Capitulo 2
Las líneas
de nuestra construcción y nuestros limites
La caracterización presentada en el capitulo
anterior permite situar el año 2001 como un punto de inflexión en el desarrollo
del movimiento popular en la Argentina. Hemos destacado el nivel de movilización
alcanzado, así como la importancia adquirida en dicho proceso por organizaciones
ajenas al sistema de poderes tradicionales (entre ellas nuestra Central).
Sin embargo, no
deberíamos descuidar el hecho de que, pese a la importancia de lo expuesto,
pese a la crisis de hegemonía en la que ingresara el bloque dominante, no hemos logrado transformar dicha movilización
popular en el sustento para la apertura de un proceso de profundización democrática.
Más aún, hemos finalizado
nuestra presentación de la etapa señalando la ofensiva que en términos económicos
y represivos se descargara sobre nuestra sociedad y definiendo el carácter “tramposo “ que exhibe la convocatoria a
elecciones anticipadas. La fase actual del régimen, decimos, tiene un claro
perfil autoritario
El cambio de contexto
expuesto así como el papel que nuestra Central ha tenido en el proceso reciente,
nos obliga a una reflexión como condición de posibilidad para encarar la nueva
etapa que afrontamos.
El desafío de la
etapa
Ciertamente, desde la
realización de nuestro último congreso (en el que ratificáramos la autonomía de
nuestra Central respecto a los
empresarios, los partidos y el Estado y situáramos al trabajo y a la desocupación
como el problema principal de la sociedad argentina), la CTA avanzó de manera
sustantiva en su papel como organización representativa de los trabajadores.
Logró, en el marco de la
iniciativa construida junto a otras organizaciones en el Frente Nacional Contra
la Pobreza, transformar en política pública y tema central de la agenda de este
país la cuestión de la desocupación y la
pobreza.
Logró articular en torno
a una propuesta concreta que transformaba a la distribución en la clave principal para el replanteo de nuestra
sociedad a un vasto conjunto de actores sociales e institucionales al tiempo
que protagonizó un hecho de masas formidable al desarrollar una consulta
popular inédita (ya que fue efectuada por fuera de las instituciones del
Estado) donde más de tres millones de argentinos acompañaron y transformaron en
mandato social la propuesta presentada.
Podemos decir, casi sin temor a equivocarnos, que la
Consulta del 14-15-16 y 17 de Diciembre fue, en términos de experiencia popular
organizada previo a la debacle abierta el 19 y 20 de Diciembre, uno de los
pasos más altos en la afirmación de la Crisis de Hegemonía de las clases dominantes.
Básicamente, porque supuso un acompañamiento masivo a una propuesta concreta de
salida frente a la crisis, presentada en un marco de profunda unidad política.
Es decir que fuimos
capaces, como parte de la sociedad, de concitar la unidad para avanzar y no
sólo para resistir.
Sin embargo, pese a que
la movilización lograda obligó al Estado a extender cada vez más -aunque de
manera devaluada y lejos de lo propuesto oportunamente por la CTA- el sistema
asistencial sobre la población desocupada, las características del proceso
político desplegado no permitieron frenar el proceso de violencia social,
económica y represiva que a partir del 19 y 20 de Diciembre se descarga sobre
la sociedad argentina.
Es indudable que dichas
jornadas actúan como bisagra de nuestra propia historia y que se instituyen
como espejo de las fortalezas y debilidades que exhibe el denominado campo popular.
Como bisagra porque
manifestaron en concreto la potencia superlativa de la movilización popular que
no sólo se apropió de las calles, sino que logró ponerle límite a intentos
represivos tales como el Estado de Sitio.
La
Movilización popular fue capaz de
ilegitimar al conjunto de la dirigencia política tradicional desnudando al
extremo la crisis de representación y colocando en el centro de la discusión nacional
la voluntad colectiva de no seguir delegando en quienes hace tiempo habían
decidido articular sus representaciones con los intereses y proyectos del
Bloque dominante en la Argentina.
Pero así como se
demostraron nuestras capacidades, creemos que también se expresaron claramente
nuestras debilidades.
Porque la ausencia de una dirección consciente del
conjunto de la comunidad impidió transformar dicho proceso en un cambio
institucional de signo popular y
democrático que evitara al mismo tiempo que la movilización popular quedara
expuesta a los reacomodamientos del bloque dominante y del sistema político
tradicional.
Es este límite el que nos
ha impedido frenar el salvaje proceso de redistribución del ingreso y la
riqueza que indujo la salida devaluacionista, y el que debemos poner en el
centro de nuestro debate. Tenemos que impedir la afirmación en la conciencia
colectiva de la idea de la inutilidad de la movilización popular.
Para decirlo de manera
sencilla, si la mayor movilidad social se mide en términos de cambios de
gobierno que una y otra vez descargan políticas que agreden al conjunto de la
sociedad, la función de la misma pierde sentido. Por esta razón, la resolución
del límite expuesto (ausencia de una dirección
consciente) es fundamental.
Es el único camino que
puede impedir que, ante la estrategia de violencia plasmada por el bloque dominante,
la respuesta no descanse exclusivamente en la reedición de estrategias de resistencia de carácter sectorial.
Éstas muchas veces
reproducen las condiciones de fragmentación del universo popular y , por lo tanto,
terminan construyendo un contexto donde el cuestionamiento social brinda
condiciones para el discurso autoritario en lugar de afirmar la demanda por mayores
niveles de justicia e igualdad.
Es interesante observar que aún en ausencia de esa
“dirección consciente” del conjunto
de manifestaciones del movimiento popular, fue posible vertebrar importantes
experiencias de resistencia colectiva que reflejaron crecientes niveles de
unidad política.
