(1)

 

Estimada señorita:

Le pido mil disculpas. Sé que usted estaba esperando con la misma ansiedad que yo el rencontrarnos, pero mi familia ha decidido regresar a Francia, imprevistamente, y no me queda otro remedio que comunicarme con usted por este medio.

Aunque no lo crea, creo que siempre supe de su existencia. Lo que sucede es que recién ahora puedo unir una serie de acontecimientos que no entendía, y que parecen tener por fin una explicación.

Desde que recuerdo sueño con usted, o mejor dicho: la veo. Me atrevo a contarle esto, que he ocultado a casi todos, con el peligro de que usted piense que estoy loca, pero puedo asegurarle que es absolutamente cierto: la veo. Al principio, creía que era yo misma, que me estaba viendo a mí misma en los espejos y en las ventanas, pero después comprendí que entre mis visiones y yo había leves diferencias, las leves diferencias que usted tiene. El lunar, por ejemplo.

Tengo estas visiones desde hace tres años, y le confieso que, a veces, me dan mucho miedo, porque tengo temor de que se cumplan o de que se hayan cumplido. La más terrible fue el día de la fiesta de mis 15 años; esa noche, en mi ventana, la vi a usted aterrada, mirando a una mujer que había sido violentamente asesinada y a un hombre de espaldas que la amenazaba con un cuchillo ensangrentado. No quiero extenderme mucho en la descripción, porque no deseo atormentarla.

Después de esta visión, no he dejado de tener otras: usted en un colegio, la muerte de una religiosa, el suicidio de una compañera. No sé si realmente le han pasado estas cosas, me gustaría saberlo. ¿Es su vida la que veo?

Debo irme. Tengo su dirección, espere noticias mías, yo no la olvidaré.

Mayra I.

P.D.: He nacido el 14 de noviembre de 1964, ¿usted también?



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(2)

 

Buenos Aires, 24 de abril de 1983

Querida Mayra I.:

Me atrevo a tutearte, porque me parece que nosotras dos estamos mucho más cerca de lo que imaginábamos. Podés seguir tratándome de usted, si te resulta más cómodo; para mí es mejor decirte de vos.

Me impresionó muchísimo saber que me ves, que tenés visiones tan exactas de mi vida. Todo es cierto: la muerte de la religiosa del colegio, el suicidio de mi compañera, el crimen...

No, yo no veo tu vida como vos ves la mía. En realidad, yo veo mi vida también; casi siempre con anticipaciones. Aunque te parezca mentira, muchas veces he visto lo que me iba a pasar, lo cual es terrible, como te imaginarás. Nunca tuve en mis visiones noticias tuyas; en realidad, cuando te vi en la tienda de antigüedades, fue la primera vez que supe que en el mundo había alguien tan igual a mí. Si vos te impresionaste, yo creo que me impresioné más. Fue un milagro.

¿Cómo es mi familia? No tengo; después de que murió mamá, hace tres años, me internaron en un colegio, y ahora que salí, me cuida mi madrina, que es lo único que me queda en el mundo. Es tremendo lo que voy a decirte, pero el crimen que viste es el de mi madre. Por lo tanto, y eso es lo que más me intriga y no me deja dormir, el hombre que viste es el asesino, al que estoy empecinada en encontrar. Si lo recordás bien, tal vez puedas ayudarme, cuando nos volvamos a ver.

¿No te parece increíble que nos hayamos encontrado? Como vos, yo siento que me falta algo desde que te conocí; que siempre me faltó algo.

Yo también nací el 14 de noviembre de 1964; sólo puedo pensar que somos hermanas gemelas. Además, y esto es lo más asombroso, yo también me llamo Mayra... No puedo encontrar explicación a tantas coincidencias, pero la explicación no puede ser la casualidad (eso me dice un amigo mío, Mario Mistral, del cual ya te voy a contar).

 

Espero que nos podamos ver cuanto antes. Por lo menos, espero la respuesta a esta carta.

Mayra I.

PD.: No te sorprendas de que firme como vos. Yo me llamo Mayra Iñiguez. O sea, yo también soy Mayra I.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(3)

 

Buenos Aires, 12 de julio de 1963

Querido Nene:

Hice lo que me pediste pero no salió del todo bien. Tony recibió el paquete y me dio otro para vos pero a la que no pude ver fue a la Mimí. Ya sé que me pediste que le dijera que me mandabas vos, que tenía algo para ella de parte tuya pero no hubo caso. Cuando vuelva el Nene, que él se encargue me dijo.  No la pude ver. Nelly me dijo que a ella le parece haberla visto en el mercadito del Once hace un mes, y que tenía la cara llena de moretones. ¿Qué pasa con la Mimí, Nene? A mí también me parece raro que haya desaparecido del mapa; pensá que desde que la madre se murió, yo fui la que la cuidé con la ayuda de Don Pepe y de la Nelly . A mí me parecía un poco piba para que cuidara a los chicos de la familia esa tan pituca, es cierto que parece más de ocho años, pero es una nena.  La Nelly dice que la piba no está en esa casa que vos decís, que ella tiene una amiga que limpia en la casa de enfrente y que nunca la vio ni entrar ni salir.

