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HISTORIA E COMENTARIOS
Por Xosé Ramón Barreiro Fernández Inicio del encuentro
2º Nas mans do presidente da Real Academia Galega nunca se pon o sol. Xosé Ramón Barreiro Fernández (Ribeira, 1936) é un tipo grande en moitos sentidos, que fala en si bemol, que conta o seu capital en libros e que non perdoa o seu chato de Tío Pepe cando o reloxo marca a unha. -¿Non é contraproducente que o Día das Letras sexa festivo? A mensaxe pode afogarse nas praias... -É normal que a xente vaia á praia ¿Por que non ía ir? O Día das Letras é importante porque se para a vida de Galicia, porque os que queiran poden participar. Se non o fixeramos festivo, perderiamos o referente que significa un día de descanso, e as horas que nos dedica a televisión. -¡E as portadas en galego! -Je, je, e os fascículos e os libros que dedica La Voz de Galicia a tratar o tema. -Hai quen ve hipocresía no de poñer a portada en galego só dous días ao ano... -Evidentemente. Pero o feito de que o día do cumpreanos da nai lle deas un agasallo, non quere dicir que deixes de querela todo o ano. -Lorenzo Varela escribía nos sesenta que a lingua estaba sendo «somerxida» pola dominación dos de fóra e pola complicidade dos de dentro... -Falaba dun contexto clarísimo, dunha ditadura, da oposicion dos de fóra e a complicidade dos franquistas, que nunca moveron un pé para cambiar eso. -¿E tería sentido a frase de Varela na época actual? -En absoluto. Agora, o que non o fai é porque non quere, non é porque haxa complicidades ou enemigos. -¿Un intelectual ten tempo para a vida mundana? -Home, se non sería unha máquina. -¿Pisa as tabernas? -Todos os días teño un chambo a onde vou tomar o meu Tío Pepe á unha. -¿Pero dentro desa botella con chapeu hai viño? Non sabía de ninguén que o tomara.. -É un estomacal, un viño estupendo, un dixestivo. -¿E con esa voz ronca non lle deu nunca por cantar? -¡O que é o fumar e o beber! Eu era tenor segundo, logo baixei a barítono e agora a baixo. Pero para cantar hai que dedicarlle tempo. -¿E cantar misa? -Cheguei a cantala. -¿E que foi do cura? ¿Que pasou polo medio? -Cousas personais, crises de fe... eu ía para bispo. -Igual agora estaba en Roma con Ratzinger... -¡Horrible, eso sería horrible!, estou radicalmente en contra dos seus postulados. Alá os católicos. -¿Onde ten 30.000 libros? -Vinte mil nun piso, e outros, noutros pisos. -¿E a súa muller nunca lle dixo que xa estaba ben? -Agora xa está asociada, sabe que todos eses libros forman parte dos gananciais, son tan dela coma meus. -¿Manexa ordenadores? -Nada, son un túzaro. -¿Nunca toca un rato? -¡Nin rato nin rata! -Ja, ja, como o Ratimón. -Destes inventos infernais, nada, comprendo que son fundamentais, pero que non crea a xente que por ter acceso a Internet ten cultura. -Póñase no caso: 17 de maio do 2046, Día das Letras en homenaxe a Xosé Ramón Barreiro ¿como lle gustaría que fora? -Ja, ja, ja. Polo menos, coma este, que se manteñan os actos e
que as editoriais publiquen libros da persona homenaxeada. Que así
sexa. Xosé Ramón Barreiro Fernández Fueron las comunidades gallegas de América quienes, con su entusiasmo patriótico y su generosidad económica, hicieron posible la constitución de la Real Academia Galega en el año 1906, año en el que S. M. el Rey Alfonso XIII aprobó sus estatutos. En la más absoluta soledad, por lo que a instituciones dedicadas a nuestra cultura se refiere, con una Universidad que vivía de espaldas a nuestra realidad cultural, nacía la Academia Galega con el firme propósito de investigar y difundir nuestros valores culturales y muy especialmente la lengua gallega. En estos casi cien años de vida ha procurado, con mejor o peor éxito, cumplir sus objetivos programáticos, aunque haya tenido que pagar en determinadas circunstancias históricas un elevado peaje para sobrevivir. Durante cuarenta años de dictadura franquista no pudo cumplir eficazmente, por razones obvias, su compromiso con la lengua gallega. Ahogada económicamente, entre otras causas, porque las subvenciones procedentes de América se interrumpieron en el año 1936, e imposibilitada oficialmente para investigar y proteger el idioma gallego, tuvo la dignidad suficiente para resistir, cumpliendo algunos de sus imprescriptibles compromisos de forma semiclandestina. El sillón vacío y nunca ocupado de Castelao, miembro numerario, simbolizó, en cierta manera, esta forma de resistencia. La Real Academia Galega, actualmente constituida por treinta miembros de número y sesenta correspondientes, dedica hoy sus mayores esfuerzos a la investigación y fomento de la lengua gallega a través de sus seminarios de Lexicografía, Sociolingüística, Terminoloxía Científico-Técnica en lingua galega, Onomástica, Gramática, Literatura e Historia. Más de un centenar de investigadores, integrados en los distintos seminarios, colaboran activamente en este objetivo. Conforme a la ley de Normalización Lingüística, vigente en la comunidad autónoma gallega, se reconoce a la Real Academia como autoridad para la normativización del idioma gallego. En virtud de esta facultad estudia y revisa periódicamente las Normas Ortográficas e Morfológicas do Idioma Galego, la última de ellas publicada en el año 2003. Si la Academia