Desde la articulación del reclamo piquetero con la
experiencia de los pequeños y medianos comerciantes el 28 de enero de este año,
pasando por la jornada de paro y movilización nacional del 29 de Mayo, hasta la
unidad planteada en la calle frente a la represión y el asesinato y gestada en
el marco de la confluencia de Nazareth.
No obstante, parece sencillo reconocer que será
difícil afirmar una estrategia que esté en condiciones de intervenir en el
presente contexto si no somos capaces de
poner en marcha un proceso que nos permita resolver el problema
planteado, en base a la fijación de una línea de acción política que nos
permita resistir, pero también avanzar en la configuración del tercer escenario
que hemos presentado en el capitulo anterior como salida popular de una Crisis
de Hegemonía.
El 19 de Diciembre define
entonces, la necesidad de poner en debate y construcción una nueva experiencia política de los sectores
populares en la Argentina. Ya no alcanza con el desarrollo de iniciativas o
confluencias estructuradas en torno a cuestiones puntuales (sistema de
construcción cuya más alta expresión ha sido el FRENAPO).
Responder frente a la
actual etapa supone ser capaces de vertebrar un NUEVO MOVIMIENTO POLÍTICO-SOCIAL que, dotado de orgánica concreta y
acción permanente tenga capacidad de intervenir en todos los campos de la vida
y la discusión social.
Esta y no otra es la
discusión que se le plantea a la sociedad argentina y a todas aquellas
organizaciones que vienen bregando por una Argentina mas justa.
Este y no otro es el PROCESO DE MOVILIZACION POLITICA al que
aludíamos en nuestro capítulo anterior como imprescindible para confrontar con
la presente fase autoritaria del régimen vigente y garantizar la afirmación de
una perspectiva democrática. Decimos proceso
de movilización y hablamos de movimiento
político-social ya que entendemos que no se puede lograr este objetivo de
manera inmediata ni por vía de decreto alguno.
Tampoco mediante acuerdos de ghetos u orgas
cerradas que consideren estar en capacidad de convocar a la sociedad a
seguirlas en torno a su “verdad revelada”. Se requiere ,justamente,”un proceso
de construcción” que no puede sortearse en base a atajo alguno y que requiere
de poner en asamblea y debate a toda la sociedad y a las organizaciones que
correspondan.
En este marco es que debe entenderse el significado
y sentido de nuestro Congreso. De lo que se trata es de profundizar el debate
acera de la necesidad de construir este Movimiento, del modo en que nuestra
Central interviene y participa de este objetivo y cuales son las
reformulaciones que en términos de su dinámica y práctica organizativa debemos
realizar para sostener el desafío de esta nueva etapa.
Capitulo 3
El desafío post 19
Asumir los desafíos que
plantea la Argentina posterior al 19 de Diciembre implica:
a)
Reconocer el colapso del sistema y de las
prácticas políticas tradicionales
b) Recuperar la noción de integralidad que define y debe caracterizar
a la práctica política
c) Ubicar el carácter autoritario que define a la fase actual del
régimen
Estos tres señalamientos
merecen algún desarrollo. Respecto al colapso del sistema y las prácticas políticas
tradicionales importa destacar aquellos aspectos que inciden directamente sobre
la viabilidad y las condiciones de nuestro propio desarrollo.
El funcionamiento actual de las prácticas institucionales
instala como lógica principal dentro de las mismas un juego donde lo que prima
es un proceso de “diferenciación” entre
las diversas ofertas partidarias que en ningún caso asume una práctica expresa
de confrontación con el poder económico vigente.
Esto es más que obvio en
el caso de la situación que observan las estructuras partidarias tradicionales,
pero también acompaña aquellas posturas de carácter testimonial que, en tanto
se centran exclusivamente en referencias unipersonales, dejan abierto el campo
para todo tipo de dudas. Y esto es tanto por el fracaso reciente de la experiencia
del Frepaso, como por la obvia evidencia que la resolución de la crisis
argentina excede prácticas de este tipo y requiere de construcciones de mayor
solidez y profundidad.
Este juego de “diferenciación” observa un límite
mayor que en cualquier otra coyuntura. La profunda confrontación social que
impone la magnitud de la crisis y las nuevas condiciones de violencia y regresividad
que exhibe el ciclo de acumulación en el plano local, exigen otro tipo de
acción política.
Es por esta razón que nuestra Central tendrá
dificultades para crecer si no es capaz de enunciar y participar de una
práctica de construcción distinta, que interpele al conjunto de la comunidad
dotando de sentido a la lucha por una sociedad más justa.
La repetida pregunta que
se hacen tanto ciudadanos como militantes respecto a quien se hace cargo de
nuestros reclamos y de nuestras propuestas es la manifestación concreta de este
problema. Problema que se agudiza en tanto la dinámica tradicional del sistema
reproduce una y otra vez que sólo se
puede interpelar al conjunto desde los espacios institucionales existentes.
Es decir, los únicos que están
habilitados para promover ofertas sobre el tipo de sociedad que debemos tener
son las estructuras o los dirigentes partidarios.
Nosotros somos, para la
“política tradicional”, portadores de reclamos de carácter sectorial. Sin
embargo, tanto nuestras organizaciones como nuestra propia Central han sido
cultores una y otra vez de prácticas y acciones dirigidas a superar el carácter
sectorial o corporativo de las viejas estrategias reivindicativas.
