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DOCUMENTO 11

El enemigo perfecto

Luis Alsó Pérez
Rebelión

 

"Quizá las cosas empeoren y luego mejoren. Quizá haya una pequeña diosa allá arriba, en el cielo, alistandose para nosotros. Otro mundo no sólo es posible, ya está en camino. Quizá muchos de nosotros no estemos aquí para darle la bienvenida, pero en un día tranquilo, si escucho con atención, la oigo respirar."


Arundhati Roy

Tras el final de la guerra fría el imperialismo capitalista se quedó sin enemigo que obstaculizase sus ambiciones expansionistas; pero, a la vez, sin excusa para éstas. Desaparecido el Pacto de Varsovia, y con él la supuesta "amenaza comunista", la OTAN y la carrera armamentista dejaban, en apariencia, de tener sentido. Se necesitaba, pues, con urgencia, un nuevo enemigo que las justificase. El "terrorismo internacional" es el nuevo enemigo fabricado por el Imperio para justificar el desencadenamiento de una escalada bélica recolonizadora del mundo después de la caída del muro de Berlín. En nombre de esta "cruzada" decreta un verdadero estado de excepción planetario que cancela el derecho internacional y las libertades civiles, sin más autoridad que la derivada de su aplastante poderío militar. Tras la artificial amenaza del "terrorismo internacional" se esconde, pues, la amenaza real de un verdadero Imperio del Terror.

La Gran Impostura

Con la perspectiva que proporciona más de un año de distancia de los atentados del 11-S, éstos aparecen claramente como una "gran impostura" (según el titulo del exelente best- seller de Thierry Meyssan). Ni la más mínima prueba, con rigor jurídico, de su autoría ha sido aportada. Pero, además: ¿puede alguien creer a estas alturas que de no haberse producido aquellos atentados el mundo hubiese sido hoy diferente de lo que es?. Aquellos sucesos marcaron, ciertamente, un antes y un después; pero sólo en el sentido de que después del 11-S se empieza a aplicar lo que estaba planificado desde antes.

Los propios atentados estaban planificados como pistoletazo de salida para este ambicioso y criminal plan imperial. Se trata de la más gigantesca impostura de la historia de la humanidad, alimentada con un goteo calculado de falsos vídeos atribuídos a Bin Laden, detenciones truculentas de supuestos terroristas (que al final quedan en nada o en encarcelamientos indefinidos sin juicio) o nuevos atentados en países de la periferia "contra intereses occidentales", perpetrados por los propios servicios secretos imperiales y endosados a los islamistas. Atentados en Paquistán contra escuelas cristianas; en la Indía contra un tren (que ha provocado una masacre de mas de dos mil islamistas en Bujarat); en Bali, Indonesia, contra una discoteca frecuentada por turistas; en Yemen, en Filipinas, en Kenia, en Bangla Desh... El "terror islámico" parece proliferar por doquier, proporcionando la excusa para una cruzada de exterminio y recolonización (exterminio que ya había empezado en Argelia antes del 11-S, donde recientemente se ha confirmado lo que era una extendida sospecha: que los espantosos crímenes del GIA, atribuidos a los islamistas, fueron perpetrados por los servicios secretos, lacayos del Imperio). Ahora sus medios de comunicación propalan el bulo de una presencia creciente del terrorismo internacional en la triple frontera brasileña-argentina-paraguaya, zona de alto valor estratégico y económico. Pronto veremos cómo fabrica el incidente que sirva de excusa para su ocupación.

