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Reseña Histórica del Santo Rosario en el Nuevo Reino de Granada

A partir de la fecha iniciamos la transcripción de la obra denominada " PRACTICA Y DIFUSION DEL ROSARIO EN EL SIGLO XVI EN EL NUEVO REINO DE GRANADA (Hoy Colombia),escrita y presentada por el Padre Leonardo Ramírez Uribe, S.J. en el Congressus Mariologici-Mariani Internationales Caesaraugustae Anno 1979 Celebrati.

Por primera vez en la historia de los Congresos Mariológicos Internacionales podemos presentar la imagen de María la Virgen Madre de Dios desde América y más concretamente desde tierra firme. Rastreando su presencia, no es difícil encontrarla una y otra vez, en una otra forma, destacada desde el principio como la gran evangelizadora en las tierras recién descubiertas.

Entre la diversas imágenes de una idéntica realidad espiritual, el Rosario de María y Santa María del Rosario, se presentan como una vivencia histórica y religiosa que matizó desde los comienzos mismos del descubrimiento y la conquista de la Nueva Granada sus características espirituales y ha trascendido hasta nuestros días.

La presencia de María es común en las tierras descubiertas y colonizadas por los españoles y portugueses. Seguramente, de acuerdo con la piedad ancestral de los conquistadores provenientes de diversos sitios y acompañados por misioneros y capellanes de distintas comunidades religiosas o de diferentes diócesis de las metrópolis colonizadoras, el aspecto de la devoción mariana de cada una de ellas, se reflejó rápidamente en las faenas apostólicas.

En lo que hoy conforma la llamada República de Colombia,único país de Sur América bañado por ambos óceanos y que en la época de la conquista y la colonia se denominó " El Nuevo Reino de Granada", por haber sido granadino el más ilustre de sus conquistadores, el capitán Don Gonzalo Jiménez de Quesada, y a cuyo territorio actual habría que añadir parte de la hermana república de Venezuela y toda la actual república de Panamá " La advocación de Nuestra Señora del Rosario se hizo popular y frecuente, por la presencia, como es natural, de los dominicos en la evangelización del Nuevo Reino" (1).

Su propagación en él no fué casual, sino tácticamente ejecutada a través de cinco elementos fundamentales en los cuales he tratado de dividir esta monografía.

I - EL ROSARIO EN EL CORAZÓN DEL NUEVO REINO

Los conquistadores del Nuevo Reino de Granada y los fundadores de la ciudad de Santa Fé de Bogotá, traían en sus manos el Rosario. No lo digo pensando en Fray Domingo De las Casa, dominico, primo del famoso obispo de Chiapas, quien fuera el capellán de la expedición organizada por Gonzalo Jiménez de Quesada, que partió el 5 de abril de 1536 del puerto de Santa Marta en busca del nacimiento del Río Grande de la Magdalena. Fue el Padre De las Casa quien celebró el 6 de agosto de 1538 la misa como acto central de la fundación de la futura capital del Nuevo Reino(2). Es de creer que Las Casas rezara, con los hombres a quienes sirvió de guía espiritual, cada día el Rosario.

Tampoco me baso en aseveraciones como la del historiador y jesuíta español Constantino Bayle, quien, describiendo con detalle la vida de los hombres que decidían embarcarse para las Indias, escribe:

"Pero no era raro ver a ciertas horas unos cuantos pasajeros, aun de los rudos...retirarse del bullicio, y asentados sobre un tonel, o un rollo de jarcias, quién sacar un rosario;quién un libro, y santiguándose...rezaban...a Nuestra Señora"(3).

Los datos consignados aquí y allí por los primeros cronistas de aquella expedición hacia las entrañas de aquellas tierras indómitas son mucho más valiosos que las meras suposiciones generales.

Me parece importante suministrar datos brevísimos sobre la expedición de Quesada. Dijimos que salió el 5 de abril de 1536 de la ciudad de Santa Marta, recién fundada por Rodrigo de Bastidas. La expedición se dividió: 600 hombres de pié; 60 a caballo y 200 en embarcaciones que se remontaron por el Río Magdalena. En los dominios del cacique Tamalameque, en la margen derecha u oriental del río, se reunió la expedición. De este lugar trataremos más adelante. Dista de Santa Marta 560 kilómetros y del lugar donde fundarían a Santa Fé, 715. A los hombres del río les habían ocurrido toda clase de percances. No llegaron ni un centenar. Los de tierra habían padecido mucho. Querían devolverse. Quesada, apoyado por el Padre De las Casas, logró reanimarlos y continuar la marcha. Más adelante, la situación mejoró mucho, pero lo cierto es que al llegar al Valle de los Alcázares, solo 166 de los 800 estaban vivos!(4).