La etapa actual de
colapso absoluto del sistema de representación partidaria nos exige profundizar
esa línea y transformar lo que han sido acciones puntuales de presentación de
nuestras propuestas (como estrategias articuladas con el conjunto de la
comunidad) en un accionar permanente y
cotidiano.
Es este accionar el que
describe y exige la configuración de un nuevo Movimiento Político-Social que,
en tanto interpele al conjunto de la sociedad, dote de sentido a la práctica
de lucha y al accionar de la Central.
Esta estrategia no puede
excluir en su dinámica una expresa referencia respecto al rol y a las
características de la dinámica institucional y partidaria. Teniendo en cuenta
que bajo ningún aspecto el tema se resuelve con el simple expediente de una
participación electoral.
Por el contrario, en este
exacto punto y en términos prácticos, la experiencia desarrollada por nuestra
Central en el marco del FRENAPO es un ejemplo
claro de construcción de una iniciativa que permitió interpelar al conjunto de
la sociedad impactando, incluso, sobre la práctica institucional sin que se
configurara como una opción electoral. El futuro de la Central se articula hoy,
indisolublemente, con la necesidad de motorizar la construcción de un nuevo Movimiento Político-Social.
Pero esa necesidad no se resuelve con declaraciones.
El colapso del sistema y
las prácticas políticas tradicionales han producido otro efecto de importancia
a considerar: el divorcio entre la imagen
social de la política y la vida cotidiana.
La idea de la política
como enunciación o análisis de lo que ocurre sin prácticas de intervención concreta
ante las situaciones de emergencia cotidiana de la población, profundizan la
distancia de la sociedad frente al accionar político. Por lo tanto, si en el
punto anterior definíamos que el colapso del sistema político tradicional
transformaba en “esencial” para el futuro de la Central la convocatoria a un
Nuevo Movimiento Político-Social, hay que asegurar que este movimiento solo
existirá si es capaz de acompañar su enunciación con la afirmación de prácticas
que intervengan en la vida cotidiana sobre la base de la defensa de la existencia.
En el marco de la crisis actual, donde la emergencia
social coloca “el hambre” como problemática central de los sectores populares,
no hay espacio para Movimientos Políticos que funden su existencia en el
enunciado de un futuro mejor sin intervenciones concretas en las situaciones
presentes. Esas intervenciones tienen que demostrar, además, que todos los
recursos organizacionales son puestos en función de la defensa de la comunidad.
Una vez más, esta no es
una estrategia ajena a las prácticas que desarrollan las organizaciones que integran
la Central. Sin embargo, es clave señalar que éste es un rasgo que debe definir
el accionar del nuevo Movimiento
Político-Social.
Los dos aspectos
mencionados asociados al colapso de las prácticas políticas tradicionales
permiten dar cuenta del segundo punto que entendemos debe considerarse como
clave para los desafíos que plantea la situación posterior al 19 de Diciembre.
Se trata de la necesidad de recuperar la noción de
integralidad que debe caracterizar a la práctica política. No hacerlo,
implicaría reproducir los fracasos que hasta el presente han acompañado a
distintas estrategias en el movimiento popular. Es decir, estrategias
partidarias asociadas a meras intervenciones electorales y disociadas de todo
anclaje social concreto, así como organizaciones sociales que potencian la
reivindicación y carecen de intervención institucional.
Tenemos que
recuperar una noción integral de la práctica política, que asuma la
tarea de organizar la demanda social y, transformando las instituciones,
viabilice su resolución.
Este carácter de
integralidad debe también acompañar la construcción del Movimiento Político-Social.
Una vez más: AJUSTE O DEMOCRACIA
Por último, también hemos
sostenido que los desafíos posteriores al 19 de Diciembre exigen reconocer el
hecho de que hemos ingresado en una fase donde el carácter que adoptan las
relaciones de dominación en la Argentina obligan a considerar la posibilidad de
una etapa de mayor autoritarismo.
Este punto no es menor
porque implica asumir como absolutamente
indispensable colocar en el centro de nuestra interpelación a la utopía democrática.
Utopía que, por otra
parte, acompaña a nuestra Central desde su mismo nacimiento.
Es la decisión de profundizar la democracia la que
define las características básicas de promover un nuevo modelo sindical que
resitúa al conjunto de los trabajadores (incluyendo a los desocupados y precarizados)
por vía de la afiliación directa en su potencialidad organizativa.
Es la apuesta por la democracia la que sitúa al voto
directo de los trabajadores como marco para la definición de las
representaciones al interior de nuestra Central. Utopía democrática que no debe
restringirse ni cristalizarse en la sola consideración de las formas básicas
del Estado de Derecho sino que debe gestar nuevas formas de organización de la
sociedad que garanticen el pleno desarrollo y afirmación de la autonomía individual
y colectiva.
Autonomía que remite a la
capacidad creciente del individuo de fijar las reglas de su propia existencia a
partir de tener garantizado el acceso efectivo a derechos tales como la salud,
la educación, la cultura, la participación plena en el proceso de trabajo y en
la organización política de la sociedad.
Utopía siempre inacabada y absolutamente solidaria
con la concepción emancipatoria de la que somos portadores. Es la democracia
como utopía de construcción permanente la que otorga materialidad concreta a
una estrategia de no-dominación que se plantee el ejercicio de la libertad
frente a las distintas formas de la desigualdad.
En esta Argentina con una historia de involución y
pauperización asociada a la destrucción del empleo y con una cultura de
organización popular donde los trabajadores y sus sindicatos fueron claves
importantes de su desarrollo es indispensable el accionar de una nueva
organización de los trabajadores como condición y motor para la afirmación de
un nuevo Proyecto Histórico y una sociedad profundamente democrática.
