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AL DESAPARECER  SU SOMBRA,(sin color al frente de su cuerpo) SE MIRA ASI:  

SU SOMBRA SE CONVIERTE EN UN PERRO Y UN GATO, SUS ETERNOS COMPAÑEROS DE AVENTURAS.

 

DESPUES DE ENTERARTE, Y SI LO DESEAS;

POR FAVOR PULSA EL SIGUIENTE RENGLON Y:

Envía esta página a un amigo, gracias

"DEDICADO A LA MEMORIA DEL HOMBRE A QUIEN LLAME ABUELITO"

"P R O L O G O  Y  C O N C L U S I O N"

Antes de iniciar y/o finalizar Once Tumbas, en mi no muy acertada opinión que digamos, hago la aclaración de que en lugar de referirme a Don Antonieto, como regularmente al inicio lo haré, del volumen diez en adelante, en su lugar, me referiré a una "semilla", porque creo que eso fue aquél hombre, una semilla extranjera que en México, en el hermoso Estado de Veracruz se auto sembró; y dicha semilla fervorosamente prendió, y con inigualable fortaleza creció produciendo incontables frutos de distintos sabores, frutos que por la mayor parte del mundo entero se esparcieron sin daño alguno a sus semejantes causando; la semilla dió tanto fruto, que lo más seguro es que nunca, esos frutos dejarán de procrear; la semilla eludió persecuciones hostiles, desde antes y también mientras y después que ocurrieran la primera y segunda guerras mundiales, trágicos eventos que ocasionaron multimillonadas de muertes, y que la mayor parte de tales muertes fue de gente inocente, inocentes de todos los rincones del mundo; mientras en todos los Países de la corteza terrestre las revoluciones civiles otorgaban su cooperación en la matanza, los frutos de la semilla vivían sus vidas sin inmiscuirse en vidas ajenas. Mientras la envidia y la sed de poder del Uno, desea ser más fuerte que la de los Otros entre los políticos dirigentes del mundo, la semilla inició su desarrollo y continúa su marcha, y los frutos de aquella semilla también marchan, y continúan con la misma marcha pacífica de sanos e inimitables principios morales con que se iniciaron, y así mismo prosiguen con su multiplicación; mientras la ambición acumula riquezas materiales, riquezas que el ambicioso al morir, nunca a la tumba se lleva y mientras el abusivo, que de esas riquezas descaradamente disfruta, riquezas que nunca El produjo o trabajo alguno a El le costó; los frutos de aquella semilla honradamente trabajan, para el sustento de Ellos y de los pequeños de Ellos ganar.

 

     "ONCE TUMBAS, CAMPOSANTO 25"

"VOLUMEN 1"

En la colina mas remota de un lugar montañoso, muy alejado de cualquier gran ciudad, de la civilización en progreso en aquellos tiempos,  un lugar muy poco común actualmente, pero mucho muy común en aquellas épocas,  sobre todo, en los Países de habla Hispana, donde el yugo del dominio Español, poco a poco prosigue, continúa su lento desmantelamiento y el fantasma de la supuesta experiencia del advenedizo conquistador de supuesta sangre azul, como por arte de magia se comienza a visibilizar. En las mismas circunstancias que el Indio Nativo se hace vivir y se multiplica, el ya mencionado advenedizo, desertor del imaginario intelecto conquistador, aprende a subsistir y procrea mezclándose, tanto en lo sanguíneo como en costumbres, lo cual ayuda a la nueva Raza, el desertor inmiscuye su experiencia de antaño y el Indígena, independientemente de aportar a la indita,  aprovecha lo bueno y deshecha lo malo, por esa razón, se conoce el calificativo de: "que indio tan tonto y a la vez tan ladino", ¡oh, sí!, tonto, pero ahora ya, supuestamente, con sangre azul en las venas, residuos esparcidos de aquel fantasma amistoso del conquistador fracasado, fracaso que el conquistador, sobre todo el endino, se tomó varios siglos en reconocer y aceptar, será por eso que en ocasiones decimos "más vale tarde, que nunca" o, "nunca es tarde para amarnos", con la misma lentitud del desmantelamiento de aquel dominio, se esparce la nueva libertad, mejor dicho sería, se recupera la libertad antigua y se adhiere la hoy conocida democracia, democracia que a través de los años, en el País se ha conocido como Régimen, Dictadura, Socialismo y algúnos otros seudónimos de similar significado.

 Estos sucesos e historias, inician su formación a fines del siglo XIX, a  principios del  siglo XX, en Territorios del Estado de Veracruz, en la República Mexicana, en cuyos lugares, la electricidad aún no se conoce, donde el doctor es  el más viejo o vieja del lugar, al partero o partera, se les llama curanderos y donde la medicina, es de yerbas, fermentadas o recién cortadas de su planta, donde la ley, también la impone el más viejo, eso sí, el hombre, el varón, el muy macho, aunque en el encéfalo, tenga piedritas o simplemente lo tenga de adorno y vacío, eso no importa siempre y cuando use pantalón largo, y en muy raras ocasiones, la ley es impuesta por una mujer, muy a pesar de que mujeres con duro carácter existen en cualquier comarca; a las mujeres se les prohíbe usar pantalones largos, eso está raro, porque se les impone el uso de falda larga, hasta los tobillos, no tiene sentido, pero así és, también a los hombres no se les permiten usar el pantalón corto, excepto cuando son niños y claro, menores de doce años, porque a los trece, se suponen ya ser muy hombres, a los diez minutos, se sabe que ya son muy machos, más no se sabe cuando, los mismos varones,  se hacen adultos, por el tamaño no se distinguen, por experiencias vividas, quizá, pero eso resulta difícil en aquellos remotos lugares, donde las gentes se imponen obligaciones así mismas, de acuerdo a sus edades y no de acuerdo a sus prácticas, en ocasiones ni siquiera de acuerdo a la lógica común de las cosas. Generalmente todo se hace rutina, incluyendo ese sentimiento llamado amor, amor atraído por el acto sexual y no por las atracciones físicas entre ambos sexos

La vida en aquellos lugares, es simple, no hay manjares de postre, no hay grandes potajes en la  mesa del comedor, el alimento es rutinario, lo hacen de los mismos granos que la gente siembra, cultiva y cosecha, al decir granos, me refiero a las semillas que siembran en un pedazo arado de tierra que llaman, "la milpa", desde frijól, maíz, arroz, café, cacao y toda clase de verduras, en la milpa hay de todo, en otro pedazo de tierra no arada, después de quemar los despojos de monte, cultivan la caña de azúcar, en el mismo lugar, en el suelo, hacen pozos que llenan con pedazos del tronco de los árboles secos, les llaman "leña" les prenden fuego y colocan grandes casos de metal, donde hierven el líquido sustraído de la caña, en el "trapiche", el trapiche es como un molino, a todo el conjunto donde se prepara el piloncillo que sirve de azúcar, le llaman "la molienda". A unos  animalitos llamados cabras y  vacas, les  sustraen la leche, a lo que llaman "la ordeña", de la leche producen el queso, la mantequilla y varios productos lácteos, de la gallina el huevo, cacería de  venados, jabalí, conejo y guajolote salvaje, la carne, también del venado utilizan el cuajo(parte del estómago), para cuajar la leche, así que los alimentos, nunca faltan, de cuando en cuando, engordan a propósito un cerdo, de ése marranito, lo más importante es la manteca que utilizan para cocinar la mayoría de los guisados. Lo que en muy pocas ocasiones miro, es el dinero, claro que circula y no creo que sean las monedas que Judas recibió en su negocio de venta, el oro sí lo veo mas seguido,  no sé como, pero hay gentes que lo cargan hasta en los dientes, la mayoría que lo luce,  es gente que salió y regresó al lugar, o bien caminantes comerciantes que van de pasada,  comprando, cambiando o vendiendo, al saludar y sonreír, el diente les brilla, los comerciantes cambian o compran desde un huevo de gallina, hasta un toro, lo mismo que venden desde un clavo, hasta la misma carreta extra que adhieren a la carreta principal que jalan una yunta de bueyes.

 Muy, pero muy en el centro de la claridad del viento, se miran varias bolitas de gente al derredor de una bola más grande, se  escuchan  muchas voces, de entre las cuales, de cuando en cuando brota un llanto femenino y uno que otro grito de dolor, grito y llanto que al analizar detenidamente, parecen  mas bien fingidos que genuinos, el humo que despiden los cigarrillos hechos de tabaco envuelto en pedazos de hoja seca de la mazorca, se eleva a tal altura que se puede confundir o perder entre las nubes. El vocerío,  poco a poco va desvaneciéndose, como internándose muy adentro de la oscuridad del aire,  las bolitas de gentes comienzan a retirarse de aquel sitio, también la bola más grande que ha dejado en un montón de tierra suelta, clavada una cruz de mesquite, en la cual se lee este epitafio "Abajo descansan los huesos de  RITOALEGRE , encima, reposa el cadáver de  ANACLETO , ambos primogénitos del primer y segundo matrimonio de don Antonieto respectivamente, quienes de por vida residieron como miembros de la familia que habita en la Vieja Casona". El cementerio, tiene un letrero en la entrada que anuncia " CAMPOSANTO PARTICULAR VEINTICINCO ", el cementerio por fuera, regresa a su habitual soledad, por dentro, solamente se puede escuchar el susurro del aire chocando contra las cruces y huizaches salvajes que nacen y crecen en derredor de las tumbas; el cementerio semeja descuido, y ahí; de repente aparecen,  como  saliendo de la tumba vecina, un hombre y dos animales domésticos, los cuales,  recostándose sobre la tierra suelta en derredor de la cruz de mezquite, la cual casi utilizan de almohada,  ya recostados, estiran sus extremidades e inician entre sí, extraña charla,...(.¿?..)...Momentos  después, en lugar del vocerío anterior, se escuchan tres ronquidos diferentes pero igual de enfadosos.  Tiempo después, mucho tiempo, no se sabe con exactitud cuanto tiempo ha pasado,  un animal se dirige al otro, murmurando, como no queriendo despertar al hombre:

 El gato:- ¿Te has dado cuenta de algo, amigo canino?

