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Una vez, allá en lo alto, sobre un prado donde pastaba una oveja y un cordero,
un águila volaba en círculos y miraba, hambrienta hacia el cordero.
Y cuando estaba presta a bajar y apropiarse de su presa
apareció otra águila flotando sobre la oveja y su cordero,
con la misma intención hambrienta.
Entonces, las dos rivales comenzaron a luchar,
llenando el cielo con sus gritos feroces.
La oveja miró hacia lo alto y quedó admirada.
Se volvió hacia el cordero y dijo:
Cómo es extraño, hijo mío,
que esas nobles aves se ataquen unas a otras.
¿El vasto cielo no es bastante grande para ellas?
Ora, mi pequeño,
ora en tu corazón
para que Dios haga la paz entre nuestras aladas hermanas.
Y el cordero oró desde el fondo de su corazón.
Kahlil Gibrán
http://antwrp.gsfc.nasa.gov/apod/astropix.html (27-Nov-2000)
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EL JEFE SEATTLE
Y
EL VALOR DE LAS TRADICIONES
¿Cómo puede comprarse o venderse el cielo, el calor de la tierra? Esa idea es extraña a nosotros. Si no poseemos la frescura del aire o el brillo del agua, ¿cómo podríamos venderlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama, cada puñado de arena del desierto, cada sombra de un árbol, cada una de estas cosas es sagrada para la memoria de mi pueblo.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan estas montañas y valles, pues así es el rostro de nuestra Madre. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, la gran águila son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de la campiña, el calor del cuerpo del potro y del hombre, todo pertenece a la misma familia.
Por lo tanto, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe dice que nos va a ubicar en un lugar donde podremos vivir
felices. Ese será nuestro país y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero ello no será fácil, porque esa agua brillante que corre por los riachos no es simplemente agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si le vendiéramos la tierra, podrían olvidar que el murmullo de las aguas es la voz de nuestros ancestros, y la memoria de todo lo que ocurrió mientras vivimos aquí.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Un pedazo de tierra, para él, tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que viene de noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana, sino una mujer atrayente, y cuando la conquista, prosigue su camino.
Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se siente mal. Retira de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa. La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el cielo, como cosas o adornos de colores. Su apetito devorará a la tierra, dejando nada más que un desierto.
Yo sé ahora que nuestras costumbres son diferentes a las de ustedes. La visión de sus ciudades hiere los ojos del piel roja. Tal vez sea porque el indio es un salvaje y no comprende.
No encuentra un lugar tranquilo en la ciudad del hombre blanco. Ningún lugar donde puedan abrirse y florecer las hojas de la primavera o el batir de las alas de un insecto. El ruido parece que únicamente insulta a los oídos. ¿Y qué queda de la vida si un hombre no puede oír el coro solitario de un ave o la discusión de los sapos alrededor de una laguna, por la noche? Si todos los animales se fueran el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Pues lo que ocurre con
los animales, también acontece con el hombre. Todo está relacionado. Todo lo que acontece en la tierra, le acontecerá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen el suelo, están escupiéndose a sí mismos.
Sabemos esto: la tierra no le pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. El hombre no tramó el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que le haga al tejido, se lo hará a sí mismo. Tampoco el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él de amigo a amigo, puede huir de esta realidad. De una cosa estamos seguros: Nuestro Dios es el mismo Dios de él. La tierra Le es preciosa, y herirla es despreciar al Creador. Es el final de la vida y el inicio de la supervivencia.
A través de la historia, las múltiples culturas humanas, han otorgado a Nuestro Señor, formas diferentes. Desde el tótem y la tosca madera pintada de las tribus africanas o polinésicas, el Buda y el Cristo antropomórficos, al Invisible Uno de pitagóricos, neoplatónicos, hebreos y musulmanes -sin dejar de mencionar el zoomorfismo de los viejos egipcios e hindúes contemporáneos-, el Padre de todos se ha visto representado y adornado en infinita variedad de formas.
¡Cuán grande era el amor de las viejas dinastías egipcias, por su Toth de cabeza de pájaro, su Madre Celeste con cabeza de leona, Sekmeth, su dulcísimo Amón -golondrina-, el tibio y paternal Señor de los cielos, el piadoso Sol, o su Mau o Bastek, "el vidente de la noche", emparentado con la luna, "el ojo en la oscuridad", los que como Ella, "ven de noche"!
