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Edición
electrónica: Secretariado Centroamericano, Centro Internacional del
Trotskismo
Ortodoxo. Julio, 2001
Tomado de Grupó
Socialista Guérnica, 2001
sta
serie de sustituciones que vamos descubriendo en Germain -conocimiento
cient�fico
en lugar de conciencia pol�tica, objetivos pol�ticos en lugar de an�lisis
marxistas
objetivos; propaganda por agitaci�n; trabajo sobre la vanguardia en lugar
de"
trabajo sobre las masas, etc�tera- son la base "te�rica" que
fundamenta
las "graves" cr�ticas que le hace a Camejo sobre su concepci�n del
partido bolchevique en esta etapa.
Seg�n Germain, mientras que Cannon habla de "revoluci�n proletaria" Camejo la nombra una sola vez, y en relaci�n con el programa: "El partido busca dirigir a la clase obrera y sus aliados hacia� e lpoder del estado como su objetivo fundamental, pero no trata de sustituir �l mismo a las masas . [ 49 ]
Nos gustar�a preguntarle al camarada Germain si est� de acuerdo o no con la definici�n que hace nuestro Programa de Transici�n de "revoluci�n proletaria": la toma del poder por la clase obrera �y sus aliados. �Y el hecho de que dicha "toma del poder" sea para Camejo el "objetivo fundamental" del partido, no le satisface, camarada Germain?
La primera objeci�n seria que le hace Germain es que Camejo presenta "la relaci�n entre la vanguardia al partido- y la clase trabajadora. . . de una manera unilateral y mec�nica. El partido "trata de promover la lucha de masas. . . por medio de movilizar a las masas" en tomo a demandas "relacionadas a su presente nivel de conciencia". " [ 50 ]
Para demostrar que esto es un error, trata de, apoyarse en Trotsky, trayendo esta cita: "�Qu� puede hacer un partido revolucionario en esta situaci�n? En primer lugar, dar una visi�n honesta y clara de la situaci�n objetiva, de las tareas hist�ricas que emanan de esta situaci�n, independientemente de que los trabajadores est�n o no maduros para esto. Nuestras tareas no dependen de la mentalidad del obrero. . . Nosotros debemos decir la verdad a los trabajadores y entonces ganaremos a los mejores elementos. [ 51 ]
Como siempre, Germain ha sacado una cita de su contexto. Estas frases son una respuesta de Trotsky a algunos compa�eros norteamericanos que planteaban que el programa de transici�n, no era adecuado a la mentalidad de los obreros de su pa�s. Esta respuesta es correct�sima porque Trotsky est� hablando de las "tareas hist�ricas" del programa general hist�rico para toda la �poca, es decir, del programa de transici�n. No se est� refiriendo para nada a las tareas concretas que estaban enfrentando los camaradas norteamericanos en ese momento. Y lo que dec�a Trotsky es que nosotros no ocultamos nuestro programa, sino que, por el contrario, lo propagandizamos con todas nuestras fuerzas, aunque el obrero medio no lo entienda, para ganar a elementos de vanguardia ("los mejores elementos"). Esto no tiene nada que ver con la suposici�n de Germain de que �sta es una norma rectora de la actividad pol�tica del conjunto del partido en cualquier momento concreto.
Germain repite, corregida y aumentada, la confusi�n que ya antes hab�a hecho entre propaganda y agitaci�n. Camejo nunca dice que haya que tomar en cuenta el grado de conciencia de las masas para formular el programa general, hist�rico, del partido. Esta ser�a una posici�n total y absolutamente reformista y economicista. Lo que dice Camejo es que hay que partir del "presente nivel de conciencia de las masas" para formular las "demandas" que sirvan para "movilizar a las masas". Esto quiere decir que Camejo se refiere a nuestra pol�tica concreta, a las consignas que agitamos para la acci�n del movimiento de masas, no a la propaganda ni al programa. La cita de Trotsky es correcta, justamente porque no se refiere para nada a las consignas sino al programa.
Un programa trotskista que no hable de piquetes armados, soviets, insurrecci�n, gobierno obrero y campesino, dictadura del proletariado, no merece el nombre de tal. Pero la direcci�n de un partido que levante todas estas consignas, o algunas de ellas, en forma permanente para todas las etapas y momentos de la lucha de clases, merece ser internada en un asilo.