Cuando el primer historiador dominico del Nuevo Reino Fray Alonso de Zamora, narra estos episodios, describe detalladamente los animales, las plantas, los montes, las selvas, los ríos de las tierras que se abrían por primera vez ante los ojos de los conquistadores. Rastreando aquellas páginas, para mí fue también una conquista y un hallazgo que me abrió el horizonte en esta monografía, la lectura de este párrafo:

"El vihao. Son unas matas muy altas, cuyas ojas son tan grandes como las del plátano en las tierras cálidas...tienen flores coloradas y su fruto son unos granos negros duros, que sirven de cuentas para los rosarios"(5).

Dato antropológico precioso. Me hizo preguntar, si aquellos mismos hombres de Quesada, entre penalidades y aventuras, enfermedades y emociones, fabricaron con ellas los primeros toscos rosarios del Nuevo Continente para honrar con ellos a Nuestra Señora. Esta es de las plantas silvestres más comunes en Colombia(6).

Hay algo más. Los cronistas más antiguos de aquella empresa de conquista, la más grande realizada en el territorio de la actual Colombia, se detuvieron para relatar este hecho que Zamora refiere así:

"A un valiente soldado, llamado Francisco de Tordehumos, que ya no podía moverse dexaron al pie de un tronco, á la misericordia de Dios, que fue servido de darle fuercas, para caminar y llegar despues de algunos días al Valle del Alferez. Refirió que en aquel su desamparo, se encomendaba a Dios con dolor de sus pecados, y lagrimas de su corazon; y que entre las angustias de la muerte, se transporto un poco en que dezia se le avia aparecido una bellísima señora, assegurándole, que no moriría, hasta que viera el final de su jornada. Y dispertando, me hallé (dixo) tan sano, y fuerte como estoy. Este dichoso soldado quedó tan reconocido a este beneficio, que en su memoria, y amistad que tuvo con el P. Fr. Domingo de las Casas; por que aviéndole confessado para morir en aquella soledad, al tiempo de despedirle, le encargó, que llamara á la Virgen Santissima, rezando su Rosario, que no faltó jamás a su devoción, asistiendo en nuestra Iglesia"(7).

Zamora es el único que afirma expresamente que Tordehumos hubiese rezado el Rosario. Los demás relatan la visión de la "Bellísima Señora"(8). Leyendo por primera vez al dominico, pensé que podría tratarse sólo de una piadosa añadidura, pero la fuente aducida por Zamora, el Padre De las Casas, es tan digna de crédito, que no dudo de la veracidad del hecho. Siempre me he preguntado por qué no escribió unas memorias detalladas de los acontecimientos que él con Quesada y los demás conquistadores protagonizó de manera tan excepcional. A pesar de su silencio, debido tal vez a turbulencias de la vida posterior de Las Casa (9), no es verosímil pensar que entre sus hermanos de religión no se transmitieran muchos episodios de la vida de aquel fraile que a los 29 años fue el primero que celebró la misa sobre la Sabana de Bogotá (10).

También a la hora de la muerte le resulta consolador al capitán Gonzalo Suárez Rendón, fundador de la ciudad de Tunja, el 6 de agosto de 1539, declarar en su testamento, otorgado en dicha ciudad el 19 de septiembre de 1579: " Declaro ser miembro de las Cofradías del santísimo Sacramento, de la Veracruz, de la Concepción y del Rosario"(11).

De todos es sabido que los conquistadores no siempre fueron modelos de vida cristiana. La codicia, la envidia, la crueldad los acompañaban, a menudo, de día y de noche. Algunos sobresalieron por su maldad. En el Nuevo Reino figuró como verdadero ejemplar de mal proceder el tirano Lope de Aguirre. Dicen que mató a puñaladas a su propia hija. Uno de sus propios soldados le cortó la cabeza en la ciudad de Mérida (hoy Venezuela). Y concluye Zamora su juicio:

"Este fue el fin desastrado de Lope de Aguirre, cuyas atrocidades y tiranías pusieron en arma á este Reyno el año 1561...Aborrecía á los soldados, que rezaban el Rosario, ó tenían otras devociones, diciendo, que no los queria tan Christianos, sino que tal vez, si fuesse menester, jugassen las almas, con el denomio á los dados"(12).