El perro:- No, ¿ de qué, amigo felino ?

 El gato:- ¡De que no hemos tragado nada en muchos años!, y además estos terrones que parecen piedras, me tienen entumida la espina dorsal, las costillas y creo que hasta las uñas.

El canino sin contestar, se estruja la panza con las patas delanteras, sin mover el resto del cuerpo, murmura para si mismo, -De que se queja ese maldito felino, el tiene nueve vidas, si se muere de hambre,  aún le quedan ocho, o si muere entumido, se queda con siete, el número de la buena suerte, desgraciado yo, una vez muerto y hasta nunca, adiós a este mundo-, en  ese momento, el hombre se incorpora y mirando a los animales:

El hombre:- Bien,  bien, como que ya siento algo de hambre, debe de ser el cansancio  del mucho dormir, ¿ustedes, no sienten hambre?, yo creo que  ustedes también, así que saldremos de este cementerio y buscaremos algo para comer, pero no quiero que le den a nadie problema alguno ¿entendido?, sobre todo tú canino, esconde bien esos dientes, no quiero que los muestres ni siquiera al saludar, si tienes que hacerlo, saluda con el hocico cerrado.

Los animales, al momento no contestan, se miran el uno al otro, el gato como esperando ser aludido, para la cola y crispa los pelos, el perro para orejas esperando más, pero nada, el hombre calla.

El gato:- Claro hombre, cuenta con ello, no faltaba más ni faltaba menos, tú nos conoces, somos incapaces, ¿verdad amiguito?

El perro:- Seguro que sí, además, ¡con el hambre que me cargo!...¿ felino, como voy a tragar o a saludar sin enseñar el colmillo?.

El gato:- Eso, caramba, si que parece problema canino, lo bueno para mí, que es tu problema, a mis colmillos ni en cuenta los toman, ojalá nunca se les ocurra pensar en mis uñas.

Al irse alejando de la tumba, un animal le pregunta al otro, en tanto que el hombre, pensativo, los mira de reojo, como que algo le preocupa o molesta.

 El perro:- ¿Quien  crees tú que estará enterrado ahí,  donde tan cómodamente descansamos?.

 El gato:- No  sé, yo no se leer, pregúntale a tu amo.

El  hombre:- ¡Animales, basta!, lo saben muy bien, ahí quedó otro cadáver más de quien en vida, también residió en la vieja casona y  lo peor del asunto es que...que...que... y lo sé muy bien, que ahí, muy bien que lo sé, ujum, ahí...

Ambos animales muy atentos, haciendo dueto:- ¿Que, qué?, que ahí que, ¡suéltalo de una buena vez!-

El hombre:- Que es ahí, en la vieja casona,  el único lugar donde podríamos conseguir algo para tragar, en esa casona, se dice, se rumora mucho, que cuando no hay duendes sueltos, hay demonios enamorando alguna de las viejas quedadas, viejas cotorras, solteronas y empedernidas, por eso les advierto que no abran la trompa, y si me miran en aprietos, si notan  que algún vejestorio con faldas me quiere apañar, tu gato, por favor, le  arañas las patas y corres ¿ entendido?.

El perro:- Mira, mira, ¡ni que estuvieras tan apetecible hombre!, nomás nos falta oírte decir que eres el adonis de la comarca, ¿gatito, oíste?, tus uñas, como que sí las toman en cuenta.

Así, con la vieja casona en sus bocas y mentes, las viejas solteronas en sus bromas y un hambre de diez mil demonios, se  llegan hasta el camino real (carreteras antiguas), detienen su caminata frente a un frondoso mesquite,  porque no muy lejos de ellos,  miran que se acerca un borrico jalando un viejo carretón, en cuestión de minutos, el borrico para repentinamente, a muy poca distancia de ellos, y tres personas bajan  del  carretón,  dos mujeres, un varón, las personas ayudan a bajar del carretón  a alguien más, otra mujer, mas joven que las otras dos,  la joven mujer se queja al mismo tiempo que rodea su estomago con ambas manos; el hombre y los animales mirando aquello  muy serios, escuchan  la voz de una de las mujeres:

Perfeta:- Me parece que el único recurso que nos queda, es que intervengas abuela, ¿ no te parece?, que al fín y al cabo, tú eres la mejor partera de toda la colina entera y de muchas otras colinas más, tú has cortado mas ombligos, que tacos yó, me hé comido en mi vida.

La llamada abuela,  pensativa, con un cansancio notorio, respira profundamente, parece sacar mas fuerza de sus adentros, mira en su derredor, en todos lados hay lo mismo, arbustos pequeños y bonches de alto y verde zacate, con serenidad, pero con una voz  mucho muy autoritaria exclama:

La abuela:- ¿ Y que esperan par de inútiles,  que les aplaudan?, vamos, vamos, pongan la cobija sobre ese arbusto, nó, nó, mejor tiéndanla sobre el bonche de zacate, es más blando, es más acolchonado, élla se sentirá mejor, traigan el guaje con el agua, acomódenla lo mejor que se pueda, rápido pelmazos,  tú pedazo de zoquete,  junta ramas secas y prende fuego, saca la cubeta que necesitaremos agua caliente, rápido tarugo, muévete zopenco, parece que andas entumido o sonámbulo, pero no me extraña, así te hé visto toda tu vida.

El varón frunciendo el ceño, pero a la vez controlandose, se nota claramente que bien acostumbrado vive entre regaños, es eso, o miedo le tiene a mujeres, puede ser también, que nada más le tema a la abuela, pudiése ser respeto también; la joven mujer es acomodada cuidadosamente sobre el  improvisado camástro, el varón no aguanta mas tiempo callado y explota.

Justimiano:- ¿Tienes que gritarme y decirme pendejo?, está bien, ya lo hago, ¡ya lo hago!, yo tengo la culpa, nadie me invitó a venir en el viaje, nomás porque traigo pantalones me mandaron a hacer compañía, pero no pa´ que me regañen y enchinen el cuero, ni que fuera yo un chiquillo malcriado, yo soy un hombre completo, cabrón y maduro, y mucho, mucho muy macho.

Perfeta:- Cálmado mi Justimiano, calmadito, acuérdate que con calma, paciencia y saliva, un elefante hizo sexo con una hormiga, anda Justimiano, yo saco el agua, ándele Justimiano, por favor muévete, tú tráete las ramas y prende el fuego, no hagas corajes porque te pones más viejo, te vas a arrugar toditito, sí así de porsí no encuentras novia, menos la vas a encontrar arrugado, y con ese mal genio... ¡Pos menos!.

La abuela murmurando algo entre dientes, algo que sólo el mismito demonio  podría interpretar, se arrima a la mujer que sin dejar de quejarse, no despega las manos de su barriga y  haciendo caso omiso de la respuesta de Justimiano y la reacción de Perfeta, se arrodilla enfrente de la joven mujer y suavizando la voz le dice:

La abuela:- No  temas criatura, todo saldrá bien, a pedir de boca, ya lo verás, tu nomás olvida el ayer y el hoy, piensa en el mañana, trata de imaginarte todo color de rosa,  acuérdate de algún momento feliz, el más feliz de tu pasado, de esa forma, notarás que el tiempo pasa sin causarte dolor alguno, no me mires así, me miras como si nunca sentiste felicidad en nada, tienes que haber tenido un ratito de dicha, todo humano, lo há sentido, aunque en veces, ni siquiera nos demos cuenta, ¡haz memoria criatura!.

El hombre:- Por aquí animalitos, me parece que tendremos que esperar un rato antes de seguir, metámonos debajo de este árbol, con cuidado, parece mezquite de espinas, si esas gentes precisan de nuestra ayuda, creo que nos llamarán, se fijan en el ceño de mi semejante, observen su actitud, parece que le amargan su existencia muy a menudo, éso, o le gusta hablarse así mismo, sí a mal no viene, ni cuenta se dá que habla solo, sentémonos aquí, yo en medio, así estaré mejor protegido.

El hombre, sentado, recargándose contra el tronco del árbol, con el sombrero se tapa la cara, el perro a su izquierda y el gato a la derecha hacen lo mismo, excepto que la cara se cubren con las patas delanteras, los tres estiran sus extremidades y dicen en trío.

 -otra roncadita, daño no nos hará-

El tiempo pasa, pasa, continúa pasando, los animales y el hombre ahora roncando, no se percatan del trajineo que la abuela, Perfeta y Justimiano han armado, pero después del trajín, se sientan a descansar, Justimiano enrolla un cigarrillo y lo pone en su boca, con una ramita encendida que toma de la fogata, lo prende y fuma con ansia, exhalando el humo del tabaco que se une al humo del fuego y en espirales se eleva rumbo a las nubes; el gato  despertando de su sueño y hablando con voz muy baja.