Trotsky, en el programa de transici�n dice exactamente lo mismo que Camejo, con la �nica diferencia de que, en lugar de "presente" dice "actual": "es preciso ayudar a las masas, en el proceso de lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus actuales reivindicaciones y el programa de la revoluci�n socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, que, partiendo de las condiciones actuales y de la actual conciencia de las amplias capas obreras, conduzcan a una -sola y misma conclusi�n: la conquista del poder por el proletariado. [ 52 ] Para Espa�a planteaba lo mismo: "La participaci�n de los comunistas en estas luchas, y sobre todo su direcci�n, exige de ellos, no s�lo una comprensi�n clara del desarrollo de la revoluci�n en su conjunto, sino tambi�n la capacidad para lanzar determinadas consignas ardientes y combativas, que no se des. prenden directamente del "programa" sino que son dictadas por" las circunstancias de cada d�a e impulsan a las masas hacia adelante. " [ 53 ]
El objetivo de estas consignas es "dirigir las masas hacia adelante". En la misma conversaci�n de Trotsky que cita Germain, �ste plantea: "Toda la cuesti�n es c�mo movilizar a las masas para la lucha. " [ 54 ] Exactamente lo mismo que plantea el camarada Camejo: que esas consignas, "relacionadas al presente nivel de conciencia (de las masas)" son las que utiliza el partido para movilizar a las masas
�Qu� es lo que esconde el ataque de Germain a esta definici�n de Camejo? Una t�pica posici�n ultraizquierdista: no darse una pol�tica para las necesidades y conciencia presentes de las masas, sino para supuestas necesidades y conciencia futuras: "�Qu� es este "presente nivel de conciencia de las masas"? �Es siempre el mismo? �Puede cambiar r�pidamente? Si es as�, �el partido de combate debe esperar hasta que �ste se haya movido antes de "adaptar" sus demandas? �O puede prever estos cambios y actuar de acuerdo a ellos? �En funci�n de qué factores se pueden prever estos cambios? �No puede ser el (presente nivel de conciencia" en s� mismo hasta un cierto grado una funci�n del rol del "partido de combate dentro del movimiento de masas? Pero si uno de los principales objetivos del partido de combate" es levantar el nivel de conciencia de la clase obrera, �c�mo puede el "presente nivel de conciencia" en s� mismo ser un criterio decisivo para determinar qu� g�nero de demandas debe plantear el partido ante las masas?" [ 55 ]
Estas preguntas implican sus respectivas respuestas, a saber: Germain opina que el nivel de conciencia no es siempre el mismo; que puede cambiar r�pidamente; que el partido de combate no debe esperar hasta que haya cambiado antes de adaptar sus consignas; que el partido puede prever esos cambios y debe actuar de acuerdo a ellos, es decir, debe lanzar sus consignas adecuadas al nivel de conciencia futuro; que el presente nivel de conciencia de las masas es, hasta un cierto grado, una funci�n del papel del partido; que uno de los objetivos principales del partido revolucionario es levantar el nivel de conciencia de clase de la clase obrera y que, por lo tanto, el presente nivel de conciencia no puede ser un criterio decisivo para determinar qu� g�nero de consignas debe plantear el partido ante la masas
Aqu� est� sintetizada una de las diferencias m�s importantes entre la mayor�a y la minor�a. Contestaremos a cada una de estas afirmaciones de Germain, pero nos tomaremos la libertad de cambiar el orden de presentaci�n.
Primera afirmaci�n: "el nivel de conciencia de las masas no es siempre el mismo". " Tiene toda la raz�n. M�s a�n, dentro de las masas hay un desarrollo desigual de la conciencia, lo que hace que en un mismo momento, haya sectores con distinto nivel de conciencia.
Segunda afirmaci�n: el nivel de conciencia de las masas puede cambiar r�pidamente. Nuevamente Germain tiene raz�n, pero no se�ala que esto ocurre s�lo en algunos per�odos, los de gran actividad del movimiento de masas. En los per�odos de calma, el movimiento de masas cambia su conciencia muy lentamente.
Tercera afirmaci�n: el nivel de conciencia inmediato ("presente") de las masas es, en cierto grado, funci�n del papel del partido revolucionario. Falso. El nivel presente de conciencias es un factor objetivo para el partido revolucionario, mucho m�s para nuestros peque�os grupos. Es el factor m�s. din�mico de la situaci�n objetiva, pero no por ello deja de ser objetivo. Esto significa que es un dato, un hecho de la realidad que podemos ayudar a modificar en el futuro, pero que en el presente es como es, lo opuesto de nuestro partido, que es un factor subjetivo.
Como todo hecho presente, es una consecuencia del pasado, de la historia. Si en esa historia nuestro partido tuvo algo que ver, entonces y s�lo entonces, "en un cierto grado", la conciencia presente es "funci�n del partido". Pero si no fuimos ni somos un factor objetivo, es decir no nos siguen ni hemos educado a sectores del movimiento de masas antes de ahora, no tenemos nada que ver e�n su presente nivel de conciencia.
Desgraciadamente, �sta es la situaci�n actual. Los obreros argentinos son peronistas y sindicalistas; los franceses stalinistas y socialistas, adem�s de sindicalistas; los ingleses laboristas y los alemanes sindicalistas y socialdem�cratas. Ese nivel presente no es en "ning�n grado" funci�n nuestra.
