Eslabón N° 34 (10 de abril de 2002)

 La fuerza de la inercia... y la fuerza de la revolución

          No hay una palabra más precisa que inercia para describir la situación política nacional. En su origen latino, inertia, significa incapacidad, falta de pericia o de habilidad, inacción. De allí viene también inerte. Expresa igualmente la tendencia a seguir en estado de reposo –si el objeto está quieto- o de seguir en movimiento en línea recta, si el objeto está en movimiento.

          El gobierno PJ-UCR está inerte. Porque es incapaz, carece de pericia y habilidad para resolver la descomunal crisis que azota al país. Y porque sigue en línea recta el movimiento en el que están involucradas las clases dominantes desde hace más de un cuarto de siglo, cuando comenzó a gravitar de manera decisiva sobre ellas, sin que lo comprendieran, la crisis del capitalismo mundial.

          Por las mismas razones, las cúpulas sindicales están inertes. (Hubo 65 mil despidos durante marzo, 140 mil desde enero, una brutal caída del salario real por efecto de la inflación de precios, y las tres pseudocentrales sindicales han sido incapaces de emitir siquiera un gemido).

          Con apenas mínimas excepciones, las izquierdas no escapan del cuadro: también están atrapadas por la inercia, sea paralizadas, sea caminando en línea recta, a impulso de una fuerza anterior a la que no pueden contrarrestar (no importa si la consigna es Huelga General, Asamblea Constituyente, Elecciones ya: es el movimiento en línea recta, inconsciente de sí mismo). Esto no sería grave si no fuese porque su accionar automático choca de frente con la única fuerza contraria a la inercia que se manifiesta con grandes altibajos, con más o menos potencia pero aún confusa, que ha tomado cuerpo en las Asambleas y en formidables luchas obreras como las de Zanón en Neuquén y Brukman en Capital.

          Frente a ese panorama político, se yergue sin embargo una realidad social que, acuciada por la aceleración de la opresión económica, amenaza con estallar en cualquier momento. Y es esta contradicción dominante en la coyuntura entre la fuerza inercial del espectro político-partidario y la fuerza que presiona y emerge desde la profundidad de las clases explotadas y oprimidas, la que debemos afrontar los revolucionarios marxistas para contribuir a la resolución de las dos claves sin las cuales la eclosión de la crisis no puede tener salida positiva: la unidad de las grandes masas tras un proyecto común y la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas.

 Urgencia impostergable: un programa y una herramienta política de masas

          Imposible saber hoy si el gobierno Duhalde-Alfonsín podrá sostenerse. Carece de otra fuerza aparte la que le da el vacío. Pero dados los peligros que para el imperialismo y el gran capital plantea cualquier fórmula para cambiarlo, dada su probada voluntad de someterse las peores humillaciones (las afrentas del FMI, la exigencia de actuar contra la Revolución Cubana), no es improbable que los amos decidan otorgarle el oxígeno mínimo que requieren para ensayar el plan de rearmar el espectro partidario (ver Eslabón anterior). Si una explosión lo derrumba, el capital tiene preparada una salida de emergencia: una instancia de transición breve –muy breve- basada en la violencia pura a gran escala con discurso democrático y elecciones anticipadas. En caso contrario, violencia medida, replanteo partidario y marcha hacia una elección en la que deberá ganar el “centro izquierda”, conducida por personas de confianza para el Norte, suficientemente “sensatas” para excluir medidas extremas y suficientemente “populares y democráticas” para convencer a las masas de la necesidad de grandes sacrificios

          Si el imperialismo tuviese un jefe inapelable y la burguesía local no estuviese trizada; y si, enfrente, no reinara la ausencia de organismos propios y la confusión en la masa trabajadora y popular, estos planes no plantearían grandes problemas para definir una línea de acción revolucionaria. Pero la ahora patente confrontación interimperialista en nuestro propio territorio, la extrema fragmentación del capital y el estado del movimiento obrero, el movimiento estudiantil y otras franjas sociales potencialmente aliadas de los trabajadores, exige a la vez el máximo de osadía y de prudencia, en combinaciones que no deben ser planteadas de antemano pero que deben tener como punto de partida el rechazo frontal a la inercia. La consigna de hoy es la de Dantón: “¡¡Audacia, audacia y más audacia!!”. Para que la osadía no se confunda con la desesperación o la ceguera, la brújula ha de ser el programa de acción.

         Hay que partir del hecho de que para quienes luchamos por la revolución social el programa no es una consigna, sino un concepto. Por eso Marx decía que vale más un paso en la vida real que cien programas. Más que un paso hoy debemos dar un salto en la vida política real. Y eso lo haremos con conceptos firmes, inamovibles, y consignas ajustadas día por día a la relación de fuerzas y la realidad política. Nuestros conceptos estratégicos resumen hoy en la urgencia impostergable de lograr la unidad social y política de 35 de los 37 millones de habitantes de un país en estado de catástrofe. Unidad social y política significa un objetivo común para la clase trabajadora en su conjunto –incluyendo por cierto a los millones de desocupados- y todos los sectores explotados y oprimidos de la sociedad. Un objetivo no puede ir separado de una instancia práctica en la cual se encuentran quienes lo comparten, es decir, una herramienta política capaz de incorporar los sueños y la fuerza de millones de personas de los más diversos orígenes ideológicos y políticos, reencontrados tras esa bandera a la que reconocen como propia y levantan en común. En nuestra realidad de hoy, no es tras un líder que se construirá esa herramienta política de masas, sino que en la edificación de ese instrumento esencial aparecerán los líderes, genuinos, reconocidos, probados y controlados por las masas en movimiento.

          Las consignas, hoy, son pocas y simples: quienes sufren la crisis, con plena participación democrática, deben tomar las riendas del poder político. El enemigo es el imperialismo y quienes lo representan fronteras adentro; los símbolos de sus componentes son los yanquis, el FMI, la banca, los partidos e instituciones del sistema. La victoria sólo puede lograrse sobre la base de la unidad de las grandes masas, no sólo en territorio argentino sino en toda América Latina y el Caribe. Cuba, Venezuela, deben ser defendidas del ataque imperialista como partes de nuestro propio cuerpo. Los planes de lucha y las propuestas económicas, políticas, militares, ecológicas, deben hacerse a escala latinoamericana.

 Frente ANTIIMPERIALISTA

          El imperialismo en crisis expande la miseria y la violencia. La lucha contra la guerra es una bandera común que a cada instancia tendrá más vigencia: la noción de frente antimperialista es hoy un frente contra la deuda externa, contra el Plan Colombia y contra las guerras de Oriente y Medio Oriente. Días atrás, en Monterrey, Fidel Castro expuso ante el mundo la crisis sin salida del capitalismo mundial. Y Hugo Chávez opuso al Fondo Monetario Internacional un Fondo Humanitario Internacional con consignas precisas para la acción. Los trabajadores, las juventudes, el conjunto del pueblo, tenemos objetivos y consignas unificadoras. Los revolucionarios debemos enarbolarlas con determinación. Llamar a todos, incluso a los vacilantes y los sectarios. Que sean ellos, en todo caso, quienes quedan atrapados por la inercia del orden capitalista que se derrumba.

