«Soy un
escritor nada más que cuando escribo, el resto del tiempo me pierdo entre la
gente»
(Haroldo Conti)
Escríbele a Orlando Mazeyra Guillén
CRIOLLISMO
POLÍTICO: ¡El Perú es un burdel!
Escribe Orlando Mazeyra
Guillén
Publicado en el
diario La República el 12 de abril de 2004 y en Caretas Nro. 1820
(ver http://www.caretas.com.pe/2004/1820/secciones/nosescr1.html
)
"El problema de
los políticos es que se parecen mucho a quienes votan por
ellos"
Fernando Savater
Estas
últimas semanas me he cansado de ver fotos donde aparecen un locuaz AGP y una
–¿recién ahora, o tal vez siempre?– impredecible Flores Nano; en muchas de ellas
parecieran estar sumidos en una plácida cháchara, y los epígrafes de las fotos
se podrían sintetizar en una sola palabra: criollismo, ese pernicioso lastre del
que parecen no estar exentos nuestros más emblemáticos líderes políticos. Porque
en el Perú, sin criollismo (en el sentido más nefasto y tremendista de la
palabra) es imposible la ‘buena’ política.
Y en
verdad, me resulta enrevesado intentar vincular a esta Flores Nano tan coqueta y
oportunista –como la camaleónica y estentórea Higuchi…– con aquella de las no
tan lejanas elecciones del 2001, cuando, en la chispeante segunda vuelta,
afirmó, resoluta, que ingresaría a las urnas "con la nariz bien tapada", pues
los contendientes (AGP y Toledo) le resultaban de una hediondez sólo superable
por las sentinas más repulsivas de la gran Lima.
Cuando
pienso en mi país (tarea masoquista ésta), muchas veces dudo, cavilo y,
finalmente, me pregunto: ¿éstos son nuestros líderes políticos? Sí.
¿Hay, acaso, algo mejor que nos permita vislumbrar la esperanzadora luz al
final del lóbrego túnel? Lamentablemente, parece que no.... Entonces, ¿ellos
tomarán la posta del –como diría el 'honorable' padre de Flores Nano– "auquénido
de Harvard"? Sí.
Eso
somos: un país desbrujulado, que, gracias a la tozuda insistencia de sus
politicastros, pierde irremisiblemente ese rumbo que, nosotros, los amnésicos
–que cada cinco años nos tapamos la nariz y nos manchamos el dedo– añoramos
perentoriamente.
"¡Saquemos
a Toledo, ya tuvo muchas oportunidades!",
parece ser la consigna popular; pero para poner a quién: ¿a Alan?, ¿a Lourdes?
No, ya sé, ¡a Fujimori! Porque, claro, Fujimori "sí cumple" (y
los que no me crean pregúntenle a Leonor La Rosa, o dense una vuelta por Barrios
Altos y, si pueden, hagan unas cuantas pesquisas en La Cantuta, porque se dice
que allí pasó algo sangriento).
Todas
estas cosas me llevan a sumirme en una ceguera pertinaz que desemboca en un
obtuso dictamen: ¡nuestro país no tiene solución! Y esto no es todo, hay
más aún, pues llego al convencimiento de que esa azarosa y visceral sentencia
–que definía en cinco simples palabras lo que somos como país– de Pablo Macera
nunca perderá vigencia (y, además, será difícilmente superable por los
intelectuales de hoy y de mañana): "¡El Perú es un
burdel!".
¿MADUREZ
POLÍTICA?
En
CARETAS 1820 leí con un desencanto no exento de vergüenza
ajena que se trata de responder con desatino a la misiva en la que critico las
zalamerías del tándem AGP-Flores Nano; allí se afirma que “las conversaciones
entre García y Flores fueron un síntoma de ´madurez’ a pesar sus obvias
discrepancias”, y luego se remata con un ucase desopilante: “Este país no tiene
solución si no se comprende algo tan simple”.
