En Inglaterra, Escocia e Irlanda hay unos duendes conocidos con el nombre de brownies. Son buenos amigos de los humanos en cuyas casas habitan, pero si no reciben un buen trato se van en busca de otra morada.

Tienen el cuerpo recubierto de pelo de color castaño y su tez es oscura y arrugada. Andan desnudos o vestidos con ropas pardas y harapientas. Son muy golosos pero no quieren que les den comida (se sentirían ofendidos y podrían marcharse), deben encontrarla ellos. Les gusta con locura las natillas y los pasteles rociados con miel.

Por lo general, el brownie "adopta" una casa de la que cuida. Tiene un gran sentido de la responsabilidad y sale por la noche a cosechar, trillar, segar, hacer recados... En Escocia, los brownies ayudan a elaborar cerveza.

Los brownies, como el resto de los seres imaginarios, se comportan de forma impresivisible y se ha de tratar de no ofenderlos. A un brownie le criticaron su forma de segar y se vengó arrojando toda la cosecha desde lo alto de una roca.

 

Es un duende famoso en Irlanda, es el Zapatero de las Hadas. Vive bajo las raíces de los árboles o en los castillos en ruinas y trabaja a la sombra de los setos. Se lo suele encontrar dedicado a su tarea de fabricar el calzado de las hadas y de los elfos, cantando y silbando alegremente mientras trabaja. Siempre se le ve trabajando con un sólo zapato, nunca un par.

Viste a la antigua usanza, llevando un chaleco con enormes botones y zapatos con hebillas plateadas muy grandes. Lleva un sombrero de tres picos sobre el que a veces gira boca abajo como una peonza.


Por la noche se le conoce como Cluricaun o duende de las bodegas, ya que se dedica a emborracharse y a divertirse montado as los lomos de las ovejas o perros pastores.

 

Cualquier persona con los conocimientos suficientes puede apoderarse de unos cuantos Mamur dejando abierto un alfiletero u otro estuche sobre un zarzal en la noche de víspera de San Juan, siempre que se recojan justo a la media noche. En Munguía (Vizcaya) se contaba que el alfiletero hay que colocarlo en el monte Sollube y esperar a que estos minúsculos duendecillos entren solos.


Como es habitual, estos seres son invisibles a los ojos humanos, con excepción de un día señalado: la noche de San Juan, que es el único momento en que se les ve saltando y correteando entre las hojas de los helechos. Se dice que son como hombres minúsculos vestidos con calzones y gorros rojos. En cuanto se destapa la caja en que se encuentran encerrados salen de ella y empiezan a girar alrededor de la cabeza de su dueño preguntándole de forma machacona: “¿Qué quieres que hagamos? ¿eh? ¿Qué quieres que hagamos?” y empiezan a realizar rápidamente todas las labores que se les pida, por extrañas que sean.

También conocidos como “duendes frailes” por su vestimenta, consistente en un hábito largo y oscuro, no son personajes exclusivos de tal o cual zona, pues han sido vistos, en general, desde Andalucía hasta Euskadi, pasando por Extremadura y Aragón, con hábitos tanto de capuchinos como de franciscanos.


Son muy feos, tienen las orejas como abanicos y los brazos muy largos, cara arrugada de viejo, y para colmo, una aparatosa chepa. Por las noches es posible oir cómo andan arrastrando sus descomunales pies, de tamaño desproporcionado con respecto al de su cuerpo.


En el sur de la península Ibérica se oye hablar con cierta frecuencia de un frailecillo benévolo y listo. Posee un hábito grande que lo arrastra por el suelo con aire desgarbado. Sus manos se ven muy poco porque también las mangas le vienen grandes. Es muy despistado y le gusta mucho dormir por el día, ya que por las noches procura hacer favores y ayudar a las gentes trabajadoras.


 

En Córdoba existe la “Calle del Horno del Duende”, donde hace tiempo una familia se mudó de su hogar por causa de un duende travieso, y cuando llevaron el último mueble a la casa dijo el duendecillo desde el interior del mueble:”¡Aquí estamos ya todos!”, frase que ha pasado el acervo popular, diciéndola aquel que llega a una reunión en la que no se contaba con él.


Los duendes en Andalucía no siempre son traviesos, se dice que en algunos casos son chiquitos e inofensivos, y que se nota perfectamente cuando entran en el dormitorio y se suben a la cama acurrucándose, por cierto, siempre al lado de la mujer.



Algunas imágenes son propiedad de Brian Froud, para visitar su página web: www.worldoffroud.com, otras son propiedad de Ricardo Sánchez.
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