OSHO

El carácter es la
energía sorda y
constante de la voluntad.

HISTORIAS SUFIS
Ocurrió una vez...

Se abrió proceso contra Mulla Nasrudin. El fiscal no podía probar gran cosa. Se le acusaba de poligamia, de tener muchas esposas. Todo el mundo lo sabía, pero nadie podía probarlo. El abogado le dijo a Nasrudin: "Quédate callado, eso es todo. Si dices una sola palabra te van a coger. Así que estate callado y yo me ocuparé de todo". Mulla Nasrudin permaneció en silencio; hirviendo por dentro, desazonado, y a pesar de haber querido interrumpir muchas veces, se las arregló para, de alguna manera, controlarse a sí mismo. Por fuera parecía un buda, pero por dentro estaba como un loco furioso. No se pudo encontrar nada contra él. Aun sabiendo que este hombre tenía muchas mujeres en el pueblo, ¿qué podía hacer, el juez sin ninguna prueba? Así que tuvo que concederle la libertad. Le dijo: "Mulla Nasrudin, eres libre. Puedes irte a casa". Mulla Nasrudin se quedó perplejo y dijo: "¡Qué!; ¿a qué casa, señoría?. Tenía muchas casas porque tenía muchas esposas en el pueblo. Una sola palabra tuya mostrará la mente que hay dentro; una sola palabra y todo tu ser quedará expuesto. Ni siquiera se necesita una palabra; tan sólo un gesto y aparecerá tu mente parlanchina. Aunque estés en silencio, tu silencio no reflejará otra cosa que el mono parlanchín que llevas dentro.

“Historia Sufí”

Un mendigo llegó al palacio de un emperador. El emperador estaba en el jardín, así que le oyó llegar. El guardia de la entrada le fue a dar algo, pero el mendigo le respondió: “Espera, tengo una condición: yo sólo acepto limosna de los amos, nunca de los sirvientes”. El emperador lo oyó. Estaba paseando cerca de allí, así que salió a ver a este mendigo, pues normalmente los mendigos no ponen condiciones. ¿Cómo vas a poner condiciones si eres un mendigo? Pensó: “Este mendigo es realmente extraño”. Así que salió a verle; y realmente este era un mendigo extraño. El emperador nunca había visto antes a un hombre que tuviera tal aspecto de emperador; él no era nada comparado con el mendigo. Este hombre estaba rodeado de cierta gloria, de cierta gracia. Sus ropas eran casi andrajos, iba casi desnudo, pero la escudilla que llevaba era muy bonita. El emperador preguntó: “¿A qué viene esa condición?”. Y el mendigo contestó: “A que los sirvientes también son mendigos y yo no quiero abusar de nadie. Sólo los amos pueden dar. ¿Cómo van a dar los sirvientes? Pero si puedes dar, da y yo lo aceptaré. Pero luego tengo otra condición: que mi escudilla debe quedar totalmente llena”. ¡Una escudilla tan pequeña! El emperador soltó una carcajada y dijo: “Debes de estar loco, ¿acaso crees que no voy a poder llenarla?”. Y le ordenó a sus ministros que trajeran piedras preciosas, únicas, incomparables, y que llenarán la escudilla de este mendigo. Pero pronto se hallaron en dificultades, ya que en cuanto empezaron a llenar la escudilla, las piedras caían en ella y sin hacer ningún sonido, simplemente desaparecían. La escudilla seguía estando siempre vacía. Entonces el emperador se halló en un dilema. Su ego estaba en juego: ¡él, un gran emperador que gobernaba todas esas tierras, ni siquiera podía llenar una pequeña escudilla! Y ordenó: “¡Traedlo todo si hace falta, pero hay que llenar esta escudilla!”. Trajeron todos sus tesoros..., durante días vaciaron todas sus arcas, pero la escudilla seguía vacía. Ya no quedaba nada. El propio emperador se había convertido en un mendigo, lo había perdido todo. El emperador se postró a los pies del mendigo y le dijo: “Ahora yo también soy un mendigo y sólo te pido una cosa: ¡enséñame el secreto de esta escudilla, parece mágica!” El mendigo dijo: “No hay ningún secreto. Está hecha de mente humana. No hay nada mágico en ella”. La mente humana no es otra cosa que esta escudilla. Aunque sigas llenándola, siempre permanece vacía. Aunque le eches el mundo entero, aunque le eches todos los mundos, simplemente desaparecerán sin hacer un solo ruido. Por mucho que le des, ella sigue pidiendo. Dale amor, y aparecerá la escudilla del mendigo, y tu amor desaparecerá. Dale vida entera, y ahí estará la escudilla, mirándote con ojos de queja y diciéndote: “No me has dado nada, aún estoy vacía”. La única prueba de que he recibido algo es ver que la escudilla se llena; y sigue vacía. Por supuesto, esta lógica es aplastante: no has dado nada. Has logrado muchísimas cosas, y todas han desaparecido en la escudilla del mendigo. La mente es un proceso autodestructivo. Hasta que la mente no desaparezca seguirás siendo un mendigo. Todo lo que obtengas será en vano; seguirás estando vació. Y si disuelves esta mente, el vació te llenará por primera vez. Ya no serás, pero te habrás convertido en el todo. Si eres, seguirás siendo un mendigo. Si no eres, te conviertes en un emperador.