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Estados Unidos contra los filibusteros
por Iñaki I. Rojo
12/12/2001, 17:13 GMT+1
Fue la RIAA (Recording Industry
Association of America ) la que trató de equiparar sin éxito el intercambio de
música protegida con el terrorismo. Su intención era recoger el nuevo lenguaje
que llegaba con la Ley
Patriot, nacida para combatir el terrorismo tras el 11-S, que extiende
infinitamente la potestad de las autoridades para la vigilancia tecnológica de
los ciudadanos y podría abrir la puerta para un ataque frontal contra los
trueques de música online.
Aunque la industria de la música
se pasó tres pueblos con esta idea, es verdad que existe una gran confusión en
torno al cibercrimen, palabra
que se trata ahora de definir exactamente, y en la que se mezcla la defensa del
copyright y la
propiedad intelectual, la libertad de
expresión y todo tipo de actividades delictivas en las que la palabra
Internet aparezca de refilón.
Desde la llegada de la Red,
gobiernos e Industria tratan desesperadamente de mantener a toda costa sus
respectivos status, el poder (control
de la información) del primero y el dinero del segundo. La industria del
entretenimiento, que siente expoliados los derechos de autor que protege,
impulsa leyes como la DMCA o la recientemente amparada por la OMPI. Los
gobiernos promueven esa legislación y no se cortan a la hora de pertrecharse de
armas tecnológicas (Carnivore o Echelon) para controlar todo lo que se mueva
escondido entre los bits.
Antes de que cayeran las Torres
Gemelas, la guerra se fraguaba incierta entre viejos dinosaurios que trataban
de adaptarse y jóvenes empresas e internautas que desafiaban establishment revolucionando con la
tecnología principios otrora intocables. La amenaza terrorista que se cierne
sobre occidente ha modificado el campo de batalla; la caza a Bin Laden se ha
extendido por Internet, y se llevará por medio a todo aquél que utilice la Red
para algo que se parezca a delinquir. 'Grafiteros' de la Red, programadores de
virus, 'tostadores' de CDs, piratas de software, hackers, reventadores de códigos, 'descargadores' pertinaces de
música... están en el punto de mira.
Golpe al 'cártel' del software
Últimamente los alijos de software
caen como los de la droga. El mes pasado se interceptaron programas piratas
valorados en 130 millones de dólares, y más recientemente se intervinieron en
Tailandia miles de
copias ilegales de Windows XP.
Ahora, las autoridades de
Estados Unidos han desmantelado una red multimillonaria de piratería informática
que operaba en decenas de ciudades de EEUU y al menos en 4 países distintos.
Los agentes federales han ejecutado más de 100 órdenes de registro en 27
estados de EEUU para inspeccionar universidades, proveedores de acceso,
fabricantes de software y hogares particulares sospechosos de estar conectados
con una red que trafica ilegalmente con copias de programas, juegos, películas
y música a través de Internet.
En la "mayor y más
importante investigación jamás llevada a cabo en el ciberespacio", las
operaciones 'Buccaneer', 'Bandwidth' y 'Digital Piratez' tratan de acabar con
una actividad que "mina la estabilidad de la creciente industria del e-commerce y amenaza directamente a
compañías que ayudan a fortalecer la economía de estados Unidos", según el
Secretario del Tesoro Kenneth Dam.
Las autoridades federales
afirman que ya han confiscado unas 65 computadoras que contenían más de 12.000
programas ilegales y películas recientemente estrenadas que todavía no habían
llegado a las tiendas. Los títulos de software incautados van desde los
relativamente baratos, como el Windows XP, hasta sofisticados programas que
cuestan entre 10.000 y 20.000 dólares. La reina de las salas de cine Harry Potter y la piedra filosofal se
encuentra entre las películas más pirateadas, junto a las recientes Behind Enemy Lines, Monsters Inc. o Spy Game.
Los juegos más populares de las consolas de Sony (PlayStation) y Nintendo
(GameCube) también tienen cientos de clones con la protección violada.
Fin de la ciberimpunidad
"Muchos de estos grupos
piensan que el mundo digital e Internet les permite operar sin temor a ser
perseguidos e incriminados", afirma el fiscal general de EEUU John
Ashcroft. "Hoy, el esfuerzo legal en Estados Unidos y en todo el mundo ha
demostrado que están equivocados", sentencia.
