NO MANOS TULLIDAS, SINO ABIERTAS PARA AMAR
IX Domingo Ordinario
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de Tapachula
Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a
arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: " Por qué hacen
tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?"
El les respondió: " No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad
y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo
sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes,
y les dio también a sus compañeros". Luego añadió Jesús. "El sábado se hizo para el
hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado".
Entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos
estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le
dijo al tullido: "Levántate y ponte allí en medio". Después les preguntó: " Qué es
lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? Se le puede salvar la vida a un
hombre en sábado o hay que dejarlo morir?" Ellos se quedaron callados. Entonces,
mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre:
"Extiende tu mano". La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces salieron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de
Herodes para matar a Jesús
(Mc 2, 23- 3, 6). Palabra del Señor! Gloria a ti, Señor Jesús!
Hoy celebramos a Jesús libre ante las leyes y liberador de un tullido de la mano.
El puede liberarnos de muchas cadenas, como las enfermedades corporales, y de otras
ataduras que, por ser espirituales y morales, son más difíciles de descubrir y de
romper.
Para comprender lo que Jesús hizo y dijo, es necesario remontarnos al Antiguo Testamento,
cuando una ley sagrada, prescrita por Dios mismo a Moisés, ordenaba al pueblo judío
santificar el sábado. En ese día nada se podía hacer, salvo participar en el culto divino. Por tanto, quebrantar esa ley era desobedecer a Dios. Esto explica el escándalo
de los fariseos, quienes sólo atendían la letra de la ley, no el espíritu. Jesús
viene a darle otra dimensión a la ley, en beneficio del ser humano.
Dice el libro del Deuteronomio: "Santifica el día sábado, como el Señor, tu Dios, te lo manda. Tienes seis días para
trabajar y hacer tus quehaceres, pero el séptimo es día de descanso, dedicado al
Señor, tu Dios. No harán trabajo alguno ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo,
ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el extranjero que hospedes en
tu casa; tu esclavo y tu esclava descansarán igual que tú. Recuerda que fuiste esclavo
en Egipto y que te sacó de allá el Señor, tu Dios, con mano fuerte y brazo poderoso.
Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el día sábado"
(Deut 5,12-15).
Esta ley sigue siendo obligatoria para nosotros. La única diferencia es que, resucitando
Jesucristo el día siguiente al sábado, inauguró el domingo. Por eso, los primeros
cristianos empezaron a reunirse "el primer día de la semana"
(Hech 20,7), que es el domingo, al que San Juan llama
"Día del Señor
"
(Apoc 1,10). Lo esencial que se prescribe sobre el sábado, es valedero para los cristianos,
que guardamos el domingo. No somos judíos, para observar el sábado, sino discípulos
de Jesús, quien supera el sábado y le da un nuevo sentido a esa ley divina.
El domingo es el día de la libertad y del descanso. Es cierto que el primer objetivo
del descanso es tener tiempo para el Señor, pues es un día dedicado primordialmente
a El. Pero Dios no quiere el domingo para sí mismo, en forma egoísta, sino para nosotros. Y en tanto el domingo será agradable a los ojos del Señor, en cuanto seamos más
libres para descansar y para hacer el bien a los demás, empezando por la propia familia.
Lo que a El le importa es nuestra libertad, nuestro bienestar, nuestra felicidad.
Debe haber tiempo para el culto, para la oración, para la lectura de la Biblia, para
participar en la Santa Misa; pero todo ello sirve para que seamos capaces de amar
y de hacer el bien, como Jesús. Hay que liberarse del peso del trabajo y dejar los
quehaceres ordinarios, para estar más cerca de Dios y hacer felices a los demás.
Esto queda claramente demostrado en el Evangelio de hoy. Los fariseos critican a Jesús
porque, en sábado, día dedicado a Dios, hace el bien a los enfermos. Ellos se imaginaban
que lo que a Dios importaba era sólo el culto y los ritos religiosos, como si nos quisiera atados a El. Dios no quiere esclavos, pues liberó a los israelitas del
yugo opresor de los egipcios. Lo que El quiere es el bien de su pueblo. Por eso,
Jesús santifica el sábado y da gloria a Dios, haciendo el bien a un tullido de la
mano. "La gloria de Dios
-dice San Ireneo- consiste en que el hombre viva"
. Sin embargo, añade que "la vida del hombre es la visión de Dios"
; es decir, las dos dimensiones son esenciales: el culto a Dios y la vida digna del
ser humano.
