| Vamos patria a caminar |
| Para que los pasos no me lloren, para que las palabras no me sangren: canto. Para tu rostro fronterizo del alma que me ha nacido entre las manos: canto. Para decir qe me has crecido clara en los huesos m�s amargos de la voz: canto. Para que nadie diga: �tierra m�a!, con toda la decisi�n de la nostalgia: canto. Por lo que no debe morir, tu pueblo: canto. Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte: t�, interrogaci�n de frutas y mariposas silvestres, no perder�s el paso en los andamios de mi grito, porque hay un maya alfarero en tu coraz�n, que bajo el mar, adentro de la estrella, humeando en las ra�ces, palpitando mundo, enreda tu nombre en mis palabras. Canto tu nombre, alegre como un viol�n de surcos, porque viene al encuentro de mi dolor humano. Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento para ordenarme que no tolere el crep�sculo en mi boca. Me acompa�a emocionado el sacrificio de ser hombre, para que nunca baje al lugar donde naci� la traici�n del vil que at� tu coraz�n a la tiniebla, �neg�ndote! 2 V�monos patria a caminar, yo te acompa�o. Yo bajar� los abismos que me digas. Yo beber� tus c�lices amargos. Yo me quedar� ciego para que tengas ojos. Yo me quedar� sin voz para que t� cantes. Yo he de morir para que t� no mueras, para que emerja tu rostro flameando al horizonte de cada flor que nazca de mis huesos. Tiene que ser as�, indiscutiblemente. Ya me cans� de llevar tus l�grimas conmigo. Ahora quiero caminar contigo, relampagueante. Acompa�arte en tu jornada, porque soy un hombre del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo. Ay, patria, a los coroneles que orinan tus muros tenemos que arrancarlos de ra�ces, colgarlos de un �rbol de roc�o agudo, violento de c�leras de pueblo. Por ello pido que caminemos juntos. Siempre con los campesinos agrarios y los obreros sindicales, con el que tenga un coraz�n para quererte. V�monos patria a caminar, yo te acompa�o |
| Peque�a patria m�a, dulce tormenta, un litoral de amor elevan mis pupilas y la garganta se me llena de silvestre alegr�a cuando digo patria, obrero, golondrina. Es que tengo mil a�os de amanecer agonizando y acostarme cad�ver sobre tu nombre inmenso, flotante sobre todos los alientos libertarios, Guatemala, diciendo patria m�a, peque�a campesina. Ay, Guatemala, cuando digo tu nombre retorno a la vida. Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa. Subo las letras del alfabeto hasta la A que desemboca al viento llena de alegr�a y vuelvo a contemplarte como eres, una ra�z creciendo hacia la luz humana con toda la presi�n del pueblo en las espaldas. �Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados. Ellos conocer�n la muerte de la muerte hasta la muerte! �Por qu� nacieron hijos tan viles de madre cari�osa? As� es la vida de los pueblos, amarga y dulce, pero su lucha lo resuelve todo humanamente. Por ello patria, van a nacerte madrugadas, cuando el hombre revise luminosamente su pasado. Por ello patria, cuando digo tu nombre se rebela mi grito y el viento se escapa de ser viento. Los r�os se salen de su curso meditando y vienen en manifestaci�n para abrazarte. Los mares conjugan en sus olas y horizontes tu nombre herido de palabras azules, limpio, para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo, donde nadan los peces con aletas de auroras. La lucha del hombre te redime en la vida. Patria, peque�a, hombre y tierra y libertad cargando la esperanza por los caminos del alba. Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento. La que marcha con un ni�o de ma�z entre los brazos. La que inventa huracanes de amor y cerezales y se da redonda sobre la faz del mundo para que todos amen un poco de su nombre: un pedazo brutal de sus monta�as o la heroica mano de sus hijos guerrilleros. Peque�a patria, dulce tormenta m�a, canto ubicado en mi garganta desde los siglos del ma�z rebelde: tengo mil a�os de llevar tu nombre como un peque�o coraz�n futuro cuyas alas comienzan a abrirse a la ma�ana. |