10/4/02

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Eslabón N° 35 (6 de mayo de 2002)

Argentina: campo de batalla del capital en crisis

 Es mucho más que la victoria de tal o cual partido lo que está jugándose en estos momentos dramáticos del país. Con mayor urgencia después del revés sufrido en Venezuela, Washington necesita imponer sin atenuantes su voluntad en Argentina. El imperialismo combate en nuestro territorio por la iniciativa política y el control de los mercados a escala continental. ALCA y dolarización son recursos a los que Estados Unidos no puede renunciar en la competencia interimperialista, tanto más aguda cuanto más severa es la crisis que aqueja a los tres grandes centros del capitalismo mundial. Las fracciones del capital local y sus agentes en los aparatos sindicales se alinean con Estados Unidos o la Unión Europea con prescindencia de los intereses del país, exclusivamente en función de sus intereses más inmediatos. Botón de muestra: el tratamiento de las leyes de quiebra y de subversión económica. Con la clase obrera desorganizada y desmovilizada, la clave consiste en lograr la unidad de toda la población azotada por la crisis e impedir que esa fuerza sea capitalizada por el capital local e imperialista.

 Ante la crisis y la embestida yanqui

 Argentina es campo de batalla de diferentes fracciones del imperialismo y el capital. Ninguna de ellas puede dar un paso sin destruir y enajenar aún más nuestras riquezas, acelerar la explotación y el empobrecimiento de los trabajadores y atentar contra las libertades democráticas y los derechos civiles. Urge construir la fuerza de masas capaz de unir millones contra el flagelo de la crisis.

          Es probable que cuando estas páginas estén en sus manos la inercia a la que se hacía referencia en la edición anterior, vigente hasta el cierre de ésta, haya sido quebrada. Por lo pronto, la recomposición del gabinete indica un reacomodo de las alianzas patronales. Los paros convocados por la CGT 2 para el día 14 y por la CTA para la última semana de mayo reflejan ese desplazamiento, que deja fuera también a la UCR.

          Bajo el golpe permanente y cruzado de los capitales imperialistas con sede en Estados Unidos y la Unión Europea ya cayó el impotente gobierno Alfonsín-Duhalde. Ahora hay en la Casa Rosada una coalición de lo más corrupto del aparato político peronista bonaerense y el núcleo más reaccionario -y también el más poderoso- de la burocracia sindical.

          La suba descontrolada de precios, la acentuación de la caída económica y la bancarrota total de las cuentas del Estado preanuncian hiperinflación y la consecuente conmoción social. Es claro que este cuadro es inducido desde diferentes ángulos y con diferentes propósitos por sectores de gran capital imperialista y sus asociados y sirvientes locales. Y hasta que nuevos acontecimientos la corrijan o desmientan, la conclusión es que Estados Unidos ha impuesto su voluntad, doblegando a sus competidores de la Unión Europea y haciendo arrodillar al gran capital local que ensayó una negociación desenvainando un cuchillo sin hoja al que le falta el mango. Si esto es así y no hay acontecimientos inmediatos que cambien el cuadro, la hiperinflación será seguida por la dolarización, la quiebra de la restante banca estatal y de capitales locales, la subordinación y eventual quiebra de la banca española, con la consecuente centralización extrema del capital financiero en manos yanquis que rápidamente se trasladará a otras áreas de la economía, específicamente a las empresas privatizadas en manos de capitales europeos y locales.

          En el terreno político-institucional esto puede traducirse mediante tres variantes posibles: afirmación del gobierno Duhalde/62 Organizaciones como brazo ejecutor de esta operación; llamado por parte del actual elenco a elecciones inmediatas; golpe de estado “blanco”, con eventual protagonismo militar en el acto inicial para dar lugar a un gobierno de transición que clausure el Congreso, cambie la Suprema Corte y llame a elecciones generales en plazo perentorio. Cualquiera de estas variantes supone licuación de los salarios mediante la inflación, y represión para contener la presumible reacción social. Con Duhalde presidente, esa faena estaría centralmente a cargo de bandas civiles, como ya lo han adelantado las operaciones vistas contra Asambleas en localidades gobernadas por fascistas confesos, como el caso del municipio de Moreno, entre otros.

 La política en manos enemigas

          El formidable salto de la población en su conjunto plasmado en grandes movilizaciones y la constitución de una instancia nueva y trascendental para el futuro del país no puede dar lugar a engaño: es evidente que este curso en el que están en juego una caída aún más brutal del nivel de vida de la población, las libertades civiles, los derechos constitucionales y la propia integridad del país, tiene como protagonistas exclusivamente a diversas fracciones y sectores del capital. Aun en su pico más alto de movilización y participación, verificado en diciembre y enero, las masas carecieron de perspectiva propia.

          Sea lo que sea que ocurra con los paros anunciados por Víctor De Gennaro y Hugo Moyano (como de costumbre sin la más mínima participación de los trabajadores), es evidente que incluso si llegan a realizarse -y aun de manera conjunta- carecen de propuesta frente al espectáculo de las clases dominantes destruyendo al país para quedarse con un pedazo.

          No menos evidente es el hecho de que la enorme explosión de masas de diciembre y enero ha sido temporalmente malograda por la ausencia de una política de clase fundada en una correcta interpretación de la situación internacional, continental y nacional. El espectáculo lamentable de la media de docena de escuálidas concentraciones el 1° de Mayo es la prueba ilevantable de esta afirmación. Por ceguera u oportunismo, y por una perversa combinación de ambos factores en pos del electoralismo, las siglas que se disputan el patrimonio de la izquierda y la central de dirigentes sin bases que es la CTA, en medio de la catástrofe nacional, hicieron prevalecer tácticas dictadas por la especulación de cómo se presentarán a las elecciones que supuestamente vienen.

          Es un crimen que la clase obrera y las juventudes no perdonarán; como quedó a la vista en el ínfimo número de concurrentes a cada quiosco y, sobre todo, en las sordas protestas que la mayoría de los participantes mascullaron ante la evidencia de esta abdicación.

 Hay un camino 

         Pero si el escenario lo ocupan excluyentemente imperialistas, socios menores y agentes de unos y otros en el movimiento obrero, ese tablado está a cada instante más despegado de la realidad social como conjunto. Los de arriba se están despedazando mientras los de abajo (así: “los de abajo”, sin delimitaciones de clase hasta el momento) rechazan en bloque a las figuras e instituciones del sistema, aunque a la vez desconocen cómo funciona éste y no alcanzan a tomar conciencia de las consecuencias de esta doble fractura, a punto de desencadenarse.

