Documentos para la militancia
De octubre 2001 a agosto 2002:
En el período que va de octubre a agosto, además de cinco presidentes hubo una elección general donde ganó a distancia la suma de votos protesta, en blanco y la abstención consciente; serompió la farsa de la estabilidad y el precio del dólar aumentó un 370%; se incautaron unos 60 mil millones de dólares de cuentas bancarias; dos jóvenes militantes fueron fríamente asesinados, los precios minoristas aumentaron entre un 40 y 80%, provocando una vertiginosa caída del salario real, el producto bruto interno cayó a un ritmo del 5% trimestral, dando lugar a un saldo social sin precedentes en el país: 19 millones de pobres y 9 millones de indigentes. Paralelamente, surgieron las Asambleas y ocurrieron innumerables expresiones de lucha social, mientras el imperialismo avanzó hasta niveles nunca vistos en la injerencia en las decisiones de política interna. En el cuadro resultante, las clases dominantes convocaron a elecciones para marzo de 2003. Las luchas y los debates en curso requieren observar cómo se han posicionado en cada momento las diferentes fuerzas políticas. A continuación se reproducen los editoriales de Eslabón, órgano del Comité Central de la Unión de Militantes por el Socialismo, aparecidos en ese período. Cabe subrayar que la UMS elaboró y aplicó desde 1997 la noción de Voto Protesta, con las consignas "Ningún partido, ningún candidato me representa", y con un programa en lugar de nombres para votar. Y que desde su fundación lucha por la edificación de una Herramienta Política de masas como materialización de los conceptos de frente único antimperialista y frente único de clase
Eslabón N° 27 (16 de octubre
de 2001)
Una herramienta de masas para unificar el voto protesta, la abstención consciente y las izquierdas
Las recientes elecciones generales muestran como rasgo
central un punto de inflexión en la conciencia de las masas, que pone en el
centro de la lucha política y como tarea urgente dar un salto en la
organización política de las mismas. En medio de un país devastado esta será la
preocupación central de los comunistas y de quienes se reclaman revolucionarios
Ni por la
magnitud alcanzada ni por sus consecuencias pueden ocultarlo: lo llaman voto
bronca. El término -que en realidad descalifica- reduce la decisión electoral
de 4.000.000 de personas a un mero fenómeno emotivo y por tanto episódico. El
cataclismo que acaba de golpear a todos los partidos burgueses hunde sus raíces
en razones antiguas y más profundas que una repulsa ocasional por la crisis. El
agravamiento de la situación económica no fue más que un detonante del proceso
que tiene un largo período de incubación.
Por una
masiva explosión de ira no se explica ni que la Alianza haya perdido 5.400.000
votos y el PJ 1.120.000 en relación a las elecciones del 99; ni que Alfonsín y
Terragno hayan obtenido un porcentaje de votos inferior al que los radicales
solos obtuvieron en 1989, cuando estaban inmersos en el desastre de la
hiperinflación; ni que buena parte del ausentismo récord de 6.000.000 de personas
eligieran esa otra forma de rechazo. Suponer que semejante aluvión tiene su
origen en la predica fascista de radio 10 es superficial y encubre desprecio o
incomprensión de la voluntad colectiva.
Se llega a
la presente situación tras casi dos décadas de demolición en la conciencia de
esos millones de la confianza en las instituciones políticas del sistema y en
los hombres encaramados en ellas. No fue la voluntad revolucionaria de las
masas la que produjo la grieta. Lo hizo la propia burguesía, en un período
donde contrariamente lo que primó fue la dispersión, fragmentación y ausencia
política del proletariado y los explotados. Tarea que no se propuso, pero que
no pudo evitar.
La burguesía
necesitada de asociarse al capital financiero internacional en el intento de
salvar su rentabilidad, desnudó involuntariamente su naturaleza: su interés
particular se contrapone a los intereses inmediatos e históricos de esos
millones de hombres, aún de muchos que proviene de sus propias entrañas .
Cuando sus fracciones o partidos invocan el interés común, millones saben que
mienten. Ha dejado de ser - y hace largo tiempo - una clase que puede
representar el interés nacional. Ya no es una clase que unifica al país, sino
la que lo lanzó a la más brutal de las fragmentaciones, simbolizada en el
«todos contra todos».
La burguesía entregó voluntariamente las
llaves del país al imperialismo con la aprobación de los legisladores de todos
sus partidos y el entusiasmo de sus cámaras empresariales. Ese fin la obligó a
vaciar de contenido los programas históricos de esos partidos, distanciándose
así de las clases que justificaban la razón de existir de los mismos,
institucionalizó el tráfico de influencias como forma política de suplir la
falta de representatividad social y transformó en hueco palabrerío sin
compromiso real a la práctica electoral. No es sorprendente verificar ahora lo
conocido desde hace tiempo - y resaltado por analistas políticos de dispar
ideología -: que los partidos son cáscaras vacías.
Ya en las
elecciones de 1997 el voto anulado y en blanco se manifestó como una fuerza que
superaba 1.100.000, con un ausentismo en ascenso, y en las últimas elecciones
de Capital representó el 32%. Fue ocultado con el artilugio de no publicar las
cifras porque no se los considera votos válidos.
Sin partidos
reales, con un ejército limitado al papel de Guardia Nacional represora, la
burguesía se aplicó en inventar «terceras fuerzas» para ejercer el poder con un
aceptable nivel de consenso. La efímera parábola de la Alianza en este papel,
demostró la inconsistencia de esos aparatos electorales que no se nutren ni dan
curso a tendencias reales que surgen desde las clases concretas.
Ahora, la
tendencia al rechazo a los partidos del sistema se expresó en plenitud, en un salto
que le imprime otra calidad. La iglesia - única institución del sistema que
conserva su vitalidad - comprendió cabalmente lo que se aproximaba y en un
inútil esfuerzo por abortarlo, desde las más altas jerarquías explícitamente
demonizó a este voto protesta. Razones tenía.
La
conciencia de quienes optaron por el rechazo ha dado un paso en dirección
contraria al peso muerto de su pasado. Aunque no son todos los que deberían y
siguen siendo muchos los que aún no han superado la práctica de castigar al
enemigo actual recurriendo a otro enemigo de clase, como es el caso de sectores
empobrecidos que votaron por el duhaldismo y otras fuerzas de derecha en el
conurbano.
Yerran
absolutamente quienes confunden el voto negativo con inconsciencia. Desconocen
que parte importante de las masas han comenzado a buscar otro camino, volviendo
su mirada en contra de la lógica formal del voto útil o la del mal menor, por
la cual presiona el sistema. Devalúan el hecho de que son millones los que sin
haber determinado aún hacia dónde van, han dicho muy claramente hacia dónde no
quieren ir.
Millones
acaban de demostrar que están buscando otra expresión política en donde sentirse
contenidos y representados. Esta exigencia de la realidad tomará cuerpo, pero
el carácter y el contenido con el que se forjará esa organización política, así
como la relación de las masas con la misma, será el centro de la lucha política
en el período que se avecina.
La derecha,
que percibió este fenómeno en los últimos meses, encomendó a su sector fascista
encaramarse sobre el mismo para contenerlo y desvirtuarlo. La mayoría de la
izquierda, empeñada en capitalizar electoralmente el descontento general,
ignoró tanto la esencia del rechazo como la dimensión que podría alcanzar.
Otros sectores menores de izquierda practicaron simplemente un
antielectoralismo ultraizquierdista, o cuando llamaron al voto en blanco, como
el PCR, lo hicieron desde la perspectiva de un «argentinazo», que no se condice
ni con las limitaciones de las propias movilizaciones del último período, ni
con la situación general de la lucha de clases.
La
posibilidad de dar pasos concretos, empujados por la marejada del rechazo, para
avanzar hacia una organización política de masas convocando a Asambleas de
trabajadores y el pueblo, para organizar el voto protesta alrededor de un
programa de emergencia, tal como viene proponiendo la UMS desde 1997, sólo fue
comprendida e impulsada por los militantes que formaron el Bloque de Rechazo
Esta
incomprensión por parte de quienes se pretenden vanguardia frente al voto de
rechazo que se preveía, y la consecuente ausencia de una política activa
facilitó la expresión diversificada y multiforme que alcanzó desde la protesta
a través de un programa o declaración hasta el símbolo grosero u obsceno. Esta
última expresión no fue más que la reproducción, en forma grotesca, de la
imagen y el lenguaje degradado que la propia burguesía introdujo en la cultura
política.
Enmarcados
por esta forma de protesta como hecho más significativo, los votos afirmativos
castigaron duramente al gobierno, mostrando una amplia dispersión, que
retrotrae a la UCR a sus peores momentos después del descalabro alfonsinista, y
prácticamente sella la muerte del Frepaso, cuyos sobrevivientes sólo tiene por
destino integrarse a otros bloques del “progresismo”.
El PJ que
formalmente aparece como triunfador en realidad es el que menos perdió, y es
cada vez más un conglomerado de caudillos devaluados, embarcados en luchas
intestinas y proyectos contrapuestos. El duhaldismo en particular absorbió
tanto votos de la derecha orgánica como buena parte de los votos piqueteros.