El gobierno de EEUU rehuye sistemáticamente cualquier instancia jurídica, nacional o internacional, donde pudieran sustanciarse adecuadamente responsabilidades por los sucesos del 11-S. Por el contrario, su maquinaria mediática ha inducido –con la ayuda incondicional de los restantes socios del Imperio- una aceptación generalizada y acrítica de su versión de los hechos. Versión carente del mas mínimo rigor jurídico, a cuyo amparo ha desencadenado una nueva "guerra de los cien años" en la que el enemigo no está previamente definido, pero puede concretarse en cualquier país que, como Afganistán, no se avenga a sus pretensiones. El abogado de un supuesto miembro de Al Qaeda, detenido por el juez Garzón por colaboración con los árabes secuestradores, exigía al magistrado pruebas contundentes del secuestro, como testigos visuales o restos de ADN (que demostrasen, al menos, que viajaban en los aviones), lo que Garzón rechazó alegando de que se le exigían "pruebas imposibles". En efecto, con todos los posibles testigos fallecidos en el siniestro (la supuesta llamada desde un móvil carece de valor probatorio y podía ser fácilmente simulada, al estilo de los films de Colombo), y sin que aparezcan restos del ADN de los supuestos secuestradores (pese a que se examinaron todos exhaustivamente), ni cajas negras, ni listas de embarque claras (que, en cualquier caso, sólo probarían que viajaban árabes, no que secuestraron) es imposible probar, no ya que unos árabes fueron los autores de un secuestro, sino el secuestro mismo. El confuso vídeo "olvidado" por Bin Laden, en el que parece confesarse autor intelectual de los atentados, no sólo carece también de cualquier valor probatorio, sino que aparece después de que Afganistán ha sido arrasado, removido su gobierno y ocupado militarmente. Es decir, primero el castigo y más tarde aparece – por pura casualidad- "la prueba" acusatoria. Todo ello lo único que de verdad prueba es la imperiosa -mejor dicho, imperial- necesidad, previa a los atentados, de ocupar Afganistán (la clave, hemos sabido después, está en su valor geoestratégico y petrolero). ¿Que norma de derecho internacional autoriza a atacar y ocupar permanentemente todo un país para detener a un presunto delincuente?; ¿tendría derecho España a atacar y ocupar cualquier país que se negara a extraditar a un etarra?. Ya EEUU había invadido Panamá para detener a Noriega –como Bin Laden, un antiguo agente de la CIA caído en desgracia- causando, con nocturnidad y alevosía, mas víctimas civiles que las de las torres gemelas. Y sin embargo, este auténtico "estado delincuente" se presenta ante el munto, con un cinismo infinito, como gestor de una "justicia infinita". ¿Qué credibilidad merece?: la misma que Hitler cuando incendió el Reichstag y le echó la culpa a los comunistas.

Un enemigo perfecto

Lo que ha venido ocurriendo después de los atentados del 11 de Septiembre no tiene ninguna relación causal con los mismos, sino que había sido teorizado y planificado antes de ellos. Las guerras petroleras, la ocupación (con bases militares permanentes) de espacios de alto valor geoestratégico, la escalada armamentista, el desprecio del derecho internacional y la demonización del Islam aparecen en documentos internos, libros y declaraciones muy anteriores a los hechos. Incluso habían empezado a ser puestos parcialmente en práctica durante la administración Clinton: bombardeos de Serbia, Sudán y del propio Afganistán sin el más mínimo respaldo de Naciones Unidas; reconversión imperial de la OTAN, cuestionamiento del tratado ABM, etc..(por no hablar de la sistemática equiparación árabe = terrorista en los films made in Hollywood.) Todo, repetimos, había sido teorizado ya por los cerebros del Imperio: la cruzada contra el Islam por Samuel Huttington (en su famoso libro "Choque de civilizaciones"); el valor y la necesidad de dominar el pasillo euroasiático (del cual Afganistan es "la perla") por Z. Brzezinski; la necesidad de "librarse de las ataduras" de la ONU y los tratados internacionales, por P. Wolfowitz. La necesidad de asegurarse el suministro de petróleo barato en las próximas décadas y de elevar el poderío militar -por encima de cualquier competidor- para librar guerras rápidas y demoledoras "en varios escenarios al mismo tiempo" aparecen reiteradamente en documentos internos de la Administración estadounidense y del Pentágono. Desde esa perspectiva los atentados del 11-S aparecen no como una casualidad, sino como una necesidad.

