Eslabón N° 34 (10 de abril
de 2002)
La fuerza de la inercia... y la fuerza de la revolución
No hay una
palabra más precisa que inercia para describir la situación política nacional.
En su origen latino, inertia, significa incapacidad, falta de
pericia o de habilidad, inacción. De allí viene también inerte. Expresa
igualmente la tendencia a seguir en estado de reposo –si el objeto está quieto-
o de seguir en movimiento en línea recta, si el objeto está en movimiento.
El gobierno
PJ-UCR está inerte. Porque es incapaz, carece de pericia y habilidad para
resolver la descomunal crisis que azota al país. Y porque sigue en línea recta
el movimiento en el que están involucradas las clases dominantes desde hace más
de un cuarto de siglo, cuando comenzó a gravitar de manera decisiva sobre
ellas, sin que lo comprendieran, la crisis del capitalismo mundial.
Por las
mismas razones, las cúpulas sindicales están inertes. (Hubo 65 mil despidos
durante marzo, 140 mil desde enero, una brutal caída del salario real por
efecto de la inflación de precios, y las tres pseudocentrales sindicales han
sido incapaces de emitir siquiera un gemido).
Con apenas
mínimas excepciones, las izquierdas no escapan del cuadro: también están
atrapadas por la inercia, sea paralizadas, sea caminando en línea recta, a
impulso de una fuerza anterior a la que no pueden contrarrestar (no importa si
la consigna es Huelga General, Asamblea Constituyente, Elecciones ya: es el
movimiento en línea recta, inconsciente de sí mismo). Esto no sería grave si no
fuese porque su accionar automático choca de frente con la única fuerza
contraria a la inercia que se manifiesta con grandes altibajos, con más o menos
potencia pero aún confusa, que ha tomado cuerpo en las Asambleas y en formidables
luchas obreras como las de Zanón en Neuquén y Brukman en Capital.
Frente a ese
panorama político, se yergue sin embargo una realidad social que, acuciada por
la aceleración de la opresión económica, amenaza con estallar en cualquier
momento. Y es esta contradicción dominante en la coyuntura entre la fuerza
inercial del espectro político-partidario y la fuerza que presiona y emerge
desde la profundidad de las clases explotadas y oprimidas, la que debemos
afrontar los revolucionarios marxistas para contribuir a la resolución de las
dos claves sin las cuales la eclosión de la crisis no puede tener salida
positiva: la unidad de las grandes masas tras un proyecto común y la
recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas.
Urgencia impostergable: un programa y una herramienta
política de masas
Imposible
saber hoy si el gobierno Duhalde-Alfonsín podrá sostenerse. Carece de otra
fuerza aparte la que le da el vacío. Pero dados los peligros que para el
imperialismo y el gran capital plantea cualquier fórmula para cambiarlo, dada
su probada voluntad de someterse las peores humillaciones (las afrentas del
FMI, la exigencia de actuar contra la Revolución Cubana), no es improbable que
los amos decidan otorgarle el oxígeno mínimo que requieren para ensayar el plan
de rearmar el espectro partidario (ver Eslabón anterior). Si una explosión lo
derrumba, el capital tiene preparada una salida de emergencia: una instancia de
transición breve –muy breve- basada en la violencia pura a gran escala con
discurso democrático y elecciones anticipadas. En caso contrario, violencia
medida, replanteo partidario y marcha hacia una elección en la que deberá ganar
el “centro izquierda”, conducida por personas de confianza para el Norte,
suficientemente “sensatas” para excluir medidas extremas y suficientemente
“populares y democráticas” para convencer a las masas de la necesidad de
grandes sacrificios
Si el
imperialismo tuviese un jefe inapelable y la burguesía local no estuviese
trizada; y si, enfrente, no reinara la ausencia de organismos propios y la
confusión en la masa trabajadora y popular, estos planes no plantearían grandes
problemas para definir una línea de acción revolucionaria. Pero la ahora
patente confrontación interimperialista en nuestro propio territorio, la extrema
fragmentación del capital y el estado del movimiento obrero, el movimiento
estudiantil y otras franjas sociales potencialmente aliadas de los
trabajadores, exige a la vez el máximo de osadía y de prudencia, en
combinaciones que no deben ser planteadas de antemano pero que deben tener como
punto de partida el rechazo frontal a la inercia. La consigna de hoy es la de
Dantón: “¡¡Audacia, audacia y más audacia!!”. Para que la osadía no se confunda
con la desesperación o la ceguera, la brújula ha de ser el programa de acción.
Hay que
partir del hecho de que para quienes luchamos por la revolución social el
programa no es una consigna, sino un concepto. Por eso Marx decía que vale más
un paso en la vida real que cien programas. Más que un paso hoy debemos dar un
salto en la vida política real. Y eso lo haremos con conceptos firmes,
inamovibles, y consignas ajustadas día por día a la relación de fuerzas y la
realidad política. Nuestros conceptos estratégicos resumen hoy en la urgencia
impostergable de lograr la unidad social y política de 35 de los 37 millones de
habitantes de un país en estado de catástrofe. Unidad social y política
significa un objetivo común para la clase trabajadora en su conjunto
–incluyendo por cierto a los millones de desocupados- y todos los sectores
explotados y oprimidos de la sociedad. Un objetivo no puede ir separado de una
instancia práctica en la cual se encuentran quienes lo comparten, es decir, una
herramienta política capaz de incorporar los sueños y la fuerza de millones de
personas de los más diversos orígenes ideológicos y políticos, reencontrados
tras esa bandera a la que reconocen como propia y levantan en común. En nuestra
realidad de hoy, no es tras un líder que se construirá esa herramienta política
de masas, sino que en la edificación de ese instrumento esencial aparecerán los
líderes, genuinos, reconocidos, probados y controlados por las masas en
movimiento.