Vuelve así a repetirse experiencias anteriores donde las movilizaciones de los
más desposeídos las capitaliza una u otra variante burguesas ante la
inexistencia de una fuerza política de masas antiimperialista y anticapitalista
que los exprese políticamente.
La derecha
aunque no tiene un aparato electoral único, allí donde no se expresó por el
peronismo, ha logrado presencia importante en varios lugares, como el senador
de Fuerza Republicana del represor Bussi en Tucumán o la consolidación de Béliz
en Capital.
El voto de
rechazo también ha dejado mal parados a renovados intentos de estructurar
bloques progresistas o populistas alrededor de personajes llamados «referentes»
- remedo del viejo caudillo político -,, desnudando que la crisis ha clausurado
la posibilidad de reeditar nuevas versiones del Frepaso. La ilusión del ARI de
ocupar ese lugar con mejores perspectivas murió antes de nacer, y aunque
pretende presentarse como la afirmación de una tercera fuerza es nada más que
una estación de paso de votos que buscan otro destino, particularmente de
sectores medios que todavía no se apartaron de la idea del voto útil. Buena
parte del Polo Social de Farinello será absorbido por el duhaldismo que lo
nutrió, ante la desazón de muchos militantes de izquierda y sociales que
honestamente trabajaron por su éxito.
El notorio
avance de la izquierda, en particular en Capital, no se explica por fuera de
esta tendencia de repudio a los partidos burgueses, sino que es parte del mismo
proceso. Sólo en este sentido muy general pueden sumarse el casi 25% que una
variedad de fuerzas de esta franja política obtuvo en la ciudad de Buenos
Aires. Porque recogió votos de tan diversa calidad en cuanto a su conciencia,
como la que va desde aquellos que priorizaron el voto a un programa marxista
hasta la de quienes se sintieron atraídos por la conducta digna de un hombre
que pasó por la diputación sin llenarse de mugre.
Pero este
voto a la izquierda está demostrando también la existencia de un sector de la
sociedad que busca la consolidación de una izquierda parlamentaria, reformista,
y que antes creyó encontrarlo con el crecimiento del Frente Grande- Frepaso,
para su inmediata frustración.
Las
organizaciones de izquierda más votadas no escapan al desafío político que está
en debate: como transformar el voto obtenido en un arma de combate al poder.
Conforme a la tradición argentina, la tentación de sumar siglas mediante
acuerdos de dirigentes para insistir en el frentismo de izquierda cobrará
fuerza en este sector. Pero la crisis del país reclama otro camino
Ahora está
probado que la burguesía fracturada, gobierna con alrededor del 25 % de los
votos, en medio de la mayor crisis en un siglo y con un gobierno absolutamente
aislado y débil. Lo prueba que a más de una semana de los comicios no puede
saldar un camino acordado para buscar una salida conciliadora de intereses
contrapuestos, que no encuentra y viene postergando desde hace meses. No es
improbable que de prolongarse esta situación se vea comprometida la
subsistencia del gobierno mismo.
Esta
situación sólo se puede prolongar porque las masas que se expresaron
electoralmente carecen de una organización propia, independiente de los
partidos burgueses, que acabe con la fragmentación social entre ocupados y
desocupados, independiente de los aparatos sindicales sean la CGT o la CTA, una
organización que no puede ser más que política, con un programa de emergencia
que parte de la ruptura con el imperialismo para satisfacer las necesidades
mínimas de millones, empezando por trabajo digno, para acabar con la farsa de
los planes trabajar. Es necesario organizar el disenso expresado
electoralmente.
No sólo es
posible, sino urgente e imprescindible alumbrar esta organización política de
masas.
La tarea es organizar
ya el Voto Protesta en una herramienta política de masas
Con
Asambleas en cada rincón del país discutir un Programa de Emergencia y un Plan
de Acción
Ante
cualquier maniobra o avasallamiento, defendamos las libertades civiles y los
derechos democráticos
Frente a la
crisis del gobierno propongamos como alternativa de poder un Gobierno
Provisional con delegados surgidos en Asambleas de Trabajadores y el Pueblo
16/10/01
***
Eslabón N° 28 (15 de
noviembre de 2001)
Ni el partido de Cavallo teledirigido desde Washington, ni el de Duhalde, Alfonsín, Moyano y Primatesta.
Respondamos al plan oficial con una estrategia de los trabajadores para tomar el poder y hacer un nuevo país
Estamos ante
un desafío que no admite dudas ni postergaciones: si los trabajadores y la
juventud no ofrecen de inmediato una perspectiva para salir de la crisis, las
expresiones más reaccionarias de las clases dominantes ocuparán ese lugar y
consumarán la marcha del país hacia el abismo.
El plan en
curso tendrá importantes efectos económicos, pero tiene ante todo una finalidad
política. A la vista de los resultados de las últimas elecciones los grandes
capitalistas locales y extranjeros comprendieron que debían replantear su
manera de mantener el control político del país. La suma de votos de protesta,
en blanco, abstenciones conscientes y de izquierda mostró a una sociedad que
rechaza a los partidos patronales tradicionales y busca nuevas vías de
expresión. Quedó a la vista que el PJ y la UCR, además de corruptos, son impotentes.
Y que tal como están hoy no sirven para cumplir su papel: mantener a los
trabajadores y el pueblo bajo el yugo del imperialismo y sus socios locales.
Además, la
gravedad de la crisis económica nacional e internacional hace que sea imposible
continuar financiando aparatos corruptos costosísimos. Tanto menos si a la hora
de las elecciones se comprueba que los trabajadores y la juventud le dan la
espalda.
Las medidas económicas reconocen ante todo que no es posible pagar la deuda externa. Pero la refinanciación está apuntada a que el capital financiero continúe robando el máximo posible de riquezas del país: no es posible pagar 12 mil millones de dólares anuales de interés... entonces demos más plazos y cobremos “solamente” 5 ó 6 mil millones!!
Cambiar, para que nada cambie
Lo mismo
vale para las demás medidas: le sacan al sector financiero una parte del
fabuloso robo que sufrimos día a día a manos de la AFJP, para que esa suma
–unos 4 mil millones-, por vía de nuestro consumo vaya a parar a manos de la
burguesía industrial y comercial, hoy en pie de guerra. Esperan por esa vía una
mínima reactivación económica, que aun si ocurriera nada tendría que ver con un
plan de crecimiento, desarrollo y verdadera solución al drama económico de
millones de familias.
Mientras
tanto, los salarios continúan negociándose a la baja y no hay duda alguna que
continuará esa tendencia. Y en cuanto a subsidios, está claro que no sólo son
migajas, sino que además están programados sin tocar un centavo de la parte de la
renta que devoran las patronales. Todo esto, además, desembocará más tarde o
más temprano en una ineludible devaluación y, si se impone la tendencia hoy
dominante, en la dolarización. Esto último equivaldría a la liquidación final
de la soberanía y el sometimiento total al imperialismo estadounidense.
Pero si el
costado económico del plan es la continuidad aumentada de lo que el país sufre
desde 1975, el lado político es novedoso y, si se impusiera, sería la palanca
para asegurar la continuidad y aceleración de la superexplotación y la entrega.
Lo nuevo es
la embestida contra la corrupción ineficiente de los aparatos políticos (el PJ
y la UCR principalmente, con su sistema de punteros y dádivas), las burguesías
parásitas del interior y las mafias de la burocracia sindical. Y esto se
combina con otras dos líneas de acción estratégica: un tubo de oxígeno
–pequeño, pero ansiado por quienes se ahogan- para sectores de la burguesía que
en el último año dieron muestra de buscar otro camino; y mecanismos destinados
a fragmentar aún más a la clase obrera con y sin empleo.
Esto es lo
que hay detrás de la reprogramación y la baja de intereses de la deuda externa;
el “compromiso federal” finalmente firmado por los señores feudales del
interior, puestos contra la pared por el imperialismo a través de Cavallo; la
estatización de la deuda impositiva y previsional de grandes y medianos
empresarios (espejo de lo que hizo Cavallo en 1982, cuando estatizó la deuda
externa); el plan de subsidios mediante tarjetas de débitos (que si se aplica
barrerá con los punteros); el recorte a la retención de las AFJP; completado
con medidas no anunciadas: despido de 100 mil empleados del Estado,
arancelamiento de la Universidad pública, transpaso de obras sociales y PAMI a
las empresas privadas.
Está a la
vista que este plan está dictado por el capital imperialista (el Grupo de los 7
lo apoyó mediante un comunicado!). Ya está en marcha y hasta ahora con éxito,
aunque han debido hacer importantes concesiones, como la que parece atenuar el
recorte a los aparatos descompuestos del interior y la disminución de la
presión sobre la burocracia sindical. Esto ocurrió porque la combinación del PJ
(Duhalde), la UCR (Alfonsín), la CGT (reunificada y mediante acuerdos públicos
con los dos dirigentes nombrados), más un sector de las burguesías parásitas
del interior, todos amenazados de muerte, formaron rápidamente un bloque de
autodefensa y obligaron a hacer concesiones que, hasta cierto punto y por el momento
(la batalla continúa), neutralizan el proyecto político principal: la
recomposición de las fuerzas políticas patronales en un nuevo partido
conservador edificado con los escombros del PJ y la UCR.