¿Estás seguro de que el Tony te juega limpio? Yo estoy muy preocupada por la Mimí, es mi responsabilidad, también.

Te extraño mucho Nene. Sé que estás por negocios ahí en Francia, y que son muy importantes para nuestro futuro pero no sabés el frío que hace en Buenos Aires y que solita que me siento en la cama. Me compré con la platita que me dejaste un beibi dol que es un sueño, ya vas a ver la que te espera cuando vuelvas. Por ahora, me acuesto y leo como una loca, para distraerme. Estoy leyendo una novela que me trajo Nelly: "Naná” de Emilio Solá; es una historia muy triste pero vos sabés que me encanta leer. Así te extraño un poco menos. Pero cuando vuelvas, te juro que lo dejo porque sé que a vos te parece que leer es una pavada. 

Bueno, mi amor, espero tu respuesta. Acordate de lo de la Mimí, me preocupa.

Un beso

Perla

 (22) 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(4)

 

1 de abril de 1964

 

 

Querido Nene:

 

Desde que te fuiste el martes no me siento muy bien. Cada mañana, no hay caso, no puedo dejar de vomitar. Nelly dice que es un embarazo, pero yo pienso que se me arruinó el estómago desde que me enteré lo de la Mimí. Sea una cosa u otra, voy al médico la semana que viene porque, te confieso, tuve una falta, aunque a Nelly no le dije nada. No quiero escucharla y que me reproche día y noche.

Esta vez, Nene, preparáte porque no me lo saco; la última vez me dijo el médico que no era conveniente que tuviera otro aborto, que estaba anémica y no sé cuántas cosas más. ¿Te acordás que casi no me lo hace? Me dijo que me cuidara, pero vos sos fatal, Nene, ¿quién se te resiste? Además, pienso que alguna vez tengo que tener un hijo; si no se me va a pasar la vida, como a la Nelly. Y yo quiero tener un hijo tuyo, de nadie más...

No sabés las veces que vino la policía desde que encontraron a la Mimí en el descampado. Me mostraron las fotos: dicen que la violaron y no sé cuantas cosas más. Yo les digo que vos estás afuera, como me indicaste, pero la última vez revisaron toda la casa. Fui a verlo a la cárcel al Tony y le dije lo que me dijiste, palabra por palabra. Parecía asustado. Encima la mujer estuvo de parto y parece que la nena tiene problemas; el Tony dice que fueron los nervios y se la pasa insultándote a vos. Dice que te las va a hacer pagar, si la hija no se salva.

 A mí me parece que hay algo, Nene, que no me contás. La cana me dijo que a la Mimí la habían usado para hacer pornografía. ¿A vos te parece que el Tony es capaz de hacer una porquería así? Nelly dice que vos sabés todo. ¿Qué sabés, Nene, que no me decís?

Contestame pronto, quiero saber de vos. Mirá que a lo mejor tengo un varoncito acá, que te va a continuar el apellido.

Un beso de los dos.

Perla



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(5)

 

4 de junio de 1964

 

Querido Nene:

El Tony la está pasando muy mal en la cárcel. Vos sabés las cosas terribles que les pasan a los violadores, no sabés lo mal que está. El otro día fui a verlo; no te enojes, ya sé que no querías. Me dijo que vos sos el culpable de todo, que me estás engañando, que se lo va a decir a la poli con nombre y apellido, que no se va a callar más. Me asustó. ¿Qué pruebas puede tener? Y si viene la policía a preguntarme, ¿qué le digo? Porque vos estabas en Buenos Aires cuando pasó lo que pasó, y volviste muy tarde esa noche. La historia que armamos tiene sus problemas; Nelly sabe que no fue así.

Además, el Tony me dijo que las pruebas de semen no dieron, que no es el semen de él el que le encontraron a la Mimí. ¿Vos sabías que hay pruebas de semen? Pero si no es de él, él no fue. Y entonces, ¿quién fue?

