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Nahuel Moreno

PARTIDO MANDELISTA O PARTIDO LENINISTA

Edición electrónica: Secretariado Centroamericano, Centro Internacional del Trotskismo Ortodoxo. Julio, 2001
Tomado de Grupó Socialista Guérnica, 2001


Un an�lisis vanguardista y estrategista


An�lisis, realidad y pol�tica

i para Mandel la "ciencia social cr�tica" cumpl�a el papel de despertar la conciencia de clase, para su disc�pulo Germain, el an�lisis cumple uno todav�a m�s revolucionario, puesto que es siempre" el de "cambiar las condiciones en favor de la revoluci�n proletaria, no el de adaptarlas a la situaci�n dada". [ 16 ]

Esta peligrosa afirmaci�n confunde lo que es un an�lisis con la pol�tica marxista, (de la misma manera que antes Mandel confund�a lo que es ciencia marxista con programa y partido revolucionario). Una leve diferencia con la opini�n de Lenin, para quien el marxismo busca realizar "un an�lisis estrictamente exacto y objetivamente verificable de las relaciones de clase y de los rasgos concretos propios de cada momento hist�rico". [ 17 ]

Es decir, estudiar cuidadosamente la realidad para descubrir las tendencias hacia la revoluci�n proletaria y las que se le oponen y las relaciones entre ambas. Esto es, nada menos, que la caracterizaci�n del "momento hist�rico" dado. Y es "la base cient�fica" de la que habla Lenin, necesaria -no como cree Mandel "para blandirla contra la realidad y cambiarla"- sino solamente para forjar la herramienta con que la cambiaremos. Esa herramienta "es la pol�tica" dec�a Lenin. Y en particular nos referimos a la pol�tica del partido hacia las masas para imponer un cambio revolucionario.

El objetivo del an�lisis es profundizar una y otra vez el estudio de una determinada situaci�n, para elaborar las consignas correctas que pueden fortalecer las tendencias revolucionarias y las que tratar�n de destruir a las contrarrevolucionarias.

Pero el an�lisis no cumple para nada el objetivo de "cambiar las condiciones existentes en favor de la revoluci�n proletaria". Ese objetivo lo cumple la pol�tica. An�lisis y pol�tica est�n, pues, �ntimamente unidos aunque no son lo mismo. No podemos darnos una pol�tica revolucionaria si no partimos de un an�lisis y caracterizaci�n cient�ficos de la realidad. Al mismo tiempo, nuestro an�lisis no sirve para nada si no deviene en una pol�tica para cambiar esa realidad.

Veamos un ejemplo. An�lisis: el movimiento obrero est� en ascenso; tiene a su frente a los socialdem�cratas y stalinistas; la burgues�a est� en crisis; existe un gobierno d�bil que se ve obligado a dar libertades democr�ticas y a hacer concesiones al movimiento obrero; un sector de la burgues�a prepara un golpe de estado fascista; la clase media est� dividida: un sector tiende a dejarse arrastrar por el fascismo y otro por el movimiento obrero; nuestro partido no tiene influencia de masas pero es reconocido por sectores de vanguardia. Caracterizacion: estamos en una situaci�n prerrevolucionaria que desembocar� en la revoluci�n obrera o en la contrarevoluci�n fascista; hacia la revoluci�n obrera empuja el ascenso de la clase, la radicalizaci�n de un sector de la peque�a burgues�a y la existencia de nuestro partido; hacia la contrarrevoluci�n empujan la burgues�a y el imperialismo, la clase media de derecha y la pol�tica traidora de las direcciones oportunistas del movimiento de masas; s�lo si desplazamos a estas direcciones y ganamos la direcci�n del movimiento de masas la situaci�n desembocar� en la revoluci�n obrera. Pol�tica: hay que unificar al movimiento obrero en un frente contra el fascismo y empezar a plantear el armamento de los organismos de masas, denunciando las vacilaciones y traiciones de las direcciones reformistas; en esta tarea debemos ganar al movimiento de masas; hay que realizar un trabajo sobre la base del ej�rcito; hay que levantar un programa que contemple tambi�n las necesidades de la peque�a burgues�a para arrastrarla hacia la revoluci�n obrera; debemos trabajar en las organizaciones del movimiento obrero y de masas levantando las consignas que surgen de los puntos anteriores: "Unidad de todas las organizaciones obreras y partidos obreros y populares contra el fascismo"; "destacamentos armados de los sindicatos y soviets (si los hay)"; "derechos democr�ticos para los soldados y suboficiales", etc�tera.

