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Sobre el Congreso...
¿y su nieve?

 

 

Dos días antes de salir de vacaciones, el Consejo Univ. aprobó, “en lo general” la propuesta de Narro, para formar la comisión organizadora del Congreso. Se dan tres meses para conformar la comisión, a partir de que la “propuesta” sea ratificada, tal vez con alguna modificación que no varíe su carácter general. Ver su propuesta, nos da una idea de cómo están Es aberrante la sobrerrepresentación que se dan las autoridades. Se otorgan el mismo peso 15.5 autoridades que 5 mil profesores, que casi 8 mil trabajadores y que más de 34 mil estudiantes de bachillerato y licenciatura.
Para casi 28 mil profesores, se dan 5 comisionados; y, para 5 mil investigadores, técnicos académicos y eméritos, se dan 6. Más de 5 mil profesores, con el mismo peso de 1,500 técnicos, el mismo de 1,030 investigadores, el mismo peso de menos de 51 eméritos.
En el caso de los estudiantes se da un comisionado para cada 9 mil estudiantes de posgrado y, uno para cada 35 mil de bachillerato y licenciatura. Más de 35 mil estudiantes con el mismo peso de 2,708 académicos; el mismo de 1,030 investigadores; y, el mismo de 51 eméritos.
Además, las autoridades de entrada se dan una representación de 20 comisionados. A estos, hay que sumar los que se han mostrado en los hechos como sus aliados: 2 eméritos y 2 investigadores (pues en este sector, tendrán posibilidad de ser “elegidos” los que se han convertido en mafias dentro de los Institutos); van 24. Dado el mecanismo de elección que quieren imponer y, por un lado, dado el control de las autoridades sobre un sector considerable de profesores, tendríamos que sumar, al menos, un profesor y un técnico académico; van 26. Por otro lado, dado el control sobre un sector de académicos del grupo PRD-Universidad (aliado del priísta De la Fuente), en aquellos lugares donde se consolidan como parte de las mafias universitarias, tendríamos que sumar otro profesor y otro técnico académico; van 28. Y, por último, dada la presencia del PRD-Universidad, entre los estudiantes de posgrado, tendríamos que sumar al menos uno. Esto garantiza, al menos, un total de 29 comisionados que votarían todo del lado de las autoridades, tal vez previo acuerdo tras bambalinas, previo cochupo. Y resulta que...
TOMA DE DECISIONES
Una propuesta se convierte en decisión, si se acuerda por consenso, o si es votada a favor por las dos terceras partes de la comisión (mayoría calificada); es decir, si obtiene 29 votos.
ELECCIÓN DE LOS COMISIONADOS
Pero, las autoridades quieren decidir todo por consenso en la comisión, o por una aplastante mayoría, asegurándose de antemano que, quienes resulten “electos” estarán de su lado, o dispuestos a cochupar con ellas. El mecanismo de “elección” de los delegados, es otra burla.
Veinticinco de los 43 comisionados, se autoeligen entre ellos mismos, o los designa Narro y/o Del Val (Srío. Gral. de la UNAM). Hay que recordar que Narro, desde la Fundación Siglo XXI del PRI, fue formador de los cuadros priístas que han cometido los mayores fraudes a nivel nacional.
Los 17 Consejeros Universitarios, se designan entre ellos mismos, coordinados por Narro. Los 2 directores se designan entre ellos mismos, en el Colegio de Directores. El egresado se designa de entre las Sociedades de exalumnos, “coordinados” por Narro. Lo de los 2 eméritos, Narro lo resuelve. Para los tres trabajadores, el consejero universitario Trabajador y Del Val, “organizan” la elección.
Para designar a los 9 estudiantes y los 9 académicos (sin eméritos): En cada dependencia se organizan elecciones por urnas; en cada lugar, organizadas por el Consejo Técnico respectivo, o por el Consejo Académico. Así, surgen los candidatos a comisionados de cada escuela, facultad o dependencia (obviamente, más de los 18). Después, Narro “insacula” (rifa) a todos los candidatos, para decidir a los 18.
Y, por si algo no saliera a su gusto, el Consejo Universitario, designará el órgano (de las autoridades) que calificará o descalificará las “elecciones”.
Las autoridades, que representan nada en la UNAM, se dan la mayor representación, se eligen entre ellas mismas, ellas mismas deciden cómo organizarse para autoelegirse; en el caso de los consejeros univ., con la venia de Narro. Pero, a los estudiantes, profesores y trabajadores, a lo que es la comunidad universitaria, nos quieren venir a decir cómo organizarnos; peor aun, nos quieren organizar a través de sus consejos técnicos o académicos, que están lejísimos de representar a los profesores, menos aún a los estudiantes; y a los trabajadores, quieren que los organice de Del Val. ¿Y qué tiene que ver este tipo con los trabajadores?