Todo esto tiene aplicaciones muy prácticas para nuestros tiempos. Dice el texto bíblico
que deben descansar hasta los esclavos y los animales. Por tanto, lo ideal es que
todos descansemos el domingo, para dedicarlo al Señor, a la familia y a hacer algo
por los demás, sobre todo por los que sufren y están solos.
Sin embargo, muchas personas no tienen libertad para descansar. Su trabajo los esclaviza,
pues si no trabajan en domingo, no comen. Hay quienes deben trabajar en domingo,
pero pueden descansar en otro día; pero otros no pueden descansar ni en domingo ni
en otro día de la semana. Esto indica una injusticia social, fruto del desorden económico,
que se manifiesta en el desempleo, el ambulantaje desorbitado, los salarios insuficientes,
que dejan sin efecto el derecho al descanso.
Si alguien tiene trabajadores bajo sus órdenes, que no los trate como esclavos; que
respete su derecho a descansar y que les dé oportunidad para que, en el domingo,
puedan participar en las celebraciones religiosas. Lo mismo hay que decir a quienes
tienen muchachas de servicio doméstico: éstas tienen derecho a descansar y no se les debe
impedir que cumplan sus obligaciones religiosas.
Es lamentable, por otra parte, que muchas personas no reconozcan sus obligaciones
dominicales con Dios. No le dan el culto que le es debido. No lo reconocen como su
Señor. Se organizan para descansar y divertirse; pero prescinden de la Misa y del
culto divino. Hay quienes dicen que no tienen tiempo para ir a la Iglesia, para escuchar la
Palabra divina y participar en las celebraciones sacramentales. Se olvidan que Dios
les da cada ocho días, gratuitamente, 168 horas. Y no le quieren dedicar a El ni
una hora? Qué poca gratitud tienen hacia Aquél que les ha dado todo!
En este periodo de campañas políticas, los candidatos que son creyentes deberían organizar
su horario de tal modo que, tanto ellos como sus colaboradores, tengan tiempo para
participar en la Misa y descansar con su familia. La política no es dios y, por
tanto, no se le debe idolatrar! Quien no descansa, no tiene la mente limpia y serena
para pensar. Quien no da a Dios su lugar, se endiosa a sí mismo.
El pasaje evangélico de hoy nos dice que Jesús, en sábado, hace el bien y sana a un
tullido de la mano. Esto significa que el domingo es también tiempo para relacionarse
con los demás y hacerles el bien. Porque hay muchos que tienen tullida no sólo la
mano, sino también la mente y el corazón. Nada hacen por los demás. Otros se niegan a
dar la mano a sus contrarios y reconciliarse con ellos.
En Chiapas, y en todo México, debemos procurar que las personas y los grupos aprendan
a darse la mano; no tenerla tullida y encogida, sino abierta y generosa para perdonar
y compartir. Nunca la han de tener empuñada para pelear y matar, sino limpia y sana
para amar.
De igual manera, los candidatos y dirigentes de los partidos políticos deberían pedir
a Dios que los sane interiormente, para que sean capaces de extender su mano a quienes
militan en opciones distintas. Que no tengan tullida o encogida la disposición para dialogar, para saludarse y encontrarse. Que no tengan la mano envalentonada, amenazante
o hiriente, mucho menos escondida para destruirse y asesinarse. Que no sean como
los fariseos, que comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús
; más bien que se respeten y aprendan a amarse como hermanos. Que sean capaces de
darse la mano y perdonarse los agravios pasados, para que den un ejemplo al pueblo
de cómo se puede convivir civilizadamente en la pluralidad. Con descalificaciones
mutuas y el encerramiento en las propias posturas, no ayudan a una sana democracia. Lo que
importa es México, la paz, la justicia, la verdad, el progreso y la fraternidad,
no tanto el triunfo de una persona o de un partido. Los individuos, los grupos y
las leyes están para el bien de la comunidad.
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