El an�lisis marxista de las etapas

Para formular nuestra pol�tica, lo primero que hacemos es definir con todo cuidado la etapa de la lucha de clases por la que atraviesa un pa�s, un continente, el mundo, un gremio, una f�brica o, inclusive, un colegio o una facultad. La base para el an�lisis y la caracterizaci�n marxista es la situaci�n de la lucha de clases. Vale decir que se trata, antes que nada, de un an�lisis estructural, que debe responder a la siguiente pregunta: �Cu�l es la relaci�n de fuerzas entre las clases en la situaci�n que queremos caracterizar? Sobre esta base se incorporan los elementos superestructurales: situaci�n de los partidos pol�ticos, de los sindicatos y otros organismos de masas, de las distintas tendencias existentes en su interior, etc�tera. La relaci�n de fuerzas general entre las clases se expresa en el tipo de r�gimen que existe en cada etapa. Un cambio general en la relaci�n de fuerzas (es decir de etapa ) se transforma a corto plazo en un cambio de r�gimen.

Dentro de estas etapas hay momentos en que una clase toma la ofensiva y momentos en que la toma otra clase; dentro de una misma clase distintos sectores pueden estar a la ofensiva en cada momento; sectores de una misma clase pueden a veces luchar entre s�. Adem�s, est�n las superestructuras de las diferentes clases, y el estado, que tienen cierta autonom�a respecto al movimiento de las clases, lo que provoca situaciones contradictorias base-superestructura (como dando el movimiento obrero se orienta a la revoluci�n y los partidos obreros se orientan cada vez m�s hacia la derecha). Todos estos vaivenes que se dan dentro de una etapa pueden determinar subetapas, que debemos precisar cuidadosamente.

Trotsky ha dicho que hay, en general, cuatro tipos de etapas, que reflejan cuatro estadios en el proceso de 1a lucha de clases: contrarrevolucionarios, no revolucionarios, prerrevolucionarios y revolucionarios. Los gobiernos reflejan de una manera no mec�nica las caracter�sticas de la etapa, y en ellos se resumen todas las contradicciones. Existen gobiernos fascistas, bonapartistas, semibonapartistas, democr�ticoburgueses, kerenskistas. kornilovianos. En los paises atrasados, seg�n Trotsky, se dan gobiernos bonapartistas sui generis , que son los que, sin dejar de ser burgueses, enfrentan o resisten a alguna potencia imperialista para lo cual tiende a apoyarse en el movimiento de masas u obrero o, por el contrario, aplastan a lops trabajadores como sirvientes del imperialismo.

La existencia de estos diferentes tipos de gobierno, inclusive a veces para una misma etapa, obedece a que, como toda superestructura, reflejan no s�lo la relaci�n fundamental explotadores-explotados, sino todas las otras contradicciones y combinaciones de clases o sectores de clases. Siguen siendo, todos ellos, gobiernos burgueses, pero algunos se apoyan en la clase media de las ciudades, otros se ven obligados a apoyarse en el campesinado o en los partidos de la clase obrera; en algunos tiene m�s peso el aparato burocr�tico-militar del estado que en otros, etc�tera. De estas diferentes combinaciones, surgen diferentes tipos de gobierno, que reflejan situaciones particulares de la lucha de clases. Pero todos estos gobiernos est�n determinados por las caracter�sticas especiales de la etapa y por el r�gimen. En una etapa prerrevolucionaria, puede haber un gobierno democr�tico-burgu�s o uno kerenskista, pero no puede haber un gobierno fascista; en una etapa contrarrevolucionaria puede haber un gobierno fascista o uno bonapartista, pero no puede haber un gobierno democr�tico-burgu�s.

Este m�todo, que consiste en definir las etapas y reg�menes por la situaci�n de la lucha de clases y los gobiernos por la combinaci�n concreta de sectores sociales y superestructuras que expresan, era el de nuestra Internacional en las buenas �pocas del "arqueotrotskismo". Nuestra pol�tica comenzaba por el intento serio, tenaz, cuidadoso y cient�fico, de definir la etapa que atraves�bamos y el gobierno que soport�bamos en cada momento. Pero, desde que la mayor�a predomina en la direcci�n de nuestra Internacional, ese m�todo se ha abandonado. Nuestros an�lisis se hacen ahora �nicamente en base a las relaciones existentes dentro del movimiento obrero y muy especialmente, casi exclusivamente, a la situaci�n de la vanguardia. Del resultado de semejantes an�lisis surge una pol�tica cuyo objetivo ya no es dirigir correctamente a las masas en las situaciones que deben enfrentar sino impactar a la vanguardia. De ah� el desprecio por el m�todo cient�fico que ha elaborado el trotskismo.

Antes, hubi�ramos discutido meses enteros si la definici�n del gobierno de Banzer como "fascista" que hace el compa�ero Gonz�lez Moscoso era correcta o no. �Por qu�? Porque s�lo poni�ndonos de acuerdo en eso pod�amos ponernos de acuerdo en la pol�tica a seguir. Actualmente, los compa�eros de la mayor�a est�n de acuerdo en la pol�tica y estrategia del POR(C) para Bolivia, sin estar de acuerdo, aparentemente, en la definici�n del gobierno, pues Gonz�lez dice que es "fascista" y Germain lo califica de "reaccionario". Esto podr�a ser una casualidad, pero desgraciadamente, es la regla. Los compa�eros de la mayor�a dec�an que la pol�tica del ERP y del PRT(C) era un ejemplo (o sea que la aprobaban con elogios), pese a que el PRT(C) hab�a definido la situaci�n argentina como de "guerra civil" Y los compa�eros del SU como prerrevolucionaria.