Ni el
partido de Cavallo teledirigido desde Washington, ni el de Duhalde, Alfonsín,
Moyano y Primatesta. En el marco de la crisis mundial ahora a la vista de todos
y ante esta nueva ofensiva, los trabajadores no pueden limitarse a la
realización de actos, manifestaciones, cortes de rutas y huelgas. Todo eso es
necesario, pero será inútil e incluso negativo, si no tenemos una perspectiva
política propia. Limitarse a pedir que la CGT convoque a una huelga general es
tirarse arena en los propios ojos. La crisis del país requiere una
transformación profunda. No será posible afrontarla sin una clara
identificación del enemigo. Y sin la unidad de todos quienes se dispongan a
enfrentarlo, más allá de posiciones ideológicas o alineamientos partidarios.
Urge la edificación de una herramienta política de los trabajadores y el
pueblo, democrática, de masas, antimperialista y antipatronal. Podemos y
debemos hacer Asambleas para discutir el país que queremos y cómo lo
construiremos. ¡¡Manos a la obra ya!!
15/11/01
***
Eslabón N° 29 (25 de
noviembre de 2001)
La burguesía discute el golpe de estado
La crisis económica parece ingobernable. Las distintas fracciones burguesas carecen de una alternativa al plan que Cavallo acordó con el imperialismo. Parte de este plan exige arrasar con el financiamiento estatal de las estructuras partidarias. El gobierno de De la Rúa se ha transformado en un obstáculo para su ejecución y la burguesía debate como reemplazarlo. Para los explotados no hay alternativa si no construyen su propia Herramienta Política, plural, democrática, antiimperialista y anticapitalista
La gravedad
de la crisis que atraviesa al país en todos los órdenes -económico, político y
social- excede y hace crujir el marco formal de las instituciones políticas del
régimen
Ninguno de
los dos grandes derrotados en las recientes elecciones, alianza y PJ, se dan
por enterados del repudio expresado por una inmensa mayoría a la política que
ellos sostienen en común. El gobierno y los gobernadores del PJ, después de
tironeos, han cerrado el acuerdo de coparticipación exigido por el capital
imperialista para consentir el estiramiento de los plazos para pagar la deuda
externa y una quita de intereses. A esto se reduce en esencia toda la estrategia
actual de los partidos del sistema para salir de la crisis
El desarrollo de esta política no sólo
les enajenó el apoyo de sectores cada vez más amplios de la población
-trabajadores, marginados, clases mediaas arruinadas- sino que ahora los obliga
a dinamitar las propias bases de sustentación de sus aparatos partidarios: el
recorte de los fondos estatales que utilizan tanto para el clientelismo como
para el reparto del empleo público.
La endeblez
de la estructura productiva argentina sometida a las presiones de la crisis
capitalista mundial - la economía real -, no puede soportar un vetusto aparato
político tributario de las arcas del Estado, un Estado que a su vez desde hace
un cuarto de siglo no hace más que facilitar y contribuir al saqueo
imperialista de la riqueza nacional. Han de adecuarse las superestructuras
políticas en consonancia con la realidad económica del país.
Una vez más
es Cavallo -otro gran derrotado en las urnas- el hombre del imperialismo que
comanda esta operación. Sin embargo la extrema debilidad política del gobierno
no ha podido ser suplida, hasta el momento, por la intención del ministro de
reconstituir un bloque burgués bajo su conducción, con la fuerza necesaria para
embestir contra los residuos del anticuado aparato político-estatal y que a la
vez sea un aval válido para que los bancos acreedores acepten la renegociación
financiera en marcha
El éxito de
esta renegociación, aceptada por el imperialismo yanqui y europeo y acordada
con la banca local, le daría al gobierno una precaria tregua financiera de
algunos meses, alejando la posibilidad de cesación de pagos y facilitando la
salida ordenada de la convertibilidad. Pero los acuerdos que se están gestando
e involucran a una compleja trama de intereses requieren un gobierno con una
aptitud de la cual carece el actual: capacidad de imponerse entre las distintas
fracciones burguesas.
Esta falencia que arrastra desde sus orígenes, agravada
después con la desaparición de la alianza, adquiere ahora carácter alarmante por
la derrota electoral sufrida y no hace más que echar nafta sobre las llamas de
la crisis. La pérdida del manejo en ambas cámaras del congreso por parte del
oficialismo abre el camino a un cogobierno con un PJ a su vez muy fragmentado,
creando una situación institucional tan frágil que no garantiza la concreción
de los compromisos asumidos
La ya
prolongada indefinición política de quién dirigirá el país se hace
insostenible. La falta de fuerza de la burguesía para imponer un plan
alternativo -más allá del reclamo sectorial a medida del particular interés de
cada uno- obliga a todos a febriles negociaciones, dentro de los límites
marcados por el imperialismo
En tanto que
el gobierno convoca a un gran acuerdo multisectorial, intentando recuperar un
papel que abandonó hace tiempo, hombres de su propio equipo saben que el fin de
De la Rúa está próximo y negocian - en forma nada secreta - el ingreso de un
hombre del PJ (quizás el propio Duhalde) al gabinete en un lugar central,
limitando el papel del presidente al protocolo. En contraposición a este
decoroso golpe palaciego, un sector de las oligarquías provinciales del PJ
empujan directamente la sustitución presidencial por la vía de la Asamblea
Legislativa.
Al mes del
acto comicial, con una u otra variante, las clases explotadoras argentinas
están debatiendo la necesidad de dar un golpe de estado institucional. Un paso
al que están obligadas por la quiebra de los grandes partidos y el fugaz apogeo
y caída de las supuestas terceras vías progresistas, previsibles consecuencias
de la enajenación absoluta de los burgueses locales al capital imperialista
Mientras los
dirigentes políticos burgueses y empresariales discuten en las cadenas
periodísticas la forma de implementar la caída del gobierno -una claro acto de
sedición- luchadores como Alí, Castells y otros compañeros van a prisión por
impulsar la resistencia social a morir de hambre. Curiosa democracia la de la
burguesía!!
Los efectos inmediatos
de la nueva vuelta de tuerca del ajuste del capital ya se sienten: sueldos sin
pagar, liquidación del incentivo docente y el aguinaldo, hospitales parados,
arancelamiento universitario, etc.
En medio de
la repulsa global expresada en las recientes elecciones, la protesta social y
las diversas formas de resistencia a la miseria creciente no han dejado de
estar presente. Desde los piquetes de desocupados hasta las ocupaciones de
fábrica como Zanón o el conflicto de los mineros en Río Turbio, pasando por los
numerosos y masivos paros y movilizaciones de los docentes y estatales.
Aun cuando
la realidad empuja luchas defensivas a sectores cada vez más amplios y
diversos, la acometida del gran capital no pudo ser detenida, porque aún esa
voluntad no encuentra un cauce unificador que le dé una dirección política
opuesta a la que el capital financiero impone.
No se trata
de explicar para lograr consensos: las elecciones de octubre fueron una
demostración aplastante para quien quiere entender. Ni de hacer plebiscitos
para apoyar una redistribución social de los recursos existentes: si así fuera
seguramente gobernaría con amplio apoyo el sector progresista que encaramó a De
la Rua y tuvo que irse sin pena ni gloria. Ni de “apretar” a Moyano para que convoque
a una huelga general por tiempo indeterminado.
Se trata de
arrancar las palancas centrales de la economía nacional de manos del capital
imperialista y sus asociados locales, en estos tiempos de crisis. Está
demostrado reiteradamente por la práctica que ninguna conquista mínima es
defendible sin dar este paso: ni trabajo, ni salario, ni seguridad social, ni
convivencia cotidiana.
Sólo sobre
esa base material será posible construir un régimen social más justo y
realmente democrático: un gobierno de los trabajadores y el pueblo. No es tarea
de los explotadores, ni de sus decadentes partidos, ni de quienes buscando
atajos posibles nos llevan a votar a nuestros enemigos, para decir de inmediato
que nos traicionaron.
Este paso
requiere organizar políticamente a una fuerza de millones, en forma plural y
democrática, es decir respetando las decisiones del conjunto (no como hace la
burguesía), con un claro programa antiimperialista y anticapitalista. Desde la
UMS sostenemos que este paso es posible y urgente, y que la forma de comenzar a
darlo es desde Asambleas de trabajadores, jóvenes y el pueblo, que se propongan
construir esta Herramienta política de masas y decida en que forma hacerlo.
Estamos dispuestos a debatirlo y compartir con todos los compañeros - no
importa su identidad política - que entiendan como prioritaria esta tarea para
encontrar una salida a la crisis.