tiene, en exclusiva, la responsabilidad normativa para la actualización y el uso correcto de la lengua gallega; por lo que respecta al fomento y estudio de la lengua gallega existen hoy en Galicia otras instituciones, además de las tres universidades gallegas, como son el Consello da Cultura Galega y el Centro de Estudos Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades, que junto con Dirección Xeral de Política Lingüística de la Xunta de Galicia, trabajan en esta dirección. Una de las responsabilidades de la Academia y de las instituciones citadas es la de auscultar permanentemente el estado de salud de la lengua gallega. Y desde hace algunos años se está constatando un hecho preocupante: la caída del uso del gallego en la juventud, especialmente en la juventud urbana. No se trata de elaborar un informe dramático del uso de la lengua gallega, sino de presentar algunos rasgos inequívocos de defecciones, de deserciones. Nuestros estudios revelan que el 62,4 % de los gallegos reconocen que el gallego es su lengua inicial; frente al 26 % que tienen al castellano como lengua materna y un 11 % que acredita que su lengua inicial es por igual el gallego que el castellano. Este dato no es preocupante como no lo es que el 97% reconozcan que entienden el gallego; que el 86,4 % se consideran capaces de hablarlo; que el 45 % tienen interés por leerlo; o que el 70 % reconocen que hablan sólo o preferentemente el gallego. La preocupación empieza cuando analizamos el uso del gallego por edades. Entre los 16 y 25 años, el 53,4 % de los entrevistados reconoce que su lengua preferente es el castellano. De consolidarse esta proporción nos encontraríamos con que empieza a resentirse la reproducción del gallego en la juventud, que es el vehículo normal y habitual de reproducción en la sociedad. Quien conozca la configuración social de Galicia sabe que hay tres niveles poblacionales perfectamente definidos: el urbano, el semiurbano y el rural. Mientras que en los sectores rural y semiurbano la fidelidad a la lengua está bastante consolidada incluso en la juventud, no sucede lo mismo en las ciudades. Estamos hablando del uso oral de la lengua, pero hay otras constataciones también preocupantes, por ejemplo, la reducción del mercado del libro en gallego. Aunque no sea yo la persona más capacitada para hablar de este tema, sí me afecta en cuanto significación social que supone por la caída del uso de la lengua que conlleva. En el año 2003 se han publicado en gallego 1828 libros, que significan el 2,5 % de los libros editados en España, muy lejos del 11,4 % de libros escritos en catalán y poco superior al 2,1 % de libros impresos en eusquera. La reducción de este mercado todavía se pone más de manifiesto en las cortas tiradas de la mayoría de los libros en lengua gallega, lo que produce una grave crisis editorial en nuestro país. Para poder situar adecuadamente el problema editorial será conveniente recordar la experiencia llevada a cabo por el periódico La Voz de Galicia en el año 2003 que, contando con la colaboración de las editoriales y de los autores, situó en el mercado 100 títulos en lengua gallega por un precio muy módico. La experiencia tuvo tal éxito que se colocaron más de 10 millones de ejemplares. Aún cuando esto se vio favorecido por el despliegue poco habitual de una gran propaganda, este hecho parece revelar que el mercado editorial en gallego está abierto y que es el precio y no la lengua lo que limita este mercado. Es decir, que si gracias a una inteligente y valiente política de los poderes públicos fuera posible el abaratamiento de los costos de la producción editorial, el mercado podría seguir funcionado en forma positiva. No hay, pues, rechazo a la lengua. La normalización del gallego y la captación de la juventud para su uso no pueden hacerse exclusivamente desde las instancias educativas o académicas, que conllevan siempre el peligro de la instructiva resistencia. Es necesario que la normalización de la lengua acompañe al joven en su desarrollo: en el cine, en el teatro, en el deporte, en el ocio. No proseguimos en esta línea para que mi comunicación no se convierta en una radical crítica a la forma con la que los poderes públicos afrontan estas realidades. Cuando los padres de la vigente Constitución Española, promulgada en el año 1978, la diseñaron como un proyecto de vida en común, tuvieron presente como uno de sus ejes estructurales el «proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas, tradiciones, lenguas e instituciones» y de acuerdo con esta premisa dispusieron en su artículo 3 que el castellano «es la lengua oficial del estado y que las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus estatutos» y añade: «la riqueza de las distintas nacionalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Es decir, que las lenguas que se hablan en España pertenecen al patrimonio del Estado, no sólo al patrimonio de una autonomía. Constituyen una riqueza que el Estado debe tutelar y proteger, algo a lo que no se le puede dar la espalda sin menoscabo del patrimonio histórico estatal. El hecho de que existan autonomías y que éstas, de acuerdo con la sensibilidad del partido que las gobierne, protejan más o menos, según las circunstancias y los