Las
consignas, hoy, son pocas y simples: quienes sufren la crisis, con plena
participación democrática, deben tomar las riendas del poder político. El
enemigo es el imperialismo y quienes lo representan fronteras adentro; los
símbolos de sus componentes son los yanquis, el FMI, la banca, los partidos e
instituciones del sistema. La victoria sólo puede lograrse sobre la base de la
unidad de las grandes masas, no sólo en territorio argentino sino en toda
América Latina y el Caribe. Cuba, Venezuela, deben ser defendidas del ataque
imperialista como partes de nuestro propio cuerpo. Los planes de lucha y las
propuestas económicas, políticas, militares, ecológicas, deben hacerse a escala
latinoamericana.
Frente ANTIIMPERIALISTA
El
imperialismo en crisis expande la miseria y la violencia. La lucha contra la
guerra es una bandera común que a cada instancia tendrá más vigencia: la noción
de frente antimperialista es hoy un frente contra la deuda externa, contra el
Plan Colombia y contra las guerras de Oriente y Medio Oriente. Días atrás, en
Monterrey, Fidel Castro expuso ante el mundo la crisis sin salida del
capitalismo mundial. Y Hugo Chávez opuso al Fondo Monetario Internacional un
Fondo Humanitario Internacional con consignas precisas para la acción. Los
trabajadores, las juventudes, el conjunto del pueblo, tenemos objetivos y
consignas unificadoras. Los revolucionarios debemos enarbolarlas con
determinación. Llamar a todos, incluso a los vacilantes y los sectarios. Que
sean ellos, en todo caso, quienes quedan atrapados por la inercia del orden
capitalista que se derrumba.
10/4/02
***
Eslabón N° 35 (6 de mayo de
2002)
Argentina: campo de batalla del capital en crisis
Es mucho más que la victoria de tal o cual partido lo que
está jugándose en estos momentos dramáticos del país. Con mayor urgencia
después del revés sufrido en Venezuela, Washington necesita imponer sin atenuantes
su voluntad en Argentina. El imperialismo combate en nuestro territorio por la
iniciativa política y el control de los mercados a escala continental. ALCA y
dolarización son recursos a los que Estados Unidos no puede renunciar en la
competencia interimperialista, tanto más aguda cuanto más severa es la crisis
que aqueja a los tres grandes centros del capitalismo mundial. Las fracciones
del capital local y sus agentes en los aparatos sindicales se alinean con
Estados Unidos o la Unión Europea con prescindencia de los intereses del país,
exclusivamente en función de sus intereses más inmediatos. Botón de muestra: el
tratamiento de las leyes de quiebra y de subversión económica. Con la clase
obrera desorganizada y desmovilizada, la clave consiste en lograr la unidad de
toda la población azotada por la crisis e impedir que esa fuerza sea
capitalizada por el capital local e imperialista.
Ante la crisis y la embestida yanqui
Argentina es campo de batalla de diferentes fracciones del
imperialismo y el capital. Ninguna de ellas puede dar un paso sin destruir y
enajenar aún más nuestras riquezas, acelerar la explotación y el
empobrecimiento de los trabajadores y atentar contra las libertades
democráticas y los derechos civiles. Urge construir la fuerza de masas capaz de
unir millones contra el flagelo de la crisis.
Es probable
que cuando estas páginas estén en sus manos la inercia a la que se hacía
referencia en la edición anterior, vigente hasta el cierre de ésta, haya sido
quebrada. Por lo pronto, la recomposición del gabinete indica un reacomodo de
las alianzas patronales. Los paros convocados por la CGT 2 para el día 14 y por
la CTA para la última semana de mayo reflejan ese desplazamiento, que deja
fuera también a la UCR.
Bajo el
golpe permanente y cruzado de los capitales imperialistas con sede en Estados
Unidos y la Unión Europea ya cayó el impotente gobierno Alfonsín-Duhalde. Ahora
hay en la Casa Rosada una coalición de lo más corrupto del aparato político
peronista bonaerense y el núcleo más reaccionario -y también el más poderoso-
de la burocracia sindical.
La suba
descontrolada de precios, la acentuación de la caída económica y la bancarrota
total de las cuentas del Estado preanuncian hiperinflación y la consecuente
conmoción social. Es claro que este cuadro es inducido desde diferentes ángulos
y con diferentes propósitos por sectores de gran capital imperialista y sus
asociados y sirvientes locales. Y hasta que nuevos acontecimientos la corrijan
o desmientan, la conclusión es que Estados Unidos ha impuesto su voluntad,
doblegando a sus competidores de la Unión Europea y haciendo arrodillar al gran
capital local que ensayó una negociación desenvainando un cuchillo sin hoja al
que le falta el mango. Si esto es así y no hay acontecimientos inmediatos que
cambien el cuadro, la hiperinflación será seguida por la dolarización, la
quiebra de la restante banca estatal y de capitales locales, la subordinación y
eventual quiebra de la banca española, con la consecuente centralización
extrema del capital financiero en manos yanquis que rápidamente se trasladará a
otras áreas de la economía, específicamente a las empresas privatizadas en
manos de capitales europeos y locales.
En el
terreno político-institucional esto puede traducirse mediante tres variantes
posibles: afirmación del gobierno Duhalde/62 Organizaciones como brazo ejecutor
de esta operación; llamado por parte del actual elenco a elecciones inmediatas;
golpe de estado “blanco”, con eventual protagonismo militar en el acto inicial
para dar lugar a un gobierno de transición que clausure el Congreso, cambie la
Suprema Corte y llame a elecciones generales en plazo perentorio. Cualquiera de
estas variantes supone licuación de los salarios mediante la inflación, y
represión para contener la presumible reacción social. Con Duhalde presidente,
esa faena estaría centralmente a cargo de bandas civiles, como ya lo han
adelantado las operaciones vistas contra Asambleas en localidades gobernadas
por fascistas confesos, como el caso del municipio de Moreno, entre otros.