Hemos dicho que el presente nivel de conciencia es una consecuencia hist�rica. Debemos completar ese concepto: es una consecuencia directa de dos factores combinados: los cambios objetivos del r�gimen y el desarrollo de las luchas de masas. El papel del partido puede ser importante, y a veces decisivo, pero indirecto, como agitador, organizador y director de esas luchas.
Trotsky dec�a lo mismo: "Para nosotros, siendo una peque�a minor�a, todo es objetivo, incluso el estado de �nimo de los obreros. " [ 56 ] "La conciencia de clase del proletariado es atrasada, pero la conciencia no es del mismo material que las f�bricas, las m mas, los ferrocarriles, sino que es mas variable, y bajo los golpes de la crisis objetiva, de los millones de parados, puede cambiar r�pidamente. " [ 57 ]
Hay una concepci�n muy t�pica de la intelectualidad peque�o burguesa radicalizada que consiste en atribuirle a las masas los mismos sentimientos que ella tiene. Hay miles de intelectuales peque�oburgueses que "aman" la lucha, y piensan, un tanto rom�nticamente, que con las masas sucede lo mismo. Desgraciadamente no es as�, y cada vez que uno de esos intelectuales va a hablar con los obreros para incitarlos a la lucha por la simple raz�n emotiva de que "hay que luchar", se lleva una tremenda decepci�n: los trabajadores no lo entienden; creen que est� loco; le dan la espalda. El obrero com�n, el explotado en general, no siente ning�n placer en ir a la lucha. Es un ser humano normal, que no tiene ning�n inter�s en perder una parte de su escaso salario saliendo a la huelga, ni en arriesgar su integridad f�sica yendo a una manifestaci�n, ni en arriesgar su vida tomando la� armas contra el capitalismo. Las masas trabajadoras salen a la lucha porque el sistema capitalista las hunde en la miseria, porque no les deja otra salida que luchar para sobrevivir. El obrero no �ama" la huelga, pero se arriesga a perder su salario o su trabajo porque si no lucha se muere de hambre; no "ama" la violencia, pero se ve obligado a utilizarla para defenderse de la violencia, de los capitalistas; no "ama" las armas, pero se ve obligado a usarlas cuando el capitalismo las usa contra �l.
Ese es el primer factor que determina el presente nivel de problemas m�s graves y m�s sentidos que sufren las masas hasta el punto en que est�n dispuestas a movilizarse para arrancarle al sistema capitalista una soluci�n.
El segundo factor es el desarrollo de la propia movilizaci�n de las masas. No basta con que exista el problema objetivo para que, autom�ticamente, las masas salgan a la lucha: . Los trabajadores pueden estar sufriendo salarios baj�simos, pero su actitud frente a ese problema depende de cu�l sea la situaci�n de sus luchas con la burgues�a en ese momento. Si el problema de los salarios se da inmediatamente despu�s de un aplastamiento fascista del movimiento de masas, probablemente no se produzca ninguna movilizaci�n. Los trabajadores ser�n conscientes de que est�n en una situaci�n desfavorable, con sus dirigentes muertos o encarcelados, con sus organizaciones destruidas, con todo el peso "de la represi�n sobre sus espaldas, y no se movilizar�n hasta haber reorganizado sus fuerzas. Si, en cambio, esta situaci�n se produce en el otro polo del desarrollo de la lucha, con las masas en plena ofensiva, en una situaci�n revolucionaria, �stas son capaces de llegar al borde de la toma del poder, impulsadas por la necesidad de solucionar ese problema objetivo. Esto explica que la consigna de "pan" haya sido una de las que llevaron al poder al proletariado ruso.
As� se combinan estos dos factores objetivos: la infamia de turno del sistema capitalista es la que crea la necesidad de luchar y fija el objetivo inmediato de esa lucha de las masas; el grado de desarrollo del movimiento de masas es el que determina que esa movilizaci�n estalle o no, la envergadura que pueda tener, los m�todos que utilice, y sus resultados concretos, que pueden ser desde la reorganizaci�n de un sindicato hasta casi la toma del poder.
La conciencia inmediata, presente, de las masas esta determinada por esos dos factores es la conciencia de la necesidad que sufren y de las condiciones en que se encuentra para enfrentar a los explotadores.
El partido no tiene nada que ver con esta conciencia inmediata de las masas. Pero Germain, al sostener que el papel del partido es "en cierto grado" (no define cu�l es ese grado) un factor determinante de la conciencia inmediata de las masas, cae en un t�pico error ultraizquierdista: confundir su propio nivel de conciencia, o el del partido, con el de las masas. Es la otra cara, la "racional" de esa intelectualidad rom�ntica de que habl�bamos: la que confunde no sus sentimientos, sino su nivel pol�tico con el de las masas.
