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DOCUMENTO 18
Carta abierta a los primeros
ministros desde EE UU
Norman Birnbaum es profesor emérito de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Georgetown y asesor del Comité Progresista del Congreso.
EL PAÍS
| Internacional - 09-02-2003
A los primeros ministros de España, Dinamarca, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Reino Unido, y al presidente de la República Checa:
Su declaración de solidaridad
con la política del Gobierno estadounidense hacia Irak plantea más preguntas de
las que responde. Solidaridad con nuestro Gobierno no es lo mismo que
solidaridad con nuestro pueblo. Dentro de sus propios países, la mayoría
rechaza la política estadounidense con respecto a Irak. Los sondeos de opinión
en Estados Unidos reflejan una nación profundamente dividida. La consternación,
la duda y la oposición a una guerra contra Irak están aumentando con rapidez.
Seguramente, sus embajadores les habrán dicho que en nuestras iglesias,
comunidades, escuelas y universidades, en el Congreso y en la prensa, se está
desatando una tormenta política.
En estas circunstancias, su
llamada a la "unidad" con Estados Unidos tiene un tono curiosamente
ritualizado. La unidad auténtica podría proceder de un consenso razonado dentro
de nuestros países, y entre nosotros y buena parte del resto del mundo. Esto es
lo que nuestro presidente no ha alcanzado. Nuestros países comparten, como
dicen ustedes, valores democráticos. Sin embargo, el primer ministro británico
se niega a permitir que se vote en la Cámara de los Comunes sobre la guerra
contra Irak. Su homólogo español sólo admite un debate en el Congreso de los
Diputados. Los preparativos del Gobierno de Bush para la guerra incluyen
restricciones draconianas de los derechos de los residentes o visitantes árabes
o musulmanes en Estados Unidos. Quienes respaldan al presidente han organizado
una campaña de difamación o intimidación contra aquellos ciudadanos que
manifiestan su disensión. Grotescamente, el plan milenarista del Gobierno de
Bush para democratizar Oriente Próximo nunca se ha debatido en el Congreso ni
en la nación. En ambas orillas del Atlántico, nuestras culturas democráticas
manifiestan profundos fallos.
Declaran ustedes que el sistema
de derecho es un componente primordial de nuestra herencia común. El presidente
Bush sostiene que nuestro país tiene derecho a eliminar a enemigos en potencia
mediante ataques preventivos. La proclamación del derecho de ataque preventivo
por parte de una nación contra otra es un asalto definitivo contra la
dolorosamente construida estructura del derecho internacional. Es una
invitación a que otros países sigan el ejemplo. Estados Unidos ya ha
transgredido el derecho internacional con el trato dado a los prisioneros que
ha hecho en Afganistán o que han sido capturados por Gobiernos aliados en otras
partes. Peor aún, el presidente, en su discurso sobre el estado de la Unión, ha
declarado: "En conjunto, más de 3.000 sospechosos de terrorismo han sido
detenidos en diversos países. Otros muchos han encontrado un destino diferente.
Digámoslo de esta forma, ya no suponen un problema para Estados Unidos, ni para
nuestros amigos y aliados". Estados Unidos, por consiguiente, ha creado un
espacio extralegal y, si hay que creer al presidente ("un destino
diferente"), ha matado a aquellos que han penetrado en él. Desde la primavera
de 1945, ningún líder de un gran país occidental se ha jactado tan abiertamente
de practicar el terrorismo estatal. Naturalmente, cuando pensamos en el sistema
de derecho, Berlusconi (y esto lo digo con todo el respeto a sus múltiples y
admirables cualidades) no es el primer nombre que se nos viene a la mente.
Razón de más para que sus colegas reflexionen sobre su respaldo implícito a
precedentes que inevitablemente se volverán contra sus propios países.
Proclaman ustedes su vinculación al futuro de Naciones Unidas, pero no critican
el desprecio del presidente Bush hacia ese organismo. La tacha de "círculo
de debate y discusión" por atreverse a debatir las iniciativas
estadounidenses.
Aceptan ustedes, con pasmosa
tranquilidad, la afirmación de que "el régimen iraquí y sus armas de
destrucción masiva representan una clara amenaza para la seguridad
mundial". Repiten algo que no es más que una ficción de la Casa Blanca,
que Irak respalda a Al Qaeda. No hay pruebas convincentes de ninguno de los dos
argumentos. Tratan ustedes la obsesión del presidente Bush con Irak como algo
racional. Las amenazas para la seguridad mundial que suponen la creciente
brutalidad del Gobierno israelí en Palestina, el conflicto entre India y
Pakistán, el programa de armamento nuclear de Corea del Norte, no parecen
preocuparles excesivamente. Las amenazas mayores como el hambre, la enfermedad
y la pobreza en el mundo no merecen una mención por su parte. Mientras tanto,
con una indiferencia bastante convincente por las consecuencias, están ustedes
dispuestos a respaldar a Estados Unidos en el inicio de una conflagración en
Oriente Próximo.
Nada parece importarles más a
ustedes que evitar un conflicto con el Gobierno actual de Estados Unidos. Es
difícil creer que esto vaya en consonancia con la dignidad de sus pueblos, o
con una duradera amistad con Estados Unidos. Lo que nos honraría a todos sería
la abierta expresión de disensión, y no la ansiosa demostración de fidelidad.
En este sentido, las opiniones públicas de sus países son mejores amigas de
nuestra nación que sus dirigentes.
http://www.pilotosdeiberia.com/info/guerra_irak_260203.htm
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