El embarazo bien, aunque el médico dice que estoy engordando demasiado. No sé, yo no como tanto. Nelly dice que son dos, que es de familia; yo sé que mi abuela tuvo mellizos, eso me contaron, pero se le murió uno al nacer. Estoy revisando unos papeles viejos y unas fotos, que tenía guardados papá, para ver si encuentro algo de la historia de mi abuela. No sé, vos dirás que estoy loca, pero se me dio por ahí. Debe ser el embarazo y las melancolías que te agarran, pero me gustaría poder decirle a mi hijo (¡o mis hijos!) algo más sobre la historia de mi familia. 

Aunque no tendría que preocuparme por la historia. En realidad, si son dos, lo único que quiero es que sean dos machitos iguales a vos.

Todas las noches beso la foto de los dos en el campito de Olavarrìa. ¿Te acordás que fuimos con el Siam? ¡Qué felices éramos! ¿Qué nos pasó después?

Te quiero, Nene, pero estoy muy sola.

Volvé pronto.

Perla



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(6)

 

Soledad, mi amor:

 

Sé por lo que estás pasando, Lucita me ha contado todo. Estoy desesperado por verte; tenemos que hallar la manera de encontrarnos, porque lo único que deseo es abrazarte, tenerte de nuevo conmigo, no separarnos más.

Es una locura lo que hemos hecho, y me avergüenzo de que estés sufriendo esto por mi culpa. Sin embargo, aunque no lo creas, aunque esté mal, me siento feliz porque ahora tenemos algo que nos une, algo más importante que cualquier otra cosa en el mundo. ¡Es un sueño que tengas un hijo mío, Soledad, un regalo que Dios nos ha dado! Como verás me animo a nombrarlo, porque ahora creo más en El que antes. ¿Y si este es el signo que nos dice que no debemos separarnos? Si Dios ha permitido este hijo, es porque no quiere que nos separemos.

Y no es el demonio, estoy seguro. Un hijo no puede ser nada más que un mensaje de Dios. (35) No hagas caso de lo que te digan, no te eches culpas, tenemos que ser fuertes, más que nunca, para no perder a nuestro hijo.

Te sueño, mi amor. Te extraño. No soy nada sin vos.

Nos veremos pronto.

    Tomás



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(7)

 

Bilbao, 20 de julio de 1912

Soledad, mi amor:

Como verás, tu hijo crece a pasos agigantados; come bien y es un chaval feliz, como dicen acá. A veces, me da miedo que crezca tan rápido y que un día me pregunte por su madre, y yo no sepa qué contestarle.

Los Sanlúcar vinieron de visita, hace dos días, y por fin los he conocido después de tanta carta que nos hemos enviado en estos últimos meses. Carmelita me hizo relatarle punto por punto nuestra historia; te confieso que me hizo recordar muchas cosas y durante varias noches no he podido dormir. A veces pienso que el pacto que hice con Armando ha sido muy cruel para todos, pero especialmente para nuestros hijos. Es que cuando, después del duelo, me dijo que tu padre, por haberlo dejado vivir, estaba dispuesto a darme el varón, pensé que en él te tenía un poco a vos y fui egoísta. No tenía derecho a separarlos, a negarle la verdad; porque yo me he comprometido a nunca decirle la verdad a nuestro hijo. ¿Es justo que jamás sepa quién fue su madre y que tiene una hermana melliza? Yo di mi palabra, porque pensé que muy pronto iba a recuperarte, pero ahora... Carmelita me dijo que era mejor que él estuviera conmigo y no solo como ha quedado Marcela, sin su madre, criada por unos abuelos tan estrictos que le van a cortar todos los horizontes.

¿Es muy duro el Convento? No puedo imaginarte, mi amor, encerrada en ese mundo al que no pertenecés. Tengo miedo de que te enfermes, de que no lo resistas. Carmelita dice que el amor te va a dar fuerzas, que yo te tengo que dar fuerzas. Me aseguró que esta carta iba llegarte, porque su nana es amiga de Lucita y de alguna manera se las va a arreglar.    

Los veo tan felices a Carmelita y Agustín, aunque sean dos prófugos, aunque se la pasen cuidándose de todo y de todos, que me arrepiento mil veces de no haberte arrancado del altar, de haber sido demasiado prudente, de pensar que después iba a poder hacer algo para sacarte de esa cárcel en que te metieron. Y no hablo del Convento; los carceleros son tus padres, Soledad, y ahora quieren encarcelar a mi hija; estoy seguro de que Dios no tiene nada que ver con esto. ¿Te parece demasiado lo que digo? Bueno, es hora de rebelarme ante la injusticia de esta separación que nos hace daño a todos.

Cuidate, mi amor; tiene que haber una esperanza, no sé dónde, pero tiene que haber alguna.