Cuarta afirmaci�n: el partido puede prever los cambios en el nivel de conciencia de las masas. Esto es cierto solamente en un sentido general e hist�rico. Nosotros sabemos que el sistema capitalista en decadencia, el sistema imperialista, arrojara cada vez m�s miseria y explotaci�n, sobre las espaldas de los trabajadores; por lo tanto, les crear� cada vez m�s necesidades, con lo cual los 1 har� ser cada vez m�s conscientes de que sus problemas s�lo se pueden solucionar a trav�s de la lucha. Las luchas de las masas se ir�n desarrollando en forma cada vez m�s profunda y violenta - Su relaci�n de fuerzas con la burgues�a ser� cada vez m�s favorable; las har� cada vez m�s conscientes de sus propias fuerzas estar�n cada d�a m�s dispuestas a lanzarse a nuevas movilizaciones. Este proceso las llevar� al borde mismo de la pol�tica de clase, revolucionaria, de que pueden y del poder. Pero all� se detendr�n y luego retrocederan, si no existe un partido revolucionario que las haga totalmente conscientes de esa situaci�n las organice y las gu�e para seguir adelante
Pero esto es en general y para toda la etapa hist�rica. En un sentido concreto, inmediato, el partido tiene posibilidades muy limitadas de prever los cambios en la conciencia de las masas. No tanto por el factor econ�mico (las necesidades que les crea el sistema capitalista), pues �ste no cambia muy velozmente, sino por el desarrollo de las propias luchas. Cada vez que las masas se lanzan al combate, no sabemos si triunfar�n o ser�n derrotadas y esto ser� decisivo para conocer cu�l ser� el nivel de conciencia del que partir�n las luchas posteriores. Supongamos una huelga general, que se mantiene dos o tres d�as. Puede ocurrir que las masas terminen derrotadas, con sus dirigentes despedidos y sin haber conseguido absolutamente nada. Puede ocurrir que vuelvan al trabajo sin haber logrado todos sus objetivos, pero conquistando importantes triunfos parciales (un aumento de salarios, una reducci�n de la jornada de trabajo, etc�tera). Puede ocurrir finalmente, que la huelga desemboque en una insurrecci�n que las deje con el poder pol�tico en sus manos. Evidentemente, su nivel de conciencia al d�a siguiente de la huelga no ser� el mismo en los tres casos. Esquematizando, en el primero de ellos, comenzar�n a plantearse la necesidad de su reorganizaci�n para futuros movimientos. En el �ltimo, intentar�n organizar la defensa de� Estado Obrero e ir�n plante�ndose comenzar la construcci�n del socialismo.
Lo m�ximo que puede lograr el partido es manejar algunas hip�tesis, se�alar la m�s probable, y prepararse te�ricamente para enfrentar esa nueva situaci�n. Esto le ser� relativamente f�cil en los per�odos de calma de la lucha de clases, y muy dif�cil en los per�odos cr�ticos, donde las luchas, y los consiguientes cambios en la conciencia inmediata de las masas, se suceden d�a tras d�a. Tan dif�cil es la tarea en esta �ltima situaci�n, que las hip�tesis del propio partido bolchevique iban quedando rezagadas con respecto a la realidad a medida que se acercaba octubre de 1917.
Pero �ste es un trabajo interno del partido, de preparaci�n te�rica para enfrentar nuevas situaciones. Nada tiene que ver, como veremos luego, con la pol�tica hacia las masas, porque apenas la realidad demuestre que nuestra hip�tesis m�s probable no se da, nos veremos obligados a improvisar una nueva pol�tica de acuerdo a la nueva situaci�n. Ya hace mucho que los marxistas decimos que la realidad es m�s rica que cualquier esquema.
Aclaremos que seguimos hablando de la conciencia inmediata de las masas. El partido es capaz de hacer previsiones generales, bas�ndose en las leyes generales de la lucha de clases descubiertas por el marxismo y para per�odos determinados de tiempo. Por ejemplo: ascenso del movimiento de masas = tendencia a gobiernos kerenskistas; crisis econ�mica = divisi�n de la burgues�a, etc�tera. El camarada Germain, que se cree capaz de prever los cambios en la conciencia inmediata de las masas, se ha demostrado totalmente incapaz de realizar este otro tipo de previsiones m�s sencillas.
Quinta, sexta y s�ptima afirmaciones: uno de los objetivos principales del partido es elevar el nivel de conciencia de la clase obrera; por lo tanto, no debe esperar a que los cambios en la conciencia inmediata de las masas se produzcan para adaptar a ellos sus consignas, sino que (como es capaz de prever dichos cambios) debe actuar de acuerdo con ellos, no tomando como criterio decisivo para lanzar sus consignas el presente nivel de conciencia de las masas.