A principios de siglo, eran tan grandes los cementerios gatunos descubiertos en ciudades milenarias, que por mucho tiempo, el Imperio sajón fertilizó sus tierras con las momias de estos felinos hallados en el Egipto por miríadas.
Colgaban de sus graciosas orejas aros engarzados con piedras de valor incalculable, a su vez que en sus erectos cuellos, de pequeños tigres, dejábanse ver collares de plata y oro labrados por orfebres cuidadosamente seleccionados por los hierofantes de los Templos. ...Como la apacible Luna, ellos veían en la noche, ellos eran capaces de desafiar la negra oscuridad y moverse sigilosa, silenciosamente entre los innumerables laberintos de las tinieblas. Símbolo del Alma Despierta, de la supra Conciencia, que ya no cae ni tropieza en el mundo de las mil enfermedades, y de las constantes variaciones, fueron adorados por una civilización que sabía descubrir la verdad donde esta se hallaba, sin hacer ninguna humana selección de formas para decir: "esto es Dios".
La historia del famoso "Buey Apis", de la vaca, del cocodrilo, del pez oxirrinco, del ibis, si pudiéramos hablar de ellos, nos detendrían haciendo que escribamos paginas y páginas enteras, las que, por otra parte, ya fueron escritas en demasía por sabios eruditos.
¿Qué movía a los viejos egipcios, a esta edificación y reverencia profunda hacia los animales?
Nosotros desde nuestra opaca visión, y nuestros "puntos de vista", intentamos comprenderlos.
Se habló -y se habla aún de esta vieja cultura, sin haber comprendido su Alma, esto es, su Religión.
¿Qué es esto de adorar animales? ¡Habráse visto ignorancia mayor?... Y mientas así pensamos, nos auto adoramos en las imágenes de santos y avatares con formas humanas -la nuestra- que es la única aceptada pro nuestro ego.
Debe el Hombre crecer en estatura espiritual, crecer mucho, para salirse del mezquino ventanuco de su antropomorfismo, y poder contemplar a Dios en todas Sus criaturas con su mensaje de grandeza y de verdad, en todas, sin atrincherarse en la suya propia.
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¿Cuánto hay que crecer para lograr esto? ¿Cuánto, para ser capaz de entender que si se puede captar la grandeza de un hombre santo, y adorarlo en su forma humana, es menester también, comprender las otras formas de las criaturas de Dios, que traen Su Mensaje, su aureola, su sabiduría. Acostumbrados a peyorativizar todo aquello que no sea pertinente al estadio de los "animales racionales" la cultura egipcia -y la hindú actual- nos parecen un burdo remedo de la verdadera Religión, esta última, con su Hanuman -mono- y su Dios Elefante- sus vegetales entronizados en los Templos, sus piedras -lingam- adorados por millones de devotos a orillas de los ríos sagrados. No, nosotros no podemos reverenciar todo esto... ¡Ay! Nosotros sólo podemos reverenciar aquello que materialmente se nos parezca: un Francisco de Asís, una Santa Teresa... pero...¡Jamás una vaca, un buey o un elefante!
De la primera, permitido está que viva toda la humanidad, de su carne, de su leche, de su cuero... Del segundo permitido está también que se lo utilice para la labranza de las tierras que cultivan lo que luego deberá alimentarnos como la leche, y del tercero, que sirvan sus colmillos como materia para acrecentar la lujuria humana, su carne, como consagrado plato de los cheff europeos, vendida a precio dólar en los hoteles cinco estrellas... pero... nada, absolutamente nada mas...
Hermano lector... los viejos pueblos veían los pasos de Dios en todas sus criaturas. No se afanaban en demasía por el confort de sus cuerpos materiales, no había puja entre vecinos, profesionales o industriales, para ver quién era el de mayor fortuna, la mansión más costosa, la cuenta bancaria más abultada... Hoy "ES", quien "TIENE"; ayer se decía "ES" al que vislumbraba el SER. ¿Cómo, envueltos en nuestros taparrabos espirituales podemos entender a culturas cuyo espíritu sabía la diferencia sagrada de la mística real?
