LAS TÉCNICAS

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        Ya se ha dicho que las lacas mexicanos tienen antecedentes prehispánicos y que, por tanto, su origen es genuinamente autóctono. Por eso consideramos a la laca como una de nuestras más valiosas artesanías, que debe ser protegida y fomentada al máximo.

Después de la Conquista española desaparecieron las formas y los decorados de las lacas indígenas, con excepción de las jícaras. Pero las nuevas necesidades de la población crearon otras formas, y los diseños llegados a través del intenso tráfico comercial que existió entre China, las Filipinas y México enriquecieron las lacas mexicanas, pues fueron innumerables los diseños y estilos copiados y eventualmente transformados, de las vasijas y motivos decorativos procedentes de China, cosa que se observa con mayor claridad en las bateas saqueadas de Michoacán. Esta influencia, que dejó una huella profunda en las lacas y en otros objetos del arte popular mexicano, explica, tal vez, la tajante afirmación de Miguel Covarrubias en el sentido de que el arte mexicano de la Colonia es más chino que español.

 

Independientemente de los cambios registrados desde entonces en las formas y en la decoración de las lacas, las técnicas usadas en la actualidad en su manufactura son casi idénticas a las que conocieron los conquistadores a su llegada.  Esta continuidad es más patente en Olinalá, que permaneció hasta echas recientes aislado en sus montañas.

Sin embargo, en los últimos años han empezado a aparecer algunos signos de descomposición que tienen por objeto acelerar el trabajo. Por ejemplo, algunas personas no bruñen el barniz sino que se concretan a pasarle el antebrazo repetidas veces para alisarlo, en contraposición del tiempo en que la obra se bruñía hasta tres veces para producir una laca muy duradera y de un brillo excepcional.

La técnica de la laca es básicamente la misma en todas partes: primero se aplica un fijador (el aceite de chía, el aceite de linaza o la grasa de aje) y luego se aplican las tierras con los colores. Siempre se bruñe con una piedra (bruñidor) o con la mano, para fijar la mezcla a la madera y para alisarla. En Olinalá este primer paso requie­re de muchos días para secarse, lo cual demues­tra que la producción tiene cierto límite impuesto por las características propias del trabajo.

 

El Barniz 

 

 

 

Las diferentes fases del trabajo al que los artesanos de Olinalá llaman "barniz", o sea la primera capa de pintura que va inmediatamente sobre la madera y que sirve de fondo a la decoración rayada o dorada, son las siguientes:

 

 

 

 

1.-    Se unta la madera con una mezcla de aceite de linaza (chamate) y tecostle, ya sea a mano o con brocha. Antes todo se hacía a mano pero ahora para simplificar el trabajo algunas personas usan brocha. Sólo unos pocos artesanos median aceite de chía con el chamate para lograr un barniz de mejor calidad.

2.-    Se pone tlalpilole con una cola de venado.

3.-    Se bruñe con el bruñidor hasta que el tlalpilole se pierde.

4.-    Se embarra con tierra (mezcla de toctel y color) una y otra vez, hasta que adquiere tersura. Luego, durante dos días o más, según el tono, se da brillo a esta capa. El secado tarda de 1 0 a 15 días, aun cuando puede acelerarse empleando exclusivamente aceite de chía. En tal caso el costo de producción es más alto, pues este aceite vale 300 pesos el decilitro, en tanto que el de linaza se consigue a 330 pesos el litro.

El proceso anterior se repite íntegramente al aplicar la segunda capa de tierra sobre la que se hará el rayado.

 

 

El Rayado

 

     Antes de rayar se trazan a compás ("se compasean") las cintas y las grecas de las orillas para luego distribuir el dibujo y las figuras en los arcones y cajas.

 

    Una de las características de la laca olinálteca es la simetría de sus dibujos y la decoración abundosa y recargada. Parece que los artesanos se complacen en cubrir íntegramente los espacios, a veces con tal perfección, que algunas piezas parecen hechas en molde, pues son todas exactamente iguales, lo cual se explica porque los motivos se han venido repitiendo por años y años hasta lograr casi el preciosismo. Quizá esto se observa mejor en la obra de Pascual Pantaleón, el viejo dorador, cuya obra de pincel es de una perfección increíble.

 

 

    Los motivos comunes en el rayado son animales, flores estilizadas, grecas o "guías de quiebra plato". Antiguamente, se rayaba una flor llamada "de capitanear, que pocos artesanos recuerdan. Entre los animales destacan el conejo coludo, una de las formas más antiguas de la decoración olinálteca, el cual se toma como motivo casi constante y se le representa en diversas actitudes "en todas las piezas: "agachado, agazapado, brincando hacia arriba, saltando hacia abajo, triscando, retozando, a veces con orejas respetables, pero casi siempre con una cola inmensa, descomunal." Gutierre Tibón advierte que quizá los olinaltécos siguen, sin darse cuenta de ello, la tradición prehispánica "y representan en pleno siglo veinte los Centzon Totochtin, dioses de la embriaguez, que son, como todos sabemos, cuatrocientos conejos". Ahora, el decorado se ha modificado un tanto, pues a instancias de personas llegadas de fuera, los artesanos comienzan a abandonar sus motivos tradicionales o la composición de éstos y a incluir otros diferentes copiados de libros o sugeridos por los propios visitantes. En cuanto a los colores, la combinación tradicional es la de fondo rojo con rayado negro y la de fondo azul con rayado blanco, aunque también se emplea el azarcón, que da un fondo naranja y que era antiguamente el color más usual rayado en negro o en verde. En ocasiones se aplican tres o más colores en una pieza y como una aportación reciente, se decoran elegantes piezas en blanco sobre blanco y negro con negro.

