de verificar esta "penúltima" sospecha antes de precipitarse. También debía hacerlo con tacto para no agravar la ansiedad de Jesabel y para que no le considerara como otro motivo más de preocupación. Por ello no podía preguntarle. Quien sí le podía poner al corriente de todo era sin duda Natalia. Ella sabría si Alberto continuaba encarcelado.

--Me muero de ganas de ver cómo se encuentra Natalia.

--Ya te comenté cómo está.

--Sí, pero quiero verla en persona, ver cómo se recupera.

--No puedes arriesgarte. Debes esperar más tiempo, aún es pronto y nadie te debe relacionar con Natalia.

--¿Por qué? Si Alberto ya cambió la declaración.

--La puede volver a cambiar. El es así de especial. Si quieres puedo volver a visitarla.

--Tú decides.

--Vale. Mañana por la tarde puedo ir a verla. Y dentro de varios días vamos los dos.

--Me parece muy bien.

Jaime temía caer en la paranoia obsesiva y para evitarlo dejó de buscar más supuestos. Se convenció a sí mismo de que su principal objetivo era visitar lo antes posible a Natalia y preguntarle por todo lo que supiera. Y lo iba a hacer a la mañana siguiente adelantándose por supuesto a la visita de Jesabel.

Unos minutos después llegaron al cine y dejándose influenciar por el título eligieron una película diferente a la prevista. "Amparándose en su asesino" se llamaba. Su complicada trama sobre el mutuo engaño entre las dos partes de un joven matrimonio impedía que Jaime olvidara las dudas que le asaltaban. La facilidad y eficiencia con que la parte femenina dirigía, reconducía y manipulaba a su marido le estaba reconcomiendo los intestinos a Jaime. De una forma más tosca y directa la parte masculina cuidaba de disfrutar de sus deslices mientras que su esposa simulaba no estar enterada de nada. Observando la capacidad de odio y de resentimiento de ella y el ímpetu exacerbado y la facilidad colérica de él, no era de extrañar que en esa película acabaran desarrollándose acontecimientos de violencia extrema, lo cual iba a terminar de minar los nervios de Jaime. Cuando la jovencita esposa estaba ideando un plan junto con su amante para "olvidarse" de su marido, éste acababa de leer una noticia en la que un marido paranoico había intentado quemar a su esposa, tras lo cual él... pues decidió marchar a una gasolinera. Jaime se levantó sobresaltado.

--¿Adónde vas?

--Al servicio, tengo necesidad.

--No tardes, te cuento después qué ha hecho el malo.

--¿Malo? ¿El único malo? —se sentó otra vez.

--Sí, el malo de la película, claro. Él es tan inútil que no es capaz de vivir sin ella, pero tampoco puede convivir con ella de forma normal. Menos mal que lo van a matar entre los dos.

--Pero si ella se ha encaprichado de otro y ahora quiere deshacerse del ahora "pesado"

--Pero toda persona tiene derecho a tener ilusión y vivir enamorada. Si el marido se lo niega...

--El mismo burlado también tiene ese derecho con ella, ¿no?

--Pero si tiene esa necesidad, que la hubiera demostrado desde un principio y no se hubiese comportado siempre como un borde. Ahora lo va a empeorar todo siendo más borde.

--No es tan extraño que se enfadara a veces; ella lo único que ha aportado desde un comienzo han sido quejas, lamentaciones, criticas, acusaciones y órdenes. Sólo se ha casado con él por interés propio y para manejarlo.

--No es cierto. El es un violento egoísta que cuando ha tomado confianza sólo quiere tiranizar a la pobre. Ella hace bien con buscar protección.

--Está bien, para ti la última palabra —murmuró Jaime.

--¿Cómo has dicho?

--Nada, no he dicho nada. Que me voy al servicio.

Una vez en el habitáculo, sin poder soportar más la intriga, cogió su móvil y preguntó en Información por el número de teléfono de la señorita Natalia Gómez Figueroa. Ella no figuraba en la relación de teléfonos. Decidió entonces probar suerte con el Directorio de Móviles de Contrato. Aquí sí hubo una respuesta afirmativa. Sin más dilación marcó el número de Natalia.

--Dígame.

--¿Es ahí Natalia?

--Sí.

--Soy Jaime, ¿cómo te encuentras?

--¿Perdón? ¿Quién es usted?

--Jaime. El doctor Uriel Campos.

--¿Quién dice?

--Yo, ¿no me recuerdas, Natalia?

--¿Eh?

--Ya sabes.

--¡Oyayayayy, qué sinvergüenza, que no sé qué me dice este tío de un doctor Uriel...! —gritó escandalizada--. ¡Venga ya! ¡¡Sinvergüenza!! ¿Qué voy yo a conocer a un doctor de nada? So desgraciao, vas a ir con rollos a tu madre, cabrón. Se lo voy a contar a mi marido cuando venga que es un hombre como debe ser, hecho y derecho.

Se le heló la sangre a Jaime. Reconoció perfectamente aquella característica voz. A pesar de haber transcurrido más de veinticuatro años sabía que aquella voz pertenecía exclusivamente a Natalia, y nada tenía que ver con la voz de aquella mujer que se había hecho pasar por ella unos días antes. En ese instante el suelo comenzó a moverse, a dar pequeños saltos junto con las paredes y el techo. Jaime supuso que aquello era el inicio de un temblor de tierra o un fallo en los pilares del edificio. Pero enseguida comprendió que ese fenómeno tenía origen en su interior y que esos aparentes saltos de su entorno coincidían con los fuertes latidos de su pecho, siendo todo ello una manifestación de su gran decepción. Jaime comenzó a golpear violentamente su cabeza con repetidos manotazos y puñetazos sin sentir dolor físico. En algunos momentos su vista se quedaba en blanco. Desde la película que se estaba proyectando se oían duros insultos y amenazas, fuertes gritos y una música enloquecedoramente alta y tremendista. Mordiéndose su mano derecha y con los ojos encharcados Jaime increpaba tanto a Jesabel como a Alberto por su complicidad. No obstante, se serenó repentinamente y se dijo a sí mismo: "¡Pero sí estoy fabricándome un drama de una simple equivocación! Son todo imaginaciones, estoy seguro. Yo sí que soy un paranoico; no tengo pruebas concluyentes y ya estoy sospechando de Jesabel, que es realmente un ángel". Jaime cogió de nuevo su móvil y llamó al Hospital de San Jorge en Huesca.

--Hospital San Jorge, ¿qué desea?

--Sí, mire... Yo, quería saber si fuera tan amable... si me pudiera decir quién es el médico que está en sustitución del doctor Camero, no recuerdo su nombre en estos momentos.

--Sí, pero... ¿qué es lo que necesita usted? ¿Es una urgencia?

--No. Mire. Quiero saber... Quiero hablar con quien está sustituyendo al doctor Carnero. Fui atendido por el doctor Camero y como tuvo él ese percance con la Ley...

--No estoy entendiendo nada. ¿Desde dónde llama? No le oigo bien.

--¿Está ahí... el doctor Camero? ¿Puedo hablar con él?

--Lo siento. Pero creo que se está usted equivocando. En este Hospital nunca ha habido ningún doctor Camero.

--¿Seguro?

--Hombre, pues... sí. No sé cómo puedo yo... ayudarle.

--Oh, perdón. Ya no le molesto más. Hasta luego.

--Hale... adiós.

Se le fue encogiendo el estómago a Jaime subiéndole por ello un amargo sabor, al tiempo que se alojaban en su vientre unos dolores muy agudos que le hacían percibir con gran claridad las formas y contornos de todos sus intestinos. ¿Por qué esas mentiras de gran calibre? ¿Por qué una trama tan extremadamente compleja y enrevesada para...? ¿Para qué? Jaime no entendía qué interés podía haber en él como para invertir esa cantidad de esfuerzos y de medios. ¿Una estafa de envergadura, quizás? Ciertamente resultaba difícil imaginar que Alberto y Jesabel hubieran podido desarrollar por sí solos una utilización del buen hacer de Jaime tan rematada y perfecta. El único indicio que había despertado las sospechas de Jaime fue la preocupación aparentemente injustificada de Jesabel, provocada ésta por algún elemento distorsionador tan duro que le fuera imposible disimular a pesar de todos los esfuerzos invertidos. Posiblemente sería un acontecimiento imprevisto por parte de Alberto o de terceras personas, lo cual no disminuiría el grado de culpabilidad de Jesabel ni suavizaría la decepción de Jaime hacia la más cínica, manipuladora y desalmada. Las personas así no merecen la pena. Qué clase de mente puede fingir preocupación por el estado de ánimo de un compañero que sabe que es propenso a la depresión cuando lo va a manipular. Cómo se puede expresar sin sentir nada declaraciones como "la sinceridad y el apoyo entre todos nosotros es lo único que tiene valor", "tienes aquí a alguien en quien confiar", "lo bonito en una relación profunda es que dos almas lleguen a conocerse totalmente, "yo a estas alturas busco algo que me llene", "hemos nacido para desarrollar un destino común y vivir siempre juntos", "te pido que seas sincero y que me cuentes todo de ti"... Jaime al recordar estas hermosas palabras faltas ya de sentido se sentía aún más afligido. Y la maldita película insistía con chillidos y con una violencia verbal poco aconsejable. Volvió a morder lenta e intensamente su mano derecha y se sentía estúpido por su ingenuidad y su confianza temeraria. Aquello no tenía que haber pasado. Con qué derecho había regresado voluntariamente Jesabel a la vida de Jaime para despedazar ella misma el mito que había idealizado su existencia. Su fe en las personas maravillosas se estaba desmoronando porque la falsedad es la peor de las maldades, ya que juega con los sentimientos y con la buena fe de los demás y siembra desconfianza hacia todo. A Jaime le parecía imposible que la mejor persona de todas fuese realmente la peor, pero estaba aprendiendo a mirarla desde otra perspectiva, y donde antes veía atractivo natural ahora descubría sólo seducción artificiosa y ridícula. Ella se había transformado para él en una extraña con sus motivaciones extrañas que siempre había vendido una imagen cercana pero falsa. Inoportunamente se endurecía el enfrentamiento verbal de la película, incidiendo ello en Jaime y acrecentándole su malestar. Él oía voces agresivas que decían: "Si tú eres peor que las putas, por eso tienes esa expresión tan dura, por el odio que sólo tú sabes tener y por la maldad que te corroe por dentro. Que las putas contratan sin escrúpulos su cuerpo y su erotismo a quien les pague, pero las golfas como tú no os vendéis, si no que estafáis fingiendo sentimientos que no conocéis. Que ni siquiera os satisface vuestro puteo con unos y con otros, que lo que más bueno os está es vuestra burla de quienes estafáis y robáis aprovechando las leyes de separación que vosotras mismas defendéis y os hacéis. Pero de mí no se ríe nadie, traidora. Que prefiero antes sacrificar mi asquerosa vida que te has encargado de crearme, que verte triunfante con mi dinero, zorra. Porque te digo una cosa, es más honroso para mí ser un suicida loco que un payaso del que se rían todos. Y claro, en criminal no me puedo convertir porque ya me has criminalizado con tus denuncias. Anda, defiéndete ahora con tus armas de mujer, sedúceme, que ahora sí que estás guapa de cojones. Eso mismo, llora, casi me estás convenciendo, estoy casi enternecido. Quizás si lloraras más te saldrías con la tuya. Vamos, inténtalo, te puedes salvar, ¿te ayudo? Sí. Así mismo, así lo haces mejor. Eso. Ay, pobrecita la zorrita, qué desconsuelo tener un marido tan injusto que se enfada sin motivo por algo tan inocente como la manipulación de su vida, luchando siempre por proteger y satisfacer a SU mujer, la que le tenía preparado el divorcio desde un principio. Qué lastimita. Lo siento, ¡qué se te acabó el chollo, golfa! ¡¡Guarraa!! Tú no lo vas a ver, pero al anormal de tu Nacho también lo voy a despedazaar." Jaime quedó impresionado por tanta violencia verbal e incluso llegó a temerse a sí mismo. Pero también imaginó a Jesabel y a Alberto amándose verdaderamente y elucubrando en sus momentos íntimos los pormenores del timo que le iban a practicar. También imaginó a una Jesabel viciosa y temerosa de que el chulo de Alberto sospechara algo sobre su desliz con Jaime, fruto éste quizás de su "celo profesional". En esos momentos comenzó a latirle el cuello y las sienes. Bruscamente abandonó el pequeño habitáculo con el objetivo de terminar de destapar toda la farsa, y siendo de sutil para ello, pues... solamente en el grado que requiriesen las circunstancias. Al cruzar por el espejo de los servicios se detuvo para descubrir una imagen nueva en su expresión. Era más que palidez, carecía de color en la piel y sus cejas no estaban arqueadas, si no más bien se mantenían subidas sobre el punto de      entre el tercio exterior y el tercio medio de cada una de ellas, acompañadas en su levantamiento por las consiguientes arrugas en la frente; como si hubiera algo naciente en la frente que las estirara hacia arriba en esos puntos. Sin más, marchó decidido al encuentro de Jesabel.

--Te estás perdiendo lo mejor, Jaime. Casi mata a la pobre chica, pero en el último momento la ha salvado su novio.

--Jesa, vámosnos.

--¡Cómo dices! Pero si ahora viene lo más interesante de la película.

--No puedo soportarla más.

--Pero bueno, si es sólo una historia ficticia. Eres demasiado sensible.

--No. Creo que estoy enfermo, me siento muy extraño.

--Tienes mala cara. ¿Vamos a Urgencias?

--Sí, vamos.

Estando ya en el automóvil...

—No se puede estar nunca bien del todo, Jesa. Siempre tiene que haber algún problema.

--Sí, es la salsa agridulce de la vida. Pero tú, tranquilízate.

--Quiero creer que no me está pasando nada grave.

--¿Te sientes muy mal?

--No, es un malestar general. A veces, los propios sustos son los que más perjudican.

--Sí.

--Y las personas que ya tienen cierta edad envejecen mucho con los disgustos. Imagino que a la madre de Natalia se le habrá notado bastante el palo de la desaparición de su hija.

--Si, la verdad es que sí. Pero parece como si ahora estuviera rejuveneciendo un poco.

--Jesabel, dime, tú llegaste muy oportuna a mi casa cuando Alberto me quería involucrar en su problema con Natalia, ¿pero a qué fuiste a mi casa?

--¿Yo? Acababa de llamar por teléfono a la madre de Natalia e iba a marchar a Huesca para ayudar en lo posible. En las desapariciones toda ayuda es poca. Y no quería que en esa ocasión también desconocieras el drama de una compañera tuya. Sólo fui a contarte lo que había pasado.

--Eres muy detallista. Gira por ahí, se llega antes al Hospital. ¡Ay, Dios! —gritó tocando con la palma de su mano la parte anterior de su cabeza--. Creo que esta dolorosa opresión me va a quebrar la cabeza.

--Recuéstate, me estás preocupando.

--¿Sigue sin saberse nada del doctor Camero?

—Deja ese tema ahora, si no te sientes bien —suplicó inquietada.

--Dime. ¿Cuánto le puede caer a Alberto?

--Venga. Tranquilízate.

--No, no vas a ir al Hospital porque no tengo ninguna enfermedad. La enferma eres tu.

--No te entiendo. ¿Qué te pasa, Jaime?

--Dime la verdad —exigió dominante.

--¿Qué dices? La verdad, ¿de qué? —se mostró verdaderamente desconcertada.

--Quiero saber toda la verdad.

--¿La verdad absoluta? —mostró muy elocuente una sonrisa evasiva que estaba fuera de lugar.

--No seas patética. Sé que me mientes.

--¿En qué? —en su faz Jesabel expresó una enorme sorpresa.

--No puedo saberlo. Soy incapaz de averiguar todas tus mentiras —aumentó el tono de su voz.

--La verdad es que no te entiendo.

--No he conseguido descubrirlo todo, pero con lo que sé me es más que suficiente para conocerte. Me habéis mentido tú y Alberto sobre Natalia, y Natalia también porque... no es Natalia. ¿Por qué os estáis metiendo en mi vida? ¿¡Qué quieres de mí!?

Jesabel no respondió. Mientras Jaime se mostraba bastante alterado y ofuscado, ella permanecía impasible mirando hacia delante como si estuviera enajenada de su situación.

--Puedes empezar a hablar cuando quieras —moderó su voz expectante ante el silencio de ella--. ¿A qué esperas? Te he pedido que me expliques qué hay detrás de todo este embrollo. ¿Es acaso tan poco agradable la verdad que no te atreves a desvelarla? Eh, tú no te inventes ahora más historias que no consigues nada con eso.

--De verdad que no sé de qué me estás hablando —aseveró con la voz temblorosa.

--No, eso no. Lo último que me faltaba ya en esta historia es que yo fuera el violento maniático y te tuvieran que defender de mí. Pero pensándolo bien, eso sería para ti una buena estrategia. Tú gritas y pides ayuda, y que la policía y el juez se encarguen de que no pueda acercarme a ti para "molestarte" con mis preguntas. Así no tienes que dar explicaciones. Pero mira, yo te aseguro que sea cual sea el lío que haya detrás de todo esto, yo no te voy a hacer nada violento porque no soy tan elemental como para pegar a nadie. Pero si te crees que te vas a librar de que te diga ya de una vez qué eres verdaderamente, estás muy equivocada.

--Y qué me vas a poder decir si yo no te he hecho nada —volvió a mostrar absurdamente esa terrible sonrisa forzada al tiempo que le resbalaban las lágrimas por las mejillas.

--Escucha bien. Tú siempre has querido aparentar que eres alguien excepcional consiguiendo logros que nadie podía igualar, pero yo ahora sé que no eres nada más que una manipuladora sin principios ni ética. De aspecto eres guapa, pero por dentro eres únicamente nefasta. Si has querido ser excepcional lo has conseguido, porque nadie es capaz de hacer lo que tú me has hecho, te lo aseguro.

--¡Yo no soy así! —expresó presentando ya una cara acorde en su totalidad con su estado anímico.

--Sí lo eres. Mentirosa hasta el final. Aún diciéndote que sé con total segundad que Natalia no era Natalia, tú continúas representando tu absurdo y patético papel.

--Qué vergüenza, Dios, qué vergüenza. Estoy sufriendo mucha presión. Yo no quería esto —se sinceró al fin entre sollozos.

--¡Lo sabía, claro que lo sabía! Embustera, así que cuando te frotabas los ojos el día que te dije que Natalia estaba raptada, tú no moqueabas porque estabas fingiendo, claro. Después sí lloraste moqueando. Y ahora también. Si ya me pareció extraño que pudieras dar solución al problema de Natalia y al problema de Alberto tan rápidamente. Estaba todo muy estudiado, ¿verdad? Yo, ni vi a los policías, ni vi la detención, ni vi nada en concreto. Sólo a una señora enferma. ¿La amenazasteis?

--No, era una actriz fracasada sin recursos. Tenía sesenta años y necesitaba ayuda.

—Vale, y yo también como un gilipollas luciéndome con mi diagnóstico.

--Yo no quería que pasase esto. He tenido demasiadas equivocaciones y se me ha ido todo de las manos. Créeme, yo no quería hacerte daño —continuaba con sus lloros.

--Justifícate, es más fácil que afrontar las culpas.

—Es cierto, no tenía que haber pasado todo lo que ha pasado. Ha sido un desastre.

--Pues... ¿cómo tenía que haber ocurrido?

--No nos teníamos que haber... —aceleró súbitamente su respiración volviéndola espasmódica.

--Ya. Apártate a un lado con el coche que vamos a tener un accidente. Y me vas a contar todo sin ninguna mentira ni estrategia, porque como no lo hagas así no voy a responder de la violencia de mis actos. Es más, yo te asevero que por muy duro que sea lo que me tengas que explicar, vas a estar más segura conmigo si me lo cuentas todo con detalles incluidos que si no lo haces. Me estoy mosqueando mucho, lo digo en serio. Y no me voy a quedar con ninguna duda, ¿sabes?

--Fue una estrategia para poder sonsacarte todos tus pensamientos. Me estaban presionando.

--Lo que dices no tiene sentido. No juegues con mi paciencia.

--Es absolutamente cierto. Estaban desesperados por saber si habías evolucionado en tus teorías sobre el funcionamiento del cerebro.

--¿¿Y cómo es eso??

--Yo les puse al corriente de tus pensamientos. Cuando tú te emborrachabas y contabas tus sorprendentes ideas hace años yo sí las comprendía perfectamente aunque no las valoraba lo suficiente. Pero acabé contándolas y causaron una pequeña conmoción —progresivamente iba serenándose Jesabel.

--¿A quiénes?

--A mis jefes. Tus teorías del funcionamiento del cerebro son valiosas para la arquitectura de la inteligencia artificial.

--¿Por qué no me preguntaste directamente? Es como se suele hacer las cosas.

--Te pregunté muchas veces y no me respondías porque no confiabas en tus conclusiones. Yo quería darte confianza para que te desinhibieras y tú me fuiste arrastrando a esta situación imprevista.

--¡¡Robo intelectual!! ¡Pero por qué me tienes que robar tú nada! Además, eso no puede ser. Lo mío son simplezas para entretenerme.

--Es como te estoy diciendo. Y ni siquiera adelanté mucho consiguiendo que te explayaras porque tus teorías apenas habían cambiado, lo único nuevo era tu visión sobre la Evolución de las Especies.

--Pues sí, en los últimos años no me he complicado mucho con un asunto que no me daba ningún beneficio. ¿Y qué? Es asunto exclusivamente mío.

--Pero tus deducciones son muy importantes para el beneficio de todos. No puedes derrocharlas solamente porque sean de tu cosecha.

—¿Y por qué no llegas a mí y me cuentas todo conforme es? Una cosa es que sea tímido e inseguro y otra cosa muy distinta es que yo sea tonto. A mí también me gusta el beneficio económico. Sois unos ladrones, ¿verdad?

--No. Yo... no podía decirte todo eso porque... recibía órdenes.

--Falso. Queríais hacer el Agosto conmigo Alberto y tú.

--¿Cómo? No. Alberto no sabe nada de todo esto. Me dijeron que lo contratara. Estaba apurado y no fue difícil. Y a él no le preocupaba demasiado los motivos que hubiera tras ese trabajo suyo.

--Me traen sin cuidado esos detalles. Y por mi parte tus jefes son una basura. Podía perfectamente haber llegado a un acuerdo con ellos porque yo nunca he dado a entender que no sea capaz de vender mis teorías. No sé por que... ¿¡Qué es lo que les has contado sobre mí!?

--Tus pensamientos, sólo eso.

--Algo está claro, en vuestro comportamiento se delata criminalidad. ¿Para qué tanta discreción? ¿Por la primicia? Un momento, ¿pues qué clase de utilidad les vais a dar a mis teorías, eh?

--Ninguna especial. Arquitectura de ordenadores más competitiva.

--No me encaja. Lo siento, pero esto no me está encajando. Hay algún motivo que no terminas de contarme por el que yo no tuviera que saber nada.

--No.

--¿No? ¿Quieres hacerme creer que una corporación tan poderosa como la Yokonaga se va a arriesgar y a complicarse la existencia por un robo? Claro, como sí les faltase dinero para convencerme. A no ser que tú te quisieras hacer las listilla.

--Jaime, me lo pidieron mis jefes, yo acepté porque nunca hubiera imaginado que esto acabase así.

--Tú tienes que ser siempre la que destaque en todo, bien sea en los estudios o en tu trabajo. Y no me extraña que sea tan prestigiosa la I+D de la Yokonaga, los propios jefes tienen la costumbre de pedir a sus científicos que roben ideas y creaciones. Así sí se puede competir.

--Mi jefe directo también es científico, es Mario Vergara. Él me comentó que no estaba de acuerdo con algunas actuaciones de la I+D, pero que a veces hay que saber ceder y tolerar ciertas cosillas de los compañeros. Los jefes me pidieron discreción porque... por ser tan dura la competencia. Continuamente hay espionaje industrial entre las empresas del sector, también hay fichajes, o como ellos lo llaman, robo de cerebros. A mí me tienen un buen sueldo, sí, pero también me exigen lealtad; son quienes realmente me han formado. Por otro lado, tus conclusiones no son patentables, quiero decir que la utilidad de tus conclusiones reside en que nos inspire a nosotros, los ingenieros. No es algo concreto qué comprar. Yo, comprendería y daría utilidad enseguida a las nuevas conclusiones que pudieras haber desarrollado en estos últimos años, esa era la intención.

--Tú querías apuntarte un tanto a tu favor. Para un ascenso o algo así. Seguramente estás mintiendo y ni siquiera les has dicho que yo existo para llevarte tú todos los honores.

--Le conté a Mario hace tres meses que tú eras el origen de todas esas ideas. Él se lo contó a sus superiores que estaban muy interesados.

--Espera. ¿En tan sólo tres meses se sabe que son tan útiles esas ideas para vuestra investigación?

--Sí, yo... vale. Sí, me apropié de esas ideas, siempre dije que eran mías hasta que se lo comenté a Mario hace casi tres meses. Por eso querían saber si tú tenías más ideas que yo desconociese y si las habías desarrollado en estos últimos ocho años. Estaban excitados.

--Déjalo, Jesa, no eres trigo limpio. Creía que conocía algo de ti, me equivocaba. El éxito te va a perder. Y si te ves en situación de mentir, pues sencillamente mientes.

--Si yo sólo tenía que verte, sacar la conversación y preguntarte algunas cosas sin que tú te tuvieras que preocupar de nada. Así de sencillo.

--Y yo lo fastidié todo, ¿no?

--Cuando tuviste el accidente y te hice compañía en el Hospital descubrí que mi misión era imposible. Tenías total confianza conmigo pero no tenías ninguna intención de compartir tus ocurrencias particulares. Yo le expliqué la situación a mi nuevo jefe de España, al señor Foster. Fue en ese momento cuando realmente me obligaron. Foster me preguntó mucho sobre ti y me dijo la estrategia que debía seguir primero, te resolvería oportunamente un problema tuyo que me acabarías contando, y después, te pediría que me explicaras todo tu pensamiento. Claro, una vez que se cuentan las penas y problemas se establece un vínculo tal de confianza que no queda nada que no se pueda desvelar de la intimidad, y además, tú estarías muy agradecido por mi ayuda. Yo te resolvería con eficiencia ese problema sencillamente porque lo conocería de antemano y también conocería su mejor solución. Lo que se dice un problema inducido. A mí me parecía que aquello estaba mal, pero...

--¡¡Fue muy angustioso para mí!! Temía por el futuro de Natalia. Y todos lo sabíais, cabrones. Un sufrimiento gratuito.

--Todo resultó distinto a lo previsto. Le había explicado a Foster tu extraña amistad con Alberto desde que erais niños y que él te manipulaba como cuando te preguntaba en los exámenes y tú, a pesar de que te fastidiaba, le respondías, y si os pillaba el profesor os repartíais por igual las culpas entre los dos. Foster tuvo una idea y me ordenó que intentara convencer a Alberto para que te creara un problema ficticio. Yo pude contratar a Alberto, pero él se excedió en su cometido. ¡No cumplió nada de lo acordado! Fue una pesadilla. Le dio su toque personal porque según él el plan necesitaba una pizca de dramatismo para que fuera más creíble y efectivo. Alberto por su cuenta convenció a mi actriz, Manoli, para que representara con más dramatismo su papel. Está chiflado. Yo estaba asustada, no tuve otro remedio entonces que improvisar y seguir su juego para no pasar por el bochorno de que me descubrieras en esa nueva situación. Demasiado complicado como para que saliera bien; no me extraña que acabaras sospechando. En el plan inicial Alberto sólo debía pedirte una buena cantidad de dinero para pagar a detectives privados que buscasen al doctor Carnero, pero Natalia no tenía por qué estar ni raptada ni encamada, aunque sí culpara a Alberto. Pero él tuvo que añadirle un toque de criminalidad porque... él es así.

--Ya se sabe lo que hay cuando se pacta con el diablo. Y tú no tienes escrúpulos para esas cosas.

--Jaime... Te aseguro que no estoy contenta con lo que he hecho.

--Es comprensible que no lo estés. ¡Me sedujiste fríamente!

--Eso no es cierto. Tú me fuiste seduciendo a mí. Iba alimentando tu confianza hacia mí, pero cuando quise darme cuenta ya había perdido los papeles y estaba arrepentida por cómo estaba sucediendo todo. Me moría de vergüenza por si descubrías la mentira de Natalia.

--Eres falsa y no merece la pena hablar contigo. ¡Por favor! Tú me chantajeaste con tu sensualidad para que te explicara mis reflexiones. ¡Cómo no te iba a contar todo, si me pusiste a mil!

--¡¡Me estabais acorralando!! —aumentó su tono de voz--. Foster quería resultados ya y tú no cedías. Conforme aparentabas ir soltándote poco a poco, yo observaba preocupada cómo me ibas arrastrando hacia ti. Estaba entre la espada y la pared. Foster me empujaba y tú me interpretabas como si yo fuera a tu encuentro. No quería que tuvieras esa mala imagen de mí y por eso disimulaba. Pero cuando conocí demasiado de tu interior... me dejé llevar. Lo fastidié.

--Vale, vale. ¿Y dónde vive ese tal Foster?

--¿Eh? No lo sé. Hablé la última vez con él en Aster Hispania.

--¿Suele estar por allí, por Aster Hispania?

--No, nunca. Sólo excepcionalmente. ¿Por qué lo preguntas?

--Por nada. Escucha bien lo que te digo. Según tu última versión de los hechos, tú trabajas en Aster Hispania, pero tu misión principal es sonsacarme mis frutos intelectuales ilícitamente y ayudada por tus jefes, los cuales no han dudado en traerte desde Kyoto y proveerte en lo que necesitaras para la trama sin reparar en gastos. Y además tu jefe, mister Foster, no trabaja en Aster Hispania. Según todo esto... o mis teorías son tan valiosas como para que se desee que las siga sin valorar por si acaso decidiera publicarlas o pidiese fortunas por ellas, o tus jefes tienen espíritu mafioso. O ambas cosas.

--No formo parte de ninguna mafia. Jaime, a veces hay que actuar de manera menos ortodoxa, pero si el resultado es muy beneficioso para todos, pues no es tan malo como pudiera parecer en un principio.

--Voy a terminar alucinando, lo presiento. ¿Estás justificando la conspiración organizada contra mí porque el beneficio resultante lo merece? Quizás no lo sepas, pero yo veo que estás participando en una asociación secretista que llega a perder el respeto por el sufrimiento de las personas, como ha sido en mi caso.

--Eso no es completamente correcto.