La política en manos enemigas
El
formidable salto de la población en su conjunto plasmado en grandes
movilizaciones y la constitución de una instancia nueva y trascendental para el
futuro del país no puede dar lugar a engaño: es evidente que este curso en el
que están en juego una caída aún más brutal del nivel de vida de la población,
las libertades civiles, los derechos constitucionales y la propia integridad
del país, tiene como protagonistas exclusivamente a diversas fracciones y
sectores del capital. Aun en su pico más alto de movilización y participación,
verificado en diciembre y enero, las masas carecieron de perspectiva propia.
Sea lo que
sea que ocurra con los paros anunciados por Víctor De Gennaro y Hugo Moyano
(como de costumbre sin la más mínima participación de los trabajadores), es
evidente que incluso si llegan a realizarse -y aun de manera conjunta- carecen
de propuesta frente al espectáculo de las clases dominantes destruyendo al país
para quedarse con un pedazo.
No menos
evidente es el hecho de que la enorme explosión de masas de diciembre y enero
ha sido temporalmente malograda por la ausencia de una política de clase
fundada en una correcta interpretación de la situación internacional,
continental y nacional. El espectáculo lamentable de la media de docena de
escuálidas concentraciones el 1° de Mayo es la prueba ilevantable de esta
afirmación. Por ceguera u oportunismo, y por una perversa combinación de ambos
factores en pos del electoralismo, las siglas que se disputan el patrimonio de
la izquierda y la central de dirigentes sin bases que es la CTA, en medio de la
catástrofe nacional, hicieron prevalecer tácticas dictadas por la especulación
de cómo se presentarán a las elecciones que supuestamente vienen.
Es un crimen
que la clase obrera y las juventudes no perdonarán; como quedó a la vista en el
ínfimo número de concurrentes a cada quiosco y, sobre todo, en las sordas
protestas que la mayoría de los participantes mascullaron ante la evidencia de
esta abdicación.
Hay un camino
Pero si el
escenario lo ocupan excluyentemente imperialistas, socios menores y agentes de
unos y otros en el movimiento obrero, ese tablado está a cada instante más
despegado de la realidad social como conjunto. Los de arriba se están despedazando
mientras los de abajo (así: “los de abajo”, sin delimitaciones de clase hasta
el momento) rechazan en bloque a las figuras e instituciones del sistema,
aunque a la vez desconocen cómo funciona éste y no alcanzan a tomar conciencia
de las consecuencias de esta doble fractura, a punto de desencadenarse.
Un dato
relevante de los últimos meses, pese a su carga negativa, indica que el corazón
socioeconómico del sistema, el proletariado con ocupación, guarda en realidad
conciencia de la significación histórica de la coyuntura: su renuencia a
participar como clase en las grandes movilizaciones vividas está directamente
conectada con la ausencia de perspectiva, que se traduce en ausencia de
programa y organización y deja el juego en manos patronales. Otro tanto puede
decirse de la juventud estudiantil, como tal ausente todavía de la protesta
generalizada.
De todas
maneras, la acentuación descontrolada de la crisis que ya está en curso,
volcará a la lucha a millones de personas. Es imperativo comprender esa
dinámica y lo que supone que ocurra en las actuales condiciones. Por sobre sus
muy hondas e insalvables diferencias, todas las fracciones y sectores del
capital necesitan dar un escarmiento preventivo al conjunto del pueblo y muy en
particular a la clase obrera y las vanguardias visibles del movimiento de masas
en curso. Todo quiebre institucional será utilizado por el capital para asestar
un golpe en ese sentido, en la hipótesis de que un relámpago represivo obraría
como disuasor de un movimiento de masas todavía sin inervación. Por fugaz que
pudiera ser el efecto de tal evolución, sería un golpe duro para el conjunto de
la sociedad y en consecuencia para toda perspectiva de organización democrática
de masas, así como también para la recomposición de las fuerzas revolucionarias
marxistas.
El golpe
fallido en Venezuela no es ajeno a la coyuntura argentina. Y su efecto es aquí
inversamente proporcional al resultado obtenido allá: cuanto más dura se
verifique la derrota imperialista en el otro extremo de Sudamérica, tanto más
fuerza pondrá Washington en lograr una victoria neta en Argentina.
Y esto no se
arregla con elecciones, aunque es altamente probable que, sea cual sea el
camino inmediato, hay una elección en el horizonte cercano. La idea de ganar
con un apresurado conglomerado electoral abona la necesidad del gran capital de
continuar debilitando y confundiendo a los trabajadores y sus aliados mediante
la victoria de una fórmula “progresista”, que en la hipótesis de ganar, tendría
una bomba de 100 megatones en manos incapaces de manejar una cortaplumas. La
idea de acumular cargos legislativos en manos de organizaciones
revolucionarias, desconoce la evidencia de que la tan celebrada conquista de
cinco concejalías en la ciudad de Buenos Aires se traduce en que ninguno de
esos legisladores pueden participar en las Asambleas –el fenómeno más potente
de las tres últimas décadas de vida política- porque los asambleístas los echan
sin contemplaciones.