25/10/01
***
Eslabón N° 30 (22 de
diciembre de 2001)
Bloque antimperialista para enfrentar la maniobra
Transformar
la movilización en unidad social y política
El gobierno
del PJ pretende dividir la unidad forjada en las calles. La demagogia y la
mentira no deben hacernos bajar la guardia. Habrá trabajo, justicia y dignidad
para todos cuando se deje de pagar la deuda externa (por decisión soberana y no
porque no hay plata en la caja); cuando se recuperen las empresas privatizadas;
cuando se establezca el control de la banca y el comercio exterior; cuando se
rompa la dependencia de Estados Unidos; cuando se juzgue y castigue a todos los
represores de antes y de ahora
Realicemos
en todo el país Asambleas para discutir las bases de una República de los
trabajadores, las juventudes y el pueblo
Desafío
para la acción revolucionaria
La explosión
del hambre y la desesperación abre una nueva etapa política para el país y con
ella una nueva prueba para los revolucionarios marxistas.
Se trata de
la irrupción de masas de mayor envergadura en toda la historia argentina. Fue
un acontecimiento a la medida de la crisis económica y social del país y en
línea con la total ausencia de instituciones clásicas del capital para ejercer
su poder en tiempos normales.
El saldo más
importante y trascendente de estas jornadas es el impacto en la conciencia
social. En 72 horas las masas -y sobre todo las juventudes- obtuvieron una
lección histórica, que nuestra prédica no podía hacer entender cabalmente:
comprendieron qué es en realidad la democracia capitalista. Más de 30 muertos,
cientos de heridos, miles de detenidos, estado de sitio, brutalidad policial
equiparable a los peores momentos de la dictadura, todo dentro de la
institucionalidad burguesa. Las masas –y, otra vez, sobre todo las juventudes-
comprendieron además el valor de su movilización. Y ratificaron en las calles,
como una prolongación del voto protesta del 14 de octubre, su rechazo a los
partidos tradicionales, incluidos aquellos que se definen como antimperialistas
y anticapitalistas. Dos rasgos sobresalientes de esas horas fueron la
incredulidad de los jóvenes ante el desarrollo de los hechos y la
determinación, que se hizo carne en decena de millares de ellos, de afrontar la
violencia institucional de la “democracia”. De ahora en más, a los defensores
de “cambiar el mundo sin luchar por el poder” les será más difícil ganar
voluntades con sus charlatanerías
A partir de
estas afirmaciones y de las numerosas consecuencias tácticas y estratégicas que
de allí se desprenden, es preciso afirmar una caracterización objetiva de lo
ocurrido
En primer
lugar corresponde subrayar lo que todo el mundo sabe: la explosión
insurreccional la iniciaron las masas marginalizadas del Gran Buenos Aires y
algunos puntos del interior; la continuaron en otra escala y con otro contenido
las clases medias urbanas, y su rasgo más sobresaliente fue la ausencia
absoluta del movimiento obrero –y específicamente del proletariado industrial-
en todo el transcurso de las movilizaciones. (La huelga decretada por la cúpula
de la CGT para el viernes 21, cuando la explosión se había extinguido, fue
acatada –nunca este término inaceptable fue más adecuado- por franjas
importantes del proletariado industrial, pero la fractura de la burocracia,
calcada de la que sufre la burguesía, puso de manifiesto aún más la confusión,
desorganización y ausencia de objetivos del movimiento obrero
En este
cuadro, por tanto, más que nunca se ponen a prueba los conceptos (o la ausencia
de ellos), sobre los cuales una organización política afirma su accionar
Hay que
decirlo sin ambages: en la masa de desocupados gravita de manera decisiva una
franja social que el marxismo ha caracterizado como “lumpenproletariado”. El
hecho de que haya habido más saqueos de pequeños comercios que de grandes
supermercados indica a las claras cuál es el rumbo objetivo de esta masa
desesperada. Por otra parte, y dada la base de una extensión sin precedentes
del hambre, hay que señalar que el punto de partida de los saqueos del martes
18 estuvo en el gobierno y el aparato peronistas de la provincia de Buenos
Aires, a los que se sumaron grupos de ultraderecha y la participación, por
acción y omisión, de la policía bonaerense (el pozo más hondo de corrupción,
bandolerismo, brutalidad y fascismo del país
En cuanto al
amplio arco de clases medias que salió a la calle, hay que celebrar que en esta
coyuntura lo haya hecho contra el estado de sitio y contra los partidos de la
burguesía. Pero sin olvidar que, como se ha señalado mediante una elocuente
imagen, en medio de una crisis las clases medias son como un enfermo consumido
por la fiebre, que se vuelca constantemente hacia izquierda y derecha.
Una
estrategia revolucionaria marxista de acumulación de fuerzas para luchar por el
poder no puede desconocer estos factores. Luchar por evitar que los
marginalizados sean manipulados por la ultraderecha y lanzados contra otros
sectores contestatarios de la sociedad, y a la vez esforzarse por gravitar
sobre las clases medias arruinadas y desesperadas e impedir que las gane una
perspectiva fascista, requiere tener enraizamiento real en el proletariado
industrial, organizado como clase. Sin esto, el ineludible agravamiento de la
crisis y la segura reiteración de grandes explosiones, será pasto para el
enemigo de clase y la contrarrevolución
Basta
observar que el país ha pasado de un gobierno de la UCR a otro de lo más
putrefacto del PJ, presidido por Rodríguez Saa, para observar la dinámica en la
que está atrapada la sociedad argentina
Más que
nunca está a la orden del día la política de unidad social y política de los
trabajadores y el pueblo, en simultaneidad con el esfuerzo redoblado por la
recomposición de las fuerzas marxistas y la urgente fundación de un partido de
los comunistas.
Es en
función de estas líneas directrices que los revolucionarios marxistas debemos
afrontar la coyuntura, incluida la táctica electoral para el 3 de marzo
22/12/01
***
Eslabón N° 31 (11 de enero
de 2002)
Después de la rebelión popular
La crisis global, económica, política,
institucional-jurídica y social, que cruza al capitalismo argentino desnudó
ante millones de hombres la responsabilidad que tiene la clase dirigente por la
misma.
Pero esos
hombres y mujeres aún no identifican a esos responsables por su condición
esencial de pertenencia de clase, la burguesía, sino por las distintas formas
en que esta se manifiesta (y oculta a la vez): la dirigencia política, los
banqueros y en menor medida el imperialismo. La aceleración de esta crisis
impactó en esos millones de conciencias, ahondando la brecha política y el
repudio moral que las separa de los culpables del desastre. No hay duda que
está en pleno desarrollo un proceso de
maduración política: de las distintas formas del masivo voto protesta de
octubre al multitudinario repudio en las calles del centro político del país.
Pero es
incuestionable que no fueron los trabajadores quienes el 19 y 20 de diciembre
orientaron políticamente a las movilizaciones. Porque los miles de asalariados
que participaron lo hicieron sin identidad de clase, diluidos en el pueblo: o
confundidos entre los pobres y marginados del gran Buenos Aires o arrastrados
por las capas medias urbanas. Ni los saqueos indiscriminados, más a comercios
minoristas que a grandes supermercados, ni la protesta de las cacerolas
tuvieron el signo de la movilización obrera, que tanta historia tiene en la
vida nacional.
Esta
circunstancia no minusvalora un ápice el significado de la rebelión popular más
importante en un siglo: permite
entender su potencialidad y sus límites actuales
De ahora en
más nada será igual en la lucha política en Argentina. Están dadas todas
las condiciones para que evolucione la conciencia de grandes masas plebeyas
empobrecidas, particularmente los jóvenes, desde el rechazo a los partidos
políticos y la percepción de los límites de esta democracia formal a posiciones
anticapitalistas. Un cambio de este tipo influirá sobre el proletariado y e
impulsará a éste a superar su histórica subordinación ideológica a las
concepciones policlasistas y conciliadoras. Está en la experiencia de nuestro
pueblo: las coordinadoras fabriles del 74-75 no son entendibles sin los cambios
que arrancan en las movilizaciones populares del 68- 69, y nada impide pensar
que en la actual crisis las masas no recurran a ese camino, que conduce en
dirección opuesta a los intereses de los capitalistas nacionales y extranjeros.
La aparición
de asambleas populares, aunque aisladas y ocasionales, es un intento por demás
significativo de buscar otras formas de intervención política
Pero quienes
haciéndose eco de supuestos analistas repiten
que fue el “cacerolazo” el que tumbó
al gobierno de De la Rua primero y a los devaneos populistas de
Rodríguez Sáa inmediatamente, rinden culto al movimiento espontáneo de la
pequeñoburguesía urbana. Desconocen que por su naturaleza, un movimiento de esa
clase sólo puede concluir en un recambio si otra fracción de la burguesía está
previamente dispuesta a sustituir al gobierno de turno
Hay datos abundantes que muestran una clara
operatoria de Ruckauf-Duhalde y
sectores de la derecha nacionalista para manipulear el hambre de miles,
alentando los saqueos que jaquearan al gobierno, en un calco de la maniobra del
89. La raíz de clase sobre la que se apoyó esta operatoria es un acuerdo de
hecho entre el imperialismo yanqui (que sabía que la convertibilidad era insostenible), los sectores burgueses
locales devaluacionistas, la burocracia cegetista, a los que sumaron a las
caducas oligarquías provincianas , entre otras, por razones de supervivencia
Surge así el
gobierno de Duhalde en un acto tan antidemocrático que opaca la ilegitimidad de
los gobiernos de la década infame. Recuérdese que en su provincia ganó la senaduría con sólo el 21,8 % de los
votos, y en el interior ni siquiera es reconocido por su partido. Las
invocaciones a la unidad nacional no pudieron concretarse en un gabinete que
represente a un bloque burgués amplio.