--¡¡No me toques los cojones!! —expresó indignado Jaime--. No sé ti te tienen lavado el cerebro o si en el fondo los defiendes, pero por supuesto que voy a saber qué clase de personas me están manipulando. Tú estás con mala gente y por eso mismo me vas a contar todo: de qué modo te pidieron que me sonsacaras sin que lo notara, qué razones te dieron para que aceptases y qué otros trabajos discretos hacéis. ¡Comienza! Ah, y te advierto que ya he aprendido a diferenciar cuando mientes y cuando no.

--No, Jaime, no.

--1Cómo que no!

--No, por favor. No me hagas esto.

--¡Cuéntalo todo!

--No me pongas en este aprieto.

--Te comportas como si estuvieses amenazada.

--No estoy amenazada. Me debo a los que me han dado todo lo que soy.

--Pero si yo sólo te estoy pidiendo que me cuentes, no te estoy pidiendo que los traiciones. ¿O si hablas... les traicionas?

--Por favor.

--No voy a ceder. Cuenta ya lo que ocultas. Vamos.

-¡Basta ya! Basta. Sí. Algunos miembros de la I+D dc la Yokonaga participamos en actividades que desconocen los demás miembros de la l+D.

--¿Actividades criminales?

--¡Por supuesto que no! Actividades que requieren mayor discreción. Ser los primeros en Innovaciones y patentes tiene este precio.

—¿Qué? ¿Ser tramposos? —provocó Jaime y Jesabel respondió en un tono tan elevado que le alarmó.

--¡¡¡Combatir a una sociedad estúpida que se perjudica a sí misma!!! ¡Ese es el precio que tenemos que pagar por resolverle los problemas a la sociedad, tener que luchar contra su propia imbecilidad! Tú no lo puedes entender. Tú no puedes entender el espíritu de lucha que nos toca tener para trabajar continuamente, arriesgarnos y además exponernos a quedar como delincuentes. ¡SÍ, ESTAMOS OBLIGADOS A INVESTIGAR A ESCONDIDAS! Pero parécese que tiene que ser así, que quien termine decidiendo sobre el disfrute de nuevas técnicas e inventos no será el trabajo de los científicos, sino la opinión de los ignorantes asustadizos que obstaculizan la investigación, como los alarmistas, los del fin del Mundo, las organizaciones de consumidores, los ecologistas, los defensores de los derechos de los animales, los supuestos filósofos, los pseudocientíficos de los medios de comunicación, los políticos de izquierdas que no obtienen votos y que tienen que promocionarse, los políticos conservadores que prohíben lo que no entienden, los científicos mediocres que se venden, los religiosos, los escritores que buscan algo qué vender, los abogados aburridos, los envidiosos, los artistas para llamar la atención, los modistos con crisis de ideas, los actores que no les dan trabajo, los protagonistas de la prensa rosa buscando alguna portada, los drogaos que se creen intelectuales alternativos... Sí, todos ellos, que están alentados por unos medios de comunicación sensacionalistas que, entrevistando a un cualquiera, alarman innecesariamente a la opinión pública que no tiene posibilidad de conocer los aspectos técnicos ni la realidad de las investigaciones. Por este motivo la población mal informada y angustiada exige a sus gobernantes que elaboren leyes restrictivas para la investigación y éstos tienen que conformarles con prudencia desmedida para no perder votos. Los periodistas son de letras, los juristas son de letras, los políticos son de letras y todo es un desastre. ¡No compréis hornos microondas porque desarrollaréis más cáncer! ¡Hala! ¡No os pongáis prótesis de silicona porque intoxican! ¡Atiza! ¡No compréis teléfonos móviles porque os freirán los sesos! ¡Toma! ¡No compréis videoconsolas porque enloquecen a los niños! ¡Socorro! ¡No os conectéis a Internet porque aísla y pervierte! ¡Dios nos salve! Y ya tiene Internet su santo. ¡No consumáis productos transgénicos porque no se sabe qué consecuencias pueden traer! ¡No quiero mutar! ¡No consintáis la manipulación genética de la vida y de las células madre! ¡Deteneros, científicos malignos! Y las novelas y las peliculitas no dejan de incordiar con fantasías terroríficas. No es de extrañar que esté extendida entre la población la idea de que los científicos, todavía no contentos con descubrir los pesticidas, la energía nuclear, los aerosoles, las armas químicas y las manipulaciones genéticas, continúan elucubrando nuevos proyectos para terminarnos de matar. ¡Manifestaciones! ¡Sentadas! ¡Reportajes de denuncia! ¡Ruedas de prensa! ¡Paradles los pies! ¡Burlaos de sus explicaciones! ¡Reventad los simposios! ¡Sabotaje! ¡Sabotaje! Pero lo único cierto es que por culpa de estos activistas de la ineptitud y de la confusión sufren y mueren millones de personas en espera de remedios y soluciones que no llegan por las cortapisas legales a la investigación. Por culpa de ellos un medicamento nuevo cuesta hasta cien mil millones de pesetas y diez años de investigación. Otro ejemplo, los Gobiernos prohibieron en un principio (si bien ya se han retractado un poco) las entonces futuras pruebas genéticas de clonación siendo éste aún un campo desconocido y tomando como única referencia al alarmismo de la literatura fantástica, por lo que se impidió con antelación investigaciones que podrían encontrar remedio a las enfermedades más graves y generalizadas como son el Alzheimer, el cáncer, el Parkinson, las lesiones medulares, las secuelas de infartos... Y los enfermos muriendo. Tú bien lo sabes. Los mismos recelosos de la Ciencia también son víctimas de su actitud.

--Sí, entiendo, es la paradoja de la idiotez, que la sufren todos... menos los propios idiotas.

--Ellos también la sufren indirectamente y nosotros nos tenemos que sacrificar jugando en los límites de esas leyes restrictivas para ayudar a una desagradecida pero necesitada Humanidad. Los que formamos esta I+D paralela conseguimos logros vitales en menos tiempo, los presentamos con disimulo y así salvamos a miles de personas y mejoramos su calidad de vida. Pero debemos hacerlo con mucha discreción para que esto pueda continuar. Nuestra "I+D paralela" está infiltrada en la sección farmacéutica, en la sección de alta tecnología y en las más importantes de la I+D de Yokonaga.

--Bueno, vuestros métodos "más ágiles" y "más baratos" os desmarcan de la competencia. Quiero decir que aparte del sacrificio del secretismo también obtenéis una buena compensación económica.

-¡Pero sin dinero no se puede hacer nada! Ya sabes, las personas que nos dan servicios nos exigen "plata" como compensación porque aseguran que tienen necesidades tales como comer y que si no se les paga tienen que ocupar su tiempo en buscárselas de otra forma.

--¡No me digas!

--Y en nuestras investigaciones se requiere instrumental muy sofisticado que es construido por muchas personas que exigen sueldo a cambio y también necesitamos muchos más servicios de apoyo. A más dinero, más capacidad para desarrollar proyectos y por lo tanto somos más útiles para la sociedad. A nosotros nadie nos subvenciona, tenemos que financiarnos nosotros mismos. Pero yo creo que es mejor así, porque nos estimula a mejorar y trabajamos más en consonancia con las necesidades de quienes pagan por nuestros descubrimientos, es decir, prácticamente toda la población sin saberlo. Somos mucho más realistas y útiles que las agencias estatales de investigación que dilapidan los fondos públicos en experimentos muy llamativos, pero con poca utilidad, ilusionando a los contribuyentes a través de la manipulación de los medios de comunicación. Estos "becarios" justifican las enormes inversiones entusiasmando con argucias a los periodistas (que son de letras) para que éstos transmitan a la población esa ilusión poética y trascendental, como por ejemplo, que puede haber vida (quizás) en Marte. Y si realmente si hay esa vida bacteriana, ¿qué beneficio obtenemos con saberlo? ¿Para qué nos sirve enviar un hombre a Marte? ¿Para que nos traigan una epidemia? En la investigación privada sólo se invierte lo necesario y se obtiene siempre resultados útiles. Puede ser más llamativo hacer explotar un bosón Z, pero son más útiles para mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana innovaciones de origen privado que no valoramos lo suficiente, como son la lejía que no salpica, los móviles más ligeros, el limpia-duchas sin frotar, la microfibra, las baterías de litio, la vitrocerámica, los tintos jóvenes de nueva generación o el papel higiénico que no se desmenuza. Y con el dinero que cuesta enviar un hombre a Marte se podría encontrar la cura a muchas enfermedades, por ejemplo.

--Veo que estás muy convencida de lo que dices.

--La Ciencia y la Tecnología son muy importantes. Descubrimientos como la maquinaria industrial, las vacunas, las cosechadoras, la penicilina, las lavadoras, los medios de comunicación... han hecho mucho más por el bienestar de las gentes y la buena convivencia social que cualquier política, ideología o cualquier pensador como Marx, Lenin o cualquier otro.

--Estás muy ilusionada participando en esa I+D ¿cómo has dicho que se llama? I+D paralela. Lástima que no exista el blanco o negro y que sólo haya distintos tonos de grises. Más o menos entiendo que quieras ocultar esa asociación investigadora que tanto te apasiona, pero si me hubieras pedido mis ideas en tu nombre yo te habría contado todo. Te hubieras ahorrado esa farsa asquerosa.

--Recuerda, Jaime, te pregunté y tú te negaste por inseguridad y... por timidez.

--¡Pero yo desconocía que tú ya sabías bastante sobre mis temas! Fuiste tú la que comenzó con disimulo y ocultando.

--Bueno, Jaime, esto ha ocurrido así... y así ha quedado.

--¿Tú confías plenamente en tus jefes? Interprétame bien, yo no quiero poner en duda... pero mi inquietud proviene de saber que cuando alguien trata con personas que trasvasan los límites de la ley se expone a exigencias... y también a riesgos. No estoy diciendo con esto que actúen tus jefes como mafiosos, ni mucho menos. Pero las circunstancias son las circunstancias y las relaciones fuera de ley evidentemente no están protegidas por la ley. No hay contratos firmados ni abogados ni se puede denunciar, por lo que los acuerdos o se basan en la honorabilidad y la confianza o... en el miedo a las represalias. Yo te lo digo por tu seguridad.

--Mi relación con Mario es estupenda, quizás influya en ello que él sea una de las pocas personas que me hablara en mi lengua materna en Kyoto. A Foster lo conozco poco. Pero tú deberías conocer a Mario y verías que de mafioso tiene muy poco. Tú a él le caes fantástico y le divierten tus planteamientos y paradojas. Esos mafiosos que tú dices buscan beneficios rápidos y fáciles a cualquier precio y son de otra naturaleza, porque no tienen escrúpulos con el sufrimiento de los demás ni respetan sus derechos. Nosotros, al contrario, trabajamos mucho para encontrar remedios para los problemas de los demás que, claro, también pueden ser nuestros problemas en el futuro.

--Pero...

--Sólo...

--No, dime, Jesa.

--Sí, que sólo nos exigimos lealtad. Es de comprender. Investigamos fuera de la ley.

--En las empresas tan grandes los jefes también tienen jefes, que son los que están al corriente de todo. Y seguro que tú no los conoces a esos.

--Estás obsesionado. Mario tiene un contacto directo con el director general de la Yokonaga, con Kirohito. Y según me ha confiado Mario, todo lo que conoce Kirohito lo conoce Mario y viceversa. Hay mucha confianza entre ellos dos. ¿Quieres un ejemplo que te lo demuestre? Sí, Kirohito le comenta a Mario hasta los acuerdos a los que llegan en las reuniones de Grupo Local.

--¿Grupo Local?

--Sí, ten en cuenta que se supone que Grupo Local no lo debería conocer nadie a excepción de los que participan en sus reuniones para no ponerlo en riesgo. Y sin embargo Kirohito confía en Mario y Mario confía en mí. Ya ves el miedo que nos tenemos los unos a los otros.

--Madre mía. Bueno, dime. ¿Qué es eso de Grupo Local?

--Nada. Grupo Local son unas reuniones particulares discretas que hacen cada cierto tiempo los presidentes de algunas de las corporaciones empresariales más grandes. Llegan a acuerdos de precios y de comercio para evitar que la competencia de empresas se transforme en una lucha encarnizada que perjudique a los trabajadores. Sus acuerdos son justos según la eficiencia de cada corporación, pero no influyen en la competencia por la calidad de los productos para asegurar que los consumidores estén cada vez mejor atendidos. Los precios sí los mantienen. Pero no te debería extrañar, si no fuera así la competitividad empresarial sería insoportable para todos.

--¿Y por qué son secretas esas reuniones?

--Porque vulneran las leyes antimonopolio en algunos países, pero ya sabes que hay leyes que son sólo formales y que no hay que tenerlas siempre en cuenta. Lo que importa es que todo funcione bien.

--Ya.

--¿Conduces siempre a la velocidad permitida?

--No.

--Pues entonces, lo entiendes. Kirohito participa en esas reuniones porque es el hombre de confianza de Yoshuma. Yoshuma es el presidente vitalicio de la Yokonaga. Pero un día me dijo Mario que estaba mosqueado con Kirohito por un asunto que le pareció extraño sobre una...

--Vale, vale, no me cuentes más. Ya estoy bien informado.

--Así son las cosas.

--Bueno... Jesabel, tu loable misión ya está cumplida, ¿no? Ahora tendrás que continuar con tu trabajo en otro sitio. Siento no haber aportado nada interesante a mis teorías pero espero que os inspiréis mucho e inventéis lo más maravilloso —sí, se desprendía cierta ironía en los deseos de Jaime--. Ah, y que triunfes.

Ella se quedó mirando fijamente a Jaime, que continuó hablando.

--Por mi parte... nada. Intentaré olvidar que te he conocido. En unos días se me pasa —su ironía se volvía mordaz.

Jesabel bajó su mirada muy seria.

--¿Algún problema, Jesa? —Jaime se estaba acercando ya al sarcasmo--. Pero si ya está todo solucionado, boba. Sí, ya no tienes que disimular nada más ni tienes que preocuparte por que te descubra. Se acabó la angustia.

--Jaime --ella volvió a humedecer sus ojos.

--Tranquila, tú tranquila, puedes irte sin ningún problema. Yo ya he conseguido una respuesta, tú me has dado explicaciones y sé cómo eres realmente. Vete en paz. Pero... tú ya tenías prevista una huida, ¿no? Dime, ¿tenías intención de escapar de mí sin despedirte? Sí, algo así como marchándote al trabajo, a visitar a Natalia o a otro sitio y no volver más.

--No.

--¿No? ¿Tú no serías capaz de no dar la cara? ¿De desaparecer para siempre y volverme yo loco por saber qué es lo que te habría ocurrido y qué es lo que habría hecho yo mal? —incrementaba su voz con la intensidad de sus reproches--. Oye, una vez alcanzada ya tu meta tú estabas incómoda pero seguías fingiendo, ¿por qué?

--No seas injusto.

--¿Que no sea injusto? ¿¡Qué no sea injusto!? —aumentaba más aún su voz en preparación para un inminente alarido--. ¡¡Vete a la mierda!! No me vas a utilizar más, golfa. ¿O qué? ¿O es que siempre tienes que salir airosa de todo? Triunfadora... ¿de qué? ¿Te fastidia haber sido descubierta y quedar a la altura de las aguas de alcantarilla? Pues se queda conforme se es, ¿sabes? Conforme se es. Al final, todo se sabe. ¿Pero por qué se tiene que evitar quedar como una golfa si se es realmente una golfa? No lo entiendo. ¿No lo crees así? ¿Tú no te ves de esa forma? Fingiendo amistad, fingiendo afecto, fingiendo interés íntimo para robar, para obtener méritos y mejores honorarios, para obtener admiración de los compañeros y del amigo Mario... Pero... ¡cuidado! Que no se descubra esto, que es lo más importante, porque ella tiene que ser una mujer más íntegra y digna que los demás. Por supuesto, su orgullo no le permite el fracaso de afrontar una imagen... criticable. Pues qué quieres que te diga, me pareces una mierdecilla de mosquito tramposa e inmoral.

--No sigas, por favor —suplicó realmente dolida.

--No llores y quédate tranquila. Sabes qué te digo: ¡Hasta nunca!

Bajó Jaime del coche como un energúmeno e hizo un ademán despectivo a una Jesabel despojada de su ego. Ella marchó y Jaime pidió un taxi con su móvil.

En el trayecto Jaime cambió su furia por abatimiento. Regresó a un hogar de nuevo vacío. Arrastró lentamente sus pies y frente al espejo del pasillo se topó con su triste figura.

--¿Y ahora qué? —se preguntó audiblemente a sí mismo.

Se adentró en la cocina y con objeto de secar el agüilla que resbalaba desde sus fosas nasales, estiró con descuido del papel de cocina desenrollando así no menos de dos metros. Debido a esto quedó al descubierto un trozo de este papel que estaba escrito con bolígrafo y que pasó rápidamente a leer.

"Cuando leas esta carta yo estaré muy lejos. Pero la escribo porque no quiero que sufras preguntándote por qué no he vuelto. Ahora no puedo decidir mi situación. Lo siento, cariño, siento que haya sido así. He tenido que tomar esta dura decisión porque es injusto que sufras y sé que ésta es la forma menos traumática para ti. Y aunque te parezca imposible, tengo que hacerlo por tu bien y porque te estimo. Dios mío, qué vergüenza, me debes odiar con todo tu alma, pero no puedes imaginar lo que a mí me duele eso. No sé si me creerás, te he mentido mucho injustamente, pero ante todo quiero que sepas que eres una persona fabulosa. Te he conocido bien y he descubierto lo que vales. Y tú solamente tienes que darte a conocer para que cualquiera se quede prendada contigo, créelo. Tienes que rehacer tu vida y yo sé que será fácil para ti. Me duele mucho suplicarte esto, pero tengo que ser realista: olvídame, no merezco otra cosa. Lo vas a pasar mal, pero el tiempo todo lo borra y tienes un futuro maravilloso por delante. Sé fuerte, prométemelo, Jaime ¡Las zonas de marcha están llenas de antidepresivos femeninos y tú eres un buen partido! Encontrarás a la mujer que te mereces, a alguien mejor que yo, sin duda. No sé si algún día llegarás a entenderlo o si me perdonarás, preferiría que sí, pero yo siempre tendré un recuerdo maravilloso de ti porque has quedado grabado en mi mente, en mi cuerpo, en mi alma y en mi c---zón —cayó una lágrima de Jaime al lado de la lágrima de Jesabel que había emborronado la tinta--. Creía estar por encima de las debilidades de la gente corriente, pero tú me has hecho caer como una idiota. Quizás algún día podré yo también superarlo. Me acabas de asustar, creí que despertabas. Adiós, Jaime. Hasta siempre. Perdóname, por favor.

                                                                                                                                  Jesa"

 

--Puta, ¿y qué voy a hacer sin ti?

Visitó Jaime la nevera para concluir que no le apetecía nada. Marchó al cuarto de baño y regresó. Encendió el televisor, hizo un pasacanales muy rápido, accedió después a Internet, navegó y se cansó. Regresó a la nevera y seguía sin apetecerle nada. Bebió agua. Conectó la cadena musical escogiendo su música de baile preferida, pero la notó inapropiada y poco agradable. Volvió a beber agua. Buscó un periódico y comenzó un crucigrama que desechó por dificultoso y pesado. Marchó de nuevo al cuarto de baño y regresó. Y volvió a beber más agua. Tomó una barra de pan y comenzó a devorarla a pesar de que no le apetecía en absoluto. También eligió uno de los libros que nunca había leído, pero no conseguía concentrarse en su lectura. Dejó la barra de pan. El libro, también. Desenvolvió un pastelito, lo probó y le pareció demasiado dulce. Se tumbó en el sillón. Sus intestinos trabajaban veloces haciéndose notar. Comenzó a tener palpitaciones e imaginó la posibilidad de que se le parara el corazón. Se incorporó. Comenzó a andar deprisa alrededor de la mesa del salón. Súbitamente se paró y mirando de frente a una esquina vacía de la habitación comprendió que se le estaba desencadenando una nueva depresión; depresión ésta que podía durar sólo unos días o que podría autoalimentarse a lo largo de los meses. Este síntoma de angustia inicial lo conocía demasiado bien: sentirse atrapado en una cárcel de la que no se puede escapar físicamente porque carece de paredes, ni de la que tampoco se puede escapar anímicamente porque aquello que anima en condiciones normales aumenta la melancolía en situación de depresión. Esto es difícil que lo pueda entender quien no lo conozca porque ciertamente no se puede ver igual un pozo desde afuera que desde abajo. Y a Jaime no le apetecía nada caer de nuevo en el dolor espiritual que obliga a ver la realidad desde una perspectiva que no es cierta, pero que es imposible de evitar, donde se pierde el sentido de todo, se deja de tener fe y el pesimismo empuja a la sinrazón. Y de qué poco sirve conocer que la causa reside solamente en la insuficiencia de circulación de dopamina inducida por factores genéticos, si es la paranoia de la depresión la que convence irremediablemente con una falsa pesadilla... y una persona tan sólo es lo que siente, que desde luego qué bien se está cuando se está bien, pero qué mal se está cuando se está mal, la verdad. A Jaime le producía pavor enfrentarse otra vez a ese infierno sabiendo que ningún fármaco antidepresivo es efectivo en su peculiar cerebro. Y se negaba a caer de nuevo en la obsesión de lo que pudo ser y nunca fue, a temer el contacto con las demás personas, a repugnar su aspecto y su presencia, a sospechar injustamente que todos se burlan de él y a perder las fuerzas para moverse y para vivir. Ni siquiera podría escapar de ese infierno de tristeza acabando con su vida porque ya había descubierto que con ello no se acaba con todo, sino que sólo se cambia de lugar y se desconoce si ese otro lado puede ser aún peor. ¡Otra vez, no! Cómo podía evitar la depresión. El principal desencadenante de su nueva situación provenía de la desilusión de descubrir la falsedad y frialdad de su mitificada Jesabel. Pero le había terminado de desconcertar la carta de despedida en la que ella parecía mostrar algo de nobleza en sus sentimientos y un poco de corazón. Y estaba claro que Jesabel no tenía ninguna necesidad de salvaguardarse mintiendo en esa misiva ya que sería leída sin estar ella presente. Y claro, esto acabó por cuestionarle a Jaime si no había sido demasiado duro con ella por no permitirle un mínimo de credibilidad. Él nunca se hubiera imaginado a sí mismo proyectando su furia sin contemplaciones a una Jesabel que le pidiera comprensión con lágrimas en los ojos. Quizás se había pasado un poco. Y por otro lado, posiblemente no hubiese estado Jesabel en situación de manifestar su comportamiento libremente y conforme es ella, al estar agobiada por un entorno desaconsejable. Incluso Jaime sospechaba que estaba sintiendo un sucedáneo de afecto por una mujer que le había suplicado sinceramente su comprensión. En ese momento le surgió una extrañísima necesidad de aclarar mejor con Jesabel lo sucedido e impulsivamente llamó a su teléfono móvil, pero ella rechazó la llamada. Con presteza escribió y le envió al móvil un mensaje corto de texto que decía así: "Jesa, no quiero recriminarte nada más. Sólo quiero darte una oportunidad para creerte. Te voy a escuchar. Llámame". Y Jesabel llamó.

--Jaime.

--Jesa, he leído tu carta —sentía la presión de su nuez empujando la base de su lengua hacia arriba.

--Jaime, perdóname —se la oía apagada.

--Quieres tener mi perdón, pero tú me abandonas.

--Eres excepcional, no debía haber abusado de tu buena fe. Necesito que me digas... Necesito de verdad que no me odies. No quiero dejarte así, que te sientas destrozado por un embaucamiento y que yo sea la responsable.

--Oye, pues... ¡¡¡claro que sí!!! Si tú tienes mi perdón. ¡Por supuesto que tienes mi perdón! —expresó entusiasmado--. Fuera tanta tontería. Pero, tienes que volver conmigo, por favor. Te lo pido por favor.

--Pero... no puedo.

--¡Tú puedes todo lo que te propongas! ¿Quién va a decidir por ti? Ven. Además, que sepas que si me dejas contaré a la competencia todo lo que sé y te despedirán.

--Jaime...

--Tú no puedes sacarme del fango, hacerme feliz, enseñarme lo que me estaba perdiendo y arrojarme de nuevo. Si no estoy contigo, me hundiré. Yo así vuelvo a la miseria, me quedo sin ninguna razón por la que vivir. Jesabel, tú eres mi único antidepresivo, mi motor, mi mito erótico, mi Sentido de la Vida.

--No me hagas esto.

--Lo comprendo. Comprendo qué te ocurre realmente. Estás en un ambiente enviciado. Tú no lo puedes ver con claridad porque estás demasiado cerca como para tener una perspectiva clara y objetiva, pero tú no estás segura con ese tipo de gente que piensa así y que ha acabado convenciéndote. Tú no eres de esa forma, tú no desprecias las leyes ni justificas con el fin cualquier medio. Yo puedo ayudarte... no, yo debo ayudarte convenciéndote de que dejes de relacionarte con esa mala gente que desvirtúa el concepto de la palabra "triunfo" y que te está camelando. No lo consientas. Comienza una nueva vida aquí, cerca de tu familia y de quien te aprecia con independencia de si tienes más o menos éxito profesional. Triunfa verdaderamente en la vida y confía en quien te apoya. Y si eres especial para desarrollar tu actual trabajo, también eres igual de especial para desarrollar un buen trabajo en otro ambiente menos "trasgresor".

--No les puedo traicionar. Necesito más tiempo para pensar, tengo que aclarar mis ideas.

--Eres libre —aumentaba su entusiasmo--. La ley es maravillosa, protege tu libertad. Quizás acumules al final menos dinero, pero vas a ganar mucho. Nuestra vida comienza ahora y juntos vamos a arrasar. Ese siempre ha sido nuestro destino, lo sabes y por eso me lo dijiste. Y vaya que si tenías razón.

--Jaime.

--Y si te encontrases en el supuesto de que temieras represalias y no te atrevieras a contármelo, puedes estar tranquila porque... aquí estoy yo.

--No es eso.

--Entonces... ¿qué es?

--No es nada. Sí, tienes razón, mucha razón. Al carajo con tanta tontería —quedó Jaime gratamente sorprendido--. Nunca va a haber nadie que me quiera tanto como tú. Es evidente.

--Soy un chollo para ti. Haces bien con no desperdiciar la oportunidad de tu vida. Mira, yo mismo te ayudo a que encuentres un trabajo que te realice y a todo lo que tú necesites. Tú, sencillamente, ven.

--Sí, claro que sí. Mañana voy a pedir mi traslado definitivo a Barcelona y si hay problemas o inconvenientes, que se vayan a hacer puñetas —se entusiasmaba también Jesabel.

--Así se habla. Pues claro que sí. Y a la porra también con el asqueroso de Mario.

—Bueno...

--Quiero tenerte a mi lado. Construir mi vida contigo. Formar una familia. Sentirme halagado como hombre con tus exigencias y quejas de mujer, ya que quienes reciben más exigencias y quejas son precisamente los que tienen más responsabilidad.

--¿Eh? ¿Qué dices?

--No tardes. Ven pronto.

--Tranquilo, voy.

Después de esperar veinte minutos ilusionado, nervioso y deseoso por terminar de confirmar la llegada de Jesabel, Jaime decidió salir para esperarla en la calle. Se aproximó entonces un vehículo que no pudo identificar porque le deslumbraban sus luces de largo alcance y éste se detuvo a unos veinte metros de Jaime. De ese vehículo bajó Jesabel, que se quedó mirando a Jaime sin poder decir nada. El se aproximó sin prisas y con firmeza, y ella inclinó levemente su cabeza sin dejar de mirarle. El tocó su cara y asió su cuello, y ambos contactaron emocionados sus frentes atravesándose mutuamente con sus miradas, acercando sus mentes al máximo, como si desearan fusionarse.

—Por fin he solucionado mi vida, Jesa.

--Pero tú no me has conquistado definitivamente.

--¿¿No??

--Me temo que siempre tendrás que conquistarme, todos los días.

--Va a ser una obligación muy dulce.

--Presiento que también va a ser muy dulce para mi.

Entraron a casa juntos, cenaron juntos y durmieron juntos.

Despertó Jaime sobresaltado. Jesabel no se encontraba a su lado. Eran las cinco de la madrugada. Se levantó y con los ojos entreabiertos y la vista borrosa por la somnolencia marchó tambaleándose ligeramente hacia el cuarto de baño y éste estaba vacío. No pudo evitar una cierta alarma que le despejó. Bajó las escaleras y encontró a Jesabel sentada en el suelo delante de un sillón con la cabeza entre las piernas y las manos en la cara. Ella destapó su cara y mostró una expresión desolada como nunca antes había visto Jaime. Despeinada, pálida, ojerosa, con surcos sobre las mejillas, el rostro mojado, los ojos y la nariz enrojecidos, la mirada perdida...

--¿Y ahora qué es lo que ocurre?

Jesabel se levantó y se abrazó a él con todas sus fuerzas, con auténtica necesidad.

--Tengo miedo. Me siento sola —interrumpió sus palabras con gemidos--. Me han amenazado mientras dormías. No tiene sentido.

--Lo sabía. Se oculta lo que es grave y se justifica lo que es culposo. Estabas con mala compañía, lo sabía.

--No entiendo nada. Son buena gente.

--Son buenos hasta que no les convienes. ¿Con qué te han amenazado?

--Me han dicho cosas extrañísimas. No termino de creérmelas. Es como si me hubieran mentido esta noche, pero no sé con qué fin. Me han hablado sobre el "método habitual de eliminación de cadáveres".

--¿¡¡Método habitual de eliminación de cadáveres!!? ¡Joder! ¿Con qué bestias andas? ¿Quiénes son esos?

--No puede ser cierto, debe ser una prueba o una broma de mal gusto.

--No se gastan bromas con esas cosas. Ni fanfarronadas tampoco, sobre todo si es alguien como tu jefe, mister Foster, el que "informa".

--No ha sido Foster, él estaba decepcionado con mis equivocaciones y me ha hablado muy poco. Me ha puesto con personas que desconozco para aconsejarme, según él. Me ordenaron que colaborase para...

--¿Para qué?

--Para tu eliminación —transformó la expresión de su desconsuelo en sollozos--. ¡Pero como voy a participar yo en la eliminación de nadie! ¡Ni mucho menos de ti! Están locos.

Se le elevó a Jaime la nuez hasta la altura de la boca, el corazón hasta la garganta, el estómago hasta el pecho, los intestinos hasta el estómago y se notaba tremendamente angustiado.

--¿Por qué me quieren eliminar a mí ahora?

--Es por mi culpa. Por haberte hecho conocedor de la existencia de la I+D paralera.

--Es injusto. Has sido tú la que ha incumplido tu acuerdo "de honor" y discreción. ¿Pero por qué me tuviste que contar esos detalles si yo no te había preguntado nada?