El gato:- No sé cuanto tiempo  hemos esperado, sin ser llamados, sin oír nada, esa gente no necesita de ayuda, mucho trajinar tan apresuradamente y mirémoslos ahora, sentaditos como si nada, que veo, inician un nuevo  trajín, ¿Estaré despierto?, no, debo de estar bien dormido, con la suerte que tengo, una de mis vidas está soñando y mis otras ocho ni cuenta se dan, el canino si está bien  dormido.

El perro:- Que dormido ni que perro salvaje con rabia, gato pasguato, ¿qué no ves ni oyes?, el  carretón jalado por el anciano y cansado borrico ya  se pierde en la lejanía, con la diferencia de que  también junto con las carcajadas de aquellas rústicas personas, se escucha el llanto de una criatura, algo muy raro en estos remotos lugares, ¿no nos pidieron auxilio, verdad gaturro?, ¡que cansancio, caramba!, y ésto tan macizo que no deja dormir, quien fuera como el hombre,  no lo despierta ni el diablo, este suelo parece de fierro o más duro que el fierro, ya no siento en que parte del cuerpo tengo dolor.

El tiempo sigue su indetenible marcha, e igual que a orillas del camino real, debajo de un frondoso mezquite, cobijados por la sombra del árbol y la claridad del viento, un hombre y dos animales, continúan roncando sin cesar, sin que nadie los interrúmpa o  percibirlos pueda, y el tiempo sigue su curso. Entre ese lápso de tiempo, en otra parte de la colina, cerca de una vieja casona, en una de tantas veredas, dos mujeres con pasos muy lentos caminan y con voz muy alta, las dos mujeres platican.

 Ruperta:- ¿Que hacemos?, sin saber si ya lo encontraron, nos vamos a pasar el resto del tiempo así y seguir en lo mismo, ¿que no es eso muy tonto?, y luego se dice que el mundo está lleno de tontos, ¡pos claro que lo está!, nosotros lo llenamos, mejor regresemos a casa Feliciana.

Feliciana:- No sé mujer, escuincle del carajo, apenas cumplirá tres años y ya se pasó la noche entera fuera de casa, que se espera cuando sea adolescente, se perderá por la semana completa, o se perderá también dentro de una borrachera, tal como lo hace su padre, quien no sólo se pierde toda la semana, si no el mes entero, con aguardiente y mezcal, las obligaciones se le hacen cortas al desnutrido, sinverguenza,  irresponsable y maldecido por todos los duende y demonios de la tierra.

Ruperta:- Mujer, ¡ que es eso! la situación no está para ese tipo de bromas, no menciones demonios ni duendes, andamos solitas en este monte, siquiera anduviéramos en la llanura o en la ciénega, aquí es otra cosa, ¿bromeas verdad Feliciana?.

Feliciana:- ¡Que broma ni que ocho cuartos de kilo, nada de eso!, nunca hago bromas cuando ese malparido de Crisanto está por enmedio, me cáe mal el endino, nunca me gustó  pa´ ningún bien; que yo sepa, nunca ha hecho ninguno, puras maldades, injurias y heridas ha dejado en todas las personas de bien que lo rodean o enfrente de El atraviesan, heridas físicas que por fuera la cicatríz nunca se borra, injurias que por dentro hasta el alma queman,  y así tienes el descaro de preguntarme si bromeo.

Ruperta, no contestó para nada, mirando el suelo sigue caminado en silencio, continuamente, ambas mujeres, paran  y observan con atención algún ruido entre la maleza, entre los arbustos, muy comunes en aquellas veredas, por las cuales en silencio  prosiguen la búsqueda, las mujeres, como aturdidas por el silencioso estruendo del sonido del aire al chocar con la maleza, de momento no se percatan, que ante ellas, se encuentra un pequeñuelo, el cual con su manita derecha,  lanza piedritas por encima de sus cabezas, mientras que con la manita izquierda, tira, arrastra por la cola a un gato, gato que al parecer le grita,"ya suéltame, escuincle del demonio, me vas a dejar descolado", Ruperta al darse cuenta de la presencia del niño, con voz agradable dá un grito.

Ruperta:- ¡Mira lo que me encontré!.

Feliciana:- ¿Querrás decir?, lo que nos hemos encontrado.

Mientras tanto, el niño, con descomunal alegría, a grito abierto, como si se tratara de cantar ópera o competir en un concurso de gritos exclama:

Guillerto:- No se salió con la suya, nó, no tías, maldito felino, piensa  que conmigo se juega, miren tías, miren como lo traigo, y así  lo he traído toda la noche,  sin soltarle la cola me dormí  con él tías, de verdad  tías...de verdad, pero y a todo esto, ¿que hacen a tan temprana hora por estos lugares?, apuesto a que ni han almorzado por andar jugando al escondite entre las veredas.

Se escuchan, es muy posible que por toda la comarca, las risotadas de Feliciana y Ruperta,  quienes felizmente observan la actitud del chicuelo, entre tanto el felino sigue tratando de liberarse, sin resultado alguno y hasta parece que poco a poco se va resignando, no le queda otra, creo que ya ni garganta le queda para maullar.

Feliciana:- Guillerto, nos has tenido con angustia toda la noche, ¿no notaste cuando el sol se ocultó?, debiste regresar a la casona tan pronto viste la oscuridad, toda la gente te está buscando y tú gritando de gozo, ¿que no te dás cuenta?, preocupaste a toda la gente.

Guillerto:- Ujule, posque tarugos, porque se preocupan y porque me buscan si aquí estoy, además tía, con las sombras de la maleza y con mi estatura, ¿como quieres que distinga la oscuridad de la noche?, vamos, dime como, ¡dime como!, no puedes ¿verdad? si, muy regañona, usando el sol y sus ocultadas, puedes decir diezmil más de tus inventadas razones, al cabo ni es cierto, no me pasa nada, aquí estoy y de aquí no me voy, si quieres llévame, yo no me voy, tu estás más fuerte y grandota que yo, te reto, ¡anda tía, llévame!.

Ruperta:- Ya párale guerco maloso, vamos, anda mi niño, regresemos y avisemos a los demás para que paren  tu búsqueda Guillerto, mira mi niño, tu tía Feliciana te quiere mucho, por eso se enoja, pero no es enojo de verdad, se preocupa por tí, eso es  todo, Ella siempre se preocupa mucho por todos, a mí también me regaña, y Yo no digo nada, tú tampoco digas mas y vámonos, anda mi niño.

Guillerto, nuevamente se pone su tierna sonrisa en los labios y armoniosamente, ahora con tremendas carcajadas los tres,  emprenden el regreso a la casona, el único que parece no estar de acuerdo, es el felino, que resignadamente ya ni de gruñir se ocupa. 

Dentro de ese mismo lápso de tiempo y tres años antes, a la vieja casona, llega un hombre montado en un caballo color negro, un hombre con mucho atavío, tanto en el penco, como en el cuerpo, de adentro de la casona, se escucha la voz ronca de otro hombre, quien tal parece que desde adentro lo mira y dice:

Antonieto:- Desmonta Crisanto, esta es tu casa, yo tengo que salir pa´ la milpa, voy por la leña, no te esperaba tan pronto, la distancia es lejana, ¡oh! con razón, veo que montas buen penco, debe de ser muy velóz ese negro.

Crisanto:- Cosas del destino, señor, del destino, malo o bueno, pero muy destino, esas cosas no podemos cambiar, y sí Don Antonieto, este negro es de andadura velóz, serena,  pero muy rápida, eso lo hace velóz, tan velóz, que casi ya vuela.

La figura de Crisanto, a pesar del atavío y el pronunciar de algunas palabras, no lo hace mirarse inteligente, como El pretende, todo lo contrario, refleja una ignorancia, que solamente El mismo no percata; pero creo que esas cosas son muy naturales en todos nosotros, nunca hemos podido, concretamente, mirarnos sin espejo al frente ni ocultar en las sombras de la claridad del aire, todo lo que no nos conviene  sea visto, incluyendo la ignorancia misma, nuestro encéfalo, conciente o inconcientemente,  logra darle vida a esos fenómenos, invisibles fenómenos que se hacen visibles con acciones y ademanes, pero regresemos al tramo aquel, bajo el frondoso árbol de mezquite nacido a orillas del camino real, donde el hombre, el perro y el gato, momentáneamente despiertan de sus respectivos sueños y al abrir los ojos, con certeza se dan cuenta que el viejo carretón ha desaparecido, por lo mismo, después de estirar sus extremidades y como si asumieran mejor postura, regresan a sus ronquidos; en esos  precisos momentos, el borrico, jalando al viejo carretón, hace su entrada por el falsete que sirve de puerta en el solar de la vieja casona, donde para sorpresa de los tripulantes, se encuentran con la presencia de Crisanto, Marieta, (nombre de la mujer que recién parió) quien carga en sus brazos la criatura sin mirar directamente a nadie, con voz alta dice.

Marieta:- Apá, ya llegamos, salimos cuatro y llegamos cinco apá, ¿donde andas papá?.

La abuela, Perfeta y Justimiano, bajan del carretón, mientras que Crisanto, con temor a ser oído por el jefe de la casona, moviendo los ojos, mirando hacia todos lados, menos a los recién llegados, tratando de alcanzar las riendas del bozal que trae el borrico, y expresando:

Crisanto:- No voy a repetir disculpas, todos cometemos errores en la vida, pero eso no nos quita el derecho de propiedad, así que he venido por lo que es mío, lo quieran o nó, mi mujer, es primero mía, después lo será de ustedes, así que sin sus permisos me la llevo.

Perfeta:- Ya, lo suyo, nomás por los pantalones, ¡pero de hombre!... ¿y  se puede saber donde será su nueva morada?, esperemos que no sea la misma casucha vieja y abandonada, en donde ya se hizo costumbre que Marieta sea salvajemente golpeada.