Mi hijo te necesita , y yo necesito a mi hija y a su madre.

Un beso a través del océano,

 

Tomás.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(8)

 

Buenos Aires, 3 de junio de 1988

Mayra:

No te enojes con Pilar, yo la convencí para que te de esta carta y le pedi un poco de ayuda para escribirla porque sigo siendo bastante bestia para esto. Vos dirás que hago yo escribiendote después de cinco años pero es que desde hace cinco años que no puedo hacer otra cosa que pensar en voz, en la noche esa, ¿te acordas de la noche esa? Sabés a que me refiero.

Pero aunque siga escribiendo mas o menos cambié mucho. Terminé el secundario en la nocturna, dejé el colectivo y me busqué un trabajo independiente. Tengo una empresa de remises y como la tengo en barrio norte y tengo unos coches fenomenos me alquilan todos los pitucos para las fiestas que se mandan y pagan bien. La verdad es que hice plata y mi vieja no pasa necesidades.

No me casé. Tengo alguna que otra minita, no te lo voy a negar, pero todo pasa por mi vida sin dejarme ni una marquita ¿me entendés? La unica que me marcó fuiste voz y no me olvido. Mi vieja dice que estoy enfermo con vos pero yo no la escucho. Si sos mi enfermedad asi será.

No se si estás bien o mal con el Julian, no me importa. Si estás mal mejor. Soy un bruto? Si. No importa, te digo la verdad. ¿Todos te dicen la verdad? Mira que yo se cosas del Julian, acordate que somos de la familia.

Te quiero ver, no aguanto mas. Pilar sabe donde estoy.

Perdoname la ortografia; la profe de lengua decia que no tengo arreglo, pero yo me la conquisté y me aprobó.

Te ofrezco mi corazón (te acordás la canción de Fito?). Es lo unico que tengo y es para vos.

Con todo mi amor

Anibal


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(9)

 

 

Buenos Aires, 23 de diciembre de 1913

Estimada Sra. de Yrigoyen:

Con permiso de la Reverenda Madre le escribo. Me ha solicitado que le haga llegar las pertenencias de su hija, Soledad, que han quedado aquí, en el Convento, después del desgraciado desenlace.

Quiero expresarle mis más sentidas condolencias; como dice la Superiora, todo ha quedado ahora bajo el juicio de Dios, que es el único que verdaderamente puede premiarnos o castigarnos. Quiera ÉL y la Virgen Intercesora que Soledad pueda finalmente descansar en el Paraíso. Todos los días las hermanas rezamos una oración especial por que Dios haya permitido su paso por el Purgatorio, por su pronto perdón y por la paz y la salvación de su alma.

Mi madre le entregará esta carta. Con ella, le envío los efectos personales de nuestra recordada Hermana.

La Reverenda Madre me ha encomendado que le envíe esta oración para que el Sr. perdone con su Divina Paciencia a su familia:

 

“Dirige, Señor, tus ojos hacia esta familia, por la cual N. S. Jesucristo no dudó entregarse en manos de sus enemigos y padecer el suplicio de la Cruz. El cual junto contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Así Sea”.

30 días de indulgencia, una vez al día. (León XIII, 21 de 1885) 

CON LICENCIA ECLESIÁSTICA

 

Una vez más, la acompaño en su dolor de madre.

La saluda, en la Luz de Cristo

Hna. Ruth



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(10)

 

Paris, 15 de noviembre de 1964

Perlita:

Acabo de recibir el telegrama de Nelly no sabes la alegria que siento de que todo haya salido bien y lo mal que estoy por no haber podido estar a tu lado y al lado de las nenas (mis prinsesitas) en el momento del nacimiento. Despues de todo no hay como la intuision de una madre: tenías razon, eran dos, la pifiaste en el sexo, pero no importa. Ya vamos a tener el machito. Por ahora, el flor de macho soy yo que te hizo dos de un saque, ¿no negrita?

Vos me pedís que llame por telefono; dentro de una ó dos semanas, te llamo a casa cuando vuelvas del hospital para ver como anda todo. ¿Y que nombre le vas a poner? Pensalo bien y no seas injusta no te aprovechés porque no estoy, mi madre se llamaba Dolores y me gustaría un homenage.