--No le di ninguna importancia. A mí sólo me aconsejaron que no hablara de la I+D paralela para que los ineptos no hiciesen peligrar los proyectos. Yo supuse tu discreción y por eso no le di mayor relevancia. No puede ser que hayan reaccionado así.

--Qué ingenua eres. Serás muy inteligente para otras cosas, pero en la valoración de los demás eres muy ingenua. La locura y la barbarie de los canallas existe y al igual que la sufren personas lejanas también nos puede tocar a nosotros, por qué no. Por eso hay que estar alerta con las ideas extrañas y absolutas. Ningún despiadado lleva escrito en la cara la palabra "despiadado". Si las personas más importantes, los más justos, los mejores, los líderes son asesinados, qué seguridad podemos tener los desconocidos como nosotros. Si no trabajaras tanto y vieras más la tele estarías más enterada del Mundo real que te rodea y sabrías que siempre que se descubre a un asesino, las personas mas allegadas se quedan muy sorprendidas porque el asesino les parecía alguien inofensivo. Pero... ¡pero serás ingenua! ¿Por qué saben tus jefes que yo sabía lo de la l+D paralela? Porque se lo has contado tú, ¿no?

--Anoche les llamé con mi móvil igual que todas las noches para informar bien sobre la situación del día, pero al contárselo estuvieron varias horas pasándome de un teléfono a otro. Algunos de ellos tenían acento de otros países. Y uno me dijo que conviviera contigo con normalidad, para que no sospecharas nada, al menos durante tres días hasta que llegaran unos "ayudantes" de Colombia. Después me darían más instrucciones para que tu eliminación pareciese un infortunio ocurrido durante el atraco de una joyería o de un banco. Me avisaron de que si yo no colaboraba correría tu misma fortuna por inútil.

--¿Y qué respondiste? —Jaime tenía que esforzarse en disimular su temor para que Jesabel no se sintiera más sola y desprotegida, y también por orgullo.

--Estaba hundida y aterrada. Acepté mi nueva misión para conformarlos, pero yo a ti no te puedo hacer esa crueldad.

--Elegiste bien, aunque no creo que confíen plenamente en ti.

--Es muy triste todo lo que te estoy haciendo.

--Estamos los dos en el mismo aprieto. Y tenemos menos de tres días para encontrar una buena defensa.

--¿Y qué vamos a hacer? ¿Denunciar?

--¿A quién vas a denunciar? ¿Conoces los apellidos de los que te han amenazado esta noche?

--No, no les conozco.

--Y no nos van a dar protección policial por unas amenazas por teléfono. ¿Sabes el nombre completo de mister Foster?

--No, ¿qué hacemos?

--Tú... ¿a cuántas personas conoces que pertenezcan a la I+D paralela?

--Yo no sé quién pertenece realmente a la I+D paralela y quién no. Éramos muy discretos con esas cosas. Bueno, a mí no me informaban nada más que de lo preciso, de lo que tenía que hacer y poco más. Pero yo nunca sabía dentro de qué cadenas formaban parte mis trabajos. Es comprensible, si te piden discreción tú no preguntas. A ver si me entiendes, yo no pertenecía de forma activa a la I+D paralela, a mí me solicitaban colaboraciones y casi siempre a través de Mario.

--¿Y cómo se te ocurrió meterte en todo eso?

--No sé, fue casi por enterarme. Un día, hace tres años, me dio la enhorabuena un compañero y me dijo que hablara con el jefe, con Mario, para que me explicara mi "ascenso especial". Mario también me dio la enhorabuena porque no sé qué directivos me habían escogido por mi idealismo y lealtad para conocer y participar en la elite de la I+D Yokonaga, en la que los trabajos eran tan elevados que se precisaba mucha discreción. Me preguntó si estaba orgullosa y yo le respondí afirmativamente.

--No tenías que haber aceptado.

—Me pareció bien. Con el tiempo fui viendo algunos detalles extraños y me quejé, pero me convencieron de que no tenía mayor importancia que la de desquitarse de la mojigatería legal y poder así investigar con mas eficiencia y velocidad. No era todo legal, pero tampoco era inmoral por los beneficios universales que se obtenían gracias a esa picardía loable. Si hubiera sospechado que se realizaba algún acto criminal, ya hubiera puesto yo enseguida cartas en el asunto, por supuesto que sí. El respeto por los derechos de los demás es lo más básico que tenemos para esperar algo positivo de la vida.

--Claro, ya les entiendo, tú no demostrabas suficiente inmoralidad como para que confiaran en ti y pudieras conocer todas sus actividades. Es una mafia como otra cualquiera y aunque utilicen mecanismos más sofisticados les ciega el dinero fácil como al resto de las mafias.

--Antes no eran así, son sólo algunos los que se están corrompiendo.

--Mira. Eres demasiado inocente y deberías ser más recelosa, y si esto te hace sentir más sola, al menos te evitas fuertes decepciones y te proteges algo más. Las cosas están como están y hay que tener los ojos bien abiertos. Anteayer, en el telediario, dijeron que la gran cantidad de mafias que hay asentadas en España se llevan fenomenal, y que además el Ministerio de Interior teme que estén aumentando la colaboración entre ellas, e incluso, se apoyen con los grupos terroristas. También dijeron que podía haber una oleada de atentados contra el Estado si les molestaban. Así que... esto es lo que hay. Si se fusionan las grandes multinacionales por la Globalización económica, también pueden asociarse las mafias internacionales.

--¿Se llevan bien las mafias? ¿Seguro?

--Aquí, con sus códigos de honor, fenomenal. Otro asunto distinto es que apliquen con rigor su ley escarmentadota a quien no cumpla para advertir a los demás colaboradores, suministradores y "vendedores a franquicia" de que respeten el orden en los negocios.

--Todo eso ocurre siempre lejos, en los periódicos y en las películas. No consigo hacerme a la idea de que esté amenazada. ¿Qué vamos a hacer?

--Pues... algo.

--Ojalá sólo sea un susto o un enfado. Nada. Lo tengo claro, sólo me queda un camino, pedir ayuda a Mario.

--¡Qué dices! ¿Vas a pedir ayuda a quien te felicita por entrar en la organización?

--No, no es así. Si Mario fuera corrupto nunca se hubiera expuesto a decirme que sospechaba de métodos que además de ilegales eran inmorales cuando yo todavía no había visto nada extraño. Es más, yo no le di demasiada credibilidad y él insistió con que le preocupaba unos detalles de la sección farmacológica-biológica de la I+D paralela que no le encajaban.

--¿Qué detalles?

--No quiso implicarme y quería ser discreto con lo que sólo eran sospechas. Pero decidimos confiar mutuamente si descubríamos algo llamativo y ayudarnos si nos sentíamos acosados o desprotegidos.

—Pues a mí no me parece de confianza ese Mario.

--Somos buenos amigos. ¡Incluso nos divertíamos en la cafetería buscando respuestas a tus paradojas! Me pidió que me enterara de si habías desarrollado nuevas paradojas. Quiero que lo conozcas. Le voy a llamar para que nos ayude.

--¿Está en Kyoto?

--Sí, pero yo sé que cuando se entere de lo que me ha sucedido lo deja todo y viene a ayudarme.

--¿Y no le habrás puesto en un aprieto al contar a tus jefes de España lo de Grupo Local?

--¿Cómo? Creo que ese aspecto no lo has entendido bien. I+D paralela sólo está en la I+D Yokonaga y la conoce bastante gente, desde el presidente hasta científicos idealistas, pero lo de Grupo Local es distinto ya que en toda la Yokonaga sólo lo conocen el presidente Yoshuma, su delfín Kirohito, el mejor amigo de Kirohito, o sea, Mario Vergara, yo... y ahora tú. Evidentemente esta madrugada no le he hablado a nadie sobre Grupo Local.

--El mejor amigo de Kirohito es Mario Vergara y la mejor amiga de Mario eres tú. Porque si Mario te cuenta algo tan discreto es... porque tú eres única para sonsacar a los hombres.

--Oye, pregúntale a Mario por qué me explicó lo de Grupo Local, porque sólo él puede saberlo. Yo desconocía la existencia de esas reuniones. Y a Yoshuma sólo lo conocemos a través de los periódicos. Aquel día estábamos conversando de todo un poco y Mario me confió esa curiosidad. Y no te imagines otra cosa porque Mario está casado y yo conozco a su esposa, a Michiko, y le tengo mucho aprecio.

--No te piques.

--No desconfíes de mí porque si lo haces ya no me queda nadie. Ni siquiera me atrevo a acudir a mi familia por si...

--No, ni se te ocurra. Este tipo de gentuza suele tomarse las cosas personales y no implican a familiares, pero como sospechen que la familia sabe algo la hemos fastidiado.

--Estoy asustada.

Amaneció y Jaime tuvo que marchar al trabajo a pesar de que el sueño y la preocupación le hacían percibir el entorno como algo distante y sin interés. Zumbidos en la cabeza, ligeros escalofríos y una visión muy luminosa y poco nítida. Durante el trayecto se sentía solo entre la multitud. Observaba a los transeúntes y los veía como pertenecientes a una realidad aparte de la suya, en la que se desconoce los problemas que pueda tener un insignificante como Jaime y desde donde no se puede echar una mano por ello. No le hubiera supuesto ninguna pérdida que aquellas sólo fueran imágenes irreales, puesto que los rostros anónimos de su alrededor nunca sabrían de su existencia ni de su posible drama. No obstante, su temor no era muy agudo porque no terminaba de asimilar su circunstancia, como si ésta la sintiese lejana, como si no quisiese aceptarla, como si los tres siguientes días fuesen un largo periodo de tiempo en el que antes de encontrar una solución a su desesperante problema tendría tiempo suficiente para atender muchas obligaciones con gran eficiencia.

--Don Jaime, Don Jaime —un celador se apresuró al encuentro de Jaime en la entrada de la Clínica--. Una señorita que se llama... Jesabel Espinosa me ha pedido que le notificara que le está esperando frente a la puerta de la sala mortuoria para un asunto personal de gran urgencia.

--¿Ha estado aquí en persona?

--Sí, ha sido hace un par de minutos.

--Gracias.

Jaime cruzó rápidamente todo el Centro y mientras caminaba con presteza se imaginó a Jesabel conduciendo preocupada para llegar a la Clínica en el menor tiempo posible. Miró a su móvil y no había registrado ningún intento de llamada. Llegó y la sala mortuoria estaba vacía. Por la misma puerta de la sala mortuoria salió Jaime al exterior, pero en toda la vía de acceso no encontró a nadie. Para cerciorarse iba a cruzar esta calle y mirar tras los árboles y tras la caseta del transformador, pero en ese momento se aproximó una furgoneta de servicios funerarios y el conductor, tras bajarse del vehículo, le preguntó:

--¿Han llegado ya los familiares?

--No...

--Mire, ¿usted cree que se puede transportar a un difunto en estas condiciones? —abrió el conductor las puertas traseras de la furgoneta--. Esto es como para denunciar a la empresa. Mire usted, es vergonzoso. No me hace ninguna ilusión que lo vean los familiares.

El conductor apoyó una mano sobre el hombro de Jaime y él esquivó receloso ese exceso de confianza. Miró al interior y la furgoneta esta vacía y limpia. Jaime estaba extrañado y se disponía a retirarse cuando alguien por detrás le agarró de los brazos y del pecho con todas sus fuerzas.

--Mételo, rápido.

--¡Adentro!

Jaime instintivamente gritó y taconeó sobre los pies de quien le inmovilizaba, pero era en vano porque inexorablemente iba a acabar con sus huesos dentro del vehículo fúnebre. En un intento desesperado apoyó un pie sobre el borde inferior de la furgoneta y el otro sobre la bisagra central de la puerta y estiró sus piernas bruscamente. Debido al impulso Jaime cayó de espaldas sobre su agresor, que abrió sus brazos para incorporarse. Jaime aprovechó para girarse raudo y antes de levantarse corrió apoyándose con sus manos en el suelo con tanta vehemencia que no pudo evitar caer de bruces contra la puerta de la sala mortuoria. Se revolvió y pegó de soslayo una patada en la pierna del conductor que ya le estaba apuntando con un revólver.

--Muévete cabrón y te aniquilo aquí mismo.

Sin dejar de mirar el cañón del revólver que apuntaba a su cabeza, Jaime se levantó. Apenas podía respirar y las palpitaciones de su corazón disminuían su ritmo al tiempo que se tornaban más intensas.

--Ven con nosotros.

Jaime alzó sus hombros, apretó sus dientes y sus párpados, se giró por iniciativa propia, abrió de nuevo los ojos y accioné la manivela de la puerta de la sala mortuoria.

--¡Eh! ¡Quieto!

--Dispárale.

--Joder, joder, joder.

--¡Dispara, carajo!

--¡¡Joder!!

Pero Jaime sin pensarlo corrió velozmente a través de la sala y de los pasillos sin mirar nunca hacia atrás. Y al aproximarse al hall aminoró su marcha para no alarmar. Clara, la jefa de enfermería, cruzó por el pasillo en ese instante y al ver a Jaime se contagió con su expresión de espanto.

--¡Qué te pasa, Jaime! Estás pálido.

El no respondió. Se dirigió directamente al celador y le preguntó alterado.

--¿Cómo era Jesabel?

--¿Quién? ¿La señorita que ha preguntado por usted?

--Sí, ¿cómo era?

                   --Pues... o sea...

--¿Qué rasgos tenía? Dime, por favor.

--Era morena... sí, delgada, no muy alta... Y con el acento ese.

--¿Qué acento?

--Sudamericano, creo. Pues, ¿qué...

Jaime salió a la calle y miró en todas direcciones. Cogió su móvil y llamó a Jesabel.

--¿Sí?

--Jesabel, ya están aquí, lo de los tres días es falso.

--Jaime, ¿qué hacemos?

--Tenemos que estar juntos. Ven a recogerme, rápido.

--Mi coche está ardiendo.

--¡Qué dices!

--Oí a los bomberos, me asomé y era mi coche el que ardía. Ahora estoy en una cafetería.

--Yo no puedo estar aquí. Tenemos que reunirnos.

--¿Dónde?

--La cafetería en donde estás, ¿está lejos de casa?

--Relativamente lejos. Es la de los espejos antiguos.

--Bien. Espérame ahí. Cojo un taxi y llego enseguida.

La parada de taxis se encontraba a una distancia de unos doscientos metros desde la Clínica. Jaime sin pensárselo se dirigió hacia ella corriendo. Sorteando al resto de los peatones se topó con un individuo de aspecto mestizo americano que con la expresión desencajada dio ágilmente unos saltos hacia atrás, al tiempo que introducía su mano en el bolsillo y aparentaba apuntar con una pistola. Jaime se quedó paralizado y mirando fijamente a los ojos agresivos del desarraigado decidió dar unos pasos hacia atrás. En ese momento se precipitó violentamente hacia él un coche de lujo nuevo y con la ventanilla del conductor destrozada. Jaime optó por entrar al interior del establecimiento que tenía a su lado en busca de ayuda, pero desde dentro surgió otro individuo con la cabeza ocultada con un pasamontañas y le apuntó con su pistola. Jaime miró hacia el interior del local y halló a un individuo más que portaba una bolsa de tela y a dos dependientes que permanecían tumbados en el suelo boca abajo. Sin demora Jaime se tumbó también en el suelo con los brazos bien abiertos. Los dos atracadores saltaron por encima de él y huyeron en el coche junto con el resto de los compinches. Jaime, descubriendo finalmente que se hallaba en una joyería, se interesó por el estado de sus compañeros de infortunio.

--¿Estáis bien?

--Estamos bien jodidos, coño.

--Y bien arruinados —añadió un señor con pelo canoso que se encontraba tras el mostrador.

--Bueno, ánimo, tengo que marcharme.

Por fin, Jaime tomó un taxi.

--¿Se encuentra usted bien, señor?

--Hace unos minutos han atracado una joyería. Y a mí me ha pillado dentro.

--¡Mecachi’n’diez! ¿Se va a venir aquí toda la gentuza del Mundo? Son bandas organizadas sudamericanas o de los países del Este.

--Hay mucha mafia.

--Han informado en la radio que han detenido juntos a un capo colombiano proguerrillero, a un traficante de armas árabe y a varios traficantes españoles que estaban todos reunidos en Marbella.

--Sí, no me sorprende, pero si los traficantes de armas árabes son los que surten de material a los terroristas. Aquí también tenemos buenos productos nacionales.

--Si le entra a uno ganas de liarse a puñetazos con todo.

--Los mafiosos rusos por un lado, los italianos por otro, las mafias marroquíes...

--Mucho vicio. Todo viene del vicio. Que vamos a acabar todos degenerados.

--Sí, pero si nos van a acabar extorsionando aquí también los putos mafiosos estos, que son unos vagos y unos chulos.

--Muy bien. Tú eres uno de los míos, se nota. Anda, majete, toma unas papeletas de Lotería de Navidad, que es un regalo.

Las papeletas presentaban fotos de Francisco Franco y de Primo de Rivera y toda la simbología falangista.

--Bueno, tampoco hay que exagerar.

--¡Cómo que exagerar! ¡¡Que se vayan a sus países a delinquir!! Con lo bien que estaríamos aquí con un poco de mano dura. ¿O no?

--Bueno, vale, vale.

--¡Ni vale ni nada! Eso es así. Pero como hay tanto vicio... pues, ¡hala, al cachondeo! Alguien nos tendrá que traer las putas y las rayitas, ¿no? Qué lástima de vida. He estado trabajando aquí y en Madrid y la verdad es que se ve de todo en un taxi, pero uno además tiene que callar. Eso si no te atraca un yonqui o un desgraciao. Yo, cada vez que miro a las fotos de mis niñas... le entra a uno mucha pena. Bah, a la parienta le puede partir un rayo.

--Creo que es esa la cafetería.

--Si, así es. Bueno, servido, señor. De verdad que casi me había hecho ilusiones con usted. Pero, nada.

--Adiós.

Pudo detectar a Jesabel desde la calle.

--Has tardado, Jaime.

--Nunca he sido tan consciente como hasta ahora de lo cerca que está uno de la... la delincuencia organizada. Yo soy de Huesca. Hasta los dieciocho años sólo he conocido a oscenses. Me parece imposible que me ocurra todo esto. Jesa, han intentado raptarme.

--Jaime, ¿denunciamos... o huimos... o qué hacemos?

--Las dos cosas. Denunciamos lo denunciable por si acaso tiene alguna utilidad. Y después huimos, que es lo más seguro.

--¿Le hablo a la policía de la I+D paralela?

--Sería una pérdida de tiempo. Denuncia los delitos, denuncia que te han amenazado y que te han quemado el coche; por lo menos que quede algo escrito. Y si la policía quiere investigar... algo podrán hacer.

--Así no conseguimos nada. Tengo que ponerme en contacto con Mario para que nos ayude. El problema hay que atacarlo desde arriba. Vamos a escondemos hasta que me ponga en contacto con él.

--Sí, vamos a un hostal pequeño y... ¿damos nuestros nombres?

--Qué remedio, exigen el carnet de identidad.

--Vamos, no me siento seguro en ningún sitio.

Compartiendo la misma sensación de vacío en el estómago y el mismo malestar que les impedía llenarlo, la pareja encontró con facilidad un hospedaje barato. Jesabel inspeccionó el nuevo entorno vecinal buscando una pequeña tienda de alimentación cercana para abastecerse de algunos víveres. Por su parte Jaime regresó a casa, a pesar de la inquietud que esto le ocasionaba, para hacer acopio de todo aquello que pudiera necesitar. Era demasiado tarde, para su asombro Jaime pudo descubrir en qué condiciones se encontraba ya su vivienda:

La puerta reventada, los armarios en el suelo, los cajones vaciados, los colchones y los sillones rajados, los electrodomésticos destrozados... Era imposible entrever ninguna causa racional en el comportamiento de los asaltantes. No habían robado, no existía nada interesante que encontrar en la casa de Jaime; todo estaba minuciosamente destruido. Sólo el frenesí absurdo y una buena dosis de mala fe podrían explicar aquella actuación desmedida. O bien las órdenes dadas por un jefe esperando algún efecto en Jaime y Jesabel. Buscó entre los restos algo que le devolviera el recuerdo y afortunadamente encontró las fotos de sus padres. El cariño hacia sus objetos que le acompañaban continuamente, muchos de ellos únicos e irremplazables, estaba roto. No podía soportarlo, tenía que salir de allí enseguida. Pero cuando se disponía a abandonar los restos de su hogar localizó un mensaje que hasta entonces le había pasado desapercibido. Escrito con betún en la puerta de la calle advertía así: "Por putos os vamos a prender candela". No pudo nada más que liberar su furia en forma de gritos y puñetazos contra la pared.

--¡Pero qué he hecho yo! ¡No lo entiendo! ¡No lo entiendo! ¡No! ¿Por qué merezco esto? ¡Qué os hemos hecho para que nos odiéis de esta manera! Por mucho poder que logréis, nunca dejaréis de ser basura. ¿Por qué no os enfrentáis conmigo uno a uno y sin armas?

Inconsciente de su acto Jaime golpeó con dureza su frente contra el marco de una puerta, recorriéndole el cráneo una descarga eléctrica y quedando su visión completamente en blanco. Sabía que se encontraba sentado en el suelo, pero su visión seguía en blanco. A él no le apetecía nada añadirse una nueva preocupación, por lo que simplemente esperó y la vista le regresó súbitamente.

De vuelta al hostal se encontró con una Jesabe1 nerviosa que limpiaba mecánicamente y en silencio lo que ya estaba limpio. Jaime, también en silencio y con el gesto agrio, dio varias vueltas por la habitación y encendió el televisor. Pero Jaime no veía las imágenes que miraba porque sólo recordaba absorto cuál era su estable vida un par de días antes. Jesabel debía encontrarse también mal porque junto con su palidez brillante manifestaba con fuertes sonidos corporales unas náuseas acompañadas de frecuentes conatos vomitivos. Al final Jaime no tuvo otro remedio que interesarse por su estado.

--¿Vas a vomitar?

--No lo sé. Me siento mal, ¿es que no lo ves?

--Ya veo.

--Pues cualquiera lo diría.. ¿Así tratas a tus pacientes?

--Ahora debería estar tratándolos y tú sabes muy bien por qué estoy aquí —dejó Jaime así de reprimir su malestar.

--Claro que lo sé, y también sé por qué tengo que estar aquí. ¿No has traído nada de tu viaje a casa? ¿Sólo unas fotos?

--¡He traído lo único que quedaba sin destrozar! —expresó alterado--. Me han quitado todo, han destruido los muebles que tanta ilusión le hacían a mi madre, han quemado mis diplomas, ¡están aniquilando mi pasado! ¡¡Me quieren quemar!!

--¡¡A mí también me han amenazado con quemarme!! —se le desbordó la tensión acumulada en forma de gritos--. Es espantoso, es terrorífico.

--¿Cuándo?

--Hace media hora, mientras compraba, me han llamado al móvil.

--¿Al móvil? ¿Lo tienes encendido? Joder. ¡Apágalo! —ordenó angustiado.

--¿Y por qué te preocupa eso ahora? —su incomprensión aminoró su pequeña histeria.

--Nos van a localizar. Es más fácil de lo que parece. Quizás los sicarios no tengan los medios necesarios, pero tus jefes sí. Aquí tampoco estamos seguros.

--¿Nos tenemos que marchar?

--Ahora mismo. Ya.

--¿¡Y a dónde vamos!? Es una locura —su voz se aflojó junto con su ánimo rozando el lloro.

--No lo sé. Lo mejor será ir a una cafetería y buscar por Internet una casa en alquiler que esté muy lejos de aquí.

--¿Y de qué vamos a vivir?

--Si se nos acaba el dinero puedo vender una propiedad de mi padre. Sé quién me la podría comprar inmediatamente a mitad de precio.

--Es un desastre, Jaime. No vamos a ninguna parte.

--¡¡Cómo que no!! —miró a Jesabel agresivo--. ¡Nos vamos ahora mismo!

--No me comprendes. Así no vamos a solucionar nada.

--¡¡Propón una solución mejor, señorita "inconvenientes", vamos!! O... ¿no te apetece? —le alzó considerablemente la voz.

—No me hagas esto. No soporto la presión. No lo soporto —su angustia desembocó en sollozos.

--No vamos a consentir que todo esto acabe con nuestros nervios, ¿sabes? —colocó sus manos en el rostro de Jesabel mientras le limpiaba las lágrimas de las mejillas con los pulgares y la miraba fijamente--. Todavía no ha sucedido ningún drama, no lo olvides, todavía no ha ocurrido nada que sea irremediable. Vamos a luchar por nosotros; por solucionar airosos nuestros problemas. Vamos a establecer una buena estrategia y por supuesto que vamos a vencer. Y se van a arrepentir esos sinvergüenzas por haber desviado su atención hacia nosotros, que no saben la que les va a caer encima.

--¿Por qué nos hacen esto?

--Quizás se nos haya pasado por alto algo que explique mejor el comportamiento que tienen con nosotros. Algo de lo que no sospechemos, pero que desde luego no justifica lo que hacen, ni mucho menos.

--Pero... es todo tan desproporcionado... Tan falto de lógica.

--Sí, es desproporcionado. Pero nosotros no somos las primeras victimas de la violencia descerebrada y sin sentido. A veces, ocurre así. A veces, cuando un ciudadano anónimo está agonizando, se pregunta que a quién habrá hecho un daño tal como para que le odien tanto y le martiricen así con el fuego de una bomba o con las heridas de unas balas. Es incomprensible. Pero ciertamente ocurre así.

--¿Pero no piensan en el dolor que provocan? ¿No han tenido nunca una contusión, un dolor de muelas o una escocedura? ¿No sentirán nada si nos queman? Yo soy incapaz de imaginar cuánto se siente cuando te... ¡Dios! No hay explicaciones para esto.

--No, no las hay, pero asesinatos si los hay continuamente. Y si asesinan a nuestros héroes y líderes, evidentemente que nadie está a salvo. Así que tenemos que irnos ya. Vamos.

Veinte horas después, a las ocho de la mañana del MIÉRCOLES, el nuevo paradero de Jaime y Jesabel era una estación del AVE. Habían pernoctado la noche anterior en Madrid y recobrado también toda la tranquilidad y algo de ilusión.

--Ya estamos en Ciudad Real, Jesa.

--"Royal City" para los británicos.

--¿Cómo podéis tener tanta memoria las mujeres?

--Algunas veces haces preguntas que, la verdad, no sé qué contestarte. Y tú, ¿por qué has elegido Poblete?

--Casi por azar. Es una localidad que desconocemos y que no tiene ninguna relación con nosotros. Nadie nos puede relacionar con Poblete y podemos permanecer en esta pequeña población sin ningún peligro. Aquí vamos a estar bien. Tus jefes seguramente no conocerán ni siquiera la existencia de esta población de menos de ochocientos habitantes, que sin embargo está muy bien comunicada, ya has visto, a tan sólo una hora de Madrid con el AVE. Mario no tendrá ningún problema para llegar hasta nosotros.

--Muy bien pensado. ¿Pero está lejos de aquí Poblete?

--A menos de seis kilómetros. Cojamos un taxi.

De camino a Poblete...

--¿De dónde son ustedes? Si no es mucha indiscreción.

--Venimos de Cataluña —informó ella.

--Pues no se les nota nada el acento catalán.

--Bueno, no somos catalanes, somos naturales de Aragón —aclaró Jaime.

--Ah, buena tierra esa, la de los maños.

--Sí, gente sincera —indicó Jaime mirando acusadoramente a Jesabel que desvió su mirada a la ventanilla.

--¿Vienen a visitar a algún familiar, o...?

--No, realmente venimos a pasar unas vacaciones.

--Sí, somos... creativos y necesitamos estar en un lugar tranquilo para concentrarnos.

--Somos currantes de la inspiración —añadió Jaime ilusionado al tiempo que Jesabel le propinaba un taconazo.

--Vamos, que más que vacaciones... vienen ustedes también a trabajar.

--Sí. Nosotros siempre estamos trabajando de alguna forma.

--¿Qué son? ¿Escritores?

--Sí.

--No.

--O sea, yo escribo... guiones para la televisión, como teatrillos y presentaciones de programas. Y mi marido es creativo de publicidad.

--¿Recuerda el anuncio de televisión en el que desfilaban con ropa interior unas señoritas en un concesionario de automóviles y al final el anuncio iba de magdalenas light? Ese anuncio lo imaginé yo.

--¡Sí?

--Si.

--Poblete es tranquilo. Yo vivo en Poblete.

--¿Es natural de ahí?

--Sí, es mi pueblo. Bueno, en cierto modo es como un barrio a las afueras de Ciudad Real. Pero también he estado viviendo más de treinta años en Madrid con el taxi.

--¿En Madrid?

--Sí. Bueno, no es de extrañar, varios colegas de aquí también han trabajado en Madrid.

-¿Tiene familia? —se interesó Jesabel.

--Claro, una parejita. Bueno, ya han terminado la carrera. Él es periodista y ella ha estudiado empresariales. He tenido suerte con ellos. Pero todavía siguen buscando trabajo. Antes... he dicho que Poblete era tranquilo, pero aquí también tenemos nuestro problema, el hijo de Amalio, el "Rataza". Ahora está suelto otra vez. Cuando atracó la joyería en Ciudad Real la policía vino directamente a detenerlo a la casa de sus padres, ¡cómo si no lo conociera nadie!

--Lamentable.

--Vaya ya hemos llegado, el camino es corto.

Al momento de entrar en contacto con la población ya se encontraban en la céntrica calle de Cervantes. Abundaban las casas antiguas de una única planta y con modestas fachadas de cemento pintadas de colores claros que contrastaban con unas viviendas unifamiliares adosadas de reciente construcción.

--Es en el número doce —indicó Jaime.

--Ah, esa es la casa de la señora Carmina, la que se casó con el hermano de la Venancia. La otra hermana es cuñada mía. Bueno, ya iréis conociendo a la vecindad.

--Bien, como son pocas maletas, podemos nosotros solos.

--Pues... encantado de tener a unos nuevos vecinos, a unos buenos nuevos vecinos. Incluso sospecho que son unos ilustres vecinos, ¿no?

--No, por favor.

--Para nada.

--Si necesitan algo, yo vivo en el número tres de esa calle.

--Ah, muchas gracias.

--Hasta luego.

--Adiós.

--Adiós.

--¿Has visto qué gente más acogedora?

--Qué idiota soy, tenía aquí a una familia y sin enterarme.

--jJaime! ¿Es aquí?

--No, la de al lado. En el número catorce.

--No tiene mal aspecto vista desde afuera. ¿Tienes las llaves?

--Coge ésta que pesa menos. No, las tiene la vecina.

--¿Qué vecina?