La abuela:- Calmate mujer, yo creo que eso ya debe de estar resuelto entre tu padre y Crisanto.

Sale de la casona, corpulenta figura, de reojo mirando a Crisanto, haciendo un ademán a las otras personas, en forma de saludo, lleva un machete grande en cubierta colgado en la cintura, y un machetillo en la mano izquierda.

Antonieto:- Así es mujeres,  ya está todo muy claro, ¿volviste a montar Crisanto?

Crisanto:- Así es don Antonieto, he vuelto a montar.

Moviendo la cabeza negativamente, la corpulenta figura, hace muy notorio que no ha sido engañado, se vá con rumbo al monte diciéndo:

Antonieto:- Mejor sería que desmontaras Crisanto, mañana será otro día, cuando regrese de la milpa, me dirás mas mentiras, tu potaje favorito, si esperas y pasan aquí la noche, el potaje disfrutarás mucho mas.

Perfeta:- Porque no usas ese machete con Crisanto y no con la leña que cortas, la leña tiene mejor uso que las mentiras de tu yerno,  pero eso tú no lo quieres ni ver, ¡como hombre que eres también!, lo notas y se te hace un buen chiste, como lo es el chiste de que los dos traen pantalones, ese sí que es un chiste y muy grande.

Antonieto, haciéndose el sordo, sin mirar mas a nadie, ni siquiera a Perfeta que es la que le grita, se pierde en la primera vereda, el hombre del caballo negro, tomando las riendas del borrico, las ata a cabeza de silla y listo para jalar, por primera vez mirando directo, persona a persona, dice:

Crisanto:- Abuela, moraremos donde mismo, en el poblado grande, de donde nunca debí de haber salido y donde dejé a Marielo al cuidado de sus padrinos pa´ poder venir por lo mío, no nos quedaremos aquí esta noche, hay aún mucha luz del día que tengo que aprovechar, hasta pronto abuela, Marieta, no dejes que el escuincle se despierte, si lo hace, que no llore, ¿de acuerdo?, y no quiero repetirme a cada paso del  penco, hasta la vista abuela.

Al observar la actitud de Crisanto, me pregunto, ¿entre los pecados capitales, se incluyó la ignorancia?, Crisanto, mete espuela al penco y jalando al borrico, emprende la marcha de regreso; al acercarse al árbol aquél, al mesquite frondoso, donde un hombre y dos animales amigablemente platican, lo inesperado toma una forma.

El perro:- Mira gato, mira hombre, parece que el carretón regresa, ¿vendrán por ayuda?

El gato:- Ya yo lo dije, me parece  raro, no necesitar de nuestra ayuda, eso no pasa tan seguido, en esta región somos los únicos, inigualables, la inteligencia misma activando acertadamente en el universo entero, éso es lo que somos, por eso nos buscan.

El hombre:- Dejadme hablar a mí, esta vez hay algo diferente en ese grupo, ¿lo notan verdad?, por ejemplo, ese jinete no venía antes y ese penco que monta, parece ser el mismito demonio, o por lo menos un duende gigante de cuerpo y agallas, así que, a callar animales, ni una palabra, ¿entendido?.

Los animales, aunque frunciendo sus trompas,  resignados aceptan. Jinete y caballo, borrico y carretón, pasan junto al hombre y los animales,  mero enfrente, donde éllos están, pero solo el aire es mirado, mejor dicho sentido por Crisanto y compañía, como si no existieran los que tan afanosamente desean brindar su ayuda,  felino, can y hombre, sorprendidos por todo, en conjunto exclaman.

-¡Donde están los otros tripulantes!-

Exclamación, que solamente pudo haber sido, quizá,  escuchada o vista por el viento,  por el aire, al igual que sus pronunciantes, quienes después de estirar, cada cual, sus cuatro extremidades y acomodándose mejor regresan a los brazos de Morfeo; mal rayo me parta, que cosa extraña tan cursi y tonta  me pasa,  el haber mencionado a Morfeo, trajo a mi mente, algo que olvidé comentar con anterioridad, y el no comentarlo, de seguro que me arruina por completo la historia, así que, el algo ése, es que entre los lapsos de ronquidos con cerradas y abiertas de ojos del hombre, gato y canino, muchos acontecimientos ellos no presenciaron; lo inexplicable y extraño, es que tanto el hombre como el perro y el felino todo conocen y entre ellos comentan todo detalladamente, como si fuesen fantásmas de historias; detalles  tales como "la yunta de bueyes jalando una carreta", y "un sepelio más en el Camposanto veinticinco", o "el natalicio del primer hijo de Marieta, o sea de Marielo"; sucesos que indudablemente, son narrados en otras páginas de este libro,  pequeños rasgos ya han sido mencionados sobre lo mismo; con la aparición de Ruperta y Feliciana, ya conocimos a Guillerto, quien junto con sus dos guardianes femeninos, cuando continuaron su regreso a la vieja casona; a la casona que tiempo atrás, llegó un par de bueyes jalando una carreta, cuyo hecho no sorprende, pero si sorprendidos se ponen todos, cuando miran a Marieta bajar de la carreta con dos niños; la sorpresa se debe a que de cuando en cuando, por la vieja casona, mejor dicho por toda la región, los vendedores ambulantes, usan el mismo tipo de carretas para hacer sus ventas, en las ciudades y pueblos grandes, se abasteces de distintos utensilios y mercadería que utilizan para ultimar sus negocios, claro que eso pasa  solo cuando los habitantes del área consumen, o hacen algún trueque cambiando algo por algo; Marieta con una picaresca sonrisa en la cara y como si se tratara de los buenos días les dice:

Marieta:- Carámba, me miran como a un bicho raro, como si no supieran quien soy, muy bien, si así lo quieren, permitídme presentarme...Soy Marieta y él, él es Marielo, éste, el mas pequeño, se llama Guillerto, lo conocieron, claro está que hoy, no lo pueden reconocer, solamente lo vieron por un rato y eso, de recién nacido, si mal no recuerdo, ni nombre aún tenía en esos entonces; abuela me vine, ¿saben?, pienso que de haberme quedado mas tiempo allá, Crisanto me habría matado, de eso estoy muy segura abuela, por eso me vine, espero que no me reprochen nada, pero mucho temí por los niños, mas que nada por ellos, por protegerlos abandoné aquella casa.

La abuela:- No te preocupes mujer, ya vendrán tiempos mejores, claro que sin el maldito endino de Crisanto, cualquier tiempo es mejor.

Una de las mujeres, después de abrazar a Marieta, levanta al mas chico de los niños, al mismo tiempo que sonriente mira al mas grande diciendo:

Perfeta:- Ajajá, como que tú necesitas de mis cariños pequeñuelo, y tú no te me pongas celoso Marielo, para tí tambien tengo, aunque no me lo crean, cariño yo tengo de sobra, y ningún hombre lo busca, pero ya me llegará mi turno y entonces...entonces, me rogarán por gozarlo, pero ya verán que me pongo mis moños y del rogar también Yo me hago.

Antonieto:- Ya arreglaremos cuentas con ese maldito de Crisanto, por lo pronto Marieta, esta que en otros tiempos fue tu casa, lo seguirá siendo en el futuro y mientras tú no dispongas otra cosa,  además, de hoy en adelante, aquí tendrás voz y voto, ahora se trata de proteger, no sólo a tu persona, si no también a estas criaturillas, criaturas que culpa de nada Ellas tienen.

Aquella gente, desbordando genuina alegría, se encaminan a  la puerta de entrada de la vieja casona, al mismo tiempo,  Marieta sigue hablando, de plano se nota, ya se siente de nuevo en su casa.

Marieta;- Deben de saberlo todo, creo que lo peor del caso es que,  siento que estoy preñada otra vez, por seguro seré madre por tercera ocasión, más que nada, por eso me vine, un mal golpe y malogro otra vez, como me ocurrió antes que naciera Marielo ¡ay Dios mío!, ¿qué hice?..., nunca antes mencioné mi malogro, le tenía pavor a Crisanto, El me dijo, si lo divulgas te mato.

Antonieto:- No temas ya más por eso hija mía, nada puede ser  peor que matar a un inocente antes de al mundo llegar, nada Marieta, todo lo contrario, uno se va, otro llega, todo sigue igual, nada se ha perdido, protegeremos tu futuro retoño, en cuanto al que dices perdiste, de seguro no fué culpa tuya; ahora sí que mil veces maldigo a Crisanto.

Don Antonieto abrazando a Marieta con emoción, parece rezar, en aquel rústico rostro aparece una lágrima, en segundos otra y otra más, las cuales caen en la negra y larga cabellera de Marieta.

Antonieto:- ¡Bendita seas entre todas las mujeres, hija mía!, por favor mujeres, niños, no me miren así, los hombres también lloramos, Guillerto, Marielo, cuando ya sean adultos, si sienten el deseo de llorar, por cualquier sentimiento en sus almas, lloren, el llorar no es cobardía ni pecado, es una hazaña de honor que la gente ignorante confunde, y al nosotros llorar se nos llama cobardes, sin siquiera darse cuenta que somos todo lo contrario.

Todos se quedan perplejos, la actitud de don Antonieto parece haberles llegado hasta el fondo, y a punto de entrar a la vieja casona, son detenidos como por un canto con una clase de música muy bien afinada, todos voltean y miran hacia lo largo del camino que dá entrada  al  solar en que está situada la casona.

Antonieto:- ¿Quien será ese desconocido?, y con dos animales.