Mi amor: acordate de lo que ya te pedí  mas de una vez. No hablés con el Tony, no lo vayas a ver si está guardado, que se joda. El se la buscó, ya te lo dije. Si le salió la hija enferma cuestiones de la vida. Las nuestras están sanitas y bien, gracias a Dios. En cuanto a lo de la Mimí, no se nada, voz le decís que yo estaba con voz esa noche y se acabó. Ojo con la poli, que te pueden sacar de mentira verdad. Que el Tony se pudra en el pozo es lo que más nos conviene. ¿O querés que tus hijas tengan un padre en la cárcel? Te cuentan mentiras para convenserte se nos fue la mano, es posible, pero no le creas la historia de la violación porque yo sería incapas. Una cosa es hacer negocios y otra cosa es ser un dejenerado.

Bueno, mi amor, dale un beso a cada una de las dos princesas que me diste y que son el premio de mi vida. No sabés las ganas que tengo de estar con las tres, libre de todos estos problemas. Por ahora (como te imaginarás)  hasta que las aguas no se calmen, no puedo volver. Cuando la condena de Tony sea cosa segura, creo que será el momento.

Un beso de nuevo a las tres

Tu Nene

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(11)

 

Palma de Mallorca , 10 de junio de 1989

Querida Raquel:

Debe de estar sorprendida, me imagino, que después de tanto tiempo vuelva a escribirle. No me he olvidado de usted y de cómo me ayudó en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Como ve, ya no estoy en Sevilla; desde el año pasado me he venido a vivir a Palma de Mallorca; estoy trabajando en un hotel, he retomado mis estudios de turismo acá, y me he casado. Sé que esto la debe extrañar, pero déjeme contarle cómo fueron estos años para mí y por qué tomé esta determinación. En ningún momento me olvidé de Gabriel; le confieso, y a pocas personas le hago esta confesión, si hoy apareciera por mi puerta no haría otra cosa que meterme en sus brazos y olvidarme del mundo y de los papeles firmados. Se lo digo así, tan de frente, porque sé que no va a escandalizarse.

Lo que pasa es que me sentía (y me siento) muy sola, muy asustada; la sombra de mi padre me persigue. Ya sé que es casi imposible que me encuentre, pero a veces no dejo de mirar hacia atrás, en la calle, en pleno centro de Palma. Charo fue mi gran compañera, y su familia de una calidez incomparable. Usted sabe cómo son los españoles de hospitalarios. Me conquistaron el corazón.

Como debe ya imaginarse, gracias a Charo conocí a mi marido; lo que seguramente no se imagina, y creo que este es un buen argumento para alguna de sus historias (sigue escribiéndolas, ¿no?), es que me casé con el padre de Charo. Fue tan galante, tan caballero, tan protector conmigo, que la diferencia de edad (veinticinco años) no se hizo sentir. ¿Qué si estaba buscando un padre?, eso dicen los psicólogos y puede ser... La cuestión es que sentí que por fin, con alguien que se ocupara de mí, me sentiría finalmente bien; intuía que no iba a poder Ignacio satisfacer esta pasión que tengo escondida, que me aturde a veces, que me hace soñar, despierta y dormida, con Gabriel Esta pasión es fuego, Raquel, y sólo el que la ha prendido puede apagarla. Pero, por lo menos, como le dije, siento afecto por mi marido y vivo con tranquilidad. ¿Le suena muy burgués? Es muy burgués.

Marcel logró hace un año contactarme con mi madre. Está viva y está bien. Después de una pelea con mi padre, cuando regresó a París, en la que la acusó de encubrirme, consiguió separarse de él. Este fue un duro golpe para Néstor Imar; como se imaginará, la familia de mamá le dio la espalda, y eso fue para él perder posición social, dinero, respeto. Mamá se fue a vivir (casi nadie lo sabe, ni sus más íntimos) a Londres. Ha venido a verme dos veces a Palma, y me ha contado la verdad sobre mi padre; la verdad de las cartas, una verdad que deseo fervientemente contarle a mi hermana. El es nuestro padre, lo es realmente, ¿me entiende? Y Mayra debe saberlo, necesita saberlo, tiene derecho.

 Hace años, en una carta como ésta, le pedí que buscara a mi hermana y a Gabriel. Me he repetido que tengo que olvidarlos, que el pasado no debe volver. Sin embargo, nadie puede ir contra sus deseos más profundos. Puede callarlos un tiempo, pero ahí están. No puedo ir a Buenos Aires, no puedo ir a París; por lo que he podido averiguar con Marcel nuestra casa está cerrada y eso me da mucha tristeza. ¿Dónde estarán? ¿Qué habrá hecho mi padre? ¿Qué más habrá hecho? Es posible que él huya de enemigos más terribles que los míos, ¿no cree?

Sé que ha pasado mucho tiempo, pero no tengo a quién recurrir. Quiero encontrar a Mayra para compartir un secreto; quiero encontrar a Gabriel para compartir una pasión. ¿Me ayudará?