--La de aquí, la del número doce.

--¿Y eso?

--A mí me dijo... el chaval ese de Castellón que te dije, me dijo que la señora Carmina se encargaría de explicarme los detalles de la vivienda. Él viene mañana para hacer el contrato. Llama, que yo no puedo.

Se abrió la puerta y apareció una señora que aparentaba tener más de cincuenta años y que evidentemente ya había desistido de mantener la línea. La señora Carmina sólo necesitó algo más de un segundo para expresar una gran confianza, intuyendo que aquellos eran los nuevos inquilinos. Con su sonrisa espontánea les saludó afectuosamente.

--¿Es usted la señora Carmina?

--Y vosotros debéis ser los nuevos vecinos.

--Sí, Jaime Uriel y Jesabel Espinosa.

--¿Chesabel?

--No, Jesabel. Un capricho de mi madre.

--Encantada. Yo en realidad no tengo mucha relación con la casa que habéis alquilado. He tenido siempre amistad con la dueña, con la Amparo, hasta que se murió la pobre. Pero sus nietos no han querido saber nada de ella hasta que se ha muerto. Ahora, sí, ahora que si quieren vender la casa para repartirse el dinero, que si quieren esto, que si quieren lo otro. Pero cuando la abuela estaba ya viejecita, ¿quién se molestó en cuidarla? Aquí, su amiga. Y además tienen el descaro de dejarme de encargada para dar las llaves. Tuve que avisar a la funeraria y la mitad no acudieron al entierro.

--¿Llevaban mucho tiempo distanciados?

--Escucha que te explique. En el año cuarenta y nueve la hija mayor de la Amparo, la Petra, se quedó embarazada y su novio no reconoció a la criatura. Cuando se enteró su padre le dio un par de bofetadas y ella dijo que se marchaba a Valencia. Pero la verdadera sorpresa la dio su hermana pequeña cuando decidió acompañarla. Claro, ahí fue cuando se distanciaron. Con el paso de los años murieron las dos hermanas de cáncer y los nietos pues apenas han visto unas pocas veces a la abuela.

--Cada familia tiene su historia.

--Vamos que os enseñe la vivienda y dónde están los registros del agua y de la luz. Pero lo que es vergonzoso es la que tenemos ahora con el hijo de Amalio, que ya lo tenemos otra vez en el pueblo. Es sobrinastro del alcalde, ¿sabéis?

--Sí, si nos ha estado hablando de eso el taxista.

--Claro, habrá sido el Floren. Es buena persona. Trae todos los Viernes a mi hija de Ciudad Real. Mi hija está estudiando en Madrid Ingeniería, es muy hacendosa. Pero el hijo de Amalio es un golfo, tiene malas amistades y todos sabemos que va a Madrid con su primo de La Poblachuela para traer cosas malas que después las venden en Ciudad Real.

--¿No será peligroso? —preguntó preocupada Jesabel.

--Cuando está aquí lo tenemos controlado entre todos, pero tuvo secuestrada a una chica durante seis horas. Pidió un rescate, pero lo localizaron y estuvo cuatro años en la cárcel de Herrera de la Mancha. Mirad, está completamente amueblada. ¿Os gusta?

--No está mal.

--¿Te gusta la decoración, Jesa?

--Mm... las cortinas... son personales.

--Eh, el interruptor primero del pasillo está un poco estropeado y da descargas.

--¿Cómo funcionan estos interruptores? —preguntó Jesabel.

--Se coge así y se da vueltas hasta que la luz se enciende o se apaga.

--Qué curioso.

--¿Y venís para estar mucho tiempo en Poblete?

--No, para menos de un mes. Son unas vacaciones que nos hemos tomado libremente.

--No, yo pensé que veníais a trabajar a Ciudad Real y mientras encontrabais vivienda definitiva íbais a estar aquí.

—Pues esa sí que hubiera sido una buena posibilidad, pero queremos pasar las Navidades en un lugar tranquilo.

--Aquí os vais a sentir como en casa. ¡Ay, la leche! ¡Que se me estará quemando la leche! Os dejo. Si necesitáis algo ya sabéis dónde estoy. Hasta luego.

--Hasta luego.

                    --Qué original la señora Carmina, ¿no?

--Sí. Jesa, he estado reflexionando y mejor sería establecer con tranquilidad una buena estrategia. Entiéndeme, perfilar detalladamente una estrategia que les haga daño, mucho daño. ¿Qué es lo que más daño les puede hacer a esos putos mafiosos?

--No sé, ¿qué?

--No, eso mismo quiero saber yo, por eso te preguntaba. Tú qué crees que pueda perjudicarles más.

--Arruinarles, ofenderles, dejarles en ridículo para ponerles nerviosos y que tengan fallos... pero no sé cómo.

--La tenemos que elaborar con tranquilidad y perfección. Y sin exponernos demasiado.

--Sí, me impone un poco. Pero Mario nos va a ayudar. Él sabe más que nosotros de lo que se cuece en la I+D paralela.

--Espero que no te equivoques con él. ¿Le has avisado ya?

--No, no puedo llamarle directamente para no delatarlo. Seguramente tendrá pinchados sus teléfonos.

--¿Y cómo te vas a poner en contacto con él?

--Ya establecimos en su momento un código secreto particular de comunicación, por si nos pudiera hacer falta. Es muy sencillo, pero funciona.

--Y la señora de Mario qué opinaría si supiera lo de vuestro código particular.

--Eres único. La señora de Mario lo sabe.

--No, si lo decía de broma.

--Fue Michiko la que realmente lo creó durante su noviez para intercambiar declaraciones personales con Mario a través del fax. Sería más bien como un juego, supongo. Michiko y Mario me enseñaron cuáles eran las conversiones que se debía memorizar para traducir el código. Pero en vez de diccionario decidimos utilizar una Biblia de bolsillo. Mira, la llevo siempre en el bolso y Mario tiene otra idéntica.

--No estoy comprendiendo lo de ese código.

--Es fácil. Se comunican una serie de letras y números en grupos y cada uno de estos grupos se corresponde con una palabra. Y esas palabras se descubren al localizarlas en un libro común para ambas partes, en este caso una Biblia de bolsillo, en las posiciones que indican las letras y los números; que además deben ser traducidos según el código. El libro común, la traducción y el original camino que se toma para localizar en el libro común sólo los conocemos nosotros tres: Mario, Michiko y yo.

--Eso lo vi en una película antigua. Algo parecido.

--Funciona. Si se cambia de libro, traducción o camino cada cierto tiempo es imposible de descifrar. Yo también algo similar en una película en la que unos espías norteamericanos en Oriente Medio utilizaban un libro de Salman Rusdhi para comunicarse. Mira, confeccioné anoche mientras dormías el mensaje que le voy a enviar.

--Déjame ver.

--Lo tengo en el bolso. Aquí está..

La secuencia de letras y números que conformaban el mensaje era el siguiente: "ZCZC WAS583 CAB387 291938 B531D TFW35O 024. ESSA CO ESTF 017".

--¿Y qué es lo que pone?

--Exactamente esto que tengo escrito aquí: «Mateo. Soy Jezabel y Santiago. Estamos en riesgos muerte. Guárdate. Acude a mi al..."

--¿Al qué?

--Ahí tengo que poner codificado el número del móvil sin contrato que voy a comprar para enviar el mensaje y Mario ya se encargará de llamarme cuando no corra peligro.

--¿Y quiénes son Mateo y Santiago?

--Para entendernos entre nosotros se le llamaba Mateo a Mario, y Santiago eres tú.

--Bueno, si tú lo dices.....

--Le voy a enviar el mensaje a su móvil con el remite de Número Desconocido.

--¿Y por qué no le envías un correo electrónico encriptado a través de un teléfono por satélite? Así lo hacen en las películas.

--Es más caro y aquí en el pueblo no venden teléfonos de esos.

--Si le envías ahora el mensaje a Mario va a venir aquí a toda prisa. ¿No le va a comprometer?

--¿Cómo?

--Por muy buenas excusas que dé para ausentarse le pueden relacionar con nuestra huida al encontrarse los dos hechos tan próximos en el tiempo. Y más si le detectan el mensaje codificado. Creo que sería más aconsejable dejar pasar unos días antes de pedirle ayuda. Aquí estamos seguros.

--De acuerdo, pero sólo un par de días como máximo.

--Sí, y mientras tanto podríamos ir pensando algo.

--Claro. A ver si saliera bien... lo que vayamos a hacer.

--Yo de momento voy a dar una vuelta para inspeccionar el entorno. Deberíamos alquilar un coche, ¿no? Estamos muy limitados así.

--Sí, por lo menos para unos días.

--Voy a algún bar, en la plaza tiene que haber alguno, a ver si me dejan una guía telefónica y busco un alquiler de coches.

--Si yo creo que junto a la estación del AVE alquilaban coches.

--Bueno, voy a asegurarme.

--Vale.

Jaime localizó una cabina telefónica e hizo uso de ella. Pasó a ejecutar una idea que ya tenía en mente desde la noche anterior y que había decidido mantenerla a espaldas de Jesabel para no implicarla en riesgos gratuitos. Preguntó en Información y obtuvo los teléfonos de las cadenas televisivas nacionales. La intención de Jaime era lanzar un órdago imprevisto a la I+D paralela con una denuncia en público imparable sin importarle por ello exponer su imagen en público y exponerse así mismo a la vendetta de esa mafia. Llamó a todas las cadenas de televisión y demandó los teléfonos correspondientes a los programas de sucesos. Una vez obtenidos procedió a la petición de una oportunidad para denunciar en estos medios masivos a la I+D paralela. Le respondió al teléfono una señorita.

--Mire, quería denunciar en los medios de comunicación...

--Sí, diga usted.

--No, que... yo quiero informar de unas agresiones que he sufrido.

--Sí, ¿qué tipo de agresión?

--Intento de rapto, destrozos en mi vivienda y la quema del coche de mi novia.

--¿Nada más? ¿Sabe quién ha sido?

--Sí, sospecho de una organización criminal bastante compleja.

--Ah. ¿Y cuándo sucedieron los hechos?

--Ayer por la mañana.

--Bien. Dígame en qué comisaría ha realizado las denuncias.

--No, yo no he denunciado en la policía nada.

--¿Pero va a denunciar?

--Sí, en el programa de ustedes.

--Pero nosotros necesitamos pruebas para ese tipo de acusaciones. Somos un programa de sucesos y siempre trabajamos con la corroboración policial o al menos de la prensa local. ¿No tiene ninguna prueba, ninguna grabación de vídeo doméstico?

--No, también me han destrozado la cámara.

--¿Y por qué no denuncia?

--Por... por temor. Quiero decir por temor a estar localizado, vamos.

--¿Teme represalias? Pero lo primero que tiene que hacer es denunciar. ¿Estaría dispuesto a participar en un reportaje mostrando los destrozos y dónde intentaron raptarle?

--Pero... ¿no puedo participar en directo? Yo estoy dispuesto a dar la cara, pero en directo.

--Pues... ¿por qué...? ¿qué diría una vez en...? No, lo siento, en nuestro programa no hay participaciones en directo.

--A mí me interesaría en directo.

--¿Por qué?

--Porque... quiero avisar a la población de lo que hay sin arriesgarme antes.

--Pues lo siento. Quizás necesite otro tipo de programa. Algún programa de participación ciudadana o de coloquio abierto.

--Claro, cómo no había caído en eso. Deme los números de teléfono, por favor.

Lo intentó con numerosos programas de las distintas cadenas, pero en todos ellos ya estaban escogidos los temas para los siguientes días y en ninguno permitían la intervención de Jaime hasta pasada una semana. No podía esperar tanto tiempo, por lo que insistió y por fin encontró un programa en la televisión autonómica de Madrid donde podría participar libremente el siguiente VIERNES a las cuatro de la tarde. Jaime saboreó su satisfacción y comenzó a construir una declaración en la que además de poner en un aprieto a la I+D paralela y a toda la Yokonaga, también iba a humillarles frente a la opinión pública. Manteniendo la suficiente discreción para no preocupar a Jesabel debía esperar con calma hasta el agradable momento de su resarcimiento.

Con los números telefónicos de vehículos de alquiler en el bolsillo y con un par de cañas con sus correspondientes tapas en el cuerpo, Jaime regresó a su frugal nueva vivienda.

--laime, aunque vayamos a estar poco tiempo en esta casa, deberíamos hacer una limpieza general. Está todo esto un pelín descuidado.

--¿Sí?

--Si. Tengo todo preparado para empezar ahora. ¿Enciendes la tele? —preguntó extrañada.

--Ya ves. Mira, un Avance Informativo. Hay que estar informados.

 

"—Acaba de producirse un nuevo atentado. Afortunadamente no ha habido ninguna víctima. Hace tan sólo cuarenta y cinco minutos explotaba un coche-bomba en Madrid al paso del vehículo del Gobernador del Banco de España resultando éste ileso. Por la magnitud de la explosión es evidente que los terroristas han cometido un error importante o su intención sólo era la de demostrar su potencial operativo. En el lugar de los hechos se encuentra nuestro compañero Tebas Jabato. Adelante Tebas.

--Sí, aquí ha habido momentos en los que ha reinado el desconcierto y el pánico cuando se ha comentado la posibilidad de que pudiera haber una bomba-trampa que sería con la que se buscase la verdadera masacre, siendo así el coche-bomba explosionado tan sólo un cebo. En previsión las autoridades han desalojado varios edificios más y han ampliado el acordonamiento otros cien metros, que es desde donde estamos retransmitiendo. ¡Señora, cállese! Decíamos que la impresión que tenemos todos aquí es que la explosión ha sido demasiado violenta como para no provocar ninguna víctima. También un miembro del Tedax a modo oficioso me había comentado que por los efectos devastadores de la deflagación podríamos estar ante la utilización de un nuevo tipo de explosivo diferente a los utilizados habitualmente por las bandas terroristas que operan en España.

--Todo parece indicar que estamos ante una nueva estrategia o incluso ante un nuevo grupo armado, ¿no?

--Sí, también se desconoce el método utilizado para provocar la explosión. No se puede utilizar ningún medio de radiofrecuencia ya que el vehículo oficial del Gobernador del Banco de España dispone de un dispositivo que anula o interfiere toda señal de radio en un perímetro considerable alrededor del vehículo. Y parece ser que no existe ningún cable que haya servido de... de detonante.

--Perdón, compañero, me indican que tenemos en estos momentos al Vicepresidente Económico que está haciendo unas declaraciones.

--Con el pinganillo bocazas y con la señora...

--...y aún es pronto para hacer una valoración política. Ahora corresponde a los servicios policiales hacer su trabajo de investigación.

--¿Quiere decir con eso que estamos ante un nuevo grupo terrorista?

--Sólo quieto decir que hasta que no se termine la investigación no se podrá hacer ninguna declaración. Sólo puedo confirmar que nuestro compañero se encuentra en perfecto estado.

--¿Puede haber alguna relación entre este suceso y el sabotaje en el depósito de Burgos que amenazó esta madrugada con la quema de los billetes del euro que entrarán próximamente en circulación?

—De momento no hay motivos para sospechar una relación entre ambos sucesos. Disculpen, cuando se disponga de los datos suficientes serán atendidos debidamente.

--Estas han sido las declaraciones del Vicepresidente Económico. Y por nuestra parte esto es todo de momento. Recuerden que si surgieran nuevos datos de interés serán aquí bien informados."

 

 

--¿Te imaginas por lo que estará pasando ese pobre hombre?

--Me hago a la idea, Jesa. Sigue con toda su responsabilidad sobre sus hombros y ahora se siente tan desamparado como un sin-techo. Todavía no lo habrá asimilado, pero en las próximas horas se va a poner muy nervioso.

--Ahora lo vemos más cercano. Sabemos bien de qué va eso de que te ataquen y te amenacen.

--Deja el tema, es desagradable.

--Sí, pero también hay que estar informados de lo que sucede. Nos interesa.

--Tienes razón.

Por este motivo acudieron religiosamente unas horas después al inicio del noticiario de la tarde.

 

"Buenas tardes. Está confirmado. El atentado que ha sufrido esta mañana en Madrid el Gobernador del Banco de España, del cual ha salido ileso, ha sido ejecutado por un nuevo grupo terrorista. Las bandas terroristas establecidas históricamente han negado su participación en este suceso y por otro lado se ha recibido en la Delegación de Hacienda de Madrid una llamada responsabilizándose del atentado que ha sido considerada por el Director General de la Policía como fiable al aportarse en ella datos confidenciales del suceso. En esa llamada una mujer joven aseguraba hablar en nombre del grupo terrorista «Nuevo Orden", cuya ideología u objetivos todavía se desconocen. También responsabilizó a esta organización del incendio ágilmente reducido por los efectivos en el depósito de billetes del euro situado en Burgos. Recuerden que estos billetes son los que van a entrar en circulación el próximo uno de Enero del año 2.002. La idea que flota entre las autoridades es que estas acciones son en realidad un aviso sobre el potencial de la nueva banda armada. Por su parte las declaraciones de los dirigentes han sido bastante cautelosas en espera de conocerse nuevos datos. Conectaremos con la rueda de prensa improvisada desde el Ministerio del Interior en el momento en el que dé comienzo. Mientras tanto tenemos aquí a un experto en explosivos, al químico doctor...

 

--Jesabel, Alberto me habló sobre esto. Es extraño.

--¿Cuándo?

--Bueno, realmente me habló sobre un proyecto estatal que se estaba manteniendo en secreto. No lo recuerdo muy bien. Dijo que los billetes que van a entrar en circulación llevarán incorporados un microchip que impedirá que se pueda conseguir dinero de origen delictivo sin que pueda ser investigado por los jueces. Y también me dijo que esto iba a poner muy nerviosos a los mafiosos y a los terroristas. ¿Tú sabes algo de esto?

--No. Ni idea.

--¿No...? No creo.

--¿Qué?

--Sería muy difícil que Alberto tuviese relación con ese mundo. Tú me has contado todo lo que sabes, ¿verdad?

--Yo ya te conté cuando regresábamos del cine todo lo que sé. De la vida privada de Alberto no conozco nada.

--Te creo. Bueno, nosotros a lo nuestro, a esperar y a que nos ayude Mario.

Disfrutaron durante el resto del día de estas vacaciones imprevistas sin que por ello les dejase de incordiar la inquietud que habían decidido no manifestar. Por la tarde, el mismo taxista que les trajo desde Ciudad Real les devolvió a la capital y allí alquilaron un coche reluciente por fuera pero con la limpieza descuidada por dentro. Hicieron una visita "turística" a un hipermercado donde terminaron comprando más de lo previsto y pasearon por la zona más céntrica de la dudad. Cuando se encontraban en una calle estrecha próxima a la Plaza del Pilar se acercaron un par de drogadictos fáciles de reconocer por su ropa desgastada, su delgadez y su look rebelde y juvenil que contrastaba con el envejecimiento prematuro de sus rostros.

--Señora, señora, por favor, denos un par de libras que es lo único que nos falta, que estemos con el mono hechos una mierda.

—Mire señora, cómo me tiembla la mano —estaba sucia--. Espere, que tengo aquí el lazo rojo del SIDA y se lo pongo —el alfiler estaba manchado de sangre seca.

--No, quieto.

--¡No toques a mi mujer!

--Pero bueno, tampoco es pa’ponerse así. El coleguita quiere ser amable. Deme unas libritas pa’la papelina y pa’un par de "donats".

--No tenemos. Dejadnos tranquilos —exigió Jesabel.

--Cómo no vais a tener.

--Que no tenemos suelto.

--Qué mala hostia. Nosotros tenemos cambio. No seáis así, que estemos muy mal con el mono.

--¡Pero bueno! Si tenéis cambio ya tenéis bastante —replicó ella.

--No, nos da el cambio la Bernarda que está aquí al lao. Venís con nosotros.

--Jesa, no me gusta esto.

--Si tiene nombre de yogur, qué raro. Son sólo dos libras, por favor. ¡Qué más os da!

--¡¡Que no tenemos!!

--Este tío está colgao, tiene talegos y dice que no tiene. Me está poniendo de los nervios.

--Rataza, si lo sé me traigo la pipa.

--A éstos los rajo yo, que no se ríen de mí.

--Jesa, no les des nada.

La pareja acosada entró en una carnicería seguidos por los drogadictos. Pero al verlos, el carnicero alzó una cuchilla de tamaño considerable y les increpó.

--Fuera de aquí. Mira, que te escamocho Rataza, que te escamocho, eh.

--Qué bonito, decirle eso a mi colega.

--¡Pringao! Esto no va a quedar así —el Rataza amenazaba a Jaime también con una mirada despiadada y señalándole con su índice--. Que no te cruce, eh. Que no te cruce. Que como te cruce te arranco el mondongo, hijo de puta.

--¡¡Me cagüen la Mar!! Yo te escamocho, vaya que si te escamocho.

--Y tú, descuartízate tus huevos con un cortaúñas, agobiao.

--¡¡Lo escamocho!! —al salir el carnicero del mostrador, el Rataza y su colega abandonaron raudos el establecimiento--. Si es gentualla, si le pega a sus padres. Todos los muebles de la casa los tiene destrozados y a su madre le rompió una pierna. Hicieron hasta un reportaje los de la televisión. Esto va a acabar como sabemos todos que va a acabar. ¿Qué desean ustedes?

--Pues ya que estamos aquí, Jaime, pues unas chuletas de cordero, ¿no?

--Las preparo enseguida, señora.

Jaime miraba fijamente la facilidad extrema con la que la hoja de la cuchilla cortaba la indefensa y frágil carne. Sin apenas realizar esfuerzo, el carnicero cortaba los huesos con precisión y Jaime sentía como si aquellos fueran los suyos que se fracturaban sin oponer resistencia. La carne de Jaime no era más dura que la de aquel cordero y se dejaría igualmente atravesar por el frío metal de cualquier arma blanca conducida por la locura, la desesperación, la codicia, el odio o un simple enfado. Qué se puede hacer ante un ataque con un arma. ¿Nada? Jaime lo iba a comprobar en sí mismo en un breve plazo de tiempo.

El día siguiente, el Jueves, no tuvo nada de especial quizás por ser el día central de la semana o por cualquier otro motivo. Para amenizar la espera la pareja decidió hacer turismo por las distintas poblaciones de Ciudad Real. Pero en los noticiarios radiofónicos seguían con especulaciones sobre las posibles reivindicaciones o extorsiones del recién nacido grupo terrorista Nuevo Orden. Llegó el Viernes y Jaime lo presentía bastante completo. Una mezcla de ilusión y de nervios le hacían desear y temer a la par la llegada de su participación en la televisión autonómica. Tan sólo faltaban unas pocas horas para esta intervención y Jaime continuaba sin saber con qué excusa iba a convencer a Jesabel de su ausencia. El día iba a ser completo, sin duda. A media mañana manifestó Jaime un fuerte dolor de cabeza por lo que tuvo que tramitar la cartilla sanitaria de desplazamiento para así recibir asistencia en el Centro de Salud correspondiente. Sin embargo, no quiso molestar a Jesabel por lo que acudió solo a la consulta médica, no sin antes mostrarle a ella las secuelas en su cuero cabelludo de un fuerte golpe como posible origen de su dolor de cabeza, aunque sin explicarle las circunstancias del accidente causante. Pero Jaime regresó del Centro de Salud con una expresión que mostraba una honda preocupación.

--Jesabel, tenemos que ir rápido a Madrid.

--¿Por qué?

--Tengo consulta a las tres y media en una clínica privada para que me hagan una radiografía digital en la cabeza. Son los más precisos en Resonancia magnética.

--Me estás asustando.

--Yo también lo estoy. Mi pupila derecha se contrae y se dilata con mucha lentitud. Soy neurólogo y eso no me gusta. Lo mismo puede ser un tumor que un depósito de...

--Jaime, ¿no puede ser otra cosa menos grave?

--¿Qué?

--Ay, Dios mío, no nos abandones ahora, por favor.

A las tres y cuarto de la tarde ya se encontraban esperando en un pasillo de la clínica privada madrileña.

--Jesabel, se tarda mucho en hacer estas pruebas. El sistema que utilizan aquí es muy fiable pero también es muy lento. Puedes esperar si quieres en la cafetería de abajo.

--No, es igual.

--Tardan más de media hora, te aviso.

--Bueno, tomaré algo relajante.

Pero una vez que había abandonado Jesabel la escena, Jaime optó por marchar veloz hacia los estudios televisivos. No es de extrañar este comportamiento si tenemos en cuenta que la única causa de la dilatación de su pupila derecha residía en unas gotas midriáticas que se había aplicado oportunamente antes de entrar en la consulta de Ciudad Real. Un truquito médico.

En Realización del programa debate estaban muy molestos y un poco preocupados por la tardanza de Jaime. Llegar con treinta minutos de retraso es suficiente para trastocar algunos planes y en la puerta de entrada de los estudios se encontraba una secretaria que al verle lo dirigió rápidamente hacia maquillaje. Y mientras le pintaban los labios o le retocaban con polvos, un señor le preguntaba al tiempo que tomaba notas. Enseguida llegó el presentador-moderador para escuchar directamente las respuestas de Jaime.

—Después del intento de rapto con la furgoneta de servicios funerarios, ¿decidiste huir y esconderte?

--Sí, por motivos de seguridad.

--¿Por qué estás convencido de que las intenciones de tus secuestradores eran fatales?

--Porque ya estaba amenazado de muerte.

--¿Cómo te habían amenazado?

--Por teléfono.

--¿Y dónde estás escondido ahora?

--Como comprenderán no quiero decirlo.

--Pero llamaste desde Ciudad Real, desde una cabina.

--Por favor.

--Aquí hay un punto que no... ¿Cómo tuviste acceso a la información que tanto les incomoda?

--No puedo decirlo. Hay una persona que no la quiero implicar para no arriesgarla más de lo que está.

--Entonces... ¿no puedes explicarlo de ninguna forma?

--Sí. Ellos acudieron a mí para robarme mi propiedad intelectual y se les fue de las manos. I+D paralela está formada principalmente por científicos corruptos y los dirigen sus jefes que son los que lo planean todo. Uno de esos científicos me engañó para descubrir mis conocimientos y al final acabé yo conociendo de ellos más de lo que debía.

--¿Los científicos están relacionados con los matones?

--Sus jefes, supongo. Todos los del crimen organizado están a partir un piñón y se ayudan bastante.

--Sí, se habla de eso ahora.

--Ellos contratan a los que hacen los trabajos sucios, pero con más o menos refinamiento ellos también son mafiosos y sólo quieren dinero a cualquier costa. Y les molesta mucho que haya un mínimo de riesgo para sus planes.

--Vamos, la forma de actuar que tiene la mafia, ¿no?

--Sí.

--¿Estás dispuesto a mencionar ante las cámaras el nombre de la corporación Yokonaga?

--Por supuesto que sí. Voy a por todas. Y más que sé.

--¿Y vas a relacionar a alguien conocido? —intervino con esta pregunta por primera vez el presentador.

--Sí, o sea... no se si sea muy conocido aquí, pero es muy importante en el ámbito internacional. Implico como principal cerebro de toda la organización a Kirohito, que es el director general de la corporación Yokonaga.

--Los tienes bien puestos —le felicitó elocuentemente el presentador.

--Me tengo que defender. Y más riesgos de los que sufro ahora, sé que no los puedo sufrir.

Intervino animoso el escribiente:

--¿En qué consiste la propiedad intelectual que te han robado?

--Yo... son unas teorías de mi cosecha sobre el funcionamiento del cerebro que pueden tener aplicaciones en el diseño de microchips y redes de Inteligencia Artificial. Vale, sí, a mí también me parece todo poco verosímil, o por lo menos extraño.

--No, es magnífico. Incluso podrías explicar tus teorías antes de que comience el debate abierto.

                    --No, son largas de explicar. ¿Antes del debate qué se hace?

                    --¿No conoces la dinámica del programa?

--No, he estado poco en Madrid y no...

--En primer lugar hago una presentación de los cuatro participantes. Después entrevisto a cada uno de ellos y si hay tiempo se abre el coloquio con algunas preguntas del público. Tú aquí tienes total libertad para expresar lo que quieras y como quieras.

--Lo voy a hacer, descuida.

--Eso me gusta. Tú vas a ser el primero en intervenir. ¿De acuerdo?

--Vamos.

Jaime no había previsto que sintiese un nudo así en el estómago o le temblara tanto el pulso cuando el público comenzó a aplaudir, pero en aquel instante temía incluso que le fallara la voz. Tenía gran necesidad de pedir un vaso de agua pero desistió porque el presentador ya estaba trabajando.

--... y desde su escondite de Ciudad Real tenemos al doctor Jaime Uriel Campos que afirma sufrir el acoso de una nueva organización mafiosa que trafica con innovaciones tecnológicas y descubrimientos científicos —Jaime estaba molesto por haber quedado desvelada la provincia en la que se resguardaba y preocupado por si su decisión no provocaba un efecto útil e inmediato--. Han intentado raptarle tras ser amenazado de muerte y han destrozado su vivienda. Como un moderno fugitivo utiliza sus conocimientos en medicina para descubrir a los criminales que le hostigan y conseguir las pruebas suficientes para que reciban su merecido —algunos miembros del público comenzaron a jalearle y vitorearle--. Él nos va a explicar también en qué consisten sus exclusivos conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro que le han sido robados por esta nueva "ciber-mafia", si se me permite la expresión. Jaime, ¿cómo te encuentras?

--Bien —nada más opuesto a la realidad, Jaime ya estaba arrepentido de esta participación en público.

--Fabuloso. Sé valiente y que no te amedrenten nunca —recibió Jaime un aplauso--. También nos acompaña Saturio Bermejo Simón que afirma ser testigo casual y excepcional de una compraventa de mujeres en un tugurio de alterne que terminó en un enfrentamiento con el resultado de un muerto y seis heridos. Ahora Saturio junto a otros testigos casuales deben ocultar lo sucedido para salvar sus pellejos. Saturio, ¿no vas a rebelar quiénes lo hicieron y dónde fue?

--No, ellos me estarán viendo ahora y yo estoy imaginando cómo me miran.

Saturio recibió abucheos.

--Pero nunca vas a ser libre. Por un momento de entereza, una vida libre y respetable. Toma ejemplo de Jaime.

--No quiero problemas. También soy testigo de cómo le quitaron un riñón a un niño y estoy muy amenazado.

--En fin, ya nos contarás al menos en detalle los recuerdos que te atormentan. A continuación tenemos a Joaquín Trujillo González que afirma sufrir "crueles chantajes inocentes" por parte de los "infiltrados". ¿Qué es un infiltrado, Joaquín?

--Un infiltrado es un muerto que aparenta seguir vivo porque continúa controlado por la mecánica acéfala del Universo. Los infiltrados no tienen culpa, pero sólo van a lo suyo y se pasan bastante. Nadie tiene culpa, es la ley cósmica; pero a veces son peligrosos.