Estas afirmaciones se destruyen por si mismas, porque el, partido, como ya lo demostramos, es incapaz de prever los cambios en la conciencia inmediata (presente) de las masas. Pero d�mosle a Germain esa ventaja. Supongamos que fuera capaz de preverlos. Eliminada esa dificultad, el silogismo de Germain se desarrolla con limpieza. El partido tiene el objetivo de elevar la conciencia de las masas hacia la conciencia pol�tica de clase (correcta). Por lo tanto, sus consignas no deben partir del presente nivel de conciencia, sino del que el partido prev� que vendr� en el futuro (falso, mil veces falso).
Si Germain habla de futuros niveles de conciencia y propone que nuestras consignas se sujeten a ellos, nos preguntamos por que no propone que nuestra �nica consigna sea la toma del poder, la revoluci�n proletaria a nivel mundial. No vemos la diferencia entre plantear una consigna para un futuro nivel de conciencia que se dar� dentro de un mes o un a�o y plantear una consigna para dentro de 10 � 20 a�os. �Para qu� andar con peque�eces? Levantemos solamente la toma del poder a nivel mundial. Es una consigna para un nivel de conciencia futuro tan buena como cualquier otra. Y si las masas est�n dispuestas a escuchar y movilizarse tras una consigna nuestra para un futuro cercano, no vemos por qu� no estar�n dispuestas a hacerlo con una consigna para un futuro lejano. En los t�rminos en que lo plantea Germain, el problema es cuantitativo, no cualitativo. Y un problema cuantitativo (de cantidad de tiempo) no puede definir el car�cter de una consigna. As� que, futuro por futuro, nos quedamos con el que m�s nos gusta: la toma del poder a nivel mundial.
En realidad el problema (consignas para el presente o consignas para el futuro) es cualitativo. Estamos a muerte a favor de usar todas las consignas que partan del nivel de conciencia y las necesidades de cada momento (presentes) del movimiento de masas; y estamos a muerte en contra de usar ninguna consigna que parta de un supuesto (o previsto) nivel de conciencia y necesidad futura del movimiento de masas.
Se nos podr� argumentar que cuando planteamos por primera vez en Estados Unidos, �Fuera las tropas de Vietnam, ahora!, el movimiento de masas no ten�a conciencia inmediata de la necesidad de esa consigna, no la sent�a suya.
Esto ocurre porque entre la necesidad inmediata y la conciencia inmediata de las masas se da la misma contradicci�n y dial�ctica que existe entre lo objetivo y lo subjetivo: el hecho de que exista una necesidad objetiva, no determina mec�nicamente que las� masas tengan conciencia de esa necesidad. M�s a�n la conciencia inmediata va siempre con retraso respecto de la necesidad inmediata. Justamente por eso nuestras consignas agitativas deben ser un puente entre esos dos factores desigualmente desarrollados . De estos dos elementos el decisivo como siempre es el objetivo: la necesidad presente . esto es lo que Germain ni se plantea ya que para el factor determinante de nuestras consignas no es esa necesidad objetiva inmediata, sino la probable conciencia futura.
Si nosotros logramos tender ese puente, elaborar esa consigna justa, que sintetice la necesidad inmediata de las masas con su conciencia inmediata, �habremos logrado convertirnos "en un- cierto grado" en un factor determinante de su nivel de conciencia? Eso depende de si las masas o alg�n sector de ellas toman nuestra consigna. Porque, aun cuando nuestra consigna es. t� cient�ficamente elaborada y sea perfecta, hay multitud de razones hist�ricas y objetivas inmediatas que pueden impedir a las masas transitar por ese puente que nosotros tendemos, que es lo mismo que movilizarse por nuestra consigna. Eso no depende de nosotros, m�s que en el sentido de que demos la con. signa justa. El resto, y lo verdaderamente determinante, como siempre, es el factor objetivo. Si las masas toman nuestra consigna y se movilizan por ella, efectivamente habremos sido, en un cierto grado, factor determinante de su conciencia. Si no es as�, no lo seremos.
Trotsky no razonaba como Germain, sino como lo hacemos nosotros. El ve�a que, por la desocupaci�n, la necesidad inmediata de la clase obrera norteamericana despu�s de la gran crisis era la de conseguir trabajo. "Te�ricamente", la consigna que correspond�a deb�a, ser "escala m�vil de horas de trabajo". Pero Trotsky no aplic� esta consigna. El tom� en cuenta, adem�s de la necesidad inmediata, la conciencia inmediata de la clase obrera norteamericana, que confiaba en Roosevelt y plante�: " . . . exigimos que Mr. Roosevelt, con su grupo de expertos, presente un programa tal de obras p�blicas que todo aqu�l que pueda trabajar pueda hacerlo con salarios decentes. " [ 58 ]
Con la consigna de pedirle a Roosevelt, hemos tendido un puente entre la necesidad inmediata (desocupaci�n) y la conciencia inmediata (los obreros creen en Roosevelt), para lograr la movilizaci�n de la clase obrera. Si Trotsky hubiera tomado �nicamente la necesidad inmediata ("desocupaci�n") para formular su pol�tica, �sta no habr�a sido la apropiada para movilizar a la clase obrera, pues no tomaba en cuenta cu�l era su conciencia inmediata (que los obreros confiaban en Roosevelt).
