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ENTREVISTA A BRUÑO CARDEÑOSA
Sr.
Cardeñosa. Usted acaba de publicar un libro titulado "11-S: Historia De
Una Infamia" que pone, cuanto menos, en tela de juicio la versión oficial
que se dio en relación con los atentados del 11-S. ¿Cuáles son los datos más
destacables en los se ha basado para elaborarlo?
Son infinidad. La investigación partió del estudio
pausado y crítico del atentado que ocurrió en el Pentágono. Al averiguar y
descubrir que sobre este hecho se nos ocultaban muchas informaciones, no dudé
en seguir estudiando el tema. Después recogí cientos de pequeñas pistas y
piezas que todas juntas dieron forma al libro. Son muy sorprendentes los datos
que hablan sobre cómo en las altas esferas del poder estaban al tanto de
cuándo, cómo y dónde iban a suceder los atentados. Ahí he bebido de diferentes
fuentes informativas, entrevistas, documentos oficiales, etc. También se han
efectuado para el libro simulaciones de vuelo que han servido para aclarar
muchos extraños sobre quiénes eran los pilotos, amén de mucha investigación
científica; se han recogido muchos datos en ese sentido, informaciones sobre la
explosiones, los aviones, los restos, los impactos, la identificación de
víctimas. Es muy difícil destacar alguna de las informaciones por encima de las
otras.
¿Qué posibilidad,
en función de probabilidad, existe de que la teoría de los atentados tal y cómo
se mostró al mundo por parte de las autoridades norteamericanas fuese lo que
realmente pasó?
La probabilidad es del cien por cien, sin el más
mínimo género de dudas. Se nos mintió de forma flagrante respecto a cómo
sucedieron los hechos aquel 11-S. Toda la versión oficial está plagada de
mentiras, como demuestro en el libro. Que nos hayan engañado de esa forma, se
debe, sin duda, a alguna razón de peso... Y esa no es otra más que ocultar la
implicación directa o indirecta en los hechos del propio poder norteamericano,
que fue el que salió más beneficiado de los atentados.
Sr.
Cardeñosa, ¿cree usted en las conspiraciones a gran escala?
La verdad es que nunca me había sentido
identificado ni con el término conspiraciones ni con quienes defendían esta
otra forma de interpretar la realidad. Dentro del ámbito de las llamadas
conspiraciones hay infinidad de teorías totalmente descerebradas y carentes de
respaldo documental. Sin embargo, con los sucesos del 11-S sucede lo contrario:
sobre las versiones alternativas hay gran cantidad de evidencias realmente muy
contrastables. El haber efectuado directamente una investigación de los hechos
me ha conducido a esa hipótesis.
¿Cree usted
que el ataque contra el World Trade Center aquel 11-S, y el que sufrió el
Pentágono, fueron fruto de una conspiración?
Sin lugar a dudas. Se unieron una serie de factores
que confluyeron en los atentados. Y detrás de la ejecución de los mismos hubo una
implicación de las autoridades realmente inconfesable. Dicen en criminología
que identificado a quien sale beneficiado de un crimen, se identifica al
culpable. Aquí está claro: quienes han sacado y obtenido un provecho
extraordinario de los acontecimientos fueron sin duda miembros de un sector del
poder político, militar y económico de los EEUU.
Si así
fuese... ¿quién cree que estaría detrás de tal acto de barbarie?
Dice un politólogo de talla internacional como es
Jaime Petras, que hay tres posibilidades: un acto terrorista autónomo, un
autoatentado o una acción terrorista aletada y apoyada desde las cloacas del
poder. Él descarta la primera hipótesis. Yo también. Y es que con esta
investigación no he podido llegar a averiguar todo, absolutamente todo lo
ocurrido, pero sí he llegado a la conclusión tras mucho trabajo de qué no
ocurrió. Y lo que nos dijeron que sucedió no es verdad. Algo más hay, y ese
algo más es verdadera siniestro y apunta al poder.
En su
libro "11-S: Historia De Una Infamia" hay datos sumamente reveladores
que llaman poderosamente la atención. Uno de ellos, y al menos a mi me parece
que es uno de los que más impacto pueden causar, es el hecho de que usted duda
de que el choque de ambos aviones en la zona media de ambas torres fuese la causa
del desplome. ¿Por qué duda de ello?
