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Sermones 3 |
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Oye qué incluye la santificación. Santificación
quiere decir pureza de mente y purificación. "Esta, dice Pablo, es la
voluntad de Dios, su santificación: que se alejen de toda fornicación
etc." (1Ts 4,3). Santificación
es dejar el hombre viejo -o sea las cosas anteriores y los vicios- y seguir el
hombre nuevo -o sea el espíritu- (Cl 3,9), y así caminar hacia el premio de la
patria celestial. Dice David "Los justos marcharán de virtud en virtud,
hasta llegar a ver a Dios en Sión" (Sl 84,8). Santificación
quiere decir amar a Dios sobre todas las cosas; y, por respeto a él, todo; amar
en Él a los amigos y por Él a los enemigos. Quien esto hiciera se verá en
pureza, en paz y sin turbación. Santificación
quiere decir convertirse a Dios intrínseca y extrínsecamente. Te
conviertes a Dios (intrínsecamente), Amadísimo, cuando meditas tus pecados o
los beneficios de Dios; y por eso santificas la fiesta cuando recorres en tu
interior sus beneficios y tus ofensas, sobre todo de los días pasados. ¡Cuántos
son los que omiten ésto en los días de fiesta como en los demás! Se te puede
excusar bastante en los otros días, por las ocupaciones; pero el día de
descanso y cesación de las ocupaciones, ¿quién podrá disculparte? Nadie. Oh,
¡cristianos miserables! Parece algo extemporáneo ésto, en nuestros tiempos, y
sin embargo debemos hacerlo; y si no lo haces, no santificas la fiesta. Y si
no quieres alabar a Dios confesando tu error vocalmente, hazlo a lo menos
mentalmente. No basta, Amadísimo, la meditación; es necesario unirse a Dios,
elevar la mente,, hacer oración y, además, contemplar. Pero si no haces ésto,
no me extraña que no entiendas aún qué es oración, y ni siquiera qué es
contemplación. el sacrificio, digo, de tu cuerpo, macerándolo
por amor a Dios; del alma, uniéndola a Dios; y principalmente el sacrificio de los
sacrificios, la Santísima Eucaristía. No
es de extrañar que el hombre se haya vuelto tibio y hasta bestia: es porque no
frecuenta este Sacramento. Por ende la principal conversión que haces a Dios es
la de este Alimento. Acércate, Amadísimo, acércate: nada hay que pueda
santificarte más, allí está el Santo de los Santos. Recuerda que Agustín
exhortaba comulgar al menos una vez a la semana. Todavía
extrínsecamente el hombre se convierte a Dios guardando sus Mandamientos y,
sobre todo, aprendiendo la verdad y el Evangelio, y anunciándolos a los demás. Amadísimo,
¿quieres santificarte? Imita a Cristo, imita a Dios, sé misericordioso, y
sobre todo en el día de fiesta más que en los otros; da de comer al
hambriento, de beber al sediento, viste al desnudo, recoge al forastero, visita
al enfermo, libera al encarcelado (Mt 25,35); prevé tus acciones, hazlas por
amor a Dios, ten recta intención; elige lo mejor, haz el bien, en todo la
caridad te mueva. Guarda, Amadísimo, estas cosas en tu mente y rúmialas muy bien, pues lo requiere el celebrar y santificar de veras la fiesta. |