La
consolidación de una Central de nuevo tipo (es decir, capaz de articular la
nueva realidad que exhiben los trabajadores y los sectores populares) es pieza
fundamental del desarrollo del citado Movimiento.
Se trata
de una relación de mutuo fortalecimiento.
No habrá
Movimiento Político-Social sin profundizar y consolidar el desarrollo mismo de
la Central, ni Central sin promover la construcción concreta de un Nuevo
Movimiento Político-Social.
Es por esto que si
asumimos el papel central que le cabe a la organización de los trabajadores en
la articulación y desarrollo del nuevo Movimiento
Político-Social, observamos el significado que nuestra CTA ha tenido en la coordinación nacional y territorial de las
estrategias populares de los últimos años, y entendemos que la etapa actual requiere
de un accionar de carácter permanente y cotidiano, es obvio que una clave
importante del problema radica en definir las reformulaciones necesarias en el campo de nuestra propia organización a
efectos de poder asumir este desafio.
La construcción de un
Movimiento Político-Social exige, en simultáneo, que seamos capaces de superar
una etapa en la vida de la Central donde lo que ha primado es la vigencia de
estrategias de coordinación entre nuestras organizaciones y donde entendamos
que el momento actual reclama la capacidad de garantizar un accionar y una organización de carácter
cotidiano.
Para esto, hay que
reconocer y superar el desarrollo desigual que nuestra Central exhibe en las
diferentes zonas del país.
La
resolución de muchos de los problemas que
tenemos radica en la dificultad de entender y ubicar adecuadamente al
desarrollo territorial como el espacio privilegiado en el que se define hoy la
nueva unidad política de los trabajadores y su articulación con el conjunto de
la comunidad.
Para ser mas precisos, en
un contexto donde la ofensiva del capital ha transformado a la empresa en un espacio hostil para la
organización del trabajo (dada la extendida desocupación, la flexibilización
laboral vigente, la existencia de múltiples formas de contratación y la amenaza
permanente del despido), el territorio es
el espacio natural a ocupar y liberar para una nueva unidad política.
Unidad que se instituye
como condición para replantear incluso la organización del trabajo al interior
de las propias empresas.
Entender y asumir en profundidad los impactos que
para una nueva estrategia popular plantea la emergencia masiva del desempleo,
radica en definir que el territorio es el espacio para la unidad política del
trabajo y de la comunidad y no sólo de los desocupados.
La comprensión de este punto nos permitirá valorar
en mayor medida la importancia de consolidar a la Central en cada ciudad y a
nivel nacional, así como también profundizar la organización colectiva de nuestras
representaciones frente al conflicto social rompiendo la trampa de la fragmentación
sectorial y corporativa que suele amenazar a las luchas de resistencia.
El reconocimiento de lo
expuesto nos obligará a superar la insuficiencia de recursos económicos (profundizar
nuestra organización administrativa) y humanos (prioridad para la investigación
y formación propia), y a ser capaces de inscribir como parte del accionar
político, la construcción de una comunicación propia, independiente del
dispositivo comunicacional del bloque dominante.
Nos obliga a discutir el papel y carácter que en el
marco de la orgánica de nuestra Central deben ocupar las Federaciones de las
distintas actividades, así como también los movimientos de carácter transversal
como mujeres, jubilados, jóvenes, migrantes, aborígenes, etc.
Capitulo 4
La construcción de la unidad y el movimiento
político-social
Recuperando lo hasta aquí planteado, podríamos
formular lo siguiente:
La caracterización de la etapa como crisis de hegemonía
nos permite sostener la existencia de una oportunidad para la afirmación de una nueva
experiencia política de los sectores populares en la Argentina.
La violencia material y
represiva que se descargó sobre la gente, especialmente desde Diciembre del 2001, no impidió que
nuestra sociedad siga cuestionando este modelo, poniendo en evidencia el colapso del neoliberalismo y generando
dificultades a la estrategia de dominación norteamericana; esa oportunidad aún
está presente.
Señalamos la indispensable
necesidad de convocar al desarrollo de un nuevo Movimiento Político-Social. Llegamos a esta certeza tras analizar
la integralidad de la crisis, el colapso del sistema y de las prácticas
tradicionales de representación política y los límites que exhibió el
movimiento popular y nuestras construcciones en el marco del proceso abierto a
partir del 19 de Diciembre.
El reconocimiento de la
fase autoritaria del régimen obliga a ubicar nuestra lucha como parte constitutiva
de la lucha por la democracia.
La articulación y
nacionalización de los conflictos que nuestra Central ha desarrollado en las
últimas experiencias de lucha y de propuesta frente a la situación vigente,
incrementa nuestra responsabilidad en este desafío. Tenemos la tarea de poner
en marcha el debate y las prácticas concretas necesarias sobre la construcción
de este movimiento. El desarrollo de los Congresos Provinciales y la realización
del Congreso Nacional deben inscribirse como parte de la construcción y
desarrollo de este proceso, hoy esencial para el futuro de la Argentina y, por
supuesto, de sus trabajadores.
Tamaña definición y
tamaño desafío obligan a precisar el planteo primero, en términos generales y
luego, en pasos concretos ante la coyuntura.
La construcción de un Movimiento Político-Social
exige superar la trampa dominante según la cual el problema de los trabajadores
es sólo el problema de una parte más de la sociedad, y donde el único ámbito
desde el que se puede convocar al conjunto es desde la práctica electoral.
En concreto, esto implica
estar en capacidad de enunciar un discurso y poner en marcha prácticas que tengan
la posibilidad de interpelar al conjunto
social.