Los "an�lisis justificaci�n" de la mayor�a

Parece imposible que se pueda coincidir en una pol�tica a partir de caracterizaciones de la situaci�n real diametralmente opuestas. Y en realidad lo es. Pero lo que ocurre es que los compa�eros de la mayor�a no parten del an�lisis de la situaci�n de la lucha de clases, sino que hacen casi al rev�s: formulan una estrategia de acuerdo a los fen�menos internos al movimiento obrero y de masas y luego inventan un an�lisis de la realidad que se acomode a esa estrategia y la justifique. En otra �poca, el sector al que le dieron importancia fundamental fue el de las organizaciones burocr�ticas del movimiento obrero, en especial a los partidos comunistas. Entonces formularon una estrategia dirigida a ese sector: la del entrismo "sui generis". Para justificarla, empezaron por asegurar que la guerra mundial era inevitable y que los partidos comunistas se ver�an obligados a encabezar la lucha de las masas, con el consiguiente surgimiento de tendencias centristas que dirigir�an toda una etapa de la revoluci�n

No hubo guerra mundial ni surgieron las tendencias centristas, pero se fueron inventando nuevos an�lisis de la realidad para seguir justificando esa estrategia decenal. Ya hemos visto el �ltimo de ellos, que nos dice que la estrategia del entrismo "sui generis" se adopt� porque se previ� que �. . . el proceso de radicalizaci�n(. . . ) se producir�a esencialmente en el seno de las organizaciones de masas tradicionales" [ 18 ] . Y tambi�n hemos visto que, como lo demostr� el fen�meno castrista y guevarista, no fue as�.

La pol�tica del IX Congreso para Am�rica Latina es otro buen ejemplo de este m�todo. Los camaradas de la mayor�a no tomaron en cuenta para nada el an�lisis marxista de la lucha de clases para definir su estrategia. No dieron ninguna importancia a las etapas que estaba viviendo cada pa�s latinoamericano. Lo que tomaron como punto de referencia es lo que discut�a la "vanguardia": guerra rural o no, lucha armada o no. De ah� sacaron la estrategia. Primero fue la guerrilla rural; despu�s -cuando las papas quemaban porque se hab�an hundido todas las guerrillas rurales- la destilaron y obtuvieron la quintaesencia, la "estrategia de la lucha armada". A los camaradas de la Mayor�a no les importaba que en Brasil hubiera un r�gimen semifascista o ultrarreaccionario; en Per� un bonapartismo "sui generis"; cierto desplazamiento nacionalista en otros pa�ses latinoamericanos y diferentes etapas de la lucha de clases en cada pa�s. Ellos englobaron a todos en un an�lisis por el cual necesitaran una estrategia com�n

El primer an�lisis-justificaci�n de la estrategia de lucha armada fue inventar un tipo de r�gimen com�n a toda Am�rica Latina, un r�gimen de acuerdo monol�tico entre el imperialismo, las burgues�as nacionales y las fuerzas armadas. Pero despu�s del Congreso Mundial surgieron gobiernos como el de Torres y el de Allende y cay� Ongan�a en la Argentina, acontecimientos que derrumbaron ese an�lisis. Como hab�a que mantener la estrategia, se invent� un nuevo tipo de r�gimen: el "reformismo militar". En realidad, lo �nico que ten�an de nuevo los englobados por este - nombre, era precisamente el nombre. Fue Rockefeller quien lo invent�. Cuando visit� Am�rica Latina, escribi� un informe en el que recomendaba al imperialismo una nueva pol�tica, el "reformismo militar", con el cual estuvieron de acuerdo el imperialismo, las burgues�as nacionales y las fuerzas armadas. Esta caracterizaci�n tambi�n se derrumb� cuando vinieron los sangrientos golpes proimperialistas de Banzer y la Junta Militar chilena, por razones obvias.

Gran parte del gobierno de Torres y la �ltima parte del de Allende tuvieron las caracter�sticas de gobiernos "kerenskistas". La �nica definici�n aproximada es la que nos da Germain por la negativa, cuando califica a Banzer de "korniloviano", pero muy a la pasada. �Por qu� fueron incapaces los camaradas de la mayor�a de prever estos gobiernos y darse una pol�tica frente a ellos? Porque el an�lisis correcto significaba, por ejemplo en el caso de los gobiernos kerenskistas, plantear el frente �nico obrero contra el golpe reaccionario y la formaci�n de milicias como parte de las organizaciones naturales del movimiento d� masas. Es decir, significaba que no hab�a que hacer guerrillas. El an�lisis correcto no serv�a para justificar su estrategia.