Hemos cambiado el agua bendita por la "coca-cola". Ya no se lee la Biblia: se leen diarios, revistas y libros dispuestos a maquillar de erudición al cadáver yerto de la mente horizontalizada. No clama ya el alma por lo Eterno.
Lo efímero ha ocupado el lugar de lo perenne. Nadamos en la nada, pero, eso sí, estamos llenos de psicólogos, psiquiatras, clarividentes, tarotistas, brujas, brujos, que tratan de ocupar el lugar día a día más vacante de los sacerdotes de todos los cultos.
Desde nuestra perspectiva, podemos comprender, con leer un poco, el transplante de un riñón, la mecánica de una Ferrari o la cohetería espacial, pero... no pretendamos incursionar en el mundo de las Grandes Religiones. ¿Puede un ave sujeta a la tierra con hierros y cadenas en sus alas, volar hasta la cumbre de la montaña para contemplar el Sol?
A menos que la conciencia humana de este problematizado fin de siglo, suelte amarras con el mundo del parecer, a menos que comience a interesarse por aquello que trasciende lo temporal y se sienta imantada por lo eterno, no podrá jamás comprender el misterio de Los Mil Rostros de Dios.
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Como nos diría nuestro viejo amigo y Maestro, el sabio, el insuperable griego, Platón, hemos de recuperar el tiempo de los "divinos ocios" para poder incursionar por estos senderos.
Lo que llevamos dicho, está muy lejos de ser una apología o invitación a culto alguno zoomórfico: es sí, una invitación al respeto por ese misterio que hizo posible que cofradías de gigantes espirituales, simpatizaran y reverenciaran a todas las criaturas de la Creación, no sólo a la figura humana en sus altares.
Dios Uno, Absoluto, Invisible, no perderá no descenderá de su pedestal metafísico por ello, pero la conciencia humana crecerá en amplitud y acabamiento. Gana el corazón en amor, gana la mente en altura, gana el alma en capacidad de vuelo, y gana la humanidad en hombres fraternos, que ya despiertos de su largo sueño de "sólo este Dios mío es Dios", aprenderán a comprender que Dios puede tener mil rostros o millones, porque Dios no es meramente su representación material, sino la fe y el amor con que sus devotos santifican sus imágenes, y que en resumidas cuentas, es el verdadero camino al Cielo Interior.
Ada D. Albrecht
Fundadora de Hastinapura.
Fuente imágen: Animación Power Point Corpoven S.A.
Hermano lector: el musulmán "opina" que "Alá es el Dios verdadero", que Jesucristo fue apenas uno de tantos profetas, como Noé o Abraham...
Al nacer el Budhismo, en el oriente, sus secuaces "opinaban" que Budha era el auténtico mensajero de la Verdad, encarnación de Dios sobre la Tierra, y que hindúes y otras religiones eran falsas... La historia y la recopilación de tanta ignorancia sería cuento de nunca acabar...
Con esa historieta del "Dios verdadero", se ha regado la Tierra de sangre, se ha matado, se ha destruido la fraternidad humana, se han socavado los cimientos de la paz entre las naciones.
¿Quién es el Dios verdadero", en resumidas cuentas? ¿Es el Dios de Israel, que a diario envía a sus hijos a arrasar a los pueblos del Líbano, o es el Dios del Líbano que a diario envía a sus hijos a arrasar a los habitantes de Israel? ¿Será entonces, el "Dios verdadero", el Dios de los cristianos, bajo cuya "dulce" bandera se quemaron en las hogueras inquisitoriales -por no hablar de otros crímenes horrendos- más de siente millones de criaturas humanas?
¿Tal vez, nos decimos, sea el Brahma de la India, ese "Dios verdadero"? Pero... no fue acaso un hindú, un hijo del honorable Brahma, el que descerrajó sobre el corazón del apóstol de la no-violencia, Gandhi, cuantas balas pudo, movido por el odio? ¿Eso aprendió de su "Dios verdadero"?