lugares, a sus lenguas, no disminuye en nada la responsabilidad del Estado que, para ello, tiene una competencia radical. Después de 25 años de vigencia de la Constitución quizá llegó el momento de plantearse cómo los gobiernos han cumplido con esta obligación. Tomado el pulso a la realidad, el hecho de que existan disimetrías en los avances y retrocesos de las lenguas minoritarias del Estado debería preocupar a todos y en consecuencia asumir las cuotas de responsabilidad. Quizá también ha llegado el momento en que el Gobierno del Estado, al trazar sus estrategias presupuestarias, deba tener en cuenta que existen valores tan hondamente integrados en el humus de nuestras sociedades, que precisan aportes y apoyos para que la globalización no elimine nuestras señales de identidad. Quizá llegó el momento de que el Estado tome más en serio el cumplimiento de unos objetivos y promesas formulados en el texto constitucional. Hace años, el profesor don Antonio Tovar vino a América con el exclusivo objetivo de grabar en una cinta magnetofónica las palabras de una anciana antes de morir. Era la superviviente de un pueblo y de una lengua que con ella desaparecía para siempre. En algún lugar de España estará esta cinta. Nadie, que yo sepa, ha llorado la muerte de aquella lengua. Que no tengamos un día que llorar la extinción de alguna de nuestras lenguas en las que se escribieron los poemas más hermosos y la épica más gloriosa. Que tampoco se nos condene a buscar la supervivencia en otras lenguas muy próximas a la nuestra. O olimpo galego: O PINDO
Quen é o que mora aqui, que entregue xente Quen ten habitación nestes penedos Quen brinca sobre as pedras cabaleiras quen anda por aí nas penasqueiras, de Darío Xohán Cabana, do seu libro Pátria do mar . Cumio do Pindo Desnivel: 623 metros Amáis de impresionar pola súa altitude, chama a atención polas extranas formas das súas rochas, que o maxín humano viu nelas figuras de monstros, animais e persoas, o que lle confeiu un carácter lendario e misterioso. O Padre Sarmiento fai unha ampla referencia a este monte decindo que o seu nome se lle puxo pola semellanza co Monte Pindo de Grecia. El mesmo recolle varias lendas sobre a zona, como que la erba medra moito da noite prá mañán ou que alí acodían as parellas estéris, coa intención de ter descendencia. Otero Pedrayo chámao “gran testa xupiteriana”. Pero o Monte Pindo ten tamén unha historia real, documentada e coñecida, sobre a que existen certas contradicións acerca de fortalezas e outro tipo de construcións que noutrora se levantaron na zona. Na Idade Media, esta zona debeu desempeñar un protagonismo importante na defensa destes territorios, como revela J. Barreiro Barral, sobre todo a de San Xurxo, sobre o monte Pedrullo (Pindo-Carnota) e a de Canedo (San Mamede-Carnota), de patrimonio real e que despois pasaron á Igrexa e ós Condes de Traba, sendo derribadas na revolta irmandiña de 1467. A fervenza, abanqueiro ou cadoiro do río Ézaro, nun estribo
do monte Pindo, foi dunha grande beleza mentres as industrias non represaron
a auga do salto, daquela un dos máis grandes de Galicia, para a
producción de enerxía eléctrica. A fermosura da paraxe desapareceu coa estiñaxe da cachoeira; pero di Otero Pedrayo, en Guía de Galicia, que non desapareceu o Pindo, que segue sendo un dos Olimpos eminentes dos países célticos, como asemade o Barbanza, a Capelada, Santa Tegra e outros fachos de Galicia non menos importantes. Pedra da moa : pedra que existe no cumio rochoso do Monte do Pindo ,
de grande importancia relixiosa nos tempos pasados. Está rusticamente
labrada, posúe unha vara de espesura, é máis ben
oval ca cuadrada, poden acomodarse nela de 20 a 30 persoas de pé,
e no seu centro hai unha lenda que algúns supoñen grega
e que semella aludir ó lugar noxento en que certas doutrinas e
prácticas idolátricas tiñan asento, sendo isto motivo
de que reis, bispos e cregos excomungasen aquel recinto da comarca de
Muros. [ Breviario Enciclopédico de Eladio Rodríguez] (facendo
alusión a ritos profanos de fecundidade). Cama do home : nome que dan a unha pedra que existe na arroquia de Taboadelo (Pontevedra) que, segundo a tradición recollida por Murguía, tiña a facultade de tornar fecundas as mulleres estériles. En Galicia existen outras pedras que gozan do mesmo privilexio entre as xentes crédulas. O Padre Sarmiento cita algunhas como a que no seu tempo estaba ó pé da ermida de San Guillerme, en Fisterra, e que era, di, como unha pía ou cama de pedra na que se deitaban a durmir home e muller que por seren estériles ían a aquela ermida, e alí, diante do santo, enxendraban, acto que se mandou prohibir por indecoroso. O mesmo acontecía no Pindo con outra rocha semellante, segundo
o propio bieito, quen non se esquece de adverti-la identidade do costume