Marieta:- No sé apá, pero me parece haberlos visto antes, sí, sí, creo que los he mirado antes en algún sitio, no creo que los haya mirado en alguno de mis sueños o pesadillas.

La abuela:- A mi también me parecen conocidos, quiero decir, que los he visto antes, aunque, quien sabe, yo muy seguido tengo pesadillas con animales, pero coincido contigo Marieta.

Perfeta:- Ese perro y ese gato, pudieran habérseme olvidado, pero ¡ese hombre!...nunca, ¡nunca!, y con el hambre que tengo pa´ qué más les digo, que bueno Guillerto y Marielo, es mejor que no me entiendan ustedes.

Mirando de reojo a Perfeta,  don Antonieto, levanta la voz dirigiéndose a los supuestos visitantes.

Antonieto:- Con la venia, señor, ¿algo se puede hacer por ustedes?..., mujeres y niños, pa' dentro, yo atenderé este asunto.

En los pocos segundos en que se dirige don Antonieto a su gente, todo desaparece, al voltear, no mira a nadie, solo el vacío.

Antonieto:- ¿Donde rayos se há metido ese hombre  con sus animales?...¿no creo que los haya cubierto el aire?...¿me habré imaginado esto?, no, no, yo ví un hombre con un perro y un gato, ¡que imaginación ni que un carajo demonio bendito!, también los vieron todos, todos, incluyendo los chicuelos, que va, ese hombre debes de ser tan rápido como la luz, con seguridad quería una limosna, con los niños le dió verguenza y corrió a esconderse, ya volverá, pero ese perro, a ese perro me parece conocerlo muy bien, ¡seguro de eso que estoy!, a ese perro, antes lo he visto.

Pero para sorpresa de Antonieto, efectivamente, en la entrada del solar, no se veía absolutamente nada, excepto el vacío, ilógico sería pensar que se ocultaron detrás de la cerca, si la cerca es  de delgaditos murillos sosteniendo  delgado alambre de púas, don Antonieto, entra a la casona, cabizbajo murmura algo entre dientes, después se dirige al niño mas grande:

Antonieto:- ¿Así que tu eres Marielo chiquitín?.

El niño, apretando los labios y mirando el suelo contesta.

-Sí señor, yo soy Marielo-

Marieta:- Apá, acuérdate que cuando murió Gardenio no pude venir al sepelio, fué porque recién nacido estaba Marielo, que curioso apá, muere el difunto Gardenio y nace Marielo, después muere el difuntito Anacleto y casi frente del cementerio, nace Guillerto... y hablando de ese mocoso, ¿donde está?.

Perfeta:- Salió detrás del gatito, está afuera bajo la solera, jugando con el animalito, no te preocupes Marieta, ahí el mocoso está bien seguro.

La abuela:- Se están tardando mucho Feliciana y Ruperta y yo necesito el agua pa' hacer la limonada que beban con la comida, ¿porque no les pegas un grito Antonieto?.

Antonieto:- Y que me gano con gritarles, desde donde estén, no me oirán, pero si eso te complace gritaré.

Entran en ese momento Feliciana y Ruperta trayendo cubeta y guaje con agua respectivamente, las dos recien llegadas haciendo dueto dan de gritos.

-¡Marieta, que milagrazo!-

Marieta:- Tía Feliciana, tía Ruperta, aquí me tienen de nuevo, tal parece que mi destino es entrar y salir de esta vieja casona, vivir aquí un pedazo de tiempo, vivir otro pedazo sabe judas en donde.

Antonieto:- Esta ha sido la última vez Marieta, no volverás a salir de aquí, si Crisanto te viene a buscar y si tu quieres tratar de rehacer el matrimonio, puedes hacerlo, pero vivirán en la casa del sitio viejo, está sola y pienso que sería eso  mejor que matarlo, aunque muchas ganas de matarlo, no me sobran, pero pienso que me detiene la creencia de que toda criatura debe de tener un padre, sea como sea, embustero, cobarde o valiente, o simplemente que no valga nada.

La abuela:- Muy buena idea Antonieto, la casita del sitio viejo, me parece muy bien, eso se debió haber hecho la última vez, ¿verdad mujeres?, pero nunca es tarde y siempre hay una última vez, así como siempre hay también la primera.

Perfeta:- A mi, éso se me ocurrió antes, pero como ahí, en el sitio viejo, pensamos vivir mi futuro compañero y yo, después de arrejuntados, claro está.

Feliciana:- ¡Tu futuro!, ¿de qué hablas mujer?, que yo sepa últimamente no te  corteja ni siquiera el polvo que arrastra el viento, abuela, ¿que no querías tener el agua con tanta urgencia?, pues aquí la tienes.

Antonieto:- Apúrate abuela, que ya me anda de hambre, comencemos a comer antes que a Perfeta se le ocurra presentarnos a su imaginario compañero, su fiel  y eterno enamorado.

La abuela:- Vayan arrimándose a la mesa, ya tengo todo listo, solo me falta la limonada, al agua orita mismo le pongo su limón y su miel, es por si a  alguien se le atora el bocado, Marieta, tú trae a Guillerto, pero no metas al gatito, ese ya cenó su lechita.

Marieta sale, mientras la demás gente se arrima a la mesa, todo con calma y normal, como cualquier otra cena o almuerzo, pasan varios minutos y Marieta no regresa con Guillerto, se empieza a notar la inquietud entre ellos, Marieta entrando como una ráfaga les dice:

Marieta:- No encuentro a mi niño, le dí la vuelta a la casona y nada, tía Feliciana, ¿no lo vieron ustedes al entrar?, Perfeta dijo que estaba bajo la solera jugando con el gatito, pero ahí no está, y tampoco está el gatito.

Antonieto:- Con calma mujer, con calma, seguidme todos, no deben  andar muy lejos, ven conmigo chicuelo, vamos a buscar a tu hermanito.

Toda la gente sale de la casona, se dispersa  por fuera del solar, por parejas, excepto  don Antonieto y la abuela, son los que cargan con Marielo,  y son quienes caminan con rumbo al cementerio; más tarde y antes de caer por completo la noche, a la búsqueda, se unen Justimiano, Pigmenio y Pedroalto, quienes con Perfeta, Feliciana y Ruperta suman los seis  hijos sobrevivientes del  segundo  matrimonio de don Antonieto, el jefe de la vieja casona, quien algunos años  antes, acompañado de otras gentes, en aquél  cementerio, o sea el camposanto con el número veinticinco, cavó once tumbas, cada cual con su cruz y su nombre, o sus nombres, ya que algunas  de ellas tienen dos nombres, una de ellas, la primera a la entrada del camposanto, tiene cuatro nombres con un espacio en blanco, y eso  indica, esperan escribir otro nombre en la parte de arriba, se lee así en esa cruz, "AGUADULCE + RUTILIO. AMARGURAS + AMARGAGUA",  en el tronco, en brazos izquierdo y derecho respectivamente, la parte de arriba en esa cruz, está en blanco, en todas las otras  cruces, en la parte de arriba escribieron "DESCANSA", con una "+" en el centro, excepto en la primera, décima y la onceava, en los brazos de izquierda a derecha, en éstas se lee así, "CLEMENTINA + AREPAGRIA",  "CATRINBELLO + GARDENIO", "ANICETO + RITUARCO", ningún nombre tiene apellido, en las cruces siguientes, en el brazo izquierdo solo hay un nombre, el derecho está en blanco,   "FORTUNATA +___________",  "CATRINFACIO + __________", "FORTINIANO + ____________",  "TIOFILOSORDO + ___________",  "CASIMIRO + __________" "AGUACLARA + ___________", los nombres en el brazo izquierdo de las cruces, pertenecen a quienes, otra leyenda cuenta, fueron el fruto del primer matrimonio de don Antonieto, o sea, de sus once primeros hijos e hijas, el nombre de sus difuntas primera y segunda esposas, están escritos en la primera cruz, en el tronco y brazo derecho respectivamente, dicha cruz, es la que está situada en la primera tumba, a la entrada del cementerio. Del segundo matrimonio, cinco  están ya, cada cual, en algunas de las mismas tumbas que han sido reabiertas para segundo depósito, se nota que una de ellas, ha sido reabierta mas de dos veces, seis tumbas mas se supone sean reabiertas, de acuerdo a lo dispuesto por la difunta Aguadulce y dicho por el jefe de la vieja casona, reaperturas que pertenecen a los seis antes mencionados, los que aún están con vida, tres hembras y tres varones, tal parece que don Antonieto, como que no se cuenta así mismo porque nadie piensa que tenga planes de entierro para la abuela, pero todos los habitantes del área, saben con acierto, que la tumba de la entrada, por alguien será reabierta una última vez, muy en especial para el viejo. En sus matrimonios, don Antonieto, repite la historia tres veces, dos veces viudo, once hijos e hijas con cada esposa. La abuela, es ya su tercera esposa, de la cual, también ya han nacido once hijos e hijas y  don Antonieto, como si nada, está fuerte como un mulo, lleno de energía, repleto de vida, sano desde la uña hasta el diente, algunas gentes dicen que ya cumplió el siglo, otras, que ya lo pasó, pero eso no le evita el competir y vencer físicamente al más joven de sus hijos varones, Antonino, el último que tuvo, quien casi lo semeja en el nombre, toda la gente de la comarca comenta "Antonino es el último, la abuela, ya no puede engendrar", nunca han dicho, "don Antonieto, ya no la puede", a menos que lo hagan por mucho respeto, por eso, las opiniones, mejor las dejamos pasar. La noche termina por completo, los rayos del sol comienzan alumbrando el nuevo día. Feliciana y Ruperta, acompañadas de Guillerto, quien no suelta el gatito para nada, llegan a la vieja casona, donde tranquilamente Galdino, Agapolio, Hedilbertino, Antonino, Renaldo, Epistafio e Isabela, en la solera de la vieja casona, los siete, sentados descansan, como también en sus tumbas, en otro cementerio vecino sin el número veinticinco, reposan los cadáveres de Cresencio, Inocencio, Juanancho y Clementina, todos estos, los once, siete vivos y cuatro difuntos, compónen el fruto o los  retoños, hijos de la abuela y don Antonieto; al notar  Feliciana y Ruperta a sus medios hermanos, los saludan sin mucho entusiasmo, casi como por necesidad, sín más ni menos, tranquilas se sientan en el patio a esperar que regresen los demás buscadores.