Con el fin de adjudicarle dichos atentados – y otros venideros- un enemigo perfecto, "el terrorismo internacional", había sido cuidadosamente diseñado en los laboratorios del Imperio. Un concepto deliberadamente confuso y difuso, cuyos hilos, como los de un guiñol, pudiesen ser manejados donde y cuando interesase. A semejanza de la hidra, sus tentáculos jamas podrían ser cortados del todo, de modo que este enemigo perfecto sirviese, de forma indefinida, como la excusa perfecta. La fantasmal Al Qaeda no será nunca derrotada ni Bin Laden capturado –como ya avisé en mi artículo Buscando a Bin Laden, deseperadamente- a menos que el Imperio deje de necesitarlos; esto es, cuando haya consumado sus siniestros planes, a implementar en tres etapas. En apenas un año, hemos pasado ya de la primera, iniciada con la Patriot Act, de carácter aparentemente patriótico-vengativo (en la que se introduce subrepticiamente el estado policiáco), a la segunda, que se abre con La nueva estrategia de seguridad nacional. En ella el Imperio pasa a exponer con todo descaro al resto del mundo su "razón de la fuerza" contra toda fuerza de la razón.

El cuarto Reich

La actual etapa ha sido calificada con el feliz titulo de El cuarto Reich, por su evidente carácter fascista y totalitario. Produce escalofríos el cinismo que se desprende de su texto (mas suave, al parecer, que el borrador elaborado por "Lady Halcón", Condolezza Rice): EEUU esta por encima de las instituciones y el derecho internacionales, pero no los demás países (puede por tanto castigar a los demás por hacer lo que ellos hacen); su supremacía militar será mantenida "a toda costa" para disuadir a cualquier competidor o disidente; entierra la doctrina de no proliferación; se considera autorizado para destruir cualquier país que se le antoje una amenaza, incluso si hay dudas de que ésta pudiera materializarse (pero, una vez más estos ataques "preventivos" están vedados al resto de los países); y se declara elegido por el destino para extender a nivel planetario las "bendiciones"del neoliberalismo económico, que, a partir de ahora, deja de ser una opción para convertirse en una obligación. Por último, una "guinda" ecológica, mas cínica aún si cabe: la reducción de gases del efecto invernadero debe ser un acto voluntario de las empresas, sin que ningun tratado pueda obligarlas (o sea, la zorra al cuidado de las gallinas). ¿Qué tiene que ver todo esto con la destrucción de unas torres?. Absolutamente nada.

Al igual que el Tercer Reich -pero a un nivel que lo convierte en una caricatura- el Cuarto pretende construir "un imperio que dure mil años" con una guerra de agresión planetaria, una doctrina totalitaria y racista, y un programa de exterminio masivo (a quienes duden que existan mentes capaces de perpetrarlo, les recordamos que la muerte deliberada de un millón de niños iraquíes ha sido descrita por M. Allbright como un simple daño colateral que, sin embargo, "ha merecido la pena"). En sintonía con su demencial tesis del inevitable "choque de civilizaciones", se apresta al uso del arma nuclear, a la vez que se dota de un escudo antimisiles para blindarse frente a ella (de nuevo la pesadilla de Hiroshima y Nagasaki en el horizonte, esgrimida por los sucesores, igualmente sin escrúpulos, de quienes apretaron entonces el botón nuclear).

