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La
Eucaristía dominical
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Queridas familias: Quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones con el deseo de ayudar a comprender cada vez más nuestra fe y así poder ayudar también a acrecentar cada vez más nuestra vida cristiana. En esta ocasión el tema en el que quiero detenerme es el de la Misa dominical. La asistencia a la Eucaristía dominical se ha vuelto en nuestra sociedad -lamentablemente- algo fuera de lo común. Aunque sigue habiendo numerosos cristianos que asisten domingo a domingo a participar de la misa, es fácilmente constatable que la práctica se ha reducido considerablemente. Pueden
ser muchas las razones, motivos o excusas. Quisiera detenerme en algunas
de estas últimas, que son las que más escucho, para poder
responder a ellas y ayudar a clarificar algunas "confusiones". "Yo rezo en mi casa". Está muy bien que se rece en la casa, pero esa oración personal (o en familia, según el caso) no sustituye la celebración comunitaria de la Eucaristía. La Misa tiene una riqueza incomparable. Ella es fuente y meta de nuestra vida cristiana. Lo que allí podemos vivir, participando activamente, no tiene par. No perdamos de vista -entre otras cosas- que en la Misa uno puede escuchar la Palabra de Dios y nutrirse de ella, uno puede recibir al mismo Señor en la Comunión y encontrarse íntimamente con Él. Además uno puede participar del sacrificio de Cristo en la cruz y así -unido a él- pedir perdón, agradecer o pedir por alguna necesidad. "La Misa es muy aburrida". La Misa no es un espectáculo al que uno va a divertirse o entretenerse. Es un espacio privilegiado de encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás. Si uno no va con las disposiciones adecuadas, es decir, silencio interior, recogimiento, deseo de encuentro con Dios; y si uno no se esfuerza por participar activamente en la Misa cantando con fuerte voz, rezando con conciencia de lo que se dice, escuchando la Palabra de Dios con atención, comulgando con devoción, rezando para pedir perdón, agradecer o pedir por diversas necesidades, etc., si no hay esto, es comprensible que uno se aburra. "No tengo tiempo". ¿De verdad no se tiene tiempo para ir a Misa? "Me da flojera". Esta es de las excusas más sinceras. Me parece que la flojera es el principal enemigo de la Eucaristía dominical, y termina venciendo en no pocos casos. Uno cree que porque es domingo se debe descansar y descansar. Y nuestra sociedad nos ha malacostumbrado a creer que descansar es puro entretenimiento, diversión o mera pasividad ("relax"). No hay duda que estas cosas tienen su justo lugar en el equilibrio que debe buscar cada persona. Sin embargo, el descanso no es sólo eso. Si uno no cultiva su corazón, nunca va a experimentar la paz verdadera, fuente del auténtico descanso. Si uno no alimenta su vida cristiana con espacios de encuentro profundos y auténticos, va a terminar reduciendo su vida a lo inmediato y cayendo en una asfixiante superficialidad. Por eso, si da flojera ir a misa, hay que hacer el esfuerzo. Ese esfuerzo (que muchas veces no es sólo contra nuestra propia flojera sino también contra la de otros) no desgasta a nadie. Es renovador. Nos permite tener un espacio de encuentro que le da sentido a nuestra vida. "Es el día de la familia". Absolutamente cierto. Pero no olvidemos que la familia debe ser construida sobre roca firme, en el Señor. La Eucaristía, que es sacramento de amor y unidad, edifica la familia. La hace más sólida y fortalece sus vínculos. ******* Hay también dos preguntas que se hacen con frecuencia sobre la Misa dominical: ¿Es obligatorio ir a misa? ¿Es una "falta grave" dejar de ir a misa? La respuesta a ambas preguntas es afirmativa. La misa dominical es una obligación de todo cristiano y dejar de asistir a ella -salvo por un motivo de peso- es una falta grave. ¿Por qué? No es una carga pesada que ha impuesto la Iglesia arbitrariamente. La obligatoriedad es proporcionada a su importancia en la vida cristiana. ¿Cuál es su importancia? ¿Qué celebra la Iglesia cada domingo? Cada domingo la Iglesia celebra en comunidad la muerte y resurrección de Cristo. Es la pascua semanal. En eso radica su importancia. Es el día que la Iglesia se viste de fiesta y hace fiesta porque el Señor ha resucitado. Es el día de la alegría por la Resurrección. Por eso la Iglesia se reúne en familia: para celebrar al Señor resucitado y nutrirse con los frutos de este acontecimiento. Es comprensible que si la motivación para ir a Misa se reduce al simple hecho de que "hay que ir", uno termine perdiéndole el sentido y cuestionando su importancia. No perdamos de vista, pues, que la Iglesia invita a participar de la Misa cada domingo porque es lo mejor para nosotros. Es un don de Dios que no debemos desperdiciar. Nadie dice que sea fácil. Ser perseverante implica sobreponerse a varias dificultades. Sin embargo, sólo considerando su sentido profundo y comprendiendo todo lo que está en juego es que vamos a descubrirnos movidos a responder a la invitación del Señor a encontrarnos con Él. Quisiera terminar con unas palabras del Papa Juan Pablo II muy adecuadas para esta reflexión: "¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir El descubrimiento de este día (el domingo) es una gracia que se ha de pedir, no sólo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino también para dar una respuesta concreta a los anhelos íntimos y auténticos de cada ser humano. El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida (Dies Domini, 7)". Que Dios los bendiga, P. Gonzalo |