Hermano lector: acabemos ya con esa farsa del "Dios verdadero", por todos los Cielos! Basta de ese diabólico "lavado de cerebro" que las cofradías religiosas de todos los tiempos, a lo largo y ancho del mundo, han querido practicar sobre sus acólitos.
Podamos entender que el "Dios verdadero" no se deja comprar por ningún Potala, Vaticano, Bangkok, Monte Athos o Bagdad, no se lo puede adquirir por ninguna Religión o Madhi o Profeta de turno.
Ese "Dios verdadero", hermano lector, tiene, tuvo y tendrá una única Morada: el corazón del Hombre Bueno, el hombre sin garras para herir, sin fanatismos,sin dogmatismos, el hombre de bondad, adore a quien adore, siga el culto que siga.
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Sea el de Brahma, sea el de Jesucristo, o el de Alá, que, en resumidas cuentas, las diferencias entre ellos las ponen los hombres, pero DIOS ES UNO, lo nombremos con el nombre que queramos: DIOS ES UNO.
Sonríe piadosamente cuando los ciegos te quieran "mostrar el Camino del Dios Verdadero" y te digan que El mora en su dogma, en la choza siniestra de su fanatismo, en su aquelarre mental, donde las rejas del divisionismo mezclan los filtros del odio y la anatema para separar al hombre del hombre.
Diles que ya pasaron esos tiempos, que el ser humano ha despertado de su largo sopor; este es tiempo de Universalismo, de gritar que la Humanidad es Una y Dios es Uno y su único templo es el corazón del hombre bueno, sea este cristiano, hindú, musulmán o budhista.
El "Dios verdadero" está en la vieja Biblia de los sagrados profetas judíos cuando estos nos enseñan que debemos "AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS".
El "Dios verdadero" está en la Biblia cristiana cuando esta nos enseña que debemos "AMAR AL PRÓJIMO COMO A NOSOTROS MISMOS".
El "Dios verdadero" se halla en la Escritura Sagrada de la India, cuando nos dice: "QUIEN NO MALQUIERE A SER ALGUNO, EL AMABLE Y COMPASIVO... ESE ES A QUIEN DIOS AMA".
El "Dios verdadero" se halla en el budhismo, cuando este nos enseña que "TODO MAL NACE DEL APEGO A LOS OBJETOS MATERIALES Y EL DESAPEGO A DIOS".
El "Dios verdadero" se halla en el Corán de los musulmanes, cuando este Corán nos enseña que "SIN EL RECUERDO CONSTANTE DE DIOS, EL HOMBRE SE HALLA A UN PASO DEL INFIERNO".
En las grandes enseñanzas de todas las Religiones del mundo, no en los dogmas inventados por sus acólitos, se halla el camino hacia el "Dios verdadero".
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El día que los hombres tomen conciencia de ello, el día en que ya no existan los árabes fanáticos, ni los fanáticos cristianos, ni los fanáticos judíos, ni los fanáticos hindúes, ese día el hombre será alquimizado en Superhombre, NACERA LA VERDADERA TIERRA SANTA y volveremos a tener alas, pero en el corazón.
Nunca hemos de cometer el delito capital de desconocer las Escrituras Sagradas de las Religiones diferentes a la que nos es propia, ya sea por cultura o por elección: corremos el peligro de ver todo "del color del cristal por el cual observamos la vida"... corremos el peligro de fanatizarnos, el peligro de ahogarnos espiritualmente, y, en vez de Conocer el Océano, juzgar que este tiene la dimensión de nuestro piletón dogmático.
Dios es Uno, el Hombre, la Humanidad, es Una. Sólo el egoísmo, la soberbia de nuestro ego, nos quiere hacer creer que "nos hemos quedado con la mejor parte de la torta"...
Para una Humanidad Unida por las leyes del Amor, hemos de educar a la criatura humana, guiándola hacia el Universalismo, raíz de toda concordia y comprensión entre los seres.
Puedan los hombres del futuro, heredar de nosotros, un planeta curado de sus heridas conjuntamente con ese otro planeta del corazón, curado de sus dogmatismos.
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Ya no queda otro ejercicio que el ejercicio de amar. Donde no hay amor, pon amor
y encontrarás amor.