Isabela:- Mujeres, ¿que sorpresa se traen?, al llegar nosotros, la casa vacía,  ni el gato siquiera, ahora llegan ustedes cargando un escuincle, el escuincle arrastrando al gato y supongo que hay más, así que adelante, desembuchen, que nosotros con paciencia escuchamos, tenemos el resto del día.

Feliciana:- Ya lo sabrán a su tiempo Isabela, a su tiempo y desde otra boca, la mía anda ya muy cansada, Ruperta, ¿No sería mejor, que salieras y corrieras la voz de que ya lo encontramos?.

Ruperta:- Nó, no, mejor esperemos, tienen que regresar al no encontrar nada, yo, como tú boca, también estoy muy cansada.

A los seis varones y a Isabela, en la cara se nota el  asombro, el desconcierto y a la vez tranquilidad, extrañas gentes. A orillas del camino real, como  antes, debajo de un frondoso árbol de mesquite, un hombre, un gato y un perro, ahora en lugar de roncar, entablan animada platica, al parecer nada les preocupa, únicamente hablan...(.?.)... y hablan,...(¿?)... Uno de los animales le da más volumen a su voz en la plática, como con la intención de ser escuchado con más claridad, no solo entre ellos mismos, pero por alguien distinto o más alejado:

El gato:- Oye hombre,  tú como humano, supuestamente, te debemos llamar por tu nombre, pero ¿cual és?, tenemos juntos vagando por años, y que yo recuerde, nunca nos has dicho tu nombre, te da verguenza decirlo ¿es muy feo, no es éso?, no me digas una mentira, contesta la franca verdad.

El perro:- Hay mucha verdad en lo que dices felino, nosotros como animales, sin nombre vivimos, aunque hay muchos humanos que nos ponen un nombre, pero por ley todo humano debe tener su propio nombre, ¿que pasa con el tuyo, hombre?, no me digas que lo olvidaste, no creo que lo hayas cambiado por algún alimento, nos tienes sin tragar desde hace... no se cuanto tiempo, explícate hombre, de no hacerlo, voy a dejar de ser tu mejor amigo, y ya  verás la diferencia que eso ocasiona.

El hombre:- Escuchadme par de gandules, no me lo crean si así lo desean, pero yo nunca he tenido ningún nombre, ¿tiene eso algo de malo?, pero si lo deseáis, si son tan infelices por eso, podéis bautizarme y asunto terminado, pero no olviden, ya les llegará su turno también, a todo animal domado, los humanos encajan un nombre de acuerdo a su figura, ¿entendido?, sus figuras no están tan atractivas que digamos.

El gato:- Muy bien, muy bien, me gusta la idea, te pondremos un nombre, como tú lo has dicho, te bautizaremos, lo primero, elijamos las letras, yo propongo que sean cuatro, dos vocales y dos consonantes, ¿te parece canino?.

El perro:- ¿Y porque dos y dos?, para que tenga cuatro letras como tú, no, no gaturro, tu siempre llevando ventaja, además mi amigo hombre debe de opinar también, el es el que cargará con la maleta del nombre, justo es que opine, ¡cuatro letras!.

El gato:- Ninguna ventaja canino, yo solo propuse, si no te parece, expón tu idea, yo dije dos y dos, pensando en la "o", la o la tenemos los dos al final, también tenemos consonantes diferentes los dos, mira bien "gato..., perro", lo de cuatro letras, lo dije porque así es mas fácil acordarse, no querrás llamarlo Bardobianueldobleancho.

El hombre:- Y que gatucho, ¿yo no cuento?,  perro tienes razón, yo soy el que eternamente tengo que cargar con el nombre, por otra parte felino, te oí decir en cierta ocasión "no sé, yo no se leer", si es así, de donde sales ahora tan letrado y mencionando nombres de veinte letras que muy apenas se pueden pronunciar.

El gato:- Hombre, que memoria la tuya, parece que me apañaste, aunque yo no se sí mentí, tengo una o dos y a lo mejor tres vidas de analfabeto, por tal razón, tomaremos en cuenta tu idea, digo, si tienes alguna, exponla, te escuchamos, ¿verdad canino?

El perro:- Así que me mentiste maldito felino, más adelante arreglaremos ese detalle, a mi no me importa cual de tus vidas haya mentido, por ahora concluyamos con el asunto del nombre, opino que usemos dos vocales y dos números también, digo, si tú estás de acuerdo hombre.

El gato:- ¿Números? y que de las consonantes, números nomás les ponen en las camisas a los presos, o se usan para contar dinero y ni somos presos ni tenemos dinero, entonces para que los números.

El hombre:- Tranquilos, tranquilos, podemos complacernos mutuamente los tres, así que, como ya tienen la "o", se usará la "e" y tomaremos una sola consonante, pero la usaremos dos veces, los dos números, esos pueden ser, dos de los cuatro que tiene este año, como no quiero ya seguir siendo mas un fantasma de hombre, de aquí para adelante seré un personaje o fantásma con nombre, y ustedes se convertirán, tú perro, en mi otro yo, y tú gato, será el otro de mi otro yo. Así que bien, la "m" se usará dos veces y punto y aparte; estamos en el año de 1942, elijan ustedes los números, la "o" de gato, la "e" de perro, la "m" de hombre o del mito que continuará vagando por el mundo, lo mismo me da, al igual que los dos números, lo mismo me da sean los que sean, adelante animales, ustedes elegid.

El gato:- Estoy de acuerdo, estoy satisfecho, muy a mi pesar de que seré tu otro yo perro amigo, ¡la "O" de gato!, primero ¡ajá!, muy bien hombre, para demostrar mi conformidad, tu canino, tu que te supones ser el mejor amigo del hombre, coordínale el nombre.

El perro:- Gracias amigo canino, y con agrado acepto ser tu otro yo hombre amigo, gaturro nuestra  "O", la primera, hombre tu "m" la segunda, mi "e" la tercera y otra vez tu "m" hombre o mito, y con los dos últimos números de este año 1942, aquí está: -Omem42-

El hombre:- Omem42, Omem42, Omem42, Omem42, me gusta, me gusta, me gusta ¡ me gustaaaaa!!!.

EL PERRO, Y EL GATO

 El gato:- Me siento feliz, a mi también me gusta,  se oye y se lee muy aristocrático, ¡Omem42!, que les parece si nos llegamos a cualquier cementerio y enterramos al hombre, lo sepultamos ahí para siempre.

El perro:- Estás loco felino, no tenemos que enterrar ningún hombre, únicamente tenemos que adaptarnos a continuar como su sombra y llamarle Omem42,  es todo, además, el cementerio es para cadáveres y Omem42 está vivito y coleando.

Omem42:- Coleando tu cola canino, yo  estoy vivito, respirando y muy contento con mi nueva identidad, Omem42, sí, ese soy yo, el Omem42 del futuro, y repito, me gusta.

El perro:- Está muy bien Omem42, que sea mi cola, mientras yo sea tu mejor amigo, y que de una parte de tu sombra, me convierta yo mísmo, si, así todo tranquilo, ¡oh! y hablando de tranquilidad, me ha venido a la mente lo contrario, sabían ustedes que antes fueron los problemas con el tipejo irresponsable del marido, el tal Crisanto, ahora sepa el demonio de que clase de calamidad sufre esa pobre mujer trabajando tan lejos, sea lo que sea, no me parece justo lo que le pasa, ¡pobre Marieta!.

El gato:- Así está la cosa Omem42, y cuando desaparece por comleto tu sombra, me aparezco yo también, por lo que diré que un gato y un perro serán siempre tu sombra mi amigo y que así está y estará todo el tiempo la cosa..., con respecto a Marieta y sus hijos perrucho; lo peor de todo, es que los escuincles ni la deben, ni la saben siquiera, no tienen la culpa de nada y sin embargo, ellos son las paganos, solo sufrir y sufrir, sin poder quejarse con su propia madre.

El perro:- No lo creas así, les aseguro, sin temor a equivocarme, Marieta sufre, quizá, pero el protector de tu raza gaturra, el tal Guillerto, garantizo que el goza, se las sabe de todas, todas, ese cachetón se da perfecta cuenta de todo lo que ocurre, pero lo disimula a la perfección y con el mayor acierto, es mu inteligente, mi olfato no miente amigos míos.

Omem42:- Creo sí hé notado a ese guerco, corre que corre entre la casucha del sitio viejo y la vieja casona, no creo que lo haga por ejercicio, ni porque le guste visitar sus otros parientes, lo hace para echarle un ojo a su hermanito Ruleto, el otro día le oí decir, dirigiéndose a la abuela, "te das cuenta, abuela, que no lo dejan hacer nada, solo jugar y jugar, lo están haciendo a que sea muy atenido a otros" ¿no creen ustedes que se  refiere a Ruleto?, todo está claro, como el viento, como el aire.