Uno tras otro, aquí allá, van apareciendo hombres de la conquista que no sólo tuvieron el rosario en sus manos, sino que fueron inexplicablemente perseguidos por tenerlo, como si fuese un delito.

Con el descubrimiento y conquista del reino de los chibchas y con la fundación de Bogotá, que se perfilaba rápidamente como capital del Nuevo Reino, surgía una nueva inquietud: la evangelización de los nativos. Para ello, los religiosos misioneros franciscanos y dominicos se aprestaron a fundar sus conventos.

Diez y seis religiosos se congregaron en unas pobres viviendas de paja. Entre ellos se encontraba el hermano lego Andrés Jadraque, quien, según algunos, más tarde será el célebre interventor en la pintura del cuadro de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquira(13)

Según acta levantada el 26 de agosto de 1550, doce años y veinte días después de la fundación de Santa Fe, la Religión de Santo Domingo y la de San Francisco fundaron sus conventos "para la conversión de los naturales y para buen exemplo y Doctrina de los Españoles"(14). Al respecto Flórez de Ocariz dice:

"La Religión de Santo Domingo estuvo sujeta a la Provincia de Lima, y desunida, su título esta de San Antonino y su convento de Santafé que es la cabeza, de Nuestra Señora del Rosario"(15)

Era entonces Vicario General de los dominicos para el Nuevo Reino el Padre José de Robles. Dos años más tarde regresó a su convento de San Pablo en Sevilla. Se encargó de seleccionar y destinar a los religiosos de su Orden que se ofrecían para ir a las Indias(16). Y entonces,

"mandó hazer la milagrosa Imagen de N. Señora del Rosario, para que authorizando con ella su Convento, fuera la reliquia de mayor veneración, y milagro, que tiene esta Ciudad de Santa Fe"(17).

Fue esta imagen por siglos muy venerada en el hoy demolido templo de Santo Domingo de Bogotá. Cuando se celebró el cuarto centenario de la fundación de la ciudad, 6 de agosto de 1938, en un precioso album dedicado por el Cabildo como homenaje a la capital colombiana, el historiador Daniel Ortega Ricaurte escribió una página que aqui transcribo en sus apartes principales y cuyo título es La Virgen del Rosario, primera escultura que llegó a Bogotá:

"Cuando la imagen estaba depositada en la Iglesia de Santo Domingo de Cartagena... para ser traída a Bogotá, llegó a aquel puerto el Marqués de Cañete de paso para el Perú, a donde se dirigía con el cargo de Virrey; estando allí enfermo gravemente uno de los hijos del Marqués y este pidió que le prestaran la imagen del Niño que la Virgen llevaba en sus brazos, para depositarlo en los del niño moribundo. Cuando sano el enfermito, el Señor de Cañete, continuó su viaje, pero llevándose a Lima al Niño Dios, el que no restituyó, sino años después, en la hora de su muerte.

La Virgen del Rosario sin su precioso hijo entró a Santafé en solemne procesión, en el año de 1556. El niño sevillano fué sustituído por otro de escultor granadino, por lo cual dice el cronista Vargas Jurado: "La Madre de Dios del Rosario es chapetona, y el niño, criollo" (18)

"El trono de plata labrada, bajo el cual reposa la Virgen, fué donado por el Gobernador don Francisco Alvarez de Velasco"(19).

Esta joya de la escultura sevillana, muy pronto fue llamada y tenía en la peana de sus pies el título de La Virgen de los Conquistadores. A ella le dedicó el historiador Zamora su trabajo historial(20). El niño jamás le fue devuelto, a pesar de la última voluntad del Marqués de Cañete(21). Nuestro ya nombrado Tordehumos y su esposa, Paulina Velásquez, le habían regalado varios botones de oro y perlas para su corona(22). " Esta de Santafé está jurada por patrona de las Armas Reales con solemnidad de fiesta por ello, los lunes de cuasi modo, en conformidad de Real cédula y por elección"(23).

A tal punto había llegado el amor de los santafereños por la imagen que muy pronto la calle donde estaba ubicada la iglesia de Santo Domingo, en cuyo recinto se encontraba, la empezaron a llamar Calle del Rosario(24).