Imágen: Stephen Shaver / AFP
Fuente: Animación Power Point Daimler Chrysler do Brasil
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Bhagaván, ¿cuál es la meta suprema que puede alcanzar la humanidad en esta tierra?
Y Bhagaván respondió:
la fraternidad, basada en el sentido de la igualdad. Mediante la fraternidad, reinará la paz suprema entre todos los seres humanos y entonces el planeta entero florecerá
como una sola familia".
Sri Ramana Gita
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La coyuntura del mundo moderno nos pone ante muchos dilemas, cuya respuesta incidirá sobre el futuro de la Humanidad. Esencial entre ellas es la comprensión de la naturaleza de Dios, por parte de las diversas religiones. Seguimos viviendo entre punzantes violencias, alimentadas por odios y dogmatismos religiosos. La "guerra santa" (expresión de las más absurdas y paradójicas que el género humano haya acuñado) sigue campeando a lo largo y ancho del mundo, en el oriente y en occidente, cobrándose millones de víctimas. No sólo por los muertos con las balas de los fusiles y las esquirlas de las bombas, sino también aquellos cuyo discernimiento ha sido aniquilado por los mortíferos proyectiles del dogmatismo.
Todo sectarismo es pernicioso, pero al menos siempre es falible. En cambio, el que surge dentro de las religiones resulta muchas veces infranqueable pues (en base a equívocos e insidiosas interpretaciones de los Textos Sagrados) aparece enunciado en boca del propio Dios.
En lugar de comprendernos, tal cual la Biblia nos muestra que somos imagen y semejanza del Creador, hacemos a Dios a imagen de nuestros propios egoísmos y egocentrismos. Pretendemos predicar valores religiosos, que supuestamente deben buscar RE_LIGAR, no sólo al hombre con Dios, sino también a los hombres entre sí.
Y así es que la mayor parte de los hombres rechazan a ese Dios, propio y único, posesión exclusiva de una tradición, dispuesto al Bien para con sus amados, pero al Castigo para quienes no le rinden culto en las filas de su "organización". Evidentemente esos hombres lo rechazan porque quizás la ignorada presencia de Dios en sus conciencias les dice que "eso" no puede ser Dios.
En este panorama, queremos rescatar hoy la voz de uno de los más grandes humanistas de nuestro siglo. En realidad mucho más que un humanista: Hermann Hesse. Pocas voces tan preclaras se han alzado en Occidente, tratándonos de hacer recordar cuál es el sentido de la vida:
"Creo que, a pesar de su aparente absurdo, la vida tiene un sentido".
Y no sólo mostró en sus obras y su vida ese vital impulso del hombre hacia la trascendencia, hacia Dios, sino que se preocupó constantemente por mostrar la invalidez de los sectarismos.
Influyeron mucho en su maduración, las experiencias familiares de su niñez. Aunque nació y creció en una pequeña localidad de la Selva Negra Alemana desde pequeño estuvo rodeado y estimulado por el conocimiento de diversas tradiciones religiosas.
Sus abuelos eran protestantes, de fuerte observancia, y de ella se impregnó desde pequeño. El reconocer cuán valioso e instructivo le había resultado ver una familia cuya vida estaba determinada por el Reino de Dios y se entregaba a su servicio, ello no fue suficiente para que reaccionara a lo que, en sus propias palabras, calificaba como "formas en parte sectarias en que nos hicieron conocer el cristianismo, que me resultaron muy pronto sospechosas y hasta insoportable". Su profunda conciencia, en plena maduración le impedía comprender la existencia de un Dios que salvaría, no ya a todos los cristianos, sino sólo a miembros de determinada iglesia.
Su padre, por otra parte, era pastor protestante y estuvo misionando en la India, y esto le dio a Hesse la posibilidad de ponerse en contacto con la milenaria espiritualidad hindú. Así pues, sus primeros atisbos de maduración religiosa trascurrieron entre el Evangelio y el Bhagavad Gita, cuyas lecturas sedujeron profundamente su sensible alma, por una amplitud religiosa que, años más tarde, colocaría en numerosas cartas y escritos, ya productos de su madurez, recogidos en su mayor parte en la antología póstuma titulada "Mi Credo".