          Un dato relevante de los últimos meses, pese a su carga negativa, indica que el corazón socioeconómico del sistema, el proletariado con ocupación, guarda en realidad conciencia de la significación histórica de la coyuntura: su renuencia a participar como clase en las grandes movilizaciones vividas está directamente conectada con la ausencia de perspectiva, que se traduce en ausencia de programa y organización y deja el juego en manos patronales. Otro tanto puede decirse de la juventud estudiantil, como tal ausente todavía de la protesta generalizada.

          De todas maneras, la acentuación descontrolada de la crisis que ya está en curso, volcará a la lucha a millones de personas. Es imperativo comprender esa dinámica y lo que supone que ocurra en las actuales condiciones. Por sobre sus muy hondas e insalvables diferencias, todas las fracciones y sectores del capital necesitan dar un escarmiento preventivo al conjunto del pueblo y muy en particular a la clase obrera y las vanguardias visibles del movimiento de masas en curso. Todo quiebre institucional será utilizado por el capital para asestar un golpe en ese sentido, en la hipótesis de que un relámpago represivo obraría como disuasor de un movimiento de masas todavía sin inervación. Por fugaz que pudiera ser el efecto de tal evolución, sería un golpe duro para el conjunto de la sociedad y en consecuencia para toda perspectiva de organización democrática de masas, así como también para la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas.

          El golpe fallido en Venezuela no es ajeno a la coyuntura argentina. Y su efecto es aquí inversamente proporcional al resultado obtenido allá: cuanto más dura se verifique la derrota imperialista en el otro extremo de Sudamérica, tanto más fuerza pondrá Washington en lograr una victoria neta en Argentina.

         Y esto no se arregla con elecciones, aunque es altamente probable que, sea cual sea el camino inmediato, hay una elección en el horizonte cercano. La idea de ganar con un apresurado conglomerado electoral abona la necesidad del gran capital de continuar debilitando y confundiendo a los trabajadores y sus aliados mediante la victoria de una fórmula “progresista”, que en la hipótesis de ganar, tendría una bomba de 100 megatones en manos incapaces de manejar una cortaplumas. La idea de acumular cargos legislativos en manos de organizaciones revolucionarias, desconoce la evidencia de que la tan celebrada conquista de cinco concejalías en la ciudad de Buenos Aires se traduce en que ninguno de esos legisladores pueden participar en las Asambleas –el fenómeno más potente de las tres últimas décadas de vida política- porque los asambleístas los echan sin contemplaciones.

          El problema, entonces, no es formar un bloque electoral ni poner más carteles para ocupar espacio y aspirar a obtener más diputados en una elección sin fecha. El verdadero problema de quien quiera dar un paso positivo frente a la crisis es encontrar la vía para lograr la unidad social y política de las grandes masas víctimas de la crisis. Seis millones de cubanos volcados a las calles de toda la isla el 1° de Mayo y más de un millón de venezolanos en Caracas, dan cuerpo a una política real y efectiva de confrontación actual y estratégica con el imperialismo. Desde luego ésta no es la política de ciertas sectas ahora embarcadas en la conquista de votos y planes trabajar. Eso significa simplemente que no hay que tomar en cuenta a las sectas. Significa que las sectas no sirven para luchar cuando llega la hora de las grandes confrontaciones históricas. En realidad, las sectas no sirven para nada, como no sea graznar, confundir y dividir.

 Alcance de la CONFRONTACIÓN

          Es imperioso que esto lo asuma el activo militante porque lo que tenemos por delante es, precisamente, una confrontación histórica con el capital en sus diferentes fracciones y niveles y a escala continental. Sin una interpretación global y estratégica de la crisis, sin una conducción política capaz de tomar cuenta de la enorme complejidad de esta confrontación múltiple, cambiante a cada momento, no es posible luchar con éxito en este momento histórico trascendental.

          Es posible avanzar ya mismo en la concreción de formas políticas que den cuerpo a la unidad social y política de las grandes masas. Es posible avanzar ya mismo en la superación de la dispersión de cuadros cuyo horizonte no es una banca y su base de apoyo no es un aparato que gira sobre sí mismo. Simultánea, paralelamente, es posible dar lugar ya mismo a una genuina recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas.

          En lo inmediato, eso toma cuerpo en un conjunto de tareas precisamente delimitadas: aunar el arco más amplio de fuerzas posible en torno de la defensa de la Revolución Bolivariana; enfrentar el guerrerismo de Washington, sea en Filipinas e Irak, en Palestina o en América Latina a través del Plan Colombia y la proliferación de bases militares; contribuir a que las asambleas se extiendan y desarrollen, enfrentando a los grupos que participan para rapiñar en función de sus aparatos y luchando a brazo partido contra el liberalismo que, seguramente con buenas intenciones, desconoce la magnitud de la confrontación social en curso y llama a olvidarse del poder político tras la quimera reaccionaria de un “contrapoder” encerrado en sí mismo, como los aparatos sectarios; centrar en la soberanía, la independencia, la recuperación de las riquezas del país, el trabajo para todos, la remuneración acorde con las necesidades y otras tantas consignas conectadas con la posesión de la tierra, de la vivienda, de la gratuidad en la enseñanza y la salud, para debatir democráticamente en instancias de masas un programa constitutivo de una herramienta política capaz de presentarse ante la nación como una alternativa real de poder.

         En este camino, así como se debe enfrentar el izquierdismo infantil y reaccionario es preciso salir al cruce de los estertores del moribundo aparato burocrático en los sindicatos. No es posible a la hora de cerrar estas líneas definir una posición frente a los anuncios de paro, que presumiblemente podrían transformarse en un llamado común. Pero sí es posible definir un criterio para la acción (que será ajustado mediante comunicados del CEN de la UMS a medida que se desarrollen los acontecimientos): toda medida de lucha debe ser democráticamente debatida y resuelta en los lugares de trabajo, en escuelas y Universidades y en las Asambleas de todo el país. Nadie reconoce a la CTA (que apoyó a Bordón en el 95, a De la Rúa en el 99 y coqueteó con Duhalde hasta que volvió a romperse los dientes contra la pared) y mucho menos a la CGT Moyano, la autoridad para convocar a una medida de lucha nacional. La voluntad de no excluir a nadie, de rechazar todo sectarismo, debe ir acompañada con la exigencia de que las decisiones sean tomadas de manera democrática y de que cada quien se haga cargo de su pasado: sólo así daremos lugar a una dirección genuina, con autoridad real y con fuerza suficiente para afrontar la crisis.