--¿Eres un infiltrado?

--¡No fastidies! ¿Sí?

Las risas del público eran demasiado histriónicas.

--Bueno, después nos explicarás todo lo que sabes sobre el tema. Y por último nos acompaña Miguelina Torres Horschtein que afirma sufrir frecuentes malos tratos y abusos sexuales por parte de una especie de espíritu burlón que no tiene ni pizca de gracia.

--¡Es un sinvergüenza! A él le divierte, pero es un canalla. Cuando sabe que va a llegar mi mando me deja empapada y abre el balcón.

Desde el público se oyeron algunos improperios que parecían no inmutar a la señora.

--Bueno, bueno. El programa de hoy promete ser entretenido. A la vuelta de la publicidad comprenderemos mejor los peligros que nos acechan y cómo estos sufridos luchadores se arriesgan para que estemos alerta. No, me indica mi estupendo y querido Realizador que continuamos con el programa. Gracias, Goyo. Jaime, antes de explicarnos los ataques que has recibido, ¿puedes concretarnos cuáles son tus aportaciones en el conocimiento sobre el cerebro humano?

--Es difícil de resumir. Utilizando corno criterio una generalidad fácilmente observable en la Naturaleza... he llegado a la conclusión de que el funcionamiento del cerebro se puede comprender si se le hace una separación artificial, en la que tenemos una parte más receptora y una parte más ejecutora formando ambas un conjunto íntimamente ligado pero no fusionado, aunque estas partes no pueden existir independientemente. Pero yo sólo he venido aquí a denunciar el hostigamiento que sufro.

--Es algo parecido al yin y el yang, como en la bandera de Corea, ¿no?

--Mis conclusiones no proceden de esa filosofía.

Intervino repentinamente Miguelina:

--Di primero cómo se llama tu libro y después haces la publicidad, porque de qué le va a servir al público si no sabe cómo se llama tu libro.

La mayor parte del público empezó a abuchearla mientras otros aplaudían o reían.

--Yo no vengo a hacer ninguna publicidad de nada.

--¡¡No intervengan si no se les pregunta hasta que se abra el coloquio!! Vamos a las cuestiones más preocupantes. Has sido atacado por criminales de pago, ¿pero quiénes pueden ser los promotores, los que quieren tu cabeza?

Jaime tomó consciencia de lo irresponsable que estaban siendo sus últimas decisiones. En ese momento ya no tenía coraje para seguir denunciando en aquel acto público que carecía de credibilidad, con repercusiones mínimas y que sería observado por los mismos desalmados mafiosos que le buscaban, aumentándoles así su inquietud y la dureza de su "defensa" frente al ataque televisivo, incluso sería aquel un acto que estaría siendo visto desde la cafetería de la Clínica por una Jesabel angustiada y ya sin ninguna confianza hacia él. No supo qué responder ante las cámaras, incluso le angustiaba estar localizado en esos momentos.

--Ellos son los mismos que dirigen el cotarro, todos los poderosos —quiso desviar así Jaime la cuestión sin disponer de tiempo para inventarse nada y temiendo que el showman televisivo dijera alguno de los nombres propios cedidos por él mismo.

--¿Pero quiénes en concreto?

--Uno de ellos, principalmente —el gesto del moderador se transformó instantáneamente en preocupación y los más alborotadores del público le abuchearon y le increparon--. Un multimillonario.

--A estos farsantes me los conozco yo —opinó Joaquín--. Científico ilustre, ¿qué premios tienes? ¿El Nobel o el Príncipe de Asturias?

Jaime era consciente de que había desperdiciado cualquier posibilidad de denuncia en los medios de comunicación por arruinar su imagen y credibilidad con la participación en un programa tan infame. Pero su principal temor era la magnitud de la movilización de medios criminales que se iba a desencadenar en el momento en el que fueran mencionadas ante los televidentes las palabras "I+D paralela", "Yokonaga" o "Kirohito".

--¿Han sido publicados en alguna revista científica tus descubrimientos, Jaime? ¿O en realidad tienes algo en contra de las empresas de la corporación Yo...?

--¡¡¡NOO!!! —gritó alto.

Le dio un vuelco el corazón de Jaime. Todos quedaron en silencio. Los temblores de Jaime evolucionaban a convulsiones mientras miraba fijamente a la cámara sin saber cómo reaccionar. Estaba con el rostro desencajado, sudando y con lentas pero profundas palpitaciones que le impedían respirar. Estaba paralizado. Todos callaban. Quiso huir, se levantó y corrió para reunirse con Jesabel. En esta acción derribó estruendosamente una cámara por lo que algunos de los presentes comenzaron a reír a carcajadas mientras los demás murmuraban. Por los pasillos interminables de los estudios Jaime buscaba con desesperación la salida igual que un ratón en un laberinto. Se sentía muy desprotegido pero recordó que en Poblete no se veía este canal de televisión y que allí se encontraría seguro.

Se desplazó muy necesitado hasta la cafetería de la Clínica y al ver a Jesabel se acercó para abrazarle con mucha fuerza, hecho que la alarmó considerablemente.

--¿Tienes ya los resultados?

--Me han repetido las pruebas dos veces porque no encontraban nada. Lo de mi ojo debe ser una rareza particular. Estoy sano.

--Qué alegría más grande.

--Jesa, regresemos a Poblete.

Las duras escenas que iban a protagonizar Jaime y Jesabel en las próximas horas ya eran irrevocables.

De nuevo en Poblete, al llegar a casa con el coche alquilado, fueron sobrepasados por Floren con su taxi y éste les saludó. Floren paró unos metros más adelante y del taxi bajó una chica joven con un par de mochilas. Ésta miró y sostuvo la mirada a Jaime durante tres interminables segundos como queriéndole reconocer, por lo que él disimuló sin devolverle la mirada para que Jesabel no sospechara cosas extrañas. La joven desconocida se inclinó e intercambió impresiones con Floren. Después, tras despedirse de él, llamó a la puerta de la señora Carmina. Era su hija.

Transcurrieron tres horas más del VIERNES DÍA QUINCE DE DICIEMBRE.

--¿Cómo te encuentras, Jesabel?

--Regular, tengo el estómago un poco revuelto. Es extraño.

—¿Qué es extraño?

--Que me preguntes cómo estoy. ¿Cómo te encuentras tú?

--Fatal. Tengo acidez, me duele el estómago y quizás tenga diarrea.

--Entiendo ahora. Te habrá sentado algo mal.

--No lo creo. Estoy somatizando ahora el intento de... de rapto o lo que querían que fuese. Cuando te sucede algo así sientes miedo, pero actúas y no lo valoras lo suficiente. Después sufres un bajón anímico. Y unos días después se somatiza.

--Yo no me siento demasiado mal ahora porque sé que todo esto sólo va a evolucionar a mejor. Pero no me puedo deshacer de ese hormiguillo que me desvela y me desconcentra.

--Es como una inquietud que agota pero que impide que descanses, ¿verdad?

—Sí, algo así. Bueno, en no desarrollando una úlcera ni quedándosenos el pelo canoso... eso es lo que importa.

--No, yo sé que teniéndote a mi lado... a mí no me sale ninguna úlcera, te lo aseguro, porque las dos únicas cosas que me desesperarían verdaderamente serían presentir que perdiera la vida inminentemente y presentir que te perdiera a ti. Y ahora tengo las dos cosas seguras y las pienso conservar.

--Qué fuerte. Pero Jaime, cómo me vas a perder si soy yo tu perdición. Me perderías si me llevaras injustamente al desastre, pero soy yo la que te lleva al desastre a ti y la que necesita de tu apoyo.

--No lo había visto desde esa perspectiva. Bueno, todos estos problemas son lo que nos ha unido, ¿no? Pues... eso mismo.

--Será el destino de los infelices, el que une con la calamidad.

--Pero en nuestro futuro no va a haber calamidades.

--Por supuesto que no, estaba bromeando, Jaime.

La pareja desvió su atención hacia la televisión encendida cuando oyeron la sintonía del noticiario nocturno.

 

 

"Buenas noches. De ‘monstruoso atentado contra las libertades básicas de los españoles’ ha sido calificado por el presidente del Ejecutivo el ultimátum extorsivo recibido esta tarde en las oficinas de la mayoría de los periódicos nacionales a través del correo electrónico. Bajo la firma del reciente grupo terrorista ‘Nuevo Orden’ y utilizando como corroboración a su identificación la clave confidencial depositada junto a la llamada autoinculpatoria del pasado miércoles, ha sido lanzado al Gobierno español y a todo el Estado por esta nueva banda armada el más duro chantaje de la historia reciente de nuestro país: ‘Uno o varios ciudadanos españoles elegidos al azar serán secuestrados cada Viernes por la tarde y serán ejecutados el siguiente Domingo por la mañana hasta que el Gobierno actúe adecuadamente’. Así ha presentado su infamia esta misteriosa organización. Esta macabra amenaza ha sido calificada como ‘imposible de ejecutar por imposibilidad de medios’ según el Ministerio del Interior, pero que ‘puede ser reemplazada por disparos en la nuca’. Enigmáticamente ‘Nuevo Orden’ no ha dado a conocer sus exigencias ni el motivo de su nacimiento, pero son muchas las voces críticas que aseguran que ésta ha sido una respuesta previsible ante el proyecto antiterrorista que ha estado desarrollando el Gobierno a espaldas de la opinión pública. Según estas versiones, los billetes que van a entrar en circulación el próximo UNO de Enero del 2.002 llevarían incorporados unos dispositivos electrónicos para controlar su seguimiento a través de sus sucesivos propietarios, por lo que las actividades económicas sospechosas consecuentes de cualquier delito podrían ser investigadas por la justicia con facilidad. Si se implantara este sistema, la mayoría de las actividades delictivas desaparecerían a largo plazo, pero las voces críticas aseguran que esto sólo se producirá tras una cruel batalla entre las fuerzas del orden y el crimen organizado que ve amenazada así su existencia y que es capaz de utilizar todos los medios, incluidos los jurídicos, para sobrevivir. Ningún miembro del Ejecutivo se ha pronunciado al respecto de esta versión. Pero dentro de aproximadamente unos veinte minutos el Presidente del Gobierno va a ofrecer una rueda de prensa desde el Congreso de los Diputados que emitiremos en directo. Por su parte, la Casa Real ha difundido un comunicado oficial en el que se informa que el Jefe de Estado ofrecerá un discurso televisado a la Nación mañana a las 21:00 horas. A continuación pasamos a ofrecerles las declaraciones de los representantes de la oposición, el sindicato de policías, el premio Nobel de la Paz..."

 

--Pues sí que me acaba de arreglar esto el cuerpo. Nuevo Orden son todas las mafias colaborando, está claro.

--Jaime, siento náuseas, podrías ir a la farmacia a por algo. Tú sabes qué será lo mejor.

--Sí, voy a traer unas cuantos medicamentos.

En la calle, Jaime vio a la señora Carmina por lo que reflejamente la saludó. Sin embargo ella no devolvió el saludo, al contrario, desvió su mirada hacia el suelo y aceleró su paso como si estuviese enojada o como si estuviese asustada. En esos momentos cruzó un vehículo y sus ocupantes se quedaron absortos mirando a Jaime. Aquello le dejó pensativo y continuó su marcha. Repentinamente sintió como un brazo se apoyaba sobre su hombro izquierdo y a su lado derecho descubrió demasiado próximo a él el duro rostro del Rataza, lo que le provocó un gran sobresalto.

--Sin malos rollos, colega. Lo de anteayer, olvidao, ¿eh? Anda, préstame una librita, ¿Qué es para ti una librita de nada? Menos que para mí. Es para desfasar.

Jaime estaba muy incómodo, continuó andando sin decir nada y le entregó la moneda requerida.

--Pero si tienes más. No me seas facha, que me puedes dar otras dos. Me estás rallando.

Le entregó dos monedas más.

--Qué buena persona eres, macho. Yo soy legal y me tienes para lo que quieras. ¿Vale, tronco? Para mí es mucho tres libras, pero es mucho más joderte, facha cabrón.

Poniéndole la zancadilla empujó a Jaime hacia delante y éste cayó al suelo. Se abalanzó sobre él y procedente de un oscuro callejón lateral sin asfaltar apareció su colega yonqui que portaba una cuchilla de carnicero de tamaño desmesurado. Jame no aceptaba lo que veía.

--Qué buena idea la de Gonzalo el carnicero. ¡Escamóchalo!

Jaime forcejeó angustiado y consiguió revolverse en el suelo al tiempo de ver cómo aquel marginal se disponía a ejecutarlo. En un quite apurado evitó que la cuchilla le cortara el cráneo, impactando ésta en el bordillo de la acera y saltándole a la cara las chispas del golpe. Con sus brazos y piernas se liberó Jaime del enérgico pero ligero Rataza y no dudó en incorporarse, pero antes de conseguirlo una despiadada patada lateral en la cabeza le hizo quedar de rodillas, con las manos apoyadas en el suelo. Jaime se temía lo peor, estaba en una posición desprotegida, estaba espantado. Uno de esos dos le cogió del pelo y tiró hacia atrás, pero Jaime se aferró a una papelera que tenía a su lado y vigorosamente tiró de su cuerpo hacia delante. Oyó el silbido de la cuchilla cortando el aire y en un último esfuerzo arrancó la mata de pelo con la que le tenían sujeto. Alguien liberó un alarido. Tras incorporarse dando unos pasos, Jaime miró hacia atrás y descubrió la gran brecha sangrante que tenía el Rataza en su rodilla derecha. Le había herido su colega.

--11Cabronazo!! Que no se te escape, maricón. Que las va a pagar.

Jaime optó por huir. Mientras corría al máximo de sus posibilidades le resbalaba por la frente la sangre procedente de su cuero cabelludo y en su espalda sentía el escozor de una herida superficial. En las ventanas de las casas se veía a los horrorizados vecinos que sólo se atrevían a mirar y esperar un desenlace. En la calle Jaime encontró un señor con una niña de ocho años y corrió hacia él pidiéndole ayuda. Pero el señor se alarmó y volvió rápido a su casa mientras la niña chillaba y gritaba aterrorizada.

--El loco, papá, el loco de la tele.

Jaime volvió la cabeza y nadie le estaba persiguiendo. Se paró. Las calles estaban desiertas. Reanudó su carrera y llegó a casa. Abrió con sus llaves la puerta de la calle y al entrar al salón se encontró a Jesabel y Alberto sentados frente a frente.

--¿Qué significa esto?

--Jaime, ¿qué te ha pasado?

--¿Qué te ocurre? —preguntó extrañado Alberto.

--Nada. No, ¿cómo has llegado hasta aquí, Alberto?

--Preguntando.

--Estás herido, Jaime. Tienes una herida en la espalda.

--Deja. ¿Cómo que preguntando?

--En Ciudad Real pregunté por ti a unos taxistas. ¿Estás bien?

--Fenomenal. Mosqueado, pero fenomenal.

--Tenemos que llevarte a un Hospital, Jaime, necesitas puntos en la espalda. ¿Quién te ha hecho esto?

--El Rataza. Jesa, olvídate de esto, quiero enterarme de qué es lo que ocurre a mi alrededor. Tengo derecho. ¿Por qué has preguntado por mí en Ciudad Real?

--Porque en Madrid vi en la televisión, en la repetición de las escenas más cómicas, al "loco de Ciudad Real" con su mirada fija e intrigante, que no sé por qué motivo estaría ahí.

--¡Un respeto, Alberto! Déjate de ironías —exigió con firmeza Jesabel--. Jaime, por favor, vamos a que te hagan una cura. No sé con qué intenciones ha venido éste.

--¿Pues con qué intenciones tiene que venir? No me fío de nadie.

--¡Jaime!

--Jaime, Jesabel, sabéis muy bien que aquí el único que tiene motivos para estar mosqueado soy yo.

--¿Por qué?

--Quizás porque cuando a uno no se le paga lo acordado tiene la costumbre de mosquearse. ¿O ya no lo recuerdas, Jesabel?

--Jesabel, explica eso.

--Es sólo un aplazamiento en el pago. Foster se enfadó por las improvisaciones y los fallos y no quise incomodarle más pidiéndole enseguida el dinero.

—Y de repente, ¿desapareces? ¿Desconectas el móvil? Porque uno puede muy bien llegar a la conclusión de que haya jodido un poco al poner demasiado de su parte en el plan contratado, y de que haya jodido un poco más al manifestar su desacuerdo con el retraso del pago por "supuesto" incumplimiento de contrato, y también puede uno llegar a la conclusión de que ahora le quieran joder bien... por lo que ya ha jodido. Vamos, aplastar a la mosca cojonera.

--Si desconecté el móvil fue porque tenemos otros problemas. Tuvimos que irnos porque nuestros problemas son verdaderamente serios. Son muy serios, Alberto.

--Qué tragedia —ironizó Alberto--. Pregunta a tu jefe por qué me estáis haciendo esto.

--Ahora no tengo ninguna relación con mis jefes. Estamos amenazados.

--De acuerdo, todo lo que tú quieras. Pero yo lo único que sé es que tuve un encontronazo con la señorita Jesabel (que si por el comportamiento inadecuado, que si por el pago que amenazaba con no llegar nunca) y que como consecuencia de eso se me ha jodido. Pero se me ha jodido con la cobardía de no dar la cara, con la cobardía de escondernos, ¿no?

--Que no tenemos ninguna necesidad de escondemos de ti —intervino Jaime.

--Me has decepcionado, Jaime. Siempre he creído que eras alguien transparente y de corazón. Cuando llegó a mí Jesabel ofreciéndome el trabajo no me convenció para nada. Aquella historia de que iba a ser como una especie de sorpresa en la que primero se le iba a preocupar a Jaime para después decirle "¡es una broma!" y sacarle así de su aislamiento cerrado y de su terrible depresión por la muerte de sus padres... esa historia no era muy creíble. Y a mi qué. Yo acepté con profesionalidad mi deber y nada más.

--Serás desgraciado.

--Pero tú me has desilusionado. Buen actor. Cómo iba a sospechar entonces que erais vosotros dos los que realmente me estabais engañando a mi. Qué sorpresa nos ha dado el santo. Si siempre me tiene que tocar a mí la papeleta de jodido.

--Estás equivocado —quiso aclarar Jesabel--. No entiendes nada de lo que está ocurriendo realmente. Debo explicarte.

—Eso, explícame. Porque os quería exponer mis quejas y casi no os encuentro. Fui a tu casa, Jaime, y nadie me abrió la puerta. Y en ningún hospital sabían de ti. ¿Dónde estabais los dos? Sospeché entonces de que podíais estar juntos en esto, pero con sólo conseguir que me diera explicaciones Jesabel me conformaba. Y cuando hablé con los taxistas en Ciudad Real comprendí bien que estabais los dos escondidos por el mismo asunto. Así que te agradezco que ahora atiendas mis ruegos y preguntas. Tengo mucho interés por saber.

--¡Déjame hablar!

--Adelante, Jesabel.

--Nosotros no hemos hecho nada que...

--¡Cómo que no habéis hecho nada! ¡¡Eso es mentira!! Me la trae floja si habéis sido vosotros directamente o vuestros compañeros, pero no tengas la falta de educación de rechazar tu culpa. Que no se te ocurra andarte con cachondeos, te aviso.

--No dejas que se explique.

--Tranquilízate Alberto. Estamos huyendo de otras personas.

--Que no te andes con cachondeos. Te he avisado.

--Es imposible dialogar con él, Jesa. Sólo sabe buscar bronca.

-¿Bronca? ¿No la merece acaso? ¿No es suficiente que me hayáis jodido la vida?

--¿¡Qué dices!? ¿De qué estás jodido? ¿Qué crees, que nos hemos repartido tu pago, o qué?

--Si yo no creo nada. Yo sólo exijo saber.

--Tú eres un simple.

--Jaime, ten cuidado —aconsejó Jesabel.

--Eso, ten cuidado con lo que dices porque he venido caliente. Porque si creéis que voy a ser un cornudo y además apaleado, estáis muy equivocados. Pero que muy equivocados.

                   --¿Has venido a asustamos?

--No me jodas. No me jodas, eh. Que me habéis arruinado la vida, me habéis quemado mi coche nuevecito y me estáis jodiendo más todavía.

--¿De qué hablas? —le preguntó con sinceridad Jesabel--. ¿Lo mismo que a mí?

--¿Que de qué habló? —voceó muy agresivo Alberto--. A ver si vas a ser tú la víctima ahora. Fíjate bien en lo que te digo. No habrá nadie, nada más que yo... ¿sabes? No habrá nadie a quien se le haya hecho tantas putadas de seguido como a mí, ¡joder! Que venga uno de tirar la basura y le quieran pegar una paliza ¡entre dos gansos! No podrán. Atacándome por la espalda, golpeándome en la cabeza. Qué infierno. Claro, que cuando me rehice se lo hicieron encima. ¡A los dos! A los dos los derribé, pero uno se me escapó, ¡venao! Al otro le estaba dando bien caña, que estaba sangrando por la boca más que un chivo, pero el que se me escapó me insultaba el condenado, me mandaba al carajo. Fui a por él, de verdad que me lo cargaba, pero corrió hacia un pasaje comercial sin comercios que estaba oscuro, y allí me empujaron por detrás y entre tres criminales me sujetaron en el suelo boca abajo. Fue terrible. Creí que me habían pinchado en la pierna. Me golpearon en la cabeza hasta perder el sentido. ¿Por qué merezco esa maldad contra mi persona? A las dos de la madrugada desperté bajo un camión, fui a casa y me habían robado con mis propias llaves. Por lo menos me ayudó a denunciar una vecina nueva que es muy amable y que vio a los asaltantes. Cuando vives eso... y sabes bien lo que significa, juras venganza.

--Estamos intentando decirte, Jesabel y yo, que no tenemos nada que ver con lo que estás contando. Créenos, por lo que más quieras.

--A mí, tus intentos de desviarme la cuestión, la verdad, me los paso yo... por el forro de los cojones, ¿qué te parece? Qué bonito me ha quedado eso, ¿no?

--¡Deficiente!

--¡Tanquilizaos, por favor! —Jesabel se estaba preocupando y tenía motivos para ello.

--No quiero cabrearme, pero a un trabajador, a un representante ¡no se le puede quemar el coche, degenerados! ¿Qué, haciendo amigos? Me puteáis y os escondéis como ratas. ¿Por qué me habéis hecho eso? ¡Vivid y dejad vivir, por favor! Estoy acorralado, no tengo salida. Pero de mí no se ríe nadie, por descontado.

--Habrán sido matones pagados por Foster, digo yo, no sé —Jaime ya no sabia cómo hacerle entrar en razones.

--Ah, que ya te vas acojonando, mujercita. Que vas a terminar largando. Que vas a contar por qué me estáis amargando la existencia.

--¿Te hace ilusión ser el más mártir, o qué? Si quieres, te puedo ayudar.

--Ay, qué pocos huevos tienes, pero qué poquitos huevos tienes, Jaimito maricón. Maricooona. Cuenta. Cuéntame por qué ha sido. Cuéntame... cómo te ha ido, si has encontrado la felicidad. ¿¡A qué esperas, lechugino mohoso faldero!? ¿Por qué no hablas, eh? ¿Te "acongojo"? Vaya, le ha mordido la lengua el gato al nene. Di algo. Uy, qué chico tan fino pero tan tímido, es así un pelín amanerado, ¿no? ¿Qué, va hablando ya el niño? Me da la impresión de que de mayor va a ser un poco cortado. Y de que le va a costar lo suyo relacionarse con otros humanos; un poquito antisocial. Lo suyo no va a ser ligar, por descontado. Lo suyo no va a ser nada. Quien calla, otorga, ¿no? ¿Te estás burlando de mí? Nada. ¡Pero que pasa el tío! Alucinante. Y a los demás que nos jodan, ¿verdad? El tío está hecho un pasota, vaya, como si no fuera con él. Como no me digas algo te reviento, que me estás poniendo de mala hostia. ¡Habla! ¿Te la suda, tonto los cojones? Los reservones como tú sois los que más mala leche tenéis y no se puede ir por la vida con esa mala leche. Claro, ya entiendo tu silencio. Y qué explicaciones se puede dar cuando se ha jodido por joder. Nada, se paga a unos profesionales y nos escondemos, ¿verdad? Demasiado fácil, ¿no? Pues esto ha llegado ya al límite máximo que se puede permitir. Que no se consiente. Y que se resuelve sea como sea.

--¿Qué vas a hacer? —necesitaba saberlo Jesabel.

--Tú, cállate, tonta los penes, digo... gilipollas. Yo siempre he pensado mucho en las injusticias de la vida como la que estoy viviendo ahora y he llegado a la conclusión de que hay varios tipos de personas: Primero, los que reprimen sus malas decisiones (esas decisiones que dan beneficio propio con el perjuicio ajeno) porque sienten hacer daño. Estos son los Legales. Segundo, los que sólo reprimen esas malas decisiones cuando tienen temor o prevén efectos peligrosos, pero fingen que es por bondad. Estos son los Ruines traicioneros y los Mariconas. Tercero, los que sólo reprimen esas malas decisiones cuando tienen un temor inmediato. Estos son unos imprudentes y cuando se complica el asunto utilizan excusas que no les sirven para nada. Son los Chuletas. Cuarto, los que no reprimen ninguna mala decisión porque carecen de temor (además de sentimientos): Psicópatas y Dominadores. Y quinto, los que reprimen las malas decisiones porque sienten hacer daño, pero que carecen de temor cuando deben hacer justicia y combatir a los ruines, chuletas y psicópatas. Estos últimos son los Valientes. Y esto es así. Y no hay nada más. Tú has elegido ser un ruin, tú sabrás el porqué, y yo he elegido ser un valiente. Y ahora lo que debe ser va a ser.

--Para qué tantas historias. Tú has venido aquí en busca de pelea —su corazón bombeaba preparado.

--Eso es una falta de educación. He venido a dejar claro que a mí no se me jode —se expresaba Alberto con tal agresividad y atropello que apenas se le entendía. Su cuello y su rostro estaban enrojecidos y daba fuertes puñetazos a la mesa del salón--. No es rentable joderme, no, ni mucho menos es gratuito. He venido a defender mi orgullo, que es lo único que no se debe... (no, no me sale), que no se me puede quitar, sí. Sé lo que me digo. Y no ha nacido nadie, eh, no ha nacido nadie capaz de quedarse por encima de mi. Ni de decirme la última palabra. ¿Estamos? Que por las malas a mí nadie me vence. A mí nadie me vence. Pero lo que me habéis hecho, duele. Eso duele mucho, más que una patada en los cojones. Yo ya he abierto los ojos, sí, y por fin he comprendido las putadas que he estado sufriendo. Pero no me voy a dejar pisar ahora por unos criminales como vosotros, no, evidentemente que no. Que os acabaréis traicionando y matando. Me voy a defender utilizando sólo la misma dureza que vosotros. ¿Qué os parece? ¿A que jode, eh? ¿A que jode? ¡No! ¡Pues no! Acabo de decidir que voy a ser un "poquito" más duro para que quede claro que no merece la pena joderme. Es cuestión de "enseñanza escarmentadora". Lee mis labios, capullo. Te vas a a... rre... pen... tir —pasó la palma de su mano derecha girada hacia abajo a lo largo de su cuello en un gesto terrorífico.

--¿¿No le habrás pagado al Rataza?? ¿Verdad que no? --preguntó Jaime alertado.

--A ese inútil, quinientos talegos. Pero tú no te has terminado de librar porque tú ahora sí que vas a pagaar.

--¡¡Hijoputa!! ¡¡¡Me ha querido matar!!! —voceaba con toda su fuerza al tiempo que en sus ojos se le desbordaban las lágrimas, mientras Jesabel lloraba y hacía todo lo posible por sujetarle alarmada por su evidente inferioridad física frente a Alberto--. Qué hijo de perra. ¡Degenerao! Déjame, Jesabel. ¿Estás de su parte? 1Es un criminal! Pero, DÉJAME.

--¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasa, eh? ¿Qué pasa? Vamos. Venga, venga. ¿No tienes huevitos? ¿No? ¿Te arreo? Amparándote en una mujer, así se hace. Muy bien, mariconcete, cornudo de esta purra de tabernillas. ¡¡Cabronuzo!!

Jaime arrojó a Jesabel contra el sofá y dio un fuerte empujón a Alberto. Éste le devolvió un puñetazo en la sien. Se intercambiaron golpes veloz y caóticamente. Errando algunos de los puñetazos, Jaime agarró de la ropa a Alberto, pero éste consiguió derribarlo. Ante la nueva situación de indefensión de Jaime cabría esperar que Alberto le diese la oportunidad de incorporarse para continuar con la lucha, pero sorprendentemente Alberto aprovechó la ocasión para envalentonarse, por lo que comenzó a patalearle la cabeza con saña. Jaime había perdido el control de su situación, se sentía desamparado y temía lo peor. Alberto le gritaba:

--¡Pide perdón! ¡Pide perdón! ¡Cabrón! ¡Pide perdón! ¡¡Respétame de una vez!!

Y Jaime no tuvo otro remedio que pedirle perdón aterrorizado, a lo cual le respondió Alberto:

--Eso quería oír, tu humillación, mierdecilla. Pero no te creo. ¿Sabes lo que creo? Creo que realmente no me estás pidiendo perdón, que realmente estás acojonao y me estás mintiendo porque no tienes huevos. Pero no vas a salirte con la tuya, que me vas a pedir perdón de verdad. ¡Pide perdón! ¡Pide perdón!

Y continuó pataleándole la cabeza. Jesabel chillando se abalanzó sobre la espalda de Alberto y éste, impulsándose hacia atrás, la golpeó contra la pared. Jaime aprovechó para incorporarse y propinarle una patada en el estómago a Alberto, quedándose éste inclinado.

--¡Loco cabrón! —gritó desafinando Jesabel entre lloros y espasmos--. Basura, ¿por qué siempre has tenido que traer la desgracia a todos? ¿Por qué pegabas a tus padres?

--¡¡ESO ES UNA MENTIRA DE LA GENTE!! ¡¡YO SIEMPRE ERA EL JODIDO!! —gritó atronadoramente Alberto al mismo tiempo que le brotaban las lágrimas y se apretaba el pecho con una mano--. ¿Por qué? Ay, que se me está yendo otra vez la olla. Qué amargura. ¡Toda mi vida jodido! ¡DIOOOS! ¡AY, DIOS, QUE NO LO AGUANTO MÁS! AHHH... AHHH... QUE ME LLEVÁIS A LA PERDICIÓN. AHHH... AL SUICIDIO, QUE VAMOS LOS TRES. AHHH... QUE VAMOS LOS TRES. AHHH... AHHHHHH... —miraba con los ojos totalmente desencajados como si se provocara pavor a sí mismo--. ¡¡Te voy a arrancar la mandíbula, desgraciao!!

