Naturaleza de los organismos y del proceso
de fosilización
La Ecosfera es el conjunto interactivo entre la vida
y los ambientes físicos y todos los organismos vivos está
confinados entre la tierra , el mar y la delgada atmósfera,
a este límite en donde se desarrolla la vida se le llama
Biósfera, que a su vez se subdivide en:
la Litosfera o material rocoso, sustrato
de la vida, del manto externo de la corteza terrestre y en donde
se hallan todos los elementos y componentes minerales indispensables
para la vida.
La Atmósfera el componente gaseoso que rodea la tierra
(oxigeno) extendido unos 3.500 Km por encima de la superficie
terrestre.
La Hidrósfera, extendida entre
la litosfera y la atmósfera, que engloba a la masa de agua
dispuesta sobre la tierra en donde se lleva a cabo el gran ciclo
hidrológico entre evaporación (oceánico),
evapotrasnspiración (biomasa vegetal productora del oxigeno),
precipitación y transportes superficiales. Caracterizaremos
primero el ambiente terrestre. Una formación vegetal reconocible,
dominante y única junto a una fauna también característica
dependiente de aquellas, determinan un bioma y los límites
encontrados y entremezclados entre los biomas cercanos, formados
por característicos factores como las temperaturas y las
precipitaciones se llaman ecoclina.
Anteriormente se especificó que son las partes
duras de los organismos las que se conservan con mayor facilidad
ya que las partes blandas sufren la rápida descompoción
por posibles carroñeros, agentes bacterianos y atmosféricos.
Sin embargo hay excepciones (muy comunes en la naturaleza por
cierto) a lo último.
Imaginemos a un insecto, una pequeña luciérnaga,
de unos diez milímetros. Se mueve en la corteza de un gran
árbol del cual emana resina en cierta parte de su superficie.
La luciérnaga, por momentos desplega sus alas bajo sus
élitros y vuela fugazmente por unos segundos hasta volver
a posarse azarosamente en un punto de la corteza (puede también
dirigirse a otro árbol vecino). En cierta ocasión
tras culminar su vuelo y al retornar a la corteza del arbol lo
hace justo encima de la resina y queda atrapada, sus movimientos
esforzados se hacen lentos entre la viscosidad de la resina y
la atrapan aun más en ella. Luego de un tiempo el insecto
ya muerto queda cubierto en su totalidad por sucesivas y acumulativas
capas. Bueno ahora traslade ésta escena al Mioceno hace
millones de años atrás. Aquel hipotético
insecto puede surgir hoy, conservado completamente como una película
quitinosa1 (el polisacárido del que se forma el exoesqueleto
de la mayoría de los artrópodos) en ámbar
que es el mineral de origen orgánico que se origina por
evaporación de la composición volátil de
las atiguas secreciones resinosas del árbol. En algunos
libros dedicados a inevertebrados fósiles insisten en llamar
a este proceso como momificación. Los yacimientos más
importantes de fósiles contenidos en ámbar se ubican
en Santo Domingo, República Dominicana y Chiapas, Mexico
(mioceno) aunque también existen otros menos importantes,
pero muy interesantes como el eoceno en Polonia y en Patagonia,
Argentina.
El ámbar constituye un caso especial de conservación
de un organismo en el tiempo, incluso de han tallado fantasiosas
especulaciones de clonación por el material genético
que éste podría aportar.1
Otros ejemplos de conservación de “partes
blandas” se encuentran en las grutas o cavernas. En muchas
ocasiones se conservaron excepcionalmente tejidos, excrementos
y otras partes no esqueletales.
Un claro ejemplo lo constituyen los restos hallados
en una caverna en el extremo sur de Chile, en un Milodonte se
conservarón no sólo estructuras pertenecientes a
órganos internos, sino que la piel y su pelaje están
expuestos actualmente en el Museo de La Plata, en la Argentina.
Puede notarse claramente la claridad con la que se conservó
la coloración del pelaje y la gruesa piel de donde salen.
En el año 1985 se halló en Patagonia central, Argentina,
a uno de los terópodos más sorprendentes del mundo:
Carnotaurus sastrei. El paleontólogo argentino Bonaparte
lo halló articulado y en posición natural (sin deformaciones)
a excepción de la cola y parte de las extremidades que
estaban expuestas a la erosión y habían desaparecido.
Debajo de porciones del esqueleto aparecieron impresiones dérmicas
que demostraban una piel (Bonaparte la llama “cuero”)
provista de ciertas protuberancias con una especie de quilla central
paralelas entre sí en donde pudo notarse una especie de
superficie de cuero de aspecto paquidérmico. Tal hallazgo
tiene dos extraordinarias características. Primero lo compoleto
del esqueleto hallado y a su vez lo bien preservado de sus partes
y segundo las impresiones de piel. Todo ello permite tener una
idea bien clara de la morfología externa del organismo
y de algún modo su locomoción. Pero no les permite
a los paleontólogos hacer inferencias efectivas acerca
de su metabolismo o su termoregulación, esto es algo que
el el caso de los Dinosaurios es tema que se presta a constantes
controversias.