La recuerda con afecto

Mayra I.  


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(12)

 

Buenos Aires, 27 de febrero de 1990

¡OJO! ¡NO LEAS ESTA CARTA DELANTE DE TU MARIDO!

 

Querida y siempre recordada Mayra:

Como verás no me he olvidado de vos, lo que pasa es que tuve algunos inconvenientes familiares, que no te imaginás [...]

Bueno, pero vayamos a lo nuestro... ¡Encontré a tu amado Gabriel! Una amiga mía, hace un tiempo, le compró un cuadro (no uno que pintó él, un Spilimbergo... pero eso te lo cuento en otra carta, porque es muy largo). La cuestión es que estuvimos charlando y me parece, me parece, que está tan enamorado de vos como el primer día. Le mostré tu última carta, y anotó tu dirección en España; no sé qué hará, pero me pareció muy ansioso por verte. Me dijo que ahora tiene una inmobiliaria (gracias al Spilimbergo) y que le va bastante bien. Es muy posible que tenga plata para un pasaje... 

Esperalo, Mayra; el corazón me dice que va a ir, y mi corazón nunca me ha defraudado...

Escribime en cuanto puedas. Te quiere mucho.

Raquel1 (65)



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(13)

 

 

Córdoba, 15 de agosto de 1912

Querido Tomás:

Te confieso que he llorado a mares cuando vi la foto tuya con Ramiro; sentí que por un momento podía cruzar el océano, salir de esta cárcel, como vos llamás al Convento, y poder abrazarlos.  Fue solo una ilusión. Desgraciadamente, tengo a mi hija tan cerca, en Buenos Aires, y hace ya mucho tiempo que no la veo. Sé que Marcelita está bien, esas son las noticias que me hace saber Lucita, que es la única que viene a verme, cuando consigue plata para el pasaje y mi madre convence a mi padre de darle el permiso.

Es verdad lo que decís: no es justo que Ramiro no sepa de su hermana; han estado los dos tan juntos dentro de mí y ahora los separan con esta crueldad. Pero, por ahora, te suplico mantengas el secreto. Temo que mi padre tome represalias si algún día él aparece para reclamarle algo. Sé que me estoy adelantando mucho, pero acá, en este encierro, muchas veces imagino el futuro de mis hijos, de Marcela y Ramiro, y siempre rezo para que no les toque vivir momentos tan difíciles como los que yo estoy padeciendo, separada de todos los que quiero.

Me alegra que te hayas encontrado con los Sanlúcar y que estén bien y que lo hayan conseguido. No quiero mencionarlos demasiado, por si esta carta es interceptada. Por mí, no me importa, pero ellos merecen no ser descubiertos nunca.

No me siento nada bien. Hay días que no tengo fuerzas y los trabajos del Convento se me hacen muy pesados. Todo es muy pesado, Tomás; la imposición del silencio, las horas y horas de rodillas en la oración, los ayunos. O es que a mí me parecen pesados porque no tengo vocación, porque me falta fe. No puedo evitarlo; es una Gracia que Dios no me ha dado, y nadie tendría que estar aquí si no tiene ese don. Espero que Dios pueda comprenderme; a las hermanas, ni trato de explicárselo. Como te imaginarás no puedo confiar en nadie; nadie sabe mi historia y a nadie puedo contársela. Por eso, escribirte es lo único que me da paz.

¿Algún día nos encontraremos? ¿Podremos, alguna vez, volver a mirarnos a los ojos, reconocernos en los ojos de nuestros hijos? Me pregunto cómo y no encuentro la respuesta. Creo que vos vas a tener que imaginarte algo; yo aquí adentro poco puedo hacer.

Ha tocado la campana de la oración. Debo irme. Ramiro y vos están en mi corazón. Nadie puede sacarlos de allí.

Yo también cruzo el océano.

Soledad 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(14)

 

Palma de Mallorca , 22 de mayo de 1991

Mi amor:

No pude escribirte en todo este tiempo, porque tuve bastantes complicaciones. Los dos últimos meses de embarazo, tuve que hacer reposo absoluto; el bebé corría muchos riesgos, y el médico no me permitió seguir con mi trabajo en el bar. Te imaginarás lo difícil que fue con Ignacio enfermo y Charo al frente de todo. No sé cómo resistió. Unos amigos españoles vinieron a ayudarla y todavía lo están haciendo; yo me ocupo todo el tiempo de Ignacio y de Tomás, que ya cumplió cuatro meses. ¿Te gusta Tomás? El nombre lo elegí yo; me encanta, pero no tengo la menor idea de dónde lo saqué. Una vez, cuando recién había quedado embarazada, tuve una visión, muy remota, muy inesperada, de un hombre con un bebé en los brazos; parecía una foto antigua o algo así. Lo único que tenía claro es que ese hombre se llamaba Tomás, pero nunca pude saber ningún otro dato; la visión no se repitió... Sentí que tenía que ver profundamente conmigo y con mi historia. Debe ser por eso que le puse ese nombre a mi bebé.