Nos quieren organizar una “elección” de candidatos (ni siquiera de los comisionados), por urnas, para que los “elegidos” no queden sujetos ni comprometidos con nada ni con nadie más que con la urna que desaparece al día siguiente de la elección; una elección por urnas para poner en marcha sus mecanismos de coerción sobre los profesores buscando orientar su “voto”; una elección por urnas que no tiene absolutamente nada que ver con las formas de la organización estudiantil; y, además, organizadas por un ideólogo del fraude; y, sólo para designar candidatos para que en una rifa, el mago del fraude decida quiénes quedarían.
ATRIBUCIONES DE LA COMISION
Y, por si algo en la comisión no resultara del gusto de las autoridades, la dejan completamente atada al Consejo Universitario. La comisión sólo podrá decidir y organizar la cuestión logística para el Congreso, y nada más. Cualquier otra cosa que decida la comisión, tiene carácter de propuesta al Cons. Univ. Trabajará a imagen y semejanza de las comisiones especiales del Cons. Univ., y por ello le ponen el nombre de “Comisión Especial para el Congreso Universitario”, CECU.
COMENTARIO
Hicimos una huelga de 9 meses y luchamos, NO por un congreso de las autoridades y sus aliados, en el que se pongan de acuerdo los grupos de poder sobre cómo repartirse el pastel, y cómo avanzar en convertir la educación universitaria en una mercancía. Son estas dos cosas para lo que De la Fuente quiere un Congreso, y para que le resulte bien, quiere garantizar, desde la organización, que todo está bajo el control de la autoridad.
Luchamos por un Congreso de la Comunidad Universitaria; NO para que los grupos de poder garanticen sus intereses, sino para acabar con esas mafias y con la forma de gobierno que permite su reproducción. Luchamos por un Congreso donde la comunidad universitaria: estudiantes, profesores y trabajadores, discutan y decidan el rumbo que habrá de seguir la UNAM, NO para ver cómo seguir avanzando por la senda del neoliberalismo.
El Congreso, desde su organización, debe estar en manos de la comunidad. Las autoridades no tienen porqué otorgarse una representación extra, por fuera del sector al que pertenecen. Si las autoridades creen representar a alguien, que salgan elegidos dentro de su sector. Los delegados al congreso o a la comisión que lo organice, deben salir de entre los estudiantes, los profesores y los trabajadores; éstos son los sectores que componen la universidad y no hay más.
Entre estudiantes y profesores, debe haber una paridad real. Esto quiere decir que si hay 100 delegados o comisionados, y se designan 8 para los trabajadores, deberá haber 46 para los estudiantes y 46 para los académicos. Paridad que no deja de ser injusta, pues se le estaría dando el mismo peso a 8 estudiante que a 1 académico; injusto, pero adecuado, considerando la necesidad de mantener un frente entre los tres sectores, para tener la fuerza de imponer a la autoridad el Congreso que queremos y la fuerza para llevar a la práctica lo que en él decidamos conjuntamente.
Y la proporción dentro de cada sector, sí tiene que ser proporcional a la composición real. Si los profesores son el 80% de los académicos, los técnicos el 4 %, y los investigadores el 6%; esta es la proporción que deben tener dentro del Congreso y de la comisión que lo organice. No hay ningún argumento para que un investigador o técnico tenga mayor peso que el de cualquier profesor; tan importante es la labor docente como la investigación o las actividades de los técnicos. Y, en el caso de los estudiantes, igual, si los de posgrado son el 7% del sector, los de bachillerato el 39% y los de licenciatura el 54%; esta es la proporción que habrán de tener dentro del Congreso o la comisión que lo organice.
Para la elección de los comisionados y/o delegados al Congreso, cada sector tiene la capacidad para organizarse y decidir cómo los quiere elegir; nada tienen que decir las autoridades al respecto.
En el caso de los estudiantes, históricamente el movimiento estudiantil se ha organizado en base a las instancias colectivas de discusión, en general, en base a las Asambleas; garantizando que quienes queden electos, quedan sujetos y comprometidos con los electores, sujetos y vigilados por las instancias que los eligen, rindiendo cuentas ante ellas; y, removibles en todo momento, de manera que si un comisionado o delegado actúa al margen de quienes lo eligieron, se le quita y se nombra a otro en su lugar. La removilidad debe ser una característica de cualquier comisionado o delegado, sea del sector que sea.
Ni el Congreso, ni la comisión que lo organice, tienen que quedar sujetos a la voluntad del órgano que ha demostrado no representar a la comunidad universitaria, decidiendo las imposiciones que han generado los mayores conflictos: su Consejo Universitario. El Congreso y la comisión que lo organice, deben tener carácter resolutivo, entendiendo por esto que lo que decida, se lleva a la práctica; NO que quede sujeto a la voluntad del Consejo Universitario.
Reuniones de Coordinación, los jueves en Economía pensando organizar su Congreso.

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