�C�mo caracteriz�bamos nosotros a los reg�menes latinoamericanos? Veamos: "La derrota o la necesidad de enfrentar al movimiento de masas, as� como la coyuntura econ�mica, facilitaron la unidad imperialismo-burgues�a nacional y esta unidad permiti� el surgimiento de gobiernos bonapartistas dictatoriales, apoyados por el ej�rcito o directamente militares, y en algunos casos semifascistas, como Brasil.

Esto plantea un importante problema te�rico: el frente �nico monol�tico entre el imperialismo yanqui y la burgues�a nacional. . . �se dar� dentro de un periodo hist�rico de cinco, diez o m�s a�os, o por el contrario, es un fen�meno transitorio como el visto en todos los otros periodos latinoamericanos de gobiernos fuertes que fueron seguidos por gobiernos d�biles cuando ascendi� el movimiento de masas? En principio creemos que la soluci�n castrista y guevarista del problema, de que estos gobiernos seguir�n siendo as�, es falsa.

"La crisis actual creciente entre sectores burguesas nacionales y de algunos de �stos con el imperialismo, combinada con un factor mucho m�s importante y decisivo, el ascenso del movimiento de masas, est� provocando la crisis de todos estos gobiernos. Es decir no son un fen�meno monol�tico y eterno, por el contrario, es bien moment�neo, tanto como dure el retroceso del movimiento de masas. [ 19 ]

Dos a�os m�s tarde dec�amos: "Definir los gobiernos y reg�menes latinoamericanos no es una preocupaci�n ociosa, sino una de las necesidades revolucionarias m�s urgentes". "El intento de ignorar el grave problema te�rico de definir los reg�menes latinoamericanos actuales con ingeniosas frases period�sticas como, por ejemplo, "reformismo militar", no hace m�s que oscurecer el problema y alejarnos del an�lisis marxista, de clase. Las tenazas de la colonizaci�n yanqui, por un lado, la movilizaci�n obrera, por otro, originan violentos y espectaculares cambios en el car�cter de los reg�menes burgueses. Algunos son semifascistas, como el de Brasil, o directamente reaccionarios sobre bases de legalidad burguesa, como el de Uruguay. Otros, nacionalistas burgueses que tienden a transformarse o se transforman en bonapartistas "sui generis seg�n las ense�anzas de Trotsky.

El espectacular ascenso del movimiento de masas origina situaciones de poder dual institucionalizado o atomizado, que dan origen a otro tipo de gobierno y reg�menes, los kerenskistas. Estos son t�picos de situaciones revolucionarias, cuando el poder obrero es tan fuerte que el gobierno queda suspendido en el vac�o entre los dos poderes. "

"[el kerenskismo es]. . . sumamente inestable, bonapartismo o semibonapartismo entre los explotadores y el movimiento de masas, y no como el [bonapartismol "sui generis" entre el imperialismo y el movimiento de masas". El actual ascenso revolucionario tiende a transformar el bonapartismo "su� generis" en bonapartismo kerenskista o en reaccionario". "Creemos que el r�gimen de Velasco tiene elementos bonapartistas "sui generis". Allende est� a mitad de camino. "

"En Bolivia se han dado los tres tipos de gobierno que hemos definido: reaccionario o semifascista el de Barrientos- tendiendo a bonapartista "sui generis" el de Ovando; kerenskista el de Torres". [ 20 ]

Para nosotros, a cada tipo de r�gimen, por expresar una distinta situaci�n de la lucha de clases, hab�a que enfrentarlo con una estrategia diferente. Para los camaradas de la mayor�a, el an�lisis se reduc�a a explicar por qu� motivo reg�a una misma estrategia para cualquier tipo de etapa, r�gimen y pa�s. La explicaci�n es, en realidad, muy sencilla: porque �sa era la estrategia m�s simp�tica a la vanguardia. Este car�cter vanguardista fue abiertamente proclamado por Mandel cuando nos dijo que hab�a que realizar ". . . campa�as pol�ticas nacionales, elegidas cuidadosamente, coincidiendo con las preocupaciones de la vanguardia. . . " [ 21 ]

Toda esta negaci�n del marxismo navega a velas desplegadas en el documento europeo de la mayor�a. No se hacen all� distingos de ning�n tipo entre las etapas que viven los distintos pa�ses europeos. Sin embargo, unos viven en una situaci�n contrarrevolucionaria (como Grecia, Espa�a y Portugal) que evoluciona a prerrevolucionaria (como Espa�a) o se combina con la guerra civil dentro de su imperio (como en Portugal); otros viven una situaci�n no revolucionaria pero evolucionando a prerrevolucionaria (como Italia, Francia y, quiz�s, Inglaterra, qu� soporta una guerra de hecho en Ir " landa) o revolucionaria (como Irlanda del Norte). Los otros pa�ses viven una situaci�n no revolucionaria, sin posibilidades de transformarse a corto plazo en prerrevolucionaria.