La
preeminencia del llamado “grupo productivo” con de Mendiguren como ministro
apoyado por el grupo Techint y las pymes, el falso tono “nacional” de los
discursos, y la orientación de la ley de emergencia económica inducen a pensar
que se abre un período de confrontación de la
burguesía local y el capital financiero internacional.
No es una
decisión ideológica, ni un alineamiento definitivo. La necesidad de cada sector
de sufrir el menor costo de la devaluación impone férreamente esa disputa. Pero
aunque hoy la confrontación más visible es por bajar el costo de las tarifas de
los servicios públicos en manos del capital español, hay un sector del gobierno
que apunta contra el ALCA, apoyándose en el capital europeo.
Los
antecedentes del duhaldismo, así como el notorio papel de la iglesia en todo
este proceso (Caselli, Ruckauf, intervención obispal como mediador, ayuda
social a través de Cáritas) apoyarían esta conclusión. No debe descartarse que
el imperialismo yanqui tolere transitoriamente estas medidas del nuevo gobierno
si sirven como recurso de contención social, aunque no coinciden con su estrategia
para América Latina, para reiniciar en una posterior negociación su ofensiva.
La delegación de senadores republicanos enviados por Bush es elocuente.
La
devaluación forzada y la restricción monetaria acentúan la inestabilidad
social. Para el gobierno urge crear elementos que frenen esa tendencia. Con
medidas económicas como la de equiparar a pesos devaluados algunos créditos
dolarizados. También con el aparato fascista que se presentó en plaza Congreso
arremetiendo contra la izquierda y cuyo objetivo intimidatorio apunta a
desalentar nuevas protestas callejeras
La crisis
exige a la burguesía arremeter contra su propia legalidad. De hecho lo viene
haciendo día a día, incluso recortando arbitrariamente el derecho de propiedad
que está en el centro de la organización capitalista. Pero la burguesía no
puede ejercer su poder a través de la dictadura a voluntad, en cualquier tiempo
y lugar. Hacen falta determinadas circunstancias para que ello ocurra. Entre
otras debería ser ganada la clase media, posibilidad que aún no aparece bajo el
gobierno actual. De ninguna manera la aparición de elementos de represión
paraestatales y la presencia de ciertos personajes alarmantes deben confundirse
con el surgimiento de un gobierno fascista
No es menos
cierto que la necesidad de reformar el aparato político institucional que ahora se actualiza, y que se anuncia
desde la época de Cavallo, no tiene por único objetivo achicar el gasto
público, sino permitir formas de poder cada vez más centralizadas, menos
deliberativas y más distantes de la proclamada democracia republicana. Con los
embates de la crisis también trastabilla la demagogia democrática de los
partidos burgueses.
Los reclamos
multitudinarios que se expresaron en estos días, no se limitan a medidas
económicas. En forma abierta o inconsciente, con el cuestionamiento a los
partidos aparece en discusión la capacidad de la burguesía para gobernar.
Porque son los partidos tradicionales, o sus desprendimientos, y los empleados
que los representan, los destinatarios del enojo popular. Lo reconoce la
iglesia que le pide a esos mismos dirigentes que asuman la autocrítica y se
transformen
Seguramente un pedido destinado al fracaso,
porque uno de los problemas que hace estallar la crisis es que la burguesía
local hace tiempo que no puede representar el interés general ni el bien común,
como pretenden los obispos . Más allá de sus capacidades, estos dirigentes han
quedado limitados a la defensa estrecha del interés inmediato de un sector del
capital. De no ser así el país no estaría arrodillado frente al imperialismo
Sólo se
unifican a la hora de exigir más sacrificios a quienes menos tienen para que el
costo de la crisis no recaiga en sus bolsillos. Si hoy se unifican para
devaluar en contra del ingreso de los asalariados, antes estaban unidos para
congelar por una década los sueldos, amparados en la falsa estabilidad del
peso.
Está
implícito en las jornadas de diciembre que quienes afirmaron su presencia
política en las calles están predispuestos a buscar otro camino sobre el que
debe reorganizarse el país. La movilización espontánea, que puede reaparecer en
cualquier momento, abre el camino para el debate en el seno de las grandes masas
sobre la necesidad de estructurar la República sobre nuevas bases democráticas
Una
democracia real, directa y participativa, y que pueda dar solución a las
urgencia de millones por trabajo, comida, salud y educación.
Esta
necesidad no es una utopía. Es la única posibilidad real de superar la crisis.
Antes de octubre parecía utópico reclamar un voto de protesta para unificar al
conjunto de los trabajadores y el pueblo en contra de los grandes partidos. El
pueblo lo hizo.
Desde la UMS
venimos reclamando Asambleas de trabajadores y el pueblo para encontrar una
salida distinta al país desde que se inició la crisis con el menemismo. Sabemos
que es la vía para lograr la unidad social y política de los explotados, unidad
de las grandes masas – no de la militancia de izquierda-, es el camino para
cerrarle el camino a los explotadores. En forma incipiente, imprecisa,
embrionaria, el pueblo ha comenzado a transitar ese camino. El pueblo lo hará.
Los
comunistas de la UMS pretendemos encontrarnos con todos aquellos jóvenes y
trabajadores que golpeados por esta crisis entienden que este camino es el
único realizable, para sumar nuestras fuerzas en esa enorme tarea. Este es el
desafío del momento.
¡ Asambleas
en todo el pais para discutir las bases de una república. de trabajadores, las
juventudes y el pueblo
11/1/02
***
Eslabón N° 32 (13 de febrero
de 2002
Táctica y estrategia de los revolucionarios marxistas
También en Argentina el imperialismo estadounidense ha
perdido la iniciativa. El país transita un camino de disgregación, como
resultado de la ausencia física y programática de la clase obrera en el combate
político. Pero esto cambiará en el futuro inmediato. En pocas semanas subirá al
escenario el movimiento estudiantil. La caída de la convertibilidad empujará
también al proletariado, que deberá acelerar su largo y sinuoso proceso de
recomposición ideológica, programática y organizativa, para encolumnar tras de
sí a las enormes fuerzas sociales liberadas por la eclosión de la crisis. He
allí las tareas planteadas ante las masas y las vanguardias para el próximo
período.
Por detrás
de la extrema confusión que domina el escenario nacional, las líneas básicas de
la coyuntura son simples. Estas han sido definidas por la UMS desde su Congreso
Fundacional: la crisis mundial del capitalismo se expresa en cuatro planos
simultáneos: lucha interimperialista; agudización de las contradicciones entre
las burguesías imperialistas con los trabajadores en sus propios países; choque
cada día agravado de los países centrales y las burguesías locales contra los
explotados y oprimidos en los países dependientes; agravamiento acelerado de
las contradicciones entre el capital financiero internacional y los países
semicoloniales. La UMS lo ha repetido una y otra vez, pero es preciso insistir:
dada la situación de la clase obrera mundial en la actual coyuntura histórica,
el factor decisivo en este conjunto ha sido y continúa siendo la lucha
interimperialista. No obstante, ya ha aparecido y gravita fuertemente un nuevo
actor, todavía con perfiles indefinidos: un bloque antiyanqui.
Argentina es
hoy escenario del estallido simultáneo de esta confrontación múltiple. Y si en
esta crisis hay una cantidad de factores nuevos de enorme trascendencia, el de
mayor relevancia inmediata es que Estados Unidos va tras los hechos; no
delante. Con su enorme poder, con su capacidad de manipulación y coacción. Pero
sin lograr retomar una iniciativa que sus socios locales no pueden sostener y
que es inalcanzable hoy para la única clase capaz de ofrecer a la sociedad una
perspectiva estratégica. De allí el caos y la confusión reinantes.
El primer y
acaso máximo punto de confusión es la causa por la cual cayó el gobierno de la
Alianza. Para muchos es muy útil convencer a la sociedad -y especialmente a la
juventud- de que a un gobierno burgués se lo puede echar con cacerlas. El
problema es que además de desarmar a los genuinos luchadores en términos
estratégicos, esa fantasía impide ver lo que se tiene ante los ojos: fue una
lucha interburguesa -e interimperialista- lo que paralizó primero y derrocó
luego al patético gobierno radical-frepasista.
Ese primer
acto debe ser analizado en detalle, porque encierra la esencia del conflicto
que desgarra al país: fue la burguesía local, acosada por el avance arrollador
del plan hemisférico de Estados Unidos (en resumen: ALCA, dolarización y
militarización a través del Plan Colombia) quien se montó sobre la ola de
rechazo a las políticas oficiales y desencadenó la crisis. Las franjas de la
burguesía expresadas en los partidos tradicionales estuvieron acompañadas y
acaso impulsadas por la conducción oficial de la Unión Europea. Cuentan además
con respaldos menos visibles y de menor gravitación inmediata, como China y
Rusia. Utilizaron como ariete a los antiguos aparatos que controlan en los
terrenos político y sindical. Las luchas genuinas de los desocupados y las
clases medias acosadas por la crisis fueron manipuladas con propósitos ajenos y
contrarios a sus intereses.