Dicho de otro modo, de lo
que se trata es de gestar un proceso de
construcción colectivo que permita sostener que esa sociedad democrática a la
que aspiramos y que contiene las expectativas del conjunto, es la sociedad que
construyen los trabajadores.
En este sentido, el Movimiento Político-Social es aquella
construcción que tiene la capacidad de interpelar y organizar a los distintos
sectores de la sociedad para garantizar y construir otro país. Su tarea
fundante es la organización de la sociedad para construir las nuevas
instituciones políticas, sociales, económicas y culturales que hacen, definen y
garantizan la posibilidad de una nueva regulación social.
Es en el marco de este
desarrollo, respetando sus compromisos y objetivos, que debe parirse la fuerza
que permita recuperar las instituciones existentes para cambiarlas y ponerlas en función de una nueva sociedad.
Como puede observarse,
sin excluir la intervención electoral, el Movimiento Político-Social se plantea
como línea fundante de su accionar, la construcción de la conciencia y de la
institucionalidad que sostengan la posibilidad concreta de un nuevo país.
Y aquí hay un elemento clave:
Su objetivo principal no se define por el ocupamiento
de las instituciones existentes. Entiende la disputa de las mismas
en un proceso más vasto de creación de una nueva institucionalidad que permita
asociar, a partir de su existencia, la recuperación de las viejas instituciones
con la construcción de un nuevo Estado y, por lo tanto, una nueva sociedad.
Para decirlo con más
claridad, desde nuestra perspectiva, una práctica política tradicional es
aquella que se estructura colocando como único objetivo de su desarrollo el simple ocupamiento de las instituciones
existentes.
Es “tradicional” con independencia del discurso que
emita. En la práctica concreta siempre tenderá a reproducir el orden existente
ya que, en su desarrollo, no construyó las condiciones de la transformación.
Y además, esa transformación no puede ser pensada
como un momento puntual donde todo se modifica sino que debe asumirse desde una
perspectiva emancipatoria,, entendiendo que la desaparición de alguna de las
formas de la dominación (por más prioritaria que sea) no supone necesariamente
la desaparición de todas.
En este sentido, la idea del Movimiento
Político-Social estructurado en torno a la decisión de organizar a la sociedad
para garantizar la defensa de la vida y la libertad es un proceso que debe
tener carácter permanente y que debe gozar, además, de una autonomía
estratégica a efectos de estar siempre en capacidad de renovar el sentido de la
práctica política.
Si la política es emancipación frente a la dominación, es
fácil percibir que la misma no tiene un punto final, que la dominación puede
adoptar distintas modalidades y que, por lo tanto, el sentido fundante de la
práctica política, las características del movimiento que la define y del
sujeto que la promueve, se modifican
históricamente.
Pero, mas allá de esta
reflexión de carácter general y casi filosófica, a nadie puede escapársele que
en el marco del presente proceso de trasnacionalización, la capacidad de presión
del poder económico sobre el poder político constituido, es determinante y
permanente.
Por esta misma razón, parece indispensable mantener la autonomía
estratégica del Movimiento como garantía de la subsistencia de una democracia
participativa en constante expansión.
En este sentido, y por esta misma definición, la
Central es parte (fundamental en esta coyuntura histórica) del proceso de
construcción de este Movimiento Político-Social. Es aquella instancia del
Movimiento Político-Social que interpela y organiza a los trabajadores en torno
a una nueva sociedad y sobre la base de estructurarlos de manera tal que puedan
confrontar y superar la dominación que hoy ejerce el capital.
En síntesis, la clave que estructura el desarrollo
del Movimiento Político-Social es la movilización y organización de la
sociedad, marco en el cual debe gestarse la fuerza que dispute las instituciones
existentes.
Pasando en limpio lo expuesto de manera general y
poniéndolo en relación con la coyuntura concreta que atraviesa la Argentina,
decimos que nuestra tarea consiste en
profundizar y consolidar la organización de nuestra Central para estar en
condiciones de:
Organizar la resistencia
frente al Autoritarismo , el ajuste y la represión.
Precisar, ante el
conjunto de la sociedad, el carácter restringido y “tramposo” de la
convocatoria oficial a elecciones anticipadas. Carácter ligado a la necesidad
que evidencian las relaciones de dominación que rigen hoy en la Argentina de
afirmar un cuadro de “control legal y represivo “ sobre la demanda social.
Convocar a la
construcción de un nuevo Movimiento
Político-Social.
Capitulo 5
Reflexiones frente a la coyuntura
Hemos señalado en el
presente documento que la convocatoria al citado Movimiento no se instituye por
decreto sino que obliga a una construcción y, por lo tanto, requiere de un
proceso. En este sentido, no hay estrategia posible si no puede realizarse en
la coyuntura concreta en la que actuamos.
La Central debe transformarse en un agente capaz de
poner en asamblea a las organizaciones sociales y políticas frente a la
situación existente y promover un proceso de movilización social que permita
avanzar en la unidad política del movimiento popular.
¿ De qué hablamos cuando
decimos “Unidad Política”?
Se trata de agregar
voluntades tras un proyecto popular que se constituya como alternativa tanto a las viejas expresiones de la
política partidaria, como a los nuevos actores
antipopulares que están empezando a surgir en el escenario nacional.
Es prioritario para esto
procurar la unidad del campo popular
a efectos de dotar de contenido racional a la construcción política y poder dar
batalla así a los poderosos.
Pero debemos ser claros.
Hay cierto tipo de unidad popular que entendemos como inconveniente y que, en
última instancia, no merece tal vez dicho calificativo.