 6/5/02

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Eslabón N° 37 (9 de junio de 2002

Cómo enfrentar una coyuntura crucial

Mientras se repone del revés sufrido en Venezuela, Washington acelera su intervención en Argentina y busca resolver en Brasil la barrera que frena su avance hacia el ALCA. La burguesía local tiembla entre la inminencia de grandes movilizaciones sociales y la voracidad sin límites del imperialismo en crisis. Urge la concreción de un bloque antimperialista continental

       Tres informaciones convergentes adelantan por dónde tiende a desarrollarse la crisis argentina: en la primera semana de junio, en la embajada estadounidense, diplomáticos de aquel país y militares argentinos evaluaron la posibilidad de que en un futuro cercano las fuerzas armadas deban asumir el poder político; casi simultáneamente, unos 400 oficiales en retiro y activos se reunieron en el Círculo militar de Olivos, donde el presidente del Foro de generales retirados, Augusto Alemanzor, en presencia del ministro de Defensa y de los jefes del ejército y el estado mayor conjunto, apeló a una perentoria “unión nacional” a fin de “enfrentar con probabilidades de éxito el virus de la desintegración que nos afecta”. Por esos mismos días, efectivos militares locales, tropas del grupo comando policial altamente especializado Geo, con participación de oficiales estadounidenses, realizaron maniobras de “rescate” en diversos puntos de la Capital Federal. Una maniobra especial se realizó en la Embajada estadounidense, supuestamente ocupada por un “comando terrorista

     Sería erróneo deducir de esto que el país está ante la inminencia de un golpe de Estado. La UMS sostiene al respecto la caracterización ya expuesta en ediciones anteriores de Eslabón. En cambio, estos movimientos revelan hasta qué punto las clases dominantes son conscientes de la gravedad de la crisis social, de la alta probabilidad de que se produzcan conmociones y, a su influjo, acciones desesperadas de diverso tipo. Revelan también que ante semejante panorama carecen de partidos, sindicatos y líderes capaces de imponer el control político sin el concurso de la violencia, del imperialismo yanqui y -dentro de ciertos límites- de las fuerrzas armadas

  Caída libre

       Mientras tanto desde el otro lado de la frontera social continúa la parálisis. La clase obrera no salió, como estas páginas previeron, a defender el salario ante la violenta caída del poder de compra. Pero esto no es casual y no puede ser computado como un error de análisis: las patronales se adelantaron a esa certeza y, mediante adelantos a cuenta de futuros aumentos, aumentos efectivos y otros recursos de diferente tipo, incrementaron considerablemente el salario de bolsillo de lo que constituye el corazón del proletariado industrial (ver página 3). Simultáneamente, el gobierno avanzó en el plan de subsidios para jefes y jefas de familia, abonado mediante tarjetas bancarias. Aun si no fuese verdad la información oficial según la cual más de un millón de subsidios está ya encaminado, es indudable que el proyecto marcha y gana espacio el plan de desactivar las organizaciones de desocupados que centraron su accionar en ese sector social y en la obtención de “planes trabajar

       Los pseudo-paros de la CGT 2 y la CTA (Ver Eslabón extra N° 36), no hacen sino confirmar la desmovilización de los trabajadores. El papelón de Hugo Moyano es equiparable al de la CTA, aunque ésta contó -y el dato es más que significativo, como veremos enseguida- con el apoyo del grupo Clarín, que presentó la jornada como una huelga exitosa, cuando en realidad no hubo paro en grado absoluto y los numerosos cortes de rutas y calles en diversas localidades fueron realizados por grupos mínimos de militantes. Excepción a esta regla válida para todo el país son los casos de Córdoba y Mar del Plata y, en grado mucho menor, otras localidades del interior.

       Es para observar el hecho de que el grupo Clarín, súbitamente convertido en agitador de la jornada de la CTA (mientras despedía a decenas de trabajadores en el área digital, sin que la UTPBA –parte de la CTA- moviera un dedo por ellos), se sumara en esos mismos días a la conformación de una nueva organización patronal (la Asociación Empresaria Argentina, AEA), constituida por el antiguo Consejo Empresario, institución clave en la realización del golpe de Estado de 1976 y el sostén a la dictadura.

     He allí la reaparición, en un marco completamente diferente, de la verdadera expresión de lo que en aquellos años ciertos teóricos denominaban “burguesía nacional”, travestida una vez más, ahora en compañía explícita del BankBoston, en un maridaje que corresponde estudiar para precisar su significación estratégica. En cualquier caso, los militantes y dirigentes honestos que se expresan hoy a través de la CTA, deben analizar y descubrir por qué el grupo Clarín actuó como siempre mintiendo y tergiversando la realidad, pero esta vez para hacer creer que el llamado de la CTA fue exitoso y logró paralizar al país

       En cuanto al movimiento estudiantil, contrariamente a nuestra previsión -y aquí sin atenuantes- no ha habido hasta la fecha la más mínima dinámica de movilización y organización. Existe un clima de demanda y debate limitado a un activo mínimo, pero el movimiento como tal no da muestras de recuperar el aliento. La explicación a esta omisión pasa por un estado general de la juventud –fundada en la etapa histórica que vivimos a escala mundial y en el más que insuficiente papel jugado por las organizaciones marxistas, fallido punto de referencia- que condiciona incluso a los sectores más activos y comprometidos de esta franja social

  La coyuntura inmediata

     En tales condiciones, el capital tiene todo el terreno a su disposición. Mientras avanza -vía hiperinflación descontrolada o superinflación controlada- en la reducción extrema de salarios e ingresos fijos, disputa variantes tales como supresión del peso e imposición del dólar o permanencia del peso como moneda nacional (en proporción 10 x 1) y las alternativas correspondientes de formas de gobierno. Y en cualquier hipótesis prepara los mecanismos para afrontar lo inevitable: la resistencia social.

       A la hora en que se redacta esta nota todo indica que en la controversia respecto al mecanismo para salir de la confiscación de depósitos bancarios (condición primera para poner en marcha la economía, paralizada desde hace seis meses) la puja gobierno-capital financiero yanqui es irreductible.

     En paralelo y ya asumido públicamente por Duhalde se plantea el adelanto de las elecciones para fines de año. Pero la oposición de un sector de la banca a la última disposición oficial -permitir que cada banco resuelva los depósitos confiscados con sus clientes- puede desencadenar a la vez la quiebra de una cantidad de firmas financieras –se calcula que debe caer la mitad de las entidades y que serían despedidos unos 50 mil empleados bancarios. A esto se suma el acuerdo con el FMI para reducir el gasto en las provincias en un 60%, que presupone el despido de unos 100 mil empleados del Estado. Todo esto en el marco de un déficit fiscal resuelto a fuerza de emisión de dinero: para todo el 2002 el compromiso era emitir 3500 millones de pesos; pero desde el 11 de febrero a la fecha la expansión monetaria fue de $ 6933 millones (a esto hay que sumarle la emisión de bonos provinciales, o «cuasidinero», en sumas desconocidas). Esta cifra da una idea del descalabro total del Estado patronal y, sumado a la puja con la banca internacional coloca al país en el umbral de la hiperinflación, empujada además por quienes se muestran dispuestos a imponer el dólar como moneda nacional.

