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LA GRAN IMPOSTURA: NINGÚN AVIÓN SE
ESTRELLÓ EN EL PENTÁGONO.
Alejandro Ángel
Estudio a partir del libro del mismo título.
"LA GRAN
IMPOSTURA: Ningún avión se estrelló en el Pentágono"
Thierry Meyssan
Introducción
"En este período en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, nos
esforzaremos por recordarle que la libertad no es creer en una visión simplista
del mundo, sino comprender, ampliar las opciones y multiplicar los
matices." (p. 14)
PRIMERA PARTE: Una escenificación sangrienta
CAP. I: El avión
fantasma del Pentágono "Para causar los mayores estragos, el Boeing
debería haberse estrellado contra el techo del Pentágono. A fin de cuentas era
la solución más simple: la superficie del edificio es de 229 acres. En cambio,
los terroristas prefirieron estrellarse contra una fachada, aunque su altura
fuese sólo de 24 metros. El avión se acercó repentinamente al suelo, como para
aterrizar. Manteniéndose en posición horizontal, descendió casi a la vertical,
sin dañar las farolas de la autopista que bordea el aparcamiento del Pentágono,
ni siquiera rozándolas con el soplo de su desplazamiento. Sólo una luz del
aparcamiento quedó seccionada. El Boeing chocó contra la fachada del edificio a
la altura de la planta baja y la primera planta. Todo sin dañar el magnífico
césped del primer plano, ni el muro, ni el aparcamiento, ni el helipuerto. En
efecto, en ese lugar hay un área de aterrizaje para pequeños helicópteros.
A pesar de su peso (un centenar de toneladas) y de su velocidad (entre 700 y
400 km./hora), el avión sólo destruyó el primer anillo de la
construcción." (pp. 23-24)
"La versión
oficial no es más que propaganda. Lo que queda de ella es que 125 personas
murieron en el Pentágono y que un avión que transportaba a 64 pasajeros
desapareció. ¿Cuál es la causa de la explosión que afectó al Pentágono? ¿Qué
sucedió con el vuelo 77 de American Airlines? ¿Sus pasajeros murieron? Si es
así, ¿Quién los mató y por qué? Si no, ¿dónde están? Muchas preguntas a las que
la Administración norteamericana debe responder." (p. 29)
"En resumen,
sólo un misil del ejército de Estados Unidos de América que emita un código
amigo puede entrar en el espacio aéreo del Pentágono sin que se desencadene la
descarga de contramisiles. Este atentado sólo puede haber sido cometido por
militares norteamericanos. Si la administración Bush falsificó el atentado del
Pentágono para enmascarar problemas internos, ¿no pudo también ocultar algunos
elementos de los atentados ocurridos en el World Trade Center?" (pp.
32-33)
"Pilotos
entrevistados confirman que entre ellos pocos son capaces de planear una
operación así y para pilotos aficionados la excluyen formalmente. En cambio,
existe un medio infalible para lograr ese objetivo: utilizar balizas. Una señal
emitida desde el blanco atrae al avión, que es guiado automáticamente. Por otra
parte, la existencia de una baliza en el World Trade Center es atestiguada por
radioaficionados que registraron su señal. Fue detectada porque interfería las
emisiones de las antenas de televisión situadas en las torres." (pp.
39-40)
"Sea como sea,
el choque de los aviones no permite explicar la caída de un tercer edificio, la
Torre 7. La hipótesis de una desestabilización de los cimientos fue descartada
por la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles: en efecto, la Torre 7 no
se inclinó, sino que se desmoronó sobre sí misma. La pregunta ya no es '¿fue
dinamitada?', sino '¿qué otra hipótesis puede formularse?'