Es aquella que pretende construirse exclusivamente a
partir de las cúpulas organizativas de los actores ya constituidos en el arco
progresista.
Más allá de su espíritu
fuertemente autoritario, este modo de agregación llevaría a una situación que
haría imposible la efectiva unidad. Porque instalaría la lucha por los espacios
de poder entre las dirigencias u organizaciones actualmente existentes antes y
por encima de la agregación social de nuevos actores.
De este modo, la
construcción se limitaría a una puja por figuraciones y candidaturas en un
espacio político autorreferencial y carente de contenido social. Este es, sin
dudas, uno de los riesgos que se deducen necesariamente de las experiencias y
las orientaciones prácticas dominantes en los actores de la vieja política. No
sirven las construcciones en base a cúpulas, sin base social y sin democratización
de las decisiones políticas.
Y es esto lo que hace
imprescindible que debamos evitar la búsqueda de la unidad a cualquier precio:
porque incluso siendo posible, un frente
conducido por estas expresiones políticas no puede llevar más que a una
reedición de las viejas fantasías voluntaristas de las vanguardias iluminadas.
En este caso, la unidad
“popular” sería tal vez posible, aunque sin dudas inconveniente: una unidad popular
de actores sin base social, en puja permanente por espacios de reproducción
organizativa y sin capacidad efectiva de refundar sobre nuevos cimientos la
política argentina.
Por esta razón, la única
unidad conveniente será la que se construya desde una experiencia surgida de la
práctica social concreta y legitimada ante las mayorías populares: la Central de los Trabajadores Argentinos y
las organizaciones que integran el FRENAPO
han dado muestras con su experiencia, del camino a seguir para llevar adelante
–y dirigir con un sentido innovador- la unidad popular para la reconstrucción
nacional.
Para esto, debemos estar
dispuestos a incorporar sociedad en un proyecto político orientado a la democratización
plena de nuestro país.
Esta construcción exige
tres condiciones:
Definir una Propuesta de salida frente a la crisis
Establecer una acción que permita involucrar y
movilizar a la sociedad en dicha salida.
Fijar un mecanismo de encuentro de la militancia y
de las representaciones de las distintas organizaciones e instituciones que
participen de este proceso.
En el terreno de la
Propuesta corresponde avanzar desplegando nuestro planteo a partir del mandato
social ya construido en torno a la consigna de NINGUN HOGAR POBRE EN LA ARGENTINA y situando la cuestión de la distribución como el eje vertebrador del
discurso.
Y esa priorización no es
casual.
La “distribución”
no debe asociarse ya con la sola y simple mención de transferir recursos
hacia los desocupados y los pobres. Debe entenderse como aquel conjunto de
reglas que definen la organización del proceso económico y de la propia
sociedad.
La clave puesta en el eje
de la distribución permite decir que
no es posible distribuir en un país que no puede autogobernarse. Por lo tanto, ser capaz de replantear la distribución en
la sociedad exige afirmar la autonomía (soberanía) nacional. Y, asimismo,
no habrá distribución ni soberanía si
no logramos democratizar a fondo la
sociedad.
Distribución, soberanía y democratización son las claves que pueden garantizar la
vigencia de la JUSTICIA. Esta
articulación conceptual deberá desarrollarse en términos concretos como aporte
desde nuestra Central a la construcción de una propuesta de salida frente a la
crisis.
Para involucrar a la
sociedad debemos buscar mecanismos en los que ésta pueda transformar en propia
la salida planteada insistiendo, para esto, en las estrategias plebiscitarias.
Por último, el mecanismo
para el encuentro de la militancia y las representaciones debiera ser la realización
de una ASAMBLEA O ASAMBLEAS DEL
MOVIMIENTO POPULAR que discuta la construcción concreta y orgánica del
Movimiento Político-Social. Se trata de construir la CONSTITUYENTE de nuestra
propia fuerza.
Desde estas definiciones
creemos en la necesidad de intentar articular la siguiente estrategia:
Acordar un piso mínimo de
coincidencias entre las distintas fuerzas (los integrantes del FRENAPO y la
posible inclusión de aquellas organizaciones con las cuales la práctica concreta
de los últimos tiempos haya permitido una mayor confluencia, ej: Corriente
Clasista y Combativa, Autonomía y Libertad, etc.)
Evaluar la convocatoria a
una CONSULTA POPULAR que plebiscite
ese marco de coincidencias a efectos de forzar mayores niveles de apertura y
democratización en la convocatoria electoral planteada.
Promover una ASAMBLEA O ASAMBLEAS DEL MOVIMIENTO POPULAR
para definir la constitución del NUEVO
MOVIMIENTO POLITICO.
Es importante entender
que, a diferencia de la Consulta Popular que encaramos el año pasado y que
tenía por objetivo demostrar que existían condiciones en la sociedad para poder
pelear un país más justo, hoy este plebiscito es la condición de posibilidad
para la organización del Nuevo Movimiento Político-Social.
El ultimo punto a señalar
es que el piso mínimo de coincidencias debe establecerse en torno a consignas-propuesta y no a recetas
instrumentales completamente definidas y cerradas.
Estas consignas puestas a
Plebiscito definirán los límites que la sociedad quiere imponer y los marcos
para la confluencia programática de las distintas organizaciones.
En concreto, creemos que estas consignas deben
señalar con claridad que la renovación institucional que la Argentina necesita
debe ser completa, asociada a un cambio efectivo del rumbo de la economía en
pro de una mayor justicia distributiva y un replanteo de la relación con el
mundo.
DISTRIBUCIÓN, SOBERANIA Y
DEMOCRACIA.