 

Nuestras tareas

       Con maniobras de comandos altamente especializados, entonces, y con diversas alternativas para cambiar drásticamente el elenco institucional en todos los órdenes, siempre teniendo como eje una violentísima lucha interimperialista e interburguesa, la burguesía afronta la coyuntura más difícil del capital en la historia del país.

       Por lo mismo que ninguno de los problemas que están en la base de esta catástrofe nacional cambiará un ápice por el hecho de que el desenlace de corto plazo sea elecciones rápidas para “que se vayan todos” o un golpe blando (alguna forma transicional para reformar la Constitución y convocar a elecciones con el mismo objetivo pero mejor envuelto), el problema para los revolucionarios -mucho menos para los revolucionarios marxistas- no está planteado en el terreno de las alianzas electorales. El verdadero problema consiste en resolver la creación de una instancia política capaz de convocar a las grandes mayorías en torno de un programa de tajante ruptura con la sujeción al FMI y los poderes imperialistas, recuperación de las riquezas saqueadas al país, plena soberanía e independencia para afrontar las exigencias de la hora, aumento general de salarios y plena ocupación. Dicho de otro modo: un frente antimperialista que necesariamente debe proyectarse, prolongarse y afirmarse a escala latinoamericana

       La UMS tiene esta perspectiva fundada teórica y políticamente en sus documentos fundacionales, ratificados una y otra vez en sus Congresos ordinarios y en foros internacionales. Con la certeza de lo que teníamos por delante convocamos una y otra vez a la unidad social y política de las grandes mayorías mediante la construcción de una herramienta política de masas, plural, democrática, antimperialista y genéricamente anticapitalista. Y defendimos su complemento inseparable: la recomposición de las fuerzas marxistas.

       Como consta en nuestros materiales y en los correspondientes de otras organizaciones y equipos a lo largo de los últimos años, lo que denominamos “la gran prueba” no fue superada por quienes se consideran revolucionarios marxistas. Ahora no cabe la histeria porque especialistas yanquis dirigen grupos comandos que hacen maniobras preventivas en la capital del país. Ni la desesperación por lograr alguna fórmula electoral de emergencia. Para no hablar de quienes buscan, como chicos jugando a la piñata, el sujeto de una supuesta situación revolucionaria que debería resolverse en las próximas semanas  

     La militancia comprometida con el cambio social -en el arco más amplio que ese concepto indica- sigue teniendo planteadas las mismas tareas. Cada uno desde sus definiciones y sus responsabilidades. El marco es diferente al de una fase que, tras la erupción de diciembre, ha cambiado definitivamente. Es altamente probable que nuevos cambios se produzcan en el corto plazo. Será preciso medir minuto a minuto para estar a la altura de los acontecimientos.

9/6/02

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Eslabón N° 38 (5 de julio de 2002

Con o sin elecciones: cerrar filas en un frente antimperialista y edificar una herramienta política de masas

 

La renovada embestida destinada a transformarnos directamente en colonia estadounidense (e incluso fracturar el territorio de la nación) plantea a la militancia social y política un desafío histórico.

Con la aceleración de la ofensiva imperialista y la debacle total de los partidos del capital se presenta como nunca la oportunidad de que las masas explotadas y oprimidas, aunadas con el conjunto de la población afectada por la crisis, den un salto político y produzcan un cambio decisivo en la historia argentina. Es dudoso que el nuevo cronograma electoral pueda cumplirse. Pero con o sin elecciones, está planteada la urgente tarea de unificar a más de 30 millones de habitantes tras un programa antimperialista y poner en pie ya mismo una herramienta política de masas

      El adelanto de la fecha de elecciones es ante todo el fracaso del intento Alfonsín-Duhalde, tras los manotazos que en diciembre mostraron las hondas fracturas del capital. Y es también un desafío político de vida o muerte al movimiento de masas en desarrollo que se expresó en octubre de 2001 con la suma de votos protesta, en blanco, abstenciones y de izquierdas; tomó cuerpo en diciembre con la sublevación de los días 19 y 20 y se extendió a todo el país mediante la forma de Asambleas.

     En el fracaso del gobierno PJ-UCR Estados Unidos jugó el papel decisivo. La protesta social gravitó por su fuerza potencial y fue utilizada como fantasma y palanca en contra de sus propios intereses inmediatos y de largo plazo. La masacre del 26 de junio fue provocada con el doble objetivo de sofocar la dinámica de masas en curso y terminar de acorralar al gobierno. Estados Unidos interviene ya no sólo en las decisiones de política general, sino en los movimientos día a día y en el manejo de los servicios de espionaje y represión del Estado. Por eso el período abierto con el llamado a elecciones, haya o no comicios en marzo o en cualquier otra fecha, lejos de ser una reafirmación de la democracia burguesa, es todo lo contrario: un instrumento de embestida en todos los planos contra las masas, contra el país y contra América Latina

     No hay manera de confundir la coyuntura: el país afronta una nueva fase ofensiva del capital imperialista. Las imposiciones del Fondo Monetario Internacional incluyen un conjunto de medidas que en caso de aplicarse darían como resultado un retroceso de dimensiones catastróficas para Argentina. E incluyen además un “Comité de notables”, figura bajo la que se disfraza la imposición de un gobierno de reemplazo, directamente enviado por Washington. Si no fuera posible frenar esta embestida se consumaría una estrategia desde hace tiempo desplegada por el imperialismo y el gran capital local. Argentina se vería arrastrada a límites de empobrecimiento, degradación social, entrega, superexplotación, violencia y marginalización, difíciles de imaginar incluso a partir del siniestro panorama actual.

Hay bases objetivas para una alternativa de masas

       No hay en estas afirmaciones un gramo de pesimismo. Porque precisamente la dolorosa experiencia de los últimos años ha alistado las condiciones requeridas para que las masas explotadas y oprimidas rompan con las cadenas que las desviaron primero y las paralizaron luego. Y la gravedad de la hora plantea la posibilidad de que las fuerzas potenciales se transformen en realidad social y política, den lugar a un salto cualitativo en conciencia y organización de millones de trabajadores, jóvenes, estudiantes, profesionales y capas medias, lo cual a su vez significaría un vuelco completo en la situación y las perspectivas del país.