A partir de la escalada yanqui en Vietnam qued� planteada como necesidad inmediata la retirada de las tropas, independientemente de que esto fuera o no lo adecuado al nivel de conciencia de ese momento. El puente que ten�amos que tender no pod�a rebajar esa necesidad para adecuarse a la conciencia inmediata m�s que en la forma o el lenguaje, nunca hasta el grado de ignorar la necesidad que originaba nuestra consigna. Todo intento de basar nuestras consignas solamente en el nivel de conciencia de cada momento, que no tome como elemento decisivo la necesidad inmediata del movimiento de masas y de que se movilice para superarla, es aventurerismo, ya que nuestra pol�tica es total, abarca un an�lisis, un programa (necesidad y conciencia hist�rica), la propaganda, la agitaci�n (necesidades y conciencia inmediata) y tiene como objetivo la movilizaci�n permanente de las masas hasta la toma del poder por la clase obrera. Es decir, todo est� �ntimamente relacionado y los factores dependen unos de otros, siendo las consignas para la movilizaci�n de las masas el factor decisivo.
Trotsky, criticando esta costumbre de darse tareas en base a predicciones, nos dec�a hace m�s de treinta a�os: "Pero nuestra tarea no consiste en hacer predicciones mirando el calendario sino en movilizar a los obreros alrededor de las consignas que surgen de la situaci�n pol�tica. Nuestra estrategia es de acci�n revolucionaria, no de especulaci�n abstracta". [ 59 ]
Todo intento de lanzar para una etapa inmediata de la lucha de clases, consignas y demandas para un nivel de conciencia que no es el de esa etapa, es un error ultraizquierdista. M�s a�n cuando adem�s de consignas y demandas se elabora toda una estrategia, como ocurri� con el entrismo "su� generis". Mientras el stalinismo ten�a una pol�tica ultraoportunista y se dedicaba a levantar firmas por la paz, Germain y los camaradas de la mayor�a sosten�an que habr�a guerra, que el stalinismo cambiar�a su pol�tica y mentalidad obligado por las circunstancias. De all� sacaron la estrategia de entrar al stalinismo a la espera de que se dieran esos cambios (que nunca se dieron).
Lo mismo ocurre con nuestras consignas. No podemos elaborarlas para una etapa futura de la lucha de clases, ni para la conciencia y necesidades que van a tener las masas en un futuro incierto. No podemos, en primer lugar, porque no la conocemos. Pero aun cuando fu�ramos capaces de adivinar el futuro ("prever" dir�a Germain) no podemos utilizar esas consignas por otro motivo mucho m�s importante: porque las consignas tienen un solo objetivo, que es movilizar a los trabajadores. Y si las consignas reflejan necesidades y nivel de conciencia futuros, ser�n incomprensibles para las masas. Un ejemplo: si en lugar de la consigna de paz, el Partido Bolchevique, debido a la guerra imperialista, hubiera levantado la de cederles a los alemanes, como en Brest-Livstovsk, no hubiera hecho la Revoluci�n Rusa.
Que el partido tenga como objetivo elevar la conciencia de las masas hacia la conciencia pol�tica de clase no quiere decir que sea capaz de hacerlo por s� mismo. El camarada Germain es el primero en insistir en que las masas s�lo aprenden a trav�s de sus acciones. Nuestro objetivo es, pues, movilizar a las masas para que, a trav�s de esa movilizaci�n, adquieran conciencia pol�tica de clase. Hasta aqu� estamos todos de acuerdo. En lo que no estamos de acuerdo es c�mo hacemos para movilizarlas. Germain dice que movilizamos a las masas agitando consignas para el nivel de conciencia que �stas tendr�n m�s adelante. Nosotros decimos qu� movilizamos a las masas levantando consignas para las necesidades y el nivel de conciencia que tienen en el presente.
Supongamos que hay conflictos por salarios, en forma aislada en el 30 6 400/o de las empresas industriales. �Cu�l es la necesidad que tienen las masas en ese momento? La de unificar todos esos conflictos en una huelga general. �Cu�l debe ser nuestra consigna? �Huelga general por aumento general de salarios! �Cu�l ser�a la consigna que plantear�a Germain? El razonar�a de la siguiente manera: como la huelga general plantear� el problema del poder, nuestra consigna debe ser �Huelga general para tomar el poder! Pero eso ser�a un error catastr�fico. Las masas tienen la necesidad de hacer una huelga general para conseguir m�s salarios, y son conscientes de ello o deben llegar a serio, pero no son conscientes de que necesitan tomar el poder. Nuestra consigna de �Huelga general por m�s salarios! caer�a en terreno f�rtil, prender�a a lo largo y ancho del movimiento de masas, la huelga general ser�a un hecho. La consigna de Germain caer�a en el vac�o; s�lo ser�a seguida por alg�n peque�o sector de vanguardia; liquidar�a la posibilidad de una huelga general masiva.