El problema,
entonces, no es formar un bloque electoral ni poner más carteles para ocupar
espacio y aspirar a obtener más diputados en una elección sin fecha. El
verdadero problema de quien quiera dar un paso positivo frente a la crisis es
encontrar la vía para lograr la unidad social y política de las grandes masas
víctimas de la crisis. Seis millones de cubanos volcados a las calles de toda
la isla el 1° de Mayo y más de un millón de venezolanos en Caracas, dan cuerpo
a una política real y efectiva de confrontación actual y estratégica con el
imperialismo. Desde luego ésta no es la política de ciertas sectas ahora
embarcadas en la conquista de votos y planes trabajar. Eso significa
simplemente que no hay que tomar en cuenta a las sectas. Significa que las
sectas no sirven para luchar cuando llega la hora de las grandes
confrontaciones históricas. En realidad, las sectas no sirven para nada, como
no sea graznar, confundir y dividir.
Alcance
de la CONFRONTACIÓN
Es imperioso
que esto lo asuma el activo militante porque lo que tenemos por delante es,
precisamente, una confrontación histórica con el capital en sus diferentes
fracciones y niveles y a escala continental. Sin una interpretación global y
estratégica de la crisis, sin una conducción política capaz de tomar cuenta de
la enorme complejidad de esta confrontación múltiple, cambiante a cada momento,
no es posible luchar con éxito en este momento histórico trascendental.
Es posible
avanzar ya mismo en la concreción de formas políticas que den cuerpo a la
unidad social y política de las grandes masas. Es posible avanzar ya mismo en
la superación de la dispersión de cuadros cuyo horizonte no es una banca y su
base de apoyo no es un aparato que gira sobre sí mismo. Simultánea,
paralelamente, es posible dar lugar ya mismo a una genuina recomposición de las
fuerzas revolucionarias marxistas.
En lo
inmediato, eso toma cuerpo en un conjunto de tareas precisamente delimitadas:
aunar el arco más amplio de fuerzas posible en torno de la defensa de la
Revolución Bolivariana; enfrentar el guerrerismo de Washington, sea en
Filipinas e Irak, en Palestina o en América Latina a través del Plan Colombia y
la proliferación de bases militares; contribuir a que las asambleas se
extiendan y desarrollen, enfrentando a los grupos que participan para rapiñar
en función de sus aparatos y luchando a brazo partido contra el liberalismo
que, seguramente con buenas intenciones, desconoce la magnitud de la
confrontación social en curso y llama a olvidarse del poder político tras la
quimera reaccionaria de un “contrapoder” encerrado en sí mismo, como los
aparatos sectarios; centrar en la soberanía, la independencia, la recuperación
de las riquezas del país, el trabajo para todos, la remuneración acorde con las
necesidades y otras tantas consignas conectadas con la posesión de la tierra, de
la vivienda, de la gratuidad en la enseñanza y la salud, para debatir
democráticamente en instancias de masas un programa constitutivo de una
herramienta política capaz de presentarse ante la nación como una alternativa
real de poder.
En este
camino, así como se debe enfrentar el izquierdismo infantil y reaccionario es
preciso salir al cruce de los estertores del moribundo aparato burocrático en
los sindicatos. No es posible a la hora de cerrar estas líneas definir una
posición frente a los anuncios de paro, que presumiblemente podrían
transformarse en un llamado común. Pero sí es posible definir un criterio para
la acción (que será ajustado mediante comunicados del CEN de la UMS a medida
que se desarrollen los acontecimientos): toda medida de lucha debe ser
democráticamente debatida y resuelta en los lugares de trabajo, en escuelas y
Universidades y en las Asambleas de todo el país. Nadie reconoce a la CTA (que
apoyó a Bordón en el 95, a De la Rúa en el 99 y coqueteó con Duhalde hasta que
volvió a romperse los dientes contra la pared) y mucho menos a la CGT Moyano,
la autoridad para convocar a una medida de lucha nacional. La voluntad de no
excluir a nadie, de rechazar todo sectarismo, debe ir acompañada con la
exigencia de que las decisiones sean tomadas de manera democrática y de que
cada quien se haga cargo de su pasado: sólo así daremos lugar a una dirección
genuina, con autoridad real y con fuerza suficiente para afrontar la crisis.
6/5/02
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Eslabón N° 37 (9 de junio de 2002
Cómo enfrentar una coyuntura crucial
Mientras
se repone del revés sufrido en Venezuela, Washington acelera su intervención
en Argentina y busca resolver en Brasil la barrera que frena su avance hacia el
ALCA. La burguesía local tiembla entre la inminencia de grandes movilizaciones
sociales y la voracidad sin límites del imperialismo en crisis. Urge la
concreción de un bloque antimperialista continental
Sería erróneo deducir de esto que el país está ante la inminencia de
un golpe de Estado. La UMS sostiene al respecto la caracterización ya expuesta
en ediciones anteriores de Eslabón. En cambio, estos movimientos revelan
hasta qué punto las clases dominantes son conscientes de la gravedad de la
crisis social, de la alta probabilidad de que se produzcan conmociones y, a su
influjo, acciones desesperadas de diverso tipo. Revelan también que ante
semejante panorama carecen de partidos, sindicatos y líderes capaces de imponer
el control político sin el concurso de la violencia, del imperialismo yanqui y
-dentro de ciertos límites- de las fuerrzas armadas
He allí la reaparición, en un
marco completamente diferente, de la verdadera expresión de lo que en aquellos
años ciertos teóricos denominaban “burguesía nacional”, travestida una
vez más, ahora en compañía explícita del BankBoston, en un maridaje que
corresponde estudiar para precisar su significación estratégica. En cualquier
caso, los militantes y dirigentes honestos que se expresan hoy a través de la
CTA, deben analizar y descubrir por qué el grupo Clarín actuó como siempre
mintiendo y tergiversando la realidad, pero esta vez para hacer creer que el
llamado de la CTA fue exitoso y logró paralizar al país
En tales condiciones, el capital
tiene todo el terreno a su disposición. Mientras avanza -vía hiperinflación
descontrolada o superinflación controlada- en la reducción extrema de salarios
e ingresos fijos, disputa variantes tales como supresión del peso e imposición
del dólar o permanencia del peso como moneda nacional (en proporción 10 x 1) y
las alternativas correspondientes de formas de gobierno. Y en cualquier hipótesis
prepara los mecanismos para afrontar lo inevitable: la resistencia social.
