Sermones, 6


   

¿Es poco esto?

No, no es poco; pero a su Amor inmenso no pareció suficiente, y -(Él que es) la Eternidad, la Luz, la Incorruptibilidad, el Abismo de toda perfección- quiso unirse al tiempo, a las tinieblas, a la corrupción, y al cúmulo de imperfecciones.

¡Oh, Bondad grande! ¡Oh, Caridad inestimable! ¡Dios se hace hombre! ¿A qué fin? Para reconducir el hombre a Dios, para enseñarle el camino, para darle luz.

Y después ¿cómo te atreverás a decir que Dios no te creó para que vayas a Él?

Al haberte dado un conocimiento que no está aprisionado ni puede serlo en este mundo, un inextinguible deseo de gustar a Dios, de experimentar la incorruptibilidad de tu espíritu, una continua insatisfacción de las cosas del mundo y un constante anhelo de las cosas del cielo;

es más, al haberte dado a conocer el pregón resonante de los Apóstoles, el encendido deseo de morir de los Mártires, el claro y luminoso anuncio de los Confesores, la firmeza de los Vírgenes;

además, el haber visto el efecto de la Pasión de Cristo y de la Vida de los Santos: es decir la conversión del mundo bajo la Ley Cristiana;

y tú en particular, que naciste cristiano, en este país fiel, en este lugar y tiempo -lugar de la felicidad, tiempo de la promesa de renovación de hombres y mujeres- y además llamado en forma especial a conocerte a tí mismo, despreciar el mundo, a vencerte a tí mismo, a reunirte en este lugar, y además adornado de muchos más dones de Dios;

¿cómo dirás que no has sido creado solamente para que vayas a Dios? Sería una gran ceguera que no reconocieras haber sido hecho para ir hacia Dios.

Cuida, Amadísimo, de no desconcertar este plan, como muy a menudo has hecho y haces.

Concluye, pues: Dios lo creó todo para el hombre, y al hombre para Dios; y así la creatura sensible para que sea un camino a través del cual el hombre vaya a su Señor.

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