Planteadas las consignas-símbolo podrá propiciarse un
debate entre las distintas organizaciones dirigido a precisar los mecanismos
bajo los cuales se propondrá instrumentar los objetivos sujetos a la definición
de la población. Proponemos como consignas:
- SHOCK DISTRIBUTIVO PARA
ERRADICAR LA POBREZA Y PONER EN MARCHA UN PROCESO DE REINDUSTRIALIZACIÓN
·
- PRESUPUESTO
PARTICIPATIVO PARA GARANTIZAR QUE LA COMUNIDAD DEFINA LA ASIGNACION DE LOS
RECURSOS PÚBLICOS Hemos señalado en el
presente documento que la convocatoria al citado Movimiento no se instituye por
decreto sino que obliga a una construcción y, por lo tanto, requiere de un
proceso. En este sentido, no hay estrategia posible si no puede realizarse en
la coyuntura concreta en la que actuamos.
La Central debe transformarse en un agente capaz de poner en asamblea
a las organizaciones sociales y políticas frente a la situación existente y
promover un proceso de movilización social que permita avanzar en la unidad
política del movimiento popular.
¿
De qué hablamos cuando decimos “Unidad Política”?
Se
trata de agregar voluntades tras un proyecto popular que se constituya como
alternativa tanto a las viejas expresiones de la política partidaria, como
a los nuevos actores antipopulares que están empezando a surgir en el
escenario nacional.
Es
prioritario para esto procurar la unidad del campo popular a efectos
de dotar de contenido racional a la construcción política y poder dar batalla
así a los poderosos.
Pero
debemos ser claros. Hay cierto tipo de unidad popular que entendemos como
inconveniente y que, en última instancia, no merece tal vez dicho calificativo.
Es aquella que pretende construirse exclusivamente a partir de las
cúpulas organizativas de los actores ya constituidos en el arco progresista.
Más
allá de su espíritu fuertemente autoritario, este modo de agregación llevaría a
una situación que haría imposible la efectiva unidad. Porque instalaría la
lucha por los espacios de poder entre las dirigencias u organizaciones
actualmente existentes antes y por encima de la agregación social de nuevos
actores.
De
este modo, la construcción se limitaría a una puja por figuraciones y
candidaturas en un espacio político autorreferencial y carente de contenido
social. Este es, sin dudas, uno de los riesgos que se deducen necesariamente de
las experiencias y las orientaciones prácticas dominantes en los actores de la
vieja política. No sirven las construcciones en base a cúpulas, sin base social
y sin democratización de las decisiones políticas.
Y
es esto lo que hace imprescindible que debamos evitar la búsqueda de la unidad
a cualquier precio: porque incluso siendo posible, un frente conducido por estas expresiones políticas no puede llevar más
que a una reedición de las viejas fantasías voluntaristas de las vanguardias
iluminadas.
En
este caso, la unidad “popular” sería tal vez posible, aunque sin dudas
inconveniente: una unidad popular de actores sin base social, en puja permanente
por espacios de reproducción organizativa y sin capacidad efectiva de refundar
sobre nuevos cimientos la política argentina.
Por
esta razón, la única unidad conveniente será la que se construya desde una
experiencia surgida de la práctica social concreta y legitimada ante las
mayorías populares: la Central de los
Trabajadores Argentinos y las organizaciones que integran el FRENAPO han dado muestras con su experiencia,
del camino a seguir para llevar adelante –y dirigir con un sentido innovador-
la unidad popular para la reconstrucción nacional.
Para
esto, debemos estar dispuestos a incorporar sociedad en un proyecto político
orientado a la democratización plena de nuestro país.
Esta
construcción exige tres condiciones:
-
Definir una Propuesta de salida frente a la crisis
-
Establecer una acción que permita involucrar y movilizar a la sociedad
en dicha salida.
-
Fijar un mecanismo de encuentro de la militancia y de las representaciones
de las distintas organizaciones e instituciones que participen de este proceso.
En
el terreno de la Propuesta corresponde avanzar desplegando nuestro planteo a
partir del mandato social ya construido en torno a la consigna de NINGUN
HOGAR POBRE EN LA ARGENTINA y situando la cuestión de la distribución
como el eje vertebrador del discurso.
Y
esa priorización no es casual.
La “distribución” no debe asociarse ya con la sola y simple
mención de transferir recursos hacia los desocupados y los pobres. Debe
entenderse como aquel conjunto de reglas que definen la organización del
proceso económico y de la propia sociedad.
La
clave puesta en el eje de la distribución
permite decir que no es posible distribuir en un país que no puede
autogobernarse. Por lo tanto, ser capaz
de replantear la distribución en la
sociedad exige afirmar la autonomía (soberanía) nacional. Y, asimismo, no
habrá distribución ni soberanía si no logramos democratizar
a fondo la sociedad.
Distribución, soberanía y democratización
son las claves que pueden garantizar la vigencia de la JUSTICIA.
Esta articulación conceptual deberá desarrollarse en términos concretos como
aporte desde nuestra Central a la construcción de una propuesta de salida
frente a la crisis.
Para
involucrar a la sociedad debemos buscar mecanismos en los que ésta pueda
transformar en propia la salida planteada insistiendo, para esto, en las
estrategias plebiscitarias.
Por
último, el mecanismo para el encuentro de la militancia y las representaciones
debiera ser la realización de una ASAMBLEA O ASAMBLEAS DEL MOVIMIENTO POPULAR
que discuta la construcción concreta y orgánica del Movimiento Político-Social.
Se trata de construir la CONSTITUYENTE de nuestra propia fuerza.