En paralelo y ya asumido públicamente
por Duhalde se plantea el adelanto de las elecciones para fines de año. Pero la
oposición de un sector de la banca a la última disposición oficial -permitir
que cada banco resuelva los depósitos confiscados con sus clientes- puede
desencadenar a la vez la quiebra de una cantidad de firmas financieras –se
calcula que debe caer la mitad de las entidades y que serían despedidos unos 50
mil empleados bancarios. A esto se suma el acuerdo con el FMI para reducir el
gasto en las provincias en un 60%, que presupone el despido de unos 100 mil
empleados del Estado. Todo esto en el marco de un déficit fiscal resuelto a
fuerza de emisión de dinero: para todo el 2002 el compromiso era emitir 3500
millones de pesos; pero desde el 11 de febrero a la fecha la expansión
monetaria fue de $ 6933 millones (a esto hay que sumarle la emisión de bonos
provinciales, o «cuasidinero», en sumas desconocidas). Esta cifra da una idea
del descalabro total del Estado patronal y, sumado a la puja con la banca
internacional coloca al país en el umbral de la hiperinflación, empujada además
por quienes se muestran dispuestos a imponer el dólar como moneda nacional.
Nuestras tareas
La militancia comprometida con el
cambio social -en el arco más amplio que ese concepto indica- sigue teniendo
planteadas las mismas tareas. Cada uno desde sus definiciones y sus
responsabilidades. El marco es diferente al de una fase que, tras la erupción
de diciembre, ha cambiado definitivamente. Es altamente probable que nuevos
cambios se produzcan en el corto plazo. Será preciso medir minuto a minuto para
estar a la altura de los acontecimientos.
9/6/02
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Eslabón N° 38 (5 de julio de 2002
Con o sin elecciones: cerrar filas en un frente antimperialista y edificar una herramienta política de masas
La
renovada embestida destinada a transformarnos directamente en colonia
estadounidense (e incluso fracturar el territorio de la nación) plantea a la
militancia social y política un desafío histórico.
Con
la aceleración de la ofensiva imperialista y la debacle total de los partidos
del capital se presenta como nunca la oportunidad de que las masas explotadas y
oprimidas, aunadas con el conjunto de la población afectada por la crisis, den
un salto político y produzcan un cambio decisivo en la historia argentina. Es
dudoso que el nuevo cronograma electoral pueda cumplirse. Pero con o sin
elecciones, está planteada la urgente tarea de unificar a más de 30 millones
de habitantes tras un programa antimperialista y poner en pie ya mismo una
herramienta política de masas
En el fracaso del gobierno PJ-UCR Estados Unidos jugó el papel decisivo.
La protesta social gravitó por su fuerza potencial y fue utilizada como
fantasma y palanca en contra de sus propios intereses inmediatos y de largo
plazo. La masacre del 26 de junio fue provocada con el doble objetivo de sofocar
la dinámica de masas en curso y terminar de acorralar al gobierno. Estados
Unidos interviene ya no sólo en las decisiones de política general, sino en
los movimientos día a día y en el manejo de los servicios de espionaje y
represión del Estado. Por eso el período abierto con el llamado a elecciones,
haya o no comicios en marzo o en cualquier otra fecha, lejos de ser una
reafirmación de la democracia burguesa, es todo lo contrario: un instrumento de
embestida en todos los planos contra las masas, contra el país y contra América
Latina
Hay bases objetivas para una alternativa de masas
¿En que punto del camino estamos?
Pese a la demagogia, el electoralismo y el agitativismo reinantes en
buena parte de las filas revolucionarias, no hay margen para la confusión: las
masas no están a la ofensiva. Las numerosas y a menudo heroicas luchas de
nuestra clase y nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con mayor o
menor amplitud pero sin conexión política y orgánica con el conjunto social.
Peor aún: la clase obrera no ha subido todavía al escenario de la lucha social
y política. Venimos subrayando esto ante cada explosión que sacude al país y
desvía la mirada respecto de este dato crucial
Quienes interpretan que vivimos una situación revolucionaria están más
que errados. No hay situación revolucionaria (o, si se quiere,
prerrevolucionaria) sin la movilización masiva de la clase obrera. El
proletariado con ocupación y papel efectivo en la producción -única fuerza
real para un cambio revolucionario socialista- ha estado y continúa estando al
margen de la lucha social. Y las excepciones de esta regla vigente desde 1991 no
lograron en ningún caso romper el aislamiento y cambiar la dinámica. Por eso
el capital ha podido saquear al país y someter al conjunto de la población al
estado actual.