Jaime perdió automáticamente su indignación y la impotencia moral que le provocaba la humillación de su inferioridad en la lucha porque comenzó a considerar a Alberto como un desequilibrado y aquella situación como más propia de un accidente mental que de una acción injusta y malvada. El nuevo objetivo de Jaime y Jesabel era el de sobrevivir. Pero antes de poder huir, Alberto se abalanzó sobre Jaime utilizando una extraordinaria fuerza procedente de su locura. Jaime quedó boca abajo y Alberto, sentado sobre su espalda, le cogía de la cabeza y le golpeaba contra el suelo. También le gritaba:

--¿Por qué? ¿Por qué ha sido? Quiero que me respondas. ¿Pero por qué no me respondes? ¿Por qué? ¡Respóndeme! ¿¡Por qué ha tenido que ser así!?

Aquella situación era infernal para Jaime ya que el sabor amargo de su sangre y el dolor sordo de su nariz y de su boca carecían de importancia frente a la angustia insoportable de no poder apenas respirar. Inconscientemente Jaime blasfemaba y se le hacían eternos los segundos sumido impotente en la mayor de las desesperaciones. Jesabel gritaba y suplicaba aterrorizada, hasta que supo reaccionar: alzó la peana de una jaula de pájaros y la dejó caer sobre la cabeza y la espalda de Alberto. Este quedó tendido lateralmente en el suelo con las manos en la cabeza. Y lloraba y gritaba:

--¡Qué mierda! ¡Qué mierda más grande! ¡Mamá! ¡Mamá! No me quiere nadie. Qué pena más grande. ¡¡Madreee!!

Jesabel ayudó a Jaime a levantarse y salieron a la calle. No sabían dónde ir. La señora Carmina los estaba observando entre los visillos al igual que otros vecinos. A lo lejos vieron a alguien que se acercaba. Jaime lo reconoció, se trataba del colega del Rataza y llevaba en su mano ¡una pistola! Cogidos de la mano, comenzaron a correr cuando un vehículo se atravesó delante de ellos.

--¡Es Mario! ¡Gracias a Dios! —gritó Jesabel--. Has venido.

--Subid, rápido.

Se lanzaron al interior del coche y Mario aceleró hasta derrapar.

--Gracias, Mario, qué suerte hemos tenido.

--He venido lo más rápido posible.

--Ha sido terrible. Qué horror. Menos mal que le llamé anoche mientras dormías, Jaime. Gracias a Dios que estabas aquí, Mario. Qué mal hemos estado.

--¿Quién os ha hecho esto? ¿Son de la I+D paralela?

--No, ha sido un desequilibrado y unos rateros marginales. Ya te contaremos —le hizo saber Jesabel.

--Resumiendo, unos hijos de puta.

--¿Te encuentras bien, Jaime? —Mario le pasó la mano por la ensangrentada cabeza.

--Estoy muy dolorido, pero creo que no tengo nada grave.

--Hay que llevarte a un hospital.

--Mario, ¿tienes preparado algo para nosotros?

—Más o menos. De momento os voy a llevar a un piso en Móstoles donde vais a pasar desapercibidos durante unos días. También te tengo que poner Jaime... digo que os tengo que poner a los dos al corriente de lo último que hemos descubierto yo y otros participantes de la I+D paralela que también están recelosos.

--¿Son de confianza esos? —preguntó Jesabel.

--Yo tengo que confiar en ellos. Me muevo en un terreno muy inseguro, pero hay que actuar. Van a venir unos tiempos muy difíciles y tenemos una misión que cumplir.

--Pero... ¿tenemos que exponemos? —preguntó preocupada Jesabel.

—Me temo que hay que poner toda la carne en el asador. De momento tenéis que descansar unos días, pero... Jaime, Jesabel, tengo firmes sospechas de que Kirohito participa en el grupo terrorista Nuevo Orden y de que le aporta alta tecnología de vanguardia para que realice sus actos criminales.

--Joder, joder. Una mala noticia detrás de otra. Yo no aguanto todo esto. Es mucho.

--Jaime, debemos ser fuertes. Tenemos en nuestras manos mucha responsabilidad. Tenemos la capacidad de evitar muchas muertes si estamos unidos y sabemos actuar. Nuevo Orden ha comenzado sus actividades en España de forma experimental, pero pretende extenderse al resto de la Unión Europea. La filtración se ha producido en España, pero el Sistema de Seguimiento de Billetes se va a realizar en toda la Unión Europea y por eso se han unido las mafias y las bandas terroristas. Va a ser una guerra.

--¿Qué vamos a hacer?

--Vamos a denunciar con pruebas contundentes los planes de Kirohito y esto le va a suponer un fuerte golpe a Nuevo Orden. Os tengo que explicar muchas cosas. También os recomiendo que ignoréis los noticiosos.

--¿Por qué?

--No es aconsejable que los escuchéis. A partir de ahora va a haber sucesos muy trágicos y seguirlos por los medios de comunicación nos podría hundir la moral por la situación en la que nos encontramos.

--Tenemos que ser fuertes, ¿verdad, Jesabel?

--Verdad.

--Vamos a ganar esta partida. Nuestros abuelos tuvieron que jugar muy duro y ahora nos ha tocado también a nosotros. Lo vamos a dar todo.

No fue hasta pasadas las once y media de la mañana siguiente cuando despertó Jaime tras una noche en la que ambos no conseguían conciliar el sueño por el incomprensible dramatismo vivido y por la inadaptación al nuevo entorno. Jaime abrió los ojos y recordó que Mario los iba a visitar a la una y media para informarles de sus descubrimientos sobre la I+D paralela. Aquel SÁBADO se preveía tranquilo. De hecho, Mario les prometió al menos cinco días de descanso, tiempo suficiente para que recobraran la tranquilidad y para que él pudiera encontrar una buena excusa con la que poder estar con ellos sin levantar sospechas entre sus compañeros. Mario también informó de que los iba a manutener con su propio dinero para que pudieran pasar desapercibidos completamente. Por fin consiguió Jaime desperezarse y se levantó para comprobar que no había nada para desayunar ni nada con qué asearse, aparte del agua clara. Tras informar a Jesabel, salió a inspeccionar el nuevo entorno y a descubrir la localización de los productos necesitados. En un principio se encontraba más despistado que un par de cabras montesas por el Paseo de la Castellana, pero al mismo lado del portal del edificio encontró un despacho de pan y derivados. Y cinco calles al Norte había un supermercado económico.

Un par de horas después...

--Jesa, qué fuerte suena este timbre.

--Voy a abrir, es Mario —Jesabel se encontraba ligeramente entusiasmada.

--Hola, qué bueno estar con vosotros.

--Hola, Mario, ¿qué hay? —le saludó Jaime.

--Sentaos aquí. ¿Quieres algo, Mario? Jaime ha tenido el detalle de ir a comprar mientras yo estaba en la cama.

--No, es igual. Os tengo que poner al día.

--Venga, cuéntanos.

--Bueno, antes de nada, me dejasteis anoche muy sorprendido cuando me contasteis lo de Alberto. Debió ser algo...

--Fue una locura. Hubo momentos muy críticos.

--¿Por qué se deschavetaría ese hombre?

--Quizás peque de ingenua, pero yo sí creo lo que dijo Alberto de que le habían atacado y robado. Pero no fueron delincuentes comunes, sino de la misma I+D paralela.

--¿Quién? ¿Foster? —intentaba comprender Mario--. ¿Y con qué objeto?

--No lo sé. Yo sólo sé que era imposible hacerle entrar en razones. Nos culpaba a ella y a mí, pero con quien quería más jarana era conmigo.

--Conocería demasiado, igual que nosotros —apuntó Jesabel--. Por eso le atacaron los matones en Huesca.

--Lo vuestro también me parece extraño. Cuando me contaste por teléfono vuestra aventura en Barcelona pensé enseguida "¿no es una respuesta demasiado exagerada para una simple indiscreción?"

--Descompensada, pensamos nosotros.

--Ciertamente Kirohito está evolucionando mucho y me preocupa. Sus hombres de confianza, como Foster y otros, no sé hasta dónde pueden llegar, no me gusta. Pero uno se siente defraudado y dolido al saber que ha estado contribuyendo con su esfuerzo durante años a la basura que hay ahora. Fue Wilson quien me hizo despertar cuando me preguntó que cómo conseguían los de la sección farmacológica sus resultados tan rápidamente. "Porque serán muy competentes" le contesté. Pero al día siguiente le pregunté a Kirohito y me contestó con una justificación: "Lo único que te debe preocupar es saber que somos más rápidos y eficientes en obtener resultados en las investigaciones". A partir de ese momento comencé a desconfiar. Me replanteé si mis esfuerzos y mi exposición ante la justicia no estaban contribuyendo realmente a algo peligroso y sólo positivo para el bolsillo de algunos. Pregunté a algunos investigadores que también colaboraban para la I+D paralela y me respondieron que ellos no tenían opinión, que lo único que sabían era que se conseguían unas primas extras muy jugosas con sus colaboraciones y que no querían conocer nada más. Ellos iban a lo suyo y sin complicaciones.

Jesabel opinó:

--Cuando hacía mis colaboraciones nunca sabía dentro de qué cadena estaba trabajando ni cuáles eran los resultados. Nosotros no preguntábamos, pero también es cierto que nos exigían discreción. Y yo no preguntaba porque confiaba ciegamente.

--Antes era distinto. A mí me hacía mucha ilusión la I+D paralela. Hace quince años Kirohito me propuso que participara en ella. Acababa de nacer. La idea de investigar con libertad me sedujo y lo de mantener el secreto era casi como una aventura. Estaba ilusionado. Irremediablemente la I+D de la Yokonaga comenzó a destacar y los miembros de la I+D que no sabían nada de estas licencias no lo entendían. Lo achacaban a la buena organización y al trabajo de los cazatalentos buscando por todas las Universidades. Kirohito confiaba mucho en mí y no sé qué le habrá pasado. Demasiada ambición, supongo, por eso le llaman el "Dragón" de los negocios. A él le gustaría ser un gran platudo, ser dueño de su propia empresa o algo así. En aquel tiempo me lo contaba todo, me contó que era el delfín, el brazo derecho, de Yoshuma y que a pesar de ser director general de la Yokonaga su principal cometido era el de vigilar la I+D y encumbrarla. Yoshuma preveía que el éxito de una corporación moderna residía en su flexibilidad y en la consecución de sus propias innovaciones. Y Kirohito estaba de acuerdo. El me explicó que al participar también en las reuniones de Grupo Local (él era el único que participaba sin ser ni presidente ni propietario) podía vender directamente a los demás participantes de Grupo Local, siempre con el beneplácito de Yoshuma, los últimos descubrimientos e innovaciones de la I+D. E incluso así "blanqueaba" algunos de estos descubrimientos, porque oficialmente procedían de las otras empresas.

--Mario, ¿existe Grupo Local? —cuestionó Jesabel--. ¿Tú lo crees?

--Yo sí lo creo. ¿Qué hubiera ganado Kirohito en aquel momento con contarme una mentira tan compleja? Entiendo tu incredibilidad. Pero Kirohito me afirmó que Grupo Local era sólo unos encuentros cada cierto tiempo y que ningún participante se sentía obligado a nada. Cuando aceptan a un nuevo multimillonario en Grupo Local lo único que éste tiene que hacer es jurar discreción y secretismo. Pero claro, a veces se confían los secretos a un buen amigo. Kirohito me dijo que eran reuniones informales. Un presidente de una compañía norteamericana le podría pedir perfectamente a Yoshuma que no introdujera sus todoterrenos en Malasia, por ejemplo, y Yoshuma le podría pedir a cambio que le regalase el sistema de obtención de su eficiente fórmula anticaída del cabello, teniendo en cuenta que los laboratorios Yokonaga son más prestigiosos y lanzarían mejor ese producto al mercado. Este ejemplo acabo de imaginarlo, pero podría suceder perfectamente. Pero bueno, no hemos venido a rajar de Grupo Local.

--No, pero Grupo Local es criticable —opinó Jaime--. Los empleados de esas empresas luchando para desbancar a la competencia, y mientras tanto sus jefes reunidos para llegar a acuerdos secretos que son ilegales. Así, lo acabarán dirigiendo todo esos desconocidos. Los Gobiernos impidiendo fusiones y ellos como si ya estuvieran fusionados, acordando precios. ¿Qué hacen? ¿Se ponen de acuerdo para cerrar las fábricas de un país y sólo vuelven a ese país cuando su gobierno haya adecuado su política económica a la "nueva situación", bajando los impuestos y el precio del dinero para volver a ser atractivos a la inversión extranjera? Qué bonito. Imagínate, Jesabel, dirigimos el DINERO con mayúsculas, nos ponemos de acuerdo y tenemos más poder que los Gobiernos, que tienen que adaptar sus políticas monetarias a nuestro gusto. ¡Que se vayan a la porra esos magnates! Mira, más sofisticado. Cierras las fábricas de un país, vendes los terrenos, aumenta la crisis económica en ese país, pero con el dinero obtenido abres tus fábricas en un país más barato y deseoso de trabajar. Y los productos baratos aquí producidos los vendes caros a un tercer país que esté en auge económico. La economía en el país en el que tienes las fábricas mejora y aumenta el consumo, pero a la larga impedirá que produzcas tan barato. En previsión de esto cierras las fábricas que tuvieras en el país con gran auge económico, vendes caros los terrenos y los edificios, y con el dinero obtenido inviertes en el primer país que ya tendrá una política muy atractiva (con leyes de apretarse el cinturón) y que estará a precio de saldo. Vaya, esto provocara una crisis económica en el país que tenía mucho auge económico junto a su exceso consumista y su desequilibrio de la balanza comercial. Bueno, que vayan cambiando ya las políticas económicas en ese país. Mientras tanto, producimos barato en el primer país y vendemos los productos en el segundo país que ya esta viviendo una recuperación económica. Y así, siempre, cerrando un círculo sin fin saltando de un país a otro. Qué preciosidad. Grupo Local tiene una falta de ética impresionante. Todo lo que he contado lo pueden hacer esas fortunas tan grandes si se ponen de acuerdo, e incluso serían ayudadas involuntariamente por el resto de empresas internacionales que les seguirán por el efecto "rebaño de borregos". También serviría de barrido de la competencia local, ya que no podría saltar de un país a otro.

--Vale, Jaime —intervino Jesabel--. Tranquilízate. Sí, quizás en el futuro todos compremos unas pocas marcas. Y trabajemos para las empresas que sirvan o vendan los productos de esas marcas. Pero, tranquilízate.

--Los presidentes de Gobierno son funcionarios conocidos, Jesa, y duran poco tiempo. Pero los presidentes de estas nuevas corporaciones lo van a ser de por vida y nadie los va a conocer bien. Heredarán sus desconocidos descendientes sin el conocimiento de la población.

--Nosotros no podemos solucionar el Mundo —opinó serio Mario--. Vamos a dejar a los magnates. Como si se quieren comprar la inmortalidad esos señores, allá ellos. Estamos aquí para hacer nuestra contribución que también es muy relevante. Vamos a pillar in fraganti a Foster y vamos a destapar las actividades de Kirohito.

--¿Vamos a espiar? —preguntó preocupada Jesabel.

--Por supuesto, es la forma más pacífica de defenderse. El conocimiento de la verdad nos hará libres, ¿no? Pero antes tenemos que planear con minuciosidad nuestras acciones para conseguir las pruebas.

--¿Y cómo vamos a ser capaces nosotros de espiar? —continuó Jaime.

--No te preocupes. Lo único que tenemos que hacer es colocar unas microcámaras, unos micrófonos y unos móviles de tercera generación adaptados. Todo este material ya lo tengo.

--¿Y sabes ya dónde tenemos que espiar?

--Sí. En unas dependencias privadas de un palacio sevillano. Allí va a reunirse Foster con un directivo de otra compañía. Os explico la situación enseguida. La empresa que va a fabricar en España los lectores de los microchips de los nuevos billetes antes de tres meses es Sansonic. Esos lectores son los que estaremos obligados a utilizar cuando manejemos estos billetes. Pero Kirohito tiene un gran interés en que la Yokonaga se fusione con Sansonic para intervenir él directamente en la fabricación de los lectores. Así ya hace la trampa directamente. Los acuerdos de la fusión están siendo ya ultimados, pero el coste para la Yokonaga va a ser enorme por lo que todavía no hay nada seguro. Dentro de seis días tienen previstos reunirse en el palacio sevillano (por cortesía de los duques de Merinacheli) Foster y un directivo de Sansonic para tratar la intervención de Yokonaga Electronics en la fabricación de los lectores. Los duques de Merinacheli desconocen los contenidos de esas conversaciones. Si nosotros pudiéramos grabar en vídeo las conversaciones, demostraríamos los intereses de Kirohito por falsificar el Sistema de Seguimiento de Billetes.

--¿Pero sería suficiente para demostrarlo? —se mostraba poco confiado Jaime.

--Nosotros ya tenemos pruebas que se complementarían con ésta tan importante. Ahora mismo están infiltrados en I+D paralela un periodista norteamericano y otro alemán que están recabando información y pruebas. Gran parte de lo que yo sé se lo debo en realidad a un periodista japonés que ha fallecido recientemente en un accidente múltiple de autopista. Él se infiltró gracias a Wilson y descubrió cómo los directivos mas corruptos de I+D paralela iban seleccionando de su personal a los que disminuían su curiosidad conforme iban recibiendo primas más jugosas. Estos directivos hacían una selección continua y sólo los más aptos eran informados y ascendidos en la nueva organización secreta.

--¿Una organización secreta dentro de otra organización secreta? Me estoy perdiendo.

--Jaime, dentro de la organización secreta para actividades ilegales constructivas que es I+D paralela, se ha ido desarrollando o degenerando una estructuración criminal que sólo conocen... los más desalmados de la I+D paralela. Incluso los demás trabajadores de la l+D paralela, los que tenemos conciencia, puede que estemos contribuyendo a algunas actividades inmorales sin saberlo. Kirohito sólo quiere resultados espectaculares, plata, poder... y va a acabar probando todos los métodos posibles. Yo sé que los impresionantes resultados farmacológicos que está consiguiendo últimamente la sección farmacéutica se deben a experimentos realizados en una planta secreta que tiene Kirohito en la ciudad china de Siam. Allí, las autoridades locales cobran y callan, pero los nuevos medicamentos son probados directamente en seres humanos, sin haberse observado previamente los efectos en ratones o simios. Evidentemente, un nuevo medicamento que tardaría diez años en investigarse y costaría veinte mil millones de pesetas desarrollarlo, en la planta de Siam sólo se tarda dos años y cuesta dos mil millones de pesetas. Así no hay competencia posible. No me extrañaría que encontrasen un remedio para la enfermedad cerebral del Alzheimer. Material para experimentar no les va a faltar, desde luego.

--Es tenebroso. ¿En qué Mundo estamos?

--Jesabel, estamos en un Mundo con mucha buena gente que se merece que arriesguemos nuestras vidas anónimas por ellos. Kirohito es un zaragate, una bestia, no hay duda; por eso hay que combatirlo. Lo que Kirohito y los suyos llaman "Protección Especial" para la I+D paralela, no es nada más que matones a sueldo procedentes del hampa, que más que protegemos a los participantes de la I+D paralela nos controlan y nos "convencen" si es necesario. El periodista éste que falleció, Okazaki, me comentó la posibilidad de que Kirohito hubiere contactado con el capo colombiano Armando de las Casas (el que financia la guerrilla) para que éste le asesorara en el mundo del hampa a cambio de blanquearle su dinero en la Banca Yokonaga. Pero esto quizás sólo sean diceres. No puedo asegurarlo.

-- Todo esto me lo temía —indicó Jaime--. Si con la Globalización Económica se iban a fusionar grandes empresas para formar grandes multinacionales, ¿no se iban a fusionar también las organizaciones criminales para crear una gran multinacional del crimen organizado? Pues ya esta ocurriendo. A joderse.

--No es el momento adecuado —replicó Jesabel—para hablar así.

--Quizás esté ocurriendo de esa manera. Es triste. Yo por mi parte y cambiando de tema, tengo que decir que no voy a volver a este piso hasta dentro de cinco días.

--¿No?

--No te preocupes, Jesabel. Ya tengo una buena excusa para que no sospechen. Os dejo aquí unos planos del palacio sevillano que he sacado de la Internet. Jaime, tienes que estudiártelos bien. El salón cedido para el encuentro es éste, en la segunda planta y se llama "el comedor". Tú vas a tener que colocar las microcámaras por la mañana, pero la reunión se va a celebrar después de la cena. Mira, estas flechas indican la ruta turística.

--Pues... ¿cómo voy a entrar?

--Eso es lo que te estoy explicando. Vais a ir los dos como turistas por la mañana, pero tú vas a tener que desviarte enseguida de la ruta oficial. Las dependencias que no están marcadas son de uso particular y su acceso está restringido. Jaime, tú tienes aquí los planos y a ti te corresponde decidir la mejor forma de acometerlo. Te recomiendo el camino más corto. Y estúdialo bien.

--¿Y las cámaras...?

--Las microcámaras son muy "micro". Ya las verás. Tú no vas a tener problemas para disimularlas porque el comedor tiene un artesonado mudéjar y las microcámaras tienen aspecto de mosca. El único inconveniente que tienen estas microcámaras es que sólo emiten la imagen hasta una distancia de unos veinte metros. Por eso vas a tener que colocar los móviles de tercera generación cerca de ellas. Los receptores acoplados a los móviles recibirán la imagen y estos móviles enviarán la imagen por el sistema U.M.T.S. hasta los móviles que tendremos en el hotel de Sevilla, en el que vamos a estar hospedados. Allí lo grabaremos. Los móviles emisores puedes esconderlos en el interior de la chimenea anclándolos bien. Mira, la chimenea está en este lado del salón, ¿lo ves? Ah, y no olvides de encuadrar bien las microcámaras. Es importante.

--Esto es así como "espíelo usted mismo". En teniendo estos aparatitos electrónicos modernos... cualquiera puede hacerlo. Es evidente, los móviles de tercera generación son ideales para fisgar.

--Incluso un «móvil-aficionado" puede retransmitir una noticia en directo si se encuentra en el lugar adecuado —apuntó sonriendo Jesabel.

--Y las llamadas de emergencia realizadas con estos móviles podrían ser emitidas por los programas televisivos de sucesos --le contestó Jaime.

--O también habrá retransmisión en directo de abusos y malos tratos en los canales televisivos de denuncias realizado por las propias víctimas—le seguía el juego Jesabel.

--O la vida en directo continua de los "famosos", incluidos sus desplazamientos —le correspondió Jaime.

--El contacto visual de los amantes que están lejos...

--El control del marido o de la parienta...

--Para aparcar el coche...

--Para teledirigir, vigilar tus propiedades, teleasistencia médica en el accidente, controlar el progreso de las obras desde la oficina, dar envidia cuando se hace turismo, controlar tu casa, teleasistencia de ancianos, controlar a los hijos, rescates y trabajos complicados, el cibersexo portátil...

--No me puedo creer lo que estoy viendo. Sois unos chamacos.

--No todo va a ser drama y preocupación. También debe haber tiempo para la entretención, Mario. Jaime, danos unas paradojas que no sean difíciles. Vamos.

--Bueno. Vale. Espera un poco. Ya lo tengo. La preocupación paranoica de E.E.U.U. por su defensa, ¿le crea enemigos? Si armarse y atacar rápido (casi anticiparse) es la mejor defensa, ¿cómo van a protegerse los estadounidenses de ellos mismos? ¿Defendiéndose primero? ¿Armándose más?

--¿No tienes otra mejor? Tú las tienes mejores. Venga.

--Sí. ¿Por qué en algunos momentos de los velatorios hay carcajadas? ¿Eh? Otra. Otra más. Si las bodas comienzan con una declaración de fidelidad en la ceremonia de la Iglesia, que es la base de la celebración, ¿por qué en el baile los hombres, con vaso de cubata en mano, desean a las esposas de los demás? ¿Quizás porque éstas se exhiben bailando sexy con sus mejores galas?

--Estás enfermo, Jaime.

--Perdona, me he pasado. Mira, otra. Si nos duele el rechazo de quien nos gusta, ¿por qué le molestamos? ¿Y para qué? ¿Para que nos rechace más? ¿Para compartir el dolor? ¿Para obligar a que nos acepte? ¿O para mantener el contacto de alguna forma? ¿O para nada en concreto? A ver si te gusta ésta otra. Sí a los europeos nos perjudica la mala marcha de la economía americana por la bolsa y el comercio, y si nos perjudica también la buena marcha de la economía americana por la subida del dólar, ¿en qué nos beneficia la economía americana? Ésta es mejor. Si el Universo se expande y si el Universo es infinito según se ha observado, ¿el Universo realmente se expande?

--No me seáis opas. Esas no son paradojas, son tonterías. El Universo se expandirá siempre, está claro. Como si me hubieras dicho "nunca perteneceré a un club capaz de aceptarme como socio" o "¿sólo sé que no sé nada?" o "siempre miento" o "¿es absolutamente cierto que la verdad absoluta no existe?" o "¿existe la inexistencia?" o "cuanto más sabes, sabes más que sabes menos" Dime, la paradoja lógica tuya esa de la transomacion-sustitución, esa sí que es fascinante. No sé si Jesabel la explica bien.

--Explícasela tú.

--Escuchad bien. Y es verdad que os quiero hacer saber, queridísimos hermanos, que al igual que puede continuar el mensaje aún habiendo ya caído el mensajero, así debe continuar vuestro alma aún habiéndose ya desorganizado vuestro cuerpo... en otro cuerpo, y en otro y en otro... Pero no esperéis a que esto ocurra por obra y gracia del Espíritu Santo. No, hermanos, no. Está en vosotros la herramienta necesaria (la inteligencia) y debéis usarla. ¡Muerte a la muerte! Podéis colaborar con esta magna obra de gran dimensión humana haciendo vuestras contribuciones a la cuenta comente número...

--Jaime, no destruyas la imagen que he dado de ti a Mario.

--Pero... ¿cómo fuiste capaz de desarrollar la paradoja? Explícame —se mostraba muy interesado Mario.

--Bueno, yo siempre he sido un poco introvertido y debo ser el único que sea capaz de estar tanto tiempo dándole vueltas a una misma cosa. En fin, la vida a mi se me ha presentado así. En un comienzo, en mi tierna infancia, sentía temores sin entender muy bien qué era lo que realmente me asustaba. Poco después, al desarrollar mi conocimiento descubrí que los únicos desencadenantes de mis temores eran la posibilidad del inaguantable dolor y la aterradora idea de no poder seguir viviendo a partir de un momento dado. Pregunté y me dijeron que todos moríamos, que era lo único que yo tenía asegurado. Pero también me dijeron que no me preocupara porque la existencia continuaba tras la muerte; me aseguraron que existía el Sentido de la Vida, la Finalidad de los Acontecimientos y el Triunfo de la Justicia Verdadera. Pero estas mismas personas que me daban protección y seguridad se aterraron y quedaron destrozadas con la muerte de la abuelita primero y con la muerte del abuelito poco después. También murió una niña de mi misma edad, hija de unos amigos de mis padres. Comprendí que su temor y desamparo demostraba que no estaban muy convencidos con lo que me habían asegurado. Llegué entonces a la conclusión de que no había ninguna evidencia certera y absoluta sobre la continuidad de la existencia tras la muerte, por lo que todo quedaba tristemente reducido a una creencia y a una actitud. Con el paso de los años mis profesores me aseguraron que el único camino para conocer la realidad con absoluta certeza era el del método científico, pero que éste no había dado respuesta todavía a muchas cuestiones importantes, como pudieran ser la continuidad de la existencia tras la muerte o el Sentido de la Vida. También supe de otras opiniones, de otras personas que creían que todo lo que hay es fruto del simple azar y de la mera casualidad, que no había según ellos ninguna finalidad en los acontecimientos (salvo la que pudiera construirse el hombre) y que en cualquier momento todo lo existente podría acabar hasta nunca jamás de la misma manera que había surgido: así, sin más. La duda sobre lo más esencial de todo, el Sentido de la Vida, me provocaba desánimo y me intrigaba a un mismo tiempo. En lo único estable que me podía apoyar era en la certeza del método científico, pero su campo de acción era muy limitado como para resolver mi necesidad de saber. ¡La Ciencia resolverá tus problemas! ¿Todos? ¿La Ciencia desvelará el Sentido de la Vida? Intentando comprender todo esto llegué a la conclusión de que, al igual que cl resto de las especies animales, nacemos con un miedo instintivo a la muerte o a sus causas y que nuestra capacidad de raciocinio nos obliga a darle sentido a la vida para seguir hacia delante. Pero para mí era insuficiente. Sabía que mi temor ante la posibilidad de dejar de existir en cualquier instante me empujaría a aceptar automáticamente cualquier remedio definitivo a la muerte si alguien me lo ofreciese, lo cual era bastante improbable. Y ese comportamiento mío no implicaría que yo no creyese en el Sentido de la Vida, puesto con esta actuación me aseguraría el Sentido de la Vida y claro, ya tendría sentido el Sentido de la Vida que antes hubiera dudado. Es sólo cuestión de garantías. Pudiera ser que el Sentido de la Vida sencillamente consistiera en encontrar mediante el método científico un remedio a la muerte, por lo menos a la mía. Desde luego, tenía que ser yo quien encontrara este remedio porque nadie parecía estar solucionándome esta importante cuestión. En ese momento recordé unos supuestos lúdicos que había desarrollado en mi pubertad, unos cuatro años antes: El salto de una mente desde un cuerpo a otro (que diese éste el mismo resultado que el anterior) cuando el primer cuerpo se desorganizase por algún motivo. Retomé la cuestión. También recordé que no había conseguido imaginar qué sentiría yo si viviese esa experiencia. Supe entonces que estaba ante una paradoja. O una solución o la otra. O sustitución o... ¿cómo llamarlo? Busqué en un diccionario y decidí bautizarlo como "transomación". Sustitución o transomación, a saber. Cómo resolver esa paradoja teniendo en cuenta que la realidad sólo es única. Experimentando, quizás. Pero por la propia naturaleza del enunciado la transomación no se puede verificar mediante experimentación, al menos de forma directa. Esto me desilusionó porque creía haber encontrado, mediante la utilización del método científico, un remedio a mi problema de poder dejar de existir (quizás) en cualquier momento, pero me había fallado ei aspecto más importante, el de la experimentación. En el método científico primero se estruja uno sus neuronas intentando encaminarse en el entendimiento de la realidad y llegando así a conclusiones parciales, y después, mediante la adecuada comprobación experimental se observa si esas conclusiones estaban en lo cierto o no. Pero con la transomación sólo se puede elaborar hipótesis incomprobables. O también se puede alcanzar un conocimiento tal sobre la naturaleza y mecanismo del Universo que haga ver con certeza cuál de las dos posibilidades es la única verdadera, la transomación o la sustitución. Mi apremiante necesidad por resolver esta paradoja estaba justificada. Y por eso decidí utilizar todo mi esfuerzo posible en comprender la naturaleza y mecanismo del Universo, ya que posiblemente con ello estaba en juego el futuro a largo plazo de mi vida. Y la de todos los demás, por supuesto.