Por diferentes razones. La primera de ellas es
testimonial y se basa en declaraciones de quienes fueron protagonistas directos
de los acontecimientos, personas que estaban dentro de las torres en el
entorno y que identificaron varias explosiones antes de los atentados. La
segunda se fundamenta en un hecho científico: el queroseno de los aviones no
puede desplegar temperaturas superiores cuando se incendia a los 800 grados
centígrados, mientras que el acero de las torres gemelas requiere de
temperaturas por encima de los 1.400 grados para que se funda y ceda.
Esto quiere decir que además del impacto de los
aviones tuvo que suceder algo más... ¿Explosivos? Muy posiblemente, puesto que
la tercera pista conduce a los institutos sismográficos que registraron
explosiones justo antes de la caída de cada una de las torres.
Otro
dato interesante que apunta en su libro es que en el Pentágono no se estrelló
ningún avión, sino que fue un proyectil, un misil el que ocasionó cuantiosos
daños tanto en la estructura del edificio como en la pérdida atroz de vidas
humanas. ¿De veras lo cree?
Con una seguridad total. Durante año y medio de
investigaciones no se ha obtenido una sola pista, ni una sola, que sirva para
sostener el impacto de un avión contra el Pentágono. en el libro ofrezco
infinidad de pruebas en ese sentido. Ni hay restos, ni pruebas físicas, ni
evidencias gráficas de ningún tipo, ni testigos... No hay nada de nada. Podemos
tener fe y creer en la versión oficial sobre la caída del avión, pero la
lógica, la investigación, los testimonios, las pruebas, las fotografías, la
ausencia de restos, las incoherencias y mentiras oficiales al respecto, las
simulaciones de vuelo efectuadas para el libro, etc. nos indican que sin ningún
género de dudas allí no cayó un avión.
Si en el
Pentágono no se estrelló ningún avión, ¿qué ocurrió entonces con ese avión
desaparecido, y con el pasaje?
El avión muy probablemente dejó de existir cuando
se perdió el rastro del mismo en el radar, justo en la frontera con Ohio, sobre
una amplísima zona deshabitada. Allí, el avión o fue derribado o explosionó por
alguna razón. Si el avión se hubiera dirigido hasta Washington, habría
aparecido en las pantallas de radar y eso no ocurrió.
Usted
apunta en su obra algo sumamente interesante que merece ser considerado
seriamente. El hecho de que resulta sumamente extraño que, por ejemplo, apenas
unas horas después de los acontecimientos se supiese, con total seguridad, los
datos de todos los integrantes de los comandos terroristas y su responsable
ideológico. ¿Cómo cree que se tuvo tal precisión para saberlo apenas unas horas
después de los acontecimientos?
Ese es un elemento para la sospecha en la que
entonces nada cayó, pero con el tiempo se averiguó que, por ejemplo, se
conocían por parte de los servicios secretos y por parte de diferentes cuerpos
y fuerzas de seguridad del Estado los nombres de algunos de los terroristas.
Incluso en esos documentos se les cita como sospechosos de estar preparando
algún tipo de atentado. La razón es que muy probablemente se sabía todo antes,
y se conocía cómo iba a gestionarse la versión oficial.
¿Cree
usted que lo ocurrido fue debido a que hubo una total descoordinación entre las
fuerzas de seguridad estadounidenses, o que hay algo más detrás?
No, descoordinación no hubo, aunque el gobierno
americano ha sido muy ágil a la hora de hacernos creer que detrás de todo
aquello hubo una monstruosa negligencia de los servicios secretos. Pero a tenor
de las pistas que se han conocido y de muchas de las informaciones que he
manejado, no hay otra posibilidad que pensar que más que negligencia hubo
omisión deliberada de acción por parte de las fuerzas de seguridad.
¿Se
pudieron haber evitado los atentados del 11-S?
Pudieron haberse evitado, pero no interesó en
ningún momento. Y es que los atentados del 11-S han sido la excusa perfecta, la
justificación idónea, que ese sector siniestro del poder necesitaba para poner
en marcha una serie de planes establecidos con anterioridad a nivel militar, político
y económico.
Supongamos
que la versión que tenemos de los atentados del 11-S no fue la verdad, y que lo
que usted apunta en su libro tiene más verosimilitud. ¿Por qué se cometió
semejante barbarie? ¿Alguien sacaría beneficio con ello? Y si así fuese,
¿quién?
La lista de personas, instituciones y empresas
beneficiados del 11-S es más larga y extensa que la lista de víctimas directas
de los atentados.