Como quiera
que sea, cayó en lo inmediato el plan de Washington. Otra cosa es en manos de
quién. La propia elección del primer presidente provisional por parte de la
Asamblea Legislativa de un funambulesco señor feudal del interior, grafica con
exactitud el desplazamiento que se operaba. Este paso mostraba la desesperación
de toda una franja del capital, condenada por la crisis mundial de la clase que
integra como escoria: el ministro de Economía Domingo Cavallo aprontaba medidas
destinadas a liquidar definitivamente a esos bolsones de parásitos
extremadamente costosos e inútiles en el nuevo cuadro político, y por ello
intolerables para el sistema en un momento de abrupta caída de la tasa de
ganancia: a partir del 14 de octubre quedó a la vista que la mayoría abrumadora
de la población no se siente contenida por esos aparatos
Hubo sin
embargo otra clave en la detonación de la crisis. Para llegar al objetivo de la
dolarización, los interesados necesitaban antes bajar el precio de los salarios
en dólares en márgenes imposibles de alcanzar mediante la reducción absoluta.
Era por tanto imprescindible la devaluación. De modo que en esa medida
convergieron, desde diferentes lugares y con diferentes objetivos, la burguesía
terrateniente, el capital internacional asociado a las exportaciones y las
pequeñas burguesías productoras asfixiadas por la sobrevaluación del peso
Son claros
por tanto los términos del conflicto. El capital imperialista con sus planes de
saneamiento del capital, en choque con las burguesías subordinadas y sus
aparatos corruptos y vacíos. Y ambos en confrontación con la clase obrera y el
conjunto del pueblo. El capital más concentrado, con una propuesta de
saneamiento y modernización que arrasa con enemigos jurados de los
trabajadores, cómplices de la más escandalosa entrega de la nación al
imperialismo. Los restos corruptos de una burguesía local y franjas de la oligarquía
exportadora, que por su propia condición deben oponerse al saneamiento planeado
y chocan además -aunque aquí ya los senderos se bifurcan- con dos palancas
clave del plan imperialista: la dolarización y el Plan Colombia
Cuando la Alianza De la
Rúa-Alvarez-Cavallo completó su parábola y se generalizó el malestar social,
tras un tironeo se impuso otra alianza, que a los lectores de los materiales de
la UMS no toma por sorpresa: Duhalde-Alfonsín. Sin entrar en los detalles de la
caída de Adolfo Rodríguez Sáa -demostrativos de la descomposición de las clases
dominantes- importa el hecho de que tomó el gobierno una coalición de la UCR y
el PJ en su versión más genuina o tradicional. El desempeño del nuevo gobierno
en sus primeras cinco semanas de vida hace honor a la historia de ambos
partidos: milímetro a milímetro fueron cediendo a las exigencias del capital
financiero internacional y específicamente a las imposiciones de Washington.
Sólo que esta vez, como nunca, con cada medida exacerbaron la oposición de las
clases medias, sin por ello satisfacer las exigencias de Estados Unidos. De
modo que están ahora entre dos fuegos. Y sin retaguardia. Esto significa que,
una vez más, el imperialismo puede arribar a sus objetivos mediante la lógica
de sus socios menores y a pesar de perder por un momento el control directo
sobre las palancas operativas del mecanismo político. Pero en cualquier
hipótesis de las muchas probables, el cuadro político general avanza sin
posibilidad de retorno hacia una reconfiguración estratégica
Todo esto es
inseparable de la situación mundial y latinoamericana y de la política
estadounidense frente a ella. El director de la CIA en su informe al Congreso
sostuvo que en América Latina hay tres países de peligrosa evolución:
Venezuela, Colombia y Argentina. Abundó además subrayando que Duhalde tiene
“una base de sustentación muy delgada”. En Venezuela Washington aceleró su
ofensiva, aunque ésta se basa en una gigantesca campaña de desinformación
mundial, inútil en lo inmediato en el vano intento de desestabilizar a Hugo
Chávez pero imprescindible como punto de apoyo para los futuros pasos del
imperialismo. En Colombia admitió abiertamente que el Plan así denominado no es
contra el narcotráfico, sino contra las organizaciones guerrilleras. Y en
Argentina redobló las presiones apuntadas a dos objetivos precisos: involucrar
al país en el dispositivo bélico continental con mando estadounidense para
ejercer militarmente el papel de la contrarrevolución hemisférica, y desechar
todo intento de bloque burgués regional para asumir el ALCA, lo cual en breve
implica la imposición del dólar como moneda nacional
No son pocos
los agrupamientos y personalidades de diferentes ámbitos que ante la
encrucijada optaron por alinearse en la defensa del gobierno de Duhalde (no
faltaron quienes lo compararon con Chávez). Sobresale más un grupo de
personalidades “progresistas” que, cifras en mano, están oficiando como fuerza
de choque para demostrarle al país que Duhalde está favoreciendo a los grandes
grupos de la burguesía local (por caso, es el mismo equipo que durante toda la
década anterior hizo enormes esfuerzos intelectuales y propagandísticos para
explicar que el problema de la economía no tenía relación con la deuda externa
y que ésta debía ser pagada). En otro plano, el electoralismo y el seguidismo
que se adueñó de no pocos cuadros y organizaciones revolucionarias en los
últimos tiempos, alimenta líneas de acción tendientes a lograr elecciones ya,
combinadas o no con una Asamblea Constituyente.
Pero la
definición de una táctica ante la coyuntura no puede partir de que la alianza
Duhalde-Alfonsín pesifique o no las deudas de Clarín, Techint, Pérez Companc,
Macri y congéneres. En ciertas circunstancias un verdadero gobierno
antimperialista podría verse obligado a hacer concesiones significativas al
capital, sin por ello merecer la descalificación definitiva. Y la adopción de
medidas contrarias a la voluntad de Estados Unidos (como por ejemplo las que
viene tomando Fernando Henrique Cardoso en Brasil), en ningún caso basta para
alinearse con un gobierno. Tampoco se trata de medir las chances de que las
clases medias sublevadas voten en un eventual comicio a candidatos “de
izquierda”. Se trata de tener una interpretación correcta de la situación
mundial, regional y nacional que permita afirmar si es posible o no sortear la
crisis económica y lanzar el desarrollo del país sin cortar los lazos de la
dependencia y adoptar medidas de neto carácter anticapitalista.
La respuesta
de la UMS es un rotundo No. Partimos de esa certeza, y de su
consecuencia ineludible: en la medida en que la salida de la crisis no se
busque en detrimento del capital, acentuará el ataque a los trabajadores y el
conjunto del pueblo, incluidas ahora importantes franjas de pequeños, medianos
e incluso grandes capitales.
Al mismo
tiempo, se trata de tener una interpretación del momento histórico que vive el
país. No es por acaso que, mientras diferentes sectores revolucionarios se
abocaron a lograr votos, ya desde 1997 la UMS levantó un voto programático sin
candidatos, bajo la bandera de Voto Protesta. No lo hicimos cuando las clases
medias salieron a aporrear cacerolas. Del mismo modo que no levantamos la
consigna de Asambleas después del 20 de diciembre, sino que la esgrimimos desde
1994, cuando se abortó por todo un período la posibilidad de edificar una
Herramienta Política de Masas y planteamos aquella consigna, Asambleas
democráticas y plurales de los trabajadores y el pueblo, como eje estratégico
para lograr la condición sine qua non de una perspectiva revolucionaria: la
unidad de las grandes masas con un programa propio y el objetivo de luchar por
el poder.
Una
estrategia no es una yuxtaposición de tácticas según la temperatura ambiente:
todos a los corte de rutas y calles; a formar un partido piquetero; es la hora
del partido de la cacerola.
“La explosión del hambre y la desesperación
abre una nueva etapa política para el país y con ella una nueva prueba para los
revolucionarios marxistas”, sostuvo el Comité Ejecutivo de la UMS en referencia
a las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre pasado. “Se trata de la irrupción
de masas de mayor envergadura en toda la historia argentina. Fue un acontecimiento
a la medida de la crisis económica y social del país y en línea con la total
ausencia de instituciones clásicas del capital para ejercer su poder en tiempos
normales” (Ver Eslabón N° 30). Pero estas definiciones precisas, debatidas y
reafirmadas por nuestro Comité Central el 5 de enero, no alimentan el
seguidismo y mucho menos el exitismo. La misma declaración citada subrayaba que
“el rasgo más sobresaliente fue la ausencia absoluta del movimiento obrero -y
específicamente del proletariado industrial- en todo el transcurso de las
movilizaciones”.