--Por lo menos, la de quienes pudieran costearse la transomación, ¿no? —preguntó Jesabel.

--Si nos ponemos en ese plan... Bien. Estrujé mis neuronas al máximo para decantarme por una de las dos posibilidades y "curiosamente" acabé defendiendo (gracias al "Steady State" biológico y a la regeneración cerebral) la más optimista, la de la "transomación"; si bien también es cierto que, aparte de una inclinación automática inicial por la "sustitución" carente de explicaciones racionales, no encontré después ninguna evidencia lógica lo suficientemente justificada a favor de esa "sustitución". Elaboré toda una filosofía particular sobre el mejor reordenamiento de la materia, la espiritualidad del mundo material y las finalidades de la Evolución que parecía resolver la paradoja, al menos en teoría, pero presentaba un efecto secundario. ¡Esta filosofía también defendía el Sentido de la Vida y la finalidad de los acontecimientos! Al menos en líneas generales dejando hueco al accidente y a la temporal mala evolución. ¿Pero este Sentido de la Vida no implicaría la existencia tras la muerte? Posiblemente. Pues, entonces, seria la pescadilla que se muerde la cola. Vamos, ¡LA GRAN PARADOJA EXISTENCIAL! Si encuentro una vía tecnológica que puede resolver mi problema en el desesperante y triste caso de que no haya un Sentido de la Vida ni una Protección Superior que garanticen mi existencia tras la muerte, y si esa vía encontrada (la transomación) sólo es cierta si existe ese Sentido de la Vida, pues... ¡madre! O es éste el mío un esfuerzo innecesario porque existe el Sentido de la Vida (seguiré en todo caso existiendo tras mi muerte por definición y por descontado) o voy por un camino equivocado porque no existe el Sentido de la Vida (ni la transomación me salvará). "Qué desastre" me digo a mí mismo. Bueno, una tercera posibilidad sería que con la aplicación repetida de la transomación simplemente se dejara de ser mortal. Claro, si esto fuera así, o estaríamos ante el parto del Sentido de la Vida o el Sentido de la Vida siempre hubiera consistido en alcanzar la meta de la transomación o algo similar. En todo caso, desarrollemos la transomación por si acaso.

--¿Y los que se han quedado por el camino? —preguntó entusiasmado Mario.

--También habrá algún remedio para ellos. Ya lo encontraré.

--¿Y Dios tiene que ver algo con todo esto? —ironizó Jesabel.

--Da igual que lo llames Dios o Sentido de la Vida, me estoy refiriendo a lo mismo.

--Ah.

--En definitiva, un misterio. Lo único cierto es que todos haremos siempre lo máximo posible por continuar viviendo, bien sea como consecuencia de nuestro diseño (instinto de supervivencia) creado por algún tipo de Voluntad, o bien sea por la mera casualidad que nos ha hecho así. Y no pararemos de encontrar métodos para seguir sobreviviendo porque somos como somos, y... nos acojona la muerte. Y nuestra tendencia natural siempre ha sido hacer frente a la muerte (desorden) ordenando la materia, bien por instinto o haciendo uso de nuestra inteligencia. Sigamos nuestra tendencia natural desarrollando más nuestra inteligencia y encontrando la forma de combatir la muerte. Ganemos una vez más la lucha al desorden. Somos hijos del orden (vida) y es nuestra tendencia natural la de combatir el desorden (muerte) y cada vez seremos más fuertes (Evolución y Progreso). No cabe más explicaciones. Y éste ha sido mí propuesta, la transomación.

--Una propuesta sin concluir —advirtió Mario.

--Todo llegará.

--Es este un tema que quizás no deberíamos tratar nosotros, los humildes humanos —reflexionó Jesabel--. No sé. Quizás sea una ofensa o un intento de usurpación de la labor de Dios. La soberbia del hombre, ya sabes.

--A Dios rogando y con el mazo dando. Me temo que habrá demasiada gente que opinaría lo mismo que acabas de expresar, pero proponte el tema desde esta perspectiva. Si Dios nos ha dado tanta libertad que incluso podemos practicar el mal (que no debemos hacerlo), ¿nos resolverá directamente Él nuestros problemas (como es el de la muerte) o los tenemos que resolver nosotros guiados por el corazón y haciendo uso de la libertad que Él nos ha dado? ¡Curamos nuestras enfermedades y trabajamos nuestro bienestar!

                   --No sé.

--Tanto las órdenes y prohibiciones tiránicas como la sobreprotección son cortapisas a la libertad. Y lo nuestro no es nada más que una simple cuestión de existir —expresó irónicamente-- libremente y automodelándonos en la infinidad de decisiones que nos toca afrontar. ¿Se puede existir de otra forma? La libertad es maravillosa, pero también supone una gran responsabilidad. Y tener que resolver nuestros problemas quizás sea efecto de nuestra libertad esencial.

--Quizás, quizás, quizás –se atrevió a criticarle Jesabel.

--Quién sabe. Lo mismo se presentan aquí los ángeles y nos hacen todo el trabajo, ¿no?

--O lo mismo estamos obligados a morir, Jaime.

--¡¡Pero nada nos obliga a vivir una cantidad determinada de tiempo!! Podemos alargar la vida individual. Y alargarla y alargarla...

--Dime la verdad, ¿tú crees en el Sentido de la Vida y en la continuidad natural de la existencia tras la muerte? —le preguntó exigente Jesabel.

--¿Eh? Digamos que ahora creo en el Sentido de la Vida en un 85 %. Eso es mucho para mí, porque yo no creo en un 100 % ni en lo que veo delante de mí, excepto en ti. Pero en la existencia tras la muerte... pues no tengo ni idea.

--Pudiéndose morir... ¿tiene sentido la vida? —preguntó interesado Mario.

--La vida en general, sí. La de los individuos.., allá ellos con su suerte.

--Para ti la Evolución de las Especies tiene poco de azaroso, ¿no? --se interesó Jesabel para que pudiera escucharle Mario.

--Para mí lo único azaroso es la forma en la que se están desarrollando las especies (que siempre son predeterminadas a su existencia). Y seguramente la gran mayoría de las especies (que son todas ellas predeterminadas) nunca existirán, al menos en la Tierra. O quizás... también están predeterminados los diseños de adaptación al medio y las formas orgánicas, pudiendo presentarse éstos a la vez en varias especies que no tienen ningún contacto genético.

--¿Y cómo has podido llegar a estas conclusiones de la Evolución? —le preguntó Jesabel.

--Con sólo la observación de unas especies llamativas concluí que las teorías de Darwin eran insuficientes para explicar la Evolución de las Especies y que mi filosofía podría aportar luz basándose en la idea de una posible recolocación continua hacia mejor de los eslabones de la cadena de ADN, coincidente esta recolocación con la adaptación al medio de los organismos resultantes, lo que defendería consecuentemente unas finalidades en líneas generales o un tipo de determinismo a grandes rasgos de la Evolución de las Especies, habiendo, eso si, un azar cotidiano (el que coincidan en el tiempo distintas especies es en parte por azar). Es como si ya existiera en potencia la Creación y ésta tuviera que pedir permiso al azar para poder ir haciéndose material. No toda esta Creación se materializará, pero con el tiempo y con suerte irá materializándose lo más elevado y mejor de la Creación. El azar también es necesario, porque nos hace libres y por lo tanto nos hace ser, pero nos arriesga y nos empuja a luchar.

--Tus conclusiones son muy sorprendentes —afirmó Mario.

--Y poco útiles. Sirven para quedarse con el personal, eso si.

--Pero Jaime, imagínate que le practicasen ahora a Jesabel, o a mí, un método para transomarnos. ¿Tú sabrías qué habría ocurrido?

--¿Saberlo con certeza? Ni idea. Fifty-fifty de posibilidades.

--¿Pero no te decantas por ninguna de las dos posibilidades?

--No. Tengo mis creencias, ya las conocéis, pero no sabría con seguridad qué hubiera ocurrido. Es una paradoja sin resolver. Ya me gustaría a mí que alguien fuera capaz de resolverla.

--Se podría hacer una búsqueda por todo el planeta para encontrar a alguien que fuera capaz de resolver esta paradoja. Sería beneficioso —apuntó Jesabel.

--Bueno, bajemos de las nubes. Jaime, Jesabel, estudiaros bien los planos, ¿vale? Buscad, si queréis, en las librerías y en las bibliotecas más fotografías del palacio y... ensayad, que es siempre beneficioso. Yo, lo siento, pero me tengo que ir.

--Mario... gracias. Lo vamos a conseguir, ¿verdad?

--Sí, confío en vosotros. Jesabel, eres una gran profesional y la razón nos acompaña.. No nos detendrá nadie, no lo olvidéis.

--Los tres formamos un gran equipo —dijo Jesabel.

--Sí. Claro que venceremos.

--Os tengo que dejar. Hasta luego.

--Hasta luego.

--Hasta el Jueves, Mario.

Tras despedir a Mario, regresaba Jaime al salón cuando los brazos de Jesabel le abordaron desde atrás y le apretaron el pecho en un fuerte abrazo que le hizo perder el equilibrio y caer en el sofá.

--¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

--Pues... ¿que va a ser? ¿Tú qué crees? Calla y date la vuelta.

Los siguientes días los vivieron tranquilos e intentando eludir todo tipo de información de actualidad, pero la espontaneidad de los avances informativos y las conexiones en directo impedían que no conociesen la realidad. Una información de poca relevancia, más bien una curiosidad en un programa televisivo de variedades, dejó sin embargo atónita a la pareja. La joven y bella presentadora informó sobre las impactantes declaraciones realizadas por el controvertido "filósofo" Draculisex Ushill en el último congreso californiano de Extro, en el que este filósofo tan heterodoxo aseguraba que en breve plazo de tiempo el hombre con su tecnología iba a vencer a la muerte, habiendo conseguido con esto vencer todas sus limitaciones y ya quedaría libre de sus necesidades religiosas. En esas mismas declaraciones Draculisex también aseguraba que podía dar esa primicia porque había sabido de un proyecto secreto que se estaba desarrollando por "gente de ciencia implicada, auténtica y sin hipocresías sociales ni religiosas". Jaime quedó gratamente sorprendido y bromeó:

--¡No soy el único loco! Me siento acompañado. Qué ilusión.

--El único que le ha puesto el adjetivo de "loco" a tus ideas has sido siempre tú, ¿sabes? Los seguidores del Transhumanismo también creen en el alargamiento extremo de la vida por medios tecnológicos.

--Cuando terminemos por fin de vivir esta aventura me pienso poner en contacto con Draculisex.

La joven presentadora dio paso a un reportaje sobre las andanzas de Draculisex Ushill:

"Draculisex Ushill es el nombre de batalla para un ‘filósofo’ alternativo underground que comenzó su actividad en la calle, marcando a los sorprendidos transeúntes con el matasellos en el que difundía algunos de sus lemas firmados que le harían famoso. Algunos de esos lemas eran ‘Si te va, gózalo. Y que no te lo jodan’ o ‘Si te joden, que lo hacen, les jodes tú más y que se jodan’. Por su sentido del humor irónico y a veces mordaz comenzó a ser conocido sobre todo entre los jóvenes más inconformistas y rebeldes. Pero no se debe olvidar que parte de su éxito se debe también a su aspecto innovador, a su cuidado look desenfadado y trasgresor y a su atractivo natural. Con sólo aparecer unas pocas veces en los medios de comunicación creó una conmoción en los jóvenes, sobre todo en las jovencitas, tanto por sus actos rocambolescos como por el color de sus ojos, sus sorprendentes rasgos físicos y su melena cuidadosamente rebelde. Hace unos meses hizo campaña por las calles de las principales ciudades europeas consiguiendo seguidores seducidos por su ingenio y su sentido del humor. Los más reaccionarios y jóvenes han hecho de esta filosofía su propia filosofía, lo que preocupa a sus padres. Gurú de la marihuana y de las pastillas, ha sido acusado de tener intereses económicos en el narcotráfico, pero él siempre lo ha negado. Él se considera a sí mismo como un hombre sencillo y auténtico de la calle, que hace su servicio humildemente para extender su filosofía real de la vida real e intentar combatir la falsedad y la hipocresía egoísta de los poderosos que justifican su falta de sensibilidad social y se enriquecen cada vez más. Él asegura que llama a las cosas por su nombre y que quienes se escandalizan deberían escandalizarse realmente por las injusticias que se producen en la vida real. Draculisex Ushill ha creado una corriente nueva, pero sus seguidores han sido acusados de ‘hedonistas que sólo se quejan y exigen, amparándose en una supuesta situación de marginados, cuando en realidad la mayoría de ellos son jóvenes de origen acomodado, que no obstante se sienten rebeldes’. Los seguidores de sus temas y teorías lo hacen a través de Internet, sin el conocimiento de sus padres, pero es posible que sólo lo hagan por simple diversión, ya que la página web www.nosalengranos.com contiene todo tipo de espectáculo humorístico ácido y de acción para difundir la filosofía ‘realista’ de vida y las ideologías de Draculisex Ushill. Esta página web también incluye cómics subversivos con dibujos eróticos, violentos y escatológicos. Algunos le han acusado de patrocinar con su cinismo un gran negocio económico, pero él lo niega. Él afirma que es para financiar la propagación de sus ideas. Una última moda entre algunos de sus seguidores es llevar tatuajes en zonas más o menos visibles del cuerpo con los lemas firmados que hicieron famoso a Draculisex Ushill en sus comienzos, si bien algunos de estos seguidores prefieren mezclar estos tatuajes con la estética satánica. Declaraciones suyas como ‘Sólo existe la idea de ‘puta’ y de ‘cabrón’ en las mentes enfermas y acusadoras de los reprimidos, por lo que las mujeres y los hombres deben disfrutar en esta corta vida libremente del amor ignorando los falsos prejuicios’ le han llevado a ser acusado de fomentar el hedonismo con el sólo propósito de favorecer sus negocios. Hace un par de meses fue acusado de estar tras la ejecución del virus informático "no destructivo" que en cuestión de horas propagó por los ordenadores de todo el planeta el siguiente e-mail propagandístico: ‘Abre los ojos, toma consciencia de los abusos que sufres, no te dejes pisar, criminaliza (es necesario) y defiéndete con sus mismos métodos. Incluso añade un poco para vencer y que sepan que no les ha merecido la pena. Este consejo va dirigido a todos, en especial a todos los de Oriente Próximo. Es un consejo de Draculisex Ushill, www.nosalengranos.com. Draculisex Ushill se defendió argumentando que él no necesitaba utilizar una campaña propagandística tan contraproducente y evidente, y que en realidad se trataba de una campaña de difamación contra su imagen. Fue absuelto por falta de pruebas. Pero el escándalo saltó hace unos días cuando fue acusado de promover disimuladamente en su página web la visita a otras direcciones de Internet especializadas en comercio de imágenes pornográficas, de imágenes grabadas por los propios usuarios (también pornográficas), de imágenes reales extremadamente morbosas y de imágenes ilegales. Todas estas direcciones incluso podrían ser de su propiedad. Las declaraciones de ayer en Extro le han llevado a ser acusado de simple buscador de atención, de mentiroso o de falso profeta que juega cruelmente con los sentimientos de quienes se ilusionan con sus promesas imposibles."

--Jesa, lo he pensado mejor y creo que no me voy a poner en contacto con ese elemento.

--Estoy de acuerdo contigo.

Dos días después fue encontrado el cadáver de Draculisex Ushill en su residencia de Amsterdam. Había sido tiroteado.

El VIERNES DÍA VEINTIDÓS DE DICIEMBRE, a las doce de la mañana, estaba la pareja esperando en el patio de entrada del palacio de los duques de Merinacheli la llegada de la señorita guía para que iniciara su nueva ronda. En su mochila Jaime portaba cuatro microcámaras, cuatro micrófonos, cuatro móviles de tercera generación adaptados, una escalera de mano desmontada, un mono de trabajo, una ventosa, hilo dental, una jeringuilla con silicona transparente, un poquito de masilla de amasar, unas pinzas, una cinta métrica metálica de cinco centímetros de ancho, dos tubos para mezclar de soldadura química ultrarápida y algún complemento más. El plan a ejecutar, multitud de veces ensayado los días anteriores, era bien sencillo: Una vez llegado el grupo de turistas al patio principal, Jaime utilizaría una excusa sencilla para regresar al "Apeadero" o patio de entrada e introducirse en el cuarto de aseo de "las habitaciones de la servidumbre". Por la ventana del cuarto de aseo que da a un pequeño patio ciego se las arreglaría para subir hasta el cuarto de baño de la segunda planta e introducirse por su ventana. En ese momento ya se encontraría dentro de las dependencias privadas, por lo que sólo le quedaría acceder al "comedor" con cautela. La ansiedad que vivía Jaime durante su espera era de angustioso deseo por comenzar la operación y de ilusión por terminarla triunfante, habiendo contribuido con ello a la justicia, a la libertad y a la seguridad del pueblo decente y trabajador, que bien se lo merece.

La señorita inició sus explicaciones en Español:

"El palacio que van a ver a continuación, de estilos mudéjar y plateresco, comenzó a ser construido entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI por la familia Enríquez de Ribera, emparentada con la Casa Real de Trastámara. De hecho, Pedro Enríquez era tío de Fernando el Católico. Actualmente este palacio alberga el archivo privado más importante de España con más de un millón de documentos, muchos de ellos referentes a la colonización americana. Pero por motivos de seguridad no tenemos acceso a la Librería, perteneciendo ésta a las habitaciones privadas del palacio. Son numerosos los artistas españoles, italianos, e incluso algún flamenco, que a lo largo de los siglos han realizado obras de incalculable valor artístico aquí....."

En apenas cinco minutos ya se encontraban en el patio principal y Jaime necesitó que le animara Jesabel para comenzar su actuación.

--Ay, María del Carmen. Ay, qué dolor —Jaime tocaba su vientre con ambas manos.

--¿Qué te pasa, Alejandro? —le preguntó Jesabel acorde con lo ensayado.

--Una indisposición. Pero una indisposición muy mala, María.

--¿Vamos a algún sitio? ¿A una farmacia?

--I)éjame, ay. Tú quédate aquí, y ya que hemos venido, ves esto. Pero yo me tengo que ir, que me apremia.

--No, te acompaño.

--Quita, quita. Que esto lo tengo que resolver yo solo. Después me cuentas lo que has visto. Yo tengo que volver al bar ese de ahí afuera.

--Pero Ja... lejandro, ¿no...

--Mira. Que me voy, que me voy.., y ya está.

Y Jaime se fue corriendillo hacia la salida y aprovechando la ausencia de personal se introdujo en el cuarto de aseo de las "habitaciones de la servidumbre". Rápidamente cerró por dentro. Debía ejecutar secuencialmentc todos los pasos de la misma forma que había ensayado decenas de veces, por lo que se puso manos a la obra. Abrió la mochila y la descargó en el suelo. Se colocó la funda de trabajo por si hubiera que disimular y presto montó la escalera de aluminio uniendo las piezas por presión, si bien no quiso concluir el montaje dejando la escalera dividida en cuatro partes iguales. Tomó un pedazo de masilla y lo amasó rápidamente. En el cuello se colocó una correa con un soporte para sostener uno de los móviles a la altura del pecho, por lo que así sólo tendría que mirar hacia abajo para ver las imágenes captadas por una microcámara. También se colocó a modo de bandolera una especie de alforja o bolsa abierta en la que depositó los útiles necesarios. Apoyó junto a la ventana las cuatro piezas de la escalera. Y a continuación abrió la ventana y ayudándose de un espejo comprobó si había alguien asomado en la ventana de arriba. No había nadie y descubrió incluso que esa ventana estaba cerrada. Velozmente saltó al patio con la cinta métrica en la mano y apoyó su espalda en la pared para disminuir las posibilidades de ser visto desde la ventana superior. La pelotita de masilla la pegó en la punta de la cinta métrica, en la que también tenía atado hilo dental. De la bandolera cogió con las pinzas la microcámara (con aspecto de mosca) que tenía su micro-objetivo camuflado en la parte inferior del tórax, entre las patas. Con la jeringuilla inyectó unas gotitas de silicona transparente en las patas de la mosca-microcámara y acto seguido, con ayuda de las pinzas, clavó con la presión adecuada la "mosca-espía" por su parte posterior final del abdomen en la bolita de masilla, de tal forma que quedó con las patas hacia arriba. Jaime miró a su pecho y comprobó que efectivamente en la pantalla del móvil se veía las imágenes captadas por la mosca-espía. Después fue alzando con cuidado la cinta métrica conforme la iba desarrollando hasta llegar a la altura de la ventana superior. Para su alivio Jaime pudo comprobar en el móvil que en el cuarto de baño no había nadie. Ayudándose con el hilo dental guió la punta de la cinta métrica hasta el cristal de la ventana y, con un golpe rápido pero con la adecuada fuerza según lo ensayado, pegó la mosca en el cristal, aunque con las patas demasiado abiertas. A partir de ese momento Jaime podía tener una referencia directa de si entraba alguien en el cuarto de baño con sólo mirar al móvil de su pecho. Y la mosca-espía era ideal para pasar desapercibida ya que es de conocimiento general que las moscas supervivientes de Invierno tienen una actividad muy pequeña y por eso pueden permanecer estáticas durante mucho tiempo. No dudó en sacar por la ventana las cuatro partes de la escalera y montarla. Subió por ella ágilmente al tiempo que miraba a la pantalla del móvil. Una vez arriba, con el corazón en el puño y empapado en sudor, sacó veloz de la bandolera la ventosa y la pegó en el cristal sin mosca. También tomó una navajilla y extrajo con presteza los listoncillos que sujetaban dicho cristal. Los depositó en la bandolera al tiempo que con la ventosa sujetaba el cristal, el cual cuidadosamente apoyó en el interior del cuarto de baño. Abrió la ventana, saltó al interior y corrió con desesperación hasta la puerta para cerrar por dentro. Con un poquito de tranquilidad recobrada, regresó a la ventana, retiró hacia un lado la escalera para que no pudiera ser vista, dobló rudimentariamente los clavitos de los listoncillos, desmontó de la ventana la hoja sin cristal y en el suelo le colocó su cristal pegando los listoncillos con la mezcla de los dos botes de soldadura química ultrarrápida. Volvió a montar la hoja de la ventana con el cristal ya incorporado y recogió todos los útiles. Fue entonces cuando reparó en el lujo del moderno cuarto de baño. Recuperó la pelotita de masilla y en ella clavó por un lado un alambre muy fino y en el otro lado pegó la mosca-microcámara por su dorso. Y con un pedazo de papel higiénico no olvidó limpiar del otro cristal las gotitas de silicona adheridas y tras ello arrojó el papel al retrete, estiró de la cadena y volvió a bajar la tapa ¡Horror! El ruido de la cisterna podía alertar de su presencia. Qué fallo. Esperó alarmado durante veinte segundos, pero no parecía que hubiese consecuencia alguna; por lo que decidió actuar. Abrió la puerta lentamente, con sigilo y, ocultándose, hizo asomar a la mosca al ras del suelo. Hizo un barrido por el dormitorio y para su tranquilidad comprobó que estaba vacío. Incluso la puerta que comunicaba con el pasillo estaba cerrada, por lo que decidido entró en el dormitorio... cuando se topó con una presencia inesperada. Sobre la centenaria cama se hallaba tendida boca abajo una veinteañera morena que, con su esbelta y sinuosa espalda al desnudo, continuaba entregada al mundo de los sueños. Lógicamente se quedó paralizado mientras se lamentaba de su mala suerte y maldecía a las doce de la mañana las costumbres relajadas de la señorita. Con cuidado extremo cruzó la habitación, abrió una puerta y tras comprobar que no transitaba nadie por el pasillo, escondió el móvil en la bandolera y caminó con naturalidad hasta el comedor. Su pecho temblaba con cada palpitación y la frente se le deshacía en sudor. En el suelo, junto a la puerta de entrada del vacío comedor, depositó la mosca anteriormente utilizada y cerró dicha puerta tras introducirse en la dependencia. Con su móvil guardián de nuevo en el pecho y consumiendo un minuto eterno colocó lo mejor posible las tres microcámaras-mosca y los micrófonos en el artesonado mudéjar; y los tres móviles en el interior de la espléndida chimenea de piedra negra que llevaría siglos sin ser utilizada. Y tras comprobar que permanecía vacío el pasillo, regresó a lo desconocido que le aguardaba en el dormitorio. Pero la puerta de éste estaba entreabierta y la idea original de regresar por donde había subido para eliminar pruebas, recogiendo la escalera y la mochila, no era de su agrado. Con su alambre y su mosca-espía comprobó que no había nadie en el dormitorio y que el cuarto de baño tenía su puerta cerrada, por lo que concluyó que la señorita estaba dentro, lo cual le terminó de fastidiar. Eligió salir de allí por la escalera principal, pero no se decidía entre quitarse el mono de trabajo o llevarlo puesto. Y ante la posibilidad de ser visto por el grupo de turistas optó por quitárselo... en el mismo instante en el que pareció oír... ¡cómo subía alguien por las escaleras! Miró velozmente con su mosca y reconoció allí a la señorita que vestida con su bata se acercaba peligrosamente. Jaime se lanzó hacia el dormitorio y hacia el cuarto de baño. Era su oportunidad. Abrió la ventana y alzó raudo la escalera desmontable para acercarla y poder bajar por ella con la mala fortuna de que tropezó un peldaño de dicha escalera con una baldosa de la repisa del alféizar, desenganchándose por ello más de dos metros y medio de tramo de escalera que cayó estrepitosamente al suelo. Jaime improvisó angustiado dejando caer el tramo que sujetaba con el cuidado necesario como para que éste quedase de pie y con suficiente estabilidad. Y lo consiguió. Pero el nuevo inconveniente era la forma de acceder hasta el primer peldaño. El estrépito de la caída había provocado un efecto de llamada en la señorita veinteañera, Jaime lo sabía y el sonido de sus pasos acercándose lo corroboraba. La única salida rápida y airosa ante aquella comprometedora situación era... esconderse tras las cortinas del baño. La señorita se asomó por la ventana y se quedó extrañada por lo visto, pero ciertamente aquello le traía sin cuidado. Jaime temía que los fuertes latidos de su corazón fuesen escuchados por ella y respiraba con la boca muy abierta porque le faltaba el oxígeno y no quería jadear. No obstante, hizo asomar la mosca con extrema delicadeza por encima de las cortinillas para tener conocimiento visual de la situación. Ella miraba ante el espejo el interior de sus pupilas, los poros de su nariz, sus encías, la extensión de su lengua... y pasó a practicar gestos más o menos locuaces y jocosos que, como le conferían apariencia pizpireta, provocó que se desternillara feliz consigo misma. Sin embargo un gesto manual suyo, causado por una necesidad puntual, sorprendió a Jaime por desbaratarle la creencia de que ese tipo de comportamiento sólo se daba en ei hombre y no en la mujer. Súbitamente ella modificó su expresión en extrañeza. Miró con atención la cisterna y frunció el cejo. No comprendía por qué la cisterna se estaba llenando de agua. Volvió a asomarse por la ventana y se quedó pensativa, algo que no debía ser habitual en ella. A Jaime se le heló la sangre cuando uno de sus tobillos emitió un leve chasquido provocando que la señorita mirara con preocupación hacia las cortinas del baño y se acercara con cautela. Jaime escogió su cara más amable e hizo así como que estaba reparando la ducha con la navajilla. Ella no se atrevía a descorrer las cortinillas pero quería salir de dudas, por lo que inspiró profundamente y se dispuso para actuar enérgicamente. A Jaime se le paró el corazón. Pero sonó un teléfono móvil y la señorita se giró. El corazón de Jaime retomó con dificultad el ritmo. Ella se apresuró en recoger su móvil con la mala fortuna de que las cortinas del baño siempre estaban dentro de su campo visual y Jaime no podía escapar.

          --¿Sí? ¡Hola, Puchi! ¿Tú qué crees? Claro. Bueno, relativamente. Ay, qué ilu más descomunal, tú has sido la primera en felicitarme, qué bueno. Una señorita no tiene que decir esas cosas. Jo. Veinte, a partir de ahora he decidido que siempre voy a cumplir veinte. Ja, ja. Sabes qué, me he hecho con bidigudís rizos aquí delante que me dijistes. Sí, sí. Ay, qué cabrona estás hecha, tía; el pelu. De verdad, de verdad que sí. ¿No? O sea... o sea... ¿No? Vamos, vale, y tu padre qué tal mea. Vale, sí, calentito y espumosos, tú misma, ducal. ¿Y Fran? No, no. Y Fran, ¿dónde está? ¿¡Que no sabes!? Si no sabes tú, hija, ¿quién va a saber? Que te lo quitan tía, que te lo quitan. No, nosotras amigas hasta... amigas para siempre. Sí. ¿Qué me tenéis preparado esta vez? ¿Sorpresa? ¿No me estaréis...? Que os conozco muy bien a los dos. Yo no... A mí no me engañáis, para nada. Eso, no. Eso... fatal, fatal, fatal. Eso, como moco de megababies. Te pasas, tía. Ay, eso sí es una bobería. No te creo. Ya, ya. Y dices que no sabes dónde está Eran. Y yo como tonta me lo creo. Vale, una sorpresa es una sorpresa, pero no os paséis. ¿De verdad? Vale, conformada, de ducal a ducal. —Repentinamente, la duquesita miró hacia las cortinas como si hubiese descubierto algo e inició unas sonoras carcajadas. Reía y reía a más no poder. Y también miraba hacia las cortinas. Sus risas continuaban sin decrecer--. No te mosquees, por favor, tía. Sí, te dejo, que estoy muy ilusionada con la megasorpresa. Ciao, Puchi.

Ella quería reprimir sus risotadas, pero era imposible. Y cuando le faltaba el aliento necesitaba jadear y lo hacía. Con mirada divertida y un poco pícara la señorita duquesa se aproximó lentamente hacia Jaime. Y cuando parecía que iba a descorrer las cortinillas, se giró y abrió el grifo del lavabo. Terminó de reir.

--Vamos, Fran, lo siento. La broma se ha estropeado. ¿Sales... o te saco?