La parálisis, la omisión de la clase obrera, se transformará
gradualmente en protesta activa. Ese cambio puede plasmar en una estrategia
propia, contrapuesta a los partidos del capital. Pero no es serio dar por hecho
lo que justamente es un objetivo a alcanzar. No es serio desconocer que la
evolución positiva de los trabajadores y sus aliados no es la única
perspectiva planteada como posibilidad objetiva. No es serio -y no es
revolucionario, mucho menos marxista- desconocer los rasgos dominantes de la
realidad política y suponer que estos se transformarán positivamente al margen
de la intervención consciente y enérgica de una estrategia basada en los
intereses históricos de los trabajadores
Por su parte el sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos
de constituir una fuerza social con un mínimo de homogeneidad; no tiene ni
puede tener por sí mismo una perspectiva política propia. Para colmo, su parte
activa (ínfima en relación con los cuatro millones de desempleados) ha sido
irresponsablemente fraccionada por organizaciones y dirigencias que no quieren o
no pueden comprender el valor de la unidad social de las masas explotadas y
oprimidas
Como no podía ser de otro modo en este cuadro general, la juventud está
profundamente fragmentada y, excepto en sectores de desocupados cuyo activismo
anuncia el formidable potencial que encierran, no se suma masivamente a la
movilización.
El movimiento estudiantil universitario, sencillamente ha desaparecido
del escenario político. Volverá, por cierto, a ocupar su lugar. Pero, otra
vez, quien da por hecho lo que sólo es una posibilidad, no merece llamarse
dirigente político.
No será posible darle batalla efectiva al imperialismo y sus socios
locales sin resolver esa fractura social que confunde y paraliza a millones. Y
para esto la condición primera es tener una bandera común. Sin ella, seremos víctimas
de la brutal ofensiva capitalista en curso
Elecciones e iniciativa política
Es en este cuadro general y particular que el imperialismo y sus peones
locales apelan al adelanto de las elecciones. Es un esfuerzo por impedir la dinámica
de concientización y organización de masas instalada en la sociedad desde
octubre último. Se trata de una trampa porque el cambio de presidente y vice
equivale exactamente a nada. Pero, ante todo, porque pretende colocar el gran
debate hoy dominante en la sociedad tras el objetivo falaz y manipulado de un
cambio de figuras, en el cual predominan los grandes aparatos comandados por los
medios de difusión bajo control de la burguesía y el imperialismo. A propósito,
hay que subrayar además que en Argentina, como viene ocurriendo en otros países
de América Latina, a falta de partidos el papel de conducción ya lo han tomado
los medios de prensa.
No se trata de desarrollar aquí las razones por las cuales la economía
bajo mando de los partidos de las clases dominantes sólo puede volver a ponerse
en marcha aumentando la entrega, la superexplotación y la marginalización. Se
trata de dar una respuesta efectiva a esa certeza.
Frente a esta realidad, no es posible responder con subterfugios. En la
medida en que el capital cuenta con la iniciativa política, se la impone a los
trabajadores y el conjunto social. Fue nuestra organización la que en 1997
comprendió la dinámica fundamental en la conciencia de las masas por debajo de
la superficie y para operar sobre ella forjó y llevó adelante la noción de
Voto Protesta. En las elecciones de octubre pasado, ésa fue la fuerza social
(subrayémoslo: social, no política), que ganó el día del comicio.
Lo dijimos entonces y hay que repetirlo ahora: levantamos el Voto
Protesta porque no lográbamos dar cuerpo a una herramienta política de masas.
Y porque las fórmulas de izquierda, en lugar de encauzar y fortalecer el
proceso de ruptura de masas con los partidos del capital, fragmentaban a los
movimentos sociales y completaban el desarme de la clase obrera
Hoy, con la misma lógica que llevó a la UMS –desde su nunca negada
condición de simple y limitado destacamento comunista- a presentar ante la
sociedad una propuesta que interpretaba su línea fundamental de evolución
ideológica y política, enfatiza la necesidad de dar el necesario paso
siguiente: transformar la fuerza negativa en un poderoso haz de fuerzas con una
propuesta común: unir el Voto Protesta, la abstención consciente, el voto en
blanco y el voto por las izquierdas, en una expresión político común, de
masas, plural, democrática, con definida posición antimperialista
Existen, no nos caben dudas, las fuerzas humanas, los cuadros, equipos,
organizaciones y movimientos, para darle cuerpo a esta propuesta. Y en ese
objetivo inmediato la UMS pondrá todas sus fuerzas. Y con la misma resolución
con que se lanza a esta tarea táctica de alcances estratégicos, nuestra
organización reitera que si no se halla una vía de unidad social y política
de las grandes masas, la alternativa no es votar una sigla o un nombre “de
izquierda” para sacarse el gusto el día de la elección. Pondremos nuestro máximo
empeño en enfrentar la ofensiva ya en curso en todos los planos y también en
el electoral, con la propuesta enarbolada por la UMS desde su Congreso
Fundacional: plasmar la unidad social y política de la clase obrera, las
juventudes y el conjunto de los sectores explotados y oprimidos de la sociedad.
Pero si ese objetivo no se alcanza (como ocurrió en todas las oportunidades
anteriores, dando lugar a nuevos engendros tipo Frepaso o “frentismo de
izquierda”, volveremos a decirle a los trabajadores y el pueblo que la única
expresión positiva será la campaña por un programa, sin candidatos, sin
siglas, aunque esto signifique que el voto sea anulado
Programa común, antes y por sobre cualquier candidatura
Una pregunta que se hacen millones y millones de personas y en primer
lugar los trabajadores más conscientes y comprometidos, es por qué tanto
sacrificio, tanto compromiso como se comprueba en las innumerables luchas
cotidianas, no logra romper el aislamiento, transformarse en fuerza de masas y
enarbolar una bandera común.
No todos daremos la misma respuesta ante esa pregunta. Hay
responsabilidades de diferente tipo. Y un debate abierto. La UMS pone a
disposición las resoluciones de sus Congresos, sus periódicos, documentos y
declaraciones y un acervo de 26 ediciones de la revista Crítica
que incluye la reproducción completa de los cuatro primeros congresos de la
Internacional Comunista: la escuela de cuadros más profunda y extensa en la
historia de los revolucionarios. Una de las razones por las cuales hicimos el
esfuerzo de publicar esos materiales desconocidos por la casi totalidad de la
militancia es, precisamente, la difusión de nociones tales como Frente Único y
Frente Antimperialista.