Confieso que, desde ya, me aterraría conocer qué sinuoso
significado le pretende dar CARETAS al vocablo ‘madurez’.
Entiendo que sin diálogo y concertación no vamos a ir a
ningún lado; pero, ¿es, acaso,
‘maduro’ bromear con respecto al cataclísmico quinquenio aprista con la
insoportable futilidad con que lo hizo Flores Nano? “El tren eléctrico nos jugó
una mala pasada”, afirmó minimizando una estafa electoral del APRA (tal vez, en
un futuro no muy lejano la veamos, dando muestras de ‘madurez’ política, al lado
de Fujimori comentando que “el SIN de Montesinos nos salió
caro”).
“OJOS ABIERTOS”, fue el título que se le dio a mi carta. Habría que decir que CARETAS me los cierra con frecuencia, maquillando la realidad y validando las miserias y vergüenzas de nuestra ‘versátil’ clase política que no hacen más que confirmar la precisa y dolorosa sentencia del autor de Política para Amador: “Lo malo de los políticos es que se parecen mucho a la gente que los elige”.
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MARADONA:EL OPIO DE LOS PUEBLOS Y LOS IDOLOS DE BARRO Publicado en Peru21 el viernes 30 de abril de 2004“Barrilete cósmico ¿de qué planeta viniste?”Víctor Hugo Morales (durante la narración del segundo gol de Maradona a los ingleses en 1986)
A veces me pregunto si ¿habrán alguna vez fabulado, con esa prodigiosa capacidad ficcional que los inmortalizó, Cervantes, Shakespeare o Dostoievski, un mundo en el que el arte de los 'pies' subyugue al arte de la 'testa'?
El grandilocuente efecto Maradona -que, como en otras ocasiones similares, tuvo en vilo a todo el planeta- no hace más que confirmar que en estos tiempos de la globalización (o, como diría Eduardo Galeano, de 'la bobalización') importa más lo que hacen, o dejan de hacer, los profusos y desechables ídolos de barro que los maltratados e ignorados intelectuales de carne y hueso que profundizan y sostienen la cultura del planeta.
Todos sabemos cómo la Argentina arropó a su máximo referente futbolístico y, en contrapartida, nos sorprende la brutal indiferencia a la que fue sometido, cuasi de por vida, el inigualable Borges (que tuvo que esperar el reconocimiento del Viejo Mundo para no morir en el olvido). ¿No es acaso desconcertante que Maradona sea más famoso que Borges o Cortázar? Es incomparable, también, la fama del goleador madrileño Raúl González con la del autor de El Quijote, y ni qué comentar de Beckham (que es todo un éxito editorial en todo el planeta con su autobiografía. Muchos de sus lectores tal vez no ojearon nunca a Edgar Alan Poe o al mismo Shakespeare: ¿cosas del fútbol?). Durante el mundial que consagró a Maradona (México '86), le preguntaron a Mario Vargas Llosa, qué era Maradona. Nuestro más prestigioso intelectual, respondió: "Es una de esas deidades vivientes que los hombres crean para adorarse en ellas". Cabría preguntarnos quién tiene más culpa: el fetiche fabricado por el pueblo o, quizás, los fetichistas mediáticos que lo elevan a las cimas inalcanzables... Tal vez -ojalá que no- Diego muera de una sobredosis de cocaína; pero no lloraré por él como lo hice en la final del Italia '90 [1], o cuando lo ví salir por la puerta falsa del mundial EEUU 1994 [2]... No vale la pena llorar por Maradona.
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[1] “¿Por qué lloras, acaso eres argentino?”, me decían mis familiares cuando miraba al diez embadurnado en lágrimas por la inconmensurable pena de haber perdido la copa del mundo ante los teutones.
[2] En inolvidable transmisión, Emilio Lafferranderie
(EL VECO) bañado en lágrimas, me hizo llorar al informarme que el zurdo había
sido retirado del mundial por dar positivo en la prueba
antidoping.
© Orlando Mazeyra Guillén, 2004.
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