El pesimismo se apoderó de Jaime y empezó a imaginar qué excusas daría a quienes acudieran a la llamada de auxilio de la aterrada señorita duquesa tras descubrirle.

--Sácame si te atreves —susurró sugerente Jaime utilizando a la desesperada una nueva estrategia--. Puedes llevarte todavía una buena sorpresa. Y antes o después me tendrías que ver cómo soy integralmente.

La señorita mostró una ligera extrañeza, pero continuaba confiada.

--Sal de ahí. Acéptalo. ¿Ha salido mal? Pues no pasa nada. Otra vez será.

--No puedo salir conforme estoy —continuó susurrando Jaime con la intención de que no se atreviera a mirar dentro--. Te corresponde dar a ti un paso para asegurarme que no te estoy acosando. Vamos, lo estás deseando. Una cortina entre tú y la verdad. Guau.

A la altura adecuada Jaime presionó con un dedo en las cortinas y ella quedó impresionada momentáneamente, tras lo cual se mostró entre sorprendida y maravillada alarmando a Jaime, pero después reaccionó tras imaginar alguna posible consecuencia por lo que se mostró muy ofendida. Murmuró en otro idioma, quizás en alemán, algo que debía ser terrible y malsonante.

--¿No te pone caliente? Yo sí lo estoy. Decídete, tienes que dar el paso. Venga, que estoy "enervado".

--No me puedo creer que me esté ocurriendo esto --expresó muy indignada--. Esto no es ninguna broma. Yo sí sé lo que es. Pero a mi amiga tú no la vas a tener engañada, que le voy a abrir bien los ojos. Esto no va a quedar así.

La deseada marcha de la niña megapija se produjo y Jaime se precipitó hacia la ventana. Se descolgó e intentó alcanzar el primer peldaño con la punta de los pies, pero le faltaban unos cinco centímetros. Consideró entonces que sería una mejor opción regresar al cuarto de baño e intentar la huida por el interior del palacio. Subió a pulso con mucho esfuerzo evidenciándose su baja forma física y cuando por fin superó esa dificultad, cambió de opinión. Lo que debía realmente hacer era recoger las pruebas del suelo del patio sin demora, era algo inevitable. Se descolgó de nuevo y volvió a comprobar que efectivamente era imposible bajar por allí. Si lo intentaba, caía al suelo. En verdad tenía que subir por ser esa la única salida posible, pero esta vez sus fuerzas le traicionaron. Sus dedos incluso resbalaban y ci salino sudor de su frente comenzó a introducirse en sus ojos dificultándole, con el escozor consecuente, su capacidad de concentración para encontrar una salida a su nueva situación. Sus dedos continuaron resbalándose y Jaimc se sentía cada vez menos capaz de encontrar la urgente solución. Ni siquiera un gimnasta profesional sería capaz de remontar ya lo apurado de su descolgamiento y la distancia hasta el suelo era suficiente como para que se rompiera varios huesos, en el caso de caer de pie. Jaime decidió entonces esperar a que sucediera sencillamente lo que tuviera que suceder, que ya se estaba imaginando cómo iba a ser. Pero como el dolor físico no le apetecía quiso demorar esta llegada por lo que apretó y apretó sus dedos hasta que vio inminente la caída y se abandonó a su suerte. Pero por el movimiento reflejo de la impresión, se encontró apoyándose con la punta de los pies en el primer peldaño, con los brazos en cruz y con el pecho y el vientre pegados a la pared. Con toda la fuerza posible de sus piernas mantenía a duras penas el equilibrio, pero esta última situación era más angustiosa que la anterior, porque si se desequilibraba caía de espaldas y se reventaba la cabeza. Jaime tenía miedo. Jaime rogaba y blasfemaba a un mismo tiempo. La escalera aguantaba porque estaba bastante inclinada, pero a él le quedaban dos o tres segundos para caer. Con un esfuerzo desesperado Jaime dio un salto hacia atrás con la intención de caer de pie. Y cayó de pie unos peldaños más abajo, resbalándosele un pie por delante de un peldaño y el otro por detrás del mismo, amortiguando el golpe lo más vulnerable de su cuerpo. Giró y quedó boca abajo a lo largo de la escalera sujetándose con las piernas y las manos, pero no le importó dejarse caer de cabeza el tramo que quedaba hasta el suelo, porque nada le iba a hacer olvidar su dolor de vientre. Tendido en posición fetal y con los ojos y la boca muy abiertos, se lamentaba y jadeaba con la esperanza de que fuese disminuyendo su tormento. No comprendía por qué se puede llegar a sentir el dolor y la angustia infinitos. Es algo que no debería ser, no tiene utilidad ninguna.

El tiempo todo lo cura y al cabo de dos minutos ya sentía en esas partes un dolor soportable. Desmontó con ansiedad la escalera y recogió todos los utensilios que se habían desperdigado en la accidentada bajada. Pero la mosca-espía no la encontraba por ningún sitio. Conectó el móvil para localizarla y las imágenes que pudo contemplar en su pantalla fueron horribles: se cernía una enorme boca reptiliana que acabó cubriéndolo todo, quedando la imagen reducida a oscuridad. Extrañado, Jaime buscó por el suelo y sólo pudo localizar una defraudada lagartija que huyó ágilmente y se perdió en una oquedad junto a las trescientas mil pesetas de tecnología que llevaba en su estómago. Se preguntó Jaime sí no habría arañas en el artesonado del Comedor.

Un minuto después se topó Jaime en el Apeadero con el grupo de turistas que ya regresaba de su ruta cultural. Se presentó ante Jesabel con la piel enrojecida, suduroso y debilitado. Y todos le miraron extrañados, sobre todo la guía turística. É1 estaba incómodo y no sabía qué decir, por lo que se puso una mano en el vientre e improvisó:

--Jesabel, he sufrido mucho. Estaba de un malo que no veas. Bueno, ya está.

Todos le miraron muy serios y Jesabel abrió mucho sus ojos.

Una vez reunida la pareja con Mario y, como no tenían ninguna ocupación hasta la llegada de la noche, decidieron aprovechar su estancia para hacer una visita turística por la ciudad de Sevilla, que tiene mucho que ver. Pero por la tarde cometieron el error de entrar en un bar; error porque sin preguntar fueron informados por los clientes de las recientes desapariciones de un periodista de investigación de un conocido diario nacional, del subdirector de Aster Hispania y de una joven opositora a la Administración de Justicia. Todos los presentes en el bar conocían cuál iba a ser la suerte de los desaparecidos por lo que estaban muy alterados y daban rienda suelta a su indignación proponiendo métodos para hacer justicia si se encontraran con los causantes de esos secuestros. Secuestros o más bien ejecuciones retardadas e inevitables. Por lo cargado del ambiente y sobre todo por hablar ya con seguridad de la muerte de esas personas inocentes y trabajadoras que estaban sufriendo en ese momento lo indecible y también por no sufrir una crisis de angustia tuvieron que abandonar los tres el local.

Por la noche, en la habitación del hotel la espera se hacía larga. Mario llamaba a los móviles escondidos en la chimenea (que tenían activada la función de respuesta automática) cada cierto tiempo con el fin de controlar si entraba alguien en el Comedor sin que se agotasen las baterías. Pero transcurría el tiempo y el Comedor permanecía vacío. Intentando hacer más amena la interminable espera, Jaime y Jesabel conversaban sobre sus planes de futuro:

--Jesa, yo voy a recoger ya el coche nuevo. El del concesionario debe estar loco intentando localizarme.

--Puede ser arriesgado. Puedan estar esperándote esos...

--Pero... yo quiero mi coche. Lo necesito, necesito libertad. Tendré que arriesgarme, ¿no?

--No seas impaciente, Jaime --intervino Mario--. Dentro de unos días vva a estar todo solucionado.

--Estoy deseando que se acabe todo esto. Jesa, ¿tu... qué vas a hacer cuando pase este chaparrón?

--Me deja estupefacta que me preguntes eso ahora. ¿¡Pues no lo sabes bien!? Vivir contigo y seguir trabajando. Ambas cosas a la vez y de forma irremediable, eso sí.

--Por supuesto, pero me refería si vamos a vivir en mi casa, por ejemplo.

--Yo, encantada. Tú no te preocupes que yo no voy a entrar cambiándolo todo. En líneas generales me gustaba cómo lo tenias todo organizado. Y yo no soy muy casera, ya verás.

--Pero... vamos a tener hijos, ¿verdad?

--¡Cómo!

--Tengo prometido que voy a tener hijos.

--¿A quién?

--A... a mi madre, se lo prometí. Todos tienen hijos antes o después.

--Sí. Y yo, claro, o tengo hijos ahora o no los tengo. Qué rápido se pasa esto, Jaime, no hay tiempo para nada. Dentro de poco en la cuarentena. Se pasa el...

-¿EI qué?

--No, nada. Que así pensándolo, como que no... Que... a qué estamos esperando. Que ya deberíamos estar haciendo hijos. Pero sólo la parejita.

--¿Sí? ¿De veras?

--Que sí, Jaime.

--Qué alegría. Todos mis sueños cumplidos. Vaya, si me voy a emocionar. Si alguien me hubiera dicho cuando era un crío que iba a acabar consiguiéndote y formando una familia contigo... no le habría creído. Con una buena profesión y con hijos pequeños a los que impresionar, qué ilusión. ¿Cómo les vamos a llamar?

--No tengo nada pensado. Pero que no sean nombres que les dejen en evidencia. Yo no voy a llamar a ninguna hija mía Jesabel.

--También podríamos celebrar como una especie de luna de miel. Espera un momento. ¡Pero sí seguimos solteros los dos! Claro, si nos podemos casar tradicionalmente y tener legítimamente nuestra luna de miel. No había caído.

--Oye, que mi familia todavía tiene esperanzas de ayudar en mi boda. ¿Dónde la celebramos?

--Decididlos vosotros.

Mario intervino bruscamente interrumpiendo la conversación. Estaba alterado.

--¡Se han equivocado esos hijos de la...! Aquí no hay ninguna reunión.

--Vamos a esperar un poco más.

Jaime y Jesabel continuaron decidiendo sobre su futuro. Y sin embargo nada sería como lo imaginaba la pareja.

Sorprendentemente hicieron acto de presencia varias personas en el Comedor, recobrándoles las esperanzas. Pero de inmediato comprobaron que esa gente, más o menos joven y más o menos guapa, procedía de una fiesta y que de alguna forma querían continuarla allí. Portaban botellas y copas. Hablaban, reían y canturreaban porque ya estaban entonados. A Jesabel le pareció reconocer a una joven que, si estaba en lo cierto, sería protagonista habitual de las revistas del corazón.

--¿Cómo va ser ella? --cuestionó Jaime.

                   --Que sí lo es. ¿No la veis? Pero no está su marido.

--Estará trabajando en América, Jesa.

--Jaime. ¿Quiénes son esos dos?

--Ella es la que acaba de romper con el bailarín. Y él...

--Ya lo sé. Él es el conde éste que se iba a casar con la ex de... de... (no soy capaz de decirlo) sí, del amante de la mujer del tenista cocainómano aquel que tuvo un accidente en una cacería.

                   --¿El que decían que si era gay? --preguntó Jaime.

                   --Sí, ese. Pues, hacen buena pareja.

--Sí, pues que les dure.

--Lo siento, compañeros, pero la hemos chingado --intervino Mario--. Es evidente que aquí no ha habido ningún encuentro entre directivos ni nada parecido. Yo no sé si el fallo ha estado en el informador o si han cambiado a última hora el lugar del encuentro. Lo que si sé bien es que tenemos que volver a empezar. Pero no quiero que os deprimáis, porque tenemos que seguir trabajando.

--Mario, ¿cuánto vamos a tardar esta vez? --preguntó Jaime.

--No puedo saberlo. Quizás tengamos que cambiar de estrategia, como conseguir documentos, pero sería mucho más difícil. Si supiera con seguridad que conservara Kirohito su confianza en mí, podría acceder a documentos comprometedores.

--Eso suena fatal. Eso suena a que vamos a seguir escondidos durante mucho tiempo, lesa.

--No tenemos motivos para ese pesimismo --aseveró Mario--. Hay más gente que está luchando y puede que se resuelva todo en poco tiempo, incluso antes de que actuemos.

--Por favor, que sea así --deseó Jaime.

--De momento tenemos que recuperar las rnicrocámaras y los móviles.

--¿Cómo?

--Pues de igual forma que han sido colocados en el palacio, Jaime.

                   --No, yo no vuelvo a pasar otra vez por lo mismo. Me niego.

--Es una inversión muy importante la que se ha hecho con ese material. No podemos perderlo.

--Estoy de acuerdo, pero yo no voy a ser quien lo recoja.

--Pero... ¿quién lo va a recoger? ¿Y si lo descubren?

--No lo sé. Soborna al de mantenimiento o envía a un falso electricista.

--Tengo a alguien. Pero va a tardar más de una semana.

--Pues... en ese caso, problema resuelto.

A la mañana siguiente volvió el equipo a Madrid soportando una sensación de derrota y de misión no cumplida. Y no les fue nada gratificante cruzarse con una manifestación multitudinaria que les recordó el poco valor que tiene para sus escurridizos enemigos la vida de los ciudadanos, cuando son éstos los que con su trabajo cotidiano dan el valor de bienestar al dinero que les gusta arrebatar salvajemente esas alimañas parásitas que no se merecían haber existido nunca.

Se despidió atento Mario en el mismo portal donde vivía la pareja. Y al entrar Jesabel en el cuarto de estar detectó fácilmente una videocassette para grabar que no recordaba haberla visto antes. Avisó a Jaime y le preguntó si era suya.

--No, eso no lo he traído yo. ¿Dónde estaba?

--En la boca del videograbador, sobresaliendo un poco.

--Dámela que la observe bien.

--¿No te ha dicho nada de esto Mario?

--No. Es una videocassette normal, no tiene nada extraño.

--Me estoy poniendo nerviosa. Tú no sabes lo que pueda tener por dentro.

--Mira, tiene muy poca cantidad de cinta y se ve desde fuera todo el interior. No hay nada extraño.

--Está manipulada. Si tiene poca cantidad de cinta es porque está manipulada.

--¿Por Foster? --preguntó Jaime.

--Supongo.

--¿Sabe dónde estamos y ha enviado a un anormal para traernos esta cinta?

--Esto es para preocuparse, Jaime. Ayer por la mañana llamaron al teléfono éste de aquí y no contestó nadie.

--Ayúdame. Ve mirando bien todas las habitaciones, regístralo todo.

--¿Y qué tenemos que encontrar?

--Cualquier cosa extraña.

--¿Cómo qué? Ay, yo casi quiero salir de aquí, Jaime.

--¿Y si es peor? ¿Y si nos están esperando ahí afuera?

--¿Llamamos a Mario?

--No, vamos a ver la cinta y salimos de dudas. A ver si vamos a estar sufriendo innecesariamente.

--¿Y si son amenazas? --apuntó Jesabel.

--Nos interesa saber quién nos amenaza.

--¿Y quién va a ser? Es para volverse paranoica.

--Espera un poco, ¿has utilizado alguna vez este vídeo?

--No.

--Yo, tampoco. Quizás estuviera la cinta ahí dentro desde el principio. Puede que pertenezca a los inquilinos anteriores y que al irnos apretásemos algún botón involuntariamente. Y la llamada de ayer puede que fuera dirigida a esos antiguos inquilinos. La voy a visionar, Jesa.

--Ten cuidado.

El contenido de aquella cinta consistía en una selección de imágenes violentas reales tomadas directamente de televisión, según reflejaban las "moscas" identificativas de las cadenas televisivas. Estas imágenes eran muy conocidas por los dos, por lo que las observaban con tranquilidad. El típico bonzo quemándose vivo, el típico tiro en la cabeza de imprevisto... Pero estas imágenes tenían algo especial: eran íntegras y con sonido original, sin comentarios, dándole ello una presentación mas cruda. Jesabel consideró la videocassette como una amenaza y Jaime intentó imaginar el tiempo y la dedicación necesarios para recopilar unas imágenes que debieron ser emitidas de madrugada por la dureza de la presentación integral. Estaba seleccionado el orden de esos reportajes con la intención dc que creciera la crueldad y la barbarie gradualmente. Y tras las ejecuciones en público llegaron los linchamientos consumados con todo lujo de detalles.

--Ay, creo que no puedo seguir viendo eso --dijo Jesabel nerviosa.

Pero Jaime miraba absorto, con necesidad. Y el ambiente continuado les hacía sentirse presentes en las escenas de los hechos, como sí aconteciera todo a su alrededor, en vivo e implicándoles. Ignoraban por ello la antigüedad de algunas imágenes que incluso eran en blanco y negro. Los linchamientos iban siendo cada vez más brutales, más primitivos, ya sin armas, apaleando, apedreando o quemando. También degollamientos íntegros. Jesabel miraba para otro lado pero oía los gritos aterradores. Jaime estaba como hipnotizado y comenzó a gritar improperios, como queriendo intervenir en defensa de los martirizados. Jesabel suplicó que apagara el televisor, estaba emocionándose demasiado.

--¿Pero por qué nos han dejado esta cinta? --se preguntaba Jaime--. Si es para atormentarnos, les está saliendo muy bien.

Pero lo siguiente fue muy especial: Estaban cavando sus propias tumbas. Les apuntaban con rifles. Y cuando parecía que les iban a ejecutar... no fue así. ¡Los enterraron vivos, lentamente! Jaime empezó a gritar como si sucediera en ese momento:

--¡Haced algo, por favor! ¡No lo consintáis! Provocadles. Que os disparen, es mejor. ¡NOOO!

Jaime empezó a gritar, lanzarle patadas a la pared y pegarse en la cara. Jesabel intentaba sujetarlo sorprendida y alarmada.

--¡Creo que nunca podré olvidar esas miradas, cuando les caía la tierra en la boca! --decía Jaime muy triste--. ¡Qué miseria humana! Qué desesperanza.

--¿¡Pero qué mierda es esto!? ¿¡Pero qué mierda es esto!? --se preguntaba Jesabel con los ojos brillantes.

Y miraron a la pantalla y comenzaron los dos simplemente a llorar y a llorar sin parar.

--¡No puede ser! ¡Eso no! ¡Eso no puede ocurrir! ¡Es sólo un bebé! ¡¡¡Por qué pasan esas cosas!!!

Su madre quería abrazarlo tras el bombardeo escarmentador tecnológicamente triunfante, pero apenas le quedaba cabeza.

Estaba la pareja completamente destrozada. Y en la pantalla hizo acto de presencia la agresiva cara de Alberto:

--¡Eh, aquí! ¿Qué tal? ¿Cómo os ha quedado el cuerpo? Ha sido duro, ¿verdad? Hay que ver lo que hace un buen cabreo. Nada, son las uvas de la ira, ya lo dice la Biblia. Pero, ¿no creéis que a estas imágenes les falta algo? Yo sí lo creo. Yo creo que están incompletas, ¿no? Les falta la traca final y de verdad que me gustaría grabarla con mi videocámara. ¿Qué cara tendrá, por ejemplo, la agonía de una crucifixión real? Tengo curiosidad por saberlo, nunca la he visto en televisión. En todo caso, ¿sabéis quiénes van a ser los protagonistas? ¡Sorpresa! ¡¿Vosotros?! Claro que sí. Vosotros. Mi operación "uvas de la ira" también se va a cumplir. Y os aseguro que soy más imaginativo que todos esos que acabáis de ver. Esto es realidad, Jaime. Pero... ¿cómo os he localizado? ¿Preguntando? ¿Os podéis esconder de nuevo? ¡NO! Porque no tenéis tiempo. Disfrutad vuestros últimos momentos. Una curiosidad, ¿hay vida después de la muerte? ¡Para qué tanta intriga si se puede salir de dudas tan fácilmente! Agradecédmelo porque os voy a dar la respuesta en un breve plazo de tiempo. Pero tenéis la obligación de pagarme éste que es mi favor. ¿Cómo? Vais a conocer por primera vez en vuestra acomodada vida lo que es sufrir. Yo sí sé de qué va ese tema gracias a vosotros. Pero tranquilos, que pienso compartir mi experiencia ingeniosamente. En definitiva, esto fue lo que se dio y así lo he dicho. Ah, lo que habéis visto es resultado de vuestra depravada imaginación. Adiós.

--Qué mente enferma es capaz de invertir tantas horas de su vida en coleccionar esa basura.

--La de un chulo y un farolero. Jaime, saca la cinta. Voy a denunciarlo inmediatamente y ya ves cómo se cansa de molestarnos.

--¿Cómo nos habrá localizado? Nadie sabe que estamos aquí.

--¿Estará con Foster y espían a Mario?

--No, Alberto actúa así por odio personal o porque es un anormal social. Nadie se comportaría con ese apasionamiento por encargo.

--Pues no lo entiendo, Jaime. Es imposible que sepa que estamos aquí. Creo que ha dicho algo de cómo nos ha encontrado, ¿no?

--No. Vamos, nada en concreto. Está bien, voy a mirarlo por si hubiera querido dar alguna pista.

Rebobinó la videocassette para visionar de nuevo el discurso de Alberto, pero algo debió fallar ya que no se obtenía ninguna imagen. Repitió varias veces una serie de comprobaciones para llegar a la conclusión de que ya no había nada grabado en la cinta.

--Jaime, lo hemos visto los dos. Esto tiene que tener su explicación.

--Aquí dentro tiene que haber algún dispositivo de alta tecnología que esté camuflado en el mecanismo de la videocassette.

Utilizando un cuchillo a modo de destornillador desmontó la videocassette y localizó rápidamente un pequeño imán que había borrado la grabación de la cinta magnética al mismo tiempo que era visionada.

--Si me hubieras hecho caso y no la hubieras visionado, ahora tendríamos algo con qué denunciar.

--No se veía el imán desde afuera, Jesa. Estaba tapado por la pasta de la cinta.

--En todo caso, vaya papeleta que tenemos con este pirao.

--No le llames loco.

--¿Por qué? ¿No lo es?

--No lo creo. Si le llamas loco le estás llamando enfermo y eso es una injusticia porque hay que comparecerse de los enfermos y cuidarlos. Y Alberto tiene consigo suficiente para comparecerse y cuidarse. No está chiflado, Jesa, no, no lo está. Es un hijo de puta.

--Pero tiene que estar zumbado, Iaime, porque nos ataca y nos acusa sin haberle hecho nada, tú me dirás. Y la locura transitoria de un gran enfado no dura tanto.

--¿Tú crees que necesita mucho la chusma como él para pelearse? Cualquier malentendido, equívoco o excusa es suficiente para liberar la rabia que les corroe a esa gentuza y quedar siempre por encima en la pelea. Y si para quedar por encima en la pelea tienen que matar al adversario, pues lo matan, pero también quedando por encima en el orgullo y hasta en el victimismo. Jesabel, tienes que aprender a diferenciar a los pobres sicóticos de los gentuzos que quieren confundir a los demás dando lástima o justificándose. Que no te engañen, Jesa, siente sólo compasión por los que sufran injusticias verdaderamente, no por todos los que lloren.

--Pero no me negarás que el comportamiento de Alberto es enfermizo.

--Y dale. Claro, Alberto y los que se le parecen son enfermos sociales. Él es un inútil y un incapacitado para relacionarse adecuadamente con las personas. Un tonto, sin inteligencia social. Un defectuoso, un mal diseñado. Es más, no es un asocial, es un antisocial que busca y persigue a las personas para joderlas sin saber por qué. O simplemente tiene más mala fe que los machos cabríos.

--Pero es preferible un malo como enemigo que un tonto cabreado, Jaime. Con el malo hay esperanzas.

--Los malos no tienen inteligencia social y siempre acaban perjudicándose a sí mismos por rebote. También son tontos de alguna forma. Se sienten listillos y sin embargo son víctimas de sí, pero no lo reconocen y culpan a los demás. Como le ocurre a Alberto.

--¡Y una mierda! --se oyó esta expresión muy flojo, como procedente de un auricular.

Jaime y Jesa, estupefactos, buscaron por los alrededores de donde provino ese sonido y ella, guiada por un leve resplandor intermitente, localizó tras el televisor un teléfono móvil. Éste estaba conectado a un accesorio y tenía activado la función de respuesta automática. Jaime se lo puso al oído.

--Cuánta maldad llevas dentro y lo bien que la has ocultado todos estos años. Eres el demonio --calificó Alberto con una suavidad cínica.

--iSo desgraciao, déjanos en paz ya de una vez! --voceó Jaime con tanta vehemencia que le hizo toser--. Basta de tanta locura.

--Tranquilo, lunático. Esas no son formas sociales. ¿Y tu urbanidad?

--¿Pero quién eres tú para amenazar la vida de nadie?

--Quien roba a un ladrón... A mí no me agrada la muerte de nadie. Pero qué otra opción me dejas. No quiero hacer daño nunca, eso por descontado, pero si me atacas me tengo que defender, ¿no? Es muy desagradable, ya, pero no depende de mí. Sólo me queda preguntarte ¿por qué? ¿Por qué me has traído este infierno? ¿¡Pero qué es lo que estás consiguiendo!? ¿Por qué me obligas?

--Nos aburres, Alberto --intervino Jesabel.

--¡Yo también tengo mi amor propio! –subió Alberto el tono--. No merezco una vejación tras otra y tras otra. ¡Que me habéis querido matar dos veces! Que buscaba tan sólo una respuesta y me agredisteis y casi fenezco. Pero esto no se va a quedar sin justicia. ¡Justicia! Os corresponde que os queméis vivos en el infierno, canallas, pero la justicia de este Mundo se tiene que ejecutar en este Mundo y no lo voy a dejar pasar por alto. Ojo por ojo. Debéis ser expulsados de la comunidad de los vivos.

--Que nos aburres, Alberto --recordó Jesabel

--¡Tú eres la madre de todas las putas! ¿Cómo va tu estudio poblacional sobre las variaciones del pene blanco y su comparativa con otras razas?

--Tú no estás loco, tú has acumulado mucho odio por tu incapacidad y tu impotencia.

--No caigas en su dinámica, Jesa. Corta la comunicación.

--Qué original. Qué lista está hecha la payasa. Creo que se ha lucido, casi sí. ¿Te ha costado mucho, intelectualoide? Ella, la que asegura que es inteligente. Pues yo creo que "eso" es más tonta que las mujeres. Lo digo por lo visto, científica de pacotilla, sucedáneo patético de emancipada, belleza grotesca, kakarrutilla de mono. ¡Txakurraaa! ¡Txakurraaa! ¡Txakurraaa! --elevó el tono de su voz amenazante y porr primera vez se apoderó el temor de la pareja--. ¡Jaime

cabrón! Los hijos de puta siempre triunfáis. Me voy a tener que volver un cabrón yo también. ¿Pero tú crees que lo tengo difícil? En absoluto. Es muy fácil, mucho. Eliminaros es facilísimo, tanto como agenciarme el cohete rompe-tormentas del agricultor que conocemos o agenciarme la bomba de la guerra civil que guarda el pastor ese de allí de Barbastro. O como comprarle la dinamita a cualquier fabricante de fuegos artificiales. Es muy fácil. Ya lo veréis. ¿Qué tal una escopeta de caza o un arma del calibre 22? Sólo es necesario no tener antecedentes penales para comprarlas.

--Por supuesto que sé que es muy fácil --respondió acalorado Jaime--. Destruir es fácil. Mucho más fácil que construir. Y más barato y rápido. Lo dice la segunda ley de la Termodinámica. Derribar un edificio es mucho más fácil que construirlo. Acabar con una vida es mucho más fácil que levantarla hasta que es autosuficiente. Matar no tiene mérito, parir y criar si. Que se lo pregunten a cualquier madre. Atacar siempre es más fácil que defenderse. Pero atacar es de cobardes. Defenderse sin atacar sí tiene mérito. Actuar incorrectamente es el camino más fácil, cualquiera lo puede escoger, pero a la larga es el menos fructífero. Pero si para ti es fácil eliminarme, para mí también es fácil eliminarte. Tendría más mérito sólo defenderme, pero no me apetece arriesgarme y elijo atacarte.

--Qué temor, ingenioso hasta la sepultura. Pero hay una circunstancia que me favorece. Yo sé dónde os encontráis y vosotros no sabéis dónde estoy. Esta ventaja la vais a valorar enseguida. ¿A que esto es como para cagarse, Jaime?

--Ya ves.

--Sí, lo voy a ver yo.

Alberto colgó.

Jaime miró al techo mientras respiraba profundamente y después marchó al cuarto de baño.

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Películas con alguna similitud temática:

LOS NIÑOS DE BRASIL, con Gregory Peck

ROBOCOP, de Paul Verhoeven

FREEJACK, sin identidad, con Miguel Estevez y Anthony Hopkins.

VIRTUOSITY, con Denzel Washington y Russell Crowe

LOIS AND CLARK, LAS NUEVAS AVENTURAS DE SUPERMAN, algunos episodios de esta serie televisiva, como el episodio número 17 de la tercera temporada.

ALIEN RESURRECTION (ALIEN IV), con Sigourney Weaver y Winona Ryder.

ABRE LOS OJOS, de Alejandro Amenábar.

EL SEXTO DÍA, con Arnold Schwarzenegger.

AI de Steven Spielberg (conversa en Inglés con un robot; pero éste responde a la gallega o como una mujer susceptible e irónica)

VANILLA SKY, con Tom Cruise y Pe


Novelas con alguna similitud temática:

EL ENCUENTRO, de Frederick Pohl, 1999. Ediciones B, ISBN: 8440693389 (descatalogado).


ACLARACIÓN

Se pueden encontrar algunas similitudes conceptuales entre La Ultraparadoja y las bases de la organización Raeliana, pero nosotros no compartimos las finalidades ilegales de dicha organización ni sus métodos sectarios. En www.rael.org y en www.clonaid.com esta potente organización ofrece todo tipo de servicios de clonación, algunos todavía sin desarrollar por la Ciencia. Actividades éstas que están prohibidas en la mayoría de los países. Y todo en base a una nueva religión que asegura que la vida terrestre es producto de trabajos genéticos de unos extraterrestres que desean volver. Además pretenden clonar a Jesucristo a partir de los restos de la Sábana Santa. Nosotros deseamos alargar EXTREMADAMENTE la vida humana, pero sólo en base a resultados científicos y siempre en concordancia con la ley, que continuamente es edificada por la voluntad del pueblo.

Nosotros no consideramos la mera clonación celular como método de resurrección. Nosotros somos más inteligentes.


ACLARACIÓN II

Cualquier parecido con los principios de la organización Rosacruz y de la organización A.M.O.R.C. es pura casualidad.


Otros links:

Páginas para jóvenes escritores y cualquier tipo de cibernauta de espíritu joven.

Vida Artificial en español.


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