Todo este proceso lo llevaría a escribir:
No creo en absoluto que exista una religión o doctrina mejor que las demás, o que sea la única verdadera. Existe un solo Dios, una sola Verdad, que cada pueblo, cada época, cada individuo, interpreta a su manera...
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La misericordia de Dios no se reduce a nuestros impulsos de gustos y preferencias. Conjugada con su sabiduría, Dios busca acercarse siempre a los hombres en sus propios lenguajes y de acuerdo a sus circunstancias existenciales, para así hacerle llegar la palabra redentora que le permita reencontrarse a Sí mismo y descubrir que no está solo y perdido en el universo.
"Sólo puede liberarnos la visión de la unidad de Dios, existente tras el tupido velo de los sucesos de la vida". Dios no es, pues, una mera abstracción, una pura necesidad concebida por el intelecto. Es realidad viviente y eficaz en los acontecimientos de la vida, tal cual muestran los diversos personajes de sus obras, ellos recurren y se acercan a El por convicción. El propio Hesse dice de sí mismo: "No me entrego a la religión porque espere algo mejor para el mundo o para mí; lo hago sencillamente porque no puedo vivir sin respeto y sin entrega hacia Dios". Y su comprensión del universalismo religioso, no se basa en un caos religioso, o en una extraña mezcla inconsistente, sino en comprender que, "aunque Dios me llame a buscarle por un camino religioso en particular, ello no me impide respetar, comprender y amar los diversos caminos de bienaventuranza que Dios ha mostrado a los hombres".
Luchador incansable, predicó, sin desear ser predicador, en pos de la unidad del género humano; de lo que él mismo llamaba "la fraternidad invisible de todos los pueblos y religiones". Fue así, por sobre todo, un profeta de la unidad en todos los campos. La unidad es su mensaje último, unidad que no es anulación de lo individual sino profundidad y comprensión; unidad que, no empobrece, sino enriquece; que no aniquila, sino expande; que crece y se manifiesta en las formas más diversas; al decir de los hindúes, en los mil pétalos de la flor de loto, símbolo de las ilimitadas manifestaciones de Dios.
"Nada en el mundo me inspira una fe tan profunda como la unidad; el mundo entero y todo en él, es una unidad divina. Se alcanza la unidad siempre que nos entregamos con amor a todos los dioses, todos los hombres, todos los mundos"
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"¡Oh pueblos del mundo!
La religión de Dios tiene por finalidad
el amor y la unión;
No hagáis de ella
una causa de enemistad y de conflicto..."
Baha´u´lláh
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Mi amigo y yo fuimos a una feria llamada "La feria mundial de las religiones". No era una feria comercial. Era una feria sobre religión. Pero la competencia eran tan feroz y la propaganda igual de estruendosa como suele suceder en el seno de una feria comercial.
En el "stand" judío nos dieron unos folletos en los que se decía que Dios se compadecía de todos y que los judíos eran su pueblo escogido. Solo los judíos. Ningún otro pueblo era tan escogido como el pueblo judío.
En el "stand" musulmán supimos que Dios era misericordioso con todos y que Mahoma era su único profeta. Que la salvación se obtiene escuchando al único profeta de Dios.
En el "stand" cristiano descubrimos que Dios es Amor y que no hay salvación fuera de la Iglesia, o se corre el peligro de la condenación eterna.
Al salir pregunté a mi amigo: "¿Qué piensas de Dios?". "Que es intolerante, fanático y cruel", -me respondió.
Cuando llegué a casa le dije a Dios: ¿Cómo soportas estas cosas, Señor?¿ No ves que han estado usando mal tu nombre durante siglos?
Y me dijo Dios en mi interior: "Yo no he organizado esa feria. Incluso me habría dado vergüenza visitarla".
Puedan los hombres del futuro, heredar de nosotros, un planeta curado de sus heridas conjuntamente con ese otro planeta del corazón, curado de sus dogmatismos.
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Cuatro ranas estaban sentadas en un tronco que flotaba en la orilla del río. Súbitamente, el tronco fue sorprendido por la corriente y se deslizó lentamente río abajo. Las ranas quedaron embelesadas y asombradas pues nunca habían antes navegado.