Hace más de 15 meses se puso en
marcha la 'Operación Bucanero', que apuntaba al grupo warez (piratas de software) 'Drink or Die', fundado en 1993 por un
grupo de crackers rusos que ya
contaba con medio centenar de miembros que reventaban sistemáticamente las
protecciones de programas. 'Bebe o muere' distribuía los artículos pirateados a
través de sofisticadas 'intranets' y de las redes del IRC (chat). Esta banda
organizada incluía redes de suministradores, crackers, testers, empaquetadores y distribuidores. Las federales
creen que 'Drink or Die' forma parte indirectamente de una red internacional de
piratería de software que cuesta a la industria unos 12.000 millones de dólares
al año.
La impunidad en la que creían
moverse los grupos como este les llevaba a actuar con total descaro,
manteniendo sitios web de acceso público como www.drinkordie.com (cerrado hoy).
Parece que su motivación estaba más cerca de la emoción por las actividades más
o menos delictivas (el reto de reventar protecciones y el atractivo de torear
las leyes de protección del copyright)
que del lucro personal.
Las investigaciones se extienden
más allá de las fronteras de EEUU, y las autoridades han registrado hogares de
sospechosos en Australia, Finlandia, Noruega y Reino Unido, aunque el
Departamento de Justicia dice que la investigación se extenderá a 20 países.
De las tres operaciones
antipiratas que ahora toman forma, la 'Operación Banda Ancha' es la que llevaba
más tiempo en marcha, y está dirigida a desenmascarar a la gente involucrada en
hacer llegar el material copiado ilícitamente desde servidores de
almacenamiento a sitios de intercambio de ficheros para usuarios individuales.
En la otra operación, 'Digital
Piratez' (la Z final es la marca de los piratas de software), los abogados del
estado en New Hampshire se conchabaron con agentes de FBI de Boston para
perseguir a hackers dedicados a
reventar programas encriptados.
El MIT bajo sospecha
Las autoridades de EEUU todavía
no han arrestado a ningún sospechoso relacionado con las tres investigaciones,
porque, dicen, las operaciones estaban principalmente destinadas a obtener
evidencias incriminatorias. Sin embargo, 62 miembros de grupos warez han sido identificados como
posibles implicados en tramas criminales. Y los investigadores dicen que ya han
confiscado "montañas de evidencias digitales", por lo que es probable
que los arrestos no tarden en llegar. Además, advierten, las acciones llevadas
a cabo hasta ahora podrían destapar la punta de un gran iceberg.
Los agentes federales han
confiscado material informático y 'asaltado' redes universitarias para echar el
cierre a lo que han descrito como una de las redes de piratería de software más
importante de Internet.
Muchos de los perseguidos son estudiantes
de algunas de las más importantes universidades y centros de estudios
estadounidenses, incluyendo el famoso Massachusetts Institute of Technology
(MIT), Stanford, Purdue, y Duke. Varios sospechosos, que pueden enfrentarse a
cargos de conspiración o robo de propiedad intelectual, están ya cooperando con
las autoridades para destripar las redes ilegales, según fuentes oficiales.
Duke y Purdue han confirmado que
los federales han registrado habitaciones de los estudiantes y han interrogado
a un par de ellos. En el MIT, la ofensiva iba dirigida hacia las computadoras
del departamento de económicas, mientras que en la Universidad de Oregon han
confiscado equipos de "lugares fuera del campus sin identificar".
Entre los cabecillas de la trama hay estudiantes universitarios, empleados y
ejecutivos de la industria del software, muchas de cuyas empresas están siendo
investigadas.
Robin Hoods digitales
Algunos de los empleados de empresas
de software que hurtan material desde sus puestos de trabajo y lo ceden para su
pirateo se ven como Robin Hood, que roban a sus ricos jefes y ponen el software
disponible gratuitamente para los pobres del planeta, afirman los
investigadores.
Aunque no se debiera poner a los
ciberpiratas en un pedestal ni convertirles en mártires de una justa causa,
bien es cierto que las autoridades deberán andarse con pies de plomo a la hora
de juzgar la gravedad de los delitos.
Con la llegada de Internet y las
copias digitales, las leyes que defienden los derechos de autor han quedado
obsoletas, y la nueva legislación nacida para adaptar la letra a la Era Red no
ha conseguido hasta ahora aclarar el panorama. Entre 'hacer una pintada' en una
Web de algún organismo oficial, o descargarse música protegida de la Red a
través de los numerosos programas de intercambio, y realizar copias CDs de
forma industrial o traficar con armas todavía va un mundo.
Esté o no Internet por medio.
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http://www.baquia.com/com/20011212/art00011.html
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