e do obxecto que subxace entre a pedra do Pindo e a de Fisterra. Cómo llegar O PINDO (IGLESIA) La vía principal que recorre la localidad es la carretera C-550 de Fisterra a Tui por la costa. NOTAS: Las autopistas A-55 y A-9 tienen un peaje bastante barato. La carretera de Noia a O Pindo permite disfrutar de excelentes vistas aunque es muy sinuosa y peligrosa por lo que es recomendable conducir con precaución. El tramo de la C-552 entre A Coruña y Carballo es bastante peligroso con lo que tomar la autopista A-55 nos hará ahorrar bastante tiempo y es más seguro. Una línea de autobuses de la compañía 'Arriva' con parada en O Pindo hace la ruta A Coruña-Cee-Muros varias veces al día. Otra línea conecta Cee con Santiago. Datos Fuentes de riqueza Servicios públicos Población Datos de interés para el viajero Fotografías ISLAS LOBEIRAS A Costa Da Morte ha sido escenario de innumerables naufragios lo que atestigua la enorme peligrosidad de sus aguas. En la Ría de Corcubión los hundimientos se cuentan por decenas. Al menos una veintena de embarcaciones naufragaron frente a O Pindo, en los islotes de Lobeira Chica, Lobeira Grande y O Carrumeiro o bien en sus proximidades. El más trágico desastre se produjo el 28 de Noviembre 1556, dia en el que murieron 1706 personas cuando 25 buques de la flota de la Armada Española que venían de Ferrol, capitaneados por Martín de Padilla se hundieron en la entrada de la Ría debido a un fuerte temporal. El denso tráfico marítimo que rodea estas costas, los frecuentes
temporales, la multitud de escollos y la presencia de muchos barcos pesqueros
de pequeño tamaño hace que en la actualidad todavía
se sigan produciendo naufragios, aunque cada vez con menos víctimas
mortales. Su cumbre llamada 'A Moa' es una impresionante elevación de 627 metros con fantásticas vistas a los cuatro vientos. -------------------------------------------------------------------------------- 1. CLIMATOLOGÍA
PONER AQUÍ EL FAMOSO MAPA ESQUEMÁTICO (PARA PARTIR EN DOS ESTE ENORME FRAGMENTO DE TEXTO) DE FORMA QUE PUEDAN SEGUIRSE LOS ITINERARIOS EN EL MAPA MIENTRAS SE LEEN. Subida desde Ézaro (itinerario alternativo): Subida desde Caldebarcos (itinerario alternativo): 5. VEGETACIÓN Una joya botánica, encontrada únicamente en estos montes, es el Roble enano (Quercus lusitanica) : Endemismo ibero-occidental norafricano en peligro de extinción, ausente de todo el territorio gallego. Un incendio producido el 2 de Abril del 2000 quemó 800 hectáreas del Monte Pindo afectando seriamente a esta especie. Está todavía por ver si se establecen las medidas necesarias para su recuperación o si el roble enano desaparece para siempre. 6. NOTAS HISTORICAS Es probable que en el alto de O Pedrullo se levantara un torreón en el siglo X llamado Sant Jiurgium (San Jorge). El entonces obispo de Iria Flavia Sisenando II mandó su construcción. Después de pasar al poder de varios señores fue derribado por los Irmandiños en el año 1467. Barreiro Barral afirma que hace cincuenta años aún se podían ver parte de sus muros deshechos por los buscadores de tesoros. Actualmente sólo queda de él un montón de piedras. Debido a su difícil accesibilidad y a los numerosos lugares para
esconderse, el Monte Pindo sirvió de refugio a muchos huidos del
bando republicano durante la Guerra Civil. Turismo Las playas limpias y poco concurridas rodeadas de bellos paisajes son la norma común. Alejadas de las más frecuentadas zonas turísticas, disfrutan de las aguas más claras y de una agradable tranquilidad. Playa de San Pedro Alojamiento, bares y restaurantes:
SARDINA Y JUREL: Sazonados con sal gruesa y asados con leña o
puestos a la plancha. Habitualmente acompañados con rodajas de
patata cocidas con saly aderezadas con un chorro de aceite de oliva o
con un sofrito de cebolla y pimentón. El cultivo de patatas y hortalizas es el complemento perfecto para los frutos del mar.La cultura tradicional está presente en los bailes regionales o 'muiñeiras' que se practican en diversos festivales, en el patrimonio lingüistico (lengua, refranes, dichos populares), en las fiestas religiosas, en la arquitectura tradicional (casas de granito con estructura de madera, hórreos, iglesias, fuentes...) y en la riquezacultural de los oficios de la pesca y la agricultura. Es deber del viajero respetar todo este legado y contribuir a preservarlo. Fiestas y mercados San Clemente, patrón de O Pindo ALREDEDORES: El mercado tiene lugar todos los jueves. Es un mercadillo pequeño donde se pueden encontrar alimentos, ropa y calzado. ALREDEDORES:
Alrededores Carnota tiene uno de los hórreos más largos de Galicia (en el lugar de Lira), una playa de casi 7 km. de largo y unas marismas de interés ecológico. Las localidades de Corcubión, Fisterra y Muros conservan bellos cascos antíguos de interés histórico y artístico rodeados de magníficos paisajes. Se merecen por tanto una buena visita. Los siguientes son enlaces a las páginas de los Ayuntamientos cercanos. Estas excavaciones se hicieron de un modo incompleto, con pocos medios, y los restos encontrados, a falta de un museo comarcal, se extendieron por diferentes museos. Los resultados de estas investigaciones fueron poco divulgados. Los restos propios de la prehistoria gallega, como son los dólmenes y los castros, están bien representados en todo el territorio que abarca A Costa da Morte. Precisamente es en esta zona donde se encuentran los dólmenes más importantes que hay en nuestro país. En uno de ellos, el de Dombate (Borneiro-Cabana), excavado a finales de la década de los ochenta, se encontraron restos de pinturas de color negro y ocre que, junto con el de Pedra Cuberta (Treos-Vimianzo), son los únicos en los que se conservan este tipo de