Nuestra caracterizaci�n es sumaria y posiblemente equivocada; querr�amos que se la tome solamente como un ejemplo metodol�gico.

Lo que queremos destacar es que de las diferentes situaciones surgen, evidentemente, tareas diferentes, a veces diametralmente opuestas.

En Grecia, Espa�a y Portugal -con situaciones parecidas las grandes tareas planteadas son las democr�ticas; en los �ltimos pa�ses con car�cter urgente, porque en Espa�a el movimiento obrero viene en continuo ascenso y Portugal enfrenta la guerrilla en sus colonias. En Inglaterra, donde se da una situaci�n opuesta a las mencionadas, la tarea esencial es lograr que los soldados ingleses se retiren de Irlanda del Norte y, adem�s, elaborar un programa de transici�n para enfrentar la miseria creciente del movimiento obrero. En Italia y Francia tenemos planteados problemas objetivos diferentes a los del resto de los pa�ses europeos, porque la lucha de clases est� a un nivel m�s alto. Los camaradas de la mayor�a dicen control obrero y trabajo sobre la vanguardia, no porque crean que las situaciones de todos los pa�ses sean iguales, sino porque ellos recorren un camino inverso: en lugar de decir a esta situaci�n corresponde esta tarea, dicen "puesto que vamos a aplicarles la misma estrategia, todos los pa�ses son iguales".

�Por qu� degeneraron la II y la III Internacionales?

El desplazamiento de los camaradas d� la mayor�a a una concepci�n vanguardista se expresa no s�lo en el terreno de los an�lisis concretos, sino tambi�n en cuestiones te�ricas generales. Hay dos de ellas donde la dimensi�n de las aberraciones llega al l�mite del revisionismo: la degeneraci�n de la II y III Internacionales y la caracterizaci�n de las situaciones prerrevolucionaria y revolucionaria.

En ambos casos, el camarada Mandel-Germain basa toda su explicaci�n en las relaciones internas de la clase obrera y, dentro de ella, en el papel de la vanguardia. Para Mandel "la ra�z de la degeneraci�n, tanto de la II como de la III Internacionales, es decir, la subordinaci�n de los partidos de masas socialdem�cratas y comunistas de Europa Occidental a una burocracia conservadora y reformista, que en la pr�ctica diaria se ha convertido en parte del statu-quo", responde a una ley general de la degeneraci�n.

Veamos esa ley: "El resultado de estas tendencias contradictorias depende de la lucha entre ellas, que a la vez est� determinada, en �ltima instancia, por dos factores sociales: por una parte, el grado de los intereses sociales espec�ficos que se desprende de la organizaci�n aut�noma y, por otra parte, el grado de actividad pol�tica de la vanguardia de la clase obrera. " [ 22 ]

Los trotskistas siempre hemos tomado como elemento fundamental para analizar las causas de la degeneraci�n de la II y III Internacionales, el proceso general de la lucha de clases en el mundo. Creemos que la II Internacional degener� por la existencia y ascenso, del imperialismo, que otorg� grandes concesiones a sectores importantes de la clase obrera gracias ala explotaci�n de sus colonias. Esto provoc� el nacimiento de una aristocracia obrera �ntimamente ligada a las concesiones que otorgaba el capitalismo. Mandel ahora descubre que la "organizaci�n aut�noma" y "autopreservaci�n del aparato" en s� se explican por la necesidad de preservaci�n de los "intereses sociales espec�ficos del propio aparato y no como parte del proceso general de formaci�n de la aristocracia obrera. La III Internacional degener� por las derrotas y el retroceso del movimiento obrero en todo el mundo y por la refracci�n de este mismo retroceso en el primer estado obrero, la URSS, una naci�n campesina y atrasada. De ah� la importancia que nuevamente tuvo la preservaci�n del "aparato en s�".

Pero Mandel ahora abandona este cl�sico an�lisis, y entonces la degeneraci�n burocr�tica es la resultante de la relaci�n- entre una burocracia que defiende su aparato y el "grado de actividad pol�tica de la vanguardia. Las masas con sus luchas no cuentan para nada. Con este m�todo, se puede deducir que la burocracia puede ser liquidada por la mera "actividad de la vanguardia", es decir, sin necesidad de apelar a la movilizaci�n.

Las situaciones prerrevolucionaria y revolucionaria

Todo un cap�tulo de la "nueva metodolog�a mandeliana" lo constituye la revisi�n de la teor�a en cuanto a la calificaci�n de las situaciones prerrevolucionaria y revolucionaria.