El gato:- Mira Omem42, lo que en realidad pasa, es que a él, a Guillerto, lo tienen de la pura greña, pobre Guillerto, que a traer leña, que a barrer, que a traer agua, que esto, que lo otro, que ve a la milpa y trae elotes, que a mananterar la vaca, que cuida las chivas, total que es un mil usos y no le dan chance de jugar como niño que todavía es, no en balde en veces le oigo decir, cuando anda solo en las veredas "algún día me las pagarán todititas juntas", no creo que sus expresiones sean por celos de que al chiquitín, a Ruleto, no lo dejan hacer nada, en cuanto que la famosa tía Feliciana, almacena quehaceres para que Guillerto no juegue, a esa señora siempre le oigo decir, "lo trato así, para que se haga todo un hombre" , ¡todo un hombre!, hombre es lo que esa señora necesita, ¡pero arriba de élla, que caray! o en cualquier posición, pero eso sí, aseguro que le falta un hombre.

El perro:- Mira gatito, mira Omem42, mientras sean peras o sean manzanas, insisto, Guillerto está manejando tanto a la abuela, a Ruperta, Feliciana y Perfeta, como a Justimiano, Pigmenio, Rituarco y Pedroalto, ¿saben otra cosa?, no me extrañaría que manejara al viejo Antonieto también, porque a los hijos de la abuela y a Isabel, ni se diga, a ellos sí que los hace como a El se le antoja, me consta, lo presencio cada día, además no olviden, El, Guillerto, es el único nacido cerca del cementerio, después de un sepelio...¡Oigan!, que hablando de sepelios.

Omem42:- Canino,  tienes mucha razón, de acuerdo a la vieja leyenda, quien nace cerca o enfrente del panteón, el día de un sepelio de alguien que residió en la vieja casona, en la casona reside un tiempo él también, además adquiere como por arte de magia, todo lo bueno , lo malo, lo ignorante. lo bruto y lo sabio que en vida tenían los primeros once hijos e hijas juntos del primer matrimonio del jefe de la vieja casona, don Antonieto,  y a cuyos esqueletos, les empalman un medio hermano/na que fallece del segundo matrimonio del viejo, que para conservarles lo inteligente  y lo todo,  porque así se protege el uno al otro y todo  lo demás que descansa ahí en la misma tumba, en el mismo cementerio o  camposanto. La leyenda dice que entre los primeros once hijos del viejo, la mayor parte eran de inteligencia sobrada, Filósofos, Inventores, grandes Doctores u Homeópatas, Artistas y uno que otro Clarividente o profeta que pudo predecir el futuro, que a todos éllos, hombres y mujeres, les dieron personal enseñanza don Antonieto y su primera esposa Aguadulce, quien era una sabia, así pues, si Guillerto adquiere tal sabiduría, tal de todo...¡imagínense!, ...(.?.)...¿se imaginan, verdad?, un genio monstruoso, creado por la misma madre naturaleza.

El perro:- La leyenda la conozco Omem42, la conozco muy bien, cuando quieran les platico de la misma, pero les digo que hablando de sepelios, no me digan que no se dieron cuenta lo que pasó la otra noche, ¿estaban  dormidos o muertos?

Omem42:- ¿Cual noche?, ¡y que tiene que ver la otra noche con los sepelios!, soñastes otra tontera, ¿verdad perruchín?, otra de tus pesadillas.

El perro, enseñando tremendos colmillos, casi olvidando ser el mejor amigo de Omem42 y de salir de  una parte de su sombra, de ser de Omem42 su otro yo, como ofendido al notar que sus amigos dudan de sus palabras, explota.

El perro:- ¡Que sueños tontos, ni que un carájo bendito!, pesadilla ni que mis encajes, la otra noche miré al jefe de la casona, a don Antonieto, quien con Justimiano, Pedroalto y otro, a quien no le ví la cara, entrar al camposanto cargando un ataúd y les aseguro, que esa caja no tenía flores adentro ni tampoco un tesoro, supongo que si no fué Pigmenio, fué Rituarco, pero eso sí, un cadáver sepultaron, sí no me creen, no es cosa mía, allá ustedes, ¿de verdad, tú no viste nada felino?

El gato:- La mera neta, no canino, pero mira perro amigo, yo te juego bromitas, más no de ese calibre, te me puedes volver loquito y luego que hago con dos, ¿te imaginas?

Omem42:- Gato del demonio, ¿que insinúas?, mira canino, mi sombra querida, no te sientas molesto, el gato y yo, no  nos dimos cuenta de nada, pero sí tú lo atestiguaste, entonces lo daremos por hecho, eso sí, conviene saber quien fué el difunto, ya nos daremos cuenta, por lógica, eso tiene que pasar  cuando cualquiera de los dos no aparezca.

Entre tanto, en la vieja casona, tal parece que telepáticamente, Omem42, el perro y el gato, comunicaban su charla a los habitantes de la casona, algo que no sería nada extraño, puesto que, tanto don Antonieto, los otros varones y la abuela, también las otras mujeres, incluyendo a Marieta, todos éllos ya se refieren a tales personajes, como  los duendes del siglo, otros vecinos les llaman fantasmas y algunos transeúntes se expresan "miramos las tepas", y toda esa gente se refieren a Omen42, el perro y el gato, de quienes en las lejanías, en los pueblos grandes y en una que otra ciudad, ya se cuentan historias, incluso  algunos inician estudios de sí mismos...(.?.)... con el afán de encontrar en sus adentros poderes de telepatía o clarividencia.

La abuela:- ¿Sabes qué Feliciana?, se rumora por toda la comarca, no solamente la muerte espontánea de Rituarco, dicen que todavía no le tocaba, que dizque lo mató el mal trato y  que también el maltrato no se le desprende a Guillerto, que la mayor responsable de ello, éres tú, que lo tratas como si el guerco juera un esclavo, pos yo nomás oígo...yo sé que tú quieres rete harto al escuincle, por eso me atrevo a decírtelo.

Feliciana:- Que hablen lo que quieran, éllos que saben, y sí verdad supieran, también hablarían mentira, tú, abuela, sabes muy bien que Rituarco murió de la infección causada por las niguas, malditos parásitos, imposible acabar con ellos, no sé porque las infames niguas, en lugar de adherirse a los rumoradores, penetran en la piel de la gente buena, matándola, si no se cuida, Rituarco nunca se sacó una nigua, gozaba rascándose las patas, nunca me creyó cuando miles de veces le dije que esa picazón acabaría con su vida, así que, también por incrédulo murió, o por cochino, nunca se lavó los pies. Y con el guerco, yo todo lo hago, para que desde chiquito, Guillerto aprenda, que en la vida todo cuesta, que no hay nada gratis, bueno, dicen que el amor no se compra, pero éso, no quiere decir que el amor sea gratis, se paga con sinceridad y respeto...(...)... y sí no es sincero, no es amor, entonces es solo sexo y eso sí que se compra y se vende, mi apá dice que es el mejor negocio  allá en el viejo Continente...(...)...¿De qué Demonios estoy hablando?...

La abuela:- Que me parta un rayo si lo sé, que tiene que ver toda esa ensarta de sandeces que dices, con los rumores de que  te hablo, o con el amor o maltrato del guerco.

Feliciana:- Ya te dije que yo no maltrato a Guillerto, todo lo que hago, me duele, pero él será todo un hombre, no soportaría que creciera como el malparido de su padre. El crecerá diferente a todos los demás, será responsable, tendrá honor verdadero, lo sentirá desde adentro, no de los labios pá fuera, si las murmuraciones, me transforman en bruja, que digan que soy el sadísmo viviente, a mí que me importa, Guillerto sabe que lo amo, como si fuera mi propio, con éso me basta y me sobra pá aguantar a todas las lenguas venenosas que riegan el chisme.

La abuela:- Está bien mujer, está bueno, porque yo también lo quiero a la buena, te comprendo y aunque lo demuestre menos, lo siento igual por dentro que por fuera, ya no te sulfures, yo solo te comentaba los malditos rumores, pensé que no lo sabías. Guillerto, no será un borrachales como su padre, de ésos ya está lleno el mundo. Pero Feliciana, ¿y qué de Marielo?, él también lleva sangre de la nuestra en las venas, no crees que sería conveniente saber que vida le dan por allá.

Feliciana:- Pos ora, porqué me cambias el tema y de paso me avientas otra chambita encima, abuela, tú sabes muy bien que Marielo está en buenas manos, con sus padrinos de bautizo que lo quieren rete harto, pos como no tienen hijos propios, les cayó como bendiciones del cielo, no los conozco, pero eso me basta por hoy, se dice que tiene mucha riqueza esa gente, ¿tú conoces aquellos lugares abuela?.

La abuela:- Tanto como conocerlos, nó, sé por donde és, por allá nació Marielo, ¿recuerdas?, cuando murió Gardenio, alguien que vino de paso nos dijo, " hay otro más en el poblado grande, la Marieta parió", así le llamó a aquél lugar el cretino de Crisanto, el poblado grande, y también le llamó la Estación Cebadilla,"de donde nunca debí haber salido", eso dijo la última vez que lo ví, hoy día, ni el mismito Lucifer sabe donde anda, lo más seguro que anda en las parrandas donde no lo conocen, gastando la herencia que a sus hermanos no repartió, ya aparecerá en cualquier rato, muriéndose de hambre y en quiebra, sin un maldito centavo.