pinturas. Pero, además, hay otros dólmenes de interés, como A Pedra da Arca o Casa dos Mouros (Baíñas-Vimianzo), uno de los más grandes de Galicia, con cámara poligonal y corredor; A Pedra da Arca (Cerqueda-Malpica), A Casota dos Mouros (Berdoias-Vimianzo), cista de planta rectangular de menores dimensiones. La cultura castrexa también está representada en todo el territorio comarcal; en todos sus ayuntamientos existen yacimientos de este tipo. El yacimiento más conocido, sin lugar a dudas, es el Castro de Borneiro (Borneiro-Cabana), conocido también como A Cidá. En él se llevaron a cabo varias excavaciones, dejando al descubierto la mayoría de las construcciones existentes en el interior del recinto. Entre los materiales encontrados, podemos destacar: molinos de mano, moldes de fundición de metales, restos de cerámica, etc. Relacionada con la cultura de los castros, según Francisco Esmorís Recamán, podría estar también la legendaria ciudad de Duio, cerca de Fisterra. Sobre la presencia romana en esta parte occidental de Galicia, no hay muchos restos que lo confirmen. Son más las referencias legendarias que los datos reales. Hay autores que, interpretando textos clásicos, sitúan cerca de Cabo Fisterra las tres aras sextianas, en las que se rendía culto al emperador. También autores clásicos como Strabón o Floro, en sus referencias a la expedición de Décimo Junio Bruto, llevada contra los galaicos (137 a. de C.), nos indican que este militar romano no se retiró de nuestra tierra hasta contemplar, con cierto temor, cómo el Sol se ponía en el mar como si fuese una inmensa bola de fuego. La leyenda sobre la ciudad de Duio hace también referencia a la presencia romana; según cuenta ésta, en aquella ciudad era donde estaba el legado romano, siendo Filoto su pretor. Hay historiadores que hablan de una vía romana secundaria, la llamada per loca marítima, que desde A Coruña se dirigía a Corcubión y Fisterra, siguiendo un trazado semejante a la carretera actual. También se encontraron varias aras de origen romano en la zona, como las de Cores (Ponteceso) y Serantes (Laxe). Los restos más claros de romanización son los encontrados en las proximidades de la iglesia parroquial de Tines (Vimianzo), durante las excavaciones del año 1951, en las que aparecieron una necrópolis y restos de una villa romana. Cerca de la iglesia de San Xiao de Moraime también se encontraron restos de una construcción romana: un hipocausto con base de granito, un zócalo de ladrillo y numerosos objetos de cerámica, hierro y bronce. ÉPOCA MEDIEVAL Uno de los principales acontecimientos que sucedieron en la comarca durante la Edad Media fueron las invasiones marítimas de los pueblos normandos y musulmanes contra los núcleos costeros, sobre todo en los siglos IX, X, XI, lo que motivó que la población se retirase a vivir hacia tierras situadas más al interior. A partir del siglo XII comienzan a remitir estas razzias, aumentando la población de los núcleos costeros. Este hecho se puede comprobar en la evolución de pueblos como Corcubión y Cee, que como consecuencia del aumento de su población se traslada la ubicación de su iglesia parroquial. En el caso de Corcubión, de San Andrés de Canle a San Marcos; y en el de Cee, de San Paio de Refoxos a Santa María da Xunqueira. Entre los saqueos musulmanes llevados a cabo en esta parte costera, tenemos referencia de los ocurridos contra Fisterra, San Martiño de Duio y San Xiao de Moraime. La Historia Compostelana nos cuenta, que los árabes llegaron por dos veces al monasterio de Moraime: una en 1105 y otra en 1115; esta última, al mando de Alí-Ben Naimón. A la destrucción de este monasterio por las incursiones sarracenas hace referencia el rey Alfonso VII, quien confirma las donaciones que anteriormente le hicieron su abuelo Alfonso VI y el conde de Traba Pedro Froilaz. Durante el reinado de Enrique III (1390-1406), según nos cuenta Cornide, el corsario inglés Harri Pay incendia las villas de Gijón y Fisterra, llevando consigo el Cristo de Santa María das Areas. Las invasiones, que disminuyeron durante los siglos XII, XIII, XIV y XV, se volvieron a intensificar a partir del XVI y siguieron hasta el XVIII. El Cardenal del Hoyo también menciona un ataque pirata contra Fisterra, coincidiendo con su estancia en la villa. Durante la Edad Media, apenas existían sistemas defensivos en las zonas costeras para hacerle frente a las numerosas invasiones. Quizás la única fortaleza existente fuese el castillo de Vimianzo. Dentro de su patio aparecieron restos de muros de una construcción anterior. La zona del Monte Pindo debió desempeñar un protagonismo importante en la defensa de esta zona costera. Después del siglo X, según nos cuenta, J. Barreiro Barral, se levantaron tres fortalezas: la de los montes da Raña (Arcos-Mazaricos); la de San Xurxo, sobre el monte Pedrullo (Pindo-Carnota), y la de Canedo (San Mamede-Carnota). Las dos últimas fueron de patrimonio real y luego pasaron a la Iglesia y a los Condes de Traba, siendo derribadas durante la revuelta irmandiña de 1467. Pero será durante el reinado de Fernando VI y Carlos III, hacia mediados de siglo XVIII, cuando se construyan las fortalezas más importantes de A Costa da Morte: el castillo del Soberano, en Camariñas; el de