Ignacio tiene un diagnóstico muy claro; los médicos me lo han dicho ahora que el parto pasó. Es una enfermedad cerebral, sin remedio; puede estar así un mes, un año, diez... Nadie lo sabe. ¿Qué otra cosa puedo hacer que devolverle todo lo que me ha dado? Charo está desesperada; su único consuelo es su ahijado y mi compañía.

Gabriel, ¿vas a ser un sueño siempre? ¿Por qué no pudimos tener un bebé nosotros dos? ¿Por qué no puedo compartir con mi hermana esta alegría? ¿Por qué todavía tengo miedo de que mi padre aparezca y me separe de mi hijo como me separó de vos? La sombra de mi padre no me deja en paz.

No me esperes, Gabriel; no es justo que me esperes, ni es justo que yo me vaya. ¿Podés entenderme, mi amor? 

Ahora también te sueño de día.

Mayra I.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(15)

 

Nueva York, 15 de marzo de 1941

Estimado Alvaro:

Te escribo esta, como verás, desde la impresionante ciudad de Nueva York, donde finalmente me he establecido con Amparo. Sé que debo disculparme por mi falta de seriedad: ha pasado más de un año desde que realizamos aquellos estudios, cuyo resultado te prometí enviarte desde los Estados Unidos. No es que no lo quise hacer ni que dejé de ocuparme, pero Amparo y yo tuvimos un grave accidente automovilístico en Washington, y estuve internado meses interminables en el Hospital más importante de Nueva York. Amparo, por suerte, salió ilesa, pero yo tuve múltiples fracturas, con traumatismo grave de cráneo y una amnesia postraumática inexplicable de la que, por suerte, me he recuperado.

Como comprenderás, recién cuando volví al trabajo y encontré hace una semana los análisis en un cajón del escritorio de mi  consultorio, recordé que había quedado en darte una respuesta.

Te mando los originales. No son buenas noticias; desgraciadamente, la enfermedad venérea que te aqueja no tiene solución. No posee síntomas ni manifestaciones externas, pero te ha provocado una esterilidad irrecuperable. No hay tratamientos que se conozcan aquí, y si no los conocen aquí es que no existen.

Perdón, amigo mío, por la tardanza y la mala noticia. Cuando esté completamente restablecido, te escribiré para contarte con más detalles como estoy aquí y en qué consiste mi trabajo. Creo que hay en Estados Unidos un gran futuro para hombres como vos.

Amparo le envía un cariñoso saludo a Marcela.

Un abrazo.

Alfonso Madrás


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(16)

 

París, 12 de marzo de 2000

 

Estimado Gabriel:

Me atrevo a escribirle, porque lo único que me importa es el bienestar de mi hija. Comprendo que esta actitud mía debe sorprenderlo, ya que en otro tiempo no aprobaba su relación con Mayra, influida por mi marido, pero las cosas han cambiado, la vida me ha hecho recapacitar, y ya ve, le estoy escribiendo esta carta.

Es cierto que hace mucho tiempo que usted no tiene noticias de ella, pero no crea que es por olvido o falta de interés; al contrario, creo que Mayra no ha dejado de pensar en usted ni un segundo.

 

Su marido murió, después de una terrible enfermedad, cuando Tomás tenía cuatro años. Fue muy difícil para ella atenderlo, cuidar del bar, conseguir dinero para el tratamiento (que era muy caro) y criar prácticamente sola a Tomás, con la única ayuda de Charo y mía, cuando podía ir a España. La amenaza de que Néstor nos encontrara no nos permitía vernos demasiado. No sabe usted las veces que me pareció que me perseguía por la calle o que me esperaba en mi departamento cuando llegaba sola del trabajo. Fueron años muy duros para las dos.

Pero Néstor ha muerto. Nos hemos librado de él y de toda esa historia  nefasta que nos ha afectado tanto.  Desde hace seis meses, mi hija se ha atrevido a venir a vivir conmigo a París.  Yo la convencí: supe que Néstor estaba muy enfermo, internado en Bélgica, por intermedio de Mario Mistral, un detective que contraté hace años.

Como verá, Mayra es libre: de compromisos matrimoniales y de la amenaza de su padre.

¿Y usted?

