Cartas, 11
Sobre los destinatarios de esta carta, ver la breve indormación contenida en avanzar  

 

Acabo de recibir su carta. La mía, más que una carta de respuesta, quiero que sea una conversación con usted y con la muy amable doña Laura. Ahora que los dos se han entregado a Cristo, cuidado con no caer en la tibieza; antes bien, mi deseo es que crezcan de virtud en virtud. Pues si se dejan atrapar por este vicio de la tibieza, jamás lograrán ser hombres espirituales, o bien unos fariseos, más que cristianos -para decirlo todo con una palabra apropiada.

El tibio, lo mismo que el fariseo, al convertirse evita por cierto las faltas más graves, pero se deleita en las leves, o sea no experimental el más mínimo remordimiento por ellas. Así, por ejemplo, deja por cierto de blasfemar, o de injuriar al prójimo; pero no se hace ningún escrúpulo en enfadarse algún poco, o bien en obstinarse tercamente en su parecer, sin amoldarse a la opinión ajena. Da un corte, es verdad, a la mala costumbre de difamar al prójimo, pero cree no cometer ninguna falta con pasar el día entero en habladurías inútiles y ociosas.

En lo referente a comida y bebida, jamás excederá como un comilón o un borracho; sin embargo, no desdeña golosinar comiendo sin necesidad manjares de su gusto. No cae en las sensualidades viciosas de la carne; sin embargo, le gustan las conversaciones frívolas o las diversiones dudosas.

Acaso llegará a consagrar un par de horas a la oración; pero el resto del día lo pasa en puras distracciones.

No brega, es verdad, para conseguir honores; mas si le vienen o es halagado, se complace en ellos hasta caer en éxtasis.

Lo que acabo de decirles con algunos ejemplos, extiéndanlo a las varias circunstancias de la vida. Basta que sepan concluir que el fariseo -o tibio- recorta de su vida lo más grrave, pero guarda lo leve; rehuye de lo ilícito, pero lo permitido es todo suyo; se refrena en las obras sensuales, pero gusta de los deleites de la vista.

En resumidas cuentas el tibio quiere el bien, pero no todo el bien; se refrena en parte, pero no en todo; sabe comedirse en ciertas cosas, pero no lo quiere en todas. Yo no digo que debe hacerlo todo de golpe o en breve tiempo, por partes y poco a la vez.

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