San Carlos en Fisterra; el del Cardenal en Corcubión, y el del Príncipe, en Ameixenda (Cee). La estructura de estas fortalezas era muy semejante. Todas ellas fueron construídas sobre promontorios rocosos de la zona costera, con gruesos muros de mampostería, revestidos de sillares. Disponían de sistemas de troneras y aspilleras para situar las piezas de artillería. En su interior se levantaba una construcción para albergar las tropas. La parte que da hacia el mar se adapta a la forma del promontorio rocoso sobre el que se sitúa, mientras que la que se orienta hacia tierra adquiere forma poligonal. En la parte exterior tenían un sistema de fosos y baluartes defensivos alrededor de todo el recinto amurallado. Durante la Edad Media el foco de mayor influencia religiosa en toda la comarca lo ejerció el monasterio de San Xiao de Moraime (Muxía). Este cenobio benedictino, fundado hacia el siglo XI, estuvo desde el principio vinculado a la familia de los Condes de Traba. El rey Alfonso VII estuvo aquí refugiado durante los enfrentamientos entre el Conde de Traba y doña Urraca, madre del que sería el futuro rey. Los derechos jurisdiccionales de Moraime se extendían por varias parroquias de Nemancos y Bergantiños. Dependiendo también de su abad otros pequeños monasterios, como el de San Martiño de Cánduas o el de San Xoán de Borneiro. Al igual que sucedió con otros monasterios, durante la Baja Edad Media Moraime sufre el saqueo de la nobleza rural, que poco a poco se fue apoderando de sus propiedades, desoyendo las órdenes de los reyes para que dejaran libres sus tierras. Hacia finales del siglo XV, Moraime es anexionado al monasterio santiagués de San Martiño Pinario, siguiendo las directrices de la reforma monacal implantada por los Reyes Católicos. Por lo que respecta a la nobleza laica, que dominó buena parte de las tierra de esta comarca, destacan los condes de Traba, que según varias opiniones fueron oriundos de la parroquia del mismo nombre del ayuntamiento de Laxe. Esta familia dominó gran parte de las tierras del norte y noroeste de la costa gallega. Su poderío fue tal que en ocasiones actuaban como verdaderos reyes. Entre sus miembros sobresalió Pedro de Traba, ayo del futuro rey Alfonso VII, y Fernando Pérez de Traba, quien se encargó de la crianza del rey Fernando II. El poderío de este importante linaje decae a partir del siglo XIV, cuando sube al poder la dinastía de los Trastámara, después del asesinato de Pedro I, el Cruel, por su hermano Enrique, en Montiel (1369). El tronco familiar de los Traba dará origen a importantes ramas de la nobleza gallega, como los Moscoso o Condes de Altamira, quienes mantuvieron bajo su dominio gran parte de las tierras de esta comarca. Las dos jurisdicciones más extensas de A Costa da Morte (Corcubión y Vimianzo), estaban bajo su poderío. Pero, además, en la comarca hubo una nobleza de menor rango, como los Leis, Carantoña, Rioboo, Caamaño o los Pazos; muchos de ellos estaban al servicio de la Casa de Altamira, y más tarde constituyeron una hidalguía rural, que dominaba la mayor parte de las tierras, en donde construyeron sus pazos. ÉPOCA MODERNA Cuando después del siglo XIII se comienzan a formar los primeros núcleos urbanos alrededor del Camino de Santiago o en la zona costera, será cuando recobran cierta importancia las pequeñas villas de A Costa da Morte: Cee, Corcubión, Fisterra, Muxía, Camariñas, Laxe y Malpica. Esta comarca, lo mismo que el resto del litoral gallego, durante el Antiguo Régimen, verá aumentada su población con respecto a la Galicia del interior. El territorio que abarca A Costa da Morte estaba incluido en la antigua provincia de Santiago. Esta provincia pasa de tener una densidad media de 18,54 ha./km2, según el censo de 1591, a 57,24, en el censo de 1787, una de las densidades más altas, como el resto de las provincias atlánticas (Tui, A Coruña y Betanzos), lo que nos demuestra una concentración de la población en la zona costera. Este aumento de población en nuestra comarca lo podemos comprobar en la evolución de la parroquia de Cee. Año
De la misma manera que durante los siglos del Antigo Régimen la población experimenta un notable aumento, la agricultura, actividad prioritaria en esta época, a través de la roturación de nuevas tierras, aumenta la productividad para poder mantener esta población en alza. Este aumento de la productividad no se entendería si no se tiene en cuenta la introducción de dos cultivos nuevos: el maíz y la patata. El primero de ellos entra en Galicia a comienzos de siglo XVII, extendiéndose en seguida por las comarcas atlánticas y por los valles fluviales. Este nuevo cultivo provoca la eliminación de las tierras en barbecho, un aumento de la dispensa cerealística y la desaparición del hambre de gran parte de la población. La importancia que tuvo el maíz en la comarca de A Costa da Morte la podemos deducir por la gran cantidad de hórreos existentes, y por encontrarse aquí los de mayores dimensiones: Carnota, Lira, Ozón y Cereixo. Además del maíz se cultivaba también el trigo, el centeno, las habas, el lino, hortalizas y frutales. Más tarde será la patata, otra especie llegada también de América, que alcanzará gran importancia. La ganadería actuaba de complemento de esta