Hoy no existe manera de eludir esta cuestión: ha pasado de la teoría a
la acción política inmediata. No hay modo de sostener un ropaje marxista y
actuar al margen de estos lineamientos forjados por la experiencia de lucha
revolucionaria internacional que, lejos de haber sido superados por el devenir
histórico, están más vigentes que nunca. Quien no lo crea así, está
obligado a atacar teóricamente estos conceptos, como lo hacen (para beneplácito
de la prensa burguesa) los defensores de “el fin del imperialismo.
En consecuencia, nuestra organización
convoca a toda la militancia que se reivindica revolucionaria (y ante todo a la
que se define como marxista), a confluir en una expresión política concreta
del concepto teórico “frente antimperialista”. Se trata de dar cuerpo y
forma a una herramienta política de las masas. Cada palabra aquí, tiene un
valor imposible de obviar: construir una herramienta, para que las masas puedan
intervenir en el terreno político.
No es el nombre de un partido. Es el nombre de las clases y sectores que
asumen una responsabilidad histórica frente al colapso de un sistema y el
desmoronamiento catastrófico de un país, en un cuadro de completa
desorganización y confusión en todos los planos de la clase obrera, que frente
a la crisis más grave de la historia del país no se pone en movimiento. Es la
asunción por parte de las inmensas mayorías de que debe gobernar en función
de sus intereses, o será sometida a los designios brutales de la otra parte, la
que no llega a sumar el 3% de la sociedad pero desde siempre gobierna en su
beneficio y subordinada a los amos imperialistas.
Sólo allí, en ese torrente heterogéneo, confuso y en constante cambio
de afluentes sociales diversos arrastrados por la irrupción brutal de la
crisis- podremos defender los revolucionarios marxistas la independencia política
de la clase obrera y dar pasos efectivos para que el proletariado asuma su lugar
histórico en la lucha de clases. Lo demás es ensueño solipsista; macaneo
pseudoteórico; ceguera e irresponsabilidad política
Basta mirar la realidad económica y política mundiales para comprender
qué papel debe y puede jugar quien se reivindica revolucionario marxista. De
nuestra parte, en inconmovible línea de coherencia y continuidad con una visión
teórica y una práctica militante defendidas desde nuestra fundación,
afrontamos la responsabilidad planteada, asumiendo además que la fuerza
antimperialista que pugna por cobrar vida en Argentina sólo podrá plasmar
realmente a escala latinoamericana, como parte de una realidad continental a
cuya vanguardia están los gobiernos de Cuba y Venezuela. Ese aspecto
fundamental, internacionalista y específicamente latinoamericano del combate
que tenemos por delante, también lo asumimos como bandera irrenunciable de la
Unión de Militantes por el Socialismo
5/7/02
***
Eslabón N° 39 (11 de agosto de 2002)
Las Asambleas frente a las elecciones
Ya
hemos insistido en que el llamado a elecciones tiene como principal propósito
ahondar y consolidar la fragmentación del movimiento de masas. La UMS, que en
1997 elaboró la noción de Voto Protesta para enfrentar las trampas del Frepaso
y el electoralismo, que desde entonces mantuvo esa bandera y en octubre pasado
comprobó el acierto de su interpretación respecto del curso por el que avanza
la conciencia y el accionar de las mayorías, inmediatamente después de aquella
impresionante expresión de descontento masivo a través del Voto Protesta
sostuvo que de allí en más se trataba de unificar esa fuerza con la de la
abstención consciente y las diferentes expresiones de izquierda. Ahora, frente
a la maniobra electoral del imperialismo y sus socios locales, convocamos a un
gran Frente Antimperialista que se exprese de manera unitaria en las elecciones.
Sin embargo, esa unidad no puede darse en la extensión necesaria y con la
fuerza suficiente apelando a meras maniobras electorales.
No
se trata de candidaturas, sino de proyectos y programas de acción. Se trata de
afirmar una plataforma antimperialista y lograr la convergencia orgánica de
innumerables expresiones sociales, organizaciones políticas y agrupamientos de
toda naturaleza, en una Herramienta Política de masas, por definición plural y
democrática. Las Asambleas son una parte vital de esa tarea decisiva. Esto no sólo
es diferente a un amontonamiento electoralista. Es lo opuesto. Sólo una
herramienta política de masas podrá asumir una candidatura propia y presentar
una alternativa real al conjunto de la nación en la dramática coyuntura que
vive el país
La
UMS realiza y continuará realizando los mayores esfuerzos por plasmar ante la
coyuntura electoral un Frente Antimperialista a partir de una Herramienta Política
de masas, en línea de continuidad con una tarea que asumió desde su fundación.
Estamos empeñados además en extender ese Frente Antimperialista a escala
latinoamericana, en un bloque continental bolivariano y revolucionario.
Convocamos
a toda nuestra militancia, a simpatizantes y amigos, a sumarse con fervor a esta
tarea, que si es llevada hasta sus últimas consecuencias puede dar vuelta como
un guante el cuadro político del país.
