El Mundo, 1 April 2001

El gran esplendor

ALVARO DEL AMO

Obra: Giuseppe Verdi./Director de escena, escenografo y figurinista: Hugo de Ana./Reparto: Roberto Scandiuzzi./Luis Lima, Dmitri Hvorostovsky, Askar Abdrazakov./Norma Fantini, Carolyn Sebron./Escenario: Teatro Real./Fecha: 30 de marzo.
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MADRID.- Bastaria este titulo para estudiar, comprender y admirar a Verdi. Aqui se compendian todos sus grandes temas, tratados con su inconfundible mezcla de ardor y lucidez, de arrebato, negrura, vitalidad a traves de una contundencia comunicativa capaz de zarandear al espectador como si se tratara de un sumiso pelele.

El poder opresor, la urgencia revolucionaria, la libertad como horizonte ineludible son los circulos que giran alrededor de la paternidad implacable, el amor dificultado, el abandono, unos desgarros que tocan tierra en unos caracteres demasiado humanos. Todos son heroes y todos van siendo alcanzados en su voluntad de grandeza por pasiones miserables.

Acierta rotundamente Hugo de Ana partiendo de lo sombrio y lo fantasmal para contarnos esta historia de tinieblas y de espiritus atormentados, que se despejan e iluminan, con formidable efecto, cuando lo tenebroso y retorcido se festeja a si mismo en la horrible celebracion de un auto de fe con estandartes al viento, damas, monjes y caballeros brillantemente uniformados, la apabullante artilleria pesada del santisimo sacramento convertido en tanque.

Antonello Allemandi, el director musical, secunda con nervio el excelente acabado de la puesta en escena, arrancando de la orquesta y del coro un torrente de lava, transparente y luminoso, que unas veces corre para despenarse y otras veces parece suspenderse en el aire.

No puede negarse que el Don Carlo del tenor argentino Luis Lima se encuentra hoy muy lejos de la perfeccion, pero la crudeza de su estilo se compensa con la sinceridad con que compone un principe verosimil en su continuo acercamiento de la epilepsia.

Para el desgraciado heredero fueron los unicos y leves murmullos criticos del publico que celebro, con satisfecha sorpresa, la notable funcion de opera que su teatro le ofrecia. Si no se aplaudio y vitoreo mas fue sin duda por el inevitable agotamiento producido por una historia tan terrible y reconocible, por una musica que agita sin piedad las fibras mas sensibles del melomano.

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