Sin embargo, nosotros somos conscientes al igual que Germain de que la huelga general plantea el problema del poder. Pero lo plantea cu�ndo la huelga ya es un hecho. Para poder plantear la toma del poder, primero tenemos que conseguir que la huelga general se haga. Si conseguimos que las masas salgan a la huelga general, que paralicen al pa�s que desesperen a la burgues�a, que �sta vea peligrar todo su sistema, que comience a organizar la represi�n, s�lo entonces las masas estar�n en condiciones de ver claramente que la �nica salida de la huelga general es la toma del poder. Esa ser� la necesidad m�s inmediata de las masas, esa ser� su �nica salida. En ese momento, si el partido sigue manteniendo la consigna de huelga general por m�s salarios, comete un crimen y una traici�n. �Ha llegado el momento de cambiar la consigna! La movilizaci�n de las masas ha llegado al punto de que �stas puedan comprender la necesidad de tomar el poder. La consigna para esa etapa debe corresponder a la necesidad. �Todo el poder al soviet (o al comit� que dirige la huelga)! es la consigna del momento.
Si no conseguimos que las masas salgan a la huelga general, porque le hemos planteado a esa huelga un objetivo distinto al que las masas sienten y quieren (el poder en lugar de salarios), nos podemos pasar siglos gritando, �Huelga general por la toma del poder!, pero no conseguiremos nada. Puede ocurrir que la huelga general se d� pese a nosotros, pero lo seguro es que las masas no tomar�n el poder.
Aqu� Germain nos podr�a contestar con el siguiente razonamiento: si nosotros antes de la huelga general ya venimos planteando que su �nica salida es la toma del poder, en el momento en que las masas enfrenten esa situaci�n sabr�n reconocerlo y nos considerar�n una buena direcci�n que supo prever los acontecimientos. Este es un razonamiento intelectual, falso. As� se mueve la vanguardia, pero no las masas. A la vanguardia, efectivamente, tenemos que explicar pacientemente, en v�speras de una huelga general que �sta plantear� el problema del poder y que tiene que prepararse para tomarlo. Toda nuestra propaganda sobre la vanguardia debe tener ese solo y �nico eje. Y la vanguardia sabr� reconocer que nuestra previsi�n fue correcta y entrar� masivamente al partido.
Si las masas se comportaran de esta manera, hacer la revoluci�n ser�a muy sencillo: nos pasamos cinco, diez o veinte a�os agitando la consigna de la toma del poder. Cuando se d� la crisis revolucionaria (la huelga general, por ejemplo) que se puede dar aunque nosotros no existamos porque es un momento inevitable de la lucha de clases, las masas recordar�n nuestra agitaci�n de tantos a�os, nos reconocer�n como su direcci�n y tomar�n el poder. Pero las masas no se mueven de esta manera: ellas reconocen como direcci�n a quien supo movilizarlas dando la consigna precisa para cada una de las luchas que emprendieron. Y al que dio una consigna que nada ten�a que ver con sus necesidades ni con su conciencia, no s�lo lo desconocer�n como direcci�n, sino que adem�s lo considerar�n un elemento ajeno al movimiento de masas.
Son entonces dos los motivos por los cuales el partido debe agitar ante las masas la consigna que responda a su nivel de conciencia y a sus necesidades presentes. El primer motivo es que es la �nica manera de movilizar a las masas, y la movilizaci�n de las masas es la �nica manera de que �stas eleven su nivel de conciencia. Es decir, lo importante es lograr la huelga general, porque s�lo durante la huelga general las masas estar�n en condiciones de elevar su conciencia hasta entender que hay que tomar el poder. El segundo motivo para agitar estas consignas es que es la �nica manera de ser reconocido como direcci�n y ganar prestigio, influencia y confianza entre las masas. Lo que las masas recuerdan, y para eso tienen buena memoria, es qui�n fue el que les dijo que hab�a que hacer un frente �nico contra el fascismo cuando ellas necesitaban hacerlo, qui�n les plante� que lucharan por salarios cuando ellas necesitaban luchar por salarios, qui�n les plante� (�por qu� no?) retroceder, cuando necesitaron retroceder para no ser aplastadas.
S�lo as�, agitando esas consignas, un partido puede ganarse el derecho a ser direcci�n. S�lo as� ser� reconocido como direcci�n antes de la crisis revolucionaria. Porque si esto no ocurre, en el momento de la crisis revolucionaria no habr� nadie con autoridad, que sea escuchado por las masas, para plantear la �nica consigna, la �nica tarea, de la cual el movimiento de masas nunca puede llegar a ser plenamente consciente por sus propios medios: la consigna y la tarea de la toma del poder.