Finalmente, la primera rana habló y dijo: "Este es sin duda, un tronco maravilloso. Se mueve cual si estuviera vivo. Jamás conocí un tronco así".
Entonces la segunda rana habló y dijo: "No mi amiga, este tronco es como todos los troncos y no se mueve. Es el río que está caminando hacia el mar y lleva consigo el tronco y a nosotros".
Y la tercera rana habló y dijo: "No es el tronco ni el río que se mueven. El movimiento está en nuestro pensamiento. Pues sin pensamiento nada se mueve".
Y las tres comenzaron a discutir sobre qué era lo que se estaba realmente moviendo. El altercado se fue haciendo cada vez más acalorado. Más no llegaron a ningún entendimiento.
Entonces se volvieron hacia la cuarta rana que hasta aquel momento había estado en silencio, escuchando atentamente y le pidieron su opinión.
Y la cuarta rana dijo: "Cada una de vosotras tiene razón y ninguna está errada. El movimiento está en el tronco y en el agua y también en nuestro pensamiento".
Y las tres ranas quedaron muy enfadadas pues ninguna quería admitir que su verdad no era la verdad total, y que las otras dos no estuvieran totalmente erradas.
Entonces ocurrió una cosa extraña. Las tres ranas se unieron y arrojaron al río a la cuarta rana.
Kahlil Gibrán
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Los que adoran a Dios en el sol, contemplan el sol, y los que le adoran en las cosas vivientes, ven a un ser viviente, y los que le adoran en los objetos inanimados, ven un ser inanimado, y los que le adoran como ser único y sin semejante ven lo que no tiene semejante.
No te apegues exclusivamente a ninguna religión, de manera que dejes de creer en las otras; perderás no poco bien; mas aún, no acertarás a reconocer la verdadera verdad.
Dios, el omnipresente y el omnipotente, no está encerrado en ningún credo ni religión, porque dice:
"DONDE QUIERA QUE OS COLMÉIS, ALLI ESTA LA CARA DE DIOS".
Cada cual reza lo que cree; su Dios es la hechura de sí mismo, y al rezar se ora a sí mismo. Por eso anatematiza las creencias de los demás, lo que no haría si fuese justo,
porque el desagrado hacia la religión ajena se basa en la ignorancia.
Si conocieras el dicho de Junayd, "el agua adopta el color del vaso de cristal que la contiene", no te cruzarías en las creencias de los demás y percibirías a Dios en todas las formas y en todas las religiones.
Ibn al´Arabi
Fuente imágen: Animación Power Point Corpoven S.A.
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Extractos de su libro
"VEDANTA PRÁCTICA"
"...La religión ha quedado reducida a una especie de tópico nacional, y es uno de los más señalados residuos sociales; pero la real necesidad que de la religión dogmática sintieron las pasadas generaciones se ha desvanecido y ya no satisface a la razón".
"...Todas las Escrituras del mundo nos dicen lo mismo, y la misma voz nos enseña a decir: hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, porque tuyo es el reino, el poder y la gloria".
La finalidad de todas las religiones es idéntica, aunque difiera el lenguaje de los instructores, y la finalidad es el reconocimiento de nuestro verdadero ser esencialmente idéntico al ser de Dios".
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Esta es la única religión universal, aunque los métodos difieran y en apariencia se contradigan.
Así como en un círculo hay infinidad de radios, todos convergentes en el centro, así todas las religiones convergen en el punto céntrico de la unión del alma con Dios, donde se trascienden las falacias e ilusiones del mundo de sensación y está más allá de libros, dogmas, ritos y ceremonias".
"...Malicioso error es el de quien obcecado por el egoísmo se figura que su religión es la única verdadera, y que su moral es la única recta y que toda otra religión y toda otra moral son falsas, sin advertir que de la verdad esencial de las demás religiones depende la justificación de la suya propia".
"Así los mensajes que nos llegan de todas las religiones del mundo, enviados por cuantos con sincera espiritualidad las profesan, combinan sus fuerzas y nos hablan con la potente voz del pasado.
Y el primer mensaje dice: "Paz a todos los seres y a todas las religiones".
No es un mensaje de hostilidad, intolerancia y antagonismo. Es un mensaje de unidad religiosa".