       No estamos hablando sobre hipótesis, ni proponiendo un acuerdo de siglas: se trata de dar cuerpo y continuidad a una línea de masas que irrumpió políticamente en octubre de 2001 con una bofetada a los partidos patronales (la suma del voto protesta, el voto en blanco, la abstención consciente y las izquierdas superó el 60% del padrón), luego en diciembre produjo la sublevación en el Gran Buenos Aires y la Capital Federal, y a partir de allí tomó la forma de Asambleas, se extendió a todo el país y viene expresándose de manera multiforme

       Hagamos un paréntesis para recordar que esta realidad se prolonga además con una radicalización generalizada en toda la región: en Perú y Paraguay movilizaciones masivas frenaron proyectos de privatizaciones; el PT en Brasil lidera las encuestas pre electorales; en Bolivia un candidato campesino y socialista apoyado por la COB prácticamente ganó las presidenciales; y toda Sudamérica está impregnada por el espectacular fracaso del golpe imperialista contra el presidente Chávez en Venezuela.

       Pero volvamos al punto: todo esto concluye en la certeza de que objetivamente está abierta la oportunidad histórica para que nueve de cada diez habitantes debatan y resuelvan qué país quieren y se organicen para alcanzar esa esperanza. Si esa posibilidad se concreta, si las potencialidades actuales dan cuerpo a una fuerza que unifique a millones de víctimas de la crisis, es posible luchar y vencer. De lo contrario, el enemigo golpeará con dureza creciente sobre las numerosas partes aisladas de la vanguardia social y avanzará a sangre y fuego tras sus objetivos.

       Vale subrayar una vez más en estas páginas que la política del gran capital está exigida por una crisis sin salida del sistema a escala internacional, razón por la cual para ellos, no hay opciones. Es pueril pedir “profundización de la democracia”, sin partir de esta realidad. Vale insistir también en que Argentina es hoy una pieza fundamental para Estados Unidos en su intento de anexar a América Latina a través del ALCA y el Plan Colombia. De modo que la responsabilidad se multiplica

¿En que punto del camino estamos?

      Es ante esa responsabilidad que se tensan las cuerdas y cada organización que se proclama revolucionaria muestra sobre qué cimientos está apoyada. El carácter extraordinariamente contradictorio y desigual de la situación argentina requiere el análisis a partir de las herramientas científicas que han forjado los revolucionarios a lo largo de dos siglos de lucha de clases contra el capitalismo.

     Pese a la demagogia, el electoralismo y el agitativismo reinantes en buena parte de las filas revolucionarias, no hay margen para la confusión: las masas no están a la ofensiva. Las numerosas y a menudo heroicas luchas de nuestra clase y nuestro pueblo están hoy limitadas a vanguardias con mayor o menor amplitud pero sin conexión política y orgánica con el conjunto social. Peor aún: la clase obrera no ha subido todavía al escenario de la lucha social y política. Venimos subrayando esto ante cada explosión que sacude al país y desvía la mirada respecto de este dato crucial

     Quienes interpretan que vivimos una situación revolucionaria están más que errados. No hay situación revolucionaria (o, si se quiere, prerrevolucionaria) sin la movilización masiva de la clase obrera. El proletariado con ocupación y papel efectivo en la producción -única fuerza real para un cambio revolucionario socialista- ha estado y continúa estando al margen de la lucha social. Y las excepciones de esta regla vigente desde 1991 no lograron en ningún caso romper el aislamiento y cambiar la dinámica. Por eso el capital ha podido saquear al país y someter al conjunto de la población al estado actual.

     La parálisis, la omisión de la clase obrera, se transformará gradualmente en protesta activa. Ese cambio puede plasmar en una estrategia propia, contrapuesta a los partidos del capital. Pero no es serio dar por hecho lo que justamente es un objetivo a alcanzar. No es serio desconocer que la evolución positiva de los trabajadores y sus aliados no es la única perspectiva planteada como posibilidad objetiva. No es serio -y no es revolucionario, mucho menos marxista- desconocer los rasgos dominantes de la realidad política y suponer que estos se transformarán positivamente al margen de la intervención consciente y enérgica de una estrategia basada en los intereses históricos de los trabajadores

     Por su parte el sector desocupado de la clase trabajadora está muy lejos de constituir una fuerza social con un mínimo de homogeneidad; no tiene ni puede tener por sí mismo una perspectiva política propia. Para colmo, su parte activa (ínfima en relación con los cuatro millones de desempleados) ha sido irresponsablemente fraccionada por organizaciones y dirigencias que no quieren o no pueden comprender el valor de la unidad social de las masas explotadas y oprimidas

     Como no podía ser de otro modo en este cuadro general, la juventud está profundamente fragmentada y, excepto en sectores de desocupados cuyo activismo anuncia el formidable potencial que encierran, no se suma masivamente a la movilización.

     El movimiento estudiantil universitario, sencillamente ha desaparecido del escenario político. Volverá, por cierto, a ocupar su lugar. Pero, otra vez, quien da por hecho lo que sólo es una posibilidad, no merece llamarse dirigente político.  

     No será posible darle batalla efectiva al imperialismo y sus socios locales sin resolver esa fractura social que confunde y paraliza a millones. Y para esto la condición primera es tener una bandera común. Sin ella, seremos víctimas de la brutal ofensiva capitalista en curso

Elecciones e iniciativa política

     Es en este cuadro general y particular que el imperialismo y sus peones locales apelan al adelanto de las elecciones. Es un esfuerzo por impedir la dinámica de concientización y organización de masas instalada en la sociedad desde octubre último. Se trata de una trampa porque el cambio de presidente y vice equivale exactamente a nada. Pero, ante todo, porque pretende colocar el gran debate hoy dominante en la sociedad tras el objetivo falaz y manipulado de un cambio de figuras, en el cual predominan los grandes aparatos comandados por los medios de difusión bajo control de la burguesía y el imperialismo. A propósito, hay que subrayar además que en Argentina, como viene ocurriendo en otros países de América Latina, a falta de partidos el papel de conducción ya lo han tomado los medios de prensa.

     No se trata de desarrollar aquí las razones por las cuales la economía bajo mando de los partidos de las clases dominantes sólo puede volver a ponerse en marcha aumentando la entrega, la superexplotación y la marginalización. Se trata de dar una respuesta efectiva a esa certeza.

     Frente a esta realidad, no es posible responder con subterfugios. En la medida en que el capital cuenta con la iniciativa política, se la impone a los trabajadores y el conjunto social. Fue nuestra organización la que en 1997 comprendió la dinámica fundamental en la conciencia de las masas por debajo de la superficie y para operar sobre ella forjó y llevó adelante la noción de Voto Protesta. En las elecciones de octubre pasado, ésa fue la fuerza social (subrayémoslo: social, no política), que ganó el día del comicio.