Desde
estas definiciones creemos en la necesidad de intentar articular la siguiente estrategia:
·
Acordar un piso mínimo de coincidencias entre
las distintas fuerzas (los integrantes del FRENAPO y la posible inclusión de
aquellas organizaciones con las cuales la práctica concreta de los últimos tiempos
haya permitido una mayor confluencia, ej: Corriente Clasista y Combativa,
Autonomía y Libertad, etc.)
·
Evaluar la convocatoria a una CONSULTA
POPULAR que plebiscite ese marco de coincidencias a efectos de forzar
mayores niveles de apertura y democratización en la convocatoria electoral
planteada.
·
Promover una ASAMBLEA O ASAMBLEAS DEL
MOVIMIENTO POPULAR para definir la constitución del NUEVO
MOVIMIENTO POLITICO.
Es
importante entender que, a diferencia de la Consulta Popular que encaramos el año
pasado y que tenía por objetivo demostrar que existían condiciones en la
sociedad para poder pelear un país más justo, hoy este plebiscito es la
condición de posibilidad para la organización del Nuevo Movimiento
Político-Social.
El
ultimo punto a señalar es que el piso mínimo de coincidencias debe establecerse
en torno a consignas-propuesta y no a recetas instrumentales completamente
definidas y cerradas.
Estas
consignas puestas a Plebiscito definirán los límites que la sociedad quiere
imponer y los marcos para la confluencia programática de las distintas
organizaciones.
En concreto, creemos que estas consignas deben señalar con claridad que la renovación institucional que la Argentina necesita debe ser completa, asociada a un cambio efectivo del rumbo de la economía en pro de una mayor justicia distributiva y un replanteo de la relación con el mundo.
DISTRIBUCIÓN, SOBERANIA Y DEMOCRACIA.
Planteadas
las consignas-símbolo
podrá propiciarse un debate entre las distintas organizaciones dirigido
a precisar los mecanismos bajo los cuales se propondrá instrumentar los
objetivos sujetos a la definición de la población. Proponemos como consignas:
-
SHOCK DISTRIBUTIVO PARA ERRADICAR LA POBREZA
Y PONER EN MARCHA UN PROCESO DE REINDUSTRIALIZACIÓN
-
PRESUPUESTO PARTICIPATIVO PARA GARANTIZAR QUE
LA COMUNIDAD DEFINA LA ASIGNACION DE LOS RECURSOS PÚBLICOS
-
CADUCIDAD DE TODOS LOS MANDATOS EJECUTIVOS Y
LEGISLATIVOS
-
REMOCION DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
-
REPLANTEO DE LA RELACION CON EL MUNDO
-
RECHAZO DE LOS CONDICIONAMIENTOS DEL FMI
-
NO AL ALCA. SI AL MERCOSUR
-
SUSPENSIÓN DE LOS PAGOS DE LA DEUDA EXTERNA.
Entendemos
que los mecanismos a través de los cuales se debe operar la caducidad de los
mandatos o la remoción de la Corte, así como la definición respecto a si la
suspensión de los pagos de la deuda debe ser transitoria o permanente debe quedar
para el debate y la confluencia programática. Lo que esta claro es que, más
allá de la definición instrumental de cada punto, la efectiva concreción de
cada uno bajo cualquiera de sus modalidades, exige que sean millones los argentinos que asuman pelear por ello, y
requiere de la afirmación de una fuerza política que en unidad sea capaz de
garantizar su concreción.
Es
en el marco y como soporte de este proceso de movilización y organización
social, en el que debe inscribirse nuestro Congreso y la modalidad que el mismo
adopte. Este es el proceso de movilización que necesitamos para que esta
Argentina siga siendo una Patria, es decir, un país de iguales y no un simple
territorio de negocios donde los dueños de dichos negocios nos proponen como
único destino la pobreza. Se trata de asumir el punto de inflexión que refleja
la consigna “que se vayan todos” para transformarla en el verdadero objetivo: “QUE
VENGA EL PUEBLO”.
- CADUCIDAD DE TODOS LOS
MANDATOS EJECUTIVOS Y LEGISLATIVOS
- REMOCION DE LA CORTE
SUPREMA DE JUSTICIA
- REPLANTEO DE LA
RELACION CON EL MUNDO
- RECHAZO DE LOS CONDICIONAMIENTOS
DEL FMI
- NO AL ALCA. SI AL
MERCOSUR
- SUSPENSIÓN DE LOS PAGOS
DE LA DEUDA EXTERNA.
Entendemos que los
mecanismos a través de los cuales se debe operar la caducidad de los mandatos o
la remoción de la Corte, así como la definición respecto a si la suspensión de
los pagos de la deuda debe ser transitoria o permanente debe quedar para el
debate y la confluencia programática. Lo que esta claro es que, más allá de la
definición instrumental de cada punto, la efectiva concreción de cada uno bajo
cualquiera de sus modalidades, exige que
sean millones los argentinos que asuman pelear por ello, y requiere de la
afirmación de una fuerza política que en unidad sea capaz de garantizar su
concreción.
Es en el marco y como
soporte de este proceso de movilización y organización social, en el que debe
inscribirse nuestro Congreso y la modalidad que el mismo adopte. Este es el
proceso de movilización que necesitamos para que esta Argentina siga siendo una
Patria, es decir, un país de iguales y no un simple territorio de negocios
donde los dueños de dichos negocios nos proponen como único destino la pobreza.
Se trata de asumir el punto de inflexión que refleja la consigna “que se vayan
todos” para transformarla en el verdadero objetivo: “QUE VENGA EL PUEBLO”.