Siempre partiendo de las relaciones internas del movimiento obrero, y de las de vanguardia con el partido Mandel afirma: "La maduraci�n de una situaci�n prerrevolucionaria (explosi�n potencialmente revolucionaria) es la integraci�n de la acci�n de las grandes masas con la acci�n de los obreros avanzados. Una situaci�n revolucionaria o sea la posibilidad de la conquista revolucionaria del poder- aparece cuando ha sido alcanzada la integraci�n de las acciones de la vanguardia y las masas con la conciencia de la vanguardia y los estratos revolucionarios. " [ 23 ]

O sea que la burgues�a y la peque�a burgues�a no entran en este esquema. Tenemos derecho a pensar que Mandel considera que la situaci�n de esas clases y su relaci�n con el movimiento de masas no tienen importancia. Por el contrario, Trotsky pensaba que "el descontento, la nerviosidad, la inestabilidad, el arrebato f�cil de la peque�a burgues�a, son signos extremadamente importantes de una situaci�n prerrevolucionaria. [ 24 ] Y defin�a una situaci�n "apta para la victoria de la revoluci�n proletaria", como aquella en que se daban las siguientes condiciones: "1) el impasse de la burgues�a y la consecuente confusi�n de la clase dominante; 2) la aguda insatisfacci�n y el anhelo de cambios decisivos en las filas de la peque�a burgues�a, sin cuyo apoyo la gran burgues�a no puede mantenerse; 3) la conciencia de lo intolerable de la situaci�n y la disposici�n para las acciones revolucionarias en las filas del proletariado; 4) un programa claro y una direcci�n firme de la vanguardia proletaria. " [ 25 ]

Este ordenamiento que Trotsky repite sistem�ticamente durante la d�cada de los 30, es aleccionador: primero, la situaci�n de la burgues�a; segundo, la de la peque�a burgues�a; tercero, la de la clase obrera, y, �ltimo, la existencia de un partido revolucionario. Como buen marxista, empieza por lo objetivo y termina por lo subjetivo, De la situaci�n prerrevolucionaria Trotsky no nos ha dado una definici�n tan exacta. Ha se�alado que es una situaci�n intermedia entre la no revolucionaria y la revolucionaria. Ha insinuado que est� caracterizada por la existencia de las tres primeras condiciones y la ausencia de la �ltima, el partido.

Por otra parte, esto no es s�lo una cuesti�n de ortodoxia trotskista, sino sencillamente de sentido com�n: si la burgues�a est� unida en un s�lido frente, goza de una buena situaci�n econ�mica, mantiene satisfecha a la peque�a burgues�a y cuenta con su simpat�a, las famosas "integraciones" de Mandel no llevan, ni por casualidad, a la revoluci�n. El m�s avanzado de los casos que pudi�ramos imaginar -masas, vanguardia y partido integrados en sus acciones y su conciencia- terminar�n con un aplastamiento brutal y sangriento de la clase obrera a manos de esa burgues�a unida, apoyada por la peque�a burgues�a y defendida por un ej�rcito sin ninguna clase de fisuras. Por suerte, no hay ninguna posibilidad real de que semejante "integraci�n �mandelista se produzca en la lucha de clases tal cual la conocemos hasta ahora.

El concepto germainista de normalidad

Ahora bien, esta incomprensi�n de los camaradas de la mayor�a, en especial de Germain, acerca de qu� es una situaci�n prerrevolucionaria o revolucionaria, ha provocado toda una discusi�n viciosa alrededor de la palabra normal". Esta discusi�n comenz� para Am�rica Latina, pero tiene importancia decisiva para el an�lisis marxista de la situaci�n mundial. Los camaradas de la mayor�a afirman que no veremos en Am�rica Latina procesos de desarrollo "normal" del movimiento de masas, porque no habr� lapsos prolongados con condiciones de democracia burguesa. Con esto pretenden demostrar que el pron�stico de la minor�a de que Am�rica Latina se aproxima cada vez m�s a las normas cl�sicas de la revoluci�n proletaria es falso.

La cuesti�n de si la revoluci�n tiende o no a "normalizarse" no tiene que ver con la mayor o menor duraci�n de los reg�menes de legalidad burguesa. Tiene que ver con que los procesos revolucionarios de todo el mundo tiendan o no hacia las situaciones que fueron descritas por Lenin y Trotsky, es decir con que se generalicen o no situaciones parecidas a la Revoluci�n Rusa. "Normales" son las revoluciones que tienen como centro a1 proletariado industrial, a las ciudades como �mbito geogr�fico y a la insurrecci�n urbana como eje de la lucha armada. "Normal" es tambi�n que dichas revoluciones s�lo triunfen, si tienen a su frente a un partido bolchevique.