     Lo dijimos entonces y hay que repetirlo ahora: levantamos el Voto Protesta porque no lográbamos dar cuerpo a una herramienta política de masas. Y porque las fórmulas de izquierda, en lugar de encauzar y fortalecer el proceso de ruptura de masas con los partidos del capital, fragmentaban a los movimentos sociales y completaban el desarme de la clase obrera

     Hoy, con la misma lógica que llevó a la UMS –desde su nunca negada condición de simple y limitado destacamento comunista- a presentar ante la sociedad una propuesta que interpretaba su línea fundamental de evolución ideológica y política, enfatiza la necesidad de dar el necesario paso siguiente: transformar la fuerza negativa en un poderoso haz de fuerzas con una propuesta común: unir el Voto Protesta, la abstención consciente, el voto en blanco y el voto por las izquierdas, en una expresión político común, de masas, plural, democrática, con definida posición antimperialista

     Existen, no nos caben dudas, las fuerzas humanas, los cuadros, equipos, organizaciones y movimientos, para darle cuerpo a esta propuesta. Y en ese objetivo inmediato la UMS pondrá todas sus fuerzas. Y con la misma resolución con que se lanza a esta tarea táctica de alcances estratégicos, nuestra organización reitera que si no se halla una vía de unidad social y política de las grandes masas, la alternativa no es votar una sigla o un nombre “de izquierda” para sacarse el gusto el día de la elección. Pondremos nuestro máximo empeño en enfrentar la ofensiva ya en curso en todos los planos y también en el electoral, con la propuesta enarbolada por la UMS desde su Congreso Fundacional: plasmar la unidad social y política de la clase obrera, las juventudes y el conjunto de los sectores explotados y oprimidos de la sociedad. Pero si ese objetivo no se alcanza (como ocurrió en todas las oportunidades anteriores, dando lugar a nuevos engendros tipo Frepaso o “frentismo de izquierda”, volveremos a decirle a los trabajadores y el pueblo que la única expresión positiva será la campaña por un programa, sin candidatos, sin siglas, aunque esto signifique que el voto sea anulado

Programa común, antes y por sobre cualquier candidatura

     Una pregunta que se hacen millones y millones de personas y en primer lugar los trabajadores más conscientes y comprometidos, es por qué tanto sacrificio, tanto compromiso como se comprueba en las innumerables luchas cotidianas, no logra romper el aislamiento, transformarse en fuerza de masas y enarbolar una bandera común.

     No todos daremos la misma respuesta ante esa pregunta. Hay responsabilidades de diferente tipo. Y un debate abierto. La UMS pone a disposición las resoluciones de sus Congresos, sus periódicos, documentos y declaraciones y un acervo de 26 ediciones de la revista Crítica que incluye la reproducción completa de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista: la escuela de cuadros más profunda y extensa en la historia de los revolucionarios. Una de las razones por las cuales hicimos el esfuerzo de publicar esos materiales desconocidos por la casi totalidad de la militancia es, precisamente, la difusión de nociones tales como Frente Único y Frente Antimperialista.

     Hoy no existe manera de eludir esta cuestión: ha pasado de la teoría a la acción política inmediata. No hay modo de sostener un ropaje marxista y actuar al margen de estos lineamientos forjados por la experiencia de lucha revolucionaria internacional que, lejos de haber sido superados por el devenir histórico, están más vigentes que nunca. Quien no lo crea así, está obligado a atacar teóricamente estos conceptos, como lo hacen (para beneplácito de la prensa burguesa) los defensores de “el fin del imperialismo.

     En consecuencia, nuestra organización convoca a toda la militancia que se reivindica revolucionaria (y ante todo a la que se define como marxista), a confluir en una expresión política concreta del concepto teórico “frente antimperialista”. Se trata de dar cuerpo y forma a una herramienta política de las masas. Cada palabra aquí, tiene un valor imposible de obviar: construir una herramienta, para que las masas puedan intervenir en el terreno político.

     No es el nombre de un partido. Es el nombre de las clases y sectores que asumen una responsabilidad histórica frente al colapso de un sistema y el desmoronamiento catastrófico de un país, en un cuadro de completa desorganización y confusión en todos los planos de la clase obrera, que frente a la crisis más grave de la historia del país no se pone en movimiento. Es la asunción por parte de las inmensas mayorías de que debe gobernar en función de sus intereses, o será sometida a los designios brutales de la otra parte, la que no llega a sumar el 3% de la sociedad pero desde siempre gobierna en su beneficio y subordinada a los amos imperialistas.

     Sólo allí, en ese torrente heterogéneo, confuso y en constante cambio de afluentes sociales diversos arrastrados por la irrupción brutal de la crisis- podremos defender los revolucionarios marxistas la independencia política de la clase obrera y dar pasos efectivos para que el proletariado asuma su lugar histórico en la lucha de clases. Lo demás es ensueño solipsista; macaneo pseudoteórico; ceguera e irresponsabilidad política

     Basta mirar la realidad económica y política mundiales para comprender qué papel debe y puede jugar quien se reivindica revolucionario marxista. De nuestra parte, en inconmovible línea de coherencia y continuidad con una visión teórica y una práctica militante defendidas desde nuestra fundación, afrontamos la responsabilidad planteada, asumiendo además que la fuerza antimperialista que pugna por cobrar vida en Argentina sólo podrá plasmar realmente a escala latinoamericana, como parte de una realidad continental a cuya vanguardia están los gobiernos de Cuba y Venezuela. Ese aspecto fundamental, internacionalista y específicamente latinoamericano del combate que tenemos por delante, también lo asumimos como bandera irrenunciable de la Unión de Militantes por el Socialismo

5/7/02

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Eslabón N° 39 (11 de agosto de 2002)

Las Asambleas frente a las elecciones

Ya hemos insistido en que el llamado a elecciones tiene como principal propósito ahondar y consolidar la fragmentación del movimiento de masas. La UMS, que en 1997 elaboró la noción de Voto Protesta para enfrentar las trampas del Frepaso y el electoralismo, que desde entonces mantuvo esa bandera y en octubre pasado comprobó el acierto de su interpretación respecto del curso por el que avanza la conciencia y el accionar de las mayorías, inmediatamente después de aquella impresionante expresión de descontento masivo a través del Voto Protesta sostuvo que de allí en más se trataba de unificar esa fuerza con la de la abstención consciente y las diferentes expresiones de izquierda. Ahora, frente a la maniobra electoral del imperialismo y sus socios locales, convocamos a un gran Frente Antimperialista que se exprese de manera unitaria en las elecciones. Sin embargo, esa unidad no puede darse en la extensión necesaria y con la fuerza suficiente apelando a meras maniobras electorales.