agricultura de subsistencia, siendo el ganado vacuno el más abundante. Durante la Edad Media y buena parte de la Moderna en la mayoría de los puertos de A Costa da Morte se dedicaban también a la pesca de la ballena. El Licenciado Molina, en su obra Descripción del Reyno de Galicia (1550), se refiere a esta actividad diciendo que estos mamíferos marinos se acercaban a esta costa debido a la bravura del mar. Sobre estos puertos comenta: "son puertos altos, que es conmunmente donde acuden las vallenas". Este tipo de pesca se llevaba a cabo durante los meses de invierno, por pescadores vizcaínos o asturianos. Malpica era el puerto donde se pescaba el mayor número de ballenas, según nos relata el Cardenal del Hoyo, a principios del siglo XVII: "Esta villa es el puerto de mar donde se pescan más ballenas de todos los demás de Galicia. Péscanse cada año siete u ocho ballenas, dos más o menos, arriendan los vizcaínos, que son los que las pescan, al arzobispo, páganle cada año siete mil maravedís". También nos dice en estas mismas Memorias, que las villas de Fisterra y Muxía, fueron fundadas por vizcaínos y asturianos, lo que nos indica que tanto unos como otros debieron tener una importante presencia en nuestras costas. Con la llegada de los catalanes, a mediados del siglo XVIII, la pesca sufre un importante cambio. En la ría de Corcubión y Cee está documentada su presencia en el año 1755. Después se irán instalando en otras zonas costeras de la comarca, dedicándose al salazón de sardina y a los secaderos de congrio. Su presencia, en un primer momento, era sólo en la época de pesca; pero más tarde se instalan como residentes e imponen una nueva arte de pesca: la xábega, por su mayor productividad, en perjuicio de la utilización del xeito. Introducen además un cambio en las condiciones de trabajo; los marineros, que hasta ese momento trabajaban de manera autónoma, pasaron a ser asalariados de estos nuevos empresarios, que se hacen dueños de los medios de producción y comercialización. Este nuevo sistema produjo varios conflictos anticatalanistas, como el que se dio en la villa de Cee en el año 1757, cuando un grupo de unas setenta mujeres atacan a los empleados de fomentadores catalanes, destrozándoles los aparejos que utilizaban. Durante los siglos XVI y XVII, motivado por las actividades pesqueras que había en los pequeños puertos de A Costa da Morte, se van a producir unas intensas relaciones comerciales. En estos puertos se embarcan importantes cantidades de sardinas saladas, congrio curado y pulpo con destino al norte peninsular, a Portugal y a Levante, e importándose vino, cáñamo, hierro, etc. Esta comarca también tuvo cierta relación con las expediciones que llevó a cabo la Corona española en el Pacífico y en el Nuevo Continente. Durante los años que estuvo abierta la Casa de Contratación de A Coruña (1522-1529), salieron tres expediciones oficiales hacia las Islas Molucas, todas fracasadas. Una de ellas partió del puerto de Fisterra, financiada por el Conde de Andrade, compuesta por tres navíos, al mando de Diego García de Moguer. Al llegar a las costas brasileñas, se desviaron de su itinerario. Debemos destacar también la figura del insigne marino Francisco Mourelle de la Rúa (1757-1820), natural de la villa de Corme, quien participó en varias expediciones que la Corona española realizó en las costas del Pacífico de América del Norte, desde la base de San Blas (México), llegando a las costas de Alaska y realizando varios viajes a las Islas Filipinas. ÉPOCA CONTEMPORÁNEA Ante esta situación se organizó una resistencia entre la población de la comarca, a través de un plan de reclutamiento en toda la zona, situándose al frente de este ejército popular el párraco de Morquintián (Muxía) Pedro Lapido y el del Ézaro (Dumbría), Juan Domingo Pizpieiro, quienes buscaron el apoyo de las fragatas inglesas Endymion y Loire, fondeadas en la ría de Corcubión, que le aportaron armas y municiones. Mientras una parte de las fuerzas comandadas por Pizpieiro tomaban posiciones en Baíñas (Vimianzo), en Olveira (Zas) y en Paizás (Cambeda-Vimianzo), Lapido, con el resto de las fuerzas, se situaba en Vilastose (Muxía), para cortarle el paso a posibles tropas francesas procedentes de Camariñas. Sin embargo, estos movimientos de tropas no impidieron que los franceses, después de derrotar a las tropas situadas en Ponte Olveira, arrasaran las villas de Corcubión y Cee, mientras que los vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y refugiarse en los montes de los alrededores. Cuando las fuerzas de Lapido y Pizpieiro acudían en defensa de los vecinos atacados, los franceses ya se habían retirado. Días más tarde, saquearon de nuevo estas dos villas. El número de muertos no se conoce con exactitud, pero debió ser más alto que el que recogen los libros parroquiales, destacando el fusilamiento de los párrocos de Toba, Colúns y Mazaricos. Por el contrario, tuvieron poca importancia en la comarca los enfrentamientos entre carlistas y liberales, debido al alejamiento de las ciudades o zonas de influencia donde estaban más introducidas estas dos ideologías. Tenemos referencia, sin embargo, de la actuación en la zona de una banda de bandoleros, denominada Gavilla de Vimianzo, que asaltaron