Esto no es
un detalle pintoresco, como no lo son las cacerolas. Sin clase obrera
organizada y consciente no hay revolución. El accionar de nuestros militantes y
simpatizantes en todo este turbulento proceso parte de esa premisa. Alentamos y
acompañamos las Asambleas en las que predominan sectores medios y enfrentamos
la ceguera de quienes pretenden imponerle definiciones y estructuras ajenas a
su experiencia. Rechazamos igualmente el sectarismo de quienes en lugar de
intentar converger con ellas pretenden crear su propio ámbito (y esto no lo
hace sólo el izquierdismo habitual: el diputado Alberto Piccinini, sufrió
recientemente la respuesta de la sociedad en Villa Constitución cuando logró
reunir a unas 100 personas contra más de 2000 que dieron vida a una genuina
Asamblea). Esta conducta se basa en nuestra certeza respecto de la necesidad de
avanzar hacia la unidad social y política de las grandes masas, inseparable de
la certeza de que sólo la clase obrera, como tal, puede conducir a buen puerto
este movimiento profundo de la sociedad. Por lo mismo nuestra participación no
oculta nuestras definiciones ideológicas y políticas y combina la tarea de
organización plural y democrática con la propaganda destinada a recomponer las
fuerzas revolucionarias marxistas y forjar una vanguardia capaz de encarnar en
jóvenes trabajadores que asuman la opción irreductible de someterse o luchar
consciente ye explícitamente contra el imperialismo y el capitalismo.
En el camino
no hay contradicción en marchar codo a codo con quienes reclaman la devolución
de sus depósitos en dólares: ¡¡todo lo contrario!! Allí explicamos que el
socialismo propone la expropiación de los medios de producción: las grandes
fábricas y las grandes extensiones de tierras. La expropiación de los ahorros
del ciudadano común... ¡¡eso lo hace el capitalismo!! Y ahora no es preciso
esforzarse para explicarlo. Podemos adelantar también que les serán expropiados
los fondos jubilatorios. Y que la inflación viene allí para expropiar día a día
los ingresos de las clases medias tanto como el salario de los trabajadores.
Hay por delante una enorme e imprescindible labor educativa y organizativa. Y
todo el esfuerzo que pongamos en ella no nos apartará un milímetro de la labor
estratégica: contribuir a la concientización y organización de la juventud y
muy en especial de la juventud obrera.
La irrupción
de la Asamblea como punto de encuentro, debate y organización de amplios
sectores sociales es el fenómeno más importante de la coyuntura. Es la forma
que ha tomado el combate frontal por la apropiación de la política, fenómeno
que resume el enorme salto dado por la sociedad en su conjunto, y que por eso
mismo se presenta de manera tan confusa. No debemos temerle a esa confusión de
intereses y opiniones. La UMS se planta en medio de ella segura del curso
tendencial de los acontecimientos, sin necesidad de ocultar su rostro y sus
banderas y rechazando todo intento de manipulación. El objetivo principal es
que las masas entiendan la necesidad y posibilidad de arrebatar de las manos
del Estado, los patrones, la burocracia, la iglesia, el ejercicio de la
verdadera política y la toma de decisiones respecto de la economía, los planes
sociales, la marcha de las empresas, en fin, la dirección del país
Las
Asambleas barriales, desde su lugar, implican la búsqueda de la democracia
directa y el ejercicio deliberativo sobre el país que queremos. Habrá que
debatir cómo lo edificamos y con qué herramientas. A medida que se incorpore el
movimiento estudiantil –ése será el primer paso en el futuro inmediato- y
luego, gradualmente, la clase trabajadora, el fenómeno se hará a la vez más
complejo y más claro. Quedará a la vista en los hechos que el papel de la clase
obrera como tal es fundamental tanto respecto del contenido programático como
del ejercicio efectivo de una dirección política y la perspectiva de un
gobierno propio de las Asambleas.
Estamos
verificando la abismal diferencia entre las Asambleas de los barrios clásicos
en la Capital Federal y las del Gran Buenos Aires y el interior del país. Eso
se hará más claro a medida que pase el tiempo y se agudicen las
contradicciones. Debemos potenciar nuestro accionar en la multiplicación de
Asambleas y Coordinadoras (para retomar un nombre con peso histórico) en las
fábricas y talleres, con plena conciencia de que estamos sólo en el primer
umbral de un difícil camino. Nada se define hoy, excepto en el sentido de que
todo lo que se haga ahora mismo -bien o mal- contribuye a dar fuerza o
debilitar este fenómeno crucial para el futuro de la lucha de clases.
Para la UMS
es una exigencia promover la creación de Asambleas donde no las haya y su
confluencia con las Asambleas de otras localidades, primero en una zona, luego
en una región, siempre apuntando a formas de unificación a escala nacional.
Para ello estamos empeñados en realizar una labor sostenida de agitación y
propaganda con eje en los centros industriales.
Vivimos
momentos cruciales para definir el curso futuro. La sublevación de diciembre
sacudió el ánimo y la conciencia grandes sectores sociales y comenzó a producir
esbozos de organización a nivel de masas, por ahora contradictorios y sin clara
dirección política. Es nuestra tarea que la reaparición del movimiento obrero
en la escena política indique el fin de una etapa en el sindicalismo y la
política de los trabajadores y el pueblo y la apertura de una nueva etapa en la
que los trabajadores encabecen la lucha por el poder político y la total emancipación
de los explotados y oprimidos.
El capital elabora y debate diferentes proyectos políticos
y programas económicos
13/2/02
***
Eslabón N° 33 (13 de marzo
de 2002
El curso de la crisis
Cada día con
mayor nitidez queda a la vista la fractura de las clases dominantes y la
incapacidad de una cualquiera de sus fracciones para imponerse de manera
estable sobre las demás. El gobierno Alfonsín-Duhalde fue invadido desde el
principio por el equipo de Cavallo, lo cual equivale a decir que apenas horas
después de logrado un equilibrio tras el derrocamiento de De la Rúa, la pugna
entre vencedores y vencidos en aquella confrontación, se replanteó con toda su
fuerza.
Carece de
interés la anécdota cotidiana de esa pelea interburguesa en la cual las
fracciones imperialistas intervienen también con creciente descaro. Pero
conviene recordar episodios que la UMS reveló y siguió desde su inicio: en
1989, en un cuadro análogo aunque incomparablemente menos grave –y en un marco
internacional también incomparable- la burguesía local resolvió su incapacidad
de hegemonía entregando la función arbitral a Estados Unidos. Hemos repetido
mil veces que ésa fue la instancia que colocó al entonces embajador yanqui,
como habitual asistente a las reuniones de gabinete. Los efectos de aquella
decisión –forzada pero en última instancia admitida por todas las fracciones
del capital local- están a la vista. Trece años después, replanteado el dilema,
una marioneta del imperialismo yanqui formuló explícitamente la propuesta: que
el país sea gobernado por un equipo de técnicos extranjeros. Basta leer la
respuesta del ministro de Economía Remes Lenicov para constatar el vigor de
nuestros explotadores vernáculos: si ayer, ante quienes disimulaban su
intrusión bajo la figura grotesca de un payaso con banda y bastón, agacharon la
cabeza y guardaron silencio, ahora miran al piso y balbucean vaguedades...
¡¡para responder a quienes proponen abiertamente un gobierno extranjero
En otras
palabras: a dos meses de haber asumido, el gobierno radical-peronista admite
implícitamente su impotencia para conducir el país y ofrecer un horizonte en
medio de la crisis más grave de nuestra historia
¿Qué sigue
entonces? Limitados a la coalición gobernante, el desenlace sería ineludible e
inmediato. Pero la inclusión de la lucha interimperialista y la gravitación
directa y muy potente del cuadro sudamericano regido por Brasil pone bemoles a
lo que sería la consumación de la victoria yanqui, con la imposición del dólar
como moneda nacional, la articulación inmediata del ALCA y el ingreso efectivo
de Argentina al aparato militar que Washington pretende articular para iniciar
acciones en Colombia y proyectarse desde allí hacia toda la región.
Tal vez hay
que repetirlo, porque nada sorprende tanto como la llegada de lo que se anuncia
durante años: la crisis del sistema capitalista estalla en todos los puntos
cardinales y pone al rojo vivo la pregunta clave: quién pagará los costos
Cuando
Washington pone aranceles al acero y provoca un alarido en la Unión Europea,
está decidiendo que, en ese terreno, los costos los pague Europa (y sus
subsidiarias, como por ejemplo Techint). Cuando el delegado del FMI (un indio
bajo mando directo de un alemán), viene a dibujar un plan que tiene como punto
de partida una caída vertical del poder adquisitivo de los salarios y una
reducción aún mayor del presupuesto para salud, educación, obras públicas y
atención social, está traduciendo la decisión común de los imperialistas de
todo color de que los costos los paguen los trabajadores. Cuando el delegado
del secretario de Estado Collin Powell, el Sr. Marc Grossman, desembarca en
Buenos Aires y explica a Duhalde algo que previamente ha sido anunciado: junto
con Colombia y Venezuela Argentina es el país más “peligroso” para Estados
Unidos en la región, razón por la cual se debe poner en limpio las cuentas e
integrar ya un ejército mercenario continental “para combatir el terrorismo”,
está diciendo que la cuenta la deben pagar los trabajadores y los pueblos, en
el más amplio alcance de ese concepto vago, de América Latina y el Caribe
Es
discutible –se debe discutir- quién pagará. Pero hay algo fuera de duda:
alguien deberá hacerlo. El sistema de producción capitalista, los modos de
gobierno capitalista, las relaciones sociales del capitalismo, están colapsando
a ritmo uniformemente acelerado. Y no se detendrán.