Aquí es donde
interviene una exclusiva del New York Times. El World Trade Center, que se
creía era un blanco civil, escondía un blanco militar secreto. Quizá miles de
personas perecieron porque servían, sin saberlo, de escudos humanos. La Torre 7
-aunque quizá también otros edificios y loos sótanos- escondía una base de la
CIA. En los años cincuenta, cuando era una simple oficina de espionaje de las
delegaciones extranjeras en la ONU. Esta base, con Bill Clinton, había
extendido ilegalmente sus actividades al espionaje económico de Manhattan. Los
principales recursos del aparato de información norteamericano habían sido
desplazados del espionaje antisoviético a la guerra económica. La base de la
CIA en Nueva York se había convertido en el centro mundial de la inteligencia
económica más importante." (pp. 41-42)
"... según el
balance oficial del 9 de febrero de 2002, los atentados de Nueva York habrían
provocado un total de 1843 muertos (...) Este balance es muy inferior a las
estimaciones iniciales y deja pensar que, a pesar de las apariencias, los
atentados no buscaban provocar pérdidas humanas a la máxima escala." (...)
el periódico israelita Ha'aretz desveló que Odigo, una empresa líder en materia
de mensajería electrónica, recibió mensajes de miento de Continuidad del
Gobierno y refugió a los principales dirigentes políticos. El presidente Bush
negoció con los atacantes por la tarde y al atardecer volvió la tranquilidad.
Así pues, los atentados no fueron dirigidos por un fanático que creía impartir
un castigo divino, sino por un grupo presente en el seno del aparato del Estado
norteamericano que logró dictar su política al presidente Bush. Más que un
golpe de estado que pretendía derrocar las instituciones, ¿no se trataría de
una toma de poder por parte de un grupo determinado oculto en el seno de las
instituciones?" (p. 54)
"... la teoría
de los kamikazes ha sido confirmada por documentos manuscritos en árabe de los
que el FBI publicó una traducción inglesa (...) empiezan con la exhortación 'en
nombre de Dios, de mí mismo y de mi familia' (sic), mientras que los musulmanes
-a diferencia de muchas sectas puritanas nnorteamericanas- no oran jamás en su
propio nombre, ni en el de su familia. Asimismo, el texto incluye en un recoveco
de una frase un tic del lenguaje yanqui que no tiene lugar en el vocabulario
coránico: 'debes afrontarlo y entenderlo al 100%' (sic)." (pp. 58-59)
"El FBI
presenta a Mohammed Atta como el líder de la operación. En diez años, este
egipcio de 33 años habría vivido en Salou (España), luego en Zurich (Suiza)
-donde, según los investigadores, habría ccomprado, claro está, con tarjeta de
crédito, los cuchillos suizos para poder desviar los aviones- y por último en
Hamburgo (Alemania).
Junto con otros dos
terroristas cursó estudios de electrónica, sin dar nunca de qué hablar, sin
dejar entrever nunca sus convicciones extremistas. Supuestamente, al llegar a
Estados Unidos se reunió con sus cómplices en Florida, siguió cursos de
pilotaje en Venice e incluso se pagó algunas horas en un simulador de vuelo en
Miami. Preocupado por ocultar su integrismo, Mohamed Atta se esmeró en
frecuentar el Olympic Garden de Las Vegas, el mayor cabaret de topless del
mundo. Este agente sin igual se dirigió a Boston el 11 de septiembre, en un
vuelo interno. Teniendo en cuenta el poco tiempo de enlace entre ambos vuelos,
perdió las maletas durante el tránsito. Al indagar en éstas, el FBI descubrió
vídeos de entrenamiento para el pilotaje de Boeing, un libro de plegarias
islámicas y una vieja carta en la que anunciaba su intención de morir como un
mártir. Atta fue identificado como el jefe del comando por un miembro de la
tripulación que telefoneó desde su móvil durante el desvío del avión y que
indicó su número de asiento: 8D.
¿Debemos tomar en
serio estas informaciones? Habría que admitir que Mohamed Atta procuró durante
10 años ocultar cuidadosamente sus intenciones y que se comunicó con sus
cómplices siguiendo procedimientos estrictos para escapar a los servicios de
información. Con todo, en el último momento dejó multitud de indicios tras de
sí. Aunque era el líder de la operación, se arriesgó a perder su enlace aéreo
el 11 de septiembre y finalmente logró tomar el vuelo de American Airlines 11,
pero sin recuperar las maletas. De hecho, ¿quién iría cargado con maletas para
suicidarse?
¡Más ridículo aún!