Con
la misma convicción y determinación alertamos ante el peligro de que la
inercia predominante en cuadros y organizaciones desemboque en una repetición
de maniobras electoralistas y peleas por candidaturas, que violando la democrática
participación de las bases frustre la edificación de una herramienta política
de masas. Tenemos la certeza de que en tal caso la voluntad rebelde de las
grandes mayorías no se expresaría de manera positiva en una candidatura, sino
en una reiteración multiplicada del Voto Protesta. Ante los trabajadores y el
pueblo de Argentina y América Latina la UMS se compromete a trabajar sin
desmayo por un Frente Antimperialista que ante las elecciones unifique al
conjunto de la población, sea con una candidatura avalada por la democrática
decisión de las bases, sea con un Voto Protesta masivo
Cuando en diciembre pasado las
Asambleas irrumpieron en el escenario político, quedó claro por qué rumbo se
encaminaba la respuesta social a la espasmódica crisis del capitalismo
argentino: por fuera y en contra de los partidos patronales, apelando a
organismos de masas, a métodos democráticos, a formas de acción política
basados en la movilización y la lucha de calles. En otras palabras: el
movimiento de masas pisaba el umbral de una perspectiva revolucionaria.
Esto ocurría de manera espontánea,
es decir, sin la conducción puntual de ninguna organización política; antes
bien, ocurría en contra de toda estructura partidaria, incluidas y en primer
lugar las que se proclaman de izquierda. (A propósito, cabe subrayar la lección
que se desprende de un hecho por todos conocidos: los concejales porteños de
partidos de izquierda no pudieron siquiera acercarse a las Asambleas por temor a
ser abucheados de la misma manera que los políticos burgueses. Los cargos tan
trabajosamente obtenidos no servían, en un momento clave, para aquello que es
el objetivo de una perspectiva anticapitalista: abrir canales de comunicación
directa entre organizaciones revolucionarias y las masas). Para contrarrestar
esa fuerza antipartido, la conducta de organizaciones que se presentan como
revolucionarias consistió en lo que habitualmente se denomina “aparatear”.
Abnegados militantes, más o menos entrenados y disciplinados, fueron lanzados a
las Asambleas a “ganar discusiones”, a “sacar delegados”, a imponer
resoluciones formales. El resultado fue un ahondamiento de la distancia entre el
nuevo activo militante (compuesto a menudo por ex miembros de organizaciones políticas
de los más diversos signos), y las propuestas más radicales frente a la crisis
en curso. Entre otros factores, esa conducta manipuladora y aparatista contribuyó
a la desmovilización y parcial vaciamiento circunstancial de las Asambleas.
No se trata ahora de abrir una línea de ataque a esas organizaciones. Tales tácticas se desprenden de concepciones profundas en torno a las cuales se estructuran estos partidos. Y es por eso precisamente que la Unión de Militantes por el Socialismo existe como organización diferenciada: partimos de la certeza de que en el momento de ruptura del orden capitalista, esos aparatos -reformistas o ultraizquierdistas- son en el mejor de los casos inútiles y en el peor contrarios a las necesidades de las masas y la revolución. La principal de esas necesidades es lograr la convergencia estratégica, el ensamble y la fusión efectiva, entre los nuevos contingentes sociales movilizados y las ideas, prácticas y formas organizativas de la lucha anticapitalista.
Ése es el objetivo que guía la
conducta de cada miembro de la UMS frente a las Asambleas. Y aquí toma cuerpo,
en medio de un formidable combate social, la diferencia entre la una concepción
de “unidad de izquierda”, que en medio de una genuina Asamblea de masas
busca puntos de unidad entre quienes se definen a sí mismos como
“revolucionarios”, y una estrategia de lucha por el poder que procura la
unidad social de los trabajadores y sus aliados –con prescindencia de
definiciones ideológicas y adscripciones partidarias- y la recomposición
de las fuerzas revolucionarias sobre las bases teóricas del marxismo.
Espontaneidad y movimiento de masas
Pero esa reacción social
antipartido no puede ser interpretada unilateralmente. Si por un lado expresa la
saludable y potente reacción popular frente a estructuras que giran en torno de
sus propios intereses, por el otro representa la incomprensión de lo que
verdaderamente se pone en juego cuando una fuerza social choca de frente con el
Estado patronal. Tanto como la ceguera burocrática de los aparatos reformistas
y ultraizquierdistas, obra contra las Asambleas esa reencarnación timorata del
anarquismo que ahora milita contra la organización, ataca la idea de partido y
propone, con veleidades teóricas, “luchar por la revolución sin luchar
contra el poder”.
Nuestra militancia participa de las
Asambleas, como del resto de las organizaciones de masas, tomando distancia por
igual de estas expresiones políticas que, en la mayoría de los casos, traducen
intereses de clases y sectores de clases diferentes –y hasta opuestos- al
proletariado. En el tembladeral de la crisis la UMS tiene como tarea representar
teórica, programática y organizativamente a una clase obrera hoy ausente como
tal en el escenario político y la movilización social. El Frente
Antimperialista no es una forma esquinada de la conciliación de clases, sino la
consciente asunción por parte de la teoría revolucionaria marxista de una
convergencia en el combate del proletariado con clases y sectores objetivamente
enfrentados con el imperialismo y sus socios, manteniendo en toda circunstancia
la independencia programática, política y organizativa.
Esto debe hacerse en nuestra
coyuntura a partir de una realidad dominada por el hecho de que la clase obrera
no ha culminado el tránsito entre su ruptura histórica con el peronismo y la
asunción de una conciencia propia, condición inseparable de la conquista de
una organización y un programa de acción también propios.
Los y las militantes de la UMS
asumen conscientemente esta situación que, por otra parte, no es exclusiva de
Argentina. La inclaudicable lucha por la unidad social y política de los
trabajadores y el pueblo, va por ello amarrada a la urgencia por la recomposición
de las fuerzas revolucionarias marxistas a escala nacional e internacional, todo
lo cual puede sostenerse a condición de tener sólidas raíces en el
proletariado industrial y afirmar cada día la formación de nuestros cuadros en
la teoría científica de la revolución social.
11/8/02