El Gran Hermano

Pero no es, a diferencia de pasados imperialismos, sólo la amenaza del poder militar o económico. Para que ningun ingenuo –de esos que descartan sistemáticamente cualquier conspiración- olvide al menos el principio de Peter y piense que las cosas no pueden ir a peor, les advertimos de que aún falta una tercera y ultima etapa: la del Poder Total, en que el Imperio se desenmascarará ya como el Gran Hermano orwelliano. El neoliberalismo globalizador no es ya tanto un proyecto económico (como tal ha llegado a su límite expansivo con el estallido de la burbuja financiera y ya no es viable con formas democráticas) como un ambicioso y siniestro proyecto de poder absoluto. A tal efecto, ha venido reuniendo calculadamente en sus manos todas las palancas de control de nuestra aldea global: de los servicios públicos, de los medios de comunicación, de los medios de represión, de la privacidad, de la genética, de las semillas, de las fuentes de agua, de la biodiversidad, de la energía, y un largo etcétera. El día que decida bajarlas nada funcionará; la Humanidad quedará sumida en una profunda ocuridad, donde los supervivientes del gran exterminio anunciado en Informe Lugano caminarán a tientas obedeciendo la voz del Gran Hermano, que será la única que se oiga (el integrismo islámico, con el que pretende asustársenos, será una liberación comparado con éste). Dice Denis Duclos (v. "La locura asesina de los dueños del mundo" Le Monde Diplomatique, septiembre del 2.002): " los frenéticos partidarios de la mundialización constituyen una especie de secta-mundo que aspira a suplantar a las sociedades diversas al rechazar el proyecto democracia-mundo.....En el momento actual de la mundialización la clase financiera está más cerca del Gobierno que de la economía". Y añade John Berger (v. "¿Donde estámos?", País 3-11-02): "Su objetivo es despojar al mundo de sus raíces. Su estrategia ideológica –comparada con la cual la de Bin Laden parece un cuento de hadas- es socavar lo que existe hasta que se derrumbe, y convertir entonces las ruinas en su particular visión de lo virtual". Esto también estaba teorizado – incluso profetizado- desde mucho tiempo antes.

Los presos talibanes de Guantánamo y los miles de árabes encarcelados sin juicio desde el 11-S ya han empezado a vivir anticipadamente esta pesadilla... Los periodistas que sufrieron un apagón informativo en la reciente destrucción de Afganistán (que va a continuar, se les ha advertido, en la próxima de Irak), también empiezan a barruntarla. Y las universidades y librerías de EEUU, convertido, al decir de J. Petras, en "un país de soplones" (el Gran Hemano nos vigila a través de nuestros propios hermanos).

La Gran Red

Reflexiona J. Berger: "La condición esencial para pensar en términos políticos a escala global es ver la unidad del sufrimiento innecesario que existe hoy en el mundo". Y D. Duclos se pregunta: "¿Cuándo tomaremos conciencia de la necesidad vital de frenar este proceso delirante y suicida?. ¿Cuándo nos atreveremos a tomar al asalto las oficinas "globalizadas" en las que se traman minuciosamente los planes para arruinar sistemáticamente las construcciones sociales, colectivas y culturales que sirven a los pueblos"?.

Como respondiendo a estos pensamientos, un factor con el que no contaban los fríos cerebros del Imperio que habían planificado el mundo para despues del 11-S, empieza a operar como un serio obstáculo en su camino: la Gran Red, una red de mentes y corazones hermanados en el sufrimiento y la rebeldía, que se va extendiendo –a la misma velocidad que los tentáculos del Imperio- a lo largo y ancho del mundo. Conocida como movimiento antiglobalización, se manifestó por primera vez en Seattle, y desde entonces rebrota, con renovada pujanza, en multitud de lugares: Porto Alegre, Praga, Washington, Toronto, Estocolmo, Génova, Barcelona, Florencia...... Anuda acá y allá redes de solidaridad, de democracia participativa, de comercio justo, de paz....Como si una pequeña diosa invisible, aliada de la Humanidad, estuviese ejerciendo de partera de otro mundo posible (ya "se la oye respirar", dice bellamente A. Roy). Si, con la ayuda de todos, esa Red sigue creciendo, puede convertirse en una tupida malla que inmovilice al Imperio. Éste, confiado en el manejo de los hilos de un seudoenemigo fantasmal, puede encontrar en ella al enemigo perfecto real que le derrote.



Gentileza:: Gentileza:: alicia ester [ [email protected] ]

 

http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2002rest/2002oct/noticias9/rebel30-12.html

 

 

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