Feliciana:- Abuela, por hoy no me ocupo de Marielo, mas delante quizá, con suerte de un momento a otro aparece Marieta, ojalá que regrese después de haberse contratado y  dejado techo y trabajo seguro, así meramente como hizo sus planes, canija Marieta, no cabe duda que tiene mucho valor escondido, ¡mira nomás abuela!, que aventurarse así sola, nomás confiando en lo que le dijo el difunto Pigmenio se fue a buscar bienestar pá sus hijos, yo creo por eso la admiramos y le cuidamos con gusto a los críos, abuela, Marieta, lo que tenga, lo tiene muy bien puesto, que son muchas agallas.

Al sentir y notar algo, en la platica entre la abuela y Feliciana, algo que en su mente no identifica, Omem42, adquiere una actitud diferente a la usual, ese algo lo inquieta, es un algo que lo hace pensar, casi sin poner mucha atención a sus acompañantes, y a la vez trata, con mucho disimulo, de ocultar su inquietud, pero al perro, con su fino olfato, nada se le escapa y le dice.

El perro:- Aviéntala Omem42, avienta todo para afuera de tu mente, si algo te molesta, desembucha, si algo no sabes, pregunta, el preguntar a la buena, ni es pecado, tampoco delito, yo te comprendo Omem42, soy muchos siglos mas viejo que tú, por si no lo sabes, aunque después de ponerte tu nombre de tu sombra me salga y en años venideros ese sea mi destino, lo acepté y cumpliré, también soy mas viejo que las nueve vidas del gato, mira Omem42, para que más confianza me tengas, te confesaré un secreto que hé llevado por dentro de mí, pensaba confesártelo, pero no ahora en este momento, mas al mirar que a tu mente, como que se le ha metido el  mal de la duda, de la incertidumbre, esa enfermedad es muy peligrosa, afecta a la memoria y puede provocar el mal del insomnio y eso sí que me preocupa, porque a pesar de que puedes morirte, de paso no nos dejarás descansar a nosotros que nada debemos.

El gato:- La confesión canino, la confesión primero, despues te preocupas por mí,  por mis nueve vidas y por la nada que debemos, yo te conocí antes que Omen42 y a mí nunca me confesaste nada de tí, yo creo es por eso que quedó grabado para siempre en la historia de la humanidad el dicho ese que todos, sin pensar usan cuando atestiguan un pequeño desacuerdo de opiniones, como dicen, diremos "Parecen perros y gatos", sin saber que en el fondo, somos los grandes amigos.

Omen42:- El gato tiene razón canino, y yo acepto, no me concentro con mucha agudez que digamos, es notorio ¿verdad?, por lo tanto confiesa el secreto, uso tus propias palabras, desembucha y no temas, tu secreto quedará entre nosotros tres solamente, así como en la historia de los tres mosqueteros, lo prometo, de mí no saldrá nada de tu secreto, te doy mi palabra de honor.

El gato:- Yo tambien amigo canino, doy mis nueve palabras de honor, de ninguna de mis vidas, saldrá tu secreto.

El perro:- Muy bien amigos, sin mas preámbulos, les digo, yo soy uno de los tantos desertores de aquél supuesto intelecto conquistador, soy un fantasma viviente que por muchos años se refugió bajo la protección de don Antonieto, a quien mucha ley fielmente con honor otorgué, fui muy felíz y vivía a mis anchas, hasta que murió mi protectora, la primera esposa del viejo. Luego llegó la segunda esposa de nombre "AMARGAGUA", y todo se fue desmoronando, causa por la cual, abandoné la vieja casona, no piensen que fue por temor, por infiel, nó, simplemente fue precaución; por eso fue que te dije Omem42, que tengo conocimiento de la otra vieja leyenda, de todo lo que ocurrió en el primer matrimonio del viejo, todo sin ninguna excepción, yo lo sé,  si hacemos a un lado la superstición, les platicaré, primero; como y de que  murió el primogénito de don Antonieto, noto que es similar a lo que comienza  afectándote a tí amigo Omem42, por eso  me preocupo mi amigo, te tengo la misma ley del honor, la que se entrega sin esperar nada a cambio, por eso, si no se me asustan y solo para que tú Omen42 recapacites, para que vuelvas a la normalidad y readquieras la misma felicidad que mostraste cuando coordiné tu nombre, ¿lo recuerdas, verdad?, a gritos felíz lo repetías por largo tiempo sin parar; pues bien, les narraré como dejó este mundo el Filósofo  Ritoalegre, así se llamó el primogénito de don Antonieto, Ritoalegre, me gusta pronunciarlo ahora, como que me siento mejor, y si el tiro me falla y te me asustas Omem42, que alguién de aquí o del más allá me perdone, dicho sea de paso, si es que tú te me mueres igual, ya que si positivamente reaccionas, sé muy bien que  encontraré la forma de cobrarte mi terapéutica y medicinal receta. Muchas veces, muchísimas, con alegría desmedida, cuando Ritoalegre era muy niño, mejor dicho desde recién nacido, yo lo cuidé y protegí, eso dio motivo a su madre, mi protectora, Aguadulce era su nombre, muy sabia mujer, ¡hermosa señora!, que me amó sin medida, como si fuese yo un ser humano, recuerdo muy bien lo que se siente, no siempre hé sido un perro fantasma como ahora me ven, cuando humano yo, mientras en estas tierras mi aventura vivía, en un País muy lejano de aquí, muy cerca del País donde nací, la revolución industrial del vapor, con agigantados pasos, crecía y crecía, las máquinas de vapor de los socios Bolton y Wats al mundo entero asombraban, ay caramba, creo que ya me hé  desviado del tema, no desesperen, sé muy bien que se trata de la cosa  que cargó con Ritoalegre, cuentan varios sucesos, de los cuales ninguno, ninguno es el cierto, unos dicen que murió del mal de la  duda, otros que del mal de amor, la mayor parte de los narradores, dicen que murió del mal de insomnio, y yo, la mera neta, digo la pura verdad por experiencia propia vivida con Ritoalegre, les digo que no murió de ninguno ni de los tres males juntos. Verán, cuando Ritoalegre cumplió los trece años, los festeja pescando catanes (peces con pocas espinas, parecido en la trompa, al lagarto) en el arroyo que desemboca en el estero, muy cerca de la ciénega, antes de salir de la vieja casona, Ritoalegre le dice a su madre, -Aguadulce, iré a tus orillas a pescarme un catán para que me lo cocines sin tu primera mitad, pero cargando al guisado, sin medida,  tu segunda mitad, acompáñame amigo-, me invita,  Ritoalegre, ni niño adorado, poeta y filósofo de inteligencia sobrada, siempre encuentra la forma de dejar pensativas a las personas alterando o dividiéndoles el nombre, o simplemente, diciendo algo gracioso que encaja con ellos; cuando en el arroyo, mi querido Ritoalegre lanza y relanza el anzuelo usando de carnada tripas de gallina, yo lo miro de cerca, siempre alerta. Las tripas de gallina hubieran sido mi cena, pero no doy importancia, al pescar Ritoalegre algunos catanes, uno solo que sea, yo comeré en mole la pechuga de la gallina que produjo la carnada, mole, guisado exquisito, preparado por doña Aguadulce, muy en especial para celebrarle el cumpleaños a su hijo el poeta, ironías del cariño, Ritoalegre deseaba comer en su cumpleaños, catán endulzado y pescado por él mismo. A la orilla de enfrente, derechito a nosotros, llegó con su guaje vacío para llenarlo de agua, Analegre, la mujer de Dimeserio, hombre muy conocido por su valentía, por su musculatura de toro Cebú, además, buen vecino del área, en esa parte del arroyo no hay mucha anchura, es muy hondo sí, y ahí en el fondo reposan los peces mas grandes, pero éso ya parece no importarle a mi niño Ritoalegre, dejándo el cordel del anzuelo al garete, me mira con ojos de hechizo y casí en silencio murmura, -¡Qué hermosa mujer, fiel amigo!, le tengo que hablar, decidme, ¿como cruzar el arroyo, sín saber yo nadar?, ¿sí tu sabes nadar mi  amigo, me podrías cruzar en tu lomo?-, no mi niño, yo no sé nadar, le dije, ustedes saben que yo he nadado distancias, pero mintiéndole, por celos quizá, pensé que pronto, tan luego como Analegre dejara el arroyo, Ritoalegre se olvidaría de aquel espontáneo embrujo de amor, que equivocado estuve, me equivoqué desde ése momento en que  conociendo el estado civil de Analegre y también  su idilio con Dimeserio, su esposo de veinte años, lógico és, problema seguro pensé, confieso a ustedes con pena, el no haberle hecho frente a la verdad aquel día, produjo veinte años  de sufrimientos a Ritoalegre y hasta al final de su muerte, a mí, ní se diga, conciencia intranquila por décadas, muchos años fingiendo un bienestar que no siento, miradme ahora, me siento mucho mejor, es el desahogo del alma Omem42, ¿te das cuenta?, estoy aventando para afuera, desde el rinconcito  más profundo de mi encéfalo, la ponzoñosa púa que la conciencia me hiere. Tú, querido amigo Omem42, por favor haz lo mismo, todo, toditito lo que te pincha por dentro, aviéntalo  para fuera, no hagas lo que yo hice que lo aventaba más hacia adentro, que no te quede ni un diminuto residuo por dentro mi amigo.

EL PERROY EL GATO

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(El perro, el asno y el caballo, son y han sido, y serán para siempre, los mejores amigos del hombre)

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