 

 

  

 

 

 

 

 

 

El rayado se hace en las siguientes etapas sobre la segunda capa de color cuando aún está fresca:

 1.-Se raya o se hace el dibujo siguiendo sólo la imaginación y la habilidad manual de cada rayador. Este utiliza como instrumento una pluma de guajolote con una espina vegetal inserta en la punta.

2.-Concluido el rayado, se pone toctel con color varias veces.  Esta segunda capa varía de grosor de acuerdo al color que se esté rayando, porque hay pigmentos que secan más rápido que otros y quedan delgados. El blanco y el amarillo secan despacio, requieren más tierra y por tanto pueden quedar más gruesos.  Por eso, los artesanos explican: "cuando ya no quiere tierra, la obra agarra brillo".

3.-Inmediatamente después de que se dio tierra, se calca.  Esto es, se repasa el contorno de las figuras con la espina, siguiendo el diseño original del rayado.

4.-Luego se vacía. O sea, se retiran con una pluma las partes sobrantes de tierra para quitar todo lo que no es figura.

5.-Se despringa, quitando con una espina y aceite de chía las manchitas de tierra y afinando los bordes de las figuras.

6.-Se da lustre con un algodón para quitar el aceite de chía que pudiera haber quedado al despringar, y al terminar se da brillo con cera industrial para proteger la obra.

Algunas otras tareas complementarias y absolutamente indispensables se realizan antes del paso final, como por ejemplo: resanar las cajas, emparejar los bordes, embisagrar, etc.

La última fase del trabajo es la envoltura, para la cual se utiliza papel de estraza.  Únicamente las jícaras y la chuchería (la juguetería) se envuelven en hojas de maíz o totomoxtle. Naturalmente los olinaltécos también emplean términos, indígenas para este trabajo de envoltura, pues dicen que se "huipanan" o "ahuipanan" las jícaras, para indicar que éstas se envuelven por “pantles" una adentro de la otra, en bultos de 20 piezas atadas con palma. O por "cañas", que constan de dos "pantles".

Cuando los artesanos llevan su obra a la feria anual de Tepalcingo, en el Estado de Morelos, envuelven sus piezas en esta forma para evitar que se maltraten durante el viaje y para facilitar sus ventas de mayoreo. Las distintas fases del trabajo anotadas arriba se realizan a lo largo de muchos días, sin contar el tiempo empleado en buscar la madera.

 

El Dorado

 

 

    Los olinaltécos hacen laca decorada al pincel, a la cual dan el nombre de "dorado" como reminiscencia -se dice- del tiempo en que, algunas piezas, principalmente las jícaras, se decoraban con franjas o cintas de plata u oro en hoja que se aplicaba con "siza", el aceite de chía recocido.

Actualmente, la aplicación del oro en hoja está siendo rescatada por Francisco Coronel, que recubre íntegramente con oro diversas piezas para luego decorarlas al pincel con motivos florales.  Este es uno de los más importantes doradores de Olinalá. Las mismas formas que se rayan se hacen en dorado: guajes, baulito de real, baulito pecetero,  portarretrato, cajas, polveras y baúles, etc. Previamente barnizadas en negro, en blanco o en otros tonos.

 

   Los colores empleados en la decoración de la laca dorada, semejantes al óleo, no se adquieren preparados, sino que "se arreglan" en Olinalá, siguiendo una técnica muy antigua llegada de Europa y que se ha conservado hasta nuestros días. Los artesanos compran los pigmentos en polvo y los mezclan con siza. La mezcla se efectúa en la paleta de batir colores, los cuales pueden permanecer en ella hasta seis meses sin secarse, debido a la costra que se les forma encima. La siza se prepara a la manera tradicional, agregando al aceite un poco de azarcón en polvo y un poco de tecostle, que sirve como catalizador y que permite el secado rápido de la pintura. La mezcla se pone a fuego lento hasta que toma cierta consistencia que se reconoce soltando una gota en agua fría. Cuando la gota se esparce sobre la superficie del agua se dice que "falta cocimiento" y cuando se va al fondo, el aceite "está a punto".

 

     La decoración del dorado consiste en motivos florales, a veces muy tupidos y de un colorido brillante ' y en motivos de animales, pájaros, palomas, venados y conejos, siempre los conejos, en pinceladas más o menos finas. Ocasionalmente se pintan escenas panorámicas, como una vista de Olinalá o determinadas figuras o reproducciones antiguas. Hace años, estas panorámicas, quizá las primeras pinturas naif de México, eran de una gran ingenuidad y consistían en calles llenas de casas por las que transitaban personas y animales pintados con mucha originalidad y un cierto candor primitivo. En alguna forma, las calles del pueblo recuerdan esta decoración con sus casas de fachadas planas situadas de ordinario una tras otra y casi siempre .                                                                        ala misma altura. A veces, la, decoración se complementa con

                                                                        dibujos para hacerla simbólica:

 

"Cuando corona el amor

a dos corazones fieles,

una flecha los gobierna

    y una lanza los sostiene"

 

      Tal vez valdría la pena mencionar también en este trabajo de pincel los, ingenuos retablos o ex-votos, muy del gusto de los olinaltécos, que ahora han caído en desuso. Todavía pueden verse algunos de estos trabajos en el Santuario erigido a la Virgen de Guadalupe, en el cerro frontero a Olinalá. Algunos arcones y cajas se, decoran con una técnica mixta de rayado y dorado, llamando mucho la atención los ropajes antiguos de las figuras que aparecen en estas piezas. También hay que mencionas, "el punteado" que consiste en cubrirlos espacios que quedan entre cada figura con puntitos de diferentes colores marcados al pincel. Para terminar, hay que advertir que así como los artesanos fabrican sus pinturas, hacen también sus pinceles empleando cañutos de pluma y pelo de gato.

 

                                 

 

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