Ese pudo ser el objetivo de la barbarie: obtener
unos dividendos tan amplios como espantosos. Empresas armamentísticas y
petrolíferas por un lado, sociedades de capital de riesgo por otro,
constructoras y empresas de servicios dispuestas a entrar en nuevos mercados
públicos como el de Irak, que se ha convertido en la mayor oportunidad
financiara a muchos niveles desde la Segunda Guerra Mundial, etc. Lo grave es
que cuando investigas quienes están detrás de esos beneficios, descubres que
son los mismos que dirigen los hilos de la política norteamericana, bien desde
el poder electo, bien desde la sombra. Basta con mirar las cuentas de algunas
de esas empresas.
¿Ejemplos? Muchos. Veamos: Halliburton es una
empresa de la que fue máximo mandamás el actual vicepresidente de EEUU. A esta
empresa se le han entregado contratas multimillonarias para la reconstrucción
de Irak, para el desarrollo de infraestructuras petrolíferas en Asia Central y
Oriente Medio, o para la ampliación física de la base de Guantánamo, en donde
se hacinan los presos capturados por EEUU. ¿Más casos? Lockhed Martin, empresa
armamentística que desde el 11-S y casi diariamente reciben contratos por
millones de dólares que le entrega el Gobierno para desarrollar nuevas armas o
para entregar al Ejército nuevos sistemas.
Luego descubres que esta empresa financió parte de
la campaña electoral de Bush y que ha sido la impulsora de la oposición
política al régimen de Saddam.
Así, tantas y tantas empresas que da horror pensar
lo bien que les vino el 11-S. Todo es más grave cuando descubres que el poder
norteamericano pareció facilitar cuando o impulsar aquellos actos.
Si todo
fuese tal y como usted cree y refleja en su libro, hay algo que no entiendo
bien, y qué pinta en todo esto la figura del terrorista saudita Osamma Bin
Laden.
La de gran aliado. Bin Laden y Bush, sus familias
especialmente, son aliados desde hace décadas. Tienen negocios en común que se
mantuvieron incluso después del 11-S. No sé si ese papel lo ha jugado de forma
consciente o no Bin Laden, pero lo que sí sabemos es que toda su parafernalia
americana no es más que retórica y que sus llamadas a la guerra santa y a
atentar contra EEUU no han sido seguidas por nadie.
Se ha sobredimensionado la capacidad de Al Qaeda y
la del propio Bin Laden, quien fue en enlace de la CIA en Afganistán durante
los años ochenta.
Por
cierto, ¿cómo es que aún no se ha podido detener a este terrorista?
Se sabe que está perfectamente controlado. Se sabe
dónde está. No resulta creíble la historia que nos venden de él. No es creíble
que Bin Laden pueda ser entrevistado por periodistas que pueden localizarlo y
los agentes secretos de la CIA y otros servicios secretos radicados en
Afganistán no hayan sido capaces de hacerlo. Pero es que interesa mantener a la
amenaza con vida, interesa que siga estando ahí para que utilizando el temor
que genera en la sociedad pueda continuar tomándose decisiones.
Si todo lo que se ha hecho después del 11-S tenía por objeto capturar a Bin
Laden y no se ha hecho es porque su existencia permite continuar con esa guerra
contra el terrorismo que permitirá adentrarse en nuevos países y abrir nuevos
horizontes a los verdaderos beneficiados. Con Bin Laden entre rejas, se les
acabó el negocio.
Y ya
para terminar, aunque quedarían muchísimas preguntas en el tintero, ¿no cree
usted que pese a los datos que usted aporta en el libro, a veces las cosas no
son tan enrevesadas como creemos pueden ser, y que todo ocurrió como nos lo
hicieron ver?
Es que si lo analizas fríamente, la versión más
enrevesada es la que ofrecen las autoridades. En el fondo, lo que propongo es
mucho más sencillo si bien mucho más terrible. Pero es que esa versión oficial
no se sostiene de ningún modo. Se desmorona tras el análisis y la
investigación.
Un
último apunte, Sr. Cardeñosa. Véndame su obra. ¿Por qué la gente debería
comprar el libro "11-S: Historia De Una Infamia"?
Sin ánimo de ser pretencioso, creo que la lectura
del libro aportará al lector una visión más de conjunto de los hechos y le
ayudará a ver la realidad con ojos más críticos, de forma más racional y sobre
todo, de forma más libre. "11-S: Historia De Una Infamia" invita a
que no aceptemos lo que se nos cuenta desde los púlpitos del poder y da a quien
lo lee mayor libertad. Libertad de pensamiento ante un mundo en el que las
ideas que lo rigen no son decisión nuestra, sino de quienes están en el poder.
Y eso no debe ser así.
http://www.comentariosdelibros.com/entrevarchiv/brunocarde.htm
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