varias casas parroquiales y de familias ricas. La población de A Costa da Morte durante el presente siglo aumenta de forma moderada, inferior a lo que experimenta el resto de la provincia de A Coruña. Este bajo crecimiento es debido a la fuerte emigración que se produce primero hacia los países americanos (Cuba, Argentina, Uruguay, Venezuela, Brasil...) y a partir de los años sesenta hacia los de Europa Occidental. Otra huella importante de la emigración a América fue la fundación benéfico-docente creada por el filántropo ceense Fernando Blanco de Lema Suárez (1796-1875), emigrante a Cuba, que mandó construir un edificio para impartir la docencia primaria y secundaria. Durante los siglos XIX y XX pocos cambios se produjeron en la economía de la comarca. La agricultura seguía arrastrando los problemas de la época anterior; el sistema foral continúa en vigencia hasta bien entrado nuestro siglo; el tipo y el sistema de cultivos, también cambió muy poco. Con respecto a la pesca, el ilustrado Lucas Labrada a comienzos del siglo XIX, nos dice: "La pesca que se hace en Finisterre, Corcubión, Cee y El Pindo asciende anualmente a sesenta mil millares de sardina, 200 quintales de congrio, 1.500 de merluza y 300 de abadejo". Será precisamente a lo largo del siglo pasado cuando se instalen las industrias de salazón por las familias catalanas, actividad que, de manera esporádica, se inició en el siglo anterior. La instalación de estas factorías se concentra principalmente en la ría de Corcubión: Quilmas, Brens, Corcubión y Duio son los principales enclaves. Pero también hubo factorías en las rías de Camariñas y Muxía, en las de Corme y Laxe y en la villa de Malpica. Estas factorías no se transformaron después en fábricas conserveras, excepto en el caso de Camariñas, con la familia Cerdeiras. Las iniciativas industriales en A Costa da Morte fueron muy escasas y tardías. Tan sólo a comienzos del presente siglo aparecen algunas industrias, como la de Carburos Metálicos de Brens, pequeños aserraderos y la de conserva de Camariñas. Tuvo sin embargo importancia la artesanía del encaje, que se extendió por toda la comarca, y la cerámica en la villa malpicana de Buño, de las que hablaremos en otro apartado. En el campo de las comunicaciones esta comarca fue una de las más atrasadas de Galicia. No hace falta más que indicar que la principal vía de comunicación, la carretera comarcal 552, aún se reparó en estos últimos años. A la situación de abandono de las vías de comunicación de la comarca ya hace referencia Lucas Labrada en el siglo pasado, indicando: "Hay dos puentes que se necesitan reedificar hacia el valle de Vimianzo sobre el río del Puente: la primera llamada Puente de Bayo (...) y la otra llamada de Calo". Años más tarde, Madoz, en su diccionario, en lo referente a los caminos del partido judicial de Corcubión dice: "son de herradura y pésimos, por efecto del áspero y quebrado del terreno y abandono a que este ramo de la administración estuvo entregado". La vías de comunicación de A Costa da Morte experimentarían un importante cambio, si el proyecto de ferrocarril de A Coruña-Corcubión se materializara. Este proyecto, conocido por el nombre "de las tres C", por unir los núcleos de A Coruña, Carballo y Corcubión, ya comenzó su andadura a finales del siglo XIX. Luego, en los primeros años de este siglo, hubo varios intentos de llevarlo a la práctica, haciéndose con este motivo campañas de prensa, juntanzas entre representantes municipales de la zona y gestiones delante de la administración. Uno de los que más luchó para que el proyecto se hiciera realidad fue el diputado José Miñones, perteneciente a la burguesía local de Corcubión. Esta misma persona hizo un proyecto en el año 1921, para unir las villas de Cee y Corcubión y convertirlas en una sola ciudad, denominada Neria, proyecto que tampoco prosperó. Durante la época de la República y la Guerra Civil, los núcleos más activos de la zona fueron Cee y Corcubión, sobre todo el primero de ellos, debido al movimiento obrero que se organizó en torno a la fábrica de carburos, canalizado a través de la CNT y la UGT. El día 25 de julio, pocos días después de estallar la Guerra Civil, entró en Cee y Corcubión un destacamento de la Guardia Civil, junto con falangistas, pruduciéndose enfrentamientos con los republicanos. Días más tarde comenzaron las depuraciones, llevadas a cabo por destacados falangistas, siendo asesinadas varias personas, entre ellas el alcalde de Fisterra. Los más destacados izquierdistas y republicanos fueron fusilados
en A Coruña, destacando entre los muertos el diputado José
Miñones. Cuentan las leyendas que el monte Pindo estaba cubierto de robles gigantestos donde los druidas llevaban a cabo sus ceremonias y sacrificios religiosos. También se dice que un lejano día, este hermoso y espeso bosque fue incendiado por nueve gigantes como venganza hacia los sacerdotes druidas. En castigo los dioses enfurecidos decidieron convertir en piedra a los causantes de tal atropello, transformando a los gigantes en las nueve cimas más representativas de todo el macizo
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SEGUIMOS TRABALLANDO PRA MELLORAR ESTA PAXINA
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