No se trata de candidaturas, sino de proyectos y programas de acción. Se trata de afirmar una plataforma antimperialista y lograr la convergencia orgánica de innumerables expresiones sociales, organizaciones políticas y agrupamientos de toda naturaleza, en una Herramienta Política de masas, por definición plural y democrática. Las Asambleas son una parte vital de esa tarea decisiva. Esto no sólo es diferente a un amontonamiento electoralista. Es lo opuesto. Sólo una herramienta política de masas podrá asumir una candidatura propia y presentar una alternativa real al conjunto de la nación en la dramática coyuntura que vive el país

La UMS realiza y continuará realizando los mayores esfuerzos por plasmar ante la coyuntura electoral un Frente Antimperialista a partir de una Herramienta Política de masas, en línea de continuidad con una tarea que asumió desde su fundación. Estamos empeñados además en extender ese Frente Antimperialista a escala latinoamericana, en un bloque continental bolivariano y revolucionario.

Convocamos a toda nuestra militancia, a simpatizantes y amigos, a sumarse con fervor a esta tarea, que si es llevada hasta sus últimas consecuencias puede dar vuelta como un guante el cuadro político del país.

Con la misma convicción y determinación alertamos ante el peligro de que la inercia predominante en cuadros y organizaciones desemboque en una repetición de maniobras electoralistas y peleas por candidaturas, que violando la democrática participación de las bases frustre la edificación de una herramienta política de masas. Tenemos la certeza de que en tal caso la voluntad rebelde de las grandes mayorías no se expresaría de manera positiva en una candidatura, sino en una reiteración multiplicada del Voto Protesta. Ante los trabajadores y el pueblo de Argentina y América Latina la UMS se compromete a trabajar sin desmayo por un Frente Antimperialista que ante las elecciones unifique al conjunto de la población, sea con una candidatura avalada por la democrática decisión de las bases, sea con un Voto Protesta masivo

     Cuando en diciembre pasado las Asambleas irrumpieron en el escenario político, quedó claro por qué rumbo se encaminaba la respuesta social a la espasmódica crisis del capitalismo argentino: por fuera y en contra de los partidos patronales, apelando a organismos de masas, a métodos democráticos, a formas de acción política basados en la movilización y la lucha de calles. En otras palabras: el movimiento de masas pisaba el umbral de una perspectiva revolucionaria.

     Esto ocurría de manera espontánea, es decir, sin la conducción puntual de ninguna organización política; antes bien, ocurría en contra de toda estructura partidaria, incluidas y en primer lugar las que se proclaman de izquierda. (A propósito, cabe subrayar la lección que se desprende de un hecho por todos conocidos: los concejales porteños de partidos de izquierda no pudieron siquiera acercarse a las Asambleas por temor a ser abucheados de la misma manera que los políticos burgueses. Los cargos tan trabajosamente obtenidos no servían, en un momento clave, para aquello que es el objetivo de una perspectiva anticapitalista: abrir canales de comunicación directa entre organizaciones revolucionarias y las masas). Para contrarrestar esa fuerza antipartido, la conducta de organizaciones que se presentan como revolucionarias consistió en lo que habitualmente se denomina “aparatear”. Abnegados militantes, más o menos entrenados y disciplinados, fueron lanzados a las Asambleas a “ganar discusiones”, a “sacar delegados”, a imponer resoluciones formales. El resultado fue un ahondamiento de la distancia entre el nuevo activo militante (compuesto a menudo por ex miembros de organizaciones políticas de los más diversos signos), y las propuestas más radicales frente a la crisis en curso. Entre otros factores, esa conducta manipuladora y aparatista contribuyó a la desmovilización y parcial vaciamiento circunstancial de las Asambleas.

     No se trata ahora de abrir una línea de ataque a esas organizaciones. Tales tácticas se desprenden de concepciones profundas en torno a las cuales se estructuran estos partidos. Y es por eso precisamente que la Unión de Militantes por el Socialismo existe como organización diferenciada: partimos de la certeza de que en el momento de ruptura del orden capitalista, esos aparatos -reformistas o ultraizquierdistas- son en el mejor de los casos inútiles y en el peor contrarios a las necesidades de las masas y la revolución. La principal de esas necesidades es lograr la convergencia estratégica, el ensamble y la fusión efectiva, entre los nuevos contingentes sociales movilizados y las ideas, prácticas y formas organizativas de la lucha anticapitalista.

     Ése es el objetivo que guía la conducta de cada miembro de la UMS frente a las Asambleas. Y aquí toma cuerpo, en medio de un formidable combate social, la diferencia entre la una concepción de “unidad de izquierda”, que en medio de una genuina Asamblea de masas busca puntos de unidad entre quienes se definen a sí mismos como “revolucionarios”, y una estrategia de lucha por el poder que procura la unidad social de los trabajadores y sus aliados –con prescindencia de definiciones ideológicas y adscripciones partidarias- y la recomposición de las fuerzas revolucionarias sobre las bases teóricas del marxismo.

Espontaneidad y movimiento de masas

     Pero esa reacción social antipartido no puede ser interpretada unilateralmente. Si por un lado expresa la saludable y potente reacción popular frente a estructuras que giran en torno de sus propios intereses, por el otro representa la incomprensión de lo que verdaderamente se pone en juego cuando una fuerza social choca de frente con el Estado patronal. Tanto como la ceguera burocrática de los aparatos reformistas y ultraizquierdistas, obra contra las Asambleas esa reencarnación timorata del anarquismo que ahora milita contra la organización, ataca la idea de partido y propone, con veleidades teóricas, “luchar por la revolución sin luchar contra el poder”.

     Nuestra militancia participa de las Asambleas, como del resto de las organizaciones de masas, tomando distancia por igual de estas expresiones políticas que, en la mayoría de los casos, traducen intereses de clases y sectores de clases diferentes –y hasta opuestos- al proletariado. En el tembladeral de la crisis la UMS tiene como tarea representar teórica, programática y organizativamente a una clase obrera hoy ausente como tal en el escenario político y la movilización social. El Frente Antimperialista no es una forma esquinada de la conciliación de clases, sino la consciente asunción por parte de la teoría revolucionaria marxista de una convergencia en el combate del proletariado con clases y sectores objetivamente enfrentados con el imperialismo y sus socios, manteniendo en toda circunstancia la independencia programática, política y organizativa.

     Esto debe hacerse en nuestra coyuntura a partir de una realidad dominada por el hecho de que la clase obrera no ha culminado el tránsito entre su ruptura histórica con el peronismo y la asunción de una conciencia propia, condición inseparable de la conquista de una organización y un programa de acción también propios.

     Los y las militantes de la UMS asumen conscientemente esta situación que, por otra parte, no es exclusiva de Argentina. La inclaudicable lucha por la unidad social y política de los trabajadores y el pueblo, va por ello amarrada a la urgencia por la recomposición de las fuerzas revolucionarias marxistas a escala nacional e internacional, todo lo cual puede sostenerse a condición de tener sólidas raíces en el proletariado industrial y afirmar cada día la formación de nuestros cuadros en la teoría científica de la revolución social.

11/8/02  

 

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