Rincon Chapin
y/ sobre todo/ un pedazo de tierra una ramita de sol plantada para florecer tempranamente repartida hacia Adelante.
                                         VI
La consigna era: �Muera el Moho!�Viva la luz!En consecuencia/
todo el santo d�a dej�bamos abietas las puertas de la patria
para que desembocase/ en ellas/ la traves�a planetaria del viento.
As� autores/ libros/ ideas y canciones erigieron de pronto su estandarte en la casa de todo buen vecino.As� el destino dej� de ser un bicho de raro brillo en la palma de nuestra mano.
Iba y ven�a/ la muchachada/repartiendo el j�bilo por entero desde el bajoplano/hasta el altiplano/desde el campo a la ciudad.
Nada permaneci� quieto en ese entonces.Todo pareci� gritar esta boca es m�a.
Hasta las piedras/ en las veredas/hacinase a un lado ante el tremendo aluvi�n del movimiento.Avanzada la madrugada a�n manten�amos/ en alto/
Nuestro terco coraz�n atolondrado. Afilar el machete/ el clavel/ la estrella/ la alegr�a: he ah� el deber que organiz� nuestros d�as
Y nuestras noches.
                                     
Por ese tiempo conoc� yo a Matilde/ obrera salvadore�a
como agua de poza atacada del virus mortal de las letras
gustaba/ ya decrecida la marea lunar de su cuerpo/ que le declamase al o�do los versos amanecientes de Orlando.Ezequiel/ musitaba/
y yo/ entre adormilado y festivo/me alzaba desde mi atalaya de sue�o:
"Ven/ tenemos derecho a sentirnos sinceramente nuestroshoy que abrimos nuestro pobre minuto como una flor peque�a".
Hermosura de no ser sino un hombre y una mujer con derecho a amarse
en medio de un aire liberado. Por esos a�os/ creo/Pablo visita/ canta/ celebra con vino y tinta nuestro nuevo amanecer.
Ocultando bajo el ala un manuscrito entre volandero y p�treo
lo suela de pronto al irse y/ en un solo e instant�neo revoloteo/
nos deja sobre las calles un reguero de algas/ peces/ tucanes/
piedras/ tiranos/ sillas/ c�ndores/ h�roes/ ruinas y minerales.
Lo recuerdo/ sabe/ pues por esos d�as/ de fulgores y pavores/
dos acontecimientos marcaron de tajo la ruta de nuestro agitado quehacer cotidiano: la promulgaci�n del decreto 900 y el nacimiento de nuestro hijo Roberto.
De ah� en adelante la historia/ nuestra historia/ comenzar�a a forjarse bajo un cielo poblado de cuervos y palomas.
                                        VIII
�Qu� est� usted organizado dice?�Con qui�n y para qu�? �Bajo el Norte o sobre el Sur? �Acaso mira hacia el Este y se acuesta so�ando con el Oeste? �Apuntala en silencio la primavera o la estruja en su duro reto�ar hacia arriba?Ah/ ya. Entiendo. Pues lo felicito: mi hijo Roberto tambi�n bebi�/ en su momento/ el terrible fuego de los justos/
fue astilla de ocote en la humedad lluviosa del se�or�o errante.
Ahora es lib�lula que muerde/ altiva/ el rojo y redondo universo de los manzanos.
Ahora es panal de sangre que vuela/ all� arriba/ venciendo la armaz�n de la noche al mando de un ej�rcito de luci�rnagas.
Aqu� dentro es/ se lo confieso/una piedra que ni el guaro m�s afilado o llameante la empa�a o erosiona dej�ndome tranquilo.Dolor m�s ingrato �ste/el de beber desamparada muerte diaria.
S� se�or: otro trago.Y sea nuestra/ sombr�a pero deslumbrante/ la primavera.
                                        
Regreso
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