Esta concepci�n de "normalidad" naci� en oposici�n a la de "anormalidad" que hemos presenciado en esta postguerra, donde partidos peque�oburgueses, o burocr�ticos, desde el stalinismo hasta el castrismo, se vieron obligados a encabezar gobiernos obreros y campesinos. La anormalidad fue consecuencia de varios factores combinados: el primero fue que dos de las condiciones de una situaci�n revolucionaria (el impasse de la burgues�a y la radicalizaci�n de la peque�a burgues�a) se transformaron de coyunturales en cr�nicas. El crack financiero, la crisis cr�nica de la econom�a, se reflejaron en una crisis sin salida de la burgues�a durante a�os y una izquierdizaci�n permanente de la peque�a burgues�a que no encontraba ninguna posibilidad de apoyarse en una ligera recuperaci�n de la econom�a burguesa.

Estos factores se combinaron con la crisis del imperialismo yanqui en la posguerra y su divisi�n ante Castro y con dos carencias revolucionarias fundamentales: la del movimiento obrero y su direcci�n. El campesinado pas� a jugar un papel preponderante y las condiciones objetivas terminaron llevando a los partidos peque�oburgueses al gobierno y a la ruptura con el r�gimen imperialista, terrateniente y, por �ltimo, burgu�s.

La anormalidad consisti�, en definitiva, en que, por la ausencia del movimiento obrero y del partido revolucionario las dos primeras condiciones de la situaci�n revolucionaria adquirieron un peso colosal y el papel del partido revolucionario fue cumplido por partidos peque�oburgueses con influencia de masas. Esta combinaci�n anormal hab�a sido prevista por Trotsky en el Programa de Transici�n.

La actual vuelta de la "normalidad" no significa lisa y llanamente que se vuelva a la situaci�n previa a la Segunda Guerra Mundial, sino que el movimiento obrero se incorpora a la situaci�n revolucionaria y nuestros partidos, los �nicos obreros y revolucionarios que existen hoy, se desarrollan.

Las dem�s condiciones no s�lo no van a retroceder, sino que seguir�n avanzando. El car�cter cr�nico de la crisis se extender� a pa�ses capitalistas con una estructura mucho m�s s�lida que los atrasados y esto acentuar� el peso de la intervenci�n de la clase obrera industrial.

La combinaci�n ser� mucho m�s explosiva que en cualquier etapa que hayamos conocido anteriormente: mayor crisis cr�nica de la econom�a burguesa, mayor �zquierdizaci�n de la peque�a burgues�a, mayores sentimientos y actividad revolucionarios de la clase obrera, colosal crecimiento e influencia en el movimiento de masas de nuestros partidos y nuestra Internacional. Es decir, la revoluci�n se vuelve "normal" en forma creciente porque se vuelve objetivamente m�s f�cil y, sobre todo, porque la clase obrera y nuestros partidos entran en escena. Se pueden volver a dar situaciones revolucionarias "anormales", pero quedar�n supeditadas (y ayudar�n) a escala mundial a la normalizaci�n.

�Qu� tiene que ver con todo esto la mayor o menor duraci�n de los per�odos de legalidad burguesa? La Revoluci�n Rusa, la m�s "normal" de todas las revoluciones triunfantes, se dio en la Rusia zarista, con siglos de despotismo, un a�o de legalidad en 1905 y unos meses en 1917, m�s unos pocos a�os de resquicios legales. Esa es nuestra "normalidad": la clandestinidad del movimiento revolucionario y el enfrentamiento, a gobiernos reaccionarios de distinto pelaje la mayor parte del tiempo. No entendemos la "normalidad" como la situaci�n de Europa Occidental, con un siglo o m�s de legalidad burguesa, interrumpida brevemente por fen�menos como el fascismo.

Creemos, s�, que las etapas de clandestinidad ser�n mucho menos prolongadas que las rusas, porque las condiciones son mucho m�s favorables al movimiento de masas. Y sostenemos 44 firmemente que, al igual que en Rusia, los resquicios legales y las etapas democr�ticas ser�n logradas �nicamente por la acci�n del movimiento de masas; y que, cuanto m�s fuertes sean los golpes que �ste le aseste a la burgues�a, m�s d�biles ser�n los reg�menes que ir�n surgiendo. La tendencia a los gobiernos kerenskistas ser� cada vez m�s aguda, en la medida en que siga el ascenso, y s�lo una oportunidad revolucionaria desaprovechada por la falta de un partido bolchevique y una pol�tica trotskista, explicar� los retrocesos parciales a reg�menes semifascistas.

Estas han sido las experiencias de Bolivia y Chile, que nuestro m�todo marxista de an�lisis fue capaz de prever y el m�todo estrategista y vanguardista de los camaradas de la mayor�a ignor� por completo. El camarada Germain, al llamar "korniloviano" a Banzer, reconoce al gobierno de Torres como kerenskista. �No se da cuenta de que reconocer la existencia de gobiernos kerenskistas, significa reconocer las pautas "normales" de la Revoluci�n Rusa? Evidentemente no. Ellos opinan que los golpes de Banzer y los militares chilenos les dan la raz�n, porque demuestran la "excepcionalidad" de los per�odos de democracia burguesa. �Sin embargo Bolivia y Chile han tenido m�s tiempo de democracia burguesa en los �ltimos cinco anos que la Rusia revolucionaria en todo un siglo! Silencio absoluto: los camaradas de la mayor�a siguen comparando la situaci�n latinoamericana con la de Europa dominada por el fascismo.