Con afecto

Clara imar


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(17)

 

17 de octubre de 1940

Querida Amalia:

Sé que esta idea parece un poco  ridícula, pero te escribo porque no puedo hablar con nadie de todo lo que me pasa y necesito desahogarme de alguna manera. Siento los ojos de Alvaro pegados a mi nuca; tal vez sea solo mi imaginación, siempre me he sentido perseguida por Alvaro y ahora más. Sos la única persona que sabe bien lo que me pasa, no puedo recurrir a otra.

El no poder salir de la casa me pone mal. Estos últimos meses de embarazo con el reposo absoluto creo que van a enfermar mis nervios. Y cada vez que venís, Alvaro que no se va, ¿sospechará algo?

A veces siento que debería escaparme, buscar a Ramiro y desaparecer. Te juro que si no estuviera en peligro el bebé, no sé si no lo hubiera hecho. ¿Te extraña? A lo mejor Marcela Yrigoyen, después de todo, sea más audaz que vos. Cuando pienso en eso, no me importa que Ramiro sea mi hermano, que hayamos hecho una barbaridad, que nos vayamos al infierno, si es que el infierno existe. No lo hicimos con intención, no sabíamos, nos enamoramos. Esas cosas no se tendrían que dar naturalmente; una tendría que sentir un rechazo en hacer el amor con su hermano, pero no fue así.

Otras veces me hundo, siento que mi panza pesa millones de kilos, que la cama no va a soportarme, que se va a hacer un agujero en el piso  y me voy a caer hasta el fondo de la tierra. Sueño que me quemo viva, pero que no me termino de quemar, que solo siento todo el tiempo que me quemo. ¿Habrá sentido eso mi madre? A veces me la imagino, llevando un pecado tan grande como el mío y con un amor tan grande como el mío, también.

¿Por qué este destino?

Yo me hubiera animado a desafiar a Alvaro; en los ’40 se pueden hacer cosas, ahora lo sé, que en el ’10 no se podían hacer. Pero el incesto, nunca nadie va a aceptar el incesto, ni en el 2000. Por mucho que pase el tiempo lo que va contra la naturaleza siempre va a estar mal.

Estoy condenada. Aunque Alvaro nunca lo sepa, no voy a poder ser feliz, ni el bebé puede hacerme feliz. ¿Sabés cómo me siento porque sé que nunca más voy a poder dormir tranquila, con este pecado adentro? Ni un minuto puedo olvidarme; cada mañana deseo no haberme despertado. Abro los ojos y no puedo creerlo; ojalá fuera al revés y esto es lo que estoy soñando.

Cuando era una adolescente y me enamoraba, escribía a escondidas mi nombre y el de él en mi cuaderno. Me pasaba horas mirando las letras de nuestros nombres unidas. Las rodeaba con un corazón y todas esas tonterías. Eran tonterías que me hacían feliz. ¿Te das cuenta que ni eso puedo hacer? ¿Que nunca voy a poder escribir “Marcela y Ramiro”?

Aunque no lo creas y te parezca estúpido, con poder escribir nuestros nombres en algún lugar, con poder dejarlos allí escritos, a través del tiempo, me sentiría un poco mejor  (86).

Aunque no lo creas y te parezca estúpido, lo único que desearía es que su nombre y el mío fueran uno solo. (87).

 Aunque no lo creas y te parezca estúpido, a veces pienso que todo esto tiene un significado, que somos un símbolo de todo lo que hay que evitar, de las consecuencias que pueden tener los prejuicios y la sumisión en la vida de las mujeres. Parezco Amalia Anchorena, ¿no? Marcela y Ramiro fueron nuestros abuelos, que terminaron separándose por nuestra causa; Marcela y Ramiro somos nosotros, que nos hemos encontrado, después de tanto tiempo, de la peor manera. Nadie debió separarlos, esa es la clave...  (- Nada extraordinario, de todas formas  - Bien, esperemos los motivos de Perla). 

El bebé está por nacer; en una o dos semanas, voy a verlo finalmente. Me aterra pensar que pueda ser un monstruo, que salga deforme. El médico dice que está todo bien, pero él no sabe. ¿Se notará que es el hijo de dos hermanos? ¿Voy a poder amar a este bebé, Amalia? Tengo miedo de rechazarlo. A veces siento asco.

Bueno, sé que estás ocupada con los preparativos del casamiento; no te distraigo más con lo mío, que no tiene solución. Te mando la carta por Felicia, que es la única confiable.

Gracias por leerla.

Me consuela que vengas a verme, aunque no podamos hablar de nada. Me consuela, también, escribirte.

Un beso

Marcela


 

 


 
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