Y no era lo externo lo que más contaba. Aun historiadores extranjeros, pero tan dignos de crédito como el Padre Rubén Vargas Ugarte, sostienen que la devoción aMaría en el virreinato de Nueva Granada se difundió mediante el Rosario. Leamos este aparte:

"Siendo prior del convento (de Santafé) Fray Tomás de Mendoza, se instituyó cofradía en honor de la Virgen del Rosario y bien pronto se inscribió en ella lo más granado de la ciudad. El 6 de octubre de 1558 (20 años dos meses después de fundada Santafé), primer domingo de octubre, inauguró sus actos, y el Obispo Fray Juan de los Barrios (primer obispo de la ciudad), no solo fué el primero en dar su nombre, sino que además concedió cuarenta días de indulgencia a cuantos se alistasen como cofrades, obteniendo el cargo de Prioste Juan de Penagos (alcalde mayor de la ciudad). La Confradía contribuyó en gran manera a acrecentar la devoción a esta imagen..."(25)

Quiero hacer hincapié en el valor comunicativo que en la época se le daba a la imagen. El Rosario estaba asido a algo tan real y palpable como la recientemente llegada imagen de la Virgen del Rosario, ya con fama de milagrosa, llena de una incomparable bondad que hacía sentir confianza plena a sus devotos(26). La imagen ha sido, pues, siempre uno de los grandes elementos de la catequesis católica en todo tiempo y una devoción tan sólida como el Rosario, ha tenido sus puntos de apoyo muy concretos en imágenes, cofradías, capillas, lienzos y en las mismas cuentas del Rosario. Solo así podría difundirse y perdurar.

Nuestra gente no se contentaba con episódicas manifestaciones de veneración a la Virgen del Rosario. La hermandad estuvo firmemente organizada de suerte que tuviera sus funciones propias. Así lo dice Flórez de Ocariz:

"Tiene hermandad de la gente más principal de la República, con nombre en los varones de Veinticuatros y en las hembras de cincuenta y cincos por las cuentas del rosario"(27).

A parte de esta hermandad, una Cofradía compuesta por los mercaderes y los de otros oficios, acudía todos los días al anochercer a rezar el Rosario (28). Esta organización es importante, porque

"El énfasis (de la cofradía) se pone...más en la contribución en sí, que en el carácter de asociación, por otra parte muy limitado en feligresías tan dispersas y difícilmente comunicables"(29).

Es fácil concluir que la presencia de Nuestra Señora del Rosario centró de manera eficaz el ritmo espiritual mariano de la recién fundada capital del Nuevo Reino. La sola inscripción del obispo Juan de los Barrios en el libro de dicha Cofradía es muy significativa, si se tiene en cuenta que casi desde el comienzo del ejercicio de su ministerio pastoral tuvo fuertes diferencias con los dominicos, pero en nada lo cohibieron para mostrar su gran devoción por el Rosario(30).

A la venerada imagen, pronto se le construyó su capilla propia. La iniciativa partió del Padre Fray Francisco de Garaita,"docto, estudioso y gran devoto de la Virgen del Rosario" y que mereció, estando en oración ante la imagen, que la Virgen le hablase para pedirle que le edificara su propia capilla(31). Los vecinos colaboraron sin titubeos. El ya mencionado alcalde Juan de Penagos, había descubierto nada menos que las riquísimas minas de esmeraldas de Muzo, todavía hoy en plena producción y de las cuales se extraen las más finas del mundo. Colaboró con fuertes sumas y mando en su testamento que su cuerpo fuera enterrado en la capilla de N. Señora del Rosario(32).

El piadoso y perpetuamente agradecido con la Virgen del Rosario, Francisco de Tordehumos aportó cuantiosos donativos(33). En cumplimiento de un voto hecho a la hora de su gran angustia en la serranía del Opón, jamás dejó la devoción del Rosario pero además dotó el convento del Rosario de Santa Fé con una capellanía que dejó fundada. Tambie´n por voluntad suya, fue sepultado en la capilla del Santo Cristo de la Expiración. Tal vez a estos dos influyentes ciudadanos se les debía el nombre de la Calle del Rosario(34). Juan Ortega encomendadero de Zipaquirá, contribuyó también con dotanitos de importancia(35).

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