Esto no es una novedad. Trotsky llev� una larga lucha contra el ultraizquierdismo con este mismo eje. En contra de lanzar la consigna de soviets en Alemania, de armamento en Espa�a, de control obrero en Alemania, cuando las condiciones y el nivel de conciencia del movimiento de masas o lo planteaban.
Todo el secreto de la pol�tica trotskista consiste precisamente en medir. al mil�metro las necesidades y el nivel de conciencia las masas en cada momento y descubrir las consignas adecuadas, a ellos. La pol�tica trotskista es concreta, presente, a nivel de sus consignas; hist�rica a nivel de su programa. Esto no es m�s que la expresi�n de la vieja contradicci�n entre lo inmediato y lo mediato, entre lo concreto " y lo abstracto que, a este nivel, se manifiesta en la contradicci�n entre las consignas y el programa, entre la agitaci�n y la propaganda.
Esto explica por qu� el Partido Bolchevique fue cambiando de consignas en el breve lapso de unos pocos meses: �Todo el poder a los soviets! �Fuera los ministros burgueses! �Todos contra Kornilov! �Asamblea Constituyente!, nuevamente �Todo el poder a los soviets!
Todo el arte y la ciencia de nuestros partidos y direcciones pasa por saber detectar los cambios en las necesidades y el nivel de conciencia del movimiento de masas. Pero para detectar esos cambios en la conciencia de las masas nos vemos obligados a utilizar dos herramientas. La primera son las consignas agitativas: "Para el partido, la agitaci�n es tambi�n un medio d� escuchar a las masas, de sondear su estado de �nimo y sus pensamientos y, seg�n los resultados, de tomar tal o cual decisi�n pr�ctica. " [ 60 ]
La segunda herramienta es la que nos permite evaluar "el resultado" de nuestra agitaci�n y "tomar as� una u otra decisi�n". Esa herramienta es nuestro m�todo de an�lisis y nuestro programa hist�rico, que resumen, a su vez, la lucha hist�rica y de clase del movimiento obrero y la historia toda de la lucha de clases,
Esta dial�ctica entre lo mediato y lo inmediato, lo hist�rico y lo presente, lo abstracto y lo concreto, se sintetizase unifica, cuando el partido revolucionario logra llegar a dirigir al movimiento obrero hacia la conquista del poder. Pero para lograr esa superaci�n de la contradicci�n, hay que pasar por distintas etapas de la lucha de clases; etapas que siempre son concretas, inmediatas y presentes, hasta que se transforman en hist�ricas, es decir, hasta que la lucha inmediata del movimiento de masas sea la toma del poder, la gran tarea hist�rica.
Lo inmediato, las luchas concretas del movimiento obrero, se transforman en una tarea hist�rica gracias al partido. Esta s�ntesis se manifiesta cuando se produce la unidad entre nuestro partido y su programa, expresiones ambos de los intereses hist�ricos del proletariado, con la clase obrera, y de �sta con las grandes masas. All� se sintetizan las contradicciones entre partido y movimiento de masas, entre programa y consignas, entre propaganda y agitaci�n, entre tareas del partido y tareas del movimiento de masas. En la insurrecci�n, las masas, la clase obrera y el partido tienen una sola y �nica tarea, una sola y �nica consigna, un solo y �nico programa, y realizan una sola y �nica acci�n, inmediata e hist�rica al mismo tiempo: tomar el poder.
[ 49 ] Germain, Ernest: "En defensa del leninismo, en defensa de la IV Inter nacional", ob. cit. , p, 91.
[ 50 ] Idem, p. 93.
[ 51 ] Idem, p. 94.
[ 52 ] Trotsky, Le�n: Programa de Transici�n, ob. cit. , p. lo.
[ 53 ] Trotsky, Le�n: "Por la ruptura de la coalici�n con la burgues�a", carta al SI, 24 de junio de 1931, en La revoluci�n espa�ola, ob. cit. , vol. 1, p. 173.
[ 54 ] Discusiones con Trotsky sobre el programa de transici�n, ob. cit. , p.
[ 55 ] Germain, Ernest: "En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional", ob. cit. , p. 93
[ 56 ] Discusiones con Trotsky sobre el programa de transici�n, ob. cit. , p. 78.
[ 57 ] Idem, p. 52.
[ 58 ] Idem, p. 53.
[ 59 ] Trotsky, Le�n: "Por una estrategia para la acci�n, no para la especulaci�n", Carta a los amigos de Vek�n, 3 de octubre de 1932, en Escritos, ob. cit. , "T. III, vol. 2, p. 322.
[ 60 ] Trotsky, en: "Una vez m�s, �Ad�nde va Francia?", marzo del "35" en �Ad�nde va Francia? , ob. cit., p. 82.
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