¡El FBI afirma haber descubierto el pasaporte intacto de Mohamed Atta entre las
humeantes ruinas del World Trade Center! Se trata de un verdadero milagro:
todavía nos preguntamos como ese documento pudo 'sobrevivir' a tales
peripecias..." (pp. 59-60)
"Ahora bien,
como hemos señalado, el lejos de realizar una investigación criminal, el FBI se
esmeró en hacer desaparecer las pruebas y amordazar a los testigos. Apoyó la
versión del ataque externo e intentó darle credibilidad divulgando una lista
improvisada de piratas aéreos y fabricando pistas falsas a su conveniencia
(pasaporte de Mohamed Atta, instrucciones de los kamikazes, etc.). Esta
operación de manipulación fue orquestada por su director. Robert Mueller III. Este hombre indispensable fue nombrado por George W. Bush y había
empezado sus funciones precisamente la semana anterior al 11 de septiembre.
¿Esta pseudoinvestigación se realizó para instruir un proceso justo o para
ocultar las responsabilidades norteamericanas y justificar las operaciones
militares venideras?" (p. 66)
El libro se completa
con una segunda parte (MUERTE DE LA DEMOCRACIA EN ESTADOS UNIDOS) y una tercera
(EL IMPERIO ATACA).
En ellas,
respectivamente, se analiza el proceso de construcción de un enemigo que
alimenta el pánico en los Estados Unidos y que inmediatamente se ha exportado a
buena parte del mundo, justificando así los "plenos poderes" de Bush
y el consiguiente recorte a las libertades individuales; y luego, respondiendo
al interrogante de quiénes se benefician con esta "Cruzada"
antiterrorista, nos presenta a un lobby del petróleo, próximo a la familia
Bush, fortalecido y en condiciones de continuar con sus negocios
multimillonarios en la zona del conflicto y a un lobby militar e industrial,
responsable de multiplicar hasta límites absurdos el poderío bélico de Estados
Unidos, consolidando así su hegemonía planetaria y haciendo válida la siguiente
afirmación de Meyssan:
"... en un
mundo ahora unipolar desde la disolución de la Unión Soviética, el terrorismo
parece definirse como toda forma violenta de contestación al liderazgo
norteamericano." (p. 143)
"Si el lobby
energético es el primer beneficiario de la guerra de Afganistán, el lobby militar
e industrial es el gran vencedor del 11 de septiembre. De ahora en adelante se
colmarán sus esperanzas más desorbitadas. Ante todo, el tratado ABM, que
establece los límites al desarrollo de armamento, ha sido unilateralmente
denunciado por George W. Bush.
Por otra parte, no
sólo el director de la CIA no fue el destituido ante el aparente fracaso del 11
de septiembre, sino que de inmediato se aumentaron los créditos de la agencia
en un 42% para llevar a cabo la 'Matriz del ataque mundial'. El presupuesto
militar de Estados Unidos, que no había dejado de disminuir desde la disolución
de la Unión Soviética, conoce un incremento tan repentino como vertiginoso. Si
se acumulan los créditos suplementarios entregados con urgencia después de los
atentados y los aumentos presupuestarios previstos, en los dos primeros años de
la presidencia de Bush se traducirán en un aumento del 24% de los gastos
militares. En cinco años, el presupuesto del ejército de Estados Unidos será de
más de dos mil millones de dólares, cuando la carrera armamentística ha
terminado y no tienen a ningún enemigo importante. El presupuesto militar de
Estados Unidos es a partir de ahora igual al total de los presupuestos de los
25 mayores ejércitos del mundo después de Estados Unidos. Las partidas mejor
dotadas son las que afectan al espacio y las operaciones secretas, lo que
demuestra la nueva predominancia en el aparato de Estado norteamericano de la
alianza entre los responsables de las operaciones secretas (reunidos en torno a
George Tenet) y los partidarios del Ejército Espacial. Estos últimos están
agrupados en torno a Donald Rumsfeld y el General Ralph E. Eberhart, actual
comandante en jefe del NORAD y principal oficial superior que dirigió las
operaciones de control aéreo del 11 de septiembre de 2001.
La evolución que ha
tomado la administración norteamericana tras los acontecimientos del 11 de
septiembre parece anunciar mucha 'sangre, sudor y lágrimas', de acuerdo con las
palabras de Winston Churchill. Queda por saber ahora quién cargará con los
gastos en el planeta." (pp. 169-170)
http://www.othlo.com/hpolitica/documentacion/11s/14impostura.htm
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