"...Sin embargo, amainó el temporal y el salvamento nos trajo el estudio comparado de las religiones, por el que hemos obtenido el convencimiento de su esencial unidad fundamental.
También a mi me alcanzó la ola de escepticismo y durante algún tiempo perdí la esperanza en un reavivamiento religioso; pero
afortunadamente estudié las religiones cristiana, islámica y budhista entre otras y mucha fue mi sorpresa al ver que los mismos principios fundamentales que enseñaba mi religión hinduista, los enseñaban asimismo las demás religiones.
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"...Como la generalidad de los individuos tienen cinco dedos en cada mano, si algún individuo tiene seis dedos en una mano, diremos que es una anormalidad. El mismo razonamiento cabe aplicar contra la gratuita afirmación de que sólo una religión es verdadera y las demás son falsas, pues una sola religión verdadera sería anormal, y si una lo es también deben serlo las demás. Si mis cinco dedos son verdad, también deben serlo los de otros".
"...La naturaleza humana es muy rutinaria y en cuanto contrae un hábito o se acostumbra a pensar de cierto modo, le es muy difícil y penoso admitir nuevas ideas que pugnen con su tradicional manera de pensar, de donde se sigue el mas grave impedimento del progreso humano" "...Las gentes discuten vivamente sobre un tema, con la agravante de que cuando aceptan determinadas ideas niegan y combaten toda otra idea, cuando debieran aceptar lo que mejor les conviene y dejar que los demás acepten lo que necesitan".
":..¿Por qué hemos de juzgar a nadie con nuestra particular norma de conducta? Unos se bien hallan con sus limitaciones y las ideas mundanas son su más alto ideal y serán suyas mientras lo deseen; pero otros han visto la verdad, y no pudiendo permanecer sujetos a sus limitaciones, las quebrantan y necesitan trascenderlas, porque el mundo con todos sus goces es para ellos un lodazal. ¿Por qué intentar atarlos a vuestras ideas? Conviene librarse para siempre de esta tendencia y dejar a cada cual en su lugar".
"...Cuando el alma reconoce que el Señor está en todas partes y todo lo llena, ya no se preocupa del cielo ni del infierno ni de si ha de renacer en este mundo o quedarse eternamente en el cielo o en el infierno.
Todas estas cosas dejaron ya de tener significado para el alma que reconoció su esencial naturaleza divina, porque todos los lugares son un mismo lugar, y cada lugar es el templo del Señor, todo lugar es santo, y solo ve por doquiera la presencia del Señor. Ni bien ni mal, ni vida ni muerte. Sólo existe el infinito Brahman".
"...La adoración del infinito Dios, en espíritu y en verdad, es el supremo culto y la más genuina religión".
"...En el momento en que reconozco que todo cuerpo humano es el templo de Dios y reverencio a todo ser humano porque creo a Dios en su interior, en aquel mismo momento me emancipo de toda esclavitud y soy libre".
"...Cuando el alma es pura, entonces y sólo entonces comprendemos qué es el amor, porque el amor no puede dimanar del temor. El fundamento del amor es la libertad.
Cuando empezamos a amar al prójimo, entonces y no antes comprendemos lo que significa la fraternidad universal.
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"...Precisamente el fundamento de la moral está en reconocer la divinidad subyacente en todas las cosas, y mediante este reconocimiento será fácil no dañar a nadie, y amar a los demás como a sí mismo, pues entonces tendremos el convencimiento de que al dañar a otro nos dañamos y al amar a otro nos amamos".
"...El amor, la benevolencia, la simpatía y la caridad con todo el género humano sin distinción de raza ni de credo ni de categoría social es el testimonio de la verdadera y práctica religiosidad".
"...Esto es lo que consideramos absolutamente necesario en todo el mundo. Son enseñanzas más antiguas que las cordilleras. La verdad es eterna y nadie la monopoliza, porque es patrimonio de toda alma; pero se la ha de actualizar prácticamente de modo que todos la comprendan, a fin de apresurar el día en que desechadas las complicaciones teológicas, cada hombre sea un adorante y la única Realidad el objeto de adoración".
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Preguntas y Respuestas
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