Lluvia de Estrellas Leónidas 2001 Por Jimmy Herrera Sociedad Astronómica del Planetario Alfa
FOTO DEL MES: El 17 de noviembre
de 2001, la Tierra atravesó un denso torrente de meteoroides provenientes del
cometa Tempel-Tuttle. El resultado fue considerado por muchos una “tormenta de
estrellas” Esta magnífica imagen fue captada por Jimmy Herrera, de Monterrey,
N.L. con una cámara Olympus OM-1, película Kodak Gold ISO800, lente 28mm f/2 y una exposición de 45
minutos. La humedad del ambiente se condensaba sobre el lente, por lo que
requirió un constante monitoreo para retirar el sereno depositado. Pulse la
imagen para ver una de mayor resolución en la que aparece un centenar de
meteoros. La fotografía fue publicada en la revista Sky&Telescope en su
edición de marzo, 2002. ( Derechos de Autor Reservados)
No hay nada tan relajante como
echarse de espaldas sobre un prado y disfrutar un cielo nocturno, veraniego y
estrellado. ¡Cuántos astros!¡Y todos en su lugar! La brisa húmeda se pone de
manifiesto al hacer titilar esos lejanos luceros. La Vía Láctea, con su sutil
resplandor, cruza el cielo de norte a sur. Por un momento, sentimos despegar
del suelo, cuando –súbitamente- el paisaje celeste se ve interrumpido por un
rayo luminoso. Silencioso. No hay trueno. No hay nubes, y sólo los más
avispados tuvieron oportunidad de contemplar la fugaz vida de un meteoro.
Algunos llaman a este fenómeno
“estrella fugaz” Los norteamericanos dicen que es una estrella que se cae
(falling star). Pero no son estrellas de verdad. De ser estrellas cayendo a
Tierra, ya se habrían agotado hace mucho tiempo. Son trocitos de material
desprendidos de algún cometa o asteroide, y seguían su propio camino alrededor
del Sol hasta que la Tierra interrumpió su viaje. La fricción con nuestra
atmósfera a altas velocidades (10 a 70 km/s) es suficiente para que estos
“meteoroides” alcancen momentáneamente una temperatura tan alta como la
superficie del Sol y queden convertidos en cenizas dispersas. El meteoro es tan
breve, que típicamente no excede una duración de 2 décimas de segundo (Por eso
son tan difíciles de ver, parece que juegan a las escondidas).
Aparentemente, este tipo de
fenómeno no es muy frecuente, pero –por increíble que parezca- la Tierra recibe
alrededor de 10 toneladas de material meteorítico cada día. Y su cantidad
aumenta notoriamente cuando la Tierra cruza un “torrente de meteoroides”: algo
así como un río de partículas que se mantienen fieles a la órbita de un antiguo
cometa. En algunas ocasiones, conocemos a los cometas que las producen: el
próximo 11 y 12 de agosto, la Tierra atravesará un enjambre de material
desprendido por el cometa Swift-Tuttle
y en una sola noche podremos contar centenares de meteoros que cruzan la
bóveda celeste. Las lluvias de estrellas –como son llamadas estas visitas
periódicas- son nombradas de acuerdo a la región del cielo donde parecen
originarse los meteoros. Los fragmentos del cometa Swift-Tuttle llegan a la
Tierra desde la dirección en que se ve la constelación de Perseo y así la
lluvia de estrellas de esta fecha se llama “Perséidas”. Las lluvias de
estrellas están rodeadas de mitos: Hay gente que se agacha para no ser
golpeada, pero estos fragmentos se consumen a alturas de 80 a 100 km , muy por
encima de las rutas de aviación. Otros, se imaginan que se ven como una
auténtica lluvia, cuando en realidad se trata de una llovizna extraordinariamente
ligera: pueden pasar minutos entre la precipitación de un meteoro y el
siguiente, de tal modo que hay que esperar con paciencia y atención.
Ciertas artimañas muy sencillas
nos pueden ayudar a sacar el máximo provecho de un acontecimiento así: Buscar
un lugar muy oscuro, lejos de la ciudad y de las vías de comunicación
transitadas. Adaptar los ojos a la oscuridad por más de 15 minutos y evitar el
uso de linternas de luz blanca: la luz roja es mejor para mantener la visión
nocturna. Es muy recomendable llevar ropa de invierno, pues la lluvia de
estrellas suele verse mejor después de medianoche, cuando el clima es más frío.
Contar los meteoros en voz alta mantendrá a todos alerta y un par de
binoculares nos darán la oportunidad de observar el rastro humeante e iluminado
que dejan los meteoros más brillantes (bólidos). No apartes tu mirada del cielo
y concentra tu campo de visión a no menos de 45° del horizonte (No desperdicies
tu mirada hacia objetos terrestres).
Este año las Perséidas incluyen un
bono adicional: aquellos que tengan telescopio se pondrán a cazar destellos en
la Luna que se asoma por el Occidente en las primeras horas de la noche: Los
afortunados podrán ver las breves explosiones que los meteoroides produzcan al
impactarse en el lado oscuro de nuestro satélite natural. La Luna carece de
atmósfera y por tal motivo no hay aire que frene las partículas y éstas golpean
directamente sobre su superficie produciendo explosiones localizadas. Se
recomienda evitar la superficie iluminada de la Luna y concentrarse en su lado
nocturno, así como limitar la potencia del telescopio a pocos poderes.
Pocos son los espectáculos
celestes que se pueden disfrutar sin necesidad de equipo costoso y sofisticado,
pero una lluvia de estrellas es para todos y especialmente para aquellos que
saben disfrutar de un espléndido cielo a simple vista con esmero, atención y
paciencia.
Que tengan un cielo “lluvioso”,
“relampagueante” y muy, muy despejado.
Pablo Lonnie Pacheco Railey
PROGRAMA DE EVENTOS Y
FENÓMENOS CELESTES AGOSTO 2002
JULIO 2002: LUCERO DE LA
TARDE
JUNIO 2002: ANILLO DE FUEGO