Distintos pa�ses -Bolivia y Chile entre ellos- han entrado en la situaci�n prerrevolucionaria cl�sica, que no se convirti� en revolucionaria por la falta del partido. Esto no quiere decir que todos los pa�ses latinoamericanos han entrado en esa etapa. Todo lo contrario, es una minor�a de pa�ses la que se encamina hacia ella en un proceso de conjunto, desigual. Pero esas Rusias latinoamericanas le se�alan el camino a los otros pa�ses del continente y, nos atrevemos a decirlo, como m�nimo, a todo el mundo occidental.

El proceso latinoamericano y mundial nos confirma esta tendencia y esto convierte en herramientas fundamentales de nuestro an�lisis las ense�anzas de la Revoluci�n Rusa en contra de las estrategias de "lucha armada", de "trabajo sobre la vanguardia" y de "control obrero" de la mayor�a. Los bolcheviques no encararon otra forma de lucha armada que no fuera la que marcaba el ascenso del movimiento de masas. Con la lucha armada o sin ella, con "control obrero" o sin �l, iban construyendo el partido en todo momento. �Por qu� cambiar? A�n no hemos sido derrotados, ni vemos ese peligro de ocupaci�n nazi de nuestros pa�ses que hace temblar a la mayor�a. Cuando esa perspectiva exista, cosa que no creemos, podremos discutir las nuevas formas de lucha armada. Mientras tanto, seguimos orgullosos de nuestro an�lisis y de nuestra pol�tica.

Los camaradas de la mayor�a, Germain incluido, tienen que dejar de jugar a los films del Oeste "made in Italy", para volver al m�todo y al programa tradicional de nuestro movimiento. Esto es m�s necesario que nunca. Hay que partir de la realidad y no de "La hora de los hornos" o las pel�culas de Costa-Gavras [ * ] , ni de las "inquietudes (necesidades) de la vanguardia" que, en muchos casos, se inspiran en ellas. Acabamos de ver el desarrollo acelerado de otro r�gimen kerenskista: el de Allende. Acabamos de ver c�mo el triunfo moment�neo de los Kornilovs chilenos fue facilitado por la ausencia de una pol�tica y un partido bolchevique. Por eso esa pol�tica y esos partidos son hoy m�s necesarios que nunca. �Desempolvemos los tres tomos de Lenin del a�o 1917 y los an�lisis de Trotsky sobre la Revoluci�n Rusa!


Notas:


[ 16 ] Germain, Ernest: "En defensa del leninismo, en defensa de la IV Internacional". ob. cit.

[ 17 ] Lenin", V. I. : "Cartas sobre t�ctica" del 8 al 13 de abril 4de 1917, en Obras Completas, Cartago, Buenos Aires, T. XXXIV, p. 458.

[ 18 ] TMI: "La construcci�n de los partidos revolucionarios en Europa capitalista", ob. cit. , p. 28.

[ 19 ] "Proyecto de tesis sobre la situaci�n latinoamericana", presentado al Comit� Central del PRT (La Verdad).

[ 20 ] Quinto Congreso del PRT (La Verdad): "Los gobiernos latinoamericanos y la lucha revolucionaria", en Revista de Am�rica, No. 819, pp. 10-11.

[ 21 ] TMI: "La construcci�n de los partidos revolucionarios en Europa capitalista", ob. cit. , p. 42.

[ 22 ] Mandel, Ernest: @r�a leninista de la organizaci�n, , ob. cit. , p. 37.

[ 23 ] Idem p. 22.

[ 24 ] Trotsky, Le�n: "Una vez m�s, �ad�nde va Francia?", en �Ad�nde va Francia?, ob. cit. , p. 160.

[ 25 ] Trotsky, Le�n: "Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revoluci�n proletaria mundial", en Escritos, Pluma, Bogot�, 197 6, T. XI, vol. 2, pp. 297 -298.

[ * ] La hora de los hornos: Filme argentino realizado en 1967, que registra la historia de las luchas populares en Argentina desde la ca�da del gobierno peronista en 1955. Sus realizadores, Fernando Solanas y Octavio Getino, viven en el exilio. El filme ha sido prohibido en Argentina. Costa-Gavras: Cineasta griego, radicado en Francia, realizador de conocidos filmes de "denuncia" como Zeta, La Confesi�n y Estado de Sitio. Aqu�, la referencia es a este �ltimo filme, cuya trama se desarrolla en el Uruguay previo al golpe de 1973 y narra el secuestro de un diplom�tico norteamericano por un comando Tupamaro.


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