Cuando años
atrás explicábamos que la convertibilidad era un ensueño y todo lo que se
montaba sobre ella una ficción, nuestros propios compañeros trabajadores –no
hablemos ¡ay! de los intelectuales- no podían comprenderlo. Pero cuando se va a
retirar el dinero del banco –incluso si se trata de un magro salario- y éste no
lo entrega, aquella realidad oculta salta a la garganta de la víctima. Ahora,
en otro plano, ocurre lo mismo. Y ahora, más que en el episodio
comparativamente menor del robo bancario, no hay subterfugios: o paga el
capital, o paga el trabajo. Lo cual significa que la desagregación social, la
avalancha de miseria y la ineludible violencia golpeará a todos pero se
resolverá a favor de unos o de otros.
Cuando
durante todos estos años insistimos en la “unidad social y política”,
hablábamos de ese conjunto integrado por como mínimo 30 millones de personas
que ahora afrontan la opción de resignarse al papel de víctimas o asumir un
proyecto propio. Cuando insistimos en la necesidad de una organización de
masas, plural y democrática, completamente independiente de los partidos y
organizaciones de la burguesía, con base en un programa antimperialista y
anticapitalista, hablábamos de esto que ahora está frente a cada habitante del
país.
La UMS no
improvisó su diagnóstico ni el trazado de su línea de acción. Y no cedió ante
la presión enorme del rumbo vergonzoso adoptado por quienes tuvieron la
posibilidad, desde el Congreso de Trabajadores Argentinos, de levantar los
cimientos de una organización en la cual hoy pudieran reconocerse las masas,
cuando Mary Sánchez, Alberto Piccinini, Víctor De Gennaro y Marta Maffei, con
la iglesia detrás y la socialdemocracia al costado, ganaron una batalla y se
fueron al Frepaso, luego a la Alianza, luego al gobierno.
Tampoco
cedió ante el izquierdismo infantil, ni ante el electoralismo desvergonzado.
Hay que partir de esto para plantarse ante la irrupción de esta nueva fase de
la crisis. Porque ¿cómo se debe actuar ahora? ¿hay que prepararse para la
próxima elección o mejorar las técnicas para hacer piquetes? ¿hay que buscar desesperados
un plan de reactivación del capital (como hace el Frenapo y corean los
organizadores de la “marcha de la producción”) o decir que una reactivación
sobre bases capitalistas, incluso en la hipótesis de que fuera temporalmente
viable, sin la menor duda multiplicaría la explotación, el sufrimiento y la
miseria de la mayoría de la población? ¿hay que formar un “frente de izquierda”
o autoproclamar, ya, la existencia de un nuevo partido-
Hay una
correlación bastante directa, aunque no automática, entre el lugar social que
se ocupa y la conducta individual y colectiva que se asume. Por mucho que se
haya abusado del concepto “pequeño burgués”, pese a quien pese es preciso
reivindicar una pertenencia de clase, como punto de partida para acerar una
postura y una conducta. El problema mayor estriba en que hoy la disgregación
social, organizativa y sobre todo ideológica de la clase trabajadora, exige que
aquella pertenencia tenga apoyo más en la teoría que en la realidad palpable.
Es con esta convicción que la UMS dio el lugar que dio al estudio y la
elaboración durante estos años, claramente en detrimento de un accionar
apuntado al crecimiento y la aparición pública.
Ahora que,
como venimos registrando en nuestras últimas publicaciones, la coyuntura
histórica cambia, aquellas opciones saltan a la vista. Reformismo,
izquierdismo, aventurerismo y oportunismo son desviaciones con base social y
política. Con una previsión constatable en nuestros materiales, la UMS hizo los
mayores esfuerzos en los tres últimos años por convocar a la militancia
revolucionaria marxista a una recomposición profunda. Los logros no guardan
correspondencia con las exigencias de la realidad. Pero ahora ésta se presenta
con formas diferentes. En consecuencia, la UMS deberá asumir esos cambios desde
la situación real en la que se halla la vanguardia militante.
No se forja
el carácter comunista de la noche a la mañana. Menos aún cuando se carga con
años de descomunales falencias teóricas y aberrantes prácticas políticas. Si el
“frente de izquierda” era un error en el período pasado, ahora sería un crimen.
Es imperativo impedir que los millones de hombres y mujeres que en estos días
abren sus ojos a la política puedan confundir a un comunista con un energúmeno
sin principios, sea que vista como lumpen o pequeño burgués, sea que aspire a
otro puesto de concejal o intente un putch de cualquier género al margen
de la conciencia y la organización de las masas. Nuestra militancia debe
hacerse carne de esta exigencia. Debe afrontar la nueva fase con la certeza
ante todo de cuál será su evolución: se agravará a escala local, continental y
mundial. Requerirá de cuadros cada día más profesionales (en el sentido que Lenin
daba a esa palabra, pero también en el sentido de una elevada capacitación
técnico-profesional). Requerirá cada día más determinación, entrega y coraje.
Más disposición al sacrificio, sea para acometer el estudio de la teoría
científica de la revolución, sea para integrarse al movimiento de masas.
Requerirá un combate minuto a minuto contra el sectarismo, acompañado de la
decisión irrevocable de no caer en la tentación de “juntos somos más”, “unidad
de los que luchan”, “frente de izquierda”: queremos la unidad social y política
de millones; y trabajamos por la recomposición de las fuerzas revolucionarias
marxistas en un genuino partido de los comunistas. Esto quiere decir que no
jugamos a operaciones “frentistas” (ni en las elecciones ni en pseudocongresos
de ningún género); quiere decir que no confundimos un partido marxista
dispuesto a luchar por el poder con un bloque sin principios. Esto quiere decir
que mantenemos nuestra proa hacia la clase obrera y la juventud y no saltamos
de un extremo a otro, de la noche a la mañana, según los espasmos de la crisis.
Está a la
vista que el gobierno no logra contener los precios. Eso es tanto más
significativo si se tiene en cuenta que el bloqueo bancario hace que no haya
prácticamente dinero en circulación. Sin ese factor (que debe ser resuelto a la
brevedad) la inflación se descontrolaría. Ante esa posibilidad están planteadas
dos alternativas, cada una con su correspondiente respaldo en sectores del
capital, aunque en muchos casos hay trechos comunes, dictados justamente por
intereses comunes: dolarizar y asumir sin cortapisas el plan de Washington;
romper el esquema actual y volcarse a una alianza regional, con Brasil como
fuerza rectora. Altos portavoces asociados con el imperialismo yanqui
denunciaron en una reunión del BID en Fortaleza, Brasil, que Duhalde y Alfonsín
preparan un “plan C” (que vendría luego del B, es decir, de que impondría la
hiperinflación), con un drástico cambio de gabinete, la expulsión de los
hombres de Cavallo que controlan piezas claves (como el Banco Central), la
cesación de pagos de la deuda externa, esta vez en serio y el cierre total de
la economía –control de cambios incluido- para “vivir con lo nuestro”.
Cuando
Alfonsín explicó días atrás que se está violando la Constitución, que en su
artículo 22 impone que “el pueblo gobierna a través de sus representantes” y
dio la base constitucional para desatar la represión a gran escala contra las
Asambleas y movilizaciones populares, adelantó el contenido de clase y la forma
política que podría tener esa quimera burguesa de toma de distancia frente a
los yanquis en alianza con Brasil y la Unión Europea. La iglesia, sus sectores
más reaccionarios y cavernícolas, juegan también ese partido.
A sabiendas
y/o en la ignorancia de lo que se está pergeñando en las usinas del capital,
expresiones políticas y sociales de la pequeña burguesía avanzan también en ese
sentido.
Entrecruzados,
sobresalen otros planes consistentes en reformular por completo el espectro
partidario actual y con nuevas reglas y aparatos convocar a elecciones antes de
fin de año. Esta variante no necesariamente niega las vías de acción señaladas:
de hecho, tanto en la perspectiva de formalizar el status de colonia
estadounidense, como en el de afrontar un choque con Washington y el
consecuente aislamiento, es imperativo dar cristiana sepultura a los restos
degradados del PJ y la UCR, o cuanto menos someterlos a un cuidadoso proceso de
momificación
Mientras
tanto la burocracia tradicional de la CGT recibe al enviado del FMI para
implorarle ayuda, otro sector del mismo aparato se moviliza para apoyar a
Duhalde y la central de dirigentes sin bases, la CTA, camina en redondo para
llegar siempre al mismo punto de partida: el Frepaso con otros nombres.
La UMS no
desdeña ninguna forma de acción conjunta con cualquiera de estos sectores. Y no
delega en ellos la más remota posibilidad de que contribuyan a resolver la
crisis ideológica, organizativa y política de los trabajadores y el conjunto
del pueblo. Sea cual sea el escenario de los próximos meses, la clase obrera se
verá empujada desde todos los ángulos a salir de su prolongada parálisis.
Mientras esto no ocurra no estará planteada la posibilidad real de que una
fuerza social y un programa de soberanía frente al imperialismo e independencia
frente a sus socios locales pueda tomar forma y presentarse ante el país como
una propuesta valedera por la cual luchar.
13/3/02
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